viernes, enero 27, 2012

Malentendidos uribistas


El protagonista
La política colombiana sigue girando alrededor del ex presidente Uribe Vélez, y el motivo de que eso sea así es la persistencia de la actividad de las organizaciones terroristas y su vastísima red de cómplices, ahora incentivados por la generosa solidaridad de la hermana república petrolera y promovidos por el propio gobierno, que espera formar una mayoría hegemónica con los diversos aliados de Chávez en Colombia y aceitar la maquinaria con los crecientes ingresos provenientes de la exportación de materias primas. Uribe fue hace diez años el candidato que expresaba el hastío de la mayoría de los colombianos con dichas bandas y durante su gobierno se hicieron grandes esfuerzos para combatirlas, con bastante éxito. Como gobernante, se encontró con la tarea de hacer frente a los principales factores de atraso del país, y también en este campo se puede asegurar que son mayores los logros que los yerros. Se consiguió un crecimiento económico próximo a la media de la región, pese a que los demás países no tenían que hacer el esfuerzo de guerra.

La persecución
El conjunto de los enemigos de Uribe basta para explicar por qué hay terrorismo: no son unos cuantos miles de malhechores perdidos en selvas y crueles laderas sino poderes formidables que intentan defender viejos privilegios. Por mucho que intenten ocultarlo, todos los antiuribistas son solidarios con la ex senadora Piedad Córdoba y con los propagandistas de las bandas criminales, como Alfredo Molano, León Valencia y varias decenas de columnistas de los grandes medios. Los atropellos judiciales (el último fue la absolución de Nicolás Castro) dejan ver el perfil de una tiranía claramente ligada a la industria del secuestro, por no hablar de las diversas mafias de la exportación de cocaína. El gobierno Santos consiguió reunir alrededor suyo a todos esos sectores, con lo que el país volvió a ser la narcodemocracia que denunciaba algún embajador estadounidense en los noventa. El viejo control de los sindicatos estatales por el Partido Comunista sirve hoy en día para explotar de forma obsesiva la vieja rutina totalitaria de los "cinco minutos de odio" en las escuelas, colegios y universidades. El Goldstein de turno es el ex presidente.

Los uribistas
La probabilidad de ser uribista aumenta a medida que se aleje uno de los círculos "intelectuales" bogotanos, de los cocteles y las relaciones personales con personas de alta alcurnia. La ideología que profesan los uribistas es una vaga mezcla de conservadurismo, defensa del capitalismo y nacionalismo. Lo característico es el rechazo de las guerrillas y de la "bigornia" que prospera haciendo presión para que se premien los crímenes, y la lealtad al líder. Como todos los demás sectores políticos colombianos, los uribistas se describen como demócratas, pero, como todos los demás sectores políticos colombianos, entienden por "democracia" lo que les resulta grato. Uno de los argumentos preferidos de los uribistas es que Uribe es un demócrata incuestionable porque acató la sentencia de la Corte Constitucional que prohibía un referendo para otra reelección, como si pudiera hacer otra cosa y como si el intento de abolir la legalidad (que es lo que se hace cuando se cambian las leyes cada vez que conviene) fuera excusable por el hecho de fracasar.

Reeleccionismo
El principal político de relieve que se caracterizó por defender públicamente la segunda reelección de Uribe fue Juan Manuel Santos. Alrededor suyo se agruparon los políticos y aspirantes a cargos públicos que defendían esa opción y que modificaron su actitud respecto de la negociación con los terroristas en cuanto lo hizo su jefe. Es decir, la inercia que llevaba a los congresistas y funcionarios a defender la continuidad de Uribe en el cargo tenía que ver con el afán de conservar sus puestos y no propiamente con la defensa de ninguna clase de valores, ni siquiera de lealtad con el nombre que usaron para hacerse elegir. Las innumerables infamias de la Comisión de Acusaciones y las alianzas con el poder judicial mafioso, por no hablar de la Ley de Víctimas y la que autoriza a negociar con las FARC, son respaldadas por los miembros de esos partidos "uribistas".

