lunes, junio 15, 2020

La vida en cuarentena

La cuarentena podría ser una ocasión de superarse para la mayoría de las personas, pero esa posibilidad no la pueden ver gentes que no tienen otra aspiración que vivir cómodamente sin esforzarse, lo que explica la insignificancia industrial de los países hispanoamericanos y el nivel penosamente bajo de sus profesionales, por no hablar de la ideología hegemónica entre las clases acomodadas.

Leo en Twitter esta belleza:


Ya sabemos que hay en Bogotá una gran confusión acerca del sentido de "hasta", pero la transgresión del idioma en este caso es grotesca. Dice en español que ya no hay cuarentena y que la volverá a haber cuando se cuente con una vacuna, caso en el que probablemente ya no será necesaria. Una cosa es que la gente hasta cierto punto se entienda sin atenerse al diccionario (de modo que dicen "tenaz" por "tremendo" o "alevoso" por "agresivo"), y otra que se pueda caer en esos vicios del habla coloquial (que en un periodista local es clara insuficiencia profesional y en alguien como Salud Hernández Mora es grotesca mímesis de la jerga casera de la gente con la que ella trata en Colombia).

Pero, en fin, habrá que pensar que la alcaldesa quiere decir que la cuarentena en Bogotá no se levanta mientras no haya una vacuna, cosa que no se ha atrevido a decir nadie, pero es que tampoco hay ningún país en el que uno de cada mil pobladores haya sido secuestrado ni en el que alguien llegue a legislador gracias a que violó a muchos niños.

La pandemia y la cuarentena han hecho surgir toda clase de prodigios casi inconcebibles. Como las ridículas afirmaciones de Fernando Vallejo, la desesperación de muchos pequeños empresarios que inventan toda clase de soluciones mágicas, la sensata medida "populista" de Bolsonaro (de proveer una renta a los más desvalidos) o la resistencia de López Obrador a las actuaciones que afectaran los ingresos de sus votantes.
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Eso en el plano de las políticas, donde desde mi punto de vista hay poca discusión: todo el mundo acepta que hay que desescalar la cuarentena y reiniciar lo antes posible la actividad productiva, que en algunos países no se ha parado y en otros sólo se ha parado parcialmente. El exabrupto de Claudia López es una excepción, y antes de comentarla como opción política quiero detenerme en otra cosa que me inquieta desde que comenzó la cuarentena.

¿A qué dedica la gente el tiempo cuando tiene que quedarse encerrada en casa? La respuesta a esta cuestión es, me parece, lo decisivo en estos momentos, también respecto de las políticas públicas. Normalmente nos vivimos quejando cuando no tenemos trabajo, y cuando tenemos trabajo nos quejamos del estrés que nos causa y de la falta de tiempo. Pero ahora la mayoría de la gente tiene tiempo libre y la forma en que lo emplea basta para explicar su vida, y también la sociedad a la que pertenece.

Uno de los tangos más famosos, también por sus arreglos instrumentales, se llama "Por una cabeza", el lamento de un jugador cuyo caballo pierde "por una cabeza" y eso lo priva de los favores de la prostituta, que eran lo único que lo movía, de modo que cuando los evoca termina con esta pregunta: "¿Para qué vivir?". 

¿Para qué se vive? La persona que se muere de aburrimiento porque ya no puede hacer lo que hacía antes se muestra tan pobre y tan vacía porque muestra que sólo vive para satisfacer los grados básicos de la famosa pirámide de Maslow: respirar, comer, dormir, cubrirse, tener familia... Las urgencias de la vida o la estrechez de miras de su medio le han privado de los aspectos superiores, de realización personal y defensa de sus propios valores y anhelos.

De modo que al no haber obligación de madrugar para ir al trabajo ni poder siquiera estar por la calle, ¿no es la ocasión de leerse el Quijote, la Biblia, el Tao Te King, algún clásico...? No, para la inmensa mayoría de la gente no, y no porque la inteligencia o la formación le impidan a alguien aprenderse de memoria el Mahabarata en sánscrito, pues cada persona tiene un nivel en el que puede superarse, y no sólo en su patrimonio cultural, aunque en este ámbito las posibilidades son infinitas gracias a internet, sino también en su vida profesional, más directamente relacionada con la prosperidad y la seguridad. ¡Cuánto se conseguiría si la gente aprovechara el tiempo para mejorarse!

Ojalá nos detuviéramos en esto porque esa disposición al trabajo y a la propia superación es el factor decisivo a la hora de plantear la política de una sociedad. Lejos de lo que mucha gente cree, los regímenes comunistas contaban con el apoyo de importantes sectores de la población, porque a pesar de la miseria, de la crueldad que sufrían otros, de la falta de libertad, de la propaganda, de las mentiras y del triste futuro, era posible sobrevivir sin esforzarse demasiado. 

El yerno de Marx, Paul Lafargue, escribió un libro llamado El derecho a la pereza en el que defiende ese punto de vista. El comunismo se presenta así como el enfoque de gente cansada que no aspira a construir nuevos edificios ni nuevas obras de arte sino a saquear lo existente. Es lo que se puede decir de ciudades como La Habana o San Petersburgo, que no mejoraron nada tras medio siglo de comunismo. Y los ejemplos podrían ser infinitos.

¿Para qué vivir? Para descansar y comer, emborracharse y fornicar sin preocupaciones. Eso es el comunismo en nuestro siglo, el "partido del recreo", porque toda otra opción implica trabajar, y trabajar duro. La elección entre la avaricia y el amor a la belleza es una mentira, es más fácil ser un tendero próspero que un violoncelista mediano, y ambas cosas implican trabajar duro. En un medio jerárquico como el colombiano parece una opción diferente porque realmente no hay violoncelistas y cualquier oficio intelectual o artístico es un adorno de un parásito que se las arregla para vivir del cuento.

Lo relacionado con la pirámide de Maslow vale para personas que tienen algún ingreso, ahorros, protección familiar, etc. Los demás tienen la desesperación de la falta de recursos, que en algunos casos se puede remediar mediante el teletrabajo. Pero, además de desesperarse, ¿qué pueden hacer esas personas respecto de su vida? Nada van a perder si intentan mejorar su inglés o su dominio en su carrera.

Pero eso no es sólo el esfuerzo de cada persona, sino del conjunto de la sociedad. ¿Cómo recibieron la cuarentena los estudiantes de secundaria y universidad en España y Latinoamérica? ¿Y los profesores? En la inmensa mayoría de los casos casi todo el trabajo se podría hacer sin clases presenciales, simplemente habría que trabajar más. Incluso tener clases presenciales para grupos pequeños. Pero casi todos los estudiantes y profesores lo vieron como unas vacaciones anticipadas.

Se podría comparar esa actitud con la de las naciones libres de Extremo Oriente: Japón, Corea del Sur, Taiwán y Singapur. Mientras en España los profesores de universidad se quejan de que sus alumnos les preguntan respecto de un tema si se incluirá en el examen para poder descartarlo, en Corea del Sur es fama que el gobierno hace propaganda para que la gente no se exceda en su celo por estudiar más. Es verdad que en esa actitud influye la tradición confuciana, que otorga un gran papel a la educación (que es lo contrario de lo que se entiende en Colombia, donde simplemente se trata de un título que se considera el ingreso a un rango social superior y que a veces permite acceder a ingresos parasitarios sin que a la persona le moleste en absoluto no saber nada ni servir para nada), pero también se trata de países que sin esa laboriosidad, disciplina y ambición de sus gentes serían muy pobres. Hace sesenta años Corea del Sur y Taiwán eran más pobres que Colombia, no digamos que Venezuela, y hoy superan a España y a Alemania, respectivamente. En el futuro superarán de lejos a los países más ricos de Europa.

Pero ciertamente la política no es una cuestión de moralidad y disciplina, descritas como disposiciones individuales. La moral se da en otro ámbito, en el de la organización de la sociedad. Como explico en todas mis entradas en este blog, lo que acusa la sociedad colombiana es el rastro de la esclavitud, la indolencia de una gente que se acostumbró a que los demás tenían que trabajar gratis, o casi, y tenía rentas seguras por pertenecer a un grupo social, y de otra que no ve ningún fruto de su trabajo. El parasitismo como forma de vida.

Esa indolencia explica la vida colombiana, de ella procede la llamada izquierda, el comunismo, que sólo es el descubrimiento por parte de los grupos sociales que pueden forzar el gasto público en la universidad de que la masa de estudiantes es una fuerza irresistible en la sociedad, y por parte de éstos de que gritar y tirar piedras asegura mejor el acceso a ingresos cómodos que cualquier esfuerzo. La cuarentena significa "vacaciones" para estudiantes y profesores, sobre todo porque los segundos no van a tener merma en sus ingresos ni amenaza de despido. El derecho a la educación les asegura una estabilidad que de ninguna manera puede ni soñar el que trabaja duro.

El futuro de un país así ya está descrito, pero ¿a quién le importa que la vicepresidenta viva prometiendo la educación superior universal? ¿Alguien ha dicho algo de los sueldos seguros de los profesores, que en muchos casos cobran además la pensión y hasta dos pensiones? He leído cientos de tuits de derechistas asustados por la posibilidad de que se les den ayudas a los indigentes, cuya vida les parece envidiable (y en todo caso justa, ya que son personas de condición inferior a la de ellos), pero sobre las rentas de los parásitos o sobre el mismo sentido del estudio nunca dicen nada.

La cuarentena perpetua de Claudia López es una promesa a su clientela: unas largas vacaciones. La miseria espantosa en que quedaría la mayoría de la población comporta ventajas porque se abaratarían los servicios y también porque esa masa provocando disturbios y saqueos significa una oportunidad de hacer la revolución y congelar para muchas décadas la jerarquía social.

(Publicado en el blog País Bizarro el 22 de abril de 2020.)

domingo, mayo 24, 2020

Ideología y sociedad


Las ideologías que mueven a los colombianos son verdaderas falacias porque no corresponden a actitudes coherentes frente a la realidad sino que encubren los verdaderos intereses, y a menudo se adoptan sin prestar la menor atención al entorno real, cediendo al cómodo ensueño de que el resto del mundo es como Colombia y que lo que está en juego es una batalla de opiniones en las que sólo hace falta persuadir a los demás para que todo cambie y funcione de manera deseable.

[IDEOLOGÍA] Ideología y Sociedad era el nombre de una revista que publicaban en los años setenta la futura novelista Laura Restrepo y el economista Salomón Kalmanovitz. Las palabras del nombre de la revista parecían sólo pompa de jóvenes intelectuales comunistas con ciertas pretensiones, pero en realidad poco atentos a la semántica. ¿Qué es "ideología"? El término sirve igual para la idea de "visión del mundo", el enfoque o la "línea" con que cada uno aborda la realidad, que para la opinión o prejuicio que termina obrando como unas anteojeras que impiden ver el conjunto. Propiamente, la doxa cuya "desconstrucción" era la tarea pedagógica que Sócrates intentaba con su mayéutica, según enseñaba un profesor marxista de la misma época, Estanislao Zuleta.

[SOCIEDAD] Por idéntico motivo vale la pena detenerse a pensar en el sentido de "sociedad", pues todas las palabras encierran trampas. La sociedad en la que aflora una ideología es sobre todo un producto de la historia, y por eso cualquier "enfoque" con que se la conciba debe tener en cuenta el conjunto de la realidad y no sólo los fetiches que alguna visión preconcebida presenta. La izquierda universitaria de los años setenta no es sólo el eco de la revuelta del mayo francés y la propaganda comunista de diverso signo que llegaba al país del exterior, sino sobre todo la expresión del juego de intereses en el seno de la sociedad colombiana. El problema es hasta qué punto podemos interpretar correctamente esos hechos, es decir, objetivamente, es decir, yendo más allá de una visión ideológica.

[IDEOLOGÍA] El comunismo de Marx se centra en una visión de la historia que parte de Hegel. Antes de integrarse en la Liga de los Comunistas (grupo cuyo origen era cristiano), Marx había estado con un grupo de jóvenes "hegelianos de izquierda", y en ese contexto y época "izquierda" significaba efectivamente rechazo de las jerarquías, igualitarismo, libertad de conciencia, sufragio universal... El colectivismo tenía una larga tradición que Antonio Escohotado en Los enemigos del comercio encuentra ya planteado en el Sermón de la Montaña, y en muchas actuaciones de grupos cristianos desde entonces. El que tenga alguna duda al respecto sólo puede pensar en la Utopía  del santo católico y alto dignatario inglés Thomas Moore, donde una sociedad ideal había abolido la propiedad privada. Según Marx, el ciclo de la historia pasaba de la sociedad primitiva al modo de producción esclavista, de éste al feudal y de éste al capitalista. Tras la revolución que alentaba, llegaría la sociedad sin clases y se acabaría la explotación del hombre por el hombre.

