viernes, septiembre 30, 2011

Terremoto y tsunami

Uno empieza a escribir un texto sobre la situación colombiana actual pidiendo excusas: ¡qué bueno sería que hubiera verdaderos periodistas y verdaderos analistas políticos que describieran en detalle lo que pasa y orientaran a la gente, en lugar de los deprimentes sicofantas que medran en la prensa! Uno apenas alcanza a enhebrar conjeturas con juicios y datos reales contando con la paciencia de algunos lectores.

Y ya puestos, empezaré diciendo que lo que ha pasado en lo que va corrido de junio es un verdadero terremoto que hace tambalearse el tinglado de alianzas y equilibrios en que basaba Santos su gobernabilidad y aun su legitimidad. La situación, en mi opinión, es mucho más complicada que cualquiera otra en la última década, y la gente no se ha dado cuenta porque la onda expansiva no le ha llegado, y cuando le llegue habrá que volver la vista a este mes para entenderlo.

Afinando un poco, se podría decir que las concepciones tradicionales del poder y la comunicación en Colombia chocaron con las nuevas realidades de internet. Ya la descarada persecución judicial no se toma con la resignación de siempre, ni es posible hacer desaparecer a las víctimas de la prensa cada vez que interesa, ni convencer a más gente que la propiamente militante de que Piedad Córdoba es la líder de las víctimas y se dedica a liberar secuestrados. Todo eso se ha vuelto más difícil.

Pero además se ha complicado por las audacias del presidente, cuyas ridículas pretensiones de pasar a la historia como un líder importante lo llevan a arriesgarlo todo en busca de una transformación que cree un nuevo panorama en la política local: una hegemonía "liberal" que incluya a la llamada izquierda democrática. Y también por los excesos que tiene que aplicar la Corte Suprema de Justicia para compensar el tremendo retroceso que tuvieron las FARC durante los ocho años anteriores. Dos jugadores atrevidos, cada uno aliado de Chávez por diversos motivos, y una cadena de acontecimientos que conducen a una situación desesperada y muy peligrosa. A una situación que sólo podrán sostener por el terror, como llevo días sosteniendo en Twitter.

Lo más trascendente, en mi opinión, es la caída de la imagen del lamentable tartamudo al que el poder familiar quería hacer estadista, tal como el hampón pretendía hacer actriz a su querida en la deliciosa comedia Balas sobre Broadway. ¿Quién lo respetará todavía? ¿Qué pensarán los analistas extranjeros y los políticos de otros países de la equiparación entre la extrema derecha que, según él, propala una sensación de inseguridad, y los terroristas que matan gente sin cesar, o de la atribución vaga a un agente casi sobrenatural de un atentado que los organismos policiales no consiguen esclarecer? Dios mío, tremendo estadista.

En fin, es difícil explicar la situación de debilidad del gobierno porque habría que empezar a plantearse el peso de la opinión, que no consiste en la suma de las columnas de los periódicos o de las diatribas en la radio o la televisión, sino lo que cada persona percibe y razona. ¿Qué legítimo o correcto encontrará un ciudadano a este gobierno? Es verdad que los partidarios (la izquierda democrática y los "uribistas" con nombramiento) lo justificarán todo y que la inmensa mayoría no tiene modo de ocuparse de la política, pero cualquiera que llegue a enterarse, sobre todo si es uno de quienes votaron convencidos de que seguiría el uribismo, se pondrá en seguida en contra.

El cambio de rumbo que comenzó antes de la posesión alertó a una minoría a la que nadie hace caso, pero el episodio de las liberaciones de secuestrados, con la probable fuga de Alfonso Cano y la humillación del ejército, acompañado de la noticia de que pronto se emprendería una negociación y que el gobierno y su prensa apoyaban la persecución propagandística contra Uribe dejó claras muchas cosas. Algo que venía ocurriendo desde que Santos se posesionó, el retorno de las FARC a muchas regiones y el avance de sus actuaciones ofensivas, se empezó a hacer más patente. ¿Se había equivocado Santos respecto a las posibilidades de recuperación de la banda, lo que haría próxima una negociación, o toleraba esos hechos para hacerla necesaria? Aunque escandalice decirlo, la primera opción es tan inmoral como la segunda. Presupone igualmente renunciar a la victoria, y relegar la justicia y el cese de los crímenes ante los cálculos mezquinos de gloria personal.

Al respecto, podremos empezar a hablar de la "mano negra": su primer rasgo es detectar ese avance de los terroristas, noción que ya genera una cesura drástica entre el mundo de Santos y la prensa y el de los hechos objetivos. Atender a esto y no a lo que sea grato al patético autócrata es ser de extrema derecha.

La promesa hecha a Chávez de extraditar a Makled a Venezuela prometía interesantes compensaciones para el gobierno colombiano, sobre todo en términos de reconocimiento por los demás países de la región, lo que serviría a la propaganda. Pero terminó habiendo demasiado ruido, y más con las relaciones que se descubrieron de Makled con el terrorismo global. Lo que sale en claro de ese episodio, sobre todo para quienes se toman en serio el combate contra las mafias, es que el gobierno sacrifica las vidas de sus funcionarios y aun las leyes a los cálculos del autócrata. ¿Cuánto se podría avanzar en el control de esas bandas si Makled contara lo que sabe a las autoridades estadounidenses? El resultado final es que Santos resultó un protector del tráfico de cocaína, y, como ocurre con todo, eso lo tapa con pretextos leguleyos y con manipulaciones propagandísticas. Es verdad que Obama prefiere ceder ante las mafias antes que un Chávez vociferando contra EE UU, pero los policías y jueces estadounidenses pensarán otra cosa, y tarde o temprano los ciudadanos harán lo propio.

Detectar que en resumen Santos impidió que se diera un golpe fundamental al tráfico de cocaína es otra forma de ser de extrema derecha, y de amenazar al bienestar de nuestro amado líder, tanto como los asesinatos de las FARC.

La guerra entre la Corte Suprema de Justicia y Uribe se resolvió con la llegada de Santos al poder: victoria de la corte gracias a su nuevo aliado. Se pudo poner una fiscal que persiguiera el uribismo y tapara los hechos relacionados con el asesinato de Álvaro Gómez, con crecientes pruebas en contra de uno de los nuevos aliados de Santos, y dar la imagen de armonía institucional. Otro logro del gran estadista. Lo malo de esa alianza es que las probables presiones de Chávez y la situación inestable de los acusados por la "farc-política" determinaron otra audacia: declarar no válidas las pruebas del computador de alias Raúl Reyes es un gran favor a los terroristas, pero deslegitima ante la opinión tanto a la corte como al gran contemporizador. El paso siguiente fue liberar a Alberto Bernal, alias Jaime Cienfuegos, y de nuevo hacer que la opinión se angustiara ante la clara complicidad de los nuevos aliados del gobierno con los terroristas. La cómica protesta de Santos fue pronto acallada por la sordina de los medios, que encontraron nuevos acontecimientos para ese fin, pero aun con autorizadísimos regaños desde el periódico familiar. Es verdad que el fin de las FARC interesa en serio a muy poca gente, pero la legitimidad institucional queda tocada. La CSJ es abiertamente cómplice de las FARC y Santos no puede ponerse en contra, aunque fuera genuino su rechazo a ese auto, porque necesitaría apoyarse en el uribismo.

La monstruosa manía de criticar a la autoridad y aun tratar de entender sus providencias define también a la extrema derecha. En lugar de obedecer como recomienda el inmenso pensador Ricardo Silva Romero, los fanáticos pensamos que Wilson Borja de todos modos tenía relación con un jefe terrorista al que no ayudaba a capturar, y que en gran medida contribuía gracias a esa complicidad a la ejecución de los asesinatos y secuestros de los terroristas: cosas de la extrema derecha que sólo despiertan una sonrisa entre los buenos ciudadanos centrados y respetuosos de la ley.

