miércoles, enero 28, 2015

La paz irreversible

Me ha impresionado leer en la última columna de Salud Hernández Mora esta perla:
Era evidente que solo sería una interrupción simbólica, a estas alturas del paseo el circo de Cuba es irreversible.
Conviene detenerse a comentar el protagonismo de esta señora. No sólo por su bizarro (con perdón de los puristas) periodismo sino por lo que representa en la opinión en Colombia. Su escritura es como un esfuerzo de  expresarse en "colombiano" sumando cuanto idiotismo y cuanta expresión de germanía oiga. "Tenaz que el mono se comiera a la secretaria" es algo que podría escribir (la frase en sí no la ha publicado, pero sí las tres lindezas que he puesto en cursiva). Ningún periodista colombiano escribiría cosas así, y tampoco ningún periodista español en un texto noticioso ("Las nuevas medidas del gobierno son la rehostia"). Pero la gentecita del borde de la selva es fácil de deslumbrar y tolera cualquier disparate si va acompañado del correspondiente halago.

Más llamativa es su adhesión a la ideología local: ¿cuántos periodistas españoles tolerarían algo como la negociación con las FARC en su país? No que tengan tantos principios, sino simplemente que ese atraco para cualquiera que no esté intoxicado de ideología o deformado moralmente o intimidado es inconcebible en cualquier parte. Ya hace un montón de años comenté un escrito suyo sobre el "delito político" que es inconcebible en un periodista español: durante décadas en el diario hegemónico aclaró Fernando Savater la trampa que encierra esa falacia. ¿No conocía ella eso? No, es que simplemente sirve a sus patrones.

Lo que ella hace es servir de portavoz a su amigo Francisco Santos. Y el interés que tiene la idea de la paz irreversible es que expresa a ese personaje y a través de él al uribismo, que a toda costa busca adaptarse al nuevo orden y participar del botín del erario, aceptando la incapacidad de hacerse hegemónico y compartiendo con los amigos del primo de Santos el control de la Alcaldía de Bogotá.

Desgraciadamente tengo que hacer otra digresión para ocuparme del periódico en que escribe esta señora. La urgencia de hallar un "socio estratégico" se presentó ante la perspectiva del triunfo de Juan Manuel Santos, que podría estar claro para ellos desde 2006 o así. Pero el control sigue en manos de la familia, el director sigue siendo un pariente de los Santos y la línea editorial es la misma que cuando el director era el hermano mayor del presidente. Esta columnista hace de "cuota" del primo y convenientemente ensalza a los uribistas. El Grupo Planeta y Sarmiento son como testaferros de los Santos. Es muy curioso el papel de Planeta, porque La Sexta, una cadena española propiedad del grupo, dedica la mayor parte de su programación a un publirreportaje continuo de la franquicia española del narcoimperio castrista. ¿Alguna relación con los Santos? Seguro, tal como el grupo Prisa, dueño de Caracol Radio y el diario El País es cada vez más sesgado hacia las FARC y posee, junto con Silvio Berlusconi, un canal de televisión que compite con La Sexta en activismo chavista.

Lo interesante, con todo, es la cuestión de la paz irreversible. ¿Qué sentido tiene la suspensión del proceso por parte de Santos? Sólo que pretende resultar bravucón y así ganar puntos en las encuestas. Pero ¿qué sentido tiene la negociación? Eso es muy interesante porque todos los presupuestos en que se funda la democracia resultan soslayados con ese acuerdo de paz: ¿a quién representan las FARC más allá del terror que generen? No es verdad que la mayoría de los ciudadanos apoyen la negociación, si fuera así, Santos habría convocado un referendo y habría salido muy fortalecido. No fue lo que se votó en 2010 y este año hubo toda clase de manipulaciones y sobre todo de renuncios de la supuesta oposición que llevaron a la reelección de Santos.

Por vía de esa columnista se anuncia un nuevo discurso tanto del gobierno como de la supuesta oposición: la política de hechos consumados. ¿Quién va a retroceder después de todo lo que se ha "avanzado"? Los únicos que han avanzado son los terroristas, que además de verse legitimados recuperan día a día territorios de los que habían sido expulsados y multiplican sus negocios criminales. Si no se puede volver a la situación de 2010, sencillamente hay que entregarles todo el poder, que es lo que exigen, nada menos.

Es lo que buscan y lo que conseguirán porque no hay resistencia. Habrá que esperar a una nueva generación que se aparte del uribismo para plantearse deshacer todo lo que hicieron los terroristas y sus socios políticos, tanto en los ochenta como ahora. Sin eso no habrá democracia ni justicia ni libertad ni progreso.

En la medida en que se sigan esperando soluciones del Gran Timonel se renunciará a una resistencia cívica intensa que impida que la infamia de Santos resulte legitimada por un referendo y por el Nobel de la Paz. No se lo darían si hubiera quien denunciara el monstruoso liberticidio y el premio a los genocidas que significa la tal paz, pero ¿qué si todos están resignados a buscar acomodo en el día después, reconciliándose por los muertos que no son ellos y tratando de agradar a los asesinos? ¿Nadie recuerda ya a Uribe defendiendo a Samper y buscando refrendo legislativo a la impunidad del M-19? Sus compañeros son mucho más descarados.

(Publicado en el blog País Bizarro el 28 de noviembre de 2014.)

jueves, enero 22, 2015

La tregua que viene

Cuanto más pasa el tiempo más evidente se hace que el secuestro del general Alzate sólo puede ser un montaje cuyo sentido es preparar un show de liberación previo a la tregua navideña, gracias a lo cual Santos permitirá a los terroristas hacer acto de presencia en nuevas regiones y reforzar el control en aquellas en las que ya están, además de llevar armas, guerrilleros, explosivos y demás a diversas regiones.

Esa conclusión es forzosa porque de otro modo no se explica que el general y los demás secuestrados fueran vestidos de civil a una zona peligrosa. ¿Qué podrían estar haciendo allí? El contexto refuerza esa certeza: la tregua fue advertida hace un mes por Eduardo Mackenzie, la campaña de propaganda previa, con el indecente artículo de The Economist y el igualmente indecente publirreportaje del ABC (acompañado de un editorial antológico) corresponde al afán de legitimar a tal punto el proceso que su ruptura parezca una tragedia y se genere un clamor por su continuación, cosa a la que se apresuraron los terroristas legales con el hashtag #TreguaYa en Twitter, campaña que Al Jazeera se apresuró a convertir en expresión ciudadana mayoritaria. Si Colombia no fuera el país de la impunidad total, algún día se investigaría qué recursos se movieron para obtener tanta generosidad con ese criminal.

Ese clamor fue inmediato en textos como el editorial de El País que alude a la supuesta suspensión de los diálogos, que en medio de fingidos reproches a las FARC arremete con insultos brutales a la oposición (el sesgo de este periódico respecto a Santos y las FARC es tan llamativo como la pasión de Cuatro, la cadena de televisión afín al grupo Prisa, por promover a la franquicia española del narcoimperio).

Luego, pese a que cualquiera puede ver que se trata de un montaje, es seguro que el show tendrá lugar, salvo que algo les falle a los terroristas y les dé por matar a los secuestrados. A fin de cuentas, la máquina de propaganda es eficiente y la moral de los colombianos, distraída: ¿cuántos espectáculos repulsivos de liberaciones de secuestrados no han tenido lugar con Piedad Córdoba como protagonista? Por los motivos que sean, hay gente que cree que ella ejerce de liberadora. Así será Santos, que ofrecerá el alivio de la continuación de los diálogos y como paso hacia la paz aceptará la tregua bilateral navideña (que incluso podría ser tácita, como una simple directiva aplicada a las fuerzas militares sin declarar la tregua, en el caso de que se adivinara algún rechazo).

Como ocurre con cualquier catástrofe sanitaria, la única cuestión importante es la respuesta que se dará. Y ciertamente en Colombia no hay oposición y lo que hace Santos recibe algunas murmuraciones vagas pero ningún rechazo resuelto. Unos espontáneos convocaron una marcha para el 13 de diciembre, y con toda certeza ocurrirá lo mismo de siempre, que como mucho acudirán algunas decenas de personas, mientras que los terroristas sacarán a cientos de miles para presionar por la tregua y se apropiarán de la vocería de la sociedad. El Centro Democrático está ocupado en otras cosas.

No hay respuesta cívica porque nadie se ha interesado en explicarle a la gente que ese triunfo rotundo de los terroristas y la expansión de su dominio está en la base misma de las negociaciones de paz: cuando el Estado renuncia a la ley se convierte en una banda de forajidos. Cuando esa renuncia comporta el entendimiento con organizaciones criminales, se vuelve un apéndice de ellas. Entregarle el país a los terroristas era lo que habría hecho encantado Betancur si no hubiera encontrado resistencia. Fue lo que intentó hacer Pastrana, cuyo compañero de gobierno, Fabio Valencia Cossio, en medio de francachelas con los terroristas, acordó una Constitución que ni siquiera sería refrendada en las urnas. Santos tiene muchas más ventajas para conseguirlo, y seguramente lo conseguirá.

Pero eso es incomprensible para los colombianos, que corren a despojar a los muertos en los accidentes y a prestar el servicio que haga falta a un asesino que se haya hecho millonario: es la disposición moral con que se aborda la "paz", como acuerdo con los victimarios para ahorrarse problemas y sacar partido del botín.