[SOCIEDAD] ¿Quiénes eran Restrepo y Kalmanovitz y qué podía moverlos a abrazar el marxismo? En los mismos años en que publicaban su revista, ligados a un grupo trotskista del que también formaban parte otros personajes como el exministro Camilo González, los descendientes de las familias presidenciales de la República Liberal creaban el M-19 y la revista Alternativa, integrando a numerosos personajes de los más poderosos linajes de la capital (los trotskistas parecían más bien periféricos, oriundos de Cali o de otras ciudades de provincia). Pero en la década anterior el sacerdote patricio Camilo Torres había creado la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional, también integrando a personajes de familias presidenciales más antiguas. ¿Qué hay que hacer para que la gente entienda que la universidad no es "rebelde" respecto del orden social sino expresión de ese orden, el lugar en el que la casta sacerdotal accede a grandes rentas, se reproduce y genera la doctrina que le asegura su dominio?

[IDEOLOGÍA] La superación de la lucha de clases en la idea de Marx procedía de la destrucción del Estado que protegía el dominio de la clase burguesa. A partir de entonces desaparecerían las instituciones que generaban la opresión y la desigualdad. ¿Previó que el nuevo Estado sería en realidad el dominio de una despiadada banda criminal? ¿Previó el empobrecimiento o las siniestras teorías jurídicas de Krylenko? Lo más probable es que no, sí que pensaba en una revolución violenta, pero seguramente se imaginaba a la clase proletaria organizada y solidaria trabajando en su propio beneficio. Muchas de sus teorías son verdaderas necedades, como la de la plusvalía, según la cual el empresario se queda con una parte del fruto del trabajo del obrero, como si éste fuera efectivamente el único productor (cosa fácil de concebir para un "académico" que nunca supo qué era el trabajo), o como cuando en la Crítica del programa de Gotha se imagina un futuro de trabajo voluntario, liberado de la necesidad. Charlatanería de visionario cuya autoridad se imponía por su aptitud literaria y su cultura relativamente vasta. No es sorprendente lo que cuenta Escohotado de que Molotov le comentó a Stalin que Mao Zedong no había leído El capital, a lo que el georgiano replicó que él tampoco lo había leído, Y era autor de manuales de marxismo.

[SOCIEDAD] En la realidad, los partidos socialistas guiados por las ideas de Marx nunca tuvieron ocasión de tomar el poder en ningún país industrializado, entre otras razones porque el sentido totalitario de la doctrina nunca habría atraído a mayorías que veían mejorar sus condiciones de vida año tras año gracias al desarrollo tecnológico. El mundo de la burguesía descrito en el Manifiesto comunista de 1848 tiene poco que ver con lo que era Europa en los años previos a la Primera Guerra Mundial, con sociedades mucho más ricas y una clase obrera mejor situada. El triunfo comunista en Rusia fue el fruto de corrientes muy diversas, a la vez la reacción contra el atraso y aislamiento rusos y defensa del orden jerárquico, a la vez causa y consecuencia de la derrota en la guerra. La dictadura bolchevique no encontró apoyo en las mayorías obreras de Occidente, los propios marxistas, como Eduard Bernstein o Karl Kautsky, la rechazaron. El comunismo siempre fue minoritario en todos los países industrializados y todos los intentos de tomar el poder fracasaron. En realidad, después de 1917 el movimiento comunista tenía más peso entre clases acomodadas, intelectuales, y dependía del dinero soviético.

[IDEOLOGÍA] Antes de los años setenta había otras tradiciones comunistas distintas al trotskismo de Restrepo y Kalmanovitz y al "tupamarismo" de Santos Calderón y García Márquez. El Partido Comunista se había mantenido con altibajos desde los años veinte como sucursal soviética, tratando de influir en la República Liberal y alentando la violencia antes y después del bogotazo. ¿De algún modo representaba los "intereses de clase" del proletariado frente a otros grupos? Siempre fue una conjura de aventureros pagados por los soviéticos y con capacidad de ilusionar a unos pocos adolescentes y rústicos con alcanzar poder político gracias a la ineroxabilidad "histórica" del socialismo. Nunca una facción política significativa. ¿De qué modo llegaron los grupos comunistas a hacerse hegemónicos en el interior del Estado colombiano y de los partidos políticos? Es lo que no se puede contestar con visiones ideológicas, con hormas universales que no tienen en cuenta la sociedad real.

[SOCIEDAD] Una de las cosas más graciosas de la discusión de "derechistas", uribistas o libertarios con la llamada izquierda es que "compran" su lenguaje y su visión de la sociedad. Es imposible hacer que entiendan que la "redistribución de la riqueza" no tiene la menor relación con la mejora de las condiciones de vida de las mayorías sino sólo con el reparto de los recursos comunes entre la casta de los funcionarios. No hay un conflicto "de clases" alrededor de la producción sino la sempiterna rapiña en torno a los cargos públicos por distintas banderías cuyas retóricas son máscaras grotescas. Es verdad que eso es común a Hispanoamérica, pero Colombia es más aislada. El molde de la ideología marxista se aplicaba a una realidad sin burguesía ni clase obrera ni Estado burgués. La queja de los descontentos con el comunismo tropical pasa por alto estos datos. Las causas de que sea así son muy diversas pero en últimas hay una que pesa más que cualquier otra: en la visión de Marx, la Revolución industrial y las revoluciones políticas de los siglos XVII y XVIII le abren el camino a la burguesía respecto del orden previo, en el que los viejos estamentos (nobleza y clero) frenaban el desarrollo de las "fuerzas productivas". Lo que se defiende a punta de retórica comunista y violencia despiadada es un orden parecido, aunque mucho más bárbaro, la jerarquía de castas de la sociedad colonial, pues en la historia de Colombia no hubo una clase productiva que alcanzara el mando sino que las camarillas que rodeaban al virrey, a los obispos y a los oidores siguieron controlando el país. La universidad es el refugio de una especie de clero y su papel parasitario es lo que más frena el "desarrollo de las fuerzas productivas", por usar ese lenguaje. Los descontentos no cuestionan ese orden, no quieren sociedades abiertas y competitivas con efectiva igualdad de oportunidades, sino que se sienten desplazados de los puestos y amenazados en su rango y en sus posesiones.

[IDEOLOGÍA] ¿De qué modo un discurso igualitario sirve al juego de una casta atávica que defiende sus privilegios y su parasitismo? Es sólo la continuación de la vida de siempre, la inercia mental que lleva a figurarse una novedad absoluta sin salir de la zona de confort. Habría que preguntarse qué significa en la historia de la humanidad el cristianismo, porque si se piensa en la conquista de América, en el saqueo, la esclavización y el exterminio de los aborígenes, sería lo contrario de lo que querían los primeros cristianos. ¿Cómo se acomoda la conciencia a ambas cosas? Institucionalmente se explicó la labor de conquista como "evangelización" de los indios. Los que se apropiaban de sus tierras y los ponían a trabajar gratis recibían la encomienda de enseñarles la doctrina, la religión del amor. La educación sólo es el nombre actual de la evangelización y la propaganda protege el saqueo de recursos comunes por la universidad como la satisfacción de un "derecho", noble tarea que ofrece a quien enseña el nuevo evangelio salarios decenas de veces superiores a los de la mayoría de los encomendados. La mentira no la inventaron Restrepo y Kalmanovitz, sólo reproducían algo que estaba en el enunciado del conjunto social.

[SOCIEDAD] Si uno se atiene al esquema marxista de desarrollo de las sociedades en la historia podría suponer que contra ese orden precapitalista debería surgir la clase que "actualizara" el país, y en cierta medida hay corrientes que lo anuncian, pero no existe una descripción teórica de la sociedad ni obviamente una propuesta de reforma que la tenga en cuenta. No se puede enarbolar la bandera de la religión porque a pesar de las proclamas ateas de algunos totalitarios, la verdad es que la propia Iglesia católica aplaudía la paz de Santos y muchos de sus líderes son a la vez miembros de la conjura narcoterrorista. No se puede curar un mal tradicional con más tradicionalismo. Y tampoco se trata de responder con la plantilla libertaria a una realidad en la que no hay nada parecido al estado de bienestar de Europa occidental. Si un español tiene problemas de salud el servicio público lo atiende con razonable eficacia, pero el Estado colombiano no cumple en absoluto ninguna misión semejante, el derecho a la educación consiste en la inyección de propaganda por personas cuya única aptitud es reproducirla y cuyos ingresos son elevadísimos en comparación con los del promedio de la población, cosa que ocurre en cualquier servicio público, como la justicia. El Estado colombiano sólo es una organización criminal dedicada a despojar a la población, de modo que los jóvenes que llegan a la universidad se forman para cometer secuestros y masacres gracias a los cuales se firma después la paz, en la que siempre se acuerda multiplicar el gasto en educación, es decir, en preparación de nuevos secuestradores y asesinos.

[IDEOLOGÍA] De tal modo, la cuestión no consiste en una guerra de la derecha contra la izquierda porque esos términos son falacias que en Colombia llegan a ser delirios ridículos: en cualquier otro país, la izquierda colombiana sólo podría ser extrema derecha, y tampoco se trata de enfrentar libertarios contra socialdemócratas porque los libertarios que recitan algún texto doctrinario extranjero no perciben a la sociedad real sino que para todo recetan menos impuestos para los emprendedores y la clase media sin atender en absoluto a la situación financiera del Estado ni a la realidad social. La única respuesta equitativa y libertaria consiste en reducir drásticamente el gasto estatal cerrando las universidades públicas y tratando a las privadas como a cualquier empresa. Pero pensar en eso supone volver al país del revés porque la esencia de la sociedad colombiana es esa especie de teocracia en la que los descendientes de los encomenderos acceden a rentas fabulosas por explicar sus opiniones y todo el que se siente de algún modo relacionado con los núcleos de poder aspira a integrarse en la corporación, mientras la mayoría vive en el "rebusque", en la miseria, en la prostitución, el servicio doméstico...

[SOCIEDAD] Es decir, más allá de la panacea libertaria hay realidades a las que no se atiende. Baste pensar en los líderes del partido de Uribe o en la vicepresidenta prometiendo la cobertura universal en educación superior para entender que nadie se plantea enderezar al país y asimilarlo a cualquier sociedad civilizada. Para la mayoría hay una ilusión en conseguir a costa de quién sabe qué sufrimientos que sus vástagos lleguen a ser doctores y vivan sin trabajar, o en emigrar a países donde los ingresos de quien hace trabajos duros son diez veces más altos. No hay una respuesta basada en ese criterio de equidad por el que los recursos públicos, muchos o pocos, sirven a todos y no a una minoría. Las diversas clases de derechistas son moralmente ajenos a esa cuestión, les parece de hecho algo lícito, dado que los seres humanos no son iguales. La larga campaña de los comunistas para implantar su tiranía sólo ha traído atraso y miseria, y sobre todo la adhesión de la masa funcionarial y de las clases altas a la mafia cubana, con su tremenda carga de narcotráfico y reino del crimen. El poder judicial existe para perseguir a quien incomode a esa mafia, y los medios de comunicación privados son de propiedad del clan oligárquico asociado que la dirige y viven dedicados a la propaganda, que paga el Estado, es decir, todos los ciudadanos. 

[IDEOLOGÍA] Pero los libertarios responden a eso con los argumentos de Thatcher contra los laboristas porque no están atentos a su país, porque el problema de exclusión y opresión de la mayoría (que se manifiestan en la desigualdad que registra el coeficiente de Gini y que es una de las más altas del mundo) no los afectan, dado que forman parte de la minoría privilegiada y comparten las condiciones morales de su casta, y porque la transformación que exige el país, es decir, la apertura de oportunidades reales para todos implica una batalla que no conciben. No se va a salir del tercer mundo sin cerrar las universidades públicas, sin hacer frente a esa masa violenta que saquea e intimida todos los años desde hace más de medio siglo a la ciudadanía y sostiene políticamente a las bandas terroristas y a sus mentores comunistas. No se trata de libertarismo, se trata de ofrecer y crear empleos y actividades económicas que rediman a la gente, y eso no se puede hacer con un gasto dedicado a mantener mediante el adoctrinamiento el orden del pasado. No hace falta una horma importada a la cual someter la realidad, sólo una lupa rigurosa que permita entenderla.

(Publicado en el blog País Bizarro el 16 de abril de 2020.)

sábado, mayo 09, 2020

El corazón derechista



La más odiosa de todas las mentiras que la gente cree en Colombia es la de una oposición entre izquierda y derecha, entre un bando de los ricos unidos en torno a valores conservadores y otro de progresistas que intentan corregir esa desigualdad y ese atraso.

¿Creen en esa oposición los funcionarios de la ONU, de todas las ONG internacionales y de los gobiernos europeos o la explotan para favorecer a los comunistas armados en aras de sus propios intereses? ¿Lo hacen los usufructuarios del triunfo comunista desde los años ochenta o sólo se acomodan a un orden sempiterno en el que disfrutan de los mismos privilegios de sus abuelos en un país más rico y más poblado? Lo más importante, y esto no es una pregunta: en esa oposición creen los que en las redes sociales proclaman su rechazo al comunismo. Esa confusión define la tragedia colombiana, no puede haber una oposición contra los propios valores, Harvey Weinstein no puede ser el encargado de vigilar a Michael Jackson. Lo que Colombia necesita SÓLO es parecerse a los demás países de la OCDE, a ello no sólo se oponen los parásitos millonarios de obediencia cubana, sino también sus supuestos enemigos.

