sábado, julio 02, 2005

Para empezar a hablar de educación...

Voy a copiar una definición del diccionario que me parece de gran utilidad porque mi experiencia es que cuando se habla de "educación" cada persona interpreta una cosa distinta. Sobre todo el tipo de persona predominante en Colombia, ese clon increíble que aparece a todas horas en cualquier parte dictaminando que "aquí lo que falta es educación". Yo no hablo de lo mismo que esas personas, yo me aferro a esta definición que da el diccionario:

"EDUCAR: Desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos, etc."

Porque lo que esas personas piensan es que hacen falta más doctores, más diplomas y aulas, etc. Pero la verdad es que a ese dictamen incuestionable nadie presenta ninguna objeción, incluso cuando se comprueba que la "educación" es un obstáculo para que una persona sea productiva. En cuanto ha estudiado ya no encuentra un trabajo digno de su rango y es necesario que el gobierno cree a toda costa los puestos de trabajo para que esas personas puedan cobrar el sueldo que corresponde al esfuerzo que han hecho estudiando.

Arriba he puesto "más doctores" y en ese momento pensaba en el viejo chascarrillo de que en Colombia se le dice "doctor" a cualquier titulado universitario. Pero entre tanto me he acordado de que Antonio Navarro Wolf tiene entre sus primeras propuestas desarrollar más programas de doctorados en las universidades colombianas. Y entonces salto muerto de angustia: ¿qué sueldos cobrarán esos doctores y de dónde saldrán los recursos para pagarlos si ya no hay con qué crear empleos para los simples titulados? A mí toda esa noción de educación me desagrada profundamente. Considero mi mayor honra carecer de cualquier cosa parecida a esa "educación".

Pero eso es sólo el discurso rutinario tradicional, predominante entre quienes han terminado el bachillerato o tienen algún título universitario y necesitan atribuir un gran valor de rango social a su condición de personas educadas, toda vez que dadas sus notorias virtudes morales, su amor patrio y sus sutiles conocimientos son refractarios a todo entendimiento con el vil metal, al que rehúyen cuando no está respaldado por el debido reconocimiento por parte de una autoridad competente que les firma el nombramiento. Esa educación y esos valores ya hace tiempo han cedido a mecanismos desesperados y más bien brutales de asegurar las rentas, el rango y el reconocimiento de la corporación de los educados.

Bueno, escribí "de los educados", pero la verdad es que podría haber escrito mejor "de los educadores", no sólo en alusión al gremio docente sino a todos los que dictaminan que "aquí lo que falta es educación y salud". El orden de castas tradicional ha entrado en crisis hace décadas por la expansión del modelo triunfante en todo el mundo, y en su defensa ha abrazado el discurso totalitario. Eso ocurrió en toda América Latina en los años sesenta, y la ceguera al respecto es la prueba más palpable de nuestra indigencia intelectual. ¿Nadie se da cuenta de que el líder actual de los revolucionarios del continente es un militar golpista que se gasta fortunas incalculables en comprar armas al mejor estilo árabe? ¿Y de que no hay un solo beneficiario de becas estatales y demás bicocas derivadas de privilegios familiares o de casta que no sea antiamericano y "progre"? No, nadie se ha dado cuenta.

La cuestión es que para ceñirnos a Colombia y a la educación hablaremos de esos "educadores" adaptados al discurso totalitario como "fecodistas", pues no puedo estar repitiendo continuamente las definiciones. Cuando los fecodistas hablan de "educación" no hablan de lo mismo de lo que hablamos las personas de mentalidad liberal. No es "Desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos, etc.", sino de inscribir a las personas en un sistema de clasificación en el que son sometidas a supuestas enseñanzas que las hacen dóciles al sistema en que los maestros son los que tienen la autoridad.

Ya sé que nadie estará de acuerdo conmigo. TODOS, sin remedio, reconocen que en Cuba hay problemas y falta de libertades, pero TODOS tienen educación y salud. ¿Cuál es la educación que tienen los cubanos? ¿Cómo es que teniendo a toda su población educada Cuba no es una potencia industrial? ¿Cómo es que tampoco destaca respecto a otros países latinoamericanos en lectura o en producción cultural? Los niños cubanos no van a aprender a leer y a escribir sino a recitar la propaganda del régimen y a asimilar el miedo con que éste se sostiene. Cuando una persona liberal habla de educación habla de formar personas libres, autónomas, capaces de ganarse la vida y de entender el mundo, así como de disfrutar de todo aquello que ha producido el espíritu humano. Eso no tiene que ver en absoluto con la "educación" que conciben los totalitarios. Es otra cosa. Es como si mañana unos empresarios de la prostitución infantil "educaran" a los niños para atender a los clientes.

Pero... es que un régimen totalitario por definición es indiferente a lo que le pase a su población. Póngase el lector o lectora en la piel de Fidel Castro a observar su obra, la miseria absoluta, el aislamiento, el miedo, la delación, la prostitución... ¿Cómo es que no piensa en buscar una salida para su país, para que esos niños que nacen tengan oportunidades y puedan llegar a ser como los puertorriqueños (que es con quienes se podría comparar a los cubanos sin el ascenso de la satrapía)? En realidad el régimen cubano, como todos los regímenes comunistas, sólo florece allí donde hay una experiencia reciente de esclavitud, donde la noción de ciertos grupos humanos como ganado está presente en muchas cabezas. Los sufrimientos del ganado importan poquísimo a la casta dominante, que puede sacrificar a un tercio como en Camboya, o condenar al hambre a la mayoría, como en Corea del Norte. También el predominio del totalitarismo entre las castas "instruidas" en Colombia corresponde a ese mismo efecto: ¡no va a resultar ahora que un doctor con cuatro diplomas decide lo mismo que un indio ignorante! ¿O no es unánime el apoyo a la solución negociada de las leyes con la guerrilla entre los "doctores"?

