martes, febrero 20, 2018

Los detractores de Iván Duque


¿Qué proporción de los colombianos apoyan efectivamente a los comunistas y al narcorrégimen que han impuesto? Admitiendo que dichos comunistas sean una minoría, ¿cómo es que se salen siempre con la suya? Ya he señalado muchas veces que hay un fondo sociológico que lo explica, pero ¿qué le pasa a la mayoría, por qué no se une para hacerles frente? Intentaré demostrar que esa mayoría no existe, que los contradictores del narcocomunismo no tienen por lo general otro proyecto que un retorno al pasado y que de ningún modo se los puede considerar "demócratas".

Durante los ochenta y los noventa supe muy poco de la política colombiana. Cuando se popularizó internet empecé a leer prensa colombiana y a escribir comentarios en los foros de la época. Me fascinaba la desfachatez de los columnistas de la prensa, abiertos instigadores del crimen (que Alfredo Molano sea de una comisión de la verdad es como que Alfredo Garavito fuera de una comisión de la decencia. En cualquier país normal Molano habría pasado la vida en la cárcel por sus escritos). Eran los años del Caguán y me llamó la atención que los principales jaleadores del descontento con el despeje eran los "serpatizantes", es decir, los samperistas. Sencillamente, el país seguía en la discusión del 8.000 y las atrocidades terroristas sólo se usaban como pretexto para hacer avanzar la causa de alguna bandería ansiosa de nombramientos y corruptelas. El lloriqueo uribista de los últimos años recuerda esa disposición.

A medida que aumentaban las atrocidades, sobre todo entre 2000 y 2001, el descontento se hizo más concreto y el principal objeto de odio dejó de ser Pastrana y pasaron a ser las FARC. Eso era algo espontáneo y la gente que lo vivía carecía en su mayor parte de afiliación ideológica. Cuando comenzó a sonar la candidatura de Uribe para 2002, su apoyo apenas llegaba al 1%. Los descontentos no prestaban mucha atención a las elecciones, la inmensa mayoría se repartía entre los que soñaban con un golpe militar o con una intervención estadounidense y los que aplaudían a Castaño como salvador de urgencia.

De modo que fui de los primeros uribistas, cuando en todos los medios y también en los foros de internet sencillamente se consideraba que apoyar a Uribe era estar con los "paramilitares", por su previo apoyo a las Convivir. En los años que siguieron se disiparon las esperanzas de intervención extranjera o de golpe militar, y los descontentos no tuvieron otra opción que apoyar a Uribe, y resignarse a un trámite democrático y sujeto a la ley.

Esto es del máximo interés porque hoy en las redes sociales hay una ESPELUZNANTE unanimidad entre los que no están con Santos acerca de la necesidad de una política "derechista". Les resulta de lo más urgente aclarar eso, ser derechistas para combatir a los izquierdistas, que son todos los que no comparten la fe pinochetista y por tanto resultan en realidad agentes disfrazados de las FARC o de Soros. En 2000 la derecha no creía en la ley ni en la democracia, nunca ha creído en ellas, siempre se ha opuesto a la segunda y eso explica lo que pasó con los gobiernos de Uribe.

De nuevo tengo que insistir en el diccionario. Cuando uno dice que la derecha siempre se ha opuesto a la democracia saltan todas las alarmas. ¿Qué es democracia? Los cobramasacres han estado organizados en torno al "Polo Democrático", y es que en Colombia cualquier palabra significa cualquier cosa y por eso los derechistas también son los genuinos demócratas. Ahí hay un ejemplo, luego todos lo niegan pero en 2000 era muy raro el que creyera en un candidato que corrigiera lo que hacía Pastrana. Los derechistas soñaban con golpes militares o con un triunfo de Castaño. Pero ¿cómo no lo van a negar? ¿Acaso hubo en los años treinta o cuarenta algún germanófilo en Colombia? ¿De qué partido habría sido el admirador de Hitler? (Hubo decenas de miles, que después se ocultaron.) Pero antes de eso, ¿hubo esclavitud en Colombia y gente que se oponía a abolirla? ¿De qué partido serían? Me lo acabo de inventar. Pero ¿ha habido racismo en Colombia? ¿Hay racismo aún? ¿Cómo son los derechistas respecto del racismo?

El ascenso de las bandas terroristas inquietó a algunos grupos poderosos que responden con el ideario tradicionalista, nunca han sido demócratas ni lo son ahora. Por eso ha sido tan fácil para Santos y los demás aliados del narcoterrorismo imponer su tiranía desde el poder, realmente no tienen resistencia. Es decir, una resistencia que defienda la ley y la democracia. Lo que surge ahora, aunque como minoría sin verdaderas perspectivas de éxito, es una derecha especular (de espejo, un reflejo de la "izquierda" narcoterrorista).

Los éxitos de Uribe en el combate con las bandas terroristas y en la recuperación de la seguridad agradaron a los derechistas, como a la inmensa mayoría de los colombianos. El que no se pensara en corregir la infamia impuesta por el narcotráfico en 1991 como constitución no los inquietaba demasiado porque no echaban de menos instituciones verdaderamente democráticas ni equidad ni ley, sólo un líder "pantalonudo" y "frentero" que combatiera a los terroristas y les permitiera volver a la finca (los que tenían finca). No tenían ningún otro proyecto de país que no fuera sacudirse la molestia del narcoterrorismo con un gobierno fuerte y enérgico. Todo lo que no hizo Uribe era sencillamente inimaginable, ¿para qué complicarse la vida controlando el adoctrinamiento en las universidades públicas? ¿Y reduciendo los privilegios increíbles de los funcionarios? ¿Y promoviendo una prensa independiente que no dependiera del Grupo Santodomingo ni de los López y Santos? ¿Y convocando una Constituyente legítima (la del 91 fue elegida por menos del 20% del censo electoral)? La derecha en Hispanoamérica no tiene ideas, sólo intereses. dejó dicho Octavio Paz.

En otras palabras, dado que la democracia colombiana es tan defectuosa, un demócrata considerará prioritario construirla. No lo van a hacer quienes no conciben que haya alternancia en el gobierno y en realidad aborrecen todas las libertades, pues lo que añoran es la Inquisición y la esclavitud de la época colonial. Y con Uribe llegó el mito y el icono. El sueño de un Videla o un Stroessner andino que acabara con el riesgo de que el poder cayera en manos de otros. Por eso no hubo NADIE que se inquietara por cambiar el engendro del 91 ni mucho menos que cuestionara el designio de Uribe de cambiar la ley cada vez que le convenía para quedarse en la presidencia (salvo los partidarios del narcoterrorismo). Si hubieran tenido más medios de presión que la oligarquía, Uribe seguiría siendo el presidente y también el candidato para 2018, con triunfo asegurado (aunque más probablemente habría corrido la suerte de Fujimori y el dominio de las FARC habría llegado antes). No recuerdo a UN SOLO DERECHISTA que no admita que es lo que le gustaría. La democracia, la ley... Lo dicho: sólo son mamertos al revés. La democracia es lo que los derechistas hispanoamericanos siempre han odiado y está en el origen del antiamericanismo, que durante todo el siglo XIX fue un rasgo de los conservadores y no de los progresistas (según recordaba el mismo Octavio Paz). Los antiamericanos de la Guerra Fría sólo encontraron en la retórica comunista el pretexto para mantener su viejo orden. Son los cubanos que descienden de los criollos y los oligarcas colombianos, son los derechistas triunfantes gracias a un disfraz eficiente.

Ahora los derechistas andan decepcionados con Uribe. Pero ¿no ha estado Santos más de siete años implantando a los terroristas como los amos de Colombia? ¿Cómo es que nunca hubo oposición a ese proceso de paz? Los derechistas no tienen ningún problema en premiar el crimen sino en verse desplazados del poder. Oponerse a la infamia de La Habana es cosa de quienes nos apartamos del uribismo desde 2010. ¿Alguien recuerda la campaña de 2014? ¿Alguien recuerda a un solo candidato a edil en 2011 y 2015 que se opusiera a que se negociaran las leyes con los terroristas? Para oponerse a esa infamia hay que creer en la ley y en la justicia y en la democracia. Los derechistas nunca echaron de menos esa oposición, sólo que no se dejara reelegir a Uribe.

¿ALGÚN DERECHISTA HA NOTADO QUE EN NINGUNA ELECCIÓN DE LAS CINCO QUE HA HABIDO DESDE 2011 SE HA CUESTIONADO LA NEGOCIACIÓN DE PAZ?


Como sé que nadie contestará, lo hago yo: ninguno. Los derechistas son tan enemigos de la democracia, la ley, la justicia, la libertad y los derechos humanos como los comunistas. Por eso no se lamentan de que el CD desistiera de defender el resultado del plebiscito, sólo de que aceptara a un candidato que no es un rabioso enemigo de los fumadores de marihuana ni un perseguidor del aborto.

¿ALGUNO DE LOS OTROS PRECANDIDATOS CONTEMPLABA LA POSIBILIDAD DE ANULAR LOS ACUERDOS DE LA HABANA?

Claro que no. A ese respecto son idénticos a Iván Duque, porque para oponerse realmente tendrían que apartarse de Uribe, y sin Uribe no son nada. ¿Cómo va a haber demócratas y defensores de la ley si por encima de los valores y las convicciones están los cálculos de éxito gracias a la popularidad de un señor en cuyo ideario no se cree? Los demás precandidatos también prometían modificar los acuerdos (ya verán cómo hasta Piedad Córdoba resulta descontenta) y sus seguidores no veían ningún problema porque siguen creyendo que el poder surge de componendas entre poderosos y no de la opinión de la gente, a la que se lleva a aprobar la infamia de La Habana, ya que sólo hace falta hacerle algunas mejoras. ¿Alguno de los precandidatos se inquietó cuando Rafael Guarín propuso "aislar" a los trastornados que pretenden invalidar los acuerdos de La Habana? No, ninguno. Comparten esos fines porque sólo necesitan la bendición de Uribe.

Por eso es disparatada la rabia con Duque. El que no apoya la infamia de La Habana no tiene por qué estar con Uribe, al menos desde 2011 se vio que no tenía ninguna intención de oponerse. Tampoco el señor Nieto se ha opuesto a "la paz", ni muchísimo menos, y todavía en 2015 le daba consejos al gobierno. Y dado que ningún partido elige a sus candidatos por encuestas de firmas ligadas a partidos rivales, ¿cómo es que no renunciaron a sus candidaturas? Al aceptar el procedimiento perdieron legitimidad para oponerse, pues la complicidad de Uribe con el acuerdo de La Habana no habría sido ningún problema si hubieran salido elegidos ellos.

El narcorrégimen se implantó en 1991 y ensanchó su poder durante el gobierno de Santos. Para acabar con él hace falta que haya demócratas. El conflicto de los derechistas con el mundo moderno y con la democracia los pone en el bando hostil, que a nadie le quepa duda.

No hay en Colombia un solo día en que no parezca que todo está a punto de perderse y que hace falta una decisión urgente (que obligue a sacrificar lo importante). Por eso no hubo en 2011 nadie que se planteara apartarse de Uribe: ¿no eran demócratas? Tener cualquier convicción comporta riesgos, no se puede soplar y sorber al mismo tiempo, defender la democracia y a la vez formar parte de la mayoría que sueña con abolirla. Tampoco la habrá ahora. Pese a que tiene todo el terreno abierto para presentarse como el defensor de la ley frente a la imposición de Santos y el narcorrégimen, el señor Ordóñez prefiere quedarse con su minoría angustiada porque hay tantos jóvenes que no van a misa, y no será nada más que un episodio pintoresco de la campaña de 2018.

OTROSÍ: En 2010 no sólo se eligió a Santos sino al Congreso. ¿Quiénes eran los candidatos de la derecha, que entonces era lo mismo que el uribismo? Roy Barreras, Armando Benedetti y muchos otros personajes que exhalaban y exhalan podredumbre. El partido que había creado Uribe, controlado por Santos para que los medios del clan fueran misericordiosos con el gobierno, era otra caterva de viejos politiqueros que no incomodaron a los derechistas, ya que la higiene democrática habría requerido que hubiera demócratas. ¿No era un asunto suficientemente serio que la lista al Concejo de Bogotá la encabezara en 2015 la hija de Angelino Garzón, hasta pocas semanas antes adversaria del uribismo y cuyo único mérito era su parentesco con el antiguo vicepresidente de la Unión Patriótica? Eso no lo hacía la izquierda del CD sino el CD, que surgió cuando todo el Congreso elegido por la derecha o uribismo se puso del lado del hampa. Dan risa y lástima los que lamentan la deriva del CD como si el CD no fuera simplemente el partido de Uribe, que mucho antes de su fundación rehuía cualquier negativa a negociar las leyes con las FARC.

(Publicado en el blog País Bizarro el 22 de diciembre de 2017.)

viernes, febrero 02, 2018

¿Quién es el tonto?


