lunes, julio 27, 2020

La guerra cósmica: de la banda de los cuatro a los antivacunas


El desconcierto general ante la crisis causada por la COVID-19 ha dado lugar a una explosión de reacciones desmesuradas y muchas veces disparatadas por parte de gente que parecía sensata, como si el impulso para la discusión ideológica no se pudiera contener y tener que atender a la realidad fuera sólo un fastidio. Asusta la frecuencia creciente con que se describen las medidas de cuarentena como un ataque contra los derechos individuales y se propone simplemente acabar con todas las restricciones y todas las medidas de control porque, según dicen, cada uno verá si se contagia. No siempre son los mismos argumentos, pero creo que es innegable que hay mucha gente haciendo esa traducción de las medidas contra la pandemia al conflicto ideológico, bien que se vea como izquierda y derecha, bien como libertarios y socialistas, bien como patriotas y conjurados globalistas de Soros. Esa visión recuerda al profeta persa Mani (siglo III), cuyo dualismo sólo reproducía lo que ya creían siglos antes los adeptos del zoroastrismo; una guerra perpetua entre el bien y el mal de la que todo fenómeno es de alguna manera representación. Imposible no recordar ante esa paranoia a la "banda de los cuatro" que tomó el poder en China en los últimos años de vida de Mao Zedong y que previamente había lanzado una guerra ideológica contra Lin Biao y Confucio.

Ciencia y superstición
En un texto sobre Sócrates, Estanislao Zuleta explicaba el espíritu de la ciencia a partir de la idea de "no saber", si uno va donde un gran médico, éste suele no saber que tiene uno y le manda hacer un montón de análisis, pero si va al curandero de la plaza de mercado, éste siempre tiene el diagnóstico y el remedio. Por eso la tarea de Sócrates no era ser sabio sino anhelar saber, que es lo que significa filosofía. 

La ideología o prejuicio siempre tiene las respuestas antes de que se formulen las preguntas porque ve los fenómenos como meras representaciones de conflictos metafísicos, de modo que para muchos no hay que detenerse a pensar en lo que ocurre realmente con la pandemia, ya saben que los gobiernos van a aprovecharla para restringir libertades y cobrar impuestos, y que la paralización de la economía es más grave que la muerte de unos cuantos. Los penosos disparates que publicó Fernando Vallejo sobre la inmunización masiva yo los había leído antes en tuits de libertarios. Como los curanderos de Zuleta, con unas cuantas líneas que hayan leído sobre la pandemia ya resultan graduados de virólogos y epidemiólogos. Si el cierre de negocios los afecta, muchos se vuelven los más severos críticos del gobierno, por ejemplo del de Duque, al que no le reprochaban su adhesión a la paz de Santos y ni siquiera su disposición a premiar al ELN. En realidad, el gobierno sólo había estado en minoría cuando pretendió subir el IVA a los productos básicos porque esos libertarios se verían también afectados.

En otros, el resorte no es el interés personal directo sino la situación de la gente más débil, pero es curioso que cuando uno habla de las endemias colombianas, como la educación superior pública o la parafiscalidad, se nota que no les inquietan en absoluto, como si no fueran la causa de la miseria de la mayoría. Para estas almas sensitivas la situación de los "habitantes de la calle" o de los presos antes de la pandemia era tolerable.

La economía o la salud
Obviamente no merece el menor reproche el que se preocupe por la situación económica, pero el llanto y la protesta que presuponen que no se debe aplicar la cuarentena es por una parte el atrevimiento de sentar cátedra sobre lo que se desconoce y por otra la reacción más egoísta a los problemas. En el fondo lo mismo, no tratar de entender la realidad sino hacerle frente con armas de juguete. Otros ni siquiera tienen nada que decir sobre la economía sino que sufren síndrome oposicional respecto de los políticos del bando hostil, de modo que cuando un personaje como Claudia López propone mantener la cuarentena hasta que haya vacuna ellos proponen acabar ya con toda restricción y culpan de las dificultades a la conjura globalista y a veces incluso a la vanidad de la alcaldesa. El economista Juan Ramón Rallo aborda, creo yo que acertadamente, la cuestión. Recomiendo leer su artículo para no insistir en esa absurda discusión.

La biología no obedece a la ideología
Es obvio que todos los políticos de todos los partidos intentan aprovechar la pandemia en favor de sus intereses (sobre todo lo hacen cuando se quejan de que los demás lo están haciendo). De tal modo, conviene entender que a los totalitarios que mandan en países como España, México y Argentina, y en gran medida también en Colombia, les interesa el empobrecimiento y la destrucción de puestos de trabajo. Si esas sociedades valoraran el trabajo, ellos no obtendrían votos. Y nadie debe pensar que el sufrimiento de los venezolanos, por poner un caso, inquiete en absoluto a sus gobernantes, que viven rodeados de lujos y en fiestas. Ésa es la historia del comunismo, en tiempos de las más espantosas hambrunas los recursos de los Estados se dedicaban a promover revoluciones en otros países, como ocurrió con la Komintern. El comunismo en Colombia es el fruto de ese dinero sustraído a los hambrientos, no sólo a los rusos sino también a los chinos, que pagaron la creación del MOIR, tan influyente en el partido Centro Democrático. En España esperan (y lograrán) que una renta básica universal les asegure los votos de los millones de personas que se han quedado sin trabajo. La miseria resultante generará tensiones de las que saldrá vencedora la mayoría paniaguada.

Pero todo eso no quiere decir que fuera posible desistir de la cuarentena y así evitar la ruina y la destrucción de empleos. Esas bobadas sólo las dicen personas muy desinformadas en Colombia. La primera vez que se decretó el estado de alarma en España todos los partidos apoyaron las medidas de cuarentena, no había alternativa porque lo que se anunciaba era el colapso hospitalario. No hay ningún caso en el que un gobierno haya desistido de imponer medidas de restricción de la movilidad y no haya conseguido una multiplicación exponencial de los contagios y las muertes, y por tanto, también de la ruina y la destrucción de empleos. Boris Johnson pagó su comedimiento contagiándose él mismo. Y hoy el Reino Unido es el país con más muertes por COVID-19 en Europa. Lo mismo ocurre en Brasil y México, países que ahora encabezan el censo de muertes por la pandemia en Iberoamérica.

La tontería de las interpretaciones ideológicas impide plantearse respuestas reales tanto a la pandemia como a la amenaza no menos letal de expansión del poder del hampa dirigida desde La Habana. Cuando los críticos del gobierno "amigo de la paz" se dedican a clamar al cielo contra las medidas restrictivas, por una parte les dan la razón a los defensores de dicho gobierno y de la llamada izquierda, y por el otro gastan energías en algo que no conduce a nada. Si hubiera un partido que representara una verdadera alternativa, se esforzaría en proponer medidas que permitieran trabajar y a la vez proteger la salud de la gente. De eso se trata, de evaluar el riesgo de cada actividad, de cada persona, de cada espacio, de modo que esa elección absurda entre el sacrificio de unos cuantos y la continuidad de algunos negocios deje de tener sentido. Eso es posible en todas partes, si pueden abrir las tiendas de alimentación, ¿cuántos negocios no habrá en los que la exposición al contacto entre personas sea menor?

Las soluciones, tanto asistenciales como técnicas, dependen más de la eficiencia de los gobiernos y la disciplina de la gente que de la ideología. Baste pensar en China, donde, si bien es cierto que publican cifras engañosas y tapan muchos contagios y muertes, tendrían millones de muertos si no hubieran sido eficientes cerrando la provincia y la ciudad en que se detectó la infección. Si los gobernantes comunistas chinos fueran del nivel de los socialdemócratas y chavistas españoles no sólo habría una mortandad monstruosa por la pandemia sino además una hambruna generalizada, aunque ciertamente los chinos son más disciplinados que los españoles (ayer salí a pasear por Barcelona y se me ocurrió contar las personas que llevaban mascarilla, que eran la minoría a pesar de que es obligatoria).

La manía ideológica, como ya expliqué antes, hace recordar la campaña de algunos gánsters comunistas chinos contra sus rivales cuando el segundo del régimen, Lin Biao, cayó en desgracia: una querella palaciega se presenta como una guerra cósmica. Lin Biao no tenía nada que ver con Confucio, pero el adanismo de esos terroristas-propagandistas los alentaba a presentar al creador de la cultura china como un elemento caduco al que combatir para elevar de nivel la justificación de sus persecuciones. Y también recuerda a los enemigos de las vacunas, personas que reciben rumores por WhatsApp y creen que la biología molecular es algo que se entiende reduciéndolo a una cuestión de gustos personales. Encuentran público porque efectivamente la mayoría de los niños no vacunados no se contagian de las enfermedades infecciosas contra las que se aplican vacunas, pero eso ocurre precisamente gracias a que la inmensa mayoría de la población está protegida. En otra época la mortalidad por la viruela era enorme.

Lo que se haga para afrontar la pandemia y la crisis que vendrá debe ser objeto de una discusión seria, y mucho me temo que al final los criminales totalitarios sacarán provecho de ambas calamidades. Eso no se podrá impedir mientras la respuesta de quienes deberían combatirlos sean la sinofobia, las teorías de conspiración o los fanatismos ideológicos.

(Publicado en el blog País Bizarro el 23 de mayo de 2020.)

martes, julio 14, 2020

Sergio Fajardo y el milagro de las encuestas


Durante mucho tiempo me ha fascinado la carrera de Iván Duque: de ser un completo desconocido durante los gobiernos de Uribe, pasó a candidato al Senado en la lista única que encabezaba el expresidente en 2014 y de ahí a personaje intensamente promovido por los medios, como la revista Semana, elegido como mejor senador por una cámara dominada por los amigos de Santos (el ganador normalmente es Jorge Enrique Robledo) y elogiado por personajes como León Valencia, Rodrigo Uprimny y Vladdo. La manipulación de las encuestas previas a la primera vuelta de las elecciones de 2014 prueba que había un acuerdo de la mafia gobernante con Uribe y su partido para imponer a Duque como presidente y que la forma en que se consiguió fue impidiendo el paso a segunda vuelta de Sergio Fajardo.

Noté algo muy raro en las encuestas a la primera vuelta de las elecciones de 2018 y empecé a publicar en Twitter los resultados de dichas encuestas que aparecían en la Wikipedia, y pocos días después esas encuestas desaparecieron de la página. Es verdad que eso lo puede hacer cualquiera, pero ¿quién puede tener interés en tomarse ese trabajo? Afortunadamente se me ocurrió mirar la versión inglesa, donde todavía están.