Los leales
Pero los ciudadanos que no aspiran a cargos públicos y rechazan a los terroristas se mantienen leales al ex presidente. Tal como hace diez años Uribe era el adalid del rechazo a las FARC y a la disposición de Pastrana a premiarlas, hoy en día sigue siendo para mucha gente el símbolo de grandes éxitos contra el terrorismo y de una actitud firme ante esas bandas. El problema de esa disposición, que sin duda hace justicia al ex presidente y que es doblemente justificada por la persecución de que es víctima y por la calaña de los perseguidores, es la extrema vaguedad de las convicciones de esos partidarios, más allá de su rechazo a las FARC, y la absoluta falta de visión crítica respecto a las actuaciones de su líder. Eso conduce a la triste paradoja de que muchos de esos leales se ilusionen con una Asamblea Constituyente que Uribe rechaza, y aun que crean que hay una ruptura con el actual presidente, que podría llevar a conformar una fuerza política distinta. La realidad es otra, recientemente, el político más próximo a Uribe, Óscar Iván Zuluaga, afirmaba que reelegiría a Santos.

Pinochet y Fujimori
Lo que define a los uribistas es sólo el rechazo al bando aliado de los terroristas, por lo que abundan las personas que equivalen a las que en Chile apoyaban a Pinochet y en el Perú a Fujimori. No es que Uribe se parezca a ellos, pero el estilo de muchos partidarios sí es similar. Por eso es agotador explicarles que la solución a todos los problemas no es una nueva presidencia de Uribe, ni que en las democracias suele haber partidos cohesionados por idearios claros y dados a representar intereses concretos. Muchos de los uribistas fueron en su día votantes de Mockus y partidarios de la antipolítica. Otros admiten que hace falta un partido cohesionado en torno a unos valores pero son sordos cuando el propio Uribe defiende la Unidad Nacional y se concibe como líder suprapartidista: cada uno es libre de interpretar al líder según sus propias inclinaciones, lo que no se puede hacer es criticarlo.

Limitaciones
La traición de Santos y casi todos los políticos "uribistas" la perciben los ciudadanos de esa corriente como una tragedia en la que el ex presidente y su sanedrín tienen poco que ver. Pura mala suerte. Pura perversidad de un desalmado capaz de arrastrar a los partidos uribistas a la negociación con las FARC y a la alianza con Chávez aun a pesar de las advertencias del ex presidente. Cualquier discrepancia de ese análisis es contestada con ira. Pero pese al admirable esfuerzo de esos ocho años, la verdad es que las cosas volvieron a estar como estaban, y en gran medida la causa de eso fue la propia incuria del ex presidente, que podría haber promovido un cambio constitucional, creado un partido coherente, dejado un heredero leal, controlado las instituciones educativas públicas... y no hizo nada de eso. ¿Qué proporción de las personas que salen de colegios o universidades públicos actualmente son enemigos fanatizados de Uribe? A juzgar por lo que sale en Twitter, son la inmensa mayoría. La administración de justicia siguió en manos de Asonal Judicial y la educación en manos de Fecode.

El futuro
Como tampoco se ha pensado en promover medios de prensa contrarios a la orientación de los que posee la oligarquía, la manipulación del público es sencillamente inevitable, a lo que se suma el control de la educación por el mismo bando. Eso favorece el plan de Santos de negociar con las FARC, a lo que se opondrá una minoría menguante en las redes sociales. Pese a lo que cree Fabio Echeverri Correa, la guerra contra Uribe la dirige Santos, a quien obedece la gran prensa, y la negociación con los terroristas empezó aun antes de la posesión, lo que explica la enorme satisfacción de Chávez. Es para presionar con los ejércitos de Unasur una rendición ante las FARC para lo que está en la secretaría de dicha organización María Emma Mejía, aliada de la banda criminal, y para lo que fue invitado a Colombia Baltasar Garzón. Por desgracia, pese a los sueños de los uribistas, eso prosperará: los partidos "uribistas" lo apoyarán y el propio ex presidente es incapaz de romper con ellos. La persecución judicial no tiene otra respuesta que el lloriqueo y uno que otro alegato o recurso, que sin duda motivará carcajadas entre las autoridades judiciales. El adoctrinamiento en las universidades es el mismo del último medio siglo...