Las noticias sobre atropellos judiciales ya son corrientes. El encarcelamiento preventivo de varios ex funcionarios del Ministerio de Agricultura era una obvia persecución política que fue seguida por la petición de la Fiscalía de que se encarcele al ex ministro Andrés Felipe Arias. No hay el menor indicio de delito, pero al final la jerarquía de la rama jurisdiccional impone lo que quiera y de hecho si un juez se negara a firmar los autos de encarcelamiento podría ser él el que fuera a prisión acusado de prevaricato. Esas autoridades judiciales configuran un verdadero régimen de terror, y la solución de Santos de convertirlos en aliados contra la hegemonía social e ideológica del uribismo les da alas. La infame condena a Plazas Vega fue seguida por la que sufrió el general retirado Armando Arias Cabrales, pero como la extrema derecha no puede quedarse quieta, el periodista Ricardo Puentes Melo encontró al falso testigo del proceso contra Plazas Vega, y quedó registro de su declaración en la Procuraduría. La prensa y los demás medios hacen lo que pueden, así como las hordas de activistas juveniles (que pasaron de ostentar su decencia en torno a Mockus a aplaudir el papel de víctima y el liderazgo de Piedad Córdoba y el sorprendente buen gobierno del otrora llamado "Chuky" y "Santos Positivos"), pero a fin de cuentas alguien debería dar una explicación. Bueno, la dio el inefable pensador Ramiro Bejarano, con el silencio aquiescente de todos los demás columnistas, que no van a contrariarlo, so pena de perder el trabajo o aun de buscarse problemas mayores, ¿o cuántos hay que duden que Piedad Córdoba es alguien distinto a Teodora de Bolívar?

De nuevo se puede reconocer a la extrema derecha: eso de buscar a los testigos y poner en duda las providencias judiciales es el típico proceder de esa facción. Lo mismo que lloriquear porque se castigue preventivamente a ex funcionarios contra los que no hay ninguna sindicación de dolo. ¡Qué peligro! La patria tiene que estar advertida.

Para colmo empiezan a aparecer testimonios por los cuales se intensifican los indicios de responsabilidad de Ernesto Samper en el asesinato de Álvaro Gómez. Ante las pruebas de que está siendo espiado y las diversas amenazas, el representante Miguel Gómez Martínez se exilia y el hecho adquiere tremenda notoriedad. Otra contrariedad para el gobierno, para la fiscal que le debe su puesto al ex presidente y para la prensa amiga. La impunidad habitual resultará un poco más difícil, aunque NADIE espera realmente que Samper vaya a prisión, toda vez que el Estado colombiano está sometido al hampa que el ex presidente controla. Es decir, las pruebas de la relación del ex presidente Samper con ese crimen afectan sobre todo a la popularidad de Santos.

Naturalmente nunca se investigará ni judicial ni periodísticamente la interceptación de las comunicaciones de Gómez Martínez, pero en cambio el hecho de que hubiera una explosión al lado del busto de Laureano Gómez sirvió para que el presidente condenara de nuevo a la extrema derecha. ¿Qué significa "extrema derecha"? La suposición de que los crímenes se deben investigar y todos los responsables deben ser juzgados. Qué barbaridad. De nuevo, ¡qué peligro!

La reacción de Santos a los descubrimientos de Puentes Melo fue el discurso en que equiparó la denuncia de la Ley de Víctimas y de la situación de inseguridad con los actos de las FARC. Casi que no hay nada más que decir sobre el personaje y su gobierno: sólo para sus cálculos mezquinos y contrarios al interés común es posible esa equiparación. Sobre todo si se tiene en cuenta que los atentados de las FARC son necesarios para justificar la negociación que podría permitirle mostrar su talla de estadista y cabildear por el Nobel de la Paz. La posterior explosión cerca del busto de Laureano Gómez mostró de forma aún más fehaciente la estatura del estadista: en lugar de concentrarse en averiguar quiénes serían los autores, de nuevo acusa a Puentes Melo, ¿o a Uribe?, porque ¿qué es esa mano negra de extrema derecha que critica a su gobierno y desde cuándo se la relaciona con las bombas? Da la impresión de que los involucrados en el asesinato de Álvaro Gómez pretenden intimidar a los testigos y a la familia Gómez, que cada vez encuentra nuevos testimonios y une las piezas del rompecabezas.

La extrema derecha de por sí pone bombas y es una presencia continua en la vida colombiana durante décadas: todos los atentados terroristas ocurridos en las grandes ciudades en la última década han sido atribuidos por la prensa a la extrema derecha, "eufemismo" con el que se alude al ex presidente Uribe o sus seguidores. NINGUNA ha sido obra de otros que las FARC, pero el mito persiste porque hay una vasta militancia universitaria que vociferará copiosamente en las redes sociales para imponer la versión de la prensa.

Finalmente, la comparecencia del presidente Uribe en el Congreso para rendir versión libre por el caso de las chuzadas puso al régimen en una situación complicada: si lo dejaban hablar su discurso llegaría a todas partes, por lo que nuevamente una leguleyada sirvió para impedirle hablar. La tensión que rodeó el hecho y el paseo del ex presidente por la carrera Séptima fueron un golpe mucho mayor para el gobierno: quedó en evidencia que sus únicos apoyos son las conciencias compradas y los del bando terrorista. De ahí el evidente disgusto de Santos.

La extrema derecha siempre pretende que se escuchen todas las versiones y que quienes están acusados o investigados tengan oportunidad de dar explicaciones a los ciudadanos. El país tiene que protegerse contra semejante pretensión.

Hoy por hoy ningún colombiano informado y honesto cree en este gobierno. Las sospechas de que los computadores de Jojoy contienen muchísima información comprometedora para los aliados de Santos tienen todos los visos de ser ciertas y el gobierno no los publicará sino que tenderá continuamente cortinas de humo. Actos terroristas como el de Popayán sirven para esa función, y es probable que se multipliquen, pues ¿qué va a decir la prensa para seguir engañando a la gente acerca de los motivos por los que el presidente oculta la información de dichos computadores?

Otra característica ominosa de la extrema derecha: querer que todo el mundo lo sepa todo. Pretender que no debe haber nadie por encima de la ley y que el Estado no debe estar dedicado a proteger a personas que han colaborado con secuestros y masacres pero que tienen parentesco o relación con el gobernante o con sus aliados.

En el mismo gobierno se detectan grietas, toda vez que el presidente no puede prescindir de ningún apoyo y así el ministro de Interior discute con el vicepresidente en público, habida cuenta de que una sanción a alguno dejaría aún más débil al presidente.

Nadie debe engañarse: los gobiernos se sostienen porque encarnan una aspiración de la sociedad, porque son legítimos para algún grupo significativo o porque no encuentran resistencias. El de Santos es una lamentable autocracia basada en la propaganda de la prensa y en los atropellos judiciales, y en últimas en la amenaza del armamento venezolano. Como es imposible engañar a todos todo el tiempo y como los jueces no pueden acallar todas las denuncias, el único recurso que queda es el terror directo, el asesinato de los discrepantes, que ya es evidente en la negativa de Santos y su ministro Germán Vargas Lleras a dar protección a Ricardo Puentes Melo: necesitan su asesinato para dar ejemplo. La desfachatez de esa negativa es tal que hace sólo unos meses los mismos intentaron matar a Fernando Vargas. Es una prueba más de que este gobierno sencillamente cogobierna con los terroristas y probablemente les encarga alguna proeza (hay que ver lo que se gasta en pagar protección a líderes civiles del terrorismo a los que nadie amenaza). Cuando maten a Puentes no tendrán ningún problema en acusar a las FARC y en hacer desaparecer la noticia de la prensa semioficial. A fin de cuentas, a pesar de que no merece el respeto de nadie, el gobierno cuenta con la indolencia de los demás colombianos: Samper acabó su gobierno y fue exonerado de culpa por los mismos que ahora pretenden juzgar a Uribe. ¿Cuántos relacionaban el asesinato de Álvaro Gómez con sus apoyos extralegales? Muchísimos, pero al final llegó el Caguán y a nadie le importó lo anterior.

Otra manía de la extrema derecha es exigir que se eviten asesinatos anunciados. Las personas razonables saben que algunos son necesarios, sobre todo los de miembros de la extrema derecha, y por eso no hay que dejarse engañar.

En definitiva, ¿qué harán ahora que la actitud dócil del ex presidente Uribe se ha cambiado por una más bien desafiante y de oposición? No tienen ninguna esperanza de competir con él en reconocimiento y si lo condenaran y encarcelaran por espiar a socios del terrorismo se produciría tal escándalo internacional y tanto descontento en el país que resultaría en últimas contraproducente.