La columna morada corresponde a la votación que se preveía por Petro, la azul, a la que podría alcanzar Duque según las encuestas y la que hay debajo del cuadro verde a la de Fajardo. Fíjense en que la única encuesta en la que el resultado que obtendría Fajardo se parece a lo que ocurrió el día de la elección es la de un instituto ajeno al medio colombiano. (El resultado final fue 39,14 para Duque, 25,06 para Petro y 23,73 para Fajardo.)  ¿Cuándo aciertan las encuestas en Colombia? Nunca, no porque la población sea imprevisible sino porque la mala fe reinante hace que las encuestas sólo sean propaganda. Para formarse una idea de la forma en que las encuestas se usan para influir en la elección conviene prestar atención a las que se publicaron antes del plebiscito de 2016:


No tiene sentido que todas se equivoquen tan gravemente, sencillamente, si era seguro el triunfo del sí, nadie iba a perder el tiempo votando no. Y del mismo modo, si era tan escasa la votación por Fajardo, muchos irían al "voto útil", contra Duque o contra Petro, por no hablar del aliento que tendrían los que dominan las maquinarias de compra de votos para invertir en un tipo como Petro que no pasaría a segunda vuelta.

Los votos que obtendría Fajardo en las encuestas de los medios colombianos en las últimas encuestas previas a la elección siempre anuncian más de diez puntos de diferencia respecto a lo que resultó finalmente, y en algún caso son un tercio del resultado. Como pasa siempre que se discute con colombianos, ningún argumento conmueve las certezas de nadie, pues, como decía Hannah Arendt de la época nazi, cuando es imposible negar las mentiras los que decían creerlas admiten que sabían que era mentira pero tienen algún pretexto.

De haberse aproximado las encuestas a los resultados finales, muchos votantes habrían tenido la duda de si apoyar a Petro o a Fajardo, o bien a Duque o a Fajardo, y sus posibilidades de pasar a segunda vuelta eran muy superiores. En lugar de los 15 puntos de algunas encuestas tuvo 1,33 puntos de desventaja respecto de Petro.

La cuestión es ¿qué habría pasado si Fajardo hubiera pasado a segunda vuelta contra Duque? Pues que muy probablemente habría ganado. Es más inteligente, más simpático y por entonces más conocido por la gente. De modo que favorecer a toda costa el paso a segunda vuelta de Petro era una jugada para asegurar la elección de Duque. Petro no podría ganar, si hubiera estado cerca de disputarle realmente la presidencia al inverosímil ungido de Uribe se habrían movilizado muchas fuerzas dormidas para impedirlo, mucha gente que votó por otros candidatos y después se abstuvo habría ido a votar. Pero Fajardo parecía una amenaza menor.

¿Es realmente distinto Fajardo a Petro? Yo creo que no. En la época del Caguán era o había sido alcalde de Medellín y publicó un artículo lamentando el fin del despeje, después se encontró a uno de sus funcionarios en un campamento terrorista y finalmente fue gobernador de Antioquia por el Partido Verde, que es sólo el M-19 lavado de cara y con una trayectoria bastante problemática. Fajardo forma parte de la mafia cubana exactamente igual que Petro o que otros políticos abiertamente comunistas.

Luego, ¿qué interés podría tener el clan oligárquico en impedir su triunfo? Por una parte, sería un agente nuevo con alguna autonomía, por la otra seguiría habiendo un "polo" de descontento en torno al uribismo, con el que claramente hubo acuerdos para llegar a ese resultado. El ascenso de Duque es perfecto para los planes cubanos, el acuerdo de La Habana se aplica sin cambios, las entidades surgidas de ese acuerdo, como la JEP o la Comisión de la Verdad, siguen operando sin contratiempos, la propaganda contra Uribe mantiene a los descontentos ocupados defendiendo a su líder, se reclutan muchos uribistas cuya verdadera aspiración se acaba en un puesto bien pagado (como la que elogia al padre De Roux) y se neutraliza completamente cualquier descontento. Incluso se comienza una nueva negociación de paz con el ELN, gracias a la cual todas las atrocidades de la paz de Santos quedan confirmadas y poco a poco olvidadas, tal como ocurrió antes con el M-19 y los grupos guerrilleros que negociaron la paz en los ochenta.

Es decir, Fajardo habría ganado con los votos de la "izquierda" y la gente descontenta seguiría cuestionando el acuerdo de La Habana. Con el triunfo de Duque eso desapareció, sólo algunas personas aisladas en Twitter decimos algo y nos describen como "extrema derecha" (si por algún motivo yo tuviera que tomar partido entre la izquierda y la derecha, sin duda estaría más cerca de la izquierda, palabra que siempre ha querido decir la igualdad, la libertad, la fraternidad, el respeto de los derechos humanos y del sufragio universal, sólo que en las cabezas brutales de los colombianos ya ha llegado a significar lo contrario, que es como si alguien se opusiera al amor porque entendiera que Tornillo les hacía el amor a los niños campesinos secuestrados para servir de carne de cañón). La presidencia de Duque es exactamente lo que conviene a los cubanos, a tal punto que no hay un solo periodista extranjero que no lo sitúe en las antípodas de Maduro y compañía por mucho que su gobierno no haya cambiado absolutamente nada de lo que dejó Santos.

¿Qué motivos podría tener Uribe para prestarse a una jugada parecida? Por una parte él es un político de la vieja escuela, formó parte del Poder Popular con Samper y del Senado que permitió la Constitución de 1991, incluso fue ponente de una ley que refrendaba la impunidad del M-19. Por la otra, es víctima de un acoso judicial inclemente, que incluso significó el encarcelamiento de su hermano. Uno no sabe qué pruebas pueden tener en su contra para encarcelarlo o destruir su imagen, por ejemplo por actuaciones de los años ochenta, cuando era alcalde de Medellín y director de la Aerocivil. Además, gracias a ese acuerdo sigue siendo un importante senador y un líder que influye en una parte de los nombramientos. No en los más importantes, que son para los que encarga Santos o su club mafioso, pero sí en algunos.

Y bueno, como concluyen los porteños: no es fácil responder a los porqués pero ahí están los hechos. Duque nunca lideró ningún rechazo al acuerdo de La Habana, incluso cuando ganó el no corrió a matizar ese triunfo para convertirlo en apoyo a la paz, salió de la nada, fue promovido por los amigos del narcoterrorismo y gobierna sin molestar en absoluto a los exportadores de cocaína ni al nuevo poder surgido de los acuerdos de La Habana. Incluso nombra ministras que tomaban parte en protestas contra su gobierno.

La mayor decepción no procede de los votantes uribistas cuyo conocimiento de la política es tristemente precario, ni de Uribe o Duque, que ya mostraron en los años anteriores a 2018 sus verdaderas inclinaciones, sino de las personas que mostraban oposición a Santos y su acuerdo. Hoy son perfectos socios de los terroristas y ejercen de comparsas en el show del Congreso. Desde mi punto de vista son otros criminales. Desde mi punto de vista, cualquier intento regenerador tiene que hacerse contra esa gente igual que contra los terroristas. Son socios y valedores de un gobierno criminal de guante blanco.

(Publicado en el blog País Bizarro el 12 de mayo de 2020.)

lunes, junio 15, 2020

La vida en cuarentena

La cuarentena podría ser una ocasión de superarse para la mayoría de las personas, pero esa posibilidad no la pueden ver gentes que no tienen otra aspiración que vivir cómodamente sin esforzarse, lo que explica la insignificancia industrial de los países hispanoamericanos y el nivel penosamente bajo de sus profesionales, por no hablar de la ideología hegemónica entre las clases acomodadas.

Leo en Twitter esta belleza:


Ya sabemos que hay en Bogotá una gran confusión acerca del sentido de "hasta", pero la transgresión del idioma en este caso es grotesca. Dice en español que ya no hay cuarentena y que la volverá a haber cuando se cuente con una vacuna, caso en el que probablemente ya no será necesaria. Una cosa es que la gente hasta cierto punto se entienda sin atenerse al diccionario (de modo que dicen "tenaz" por "tremendo" o "alevoso" por "agresivo"), y otra que se pueda caer en esos vicios del habla coloquial (que en un periodista local es clara insuficiencia profesional y en alguien como Salud Hernández Mora es grotesca mímesis de la jerga casera de la gente con la que ella trata en Colombia).

Pero, en fin, habrá que pensar que la alcaldesa quiere decir que la cuarentena en Bogotá no se levanta mientras no haya una vacuna, cosa que no se ha atrevido a decir nadie, pero es que tampoco hay ningún país en el que uno de cada mil pobladores haya sido secuestrado ni en el que alguien llegue a legislador gracias a que violó a muchos niños.

La pandemia y la cuarentena han hecho surgir toda clase de prodigios casi inconcebibles. Como las ridículas afirmaciones de Fernando Vallejo, la desesperación de muchos pequeños empresarios que inventan toda clase de soluciones mágicas, la sensata medida "populista" de Bolsonaro (de proveer una renta a los más desvalidos) o la resistencia de López Obrador a las actuaciones que afectaran los ingresos de sus votantes.
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Eso en el plano de las políticas, donde desde mi punto de vista hay poca discusión: todo el mundo acepta que hay que desescalar la cuarentena y reiniciar lo antes posible la actividad productiva, que en algunos países no se ha parado y en otros sólo se ha parado parcialmente. El exabrupto de Claudia López es una excepción, y antes de comentarla como opción política quiero detenerme en otra cosa que me inquieta desde que comenzó la cuarentena.

¿A qué dedica la gente el tiempo cuando tiene que quedarse encerrada en casa? La respuesta a esta cuestión es, me parece, lo decisivo en estos momentos, también respecto de las políticas públicas. Normalmente nos vivimos quejando cuando no tenemos trabajo, y cuando tenemos trabajo nos quejamos del estrés que nos causa y de la falta de tiempo. Pero ahora la mayoría de la gente tiene tiempo libre y la forma en que lo emplea basta para explicar su vida, y también la sociedad a la que pertenece.

Uno de los tangos más famosos, también por sus arreglos instrumentales, se llama "Por una cabeza", el lamento de un jugador cuyo caballo pierde "por una cabeza" y eso lo priva de los favores de la prostituta, que eran lo único que lo movía, de modo que cuando los evoca termina con esta pregunta: "¿Para qué vivir?". 

¿Para qué se vive? La persona que se muere de aburrimiento porque ya no puede hacer lo que hacía antes se muestra tan pobre y tan vacía porque muestra que sólo vive para satisfacer los grados básicos de la famosa pirámide de Maslow: respirar, comer, dormir, cubrirse, tener familia... Las urgencias de la vida o la estrechez de miras de su medio le han privado de los aspectos superiores, de realización personal y defensa de sus propios valores y anhelos.