Hace ya varios años publiqué un post explicando la mentira flagrante, obscena, de esa interpretación: la llamada izquierda, el comunismo, no es más que la retórica de propaganda de las clases altas de la vieja sociedad y su revolución sólo consiste en la negación de la democracia y los derechos políticos de la mayoría. Este gráfico sobre la evolución de la desigualdad a partir de la Constitución de 1991, que es el gran triunfo de la llamada izquierda, y durante los primeros años del gobierno de Uribe, debería servir para explicar esa mentira y mostrar lo que verdaderamente es esa izquierda.


En una cabeza recta todo sería transparente, indiscutible. La multiplicación del gasto público no se tradujo en una reducción de la desigualdad en el ingreso sino que por el contrario la agravó. Pero en Colombia no hay cabezas rectas sino cabezas derechistas, de modo que ¡no pueden condenar ese hecho porque el aumento de la desigualdad no les parece una mala noticia! Dicho "en plata blanca", ese cambio registrado en esa década es la realización de sus deseos, sólo que por desgracia los beneficiarios más claros no fueron ellos. En general en todas partes el aumento del gasto público significa bienestar para los más débiles, al menos es lo que ha puesto en práctica la socialdemocracia en los países de Europa sin que la derecha haya cambiado claramente eso. El hecho de que en Colombia ocurra lo contrario no lleva a esos derechistas a cambiar su visión, y su polémica con el socialismo (que en Colombia no significa lo mismo que en otras partes) se mantiene como si fuera lo mismo Petro que Felipe González. La contienda entre libertarios y socialistas en Colombia es una payasada porque esos socialistas sólo son parásitos de viejo estilo, y esos libertarios también, sólo que de un estilo aún más viejo, que respecto de lo que hace de Colombia un país bárbaro no mienten sino que aplauden esa diferencia con el resto del mundo.

El sentido de toda esa mentira ya lo expliqué en el post enlazado, pero hay algo que me intranquiliza: ¿por qué esas personas no aprueban simplemente una asimilación a los países avanzados? ¿Qué sentido tiene ese anhelo de aferrarse a la defensa de la desigualdad? No es sólo que sean sinceros, es algo profundo, es el espíritu de Colombia que cualquiera que se haya criado en el país ha experimentado en forma de crueldad, de servilismo, de arrogancia grotesca de patanes ventajosos y en resumen de dominación... De hecho, la llamada izquierda asesina, mafiosa y parasitaria es eso mismo pero ejercido con más astucia.

Conviene prestar atención a lo que significa "igualdad". Es una palabra de espectro muy amplio, nadie podría pedir en serio que todos seamos iguales porque ¿todos con el mismo color de ojos? Pero ciertamente la igualdad es el sentido mismo de todo sistema legal. Puede que los mandamientos de Moisés, y la consecuente persistencia de la nación judía, tengan que ver con ese principio en su enunciado, no hay rango que pueda estar por encima del "No matarás". En Colombia sí lo hay, baste pensar en el impacto periodístico, policial y judicial que tuvo algo como el asesinato de María Arango con el de cada una de las cientos de miles de víctimas del Partido Comunista.

Pero se me dirá que sólo se ha pensado en el sentido restringido de "igualdad" como la proximidad en el ingreso entre los diferentes grupos sociales, y así se vuelve a la discusión de otras sociedades, como si el conservador del departamento del Magdalena quisiera conservar lo mismo que el conservador de Ohio. Puede enfocarse de muchas maneras, por lo general en cualquier ciclo de expansión económica rápida tiende a aumentar la desigualdad, como ocurrió con la revolución informática, pero unos indicadores continuos de extrema desigualdad según el coeficiente de Gini en los países de Sudamérica no aluden a ningún ciclo de expansión sino a rasgos estructurales de esas sociedades.

Baste cruzar la lista de países por igualdad de ingreso con la lista de países por índice de libertad económica (que según las premias de esos derechistas debería ser la misma lista) para entender que no los mueve el anhelo de ensanchar el PIB o el desarrollo empresarial sino de proteger un orden jerárquico del que son también usufructuarios, a menudo porque han heredado propiedades o forman parte de clanes poderosos, o bien disfrutan de ventajas gracias a su "nivel de formación superior" respecto de los demás. Y es que tras el rechazo al coeficiente de Gini y a denunciar el aumento de la desigualdad gracias al aumento del gasto público está una defensa de la desigualdad que define a las sociedades hispanoamericanas: la esclavitud. El orden de castas en que han vivido esas sociedades desde su surgimiento y que ahora apenas a medias se ocultan.

Es decir, tras el rechazo a la igualdad en el ingreso parecida a la de países como Australia o Nueva Zelanda está la igualdad que es la base de todas las constituciones modernas y de la democracia. Les encanta sentirse superiores a sus esclavos y no se escandalizan de que personajes como María Jimena Duzán o Héctor Abad Faciolince vean a sus víctimas como ganado, sólo que sienten que se lo quitan a ellos.

(Publicado en el blog País Bizarro el 6 de abril de 2020.)

domingo, abril 26, 2020

Coronavirus, ¿qué hacer?


Lo que se puede decir en este momento sobre la pandemia es que el virus va triunfando sobre el conocimiento humano. El negro porvenir fuerza a preguntarse qué va a pasar y qué se puede hacer. Los políticos que acierten (es una obviedad) en dar una respuesta eficaz serán los líderes de las próximas generaciones y del siglo. Pero esos políticos necesitan la conciencia de los ciudadanos y su disposición a entender lo que significa cada actuación del Estado. Y emprendedores, ingenieros, administradores, inversores y trabajadores aplicados y responsables.

Recientemente me llamó la atención en Twitter una publicación de Félix de Bedout en la que tergiversa las palabras del vicegobernador de Texas para llevar a su público el mensaje de que hay capitalistas desalmados que cuentan con matar a la gente para poder mantener la producción, movidos por el diabólico ánimo de lucro que les insufla el capitalismo. En realidad el mandatario, abuelo y mayor de 70, se incluía entre las víctimas, pero a los colombianos les encanta el jarabe de superioridad moral que les proveen los aliados de Tornillo. Pero esa polémica da que pensar.

Voy a comentar otro tuit sobre el que han llovido comentarios en el mundo tuitero: uno en el que @El_Patriota sube un video de Petro y afirma que el senador dice la verdad. La esencia del cuento de Petro es que la producción importa menos que la salud y los derechos de la gente. Vaya por delante que siento un gran respeto por el valor, la coherencia, la sinceridad y la recta intención del activismo del señor Jaime Arturo Restrepo Restrepo, sólo que cede a la demagogia de un criminal totalitario porque no tiene recursos teóricos para aborrecerla. Petro y Claudia López aplican la consigna cubana de gastar y prohibir trabajar hasta llevar a la ruina la economía y provocar un estallido de violencia que destruya las instituciones. La situación revolucionaria es un clásico del pensamiento leninista, y los orientadores cubanos de Claudia López y Petro siempre están aplicando estrategias leninistas porque es su oficio y es todo lo que han leído.

Pero la preocupaciòn de @El_Patriota es legítima. Es la misma del vicegobernador de Texas y la que inquieta a mucha gente: ¿qué va a pasar ahora y qué se puede hacer para evitar la ruina sin dañar la salud?

También se podría decir al revés, proteger la salud sin causar la ruina. Y más sencillamente, cómo recuperar a la vez la salud y la producción.

Eso nos lleva a lo siguiente: ¿cuántas personas de las que se están planteando esa preguntas comparten la opinión de que en las circunstancias actuales son más necesarios los gestores que los ideólogos y humoristas? La crisis demanda gestión, demanda concebir respuestas a la amenaza y estrategias para recuperar el empleo. De ella saldrán con gran ventaja los países que mejor hayan sabido mantener su producción sin aumentar los contagios, como Corea del Sur (país que comparte con Colombia y España la cantidad de habitantes). Los países como Venezuela se hundirán mucho más porque los criminales que los gobiernan no tienen la menor capacidad de gestión.

No se volverá a vivir como hace seis meses, pero hay que intentar salvar al máximo el bienestar. Para eso creo que un gobierno sensato en España determinaría desde ahora la licencia para volver a trabajar en ciertas actividades de especial rentabilidad y mínima exposición por contacto humano. Habría que tener en cuenta la regla de Pareto (según la cual el 80 de las consecuencias provienen del 20% de las causas), y evaluar qué actividades generan una proporción mayor del PIB con una proporción menor del riesgo para la salud. Esos sectores deberían abrirse en la mayoría de los países que actualmente están en cuarentena el lunes 14 de abril o el día siguiente. Si quienes toman parte en ellas no dan negativo en los controles de contagio, se puede pensar en ampliar una semana después la cantidad de sectores que pueden operar. Incluso se podría pensar en dar beneficios fiscales a los empresarios si son actividades que contratan a muchos empleados, como el comercio,

En ese caso es apremiante la necesidad de capacidad gestora en los que dirigirán esos negocios, que es lo mismo que se demanda en los políticos: atención a los expertos, sentido común, empatía, comunicaciòn con todos los sectores sociales, equidad, pero sobre todo eficacia en las tareas del Estado, prohibiciones y permisos concebidos para reducir al máximo el sufrimiento de la población y devolver el empleo a quienes lo perdieron.

Esa eficacia depende de muchos factores, pero la idea de cerrarlo todo es muy propia de demagogos, como Quim Torra y muchos otros. Lo que hay que hacer es plantear el futuro inmediato como una circunstancia en la que Estado y sociedad tienen que multiplicar el gasto en sanidad y encontrar protocolos por los que la gente que sale a trabajar se expone menos aún que en la actualidad. Podría imponerse la mascarilla obligatoria, para lo cual hay que contar con suficientes mascarillas, para lo cual hay que concentrar energías en obtenerlas, forzando si hace falta a la industria textil nacional a producirlas. Y también el uso obligatorio de guantes, favoreciendo la producción de modelos que se desinfectan con los propios materiales de que están hechos. Y así muchas otras cosas, siempre basándose en aprovechar la automatización para reducir el riesgo para las personas. Y también los medios de protección para quienes tienen una exposición mayor, como los dependientes, repartidores, etc.

Las anteriores ocurrencias forman parte de un reclamo que está haciendo mucha gente, y que pronto podría ser entendido por amplias capas sociales: lo que más falta es "higienería", ingeniería de la higiene, la máxima inteligencia aplicada a proporcionar soluciones a la amenaza mientras se inventa un tratamiento o una vacuna.

Toda esa gestión no la puede llevar a cabo gente acostumbrada a vivir en el show business de la política. La clave de la capacidad gestora es la atención, el fervor con que una persona dotada se concentra en resolver lo antes posible un problema como la escasez de mascarillas. Los países, como España, donde gobiernan los demagogos chavistas o supremacistas pagarán mucho más cara la pandemia y saldrán muy debilitados. Los que consigan salvar la economía y mantener una cantidad baja de contagios, esos se recuperarán mucho antes y obtendrán una tremenda ventaja.

Me enteré de que Miguel de Unamuno decía que "en el dolor nos hacemos y en el placer nos gastamos". Esta catástrofe es la ocasión de hacernos, de hacer cosas que antes no podríamos hacer, de aprender a tocar un instrumento musical o a pintar, de cocinar los mejores platos de la vida, de aprender nuevos juegos, de disfrutar de las series o películas preferidas, de leer algún clásico si se tiene ambición para ello, o al menos algún libro de género. Es la ocasión de hacernos mejores, intentémoslo. Tatúense en el pecho o en el brazo esta expresión latina:
Dimidium facti, qui coepit, habet: sapere aude, / incipe ("Quien ha comenzado, ya ha hecho la mitad: atrévete a saber, empieza").
(Publicado en el blog País Bizarro el 3 de abril de 2020.)

miércoles, abril 01, 2020

El tronco torcido


¿Por qué Hispanoamérica es una región condenada al atraso, la miseria, el desorden y la violencia? Mucho más grave que la ausencia de una explicación plausible es el hecho de que al parecer nadie tiene interés en encontrarla y casi todos se quedan con la respuesta más grata y cómoda, de modo que el poder de la droga o la maldad infinita y todopoderosa de las ideas de Karl Marx terminan determinando que el paraíso terrenal no deje de ser nunca un infierno.