La mayor tragedia es que no hay quien denuncie tal determinación. Ante la perspectiva de librarse del problema todos se hacen a un lado para no aguar la fiesta, como decía Saúl Hernández Bolívar y el propio Mackenzie declara muy orondo en su artículo citado: "Nadie en Colombia, y mucho menos la oposición parlamentaria uribista, son 'enemigos del proceso de paz'”. Nosotros somos enemigos del proceso de paz, y tal vez haya alguien más. Ciertamente no la "oposición" parlamentaria uribista, que por el contrario es entusiasta. Baste ver esta perla de tuit de un precandidato presidencial para entenderlo: 
Bueno, esa buena disposición con la "paz" es aún más evidente en este artículo del mismo personaje.

Es decir, el plan de Santos de ensanchar el poder terrorista a través de la "tregua" bilateral tiene un éxito seguro y probablemente lo presentarán los uribistas como un triunfo propio: ¿o no cuestionan que se negocie en medio del terror? Con tregua bilateral deja de negociarse en medio del terror. Decirles a los terroristas que no delincan sino que negocien mientras esperan a que los capturen es muy estúpido, pero puede servir para engañar a votantes poco avisados. Y en definitiva esas condiciones para negociar corresponden al regateo de cualquier claudicación.

Es muy probable que haya que esperar medio siglo de tiranía totalitaria para que surja en Colombia una corriente que defienda la democracia liberal. Todo el que no cuestione la negociación DE POR SÍ porque parece tener un atractivo irresistible obra a favor del terrorismo y sus melindres sólo sirven para legitimarlo, como cuando alguien se indigna por el mal olor de los pies de los violadores.

Vendrá la tregua y será popular y a punta de lloriqueo el uribismo tendrá alguna ventaja para colocar a sus seguidores en los concejos y asambleas el año próximo. El triunfo terrorista es un hecho. La coincidencia del uribismo con el gobierno también: ¿o alguien cree que Francisco Santos como alcalde será distinto de Petro y Samuel Moreno? Tal vez restituya a su apadrinado Holman Morris en la dirección de Canal Capital en lugar del tirano doméstico que ejerce ahora, pero poco más. Bueno, muchos de los aduladores de Uribe tendrán algún puesto secundario.

Todo eso es obvio porque alguien que acepte negociar la ley con los criminales es otro criminal. ¿Que eso sean la mayoría de los colombianos? Es posible: la ley no es natural, hay comunidades cuyo primitivismo e indigencia moral les impide llegar a asimilarla. El genocidio será mucho mayor, pero muchos de los que lo dirigen protegerán a los amigos de Uribe tal como ellos protegen ahora a Sigifredo López.

(Publicado en el blog País Bizarro el 21 de noviembre de 2014.)

jueves, enero 15, 2015

La bendición académica

Una de las idioteces más frecuentes entre los críticos de Santos es su supuesto "fracaso" en la negociación con las FARC. Parten de la frívola suposición de que el presidente sueña con obtener el fin de los crímenes y así ganar reconocimiento, un lugar en la historia y el premio Nobel de la Paz. ¿Es eso lo que busca Santos? Cada vez es más evidente que no: lo que busca es instaurar un régimen como el cubano en Colombia y los límites de sus negociadores en La Habana son sólo lo que la sociedad esté dispuesta a tolerar. Las supuestas negociaciones son sólo acuerdos de un consejo directivo de un consorcio a ver cómo consiguen que los colombianos se sometan al nuevo régimen. Los asesinatos incesantes y la expansión de las FARC a todo el territorio son elementos esenciales para obtener ese resultado y no sería nada raro que fueran acordados en esas reuniones.

En eso que busca, Santos tiene un éxito clamoroso porque tanto él como sus asesores cubanos saben que de lo que se trata es de la legitimidad, y esa legitimidad la obtiene a punta de propaganda. Bien la obsesiva campaña de los medios subvencionados para calumniar a Uribe a todas horas, bien las maquinaciones para que en la prensa extranjera se publiquen artículos elogiosos sobre él o para que le den un doctorado honoris causa, todo tiene el objeto de legitimar su actuación y su figura, cosa que en Colombia da resultado porque la población es como es. ¿Cuántos se dan cuenta de que las FARC cada vez están presentes en más sitios y cada vez matan más? ¿Y de que el alto mando militar está cooptado por los terroristas?

De modo que en lo que le interesa Santos tiene un éxito clamoroso, y el hecho de que después de traicionar a sus votantes, disparar la corrupción, gastar el presupuesto en comprar clientelas y hacerse propaganda y resucitar a las bandas terroristas resultara reelegido lo demuestra. No es serio decir que Zuluaga ganó, puede que obtuviera más votos de "opinión" pero ¿qué proporción del censo electoral era? Eso sin contar con que si hubiera ganado Zuluaga la "paz" seguiría igual, según explicaba el uribista Sergio Araújo.

Cada día hay un nuevo elemento de esa propaganda, bien la campaña #SoyCapaz, bien el artículo repugnante de The Economist, bien algún nuevo descubrimiento sobre Uribe, bien alguna persecución contra militares o políticos hostiles... La "Carta abierta de colombianólogos" publicada recientemente forma parte de lo mismo, y su impacto es más importante de lo que parece porque no todo el mundo entiende que la mayor parte de esos profesores son líderes importantes de la conjura terrorista o bien, en el caso de algunos extranjeros, militan en el marxismo académico o reciben incentivos oscuros, como ocurre con casi toda la propaganda del régimen.

El texto en sí es una suma abrumadora de falacias. Casi cada frase lo es, bien dando las mentiras por sobreentendidas, bien incluyéndolas como afirmaciones objetivas. La primera frase ya es para echarse a temblar: "Las condiciones para la terminación del conflicto armado en Colombia son hoy más favorables que nunca". ¿Cómo es eso? Las exigencias de los terroristas son más descaradas que nunca, tal como se puede comprobar en este video que acompañó a su respaldo a la campaña de Santos en la segunda vuelta. Para que la frase tenga sentido hay que entender que la "terminación del conflicto armado" es sencillamente el triunfo total de los terroristas. ¿O es otra cosa?


La frase final de ese primer párrafo es de sentido casi idéntico, "existe una esperanza real de que las negociaciones sienten por fin las bases de una paz duradera". Que curiosamente no son las leyes, que se suprimen para reemplazarlas por el poder de terror y las riquezas incalculables de los terroristas, ni la justicia, que se suprime para convertir los niños bomba en la fuente del derecho, ni la democracia, que no hay cuando la voluntad de los ciudadanos se somete a la amenaza de bandas de asesinos. Ésos son los tales académicos, legitimadores e instigadores del crimen.

Quien haya visto el video tendrá pruebas de la falsedad de la frase que abre el segundo párrafo: las FARC no han renunciado a su ideología totalitaria. El resultado de la legitimación de sus crímenes por parte del gobierno sólo es que escalarán sus pretensiones y sus atrocidades, como puede comprobar cualquiera en Colombia.

El párrafo siguiente, con el pretexto de reconocer lo alcanzado por el gobierno de Uribe al desmovilizar a las AUC, pretende establecer un paralelismo a partir de una falsedad supuesta: en ningún momento se cambió la legislación para favorecer a esos criminales ni se los legitimó como el producto de un déficit democrático (que es lo que hace el gobierno en los acuerdos con las FARC: la suposición de que los asesinos en serie vienen a remediar un problema afectivo de sus víctimas).

Después afirman que la única alternativa a la paz negociada es más guerra. ¿Acaso no han multiplicado su poder los terroristas desde que subió Santos? La única alternativa al reino del crimen es la aplicación de la ley, pero en ese caso puede que la mayoría de los académicos firmantes dieran con sus huesos en la cárcel, seguro que ni siquiera sería difícil demostrar que muchos de ellos se han lucrado directamente de los crímenes terroristas y en algunos casos incluso los han cometido.

Siempre el chantaje del costo de la guerra, muestra del desprecio que sienten por los ciudadanos: cuando Santos llegó al poder las bandas terroristas apenas tenían presencia en zonas fronterizas, aparte de las universidades y los medios de comunicación. Si no se aplican las leyes, será el genocidio multiplicado la ley real, aunque sin duda esos académicos ocuparán embajadas y cargos formidables, como de hecho ya ocurre con los miembros de la Comisión Histórica. Aplicar la ley es mucho más barato que dejarse despojar por unos sociópatas y convertirse en esclavos de ellos, como ya les ocurre a los cubanos y nicaragüenses.

Incluyen una mención al desarme de las FARC que es sólo otra promesa vacía: dado que han declarado mil veces que no se van a desarmar, el proceso es una mentira. ¿No lo saben esos académicos? Ellos son los que encargan los niños bomba, sólo hacen presión para que sigan siendo rentables y se puedan seguir exportando toneladas de cocaína y de metales producidos ilegalmente.

Después advierten contra el posible rechazo en las urnas de la claudicación ante el terrorismo: amenazando con una catástrofe si la población no se somete.

El cinismo de estos asesinos llega a tal punto que mencionan el derecho a disentir: ¿qué es disentir? En su jerga simplemente es promover el terrorismo, pues ¿alguno dijo algo que no fuera legitimador de los asesinos cuando sus peones mataron a Adán Quinto? No cabe la menor duda de que se ponen de acuerdo para burlarse de las víctimas y demostrar que pueden ser más cínicos que sus hermanos del Secretariado.

Los comunistas forman redes eficaces que se apropian de las universidades en muchos países. Así resultaron nombrados en universidades estadounidenses algunos de los firmantes de esa "carta", desvergonzada propaganda terrorista que transmite la amenaza a la sociedad: no someterse, exigir que la voluntad del pueblo prevalezca, que se apliquen las leyes y se respete a las víctimas, se paga. ¿No es lo que tratan de decir? ¿Puede el lector refutar esa idea? ¿Sabe alguien qué escriben Francisco Leal Buitrago, Arlene Tickner, Iván Orozco o Rodolfo Arango? Son los terroristas. El secretariado sólo es un consejo de capataces.