De modo que al no haber obligación de madrugar para ir al trabajo ni poder siquiera estar por la calle, ¿no es la ocasión de leerse el Quijote, la Biblia, el Tao Te King, algún clásico...? No, para la inmensa mayoría de la gente no, y no porque la inteligencia o la formación le impidan a alguien aprenderse de memoria el Mahabarata en sánscrito, pues cada persona tiene un nivel en el que puede superarse, y no sólo en su patrimonio cultural, aunque en este ámbito las posibilidades son infinitas gracias a internet, sino también en su vida profesional, más directamente relacionada con la prosperidad y la seguridad. ¡Cuánto se conseguiría si la gente aprovechara el tiempo para mejorarse!

Ojalá nos detuviéramos en esto porque esa disposición al trabajo y a la propia superación es el factor decisivo a la hora de plantear la política de una sociedad. Lejos de lo que mucha gente cree, los regímenes comunistas contaban con el apoyo de importantes sectores de la población, porque a pesar de la miseria, de la crueldad que sufrían otros, de la falta de libertad, de la propaganda, de las mentiras y del triste futuro, era posible sobrevivir sin esforzarse demasiado. 

El yerno de Marx, Paul Lafargue, escribió un libro llamado El derecho a la pereza en el que defiende ese punto de vista. El comunismo se presenta así como el enfoque de gente cansada que no aspira a construir nuevos edificios ni nuevas obras de arte sino a saquear lo existente. Es lo que se puede decir de ciudades como La Habana o San Petersburgo, que no mejoraron nada tras medio siglo de comunismo. Y los ejemplos podrían ser infinitos.

¿Para qué vivir? Para descansar y comer, emborracharse y fornicar sin preocupaciones. Eso es el comunismo en nuestro siglo, el "partido del recreo", porque toda otra opción implica trabajar, y trabajar duro. La elección entre la avaricia y el amor a la belleza es una mentira, es más fácil ser un tendero próspero que un violoncelista mediano, y ambas cosas implican trabajar duro. En un medio jerárquico como el colombiano parece una opción diferente porque realmente no hay violoncelistas y cualquier oficio intelectual o artístico es un adorno de un parásito que se las arregla para vivir del cuento.

Lo relacionado con la pirámide de Maslow vale para personas que tienen algún ingreso, ahorros, protección familiar, etc. Los demás tienen la desesperación de la falta de recursos, que en algunos casos se puede remediar mediante el teletrabajo. Pero, además de desesperarse, ¿qué pueden hacer esas personas respecto de su vida? Nada van a perder si intentan mejorar su inglés o su dominio en su carrera.

Pero eso no es sólo el esfuerzo de cada persona, sino del conjunto de la sociedad. ¿Cómo recibieron la cuarentena los estudiantes de secundaria y universidad en España y Latinoamérica? ¿Y los profesores? En la inmensa mayoría de los casos casi todo el trabajo se podría hacer sin clases presenciales, simplemente habría que trabajar más. Incluso tener clases presenciales para grupos pequeños. Pero casi todos los estudiantes y profesores lo vieron como unas vacaciones anticipadas.

Se podría comparar esa actitud con la de las naciones libres de Extremo Oriente: Japón, Corea del Sur, Taiwán y Singapur. Mientras en España los profesores de universidad se quejan de que sus alumnos les preguntan respecto de un tema si se incluirá en el examen para poder descartarlo, en Corea del Sur es fama que el gobierno hace propaganda para que la gente no se exceda en su celo por estudiar más. Es verdad que en esa actitud influye la tradición confuciana, que otorga un gran papel a la educación (que es lo contrario de lo que se entiende en Colombia, donde simplemente se trata de un título que se considera el ingreso a un rango social superior y que a veces permite acceder a ingresos parasitarios sin que a la persona le moleste en absoluto no saber nada ni servir para nada), pero también se trata de países que sin esa laboriosidad, disciplina y ambición de sus gentes serían muy pobres. Hace sesenta años Corea del Sur y Taiwán eran más pobres que Colombia, no digamos que Venezuela, y hoy superan a España y a Alemania, respectivamente. En el futuro superarán de lejos a los países más ricos de Europa.

Pero ciertamente la política no es una cuestión de moralidad y disciplina, descritas como disposiciones individuales. La moral se da en otro ámbito, en el de la organización de la sociedad. Como explico en todas mis entradas en este blog, lo que acusa la sociedad colombiana es el rastro de la esclavitud, la indolencia de una gente que se acostumbró a que los demás tenían que trabajar gratis, o casi, y tenía rentas seguras por pertenecer a un grupo social, y de otra que no ve ningún fruto de su trabajo. El parasitismo como forma de vida.

Esa indolencia explica la vida colombiana, de ella procede la llamada izquierda, el comunismo, que sólo es el descubrimiento por parte de los grupos sociales que pueden forzar el gasto público en la universidad de que la masa de estudiantes es una fuerza irresistible en la sociedad, y por parte de éstos de que gritar y tirar piedras asegura mejor el acceso a ingresos cómodos que cualquier esfuerzo. La cuarentena significa "vacaciones" para estudiantes y profesores, sobre todo porque los segundos no van a tener merma en sus ingresos ni amenaza de despido. El derecho a la educación les asegura una estabilidad que de ninguna manera puede ni soñar el que trabaja duro.

El futuro de un país así ya está descrito, pero ¿a quién le importa que la vicepresidenta viva prometiendo la educación superior universal? ¿Alguien ha dicho algo de los sueldos seguros de los profesores, que en muchos casos cobran además la pensión y hasta dos pensiones? He leído cientos de tuits de derechistas asustados por la posibilidad de que se les den ayudas a los indigentes, cuya vida les parece envidiable (y en todo caso justa, ya que son personas de condición inferior a la de ellos), pero sobre las rentas de los parásitos o sobre el mismo sentido del estudio nunca dicen nada.

La cuarentena perpetua de Claudia López es una promesa a su clientela: unas largas vacaciones. La miseria espantosa en que quedaría la mayoría de la población comporta ventajas porque se abaratarían los servicios y también porque esa masa provocando disturbios y saqueos significa una oportunidad de hacer la revolución y congelar para muchas décadas la jerarquía social.

(Publicado en el blog País Bizarro el 22 de abril de 2020.)

domingo, mayo 24, 2020

Ideología y sociedad


Las ideologías que mueven a los colombianos son verdaderas falacias porque no corresponden a actitudes coherentes frente a la realidad sino que encubren los verdaderos intereses, y a menudo se adoptan sin prestar la menor atención al entorno real, cediendo al cómodo ensueño de que el resto del mundo es como Colombia y que lo que está en juego es una batalla de opiniones en las que sólo hace falta persuadir a los demás para que todo cambie y funcione de manera deseable.

[IDEOLOGÍA] Ideología y Sociedad era el nombre de una revista que publicaban en los años setenta la futura novelista Laura Restrepo y el economista Salomón Kalmanovitz. Las palabras del nombre de la revista parecían sólo pompa de jóvenes intelectuales comunistas con ciertas pretensiones, pero en realidad poco atentos a la semántica. ¿Qué es "ideología"? El término sirve igual para la idea de "visión del mundo", el enfoque o la "línea" con que cada uno aborda la realidad, que para la opinión o prejuicio que termina obrando como unas anteojeras que impiden ver el conjunto. Propiamente, la doxa cuya "desconstrucción" era la tarea pedagógica que Sócrates intentaba con su mayéutica, según enseñaba un profesor marxista de la misma época, Estanislao Zuleta.

[SOCIEDAD] Por idéntico motivo vale la pena detenerse a pensar en el sentido de "sociedad", pues todas las palabras encierran trampas. La sociedad en la que aflora una ideología es sobre todo un producto de la historia, y por eso cualquier "enfoque" con que se la conciba debe tener en cuenta el conjunto de la realidad y no sólo los fetiches que alguna visión preconcebida presenta. La izquierda universitaria de los años setenta no es sólo el eco de la revuelta del mayo francés y la propaganda comunista de diverso signo que llegaba al país del exterior, sino sobre todo la expresión del juego de intereses en el seno de la sociedad colombiana. El problema es hasta qué punto podemos interpretar correctamente esos hechos, es decir, objetivamente, es decir, yendo más allá de una visión ideológica.

[IDEOLOGÍA] El comunismo de Marx se centra en una visión de la historia que parte de Hegel. Antes de integrarse en la Liga de los Comunistas (grupo cuyo origen era cristiano), Marx había estado con un grupo de jóvenes "hegelianos de izquierda", y en ese contexto y época "izquierda" significaba efectivamente rechazo de las jerarquías, igualitarismo, libertad de conciencia, sufragio universal... El colectivismo tenía una larga tradición que Antonio Escohotado en Los enemigos del comercio encuentra ya planteado en el Sermón de la Montaña, y en muchas actuaciones de grupos cristianos desde entonces. El que tenga alguna duda al respecto sólo puede pensar en la Utopía  del santo católico y alto dignatario inglés Thomas Moore, donde una sociedad ideal había abolido la propiedad privada. Según Marx, el ciclo de la historia pasaba de la sociedad primitiva al modo de producción esclavista, de éste al feudal y de éste al capitalista. Tras la revolución que alentaba, llegaría la sociedad sin clases y se acabaría la explotación del hombre por el hombre.

[SOCIEDAD] ¿Quiénes eran Restrepo y Kalmanovitz y qué podía moverlos a abrazar el marxismo? En los mismos años en que publicaban su revista, ligados a un grupo trotskista del que también formaban parte otros personajes como el exministro Camilo González, los descendientes de las familias presidenciales de la República Liberal creaban el M-19 y la revista Alternativa, integrando a numerosos personajes de los más poderosos linajes de la capital (los trotskistas parecían más bien periféricos, oriundos de Cali o de otras ciudades de provincia). Pero en la década anterior el sacerdote patricio Camilo Torres había creado la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional, también integrando a personajes de familias presidenciales más antiguas. ¿Qué hay que hacer para que la gente entienda que la universidad no es "rebelde" respecto del orden social sino expresión de ese orden, el lugar en el que la casta sacerdotal accede a grandes rentas, se reproduce y genera la doctrina que le asegura su dominio?

[IDEOLOGÍA] La superación de la lucha de clases en la idea de Marx procedía de la destrucción del Estado que protegía el dominio de la clase burguesa. A partir de entonces desaparecerían las instituciones que generaban la opresión y la desigualdad. ¿Previó que el nuevo Estado sería en realidad el dominio de una despiadada banda criminal? ¿Previó el empobrecimiento o las siniestras teorías jurídicas de Krylenko? Lo más probable es que no, sí que pensaba en una revolución violenta, pero seguramente se imaginaba a la clase proletaria organizada y solidaria trabajando en su propio beneficio. Muchas de sus teorías son verdaderas necedades, como la de la plusvalía, según la cual el empresario se queda con una parte del fruto del trabajo del obrero, como si éste fuera efectivamente el único productor (cosa fácil de concebir para un "académico" que nunca supo qué era el trabajo), o como cuando en la Crítica del programa de Gotha se imagina un futuro de trabajo voluntario, liberado de la necesidad. Charlatanería de visionario cuya autoridad se imponía por su aptitud literaria y su cultura relativamente vasta. No es sorprendente lo que cuenta Escohotado de que Molotov le comentó a Stalin que Mao Zedong no había leído El capital, a lo que el georgiano replicó que él tampoco lo había leído, Y era autor de manuales de marxismo.