Por favor, no me hablen de que esas personas son educadas porque sus líderes son personajes como Luis E. Garzón, que no acabó ninguna carrera y que basa todo su discurso en retruécanos que hacen pensar que sus seguidores no han pasado de una edad mental de quince años, o Gustavo Petro, que dice que la conquista del Oeste era una reforma agraria igualitaria y que Lincoln era un populista como Benito Juárez (no, yo no digo que Juárez fuera un populista, es él quien lo dice). ¿Qué han estado aprendiendo nuestros sabios doctores?

Un rasgo sobresaliente de ese discurso es que no concibe otra "educación" que la impartida en las aulas por el Estado. El que el nombre propio de eso sea "dominación" va de suyo, sobre todo cuando se comprueba que los niños que sufren el adoctrinamiento son incapaces de ganarse la vida trabajando y cuentan con toda serie de resortes que los arrastran al crimen. Hace poco un compañero de la blogosfera se lamentaba de lo que pasa en Cali, de la proliferación de pandillas de sicarios. ¿No es lo que les enseñan los fecodistas en los colegios? ¿No vivimos en un mundo lleno de injusticia en el que los ricos desangran a los pobres? ¿Tiene alguna legitimidad el dinero obtenido de otra forma que siendo funcionario estatal, sindicalista, vociferante y amedrentador? Es muy fácil: el lector o lectora muy probablemente no proceden de la escuela pública. Perdón: SEGURO que no proceden de la escuela pública, y es ahí donde entra uno en el mundo espeluznante del sentido de todo eso. ¿Para qué sirve una "educación" que en realidad no produce lectores? Ya lo he dicho: para formar delincuentes que pueden ser utilizables por el gremio docente.

Ojalá alguien se tomara un poco en serio el esfuerzo de evaluar la relación de los maestros con el totalitarismo. ¿Sabe alguien que el puntal principal de apoyo de Hitler fueron los maestros? Sí, en todos los niveles: al tratarse de un régimen gobernado por la idea del imperio milenario de la raza aria, las escuelas eran centros perfectos para la formación de los combatientes que construirían ese sueño, y los maestros el gremio premiado con buena parte de lo que se robaba a los judíos. No es tan complicado: el gobierno premiaba a sus fieles propagandistas y éstos prosperaban gracias al régimen que traía un crecimiento económico fabuloso, por no hablar del reconocimiento del gremio.

¿Y en Camboya? ¿Habrá quien quiera enterarse de que la mayoría de la militancia, de los cuadros medios del jemer rojo eran maestros? El director de la cárcel de Pnom Penh, donde fueron asesinadas varios miles de personas, era un maestro de matemáticas.

Es que la escuela pública genera esa misma proyección del poder. Por una parte transmitir conocimientos es difícil y poco útil desde el punto de vista del interesado. Por la otra se cuenta con un liderazgo por designación, con lo que convencer a los "educandos" de las ideas políticas de uno, sobre todo de las que son rentables y aseguran el ascenso social de uno no sólo es mucho más fácil sino también más provechoso. Sin las escuelas públicas el totalitarismo moderno sería inimaginable, pues cualquier utopía criminal habría encontrado demasiadas resistencias sin unos pasos previos de inculcación de valores y esquemas ideológicos.

Ese mismo papel tiene la "educación" en Colombia, y por eso oír hablar de "educación" a veces da más bien miedo. Lo que pasa es que se vive una simbiosis entre el sentido de casta tradicional y el totalitario de Fecode, por lo que casi no hay nadie que no se reconozca en alguna afinidad con ese discurso. Es que quienes queremos un país libre y próspero somos minoría, al menos entre los que leemos o entre los que escribimos en internet.

Cuando se piensa en educar como formar personas que a la vez sean capaces de ganarse la vida y de comprender el mundo de modo que puedan resistir al embate de las supersticiones y de las tentaciones criminales, lo primero que urge separar de la noción de los fecodistas es el ámbito de la educación.

¿Quién educa?

Educa ante todo la familia, que transmite todo el esquema de valores del que se parte, que es el ámbito en que se aprenden las destrezas básicas como hablar o como los rudimentos de la urbanidad. Cuando la gente renuncia a su tarea de educar a sus hijos en la convicción de que eso corresponde al Estado, ya está abandonándolos en manos de los totalitarios. Una familia en la que los padres asuman como propia la tarea de educar tiene muy pocas posibilidades de tener hijos delincuentes, pues el adoctrinamiento de Fecode es más eficiente en personas desvalidas moralmente.

Educan los medios de comunicación, que cada vez más influyen en transmitir modelos, lenguajes, datos, valores estéticos, etc.