La reciente decisión de un juez de obligar al gobierno de la capital a cambiar el lema de su propaganda ha generado un gran revuelo en las redes sociales, y francamente ese revuelo me produce más alarma que el hecho mismo: la inmensa mayoría de los comentarios, muchísimos de tuiteros influyentes, aluden al hecho como una "nimiedad", una "tontería", etc.

Lo primero que hay que señalar, sin que necesariamente sea lo principal, es la potestad de un juez para hacer cambiar un lema publicitario: ¿qué ley señala que puede hacerlo? Ninguna, sólo la disposición constitucional que autoriza a los funcionarios a prescindir de la ley, la "acción de tutela", sobre la que tantas veces he escrito comentarios en este blog. Esa disposición es un rasgo cultural que aprovechan los totalitarios, pero que no tiene resistencia porque lo que no se entiende en Colombia es la necesidad de la ley (la tranquilidad con que Uribe y su combo cambiaban las leyes referentes a la reelección explica la cultura del país: ¿quién va a violar la ley cuando puede simplemente cambiarla?).

El hecho de que el crimen organizado siempre encuentre jueces que imponen su programa no remite, como creen tantos, a la "infiltración" de los comunistas en las universidades y en el poder judicial, sino a la esencia del país: la inclinación comunista de los profesores y estudiantes corresponde a sus "intereses de clase" y refleja sencillamente la incapacidad del país para asimilarse al mundo moderno. Todos son comunistas porque en un régimen como el cubano multiplicarían su poder, y porque al sumarse a la organización que tiene tan poderosos y ricos frentes armados prosperan, ascienden y hacen lo que les dé la gana. Como sus antepasados hace trescientos años.

Pero la "tutela" que presenta el narcoterrorista Alirio Uribe no es un capricho ni una tontería, como creen los tontos. Se trata del afán totalitario de dominar el lenguaje, sobre el que trata por ejemplo 1984, la famosa novela de George Orwell. Por una parte, la ingeniería social que impone cualquier cosa y obliga a los ciudadanos a someterse (como los días sin hombres de Mockus o la reciente ocurrencia de la alcaldesa de Madrid de crear vías peatonales de una sola dirección), por otra, la prevalencia de las decisiones funcionariales sobre las costumbres o sobre las autoridades lingüísticas. Por muchos que sean los que se burlan, la verdad es que la Alcaldía tendrá que incluir en su lema las "ideas" de la ideología de género, es decir, la propaganda totalitaria.

El sentido de esa propaganda es crear una discordia en la sociedad, buscando en la mitad de la población el sentimiento de agravio que los progresistas vendrían a remediar. ¿Dónde está ese agravio? En que la lengua admite palabras como "todos" para incluir a las personas de ambos sexos, con lo que no se tendría en cuenta la existencia de las mujeres. Para remediar esa grave carencia se violenta el lenguaje de toda la tradición literaria. Unos ignorantes ambiciosos y violentos borran de un manotazo las características del idioma común porque precisamente un lenguaje corrompido les permite asegurar su dominación. Una gente dispuesta a expresarse en una jerigonza recién inventada está impedida para entender lo que se concibió en otros contextos ideológicos, y de ahí para pensar, sólo recitará la propaganda, como de hecho ya ocurre con los egresados de las universidades colombianas.

Puede que muchos consideren con desprecio las "teorías de conspiración" que describen un esfuerzo por ese "lenguaje incluyente" y por la "ideología de género" en todas las izquierdas de Occidente, casi siempre relacionadas con el narcorrégimen cubano y sus satélites, o bien sometidas a su hegemonía ideológica (como ocurre con toda la socialdemocracia europea y con la mayor parte de los demócratas estadounidenses). Pero ¿cómo es que en todas partes ese tema es de rabiosa actualidad y que todos los partidos y personajes ligados a los herederos del comunismo insisten en ello? Es evidente la conjura y también el interés. Por una parte, buscar personas agraviadas a las que poder ilusionar con su misión redentora, por la otra, tener un pretexto para perseguir a los discrepantes.

La situación de sometimiento e inferioridad social de la mujer es un problema real y en gran medida el feminismo histórico tiene una gran validez en sus reivindicaciones. Hace apenas un siglo era un sueño que las mujeres votaran, y en las sociedades atrasadas de las Américas siguen imperando condiciones opresivas para la mayoría. Lo que no se puede esperar es que semejante estado de cosas lo vayan a remediar unos criminales cuyo historial de machismo es el peor, ni que se vaya a mejorar nada corrompiendo el lenguaje a partir de las conveniencias de esos criminales.

Los comunistas colombianos tienen un pasado esclarecedor en materia de machismo: Carlos Gaviria fue acusado de acoso a sus alumnas; Luis Eduardo Garzón nombró sólo alcaldesas menores, puestos en los que puso a sus numerosísimas amantes; Alfonso Gómez Méndez tenía una cama al lado de su despacho en la Fiscalía para evaluar a las candidatas a ascensos, y cuando se cometió el atentado contra Wilson Borja aparecieron en el hospital tres "esposas" diferentes del prócer. Por no hablar de la denuncia por maltrato contra el siniestro Antonio Morales Riveira ni de las infinitas violaciones de niñas por parte del servicio doméstico armado de los citados próceres. ¿Alguien conoce el medio universitario colombiano con sus innumerables historias de profesores-seductores que proveen buenas calificaciones a las alumnas complacientes? Es esa clase de gente la que promueve el "lenguaje incluyente".

Pero no se hace nada si la gente cree que todo eso es una nimiedad. Los que tal cosa proclaman hacen como los que se ponen piercings aparatosos en los labios o en la lengua o los que les ponen a sus hijos nombres de pila novedosos: sólo demuestran su indigencia intelectual. La destrucción de la cultura les parece una banalidad porque es algo que desconocen y desprecian. Y resulta que es por medio de esos embelecos como el crimen organizado recluta muchedumbres para su tiranía.

Pero es siempre volver a lo mismo: ¿cuándo hubo un solo candidato que propusiera desobedecer lo que acordaran los criminales en La Habana? ¿Cuándo un grupo de personas de cualquier clase se ha propuesto delimitar claramente el alcance de la "acción de tutela" o siquiera denunciarla como abolición de la ley? Eso no existe en Colombia, todos esperan que baste amar a un caudillo para que todo se remedie.

Y así seguirá ganando el crimen organizado, como ha ocurrido claramente en los últimos siete años.

(Publicado en el blog País Bizarro el 14 de diciembre de 2017.)

jueves, enero 18, 2018

La madre del cordero


La perspectiva que se tiene de los problemas colombianos cuando se ha vivido mucho tiempo fuera es distinta: muchas oposiciones obvias para quienes no reciben otra información que la de los medios locales resultan falaces. Los colombianos de derecha y los de izquierda no son tan diferentes como ellos creen y en lo esencial representan lo mismo. Lo que hace a las regiones hispánicas miserables, desordenadas y violentas no son las "ideologías foráneas" ni las maquinaciones perpetuas de Karl Marx, avatar de Satanás, sino el anclaje del conjunto social en un pasado bárbaro y la persistencia de formas de vivir y de pensar de otra época.

1. Leyenda negra
En España tiene un gran éxito un libro que denuncia la "leyenda negra" de la propaganda antiespañola. En la conciencia de los hispanoamericanos esa leyenda negra es un tema conocido porque durante mucho tiempo ha servido para explicar la miseria y el atraso de la región. Todo el mundo recordará a alguien que proclama que otro sería el cantar si "nos" hubieran colonizado los ingleses, como si la India, Jamaica, Belice o Guyana fueran paraísos de prosperidad. Ese "nos" que he puesto entre comillas es una de las idioteces más llamativas: los descendientes de los conquistadores somos los hispanoamericanos, aun en los países de mayoría mestiza o mulata, el elemento predominante en todas partes es el de origen español.

En gran medida tienen razón los que denuncian la leyenda negra hispanófoba porque la Conquista y colonización de América fueron una de las mayores gestas de la humanidad y están en la base del mundo moderno. No se hace justicia a esos conquistadores, menos cuando hoy en los gobiernos de toda Hispanoamérica reina la peor chusma, que en medio de sus juergas y retozos les aplica cómodamente la moralina que no le cuesta nada concebir. Los comunistas que gobiernan las principales ciudades españolas se niegan a celebrar el Descubrimiento porque lo consideran un "genocidio".

La hispanofobia tiene en Europa un pasado muy antiguo, ligado al desprecio de los germanos por los pueblos meridionales. El poema que funda la nación francesa, el Cantar de Roldán, muestra a España como el país de los moros a los que somete Carlomagno. Cuando el antiguo Sacro Imperio Romano Germánico cae en manos del nieto de los reyes católicos, las resistencias a un emperador que vive en España con una corte española se multiplican. De ahí y de los intereses del Imperio británico viene la leyenda negra.

Pero no se puede negar que la España posterior al siglo XVII era un país que aportaba poquísimo al conocimiento y aun a las artes, pese a su poderío y riqueza. La clave de ese retraso respecto a Europa, cada vez más acusado, es la Contrarreforma católica, que es la respuesta del clero al Renacimiento y a la Reforma protestante. La Iglesia que se adueña de los nuevos territorios implanta el oscurantismo y la persecución de la crítica. Si en el mundo hispánico no se inventa nada y no se produce casi nada es sólo por efecto de esa tradición.

Las sociedades hispánicas fueron durante la mayor parte de su historia sociedades esclavistas. Todavía está lejos que sus miembros sean "libres e iguales" como se propone en la propaganda de los demócratas españoles. Todavía las mujeres de origen amerindio siguen limpiando las casas de sus redentores, que en el siglo XVI les enseñaban la religión del amor y hoy dedican sus valiosas vidas a la prédica de la justicia social y del derecho a la educación. Los de hoy son seres casi idénticos a sus antepasados. Ya no se dice "encomienda" sino "acción de tutela" (con la primera se cubría con un manto de piedad el trabajo forzoso y gratuito, con la segunda se suprimen las leyes cuyo texto proclama la igualdad y se garantiza el trabajo casi forzoso y casi gratuito). La educación siempre es prioritaria, en tiempos de la Real Audiencia se inoculaba mansedumbre con la amenaza de torturas terrenas y ultraterrenas ("encomienda" era el encargo de evangelizar a los indios), ahora se adoctrina asesinos prestos a defender el orden en el que quienes tienen las riendas pueden prescindir de la voluntad de los demás y de toda noción de legalidad.

2. La máquina del tiempo
Hace años un comentarista de este blog explicó con gran acierto de dónde viene el "izquierdismo" de las grandes familias colombianas. Viajaron al futuro y no les gustó. Viendo cuál es el poderío y el nivel de vida de los europeos y norteamericanos, ¿qué podría ser más sensato que imitarlos? Pues no, no van a vivir sin ser superiores a los demás per se. Uno los ve en Europa, desvalidos sin servicio doméstico (pues a pesar de su infinita ventaja sobre los pobres del país, no tienen tanto para pagarlo en países ricos). No van a aceptar que cualquiera prospere y rivalice con ellos (eso está SIEMPRE: la facultad de sociología del patricio Camilo Torres estaba formada por decenas de personas de familias presidenciales). De hecho, se podría pensar en el secuestro como una limpieza de posibles rivales, y la implicación de Caballero o Pombo en esas proezas no está demostrada pero es obvia. Los sindicatos de funcionarios proveían a los terroristas los datos exactos del patrimonio de cada contribuyente, pero ¿quién los señalaba?

De tal modo, la conjura comunista, también en Cuba y en toda Hispanoamérica, es sólo resistencia del viejo orden y sus usufructuarios, que encuentran en el ensueño comunista una forma de sacarle fruto a la idiosincrasia imbuida por sus antepasados (ya explica ampliamente Antonio Escohotado el origen del comunismo en ciertas comunidades cristianas). Y a la vez un pretexto para gastarse toda la riqueza del país en comprar clientelas y prosélitos. En una sociedad competitiva los medios de comunicación, cuyo principal proveedor de recursos es el Estado, no tendrían tan seguras sus grandes rentas por hacer propaganda. El socialismo les conviene.

Para creer que la respuesta es el ensueño tradicionalista, la continuación del mismo orden de esclavitud con un discurso gastado, hace falta ser un necio incurable. Sencillamente, hay quien no se "avispó" a ponerse el disfraz moderno para poder acceder a las prebendas y beneficios de siempre, o quien estaba demasiado próximo a algún clan perdedor. Si uno va al diccionario, en el que "izquierda" es "reformismo" e "igualdad", la "izquierda" colombiana es simplemente "derecha" y la derecha colombiana (cuando no es pragmática acomodación al dominio de la "izquierda", a lo Gerlein) es mera desubicación: en absoluto respuesta al orden de esclavitud. (Uno de sus valedores en Twitter se mostraba hace un tiempo bastante próximo a discursos neonazis y abiertamente racistas.)

