domingo, julio 04, 2021

Revolución en marcha


La insurrección que tiene lugar en Colombia en las últimas semanas es un golpe de Estado dirigido por los que firmaron la paz en 2016, que buscan generar sufrimiento y desestabilización para que cuando lleguen las elecciones presidenciales el desprestigio del gobierno sea tan grande que nadie pueda resistirse a la implantación de un régimen controlado desde La Habana, como los de Venezuela, Nicaragua y ahora de nuevo Bolivia. No hay el menor secreto en ello, entre los que abiertamente animan la violencia callejera están los jefes de Los Comunes, que son las FARC con otro nombre, y aun los supuestos disidentes que dirigen el narcotráfico y el terrorismo desde Venezuela. ¿Cuáles son sus fuerzas? ¿Qué ocurrirá? Quizá convenga detenerse a pensar en el trasfondo antropológico de ese bioma singular que es Hispanoamérica.

Eslóganes y sueños

Ya es un lugar común entre los comentaristas políticos que quien domina el lenguaje lo domina todo porque establece el campo mental en el que se discutirá, que es como quien en la guerra escoge el terreno para una batalla. Eso es particularmente cierto en Hispanoamérica cuando se piensa en términos como revolución, y no hay que ir muy lejos para encontrar el problema. Hace poco Vicky Dávila señaló en una entrevista a Petro que los del M-19 eran hampones, a lo que el senador replicó que no eran hampones sino rebeldes políticos, revolucionarios. Y tiene razón, por ejemplo, cuando un ladrón despoja a alguien, viola la ley que protege el derecho de propiedad. El revolucionario simplemente suprime esa ley. La víctima puede no ver la diferencia, pero es grande. Con la revolución desaparece la esperanza de recuperar sus bienes o de castigar a quien se los ha quitado. Un revolucionario, decía Gómez Dávila, es a la postre un hombre que no se atreve a robar solo, pero hay que añadir sobre todo alguien cuyo robo es más completo y brutal.

Pero la revolución es popular en Hispanoamérica. La mayoría de la gente percibe un agravio atávico: se echa de menos una reparación, y la religión impuesta por los españoles hace cinco siglos sigue reforzando ese resentimiento. El desorden parece prometer que los que están abajo terminarán arriba; en todo caso, tienen poco que perder, sin contar que muchos esperan la ocasión de saquear alguna tienda y otros reciben dinero o drogas por participar en la revuelta. 

Esa necesidad de "cambio" sin duda influyó en el lema de la presidencia de Alfonso López Pumarejo entre 1934 y 1938, "La Revolución en Marcha". Es el periodo más antiliberal de la historia, con el comunismo imperando en todo el antiguo Imperio ruso, el socialismo nacionalista en Alemania e Italia y la socialdemocracia en su versión blanda en Estados Unidos, con el New Deal. (Es curioso que las variantes socialistas estuvieran ligadas en Colombia al Partido Liberal, no sólo López y Santos que aplicaban políticas socialistas y se aliaban con los comunistas, sino también Gaitán, típico caudillo populista que se doctoró en Roma en 1927 bajo la dirección del importante ideólogo fascista Enrico Ferri.)

Resumiendo, el descontento con el orden social y la percepción de injusticia tienen mucho arraigo en Hispanoamérica y llenan los sueños de millones de jóvenes cuya vida transcurre en la mayor desesperanza (conmueve ver al pobre Lucas Villa jactándose de bloquear una ciudad a la cabeza de la chusma, ésos son los logros de la educación colombiana, si se tiene relación con las mafias políticas se parasita a los demás, si no, se intenta ascender socialmente cometiendo crímenes). La revolución es un "gancho" muy eficaz de la propaganda comunista y a pesar de la retórica igualitaria —es algo que nadie quiere entender en Colombia—, sólo significa la defensa del orden que genera la miseria y el descontento, pero el joven "desposeído" no lo entiende. Mientras el adolescente de Kennedy o de Jamundí sale a enfrentarse con la policía, Petro y Bolívar pasan mucho tiempo en el exterior y los legisladores-violadores de niños viven "de rumba", protegidos por enjambres de guardaespaldas. El resultado de las "protestas" y del probable triunfo narcocomunista será la miseria de la mayoría y el aumento de los privilegios de los parásitos, tal como ya ocurrió en los noventa tras la atroz multiplicación del gasto público que siguió a la constitución de Pablo Escobar y el M-19. La fiesta de destrucción y terror, que para quienes participan tiene un elemento liberador, multiplica la inseguridad y agrava la pobreza. 

La delincuencia "común" es una microrrevolución, y expresa el mismo estado de barbarie en que transcurre la vida en la región. No hay empleos porque los recursos públicos se gastan en formar revolucionarios y el individuo incívico se las arregla para obtener su sustento mediante la violencia. La revolución es la delincuencia institucionalizada, pero ése es el fondo espiritual del país desde que los imitadores de Napoleón financiados y reforzados por los británicos fundaron la república.

Móviles y pretextos

La "protesta" nacional no se les ocurre a todos por arte de magia, es un plan para crear tanta inestabilidad y tanto descontento que la gente termine intimidada y finalmente el presidente que salga elegido en 2022 sea uno del bando del narcotráfico. El mismo sentido tiene el terrorismo callejero en Chile y hasta el "caracazo", que influiría en el triunfo de Chávez pocos años después. También la Asamblea que elaboró la Constitución Política de Colombia fue elegida por menos del 20% del censo electoral porque el resto vivía intimidado por los carros bomba y otras proezas de los "renovadores", que pocos días después de aprobar su engendro mataron a Enrique Low Murtra. Es el ambiente con que esperan ganar las elecciones de 2022.

No debe pasarse por alto el enorme impacto propagandístico de la violencia: como la gente siempre vive soñando con el cambio que pondrá arriba a los de abajo, aquellos que lo procuran generan simpatía, por mucho que para la mayoría la experiencia sea de miedo y empobrecimiento. Muchos adolescentes despiertan a la política y siempre caen en las redes de los comunistas que sólo tienen que prometer el paraíso y cuentan con los maestros, verdaderos agentes de dominación narcoterrorista.

Vale la pena prestar atención al supuesto motivo de las protestas, que al principio era la reforma tributaria propuesta por el ministro Carrasquilla. Se supone que ciertos sectores sociales relativamente acomodados pagarían más impuestos y que los recursos servirían para proteger a la gente más desamparada, especialmente lesionada por la pandemia. Ese descontento de las clientelas del comunismo era explicable (son la mayoría de los colombianos acomodados), y encontró pronto eco entre los uribistas, que no ven ningún problema en que el gobierno favorezca la fuga de alias Santrich o presione para hacer extraditar a Andrés Felipe Arias, pero sí en que la estructura de la tributación (inconcebible en ningún país civilizado) pueda cambiar y les toque pagar unos pesos más. 

Pero en fin, el objeto de la universidad colombiana es formar revolucionarios, eso es explícito, un profesor de la Universidad Nacional que discutía hace unos años con Alejandro Gaviria (apareció el diálogo en algún medio) declaraba que no estaban educando gente para el capitalismo. De modo que cuando es la ocasión los estudiantes salen en masa a destruir y los copiosos recursos del narcotráfico se invierten en contratar saqueadores e incendiarios. No van a parar porque el gobierno ceda, al contrario, a toda costa buscarán más mártires

"Malestar" global

Las revoluciones en Sudamérica son el paso siguiente al triunfo demócrata en Estados Unidos. Los medios de todo Occidente, que unánimemente persiguieron a Trump, se aplican ahora a vigilar los excesos policiales, como si fueran ONG de Soros. El mensaje que transmiten, a veces veladamente pero no siempre, es que los bloqueos de carreteras son legítimos porque son los oprimidos que se levantan contra la injusticia mientras que los policías son los defensores de la desigualdad. El moderado y contemporizador Duque resulta descrito en todas partes como un dictador feroz (baste recordar a Pinochet y el odio que despertaba en la prensa europea, que veía por lo general con admiración a los que habían "liberado" a la "Kampuchea Democrática", y que todavía no cae en que en los mismos años sus protegidos asesinaron a mil veces más personas en un país menos poblado que el máximo atribuido a la dictadura chilena). Cada muerto en Colombia recibe decenas de veces más atención que un asesinado en Venezuela, que no ha caído en enfrentamientos con la policía sino que muere después de ser torturado por oponerse al régimen.

Es decir, el intento de abolir la ley y la democracia (no otra cosa persiguen los congresistas nombrados gracias a sus miles de asesinatos y secuestros alentando el terrorismo callejero) cuenta con grandes redes de apoyo a nivel global, además de los medios colombianos y de todo el poder que los comunistas y sus socios han acumulado en casi un siglo de crímenes. La lucha por el control de Sudamérica sigue dándose en Chile y Perú, y pronto en Brasil, esta vez con gran inversión de recursos en campañas políticas. La sección colombiana requiere ahora vociferación y muertos, que es lo que buscan y como hay que entender el video de Alejandro Riaño. Pero la única solución posible la podrían dar los colombianos.

Resultados y perspectivas

Así tituló Trotski su libro sobre la revolución de 1905. ¿En qué va a terminar el paro? De momento ya se ha convertido en paro nacional indefinido y seguirá hasta forzar al gobierno a premiarlos de algún modo, siempre calculando que se pueda impedir la aspersión con glifosato y sobre todo que el Estado quede deslegitimado y se pueda inundar de propaganda los medios y las redes presentando a los jóvenes sicarios como víctimas.

El paro es la segunda parte de la paz de Santos, baste ver quiénes integran el Comité Nacional del Paro, que son la central comunista CUT, Fecode y grupos universitarios. Tras obtener impunidad, presupuesto, curules y control político, los comunistas se lanzan a buscar lo que siempre han buscado mediante esa vieja forma de lucha que han empleado en todas partes. Ni siquiera se ocultan, son evidentes las muestras de apoyo a la violencia callejera en la cuenta de Twitter de los congresistas asesinos. Y al igual que con la paz de Santos triunfarán porque no hay nadie en contra. ¿O ya nadie recuerda el lema "Paz sin impunidad" del uribismo durante las negociaciones de La Habana? Que se premie a los criminales pero que no se los deje de castigar. Apoyo a que se negocien las leyes, pero exigencia de que se cumplan. Realmente el CD es una mafia de vividores que prosperan felices acomodándose a la tiranía del crimen organizado. Ojalá hubiera habido sólo impunidad, ahora los secuestradores son los maestros de moral y el mismo Uribe le reconoce valores a la viuda de Tirofijo.

El hecho de que el paro persista o fracase depende de la actuación gubernamental, pero a ese respecto el papel de Duque es lamentable. Creo que la causa es la desorientación de su gobierno, que trata de salir del paso en medio de grandes contrariedades y en absoluto entiende a qué se enfrenta.