Educa la escuela, aunque en el caso de las públicas en Colombia su impacto es más bien negativo. En cierta medida se puede reconocer que es mejor que los niños estén adoctrinándose para ser asesinos fanáticos a que se pasen el día en la calle. En cierta medida corren menos riesgos. En la mayoría de los casos el aprendizaje de la lectura y la escritura tiene lugar en esos centros, aunque el contraste entre los privados y los públicos es bien notorio: se nota que en los públicos predominan los profesionales formados en centros como la Universidad Pedagógica, lo cual debería inquietar a alguien. La enseñanza fundamental es la militancia en la izquierda, después a los niños se les enseña a odiar a los ricos y a EE UU, que es a fin de cuentas todo lo que saben los maestros.

Educa el entorno social: la familia extensa, el vecindario, etc. En todo el periodo de formación de una persona nueva se puede decir que el impacto de este ambiente es tan decisivo como el de la familia, la escuela o los medios.

Educa el trabajo: depende de la fase en que una persona se integra en el mundo laboral, siempre hay una serie de enseñanzas importantísimas que adquiere ejerciendo efectivamente un oficio, aunque sea como simple peón. En la medida en que se favorezca la creación de empleo para jóvenes y el desarrollo empresarial, las posibilidades de formarse dentro de las empresas crecerán. Pero el sistema de castas es rabiosamente hostil a ese desarrollo.

Bueno: tanto los necios rutinarios como los totalitarios piensan sólo en las escuelas y universidades cuando hablan de educación. Es que no están pensando en formar personas libres y eficientes sino en producir títulos de doctores. ¡Como a fin de cuentas los ingresos no proceden de hacer ni producir nada sino de haber estudiado, creen que basta con conseguir diplomas para muchos para remediar la pobreza!

¿Qué es educación?


A la hora de transmitir conocimientos y formar personas libres, siempre se debe evaluar la productividad, pues lo deseable, desde el punto de vista de las personas de valores liberales, es que esa formación alcance al mayor número posible.

Empecemos por la familia: ¿qué se podría hacer para motivar a los padres a tomar parte en la educación de los hijos y a enseñarles técnicas y estrategias que podrían serles útiles? Pongamos que uno de cada mil dictaminadores de la educación se interesara y apoyara a algún programa de radio que incluyera consejos sobre educación, o algún espacio en televisión. Pero eso quiere decir de una iniciativa cívica, lo cual quiere decir que no ocurrirá. ¡Ojalá alguna empresa se resolviera a hacerlo! Yo una vez vi en televisión un programa sobre educación que estaba en manos de Fecode. Eso era abierta, directa, manifiesta, patente propaganda de las FARC, llamadas por su propio nombre y rodeadas de toda clase de elogios. De no ser porque he visto eso, porque leo las columnas de opinión en la prensa en las que se llama a matar gente, no dedicaría ni un segundo a escribir nada en internet. Al menos hubo alguien que no fue cómplice silencioso.

¿Qué aprendizaje experimenta el niño en los primeros años? Ahí se encuentra uno con lo mismo, con que la educación empieza por tener juguetes y libros. Hay libros para niños de menos de un año, son juguetes que acostumbran al niño con el libro y que le ofrecen ilustraciones. Pero como esas industrias no sirven para cobrar buenos sueldos sin trabajar, no hay nadie que se interese por eso. Los juguetes son para los niños ricos, los mismos que después irán a un colegio privado donde estarán más o menos a salvo de ser carne de cañón de los docentes. No debería haber niños sin juguetes y una parte de la tarea educativa debería consistir en promover la donación de juguetes usados para los niños más pequeños, las fiestas en que personas ansiosas de notoriedad colaboran en el reparto de juguetes a los niños pobres, etc. Dicho sea de paso, éste es sólo un ejemplo de cómo el mito de que hace falta educación para que haya crecimiento económico es otra forma de entender el mundo al revés: hace falta desarrollo económico para que haya educación. En la medida en que vaya creciendo la proporción de la población que se integra en la clase media, habrá más consumo de juguetes y por tanto más niños con personalidades desarrolladas y dispuestas a integrarse en la sociedad sin resentimientos.

Cuando se piensa en la educación formal en las aulas, ésta requiere una reforma pues muchas de sus concepciones forman parte de las urgencias de otra época. Como la chusma en Colombia no tiene ningún interés en evaluar la historia sino en culpar de todo a los "corruptos" que hacen los buenos negocios que les gustaría hacer a ellos, nadie recuerda que hace sólo dos generaciones ni siquiera un tercio de la gente acababa la escuela Primaria. Eso significaba que en los dos primeros años se necesitaba enseñar al niño todas las habilidades básicas que después iba a necesitar, pues no había muchas probabilidades de que terminara la Primaria.

