miércoles, septiembre 23, 2020

La amenaza "iliberal"

Últimamente se ha puesto de moda en los medios esa palabra, iliberal, sospechosa como todos los neologismos y fea como pocas. Se supone que es algo parecido a "antiliberal" y en realidad se usa para describir a cualquiera que ofrezca resistencia a la conjura totalitaria global, cuya existencia niegan quienes usan el término. En últimas, el objetivo de tal definición es Trump y su partido, junto con Bolsonaro, Orban y otros líderes que cuestionan el consenso gracias al cual los socios de Cuba e Irán gobiernan tranquilamente en España, Argentina, México y otros países sin que esos "liberales" lo rechacen.

La plaga del arcoíris
Así tituló Mario Vargas Llosa un reciente artículo en el diario El País en el que se refiere a las elecciones en Polonia. Es un texto que merece muchos comentarios y da que pensar. Primero por su pésima factura, que en realidad corresponde a la vulgaridad de sus ideas. Una frase como "Es norteamericana, casada con un polaco democrático y liberal y vive en Polonia" habría lesionado gravemente la nota de una redacción en la secundaria.

Su cita de una periodista izquierdista a la que admira lleva a pensar que es su única información sobre las elecciones polacas. La autoridad del premio Nobel hace que una opinión poco fundamentada cuente más que la de gente que conoce el asunto. La calidad del juicio de Vargas Llosa sobre esa periodista se puede imaginar recordando su apoyo a la negociación de Santos con las FARC, influido por su amigo Héctor Abad Faciolince. 

Pero en fin el cuento con que empieza es con que Duda obtuvo un segundo mandato gracias a una campaña contra los homosexuales. Es algo que se debe evaluar con cuidado.

Admítase que en Polonia la mayoría de la gente mayor o rural o de mentalidad tradicional desaprueba las relaciones entre personas del mismo sexo por motivos religiosos, lo que Vargas Llosa está diciendo es que las personas que practican esas relaciones son objeto de una campaña de odio que llevó al triunfo de Duda, y eso es falso. Lo que mueve al votante no es la defensa de las costumbres, y antes de la caída del comunismo la vida sexual de la gente no era objeto de discusión en las campañas electorales.

Lo que define esa polémica no es la persecución a esas personas, que obviamente no está en el programa del presidente polaco, sino las políticas de identidad, que son sólo una forma de ingeniería social distópica a la que con razón se resisten los polacos, y en general todas las naciones que sufrieron el comunismo como imposición resultante de la Segunda Guerra Mundial en Europa.

El tabú de la sodomía y de otras formas de relación sexual entre personas del mismo sexo ha acompañado a la humanidad desde que hay registros, y el hecho de que sea algo especialmente condenado por la tradición central de Occidente, el cristianismo, debería ser objeto de atención. Es realmente discutible que haya un gen gay, pese al intenso condicionamiento genético de toda la conducta. El caso es que cualquier persona puede verse tentada a obtener placer de ese modo, es decir, a violar el tabú que impera en las culturas de Extremo Oriente, de la India, del islam, de toda África y hasta ahora también de Occidente (cierta clase de relaciones entre varones de distintas edades eran admitidas en la Grecia antigua, pero nadie debe pensar que la vida entonces era una fiesta de "locas"). La tolerancia con esas actitudes es ya algo unánimemente aceptado en Occidente, pero nadie está proponiendo ninguna clase de persecución: cada uno vive como quiere.

Esa ruptura de tabúes que se experimenta como una liberación se va ampliando. La promoción sistemática del aborto y la eutanasia expresa el anhelo de dejar atrás el tabú que prohíbe matar, y pronto se verán corrientes que hagan retroceder tabúes como el incesto y la pedofilia. También la antropofagia terminará siendo lícita. Depende de lo que digan los jóvenes, pues ocurre en todos los países con los partidos de la conjura totalitaria, que la mayoría de los votantes son los jóvenes, increíblemente dotados por la propaganda de una autoridad que no tienen los demás. Este cambio también es novedoso, antes se valoraba la sensatez y se elegía un senado, palabras que derivan del latín sen, anciano. A los jóvenes es más fácil manipularlos, como puede comprobar cualquiera que ha cumplido cuarenta años.  