El campo despejado

La gran ventaja de los comunistas es la ausencia de respuesta, lo que se debe sobre todo a la indigencia intelectual y moral generalizadas. ¿Qué hace el gobierno? Ceder sólo tiene los efectos que tuvo para Piñera hacerlo, pero para enfrentarse a la conjura de los medios y las organizaciones internacionales, además de la mayoría de los gobiernos extranjeros, haría falta un presidente con convicciones y capaz de argumentar, lo que no es el caso. Sólo puede ceder y a cada renuncio los golpistas responden con más violencia, pues ¿cómo no van a encarnar la voluntad popular si el propio enemigo se lo reconoce? Ellos sólo convocan marchas pacíficas, ¿qué culpa tienen de que aparezcan unos vándalos casualmente más interesados en cercar y quemar los CAI que en robar televisores y tabletas? Al gobierno le gustan las marchas pacíficas, no hay derecho que quiera proteger más (es lo que dice Duque en su entrevista con Patricia Janiot), y claro que se va a reunir con la CUT para ver cómo premia las marchas y bloqueos. ¿Es consciente Duque de lo que buscan los del paro? Yo diría que no.

Hay dos frentes en los que se debería concentrar la acción gubernamental. El primero es la defensa de la ley y la democracia, la vigencia del derecho, la captura y enjuiciamiento de todos los que han cometido delitos en el marco de las "protestas". Nada alentará más los crímenes que la garantía de impunidad, que a fin de cuentas es lo que SIEMPRE los ha alentado, desde que se empezó a resolver el problema guerrillero con negociaciones. También hay que mantener el plan de aspersión de los cultivos de coca, porque mientras los del paro tengan esos recursos seguirán pagando la violencia. Si se consigue enjuiciar a una cantidad considerable de malhechores, la violencia cesará.

El gobierno de Duque no hará nada de eso: sólo intenta recuperar la calma y seguir con sus planes. El uribismo no le exigirá que haga nada de eso, el Gran Colombiano sólo busca evitar que lo persigan judicialmente y sus aduladores hacer carrera acomodándose a lo que haga falta. La bravuconada de pedir que los militares puedan usar sus armas sólo sirvió para reforzar la propaganda enemiga, y uno se pregunta si no sería otro servicio que el expresidente les presta.

Lo otro es la denuncia concreta de los móviles del paro, tanto en lo referente al narcotráfico cuanto a los propósitos de los comunistas. Tampoco hará Duque nada de eso, su misión es, explícitamente, superar los odios, es decir, ayudar a olvidar los crímenes terroristas y legitimar la "protesta". La dimisión de Carrasquilla fue un gran servicio en ese sentido: contribuyó a legitimar los bloqueos e incendios al reforzar el mito de que la causa de la insurrección era la reforma tributaria.

La elección que viene

¿Cuál es el proyecto del país que tienen quienes no están con los comunistas? Cada político tiene su aspiración y con ese fin se acomoda al orden reinante, de modo que nadie se plantea cómo se superará la pobreza, el atraso, la desigualdad, el narcotráfico y la constante insurrección comunista. Trato de entender la idea de Duque de proveer matrícula gratuita a los jóvenes y me quedo muy desconcertado. ¿Realmente cree que la pobreza en Colombia depende de la falta de instrucción? Lo que significa educación es un tema bastante complejo y casi nadie lo entiende. El pueblo cree que se trata de obtener una acreditación que dan unas instituciones y el resultado sólo es que muchas personas obtienen esa acreditación sin tener la menor capacidad de hacer nada. Si esa "educación" sirviera para algo, Cuba sería una potencia mundial, y es un país miserable en el que la gente tiene suerte si llega a ganarse veinte dólares al mes.

La generosidad gubernamental con las matrículas gratis sólo consiste en destrucción de puestos de trabajo, pues se cobran impuestos a quienes podrían crearlos para mantener ese engaño de que tras unos años de asimilación de la propaganda comunista se puede acceder a un buen sueldo. En la realidad acceden los que proceden de familias acomodadas y bien relacionadas con el hampa comunista, y esos puestos son mero parasitismo, a menudo como profesores, caso en el que sólo tienen que recitar consignas.

Los comunistas realmente representan al país: nadie está pensando en favorecer la creación de empresas y empleos mediante la agilización de trámites y la reducción de impuestos, menos en lo que se podría hacer tras acabar con el narcotráfico, a lo que se oponen la mayoría de los políticos. Ni siquiera hay conciencia de la necesidad de enmendar los acuerdos de La Habana (candidatos como Char o Gutiérrez fueron activos partidarios de ellos).

A estas alturas, los narcocomunistas tienen el triunfo asegurado en 2022. Los del CD están esperando a ver qué dice Uribe, y Uribe no parece saber qué quiere. Si su hijo mayor, que podría ilusionar a mucha gente que vio al país recuperarse entre 2002 y 2010, no va a ser candidato, ¿para qué contestaba entrevistas en grandes medios? Queda la impresión de que lo que se busca es impedir que surja un candidato que valore la ley.

Bueno, no lo habrá. El hecho de que Petro, delincuente, mentiroso, corrupto, ignorante, ridículo y feo cuente con una cuarta parte de la intención de voto en las encuestas ya deja ver hasta dónde llega la influencia de Fecode, organización con la que Uribe nunca quiso enfrentarse. A estas alturas el destino de Colombia está claro, será para Biden lo que Camboya para Carter, Ruanda para Clinton y Siria para Obama. Los comunistas no tienen obstáculos para hacer de las suyas. No hay nadie en frente, no hay nadie que tenga otras convicciones, todos se oponen a cambiar la Constitución impuesta por la mafia en 1991.

(Publicado en el blog País Bizarro el 16 de mayo de 2021.)

domingo, marzo 21, 2021

La estrategia de Caracol

¿Cuál será el próximo presidente de Colombia y a quiénes representará? Desde hace tiempo hay continuas maquinaciones de los grupos de poder para imponer su estrategia, y entre ellas destaca el engaño. Detrás de toda la historia colombiana del último siglo hay unos "poderes fácticos" que juegan en la sombra y lo deciden todo, por una parte el clan oligárquico, por la otra la mafia comunista, con grandes recursos e influencia. Parece que esos poderes planean imponer a un sucesor de Duque elegido por gente que no quiere que el país tome el rumbo de Venezuela, como ocurrió con Juan Manuel Santos y en el país vecino con Hugo Chávez, que juraba no ser comunista.

Caracol

Como es bien sabido, la antigua Cadena Radial Colombiana existe ahora separada, por una parte, la radio que pertenece al grupo Prisa (cuyos medios en España son abiertos propagandistas de las FARC), y por el otro la televisión, que pertenece al Grupo Santodomingo, organización relacionada con el clan de los López-Samper cuyos medios hacen en Colombia lo mismo que los del grupo Prisa en España. La parodia del título de la película de Sergio Cabrera es lícita porque hay muchos otros cómplices de la mafia de la cocaína y el secuestro, pero en realidad siguen el patrón del clan oligárquico.

Las elecciones recientes

En 2018 Petro obtuvo más de ocho millones de votos, y si se hubieran sumado los de Fajardo habría ganado la presidencia. Ya expliqué en una ocasión que Santos buscaba la elección de Duque y que sin el engaño de las encuestas el presidente sería Fajardo. El desconcertante entusiasmo que despertaba Duque entre los más feroces perseguidores de Uribe refuerza esa sospecha. En 2019 el bando cubano ganó las tres principales alcaldías, seguramente gracias a las "maquinarias" y a los recursos fabulosos con que cuentan para "engrasarlas", de modo que las perspectivas de triunfo que tienen son enormes. Pero es imposible tapar la realidad de Venezuela, de los crímenes de las bandas terroristas o de la relación de la llamada izquierda con ambos fenómenos. Si vuelve a haber una segunda vuelta como en 2018 el candidato cubano volverá a perder. 

La función de la propaganda

Es decir, los cubanos y sus agentes colombianos intentan a toda costa desligarse de Petro y promover a un candidato con un perfil menos abiertamente comunista. Fajardo podría ser una opción, aunque también se puede pensar en Claudia López, en Alejandro Gaviria o en algún otro. Ése es el sentido de las críticas de Coronel, María Jimena Duzán y Daniel Samper Ospina al exalcalde. Es difícil saber qué sentido tiene el cambio de orientación de Semana, pero ese espectáculo continuo del enfrentamiento de los exaltados de Petro y los "tibios" tiene el sentido de buscar una "polarización" que termine definiendo al conjunto social, pues el uribismo ya queda criminalizado por las costosas campañas de calumnias y descrito como "extrema derecha" por los medios.

Cherchez la femme

Esta expresión francesa, "Busquen a la mujer" es un lugar común de los folletines detectivescos: se supone que el móvil de un crimen suele ser el interés por una mujer. Para dilucidar cuál es el plan de los cubanos hay que preguntarse dónde están sus representantes oficiales, que no son otros los que llevan casi cincuenta años en la labor de entregar a ese régimen el Estado colombiano, desde que crearon el M-19 y fundaron Alternativa. ¡Sorpresa! No están con Petro, los principales redactores de esa revista, además de García Márquez, Enrique Santos Calderón, Antonio Caballero y Daniel Samper Pizano son columnistas de Los Danieles y distantes de Petro. También otras figuras de la "izquierda" universitaria y aun afines a las FARC, como Ángela Robledo, se alejan de la Colombia Humana, donde aterrizan los desprestigiados uribistas Benedetti y Barreras.

La segunda vuelta

La clave es la segunda vuelta de 2022. Las "maquinarias" (léase "el dinero de la cocaína") apoyarán a Petro en la medida en que el paso a segunda vuelta del candidato "tibio" esté asegurado. Si resulta que un candidato uribista o afín tiene grandes perspectivas de pasar a segunda vuelta, los esfuerzos de la propaganda a favor de ese candidato se multiplicarán y las "maquinarias" serán menos generosas con Petro. Si hay una segunda vuelta entre el "tibio" y el "derechista", Petro, que ya se habrá asegurado una buena porción del Congreso gracias a los votos comprados de siempre, se sacrificará y apoyará al que salve al país del retorno del "matarife". Pero obviamente lo que preferirían los cubanos y sus gerentes en Colombia sería una segunda vuelta entre Petro y el "tibio" que sea. Cuanto más opaco sea su poder, mejor para ellos.