Tres décadas
El fervor de una multitud que sigue a su líder y anhela su presidencia perpetua configura una corriente de opinión que seguirá teniendo influencia por mucho tiempo, pero será completamente ineficaz para contener el programa de Santos y los grandes poderes. De eso no se saldrá mientras no haya un partido de la libertad capaz de alcanzar cierta hegemonía, mientras no se cambie el poder judicial mafioso, mientras el marco legal legitime el asesinato como forma de hacer política y dé lugar a la tiranía de unos prevaricadores, mientras no haya una prensa veraz y seria, mientras no haya un esfuerzo serio de denunciar el adoctrinamiento en las escuelas y un esfuerzo intelectual por explicar la historia del país. Eso no ocurrirá de la noche a la mañana, no mientras toda la esperanza esté puesta en la vuelta al poder de Uribe o en la cohesión alrededor de su figura. Hoy por hoy el uribismo es un decorado de una situación que domina Santos con sus aliados chavistas, y aun un decorado que les conviene dadas las limitaciones ideológicas del uribismo (casi todos los uribistas de Twitter juran que las guerrillas perdieron sus ideales, que son puros bandidos narcotraficantes, por mucho que el mismo Uribe hable de guerrillas marxistas). Para que Colombia tome ese rumbo el uribismo es un estorbo, como el tratamiento de un médico que confunde el sarcoma de Kaposi con picaduras de mosquitos.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 14 de septiembre de 2011.)

lunes, enero 23, 2012

El derecho a la tortura

No leí la trilogía Millenium por cierta apatía y desdén que he desarrollado ante la literatura, sobre todo ante la lectura de novelas recientes. De hecho, la gente que vive pensando en las bobadas literarias en medio del horror colombiano me resulta incomprensible. Francamente, parte del horror. Las expansiones de Carolina Sanín son como una mancha de flegma en un charco de sangre.

Pero he visto hasta ahora las películas correspondientes a las dos primeras novelas y me he quedado pasmado, no porque en Suecia haya lugar para la novela negra o el folletín, como parece ser el caso de Mario Vargas Llosa, sino por la abierta aprobación del crimen que lleva la novela. Verdaderamente el hecho de que las descripciones que aparecen en la Wikipedia, o el artículo del nobel peruano que enlacé arriba, pasen por alto la infinidad de delitos que comete la justiciera, me resulta como la manifestación de una nueva época de barbarie y degradación moral.

En la primera película, aparte de violar por oficio y dinero la privacidad de otra persona, la justiciera deniega deliberadamente, cometiendo un delito grave, auxilio a alguien que está en peligro de muerte y que muere. ¿Que era un criminal monstruoso? Para eso existe el derecho, para que a los criminales se los juzgue según un código y un consenso de la sociedad. Pero, además, a otro criminal lo tortura, y a otro le roba una fortuna gracias a sus habilidades de hacker.

Así empezó la ideología en Colombia: cuando es lícito robar, torturar y matar indefensos a los criminales, sólo hace falta considerar criminal a la futura víctima. Es la lógica con que obran las tropas de la universidad.

La segunda cuenta la biografía de la justiciera, que a los doce años le arrojó gasolina y fuego a su padre y que termina matándolo en una circunstancia en la que las instituciones parecen más un lastre que una solución. Todo lo cual se presenta como digno de aprobación y aun admiración (el periodista lo justifica continuamente), y como tal recibe el aplauso de Vargas Llosa.