Harán lo que siempre han hecho con los líderes incómodos: Gaitán, Galán, Álvaro Gómez... Si no lo matan tienen todas las de perder, porque antes de cumplir un año el gobierno ha perdido toda credibilidad, porque en cualquier momento podrá denunciar ante el resto del mundo los montajes judiciales y las alianzas de Santos con los terroristas y porque desde hace una década cuenta con el respaldo de la mayoría de los colombianos. Además, no es difícil atribuir el atentado a las FARC y comprar a muchos de sus actuales partidarios, como hicieron con los congresistas y senadores de los partidos "uribistas" y con los funcionarios nombrados por este gobierno y que se creían leales al expresidente. A los demás también los matarán, o les inventarán procesos judiciales o los harán desaparecer de la prensa.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 20 de junio de 2011.)

domingo, septiembre 25, 2011

La izquierda colombiana es un grupo étnico


1. El país de las mentiras
Lo que más impresiona a quien lee la prensa colombiana y ha tenido ocasión de vivir en otros sitios es la mentira. Ante la desfachatez de quienes publican, inmediatamente resultan explicables los registros del país en materia de criminalidad. El pobre desesperado o el iluso que quiere volverse rico con alguna pilatuna sólo aprenden la mala fe que les enseñan los poderosos y prestigiosos. Es prácticamente imposible leer en un mismo día tres columnas de opinión que no contengan mentiras desvergonzadas o añagazas retóricas que en un ambiente menos envilecido despertarían automáticamente asco en el lector (las perlas de los sicarios morales que persiguen al ex presidente Uribe son características, y describen de por sí el antiuribismo).

Pero no ha de creer el lector que las mentiras son sólo producto de exaltados o manipuladores sin mérito o prestigio. Casi que cuanto mayor es el rango de quien escribe, más brutales y desvergonzadas son sus mentiras. El caso de Salomón Kalmanovitz, que estimaba en varios billones lo que se dejaba de cobrar por las exenciones a la inversión y al tiempo denunciaba que tal inversión no existía, es paradigmático. En el fondo, el lector desconoce por completo la noción de verdad y sólo busca términos en los que la condena de quienes percibe como diferentes le proporcione buena conciencia. Por eso los mentirosos no se esfuerzan mucho en sus maquinaciones.

Hace poco leí una perla sobre la historia de la izquierda colombiana escrita por Jorge Orlando Melo que me reveló hasta qué punto esas mentiras burdas encuentran un público en el que la ideología sirve de pretexto al delito. Si tan importante personaje dice tantas mentiras ridículas, ¿qué se puede esperar de quienes lo leen? ¿Qué puede pasar en un país donde se desconoce por completo el principio de realidad? Voy a comentar dicho escrito.
Izquierda y derecha son términos convencionales, sin sentido muy preciso. Una misma idea- la democracia, o el respeto de las libertades- ha sido reclamada por unos y otros: la derecha las defendió contra las dictaduras comunistas; la izquierda contra los regímenes militares o fascistas. A pesar de todo, derecha e izquierda aluden a diferencias reales de opinión o talante y no desaparecerán fácilmente del idioma.
Después de la vaguedad viene la falacia. Como no se puede complacer a un público "izquierdista" con la previsible asociación bueno-malo se desfigura la historia. ¿Es el socialismo de izquierda o de derecha? Ahí no se entra porque resultaría molesto que el socialismo de Mussolini o Hitler resultara tan parecido al del jemer rojo o la dictadura coreana. ¿Era Hitler de derecha? ¿Cómo es que lo combatió el tory Churchill? ¿Era éste el Hitler británico? El público colombiano siempre acomoda las cosas para que resulten fáciles. Por eso es raro que haya alguien que no asocie el liberalismo con el fascismo: ambos son de derecha y capitalistas.

Sobre la izquierda y la derecha decía Ortega que ser de una o de otra implicaban hemiplejía moral. Tratándose del contexto colombiano, sobre todo son un barniz de otra cosa. Para empezar, ¿quién es de derecha? ¿Era Andrés Pastrana de derecha? ¿Dónde lo dice? ¿Y Uribe? Bah, para el joven adoctrinado en alguna de las "universidades" todos los que no reciten la propaganda fariana son de extrema derecha y no hace falta que lo proclamen. Mientras que casi todos los lectores de prensa son de izquierda, casi nadie es de derecha.