Debería convertirse en un objetivo nacional asegurar que todos los niños que nazcan a partir de ahora tendrán ocasión de acabar la primaria. De hecho, eso ya es mayoritario, aunque la calidad de lo que aprenden es ínfima. Pero si hay una expectativa seria de que el niño va a estudiar al menos esos cinco años, tal vez ciertas destrezas y aun muchos conocimientos pueden retrasarse un poco para los tres últimos años. ¿El motivo? Que los dos primeros deberían centrarse casi exclusivamente en la lectura. ¿Cuántas veces habré dicho que la inmensa mayoría de los doctores colombianos son incapaces de leer completo un artículo de opinión del periódico? ¡No hay nadie que no encuentre este escrito largo y "ladrilludo" y es porque la lectura, la ingesta de letra impresa, es algo en lo que Colombia dista más de un país desarrollado que en la renta, muchas veces más. Immanuel Kant decía que era poco lo que se podía esperar de la humanidad dado el leño torcido del que había surgido, lo mismo podemos decir de la escuela primaria en Colombia: es poco lo que se le puede pedir, pero al menos los niños deberían salir con alguna aptitud lectora. Eso es algo que después no se puede hacer y que está en la base del fracaso de la mayoría de los que empiezan una carrera universitaria.

También el conjunto de conocimientos básicos resultan más fáciles de asimilar por personas que han tenido acceso a la lengua impresa, que están en cierta medida familiarizadas con ella. Si alguna reforma requiere la escuela primaria, habría que pensar ante todo en que el que termina el último curso debe tener más o menos los mismos conocimientos que tiene uno que termine ahora, pero en cambio debe haberse acostumbrado a leer con bastante frecuencia. Si al menos hubiera una docena de personas que se interesara por eso. Yo dudo que la haya.

Y cuando se habla de la lectura hay que pensar en las herramientas con que contará el docente para enseñar a leer a sus alumnos. Yo creo que los libros de lectura de la primaria deberían ser provistos por la escuela. Gratuitos, pagados por el Estado o por patrocinadores que figurarían en la cotraportada, por ejemplo. Supongamos que se imprime un libro de unas trescientas páginas con letra grande y muchas ilustraciones para los niños de primero y segundo (un solo libro para los dos años). Supongamos que los que acuden a la escuela en esos dos grupos son un millón de niños, con lo que cada dos años se imprimirían un millón de ejemplares. Si hacemos el cálculo pongamos de diez mil pesos por libro (que sería un libro muy bueno porque normalmente, en ediciones de pocos miles, el precio de venta al público es de unas diez veces el de la impresión), dotar a los niños de primero y segundo de un libro de lectura costaría unos 10.000 millones cada dos años, cinco mil millones al año. ¿Hacemos la cuenta de lo que cuestan los maestros? En un solo año la nómina y las dobles pensiones, sin contar la proyección de las pensiones y la ristra de prebendas, ya sube a cinco billones, mil veces más. ¿Habrá quien me convenza de que la productividad de estos huelguistas profesionales es mil veces la de un libro que el niño observa decenas de veces? Conforme, me convenció: yo creo que si alguien tuviera la iniciativa encontraría patrocinadores privados. Pero son cosas que digo yo, que me pongo a soñar que a alguien le interesa la educación más allá de presumir de sus títulos, de quejarse de los corruptos y de soñar con un sistema donde los maestros fueran los pobladores de los barrios ricos (en Colombia ya lo son).

Y para la segunda fase de la primaria, en la que se avanzaría en las habilidades que habían quedado relegadas al principio en favor de la lectura (como la escritura, que hoy en día ya no consiste tanto en la buena letra cuanto en el conocimiento del lenguaje y la aptitud para usarlo), también podría haber un libro de lectura provisto por las escuelas o por el Estado, con letra más pequeña y menos ilustraciones. En este caso el coste sería aún menor porque se trataría de un solo libro para tres años y porque las ilustraciones perderían protagonismo frente a la letra impresa.

El tener un libro para los tres años es de gran utilidad porque la aptitud lectora de los niños no tendría cortapisas, el muy apto leería en tercero los textos de quinto, el muy desfavorecido leería en quinto los textos de tercero y seguiría obteniendo ventajas en su relación con la letra impresa.

Por otra parte, en esta fase sería deseable que hubiera otros refuerzos a la lectura, como la difusión de obras literarias infantiles (por ejemplo, libres de impuestos o incentivadas de distintas maneras), o un periódico escolar, que se podría financiar con publicidad y vender a un precio ínfimo. Es verdad que la capacidad adquisitiva de los niños es limitadísima, pero por una parte un periódico de un millón de ejemplares influiría en un mercado muy grande, y por la otra los niños son más receptivos a la imagen de marca y demás elementos del negocio publicitario.

Y para no extenderme más sobre la primaria, supongamos que hay una cuarta parte de los colombianos que no pueden estudiar más. Lo que requieren para integrarse en la sociedad moderna, para leer un libro de instrucciones y manejar un computador ya lo tienen. Sería deseable que todos los niños tuvieran clases en inglés desde el primer año, empezando por una hora semanal y aumentando una hora cada año. Yo recuerdo que cuando terminé cuarto de bachillerato mis conocimientos de inglés eran sencillamente nulos, como los de la mayoría de mis compañeros. Es que nuestra escuela tradicionalmente sólo sirve para excusar un puesto en la pirámide social. El conocimiento sobra por completo.

La cuestión de que esa fase que deben acabar todos los niños sea completa me parece esencial. En ese terreno del conocimiento la persona es sólida en su modesta condición "de una planta". Si sigue estudiando, también las metas deben ser de que todos terminen una fase "completa" de enseñanza. Nada más triste que esa masa de niños que empiezan el bachillerato y se quedan a medias, casi como si hubieran estado perdiendo el tiempo esos años. Las personas que no puedan pasar a la secundaria por los motivos que sean deberían tener una oferta concreta de enseñanza profesional que les permita integrarse más o menos rápido en el mercado de trabajo. Sería primordial que esa enseñanza, de uno o dos años, fuera también gratuita y que garantizara al estudiante la integración en alguna empresa, aunque fuera con un sueldo ínfimo, o aun incentivado por el gobierno. Lo que importa no es que al adolescente no lo "exploten", sino que sea capaz de ganarse la vida en el futuro.