Insisto, lo curioso es que haya ese consenso respecto a la sensatez de comerse al caníbal. En otras novelas y películas del género el crimen que cometen los justicieros está excusado con pretextos más sutiles, y la elección de la crueldad se justifica con recursos más difíciles de rechazar. Ahora ya no hacen falta, la vengadora aplica la pena de muerte por puro placer, y el público lo comparte.

Lo más gracioso es que esa trilogía y sus héroes son iconos de la izquierda. Basta con que la causa que se invoque convenga a la carrera política de los vividores de las rentas públicas, como puede ser en este caso el feminismo, para que la competencia de los productos más típicamente "fascistoides" resulte legítima, moderna, elegante y aun emocionante en su "idealismo" (que incluye el acceder a toda clase de lujos gracias a un fraude).

Uno se queda pensando si los excesos de Harry el sucio o de las películas de Charles Bronson no serían menos atroces. Al menos no estarían movidos por la ideología que condujo a la opresión de Rusia y China y muchos otros países, y al colapso de la Unión Europea.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 13 de septiembre de 2011.)

lunes, enero 16, 2012

El porvenir de la entente roja-rojita

Desde el mismo día de su posesión, el plan de Juan Manuel Santos resultó patente y todo lo que ha hecho después no hace más que confirmarlo: se trata de formar una mayoría alrededor del alicaído Partido Liberal, gracias a la cual su sucesor resulte elegido y siga asegurando una hegemonía de esa facción durante varias décadas. ¿Pensará en la reelección? No se sabe, mucha gente piensa que ser presidente de un país como Colombia es como ser rey, y la verdad es que es una responsabilidad agotadora. ¿Por qué no aspirar mejor a la Secretaría General de la OEA, a algún cargo parecido en la ONU o en una de sus agencias o algo así? El gran estadista disfrutaría más de un reconocimiento global, no les quepa duda.

Para entender a Santos hay que recordar su ascendiente sobre la prensa: el director de El Tiempo es su pariente político y "cliente" de su hermano mayor, mientras que el director de Semana es su sobrino, etc. Basta con leer entre líneas esos medios, o a sus columnistas, para entender a qué juega el presidente. Las alianzas de la Unidad Nacional lo son con las poderosas maquinarias políticas, es decir, con las redes de aspirantes a cargos públicos y conseguidores de votos incentivados que durante los noventa se agruparon alrededor de los tres presidentes de entonces. La influencia y el poder de esas redes caracteriza al país, de ahí la unanimidad de los jueces en la persecución del uribismo (pues las altas cortes dependen de sus lealtades con los grandes magnates de la política). La integración en Unasur y la política de entendimiento con Chávez y sus metástasis corresponden también a los cálculos de esa "gran alianza por la restauración", que a toda costa pretende destruir el uribismo y la mayoría vagamente conservadora y anticomunista que imperó durante la década pasada.

Pero lo interesante es si al final Santos se saldrá con la suya e impondrá la hegemonía de esa entente en la que finalmente se integrarán las organizaciones herederas del marxismo, incluidas las FARC. Mi opinión es que sus posibilidades son muchas. Que lo más probable es que tenga éxito. Señalaré algunas razones:

1. Hay Chávez para rato
Las esperanzas de algunos de que el cáncer librara a Venezuela de su azote parecen cada vez más infundadas, y en todo caso ¿quién removería el orden establecido durante estos años? Si Hugo se muriera quedaría Adán. Muy ilusos me parecen los que creen que la boliburguesía va a disputarse el poder con el hermano alineado con los Castro y heredero de la "legitimidad" del mundo académico marxista y la cúpula de los partidos chavistas. Cualquier retorno de la democracia amenazaría el patrimonio de dicha boliburguesía. También creo que se equivoca Carlos Alberto Montaner, quien cree que los venezolanos se cansarán de pagar las facturas del régimen cubano. No se cansarán los que tienen poder gracias al chavismo, y el descontento de los demás se verá amortiguado por la continua entrada de recursos del petróleo y sometido por la eficiencia de la máquina de terror. Tal vez una recesión global profunda que hiciera caer los precios del crudo, o la caída de Obama ante un republicano que se interesara por acabar con los regímenes totalitarios de la región, representarían alguna esperanza. Pero eso está por verse.