[SOCIEDAD] En la realidad, los partidos socialistas guiados por las ideas de Marx nunca tuvieron ocasión de tomar el poder en ningún país industrializado, entre otras razones porque el sentido totalitario de la doctrina nunca habría atraído a mayorías que veían mejorar sus condiciones de vida año tras año gracias al desarrollo tecnológico. El mundo de la burguesía descrito en el Manifiesto comunista de 1848 tiene poco que ver con lo que era Europa en los años previos a la Primera Guerra Mundial, con sociedades mucho más ricas y una clase obrera mejor situada. El triunfo comunista en Rusia fue el fruto de corrientes muy diversas, a la vez la reacción contra el atraso y aislamiento rusos y defensa del orden jerárquico, a la vez causa y consecuencia de la derrota en la guerra. La dictadura bolchevique no encontró apoyo en las mayorías obreras de Occidente, los propios marxistas, como Eduard Bernstein o Karl Kautsky, la rechazaron. El comunismo siempre fue minoritario en todos los países industrializados y todos los intentos de tomar el poder fracasaron. En realidad, después de 1917 el movimiento comunista tenía más peso entre clases acomodadas, intelectuales, y dependía del dinero soviético.

[IDEOLOGÍA] Antes de los años setenta había otras tradiciones comunistas distintas al trotskismo de Restrepo y Kalmanovitz y al "tupamarismo" de Santos Calderón y García Márquez. El Partido Comunista se había mantenido con altibajos desde los años veinte como sucursal soviética, tratando de influir en la República Liberal y alentando la violencia antes y después del bogotazo. ¿De algún modo representaba los "intereses de clase" del proletariado frente a otros grupos? Siempre fue una conjura de aventureros pagados por los soviéticos y con capacidad de ilusionar a unos pocos adolescentes y rústicos con alcanzar poder político gracias a la ineroxabilidad "histórica" del socialismo. Nunca una facción política significativa. ¿De qué modo llegaron los grupos comunistas a hacerse hegemónicos en el interior del Estado colombiano y de los partidos políticos? Es lo que no se puede contestar con visiones ideológicas, con hormas universales que no tienen en cuenta la sociedad real.

[SOCIEDAD] Una de las cosas más graciosas de la discusión de "derechistas", uribistas o libertarios con la llamada izquierda es que "compran" su lenguaje y su visión de la sociedad. Es imposible hacer que entiendan que la "redistribución de la riqueza" no tiene la menor relación con la mejora de las condiciones de vida de las mayorías sino sólo con el reparto de los recursos comunes entre la casta de los funcionarios. No hay un conflicto "de clases" alrededor de la producción sino la sempiterna rapiña en torno a los cargos públicos por distintas banderías cuyas retóricas son máscaras grotescas. Es verdad que eso es común a Hispanoamérica, pero Colombia es más aislada. El molde de la ideología marxista se aplicaba a una realidad sin burguesía ni clase obrera ni Estado burgués. La queja de los descontentos con el comunismo tropical pasa por alto estos datos. Las causas de que sea así son muy diversas pero en últimas hay una que pesa más que cualquier otra: en la visión de Marx, la Revolución industrial y las revoluciones políticas de los siglos XVII y XVIII le abren el camino a la burguesía respecto del orden previo, en el que los viejos estamentos (nobleza y clero) frenaban el desarrollo de las "fuerzas productivas". Lo que se defiende a punta de retórica comunista y violencia despiadada es un orden parecido, aunque mucho más bárbaro, la jerarquía de castas de la sociedad colonial, pues en la historia de Colombia no hubo una clase productiva que alcanzara el mando sino que las camarillas que rodeaban al virrey, a los obispos y a los oidores siguieron controlando el país. La universidad es el refugio de una especie de clero y su papel parasitario es lo que más frena el "desarrollo de las fuerzas productivas", por usar ese lenguaje. Los descontentos no cuestionan ese orden, no quieren sociedades abiertas y competitivas con efectiva igualdad de oportunidades, sino que se sienten desplazados de los puestos y amenazados en su rango y en sus posesiones.

[IDEOLOGÍA] ¿De qué modo un discurso igualitario sirve al juego de una casta atávica que defiende sus privilegios y su parasitismo? Es sólo la continuación de la vida de siempre, la inercia mental que lleva a figurarse una novedad absoluta sin salir de la zona de confort. Habría que preguntarse qué significa en la historia de la humanidad el cristianismo, porque si se piensa en la conquista de América, en el saqueo, la esclavización y el exterminio de los aborígenes, sería lo contrario de lo que querían los primeros cristianos. ¿Cómo se acomoda la conciencia a ambas cosas? Institucionalmente se explicó la labor de conquista como "evangelización" de los indios. Los que se apropiaban de sus tierras y los ponían a trabajar gratis recibían la encomienda de enseñarles la doctrina, la religión del amor. La educación sólo es el nombre actual de la evangelización y la propaganda protege el saqueo de recursos comunes por la universidad como la satisfacción de un "derecho", noble tarea que ofrece a quien enseña el nuevo evangelio salarios decenas de veces superiores a los de la mayoría de los encomendados. La mentira no la inventaron Restrepo y Kalmanovitz, sólo reproducían algo que estaba en el enunciado del conjunto social.

[SOCIEDAD] Si uno se atiene al esquema marxista de desarrollo de las sociedades en la historia podría suponer que contra ese orden precapitalista debería surgir la clase que "actualizara" el país, y en cierta medida hay corrientes que lo anuncian, pero no existe una descripción teórica de la sociedad ni obviamente una propuesta de reforma que la tenga en cuenta. No se puede enarbolar la bandera de la religión porque a pesar de las proclamas ateas de algunos totalitarios, la verdad es que la propia Iglesia católica aplaudía la paz de Santos y muchos de sus líderes son a la vez miembros de la conjura narcoterrorista. No se puede curar un mal tradicional con más tradicionalismo. Y tampoco se trata de responder con la plantilla libertaria a una realidad en la que no hay nada parecido al estado de bienestar de Europa occidental. Si un español tiene problemas de salud el servicio público lo atiende con razonable eficacia, pero el Estado colombiano no cumple en absoluto ninguna misión semejante, el derecho a la educación consiste en la inyección de propaganda por personas cuya única aptitud es reproducirla y cuyos ingresos son elevadísimos en comparación con los del promedio de la población, cosa que ocurre en cualquier servicio público, como la justicia. El Estado colombiano sólo es una organización criminal dedicada a despojar a la población, de modo que los jóvenes que llegan a la universidad se forman para cometer secuestros y masacres gracias a los cuales se firma después la paz, en la que siempre se acuerda multiplicar el gasto en educación, es decir, en preparación de nuevos secuestradores y asesinos.

[IDEOLOGÍA] De tal modo, la cuestión no consiste en una guerra de la derecha contra la izquierda porque esos términos son falacias que en Colombia llegan a ser delirios ridículos: en cualquier otro país, la izquierda colombiana sólo podría ser extrema derecha, y tampoco se trata de enfrentar libertarios contra socialdemócratas porque los libertarios que recitan algún texto doctrinario extranjero no perciben a la sociedad real sino que para todo recetan menos impuestos para los emprendedores y la clase media sin atender en absoluto a la situación financiera del Estado ni a la realidad social. La única respuesta equitativa y libertaria consiste en reducir drásticamente el gasto estatal cerrando las universidades públicas y tratando a las privadas como a cualquier empresa. Pero pensar en eso supone volver al país del revés porque la esencia de la sociedad colombiana es esa especie de teocracia en la que los descendientes de los encomenderos acceden a rentas fabulosas por explicar sus opiniones y todo el que se siente de algún modo relacionado con los núcleos de poder aspira a integrarse en la corporación, mientras la mayoría vive en el "rebusque", en la miseria, en la prostitución, el servicio doméstico...

[SOCIEDAD] Es decir, más allá de la panacea libertaria hay realidades a las que no se atiende. Baste pensar en los líderes del partido de Uribe o en la vicepresidenta prometiendo la cobertura universal en educación superior para entender que nadie se plantea enderezar al país y asimilarlo a cualquier sociedad civilizada. Para la mayoría hay una ilusión en conseguir a costa de quién sabe qué sufrimientos que sus vástagos lleguen a ser doctores y vivan sin trabajar, o en emigrar a países donde los ingresos de quien hace trabajos duros son diez veces más altos. No hay una respuesta basada en ese criterio de equidad por el que los recursos públicos, muchos o pocos, sirven a todos y no a una minoría. Las diversas clases de derechistas son moralmente ajenos a esa cuestión, les parece de hecho algo lícito, dado que los seres humanos no son iguales. La larga campaña de los comunistas para implantar su tiranía sólo ha traído atraso y miseria, y sobre todo la adhesión de la masa funcionarial y de las clases altas a la mafia cubana, con su tremenda carga de narcotráfico y reino del crimen. El poder judicial existe para perseguir a quien incomode a esa mafia, y los medios de comunicación privados son de propiedad del clan oligárquico asociado que la dirige y viven dedicados a la propaganda, que paga el Estado, es decir, todos los ciudadanos. 

[IDEOLOGÍA] Pero los libertarios responden a eso con los argumentos de Thatcher contra los laboristas porque no están atentos a su país, porque el problema de exclusión y opresión de la mayoría (que se manifiestan en la desigualdad que registra el coeficiente de Gini y que es una de las más altas del mundo) no los afectan, dado que forman parte de la minoría privilegiada y comparten las condiciones morales de su casta, y porque la transformación que exige el país, es decir, la apertura de oportunidades reales para todos implica una batalla que no conciben. No se va a salir del tercer mundo sin cerrar las universidades públicas, sin hacer frente a esa masa violenta que saquea e intimida todos los años desde hace más de medio siglo a la ciudadanía y sostiene políticamente a las bandas terroristas y a sus mentores comunistas. No se trata de libertarismo, se trata de ofrecer y crear empleos y actividades económicas que rediman a la gente, y eso no se puede hacer con un gasto dedicado a mantener mediante el adoctrinamiento el orden del pasado. No hace falta una horma importada a la cual someter la realidad, sólo una lupa rigurosa que permita entenderla.

(Publicado en el blog País Bizarro el 16 de abril de 2020.)

sábado, mayo 09, 2020

El corazón derechista



La más odiosa de todas las mentiras que la gente cree en Colombia es la de una oposición entre izquierda y derecha, entre un bando de los ricos unidos en torno a valores conservadores y otro de progresistas que intentan corregir esa desigualdad y ese atraso.