Sería deseable que la secundaria pudiera garantizar en cierta medida un éxito a quienes la comienzan. ¿Cómo conseguir eso? Yo creo que se debería partir en dos. Una primera destinada a "completar" la escuela primaria, es decir, a dotar de todos los conocimientos básicos que se supone que se aprenden hasta la mitad del bachillerato y a preparar a los jóvenes para una formación profesional en un nivel de técnicos medios. Es importante que se tenga en cuenta que estos niveles educativos y laborales no aluden necesariamente a la manufactura, sector en el que Colombia tiene más bien poco futuro.

Es decir, llamaremos a esta fase "secundaria" y a la siguiente "bachillerato". Sería deseable a medio plazo aspirar a que todo el mundo acabara la "secundaria". Esta etapa sería universal y tendría un amplio abanico de materias, tanto las tradicionales como otras nuevas: informática, rudimentos de administración y economía, así como de derecho, tecnología, etc. Mi convicción sincera es que la productividad de estos años sería muchísimo mayor si se contara con educandos leones: en la situación actual la asistencia a clase y el esfuerzo de "estudiar" sólo sirven para que la mayoría de los niños aborrezcan el conocimiento. Todo les resultaría más grato y sencillo si verdaderamente supieran leer.

Me gusta insistir en esa idea de que quien termine la escuela "secundaria" haya completado un ciclo porque cierta concepción tradicional de la escuela plantea que el niño llega a estudiar para formarse como doctor, con lo que el paisaje de los colombianos es como una ciudad en la que no hay casitas sino sólo cimientos de rascacielos. Eso mismo se podría decir de la escala siguiente. Quienes no puedan o no quieran acceder al "bachillerato" deberían integrarse lo antes posible en alguna forma de instrucción orientada al trabajo, a especializarlos según sus aptitudes y preferencias. Y a ese respecto los cursos podrían variar muchísimo, así como los programas de formación en las empresas.

El "bachillerato" debería ser de unos tres años, mientras que la "secundaria" debería ampliarse a cuatro dentro de pocos años. En el "bachillerato" debería haber ya una clara especialización, de modo que las personas empezaran realmente a prepararse para aquello que van a estudiar después, sea universitario o técnico. A ese respecto me parece conveniente insistir en la imagen de los cimientos de rascacielos: como yo no terminé el bachillerato no asistí a clases de cálculo. Pero da la casualidad de que conozco a decenas de personas que sí acudieron a esas clases y para ser sincero su dominio de materias más básicas, como el álgebra, es inferior al mío, salvo los que estudiaron ingenierías o ciencias. El que tenga alguna duda al respecto puede evaluarlo con sus conocidos. ¿Qué utilidad tuvieron los conocimientos de trigonometría, cálculo y aun geometría del espacio en la secundaria si al cabo de pocos años casi nadie recuerda nada de eso? Eran los cimientos de un gran científico en los siglos en los que quienes iban a la universidad se contaban por decenas. ¡Por el amor de Dios, si al menos la ortografía de nuestros doctores correspondiera a alguien que ha hecho bien la escuela primaria!

La enseñanza superior también debería estar abierta a la diversidad: tanto técnicos que se forman en las empresas como cursos de seis meses como carreras técnicas de cuatro años. Cada cual que escoja lo que le sirve y lo que corresponde a sus aspiraciones. Pero para entender la utilidad y el valor de todo eso hay que dejar de pensar que a uno le deben pagar un sueldo por haber estudiado, o que por fuerza el que acaba un doctorado debe ganar más que el que sólo domina una especialidad técnica pero resulta productivo para la empresa. Sencillamente el mundo moderno no funciona así, y el izquierdismo, con su natural resultado de terrorismo y parasitismo estatal, sólo es la incapacidad de asimilar eso.

Si se piensa en la universidad se encuentra uno de nuevo con el mismo fenómeno que en la secundaria: ¿por qué no crear carreras de tres años que permitieran a la persona ejercer un trabajo especializado en una materia y dejar otro curso de tres años para los que aspiren a conocer la materia a fondo? Es lo que se hace en los países anglosajones, al menos con las licenciaturas. Eso sería de enorme utilidad porque reduciría drásticamente la deserción de estudiantes y permitiría hacer útiles las actuales "universidades de garaje". El que esos centros se conviertan en una estafa me parece a mí más la consecuencia del esquema de valores de nuestra sociedad que de la perversidad de sus dueños. Si mañana en lugar de llamarse "universidades" que producen abogados, ingenieros, arquitectos (que después de todos modos no tienen ningún reconocimiento ni menos empleo según su título), esos centros se llaman "academias" y forman a técnicos administrativos, informáticos, etc., fracasarían como negocio: la gente aspira a ser doctora, de estrato 5, para eso se arruinan, viven infelices, ciertamente no aprenden nada y se resignan al desempleo. ¡Todo con tal de no trabajar!