El poder de la droga
El consumo de marihuana se disparó en los años sesenta y setenta en todo Occidente, y en los barrios populares de las ciudades colombianas se solía asociar con la delincuencia: un muchacho que se aficionaba a fumar "bareta" terminaba cometiendo atracos. De modo que para alguien que creciera en esa época la droga era la causa de la inseguridad, en buena medida porque era fácil creer que antes no habría atracos. Y no se sabía mucho de otros países, donde millones de jóvenes fumaban marihuana y no atracaban a nadie. Algo parecido ocurre con el negocio de la cocaína, para millones de personas ha devenido la causa de que los gobiernos sean corruptos y de que la gente viva en la miseria. Seguramente se imaginan unos países que avanzarían en orden y productividad de no ser por ese flagelo que hizo poderosos a unos malhechores y con sus enormes recursos lo "corrompe" todo. Pongo comillas en "corrompe" porque ese concepto de corrupción es un enorme malentendido, presupone una situación mejor antes de que apareciera el agente de la putrefacción. Eso es lo que me parece discutible.

Los hispanoamericanos
Hay como un paradigma de la estupidez, para seguir con el tema de la corrupción, que consiste en considerar los desafueros de los funcionarios como la causa de todas las desgracias de este mundo, de modo que la persona se permite verse como un dechado de perfecciones porque no tiene un cargo público y a lo mejor ni siquiera se viste con formalidad. Cuando uno les dice que tras toda esa pasión sólo hay envidia (como ocurre con los que odian a los homosexuales e incluso con los que odian a los consumidores de drogas), se quedan boquiabiertos. ¿A quién se le puede ocurrir pensar algo así? Ellos sólo ven el sufrimiento de las viudas y huérfanos y la injusticia de que otros usen esos automóviles carísimos y se paseen con esas rubias inmorales de pechos grandes, escotes atrevidos y curvas indecentes. Con esa clase de certezas, ¿quién va a persuadirlos para que piensen en lo que define al tipo de hombre hispanoamericano? Todo sería perfecto si no aparecieran los pícaros con sus trampas. Es todo lo que hay que saber, y esa pasión justiciera sólo se remedia cuando el indignado tiene ocasión de prosperar rápido y sin dolor. Pues ¿alguien recuerda algún gobierno de alguna república de Hispanoamérica en algún periodo que no haya sido descrito como el más corrupto de toda la historia? El justo sólo es el que no ha accedido a ningún cargo en el que pueda hacer alguna "pilatuna".

Indolencia y crueldad
Denis Diderot decía en el siglo XVIII, cuando ya los imperios europeos se habían apropiado de toda América y Australia, y se expandían por el resto del planeta, que temía que la gente trasplantada a otros continentes adquiriera, por habituarse a la esclavitud, rasgos de indolencia y crueldad que darían lugar a un daño moral incurable. Ésa es la explicación completa del atraso hispanoamericano, el resto del cuento es la incapacidad de superar ese estado. Incluso la indolencia podría menguar en el caso de algunas personas, pero no la crueldad que explica todas las mentiras de la política local y todos los delitos contra la propiedad. La crueldad en Hispanoamérica es una marca que define el rango de una persona y casi siempre tiene como víctimas a los descendientes de las castas inferiores de la sociedad colonial. Cuando el jesuita manda a los pobres a matar gente sólo está obrando como su compañía hace cuatro siglos y tapando su crueldad con retóricas perversas, cuando el sindicalista se aprende los manuales de Marta Harnecker y organiza el chantaje y la intimidación que permitirá crear una clientela para su partido a punta de privilegios atroces, sólo está ejerciendo la crueldad de los encomenderos de hace cuatro siglos. La retórica igualitaria es absurda, tal como lo era la religión del amor en los que compraban y vendían gente a la que hacían trabajar gratis. Todo es un mismo orden que nadie quiere cambiar, a tal punto que buena parte de los profesores comunistas de las universidades públicas empezaron su carrera en el seminario y, cómo no, proceden de familias de encomenderos.

Causa y consecuencia
De tal modo, el narcotráfico y el comunismo no son la causa del estancamiento de las sociedades hispanoamericanas, sino consecuencias casi inevitables de su tradición. Claro, a lo mejor en otras circunstancias no habría negocios tan rentables como el de la cocaína, pero eso no determinaría que las sociedades fueran diferentes. Los cubanos en Venezuela no necesitaban el narcotráfico para comprar a los militares y a los delincuentes, bastaría el control político porque los recursos del país eran formidables, a tal punto que se dice que en veinte años el régimen ha recibido más de un billón y medio de dólares (es decir, un millón y medio de millones y no 1.500 millones como creen todos en Colombia porque nadie consulta los diccionarios). Pero claro que una fuente de negocio tan copiosa no se desaprovecha. Lo mismo pasa con el comunismo, que por lo demás no fue nunca popular en sociedades en las que tenían arraigo nociones como la igualdad ante la ley o la ciudadanía. La ingeniería social presupone la jerarquía, que, de nuevo, en Hispanoamérica "replica" la sociedad de castas de la época colonial. El profesor universitario colombiano se retira a los cincuenta años, si quiere, con la pensión que equivale al sueldo de más de diez sufridos trabajadores, y no cree que esté cometiendo ninguna injusticia sino accediendo, a costa de los millonarios y de supuestos poderes extranjeros, a lo que deberían tener todos. Una mentira tan burda no sería tolerable para alguien que no tuviera la certeza de pertenecer a una casta superior. Lo mismo que, en Colombia, la atribución del narcotráfico a Uribe y sus seguidores, como si alguien no fuera a enterarse de quiénes dominan ese negocio.

¿Quién discrepa?
El rastro de la crueldad se encuentra a todas horas en las actuaciones de los hispanoamericanos, baste pensar en las víctimas de los narcoterroristas colombianos. ¿A alguien le importan? Objetivamente todos los que se "reconciliaron" durante los años en que fue presidente Juan Manuel Santos son tan criminales como los que mataron, violaron, secuestraron, torturaron y mutilaron gente, pero es que los demás colombianos tampoco viven muy inquietos por la situación de las víctimas, a lo sumo es algo que podría generarles rentas y por eso los propios asesinos se presentan tranquilamente como "víctimas del conflicto". Los políticos son felices decretando indemnizaciones para las víctimas, dado que los jueces, tan criminales como los propios terroristas, les darán rango de víctimas a sus clientes. Es decir, jueces, políticos y "lagartos" se repartirán el dinero sin que nadie se moleste por los que en efecto han sufrido los crímenes. La actitud del gobierno de Duque se define por la tranquila disposición a entenderse con los terroristas y con los políticos aliados de Santos, acaso en busca de "gobernabilidad", lo que, de nuevo, es sólo complicidad con los criminales a costa de las víctimas. 

¿Hay salida?
Después de México, el país con más hispanoamericanos étnicos y aun hablantes de español es Estados Unidos. Queda la duda de si conseguirán convertir a ese país en otra república hispana, o si se asimilarán a la cultura todavía mayoritaria. Respecto de cada república situada al sur del río Grande, la cuestión es si se asimilará a la democracia liberal o si el viejo orden encontrará alguna forma de mantenerse. Es verdad que la cocaína genera recursos abundantes que sirven a las entidades mafiosas para conservar el poder, pero también que el orden de esclavitud no ha sido cuestionado. Baste pensar en los derechistas, que creen que los problemas de su país son los mismos de Estados Unidos y saltan ante las críticas contra la desigualdad en el ingreso, como si los ricos en Colombia fueran los dueños de empresas manufactureras o de servicios y no los socios de las castas políticas asociadas a los terroristas. O la facilidad con que aceptan las endemias del país, que son a la vez ejercicio de crueldad y resistencia ante todo intento de modernización. ¿Cuántos derechistas aceptan el "delito político" que figura en la Constitución y en la jurisprudencia? ¿Cuántos quieren realmente redefinir la llamada "acción de tutela", que suprime el derecho para que nada estorbe el dominio de los "juristas"? ¿Cuántos consideran necesario cerrar las universidades públicas para que los recursos comunes no se gasten en el privilegio de unos ignorantes criminales? Es más fácil creer que el problema es el narcotráfico o la ideología tras la que se oculta el orden de siempre, o la corrupción de la que todos se quejan pero nadie remedia. Sin siquiera plantearse que el problema es la organización social tradicional, la lucha contra el comunismo y el narcotráfico será tan inútil como los triunfos de la ley en la época de Uribe, que no impidieron el triunfo final de los criminales. No aparecieron esos flagelos para dañar el paraíso, sino que encontraron un tronco torcido en el cual arraigar.

(Publicado en el blog País Bizarro el 20 de enero de 2020.)

lunes, enero 20, 2020

El siglo de la distopía


La vida en Occidente en el presente siglo parece la realización de las pesadillas que escribieron Huxley y Orwell hace casi cien años: ¿cómo ha aflorado este régimen de dominación y terror, cuáles son sus métodos y cómo podemos hacerle frente?

En el siglo XVI el alto dignatario inglés Tomás Moro publicó una descripción de una isla imaginaria a la que llamó Utopía, palabra que se ha entendido como “lugar que no existe”. En ese paraíso la propiedad privada había sido abolida y la gente vivía en armonía. Esa obra dio lugar en los siglos posteriores a un género literario, el de los paraísos imaginarios, que llevó a Oscar Wilde a declarar que un mapa del mundo que no incluyera a Utopía no debería ser tenido en cuenta.

Los cambios que experimentó el mundo a comienzos del siglo XX inspiraron obras literarias en las que el futuro ya no parecía promisorio sino amenazante. Se las dio en llamar “distopías”. Las dos distopías más famosas son Brave New World, traducida al español como Un mundo feliz, del británico Aldous Huxley, aparecida en 1932, y 1984, del también británico George Orwell, de 1949. 

Si nos detenemos a pensar en cómo vemos el mundo ahora y cómo lo veíamos hace veinte o treinta años, es imposible no sentir que los temores de esos autores se están haciendo realidad. Nuestra realidad ya es una mezcla de ambas pesadillas. 

La caída del comunismo hace ahora treinta años dio lugar a una fiebre de optimismo que se resumió en la famosa tesis de Francis Fukuyama sobre “el fin de la historia”: el triunfo definitivo del modelo liberal-democrático y la economía abierta. Si hubo algún escepticismo fue minoritario, y a menudo encarnado por personas superficiales que entendían “el fin de la historia” como “el fin de los acontecimientos”. Se olvidaron las tendencias históricas previas al comunismo y se descartó prematuramente a quienes habían hecho de la dirección de la sociedad un modo de vida. 

Los que jubilaron el comunismo olvidaron el peso que había adquirido el Estado en la mayoría de los países occidentales. Con el pretexto del bienestar, la burocracia se había multiplicado y los altos funcionarios ya tenían más poder que los dueños de las industrias y bancos. En Europa era hegemónica la socialdemocracia y en Latinoamérica las castas parasitarias tradicionales dominaban los Estados y tenían como recurso la tradición colectivista de ciertos sectores de la Iglesia y los movimientos indigenistas en algunos países.

Esa expansión del Estado no es necesariamente un resultado de la socialdemocracia, los partidos de derecha también ganan apoyos pagando “derechos sociales” que la mayoría de la sociedad aprueba. Y no se da sólo en las sociedades nacionales sino también en los cada vez más poderosos organismos multilaterales y en las ONG, que a fin de cuentas casi siempre resultan financiadas por los Estados y sobre todo controladas por los mismos grupos que dominan los partidos políticos y los medios de comunicación. Son otra herramienta de la nueva casta, que se acostumbró a mandar y a disponer del dinero de todos. 

Para eso necesita la ideología totalitaria. Los clanes funcionariales están condenados a ser de "izquierda" sea cual sea su origen ideológico. El contenido secreto del "progresismo" es el control de los recursos de todos por esos grupos.

La ideología marxista ya no importa, a veces es sólo como un elemento ritual, un santo y seña que identifica a ciertas élites de la nueva casta, como fue en su día la masonería; la mayoría de los guardianes del nuevo orden desconocen por completo el marxismo. Para ellos, más bien, los límites de lo pensable están señalados por la herencia de la contracultura y el discurso de corrección política, que además es muy eficaz para perseguir discrepantes. No necesitan saber ni pensar nada, sólo estar prestos a intimidar a los que ponen en peligro su hegemonía. Por eso casi todos los actores y cantantes, que se morirían de aburrimiento hablando de ideologías, son entusiastas de la llamada izquierda.

Los revolucionarios ya no podrían ofrecer el modelo comunista, al menos en los países avanzados, pero no iban a renunciar al mando. Los particularismos fueron las nuevas banderas de la presión para elevar el gasto público y los pretextos de la persecución ideológica. Las víctimas (reales o supuestas) del racismo, las minorías nacionales o lingüísticas, etc., y después otras minorías que afloraron en los años sesenta, como el feminismo radical, los grupos de homosexuales, los consumidores de drogas, los defensores de la eutanasia, los enemigos de la religión, etc. se convirtieron en el nuevo proletariado. Se dejó de prometer la sociedad sin clases, muy oportunamente porque los “progresistas” se han convertido en una clase rica y dominadora. En cambio se defiende a los “colectivos” agraviados de todo tipo. 