Sigue Melo:
Simplificando, la derecha ha defendido una sociedad jerárquica, cuyas desigualdades se consideran razonables, mientras que a la izquierda se ha solidarizado con los pobres y los débiles. La búsqueda de oportunidades iguales para todos motivó su acción y le dio su fuerza.
La simplificación es genial. ¡Quién hallara algo tan claro! Fuera de Colombia sólo un criminal muy malintencionado suscribiría eso, refiriéndose a la izquierda colombiana. Mucha gente cree eso de la izquierda de otros países, pero respecto de la izquierda colombiana es la mentira más grotesca que uno puede leer. Más adelante lo explicaré
En Colombia, la izquierda puede identificarse, a partir de 1960, con la simpatía por la revolución cubana, el rechazo a los partidos tradicionales, la crítica a la desigualdad social y a las limitaciones de la democracia y el apoyo a grandes reformas sociales.
Es apenas el párrafo siguiente. ¿Cómo puede alguien oponerse a una sociedad jerárquica y tener simpatía por la Revolución cubana? ¿Puede haber una definición más precisa de sociedad jerárquica que la implantada por una turba de matones que disponen de la vida y los bienes de quien quieren? La crítica a la desigualdad social es obvia en todos los partidos que no gobiernan, y respecto a las limitaciones de la democracia, siguiendo la vieja simpatía por la Revolución cubana, de lo que se trataba era de suprimirla. Las grandes reformas sociales son elementos de propaganda toda vez que el paraíso soviético o chino no convenció nunca a las mayorías.
Si uno admite que Colombia es muy desigual, y que los viejos partidos defendieron sobre todo a grupos minoritarios, lo sorprendente es que tan pocos hayan apoyado los grupos de izquierda y tantos sigan votando por los partidos tradicionales. El escaso apoyo que ha recibido la izquierda se ha explicado por los males que debía combatir: por la falta de democracia, por las restricciones electorales, por la violencia de que ha sido víctima.
Colombia es muy desigual porque todo se lo roban los de izquierda, o los padres y abuelos de los de izquierda. ¿De dónde saca este mentiroso que los viejos partidos defendieron sobre todo a grupos minoritarios? Ahí la falacia es el sobreentendido: las mayorías son de izquierda porque como siempre hay más pobres que ricos y los viejos partidos no se dedicaron a expropiar a los ricos, luego son los partidos de los ricos a los que por falta de educación votaban los pobres, en lugar de votar a sus representantes naturales, los de izquierda (la ideología es el único supuesto que hace posible compartir semejante perla). Que alguien con esa "carreta" sea profesor en una universidad ya muestra la cultura del país. Las causas del fracaso que atribuye Melo a la izquierda son geniales: no hay democracia para imponer el sistema soviético, chino o cubano (que es lo que pretendía la izquierda), hay restricciones electorales (ahora mismo se ve, aunque no sale en la prensa: asesinatos de candidatos que no convienen a la izquierda) y la izquierda ha sido víctima de una ínfima parte de la violencia que ha practicado.
Aunque esto es cierto, son excusas débiles: donde hay menos democracia más puede la izquierda convertirse en su portavoz; frente a la violencia podía haberse convertirse, sin ambigüedad alguna, en la defensora de la paz. Mi opinión es que la izquierda falló porque buscó a veces el poder sin el apoyo de la opinión o porque buscó este apoyo mediante estrategias de corto plazo, sin un proyecto atractivo para los colombianos.
Melo no niega las explicaciones anteriores, sino que tiene unas mejores, hasta con reproches. ¡No tuvo un proyecto atractivo para que los colombianos quisieran vivir en un país como Rumania o Cuba y en cambio se ilusionaran con Estados Unidos? ¿O cómo es que NINGÚN país en el que hayan gobernado por largo plazo los comunistas es próspero y equilibrado? ¿O es que la izquierda colombiana no era comunista? Las mentiras son de una tosquedad que escandalizaría en una prisión juvenil, pero en Colombia son ideas de grandes académicos.
Muchas de sus propuestas han resultado, paradojalmente, contrarias a los intereses de los grupos populares y a los propios objetivos de la izquierda. Daré cuatro ejemplos que explican por qué solo ahora, cuando ha corregido algunos, el 20 o 30% de la población esté lista a respaldarla.
Aquí viene una perla interesantísima: la izquierda es una concepción ontológica cuyos objetivos difieren de sus propuestas.
1. En la década de 1960 los grupos de izquierda rechazaron el control de natalidad, promovido por el gobierno de Alberto Lleras, como una política imperialista. Se pusieron así contra las mujeres y al lado de la Iglesia.
Tremenda explicación de que la gente no quisiera el comunismo.
2. La izquierda defendió la violencia como medio de justicia social. Algunos apoyaron las guerrillas o las justificaron a nombre de la “violencia institucional” o de las fallas de la democracia. Otros le tenían simpatía: era un error estratégico, pero se trataba de héroes perseguidos por el sistema. Así desvalorizó la democracia y las libertades que reclamaba para sus amigos armados; e hizo más fácil que la extrema derecha creara organismos de retaliación, más fuertes y despiadados que la guerrilla; identificó a la izquierda con la violencia y la inseguridad y logró que el anhelo de ciudades y campos seguros, sin violencia, se identificara con la derecha. Y la existencia de la guerrilla impidió la formación de un partido fuerte que representara los sectores populares.
Qué curioso. La idea de un partido de izquierda que jugara a provocar la insurrección, en oposición al foco guerrillero o a la guerra popular prolongada, ya se discutía en los setenta, pero los que tuvieron éxito e impusieron una constitución fueron los que secuestraron y asesinaron a Mercado y se tomaron la embajada de la República Dominicana, antes del Palacio de Justicia y la fiesta de Tacueyó. La mentira más repugnante de ese párrafo es la supuesta relación de los comunistas con las bandas de asesinos como un fenómeno del pasado. ¿Habrán pedido en algún momento la desmovilización de los terroristas de las FARC y el ELN?
3. También desde entonces se rechazó la democracia. Algunos aceptaban participar en sus rituales electorales, pero advirtiendo que no creían en ellos: se trataba de mostrar las deficiencias de la democracia burguesa. Otros promovieron la abstención, con éxito duradero. Así, la izquierda alejó del voto a los ciudadanos a los que hoy pide apoyo, y desvalorizó la democracia que defiende.
¿Qué es "democracia"? La izquierda es hostil a la democracia porque es marxista y quiere un sistema de partido único. ¿O no simpatiza con la Revolución cubana? Ya es una tradición de los paniaguados como Melo, cuya carrera se basa en la lealtad a los propósitos de los empresarios del terror, dueños de las universidades públicas, que se considere "democracia" a esa tiranía. ¿O alguien recuerda remotamente a alguna persona del PDA o aun del Partido Verde que proponga que haya elecciones en Cuba?
4. También es equivocado el apoyo a algunos intereses gremiales. En el siglo XIX Marx atacó a los terratenientes que querían ser protegidos, a nombre de los empleos campesinos. Hoy, la mayoría de los izquierdistas rechazan el libre cambio y defienden un sistema en el que los ciudadanos pagan, incluidos en los precios de los productos, impuestos para subsidiar a los empresarios rurales. El rechazo al libre comercio (y al TLC) es un nuevo error. Los otros tres ya se abandonaron, pero el apoyo a los terratenientes, a costa del salario de los trabajadores, va a salirle caro, pues va contra la igualdad y el bienestar de las mayorías.
La asociación con los terratenientes y el rechazo al libre comercio están en la identidad más profunda de la izquierda colombiana, pero ¿de qué modo espera Melo que unos marxistas sean defensores del libre comercio? De repente con cuatro frasecitas el sentido de la política "izquierdista" (un régimen como el cubano) resulta olvidado: ¡Melo les encontró nuevos objetivos!, incluso MIENTE diciendo que ya dejaron de cobrar las masacres y defienden el sistema democrático. ¿Buscan la caída de Chávez? Los terroristas no son tan descarados.
La creencia –derechista- en que el puro desarrollo económico crea igualdad no tiene muchas bases. Sin políticas de igualdad los beneficios del desarrollo se seguirán repartiendo mal. A Colombia le han hecho mucha falta, y hoy más que nunca, partidos de izquierda, que ayuden a formar una sociedad más democrática, equitativa e igualitaria. Pero para que la izquierda logre un respaldo mayor de los ciudadanos tiene que ser más coherente, borrar los restos de tolerancia a la violencia y asumir la democracia como su único horizonte.
La primera frase no sólo es una mentira, sino que carece de sentido. ¿Desde cuándo a la derecha le interesa la igualdad? ¿No defendía una sociedad jerárquica? La igualdad que provee el desarrollo económico no lo es respecto al valor del patrimonio de cada persona (el amado líder norcoreano podría, no importa, poseer tan poco dinero como el último de sus esclavos), pero sí respecto a la esperanza de vida, a las calorías y proteínas que se ingieren, al acceso al conocimiento, a la seguridad y al acceso a servicios de justicia eficientes, etc. El desarrollo económico (dependiente de una racionalidad opuesta al estatismo de los castristas), junto con la libertad individual (que combaten los castristas), la democracia (que siempre han querido abolir en aras de un sistema de partido único, como ocurre en Venezuela y poco a poco también en Brasil y Argentina) y el imperio de la ley (que en Colombia han reemplazado con la arbitrariedad más atroz), generan mundos en los que los castristas son modas folclóricas. Si algo hace daño a Colombia son esas sectas criminales.

2. Teoría del Estado
Cierto anticomunismo pueril parte de la experiencia soviética y de los demás países comunistas para suponer que el comunismo es un proyecto en el que todo está sometido al Estado. Ése sería en rigor el proyecto fascista, y sobre todo el nazi. Antes de 1917 un marxista era alguien que pretendía la abolición del Estado, y su única diferencia importante con un anarquista correspondía al sentido práctico que le aconsejaba un periodo de "dictadura del proletariado", que regiría mientras desaparecían las clases sociales. He escrito "pueril" porque supone que los comunistas antes de tener el poder eran perversos estafadores con un plan opresor. No hay ninguna razón para suponer tal cosa: el sueño de la sociedad sin clases correspondía al anhelo de eliminar las diferencias de clase, de redimir a los hombres y de proveer (no por parte del Estado sino de la sociedad), "a cada cual según su necesidad" y demandar "de cada cual según su capacidad", según la frase de Lenin que hace unas décadas todos conocían.

Es decir, la aplicación de la utopía y las fisuras del ensueño produjeron el infierno, pero de por sí los soñadores no eran criminales: fue la máquina a la que rindieron culto y la clase que encarnó su dictadura la que lo produjo. Los horrores del comunismo soviético o chino habrían sido inconcebibles en países acostumbrados a la libertad y en los que no hubiera tradiciones totalitarias y de ingeniería social. Rusia apenas llevaba medio siglo sin servidumbre, y el régimen zarista contaba con una burocracia omnipotente que hizo de precursora de los comunistas.

En 1917 Lenin publicó un libro, El Estado y la revolución, en el que explica el ideal comunista y la necesidad de la "dictadura del proletariado". Cuando se enfrenta a la cuestión de definir el Estado responde que es el aparato de dominación de una clase por otra. Por eso le parecía deseable su extinción. El Estado burgués que imperaba en la Europa de la época era para él la máquina de dominación al servicio de la clase burguesa. Claro que si hubiera que ir a estudiar la historia, las teorías del Manifiesto comunista vendrían a ser insuficientes: se explica el origen de la burguesía, pero eso en sociedades arraigadas como las de los grandes países de Europa occidental. ¿De dónde vienen las clases que dominan el Estado en las demás sociedades?

Haciendo a un lado a Lenin podremos preguntarnos nosotros cuál es el origen del Estado. Sin ninguna vacilación podemos afirmar que se trata de una estructura de mando que obedece a una autoridad y a una ley, pero el origen de éstas siempre es la dominación de un grupo humano por otro. Uno de los textos legales más antiguos que se conocen, el Código de Manu, base de la sociedad india, se propone crear cuatro razas con funciones claramente delimitadas. Los que no sirven a ese fin deben ser excluidos y a la larga exterminados.