El otro equipo

¿Qué hay enfrente del bando cubano? Hay una mayoría de colombianos que no quisieran vivir como en Venezuela ni sometidos a los narcoterroristas, pero su representación política es confusa. No se puede decir que sea el Centro Democrático porque este partido respalda la JEP y el acuerdo de La Habana. Y porque, para formarse una idea de su importancia, en las elecciones de 2018 obtuvo un 16,44% de los votos en las legislativas y su candidato no llegó al 40% en la primera vuelta de las presidenciales pese a no tener rivales en su área del espectro político. La hegemonía que alcanzó Uribe en sus gobiernos ya está totalmente desdibujada porque de ella no salió ninguna organización coherente ni ningún medio de comunicación que no se prestara a servir a Santos y a las FARC. Y porque nadie entiende qué motivos tenía realmente para abrirle a Santos el camino a la presidencia. Ni la traición al NO del plebiscito de 2016. No obstante, no habrá oposición a los cubanos sin contar con el uribismo, y parece que la única opción de atraer a las multitudes que apoyaron a Uribe sea lanzar a su hijo mayor como candidato, más conocido y más coherente que los líderes de ese partido. Pero hace falta atraer a más sectores, toda la "derecha" debe llegar a un consenso, más que a unas "primarias" en las que se haga hincapié en las diferencias. En una elección normal es muy improbable que Alejandro Char o "Fico" Gutiérrez le ganen al hijo de Uribe, pero no es muy seguro que sus partidarios no vayan a ser seducidos por el candidato "tibio" en medio de formidables campañas de propaganda.

Pastrana y Vargas Lleras

Mientras que el nieto del presidente del periodo 1966-1970 denunciaba los crímenes de las FARC en el Congreso, el hijo del presidente del periodo 1970-1974 complacía a los terroristas para conseguir que firmaran la paz. En las elecciones de 2014, Vargas Lleras acompañó a Santos como candidato a la vicepresidencia y por tanto respaldó una cesión a los terroristas mucho mayor que la que en su día efectuaba Pastrana, el cual criticó esa negociación con más firmeza y coherencia que el uribismo. Parece que Vargas Lleras era rehén de Santos, que podría haberlo hundido en prisión por alguna corruptela (seguro que los que viven enterándose de esas cosas conocen el caso mejor que yo). Los Char son sus socios en la costa y de algún modo la candidatura de uno de ellos es la oferta de ese gestor de componendas para las próximas elecciones. Parece poco probable que Char supere al hijo de Uribe en unas primarias, pero la campaña propia podría servir para alejar a sus partidarios del uribismo. Más sensato sería lanzar una candidatura conjunta. Y respecto de Pastrana y lo que sea el conservatismo, también hay que integrarlos de alguna manera. Que nadie se confunda, sin esa unidad no habrá modo de vencer a las fuerzas unidas del M-19 (ahora llamado Partido Verde) y la Colombia Humana en una segunda vuelta.

El programa de gobierno 

Tampoco cabe confundirse acerca de las banderas que debería llevar el bando anticubano: la persecución efectiva al narcotráfico, la supresión de la JEP y otras consecuencias funestas del acuerdo de La Habana, la ruptura de relaciones con Cuba y la reforma judicial que permita evaluar la labor de las altas cortes en los últimos treinta años. Es decir, el votante debe tener claro que los "tibios" lo comparten todo con Petro y la pelea entre ellos es un espectáculo con el que pretenden hacer olvidar las cuestiones decisivas, como el narcotráfico. El candidato que quiera hacerles oposición debe proponer a los votantes que elijan entre el narcotráfico y la ley, entre el sometimiento a los criminales de La Habana y la libertad, entre la eficiencia económica y el crimen organizado. En mi opinión, sólo con esa propaganda y ese discurso será posible impedir que en 2022 el presidente sea el que decidan los columnistas de Los Danieles. Peor ahora que ese candidato será el que cuente con el apoyo del gobierno estadounidense. De hecho, aun logrando una gran unidad de todos los "no santistas" será muy difícil ganar la presidencia, y la alternativa es un infierno peor que Venezuela.

(Publicado en el blog País Bizarro el 31 de enero de 2021.)

martes, noviembre 24, 2020

Los legalizadores


En Colombia se suele describir el narcotráfico como un enemigo de la sociedad, y ya en ese aserto es evidente la mala fe generalizada. El narcotráfico es sobre todo una expresión de la sociedad, lo cual se hace patente en la audacia de las "racionalizaciones" con que se lo defiende. A las viejas teorías de Antonio Caballero (que aseguraba que la prohibición es una maniobra de los bancos para concentrar el negocio) se suma ahora la presión de la red de Soros y la multinacional izquierdista, que por una parte encuentra votantes entre los consumidores, clientelizados de diversas maneras, en una especie de "proselitismo químico", y por la otra seduce a importantes grupos de población en los países productores, donde para tapar el poder de las mafias se describe un paraíso sin conflicto cuando se acabe la persecución.

1. La polémica de la despenalización

La prohibición del tráfico de sustancias psicotrópicas ha acompañado a la humanidad durante tanto tiempo como su uso. Entre los aztecas la embriaguez podría castigarse con la muerte y en Rusia durante mucho tiempo había graves castigos por consumir tabaco. En los países musulmanes el consumo de alcohol está aún prohibido, y respecto de las sustancias desarrolladas más recientemente, son ilegales en todos los países. 

El caso es que en Occidente las prohibiciones chocan con los principios de libertad individual que han estado en la base de la modernidad y numerosos pensadores han abogado por la libertad de consumir lo que cada cual quiera. Desde Milton Friedman hasta Savater o Escohotado y muchos otros. 

Esta visión trata de la prohibición en los países ricos y cuando se interpreta en Colombia, donde la principal industria es la cocaína, se la falsea: dado que se considera deseable permitir que cada persona consuma lo que quiere, se infiere que el problema es la persecución, la causa de la violencia y el delito. Y eso es falso: la causa de la violencia es el poder de las mafias, que cuando no era importante el narcotráfico tenían formidables negocios con las esmeraldas y una rentable industria de extorsión y secuestros, y cuando ese negocio se dañe tendrán el tráfico de órganos y la prostitución infantil. 

El problema no es que en Estados Unidos castiguen el comercio de cocaína sino que en Colombia no rija la ley. Se puede ir a un fondo antropológico: una sociedad propensa al parasitismo, al abuso y a la mentira. Cualquiera que se interese por la vida colombiana en el siglo XIX encontrará lo mismo que en el XXI, la misma nostalgia de la esclavitud de la época colonial y la misma disposición a aprovechar cualquier trampa para librarse del trabajo. La cocaína es la quina moderna y los esclavos que la producen no han visto grandes cambios en su vida desde entonces.

2. La transferencia de la culpa

Hace catorce años el entonces vicepresidente Francisco Santos lanzó una campaña con la que se pretendía culpar a los consumidores de los problemas que causa el narcotráfico en Colombia, cosa tan absurda como si el padre de una prostituta culpara a los clientes. Pero esa transferencia de la culpa es tan característica de Colombia que casi todos los razonamientos que uno oye sobre el narcotráfico la reproducen. (Sobre esa campaña y su sombra publiqué entonces un post que me parece haber escrito ayer mismo.)

El narcotráfico es muy conveniente para muchos colombianos. En los años setenta y ochenta, cuando los jefes del Cartel de Medellín llegaron a contarse entre los hombres más ricos del mundo, la complicidad era generalizada. Los propietarios veían elevarse el precio de sus bienes, los empresarios veían liquidez y demanda de sus productos, los políticos, periodistas y jueces veían incentivos copiosos para animar sus decisiones, los gobernantes unos resultados económicos gratos... Después el negocio mágico desembocó en una orgía criminal, pero antes hubo una complicidad generalizada. Es el dato que no se puede pasar por alto y que explica la actual fiebre "legalizadora".

Y en definitiva, el narcotráfico es una actividad delictiva que lesiona los intereses de la mayoría de los colombianos tal como cualquier vida criminal lesionaría los intereses de la persona y de su familia, por mucho que genere rentas abundantes. Cuando en Colombia se discute sobre la legalización del narcotráfico de lo que se habla es de la legitimidad del narcotráfico, cuando se culpa a los consumidores o a los prohibicionistas es como cuando un par de proxenetas culpan a los policías o a los clientes. Los colombianos no están para decidir si es lícito o no prohibir las drogas sino para decidir si siguen siendo un país sometido a las organizaciones criminales o si intentan ser un país respetable.

Es decir, los legalizadores sólo expresan el conformismo con el narcotráfico, negocio que según muchos analistas tiene un gran papel en el relativo bienestar económico del país en la última década. El exministro y preso político Andrés Felipe Arias publicó un ensayo explicando que fue la cocaína lo que estabilizó la economía del país entre 2015 y 2018. Pero más allá de eso, ¿quiénes la producen, la transportan, la venden e invierten el dinero que produce? Si uno cree lo que se dice en las redes sociales no hay nadie comprometido, salvo gente extraña, indios, guerrilleros, bandidos de regiones apartadas...

La forma en que se expresan esas complicidades es en el discurso legalizador. Nadie está hablando de legalizar el narcotráfico en otros países, en general el consumo de marihuana está tolerado en todo Occidente y en algunas partes de Estados Unidos ya es legal. Nada parecido ocurre con las demás drogas psicotrópicas. Desde siempre se sabe que el fin de la prohibición sería el fin del negocio, de modo que es casi un chiste que los amigos de las FARC y del narcorrégimen cubano y otros personajes afines se preocupen tanto de convencer a los colombianos de que el problema se resolverá acabando con la prohibición.

Nadie se lo plantea, sólo es marketing interno para que los colombianos resulten las víctimas de unas leyes bárbaras y no los cómplices del crimen organizado.

3. Argumentos legalizadores


Leí por casualidad el prólogo que escribió Alejandro Gaviria a una vieja novela de Juan Gossaín. Este rector y exministro formó parte del gobierno en el que la producción de cocaína se quintuplicó (ver Gráfica 8 en este enlace), en gran medida gracias a su labor, pues como ministro fue el responsable de terminar la aspersión con glifosato, y no obstante señala con admirable desparpajo que ese proceso fue un avance. Voy a comentar algunas frases elocuentes de dicho prólogo.
Colombia sigue siendo el principal proveedor de cocaína a los mercados internacionales. Pero los efectos nocivos han sido menores. Es como si el país hubiera puesto en práctica, institucionalmente, podría decirse, una estrategia de reducción del daño. La tasa de homicidios es la menor en cuadro décadas, inferior a la que existía cuando se publicó por primera vez La mala hierba, en 1981.
La tasa de homicidios bajó gracias a la derrota de las bandas narcoterroristas durante los gobiernos de Uribe, la producción de cocaína también bajó en esos años. Durante los gobiernos de Santos los homicidios siguieron bajando gracias a que las guerrillas comunistas se hicieron dueñas del negocio de la cocaína con la ayuda del gobierno nacional. La maduración de la sociedad en el párrafo de Gaviria sólo es el triunfo del hampa, que ya no tiene resistencia.