Lo que hace afines a esos grupos con los totalitarios es la voracidad por el presupuesto público: miles de cargos bien pagados por hacer propaganda, leyes que generan más gasto y más empleo a favor de las organizaciones que dicen representar a las minorías y dominación ideológica, por ejemplo con premios literarios que pagan las editoriales porque los libros que divulgan la ideología entre los niños serán exigidos por los profesores gracias, entre otros motivos, a que los sindicatos funcionariales hacen nombrar a gente afín, y a la vez cada docente descubre los inconvenientes de discrepar.

Esa simbiosis entre la farándula, los grupos terroristas y mafiosos relacionados con el tráfico de drogas, regímenes como el iraní, las grandes empresas de internet, la alta burocracia transnacional y los partidos afines al leninismo se da espontáneamente y cuaja en sociedades ablandadas por el bienestar que deriva de los avances tecnológicos y cada vez más desconectadas de las tradiciones culturales que permitieron su florecimiento. Al hombre de hoy en día se le da a escoger entre los placeres de la pornografía y la exploración sexual o con drogas y las rigideces de la mentalidad tradicional o antigua. La presión se hace irresistible.

No se debe suponer que ese nuevo mundo coincide con las distopías de Huxley y Orwell porque “la vida copia al arte”, sino porque esos autores vieron en las tendencias de su época el porvenir que hoy vivimos. Si los personajes de Un mundo feliz “disfrutan” de un continuo libertinaje sexual es porque eso se hace inevitable a causa de la prosperidad (algo así ya obsesionaba a Tolstói varias décadas antes que a Huxley, aunque él sólo veía sobrealimentación y ociosidad en las clases altas). Lo mismo se puede decir del “soma”, la droga que los mantiene felices. La tendencia a buscar superar el tedio o la melancolía con psicotrópicos ya era algo que inquietaba en el siglo XIX.

Huxley también supo prever otra tendencia moderna, que casi en los mismos años en que se publicó su libro había empezado en Suecia: la destrucción de los lazos familiares. Los individuos pertenecen al Estado, que los forma para que correspondan a sus fines.

Son muchos los indicadores de que el Occidente de nuestro tiempo es ya una distopía, y sobre todo de que una casta global se ha apropiado de los medios de comunicación y de instrucción y los dedica a una propaganda incesante cuyo fin es dominar al conjunto social. No es posible ver un noticiero en la televisión sin detectar en cada noticia el sesgo que indica al público lo que debe pensar. El feminismo, el ambientalismo, la causa LGBTI y la inmigración proveen la mayor parte de las noticias y la comunidad vive pendiente de esos asuntos. 

La oferta de rasgos de "identidad" ha encontrado público y ha servido para abrirle el camino a la sociedad de castas que describió Huxley: el multiculturalismo es la materialización más clara de la predestinación biológica y social de su novela. Aunque mucha gente cree que se trata de libertad y diversidad, en la realidad lo que ocurre es que las personas resultan adscritas a una "identidad" colectiva que borra su singularidad personal. El inmigrante musulmán en Europa es un completo extraño para el ciudadano europeo normal, y se fomenta que viva en su gueto, incluso sometido a la sharía. En muchos países de Europa hay barrios y aun ciudades en donde no entra la policía porque ya se ha instaurado un orden particular.

Los socialistas promueven ese fenómeno porque cuando esos inmigrantes se naturalizan y pueden votar son aliados naturales contra los conservadores. La destrucción de las tradiciones locales es uno de los objetivos prioritarios de la casta dominante, de ahí las burlas continuas a la religión y a las demás tradiciones populares. Claro, a la religión cristiana, que la musulmana y otras les convienen para implantar su modelo de sociedad.

La esencia de la distopía actual, como de casi todas las obras literarias de ese género, es la dominación. La imposición de patrones de pensamiento y conducta a través de los productos culturales, la educación y aun la intimidación directa, bien mediante la exclusión que sufren los discrepantes de los empleos y el acceso a las rentas, bien mediante la exposición a violencia física grave, como ocurre con los grupos llamados "antifa" en todos los países de Occidente. Aunque además es muy importante el dominio que está alcanzando la conjura totalitaria sobre las instituciones de justicia de muchos países, no sólo mediante la presión de los medios y las redes sociales sobre los jueces sino mediante la labor de grupos de abogados talentosos y bien financiados y aun mediante sobornos (los fabulosos recursos a que tuvieron acceso gracias al éxito del Foro de Sao Paulo en las décadas pasadas son decisivos para eso).

El elemento decisivo de esa intimidación es la llamada "corrección política", que es la disposición a encontrar agravios en cualquier aserto u opinión de cualquiera: para evitar conflictos con grupos activos de feministas, animalistas, ambientalistas, etc., la gente no dice lo que piensa o lo dice filtrando las palabras hasta que no puedan ser cuestionadas por esas nuevas autoridades en apariencia informales pero en realidad promovidas y pagadas por la casta global. Ocurre una atrocidad que a menudo no se detecta: la indumentaria ritual de los verdugos es la de víctimas.

Sobre esto último y la forma en que afecta al propio sistema democrático vale la pena tener en cuenta lo que ocurrió en el estado norteamericano de Georgia: tras aprobarse una ley que endurece el castigo al aborto, las grandes productoras Netflix, Warner y Disney amenazaron con dejar de grabar allí sus producciones.

Casi no hay aspecto de las obras de Huxley y Orwell que no se encuentre en la vida actual, de modo que tal como el tango describe el siglo XX como una prendería, nosotros podemos hablar del XXI como una siniestra distopía. Un elemento característico es la corrupción del lenguaje, que tanto inquietaba a Orwell, pero en realidad a muchos otros pensadores.

La corrupción del lenguaje que describió Orwell tiene cierto aspecto de caricatura, y ya se había vivido en los regímenes totalitarios que intenta retratar, pero la presión actual no es en absoluto blanda. Uno de los pretextos típicos de esa "cruzada" es el feminismo. Se intenta cambiar los diccionarios y los usos habituales para que contengan la llamada "perspectiva de género", con lo que cada vez que una persona habla empieza a cuidar todo lo que dice para no resultar expresándose como solía, lo que puede molestar a los nuevos inquisidores.

La tal "perspectiva de género" es una de las obsesiones de los propagandistas y allí donde se puede se impone a los jueces, lo que conduce a atrocidades morales sin límites. En España en los últimos meses se han presentado hechos tan curiosos como que un chileno que mata a un español por llevar unos tirantes con la bandera de España y que tenía antecedentes por dejar parapléjico a un policía es condenado a cinco años de prisión, de los que apenas cumplirá dos, mientras que unos futbolistas que estuvieron con una chica de quince años que les practicó una felación a los tres y se acostó con uno (sin otra prueba de la intimidación que el testimonio de la chica, muy dudoso según otras informaciones que han circulado) fueron condenados a 38 años de prisión cada uno.

Una parte decisiva de la nueva sociedad distópica es el adoctrinamiento infantil, en el que desempeña un gran papel la llamada "teoría de género" o "ideología de género", basada en la pretensión totalitaria (también común a bolcheviques y nazis) de imponer decretos sobre la naturaleza, esta vez inventándose agravios con una audacia espeluznante. La sodomía era un crimen en todo Occidente, en el siglo XX se impuso la tolerancia, pero ahora es una identidad que da lugar a un agravio. Si alguien busca placer con personas de su mismo sexo automáticamente pasa a formar parte de un grupo oprimido por los que no lo hacen. Lo mismo pasa con la persona que cree ser de otro sexo que el que marca su aparato reproductor: hasta hace pocos años se consideraba afectada por un trastorno psiquiátrico, ahora resulta una víctima de persecución del enemigo ideológico de la casta dominante.

Y en definitiva sería agotador enumerar los diversos frentes de propaganda e intimidación. Conviene que nadie se distraiga porque la inmensa mayoría de las noticias en la inmensa mayoría de los medios son propaganda con ese interés, o la contienen cuando aluden a cualquier otra cosa. Lo que ocurre es que no hay suficiente determinación ni dedicación para hacer entender a todo el mundo que el "feminismo" actual no es una manía de algunas mujeres enfermas de odio por los hombres, que en ese caso no tendrían por qué "transferir" su pasión a los bancos y al capitalismo, ni ocurre nada parecido con los ambientalistas, animalistas, abortistas, antiprohibicionistas, antitaurinos, ateos militantes, veganos, defensores del "colectivo LGBTI", etc. Claro que hay personas a las que atraen con esos "motivos", pero los recursos, la planeación, la organización y sobre todo el control del presupuesto público no dependen de ese target de la propaganda sino de núcleos organizados que obedecen a los gobiernos de La Habana y Teherán, a grupos de extrema izquierda arraigados desde hace muchas décadas en las universidades estadounidenses y a la red de ONG y medios que dependen de la financiación de Soros y otros magnates asociados.

Urge partir de la conciencia de ese orden que domina actualmente a casi todos los países de Occidente (en contraste, China florece recuperando su tradición clásica y los valores que la acompañan, integrándola en el mundo moderno y aprendiendo a funcionar con los códigos inventados en nuestra decadente parte del mundo). Lo que determinará la vida de las próximas décadas es la capacidad que tengamos de resistir al nuevo totalitarismo, de describirlo, analizarlo, combatirlo y vencerlo con la verdad y el anhelo de libertad.

Para terminar quiero poner una cita de 1984 que presagiaba lo que se hace actualmente con todas las series de televisión y aun con obras clásicas: no falta el que hace quitar cuadros en que aparecen viandas de las que disfrutan los carnívoros o muchachas desnudas, pero más grave es que hayan hecho una versión de la ópera Carmen en la que no matan a la gitana, u otra de Turandot en la que la heroína es lesbiana y su enamorado un acosador. El control de las mentes es lo que buscan (y consiguen) con el bombardeo inclemente de propaganda, el adoctrinamiento escolar, el control del poder judicial y la formación de bandas de matones que apalean a quien se atreva a discrepar. Cada vez que nos esforzamos por defender lo que sabemos que es verdad o lo que nos parece justo, cada vez que defendemos el sentido recto de las palabras y nos esforzamos por conocer la formidable tradición de la humanidad, estamos resistiendo a esa monstruosa tiranía.

Toda la literatura del pasado habrá sido destruida. Chaucer, Shakespeare, Milton, Byron… solo existirán en versiones neolingüísticas, no solo transformados en algo muy diferente, sino convertidos en lo contrario de lo que eran. […] Todo el clima del pensamiento será distinto. En realidad, no habrá pensamiento en el sentido en que ahora lo entendemos. La ortodoxia significa no pensar, no necesitar el pensamiento. Nuestra ortodoxia es la inconsciencia. [...]

Publicado en el blog País Bizarro el 10 de diciembre de 2019.

jueves, diciembre 19, 2019

¿Recuerdan aquello de la guerra y el deshonor?


Durante los años de la negociación "de paz" del gobierno de Santos con las FARC era frecuente leer opiniones de uribistas en las que se citaba la famosa frase que Winston Churchill dirigió a quienes habían claudicado ante Hitler en Múnich: "Entre el deshonor y la guerra habéis escogido el deshonor, y tendréis la guerra". Así pretendían aleccionar a Santos, señalando su "error", pues tardaron tres años en darse cuenta de que el tartamudo fatídico había llegado a la presidencia para implantar la tiranía al servicio de los cubanos, y nunca se opusieron resueltamente a ese proceso porque no convenía a los cálculos de corto plazo de Uribe.

Ahora están desesperados por la posibilidad de que la Corte Suprema de Justicia encarcele al expresidente en un proceso claramente sesgado. Una mirada juiciosa a la historia reciente de Colombia forzaría a recordarles la frase de Churchill, porque el poder judicial no empezó a delinquir ahora. Uribe y sus seguidores han tolerado persecuciones más espantosas que la de ahora y no han hecho nada, han preferido el deshonor, entre otros motivos para evitar que procesaran al líder, y eso, como ocurre siempre, sólo ha servido para envalentonar al hampa judicial.

¿Cuántas personas están presas por aplicar la ley como resultado de sentencias que son en toda regla verdaderos crímenes? Ya ocurrió cuando Uribe era presidente: encarcelaron al coronel Plazas Vega en un juicio monstruoso por su desfachatez (los asesinos que asaltaron y quemaron el palacio de justicia y mataron a los magistrados quedaron impunes y alguno de ellos llegó a magistrado). ¿Cuál fue la reacción del uribismo entonces? A pesar de la inmensa popularidad del presidente y de contar con los recursos del Estado, no se hizo nada para denunciar esa infamia o para contradecir la "comisión de la verdad" que nombraron los hampones para legitimar su atrocidad. ¿Seré el único que se sorprende de que el montaje hubiera funcionado de no ser porque Ricardo Puentes Melo lo descubrió? El poder del Estado no servía. No era un montaje muy sutil ni refinado, era en extremo burdo, pero para Uribe y sus cohortes de lameculos era demasiado complicado investigar eso: lo más práctico siempre ha sido quedar bien con los poderosos.