¿Creen en esa oposición los funcionarios de la ONU, de todas las ONG internacionales y de los gobiernos europeos o la explotan para favorecer a los comunistas armados en aras de sus propios intereses? ¿Lo hacen los usufructuarios del triunfo comunista desde los años ochenta o sólo se acomodan a un orden sempiterno en el que disfrutan de los mismos privilegios de sus abuelos en un país más rico y más poblado? Lo más importante, y esto no es una pregunta: en esa oposición creen los que en las redes sociales proclaman su rechazo al comunismo. Esa confusión define la tragedia colombiana, no puede haber una oposición contra los propios valores, Harvey Weinstein no puede ser el encargado de vigilar a Michael Jackson. Lo que Colombia necesita SÓLO es parecerse a los demás países de la OCDE, a ello no sólo se oponen los parásitos millonarios de obediencia cubana, sino también sus supuestos enemigos.

Hace ya varios años publiqué un post explicando la mentira flagrante, obscena, de esa interpretación: la llamada izquierda, el comunismo, no es más que la retórica de propaganda de las clases altas de la vieja sociedad y su revolución sólo consiste en la negación de la democracia y los derechos políticos de la mayoría. Este gráfico sobre la evolución de la desigualdad a partir de la Constitución de 1991, que es el gran triunfo de la llamada izquierda, y durante los primeros años del gobierno de Uribe, debería servir para explicar esa mentira y mostrar lo que verdaderamente es esa izquierda.


En una cabeza recta todo sería transparente, indiscutible. La multiplicación del gasto público no se tradujo en una reducción de la desigualdad en el ingreso sino que por el contrario la agravó. Pero en Colombia no hay cabezas rectas sino cabezas derechistas, de modo que ¡no pueden condenar ese hecho porque el aumento de la desigualdad no les parece una mala noticia! Dicho "en plata blanca", ese cambio registrado en esa década es la realización de sus deseos, sólo que por desgracia los beneficiarios más claros no fueron ellos. En general en todas partes el aumento del gasto público significa bienestar para los más débiles, al menos es lo que ha puesto en práctica la socialdemocracia en los países de Europa sin que la derecha haya cambiado claramente eso. El hecho de que en Colombia ocurra lo contrario no lleva a esos derechistas a cambiar su visión, y su polémica con el socialismo (que en Colombia no significa lo mismo que en otras partes) se mantiene como si fuera lo mismo Petro que Felipe González. La contienda entre libertarios y socialistas en Colombia es una payasada porque esos socialistas sólo son parásitos de viejo estilo, y esos libertarios también, sólo que de un estilo aún más viejo, que respecto de lo que hace de Colombia un país bárbaro no mienten sino que aplauden esa diferencia con el resto del mundo.

El sentido de toda esa mentira ya lo expliqué en el post enlazado, pero hay algo que me intranquiliza: ¿por qué esas personas no aprueban simplemente una asimilación a los países avanzados? ¿Qué sentido tiene ese anhelo de aferrarse a la defensa de la desigualdad? No es sólo que sean sinceros, es algo profundo, es el espíritu de Colombia que cualquiera que se haya criado en el país ha experimentado en forma de crueldad, de servilismo, de arrogancia grotesca de patanes ventajosos y en resumen de dominación... De hecho, la llamada izquierda asesina, mafiosa y parasitaria es eso mismo pero ejercido con más astucia.

Conviene prestar atención a lo que significa "igualdad". Es una palabra de espectro muy amplio, nadie podría pedir en serio que todos seamos iguales porque ¿todos con el mismo color de ojos? Pero ciertamente la igualdad es el sentido mismo de todo sistema legal. Puede que los mandamientos de Moisés, y la consecuente persistencia de la nación judía, tengan que ver con ese principio en su enunciado, no hay rango que pueda estar por encima del "No matarás". En Colombia sí lo hay, baste pensar en el impacto periodístico, policial y judicial que tuvo algo como el asesinato de María Arango con el de cada una de las cientos de miles de víctimas del Partido Comunista.

Pero se me dirá que sólo se ha pensado en el sentido restringido de "igualdad" como la proximidad en el ingreso entre los diferentes grupos sociales, y así se vuelve a la discusión de otras sociedades, como si el conservador del departamento del Magdalena quisiera conservar lo mismo que el conservador de Ohio. Puede enfocarse de muchas maneras, por lo general en cualquier ciclo de expansión económica rápida tiende a aumentar la desigualdad, como ocurrió con la revolución informática, pero unos indicadores continuos de extrema desigualdad según el coeficiente de Gini en los países de Sudamérica no aluden a ningún ciclo de expansión sino a rasgos estructurales de esas sociedades.

Baste cruzar la lista de países por igualdad de ingreso con la lista de países por índice de libertad económica (que según las premias de esos derechistas debería ser la misma lista) para entender que no los mueve el anhelo de ensanchar el PIB o el desarrollo empresarial sino de proteger un orden jerárquico del que son también usufructuarios, a menudo porque han heredado propiedades o forman parte de clanes poderosos, o bien disfrutan de ventajas gracias a su "nivel de formación superior" respecto de los demás. Y es que tras el rechazo al coeficiente de Gini y a denunciar el aumento de la desigualdad gracias al aumento del gasto público está una defensa de la desigualdad que define a las sociedades hispanoamericanas: la esclavitud. El orden de castas en que han vivido esas sociedades desde su surgimiento y que ahora apenas a medias se ocultan.

Es decir, tras el rechazo a la igualdad en el ingreso parecida a la de países como Australia o Nueva Zelanda está la igualdad que es la base de todas las constituciones modernas y de la democracia. Les encanta sentirse superiores a sus esclavos y no se escandalizan de que personajes como María Jimena Duzán o Héctor Abad Faciolince vean a sus víctimas como ganado, sólo que sienten que se lo quitan a ellos.

(Publicado en el blog País Bizarro el 6 de abril de 2020.)

domingo, abril 26, 2020

Coronavirus, ¿qué hacer?


Lo que se puede decir en este momento sobre la pandemia es que el virus va triunfando sobre el conocimiento humano. El negro porvenir fuerza a preguntarse qué va a pasar y qué se puede hacer. Los políticos que acierten (es una obviedad) en dar una respuesta eficaz serán los líderes de las próximas generaciones y del siglo. Pero esos políticos necesitan la conciencia de los ciudadanos y su disposición a entender lo que significa cada actuación del Estado. Y emprendedores, ingenieros, administradores, inversores y trabajadores aplicados y responsables.

Recientemente me llamó la atención en Twitter una publicación de Félix de Bedout en la que tergiversa las palabras del vicegobernador de Texas para llevar a su público el mensaje de que hay capitalistas desalmados que cuentan con matar a la gente para poder mantener la producción, movidos por el diabólico ánimo de lucro que les insufla el capitalismo. En realidad el mandatario, abuelo y mayor de 70, se incluía entre las víctimas, pero a los colombianos les encanta el jarabe de superioridad moral que les proveen los aliados de Tornillo. Pero esa polémica da que pensar.

Voy a comentar otro tuit sobre el que han llovido comentarios en el mundo tuitero: uno en el que @El_Patriota sube un video de Petro y afirma que el senador dice la verdad. La esencia del cuento de Petro es que la producción importa menos que la salud y los derechos de la gente. Vaya por delante que siento un gran respeto por el valor, la coherencia, la sinceridad y la recta intención del activismo del señor Jaime Arturo Restrepo Restrepo, sólo que cede a la demagogia de un criminal totalitario porque no tiene recursos teóricos para aborrecerla. Petro y Claudia López aplican la consigna cubana de gastar y prohibir trabajar hasta llevar a la ruina la economía y provocar un estallido de violencia que destruya las instituciones. La situación revolucionaria es un clásico del pensamiento leninista, y los orientadores cubanos de Claudia López y Petro siempre están aplicando estrategias leninistas porque es su oficio y es todo lo que han leído.

Pero la preocupaciòn de @El_Patriota es legítima. Es la misma del vicegobernador de Texas y la que inquieta a mucha gente: ¿qué va a pasar ahora y qué se puede hacer para evitar la ruina sin dañar la salud?

También se podría decir al revés, proteger la salud sin causar la ruina. Y más sencillamente, cómo recuperar a la vez la salud y la producción.

Eso nos lleva a lo siguiente: ¿cuántas personas de las que se están planteando esa preguntas comparten la opinión de que en las circunstancias actuales son más necesarios los gestores que los ideólogos y humoristas? La crisis demanda gestión, demanda concebir respuestas a la amenaza y estrategias para recuperar el empleo. De ella saldrán con gran ventaja los países que mejor hayan sabido mantener su producción sin aumentar los contagios, como Corea del Sur (país que comparte con Colombia y España la cantidad de habitantes). Los países como Venezuela se hundirán mucho más porque los criminales que los gobiernan no tienen la menor capacidad de gestión.

No se volverá a vivir como hace seis meses, pero hay que intentar salvar al máximo el bienestar. Para eso creo que un gobierno sensato en España determinaría desde ahora la licencia para volver a trabajar en ciertas actividades de especial rentabilidad y mínima exposición por contacto humano. Habría que tener en cuenta la regla de Pareto (según la cual el 80 de las consecuencias provienen del 20% de las causas), y evaluar qué actividades generan una proporción mayor del PIB con una proporción menor del riesgo para la salud. Esos sectores deberían abrirse en la mayoría de los países que actualmente están en cuarentena el lunes 14 de abril o el día siguiente. Si quienes toman parte en ellas no dan negativo en los controles de contagio, se puede pensar en ampliar una semana después la cantidad de sectores que pueden operar. Incluso se podría pensar en dar beneficios fiscales a los empresarios si son actividades que contratan a muchos empleados, como el comercio,

En ese caso es apremiante la necesidad de capacidad gestora en los que dirigirán esos negocios, que es lo mismo que se demanda en los políticos: atención a los expertos, sentido común, empatía, comunicaciòn con todos los sectores sociales, equidad, pero sobre todo eficacia en las tareas del Estado, prohibiciones y permisos concebidos para reducir al máximo el sufrimiento de la población y devolver el empleo a quienes lo perdieron.

Esa eficacia depende de muchos factores, pero la idea de cerrarlo todo es muy propia de demagogos, como Quim Torra y muchos otros. Lo que hay que hacer es plantear el futuro inmediato como una circunstancia en la que Estado y sociedad tienen que multiplicar el gasto en sanidad y encontrar protocolos por los que la gente que sale a trabajar se expone menos aún que en la actualidad. Podría imponerse la mascarilla obligatoria, para lo cual hay que contar con suficientes mascarillas, para lo cual hay que concentrar energías en obtenerlas, forzando si hace falta a la industria textil nacional a producirlas. Y también el uso obligatorio de guantes, favoreciendo la producción de modelos que se desinfectan con los propios materiales de que están hechos. Y así muchas otras cosas, siempre basándose en aprovechar la automatización para reducir el riesgo para las personas. Y también los medios de protección para quienes tienen una exposición mayor, como los dependientes, repartidores, etc.