Yo creo que todos los niveles de educación que he mencionado (Primaria, Secundaria, Bachillerato, licenciaturas y fases superiores) deberían estar sometidos a un examen de Estado. También que en todos los barrios de estrato 3 para abajo se debería pagar a los colegios privados una parte de la matrícula o la pensión de los alumnos, de modo que poco a poco la escuela pública se vaya quedando para los que no pueden pagar nada. Eso sería de gran utilidad porque serviría para que hubiera competencia, para que los padres se hicieran responsables de la educación, para limitar la cultura asistencialista y para impedir que la escuela siga siendo el templo de adoctrinamiento totalitario que es. ¿Alguien se acuerda del referendo?

Pero con todo, con lo largo de este post, se me quedan cuestiones muy importantes, como que la educación para mí es ante todo destrucción de la concha embrutecedora de la mentalidad tradicional, conciencia sobre la magnitud de nuestra desgracia, algo que curiosamente nadie quiere ver. La educación en esa fase en que la persona no está sacando un título sino formándose para asumir el mundo como su posesión es ante todo discusión y reflexión. ¡Pero qué lejos estamos de eso!

6 comentarios:

  1. Anónimo1:03 a. m.

    La educación debe dejar de ser propaganda para convertirse en perfumada propaganda del punto de vista individual de Ruiz. Interesante. Es preciso que todos vean lo que nadie quiere ver. Estimado Ruiz, es usted un trasunto del visionario ilustrado marchando frente a la humanidad para iluminarla, pintando una utopía de obligatoria aceptación.
    Mucho cuidado con las etapas que siguen. Las frustraciones inherentes a estas campañas seducen a sus próceres a tomar el camino del terror. Entonces la redención se convierte en un oficio que no se puede abandonar, mientras se vive el tormento de presenciar cómo los sueños de la razón van engendrando monstruos.
    Peor aun, se corre el riesgo de que su revolución triunfe y viva, como todas, la persistencia del antiguo régimen.
    Me parece acertada y sensata su propuesta de reestructuración del sistema educativo. No sé de dónde sacaremos ese personal docente impoluto y desfecodizado. Tampoco sé cómo se afrontará el nudo persistente de la motivación. Desde el progresivo desprestigio del castigo físico como estímulo principal para el estudio, no se ha hallado un sucedáneo igualmente persuasivo. Los miles de docentes - no bendecidos con ser conocidos por usted - comprometidos desde hace décadas con buscarle salidas a eso, viven a diario la frustración de encontrar niños como paredes, a los cuales se les puede dar mucho, poco o nada, pues nada quieren. La primera enfermedad profesional del magisterio es la demencia. No estar expuestos a lesiones por esfuerzos no quiere decir que no comprometan su salud en su oficio. La manía sindical de la convención colectiva arrancada bajo presión (usted, por supuesto, nunca menciona las movidas sucias de los contrarios, las amenazas, los homicidios como formas de disuasión usadas por patronos y gobernantes) podría ser vista de cierto modo como escuela de chantaje. Pero el chantaje mayor se enseña en la escuela de las armas, en las ollas de los jíbaros, no en las aulas, por corrupto que sea el docente. Allí están las instituciones sitiadas por bandas, milicias o clubes de angelitos en proceso de desmovilización; amenazando profesores y alumnos, imponiendo el culto al gatillo.
    Usted puede pintar la educación perfecta o bosquejar una deseable. Hágala. Participe de la sufrida y milenaria lucha contra la anomia. Métase con la mentalidad tradicional; dígale que la va a destruir como a una concha de aragonito.
    Finalmente, le cuento, primaria, secundaria y pregrado los hice en el sistema público. Su cuadro del templo de adoctrinamiento totalitario es un escupitajo a la labor de mucha gente valiosa que nos intervino la vida a muchos. Más allá de la ofensa es una calumnia gigantesca, dolosa, con asomos de validez en contextos limitados y reconocibles. Hay que familiarizarse con los bloques de texto, incluso con los innecesariamente extensos, concedido; pero hay que leer con el cacumen conectado, tomando apuntes, poniendo a prueba lo que se lee, verificando datos. Lo otro es desueta escolástica.

    ResponderEliminar
  2. "La educación debe dejar de ser propaganda para convertirse en perfumada propaganda del punto de vista individual de Ruiz."

    Yo digo que debe ser sobre todo adiestramiento en la lectura, al menos en la primaria. ¿Es eso propaganda de algo? Por Dios, qué argumentos. Ya después ve uno que quien empieza con semejantes razones después emprende la defensa de los sufridos maestros que se sacrifican combatiendo la ignorancia de niños obtusos.

    "... es usted un trasunto del visionario ilustrado marchando frente a la humanidad para iluminarla, pintando una utopía de obligatoria aceptación."

    ¿Qué es lo obligatorio? Ya me parece un abuso que la escuela primaria sea obligatoria, aunque en tal caso no veo cómo sería posible erradicar el analfabetismo. ¿Cuál es la utopía? Plantear que la proporción de lectores en Colombia llegue a ser siquiera una décima parte de lo que es en un país civilizado? Tal vez eso sea una utopía en un país poblado por gente como usted. No obstante, me aferro al principio de que el colombiano es potencialmente un ser humano como los demás, a pesar de ciertos espécimenes que parecen nacidos para demostrar lo contrario.