Eso mismo ocurrió con Jorge Noguera y aun con Andrés Felipe Arias, sin que Uribe hubiera dejado la presidencia. Realmente hubo más bien colaboración de los más próximos a Uribe en esas persecuciones, toda vez que Arias era un rival demasiado ligado al conservatismo y a una facción distinta a la que dirige el expresidente. La lista es agotadora, también estuvo preso Luis Alfredo Ramos, también está aún fugitivo Luis Carlos Restrepo, también hicieron extraditar a María del Pilar Hurtado... Eso por no hablar de los militares presos, que se cuentan por miles y que son sin duda inocentes, como los generales Arias Cabrales o Uscátegui. Los de menor rango ni siquiera son conocidos por nadie.

Entre enfrentarse a esa mafia enquistada en el Estado y aliada con el clan oligárquico narcotraficante y asociarse con ella, Uribe y su círculo prefirieron lo segundo, sólo que eso no les basta a los jefes cubanos ni a Santos y Samper. Habría sido muy fácil al final del primer gobierno de Uribe, con una sensación de alivio que compartía toda la sociedad, convocar una Constituyente para abolir el engendro del 91 y sacar a los militantes comunistas del poder judicial. Pero era más tentador cambiar el articulito y quedarse en la presidencia, con el apoyo legislativo de Roy Barreras y el partido que Santos montó para resultar dueño del poder sin ganar ninguna elección, sólo gracias a que sus maquinarias y medios eran aliados gratos para Uribe. De hecho, ¿quién escogió a Francisco Santos como candidato a vicepresidente? En los años del Caguán era un entusiasta de la negociación que proclamaba su optimismo tras una semana de cientos de asesinatos.

La indagatoria de Uribe es una clara persecución asociada al interés de influir en las elecciones: equivale a los asesinatos de candidatos que podrían ganarles a los del partido de los magistrados, que es simplemente la mafia de la cocaína. Uno no sabe qué presiones habrá para que los políticos uribistas obren de modo que convenga a la candidatura de Claudia López a cambio de no encarcelar al líder. De momento ya han conseguido que la campaña electoral se olvide, mientras que las empresas que publican encuestas presentan a Galán como el rival de Claudia López. Es posible que el triunfo de esta candidata sea el precio que el uribismo pague para que no encarcelen a su jefe.

En todo caso, la respuesta que han dado es grotesca. "Lo que es con Uribe es conmigo" es algo que un juez sólo podría entender como intimidación. También podría haber habido defensores sentimentales de Pablo Escobar o de Carlos Castaño. Lo que hace un juez penal es aplicar la ley cuando determinada conducta corresponde a la descripción de un tipo de delito en el Código Penal. No tiene por qué opinar sobre la calidad de las personas.

Uno echa de menos una explicación precisa del proceso y de las atrocidades de la Corte, pero también se podría haber hecho en los casos de todas las personas perseguidas por esa entidad mafiosa. La denuncia global de esas atrocidades es algo que debió hacerse ya cuando encarcelaron a Plazas Vega, pero lo impidió la visión de corto plazo del uribismo.

Hace falta mandar a la cárcel a esos bandidos, pero eso no se conseguirá sin una movilización enérgica contra la Constitución del 91 y sus herencias. El uribismo no estará ahí, el uribismo está con Duque, que a toda costa intenta congraciarse con los narcoterroristas. Si Uribe termina preso será por su complacencia con esos criminales, y nada cambiará porque lloren tantos miserables a los que no les importó lo que pasó con los demás perseguidos.

(Publicado en el blog País Bizarro el 19 de septiembre de 2019.)

jueves, octubre 10, 2019

¿Para quién trabaja Duque?


¿Cuál es el papel del presidente colombiano en la situación actual? ¿Cómo se puede evaluar su primer año de gobierno? ¿Qué puede ocurrir en Colombia en el inmediato futuro? Por mucho que haya gente que entiende la política a partir de afectos y lealtades personales, sería bueno evaluar si Duque no estará obrando como un socio de la conjura cubana, por mucho que crea estar haciendo otra cosa.

Intento razonar como lo haría una persona honrada e inteligente que aún cree en Duque, tenga o no cargo público. Enredarse en deshacer todo el entramado de la paz es una tarea imposible y riesgosa, mientras que mostrando resultados en desarrollo económico y paz social se avanza realmente y se evita que en el siguiente periodo electoral los chavistas lleguen a la presidencia. 

Parece un rasgo de los colombianos: Duque y los suyos se duermen tanto en la inercia de su ensueño, de los simpáticos proyectos que traían, que en definitiva alias Jesús Santrich se fugó e hizo caer al fiscal, Arias fue extraditado, los narcocultivos se mantuvieron, hasta recibir reprimenda de Trump, la mitad de la dirección de las FARC se declaró de nuevo en "guerra" y el país está en vilo por el posible encarcelamiento de Uribe. Así le ocurrió a Pastrana con su proceso de paz, al punto que terminó su mandato desprestigiado y odiado.

La conducta de Duque recuerda poderosamente a la de Rajoy, que se encontró a España a punto de pedir la intervención de las instituciones europeas y la devolvió próspera. De nada le sirvió, no fue capaz de revertir las leyes sectarias y opresivas de Zapatero, ni de plantarle cara a la propaganda violenta de la extrema izquierda en los medios y en las redes sociales ni al desafío secesionista. Incapaz de complacer a sus votantes, Rajoy terminó despreciado por su propio partido, que en un congreso rechazó a su heredera y eligió a Pablo Casado, más cercano a Aznar.

La inacción de Rajoy estuvo a punto de provocar una catástrofe en Cataluña. Así le pasa a Duque, que encuentra más cómodo rehuir el enfrentamiento con el entramado que dejó Santos, rigurosamente concebido para llevar al poder a la izquierda comunista agrupada en torno a las FARC y a sus formidables recursos.

Ya muchos han señalado que la declaración de alias Iván Márquez y los demás jefes terroristas es un ardid de los regímenes de La Habana y Teherán. Pero es obvio que lo que buscarán será crear una inestabilidad tan grande que termine en la toma del poder. Gracias a las cantidades ingentes de dinero de que disponen, mantienen un bombardeo de propaganda incesante en los medios y en las redes sociales. 

Como el presidente calla, otorga: legitima a quienes propalan mentiras y amenazas relacionadas con Uribe y los uribistas como si su opinión fuera igual de válida que la contraria. Duque hace lo contrario de lo que debería, defender la verdad y denunciar la propaganda del crimen, en lugar de eso pide que no se estigmatice a los del partido FARC y a otros exguerrilleros para que haya un juego político de diálogo y pacificación. Ese ambiente anhelado no existe precisamente porque los terroristas pagan la propaganda violenta, ominosa y deshonesta que impera en las redes sociales y también en los medios.

Es decir, Duque rehúye defender hasta la ley con tal de mantener relaciones cómodas con los líderes de los partidos de la oposición, cuyo paradigma evidente es el partido FARC. Pero éstos no rehúyen la calumnia y la ridiculización más ruin contra él. 

¿Qué pensará alias Timochenko de Duque? La mayoría de ustedes no saben cómo piensa un comunista. Para él el presidente es un enemigo al que se humilla todos los días pero siempre está solícito. Tiene que despreciarlo.

La embestida terrorista que viene puede ser peor que la de los noventa o que los años del Caguán. En la medida en que la desestabilización dé resultados, las adhesiones a los terroristas serán más copiosas y resueltas. 

Ese fenómeno ya se da, miles de estudiantes de universidad salieron a culpar a Uribe y a los uribistas del atentado de la Escuela de Cadetes General Santander y del retorno a la delincuencia de alias Iván Márquez y su combo. El más manido y repugnante argumento, que la educación imbuye como lo más lícito y tolerable, es que los que quieran guerra que manden a sus hijos. Sólo un atracador o un secuestrador razona así, como el anciano no se puede defender o el padre no puede arriesgar la vida de su hijo, pues el atraco y el secuestro son lícitos. Y el que dice cosas tan seductoras para los cobardes sólo transmite la intimidación de los criminales y cobra el crimen.

Es decir, ahora los terroristas no sólo tienen ingentes recursos y armas y control de vastas áreas del Estado y de los medios, sino también el apoyo de una franja importante de la opinión. En una situación de amenaza mayor, el clamor por la paz podría hacerse hegemónico, porque los colombianos ya han tolerado por cuarenta años que se entregue su país al crimen organizado y ya ni entienden que cuanto más se busque la paz más seguros de su éxito estarán los totalitarios.

Durante años los articulistas más lúcidos de la prensa española le advirtieron a Rajoy que la inacción y la alergia a buscarse "líos" traería consecuencias. Ahora gobierna un patán indigno de una nación europea aliado con Soros y la peor izquierda de Latinoamérica. Así le ocurre a Duque, cuya grotesca disposición a no ver el poder de la mafia en el entramado legal que dejó Santos le traerá a Colombia más dolor que los mismos crímenes de su predecesor.

El acuerdo de paz y todo lo que de él surge son un crimen en toda regla. ¿Qué puede legitimar que alguien que ha violado niños, matado inocentes y encargado mil atrocidades forme parte del poder legislativo de una nación democrática? ¿Qué puede legitimar que los autores de miles de crímenes monstruosos nombren a los jueces que podrán castigar a quienes defendieron la ley? ¿Cómo puede el ideólogo de la guerrilla Alfredo Molano, en cuyas columnas se legitimaban los peores crímenes de forma abierta y resuelta, dirigir una comisión de la verdad? Hay algo sucio, cobarde, indigno, subhumano en cada persona que legitima eso.

Por ejemplo, Duque legitima eso. Por estrechez de miras, por cobardía, por indigencia intelectual, por inexperiencia, por lealtad a quienes le abrieron camino, por comodidad... evita enfrentarse a ese entramado, con lo que se hace cómplice de sus iniquidades, como la burla de alias Santrich a la ley.

No creo en conspiraciones ni en la maldad intrínseca de quienes usan corbata, creo que la entereza moral que deberían tener todas las personas es más necesaria en el gobernante. Si Duque no está por deshacer la obra de Santos, es un socio de los terroristas. Si no entiende que tratarán de tomar el poder violentamente, por ejemplo por una declaración del Congreso que lo destituya y ponga a alguien del bando terrorista, tras una conveniente orgía de terror, trabaja para ellos, y si no se da cuenta es peor que si fuera un canalla intentando lucrarse del crimen. Es el presidente de una nación donde puede haber una catástrofe, y obra como un charlatán politiquero en campaña.

(Publicado en el blog País Bizarro el 31 de agosto de 2019.)

miércoles, septiembre 18, 2019

La paz contada por ella misma


El domingo pasado, 10 de agosto, apareció en el diario español El País un artículo firmado por el expresidente colombiano Juan Manuel Santos. Este escrito busca explicar a los lectores de ese artículo su verdadero sentido y lo que significan los términos que usa Santos.

1. Sobreentendidos engañosos
Santos empieza su artículo usando términos que el lector debe dar por sobreentendidos. ¿Por qué no detenernos a ver lo que significan realmente y cuáles son sus efectos?
Siempre se ha dicho que para lograr la paz se requieren dos fases. La primera es hacer la paz, hacer las paces, dejar de matarse. La segunda es construir la paz, lograr una verdadera reconciliación, dejar de odiarse.
¿Los colombianos se han estado matando y odiando? Con esos sofismas Santos reproduce la vieja propaganda de los promotores del crimen, según la cual éste es igual de lícito a la ley, una banda de asesinos al servicio de una organización criminal internacional tiene el mismo derecho que un Estado legítimo y un poder alcanzado gracias a la violación de la ley y a negocios como el tráfico de cocaína es igual de legítimo a las instituciones que representan a la sociedad.

Esa mentira es la esencia del crimen, porque ¿quién va a resistirse a sacar ventaja de la crueldad y la ruina ajena si al final el poder obtenido gracias a ellas va a hacerlas legítimas? Los mismos ideólogos del régimen aludían a una "guerra contra los civiles", pues los campesinos asesinados y los niños reclutados no eran parte de un enemigo, salvo que se admita el sentido de conjura criminal extranjera de la "insurgencia". ¿Qué clase de combate era la extorsión?

Ningún ideal político legitima esos crímenes porque al admitirlos como fuente de derecho se está suprimiendo la ley y la democracia. La idea de que el pueblo que es víctima de esos sicarios al servicio del mal organizado va a dejar de odiarlos es una llamada a la degradación de ese pueblo: a su acobardamiento, sometimiento y renuncia a la verdad y al honor. Lo que hace falta es aplicar la ley tal como se haría en cualquier país europeo. Por mucho que se critiquen los acuerdos de Zapatero con ETA, no hay nada comparable a entregarles a unos monstruosos psicópatas la llave del poder judicial.
La segunda fase es más difícil y toma mucho más tiempo. Es como construir una catedral: hay que hacerlo con cuidado, ladrillo por ladrillo, hasta lograr el desarme de los espíritus. Sanar las heridas de una guerra de más de medio siglo requiere mucha paciencia, perseverancia y resiliencia.
Esa segunda fase es más difícil y toma mucho tiempo: la creación, a punta de propaganda e intimidación, de un mito según el cual no hubo secuestros ni masacres ni dinero y armas soviéticos, cubanos y chinos alentando a los asesinos, ni la trágica industria de la cocaína siempre promovida por el demiurgo de la paz, el régimen cubano, como sabe todo el que quiera averiguarlo.