Las anteriores ocurrencias forman parte de un reclamo que está haciendo mucha gente, y que pronto podría ser entendido por amplias capas sociales: lo que más falta es "higienería", ingeniería de la higiene, la máxima inteligencia aplicada a proporcionar soluciones a la amenaza mientras se inventa un tratamiento o una vacuna.

Toda esa gestión no la puede llevar a cabo gente acostumbrada a vivir en el show business de la política. La clave de la capacidad gestora es la atención, el fervor con que una persona dotada se concentra en resolver lo antes posible un problema como la escasez de mascarillas. Los países, como España, donde gobiernan los demagogos chavistas o supremacistas pagarán mucho más cara la pandemia y saldrán muy debilitados. Los que consigan salvar la economía y mantener una cantidad baja de contagios, esos se recuperarán mucho antes y obtendrán una tremenda ventaja.

Me enteré de que Miguel de Unamuno decía que "en el dolor nos hacemos y en el placer nos gastamos". Esta catástrofe es la ocasión de hacernos, de hacer cosas que antes no podríamos hacer, de aprender a tocar un instrumento musical o a pintar, de cocinar los mejores platos de la vida, de aprender nuevos juegos, de disfrutar de las series o películas preferidas, de leer algún clásico si se tiene ambición para ello, o al menos algún libro de género. Es la ocasión de hacernos mejores, intentémoslo. Tatúense en el pecho o en el brazo esta expresión latina:
Dimidium facti, qui coepit, habet: sapere aude, / incipe ("Quien ha comenzado, ya ha hecho la mitad: atrévete a saber, empieza").
(Publicado en el blog País Bizarro el 3 de abril de 2020.)

miércoles, abril 01, 2020

El tronco torcido


¿Por qué Hispanoamérica es una región condenada al atraso, la miseria, el desorden y la violencia? Mucho más grave que la ausencia de una explicación plausible es el hecho de que al parecer nadie tiene interés en encontrarla y casi todos se quedan con la respuesta más grata y cómoda, de modo que el poder de la droga o la maldad infinita y todopoderosa de las ideas de Karl Marx terminan determinando que el paraíso terrenal no deje de ser nunca un infierno.


El poder de la droga
El consumo de marihuana se disparó en los años sesenta y setenta en todo Occidente, y en los barrios populares de las ciudades colombianas se solía asociar con la delincuencia: un muchacho que se aficionaba a fumar "bareta" terminaba cometiendo atracos. De modo que para alguien que creciera en esa época la droga era la causa de la inseguridad, en buena medida porque era fácil creer que antes no habría atracos. Y no se sabía mucho de otros países, donde millones de jóvenes fumaban marihuana y no atracaban a nadie. Algo parecido ocurre con el negocio de la cocaína, para millones de personas ha devenido la causa de que los gobiernos sean corruptos y de que la gente viva en la miseria. Seguramente se imaginan unos países que avanzarían en orden y productividad de no ser por ese flagelo que hizo poderosos a unos malhechores y con sus enormes recursos lo "corrompe" todo. Pongo comillas en "corrompe" porque ese concepto de corrupción es un enorme malentendido, presupone una situación mejor antes de que apareciera el agente de la putrefacción. Eso es lo que me parece discutible.

Los hispanoamericanos
Hay como un paradigma de la estupidez, para seguir con el tema de la corrupción, que consiste en considerar los desafueros de los funcionarios como la causa de todas las desgracias de este mundo, de modo que la persona se permite verse como un dechado de perfecciones porque no tiene un cargo público y a lo mejor ni siquiera se viste con formalidad. Cuando uno les dice que tras toda esa pasión sólo hay envidia (como ocurre con los que odian a los homosexuales e incluso con los que odian a los consumidores de drogas), se quedan boquiabiertos. ¿A quién se le puede ocurrir pensar algo así? Ellos sólo ven el sufrimiento de las viudas y huérfanos y la injusticia de que otros usen esos automóviles carísimos y se paseen con esas rubias inmorales de pechos grandes, escotes atrevidos y curvas indecentes. Con esa clase de certezas, ¿quién va a persuadirlos para que piensen en lo que define al tipo de hombre hispanoamericano? Todo sería perfecto si no aparecieran los pícaros con sus trampas. Es todo lo que hay que saber, y esa pasión justiciera sólo se remedia cuando el indignado tiene ocasión de prosperar rápido y sin dolor. Pues ¿alguien recuerda algún gobierno de alguna república de Hispanoamérica en algún periodo que no haya sido descrito como el más corrupto de toda la historia? El justo sólo es el que no ha accedido a ningún cargo en el que pueda hacer alguna "pilatuna".

Indolencia y crueldad
Denis Diderot decía en el siglo XVIII, cuando ya los imperios europeos se habían apropiado de toda América y Australia, y se expandían por el resto del planeta, que temía que la gente trasplantada a otros continentes adquiriera, por habituarse a la esclavitud, rasgos de indolencia y crueldad que darían lugar a un daño moral incurable. Ésa es la explicación completa del atraso hispanoamericano, el resto del cuento es la incapacidad de superar ese estado. Incluso la indolencia podría menguar en el caso de algunas personas, pero no la crueldad que explica todas las mentiras de la política local y todos los delitos contra la propiedad. La crueldad en Hispanoamérica es una marca que define el rango de una persona y casi siempre tiene como víctimas a los descendientes de las castas inferiores de la sociedad colonial. Cuando el jesuita manda a los pobres a matar gente sólo está obrando como su compañía hace cuatro siglos y tapando su crueldad con retóricas perversas, cuando el sindicalista se aprende los manuales de Marta Harnecker y organiza el chantaje y la intimidación que permitirá crear una clientela para su partido a punta de privilegios atroces, sólo está ejerciendo la crueldad de los encomenderos de hace cuatro siglos. La retórica igualitaria es absurda, tal como lo era la religión del amor en los que compraban y vendían gente a la que hacían trabajar gratis. Todo es un mismo orden que nadie quiere cambiar, a tal punto que buena parte de los profesores comunistas de las universidades públicas empezaron su carrera en el seminario y, cómo no, proceden de familias de encomenderos.

Causa y consecuencia
De tal modo, el narcotráfico y el comunismo no son la causa del estancamiento de las sociedades hispanoamericanas, sino consecuencias casi inevitables de su tradición. Claro, a lo mejor en otras circunstancias no habría negocios tan rentables como el de la cocaína, pero eso no determinaría que las sociedades fueran diferentes. Los cubanos en Venezuela no necesitaban el narcotráfico para comprar a los militares y a los delincuentes, bastaría el control político porque los recursos del país eran formidables, a tal punto que se dice que en veinte años el régimen ha recibido más de un billón y medio de dólares (es decir, un millón y medio de millones y no 1.500 millones como creen todos en Colombia porque nadie consulta los diccionarios). Pero claro que una fuente de negocio tan copiosa no se desaprovecha. Lo mismo pasa con el comunismo, que por lo demás no fue nunca popular en sociedades en las que tenían arraigo nociones como la igualdad ante la ley o la ciudadanía. La ingeniería social presupone la jerarquía, que, de nuevo, en Hispanoamérica "replica" la sociedad de castas de la época colonial. El profesor universitario colombiano se retira a los cincuenta años, si quiere, con la pensión que equivale al sueldo de más de diez sufridos trabajadores, y no cree que esté cometiendo ninguna injusticia sino accediendo, a costa de los millonarios y de supuestos poderes extranjeros, a lo que deberían tener todos. Una mentira tan burda no sería tolerable para alguien que no tuviera la certeza de pertenecer a una casta superior. Lo mismo que, en Colombia, la atribución del narcotráfico a Uribe y sus seguidores, como si alguien no fuera a enterarse de quiénes dominan ese negocio.

¿Quién discrepa?
El rastro de la crueldad se encuentra a todas horas en las actuaciones de los hispanoamericanos, baste pensar en las víctimas de los narcoterroristas colombianos. ¿A alguien le importan? Objetivamente todos los que se "reconciliaron" durante los años en que fue presidente Juan Manuel Santos son tan criminales como los que mataron, violaron, secuestraron, torturaron y mutilaron gente, pero es que los demás colombianos tampoco viven muy inquietos por la situación de las víctimas, a lo sumo es algo que podría generarles rentas y por eso los propios asesinos se presentan tranquilamente como "víctimas del conflicto". Los políticos son felices decretando indemnizaciones para las víctimas, dado que los jueces, tan criminales como los propios terroristas, les darán rango de víctimas a sus clientes. Es decir, jueces, políticos y "lagartos" se repartirán el dinero sin que nadie se moleste por los que en efecto han sufrido los crímenes. La actitud del gobierno de Duque se define por la tranquila disposición a entenderse con los terroristas y con los políticos aliados de Santos, acaso en busca de "gobernabilidad", lo que, de nuevo, es sólo complicidad con los criminales a costa de las víctimas. 

¿Hay salida?
Después de México, el país con más hispanoamericanos étnicos y aun hablantes de español es Estados Unidos. Queda la duda de si conseguirán convertir a ese país en otra república hispana, o si se asimilarán a la cultura todavía mayoritaria. Respecto de cada república situada al sur del río Grande, la cuestión es si se asimilará a la democracia liberal o si el viejo orden encontrará alguna forma de mantenerse. Es verdad que la cocaína genera recursos abundantes que sirven a las entidades mafiosas para conservar el poder, pero también que el orden de esclavitud no ha sido cuestionado. Baste pensar en los derechistas, que creen que los problemas de su país son los mismos de Estados Unidos y saltan ante las críticas contra la desigualdad en el ingreso, como si los ricos en Colombia fueran los dueños de empresas manufactureras o de servicios y no los socios de las castas políticas asociadas a los terroristas. O la facilidad con que aceptan las endemias del país, que son a la vez ejercicio de crueldad y resistencia ante todo intento de modernización. ¿Cuántos derechistas aceptan el "delito político" que figura en la Constitución y en la jurisprudencia? ¿Cuántos quieren realmente redefinir la llamada "acción de tutela", que suprime el derecho para que nada estorbe el dominio de los "juristas"? ¿Cuántos consideran necesario cerrar las universidades públicas para que los recursos comunes no se gasten en el privilegio de unos ignorantes criminales? Es más fácil creer que el problema es el narcotráfico o la ideología tras la que se oculta el orden de siempre, o la corrupción de la que todos se quejan pero nadie remedia. Sin siquiera plantearse que el problema es la organización social tradicional, la lucha contra el comunismo y el narcotráfico será tan inútil como los triunfos de la ley en la época de Uribe, que no impidieron el triunfo final de los criminales. No aparecieron esos flagelos para dañar el paraíso, sino que encontraron un tronco torcido en el cual arraigar.