3. Ideología
Ésta es una palabra polisémica que se presta a muchas confusiones y engaños. La definición del diccionario es inocua, corresponde al sentido de "concepción del mundo" pero en su uso corriente alude sobre todo a la doxa, a la opinión como opuesta al conocimiento, al prejuicio. La ideología provee una serie de respuestas que preceden a las preguntas, y de algún modo todo el mundo lleva esa coraza. Con mucha frecuencia la adhesión a una ideología permite precisamente ocultar las verdaderas inclinaciones, sobre todo cuando las generalizaciones cosmológicas pasan por encima de los conflictos inmediatos. El clero antiguo, menguante e incomprendido odia al nuevo clero, al que lo unen con muchísima frecuencia relaciones de consanguinidad (muchísimos profesores comunistas de la Universidad Nacional empezaron en el seminario). ¿Debe uno tomar partido por uno de ellos? Son lo mismo, allí donde en tiempos de Felipe II había órdenes de muy diverso tipo ahora hay universidades dedicadas al mismo parasitismo.

Con mucha frecuencia la ideología se adopta pensando en realidades distantes: el comunista de 1960 no pensaba en su afinidad con Sangrenegra, Desquite o Chispas sino en Sartre y sus elucubraciones, de algún modo la interpretación de Heidegger le permitía colaborar con la causa de Sangrenegra, Desquite o Chispas y a la vez sentirse protagonizando una batalla cósmica entre reacción y progreso. Eso mismo ocurre hoy con los derechistas, prestos a convencerse de que Alfredo Molano o Antonio Caballero son trasuntos de Chomsky. Toda la retórica anticomunista que reproducen pasa por encima de forma escandalosa del hecho de que en Colombia (y en general en Hispanoamérica) la "izquierda" no es el bando de los pobres sino el de los ricos, que no busca la igualdad sino reforzar la desigualdad, congelar la jerarquía social y asegurar privilegios para los herederos del viejo orden.

En definitiva la afinidad de los derechistas colombianos con los izquierdistas colombianos es profunda y absoluta: ambos resisten al mundo moderno, los primeros desde el lloriqueo impotente de perdedores y los segundos convencidos de encarnarlo mientras disfrutan de las ventajas del parasitismo y la esclavitud. No representan nada distinto, no se va a remediar la deriva totalitaria con ensueños coloniales ni retóricas pinochetistas. Hace falta otra cosa...

4. La ley, la democracia...

La barbarie es la ausencia de leyes efectivas en el conjunto social. También la ausencia de significados precisos del lenguaje. Las palabras significan cualquier cosa para el primitivo porque no se ha detenido a pensar, y lo que dice termina no teniendo efecto porque significa cualquier cosa (tal como para los que hablamos español y no tenemos un oído fino las diversas "e" del francés nos suenan igual). Eso pasa con la "democracia" o la "ley", que en Colombia son conceptos vacíos que usan con inverosímil frecuencia los comunistas, aun los jefes narcoterroristas. Los derechistas no son diferentes, baste pensar en la reelección sucesiva de Uribe, puro marxismo de la línea Groucho ("éstos son mis principios, si no le gustan tengo otros"). Cuando la ley no conviene al sueño dictatorial de un régimen sin posibilidades de alternancia (sólo una nueva versión de Porfirio Díaz, Anastasio Somoza, Alfredo Stroessner o Alberto Fujimori), pues se cambia la ley. Y si no fue posible cambiarla drásticamente en un primer intento, pues se vuelve a cambiar: la ley sirve al gobernante y no éste a aquélla. Es una concepción arraigada que naturalmente comparten los izquierdistas.

(En 2006 apoyé la reforma que permitía a Uribe aspirar a la reelección, era una situación extremadamente crítica, con rivales claramente ligados al narcoterrorismo, y una presidencia de ocho años no era una extravagancia sino algo normal en Estados Unidos y hasta en Brasil. La discusión con los valedores del narcoterrorismo impedía ver las flaquezas del uribismo entonces.)

Y si se piensa en lo que realmente hace falta, la asimilación a la modernidad, la verdadera vigencia de la ley, el respeto a los derechos humanos, la democracia como el régimen en que la voluntad popular cuenta, los ensueños retrógrados son un problema y no una solución. Como ya he explicado arriba, la izquierda, o sea, la universidad, es sólo un estamento de ese pasado bárbaro. Cuando se explica que sería deseable cerrar las universidades públicas y cobrar impuestos a las privadas como a cualquier empresa, la derecha vuelve a ser lo mismo que la izquierda: la misma indignación y los mismos argumentos, no les importa que los recursos comunes se gasten en proveer certificados de rango social sino que las rentas se las lleven otros. Todos replican lo mismo, que hay que abrir oportunidades a los jóvenes de bajos ingresos, como si no fuera del patrimonio común de donde sale el dinero (es decir, también de los recursos de los jóvenes de bajos ingresos que no estudian y que son la mayoría, todo para proveerles rentas a los mismos descendientes de los encomenderos que en la siguiente generación descubren las ventajas de ser comunistas, como Álvaro Leyva, hijo de un ministro de Laureano Gómez).

Sin ese gasto monstruoso, el desarrollo del país estaría asegurado, no porque haya el menor mérito en su población sino porque el progreso tecnológico alcanzado en otras partes provee infinitas ventajas. También la calidad de la educación, que consiste en la eficiencia de los egresados y no en la cantidad de títulos, en lo que Colombia es digno rival de Cuba y Venezuela. Al haber otras oportunidades de empleo (que no existen porque se cobran impuestos confiscatorios a quienes trabajan, y cuando el gobierno Santos intentó reducir la parafiscalidad se encontró con el rechazo de Uribe), las posibilidades de prosperar y educarse de los pobres se multiplicarían.

Pero todo eso no interesa a la derecha porque el mundo antiguo que defiende es el del rechazo al trabajo de la tradición hispánica. Ésa es la madre del cordero, la resistencia a una sociedad competitiva por los usufructuarios del orden jerárquico de siempre, hoy en día caracterizados por ser de "izquierda". Cambiar eso no requiere un programa ideológico sino sentido común, determinación de aplicar efectivamente la ley, reducción drástica del gasto público, sobre todo en educación superior, eliminación de la parafiscalidad y otros gravámenes encubiertos sobre los salarios (y no aumentos del salario mínimo como claman "sindicalísticamente" los uribistas)... Cuando se piensa en todo eso resulta lo mismo que en todo: que la derecha y la izquierda están en el mismo bando.

Otro ejemplo es la "acción de tutela". El que vive en otro país se sorprende de que la mayor parte del trabajo de los juzgados colombianos consista en resolver recursos de amparo en defensa de derechos fundamentales. ¿Cómo es que no ocurre en otras partes? Porque una noción como la de "derecho fundamental" no tiene unos límites en la cabeza de los colombianos, lo mismo que paz, democracia, ley: significa cualquier cosa. La acción de tutela provee al funcionario un pretexto para prescindir del texto de la ley y hacer lo que le da la gana. ¿A quién beneficia? Primero a los propios jueces y a sus clientes, que es de lo que se trata (no hay que olvidar que los jueces gobernaron hasta la instauración del virreinato en 1717), después a los que pueden pagar abogados bien relacionados y en conjunto a las castas superiores de la sociedad (dicen que se benefician de esa atrocidad los de estratos 3 y 4, como si en el conjunto de la población colombiana aquéllos no formaran parte de la minoría rica). Es un factor retrógrado que suprime la ley y que por eso no incomoda en absoluto a la derecha, toda vez que los derechistas pertenecen a esas castas superiores y se benefician de la defensa del "derecho fundamental" que su pariente o amigo siempre sabrá encontrar.

Sentido común es negar validez a los acuerdos de La Habana, pero en Colombia, al menos entre quienes opinan en las redes sociales, quienes lo proponemos somos una minoría ínfima. La derecha anda interesada en perseguir a quienes no van a misa o ven pornografía, y respecto a esos acuerdos se plantea "modificarlos", o sea aceptarlos parcialmente, tal como se aceptó el monstruoso engendro de 1991, porque si se rechazaba podría salir un texto peor.

Hace falta cambiar el entramado legal y las costumbres y mentalidades para asimilarse al mundo moderno. Para impedirlo están la izquierda y la derecha.

(Publicado en el blog País Bizarro el 9 de diciembre de 2017.)

domingo, diciembre 17, 2017

El cambalache del siglo XXI

Por @ruiz_senior

En la televisión de las últimas décadas, desde que se multiplicaron los canales, han florecido programas de entretenimiento cuyo tema es el trabajo, cosa que no ocurría antes. (Como apunte curioso debo señalar que en España hay una tradición entre los desocupados y jubilados, que es pasarse horas observando las obras de construcción). Han proliferado los programas sobre restaurantes en quiebra, jefes que se infiltran entre sus empleados, anticuarios que buscan tesoros, gente que acude a las subastas de trasteros o maletas, restauradores de viviendas, pescadores de caimanes, transportes delicados y muchos otros. Uno de los de más éxito es el de Rick Harrison y su "casa de empeños" de Las Vegas (hay otro sobre una prendería o compraventa de Detroit, pero ya no es de ricos sino de gente muy pobre y violenta, como para ilustrar el declive de la industria y el ascenso del ocio como motor económico).

Esos establecimientos se llaman en el cono sur americano "cambalaches" y es a ellos a lo que se refiere el famoso tango de Enrique Santos Discépolo (Santos es nombre). Es difícil encontrar algo que se haya entendido peor que esa canción. Se trata de una especie de denuncia de la corrupción pero el estilo musical y el contexto social en que se dio a conocer corresponden precisamente a lo que denuncia.

El tango comenzó siendo un baile de los burdeles. (Borges cita en alguna parte una de las primeras letras que decía "Tango siempre se ha bailao, / la diferencia está en que / antes se bailaba echao / y ahora se baila de pie".) Es muy probable que al comienzo tuviera una marcada influencia africana (el mismo Borges señala entre las consecuencias de la "curiosa variación" del filántropo Las Casas, que propuso llevar negros a América, "la habanera, madre del tango") y aun que las primeras bailarinas fueran negras y mulatas (que por entonces había en Argentina). Pero cuando se volvió el arreglo de las canciones y se hizo popular fue una especie de epopeya del lumpen (o sea, del lumpemproletariado, palabra que figura así, con "m", en el diccionario): parece que la prosperidad que alcanzó Argentina a finales del siglo XIX permitió que los ladrones se reciclaran en proxenetas, tal como los carteristas y apartamenteros colombianos en Europa se reciclaron en proveedores de cocaína en los ochenta. La jerga de los tangos es el "lunfardo", palabra cuyo origen más probable es "lombardo", que es como en muchas regiones de Italia se denominaba a los ladrones (tal como llamamos "vándalos" a los saqueadores violentos, los verdaderos vándalos eran los menos "vándalos" de todos los germanos).

Sería muy interesante evaluar el impacto de esa cultura del tango en toda Sudamérica en las primeras décadas del siglo XX. Pablo Neruda cuenta enfrentamientos con malhechores tangueros de los que se libró explotando su condición de poeta. Y es muy diciente que en 1943 el gobierno argentino prohibiera la radiodifusión de canciones que usaran jerga o aludieran a la embriaguez o a la prostitución. Ésta es el tema preferido de los tangos, siguiendo su origen.

Volviendo al impacto del tango en la cultura regional, vale la pena recordar que en Colombia se dice "bacano" para ponderar algo, pero lo bacano es lo del bacán, es decir, del proxeneta que resplandece como hombre espléndido en su barrio gracias a que no trabaja, va siempre bien vestido, puede exhibir su valor de vez en cuando y dispone de buenas rentas.

El tema de Cambalache es el siglo XX y las novedades que traía. Creo que valdría la pena evaluar el sentido de su letra, insisto, siempre mal interpretada, y relacionarla con el estado moral de nuestro mundo en este nuevo siglo.
Que el mundo fue y será una porquería,
Ya lo sé;
En el quinientos seis
Y en el dos mil también;
Que siempre ha habido chorros,
Maquiavelos y estafaos,
Contentos y amargaos 
Valores y dublés,
Pero que el siglo veinte es un despliegue
De malda' insolente
Ya no hay quien lo niegue;
Vivimos revolcaos en un merengue

Y en un mismo lodo todos manoseaos.
"Chorro" es la versión, acaso adaptada a las inclinaciones fonéticas de los italianos, de lo que en Colombia es "choro" y en España "chorizo". Dublé es una joya falsa: morralla, oropel.

Una vez viendo una película de los ochenta me quedé impresionado con las condiciones de la vida de los protagonistas: sus viviendas son las mismas de ahora, al igual que su vestido, sus medios de transporte, su comida, sus posibilidades de prosperar y muchas otras cosas. A pesar de las ventajas de internet y la telefonía móvil, no se puede pensar que sea un mundo radicalmente diferente. Pero si se piensa en la época en que se escribe la canción y se restan los años que nos separan de los ochenta descubrimos un mundo de verdad nuevo. Hacia 1900 no había salas de cine en Argentina, ni muchos teléfonos, ni radio, ni muchos automóviles ni esperanzas remotas de desplazarse volando. El mundo de 1934 (cuando se compuso esa canción) era verdaderamente nuevo y si se lo hubieran descrito a alguien que hubiera muerto viejo en 1900 habría creído que era el paraíso.