El párrafo final alude a la marihuana, pero la condena de la prohibición como causante de la violencia se puede aplicar igual a la cocaína.
El debate sobre la legalización total de la marihuana parece más necesario que nunca. Este libro muestra, entre otras cosas, los efectos nocivos de la prohibición. Los muertos. La violencia. La destrucción institucional. En retrospectiva, todo aquello parece inútil. La mala hierba dejó de serlo, pero el legado de muertes y sufrimiento, por cuenta de una guerra imposible, hace parte ya del absurdo de nuestra historia.
Pongo en negrita lo de la "guerra imposible" porque es el centro del discurso "legalizador": el problema no es si la gente toma o no cocaína sino si tu país está dominado por organizaciones criminales dedicadas a ese negocio. La "guerra imposible" es una realidad porque en Colombia no impera la ley ni se la echa de menos, de lo cual Gaviria es un representante, pues ¿no fue la multiplicación de la producción de cocaína un designio del gobierno de Santos relacionado obviamente con negocios fabulosos para los diversos gestores y defensores de "la paz"?

Un aspecto del narcotráfico al que nadie presta atención (obviamente por la naturalización de la esclavitud en la mente de los colombianos) es la vida de quienes cultivan la coca, fabrican el alcaloide y lo transportan a otros países. Vidas miserables, desesperadas y llenas de sufrimiento que no interesan a los que hablan de guerras imposibles y desprecian a los prohibicionistas. Las rentas de la cocaína llegan cómodamente a manos de los poderosos, de gente que puede no tener ninguna relación directa con el negocio y que obviamente no tiene prisa por combatir a las mafias: es una guerra imposible para quien no tiene ningunas ganas de emprenderla, como si se pidiera a los proxenetas que velaran por la castidad ajena.

Woody Allen lo explica al final de Annie Hall: un hombre le cuenta a su médico que su hermano cree ser una gallina. "¿Por qué no lo lleva al psiquiatra?". "Lo haría con mucho gusto, pero es que necesito los huevos". A fin de cuentas el proxeneta no es el que tiene que experimentar contactos asquerosos, sólo proteger el negocio y lucrarse sin esfuerzo. No va a renunciar a los huevos.

Pero la legalización no es sólo atractiva para los amigos de la mafia cubana y sus bandas de asesinos, como Caballero y Gaviria, también en el uribismo se ven razonamientos en esa dirección. El líder uribista Sergio Araújo cierra así un hilo de Twitter bastante razonable: 
Primero, se puede aplicar el ejemplo de la prostitución: una cosa es discutir si es absurdo o no prohibirla. Mientras tanto, ¿qué más pueden hacer tus hijas si tienen tantos admiradores generosos? Araújo tiene que saber que no va a haber legalización de la cocaína en ningún país, y que si la hubiera en Colombia el país sería un paria global, y de hecho no habrá ningún referéndum. Sólo es la complacencia con un negocio que tiene muchos usufructuarios y aun partidarios. Esa "sensatez" ante lo absurdo no llevará a ningún referendo ni a ninguna legalización, pero aliviará la conciencia de los que toman parte en el negocio.

Claro que Araújo es el mismo que en 2014 decía que Zuluaga habría seguido con el proceso de paz y que el futuro de Colombia depende de los cupos universitarios. Simplemente es un líder uribista más autónomo que dice lo que otros más deshonestos callan.

El argumento de la demanda es monstruoso: serviría para la prostitución infantil que, pese a que Vanessa Vallejo diga que el interés por las jovencitas "no es normal", tendría una altísima demanda en caso de ser legalizada. Bueno, y para el tráfico de órganos y la producción de donantes, que además serviría para salvar las vidas de personas que les aportan mucho a sus países (detalle que me interesa señalar porque con motivo del derribo de la estatua de Belalcázar vi muchos tuits de gente que se preguntaba qué aportan los indios al país, como si determinada herencia genética debiera incluir a alguien en organizaciones delictivas).

Pero no sólo los procubanos, santistas y uribistas abogan por una legalización que saben que es una mentira, también los cómicos libertarios colombianos se lanzan a condenar la prohibición con el argumento de la libertad individual. Un tuitero que sin duda los conoce mejor que yo me lo explicaba:Son las cuentas que hace la gente que calcula, con razón, que al menos al principio acabar con el narcotráfico traería una reducción de ingresos para el país.

La prevalencia de la cocaína en la economía colombiana es una tragedia para el país, y perdón por insistir, como cualquier actividad delictiva en cualquier familia. Los principales beneficiarios de ese negocio son los comunistas, que gracias a sus bandas armadas dominan los cultivos de coca y la producción del alcaloide, y también la función publica, el poder judicial, la educación, los medios de comunicación y hasta las redes sociales gracias a los recursos que les provee esa industria. El futuro de Colombia sin hacer frente al narcotráfico es el de Venezuela y Cuba, pues el apetito de poder de los subalternos del régimen cubano generará una destrucción parecida.

A esa prevalencia hay que atribuir la desmoralización total de la juventud, particularmente de las clases altas, no sólo evidente en su adscripción ideológica criminal sino en su cada vez más lamentable mediocridad, tosquedad intelectual y achabacanamiento. ¿Qué porvenir brillante va a haber si lo conveniente es sumarse a las hordas de Petro, calumniar a Uribe en las redes sociales y aspirar a un puesto cómodo en una universidad, en alguna agencia de la paz o en alguna ONG feminista, ambientalista, etc.?

Combatir el narcotráfico es la decisión pendiente en Colombia. Requerirá la firmeza para movilizar grandes fuerzas militares y policiales a fin de destruir los cultivos y laboratorios y para encarcelar a todos los que tengan relación con esas actividades, así como una determinación gubernamental para denunciar a los cómplices infiltrados en las instituciones y ofrecer recompensas por todos los que tengan que ver en el negocio. Eso tendría un precio altísimo, más en forma de "costo de oportunidad" que directamente, pero también el que prostituye a sus hijos (para usar el lenguaje inclusivo) perdería mucho dinero si pensara en trabajar.

Y puedo asegurar que no pasará. Hay familias, castas enteras, que nunca salen del barrio miserable en que se acostumbraron a vivir, cuyos vástagos después de muchas generaciones siguen delinquiendo y prostituyéndose.

(Publicado en el blog País Bizarro el 18 de septiembre de 2020.)

lunes, noviembre 09, 2020

El libreto revolucionario

El festín de violencia que se han dado los universitarios colombianos a partir de la muerte de Javier Ordóñez es la aplicación de un libreto conocido que hace unos meses se ensayó en Chile con éxito notable, aunque en ese país la provisión de fondos para pagar los incendios y otros actos de sabotaje sin duda será más difícil de manejar. En Colombia los terroristas son la primera organización económica nacional, no sólo por los rentables negocios de narcotráfico y minería ilegal sino también por negocios legales derivados del despojo de tierras y de la inversión del producto de 40.000 secuestros y muchas más extorsiones, y sobre todo por el control del Estado a través de las organizaciones de funcionarios, como Fecode y muchas otras, y de importantes alcaldías obtenidas gracias a la compra de votos a través de la "maquinaria" "liberal". El libreto se seguirá aplicando y la esperanza del hampa es aprovechar la miseria y la desesperación que dejará la pandemia para acceder al poder por la violencia. 

La esencia del leninismo
La inmensa mayoría de las personas que se declaran de derecha o anticomunistas, en Colombia "uribistas" porque se identifica al expresidente con el rechazo al comunismo, desconocen por completo la doctrina marxista y sobre todo el leninismo. Por eso se permiten suponer que es posible librarse de un problema firmando la paz con las bandas de asesinos, como si con eso se asegurara que desistieran de su propósito de implantar un régimen de partido único basado en el terror y en el empobrecimiento de la población. Visto que el foco guerrillero no iba a conducir a la toma del poder, pues vuelven al movimiento estudiantil de siempre, al de la época de Camilo Torres, sólo que ahora hay decenas de veces más estudiantes y el partido —o mejor dicho, el régimen cubano— ya tiene el control de los resortes del sistema. 

Es decir, el comunismo colombiano, la llamada "izquierda", sigue combinando las formas de "lucha" en aras del mismo objetivo de siempre. La idea de un "caracazo" les resulta muy tentadora, pues fue lo que funciono´en Venezuela y esperan explotar la pandemia para sacar a la calle a la gente desesperada. Si el gobierno no cae, al menos crean el ambiente de descontento que les permitirá ganar las elecciones y reeditar la experiencia venezolana y nicaragüense.

La delincuencia común y la corriente
Esa idea del "delito político", más como figura constitucional y doctrina de la judicatura, es inconcebible en cualquier país civilizado, pero los colombianos no se dan cuenta de lo monstruosa que es. Ocurre como cuando uno se mete al cine y ve esas aventuras que protagonizan Gregory Peck, Gary Cooper, James Stewart o John Wayne: fácilmente uno cree que son como uno, pero resulta que todos medían más de 1,90 m y formaban parte de sociedades distintas. Colombia es un país singular y los colombianos son gente singular. En Colombia reina el crimen porque se le rinde culto, no sólo por la popularidad de Pablo Escobar en su tiempo, sino sobre todo por la tolerancia con asesinos como Carlos Pizarro, más popular que el antioqueño, o Gustavo Petro, candidato presidencial que obtuvo más de ocho millones de votos.

La barbarie es algo interior, por ejemplo, esa idea de que el que sueña con una sociedad mejor puede violar la ley y ese objetivo se considera noble y elevado, "altruista", es algo que todavía sostienen la mayoría de los colombianos. Forma parte de la idiosincrasia local: ideas convertidas en hormigón armado en los cerebros de la gente, que nadie puede remover. Como que una Constituyente elegida por el pueblo sería peor que la del 91, como que las universidades públicas son el ascensor social para los pobres, como que los militares no deben votar, como que si se quita la parafiscalidad se quedan sin financiar ciertos servicios, como que la "acción de tutela" es una justicia rápida y eficaz. Son cosas que sólo ocurren en Colombia, pero que cuentan con el apoyo de los colombianos. Combatir el comunismo, el narcotráfico, la violencia, la pobreza, el atraso, etc. serían tareas sencillísimas comparadas con la ilusión de que un solo colombiano entendiera que no hay otra maldad que la que alberga en su interior y que todas esas cosas que señalé antes son la ideología del crimen.

Lo anterior viene a cuento respecto del libreto revolucionario por lo siguiente: los CAI son los Centros de Atención Inmediata de la policía y tienen la misión de prestar atención a personas expuestas a ser víctimas de delitos. ¿Qué sentido tiene destruirlos? Sobre todo, facilitarles la tarea a los ladrones y violadores. El estudiante de universidad razona que la policía es el brazo armado del Estado, el que protege la propiedad de la burguesía y el dominio de los banqueros, pero él mismo o su familia podrían quedar desprotegidos al destruir los CAI. Lo que pasa es que su adscripción a la universidad es como a una secta, sus profesores predican la revolución, sus compañeros también, las manifestaciones son la ocasión de divertirse, sentirse importante y hasta conseguir novia, y la recitación de consignas le provee la sensación de ser un conocedor de la historia y la política. El joven, sobre todo el que no tiene muchas luces ni un gran bagaje cultural detrás, entiende "aprender" como "complacer a sus profesores", y es lo que hace tomando parte en la "lucha".