(Publicado en el blog País Bizarro el 20 de enero de 2020.)

lunes, enero 20, 2020

El siglo de la distopía


La vida en Occidente en el presente siglo parece la realización de las pesadillas que escribieron Huxley y Orwell hace casi cien años: ¿cómo ha aflorado este régimen de dominación y terror, cuáles son sus métodos y cómo podemos hacerle frente?

En el siglo XVI el alto dignatario inglés Tomás Moro publicó una descripción de una isla imaginaria a la que llamó Utopía, palabra que se ha entendido como “lugar que no existe”. En ese paraíso la propiedad privada había sido abolida y la gente vivía en armonía. Esa obra dio lugar en los siglos posteriores a un género literario, el de los paraísos imaginarios, que llevó a Oscar Wilde a declarar que un mapa del mundo que no incluyera a Utopía no debería ser tenido en cuenta.

Los cambios que experimentó el mundo a comienzos del siglo XX inspiraron obras literarias en las que el futuro ya no parecía promisorio sino amenazante. Se las dio en llamar “distopías”. Las dos distopías más famosas son Brave New World, traducida al español como Un mundo feliz, del británico Aldous Huxley, aparecida en 1932, y 1984, del también británico George Orwell, de 1949. 

Si nos detenemos a pensar en cómo vemos el mundo ahora y cómo lo veíamos hace veinte o treinta años, es imposible no sentir que los temores de esos autores se están haciendo realidad. Nuestra realidad ya es una mezcla de ambas pesadillas. 

La caída del comunismo hace ahora treinta años dio lugar a una fiebre de optimismo que se resumió en la famosa tesis de Francis Fukuyama sobre “el fin de la historia”: el triunfo definitivo del modelo liberal-democrático y la economía abierta. Si hubo algún escepticismo fue minoritario, y a menudo encarnado por personas superficiales que entendían “el fin de la historia” como “el fin de los acontecimientos”. Se olvidaron las tendencias históricas previas al comunismo y se descartó prematuramente a quienes habían hecho de la dirección de la sociedad un modo de vida. 

Los que jubilaron el comunismo olvidaron el peso que había adquirido el Estado en la mayoría de los países occidentales. Con el pretexto del bienestar, la burocracia se había multiplicado y los altos funcionarios ya tenían más poder que los dueños de las industrias y bancos. En Europa era hegemónica la socialdemocracia y en Latinoamérica las castas parasitarias tradicionales dominaban los Estados y tenían como recurso la tradición colectivista de ciertos sectores de la Iglesia y los movimientos indigenistas en algunos países.

Esa expansión del Estado no es necesariamente un resultado de la socialdemocracia, los partidos de derecha también ganan apoyos pagando “derechos sociales” que la mayoría de la sociedad aprueba. Y no se da sólo en las sociedades nacionales sino también en los cada vez más poderosos organismos multilaterales y en las ONG, que a fin de cuentas casi siempre resultan financiadas por los Estados y sobre todo controladas por los mismos grupos que dominan los partidos políticos y los medios de comunicación. Son otra herramienta de la nueva casta, que se acostumbró a mandar y a disponer del dinero de todos. 

Para eso necesita la ideología totalitaria. Los clanes funcionariales están condenados a ser de "izquierda" sea cual sea su origen ideológico. El contenido secreto del "progresismo" es el control de los recursos de todos por esos grupos.

La ideología marxista ya no importa, a veces es sólo como un elemento ritual, un santo y seña que identifica a ciertas élites de la nueva casta, como fue en su día la masonería; la mayoría de los guardianes del nuevo orden desconocen por completo el marxismo. Para ellos, más bien, los límites de lo pensable están señalados por la herencia de la contracultura y el discurso de corrección política, que además es muy eficaz para perseguir discrepantes. No necesitan saber ni pensar nada, sólo estar prestos a intimidar a los que ponen en peligro su hegemonía. Por eso casi todos los actores y cantantes, que se morirían de aburrimiento hablando de ideologías, son entusiastas de la llamada izquierda.

Los revolucionarios ya no podrían ofrecer el modelo comunista, al menos en los países avanzados, pero no iban a renunciar al mando. Los particularismos fueron las nuevas banderas de la presión para elevar el gasto público y los pretextos de la persecución ideológica. Las víctimas (reales o supuestas) del racismo, las minorías nacionales o lingüísticas, etc., y después otras minorías que afloraron en los años sesenta, como el feminismo radical, los grupos de homosexuales, los consumidores de drogas, los defensores de la eutanasia, los enemigos de la religión, etc. se convirtieron en el nuevo proletariado. Se dejó de prometer la sociedad sin clases, muy oportunamente porque los “progresistas” se han convertido en una clase rica y dominadora. En cambio se defiende a los “colectivos” agraviados de todo tipo. 

Lo que hace afines a esos grupos con los totalitarios es la voracidad por el presupuesto público: miles de cargos bien pagados por hacer propaganda, leyes que generan más gasto y más empleo a favor de las organizaciones que dicen representar a las minorías y dominación ideológica, por ejemplo con premios literarios que pagan las editoriales porque los libros que divulgan la ideología entre los niños serán exigidos por los profesores gracias, entre otros motivos, a que los sindicatos funcionariales hacen nombrar a gente afín, y a la vez cada docente descubre los inconvenientes de discrepar.

Esa simbiosis entre la farándula, los grupos terroristas y mafiosos relacionados con el tráfico de drogas, regímenes como el iraní, las grandes empresas de internet, la alta burocracia transnacional y los partidos afines al leninismo se da espontáneamente y cuaja en sociedades ablandadas por el bienestar que deriva de los avances tecnológicos y cada vez más desconectadas de las tradiciones culturales que permitieron su florecimiento. Al hombre de hoy en día se le da a escoger entre los placeres de la pornografía y la exploración sexual o con drogas y las rigideces de la mentalidad tradicional o antigua. La presión se hace irresistible.

No se debe suponer que ese nuevo mundo coincide con las distopías de Huxley y Orwell porque “la vida copia al arte”, sino porque esos autores vieron en las tendencias de su época el porvenir que hoy vivimos. Si los personajes de Un mundo feliz “disfrutan” de un continuo libertinaje sexual es porque eso se hace inevitable a causa de la prosperidad (algo así ya obsesionaba a Tolstói varias décadas antes que a Huxley, aunque él sólo veía sobrealimentación y ociosidad en las clases altas). Lo mismo se puede decir del “soma”, la droga que los mantiene felices. La tendencia a buscar superar el tedio o la melancolía con psicotrópicos ya era algo que inquietaba en el siglo XIX.

Huxley también supo prever otra tendencia moderna, que casi en los mismos años en que se publicó su libro había empezado en Suecia: la destrucción de los lazos familiares. Los individuos pertenecen al Estado, que los forma para que correspondan a sus fines.

Son muchos los indicadores de que el Occidente de nuestro tiempo es ya una distopía, y sobre todo de que una casta global se ha apropiado de los medios de comunicación y de instrucción y los dedica a una propaganda incesante cuyo fin es dominar al conjunto social. No es posible ver un noticiero en la televisión sin detectar en cada noticia el sesgo que indica al público lo que debe pensar. El feminismo, el ambientalismo, la causa LGBTI y la inmigración proveen la mayor parte de las noticias y la comunidad vive pendiente de esos asuntos. 

La oferta de rasgos de "identidad" ha encontrado público y ha servido para abrirle el camino a la sociedad de castas que describió Huxley: el multiculturalismo es la materialización más clara de la predestinación biológica y social de su novela. Aunque mucha gente cree que se trata de libertad y diversidad, en la realidad lo que ocurre es que las personas resultan adscritas a una "identidad" colectiva que borra su singularidad personal. El inmigrante musulmán en Europa es un completo extraño para el ciudadano europeo normal, y se fomenta que viva en su gueto, incluso sometido a la sharía. En muchos países de Europa hay barrios y aun ciudades en donde no entra la policía porque ya se ha instaurado un orden particular.

Los socialistas promueven ese fenómeno porque cuando esos inmigrantes se naturalizan y pueden votar son aliados naturales contra los conservadores. La destrucción de las tradiciones locales es uno de los objetivos prioritarios de la casta dominante, de ahí las burlas continuas a la religión y a las demás tradiciones populares. Claro, a la religión cristiana, que la musulmana y otras les convienen para implantar su modelo de sociedad.

La esencia de la distopía actual, como de casi todas las obras literarias de ese género, es la dominación. La imposición de patrones de pensamiento y conducta a través de los productos culturales, la educación y aun la intimidación directa, bien mediante la exclusión que sufren los discrepantes de los empleos y el acceso a las rentas, bien mediante la exposición a violencia física grave, como ocurre con los grupos llamados "antifa" en todos los países de Occidente. Aunque además es muy importante el dominio que está alcanzando la conjura totalitaria sobre las instituciones de justicia de muchos países, no sólo mediante la presión de los medios y las redes sociales sobre los jueces sino mediante la labor de grupos de abogados talentosos y bien financiados y aun mediante sobornos (los fabulosos recursos a que tuvieron acceso gracias al éxito del Foro de Sao Paulo en las décadas pasadas son decisivos para eso).

El elemento decisivo de esa intimidación es la llamada "corrección política", que es la disposición a encontrar agravios en cualquier aserto u opinión de cualquiera: para evitar conflictos con grupos activos de feministas, animalistas, ambientalistas, etc., la gente no dice lo que piensa o lo dice filtrando las palabras hasta que no puedan ser cuestionadas por esas nuevas autoridades en apariencia informales pero en realidad promovidas y pagadas por la casta global. Ocurre una atrocidad que a menudo no se detecta: la indumentaria ritual de los verdugos es la de víctimas.

Sobre esto último y la forma en que afecta al propio sistema democrático vale la pena tener en cuenta lo que ocurrió en el estado norteamericano de Georgia: tras aprobarse una ley que endurece el castigo al aborto, las grandes productoras Netflix, Warner y Disney amenazaron con dejar de grabar allí sus producciones.

Casi no hay aspecto de las obras de Huxley y Orwell que no se encuentre en la vida actual, de modo que tal como el tango describe el siglo XX como una prendería, nosotros podemos hablar del XXI como una siniestra distopía. Un elemento característico es la corrupción del lenguaje, que tanto inquietaba a Orwell, pero en realidad a muchos otros pensadores.