¿Cómo es que un mundo de notorio bienestar comparado con el que conocieron las generaciones anteriores resulta descrito tan ásperamente por el compositor? Es lo que interesa comentar.
Hoy resulta que es lo mismo
Ser derecho que traidor,
Ignorante, sabio, chorro,
Generoso, estafador.
Todo es igual; nada es mejor;
Lo mismo un burro que un gran profesor.
No hay aplazaos, ni escalafón;
Los inmorales nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
Y otro roba en su ambición,
Da lo mismo que si es cura,
Colchonero, rey de bastos,
Caradura o polizón.
Dos veces se alude en estas estrofas a la igualdad, tres si se cuenta el escalafón. Y cuando uno lo lee tiene ganas de decirle a Discépolo "Ahora te querría ver". Los grandes avances de la industrialización fueron acompañados de la pérdida de la religiosidad, de la propagación de las ideologías igualitarias y de la expansión del Estado. En realidad, los tres fenómenos son lo mismo, y hoy en día todo eso se ha agravado hasta niveles espeluznantes. En algunos países, particularmente en los de tradición católica, la fiebre igualitaria conduce a la proliferación de comunistas, pero en Estados Unidos es diferente: se manifiesta por ejemplo en el éxito de la ciudad de Las Vegas, creada por un mafioso visionario, dedicada a los juegos de azar, que no distinguen méritos ni jerarquías, y sede de un consumo suntuario, del que es buena muestra el "cambalache" de Rick Harrison. Si se piensa en el igualitarismo como "relativismo moral", tal como lo plantea la canción y como de hecho es siempre, la cosa va mucho más lejos. El propio asesino de Las Vegas sería un buen ejemplo: si da lo mismo alcanzar notoriedad por actuaciones admirables que por lo más degradante, ¿por qué alguien que sueña con matar no lo va a hacer a lo grande?

Señalé que la desmoralización del siglo XX se componía de tres ingredientes que en realidad son lo mismo: es porque la religión mantenía a raya los "instintos básicos" de la mayoría, que siempre son de saqueo y asesinato de los mejores. Es inevitable el paralelismo con la Antigüedad mediterránea, cuando la conquista del Levante por los romanos produjo en su sociedad un trastorno profundo, pues en esa región, tras los siglos de esplendor griego y las conquistas macedonias, las antiguas creencias se habían perdido, arrinconadas primero por la filosofía y después por el cosmopolitismo. Del ateísmo generalizado surgieron Nerón y Calígula. El primero se endiosa y quema Roma, como el asesino de Las Vegas, el segundo desconoce los límites morales de la tradición y convierte en senador a su caballo, como los bestiales animalistas de hoy en día.

También la hegemonía romana había traído una prosperidad generalizada a toda la región, de expansión del Estado, de ideologías igualitarias (como el cristianismo, que surgió y se propagó entonces), de pérdida de las jerarquías... Conviene señalar que ese mundo del Cambalache es la realidad actual de Europa y América, pero no de Asia, región en la que habita la mayor parte de la humanidad y cuya importancia aumenta día a día.

La "maldá insolente" que señala Discépolo en un siglo en que es "lo mismo un burro que un gran profesor" hoy en día no escandaliza: es la norma. Algo como la idea del "derecho a la educación", que no se entiende como que todos puedan aprender sino que todos pueden exigir un título, es sencillamente monstruoso, pero está en los programas de casi todos los partidos en todo Occidente. De ahí la promoción automática en los grados escolares o la fascinante denuncia de la desigualdad educativa (tal como unos tienen tanto y otros tan poco, también el saber está mal repartido, y aquel que estudia y tiene aptitud para ello debe procurar no aprender demasiado para no cometer una injusticia con los que no saben nada). En España se intentó aplicar unos exámenes de Estado para los estudiantes de las diversas fases educativas, pero los partidos de izquierda se opusieron y se renunció a ellos. Y en un documento de la Junta de Andalucía se señalaba que al menos el 2% de los que aspiraban a plazas de maestros deberían acreditar discapacidad intelectual. Poco a poco, lo inadmisible es saber, aprender, conocer, entender, ser capaces...

No es correcto decir que el socialismo alienta o comete crímenes, el socialismo es el crimen, un atentado contra la humanización que lleva a cabo una burocracia cuyo poder aumenta cuanto más degrade al resto de la población. La maldad insolente de Discépolo sería nada hoy en día: las personas que tienen relaciones sexuales con otras de su mismo sexo serían pecadoras en otra época, y en todo caso podría ser cualquiera que se lo quiera permitir, como quien se emborracha, toma drogas o juega a la ruleta. Hoy en día son agraviados por quienes no lo hacen, y entre las consignas del partido Podemos (el preferido por los votantes españoles menores de 34 años, con más de un tercio de los votos según las encuestas actuales) estaba la queja porque "el papa no nos deja comernos las almejas" ("almeja" es un nombre vulgar para la vulva).
Qué falta de respeto,
Qué atropello a la razón;
Cualquiera es un señor,
Cualquiera es un ladrón.
Mezclaos con Stavisky,
Van don Bosco y la Mignon,
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín.
Igual que en la vidriera irrespetuosa
De los cambalaches
Se ha mezclao la vida,
Y herida por un sable sin remaches
Ves llorar la Biblia contra un calefón. 
 
Siglo veinte, cambalache
Problemático y febril
El que no llora, no mama,
Y el que no afana es un gil.
Dale nomás, dale que va,
Que allá en el horno nos vamo a encontrar.
No pienses más, échate a un lao,
Que a nadie importa si naciste honrao.
Que es lo mismo el que labura
Noche y día como un buey,
Que el que vive de los otros,
Que el que mata o el que cura
O está fuera de la ley.
(Sobre los diversos personajes mencionados, véase este enlace.) La "vidriera irrespetuosa" es hoy el elegante mostrador de Rick Harrison y el menesteroso que empeñaba la Biblia o el calefón (calentador de agua) es hoy el que lleva su colección de cómics o algún documento firmado por un deportista o cantante y que cree que puede interesar a algún coleccionista. Hay muchos más recursos y la vida es fácil (como en la canción Somertime) pero también la peste igualitarista es mucho más amenazante.

No vale la pena ni prestar atención a los nostálgicos de un mundo que ya era caduco cuando Discépolo compuso su canción, los ateos no nos vamos a volver católicos, y tal como los atenienses condenaron a muerte a Anaxágoras por predicar que el sol era una piedra incandescente y no el amo del universo, todavía hay en la periferia sudamericana quienes defienden los viejos valores soñando que volverán a imperar. Es necesario entender el mundo moderno y denunciar las infamias del igualitarismo y su relativismo moral de modo que la gran herencia del Occidente dé lugar a un "nuevo paradigma": de otro modo los asiáticos serán los amos del mundo y el islam conquistará Europa sin resistencia.

(Publicado en el blog País Bizarro el 18 de octubre de 2017.)

martes, noviembre 28, 2017

Resignación: el vicio

Por @ruiz_senior

Resignarse, "conformarse con las adversidades", según el diccionario, es lo que hacen los colombianos que no quieren convertirse en esclavos de los genocidas totalitarios. Primero permitieron que el presidente elegido en 2010 para continuar la política de Seguridad Democrática hiciera lo contrario y persiguiera a quienes lo habían llevado al poder. ¿Por qué? Por indolencia, por cobardía y sobre todo por esa lacra moral que es el servilismo, un rasgo que desconcierta hasta el escándalo a quien vive fuera y en relación con otras gentes.

No se le hizo ninguna oposición a Santos a pesar de la persecución inmisericorde, que comenzó en los mismos días de la posesión, con atentados terroristas como la bomba de Caracol, que como siempre se atribuyó a los enemigos de la negociación con los terroristas. Había alguna cuota de poder que a Uribe le interesaba conservar y por eso era mejor "pasar de agache" ante las agresiones. Dado que tanto Santos como Uribe pertenecían al mismo partido, lo mejor fue fingir no darse cuenta de que todos los congresistas estaban apoyando la persecución y todo lo que propusieran los del bando terrorista.

Se pensaba que Uribe podría presentarse como candidato a la Alcaldía de Bogotá en 2011, y si lo hubiera hecho probablemente habría ganado y sería otra la historia de la ciudad, pero no estaba en sus planes contrariar a Santos, cuya maquinaria se dedicó, junto con los recursos del país, a hacer alcalde al inefable Petro para lo que dispersaron el voto discrepante (clave para premiar a los genocidas). Uribe ni siquiera se dio por enterado de esa jugada: su propósito al parecer era mostrarle a Santos cuánto lo necesitaba porque tenía los votos y el pueblo lo quería. No resultó, el pueblo al parecer no lo quería tanto y ninguna alcaldía importante fue para el partido de Santos y Uribe. Pero sobre todo, no se habló del cambio de rumbo de Santos, no fuera a ser que dijeran que Uribe no dejaba gobernar, o que se había vuelto enemigo de la paz.

En todo ese tiempo los partidarios del gobierno narcoterrorista tenían un "latiguillo" con el que azotaban sin cesar a su audiencia: ¿por qué Uribe no se retira como otros expresidentes? Ahora se me ocurre que si se hubiera retirado todo sería distinto y se podría haber hecho algo para impedir la implantación de la tiranía. ¿Por qué siguió? Porque aspiraba (y aspira) a volver a la presidencia, tal como intentó cambiar la ley para presentarse a un tercer periodo. Y por eso le preocupaba tanto que lo calificaran como el que no dejaba gobernar o como el enemigo de la paz. La chusma no veía ningún problema, ¿por qué no iba a seguir? ¿Qué importan las leyes? Ese pueblo ignorante, sentimental y laxo moralmente que aplaudía la presidencia vitalicia del prócer es el mismo que en sus países seguía a Stroessner y a Somoza, que también ganaban elecciones siempre, o a Fujimori, que aplicó el modelo de hiperexposición televisiva que después imitaron Chávez y Uribe. El intento de segunda reelección fue el mejor argumento que tuvieron los narcoterroristas fuera de Colombia: resultaban demócratas que se rebelaban contra un régimen dictatorial. Exactamente eso pasó con los sandinistas en Nicaragua, eran en los medios la esperanza de salida de una tiranía.

Es decir, Uribe no se retiraba pero tampoco dejaba hacer oposición. El aplauso a las negociaciones de La Habana por parte de muchos de los líderes del CD no se notó porque a la chusma se la tenía enamorada con el lloriqueo impotente ante la escalada del crimen y los activistas, columnistas y políticos profesionales llenaban el vacío de ideas y perspectivas con hosannas al gran líder, cosa que era y es la más importante para situarse cerca de las curules o los puestos importantes en caso de que se recupere la cuota de poder. El que no aprobaba del todo que se legitimara a los asesinos convirtiéndolos en creadores de leyes se resignaba, en espera de las elecciones de 2014, sin que hubiera marchas ni protestas ni actuaciones públicas masivas de rechazo a esa infamia. Como mucho, el repugnante lema "paz sin impunidad" en Twitter, por el que se aceptaba que los asesinos crearan leyes pero si algunos de ellos tenían castigo.

Esos resignados no se dan cuenta de que son el verdadero problema, tal como ante una epidemia lo peor son los malos médicos, que se convierten en propagadores del mal. En siete años no se han dado cuenta de que no hay oposición a la negociación "de paz" ni al acuerdo final, y para no resultar en minoría se siguen definiendo como "uribistas". El problema, todo el problema, es que haya alguien que no acepte esa negociación ni ese acuerdo: que no se resigne a ser esclavo de los terroristas. Con ese enfoque no se puede ser uribista, un uribista que se oponga al acuerdo que Uribe promete no revocar y al que salvó de la extinción tras el triunfo del NO en el plebiscito es como un vegetariano caníbal, o un violador decente. Ya basta de mala fe, los que justifican su resignación a seguir tras Uribe con el pretexto de no querer quedar en minoría lo que hacen es encauzar a la mayoría que no quiere someterse al narcoterrorismo hacia lo que convenga a los intereses turbios de los dirigentes del CD. Mala fe, cobardía, servilismo e indolencia, los rasgos idiosincrásicos que llevan a la resignación.

Tras la mentira repulsiva de la "estrategia" (según la cual el CD aprobaba el acuerdo aplicando un plan maquiavélico para llegar al poder y entonces tumbarlo) salen ahora con el cuento de la resignación: ya ese acuerdo fue respaldado por las cortes, ya no se puede cambiar. Lo expresó mejor que nadie Rafael Guarín: las FARC han sabido crear su legalidad, los enemigos del acuerdo están fuera de esa legalidad. Lo cito para que no me acusen de interpretar abusivamente. 
La paradoja es que mientras las FARC consiguieron del gobierno de Santos cambiar el orden jurídico y entrar a jugar dentro de él, sean ahora los extremistas de derecha los que pretendan levantar la bandera de la subversión.
Con la más perversa desfachatez, este amanuense de Uribe declara que es un crimen oponerse al nuevo orden. La resignación que conviene a las carreras de los aduladores es obligatoria y cualquier discrepancia se contesta con intimidación.