Pero en esas algaradas el enemigo es la policía y el compañero de lucha es la delincuencia. La diferenciación tan obvia para los colombianos entre delincuencia común y rebelión altruista tiene un fondo "clasista" que en realidad es un atavismo: lo que contrasta no son los doctores con retóricas económicas y jurídicas burdas y falaces frente a los rateros y vendedores de drogas, sino los criollos frente a los indios. El caso cierto es que la revolución necesita al "lumpen", como se puede comprobar con la historia venezolana reciente (y cualquiera que estudiara las revoluciones comunistas en todo el mundo encontraría siempre el mismo patrón) y que los ataques a la policía buscan generar suficiente desorden y terror para animar a los saqueadores.

El fin altruista del "delito político" es la burda retórica de los políticos, que se sacrifican y se vuelven tiranos sempiternos por puro amor a la patria. El estudiante revolucionario sueña con tener mando e ingresos sin haber estudiado nada ni trabajado, y de hecho lo consigue. Cualquiera que tenga algún conocimiento de economía notará que Petro no tiene ni remota idea de esa materia (tampoco la tiene el jefe de gobierno español Pedro Sánchez), pero es un hombre poderoso y en una época se jactaba de tener un doctorado. Lo mismo se puede decir de casi todos los congresistas de ese bando (ya se podrán figurar qué entiende de administración pública un prócer como Gustavo Bolívar) y de casi todos los gobernantes castristas en Latinoamérica. 

Las actuaciones del estudiante revolucionario son delitos comunes, si acaso más graves por las pretensiones que conllevan.

Pero es que TAMBIÉN la delincuencia común es la sombra de esa disposición de las clases poderosas. El peón demasiado seguro de sí mismo o demasiado valiente para dejarse intimidar empieza a creer que está por encima de la ley, cosa que es posible precisamente porque SIEMPRE ha sido así en Colombia, a tal punto que cuando la Corona española estableció normas para tratar a los indios, Jiménez de Quesada dejó aquello de "se obedece pero no se cumple". Es lo que ocurre siempre, se finge respetar la ley pero en la realidad se hace lo que el poderoso quiere, eso es la "acción de tutela", eso fue lo que hizo Santos, que llegó a la presidencia a perseguir a quienes lo eligieron. La delincuencia y el odio a la ley no son manías de los estudiantes revolucionarios sino la forma de vida colombiana. El atracador es un pequeño tirano que obra por cuenta propia.

Turbas disponibles
¿Qué pasa cuando alguien se lanza a la calle a protestar y a ejercer violencia? Pues que pronto tiene a numerosos espontáneos acompañándolo. Si el control es imposible por parte de las autoridades, pues pronto proliferan los saqueos e incendios, y los ladrones y violadores harán de las suyas con menos riesgo. Pero, insisto, es la forma de vida del país y basta pensar en los "paros cívicos" que siempre había para saber con certeza que el desorden siempre tiene partidarios. Ahora además están organizados y conectados por las redes sociales, pero no todos los que toman parte en las algaradas son activistas ni estudiantes. Parece que a grandes masas de población les hace falta adquirir el amor al orden y la seguridad. Ése es otro elemento que cuenta a favor de la mafia.

El libreto revolucionario se sigue aplicando y en realidad es una incógnita lo que pasará en las próximas semanas en Colombia. El presidente es un personajillo vulgar al que hasta Daniel Coronell retrata con acierto, de modo que nadie puede esperar que vaya a liderar ninguna respuesta. Uribe propuso decretar el toque de queda y sacar al ejército, pero nadie espera que el gobierno le haga caso. También, cuando lo encarcelaron, uno de sus hijos habló de convocar una constituyente, pero fue una audacia que pronto se olvidó. Ojalá hubiera una propuesta que agrupara a la sociedad contra el plan probablemente acordado en la reunión de Santos con Cepeda y los jefes de las FARC, pero eso supondría hacerle exigencias al gobierno que sólo busca complacer a los grandes poderes, como los medios de comunicación (en la prensa de todo el mundo salió la noticia de los disturbios ocasionados por la muerte de Javier Ordóñez, como si no fuera una farsa plagiada de la farsa de la "izquierda" estadounidense a raíz de la muerte de George Floyd).

Me gustaría equivocarme, pero creo que esa reacción no llegará. A pesar de que es evidente que el hampa mueve sus fichas, es algo que ocurre desde hace más de diez años, "la paz" era sólo el comienzo, y la sociedad no reacciona. 

(Publicado en el blog País Bizarro el 13 de septiembre de 2020.)

martes, octubre 27, 2020

Los organilleros


La distopía de este siglo se parece cada vez más a las tiranías totalitarias del siglo pasado, que persisten en algunos países y en la segunda potencia mundial mantienen buena parte de sus rasgos. Los medios de influencia ideológica, que fueron totalmente leales a la tiranía nacionalsocialista y a la comunista, tanto las escuelas como los medios de comunicación y las industrias culturales, adquieren la rutina de las fórmulas que recuerdan el Heil Hitler! de las emisiones alemanas de los años treinta o la fatigosa enumeración de los cargos de los altos burócratas soviéticos cada vez que se aludía a ellos. Es un rodillo de organillo que reproduce siempre las mismas rutinas y no se detiene ante la absurdidad de lo que dicen porque el sueldo del maestro o del periodista está seguro y su trabajo es cómodo si aplaude a los que mandan.

El organillo (ver descripción en la Wikipedia) era un instrumento que se usaba para producir música sin necesidad de tocarla, sólo girando una manivela asociada a un rodillo que hacía golpear unas cuerdas. La propaganda de la conjura totalitaria parece ese rodillo y los periodistas, profesores, políticos y escritores que la divulgan cada vez más son simplemente organilleros que dan manivela. El público es una masa ignorante y estúpida intimidada gracias a las redes sociales e intoxicada con mentiras por el adoctrinamiento escolar.

En la "Edició Migdia" del 21 de agosto de RNE (en este enlace se puede descargar, es más o menos a partir del minuto 45) se cuenta lo siguiente sobre un montaje teatral basado en la creación de la canción "Garota de Ipanema", de Vinicius de Moraes. Traduzco el fragmento que me interesa.
La obra [...] narra la apasionante historia de amor entre Vinicius de Moraes y una chica treinta años más joven que él. Cuando se conocen, el poeta tiene cuarenta y nueve y ella diecinueve. La pareja se enfrentará a los prejuicios y las presiones de la sociedad de la época. El montaje explora los límites del amor y revive la lucha de las mujeres por la igualdad en un contexto muy restrictivo. 

¿Se han puesto a pensar en el significado de la diferencia de edad en las parejas? Sencillamente es mayor en los países cuanto más se mantengan moldes machistas, y ciertamente era mayor en 1962 que ahora en cualquier país. Pero según el noticiero es un avance en la liberación femenina. Un matrimonio de esas características escandaliza hoy más que entonces, pero siempre hay que transmitir la idea de que vivimos en un paraíso con el que ni soñaban en 1962 (cosa que en parte es cierta, pero no gracias a los parásitos totalitarios sino a la tecnología inventada en los países libres). Con toda certeza sería más probable que un hombre de cuarenta y nueve años que tuviera un romance con una muchacha de diecinueve fuera tolerado en 1962 que ahora.

La noticia continúa con la idea del "contexto muy restrictivo", ¡con un comentario de una actriz que toma parte en el montaje que habla sobre las libertades en la España de la época! 

De modo que la alusión al feminismo es segura (en esa emisora que se financia con el dinero de todos los españoles no hay ni un minuto en que no se esté hablando de la guerra de los sexos), y aquello que define lo que el feminismo combatía, la reducción de la mujer a un papel secundario, la mera explotación de su juventud para alegrar la vida de hombres poderosos ¡se convierte en una nueva conquista feminista contra la represión del heteropatriarcado!

La ley actual establece la mayoría de edad en los dieciocho años en la mayoría de los países, pero es probable que en Brasil en la época fuera a los veintiuno. Los "izquierdistas" actuales intentan reducirla aún más, pero en todo caso no hay ningún acontecimiento mágico que traiga una maduración efectiva al cumplir cierta edad. Un niño de catorce años es menos niño que uno de nueve, pero sigue siendo un niño. Una muchacha de diecinueve años es menos adolescente que una de quince, pero no es una mujer madura. Si para una muchacha de esa edad una relación con un hombre más viejo que su padre es lícita, ¿por qué no lo será para una de quince una relación con uno de veintinueve? Y así la liberación que trae el "partido del recreo" es sólo la oferta de libertinaje para corromper y ablandar a la gente y convertirla en vasalla del Estado.  

La gente conservadora o "derechista" aborrece todo feminismo y tal como en realidad echa de menos la esclavitud también echa de menos el tiempo en que se iba a la cárcel por sodomía y las mujeres no podían votar. Otros aprobamos la lucha de las mujeres por la igualdad, lo que pasa es que el intento de los organilleros por convertir una historia como la de la famosa canción en un logro feminista es un despropósito increíble. Una muestra de la forma en que todo se interpreta de cualquier manera y a la propaganda, como a la publicidad comercial, le basta el halago al público para imponerle los condicionamientos ideológicos que el poder prefiera.

(Publicado en el blog País Bizarro el 27 de agosto de 2020.)

sábado, octubre 10, 2020

Los de las FARC también son víctimas

 A pesar de su inspiración y financiación inicial foránea, las bandas terroristas colombianas representan en gran medida al país y el vivero del que surgen, la universidad pública, no sólo sigue intacto sino que ha multiplicado su impacto. Nadie quiere acabar con el adoctrinamiento de asesinos, y eso asegura un genocidio superior al ya experimentado. Los propios terroristas son víctimas de esa inconsciencia y esa indolencia generalizadas.

Yo conocí a gente parecida a los miembros del Secretariado de las FARC. No creo que ellos en su fuero íntimo se sientan satisfechos de su vida, saben que son criminales y sólo el ensueño de ascenso social y poder les mantiene, junto con el acceso a placeres costosos, la conciencia adormecida. 

Pero sus vidas no son el edén que los envidiosos se imaginan. La organización Partido FARC y la representación en el Congreso están ahí como garantía de "la paz", es decir, para amenazar. No defienden un programa distinto al de Santos y los partidos que controla y podrán pasar al ostracismo o a la prisión cuando al clan oligárquico le convenga.

Para lo que se concibieron la Constitución del 91 y los diálogos de paz fue para garantizar el ascenso al poder de los comunistas o populistas dirigidos desde La Habana. El mayor peligro que afronta Colombia es un triunfo electoral de la llamada "izquierda" en 2022, que es lo que preparan la JEP y la Comisión de la Verdad. También tiene ese propósito la detención de Uribe que acaba de ordenar la Corte Suprema de Justicia, ejemplar institución que mantuvo preso (en rigor, secuestrado) al coronel Luis Alfonso Plazas Vega durante ocho años tras una condena basada en testigos falsos, majestuosa autoridad que desechó las pruebas de que Iván Cepeda Castro y Piedad Córdoba formaban parte de la banda terrorista FARC que había en los computadores de alias Raúl Reyes, honorable modelo de equidad que condenó a diecisiete años a un exministro por firmar papeles que también firmaron sus antecesores y sus sucesores y en fin órgano de la justicia que ordenó la liberación de alias Santrich para favorecer su fuga.