Friedrich Nietzsche cita un fragmento de dicho código:
El tercer edicto, por ejemplo (Avadana‐Sastra I), el de «las legumbres impuras», prescribe que el único alimento permitido a los chandalas serán los ajos y las cebollas, en atención a que la Escritura sagrada prohíbe darles grano o frutos que tengan granos, darles agua o fuego. Ese mismo edicto establece que el agua que necesiten no la tomarán ni de los ríos ni de las fuentes ni de los estanques, sino únicamente de los accesos a los charcos y de los agujeros hechos por las pisadas de los animales. Asimismo se les prohíbe lavar sus ropas y lavarse a sí mismos, puesto que el agua que graciosamente se les concede sólo es lícito utilizarla para aplacar la sed. Finalmente, se prohíbe a las mujeres sudras asistir en el parto a las mujeres chandalas, y asimismo se prohíbe a estas últimas asistirse entre si en ese caso...
Todo esto interesa sobremanera respecto al sentido de la izquierda colombiana porque las clases dominantes de un Estado en la mayoría de los casos tienen un origen étnico preciso. Las cuatro razas del Código de Manu corresponden, sobre todo las dos superiores, a los descendientes de los conquistadores indoeuropeos. La palabra "ario" se usaba para designar a las clases superiores de las sociedades india y persa. De hecho, "Irán" significa "país de los arios". Así: también palabras de uso común como "franco" (en "paso franco", por ejemplo) aluden a privilegios que tenían los francos en la Edad Media.

En otra parte expliqué la relación que en mi opinión existe entre la universidad y la guerrilla. Esta vez quiero insistir acerca de la historia del Estado colombiano, porque ese grupo étnico fundador del país y heredero del Estado, sobre todo en lo que concierne al intento de mantener su cohesión, es lo que hemos dado en llamar en Colombia "izquierda".

3. La clase estatal y su generosa constitución
Se mire por donde se mire, todas las pretensiones de la llamada izquierda corresponden al afán de salvaguardar los privilegios y aun las tradiciones de ese grupo dominador. Para hacer más cómoda la lectura pondré párrafos separados y aun letras:

a) El origen de los militantes de primera hora, y de los que ocupan posiciones jerárquicas, es siempre de personas familiarizadas con privilegios estatales. También su condición: muchos tenían puestos estatales asegurados en cuanto terminaran la carrera. Eso es poco conocido, pero cualquiera que esté familiarizado con esos grupos lo sabe.

b) El medio en el que predomina esa ideología es el de las clases acomodadas y arraigadas de Bogotá, sobre todo. Baste leer la revista Semana, a un tiempo órgano del antiuribismo más rabioso y del consumismo de lujo.

c) Las pretensiones fundamentales del proyecto "izquierdista" van encaminadas a asegurar rentas para los que pueden disponer de empleos estatales, sobre todo de cierta consideración. El odio a los capitalistas se encauza de muchas maneras: los extranjeros, los judíos, los advenedizos. Los privilegios atroces de esos funcionarios izquierdistas no se compadecen en absoluto con la retórica justiciera e igualitaria, pero a nadie le molesta, dada la predisposición del colombiano (y en general de la gente que termina viviendo en sociedades comunistas) a la sumisión ante la jerarquía y al servilismo. Algo de esa ideología recuerda las pretensiones de los castellanos viejos de los tiempos de Francisco de Quevedo.

d) Las castas guerreras se vuelven castas sacerdotales cuando su dominación adquiere arraigo. En ese sentido, el medio en el que la ideología marxista trasplantada al medio tropical encontró público fue la universidad, más cuanto menos productiva y competitiva fuera la carrera que se estudiaba o se enseñaba.

e) En ningún ámbito es más hegemónica la ideología "izquierdista" que en el del Derecho: las pretensiones de mando absoluto, arbitrario y sin someterse a la ley y menos a cualquier noción de democracia de las cortes colombianas es sólo continuación del papel que dichas instituciones tenían en la época colonial, aunque siempre obedientes a una autoridad superior, entonces la Corona, ahora las grandes familias (que se permiten hasta magnicidios descarados y cuentan con la protección de los jueces).

f) Aludiendo a la Revolución cubana, Guillermo Cabrera Infante señalaba que la relativa minoría de blancos poco productivos eran los grandes beneficiarios de la Revolución, que les permitió acceder a empleos sin excesiva evaluación y a grandes beneficios gracias a la expropiación de los empresarios y extranjeros. Del mismo modo, aludiendo a la izquierda mexicana de su época, a su autoritarismo, Octavio Paz aludió a "una modernidad inauténtica". Se trata de la última sociedad hispánica que abolió la esclavitud, y de la que más resueltamente clasificó a la población en castas.

g) Los poderes fijos que hay en el interior del Estado, la burocracia tradicional, abrazaron con fervor el comunismo como bandera legitimadora de su jerarquía y de sus privilegios. No es nada raro que Wilson Borja fuera el presidente de la Federación Nacional de Trabajadores al Servicio del Estado. Lo mismo se puede decir del gremio de maestros: a medida que el gasto público crece y la burocracia crece con él, se integran en los niveles bajos personas mestizas o ajenas a la etnia dominante. Son tropa interesada, que prospera a costa de la miseria del resto.

Ese proyecto reaccionario, que pretende (y consigue) devolver el poder a sus dueños tradicionales a costa de la clase burguesa o empresarial que se formó durante las décadas de relativa paz del Frente Nacional, encontró el momento propicio durante el gobierno de Virgilio Barco: la insurrección del M-19 no estaba en condiciones de vencer al ejército, pero los políticos del gobernante Partido Liberal encontraron un aliado que podría asegurarles conservar el poder. De ahí surge la negociación, que por otra parte contó con la debilidad de la clase empresarial, insignificante en comparación con el poder de los traficantes de cocaína, aliados del M-19, y por otra parte debilitada en cualquier aspiración de poder frente a la organización estatal por el entonces reciente descubrimiento de Caño Limón y la promesa de una dilatada bonanza petrolera.

Los rasgos que definen dicha constitución corresponden de forma sistemática al interés de ese viejo orden. La acción de tutela es la supresión del derecho en defensa del capricho de la autoridad, cuyas lealtades familiares y sociales corresponden a esas características étnicas. Los derechos fundamentales no son objetivos deseables que la sociedad podría alcanzar, sino bienes efectivos que las clientelas de los jueces pueden reclamar. La expansión decretada del Estado supone de nuevo un despojo sistemático de los demás ciudadanos, siempre en favor de los sueldos elevados y las labores cómodas e inevaluables de los funcionarios. No es ninguna sorpresa que sus resultados sean espantosos en términos de desarrollo social, lo inverosímil es que a todas horas se pretenda legitimar su bondad gracias a las intenciones que se atribuyen a sus redactores. Eso sólo es MALA FE. Como tomarse en serio las promesas de los políticos ladrones y después inventarse justificaciones para sus desmanes.

A quienes hayan llegado hasta aquí les pido perdón por este texto tan largo. Mientras no se entienda la necesidad de combatir la mentira, poco se hará para vencer el látigo de los opresores.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 13 de junio de 2011.)

lunes, septiembre 19, 2011

Meandros del pantano


Desasosiego
Lo que ha estado ocurriendo desde que Juan Manuel Santos se posesionó tiene felices a todos los propagandistas del chavismo. No hay uno solo que no se haya entusiasmado con las políticas del "mandatario" (pongo el término entre comillas, porque él no cumple ningún mandato sino que manda): no podían imaginarse que ganarían las elecciones de forma tan alegre. Entre la mayoría de la sociedad, la que desea un rumbo distinto a la de la mayoría de los países de la región, esas políticas generan una creciente desesperación, a medida que se entiende su sentido.

Nostalgia
La gente votó por el continuador de Uribe porque mayoritariamente veía con esperanza la situación del país. Realmente el salto dado durante los dos gobiernos de Uribe fue impresionante, dada la catástrofe en que habían hundido al país varias décadas de predominio de las organizaciones de traficantes de drogas, de las bandas terroristas y de los clanes políticos que se aliaban con ellas. La inclinación del nuevo presidente a disponer del país como de su dinero de póquer ha generado en muchos ese lamento persistente: "Extraño a Uribe". Desgraciadamente, es bien difícil delimitar la verdadera ideología de los nostálgicos. Muchos son la clase de gente que se entusiasmaba con Franco, Pinochet o Fujimori, otros simplemente están indignados con los desmanes del poder de hecho que reina en el país y ansiosos de una democracia como la de los países civilizados.