(Publicado en el blog País Bizarro el 13 de noviembre de 2014.)

viernes, enero 09, 2015

¡La paz de Colombia es la paz del mundo!

La gira europea de Santos no servirá de mucho para sus declarados fines mendicantes, pero sí para su propaganda dentro y fuera del país. Fuera, por la obvia búsqueda de reconocimiento y apoyo. Dentro, porque los colombianos creen más en lo que les dicen que en lo que ven, según la distancia del país en que se hable (mucho más valiosa la opinión de un noruego que la de un peruano, naturalmente), y los reconocimientos, presionados de mil maneras, de personajes como el presidente del gobierno español o aun el director del ABC (editorial incluido), generan buena imagen para el tirano.

No está de más recordar su inverosímil desfachatez: no vacila en declarar que "Sobre su participación o influencia [de las FARC] en el proceso electoral colombiano, debo advertir que son ilegales y no forman parte del juego democrático. No pueden arrogarse ningún papel. No han tenido ninguna injerencia ni influencia. Tengo que decir con toda claridad que yo soy el peor enemigo que las FARC han tenido en toda su historia", lo que el periódico monárquico no tarda en convertir en subtítulo.

Más elocuente aún es el artículo que firma él y que apareció en El País.
La paz de Colombia es la paz del mundo
Hace unas semanas, ante la Asamblea General de la Naciones Unidas, conté la historia de Constanza Turbay, una colombiana que perdió casi toda su familia a manos de la guerrilla de las FARC.

En La Habana, donde se lleva a cabo nuestro proceso de paz con esta guerrilla, Constanza tuvo la oportunidad de mirar a sus victimarios a los ojos y contar su trágica historia, la misma de millones de víctimas de una guerra sin sentido entre hijos de una misma nación.
Lo mejor de ese párrafo es la historia del personaje: ¡Colombia produce seres así y no puedo ocultar que me inspiran más asco que los mismos asesinos! Así son las familias de los diputados del Valle, por una parte defendiendo al asesino Sigifredo López y por la otra buscando prosperar gracias al crimen. No podía encontrar Santos mejor ejemplo de la bajeza infinita en que se basa su componenda criminal.

No está de más prestar atención a lo de la "guerra sin sentido". ¿Es sin sentido la prosperidad de su familia y la persistencia de su poder a lo largo de un siglo? No faltará el que le vea algún sentido. Los crímenes incesantes que llama "guerra" son la base de ese poder.

Pero ¿hay una guerra entre hijos de una misma nación? Es de nuevo palabrería legitimadora: hay asesinatos del servicio doméstico armado de Santos y su clan gracias a los cuales mantienen su poder. Esos asesinatos no son legítimos, no hay dos bandos que se matan en las mismas condiciones, hay unas bandas criminales creadas por los socios y parientes de Santos y millones de personas que sufren la opresión.

Por desgracia nadie les cuenta a los españoles que la inmensa mayoría de los supuestos representantes de las víctimas son elegidos por los propios asesinos y que a personas que han estado secuestradas décadas, como el general Mendieta, no les hacen caso.
Por primera vez, Constanza escuchó de uno de los líderes de las FARC las manifestaciones de un arrepentimiento sincero. En las propias palabras de esta valiente mujer, las víctimas están “cambiando su dolor por la esperanza de paz”.
Santos es un criminal, la desfachatez con que miente lo hace peor que los propios asesinos a los que premia en La Habana.
Ese anhelo de reconciliación de la gran mayoría de colombianos es el que ha impulsado el intento, serio y juicioso, que estamos realizando los colombianos para alcanzar la paz.
Curiosamente cuando fue elegido Santos fue contra ese anhelo de reparación, y no habría podido llevar a cabo su componenda si hubiera tenido oposición y no esos miserables uribistas que obviamente no han respondido ni responderán a las mentiras que propala.
Pero tener esperanza no significa ser ingenuos. Somos conscientes de que estamos negociando con nuestros adversarios. Entendemos que el país ha sufrido mucho a raíz de incontables asesinatos, bombas, secuestros y extorsiones.



Por esa razón tenemos que negociar el fin del conflicto armado de una vez por todas. Es mucho más fácil hacer la guerra que la paz. Lo sé porque fui ministro de Defensa y le propiné a la guerrilla los golpes militares más duros en toda su historia. Pero así como hay un tiempo para la guerra, hay un tiempo para la paz.


El proceso que adelantamos en La Habana desde hace dos años —con el acompañamiento de Chile, Cuba, Noruega y Venezuela— ha sido un proceso serio, realista, digno y eficaz, que ha presentado avances concretos.
Claro que los adversarios de Santos son asesinos a los que ayuda a escapar mientras que los que se oponen a esos criminales están presos o son perseguidos de distintas maneras. Mentiras tan desvergonzadas son posibles porque Santos no tiene oposición, ha estado cuatro años haciendo lo que ha querido sin temor a ningún rechazo.

Y los únicos avances claros que se registran son que los terroristas han recuperado todo el territorio perdido durante la década pasada y hoy extorsionan y matan como en los mejores tiempos. 
Silenciar los fusiles significa recuperar enormes extensiones del campo colombiano y contribuir así a la seguridad alimentaria del planeta
Lo que ha ocurrido es que se han perdido enormes extensiones gracias a que se han reactivado las actividades terroristas pero nadie lo denuncia.
Los tres primeros puntos, ya acordados con la guerrilla, contienen cambios profundos para Colombia: realizar inversiones históricas para el desarrollo rural, raíz de nuestro conflicto; cambiar las balas por votos, lo que significaría una profundización de nuestra democracia, y el desmonte de las estructuras mafiosas del narcotráfico, acompañado de un gran programa nacional de sustitución de cultivos y desarrollo alternativo, que nos acercaría a una Colombia sin coca.
Casi cada palabra es una mentira atroz: ¡la profundización de la democracia consiste en premiar a los asesinos y asegurar que sus clientelas votarán dos veces, a la vez que se atraca a la sociedad! Lo único cierto es lo de los cambios profundos: se hundirá para muchas décadas en la esclavitud.
Hemos llegado más lejos que nunca, pero también es cierto que estamos entrando en la etapa más compleja: los puntos que abordan el tema de víctimas y justicia transicional, y el llamado DDR: desarme, desmovilización y reintegración. Son temas difíciles, sin duda, pero si persiste la voluntad de negociación —como ha sucedido hasta ahora— confío en que también lograremos acuerdos satisfactorios.
Las FARC siempre tienen voluntad de negociación, su verdadera actividad es negociar la paz. Cuando empezaron a negociar con Belisario Betancur eran una cuantas decenas de hombres armados y no tenían presencia más que en poquísimas regiones. Más mentiras de un cínico increíble.
Muchos se preguntarán ¿y esto por qué es importante para Europa o para el mundo?

Hay varias razones de fondo. La primera es que seremos el primer país que negocia el final de un conflicto armado dentro del Estatuto de Roma. Lo que pase en Colombia tendrá profundas consecuencias para la resolución de futuros conflictos en cualquier parte del mundo. 
Así son estos criminales: ahora resulta que rendirse ante unos genocidas es un ejemplo para el mundo.
Segundo, silenciar los fusiles significa recuperar enormes extensiones del campo colombiano. Colombia, un poco más grande en territorio que España y Francia juntos, es considerada por la FAO uno de los ocho países en el mundo que pueden aumentar significativamente su producción de alimentos y, en la medida que las tierras recuperadas se vuelvan productivas, estaremos en capacidad de contribuir más decididamente a la seguridad alimentaria del planeta.
No se van a silenciar los fusiles ni se va a dejar de producir cocaína ni menos a dejar de matar y extorsionar. Son promesas que pronto nadie recordará. Ahora el planeta necesita de los alimentos producidos en Colombia, más falso y estúpido, increíble.
Tercero, el desmantelamiento del narcotráfico reducirá la cantidad de cocaína que ingresa a las capitales europeas desde Sudamérica y ayudará a frenar el impacto devastador del proceso de producción de la pasta de coca sobre el medio ambiente. Colombia es el país con mayor biodiversidad del planeta por kilómetro cuadrado y la conservación de su ecosistema es de suma importancia para la humanidad.
No se va a desmantelar la industria de la cocaína, al contrario, cada vez es más importante su dominio en toda la región andina. Si fuera cierto lo de la biodiversidad colombiana y su importancia para la humanidad, todos los cómplices de Santos, empezando por el gobierno español y su prensa, deberían ser juzgados.
Por último, la paz es un buen negocio. La economía colombiana es la de mayor crecimiento y más baja inflación en América Latina —incluso comparada con los países de la OCDE— y es una de las que más inversión extranjera recibe. Solamente en los últimos cinco años, el comercio entre la Unión Europea y Colombia creció un 25 por ciento. Este crecimiento —vale la pena destacarlo— se ha logrado con equidad, generando empleo de calidad y reduciendo significativamente la pobreza. 
Si hemos alcanzado estos logros con un conflicto armado, ¿se imaginan la Colombia que podríamos construir en paz? Estudios recientes han señalado que, sin el conflicto, el PIB de Colombia podría crecer dos puntos adicionales de forma permanente, lo que se traduciría en enormes oportunidades de inversión en infraestructura, turismo y desarrollo tecnológico para empresas como las europeas.