Pero los jefes de las FARC sólo son asesinos que han contribuido a esa toma del poder. En cuanto el control del Estado sea suficiente o se pueda contar con otros productores de la cocaína, los esconden y los condenan al olvido. Los "comunistas" que esperan tomar el poder son sobre todo el clan oligárquico que manda desde hace un siglo en el Partido Liberal y los agentes cubanos, iraníes y quizá chinos que dirigen el conjunto de la trama. Los López, los Santos y los Samper han dominado el Estado colombiano desde el fin del Frente Nacional y con ese propósito han utilizado a las sectas de asesinos comunistas.

En la jerga de los enemigos de esas sectas se alude a sus miembros como "bandidos", lo cual es un error que forma parte de la idiosincrasia que termina produciendo esa clase de sujetos. Un tipo como alias Alfonso Cano no es un bandido que comete iniquidades por lucro o placer sino un individuo de clase acomodada que emprende una carrera criminal para imponer un régimen que le parece que redime a la humanidad. El origen de esas ideas es la tradición local, que comparten sobre todo los que lo ven como un "bandido". Si su móvil fuera el lucro, tanto él como la mayoría de los dirigentes de las FARC, habrían encontrado medios más cómodos. Su móvil era "altruista", del modo en que se imagina que una sociedad gobernada con las ideas que lo han seducido le parece deseable. Obviamente el núcleo psíquico de esa disposición es "egoísta" (el sueño de mandar), pero eso no era tan fácil de ver para él. La organización comunista es una secta mafiosa y muchos de sus jefes son meros criminales ansiosos de lucro, pero eso no quiere decir que lo sean todos los que forman parte de ella. A muchos los mueve más el ideal heroico. Y la disciplina hace el resto. Un tipo como alias Alfonso Cano no es más criminal que uno como Luis Eduardo Garzón, que tenía un rango más alto en la organización del Partido Comunista y como líder sindical se ganaba el sueldo de 50 personas, el cual no obstante llegó a alcalde de Bogotá y a ministro y sin duda disfruta de una lucrativa pensión.

En los años del Caguán recuerdo una semana especialmente dura, con cientos de asesinatos, secuestros, cilindrazos a pueblos y otras atrocidades, en la que el inefable oligarca Alfredo Molano (no olviden que por algo dirigía la colombianísima "Comisión de la Verdad", una patochada que parece una representación de Orwell en un porno-show) afirmó en su columna en El Espectador que todo eso que se decía de Tirofijo también se dijo en su día de Bolívar. Yo lo leí con asco e indignación, pero ¿no tenía razón? Sí, lo mismo se decía de Bolívar porque cometió atrocidades comparables, al igual que Santander y los demás próceres de la Independencia. Los dirigentes de las FARC de origen universitario son víctimas de esa épica, de un país que no ha sabido hacer frente a su pasado, al que idealiza y presenta como admirable cuando no es más que "cómicos heroísmos de patanes", como lo definió el escritor Eduardo Escobar.

Una vez leí que en ciertas guerras africanas descuartizaban a los muertos que habían caído tiroteados. ¿Cómo certificar que estaban muertos si nadie había visto la bala? Los colombianos de comienzos del siglo XXI odiaban a muerte a las guerrillas comunistas sin saber que todos sus crímenes formaban parte del libreto del comunismo. En los países en que han tomado el poder, los comunistas han cometido muchos más crímenes después. ¿Por qué la condena a las guerrillas no se extiende a todos los comunistas como autores efectivos de todos los desmanes? Porque nadie ha visto la bala, y sobre todo porque ese poder de los comunistas es el orden secreto de la sociedad colombiana. Un individuo que formara parte del partido y tuviera alguna ventaja en su relación personal con personas influyentes podría haber vivido dedicado a adoctrinar terroristas con un excelente sueldo público, pensionarse joven y ofrecer a sus hijos, probablemente afiliados también al partido, puestos del mismo estilo, y a sus nietos y bisnietos. Bastaría con que hubiera empezado cuando el marxista Gerardo Molina era rector de la Universidad Nacional (1944). ¿Por qué ningún gobierno se ha planteado combatir el adoctrinamiento comunista en las universidades?

Esta pregunta lleva a la conclusión más dolorosa: las FARC no son sólo una banda de asesinos y traficantes de cocaína dirigidos desde el exterior sino agentes de un orden secreto de la sociedad que nadie quiere ver o señalar. ¿Por qué a lo largo de casi ochenta años el Estado ha pagado el adoctrinamiento comunista en las universidades? La explicación que se me ocurre es que los descendientes de castas poderosas tienen más poder que las autoridades legítimas, de modo que la universidad es un "poder fáctico" que nadie se atreve a tocar.

Lo que es repugnante es que se culpe exclusivamente a quienes intentan hacer realidad las enseñanzas que reciben mientras sus mentores siguen lucrándose copiosamente y ejerciendo autoridad. Todavía no hay nadie en Colombia que proponga un juicio al comunismo y el fin del adoctrinamiento en los centros educativos. Grotescamente el actual gobierno promete la educación superior universal, cosa que no hay en ningún país civilizado y que en uno que no produce prácticamente nada —salvo drogas ilícitas, personas para la prostitución y materias primas— es una atrocidad: más sueldos para los comunistas y menos oportunidades para los demás. Pero nadie lo cuestiona.

Ese embeleco de la educación es el aspecto que más muestra a los narcoterroristas de las FARC, el ELN y las demás bandas como víctimas de una sociedad inmoral y perversa, pero podrían señalarse muchas otras, tantas que al final ni siquiera la muy probable caída del Ejecutivo y de todo el Estado en manos de los cubanos resulta la peor amenaza: ¿qué proyecto de país se tiene, qué papel quieren que tenga Colombia en la aldea global? Apegados a sus rutinas, los colombianos son incapaces de interesarse por otra cosa que por prosperar arrimados al poder.

Las personas asesinadas por los terroristas no pueden ser acusadas de complicidad, pero sí sus deudos: ¿cuántos han hecho algo para impedir que los asesinos lleguen al poder? Lo que se ha visto, por ejemplo con los diputados del Valle, es que los familiares intentan lucrarse defendiendo a los asesinos. ¿Qué puede disuadir a los jóvenes reclutados en los últimos años si al final cometer asesinatos y secuestros es la forma correcta de obtener poder?

Lo que movía a los jefes de las FARC y las demás bandas de asesinos para integrarse en la guerrilla no era violar niños ni secuestrar ancianos, fue la vida en la selva y el ejercicio de la violencia contra la libertad ajena que emprendieron lo que los convirtió en monstruos. Los culpables son muchos más, pero es un ejercicio que en Colombia no se quiere hacer porque el primitivismo impide pensar en el largo plazo y todo se acaba en quién será el próximo presidente y en qué nexo personal tiene uno con él para prosperar.

Uno lee las redes sociales y se da cuenta de que la nueva hornada de asesinos ya está lista. Cuando alias Alfonso Cano era estudiante, toda la Universidad Nacional era revolucionaria. Ahora también, sólo que ahora hay decenas de veces más estudiantes y los comunistas son mucho más poderosos. Una orgía de crímenes superior a la que se ha vivido es segura, pero sencillamente a nadie se le ocurre que se debe frenar el adoctrinamiento.

Los asesinos de las FARC también son víctimas de un país contrahecho. Los sicarios de Twitter, que muy pronto serán verdugos, como en Venezuela, seguirán su camino. ¿Cuántos colombianos pueden decir que han hecho algo para impedirlo? 

(Publicado en el blog País Bizarro el 10 de agosto de 2020.)

miércoles, septiembre 23, 2020

La amenaza "iliberal"

Últimamente se ha puesto de moda en los medios esa palabra, iliberal, sospechosa como todos los neologismos y fea como pocas. Se supone que es algo parecido a "antiliberal" y en realidad se usa para describir a cualquiera que ofrezca resistencia a la conjura totalitaria global, cuya existencia niegan quienes usan el término. En últimas, el objetivo de tal definición es Trump y su partido, junto con Bolsonaro, Orban y otros líderes que cuestionan el consenso gracias al cual los socios de Cuba e Irán gobiernan tranquilamente en España, Argentina, México y otros países sin que esos "liberales" lo rechacen.

La plaga del arcoíris
Así tituló Mario Vargas Llosa un reciente artículo en el diario El País en el que se refiere a las elecciones en Polonia. Es un texto que merece muchos comentarios y da que pensar. Primero por su pésima factura, que en realidad corresponde a la vulgaridad de sus ideas. Una frase como "Es norteamericana, casada con un polaco democrático y liberal y vive en Polonia" habría lesionado gravemente la nota de una redacción en la secundaria.

Su cita de una periodista izquierdista a la que admira lleva a pensar que es su única información sobre las elecciones polacas. La autoridad del premio Nobel hace que una opinión poco fundamentada cuente más que la de gente que conoce el asunto. La calidad del juicio de Vargas Llosa sobre esa periodista se puede imaginar recordando su apoyo a la negociación de Santos con las FARC, influido por su amigo Héctor Abad Faciolince. 

Pero en fin el cuento con que empieza es con que Duda obtuvo un segundo mandato gracias a una campaña contra los homosexuales. Es algo que se debe evaluar con cuidado.

Admítase que en Polonia la mayoría de la gente mayor o rural o de mentalidad tradicional desaprueba las relaciones entre personas del mismo sexo por motivos religiosos, lo que Vargas Llosa está diciendo es que las personas que practican esas relaciones son objeto de una campaña de odio que llevó al triunfo de Duda, y eso es falso. Lo que mueve al votante no es la defensa de las costumbres, y antes de la caída del comunismo la vida sexual de la gente no era objeto de discusión en las campañas electorales.

Lo que define esa polémica no es la persecución a esas personas, que obviamente no está en el programa del presidente polaco, sino las políticas de identidad, que son sólo una forma de ingeniería social distópica a la que con razón se resisten los polacos, y en general todas las naciones que sufrieron el comunismo como imposición resultante de la Segunda Guerra Mundial en Europa.

El tabú de la sodomía y de otras formas de relación sexual entre personas del mismo sexo ha acompañado a la humanidad desde que hay registros, y el hecho de que sea algo especialmente condenado por la tradición central de Occidente, el cristianismo, debería ser objeto de atención. Es realmente discutible que haya un gen gay, pese al intenso condicionamiento genético de toda la conducta. El caso es que cualquier persona puede verse tentada a obtener placer de ese modo, es decir, a violar el tabú que impera en las culturas de Extremo Oriente, de la India, del islam, de toda África y hasta ahora también de Occidente (cierta clase de relaciones entre varones de distintas edades eran admitidas en la Grecia antigua, pero nadie debe pensar que la vida entonces era una fiesta de "locas"). La tolerancia con esas actitudes es ya algo unánimemente aceptado en Occidente, pero nadie está proponiendo ninguna clase de persecución: cada uno vive como quiere.