    "Mucho cuidado con las etapas que siguen. Las frustraciones inherentes a estas campañas seducen a sus próceres a tomar el camino del terror. Entonces la redención se convierte en un oficio que no se puede abandonar, mientras se vive el tormento de presenciar cómo los sueños de la razón van engendrando monstruos.
    Peor aun, se corre el riesgo de que su revolución triunfe y viva, como todas, la persistencia del antiguo régimen."

    Toda una enseñanza: el que se opone al terrorismo es un terrorista, el que se opone al asesinato es un asesino, el que propone que las escuelas enseñen a leer es un revolucionario. ¡Ningún peligro mayor que conseguir que los niños vayan a aprender a leer y no a llenarse de razones para salir a atracar gente!

    "No sé de dónde sacaremos ese personal docente impoluto y desfecodizado."

    En términos generales es poco lo que se puede esperar, pero en nuestra indigencia ese poco es mucho. El personal docente debe ser evaluado con más frecuencia y los resultados en materia de lectura también. Los milagros no existen, pero algo habrá que hacer para detener el deterioro del sistema educativo. De hecho, algo se ha hecho, a la ministra actual ya no le hacen los fecodistas lo que le hacían al ministro Bula, y los dos meses fijos de huelga al año de los noventa ya no son tan fijos.

    "Tampoco sé cómo se afrontará el nudo persistente de la motivación."

    ¿Hay un problema de motivación? Si fuera por eso existe en todo el mundo, y los resultados en todas las aulas del planeta en todos los años de la historia son desiguales. El problema es si se acude a clase a aprender a leer o a recibir doctrina delincuencial.

    "Desde el progresivo desprestigio del castigo físico como estímulo principal para el estudio, no se ha hallado un sucedáneo igualmente persuasivo. Los miles de docentes - no bendecidos con ser conocidos por usted - comprometidos desde hace décadas con buscarle salidas a eso, viven a diario la frustración de encontrar niños como paredes, a los cuales se les puede dar mucho, poco o nada, pues nada quieren."

    Digamos que es una frustración llevadera, como me ocurre a mí que nunca me gano la lotería ni obtengo un premio de ninguna clase. ¡Pobre gente! Madruga todos los días a tratar de abrir la mente de esos niños apáticos y vuelven con las manos vacías, y aun sus ingresos son inferiores a los de los miserables codiciosos que en lugar de enseñar a los niños sólo están pensando en ensanchar sus negocios y en salir con esas frívolas rubias en sus carros convertibles sinn la menor compasión por las víctimas de tanta injusticia!

    Pero la motivación de los niños existe, sumamente desigual, claro está. Todo el problema, todo (porque en ninguna parte nacen todos genios enamorados del saber, y si hubiera un aula con una docena de niños muy motivados, no tardarían en matar al canalla que va a predicarles mentiras que le son útiles para ser próspero sin producir nada), es que haya motivación en los maestros, que realmente traten de explotar las aptitudes y las ilusiones de los niños. No es posible que todos sean lectores, sólo que el tiempo en el aula se dedique a enseñar la lectura (y los conocimientos diversos en las fases superiores) y no a forjar resentidos. Ya sé qué es utopía, que Colombia es como es, pero para eso yo también soy como soy y no me voy a callar.

    "La primera enfermedad profesional del magisterio es la demencia."

    Siempre queda la opción de buscarse otro trabajo, de no ser por las rentas cómodas y seguras de ese oficio, no estarían ahí. ¿Son apóstoles de la enseñanza? Entonces ¿por qué todos los dirigentes de Fecode se quejan de que la masa de maestros sólo participa en las protestas cuando se trata del sueldo y las prebendas? Trotski dice en su autobiografía que el de los maestros es un gremio lleno de locos, pero ¿seguro que estaban cuerdos antes de dedicarse a eso?

    "La manía sindical de la convención colectiva arrancada bajo presión podría ser vista de cierto modo como escuela de chantaje."

    No, yo no hablo de eso, hablo de la transmisión de ideología. Pongamos una noción como "justicia social". El señor Bill Gates tiene un patrimonio de unos 50.000 millones de dólares. Yo tengo un patrimonio de unos 50 dólares. ¿No es injusta esa diferencia? El señor Bill Gates debería tener lo mismo que yo. Por tanto, si yo no tengo nada es porque el señor Gates se ha quedado con mi parte. ¿Y por qué no voy yo como sea a quitarle mi parte a todos los que se han quedado con ella? Pongamos la retórica de los derechos, aceptada en la constitución por la presión del M-19 (porque votaron sus partidarios y se abstuvo la mayoría de la gente, que no entiende esas sutilezas. Si hubiera el umbral del referendo para elegir a los constituyentes no habría habido constitución): yo tengo derecho al trabajo, a la salud, a la educación, a la vivienda, a comer. Son derechos fundamentales que las leyes protegen. ¿Por qué diablos voy a andar yo pensando en trabajar si a fin de cuentas todo lo que me es urgente me lo debería dar el gobierno y no me lo da. ¿Por qué voy a obedecer lo que me mande un jefe en un trabajo si a fin de cuentas si me despidieran estarían negándome mi derecho al trabajo? El delincuente sale de ese resentimiento, de esa conciencia de agraviado con quien el mundo está en deuda. Cuando el pistolero llega a la joyería a sacar lo que hay (y usted debería saber que tanto en EE UU como en Europa hay cientos o miles de pistoleros adoctrinados en las escuelas públicas), el adolescente se siente un vengador que hace justicia por los atropellos que su pueblo, su gente, él mismo, ha sufrido a manos de esos señores blandos, ancianos y ridículos. Lo que pasa es que es muy fácil para usted eludir las cuestiones principales, es decir: 1. La adhesión masiva de los maestros colombianos de todos los niveles a la ideología comunista o de izquierdas (que en el caso colombiano son rigurosamente sinónimos, tanto el PDI como el MOIR como el FSP son fieles a rajatabla a la vulgata marxista), 2: que sin esa conciencia de despojo y agravio es imposible ganarse a la gente pobre para la causa de la revolución, 3. que ese descontento es muy útil para subir los sueldos y pensiones de los maestros, precisamente a costa de los recursos que permitirían ampliar las oportunidades de esa gente, y 4. que en definitiva la función de la escuela en Colombia es adoctrinar gente para esa causa gracias al control que la dirección del PC tiene de la directiva de Fecode y ésta de la masa de maestros.