¿Qué van a crear? ¿Un país de zombis fanatizados y estúpidos dispuestos a creer las estadísticas según los cuales Pastrana y Uribe son responsables de la violencia porque en sus gobiernos hubo más muertes y desplazamientos? El Estado colombiano es una maquinaria bolchevique dedicada a esa propaganda, a la legitimación de los crímenes y a la promoción del olvido.

Pero esa mentira no resiste una situación de paz, en todo momento obra la intimidación, como con las campañas pagadas de acoso contra Uribe en las redes sociales o en los medios de comunicación. No hablemos de la propaganda más eficaz que es la educación.

En Colombia se está creando una masa de profesionales de la propaganda legitimadora del asesinato y la está pagando el conjunto de la población. La realidad es la de un Estado totalitario en el que no hay resistencia a esa hegemonía gramsciana del régimen cubano y sus socios iraníes.

No les quepa duda de que eso sólo traerá más violencia: la espantosa masacre de la Escuela de Cadetes General Santander era una advertencia y contó con el tradicional apoyo de los universitarios, prestos a luchar por la paz verdadera con el ELN.

Lo que Santos y sus socios llaman construir la paz es imponer la tiranía de los vencedores, ya hegemónicos en la función pública, el poder judicial, los medios de comunicación, las universidades, la vida cultural, la farándula y cada vez más en el Ejecutivo y el Legislativo.

2. Legitimación mediante la intimidación
La paz con las FARC en Colombia, considerada la guerrilla más antigua y poderosa de las Américas, después de seis años de negociaciones, cumplió la primera fase con mucho éxito, según los estándares internacionales. El Instituto Kroc de la Universidad de Notre Dame, encargado por las dos partes para verificar el cumplimiento de los acuerdos por ser la entidad con más información y experiencia en estos asuntos, así lo confirma. Ha dicho también que este acuerdo de paz ha sido el más completo y ambicioso que hasta ahora se haya negociado, y que los puntos fundamentales de la primera fase se han cumplido con más celeridad que en otros procesos.
Cada frase de este párrafo contiene alguna perla que merece atención: como los asesinos y secuestradores no tienen legitimidad, se invoca su antigüedad y poder, con el mensaje implícito, un clásico de la propaganda de la red afín a los terroristas, de que no se los ha podido vencer y de que aplicar la ley es demasiado costoso y riesgoso: ésa es la idea central de la propaganda pacifista en Colombia, su sentido es intimidar: dado que quienes nos despojan de nuestros derechos políticos, de nuestros bienes, de nuestros hijos, de nuestro país y de nuestra vida pueden hacernos más daño, ¡pues nos relajamos y gozamos! La idea de la paz como valor supremo contiene esa idea y la promueven literalmente los mismos que organizaron a las bandas criminales, como Iván Cepeda o Aída Avella. Es la razón de atracador que ilumina a Santos.

La idea de los estándares internacionales es otra falacia: ¿quién elabora esos estándares? Los mismos grupos que legitiman a los terroristas y reciben financiación indirecta de quienes los dirigen. Estándar internacional podría ser la experiencia de otros países: ¿dónde ha pasado que los violadores de niños pasen a ser legisladores y los incitadores de asesinatos, como Alfredo Molano, sean los notarios de la verdad?

Eso es monstruoso: lo que se hace al legitimar a los criminales es animarlos en su carrera hacia el poder. Si un país renuncia a sus instituciones y a la representación popular por miedo al poder de una banda de asesinos invencibles, sencillamente ese país ha caído en la tiranía y va a tener que hacer un esfuerzo denodado y doloroso, no para someterse a los criminales sino para librarse de ellos y restaurar el principio democrático y la vigencia de la ley.

También la idea de la duración de la negociación es un sofisma intimidador: como la propaganda ha conseguido generar el miedo en la población, parece indiscutible que se deba negociar con los asesinos, no vaya a ser que las bombas lo afecten a uno o a su familia. Una sociedad no puede vivir así, los años de negociación fueron los años en que se consolidó el dominio de las FARC en el negocio de la cocaína, la multiplicación de los cultivos y de la producción del alcaloide y la prohibición del uso del glifosato para destruir las plantas.

Lo que significa democracia es precisamente lo contrario de eso, el predominio de la ley y de la voluntad popular. Los seis años de negociación deberían ser una acusación contra la banda criminal que la llevó a cabo, pero en la retórica de Santos resulta un argumento para legitimar su infamia.

La ley se abolió para complacer a los criminales, la rapidez con que se cumpla ese plan tiene que ver con la que necesitan los ladrones a la hora de sacar el dinero de un banco: la sociedad podría darse cuenta de que ha perdido sus derechos y de que los criminales se hacen dueños del Estado gracias a la cocaína y a la corrupción de la clase política, ansiosa de enriquecerse rápido sirviendo en lo posible a la mafia, antes con Pablo Escobar y ahora con alias Santrich.

Negocian por seis años, da el resultado de que los crímenes son legítimos y nadie debe recordarlos, mientras que los criminales son legisladores y electores de jueces y después se jactan de llevar a cabo esa proeza en poco tiempo. Por lo demás, ¿nadie nota en esa frase cierto reconocimiento del gobierno de Duque? Perdón, perdón. ¿Cómo es que se cumplen tan bien esos planes?

3. Ejecución eficiente de la paz
El llamado DDR (desarme, desmovilización, reinserción) se ejecutó en tiempo récord. El desarme de la guerrilla se logró en nueve meses. Se entregaron más armas por guerrillero que en otros acuerdos y las armas se fundieron para convertirse en monumentos a la paz. Las FARC ya son un partido político y el número de guerrilleros desmovilizados que se han devuelto al monte es mínimo.
El desarme de la guerrilla se podría haber logrado en unas horas, ¿quién tenía la lista de los guerrilleros y de las armas? ¿Quién tiene un registro real de las armas que hay en Colombia o que tenían las FARC? Pero ¿qué importa entregar todas las armas si es sencillísimo importarlas de nuevo desde Venezuela? La mayor parte de los miembros de las FARC no se entregaron ni figuran como guerrilleros sino como simples agricultores o activistas agrarios.

Y sobre todo las FARC son la organización armada de los herederos del Partido Comunista, las actividades armadas o directamente criminales son parte de la gran tarea de toma del poder. Los demás sectores siguen operando y en absoluto han desistido de sus propósitos, sólo que ahora explotan la abundancia de dinero tratando de reclutar afines gracias a los cargos públicos y a la toma del poder local.

Cuanto más sean las FARC un partido político más se habrá consumado su éxito, cuantos menos guerrilleros se vuelvan al monte, más se comprobará que han conseguido vivir del erario como parte del poder político.

En el primer párrafo Santos hablaba del odio, es una de las viejas mentiras de la propaganda. El móvil de los totalitarios no es el odio sino el afán de poder. Esa determinación no ha cesado, el comunismo en Colombia está más vivo que nunca y es más ambicioso que nunca. Es la sección colombiana de la misma banda que oprime a Venezuela. Cuando la gente no los odie, estará lista para la hambruna y la emigración forzosa.

4. La comunidad internacional aplaude la iniquidad
Este proceso ha generado mucho interés y un gran respaldo en la comunidad internacional porque es el primer acuerdo exitoso que se negoció bajo el paraguas del Estatuto de Roma, el primero en que las víctimas y sus derechos se colocaron en el centro de la solución del conflicto, el primero en que ambas partes acuerdan un sistema de justicia transicional al cual se someten, el primero que incluye un capítulo de género. Es, además, el acuerdo que ha producido más resoluciones unánimes de apoyo por parte del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas desde su creación en 1945.
La cuestión del apoyo de la comunidad internacional es complicada. La burocracia de la ONU, la mayoría de los gobiernos de la Unión Europea, la vasta red de ONG y medios de comunicación que toman parte en las conjuras de Soros y las organizaciones comunistas o afines en todo Occidente han apoyado esa infamia. ¿Representan realmente a la población de esos países? Son más bien redes cooptadas por los mismos socios del terrorismo, en particular el gobierno cubano y sus socios del Foro de Sao Paulo.

¿Cuáles son los derechos de las víctimas que se han puesto en el centro? Toda la retórica y todo el despilfarro de recursos en comprar lealtades busca anular el derecho positivo en aras del dominio de los criminales. ¿Quiénes son las víctimas y quién es el victimario? El autor de todas las atrocidades que ha sufrido la población civil es "el conflicto", no unos asesinos y ladrones que aspiraban a tanto gracias a sus conexiones con el poder político y con los regímenes comunistas, sino un agente fantasmal que se puede definir como el hecho de que se intentara aplicar la ley. Llegan los criminales a un pueblo y matan a quien no les guste y despojan a toda la población, y si hay alguna resistencia se la acusará de las desgracias resultantes. Los que leemos prensa colombiana y conocemos la propaganda de los asesinos, sabemos bien cómo es ese cuento. Santos pretende que sea la verdad objetiva, y es sólo la retórica del crimen organizado.

Lo que en realidad se ha hecho con el pretexto de las víctimas del conflicto es tratar de clientelizar a las mismas víctimas de los terroristas: los politólogos y sociólogos y antropólogos y especialistas en solución de conflictos y en estudios de género acudirán bien pagados por el Estado a divulgar la propaganda de los asesinos, y a premiar a los que les sirvan como agentes y representantes.

Así se crea en las zonas rurales en las que de hecho siguen dominando los asesinos (y matando, sólo que en su propaganda los asesinados son "líderes sociales" y los matan los que se oponen a que se mate) un partido político hegemónico formado por los asesinos y aquellos que se prestan a tan tentador soborno. Eso mientras se intensifica el cultivo de coca y la presión sobre los esclavos para que trabajen forzados y por pagas irrisorias en esa industria criminal.

La justicia transicional de la que Santos se jacta es el crimen en sí: la ley cesa y aquello que lo reemplaza es lo que se acuerda con quienes la violan. Los asesinos y violadores de niñas y niños son quienes escogen a los jueces y de paso introducen en la ley la propaganda feminista que explotan sus socios políticos y que promueve sin pudor la misma asesina que ayudaba a violar a las niñas guerrilleras y las obligaba a abortar.

El Consejo de Seguridad de la ONU ha aplaudido ese proceso, no sabía que ya había superado las condenas a Israel. Esa organización debe desaparecer, gracias a ella monstruos como Pol Pot, Sadam Husein o Fidel Castro han representado a sus víctimas, anticipando lo que hacen los narcoterroristas colombianos gracias a la paz.

5. Una responsabilidad de todos
¿Problemas? Por supuesto, y muchos. Nadie dijo que sería fácil ni que Colombia sería un paraíso al día siguiente de firmar la paz. Todo lo contrario. Se advirtió que el camino sería largo y culebrero, y que requeriría el concurso de todos porque construir la paz es una responsabilidad de todos. No es la paz de Santos como dicen algunos, es la paz de todos. El papa Francisco no quiso venir a Colombia durante las negociaciones; siempre me dijo que vendría cuando más lo íbamos a necesitar. Y así fue. Nos visitó cuando ya habíamos firmado la paz para empujarnos a “dar el primer paso hacia la reconciliación”: sabía que era lo más difícil.
Si el papa Francisco anima la reconciliación, el papa Francisco es un criminal que miente para favorecer la tiranía de los asesinos: no hay reconciliación porque lo que ha ocurrido no es una rencilla entre sectores comparables ni una pasión de odio que afectara a la población, sino una industria del despojo y la opresión de un solo bando, de una vasta y compleja organización criminal, contra la población del país. Los secuestrados no agraviaron a los secuestradores, si el papa Francisco legitima ese sofisma monstruoso, con perdón de los católicos y su doctrina de la infalibilidad, sencillamente el papa Francisco es otro miembro de la conjura asesina.