En un mundo amenazado por vientos de guerra, Colombia ofrece hoy una esperanza de paz. En un mundo preocupado por la incertidumbre económica, aporta oportunidades y estabilidad.
Colombia es una gran amenaza para el mundo porque gracias a Santos y a Obama la conjura del terrorismo global dejó de tener resistencia. La componenda para premiar a los asesinos sólo traerá más muertes, tal como ya ocurrió en los noventa, y también más ruina y emigración. Es triste que en Europa no haya ninguna resistencia a las mentiras de este socio del crimen organizado.

(Publicado en el blog País Bizarro el 6 de noviembre de 2014.)

viernes, enero 02, 2015

¿Uribe es el obstáculo?

La propaganda del régimen anda últimamente obstinada en desautorizar las críticas de Uribe a la negociación de La Habana con el argumento de que él mismo les ofreció una Constituyente a las FARC. El interés primordial en este caso no es perseguir a Uribe sino hacer pasar por alto el contenido mismo de la "paz", persuadiendo a la gente para que crea que las críticas están motivadas por otros intereses.

El caso es que Uribe declara que no será obstáculo para la paz y en consecuencia no condena lo que ocurre en La Habana. No por lo que hubiera propuesto en 2006 sino porque quedaría en minoría oponiéndose a la negociación. Tanto él como sus seguidores sugieren que el proceso se podría llevar mejor y denuncian sin cesar las atrocidades terroristas, tal vez para dar a entender que la negociación debería darse con alto el fuego.

Conviene aclarar que en 2006 las ofertas de negociación tenían por objeto responder a las críticas por la desmovilización de las AUC y que iban acompañadas de la persistencia en la política de seguridad democrática. Si se quiere, no había una verdadera voluntad de negociar, toda vez que los terroristas no aceptarían una negociación que tendría lugar mientras se debilitaban día tras día (no la aceptaron hasta que no tuvieron a su hombre en la Presidencia). La Constituyente, en el supuesto extremo e improbable en que hubiera tenido lugar, no les habría sido favorable en absoluto.

Comparar eso con lo que hace Santos sólo corresponde a la mala fe de la propaganda de un régimen criminal. El inverosímil "periodista" Daniel Coronell dice sin pudor: "El gobierno Uribe les ofreció a las FARC la posibilidad de desmilitarizar un área y efectuar un cese bilateral del fuego. Hoy, por mucho menos, Uribe sostiene que el gobierno les está 'entregando el país a los terroristas'”. Lo fascinante de todo eso no es la audacia del malhechor sino la ceguera de la gente: claro que la mayoría de los lectores de la revista están a favor de la banda asesina, que a fin de cuentas ejerce de guardiana del orden social, pero no darse cuenta de que los terroristas ya tienen todo el poder, y lo tendrán además refrendado dentro de unos meses, es el colmo de la estupidez.

Más allá del resultado de la negociación, los jefes terroristas ya son impunes porque nadie cree que van a volver de Cuba a entregarse a la justicia, ya han tenido tiempo de lavar las decenas de miles de millones de dólares del secuestro y la cocaína y aun de ampliar copiosamente sus negocios criminales, y sobre todo, ya han recuperado el terreno perdido gracias a la complicidad del gobierno, que ha dedicado todo el Estado a perseguir a quienes les incomodaban y a destruir a las Fuerzas Militares. Con sus grandes capitales, los terroristas son los dueños del país y es imposible leer la prensa sin darse cuenta de que todo lo que se publica está orientado por ellos.

El que quiera ver diferencias entre el gobierno de Santos y las FARC se aferrará a cualquier mentira: sencillamente son lo mismo. Los partidos de la Unidad Nacional defienden con toda clase de vilezas los intereses de los que enriquecen a sus jefes, los jueces siempre dictan sentencia para favorecerlos y aun hay montones de generales elogiándolos y amenazando a todos los que discrepan de la tal "paz". Buena prueba de que son lo mismo es que todos los crímenes terroristas resultan legítimos y necesarios según el acuerdo de participación política que firmaron ambas partes.

Pero la propaganda es obstinada. La invitación de Santos a Uribe forma parte de ese mismo libreto: presentar la "paz" como una obviedad que encuentra el obstáculo del expresidente, al que se calumnia a todas horas (para que alguien dude de que el gobierno y las bandas terroristas son la misma cosa). El artículo de fondo de la última edición de Semana insiste en esa oposición de dos presidentes y es un buen ejemplo de la clase de periodismo que se hace en Colombia y aun de la idiosincrasia de los pobladores. Este párrafo trata de la terna de la Fiscalía:
Para el expresidente Uribe hay otro episodio no menos grave que el anterior: el cambio de la terna de la Fiscalía. Como se recordará Uribe había enviado a la Corte Suprema de Justicia una terna integrada por Marco Antonio Velilla, Camilo Ospina y Virginia Uribe. La Corte le devolvió dos veces esa terna con el argumento de que no era viable. Uribe no aceptó este rechazo aduciendo que la devolución era inconstitucional, pues todos los ternados reunían los requisitos. Detrás de este pulso estaban las pésimas relaciones que existían entre la Corte Suprema y su gobierno por cuenta de múltiples enfrentamientos y un espionaje del DAS.
Si el lector presta atención al párrafo entiende que la letra de la ley es prescindible. ¿Se entiende que la Corte cometió una ilegalidad, tal como hizo Santos después? En Colombia la ley no existe y nadie la echa de menos: la destitución de Petro fue escamoteada por una decisión judicial que no se aplicó en ningún otro caso. Obviamente la disposición de la Constitución de que la Corte elija un fiscal de los propuestos por el presidente si cumplen los requisitos se pasa por alto, pero los colombianos enredan la pita con leguleyadas según les convenga y al final se resignan a que el poderoso hace lo que le dé la gana.

Cuando se explica que para complacer a la Corte Santos propuso a Vivianne Morales, se menciona la proximidad de esta señora al uribismo, cosa que es cierta toda vez que la mayoría de los funcionarios del gobierno Uribe terminaron en la Unidad Nacional y persiguiendo a su antiguo benefactor (cosa que a ojos de los uribistas es una prueba más de su inteligencia superior). De hecho, cuando fue nombrado Eduardo Montealegre los uribistas se volvieron a entusiasmar: José Obdulio Gaviria declaró que con él volvía el derecho. Ésa es la altura de miras del uribismo, ésos son los juristas de los que esperan que apliquen las leyes.

Este párrafo ya describe definitivamente a la revista: aludiendo a las persecuciones que emprendió la esposa de Carlos Alonso Lucio, afirman:
El expresidente responsabiliza a Santos de lo sucedido. Considera que el cambio de la terna inicial degeneró en una persecución de la Justicia en contra de todo lo que oliera a uribismo. El actual presidente obviamente ni buscaba ni anticipaba lo que acabó sucediendo, que no ha sido otra cosa que el desarrollo de las investigaciones judiciales.
¿Alguien duda de que la persecución contra todos los rivales de Santos fue encargada por él? OBVIAMENTE es así, la idea de que alguien se tome en serio las "investigaciones judiciales" gracias a las cuales se encarcela a todos los que podrían hacerle sombra al lamentable tartamudo sólo hace pensar en gente de otro país o en sicarios comunistas de los que cada año producen cientos de miles las universidades colombianas.

Y el resultado en definitiva es que a punta de persecuciones se crean banderías de Santos y de Uribe y queda como la cosa más obvia del mundo que las miles de monstruosidades cometidas por unos totalitarios que intentan abolir la democracia son la fuente del derecho.

Los colombianos han aceptado esa infamia, lo pagarán caro, pues lo que sale de la "paz" es la legalización del asesinato y el aliento a los crímenes futuros. Los cientos de miles de asesinatos que han cometido las bandas del Partido Comunista hasta ahora son sólo el prólogo de lo que viene, ¿o alguien duda de que cada día matan más? ¿O alguien espera que desistan de sus fabulosos negocios criminales ahora que tienen seguro el control de vastas regiones?

Un columnista de Semana señalaba que a punta de amenazas judiciales pretendían que Uribe se plegara a la paz. Lo cierto es que no se ha opuesto, y la pasión de sus seguidores es una buena forma de tapar la complicidad general con los criminales, pues ¿alguien discute que se deban negociar las leyes con ellos? Yo no recuerdo a nadie, incluso el procurador (cuyos amigos ponen en duda los derechos humanos) se proclama amigo de la paz.

Hace falta un bando de quienes no queremos premiar a los terroristas. Uribe no puede liderar ese bando, no por lo que propusiera o buscara hace ocho años sino por lo que dice ahora. La democracia tiene que partir del rechazo a la componenda de los asesinos, de la negativa a acatar las leyes y a reconocer a las autoridades que salgan del éxito del crimen, de la determinación de llevar al Partido Comunista y a todos sus jefes a la CPI como autores de un dilatado genocidio y de abolir las leyes impuestas por las bandas mafiosas, como la Constitución de 1991.

Que Uribe diga lo que quiera, que se contradiga o sea coherente, no se trata de tomar partido por un personaje o por otro sino de oponerse a los genocidas.

(Publicado en el blog País Bizarro el 30 de octubre de 2014.)

viernes, diciembre 26, 2014

El amplio bando de la paz


Hay una especie de establishment colombiano formado por las familias que dominan el Estado y sus redes de influencias, de las que la llamada izquierda y hasta las bandas terroristas son sólo una faceta, como los medios de comunicación o las mafias del poder judicial. Lo que piensa ese sector dominante es muy conocido y resulta casi ocioso considerarlo sin pensar en alguna alternativa. Es decir, lo que más importa es el discurso alternativo tal como la estructura del virus del ébola sólo importa porque permite buscar el remedio o la vacuna que podría impedir las muertes que ocasiona.