Sé que a muchos les escandaliza que describa a menudo en Twitter al CD como una banda criminal. Es porque me baso en el diccionario y no en reacciones sentimentales: como la madre que les dice a los asistentes a una jura de bandera militar "mi hijo es el único que no tiene el paso cambiado" o como el que oye por la radio que un loco se ha metido en contravía por la autopista y razona "Pues yo ya he visto más de treinta", el uribista razona que los criminales son los demás, pero ¿CÓMO HAY QUE ENTENDER LA RESIGNACIÓN ANTE LA INFAMIA DE LA HABANA? Si usted se hace cómplice de un crimen, usted es otro criminal, cosa que cuesta explicarles a los colombianos por su indigencia moral: el que contrata a un sicario se siente un poco avergonzado de tener que entenderse con asesinos, y durante años me miraban como quien propusiera espetar a las madres y asarlas a la brasa cuando me refería a Alfredo Molano como un criminal. El crimen para los colombianos es usar botas horribles de caucho y tener las uñas sucias (por eso odian a Cepeda y no a Roberto Pombo o Antonio Caballero). Por sentimentalismo, como decía Trump, el líder puede matar a alguien y lo seguirían apoyando.

Si uno está a favor del acuerdo de La Habana es un cómplice del peor crimen. Si se dedica a la política y se lucra de ella y no combate ese acuerdo es otro criminal. ¡POR EL AMOR DE DIOS, NO ES LA MARCA DEL CALZADO!

Pero las razones políticas, históricas o morales no conmueven a los colombianos, para los que siempre priman las lealtades personales (como la de la familia de cualquier malhechor). Los que siguen en el CD, por muy patéticas que sean sus protestas con el acuerdo de La Habana (sí, me refiero a Fernando Londoño), dan ejemplo de resignación porque creen que son el santo Job pero sólo muestran su falta de principios. Como cualquier vicio, la resignación demanda cada vez más sometimiento: ya les pusieron al narcoterrorista Angelino Garzón a mediar entre los precandidatos y no van a abandonar el CD porque en realidad la ley, la democracia, la justicia, la libertad y los derechos humanos les importan menos que sus buenas relaciones con el poderoso señor que prefiere a ese miembro del Comité Ejecutivo Central del Partido Comunista.

Se creen atropellados por una conjura a la que no obstante se acomodan con diversos pretextos y a la postre sólo son malos médicos que contribuyen con su resignación a la propagación de la epidemia, al triunfo de la muerte. Ni el CD obtendrá más curules que en 2014 ni su candidato, sea quien sea, pasará a segunda vuelta. Tras ponerse de parte de "la paz" no representan nada más que la costumbre de los menos avisados, como cualquier producto obsoleto. También a esa irrelevancia se resignarán.

(Publicado en el blog País Bizarro el 7 de septiembre de 2017.)

lunes, noviembre 13, 2017

La fiebre del colono

La masacre de Barcelona puede verse como la obra de unos locos o como la materialización de una ideología perversa, pero forma parte de un fenómeno mucho más amplio que el yihadismo: la colonización de Europa por los musulmanes, ante la que los europeos no ofrecen ninguna respuesta sensata. 

Los recientes atentados yihadistas en Barcelona han generado toda clase de reacciones y polémicas que son un buen indicio de lo que pasa por la cabeza de los europeos y de los occidentales en general. Me propongo demostrar que el verdadero misterio no es la actuación de los terroristas ni sus motivaciones sino la percepción que de todo eso tienen los europeos.

Es el primer atentado yihadista que tiene lugar en Barcelona, pero en 2004 tuvo lugar la masacre de Atocha, en Madrid, con 191 muertos, si bien hay quienes dudan de la autoría yihadista. Esa atrocidad permitió la elección de Rodríguez Zapatero y sus gravísimas secuelas.

Pero en el resto de Europa occidental los crímenes yihadistas son cosa de todos los días, no siempre con tantos muertos pero siempre con la determinación de algún "trastornado psicópata" que grita "Al·lahu akbar" al tratar de matar a alguien.

Es muy importante detenerse en esa noción del "trastornado" o del "psicópata" porque es lo que la inmensa mayoría de los europeos entienden que les pasa a los terroristas. También es muy frecuente la idea de que son "fanáticos", víctimas de un "lavado de cerebro" al que los someten unos malvados cuyos móviles son inexplicables.

¿Por qué lo hacen? Otra explicación muy socorrida se relaciona con la perversidad intrínseca del islam. Si bien es una religión de conquista particularmente intransigente (aunque no tanto como el cristianismo católico, que persiguió con saña todas las demás opciones religiosas en las regiones en que dominó, mientras que en la mayoría de los países musulmanes había importantes comunidades de cristianos y judíos hasta bien entrado el siglo XX), el islam es sobre todo una adaptación de las ideas centrales del judaísmo y del cristianismo a la cultura de los árabes. Comparada con el cristianismo, la religión mahometana tiene muchos menos elementos supersticiosos. Mahoma no resucitó muertos ni le devolvió la visión a ciegos. Su único "milagro" es el libro (si se piensa que el hombre era analfabeto impresiona la memoria que tendría). Tampoco hay en el islam "misterios" como la ingesta del cuerpo de Dios y de su sangre, y puede que tampoco la desconcertante resurrección de la carne.

Se cree que el islam es una religión guerrera, pero en el Corán y en los hadices hay textos que se prestan a muchas interpretaciones, como ocurre con los evangelios. En la época del Che Guevara era frecuente ver un cartel en el que aparecía Cristo con una leyenda "No he venido a traer la paz sino la guerra" (de hecho, el portavoz del Estado Islámico que habla español parece un Che Guevara hipster). La gente que ponía esos carteles en los colegios o en sus casas era casi la misma que ahora vive en Colombia enamorada de la paz, aunque han pasado muchas décadas de crímenes atroces y cocaína . Los de ahora son más viles. La misma expresión "yihad" ("esfuerzo") alude a la expansión de la religión, casi como se alude entre los cristianos a una "misión". Pero siempre con ese sentido de la religión de perfeccionamiento moral (un amigo que se crio en un país musulmán me decía que cuando un muchacho optaba por hacerse religioso todo el barrio hacía fiesta, pues de algún modo era alguien que renunciaba a la vida frívola y baja en aras de un ideal superior).

¿Por qué un individuo joven y sano que no ha tenido dificultades especiales en la vida se convierte en un asesino despiadado de personas indefensas? Las típicas personitas de Europa meridional y Latinoamérica que se han "formado" a punta de propaganda comunista razonan en seguida que la causa es el desempleo, la discriminación, la exclusión, la desigualdad, etc. Al lado de esta gente los asesinos islamistas son sensatos, no se les ocurre pensar que el mundo fue creado con lavadoras y aire acondicionado para todos ni que quienes no disponen de ellos es porque han sido despojados por los fabricantes de esos aparatos. Es obvio que una persona que no tiene la ocupación ni el ingreso para vivir satisfecha estará más dispuesta a pensar en agredir a la sociedad, pero sin ir más lejos los que cometieron la masacre de Barcelona tenían buenos ingresos de distintas fuentes.

Primero está la vieja guerra de los árabes y musulmanes contra los occidentales. Cervantes perdió un brazo guerreando con los turcos en Lepanto y en una fecha tan reciente como 1683 los mismos turcos estaban a las puertas de Viena. La historia posterior determinó la derrota de los musulmanes y aun su colonización por los europeos. Eso ya pasó, pero ¿por qué no pensar que la gente de esas naciones sigue ansiando la revancha? Los europeos actuales sienten que eso es una tremenda estupidez, a la manera del burro filósofo que mencionaba Estanislao Zuleta: "¿Cómo es que las águilas despojan a las cabras de sus crías y no comen hierba como yo, sin molestar a nadie?". Si se hurgara concienzudamente en la mente de esos europeos saldría que ven a los musulmanes como gente que tuvo la mala suerte de no ser como ellos.

Se pueden seguir señalando elementos relacionados con los atentados yihadistas pero todo conduce a lo mismo: ¿es previsible un "choque de civilizaciones" entre Occidente y el islam y una guerra que comprometa a los europeos? ¿Quién podría ganar esa guerra? Mi opinión es que tratándose de una guerra de colonización la ganarán los musulmanes. Si se piensa en eso los asesinos "fanáticos" de las células extremistas son simplemente soldados de una causa que tiene muchísimo futuro.

Pero esta idea sin duda encontrará muchas objeciones. La principal, la de sacrificar la propia vida. Es la primera respuesta del burro filósofo y lo que explica el triunfo seguro de los musulmanes. A los niños los asustan hablándoles de los kamikaze japoneses que se lanzaban a una muerte segura, pero por una parte no podrían optar por otra cosa y por la otra ¿qué hace quien va a la guerra? Se dice que la proporción de supervivientes entre los aviadores estadounidenses que participaron en la guerra en Europa era del 30%. La mayoría murieron. El joven islamista no muere en atentados suicidas porque crea en las huríes que lo atenderán en el paraíso (leyenda urbana que no forma parte de la doctrina musulmana, que no aparece ni en el Corán ni en los hadices) sino porque hacerlo es algo honroso entre los suyos, sobre todo en la comunidad radical en que de algún modo se integra. Así ha sido toda la vida: se dice que Goethe hizo infeliz a su hijo por no dejarlo ir a hacer la guerra contra Napoleón. Le regaló la fama de cobarde y desleal. Los jóvenes colonos musulmanes dan la vida por su patria islámica y los europeos no se lo explican porque aparte de cualquier fin egoísta no conciben la menor renuncia a sus placeres y comodidades.

Cuando se trata de Hispanoamérica la comparación con los musulmanes es penosa (por no hablar del país de los descerebrados aviadores kamikaze). La población venezolana es comparable en cantidad a la de los países árabes petroleros del golfo Pérsico. Las reservas de petróleo también. Valdría la pena comparar las condiciones de vida de unos y otros. También se podría comparar la desigualdad en un país como Colombia y en los países árabes de renta parecida (como los del norte de África). Si se busca el índice de homicidios ya se puede hablar claramente de países civilizados y países bárbaros.

Las perspectivas de éxito de la avanzada musulmana en Europa son altísimas. En realidad la historia humana ha sido ésa: la Mesopotamia de la Antigüedad recibía continuas oleadas de inmigrantes e invasores procedentes de Arabia que terminaban siendo la cultura dominante (acadios, caldeos, babilonios, asirios, etc. eran nombres de invasores meridionales). Lo mismo se puede decir del Egipto faraónico (el que pueda darse una vuelta por la maravillosa colección del Metropolitan podrá comprobar como los personajes de las representaciones son muy negros en los primeros milenios y más bien blancos en los últimos). Los personajes del Éxodo eran en esencia inmigrantes asiáticos y en el siglo XVIII a. C. el país cayó en manos de los hicsos. Lo mismo habrá ocurrido con los mongoles en China, y en la Mesoamérica precolombina, según relata Octavio Paz, había una guerra continua entre toltecas y chichimecas (los nómadas guerreros de los desiertos del norte). Los aztecas eran la última oleada triunfante de conquistadores chichimecas. También en la antigua Roma los conquistadores germanos fueron primero inmigrantes hasta cierto punto tolerados. Lo que da ventajas a los conquistadores teóricamente más atrasados, desorganizados y primitivos es la pérdida de firmeza de los ciudadanos asentados: los imperios caen porque no tienen quiénes los defiendan. Ese desistimiento es ahora patente en Europa.

La rebelión antioccidental no era principalmente religiosa hace unas décadas: la mayoría de los regímenes árabes eran de los "no alineados", socios del "no alineado" régimen cubano, y tenían toda clase de relaciones con los soviéticos. También había en la mayoría de esos países partidos comunistas que eran la única opción que atraía a los modernizadores. Liberales y demócratas no ha habido, en todo caso no han significado nada. El islamismo avanzó a partir de la caída del comunismo, que les abría enormes posibilidades geopolíticas, y de la guerra de Afganistán, en la que se demostró que una causa grata a los jefes de las tribus podría vencer a cualquier esfuerzo de asimilación a Occidente. Los atentados del 11 de septiembre de 2001 reforzaron extraordinariamente esas tendencias. Hay que tener en cuenta que la inmensa mayoría de los musulmanes no son árabes y no tienen esa tradición de guerra con Occidente. Por eso la bandera religiosa se hizo hegemónica entre los nacionalistas y antioccidentales (que antes también se inmolaban y aplaudían el terror como en los atentados de Múnich de 1972). Los que se reconocen en la tradición del islam son casi una quinta parte de la población del mundo, y entre ellos el integrismo ha avanzado sin cesar desde 2001, aunque no sea a través de la organización de Bin Laden. Turquía es ya un régimen islamista y en Egipto hubo que pasar por encima del resultado electoral para impedirlo, mientras que Irak y Siria vieron surgir un califato que tiene mucho que ver con los atentados recientes. La nueva afirmación étnica y religiosa que significaron las atrocidades del 11 de septiembre arrastra sin remedio a millones de musulmanes de Asia y África. Y el reino de terror desde Nigeria hasta Afganistán disuade a cualquiera que se quiera apartar de la fe.