Las políticas de identidad se presentan como una forma de lucha contra la intolerancia y de defensa de la libertad pero son una gran campaña de corrupción y división de la sociedad que emprende la conjura totalitaria. Un muchacho que cede a las ofertas de felación de otro hombre en otra época sería visto como un criminal, un degenerado, una persona débil de carácter, etc. Con  las políticas de identidad se convierte en un agraviado, víctima de los que sólo disfrutarían de eso con mujeres o no lo harían. Tras la caída del comunismo los grupos radicales de las universidades encontraron en el feminismo, el ambientalismo, el antirracismo y otras causas parecidas al pueblo elegido que enderezaría la historia, el trasunto del viejo proletariado. El colectivo LGBTI es una de esas opciones, particularmente útil para que esos grupos alcancen poder político porque la propaganda se hace con caricias, fiestas y maquillaje y la intimidación es más eficaz.

La conjura totalitaria tiene una base social amplia constituida por una especie de casta sacerdotal que se va generando en las sociedades posindustriales: maestros, jueces, periodistas, empleados de las diversas industrias de entretenimiento, funcionarios de diverso rango y personas improductivas cuya vida consiste en consumir drogas y buscar diversiones sexuales. Vista la rentabilidad de la causa LGBTI, se han dedicado grandes esfuerzos, de la poderosa red de medios de Soros, de las grandes empresas de internet, de los gobiernos "de izquierda" en todos los países (no sólo los gobiernos centrales sino muchos regionales y municipales, que son los directamente implicados en el adoctrinamiento escolar), de Netflix y las demás fábricas de fantasías y de las farándulas de cada lugar para hacer "normal" las relaciones entre personas del mismo sexo. Un niño de cuatro años en España ya está persuadido de que algún día tendrá novia o novio, da lo mismo. En realidad tener novia es ser antiguo y opresor, cuanto más opte el niño por la homosexualidad más aprobación tendrá de sus maestros.

No hace falta decir que el presupuesto público es el principal móvil de todas esas causas. Hacerse homosexual profesional y afiliarse a alguna secta taimadamente comunista es lo que se dice labrarse un futuro, con sueldos de ensueño y muchas opciones para prosperar. El editor que publica libros sobre familias de dos madres tiene seguras las ventas porque los maestros exigirán esos libros a los niños, con ese mercado seguro, los escritores de libros para esos segmentos de edad inventan historias de ese tipo, sin hablar de que las ofertas de trabajo en la televisión y las demás industrias culturales abundan. En países como España los diversos frentes estatales de mejora de la conducta pública, es decir, de persecución del machismo o de la homofobia, son una formidable fuente de empleos que pagan los machistas y homófobos que necesitan que sus hijos experimenten la necesaria corrección.

Particularmente espantoso es el caso de las personas "trans". Hace ya muchas décadas se sabe de hombres jóvenes que se operan o toman hormonas para tener pechos parecidos a los de las mujeres y en general un aspecto parecido al de una prostituta. Casi siempre eso tenía que ver con las expectativas profesionales que tenían. Puede que tener relaciones sexuales sea más rentable y cómodo que otros trabajos que se les ofrecen a las personas de esos estratos sociales. Creer que se pertenecía a otro sexo era hasta hace poco un trastorno psiquiátrico, además muy raro. Yo nunca oí hablar de personas que se creyeran de otro sexo. Esas personas son inventadas por la conjura totalitaria y existen en las leyes antes que en la realidad. Sirven para crear una dictadura de la opinión con el "delito de odio", de lo cual es buen ejemplo de un autobús español que llevaba estampada en su cubierta la leyenda "Los niños tienen pene, las niñas tienen vulva", cuyos autores fueron encausados por un juez por delito de odio contra las personas "trans". Como ocurre con todas las campañas totalitarias, los niños son víctimas predilectas.

La conjura totalitaria es el viejo comunismo con nuevas consignas: no será el paraíso de los de abajo sino el recreo perpetuo. La variada oferta de libertinaje sexual se refuerza con el consumo de psicotrópicos. Las personas débiles, desgraciadas o desorientadas encuentran en las drogas una euforia incentivada que las hace sentirse en una fiesta perpetua y descuidan sus actividades laborales, se van convirtiendo sin  darse cuenta en una especie de mendigos, sólo que su condición no les resulta visible porque los han convencido de que la vivienda o la salud son "derechos" que sólo tienen que reclamar y que tienen que pagarles los que trabajan.