6. Enemigos de la paz
 Todo proceso de paz encuentra enemigos. Siempre habrá descontento de lado y lado pues, en el fondo, se trata de trazar una raya entre justicia y paz. Así ha sido en Irlanda del Norte, en Sudáfrica, en El Salvador, en el conflicto entre Israel y Palestina, en fin, en todos. El proceso colombiano no es la excepción. Una guerra de más de cincuenta años, atravesada por la flecha venenosa del narcotráfico, genera todo tipo de intereses macabros que se benefician con la violencia y el desorden. Y, por supuesto, a los intereses políticos que se nutren del miedo y de la guerra tampoco les interesa la normalidad. Necesitan enemigos. Por eso hicieron todo lo posible para que fracasara la paz y muchos siguen tratando de sabotearla. Por fortuna no han podido… ni podrán.
No había descontento "de lado y lado" porque del lado de los terroristas, una minoría ínfima aunque se cuenten todos sus frentes de propaganda y control de la función pública, había una absoluta unanimidad en torno a la paz: era para la paz para lo que habían matado y secuestrado, durante todos los años del prolongado genocidio decían que buscaban la paz. Las masacres y los secuestros y los ataques al oleoducto son la forma de alcanzar la paz, porque cuando ellos no cometían sus atrocidades no había paz y si por ejemplo masacran a los soldados distraídos en un pueblo, cualquier intento de desaprobar esa acción es oposición a la paz. Ningún crimen terrorista, ninguna mentira o maquinación de Santos y la banda de malhechores que formaron su gobierno es tan condenable y asqueroso como la disposición de millones de colombianos a suscribir algo tan repugnante moral e intelectualmente.

No se puede comparar a Colombia con Sudáfrica, o quizá sí, en el sentido de que una casta minoritaria se adueña de todo y mantiene al resto en una especie de semiesclavitud. Se alcanzará la paz cuando esa minoría renuncie a oprimir y matar.

¿Quién hizo algo para que fracasara la paz de Santos? Da la impresión de que él ha dedicado mucho tiempo a leer este blog y a ver nuestros videos, porque su paz no ha tenido oposición. Su primo Francisco Santos, exvicepresidente, fue el primero en admitir que Uribe habría aprobado el plan de paz. El partido de Uribe siempre apoyó el proceso, salvo por la iniquidad de no tomar parte en él, y cuando Santos quiso refrendar su infamia con un plebiscito buena parte de ese partido se declaró partidaria de la abstención. Finalmente, a desgana, llamaron a votar NO, pero era sólo un recurso para presionar a Santos. En cuanto hubo invitaciones a negociar, el rechazo popular en el plebiscito pasó a ser papel mojado y el gobierno elegido por el partido de Uribe aplica a rajatabla el acuerdo, de modo que Santos lo reconoce.

No hubo oposición a ese acuerdo salvo brotes ínfimos perseguidos con saña y ahí sí, odio, por el partido de Uribe, como demuestra el líder uribista y alto funcionario del gobierno de Duque Rafael Guarín, llamando a un frente con las FARC contra los detractores del acuerdo.
Desde el principio se inició una campaña de descarada desinformación para desprestigiar el proceso y a las personas que lo promovían. ¡Qué no se dijo y se sigue diciendo! Que éramos unos comunistas infiltrados en el establecimiento, a sueldo de Chávez y de los Castro, para entregarle el país a las FARC. Que los negociadores eran unos traidores vendidos al “castrochavismo” que secretamente habían acordado desmantelar el Ejército y convertir la guerrilla en la nueva policía para que se apropiara de todas las tierras. Son apenas algunos ejemplos del alud de insólitas calumnias que repetían todos los días sin sonrojarse ni vergüenza alguna. Ni hablar de las mentiras durante el plebiscito, confesadas luego por el propio gerente de la campaña del No.Hasta las iglesias cayeron en el engaño. El Brexit se quedó en pañales.
La confesión del gerente de la campaña uribista es a todas luces algo acordado con el gobierno para descalificar el triunfo del NO. Los medios de comunicación explotaron el espectáculo preparado con ese fin. Los motivos del rechazo al acuerdo los he explicado en los párrafos anteriores, ya verá el lector si se parecen a las descripciones de Santos.
Semejantes estupideces no tendrían ninguna importancia si no se tradujera en muertos. Porque muchos de los líderes sociales que están matando, los están matando esos intereses macabros que se sienten amparados y muchas veces estimulados por los que siguen empeñados en desprestigiar el proceso a como de lugar. Un porcentaje importante de los líderes sociales asesinados eran reclamantes de tierras o promotores de la sustitución voluntaria de cultivos ilícitos. Los terratenientes que se hicieron a sus tierras desplazando a los campesinos a punta de fusil no quieren que se les siga devolviendo sus parcelas a los dueños originales. Por eso, están proponiendo en el Congreso que se frene la restitución. Y los narcotraficantes no quieren que tenga éxito la sustitución voluntaria de los cultivos de coca porque saben que es la forma más efectiva —tal vez la única— de acabar con su materia prima. También están asesinando a los ambientalistas que se oponen a que los acaparadores de tierras, la minería ilegal y los narcotraficantes sigan deforestando nuestra Amazonía.
Lo que expliqué contra el proceso de paz de Santos en los primeros párrafos de este escrito se traduce en muertos: la idea de que se debe respetar la ley y que los que cometen el delito de rebelión y amenazan a la población no son igual de legítimos que quienes defienden la ley y protegen a la gente es la autora de los asesinatos ¡en cuanto expresión de intereses macabros que se legitiman así! ¿Alguien entiende que según ese párrafo los narcoterroristas no han desplazado a nadie ni se han apropiado de la tierra de nadie ni tienen que ver con los cultivos ilícitos ni con la deforestación de la Amazonía? Son opuestos claros, a un lado los terroristas, proveedores de paz, al otro los enemigos de premiarlos, proveedores de muerte. Si la dignidad de los colombianos ya cayó al máximo al admitir que prefieren renunciar a la democracia por miedo, la capacidad de suscribir embelecos tan toscos y desvergonzados deja en ridículo su inteligencia.

7. Afinidades electivas
Es algo idiosincrásico: una monstruosidad parece lógica y encuentra quien la divulgue y la crea. Puesto que los guerrilleros comunistas se pusieron a matar por la paz, aquellos que se oponen a premiar sus crímenes son autores de la guerra. Los asesinos son los que se oponen a los asesinatos, y la relación entre ambos hechos se establece por la afirmación de que los autores de crímenes tras el acuerdo son afines a quienes no lo aplauden.
En ciertas regiones se está viendo una campaña para impedir que se cumpla el primer punto del acuerdo, el de desarrollar una verdadera reforma rural integral que resuelva el problema del acceso y la productividad de la tierra, una aspiración de Colombia desde nuestra independencia; y el cuarto punto, el de darle a los campesinos cocaleros una alternativa digna para alimentar a sus familias y resolver el problema de la producción de coca. Porque es la única solución. La vía punitiva fracasó. Llevamos cuarenta años ensayándola. Me dirán que por qué no se resolvieron estos problemas en el Gobierno pasado. La respuesta es que se avanzó en el año y medio que tuvimos después de la firma —ahí está la evidencia: 99.000 familias registradas para la sustitución voluntaria y más de 30.000 hectáreas erradicadas con resiembra de solo el 0.6% según UNDOC, por ejemplo, o un millón cien mil hectáreas en manos de los jueces y 310.000 devueltas y tituladas a los campesinos—, pero se nos acabó el tiempo. Pensamos que el nuevo Gobierno construiría sobre lo construido, porque era lo pactado, lo correcto, y lo que a todos convenía y conviene.
Aquí ya la desfachatez de Santos alcanza un punto maravilloso: ¡en ciertas regiones hay gente que no quiere que su propiedad la repartan los mismos asesinos que la han estado extorsionando durante más de medio siglo! La idea de que la vía punitiva fracasó es un mantra nuclear de toda la propaganda de la paz: no se pudo aplicar la ley, tocó dejar que impere el crimen. Los colombianos suscriben eso, es algo profundo, una indigencia moral espantosa, muestra de primitivismo e indignidad. ¿Qué esperan que ocurra en Colombia después de que se renunció a la ley?

¿Nadie se da cuenta de que Santos se jacta de las familias registradas para la sustitución voluntaria y pasa por alto de la multiplicación de los cultivos ilícitos? Eso no pasó y los colombianos están siendo educados para que dejen de odiar y no puedan recordar que eso ocurrió y ocurre. Más doma sólo se podrá encontrar en la Camboya del Jemer Rojo o en las peores épocas de terror en la antigua Unión Soviética.

8. Cambiar los acuerdos
 A nivel político continúan los intentos para cambiar los acuerdos. Por fortuna, el Congreso, la Corte Constitucional y la comunidad internacional lo han impedido, como debe ser. Y la campaña de desprestigio contra el acuerdo y sus defensores no cesa. Dicen que 5.000 guerrilleros de las FARC se devolvieron al monte (el propio secretario general de la ONU salió a desmentirlo; de más de 13.000 registrados solo 724 no aparecen —incluidos los dos negociadores que tanto desconcierto generaron—, según datos del propio Gobierno); que las campañas a favor de la paz y el plebiscito fueron financiadas por el narcotráfico o con sobornos de Odebrecht, Cemex e Impregilo; que engañamos a toda la comunidad internacional con la complicidad de la prensa extranjera; que compramos los periodistas del New York Times y del Economist; que nos robamos 375 millones de libras esterlinas con la complicidad del Papa, y que hasta compramos el Premio Nobel de Paz. En fin… “mentid, mentid, mentid, que de la calumnia algo queda”. Asesinar la reputación y la credibilidad de sus enemigos ha sido una táctica muy utilizada por la extrema derecha. Por eso nuestra consigna ha sido clara: mientras los perros ladren, hay que seguir cabalgando.
La primera mentira es que el gobierno de Duque haya intentado cambiar los acuerdos, al contrario, junto con el Congreso, la Corte Constitucional y la comunidad internacional, ha impedido que alguien intente cambiar los acuerdos. Como ya he explicado antes, los guerrilleros de las FARC registrados no significan nada, podría haber muchos miles más que no se registraron. Respecto a si Santos compró el Nobel de la Paz o de si su campaña electoral en 2014 o la campaña del plebiscito que perdieron fueron financiadas por la corrupción, las afirmaciones de Santos no demuestran nada. Hay demasiadas pruebas de todo ello.

9. Para Duque la paz es un ejemplo luminoso para el resto del mundo
 Porque el tren de la paz no se detiene: ya pasó el punto de no retorno y los intentos de descarrilarlo seguirán fracasando. La esperanza de los pueblos acaba derrotando el miedo. La reconciliación, por más difícil que sea, se acaba imponiendo sobre el odio. En este caso con mayor razón porque, tal como lo reiteraron el presidente y el vicepresidente del Consejo de Seguridad de la ONU en su reciente visita a los espacios de capacitación y reincorporación de excombatientes de las FARC, el acuerdo que logramos en Colombia es un ejemplo luminoso para el resto del mundo.
Creo haber explicado ampliamente el sentido de palabras como reconciliación odio en el texto de Santos. Lo conmovedor de este párrafo es que el presidente Duque diga que esa paz es un ejemplo luminoso para el resto del mundo. No, lo fascinante es el hecho de que la gente sigue apoyando a ese gobierno y se niega a entender que es lo mismo que apoyar a las FARC.

10. Orientación para Duque
El presidente Duque tiene una oportunidad de oro para recobrar su gobernabilidad prematuramente perdida: poner a la paz por encima de los partidos y liderar su construcción, esa segunda fase tan necesaria. Si se compromete a una acción efectiva para detener los asesinatos de líderes sociales, si abandona la insistencia en cambiar los acuerdos, y si traduce en acciones concretas y medibles, respaldadas con los recursos necesarios, sus reiteradas manifestaciones de querer implementar lo pactado, la gran mayoría del país y del Congreso lo respaldaría.
¿Ha perdido Duque la gobernabilidad? Sólo puede gobernar como ejecutor del plan terrorista acordado en La Habana, y está dispuesto a ello. Su único problema es dar la impresión de que no es simplemente un siervo de los terroristas dueños de los medios de comunicación y del poder judicial para mantener entre los ciudadanos sometidos la ilusión de que los representa. ¿Cómo va a detener los asesinatos de "líderes sociales" si es algo que hacen los propios terroristas gracias a que se desistió de aplicar la ley? Que tengan el descaro de cometer asesinatos de su propia gente, muchas veces en rencillas por el botín, para cobrarlos como amenazas a la paz es una muestra de que su determinación de oprimir a Colombia no ha cesado ni cesará hasta que lo tengan todo
 Un paso firme y convincente en esa dirección podría generar la suficiente fuerza centrífuga —así funciona la política— para lograr otros acuerdos que permitan mantener la tendencia positiva de los indicadores sociales y económicos registrada en esta década, que los organismos internacionales no han dejado de elogiar. Algunos avances, como el de mantener la tasa de desempleo en un solo dígito, han comenzado a revertirse, pero todo tiene solución, todo puede lograrse, si se deja la paz en paz.
Esta vez es más explícita la amenaza a Duque: la tendencia positiva de la última década (mucho menor que la de la década anterior) se puede mantener si se cede más, de otro modo volverán multiplicados los ataques al oleoducto y a las torres eléctricas y a las carreteras y los secuestros y asesinatos, además de las movilizaciones de indios y las protestas estudiantiles, que podrían generar una situación de ruina que pagaría el gobierno. 

Santos intenta generar miedo con su retórica criminal. Desgraciadamente no hay ninguna esperanza de que se genere una resistencia real.

(Publicado en el blog País Bizarro el 12 de agosto de 2019.)