En Colombia la única alternativa que hay al régimen es el uribismo y por desgracia es imposible hacerles entender a los uribistas la peligrosa confusión en que andan, toda vez que están dispuestos a seguir a su líder a donde él quiera llevarlos y él no parece saber muy bien adónde quiere ir.

Baste pensar en las críticas a la negociación de La Habana por parte de la  mayoría de los uribistas: todas las objeciones que ponen tienen el problema de que antes Uribe ha aceptado todo eso. Tanto la no entrega de las armas ("dejación") como la elegibilidad, la impunidad y hasta la Constituyente se planteaban al comienzo de su segundo gobierno. El interesado puede consultar al respecto este documento de la Presidencia de la República del año 2006 (una entrevista a Uribe en la que acepta todo eso y aun aboga por el "intercambio humanitario").

Nadie debe pensar que siquiera remotamente Uribe es comparable a Santos, ni que esas ofertas de negociación se parecían a lo que ocurre ahora: lo que ha hecho Santos es resucitar a una banda derrotada y poner a todo el aparato del Estado a su servicio. Durante los gobiernos de la Seguridad Democrática se combatió a las bandas terroristas con los resultados que se conocen (aunque parece que ya todos los olvidaron). La tentación de  negociar no era en absoluto un peligro porque los terroristas sólo podrían sentarse estando ya desesperados, y siguiendo su costumbre esperaron al siguiente gobierno.

Es decir, es normal que Uribe considerara la negociación con todas esas condiciones como el logro completo de su obra de gobierno: de esa negociación podrían haber salido los terroristas impunes y elegibles y no obstante derrotados. De la que tiene lugar en La Habana ya son totalmente triunfadores y sencillamente tienen seguro el control del país por muchas décadas siempre y cuando mantengan la alianza con la oligarquía.

También se debe tener en cuenta que Uribe tenía que hacer frente siempre a la formidable presión de la máquina de propaganda de los aliados del terrorismo y de algún modo necesitaba mostrarse conciliador para evitar que lo presentaran como un generador de violencia sesgado a favor de los "paramilitares". Y sobre todo al eco que esa propaganda siempre ha tenido entre los colombianos, tan poco apegados a la ley que anhelan "reconciliarse" con los terroristas (que agravian a otros).

Los reproches que se le pueden hacer no tienen que ver con lo que hiciera con las bandas terroristas, a las que a fin de cuentas combatió con rotundo éxito, sino con los errores que cometió en la presidencia como líder político: la alianza con la oligarquía y la lamentable intentona de convertirse en presidente vitalicio, que son las causas de la catástrofe actual (tal vez lo peor que le ha pasado a Colombia en toda su historia, la caída en manos de unos genocidas que matarán en las próximas décadas a muchas veces más personas de las que han matado hasta ahora).

Y mucho más grave aún que eso ha sido la incapacidad de hacerle frente al conjunto del régimen y al gobierno de Santos después de salir de la presidencia. Tiene gracia que pudiera plantearse una Constituyente para conseguir la desmovilización de las FARC pero no para transformar el poder judicial que le impedía desarrollar su plan de gobierno y aun cometería desmanes atroces como el encarcelamiento de Plazas Vega durante su gobierno.

El problema está en esas limitaciones de todo tipo, no sólo de Uribe sino de todos quienes le acompañan, que acerca de la forma en que conciben el país y del proyecto que tienen son bastante confusos y "cortoplacistas". ¿Alguien cree que ha habido alguna diferencia clara de Uribe o el uribismo con la letra o el espíritu de la Constitución de 1991? En absoluto, ni siquiera con tantas increíbles endemias colom bianas como la parafiscalidad o el 4 X 1000.

Y como el gobierno de Santos plantea un proyecto siniestro, mal pueden hacerle oposición unas personas que no tienen un proyecto claro de país. De ahí vienen todas esas concesiones escandalosas (como llamar "paz" a la negociación, "replicando" la peor corrupción del lenguaje, que es la base del poder terrorista). Y todas esas máscaras de una oposición que no lo es al hecho mismo de premiar el crimen (pues, como ya he explicado arriba, tanto la impunidad como la elegibilidad o la misma constituyente habían sido aprobadas por Uribe en 2006).

Nadie debe pensar que esas actuaciones de entonces comprometen a Uribe o al uribismo y que por eso no pueden oponerse rotundamente a lo que ocurre en La Habana: podrían decir que eso ocurría entre verdaderos enemigos, o aun que eran errores que no están obligados a volver a cometer. El problema no es ése, es que realmente no se oponen a negociar con los terroristas sino a ser excluidos de la negociación. De otro modo podrían declarar que liderarían una movilización popular contra la componenda y que no acatarían lo que acuerde el gobierno con las FARC. No harán nada de eso.

Sencillamente el hecho de negociar es una violación flagrante de la ley y la abolición de hecho de la democracia. Es decir, por mucho que en el lenguaje colombiano "democracia" sea cualquier cosa, es evidente que la voluntad ciudadana se ve sometida a la opresión de las bandas terroristas y mientras éstas no se sometan a las instituciones legítimas no pueden ser sino perseguidas. Los demócratas nunca pueden aceptar el resultado de esas negociaciones y puede darse el caso de que una mayoría, aun una mayoría clara del censo electoral, se someta al atraco. Eso no querría decir que el resultado fuera legítimo, lo que habría aprobado esa mayoría sería la continuación del genocidio y el premio del cometido hasta la fecha de la consulta.

El uribismo no está para eso: lo que han hecho desde que Santos es presidente es tratar de evitar que la propaganda los muestre como "enemigos de la paz", no porque sean idiotas y no entiendan que la componenda de La Habana no es "la paz" sino porque descubrieron que no tenían recursos comparables a los del Estado y los medios de comunicación bien implantados que sirven al proyecto terrorista.

Ésa es una actitud mezquina que está en la base de las derrotas electorales de este año: a fin de cuentas sólo tienen una quinta parte del legislativo y un 20% de los votos posibles en la segunda vuelta de las presidenciales. Unos políticos con valores claros preferirían oponerse a la voluntad de la mayoría (conformista ante el éxito de los asesinos de otros por pura comodidad) que obrar de forma indecente aceptando de hecho la infamia de La Habana.

por eso Santos sólo tiene que ganar invitando a Uribe a conversar. Si éste no acude, los medios podrán decir que se opone a la paz y entonces tendrá que ir a pedir disculpas o a poner las burdas objeciones que ha puesto hasta ahora (hasta el procurador declara que él no se opone a la "paz"). Si acude, queda como que va a bendecir la componenda y a aceptar migajas que se quedarían en nada. Muchos esperan que pida una cita pública, que se convertiría en un show, en el que como mucho plantearía objeciones secundarias a la paz, de nuevo explicando que no se opone ni es obstáculo...

Sencillamente ni Uribe ni el uribismo son respuesta a la componenda terrorista. Ya lo han demostrado por cuatro años (fíjense en esta noticia de comienzos de 2011, para ver que ya era público el designio de Santos de premiar a las FARC) y no van a decir que sencillamente la negociación es un crimen.



Pero falta una generación o dos para que aparezca gente que quiera entenderlo. Prácticamente todos los uribistas votarían por Romaña si fuera en las listas de Uribe. ¿O en qué se diferencia Romaña de Angelino Garzón o Everth Bustamante? Hace falta gente que entienda que el poder judicial es una banda criminal que debe estar en la prisión y no encarcelando inocentes. ¿Algún uribista habrá notado que todos los precandidatos declararon ante el encarcelamiento de Luis Alfredo Ramos que "demostraría su inocencia ante la justicia", sin ocultar la satisfacción por las expectativas que se les abrían? Los uribistas no son gente que esté para cambiar esas cosas y se extinguirán como corriente política significativa tras someterse a la componenda de Santos tal como Gómez Hurtado se sometió al engendro de 1991.

(Publicado en el blog País Bizarro el 22 de octubre de 2014.)

sábado, diciembre 20, 2014

Noción de "honor"

Por @ruiz_senior

¿Cuánto ha cambiado Colombia desde 2010? La inmensa mayoría de la gente de las ciudades no detecta ningún cambio importante porque en términos generales la economía no ha experimentado grandes sobresaltos y tanto los salarios como las oportunidades de empleo se mantienen. Muchos han prosperado gracias a la abundancia de recursos en manos del gobierno, que le ha permitido multiplicar los empleos públicos (a medida de los intereses de los políticos que lo apoyan).

Pero esa sensación es engañosa, como si uno tomara un taxi para un desplazamiento largo en una ciudad desconocida: no reconocería el trayecto ni sabría con certeza adónde lo estarían llevando. Respecto de lo que ocurre en La Habana la mayoría de la gente la percibe como algo lejano y a medias se resigna porque le prometen que se va a reducir la violencia, y si bien lo que ocurre es que aumenta día a día, tampoco es tan intensa la percepción que se tiene de ello en las ciudades.

No es lo mismo para los militares y policías, en especial para los que habían asumido como propio el combate contra las bandas terroristas. La verdad innegable es que el alto mando obedece a un gobierno cuyos fines son indistinguibles de los del enemigo mientras que los oficiales que más se han destacado en el combate con los terroristas están presos o destituidos. A eso se suma el hecho de que algunos altos oficiales apoyan abiertamente a las FARC y amenazan a los civiles que se oponen a premiar sus proezas. Se requiere un gran esfuerzo de prudencia para no pensar que esa valerosa disposición corresponde a intereses pecuniarios: las dos grandes organizaciones económicas del país son el Estado y las FARC, y ambas están dedicadas a lavar el dinero de la cocaína y el secuestro. Tal como todos los parlamentarios uribistas de 2010 se volvieron promotores de las FARC, aparecen muchos generales "pacifistas" que sin duda obran por las mismas motivaciones.