Pero a su vez el comunismo sólo fue una epifanía, una avatara (en la India, encarnación del dios Visnú), de algo más antiguo y aún no derrotado: el Estado moderno, una maquinaria tan poderosa que la casta que lo controle se hace dueña de la sociedad, como de hecho ya ocurrió en la antigua Roma. La corrupción de las costumbres promovida por esa casta es un aspecto que merece la mayor atención, pero en general ese tema es extenso y ya lo he comentado en entradas anteriores (1-2)

De eso trata el "odio al gay" que encuentra Vargas Llosa en las elecciones polacas, de la resistencia de una sociedad a esa imposición brutal. Según él, además del "odio" al gay hubo en las elecciones polacas otras dos "taras sanguinarias", el nacionalismo y el antisemitismo. Respecto al nacionalismo, no parece una manía de odio al extranjero ni de afán belicista, pero es obvio que la resistencia ante una imposición como la de la distopía moderna tenga que recurrir a la comunidad y a la identidad originarias. No habría tradición sin nación. Fiel a su rigor, resulta que para Vargas Llosa cualquier patriotismo es igual al nazismo.

La acusación de antisemitismo también da que pensar. El final del artículo de Vargas Llosa termina ocupándose de los periódicos de capital extranjero. Puede que el antisemitismo sea sólo la resistencia a la red de Soros. Es el dominio de ese consorcio lo que Vargas Llosa entiende por "democracia civilizada" y "genuina democracia". Las otras son "fanáticas e iliberales", como Hungría a la que, dice, "es muy difícil seguir llamando democrática". ¿Se podría comparar con España, donde el gobierno fue elegido con los votos de los herederos de una banda de asesinos, partidos de golpistas condenados y sicarios iraníes y venezolanos?  Claro, depende de lo que le parezca a Soros. Aparte de los insultos contra el presidente húngaro y su partido, no hay nada que permita cuestionar la legitimidad de su sistema político.

La democracia "iliberal"
De las elecciones polacas y el "iliberalismo" se ocupa también Guy Sorman, un periodista francés del que habría que esperar más circunspección y rigor que de Vargas Llosa. Lo que se encuentra es una sarta de mentiras más grotesca, empezando por la acusación de antisemitismo contra el reelegido presidente polaco y contra el húngaro Victor Orban. En ambos casos son falsedades, mucho más descaradas en el caso de Orban, cuya amistad con los judíos y con Israel es bien conocida. De nuevo el antisemitismo que ven estos personajes es la hostilidad hacia Soros y su red.

Sí que pronunció Orban en 2014 un discurso contra el liberalismo, entendido éste como el orden en el que las naciones se disuelven y el poder real termina en manos de las grandes corporaciones. El efecto de sus políticas, además de la hostilidad de los amigos de Soros y del "consenso socialdemócrata" no va más allá de las calumnias tipo "extrema derecha", "antisemita", etc. Los críticos húngaros o polacos del gobierno cuentan con garantías casi impensables en España, donde el gobierno es una obscena caterva de delincuentes dirigidos por un impostor grotesco.

Ni Vargas Llosa ni Sorman ven el problema de la dominación implícito en la campaña de la nueva izquierda y su casta sacerdotal. Como dijo Borges en alguna ocasión de algún contradictor, hay que dudar de su honestidad para creer en su inteligencia. La batalla que conciben contra oscurantistas e intolerantes parece del siglo XIX y la realidad de la invasión vertical de los bárbaros, o si se quiere de los "libres de tabús" les resulta invisible.

Lo que se votaba en Polonia, y en noviembre en Estados Unidos, es la persistencia de la sociedad libre. La hegemonía de los comunistas y sus herederos sólo asegura para muchos países un futuro como el venezolano, a veces tras cruentas guerras civiles. A punta de placeres, los totalitarios están conquistando a la gente más blanda para implantar esos regímenes.

(Publicado en el blog País Bizarro el 3 de agosto de 2020.)

lunes, septiembre 07, 2020

Evocación del macartismo

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial el comunismo se erigió como una amenaza global poderosísima: primero Stalin se apropió de media Europa y extendió el telón de acero, poco después cayó China y el año siguiente intentaron apropiarse de toda la península de Corea, mientras avanzaba su expansión por Indochina y muchas otras regiones. El propio "bogotazo" y la violencia de esos años forma parte de esa expansión. Como reacción, se produjo en Estados Unidos una movilización popular para expulsar a los comunistas (que ya le habían dado la clave de la bomba nuclear a la URSS) de los cargos públicos y de los medios de comunicación, y defender los valores de la nación, reacción más que razonable y necesaria. ¿No es lo que falta ahora, una respuesta masiva y coherente en defensa de los valores de la libertad, la democracia, la justicia, el bien común, los derechos humanos, la verdad, la racionalidad económica y el acuerdo entre las naciones?