¿Cuál es la respuesta de los europeos? Sin el menor rubor predominan los que se levantan muy orondos a decir que no se van a dejar someter y que seguirán tomando cerveza en las terrazas. Respecto de los atentados islamistas, la mayoría de los medios de comunicación los ocultan o tratan de negar que sean agresiones motivadas por el interés de los musulmanes de imponerse. Las violaciones masivas de Colonia en la nochevieja de 2015 tardaron varios días en aparecer en los medios, y la red de prostitución infantil de Rotherham no interesó ni siquiera a la policía, porque la corrección política prohíbe toda manifestación que pueda considerarse islamofobia y favorecer a la extrema derecha.

La actuación de los europeos es exactamente la que conviene al interés islamista. La desaparición de la religión no ha significado más que aquello que anunciaba el católico Chesterton: que tras dejar de creer en Dios se empieza a creer en cualquier cosa. Primero en las utopías colectivistas (el nazismo era una de ellas) y después en nada, en el placer inmediato, en los estimulantes, en el consumismo y en la vanidad personal. La actitud de los políticos y funcionarios europeos es de completa sumisión a los poderosos musulmanes (a tal punto que ante la visita de un dignatario iraní taparon las estatuas que representaban personas desnudas en Roma). Los partidos de izquierda, con violentos frentes feministas y de heterodoxos sexuales, son complacientes con los inmigrantes musulmanes, cuyas nuevas generaciones son un botín electoral que no quieren perder, y todo el mundo acepta el molde multicultural, por el que cada persona resulta adscrita a una comunidad que le puede imponer sus normas y valores.

Las reacciones a los atentados no son campañas contra los terroristas ni contra los integristas musulmanes que los animan, sino contra la islamofobia. A la agresión se responde con amor, y no sería nada raro que las Ramblas de Barcelona se volvieran un escenario habitual de masacres islamistas de todo tipo. El barrio que las rodea tiene miles de habitantes musulmanes y cualquier hecho que ocurra ahí, imposible de evitar, saltaría a las portadas y a las redes sociales de todo el mundo. La colonización y dominación musulmanas son casi hechos consumados porque nadie va a hacer nada para defender las tradiciones y valores de Europa ni para proteger a sus ciudadanos arraigados. La imposición del miedo, de las mujeres con la cara tapada, de los barrios en que impera la sharía y muchas otras realidades no tiene freno. Aunque no se den cuenta, los inmigrantes de países de mayoría musulmana que adhieren a su religión y a su comunidad étnica son un poco más poderosos tras cada atentado. Alguien a quien no se puede ofender ni menospreciar. La expansión demográfica, generosamente pagada por los europeos mediante incentivos a las familias numerosas, hará el resto. Y también la geopolítica, la formación de una vasta alianza de potencias musulmanas que podría "hablar fuerte" en Oriente Medio, Africa y buena parte de Asia y Oceanía.

(Por cierto, buena parte de lo que digo lo dijo hace ya tres años Arturo Pérez Reverte.)

(Publicado en el blog País Bizarro el 27 de agosto de 2017.)

miércoles, noviembre 01, 2017

El factor Londoño

Cuando Ricardo Puentes Melo anunció que se retiraba del Centro Democrático hubo unas palabras de comprensión en el programa radiofónico de Fernando Londoño, a las cuales respondió Eduardo Mackenzie con un escrito difundido en el periódico Debate. Reseñado en el mismo programa, dicho artículo recibió también el apoyo de Londoño. Voy a comentarlo porque ya es hora de plantearse seriamente si la unidad del uribismo es otra cosa que la resignación a los acuerdos de La Habana y al control de Colombia por el narcorrégimen cubano.
Escuché con atención Al Oído del 11 de agosto de 2017 (1). Si me permite, quisiera explicarle aquí, a usted y a los amigos de La Hora de La Verdad, mi posición ante el asunto de la renuncia de Ricardo Puentes al Centro Democrático.

Yo no comparto las tesis actuales de Ricardo Puentes. Digo tesis actuales pues me parece que Ricardo está evolucionando hacia posiciones deplorables muy rápidamente. Lo que dice hoy no lo decía ayer.

Durante años, él y yo hemos estado de acuerdo en muchas cosas. Él ha acogido y difundido, con generosidad y sinceridad, mis artículos en la página web Periodismo sin Fronteras. El secundó mis llamados de atención al CD y mis críticas al senador Iván Duque. Yo fui el redactor de la carta del 24 de diciembre de 2016, firmada por una docena de personas, casi todos del CD, donde criticamos la visión meramente electoralista de ese partido y su no disposición a movilizar masivamente, en calles y plazas, al pueblo uribista contra los pasos terribles que está dando JM Santos contra los equilibrios del país y sobre todo contra su sistema democrático. Allí decíamos: “La derrota de los planes totalitarios de las Farc no la lograremos con la sola fuerza de la discusión parlamentaria. Hay que pasar a la acción directa pacífica.”
Ya empiezan a asomar las falacias: se da por sentado que la discusión parlamentaria del CD es contra los planes totalitarios de las FARC. ¿Eso es serio? Todos hemos visto a Uribe jactándose de haber ido a salvar el acuerdo de La Habana por respeto a la palabra empeñada, y prometiendo no revocarlo. ¿Qué clase de lucha es ésa? El apoyo del CD al proceso de La Habana es algo que he documentado en decenas de entradas de este blog. La reproducción de la propaganda del narcorrégimen, que llama "la paz" a las componendas con los terroristas, es una constante, por no hablar de la búsqueda de una Constituyente acordada con las FARC que evidenció Juan Lozano y enlazó Uribe en su cuenta de Twitter: es FALSO que el CD haya luchado contra los planes totalitarios de las FARC. La derrota de dichos planes no la puede emprender el CD porque sus críticas constructivas a la infamia de La Habana eran siempre un penoso lloriqueo impotente por no haber sido invitados.
Yo sigo creyendo que ese electoralismo es un error del CD y del ex presidente Uribe y sostengo que el senador Iván Duque, admirador de George Soros, pertenece a una escuela de pensamiento opuesta a la del CD y está jugando un papel deplorable en la orientación de este partido. Sin embargo, no comparto lo que Ricardo Puentes ha dicho en sus últimos escritos, en su carta de renuncia al CD y, sobre todo, lo que ha declarado a El Espectador sobre el presidente Álvaro Uribe el 10 de agosto pasado.
El pobre Duque aparece como un titán que resulta reinando sobre un partido que pertenece a otra "escuela de pensamiento". ¿Cómo es que es candidato y evidentemente el preferido de Uribe? ¿Y cuál es la "escuela de pensamiento" del CD? Se trata de un caudillo turbio y bastante limitado intelectualmente al que adulan toda clase de arribistas en nada distintos a los que acompañan a Santos. ¿La "escuela de pensamiento" del CD será la de Paloma Valencia o Sergio Araujo, que describen a Angelino Garzón como un demócrata parecido a los socialdemócratas europeos? Podría hacer una lista inagotable de sandeces de los "pensadores" que ocupan curules gracias a la popularidad de Uribe.
Allí Ricardo dice que el ex presidente Uribe “va a terminar cediendo” ante las Farc y que “ya lo está haciendo” y que ya se está “acercando” a las Farc. No comparto ese diagnóstico. Nunca he sostenido esa tesis, ni en mis escritos, ni en los llamados de atención al CD. Ricardo se suma así al matoneo mediático contra el expresidente Uribe.
Pero ¿no promete Uribe no revocar el acuerdo de La Habana? ¿No han estado siete años apoyando las componendas del gobierno con los terroristas? ¿No es Rafael Guarín, uno de los amanuenses de Uribe, el que propone aislar a los trastornados extremistas que cuestionan el acuerdo y llama a reconocer la nueva legalidad alcanzada por las FARC? Puestos a adular al Gran Timonel, no importa sumarse a la campaña de Guarín, o sea, del CD, para proteger el acuerdo. Pero lo mejor es la frase final que he puesto en negrita: no hay unas gentes que promueven el premio del genocidio y otras que se oponen, en realidad son lo mismo. Los que quieren a las FARC en el poder y los que creen que no se deben legitimar sus atrocidades son por igual detractores del presidente Uribe. ¿No es lo que dice?
El enfoque nuevo de Ricardo Puentes es, en mi opinión, inaceptable pues no resulta de la constatación objetiva de unos hechos precisos. Es un conjunto de alegaciones infundadas, caprichosas y sin respaldo. Una cosa es seguir una línea rigurosamente electoral y parlamentaria, quizás excesivamente prudente, frente al régimen sin escrúpulos santista, línea que uno puede compartir o no, y otra es capitular ante las Farc.
¿No es constatación objetiva el hecho de salvar el plebiscito que el pueblo rechazó? ¿Y prometer no revocar unos acuerdos que parten de la legitimación de la rebelión totalitaria y terminan en la entrega de las claves del poder a una banda criminal? Eso se llama mala fe: el estilo uribista, se encuentra lo mismo en Guarín o en Yamhure, la descalificación por adjetivos, "infundadas", "caprichosas", etc.
Cuando presentó su renuncia, Ricardo afirmó que lo hacía pues estimaba que “la izquierda” del CD se había tomado el partido. En ese momento, el blanco de sus ataques era esa supuesta fracción. En realidad, como vemos ahora, ese no era su blanco. El blanco tampoco era Iván Duque, sino el ex presidente Uribe, como quedó claro en sus respuestas a El Espectador. Al decir eso Puentes cruzó una línea que él no había cruzado jamás.
Nuevamente la proclama de lealtad al Gran Timonel: el crimen de Puentes es rechazar a Uribe, no importan los acuerdos de La Habana ni el resultado del plebiscito, lo que no puede pasar es que vengan a faltarle al respeto al padrecito de los pueblos. Muy lejos de lo anterior, en el escrito de Puentes aparece la infaltable proclama de adhesión y admiración por Uribe. Pero puestos a acusar a alguien es más consistente el argumento de la deslealtad al amado amito que el del trastorno extremista de querer hacer valer lo que el pueblo votó.
Ricardo Puentes ve ahora izquierdistas en todas partes y, lo que es peor, ve en ellos no solo personas que no piensan como él sino leninistas y terroristas en acción o en potencia. Puentes lo dice sin reatos. Le dijo a El Espectador que no está de acuerdo con el hecho de que haya “gente de izquierda” en el CD. Eso es nuevo. Es un error de apreciación que él no cometía antes.
Fuera de lo que concierne al CD, el sectarismo ideológico es una manía espantosa que no sólo afecta a Puentes Melo sino a muchísimos activistas y usuarios de las redes sociales. Parte de los peores vicios del razonamiento: primero, la corrupción del lenguaje, una tradición colombiana que describe el primitivismo del país. Las palabras no necesitan corresponder al enunciado del diccionario sino que son idiosincrásicas. ¿Qué es izquierdismo? ¿Qué es izquierda? Según el diccionario académico, se trata de los reformistas o renovadores, en oposición a la derecha, formada por los tradicionalistas o conservadores. Según la Wikipedia se trata de la facción que busca la igualdad social. Si uno piensa en la sociedad colombiana lo primero que detecta es el rastro de la esclavitud. Es lo que la hace diferente a cualquier sociedad europea. La humillación, la miseria, el miedo en que viven las personas de condición social baja, entre las que predominan los mestizos y los descendientes de los indios y negros de la Colonia, es algo que rompe el alma. Lo que Colombia necesita ante todo es la superación de esa sociedad jerárquica de castas y exclusión. Lo que representa la conjura totalitaria, lo he explicado muchas veces, es la resistencia de ese orden. También he mostrado muchas veces que el triunfo de los totalitarios en 1991 acarreó un aumento de la desigualdad de diez puntos del coeficiente de Gini en la década siguiente. Resulta que gracias a la influencia comunista y de la Revolución cubana esa fuerza atávica, retrógrada y resistencialista, derechista en el sentido del diccionario, es lo que en Colombia se llama "la izquierda".

Colombia necesita una pasada por la izquierda que simplemente consiste en el imperio de la ley, en el respeto estricto a los derechos humanos y en la asimilación a las democracias avanzadas. Las jerarquías antiguas se defienden mediante crímenes y falacias, como la "acción de tutela", principal tarea de los juzgados, gracias a la cual la ley cede al arbitrio del funcionario. Pero ese tema se haría agotador aquí.