2. La economía petrolera asegura el poder al estatismo.
En un texto de 1936 Arturo Uslar Pietri trataba de conjurar el destino venezolano, que se consumó (no como respuesta sino como continuidad de los gobiernos anteriores) con el chavismo.
Que en lugar de ser el petróleo una maldición que haya de convertirnos en un pueblo parásito e inútil, sea la afortunada coyuntura que permita con su súbita riqueza acelerar y fortificar la evolución productora del pueblo venezolano en condiciones excepcionales.
Este régimen, que mantiene una altísima popularidad pese a su monstruosa ejecutoria, expresa al pueblo que queda tras varias décadas de prosperidad petrolera. Es lo que le espera a Colombia y sin duda Santos reclutará a los diversos buscadores de rentas, sindicalistas, defensores de derechos humanos, víctimas profesionales y cuanto benefactor de la humanidad haya dispuesto a tomar parte en el reparto de los ingresos del petróleo. Es la gran oportunidad del "liberalismo" y por eso el cada vez más descarado interés en integrarse con las FARC, sea mediante la actividad de Piedad Córdoba, reconocida por todos los columnistas de Semana y por la mayoría de los de El Tiempo así como por los líderes "liberales", sea avalando candidatos señalados como socios de las FARC, como el aspirante a la alcaldía de Cali Sigifredo López. También en Bogotá el candidato "liberal" tiene por principal misión distraer votos que en otro caso irían a Peñalosa, el único que le disputaría el cargo a Petro (que es el candidato de Santos, necesario para legitimar la negociación política y para lograr la integración de los votantes chavistas en la Unidad Nacional).

3. Los "rojos" ya poseen el Estado.
La increíble desfachatez de los jueces de todo rango respecto a la persecución contra el ejército, la impunidad de los terroristas y sus socios y el castigo contra cualquiera que represente el uribismo expresa la hegemonía absoluta de la "izquierda" en la función pública: claro que de por medio están los incentivos de la industria del secuestro y de las diversas redes de traficantes de cocaína, así como de Chávez, pero eso no entra en contradicción con la ideología. La unanimidad del Congreso respecto a las políticas de Santos muestra hasta qué punto el botín petrolero basta para adherirse exactamente a lo contrario de lo que la gente eligió. "El que se mueva no sale en la foto", decía un líder del PSOE español, es el mismo principio que opera en los partidos "uribistas" que hoy son entusiastas de la negociación política con las FARC. Si se piensa en el conjunto de la burocracia, en sus inclinaciones totalitarias, desde el marxismo de la universidad hasta el interés por expandir el poder funcionarial, es completamente claro que Santos no tendrá ahí ninguna resistencia para hacer realidad su proyecto.