Esa realidad de colaboración de los altos mandos con el crimen contrasta cómicamente con la ilusión de los estúpidos de siempre que creen que podría haber un golpe militar que redimiera al país de su destino bolivariano. Todos los vicios morales e intelectuales que causan el atraso del país se resumen en esa esperanza: el sueño de que todo se arregle por una actuación de otros y la incomodidad con la democracia y la ley.

Pero esos oficiales que se lucran de la muerte de sus subalternos y todos los que los obedecen permiten hacerse una idea del país: ¿cómo es que hay oficiales que combaten a las FARC y soldados que mueren cuando es evidente que el gobierno al que sirven alienta y premia a esos criminales? Sencillamente porque tienen ese oficio y obedecen a una autoridad, y por servilismo y mentalidad de funcionarios que esperan su sueldo y su pensión, dan la vida, y sin duda en muchos casos caen gracias a información que les dieron sus superiores a los asesinos. Puede que incluso los manden a morir para dar argumentos a la "paz" (que sólo funciona gracias al miedo de la población).

Y esa extraña disposición lo lleva a uno a preguntarse ¿cómo es que ninguno deserta? La gente estúpida se burla de los aviadores suicidas japoneses de la Segunda Guerra Mundial, pero ¿en qué se diferencian realmente de los demás combatientes? En esa misma guerra murieron sólo en Europa un millón de estadounidenses. En la de Vietnam murieron 58 000. El que va a la guerra sabe que se juega la vida con una probabilidad altísima de morir. El que, como "Ricaurte en San Mateo" va a una muerte segura, como los terroristas suicidas del yihadismo, va también a una gloria segura. Pero ¿qué gloria puede ser morir por no desertar ni retirarse de una fuerza que se sabe que sirve de pretexto a los criminales?

Esas palabras relacionadas con el prestigio, como gloria, me hacen pensar en el "honor". Se supone que el oficio de los militares se basa en el honor y en el amor a la patria. Lástima que ésta sea una noción escurridiza y problemática. Dentro de pocos años los militares  y policías estarán tomando parte en el genocidio, que se considerará persecución de enemigos de la patria, ¿o qué hacen los militares y policías venezolanos o cubanos? Se me ocurrió mirar en el diccionario la noción de "honor" para tratar de entender qué mueve esa extraña sumisión de tantos funcionarios colombianos a quienes los matan.
1. m. Cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo.
2. m. Gloria o buena reputación que sigue a la virtud, al mérito o a las acciones heroicas, la cual trasciende a las familias, personas y acciones mismas de quien se la granjea.
Tenemos, pues, que las dos primeras acepciones de la palabra remiten al compromiso con el deber y al prestigio que se deriva de él. ¿Es ese sentido el que mantiene la sumisión de los militares y policías? Parece que como todo en Colombia es la máscara de intereses mezquinos. En el de los jefes, los millones que les provee el gobierno y sus socios terroristas, en el de los mandos medios, la esperanza de ascenso, la pensión y el sueldo, gracias al cual terminarán cumpliendo órdenes de los peores asesinos, tal como en Bogotá los policías cumplen órdenes de un personaje que los mataba aliado con Pablo Escobar. En el caso de los subalternos, la incapacidad de sentirse dignos de respeto y por tanto capaces de desobedecer a unos criminales. El servilismo que tanto llama la atención a cualquiera que llega a Colombia de otro país.

Y el problema es que esos militares y policías carecen de honor y de valor, porque de otro modo renunciarían a sus rentas en lugar de hacerse cómplices de un crimen infame del que los propios compañeros de menor rango son hoy en día las principales víctimas. No se puede pedir que infrinjan la ley ni que resuelvan los problemas de los civiles, pero ¿cabe mayor deshonra y mayor traición a sí mismos y a sus juramentos que servir al enemigo para no perder unas rentas miserables? De todos modos cualquiera que se aplique a cumplir con su deber termina en la cárcel, ¿no habrá ninguno capaz de correr a refugiarse en una embajada y denunciar lo que hacen sus mandos al servicio de la mayor empresa cocainera del mundo?

No, no lo habrá: el honor es una cosa muy rara entre los colombianos. Una máscara que usa cualquiera, tal como se considera "educación" a la recitación de la propaganda terrorista y "justicia social" al despojo de las mayorías en favor de las clientelas del terrorismo.

(Publicado en el blog País Bizarro el 15 de octubre de 2014.)

sábado, diciembre 13, 2014

La fiebre del odio


Uno desde lejos se pregunta qué será en la conciencia de los colombianos su país y su actual gobierno, y se encuentra como buscando un rastro en la selva: tal es la bruma en que parece vivir la mayoría de la gente, no porque la engañen con artes eficaces sino porque su nivel de humanización es tan limitado que no echa de menos ninguna verdad ni ninguna coherencia.

Desde su discurso de posesión, Santos ha usado como pretexto de su actuación el afán de "superar los odios", cosa que casa muy mal con la efectiva persecución del anterior gobierno y de los militares que intentaron aplicar la ley, bien con calumnias incesantes reproducidas por la máquina de propaganda, bien con actos judiciales monstruosos como la condena a 17 años de prisión a Andrés Felipe Arias sin que siquiera se pudiera argüir el dolo ni menos ningún provecho económico del ex ministro (se dirá que el poder judicial no depende de Santos, pero ¿no depende de Santos? Desde 1991, y aun desde antes, el poder judicial, como la Universidad Nacional y todos los organismos estatales que no derivan de las urnas, obedecen al régimen cubano, al mismo al que somete Santos a Colombia).

Las causas de esa persecución corresponden al afán de implantar un régimen totalitario según el programa del Partido Comunista, que comparten todas las universidades públicas y ahora también las privadas, así como los círculos de clases altas que siguen a las familias herederas de la República Liberal. Cualquier sector conservador o liberal (no en el sentido de las redes mafiosas que en Colombia usurpan los nombres de esos partidos sino de las ideas conservadoras y liberales) les resulta un estorbo y, gracias a la hegemonía que tienen entre los grupos de descendientes de las castas superiores de la sociedad colonial y al control de los medios de comunicación, consiguen generar un ambiente de persecución y odio que por sí mismo basta para explicar por ejemplo los 40 000 secuestros que ha sufrido el país (los propietarios rurales, los empresarios productivos y aun muchos empleados de alto rango de empresas extranjeras amenazan la hegemonía de esos grupos y por eso nunca hubo solidaridad con las víctimas del secuestro).

Esa pasión del odio encuentra un público muy bien dispuesto en la juventud que sale de las escuelas, donde recibe el correspondiente adoctrinamiento, pues también los profesores de todos los rangos son clientela de esos grupos de poder y abrazan con fervor una ideología que les ahorra la difícil tarea de formar lectores o trabajadores eficientes. Un muchacho frustrado en sus aspiraciones de consumo y ascenso social (gracias a la miseria y atraso del país, que sólo es el resultado del parasitismo de las clientelas de la "izquierda"), resulta un entusiasta de las doctrinas del resentimiento y la utopía que llevó a la miseria a todos los países en que se aplicó (Cuba era uno de los países más ricos de Iberoamérica en 1959, con el doble del PIB per cápita de España). El hecho de que en Colombia sea la doctrina de los ricos la hace aún más tentadora, pues el consumidor de esa propaganda siempre puede atribuir la causa de su frustración a los ganaderos o a los altos funcionarios, de los que no sabe nada, y compensa su rencor con la buena conciencia de pertenecer a una clase intelectual que aprende de Samper Ospina y otros pensadores.

El caso es que los colombianos "instruidos" de hoy en día consideran algo monstruoso el programa Agro Ingreso Seguro, sobre cuyos efectos en el mundo del agro no saben ni quieren saber nada, mientras que miran para otro lado cuando se enteran de que los terroristas usan niños bomba para matar policías. Uno mira a los ojos a alguien así, y son casi todos los que han ido a una universidad en las últimas décadas, y se siente como interrogando a un mono que hubiera presenciado un sacrilegio o un incesto: son idiotas morales, seres vacíos en los que la ínfima humanidad que podría haber se ha vaciado para reemplazarla por pasiones baratas y de fondo falaz. Otro ejemplo es la historia de Fernando Londoño como asesor de Invercolsa: no hay una sola persona a la que le interese que los empleados de una empresa estatal tuvieran el privilegio de comprar acciones y enriquecerse fácilmente, sino que un asesor externo se considerara empleado, cosa que los indigna mucho más que los miles de mutilaciones que cometen los terroristas (y que el público cobra atribuyéndoselos al "conflicto" pendiente de superación, como si el que cobra un secuestro se considerara un protector de la vida).

Esa disposición, la lealtad a la jerarquía de que se sienten parte, influye en la ceguera con que acogen las mentiras de la prensa y la propaganda del odio contra el uribismo y contra los militares que no corren a lucrarse en el lavado de activos de La Habana. Nadie detectó que el Morena de los años ochenta era "Movimiento de Reconstrucción Nacional" y que la página de los amigos del procurador y de María Fernanda Cabal se llama "Restauración Nacional" y no pueden tener ninguna relación, como sin el menor pudor afirmaba Noticias Uno, ni que en ese mismo noticiero fuera noticia la relación del asesinado Adán Quinto con el general del Río (el objeto de odio que le ofrecen a las turbas de saqueadores serviles) y no el asesinato en sí, al que justifican tranquilamente, como se ve en este video.