Cuando Puentes Melo y los demás "derechistas" (los verdaderos derechistas son los figurines de la universidad, herederos de un parasitismo de cinco siglos que conservan jerarquías y tradiciones inicuas) habla de la "izquierda" uno siente que ya no se trata de política sino de hexakosioihexacontahexafobia: se llama "izquierda", un lado de las cosas, pero en realidad es la marca de la bestia, el nombre vigente de Belcebú. Esa manía me hace recordar unos versos de Borges de los que él mismo se jactaba (alude a El corazón de las tinieblas, de Conrad):
El humo desdibuja gris las constelaciones
remotas. Lo inmediato pierde prehistoria y nombre.
El mundo es unas cuantas tiernas imprecisiones.
El río, el primer río. El hombre, el primer hombre.
Es eso, lo inmediato (las atrocidades terroristas, el reino de la gran mafia de la cocaína, la entrega del país a una banda criminal extranjera, la conversión del poder judicial en una agencia de verdugos, etc.) "pierde prehistoria y nombre" porque "el mundo es unas cuantas tiernas imprecisiones": el mundo sólo es la batalla cósmica entre la izquierda y la derecha, entre el bien y el mal, entre el divino creador y el maligno. Las nociones de "izquierda" y "derecha" no requieren ser demasiado precisas, y eso funciona a la manera del patriotismo: demanda una adhesión total. Es exactamente lo que pasa con los comunistas, que también ven a sus adversarios como "los malos" y tampoco están para detenerse en conceptos. (Un amigo mío pintó cuando tenía unos dieciséis años unos mamarrachos que recordaban el test de Rorschach y los llamó La burguesía.)

Volviendo al CD y al escrito de Mackenzie, la visión de Puentes Melo de una "izquierda" del CD, de una facción ligada de algún modo a la conjura comunista, no es nada errada: ya hemos visto que hay personajes que se jactan de su pasado en el MOIR y que casualmente están asociados con el senador que dirigía el M-19, con personajes como Alfredo Rangel, un antiguo "violentólogo", es decir, propagandista de las falacias que legitiman el terrorismo, y aun otros. Son los que promueven a Duque, que asegura que hará "modificaciones" al acuerdo de La Habana. La actitud de Uribe es de plena correspondencia con ese grupo de aduladores. Y la cuestión a estas alturas es ¿qué mueve a Mackenzie a querer estar en el mismo partido de esa gente? Son el bando de "la paz" y prosperan por la adhesión sentimental de mucha gente al Gran Timonel. Decir que esa disposición de ese grupo dominante no es "capitular ante las FARC" es sencillamente mala fe.
En su renuncia al CD Puentes afirma, sin prueba alguna, que el CD incluía, desde el comienzo, “viejos terroristas marxistas y socios de Pablo Escobar”. ¿Por qué Puentes dice estas cosas hasta ahora? ¿Desde cuándo él sabe eso? ¿Por qué no lo dijo antes? ¿El CD acoge en su seno a “socios de Pablo Escobar”? ¿Quiénes son? ¿Por qué Fuentes no da los nombres? Esa forma de lanzar la piedra y esconder la mano es detestable.
¿No es Everth Bustamante un viejo terrorista marxista? Lo de los "socios de Pablo Escobar" es evidentemente una alusión a José Obdulio Gaviria, a quien también Andrés Pastrana señaló como personaje próximo al narcotráfico (no sé nada del asunto y no puedo decir si eso tiene sustento). Pero ¿por qué dice Puentes esas cosas hasta ahora? Porque confiaba en Uribe. Yo también hice propaganda por Santos en 2010. Alguna vez se entenderá que la tragedia colombiana es la confianza en Uribe, que tras 17 años liderando a la mayoría sólo ofrece una formidable derrota.
La visión sectaria de Ricardo me sorprende. Se ha venido forjando, no sé cómo, en los últimos meses. Afloró ante un dramático evento reciente que nada tiene que ver con el CD. Ese hecho, en junio pasado, me llamó la atención y me obligó a poner un punto final a nuestra colaboración política y periodística. Hablo de la trágica muerte de la joven francesa Julie Huynh, una de las once víctimas (tres muertos y 8 heridos) del atentado contra el centro comercial Andino, el 17 de junio pasado. Ella había ido a Bogotá a ayudar a niños de un barrio pobre, en el marco de sus estudios universitarios en París. Sin verificar nada, Ricardo acusó a Julie de haber sido una “izquierdista”, por haber viajado unos días a Cuba y a Vietnam (sin saber que una parte de la familia de la joven es vietnamita). Acusó a Julie, sin la menor prueba, de haber sido la persona que llevó la bomba al baño del segundo piso de ese centro comercial.
Fue una acusación absurda (la madre de Julie fue herida por la explosión), infame y muy cobarde que la investigación de la Fiscalía no confirmó. Yo cuestioné vigorosamente desde el primer momento esa calumnia y la sigo cuestionando. Ricardo Puentes rechazó mis argumentos. Se empeñó en que Julie era la autora del atentado pues ella trabajaba con una Ong bogotana pretendidamente “de izquierda”. Hasta la madre de Julie, Nathalie Levrand, fue objeto en las redes sociales de una campaña infame para mostrarla como otra “guerrillera”. Todo eso les fracasó. Semejante cubrimiento de lo del Andino en Periodismo sin Fronteras –no han dicho siquiera que la Fiscalía y la Sijin descubrieron, el 23 de junio, la célula terrorista (el llamado MRP) que está acusada de haber cometió la atrocidad del Andino, ni han mencionado que a los ocho detenidos les encontraron armas, explosivos, propaganda y planes del centro Andino, y pruebas que los ligan a otros atentados cometidos en otras ciudades en los últimos meses—arruinó la credibilidad de esa página web.
En ninguna parte del escrito de Mackenzie es tan evidente la mala fe como en estos párrafos: no sé si Puentes Melo acusó a la chica francesa pero sí lo hicieron muchos usuarios de Twitter. Esa atribución es en efecto irresponsable, pero no absurda como pretende Mackenzie con argumentos que delatan la intención de mentir. Ir a Bogotá a ayudar a los niños de los barrios pobres es lo que hacen miles de internacionalistas europeos, casi siempre afines al comunismo, y tan noble ayuda es a la vez "marketing interno" (es decir, que con las vacaciones filantrópicas las ONG y las redes totalitarias que las controlan "fidelizan" y comprometen al joven catecúmeno) y propaganda dirigida a esos barrios (los acompañan los militantes locales, ansiosos de reclutar activistas y líderes populares que sirvan a sus fines). Que Mackenzie presente la bella intención de la chica como lo más lícito e incuestionable de este mundo es sencillamente desfachatez: no puede ignorar lo que es esa clase de turismo.

Yo no sé si Julie Huyn estuvo en Cuba: ¿pretende Mackenzie que quizá no estuvo? Tampoco si tenía relación con una ONG "izquierdista". De nuevo: ¿no tenía relación? ¿No era una ONG "izquierdista"? Es el típico libreto de la internacionalista que colabora con las bandas terroristas colombianas. Yo he conocido a decenas de personas así. Eso no demuestra que ella pusiera la bomba, pero ¿se sabe quién puso la bomba? Una cosa es la presunción de inocencia, que no se es culpable de algo mientras no se demuestre, y otra la prohibición de la sospecha. Un investigador riguroso tendría que tenerla como primera sospechosa y prestaría atención a las pruebas. Es lo que interesa de la actitud de Mackenzie, lo que demuestra una mala fe espantosa: toma como pruebas elementos que no demuestran de ninguna manera que los acusados pusieran la bomba.

Aparte de la pasión y los adjetivos, no hay nada por lo que la joven y su madre no pudieran ser las autoras del atentado. El cuento de que la captura de unos sospechosos no apareciera en Periodismo sin Fronteras es traído de los cabellos: no es un medio noticioso, no compite con RCN y El Tiempo. Pero los argumentos con los que Mackenzie acusa a los capturados son más endebles que los de quienes acusan a Julie Huyn, empezando por la FASCINANTE confianza en la Fiscalía colombiana: sencillamente, se prescinde de averiguar quién puso la bombatoda vez que ya se encontró un culpable fácil, curiosamente el mismo que encontraron los de El Tiempo desde el principio. Alguien que quisiera averiguar quién puso la bomba se preguntaría por los videos del Centro Andino, cosa que ni a los medios colombianos ni a la Fiscalía ni a Mackenzie les interesan: ¿no habrá que pensar que hay alguna motivación espuria en la ocultación de esos videos? CUIDADO, sale Mackenzie echando espumarajos y los maldice por calumniar a la dulce filántropa.
El discurso actual de Ricardo sobre el Centro Democrático y sobre el ex presidente Uribe es el segundo resultado notable de ese cambio de visión. Puentes describe el CD como “un partido leninista en su estructura de poder y concentración de las decisiones, y gramsciano en sus acciones”. Esa afirmación increíble refleja una cierta ignorancia de lo que es el leninismo y el marxismo gramsciano. Gramsci fue un fundador y un ideólogo del PC italiano. Decir que el CD es un partido gramsciano es decir que el CD es un partido marxista. Ese es el planteamiento de Puentes. Por eso se retira del CD: porque cree que el CD es un nuevo tipo de partido comunista. ¿Quién puede creer eso?
Puentes no se atreve a develar en fondo de su pensamiento (que el CD es un partido comunista), pero sí dice que es un partido leninista sólo “en su estructura de poder y concentración de las decisiones”. Dudo mucho que Puentes sepa cómo funciona en verdad un partido leninista. Sospecho que de eso tiene un conocimiento libresco. Creer que puede haber un partido leninista sin valores leninistas proclamados pero con una forma organizativa leninista es salir del mundo real.
¿De qué modo es "salir del mundo real" que haya partidos basados en las normas organizativas leninistas sin un programa leninista? ¿Se entiende por experiencia? Esa expresión "centralismo democrático" se usa en todas partes para aludir a las dictaduras de camarillas en el interior de los partidos.
“Al partido lo llamaron ‘Centro Democrático’, seguramente para hacerle honor al ‘Centralismo Democrático’ de Lenin”, dice Puentes. Ello muestra que Puentes piensa el leninismo como una forma de organización, no como un sistema ideológico totalitario. El leninismo es una forma consecuente, quizás la más consecuente y aterradora, de marxismo. Es una ideología global, una visión del mundo, del poder sobre la humanidad, de la historia, y no solo una forma de organizarse para adueñarse del poder. La excepcionalidad del leninismo es que trata de imponer “la democracia para el pueblo” mediante “la dictadura del proletariado”. El aporte mayor de Lenin fue decir que “la dictadura del proletariado”, es decir de la vanguardia (minoritaria) del proletariado, “es la esencia misma de la doctrina de Marx”, que esa dictadura contra las mayorías debe ser un poder sin restricciones, violento, sin parlamentarismo y que esa dictadura es “un millón de veces más democrática que cualquier democracia burguesa”. El leninismo instauró en Rusia el sistema de partido único, algo que era completamente ajeno al pensamiento occidental. Las críticas más prontas y acertadas contra las tesis de Lenin vinieron de Karl Kaustky, el ideólogo de la socialdemocracia alemana, el mayor partido socialista europeo, quien publicó un librito intitulado “La Dictadura del Proletariado” que hizo saltar de rabia al autor de “El Estado y la Revolución”.
El Centro Democrático se llama así para indicar que no es de derecha ni de izquierda. No se trata de equidistancia ni de moderación, sino de superación de las ideologías, que se funden en la unanimidad de amor al Líder (el fascismo originario, el nazismo y sus variantes sudamericanas como el peronismo pretendían exactamente lo mismo).
Puentes cree que, para corregir el rumbo, el CD debería estar integrado exclusivamente por gente “de derecha”. Esa sería la garantía de que el CD no es un partido marxista. Es un punto de vista ingenuo e impracticable. Todos los partidos tienen en su seno tendencias o facciones “de derecha” y “de izquierda”. Y eso es legítimo. La vida democrática de un partido depende de esas tendencias, de si éstas pueden expresarse, discutir entre ellas y tomar decisiones unitarias. Sólo las sectas comunistas no toleran las tendencias: las liquidan de diferentes maneras. ¿Es el caso del CD? No he visto nunca nada semejante a eso. El CD se llamó así no para rendirle un culto disfrazado a Lenin sino para hacer, desde el comienzo, un polo de atracción, un centro de confluencia de voluntades, un centro de centro-derecha, popular y anti totalitario, no un partido “centrista”, ni un partido-valija donde todo cabe y dominado por una clique autoritaria. Sin ese perfil claro el CD no habría tenido el éxito político que tiene.
Esto es un disparate inverosímil, pero Mackenzie lo usa con base en que "izquierda" y "derecha" son palabras que cada uno entiende como quiere. Claro, en todos los partidos habrá tendencias que estarán más a la derecha o a la izquierda, como decir que visto desde Shanghái Pekín es "el oeste". Pero en el sentido general de "izquierda" o derecha ningún partido puede tener tendencias realmente opuestas porque precisamente un partido es una opción en un abanico de posibilidades. Nadie podría estar en el GOP proponiendo la nacionalización de la banca ni en la socialdemocracia europea proponiendo la eliminación del impuesto sobre la renta. En el CD hay personas que ya con Santos en el poder aludían a Uribe como socio del paramilitarismo o que como el propio Rangel se oponían a la política de seguridad democrática.
Tienen la razón quienes dicen que no hay problema si personas de izquierda, o con un pasado de izquierda, apoyan las tesis del CD y que lo pernicioso sería que hubiese gente de izquierda que busca, de manera embozada, llevar el CD hacia posiciones de izquierda diciendo que son de derecha. El punto central es este: ¿puede un ex comunista, o un ex trotskista o un ex maoísta, o un ex anarquista, militar lealmente en un partido de derecha? Mi respuesta es sí, si respeta el programa de ese partido. Nadie debe olvidar el aporte decisivo de ex comunistas y de ex socialistas, tras su ruptura con esas ideologías, a la lucha contra los dos grandes sistemas totalitarios, incluido el comunista. Solo unos nombres: Arthur Koestler, Boris Souvarine, Walter Krivitzky, Richard Krebs (Jean Valtin), Margarete Buber-Neumann, Ante Ciliga, André Gide, Victor Serge, George Orwell, Manès Sperber, Milovan Djilas, Leszek Kolakowski, Annie Kriegel, Jean-François Revel, Jorge Semprun, Alexander Yakovlev, etc.
De nuevo la mala fe de presentar a los arrepentidos del comunismo como si fuera el caso de los moiristas y terroristas del CD. ¿En alguna parte Bustamante o Rangel o los del MOIR han abjurado de su antigua militancia y han ayudado a combatirla? En absoluto, es manifiesta la afinidad que tienen con el senador Robledo y el orgullo de su pasado revolucionario.
En cambio, un narco-guerrillero de las Farc o del Eln, o de otra organización armada, no puede presentarse de la noche a la mañana y reclamar la confianza de la sociedad, de los partidos y sindicatos. Antes debe rendir cuentas a la justicia y declarar su ruptura con su pasado de violencia. Demostrar que ha hecho un trabajo personal profundo de reflexión moral y política es también muy importante.
No vayan a creer que un narcoguerrillero de las FARC o el ELN es lo mismo que un narcoguerrillero del M-19. Éstos pueden tener amigos dentro del CD y hacerse amigos de Uribe y llegar a senadores. ¿No es el colmo de la desfachatez que Mackenzie diga esto? ¿Ha rendido Bustamante cuentas a la justicia? Por favor.
Ricardo habla de partido gramsciano. Gramsci inventó la estrategia de la “subversión lenta” que mina desde dentro al Estado “burgués” para alcanzar el comunismo mediante la imposición de una nueva “hegemonía cultural” (3). ¿Hemos visto en eso al CD? No, todo lo contrario. No hay otro partido que haya producido una literatura anticomunista y anti Farc más completa que el CD, gracias a sus dirigentes, militantes y activistas. No hay otro partido que haya denunciado el trabajo de zapa y la penetración de las instituciones por los bonzos marxistas. No hay otro partido que haya liberado más la palabra y dado el combate de ideas contra el PCF y las Farc. ¿No vemos en que quedó en Colombia la ideología del comunismo? Están sin argumentos y muy discretos ante el debate ideológico, ofreciendo faribolas en lugar de la retórica alevosa de antaño. Si están ganando la guerra, como dicen algunos, es porque siguen conservando las armas y el dinero y metiendo miedo con eso en las universidades, en el parlamento, en los cuarteles, en las redacciones, en los sindicatos, en las parroquias, en los municipios. Pero su ideología está por los suelos. ¿El CD un partido gramsciano?
Ciertamente el CD no ha hecho ninguna campaña anticomunista sino que por el contrario se ha mostrado de lo más comprensivo con los comunistas. ¿Nadie ha leído las declaraciones de Paloma Valencia sobre el MOIR? ¿Y la reivindicación generalizada de Angelino Garzón? Este personaje es un asesino de primer orden porque en calidad de miembro del Comité Ejecutivo Central del Partido Comunista dirigía la acción de las FARC. ¿Se ha arrepentido y ha ayudado a combatir a los terroristas? Sencillamente, el hombre representaba al G2 en el primer gobierno de Santos tal como lo hacía Humberto de la Calle en el de Samper. Y su adhesión a ese régimen es manifiesta. Lo que lo une al Gran Timonel es algún tipo de intereses turbios que describen algo de verdad ominoso, pero que no se puede mencionar sin soliviantar a la caterva de aduladores que esperan prosperar al lado del Gran Timonel.