La corrupción del lenguaje que describió Orwell tiene cierto aspecto de caricatura, y ya se había vivido en los regímenes totalitarios que intenta retratar, pero la presión actual no es en absoluto blanda. Uno de los pretextos típicos de esa "cruzada" es el feminismo. Se intenta cambiar los diccionarios y los usos habituales para que contengan la llamada "perspectiva de género", con lo que cada vez que una persona habla empieza a cuidar todo lo que dice para no resultar expresándose como solía, lo que puede molestar a los nuevos inquisidores.

La tal "perspectiva de género" es una de las obsesiones de los propagandistas y allí donde se puede se impone a los jueces, lo que conduce a atrocidades morales sin límites. En España en los últimos meses se han presentado hechos tan curiosos como que un chileno que mata a un español por llevar unos tirantes con la bandera de España y que tenía antecedentes por dejar parapléjico a un policía es condenado a cinco años de prisión, de los que apenas cumplirá dos, mientras que unos futbolistas que estuvieron con una chica de quince años que les practicó una felación a los tres y se acostó con uno (sin otra prueba de la intimidación que el testimonio de la chica, muy dudoso según otras informaciones que han circulado) fueron condenados a 38 años de prisión cada uno.

Una parte decisiva de la nueva sociedad distópica es el adoctrinamiento infantil, en el que desempeña un gran papel la llamada "teoría de género" o "ideología de género", basada en la pretensión totalitaria (también común a bolcheviques y nazis) de imponer decretos sobre la naturaleza, esta vez inventándose agravios con una audacia espeluznante. La sodomía era un crimen en todo Occidente, en el siglo XX se impuso la tolerancia, pero ahora es una identidad que da lugar a un agravio. Si alguien busca placer con personas de su mismo sexo automáticamente pasa a formar parte de un grupo oprimido por los que no lo hacen. Lo mismo pasa con la persona que cree ser de otro sexo que el que marca su aparato reproductor: hasta hace pocos años se consideraba afectada por un trastorno psiquiátrico, ahora resulta una víctima de persecución del enemigo ideológico de la casta dominante.

Y en definitiva sería agotador enumerar los diversos frentes de propaganda e intimidación. Conviene que nadie se distraiga porque la inmensa mayoría de las noticias en la inmensa mayoría de los medios son propaganda con ese interés, o la contienen cuando aluden a cualquier otra cosa. Lo que ocurre es que no hay suficiente determinación ni dedicación para hacer entender a todo el mundo que el "feminismo" actual no es una manía de algunas mujeres enfermas de odio por los hombres, que en ese caso no tendrían por qué "transferir" su pasión a los bancos y al capitalismo, ni ocurre nada parecido con los ambientalistas, animalistas, abortistas, antiprohibicionistas, antitaurinos, ateos militantes, veganos, defensores del "colectivo LGBTI", etc. Claro que hay personas a las que atraen con esos "motivos", pero los recursos, la planeación, la organización y sobre todo el control del presupuesto público no dependen de ese target de la propaganda sino de núcleos organizados que obedecen a los gobiernos de La Habana y Teherán, a grupos de extrema izquierda arraigados desde hace muchas décadas en las universidades estadounidenses y a la red de ONG y medios que dependen de la financiación de Soros y otros magnates asociados.

Urge partir de la conciencia de ese orden que domina actualmente a casi todos los países de Occidente (en contraste, China florece recuperando su tradición clásica y los valores que la acompañan, integrándola en el mundo moderno y aprendiendo a funcionar con los códigos inventados en nuestra decadente parte del mundo). Lo que determinará la vida de las próximas décadas es la capacidad que tengamos de resistir al nuevo totalitarismo, de describirlo, analizarlo, combatirlo y vencerlo con la verdad y el anhelo de libertad.

Para terminar quiero poner una cita de 1984 que presagiaba lo que se hace actualmente con todas las series de televisión y aun con obras clásicas: no falta el que hace quitar cuadros en que aparecen viandas de las que disfrutan los carnívoros o muchachas desnudas, pero más grave es que hayan hecho una versión de la ópera Carmen en la que no matan a la gitana, u otra de Turandot en la que la heroína es lesbiana y su enamorado un acosador. El control de las mentes es lo que buscan (y consiguen) con el bombardeo inclemente de propaganda, el adoctrinamiento escolar, el control del poder judicial y la formación de bandas de matones que apalean a quien se atreva a discrepar. Cada vez que nos esforzamos por defender lo que sabemos que es verdad o lo que nos parece justo, cada vez que defendemos el sentido recto de las palabras y nos esforzamos por conocer la formidable tradición de la humanidad, estamos resistiendo a esa monstruosa tiranía.

Toda la literatura del pasado habrá sido destruida. Chaucer, Shakespeare, Milton, Byron… solo existirán en versiones neolingüísticas, no solo transformados en algo muy diferente, sino convertidos en lo contrario de lo que eran. […] Todo el clima del pensamiento será distinto. En realidad, no habrá pensamiento en el sentido en que ahora lo entendemos. La ortodoxia significa no pensar, no necesitar el pensamiento. Nuestra ortodoxia es la inconsciencia. [...]

Publicado en el blog País Bizarro el 10 de diciembre de 2019.

jueves, diciembre 19, 2019

¿Recuerdan aquello de la guerra y el deshonor?


Durante los años de la negociación "de paz" del gobierno de Santos con las FARC era frecuente leer opiniones de uribistas en las que se citaba la famosa frase que Winston Churchill dirigió a quienes habían claudicado ante Hitler en Múnich: "Entre el deshonor y la guerra habéis escogido el deshonor, y tendréis la guerra". Así pretendían aleccionar a Santos, señalando su "error", pues tardaron tres años en darse cuenta de que el tartamudo fatídico había llegado a la presidencia para implantar la tiranía al servicio de los cubanos, y nunca se opusieron resueltamente a ese proceso porque no convenía a los cálculos de corto plazo de Uribe.

Ahora están desesperados por la posibilidad de que la Corte Suprema de Justicia encarcele al expresidente en un proceso claramente sesgado. Una mirada juiciosa a la historia reciente de Colombia forzaría a recordarles la frase de Churchill, porque el poder judicial no empezó a delinquir ahora. Uribe y sus seguidores han tolerado persecuciones más espantosas que la de ahora y no han hecho nada, han preferido el deshonor, entre otros motivos para evitar que procesaran al líder, y eso, como ocurre siempre, sólo ha servido para envalentonar al hampa judicial.

¿Cuántas personas están presas por aplicar la ley como resultado de sentencias que son en toda regla verdaderos crímenes? Ya ocurrió cuando Uribe era presidente: encarcelaron al coronel Plazas Vega en un juicio monstruoso por su desfachatez (los asesinos que asaltaron y quemaron el palacio de justicia y mataron a los magistrados quedaron impunes y alguno de ellos llegó a magistrado). ¿Cuál fue la reacción del uribismo entonces? A pesar de la inmensa popularidad del presidente y de contar con los recursos del Estado, no se hizo nada para denunciar esa infamia o para contradecir la "comisión de la verdad" que nombraron los hampones para legitimar su atrocidad. ¿Seré el único que se sorprende de que el montaje hubiera funcionado de no ser porque Ricardo Puentes Melo lo descubrió? El poder del Estado no servía. No era un montaje muy sutil ni refinado, era en extremo burdo, pero para Uribe y sus cohortes de lameculos era demasiado complicado investigar eso: lo más práctico siempre ha sido quedar bien con los poderosos.

Eso mismo ocurrió con Jorge Noguera y aun con Andrés Felipe Arias, sin que Uribe hubiera dejado la presidencia. Realmente hubo más bien colaboración de los más próximos a Uribe en esas persecuciones, toda vez que Arias era un rival demasiado ligado al conservatismo y a una facción distinta a la que dirige el expresidente. La lista es agotadora, también estuvo preso Luis Alfredo Ramos, también está aún fugitivo Luis Carlos Restrepo, también hicieron extraditar a María del Pilar Hurtado... Eso por no hablar de los militares presos, que se cuentan por miles y que son sin duda inocentes, como los generales Arias Cabrales o Uscátegui. Los de menor rango ni siquiera son conocidos por nadie.

Entre enfrentarse a esa mafia enquistada en el Estado y aliada con el clan oligárquico narcotraficante y asociarse con ella, Uribe y su círculo prefirieron lo segundo, sólo que eso no les basta a los jefes cubanos ni a Santos y Samper. Habría sido muy fácil al final del primer gobierno de Uribe, con una sensación de alivio que compartía toda la sociedad, convocar una Constituyente para abolir el engendro del 91 y sacar a los militantes comunistas del poder judicial. Pero era más tentador cambiar el articulito y quedarse en la presidencia, con el apoyo legislativo de Roy Barreras y el partido que Santos montó para resultar dueño del poder sin ganar ninguna elección, sólo gracias a que sus maquinarias y medios eran aliados gratos para Uribe. De hecho, ¿quién escogió a Francisco Santos como candidato a vicepresidente? En los años del Caguán era un entusiasta de la negociación que proclamaba su optimismo tras una semana de cientos de asesinatos.

La indagatoria de Uribe es una clara persecución asociada al interés de influir en las elecciones: equivale a los asesinatos de candidatos que podrían ganarles a los del partido de los magistrados, que es simplemente la mafia de la cocaína. Uno no sabe qué presiones habrá para que los políticos uribistas obren de modo que convenga a la candidatura de Claudia López a cambio de no encarcelar al líder. De momento ya han conseguido que la campaña electoral se olvide, mientras que las empresas que publican encuestas presentan a Galán como el rival de Claudia López. Es posible que el triunfo de esta candidata sea el precio que el uribismo pague para que no encarcelen a su jefe.

En todo caso, la respuesta que han dado es grotesca. "Lo que es con Uribe es conmigo" es algo que un juez sólo podría entender como intimidación. También podría haber habido defensores sentimentales de Pablo Escobar o de Carlos Castaño. Lo que hace un juez penal es aplicar la ley cuando determinada conducta corresponde a la descripción de un tipo de delito en el Código Penal. No tiene por qué opinar sobre la calidad de las personas.

Uno echa de menos una explicación precisa del proceso y de las atrocidades de la Corte, pero también se podría haber hecho en los casos de todas las personas perseguidas por esa entidad mafiosa. La denuncia global de esas atrocidades es algo que debió hacerse ya cuando encarcelaron a Plazas Vega, pero lo impidió la visión de corto plazo del uribismo.

Hace falta mandar a la cárcel a esos bandidos, pero eso no se conseguirá sin una movilización enérgica contra la Constitución del 91 y sus herencias. El uribismo no estará ahí, el uribismo está con Duque, que a toda costa intenta congraciarse con los narcoterroristas. Si Uribe termina preso será por su complacencia con esos criminales, y nada cambiará porque lloren tantos miserables a los que no les importó lo que pasó con los demás perseguidos.

(Publicado en el blog País Bizarro el 19 de septiembre de 2019.)