Confusión
Lo que se detecta detrás de esas emociones es una profunda inmadurez política: parece que todos los problemas de un país requirieran exclusivamente un buen padre que mandara y pusiera las cosas en su sitio. La inmensa mayoría de los uribistas apoyaron la propuesta de segunda reelección y sin la menor duda habrían querido envejecer con su caudillo perpetuamente en la presidencia. Casi a ninguno de ellos se le ocurrió que debería haber un partido con un ideario y un programa claros, ni menos una Constitución que no autorizara a negociar las leyes por motivos de orden público (perla sólo concebible en un país cuyo antiguo Código Penal permitía sobreseer el delito de "corrupción de menores" si se llegaba a un acuerdo matrimonial). Bah, ¡son tantas las monstruosidades del engendro de Pablo!

Circunspección
Cuando Uribe era candidato en 2002 prometió cerrar el Congreso y crear un parlamento unicameral. Afortunadamente no cumplió esa promesa, porque de otro modo habría puesto en cuestión su gobierno y favorecido a los socios del terrorismo: ese sentido práctico condujo a que en lugar de limpiar el legislativo de la clase de personajes que absolvieron a Samper y sostuvieron a los otros dos gobiernos funestos de los noventa, se aliara con ellos y favoreciera su elección tanto en 2006 como en 2010. Cuando la gente lamenta la traición de Santos suele olvidar que la secundan casi todos los congresistas y senadores que hace apenas un año fueron elegidos como "uribistas". Incluidos personajes como Bocanegra o Benedetti.

Concreción
La principal razón por la que Uribe no tuvo interés en cambiar la Constitución fue el afán de mostrar logros claros, visibles: su rechazo a la charlatanería de los académicos y leguleyos que creen que decretando nuevas cosas mejoran algo. De nuevo, este sentido es comprensible y está en la base de los admirables logros de su primer gobierno. Pero siempre hay un límite, y la facilidad con que todo lo que consiguió se ha echado atrás en poco tiempo tiene que ver con el dominio del poder judicial por los grupos de poder aliados de los terroristas, y con las definiciones de la Constitución de Pablo Escobar.

Labilidad
La cadena de éxitos del periodo 2002-2006 y la popularidad consiguiente condujeron al gobierno de Uribe a buscar la reelección para el siguiente periodo. Muchos lo apoyamos, sobre todo porque no había alternativa. Pero ahí ya empezó a gestarse el vicio que terminaría por llevar al país a una situación peor que la que encontró Uribe en 2002 (cosa que se admitirá en cuestión de seis meses, a lo sumo). Para no perder apoyos, siempre convencidos de que los estadounidenses buscaban desesperadamente la adhesión de su aliado, se obstruyó la negociación del TLC (que contrariaba a muchos gremios locales). Ya han pasado cinco años y ese fracaso sigue, más cuando el actual gobierno no tiene el menor interés en dicho tratado. Fue sólo un ejemplo: la primera reelección también significó el refuerzo de la alianza entre el presidente y los grupos políticos de los noventa. El propio Partido Social de Unidad Nacional fue fruto de esos acuerdos.

Distracción
Ahora resulta evidente lo que se gestaba entonces, pero en el fragor del combate contra el terrorismo y de las campañas de los medios terroristas, la adhesión completa a Uribe era inevitable. ¿Por qué durante esos años no tuvo interés Uribe en crear un partido doctrinario que generara una hegemonía duradera en la política nacional y arrinconara a los viejos entes clientelistas y a las sectas totalitarias? Porque ni siquiera esperaba tener tanto éxito y porque sus concepciones políticas están ligadas a la vieja guardia. En una ocasión contestó que él no pensaría en crear un partido diferente porque no pensaba hacerle eso al liberalismo. El liderazgo que alcanzó sirvió para impedir un triunfo de los chavistas en 2006, pero también para que la gente consciente renunciara a esas obviedades de las sociedades democráticas: la única solución que se podía concebir en 2006 era reelegir a Uribe. Ni siquiera había ningún freno formal, ya que las principales repúblicas presidencialistas admiten el refrendo de las políticas de un mandatario al cabo de cuatro años.

Complacencia
Alrededor del gobierno y de sus nuevos aliados, pues esos apoyos que aseguraban la reelección también aseguraban la renuncia a cualquier impulso reformista, se fue formando una especie de costra de los mismos lagartos de siempre, que en lugar de proyectos o ideas tenían "palancas" y que suplían todas sus insuficiencias con el fervor por el caudillo. La desesperada campaña de los chavistas y los socios del terror desde la prensa desactivó cualquier discusión: o se estaba con los calumniadores o se consideraba casi perfecto al gobernante suprapartidista y supraideológico, sumándose a la multitud que lo seguía y que no veía problemas ni en la Constitución ni en los legisladores que aprobaban las leyes, controlados por el mismo señor que firmó un proyecto de Constitución con las FARC. Ni siquiera se veían problemas en el poder judicial, hasta que empezó a enfrentarse con el líder.

Euforia
Ése fue el espíritu con que se llegó a las elecciones de 2010: a pesar de la contrariedad de no poder implantar un porfiriato que congelara para siempre al país de siempre, con nuevos ingresos de rentas mineras y sensación de bienestar por el retroceso de los terroristas, había una mayoría convencida de sí misma y capaz de imponer en las urnas su opción. Lástima que el único referente fuera el líder equívoco y sus tres huevitos. Tanta simplicidad tendría por fuerza que conducir a la situación actual: ¿cómo es que en las democracias de los países desarrollados siempre hay partidos con idearios y programas y las constituciones no permiten que el derecho se anule ante el capricho de cualquier autoridad? Eso está demasiado lejos del alcance de las multitudes convencidas de que su líder tiene poderes sobrehumanos, o de que eso es demasiado pedir para los pobres colombianos.

Tristeza
La situación actual es tan terrible que mientras Santos preparar una negociación con las FARC respaldada por las armas de Unasur y los jueces encarcelan a cuanto militar muestra alguna eficiencia o alguna visión clara de las cosas o a cualquiera por haber formado parte del anterior gobierno, el ex presidente sólo anda pendiente de no perder los buenos términos con los políticos que aprueban las lindezas de Santos. El penoso espectáculo de las protestas por la inclusión de "conflicto armado" en la Ley de Víctimas pasa por alto que esos políticos aprobaron esa ley y aprobarán la negociación que prepara el presidente. La única solución que se les ocurre, ya no frente al problema terrorista sino como acceso de nuevo a los cargos públicos, es preparar las condiciones para otra reelección. El que lo dude puede ver esta entrevista al senador Juan Carlos Vélez, presentado por El Espectador casi como el vocero de Uribe y que no vacila en declarar que:
No creo que lo haya traicionado [Santos a Uribe] y lo que veo es que en muchas cosas siguen identificados, como en la continuidad de la seguridad democrática y en muchas de las políticas económicas.
Cuando le preguntan por el uribismo responde hablando de la U, cosa que Uribe no rechaza, y finalmente admite que piensan en una Constituyente para hacer posible la reelección, así como en la genial idea de reformar la justicia por vía legislativa. Como si fuera posible realmente enjuiciar a la CSJ por prevaricato, o como si no lo hubiera, o como si no hubiera que preocuparse en exceso.

Desasimiento
En definitiva, un equipo de fútbol no puede lamentar que sus oponentes jueguen bien. Puede discutir sobre lo que podrían hacer sus miembros. La impotencia de la parte de la sociedad que eligió a Uribe y lo sigue es el fruto de su falta de decisión, de imaginación y de madurez política. Las infamias judiciales seguirán porque el único camino razonable para impedirlas, una Constituyente impuesta al legislativo (el único que puede aprobarla) por un referéndum, por una movilización popular o por una huelga general, estorba a los cálculos de su jefe. La negociación con las FARC es hoy tarea del "uribista" Roy Barreras, al que el ex presidente tampoco desaprueba. Cada día que pasa uno se convence más de que con los uribistas no se puede contar. No saben si son demócratas (una vez una señora me dijo que a ella no le importaba la democracia sino el retorno de Uribe), no quieren darse cuenta de que los partidos "uribistas" apoyan a Santos y su acuerdo con Chávez y sólo tienen una respuesta para todo: el lloriqueo. Es imposible que el ex presidente o alguno de los que promovieron la segunda reelección y favorecieron el ascenso de Santos con eso admitan que hicieron algo mal.