Tampoco le importa a ninguno de esos compatriotas el escándalo que armó El Espectador porque alguien descubrió que en la página web del programa radial La Hora de la Verdad habían publicado un artículo atribuido a Vargas Llosa y que resultó apócrifo. Los que llegaron a enterarse de que el texto maldito había aparecido antes en El Espectador (que lo borró de su página web antes del escándalo) lo consideraron una jugada de su bando y por tanto justificable. La mayoría no llegó a enterarse, ya tenían una nueva piedra con la que lapidar al periodista al que fallaron matando con una bomba lapa hace un tiempo (esa labor de comprometer en el asesinato a la población es exactamente la misma de los nazis, pero la verdad es que el público tercermundista de El Espectador tiene mucho menos interés en la verdad o en la moralidad que los partidarios de los nazis). De modo que cometen un fraude descarado, calumnian y tratan de ocultar las pruebas pero no encuentran reproche de casi nadie.

El episodio deja ver un público degradado hasta el mismo nivel de los violadores de niñas y autores de atentados con niños bomba: una chusma de canallas que aplauden cualquier infamia con tal  que sea provechosa a su causa, que sólo es el anhelo de tomar parte en la rapiña.

Más grave aún es el contenido de la última columna del increíble sicario moral Daniel Coronell, en la que intenta demostrar que Uribe mantenía un canal de comunicación con las FARC. Un público como el colombiano está pendiente de habladurías y no faltará el que crea que las pruebas de esos contactos son algo más importante o más grave que el hecho de ofrecerles una Constituyente, como hizo el gobierno Uribe en 2006, o de acordar con la banda una Constituyente que ni siquiera tendría que ser refrendada en las urnas, como hizo el nuevo coordinador político nacional del Centro Cemocrático, Fabio Valencia Cossio, en tiempos del Caguán.

No vale la pena preocuparse de si eso que cuenta Coronell es cierto. Si lo fuera, ¿qué cambiaría? Claro que se pueden mantener contactos con los criminales para obtener su rendición, cosa que representaría un logro magnífico para cualquier gobierno. Lo fascinante es que el sicofanta afirme que lo que hace Santos es "mucho menos".

Lo cierto es que, sin ir más lejos, los "diálogos de paz" de La Habana ni siquiera mencionan las muchas decenas de miles de millones de dólares que han obtenido los terroristas con la extorsión, el secuestro, la minería ilegal y la cocaína. Se da por sentado que no van a ser un estorbo para llegar a un acuerdo. Haría falta que demostraran que el gobierno de Uribe les proponía lavar sus enormes fortunas.

Lo cierto es que en años de negociación todo lo que ha ocurrido es que los terroristas han recuperado terreno, han vuelto a las regiones de las que habían sido expulsados y han aumentado los asesinatos de militares y policías así como la extorsión. La "paz" es sólo el despeje generalizado que les permite producir y exportar, a través de Venezuela o gracias a los contactos con las mafias mexicanas, cientos de toneladas de cocaína.

Lo cierto es que el gobierno Santos forma un mismo frente con los "reales jefes en la sombra" que denunció hace poco Plinio Apuleyo Mendoza y colaboran en la persecución de militares y políticos que incomodan a los designios del terrorismo. Bueno, ¿no lo forma también Coronell? ¿No intoxica al público su noticiero alentando y legitimando a los asesinos?

Lo cierto es que el gobierno presenta la negociación como un proceso democratizador, cuando sólo es el acuerdo con unos asesinos por el que la voluntad de los ciudadanos resulta valer menos que el poder de intimidación de aquéllos.

El problema de Uribe no es que intentara negociar con los terroristas en su gobierno sino que no se ha opuesto a la infamia de La Habana, no porque le guste sino porque teme quedar en minoría o ayudarles a sus enemigos a presentarlo como "enemigo de la paz". Ya en el momento en que se hizo pública la componenda, debió responderle a Francisco Santos, que afirmaba que "Uribe habría firmado un acuerdo como ése", y después debió desautorizar esos diálogos, exigir el cumplimiento de la ley, llevar a los genocidas a la justicia global, denunciar los innumerables prevaricatos del fiscal y otros funcionarios y las falacias de la negociación. Nada de eso ha hecho. Tampoco lo hará.

Pero no pretendo ser el consejero de Uribe. Llevo varios años explicando que la defensa de la democracia, la ley, la justicia y la libertad supone oponerse a esa componenda y que Uribe no lo hace, a tal punto que el tema de la campaña del Centro Democrático era la revolución educativa. Los ciudadanos tienen que saber en qué lado están, porque a veces parece que la fiebre del odio subvencionado (hay que ver lo que gasta Santos en pagar la propaganda, como a Coronell) sólo tiene por objeto crear una "polarización" falsa entre un bando de Valencia Cossio y otro de César Gaviria, ya que el uribismo acompaña la negociación de La Habana (habría que demostrar que alguien le respondió a Luis Carlos Restrepo cuando propuso unirse a ella, o a Rafael Guarín, que hizo lo mismo).

El problema en fin es si se va a hacer frente a la tiranía terrorista, y la respuesta parece ser que eso quizá ocurra después de que se haya implantado totalmente, porque mientras avanza nadie se plantea aplicar las leyes y denunciar a los genocidas, todos pendientes de las supuestas mayorías que conseguirá el caudillo que no quiere contradecir a los medios "pacifistas". El uribismo es el enemigo que no se resiste y que les conviene, al que le pueden atribuir nexos con sectores rurales que podrían haber acompañado a las AUC. Gracias a esa fiebre del odio pasa inadvertida la gran cuestión del premio y la legitimación del crimen, tareas a las que contribuyen los entusiastas de la persecución al procurador, a Londoño y a Uribe y que los demás no detectan porque no hay quien les diga la verdad.

Acerca de lo que mueve a quienes apoyan a Coronell hay que repetir algo que he explicado muchas veces: las bandas terroristas sólo son las guardianas del orden social. El "intelectual" bogotano que lee Semana no tiene interés en la verdad sino en formar parte de la jerarquía de los que se pensionan jóvenes y tienen servicio doméstico gracias a que se ganan 15 o más salarios mínimos por ostentar su cultura o explicar sus opiniones. La verdad le importa tan poco como las víctimas de los asesinatos: ¿para qué complicarse la vida si siempre hay alguna rumba a la que lo pueden invitar?

Sólo es que Colombia sigue siendo la misma sociedad de castas que fue la Nueva Granada y las fuerzas que podrían llevar a una asimilación al mundo moderno no han surgido o están dispersas y confusas gracias al embrujo del caudillo. Puede que la dominación totalitaria dure medio siglo o más, a fin de cuentas los rumberos que leen Semana y El Espectador son el modelo de los demás (Zuluaga prometía llevar a la universidad a todos los jóvenes).

(Publicado en el blog País Bizarro el 8 de octubre de 2014.)

domingo, diciembre 07, 2014

Las marrullerías del Centro Democrático


El diccionario define "marrullería" como "astucia tramposa o de mala intención". Es la definición que corresponde a la actuación del Centro Democrático respecto a la negociación de La Habana. La apoyan pero hacen creer que la rechazan para mantener la lealtad de los votantes distraídos, a los que el contenido de las actuaciones de los políticas les resulta tan oscuro como cualquier disquisición teológica. No porque no pudieran entenderlo sino porque se lo ocultan con falacias.

Un ejemplo de que la apoyan, aparte de las decenas de ejemplos que he puesto en este blog, es esta frase de Uribe que forma parte de una constancia que dejó en el Senado el 22 de julio: "dada la evolución de las circunstancias del país, el Gobierno y las Farc deberían acelerar, firmar a la mayor brevedad su acuerdo de paz y someterlo a consideración de la opinión pública". Dos días antes, en el discurso del 20 de julio, expresó la misma idea de apoyo sobreentendido a la negociación.

Porque si el problema es que se retrase el acuerdo, queda claro que el hecho de que se esté negociando no merece repulsa, como si el que presencia un crimen exige que no le manchen de sangre los muebles. Más elocuente todavía es esta constancia del senador José Obdulio Gaviria sobre la respuesta de las FARC a la propuesta de Uribe resumida en la frase anterior:
Solicitamos que el Gobierno nacional tome nota de las belicosa respuesta de las Farc -de palabra y de obra-, a la proposición del senador Uribe. Pedimos que el presidente Santos instruya a los delegados gubernamentales en La Habana para que notifiquen a las Farc que esas afirmaciones son inaceptables y van en contravía de la búsqueda de un acuerdo para la desmovilización y reinserción de sus miembros. Y si ese no es el propósito de las Farc, pedimos al Gobierno nacional obrar como lo ordena la Constitución y la Ley
La mala fe es evidente en el  hecho de que se hace pensar a la gente que están desaprobando la negociación, cuando de hecho la reconocen y alientan: ¿alguien dudará de la buena fe de Mora, Naranjo y De la Calle? Sólo hace falta que Santos les diga que les reprochen a las FARC sus feos modales y así la paz seguirá y traerá consuelo al país.

Más indecente, patético, es esto que declara el representante Santiago Valencia:
Solicitamos al Gobierno y a la Cancillería, así como a las autoridades migratorias, que se le informe a la opinión pública nacional la situación migratoria de Tanja Nijmeijer, y en caso de que no se ajuste a la ley, sea excluida de manera inmediata de la mesa de negociaciones y el proceso de paz que se adelanta en Cuba.
Luego, se tolera que unos asesinos impongan leyes y dirijan sus crímenes desde el exterior y se reconoce la infamia de premiarlos, pero se crea un problema porque falta el papel sellado en el trámite de uno de sus representantes. Mientras no se entienda que la moral es estética, que esa ruindad es tan atroz como un crimen, no se sabrá nada de Colombia.