Esa ruptura de tabúes que se experimenta como una liberación se va ampliando. La promoción sistemática del aborto y la eutanasia expresa el anhelo de dejar atrás el tabú que prohíbe matar, y pronto se verán corrientes que hagan retroceder tabúes como el incesto y la pedofilia. También la antropofagia terminará siendo lícita. Depende de lo que digan los jóvenes, pues ocurre en todos los países con los partidos de la conjura totalitaria, que la mayoría de los votantes son los jóvenes, increíblemente dotados por la propaganda de una autoridad que no tienen los demás. Este cambio también es novedoso, antes se valoraba la sensatez y se elegía un senado, palabras que derivan del latín sen, anciano. A los jóvenes es más fácil manipularlos, como puede comprobar cualquiera que ha cumplido cuarenta años.  

Las políticas de identidad se presentan como una forma de lucha contra la intolerancia y de defensa de la libertad pero son una gran campaña de corrupción y división de la sociedad que emprende la conjura totalitaria. Un muchacho que cede a las ofertas de felación de otro hombre en otra época sería visto como un criminal, un degenerado, una persona débil de carácter, etc. Con  las políticas de identidad se convierte en un agraviado, víctima de los que sólo disfrutarían de eso con mujeres o no lo harían. Tras la caída del comunismo los grupos radicales de las universidades encontraron en el feminismo, el ambientalismo, el antirracismo y otras causas parecidas al pueblo elegido que enderezaría la historia, el trasunto del viejo proletariado. El colectivo LGBTI es una de esas opciones, particularmente útil para que esos grupos alcancen poder político porque la propaganda se hace con caricias, fiestas y maquillaje y la intimidación es más eficaz.

La conjura totalitaria tiene una base social amplia constituida por una especie de casta sacerdotal que se va generando en las sociedades posindustriales: maestros, jueces, periodistas, empleados de las diversas industrias de entretenimiento, funcionarios de diverso rango y personas improductivas cuya vida consiste en consumir drogas y buscar diversiones sexuales. Vista la rentabilidad de la causa LGBTI, se han dedicado grandes esfuerzos, de la poderosa red de medios de Soros, de las grandes empresas de internet, de los gobiernos "de izquierda" en todos los países (no sólo los gobiernos centrales sino muchos regionales y municipales, que son los directamente implicados en el adoctrinamiento escolar), de Netflix y las demás fábricas de fantasías y de las farándulas de cada lugar para hacer "normal" las relaciones entre personas del mismo sexo. Un niño de cuatro años en España ya está persuadido de que algún día tendrá novia o novio, da lo mismo. En realidad tener novia es ser antiguo y opresor, cuanto más opte el niño por la homosexualidad más aprobación tendrá de sus maestros.

No hace falta decir que el presupuesto público es el principal móvil de todas esas causas. Hacerse homosexual profesional y afiliarse a alguna secta taimadamente comunista es lo que se dice labrarse un futuro, con sueldos de ensueño y muchas opciones para prosperar. El editor que publica libros sobre familias de dos madres tiene seguras las ventas porque los maestros exigirán esos libros a los niños, con ese mercado seguro, los escritores de libros para esos segmentos de edad inventan historias de ese tipo, sin hablar de que las ofertas de trabajo en la televisión y las demás industrias culturales abundan. En países como España los diversos frentes estatales de mejora de la conducta pública, es decir, de persecución del machismo o de la homofobia, son una formidable fuente de empleos que pagan los machistas y homófobos que necesitan que sus hijos experimenten la necesaria corrección.

Particularmente espantoso es el caso de las personas "trans". Hace ya muchas décadas se sabe de hombres jóvenes que se operan o toman hormonas para tener pechos parecidos a los de las mujeres y en general un aspecto parecido al de una prostituta. Casi siempre eso tenía que ver con las expectativas profesionales que tenían. Puede que tener relaciones sexuales sea más rentable y cómodo que otros trabajos que se les ofrecen a las personas de esos estratos sociales. Creer que se pertenecía a otro sexo era hasta hace poco un trastorno psiquiátrico, además muy raro. Yo nunca oí hablar de personas que se creyeran de otro sexo. Esas personas son inventadas por la conjura totalitaria y existen en las leyes antes que en la realidad. Sirven para crear una dictadura de la opinión con el "delito de odio", de lo cual es buen ejemplo de un autobús español que llevaba estampada en su cubierta la leyenda "Los niños tienen pene, las niñas tienen vulva", cuyos autores fueron encausados por un juez por delito de odio contra las personas "trans". Como ocurre con todas las campañas totalitarias, los niños son víctimas predilectas.

La conjura totalitaria es el viejo comunismo con nuevas consignas: no será el paraíso de los de abajo sino el recreo perpetuo. La variada oferta de libertinaje sexual se refuerza con el consumo de psicotrópicos. Las personas débiles, desgraciadas o desorientadas encuentran en las drogas una euforia incentivada que las hace sentirse en una fiesta perpetua y descuidan sus actividades laborales, se van convirtiendo sin  darse cuenta en una especie de mendigos, sólo que su condición no les resulta visible porque los han convencido de que la vivienda o la salud son "derechos" que sólo tienen que reclamar y que tienen que pagarles los que trabajan.

Pero a su vez el comunismo sólo fue una epifanía, una avatara (en la India, encarnación del dios Visnú), de algo más antiguo y aún no derrotado: el Estado moderno, una maquinaria tan poderosa que la casta que lo controle se hace dueña de la sociedad, como de hecho ya ocurrió en la antigua Roma. La corrupción de las costumbres promovida por esa casta es un aspecto que merece la mayor atención, pero en general ese tema es extenso y ya lo he comentado en entradas anteriores (1-2)

De eso trata el "odio al gay" que encuentra Vargas Llosa en las elecciones polacas, de la resistencia de una sociedad a esa imposición brutal. Según él, además del "odio" al gay hubo en las elecciones polacas otras dos "taras sanguinarias", el nacionalismo y el antisemitismo. Respecto al nacionalismo, no parece una manía de odio al extranjero ni de afán belicista, pero es obvio que la resistencia ante una imposición como la de la distopía moderna tenga que recurrir a la comunidad y a la identidad originarias. No habría tradición sin nación. Fiel a su rigor, resulta que para Vargas Llosa cualquier patriotismo es igual al nazismo.

La acusación de antisemitismo también da que pensar. El final del artículo de Vargas Llosa termina ocupándose de los periódicos de capital extranjero. Puede que el antisemitismo sea sólo la resistencia a la red de Soros. Es el dominio de ese consorcio lo que Vargas Llosa entiende por "democracia civilizada" y "genuina democracia". Las otras son "fanáticas e iliberales", como Hungría a la que, dice, "es muy difícil seguir llamando democrática". ¿Se podría comparar con España, donde el gobierno fue elegido con los votos de los herederos de una banda de asesinos, partidos de golpistas condenados y sicarios iraníes y venezolanos?  Claro, depende de lo que le parezca a Soros. Aparte de los insultos contra el presidente húngaro y su partido, no hay nada que permita cuestionar la legitimidad de su sistema político.

La democracia "iliberal"
De las elecciones polacas y el "iliberalismo" se ocupa también Guy Sorman, un periodista francés del que habría que esperar más circunspección y rigor que de Vargas Llosa. Lo que se encuentra es una sarta de mentiras más grotesca, empezando por la acusación de antisemitismo contra el reelegido presidente polaco y contra el húngaro Victor Orban. En ambos casos son falsedades, mucho más descaradas en el caso de Orban, cuya amistad con los judíos y con Israel es bien conocida. De nuevo el antisemitismo que ven estos personajes es la hostilidad hacia Soros y su red.

Sí que pronunció Orban en 2014 un discurso contra el liberalismo, entendido éste como el orden en el que las naciones se disuelven y el poder real termina en manos de las grandes corporaciones. El efecto de sus políticas, además de la hostilidad de los amigos de Soros y del "consenso socialdemócrata" no va más allá de las calumnias tipo "extrema derecha", "antisemita", etc. Los críticos húngaros o polacos del gobierno cuentan con garantías casi impensables en España, donde el gobierno es una obscena caterva de delincuentes dirigidos por un impostor grotesco.

Ni Vargas Llosa ni Sorman ven el problema de la dominación implícito en la campaña de la nueva izquierda y su casta sacerdotal. Como dijo Borges en alguna ocasión de algún contradictor, hay que dudar de su honestidad para creer en su inteligencia. La batalla que conciben contra oscurantistas e intolerantes parece del siglo XIX y la realidad de la invasión vertical de los bárbaros, o si se quiere de los "libres de tabús" les resulta invisible.

Lo que se votaba en Polonia, y en noviembre en Estados Unidos, es la persistencia de la sociedad libre. La hegemonía de los comunistas y sus herederos sólo asegura para muchos países un futuro como el venezolano, a veces tras cruentas guerras civiles. A punta de placeres, los totalitarios están conquistando a la gente más blanda para implantar esos regímenes.

(Publicado en el blog País Bizarro el 3 de agosto de 2020.)

lunes, septiembre 07, 2020

Evocación del macartismo

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial el comunismo se erigió como una amenaza global poderosísima: primero Stalin se apropió de media Europa y extendió el telón de acero, poco después cayó China y el año siguiente intentaron apropiarse de toda la península de Corea, mientras avanzaba su expansión por Indochina y muchas otras regiones. El propio "bogotazo" y la violencia de esos años forma parte de esa expansión. Como reacción, se produjo en Estados Unidos una movilización popular para expulsar a los comunistas (que ya le habían dado la clave de la bomba nuclear a la URSS) de los cargos públicos y de los medios de comunicación, y defender los valores de la nación, reacción más que razonable y necesaria. ¿No es lo que falta ahora, una respuesta masiva y coherente en defensa de los valores de la libertad, la democracia, la justicia, el bien común, los derechos humanos, la verdad, la racionalidad económica y el acuerdo entre las naciones?


"Sacas", "checas" y otros términos desconocidos
¿Qué ocurrió en España en los años treinta? Un lector colombiano difícilmente podrá responder con mucha información objetiva. Todo lo que le llega es la propaganda comunista. Se supone que cayó la monarquía (sobre la cual los colombianos no tienen ni remota idea y creen, por ejemplo, que algún país sudamericano ha sido alguna vez menos absolutista que la Inglaterra victoriana) y se instauró la república y que cuando ganó la izquierda el fascismo emprendió una guerra civil que finalmente ganó. Al lado del pueblo estaban todos los intelectuales y fueron a combatir al fascismo muchos artistas de otros países, héroes que crearon las Brigadas Internacionales, que hicieron frente al fascismo. 

