miércoles, julio 21, 2004

Las universidades y las guerrillas

Las universidades son supuestos centros de conocimiento que reúnen a grupos bastante considerables de personas fuertes: sanas, jóvenes, talentosas, bien situadas socialmente... Casi sin remedio las universidades generan ese sentimiento de superioridad y de autoridad sobre la sociedad. Eso en general y en todo el mundo.

Pero en Colombia eso se multiplica por la raíz esclavista de la sociedad. En última instancia, la persona que va a la universidad perpetúa una posición de dominio que tenía su familia. Al tratarse de una sociedad esclavista (la Colombia del siglo XVI al XIX), lo que determina el rango no es lo que se haga, sino la casta a la que se pertenezca. Por eso durante mucho tiempo en Colombia ha importado muy poco la calidad de los conocimientos de los "doctores". Mucho menos que el anillo de grado o el diploma. La universidad refleja esa mentalidad.

En el libro "Fabricantes de miseria", de Plinio A. Mendoza, Carlos A. Montaner y Álvaro Vargas Llosa se analiza la forma en que la universidad ha sido siempre en Latinoamérica una institución que se siente ajena a la sociedad en la que vive. En realidad, es heredera del clero de la sociedad estamental de la Colonia y en lugar de un conocimiento útil a la sociedad existe para garantizar los privilegios de la casta que la controla.

Hace un tiempo salió un artículo de Armando Montenegro en "El Espectador", en el que se considera el hecho de que las universidades colombianas tienen una productividad bajísima, sobre todo cuando se piensa en la investigación.

También en su último libro el pensador francés Jean-François Revel se plantea el problema de que las universidades de todo el mundo tienen un papel irrelevante cuando se trata de la investigación, pues ésta requiere una inversión costosísima. Así, hay universidades que investigan en EE UU, algunas pocas en el Reino Unido, en Alemania, en Japón y en China. Las demás forman a sus alumnos a medias, y ciertamente no significan nada en el terreno de la investigación y el conocimiento de vanguardia.

Lo que pasa con la universidad colombiana es que al no haber industria ni una actividad productiva que ocupe a los titulados, éstos se forman para ocupar cargos públicos. Por eso han abundado siempre los revolucionarios. Hay que meterse en la piel de una persona de ésas para entender que todo el tránsito de adolescente visionario a terrorista es bastante rápido. ¡Es tan fácil ver un mundo en el que todo opera según la visión de uno y todos los que no le gustan a uno pierden poder e importancia! ¡Es tan fácil para alguien de un país pobre, atrasado, humillado y desvertebrado sentirse con derecho a imponer cualquier ensueño! De todo eso a la violencia hay muy poco. Después ocurre que esa ideología se reproduce, pues a fin de cuentas los recursos estatales han aumentado y los que estaban ligados a la militancia han encontrado empleo en las empresas públicas y en las otras universidades, y finalmente la mejor apuesta de un muchacho que entra a la universidad no es el conocimiento sino la conspiración. PERO EN ESO SÓLO SE REPRODUCE LA VIDA TRADICIONAL.

De modo que no hay que imaginarse una guerrilla ajena a la universidad que la infiltra y pretende dominarla. Hay que entender la vida colombiana como el doloroso tránsito de la sociedad del Barroco a la modernidad, con la resistencia numantina que presentan las castas privilegiadas del mundo esclavista, la tentación de la riqueza petrolera, carbonífera, gasífera, cocalera, esmeraldera... La universidad está condenada a ser el refugio de esas castas parasitarias. No crean que es la Nacional. En la revista Semana publican artículos de personajes de universidades de ricos, como un tal Llanos de la Javeriana de Cali, y otro personaje del Externado, que son descaradamente proguerrilleros, con mucha menos elegancia que Alejo Vargas. Lo mismo ocurre con el Think Tank de la Universidad de los Andes, dirigido por un señor Camacho Guizado que antes era del IEPRI y que tampoco oculta mucho su sesgo proterrorista.

Entender que nuestra situación es ese tránsito que vivieron los europeos en el siglo XVIII y que se conoce como "revoluciones burguesas" implica ver el papel de las clases productivas, que hoy en día, tanto en sus vertientes conservadoras como en las progresistas, se identifican con el uribismo. Y por tanto ver que la universidad por su propia definición produce sociólogos, filósofos, antropólogos, psicólogos sociales, literatos, abogados, economistas, historiadores, etc., que por fuerza se sienten mal en una sociedad capitalista en la que su actividad no se vende mucho y tampoco sus discursos calan en el electorado, de modo que no pueden pensar en ocupar cargos públicos.

Es decir, son partidarios de regímenes de fuerza por su propia condición, no porque alguien los corrompa. No es que sean tontos como para no ver que un régimen castrista o chavista significa la miseria generalizada. ES QUE UN RÉGIMEN SEMEJANTE TAMBIÉN SIGNIFICA QUE EL PODER ESTARÁ EN MANOS DE ELLOS. Eso fue el comunismo en todo el mundo, y todavía en Europa hay poderosos intereses ligados a esos sectores sociales. Por eso el entusiasmo que despierta Lula y la simpatía por la guerrilla colombiana.

Ya he dicho que esa función de la universidad tiene sus raíces en el Clero de la Colonia. Bueno: la universidad colombiana nació para formar sacerdotes, teólogos, etc., y la verdad es que en Colombia la mayoría de la gente tiende a razonar con criterios así. ¡Parece tan natural andar decidiendo lo que deben hacer los demás con su dinero! Hace poco los poetas caleños armaron un gran escándalo porque una entidad privada le había dado un premio a Álvaro Mutis. ¿Quiénes son ellos para decidir cómo se gasta esa entidad su dinero? ES QUE LA IGLESIA SE SIENTE DUEÑA DE LA SOCIEDAD PORQUE SIEMPRE HA ASPIRADO A ESO Y EN ALGUNAS ÉPOCAS LO CONSIGUIÓ, Y LOS QUE VAN A LA UNIVERSIDAD HEREDAN ESA CONCIENCIA.

¿Quieren que las tierras y las fábricas sean del Estado, que no haya propiedad privada sobre los medios de producción, que el Estado se ocupe de alimentar a los ciudadanos...? Eso parece la novedad y hasta la aplicación de la justicia para la mayoría. Pero es que eso ya existía así en el Imperio romano. El catolicismo es un cristianismo que trata de mantener esa centralidad de Roma y el Papa aspira a ser el emperador perpetuo, y las sociedades formadas en esa ideología reproducen hasta el final esos valores y esas estructuras mentales. A fin de cuentas, en Colombia, como en la antigua Roma, lo que define el rango de los ciudadanos es que no trabajan. Para eso hay esclavos. 

Eso es lo que defienden los justicieros de las universidades, el ocio fecundo de los privilegiados: no se puede decir que los funcionarios públicos de cierto nivel "trabajen" mucho.

1 comentario:

  1. Anónimo2:23 a.m.

    No me parece que las universidades sean solo centros de adoctrinamiento de guerrilleros. Usted asume que las universidades publicas no cumplen una funcion positiva en la sociedad y ignora todos los logros que han tenido en el campo investigativo que no es mucho pero cual pais latinoamericano tiene mas investigadores que Colombia, si todos estamos igual de limitados en presupuesto?

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