Lo del partido gramsciano de Puentes lleva a hablar de otro vicio que define el sectarismo ideológico: el fetichismo de la ideología. Dado que la izquierda es el 666, toda es lo mismo: una vocinglera y la otra taimada, siempre obedece a un mismo plan. De modo que cualquiera que discrepe de un discurso conservador, confesional y tradicionalista resulta un agente de esa vasta conjura. ¿Eso es serio? Primero ya he explicado que "izquierda" es una noción confusa, si uno se ciñe al socialismo, que es sólo una posibilidad de la "izquierda", no se puede decir seriamente que un socialdemócrata europeo es lo mismo que un comunista, aun si busca efectivamente el predominio del Estado en la economía. Ya desde el mismo siglo XIX hubo en los partidos socialistas sectores "revisionistas" que planteaban la renuncia a la revolución que proponía Marx. El respeto a las instituciones democráticas marca la diferencia, no es lo mismo el SPD de Helmut Schmidt que el Jemer Rojo. No se podría decir que un hombre que se interesa por una mujer y le regala flores y joyas, le escribe poemas y se casa con ella es lo mismo que el que la viola porque ambos pretenden efectuar lo que el cómico español Chiquito de la Calzada llama "la guarrerida del diodeno".

Esa paranoia ideológica está por todas partes y es una peste. El propio Puentes Melo aludía al general Naranjo como una persona de izquierda. Insisto, se trata del 666: en la realidad la inmensa mayoría de la gente no obra movida por la ideología sino por sus intereses específicos. La posición política de Naranjo sólo corresponde a su conveniencia de prosperar como cortesano del gobierno. Pero por lo mismo es frecuente leer que Soros es marxista o izquierdista. Precisamente su credo ideológico manifiesto se basa en un texto anticomunista, el famoso libro de Karl Popper. Que en sus maquinaciones se haga socio de los más siniestros totalitarios, como los de las FARC o Podemos, es algo que no tiene que ver con su ideología sino con sus negocios. Eso de prosperar en alianza con los gobernantes y en relación con intrigas políticas es algo que él hace con extrema habilidad en el mundo globalizado, pero en absoluto novedoso (alguna vez se verá que los negocios de Carlos Slim corresponden también a alianzas parecidas). Y los ejemplos serían inagotables: el fetichismo de la ideología tiene dos caras, parece que las adhesiones ideológicas lo resolvieran todo (todo el que tenga algún contacto con las clases acomodadas de cualquier país de Occidente recordará a aquel compañero de estudios, casi siempre el más tonto, que ahora es budista y desprecia a todos los que acertaron con su profesión o hicieron algo memorable) y que los problemas del mundo derivaran de las teorías políticas: todo estaba bien hasta que la bestia encarnó en Marx, cuyo método de análisis es la causa del peculado y el narcotráfico. 
Puentes le reprocha al CD y al senador Álvaro Uribe decir que los acuerdos Farc-Santos no se deben romper sino ser reformados. “Eso no tiene sentido”, dice Puentes. No estoy de acuerdo. Se trata de un punto de acción, de una cuestión de táctica política, no de un principio programático. Sobre eso puede haber diferencias en el CD y nadie puede ser estigmatizado por tenerlas. Personalmente soy de los que dicen que esos acuerdos deben ser abolidos.

Sobre este tema, Ricardo no es coherente. El ve en ese punto táctico una prueba de que Uribe está “cediendo” ante las Farc o “ya lo está haciendo”. El no ve a los pre candidatos Carlos Holmes Trujillo, Rafael Nieto y Rosario Guerra como gentes de izquierda que van a “traicionar” a Uribe y al CD. Los tres piensan que el pacto Farc-Santos debe ser reformado en parte. ¿Los tres candidatos han “cedido” ante las Farc? Puentes niega eso. ¿Por qué entonces solo emplea ese punto para fundar su gravísimo reproche contra el ex presidente Uribe?
De modo que la traición al voto popular es una cuestión de táctica política. Es lo que dicen siempre los uribistas, un vicio colombiano: algo es eficiente en la medida en que es tramposo. Pero ¿cómo no entender que está cediendo ante las FARC? Porque está prohibido cuestionar al Gran Timonel. Por supuesto que aceptar que hay una guerra legítima (cosa que ha hecho siempre el CD, ¿no se acuerdan de la "paz sin impunidad"?) es ceder ante los terroristas, tácitamente legitimarlos. Lo que piense Mackenzie sobre los acuerdos, mejor dicho, lo que dice que piensa, es sólo para no resultar contradiciendo lo que decía antes. No cuenta para nada porque la única opinión que cuenta en el CD es lo que le parezca a Uribe, y lo que le parece a Uribe es lo que le dicen los aduladores de la camarilla organizada y muy solvente. Adherir a Uribe y el CD es adherir a los pactos de La Habana, que serán "modificados" como quien mejora las violaciones o los atracos.
Creo que Ricardo tiene una visión simplista de la coyuntura política. Eso le permite librarse intelectualmente al matoneo contra el CD. El no ve el inmenso riesgo que tiene el país, ni la importancia de los partidos y de los militantes en este momento. Lo que se agudizará desde el comienzo en 2018 es un riesgo descomunal, no el de que una coalición de izquierda gane las elecciones, sino que Colombia, por esa vía y gracias a la confusión, caiga dócilmente en manos del comunismo, el mismo que ensangrienta a Venezuela, bajo el disfraz de “la implementación de los acuerdos de paz”. Todas las fuerzas, corrientes, candidatos e individuos que rechazan ese futuro de caos y destrucción deben transcenderse, entablar un diálogo y llegar a acuerdos sobre una candidatura presidencial imparable, con una persona que puede ser o no del CD, que pueda ganar desde la primera vuelta, y sobre un frente parlamentario mayoritario y sólido, para derrotar los planes Farc-Santos. ¿Jugar a la demolición del CD y del expresidente Uribe en este contexto servirá a quién?
Buenísimo: en oposición a una visión simplista hay una visión esclarecida, que no distingue entre detractores del CD que se oponen al acuerdo de La Habana y detractores del CD que lo apoyan. La disyuntiva binaria ya no es entre izquierda y derecha sino entre los que están con el padrecito Uribe y los que están en contra, entregados al "matoneo" (admirable forma de afrontar la discusión).

Resulta que el CD no es realmente una fuerza que rechaza ese futuro: ya he explicado que es gracias a Uribe por lo que la mayoría resulta siempre perdiendo. Por lo que la monstruosa traición de Santos y la implantación de la tiranía no han tenido oposición. La unidad de los opositores del terrorismo ha sido inquebrantable durante 17 años y el resultado ha sido el triunfo de los terroristas.

No habrá una candidatura unitaria de oposición porque hay sectores que no quieren reconocer el acuerdo de La Habana. El candidato que vaya por el CD no pasará a segunda vuelta por la sencilla razón de que el CD no es oposición al acuerdo de La Habana y su candidato resultará indistinguible de Vargas Lleras o Pinzón, aunque menos carismático y con menos clientelas y recursos. La única opción es una candidatura que polarice en torno al rechazo al triunfo de los narcoterroristas, y ahí no cabe el CD porque es uno de los partidos de la paz (ya he comentado en muchos sitios como en cinco elecciones se evitó convocar a los votantes a rechazar esa infamia).

Lo que urge es la unión de los ciudadanos que nos oponemos al nuevo régimen. Los uribistas pueden seguir unidos y aun unirse a los demás valedores de los acuerdos. El caudillo sólo quedará con una fuerza residual que ya no tiene nada que decir y en esa medida es un cadáver político.

El texto de Mackenzie se llama "Carta a Fernando Londoño": el ex ministro es al respecto una persona decisiva, todavía pertenece al CD y tiene, seguramente sin quererlo, la deprimente tarea de encauzar la indignación de la gente con las infamias del narcorrégimen para que sirva a los designios conciliadores de Uribe y los maoístas (todo hace pensar que han recuperado contactos con el partido que domina la potencia que ha comprado media África y expande sus redes por toda Asia y Europa). Ya verá él si contribuye a la unidad de los seguidores del caudillo o a la unidad de los que rechazamos los acuerdos. ¿O estará para creerse que la aceptación de todos los supuestos de "la paz" es "táctica política", pura astucia de un genio incuestionable?

Tampoco se trata de la izquierda o la derecha, claro que una movilización contra la tiranía puede ser amplia. Basta con tener como banderas la ley, la justicia, la democracia, la libertad y los derechos humanos y tomarse en serio destruir el nuevo orden implantado por el heredero de Uribe. Si no se hace ahora se hará después, con una enorme desventaja. Lo que no puede hacerse es seguir confiando en las astucias inventadas del que quiso entender el NO del plebiscito como un SÍ matizado. Esa ligereza pone a quien sea en el lado del narcorrégimen.

(Publicado en el blog País Bizarro el 28 de agosto de 2017.)