"Sacas", "checas" y otros términos desconocidos
¿Qué ocurrió en España en los años treinta? Un lector colombiano difícilmente podrá responder con mucha información objetiva. Todo lo que le llega es la propaganda comunista. Se supone que cayó la monarquía (sobre la cual los colombianos no tienen ni remota idea y creen, por ejemplo, que algún país sudamericano ha sido alguna vez menos absolutista que la Inglaterra victoriana) y se instauró la república y que cuando ganó la izquierda el fascismo emprendió una guerra civil que finalmente ganó. Al lado del pueblo estaban todos los intelectuales y fueron a combatir al fascismo muchos artistas de otros países, héroes que crearon las Brigadas Internacionales, que hicieron frente al fascismo. 

¿Alguien ha oído otra historia? 

TODO LO ANTERIOR ES FALSO. La instauración de la república fue un golpe de Estado ilegítimo pues sólo triunfaron los republicanos en unas elecciones municipales y nunca se consultó a los ciudadanos si querían acabar con la monarquía, el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936 fue el resultado de un fraude, ese gobierno de socialistas marxistas y sicarios de Stalin empezó a implantar una tiranía de tipo soviético, tal como hicieron después Allende y Chávez, y el detonante de la guerra fue el asesinato por sicarios del Partido Socialista del líder de la oposición, José Calvo Sotelo. 

Los generales que se alzaron con Franco eran simplemente personas conservadoras, monárquicas, católicas, etc., que ya veían la persecución totalitaria y que no tenían ninguna relación con el fascismo. La Falange era un grupúsculo de intelectuales sin influencia, y ciertamente el conjunto de los artistas no estuvo con los comunistas, ni muchísimo menos. Las Brigadas Internacionales eran grupos comunistas que intentaban colaborar con la revolución, como se ha visto en toda Hispanoamérica, y sobre todo, en las áreas que cayeron en manos de los comunistas y socialistas, tuvo lugar una orgía de crímenes monstruosos que jamás cometió el franquismo, ni durante la guerra ni después: asesinatos de miles de personas que no tenían ninguna relación con el alzamiento, a las que se sacaba (de ahí las "sacas") de sus casas al amanecer, "cárceles del pueblo" ("checas") en las que se cometían torturas y muchos otros crímenes... 

No era la democracia luchando contra el fascismo sino la nación haciendo frente a la tiranía comunista, algo parecido a la historia de Colombia en las últimas décadas.

Hijos de la propaganda
Esa idea de la lucha del pueblo contra el fascismo o de la república contra la tiranía es común en Hispanoamérica, donde la historia se desconoce por completo, pero también era la doctrina de Hollywood: recuerdo haber visto una versión del libro ¿Por quién doblan las campanas?, de Ernest Hemingway, que fue una de las películas más vistas ese año (1943) y tuvo 9 nominaciones al Óscar. Resulta muy gracioso encontrar a la rubia Ingrid Bergman como campesina española, pero era lo que convenía para crear adhesión de los jóvenes a los "idealistas" de la Brigada Lincoln, a la que pertenecía el personaje encarnado por Gary Cooper, y que en realidad era un frente del Partido Comunista estadounidense. 

Es verdad que eran los años de la Segunda Guerra Mundial y de la alianza con los soviéticos, la época en que era frecuente escuchar en la radio estadounidense la "Sinfonía de Leningrado" (la Séptima sinfonía de Shostakóvich), pero no se puede negar que la influencia de los comunistas ya entonces era una amenaza. 

El caso de la república española es más fácil de detectar para mí, pero sin duda habría muchos otros que demostrarían el uso del cine, la radio y la prensa como medios de propaganda por los comunistas. 

No hay que investigar demasiado, lo vemos hoy todos los días en las series de televisión y películas estadounidenses, casi todas obsesionadas con la más obstinada y a menudo delirante propaganda feminista, ambientalista, vegana, abortista y transexualista en una tarea de desmoralización que, mucho me temo, podría tener patrocinadores chinos (no es explicable que asuman tantas pérdidas en producciones propagandísticas como Los cazafantasmas femenino y muchas otras). ¿Qué interés puede tener para Netflix imponer una ideología problemática y contrariar a una parte del público? En el caso de Soros es evidente la conexión con los gobiernos comunistas de Sudamérica, es decir, con el narcotráfico y el régimen cubano, es decir, con Irán. 