Para ser oposición al régimen terrorista hay que partir de que la negociación es un crimen, que no se pueden imponer mentiras sobre el origen de las bandas terroristas ni sobre la responsabilidad de los crímenes. Y ciertamente señalar que al ser una violación de la  ley y una actuación abiertamente cómplice con el genocidio, no se debe acatar por mucho que fuera refrendada por la población. ¿O no lo han sido todas las leyes que les ha dado la gana a los comunistas y los nazis imponer?

Millones de colombianos se oponen a esa infamia y no tienen voz  porque los engañan los políticos del Centro Democrático y porque no disponen de información suficiente para darse cuenta de lo que ocurre. Las continuas denuncias de Uribe en su cuenta de Twitter y el lloriqueo generalizado por la situación hacen pensar que el uribismo rechaza la negociación, pero en la realidad sólo buscan ocupar un puesto en la mesa, como he explicado muchas veces.

Un ejemplo de que se hace creer tal cosa es esta noticia aparecida en el diario español ABC:
La mitad de los electores votó por lo que proponía su rival, el candidato uribista Óscar Iván Zuluaga, quien prometió romper con el proceso de paz en Cuba.
Se podrá decir que la redactora se confundió y publicó algo falso, pero lo que la indujo a error fueron las opiniones de muchas personas a las que leía en las redes sociales y que mostraban apoyo por Uribe. Tanto él como Zuluaga como todos los dirigentes del Centro Democrático han mostrado apoyo a la negociación (exactamente Uribe se oponía a que se propusiera romperlos) y sólo le han puesto objeciones en los momentos en que eso les prometía algún rédito electoral.

Hay que hacer frente a la realidad: la negociación podrá servir para elegir a un sucesor conveniente de Santos, pero en algún momento la firman y la refrendan. En ese momento empezará el esfuerzo para restaurar la democracia, que deberá partir de deshacer lo que impusieron los criminales en 1991. Para esa tarea el uribismo es un obstáculo. Como ya expliqué en otro post, las tareas que tienen por delante los demócratas deben ir más allá de la búsqueda de votos para asegurar rentas a los profesionales de la política. Alguien debería pensar en denunciar formalmente al fiscal por sus innumerables delitos, y en llevar a la CPI un proceso contra el Partido Comunista y sus aliados por genocidio. También dejarle claro a todo el mundo que se trata de un concierto para delinquir, lavar activos y legitimar a una organización criminal. Eso, como ya lo he explicado cientos de veces, NUNCA lo hará el uribismo (dedicado a proteger al asesino Sigifredo López, cuya culpabilidad está demostrada por pruebas forenses irrefutables).

Pero siendo sincero harán falta unas cuantas décadas de régimen fariano, al que los uribistas se acomodarán si va con el correspondiente papel sellado, para que alguien conciba hacer algo.

(Publicado en el blog País Bizarro el 24 de septiembre de 2014.)

lunes, diciembre 01, 2014

Revolución y nombres

Se me ocurrió promover en Twitter el lema #PónganleUnNombreDePersona y el asunto no interesó a nadie. Es un indicador de la actitud de los colombianos ante ese fenómeno curioso de los nombres absurdos. Se podría decir que cuanto más absurdos son los nombres que la gente humilde les pone a sus hijos mejor se cotiza el que fue bendecido por unos padres muy informados que le pusieron Tadeo o Tobías: en el infierno de servilismo y enanismo moral que es Colombia, ese privilegio sacia muchas vanidades.

El caso es que los colombianos más amados por sus compatriotas se llaman Radamel Falcao, Nairo y James. Los dos primeros son meras adiciones de sílabas con alguna sonoridad que recuerda un nombre, el tercero es la versión inglesa de las traducciones del hebreo Jacob (o Yákob) que en español dan Jaime, Diego, Santiago, Yago y Jacobo. Al alejarse de la pronunciación inglesa, simplemente es otra suma de sílabas, que se escribe igual que "yeims".

En los demás países la gente oye esos nombres con una mezcla de lástima y risa. Mientras que prácticamente todos los colombianos valoran más que nada los éxitos de sus héroes, no parece haber ninguno que se quiera dar cuenta de que cuanto más suenen esos nombres más lamentables y dignos de pesar resultan todos los colombianos.

¿Quién ha dicho que los nombres pueden ser simples sumas de sílabas? No sólo los nombres propios sino todas las palabras tienen un origen y se usan por convención. Si alguien en cualquier parte empieza a llamar a una cosa o a una acción con un término caprichoso todo el mundo lo mira como si se hubiera vuelto loco o como si usara un término de otra lengua. Sólo en el terreno de las marcas comerciales es posible buscar términos vacíos pero eufónicos para nombrar algo, pero ése no es el lenguaje común.

Lo que merece atención es que eso no ocurre ni ha ocurrido fuera de Iberoamérica. Según el predominio de un grupo cultural o de una religión se usan los nombres que corresponden, pero esos nombres no son ocurrencias sino que en su origen significaron algo y después iban ligados a la fama de quienes los usaban. 

¿Qué significa pues ese salto en la tradición que lleva a disociar el nombre de los nuevos iberoamericanos de las tradiciones? ¿Qué significa espiritualmente esa disposición de la gente a inventarse nombres a partir de sumas de sílabas? Es algo en lo que a nadie le interesa pensar: los colombianos que ponen esos nombres a sus hijos no son muy propensos a dar explicaciones y los demás están felices de mirar con condescendencia a gente que no ha tenido la suerte de disfrutar de una buena educación.

En el plano más superficial se podría encontrar que esa disposición corresponde al anhelo de estar a la moda, de borrar el rastro de las generaciones anteriores, a las que se menosprecia por su rusticidad y pobreza, de parecer estadounidenses o de ser "originales", pero ¿cómo es que eso no ocurre ni ha ocurrido en el resto del mundo?

Cuando los niños no reciben nombres de personas sino adiciones de sílabas no sólo crecen desarraigados de sus antepasados miserables sino también de la humanización, que es en esencia un proceso inverso a esa rebelión: es el continuo perfeccionamiento de las formas de vida a partir de la asimilación de las costumbres y estilos de una minoría adelantada. ¿O habrá quien crea que todo el mundo empezó a hablar o a escribir al mismo tiempo?

Y ese fenómeno es contemporáneo a la fiebre revolucionaria que comenzó con el triunfo de Fidel Castro en Cuba en 1959: no existe una interpretación reconocida del origen de esa rebelión. En mi opinión, como ya lo expliqué en un post reciente, se trata de la resistencia del orden jerárquico de castas tradicional a la asimilación al modelo estadounidense: para atraer a la tropa se la imbuye de una ideología según la cual las dificultades o la miseria son resultado de una conjura de los ricos y poderosos. En buena medida el discurso ya había sido usado por los sacerdotes católicos, que a fin de cuenta son la reserva espiritual del viejo orden.

La proliferación de la delincuencia y el tráfico de drogas en Hispanoamérica es un fruto típico de esa ideología, cuyo exponente más característico es Antonio Caballero (la industria misma de la cocaína tiene también su centro en el régimen cubano). Si una persona padece carencias, eso es culpa de las demás y se justifica que las robe. ¿No fallaron antes los inventores del automóvil en proveerle a uno el que merecería tener? ¿Por qué va uno a responderle amablemente a un mundo que prefiere a otros?

Ese sentimiento de agravio es casi la principal seña de identidad del iberoamericano y algo que me ha llamado la atención hace mucho tiempo: ¿cómo es que no están descontentos de sí mismos? No cabe duda de que detrás está la omnipresente superstición creacionista, que de por sí impide entender el proceso de humanización: nadie parece darse cuenta de que los iberoamericanos no han inventado nada ni aportan nada a la comunidad humana, como no sean crímenes y atrocidades morales y estéticas.

Bueno: del agravio surge la rebelión y ese estado de ánimo en el que nada se considera respetable, ni las propiedades ajenas ni las nalgas de las muchachas que pasan ni las normas de urbanidad. Tampoco los nombres de las personas: a cada uno le parece que su capricho debe ser ley y lo único que tolera es la violencia que lo puede afectar.

De ese modo, un régimen como el cubano imbuye en sus ciudadanos la sumisión absoluta (so pena de ir a dar a un campo de concentración), pero fuera de aquello que está reglamentado y afecta al interés de la casta dominante, reina un desorden tremendo por la falta de modelos y normas con los que la gente se identifique. Sin duda que la revolución multiplicó el alcoholismo (como ya ocurrió antes en Rusia), pero también los incestos y los abusos de todo tipo en ámbitos íntimos.

También en los nombres: puede que el uso de nombres "originales" fuera incluso estimulado como parte del "ateísmo" oficial, el caso es que desde los años sesenta millones de cubanos empezaron a tener nombres como Yohandry, Yusnaby, etc. Fue donde primero ocurrió eso que después se convirtió en norma en la región, más cuanto más esté cerca un país del molde colonial (Cuba se independizó en 1898) y por tanto lejos de la asimilación al mundo moderno (seguro que es más raro en México).

La tragedia que eso significa para los hispanoamericanos es incomunicable, más aún para los colombianos, que no entienden que quien contrata a un sicario es el asesino y que quienes llaman "paz" al reconocimiento de los crímenes sólo los legitiman y alientan. Dentro de cada país esa "moda" contribuye a mantener la jerarquía, en el plano íntimo, la persona que tiene un nombre absurdo vive avergonzada de sí misma, salvo que su nivel cultural sea tan bajo que no se dé cuenta, pero en todos los casos su existencia resulta menos humana, pues ese adjetivo no sirve para aludir a una especie sino al proceso de humanización.

(Publicado en el blog País Bizarro el 10 de septiembre de 2014.)