    "Pero el chantaje mayor se enseña en la escuela de las armas, en las ollas de los jíbaros, no en las aulas, por corrupto que sea el docente."

    Falso, es como si prohibimos a las jovencitas ir a los bailes para que no las corrompan y las mandamos al catecismo y resulta que el cura es un artista del cunnilingus. La oferta de placer a través de las drogas, de poder a través de las armas y de graduados en hombría a través de la violencia están ahí de todos modos. La escuela sólo añade el factor decisivo, aquello que unifica la conducta (pues todos queremos tener más de lo que tenemos y no todos asaltamos joyerías): la visión del mundo, la ideología que lo unifica todo: "TÚ ERES POBRE PORQUE ELLOS TE QUITARON LO TUYO". La delincuencia es peor gracias a las escuelas actuales.

    "Allí están las instituciones sitiadas por bandas, milicias o clubes de angelitos en proceso de desmovilización; amenazando profesores y alumnos, imponiendo el culto al gatillo."

    Usted habla de unos maestros que no pueden hablar con sus superiores sindicales, la verdadera jerarquía o nomenclatura, para pedirles que hablen con los superiores de los niños de las milicias para que obedezcan las consignas y respeten ante todo al maestro (como los sicarios de Pablo Escobar respetaban a los curas). Yo diría que esos maestros son pocos.

    "Usted puede pintar la educación perfecta o bosquejar una deseable. Hágala. Participe de la sufrida y milenaria lucha contra la anomia. Métase con la mentalidad tradicional; dígale que la va a destruir como a una concha de aragonito."

    Yo sólo planteo cosas realizables y sensatas: hacer énfasis en la lectura en la educación primaria, dividir la secundaria y la superior en dos fases cada una, regalar los libros de lectura a todos los niños que acuden al sistema público en la primaria. La educación perfecta es un problema teórico que está bien lejos de mis exiguas posibilidades. ¿No ve que soy un colombiano?

    Finalmente: ¿qué edad tiene usted? Porque hace treinta años el adoctrinamiento totalitario seguramente no sería predominante en la primaria del sistema público. Hoy sí lo es. Quién sabe qué serían universidades como la Pegagógica hace 30 o 40 años. Hoy en día son centros donde a los estudiantes se los enseña a valorar el conocimiento como algo agradable y deseable, pero que desgraciadamente no se puede plantear ahora mientras no se cambien las estructuras injustas de la sociedad. Una universidad en la que se manda a los alumnos a colaborar con ONG que investigan a los paramilitares para construir el tejido de datos que permiten justificar la insurrección guerrillera. Con ocasión del referendo de 2003 en la Universidad Pedagógica no hubo clases en las últimas semanas, ciertamente por iniciativa de las directivas y de los profesores: todo fueron reuniones en las que fueron incluso personas extranjeras a explicar a los alumnos que debían abstenerse y promover la abstención entre sus conocidos y parientes, porque ese referendo era sólo una parte de la estrategia paramilitar.

    Yo le podría contar muchísimas más cosas también de los colegios públicos de la última década. No me venga con que hay unos buenos profesores luchando por enseñar y unos malos sectarios condenándolos cuando NADIE denuncia eso que sé a ciencia cierta de la Pedagógica.

    La primera misión de un maestro honrado debería ser hacer frente a la mafia terrorista que domina en Colombia la llamada "educación". Pero el statu quo ideológico heredado, que ya es casi fisiológico hace que un maestro decente fuera visto como el verdadero problema psiquiátrico (a lo mejor lo es, a lo mejor los problemas psiquiátricos de muchos maestros colombianos son sólo escrúpulos morales ante lo que se está haciendo en las escuelas).

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Anónimo8:06 a. m.

      sapoooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo perrrroooooooooooooooo misifil nacotraficante

      Eliminar
  3. Anónimo8:03 a. m.

    educar es lo mejor q hay tontos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Anónimo8:04 a. m.

      sapooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo qien le dijo q hable

      Eliminar
    2. Anónimo8:05 a. m.

      perrro hpt metase un dedo entre el culo chino triple hp aga el amor y vaya y se culea una vieja

      Eliminar

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.