4. La idiosincrasia local los favorece.
Recientemente fue noticia un proyecto para permitir el voto desde los dieciséis años. La "ola verde" de 2010 les mostró a los políticos liberales un filón que sin duda explotarán: siempre se puede soliviantar a los adolescentes contra cualquier injusticia que se pueda atribuir a los banqueros o a los militares o policías. Da igual que quienes promueven el descontento sean los mismos banqueros, ¿no ha sido la izquierda universitaria la expresión de rechazo a los políticos de los partidos tradicionales? Curioso que sean los catecúmenos la principal baza de esos partidos tras el ascenso del uribismo. Por mucho tiempo se creyó que ser de izquierda era oponerse a la oligarquía, hasta llegar a la situación actual, en la que es indistinguible una cosa de otra, en la que el rebelde arquetípico compra SoHo como expresión de su modernidad y disfruta con el humor de Daniel Samper Ospina. En el adolescente la idiosincrasia aflora cruda, pero ¿cuántos colombianos adultos se molestan porque en la Constitución se aluda a la propiedad como "una función social"? ¿Cuántos dudan de que la salud y la educación no son negocios y las debe proveer el Estado? ¿Cuántos no atribuyen a Estados Unidos las peores intenciones y a la dependencia de ese país el atraso de Hispanoamérica? Cuando Santos desecha el uribismo para complacer a los empleados de su familia que escriben columnas sabe que se aproxima a una forma de pensar arraigada. El tono chavista de su sucesor dependerá de los vaivenes de la opinión, que podría mostrar una gran añoranza por Uribe (caso en el que la negociación y la unión con las FARC se tienen que retrasar).

5. Santos no tiene oposición.
El rechazo del Caguán condujo al triunfo de Uribe, liberal disidente que prometía mano dura contra los terroristas. Esto produjo una rotunda mejora de la situación del país, pero el fracaso del referendo de 2003 por trampas leguleyas (como la de llamar a la abstención engañando a la gente para anular una decisión mayoritaria por la norma del umbral), ocasión en que ya se vieron unidos Vargas Lleras y los filántropos de Arco Iris, hizo que su impulso reformista perdiera fuelle. Después de 2006 el uribismo podría haber derivado hacia una reforma profunda del país mediante una Constituyente y hacia la hegemonía por un partido nuevo basado en un ideario verdaderamente liberal. Por el contrario, se buscó la adhesión de los políticos samperistas y pastranistas y una nueva reelección. Cuando ésta no fue posible, Uribe se quedó sin verdadera influencia en el Congreso y sin autoridad para hacer verdadera oposición (tendría que reconocer el error atroz de la segunda reelección y de haber permitido a Santos llegar a la presidencia). Todo eso ha determinado que hoy por hoy no haya oposición, y hasta el último quejoso de Santos ve como única solución que Uribe vuelva a la presidencia. Los que niegan que el ex presidente esté pensando en eso se ilusionan con Óscar Iván Zuluaga, pero este ex ministro es entusiasta del gobierno de Santos...

***

Se podrían enunciar muchos más motivos por los que creo que la jugada de Santos tendrá éxito, pero los señalados me parece que bastan. Mucha gente se escandalizó cuando el presidente dijo que Chávez era un factor de estabilidad en Venezuela, pero tenía razón. Incluso se podría decir lo mismo de Correa, Morales y los Kirchner. Baste recordar la situación de todos esos países antes de su ascenso. Por desgracia, los hispanoamericanos son pueblos que optan por esa clase de gobernantes, y Colombia no está propiamente en el mar del Norte.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 7 de septiembre de 2011.)

miércoles, enero 11, 2012

El ensueño del patán

Uno de los datos relacionados con Colombia que más deprimen es el hecho de que el actual presidente sea un lector de biografías y de obras históricas y pretenda de alguna manera emular a grandes gobernantes de otros países. Cuando uno mira su estilo, su disposición, sus inclinaciones, y sobre todo lo que ha hecho en el gobierno, el hecho de que Santos lea biografías de grandes estadistas y crea emularlos parece una prueba de lo remota e insignificante que es Colombia en el conjunto de la humanidad.

Antes de seguir conviene dejar claro que al evaluar al personaje no pretendo de ninguna manera condenar los privilegios que le permitieron llegar a ser presidente. Lo peor, sin la menor duda lo más repugnante de la vida colombiana, es la manía del espíritu de equidad que comparten todas las personas parasitarias que reciben decenas de veces el ingreso medio y se ponen ese gratuito adorno justiciero mientras intrigan a ver cómo despojan más a quienes trabajan y a quienes están excluidos. El rencor por los privilegios ajenos es el nombre mismo de la maldad, y en Colombia es un rasgo que convive en el intelectual típico ("mamerto") con la arrogancia derivada de los privilegios a que alcanza.