Impotencia
Es decir, los problemas colombianos no son las desgracias que encuentra el país, la pelota no está en el campo del otro jugador, sino la inconsciencia de quienes desearían que no fuera ése el rumbo. Los diez años en que pareció que había una cohesión nacional en defensa de la democracia ya pasaron y ahora viene un reacomodo en el que todo volverá a su cauce y puede que tras una orgía de crímenes peor que la que se ha visto terminen imponiéndose los comunistas. ¿Qué hará Santos cuando la evidente desmoralización militar y el evidente avance de las FARC le planteen una respuesta? Impondrá la "reconciliación" dando buena parte del poder a los terroristas. Para eso ya llegó a un importante acuerdo con Fecode, para eso destituye a cuanto militar muestra alguna determinación, para eso se entiende con la Corte Suprema de Justicia, para eso se dedican los uribistas de la Comisión de Acusación a perseguir al propio ex presidente... Al final cambiarán la absolución por una embajada y los adoradores de Uribe estarán felices de que se haya hecho justicia y no hayan encarcelado a su líder. Al final, no querían cambiar el país sino que siguiera siendo el de antes de los ochenta.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 8 de junio de 2011)

jueves, septiembre 08, 2011

En defensa de Mockus


Moral colombiana
Cuando se piensa en los innumerables atropellos de los jueces contra cualquiera al que puedan asociar con la resistencia a las bandas terroristas o con el gobierno que encarnó esa resistencia, siempre hay algo incomprensible para quien no está impregnado de la vida colombiana. Una vez lo intenté explicar comparando esa conducta con las máscaras rituales africanas, que, por contraste, pretenden ser una legitimación de cualquier castigo más allá del interés de un particular. En Colombia es descarado el atropello, los "jueces" colombianos saben que ninguna infamia despertará rechazo entre los "periodistas", todo lo contrario, y obviamente tampoco entre el público de éstos. La tarea del "juez" es la iniquidad porque los grupos poderosos en la sociedad lo aplauden. No hay peor signo de barbarie que esa disposición, y eso se detecta en muchos niveles. Por eso sería muy grave que quienes desaprobamos a esos malhechores togados incurramos en una conducta parecida al exigirle al ex alcalde Antanas Mockus que obre como a nosotros nos gustaría so pena de llenarlo de improperios. Yo quiero reivindicar su derecho a obrar según su conveniencia, y lo seguiría aborreciendo y despreciando si apoyara a Peñalosa.

¿Qué le pasa a Mockus?
Verdaderamente es absurdo esperar que Mockus se resigne a apoyar a Peñalosa si éste se alía con Uribe y termina dependiendo de un Concejo uribista y de una legitimidad basada en ese apoyo. No porque el recitador de mantras sea un cruzado que se obstina en sus principios, como con indecencia estremecedora proclama Alejandro Gaviria, sino porque obrando así no tiene nada que ganar y sí perdería la adhesión de su público. Durante la campaña electoral de 2010 mostramos en numerosos artículos de este blog la condición moral del personaje, su capacidad de mentir acerca de su falsa renuncia al dinero de reposición de las campañas, la repugnante calumnia de atribuir al gobierno de Uribe voluntad en los asesinatos de inocentes o a quienes apoyaban al candidato Santos el obrar por incentivos monetarios, y la mucho más repugnante incongruencia entre la babosa proclamación de la sacralidad de la vida humana y la disposición a aceptar el apoyo de asesinos "lavados" como León Valencia o promotores del asesinato como Sergio Otálora Montenegro o William Ospina. De hecho, su campaña se fortaleció después de que Héctor Abad Faciolince, el antiguo promotor de Carlos Gaviria (que justificaba matar para que la gente viva mejor), lo invitara a unirse con Sergio Fajardo (fracasado en su proyecto de acaudillar una opción novedosa y misteriosa en compañía del propagandista de las FARC Luis Eladio Pérez y del ex embajador en Cuba Londoño Paredes, para el que la infame satrapía de los Castro es una "democracia de bienestar"). Después se evidenció su papel en la carrera de los Nule y su curiosa disposición a ser conveniente a los intereses de quien lo promovió: César Gaviria. El Quijote inspirado y rebosante de honradez es un pícaro bien disfrazado, a la altura de los rateros y asesinos que lo promueven.

Mockus contra Peñalosa
Lo anómalo, lo que carece de sentido, no es que Mockus no secunde la aspiración de Peñalosa a la Alcaldía, sino que ambos estén en el mismo partido. En rigor representan principios opuestos, y de no ser por su relativa distancia respecto de los otros polos (el comunismo y el uribismo), todo el mundo habría tomado partido por uno contra el otro. Mockus representa a la Universidad Nacional cuando el proyecto comunista ya no se puede "vender". Su lugarteniente más característico es Salomón Kalmanovitz, ex marxista partidario de ensanchar el Estado a costa de la iniciativa privada (y calumniador sicarial digno de competir con Gonzalo Guillén o con Felipe Zuleta). Dicha opción encarna la defensa del viejo orden y recauda apoyos de los descendientes de las castas poderosas: su principio es la jerarquía y su materialización es la ingeniería social, cosas todas muy evidentes en todo lo que rodea al cómico Savonarola del trópico. La retórica contra la corrupción no alcanza a tapar la tosca ostentación clasista de los prosélitos. ¿Alguna vez se preguntarán si es o no corrupción pagar sueldos fabulosos a enemigos del Estado para que adoctrinen seguidores, como ocurre con políticos sin votos como Pedro Medellín o Francisco Gutiérrez Sanín? Bueno, Peñalosa es lo contrario: pese al apellido, sus ideas son las de alguien que ha pasado buena parte de su vida en el exterior y ve las singularidades de Colombia. Su obsesión por el espacio público lo es por la igualdad real entre los ciudadanos que reina en otras partes, es decir, contra la jerarquía; sus obras van en el mismo sentido, pues tanto los bolardos como el Transmilenio plantean reducir la ventaja de los que tienen carro sobre los que van a pie. Otro tanto se podría decir de los colegios en concesión: lo contrario de la retórica de la llamada izquierda democrática, que adoctrina exaltados y justicieros en los colegios de Fecode pero jamás manda a sus hijos a ellos. Hay algo que falla en la relación de Peñalosa con los ciudadanos, tal vez la habitual dependencia de las nociones de la prensa, y de ahí el aislamiento que determinó su asociación con los otros ex alcaldes. Su lugar habría sido el uribismo y tal vez habría ganado la Alcaldía en 2007 si no pretendiera ser un caudillo diverso (que fracasó estruendosamente como líder nacional en 2006).

Mockus y Petro
La insinuación de que Mockus debería unirse a Petro apareció en El Espectador como una "noticia" típica de una prensa dedicada a crear la realidad. Como ya he explicado, la ola verde surgió de una columna de opinión de intención parecida. Y el caso es que tienen razón los que dicen que el apoyo de Uribe a Peñalosa no le suma muchos votos y más bien le resta: la Ola Verde surgió como solución desesperada contra el uribismo y recogió a todos los antiguos promotores del PDA junto con algunos jovencitos ansiosos de encarnar la nueva ola colectivista (con razón decía Gómez Dávila que cada generación reinventa las mismas tonterías). Los promotores y activistas de la ola verde que tuvieran edad en 2007 votaron por Samuel Moreno. Como candidato uribista, Peñalosa perdería muchos votos de esa clase y no es seguro que ganara muchos votos uribistas. Su victoria sería más dudosa. En cambio, Petro tendría grandes oportunidades con el apoyo de Mockus: representan el mismo segmento sociológico y la misma moralidad. La chusma emética que proclama "la vida humana es sagrada" sólo quiere explotar lo de los falsos positivos y como mucho decir que no participa en los crímenes terroristas, pero obviamente no piensa jamás en lo que se debería hacer para contener a las bandas de asesinos. Petro concentraría además los recursos de Chávez y sus socios colombianos, así como las formidables clientelas del PDA y aun la maquinaria del samperismo. Y la presencia de Mockus haría mucho para lavar esa imagen: a fin de cuentas la parte de la sociedad que lo siguió sólo buscaba un remedio desesperado ante el naufragio del comunismo.