¿Alguien ha oído otra historia? 

TODO LO ANTERIOR ES FALSO. La instauración de la república fue un golpe de Estado ilegítimo pues sólo triunfaron los republicanos en unas elecciones municipales y nunca se consultó a los ciudadanos si querían acabar con la monarquía, el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936 fue el resultado de un fraude, ese gobierno de socialistas marxistas y sicarios de Stalin empezó a implantar una tiranía de tipo soviético, tal como hicieron después Allende y Chávez, y el detonante de la guerra fue el asesinato por sicarios del Partido Socialista del líder de la oposición, José Calvo Sotelo. 

Los generales que se alzaron con Franco eran simplemente personas conservadoras, monárquicas, católicas, etc., que ya veían la persecución totalitaria y que no tenían ninguna relación con el fascismo. La Falange era un grupúsculo de intelectuales sin influencia, y ciertamente el conjunto de los artistas no estuvo con los comunistas, ni muchísimo menos. Las Brigadas Internacionales eran grupos comunistas que intentaban colaborar con la revolución, como se ha visto en toda Hispanoamérica, y sobre todo, en las áreas que cayeron en manos de los comunistas y socialistas, tuvo lugar una orgía de crímenes monstruosos que jamás cometió el franquismo, ni durante la guerra ni después: asesinatos de miles de personas que no tenían ninguna relación con el alzamiento, a las que se sacaba (de ahí las "sacas") de sus casas al amanecer, "cárceles del pueblo" ("checas") en las que se cometían torturas y muchos otros crímenes... 

No era la democracia luchando contra el fascismo sino la nación haciendo frente a la tiranía comunista, algo parecido a la historia de Colombia en las últimas décadas.

Hijos de la propaganda
Esa idea de la lucha del pueblo contra el fascismo o de la república contra la tiranía es común en Hispanoamérica, donde la historia se desconoce por completo, pero también era la doctrina de Hollywood: recuerdo haber visto una versión del libro ¿Por quién doblan las campanas?, de Ernest Hemingway, que fue una de las películas más vistas ese año (1943) y tuvo 9 nominaciones al Óscar. Resulta muy gracioso encontrar a la rubia Ingrid Bergman como campesina española, pero era lo que convenía para crear adhesión de los jóvenes a los "idealistas" de la Brigada Lincoln, a la que pertenecía el personaje encarnado por Gary Cooper, y que en realidad era un frente del Partido Comunista estadounidense. 

Es verdad que eran los años de la Segunda Guerra Mundial y de la alianza con los soviéticos, la época en que era frecuente escuchar en la radio estadounidense la "Sinfonía de Leningrado" (la Séptima sinfonía de Shostakóvich), pero no se puede negar que la influencia de los comunistas ya entonces era una amenaza. 

El caso de la república española es más fácil de detectar para mí, pero sin duda habría muchos otros que demostrarían el uso del cine, la radio y la prensa como medios de propaganda por los comunistas. 

No hay que investigar demasiado, lo vemos hoy todos los días en las series de televisión y películas estadounidenses, casi todas obsesionadas con la más obstinada y a menudo delirante propaganda feminista, ambientalista, vegana, abortista y transexualista en una tarea de desmoralización que, mucho me temo, podría tener patrocinadores chinos (no es explicable que asuman tantas pérdidas en producciones propagandísticas como Los cazafantasmas femenino y muchas otras). ¿Qué interés puede tener para Netflix imponer una ideología problemática y contrariar a una parte del público? En el caso de Soros es evidente la conexión con los gobiernos comunistas de Sudamérica, es decir, con el narcotráfico y el régimen cubano, es decir, con Irán. 

Seguro que entre los que mandan en las grandes empresas de entretenimiento y de redes sociales hay acuerdos incentivados por grandes poderes, y sólo los chinos cuentan con recursos para eso.

La "caza de brujas"
En Colombia, donde el teatro es tradicionalmente un medio eficacísimo de propaganda y reclutamiento de los comunistas (un amigo iraquí me contó que en Irak era exactamente lo mismo: la universidad, el teatro y el dinero soviético pagando la carrera de artistas militantes), hubo montajes muy trabajados de la pieza de Arthur Miller Las brujas de Salem, que trataba de hacer un paralelo entre la Inquisición del siglo XVII y la persecución que dirigía el senador Joseph McCarthy contra los comunistas. 

¿No es maravilloso? Los mismos que aplaudían "el paredón" (a lo mejor ya nadie recuerda el entusiasmo que despertaban los fusilamientos arbitrarios del castrismo en los primeros sesenta) resultaban los defensores de la libertad de expresión, con una naturalidad que se encuentra por todas partes, los mismos asesinos de las FARC, cuyos jefes delatados tuvieron que huir para no terminar respondiendo ante el juez de Nueva York, acusan de narcotraficante a cualquiera que se les oponga. El hecho de que los colombianos se hayan acostumbrado a ese cinismo deja ver una lesión moral gravísima.
Toda la estigmatización que se hizo de McCarthy y sus ideas es obra de los comunistas y sus socios, que ya han convertido en un crimen contra la libertad el hecho de hacerles frente. En la conciencia de un colombiano, el país en el que no se puede pensar libremente es Estados Unidos y el de la libertad es Cuba. El dinero soviético y después el de la cocaína han pagado la propaganda que crea ese tipo humano.

McCarthy y sus actosDe origen modesto y provinciano, Joseph McCarthy llegó a liderar como senador el combate contra el comunismo en el seno de la sociedad estadounidense. ¿Hubo excesos en sus denuncias, interrogatorios y señalamientos? Seguramente, pero según la Wikipedia:
Gracias a documentos desclasificados de archivos soviéticos y descifrados del proyecto Venona de mensajes soviéticos codificados, se descubrió que la Unión Soviética había participado en actividades de espionaje sustanciales en los Estados Unidos durante la década de 1940. La Unión Soviética financiaba copiosamente al Partido Comunista de los Estados Unidos cuyas directrices políticas controlaba, y había acusaciones de que a menudo se reclutaba como espías a los miembros de dicho partido.
Lo cierto es que aparte de los despidos, interrogatorios y arrestos en casos en que hubiera pruebas de implicación en actividades antiestadounidenses, las consecuencias para los acusados no fueron mayores, como para compararlas con las que sufrían las víctimas del comunismo en todo el mundo en esos mismos años, con torturas, ejecuciones extrajudiciales y confinamiento en campos de concentración para millones de personas. Todo lo que han hecho las bandas narcoterroristas en Colombia esmera rutina en el prontuario comunista.

¿Alguien tiene algún recuerdo de esos hechos? Ahora mismo, en el último año, los comunistas han matado a miles de personas en Venezuela sin que esas víctimas aparezcan en los medios, casi ni siquiera en las redes sociales. La demonización de McCarthy es lo mismo que la benevolencia con el comunismo, como si hacer frente a sus propagandistas fuera amenazar la libertad de opinión que precisamente ellos tratan de abolir.

El cinismo del hampa
La noción que cada persona tiene del mundo depende de su medio, cualquiera que acude a una universidad colombiana es comunista, cosa que cada vez es más frecuente en otros países. Pero incluso quienes se consideran ajenos al comunismo no son conscientes de lo monstruoso de su percepción del mundo, como si alguien de una comunidad de antropófagos afirmara detestar la carne humana.

El comunismo es el mayor crimen de la historia, lo es estadísticamente, porque en términos morales podría llegarse a una discusión infinita y ociosa. Ni siquiera el nazismo alcanza las cifras de asesinatos, torturas y demás atrocidades de los comunistas.

Si se juzga objetivamente, sin la falsificación que introducen las nociones de izquierda y derecha, el nazismo no es algo opuesto al comunismo, sino una de sus variantes. Originalmente el NSDAP era también una banda de resentidos para los que era fácil identificar a los judíos con la burguesía (dada la condición urbana y a menudo de empresarios y banqueros de muchos miembros de la minoría judía de Alemania). El desorden de la posguerra fue arrastrando a esa clase de grupos a la demagogia supremacista, igual que en Italia, y a hacerlos atractivos para quienes soñaban con la revancha y para clases medias empobrecidas que veían en la expansión al este una esperanza de prosperidad.

Pero en fin la cuestión que nos plantea el macartismo es la de la necesidad de combatir la ideología comunista como "un crimen colectivo", para usar la definición de Octavio Paz. McCarthy no es el demonio del fanatismo y la intolerancia sino un precursor en una batalla ideológica que por desgracia sigue vigente.

Me llamó la atención descubrir en el blog del exministro Alejandro Gaviria una referencia a un libro sobre el macartismo en el que esa obscena presentación de los genocidas como víctimas de la persecución de unos locos aparece con todo el desparpajo del país del crimen. Me parece que leer esa perla ilustra mucho sobre el personaje y muy poco sobre McCarthy. Es el mismo rector que considera un logro la multiplicación de los cultivos de coca durante el gobierno del que formaba parte, pues a fin de cuentas el enfoque prohibicionista le parece un error y algo que por suerte se superó, alguien para quien la tarea legislativa de los violadores de niños es una conquista de la civilización y que se jacta de su buen trato con alias Pablo Catatumbo, cuya admirable labor legislativo no le impide llegar borracho al Congreso.
Los comentarios de los lectores a esa entrada de Gaviria son de una elocuencia maravillosa: cualquiera que los lea quedará convencido de que Colombia puede darles lecciones de democracia y libertad a los Estados Unidos, y que incomodar a los comunistas es un crimen, un obstáculo a su noble labor. El servilismo típico del país alcanza en el ámbito universitario ribetes cómicos, y la solicitud de los jóvenes ante este rector es como un halo que lo rodea y le permite una actitud majestuosa y como de respetabilidad sobreentendida.

Es posible que el hombre sea candidato para 2022 porque podría resultar aceptable tanto para los afines a Petro como para los que siguen a Fajardo. Nadie debe pasar por alto que en definitiva obra como representante de la mafia cubana. El barniz académico puede hacerlo simpático a las facciones estadounidenses y europeas de la conjura totalitaria, que no sólo obtienen beneficios económicos del narcotráfico gracias a los amigos de Maduro y los cubanos, sino que también colaboran efectuando una especie de "proselitismo químico", pues cuantas más drogas consuma alguien más probable es que se haga votante suyo.

Quienes evalúan los regímenes totalitarios del siglo XX tienden a considerar a la cúpula nazi como una vulgar organización criminal y la ideología como una máscara legitimadora. Eso mismo se puede decir del comunismo y de sus aliados. Juan Manuel Santos no es una persona engañada por nociones ideológicas sino un oligarca desaprensivo cuya alianza con los traficantes de cocaína le deparó poder y reconocimientos. Este ministro suyo es un personaje del mismo jaez.

McCarthy seguirá siendo macartizado, pero al fin la denuncia del comunismo y de sus herederos disolventes e identitarios es la tarea de nuestra época.

(Publicado en el blog País Bizarro el 17 de julio de 2020.)