Muy bien pues que el señor Santos fuera alto funcionario desde muy pronto y accediera a universidades de prestigio. Tampoco debería tener objeción que su familia poseyera un periódico y su tío abuelo fuera presidente. La moral de la chusma (moral colombiana) pretende que sería preferible que el padre mismo fuera analfabeto, mendigo y contrahecho. Mi punto está en lo que concibe el señor Santos y el papel histórico que espera tener. ¡Dios mío, difícil concebir un despropósito mayor!

Como buen colombiano, Santos aprovechó su nombramiento en Londres para acercarse a personajes importantes de la política británica. Eso y las biografías de Roosevelt, Churchill y algún otro lo convencieron de estar llamado a ser un estadista de gran estilo que cambiaría el país, aunque por puro sentido práctico lo que ha hecho es precisamente encarnar los peores vicios de la política local.

Tal vez lo que hace que la realización de los sueños del señor Santos sea tan patéticamente horrible es el medio en que ocurre. El servilismo, el rasgo más característico de los colombianos de todos los rangos sociales, hace que la prensa esté automáticamente dispuesta a halagar de todas las maneras al dueño del periódico y que los políticos y jueces sean grotescamente venales. La "ingeniería del prócer" no tiene quién la evalúe con rigor y, al carecer de control de calidad, da un figurón lamentable.

Ya puede el señor Santos ir descabalgando de su ensueño. Sus delirios de grandeza son menos justificados aún que los de un Mobutu, que al menos salió de la nada, y por mucho que la prensa local lo presente como un gran estadista lo que ha hecho ha sido aliarse con los traficantes de cocaína de las repúblicas bolivarianas y con sus representantes locales, fomentar el prevaricato judicial más escandaloso, favorecer una persecución infame que sólo resulta válida para los ignorantes, los fanáticos y los canallas más desaprensivos, resucitar a las bandas terroristas para tener con quien negociar un acuerdo de paz que no llegará ni siquiera convirtiendo a Alfonso Cano en el sucesor de León Valencia en el cobro de las masacres de la tropa remanente, hacer inviable el país con leyes inicuas cuyo único sentido es proveer recursos a los parásitos que viven de cebar clientelas, multiplicar el parasitismo estatal con nuevos entusiastas pagados, envilecer la prensa con campañas repugnantes de calumnias y amenazas e impedir para mucho tiempo la firma del TLC con Estados Unidos, pues los republicanos, que eran los únicos interesados, no tendrán muchas ganas de resultar amigos de una "narcodemocracia" aliada de los socios de Ahmadineyad y Gadafi.

El gobierno de Santos quedará en la historia como el de cualquier otro sátrapa tropical. Para la gente que lo eligió, cuando vaya entendiendo que su aspiración era una sociedad organizada y próspera y no sólo complacer al caudillo que sigue protegiendo a Santos, el penoso tartamudo será simplemente un traidor que devolvió al país a las peores épocas y echó a perder la ilusión del progreso por mucho tiempo. El mejor amigo de Chávez, amigo también, ya se sabrá hasta qué punto, de Fidel Castro, socio de Ernesto Samper, etc., es un completo paradigma de ineptitud, corrupción, mendacidad, cinismo y latrocinio.

En Balas sobre Broadway un gánster intenta a toda costa convertir a su querida en actriz. Así es el esfuerzo de la camarilla oligárquica con el gran estadista, aunque con resultados peores que en dicha película. Ya pueden agotarse los lambones calumniando al anterior gobierno y defendiendo al sátrapa, la historia lo absolverá mientras siga absolviendo al estadista que convirtió a Cuba, el país más desarrollado de Hispanoamérica en 1958, en el náufrago gemelo de Haití.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 2 de septiembre de 2011.)