El contexto del Alba
Lo extraño es que en medio de una situación más angustiosa que cualquiera en la historia del país, con el avance a pasos agigantados de una tiranía asociada al chavismo y respaldada por el poder militar del sátrapa y sus aliados iraníes, todo el mundo crea que puede haber unas elecciones centradas sólo en aspectos locales. La alianza de Santos con las FARC es evidente y no se puede dejar pasar la ocasión de consultar a los ciudadanos ocupándose de otros asuntos. En ese contexto creo que hace falta una votación abrumadora por candidatos claramente críticos con Santos, para impedir la negociación que planea y que avanzará a punta de compra de conciencias y asesinatos como los que ya se han cometido con Germán Restrepo, Hernán Yesid Pinto Rincón o los candidatos a la Alcaldía de Campamento, esta misma semana, y se han intentado con Fernando Vargas. Por eso sería deseable que el candidato a alcalde de Bogotá fuera Álvaro Uribe y que planteara su aspiración desde la condena clara de la labor del gobierno. Se puede objetar que eso alentaría la persecución judicial, pero ¿otra cosa la disuadiría? Tal vez Uribe debería anunciar su retiro de la política y pactarlo a cambio de indulgencia de los hampones que pretenden juzgarlo, o exiliarse y denunciar la tiranía. Si quiere liderar algo en Colombia, no puede decir que personalmente no se arriesga a participar en elecciones sin que su liderazgo no resulte un estorbo para el surgimiento de una corriente que de verdad le haga frente al chavismo. Y obviamente TAMPOCO debe creer que en 2014 podrá volver a ser candidato presidencial: eso sería regalarles a los chavistas la bandera de la defensa del sistema democrático, como ya ocurrió entre 2007 y 2010 con la patochada de la segunda reelección.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 1.º de junio de 2011.)

sábado, septiembre 03, 2011

Bienvenido, señor Garzón


Corrección permanente
Una de las características de la vida colombiana, que la hacen tan especial, es la disposición a usar las tecnologías más avanzadas para los fines más primitivos, cosa que se ve por todas partes, por ejemplo en industrias como el "fleteo" o en la actividad de las bandas terroristas. En el ámbito de la prensa ha servido para que lo que en papel no se podía, borrar las pruebas (aunque se pretende a todas horas), sea sencillísimo en las ediciones electrónicas. Si uno lee por segunda vez una noticia, se encuentra con que ya no está lo que leyó. Alguien con mando en el medio ha descubierto algo que no convenía publicar o un título que generaba problemas, y ha ordenado cambiarlo. El anuncio de que Santos negociaría con las FARC se convirtió en una advertencia de que no quiere iniciativas ajenas. Es un proceso descarado.

¿Qué hace Baltasar Garzón en Colombia?
La semana pasada leí en El Tiempo una noticia sobre la labor que desarrollaría el ex juez español Baltasar Garzón en Colombia como asesor de un proceso de paz que sería promovido por la OEA con apoyo de Unasur. Cuando fui a buscarlo en el historial de mi navegador, descubrí que todo eso había desaparecido, y sólo queda una noticia sin mucho sentido. Como si quisieran probar que se editó. De tal modo, el lector tendrá que hacer respecto a dicha noticia una "tregua de credulidad" conmigo, como la que proponía Coleridge a los lectores de obras de ficción. Si alguien quiere creer que me lo invento, pues no debería seguir leyendo.

La traición del subteniente
Viene a ocurrir que el redactor de la noticia se enteró de todo eso, pero no de que convenía mantenerlo en secreto, y lo publicó. Y hubo que enmendarlo. Es algo a lo que el interesado en la política colombiana se acostumbra. En una ocasión, hará unos diez años, me enteré leyendo elpais.es (aún no era "punto-com") de que el gobierno de Pastrana, a través de su representante Fabio Valencia Cossio, había acordado una Constitución con las FARC que no requeriría aprobación del Congreso. En la prensa colombiana la noticia no apareció. En fin: Garzón será el "padrino" de una negociación de Santos con las FARC que estará presionada por la OEA y Unasur y en últimas respaldada (contra cualquier resistencia de los colombianos) por el armamento venezolano (e iraní), el poderío brasileño y la hegemonía del chavismo en la región.

Un personaje cuestionado
Baltasar Garzón fue destituido como juez de la Audiencia Nacional española después de que se admitieran a trámite tres denuncias por delitos graves relacionados con su cargo. Una prevaricación relacionada con asumir competencias que no le correspondían en relación con un juicio al franquismo (todos los presuntos culpables están muertos, mientras que el responsable de las matanzas de Paracuellos sigue dando clases de moral al lado de los socios de Garzón), otra relacionada con escuchas ilegales a un reo cuando se entrevista con su abogado y otra con la financiación de un curso que tomó en Nueva York por un potentado cuyos intereses pasaban por manos del ex juez. Aparte de los radicales de izquierda, nadie cree en su inocencia. Sobre todo nadie del poder judicial español.

La negociación difícil
Así, el mediador tiene escasa autoridad y su parcialidad innegable lo pone en una situación delicada: la de sólo tener legitimidad para una parte decreciente de la opinión. Si se considera que la negociación con las FARC no es nada fácil porque las pretensiones de la banda asesina son desmesuradas; sus crímenes, monstruosos e innumerables y su reconocimiento por la población colombiana, en extremo minoritario, es sencillo concluir que la mediación del ex juez, que entre tanto podría ser condenado por las autoridades de su país, será un sonoro fiasco. Más cuanto que el rechazo ciudadano al premio de las masacres irá in crescendo y el único camino que tendrán Santos y las FARC (con sus socios del Poder Judicial y la prensa) será un ambiente de terror y asesinato continuo, mucho peor que el que ya se ve.

La región olvidada
Por todo lo anterior, para quienes defendemos el sistema democrático (cuya negación rotunda es el sometimiento de los ciudadanos a las bandas de asesinos que pretenden Santos y Garzón), la presencia en el país del ex juez es una ocasión fabulosa de dar a conocer en otros lugares lo que ocurre y lo que se hace. Para que los colombianos se formen una idea de lo oscura que es la percepción del país en el exterior baste con pensar que para el columnista del diario monárquico-católico madrileño ABC Ramón Pérez-Maura la revista Semana es un medio equilibrado, mientras que la corresponsal en Colombia del mismo periódico, Alejandra de Vengoechea, es una promotora descarada del terrorismo. Sencillamente, la gente en la mayoría de los países vive de espaldas a lo que ocurre en otros (como ocurre con los mismos colombianos) y acepta lo que encuentra en la prensa. Sabiendo quién es Garzón y teniéndolo como protagonista, la monstruosidad que se propone Santos será más comprensible para millones de personas en todo el mundo, pues hasta ahora lo que ocurre en Colombia rara vez sale en la prensa, y cuando sale el contexto lo ofrecen los propagandistas del terror.

Oportunidad
Pensando en el manifiesto propósito de Santos de entablar una negociación política con las FARC, gracias a la cual ya se han multiplicado los crímenes y el país volverá a la situación de hace diez años, uno se pregunta cómo se atreve a tanto. "La respuesta está flotando en el viento", ¿cómo no se va a atrever si los políticos recomendados por Uribe aprobaron la Ley de Víctimas y aceptaron infamias como la extradición de Makled a Venezuela? Santos está acostumbrado a un país de gente servil que cambia cualquier opinión por cualquier incentivo. Los políticos del Partido Conservador y del... ¿cómo llamarlo? Unitario Nacionalsocialista apoyarán la negociación política y la inmensa mayoría de la gente se someterá. Queda la minoría que se podría oponer y que tiene que contar con la solidaridad de millones de personas fuera del país: aquellas que saben quién es Garzón y que ven cómo gracias a las mentiras y ambiciones de Santos y a la disposición pusilánime y politiquera de su predecesor cae otro país en la órbita bolivariana. Baltasar Garzón representa una gran oportunidad de mostrar al mundo la clase de tiranía criminal que está imponiendo Santos con la alianza de todos los grupos sociales que de algún modo representan la continuidad del orden de dominación tradicional. Pero no sería raro que esa oportunidad también se desperdiciara.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 29 de mayo de 2011.)