Seguro que entre los que mandan en las grandes empresas de entretenimiento y de redes sociales hay acuerdos incentivados por grandes poderes, y sólo los chinos cuentan con recursos para eso.

La "caza de brujas"
En Colombia, donde el teatro es tradicionalmente un medio eficacísimo de propaganda y reclutamiento de los comunistas (un amigo iraquí me contó que en Irak era exactamente lo mismo: la universidad, el teatro y el dinero soviético pagando la carrera de artistas militantes), hubo montajes muy trabajados de la pieza de Arthur Miller Las brujas de Salem, que trataba de hacer un paralelo entre la Inquisición del siglo XVII y la persecución que dirigía el senador Joseph McCarthy contra los comunistas. 

¿No es maravilloso? Los mismos que aplaudían "el paredón" (a lo mejor ya nadie recuerda el entusiasmo que despertaban los fusilamientos arbitrarios del castrismo en los primeros sesenta) resultaban los defensores de la libertad de expresión, con una naturalidad que se encuentra por todas partes, los mismos asesinos de las FARC, cuyos jefes delatados tuvieron que huir para no terminar respondiendo ante el juez de Nueva York, acusan de narcotraficante a cualquiera que se les oponga. El hecho de que los colombianos se hayan acostumbrado a ese cinismo deja ver una lesión moral gravísima.
Toda la estigmatización que se hizo de McCarthy y sus ideas es obra de los comunistas y sus socios, que ya han convertido en un crimen contra la libertad el hecho de hacerles frente. En la conciencia de un colombiano, el país en el que no se puede pensar libremente es Estados Unidos y el de la libertad es Cuba. El dinero soviético y después el de la cocaína han pagado la propaganda que crea ese tipo humano.

McCarthy y sus actosDe origen modesto y provinciano, Joseph McCarthy llegó a liderar como senador el combate contra el comunismo en el seno de la sociedad estadounidense. ¿Hubo excesos en sus denuncias, interrogatorios y señalamientos? Seguramente, pero según la Wikipedia:
Gracias a documentos desclasificados de archivos soviéticos y descifrados del proyecto Venona de mensajes soviéticos codificados, se descubrió que la Unión Soviética había participado en actividades de espionaje sustanciales en los Estados Unidos durante la década de 1940. La Unión Soviética financiaba copiosamente al Partido Comunista de los Estados Unidos cuyas directrices políticas controlaba, y había acusaciones de que a menudo se reclutaba como espías a los miembros de dicho partido.
Lo cierto es que aparte de los despidos, interrogatorios y arrestos en casos en que hubiera pruebas de implicación en actividades antiestadounidenses, las consecuencias para los acusados no fueron mayores, como para compararlas con las que sufrían las víctimas del comunismo en todo el mundo en esos mismos años, con torturas, ejecuciones extrajudiciales y confinamiento en campos de concentración para millones de personas. Todo lo que han hecho las bandas narcoterroristas en Colombia esmera rutina en el prontuario comunista.

¿Alguien tiene algún recuerdo de esos hechos? Ahora mismo, en el último año, los comunistas han matado a miles de personas en Venezuela sin que esas víctimas aparezcan en los medios, casi ni siquiera en las redes sociales. La demonización de McCarthy es lo mismo que la benevolencia con el comunismo, como si hacer frente a sus propagandistas fuera amenazar la libertad de opinión que precisamente ellos tratan de abolir.

El cinismo del hampa
La noción que cada persona tiene del mundo depende de su medio, cualquiera que acude a una universidad colombiana es comunista, cosa que cada vez es más frecuente en otros países. Pero incluso quienes se consideran ajenos al comunismo no son conscientes de lo monstruoso de su percepción del mundo, como si alguien de una comunidad de antropófagos afirmara detestar la carne humana.

El comunismo es el mayor crimen de la historia, lo es estadísticamente, porque en términos morales podría llegarse a una discusión infinita y ociosa. Ni siquiera el nazismo alcanza las cifras de asesinatos, torturas y demás atrocidades de los comunistas.

Si se juzga objetivamente, sin la falsificación que introducen las nociones de izquierda y derecha, el nazismo no es algo opuesto al comunismo, sino una de sus variantes. Originalmente el NSDAP era también una banda de resentidos para los que era fácil identificar a los judíos con la burguesía (dada la condición urbana y a menudo de empresarios y banqueros de muchos miembros de la minoría judía de Alemania). El desorden de la posguerra fue arrastrando a esa clase de grupos a la demagogia supremacista, igual que en Italia, y a hacerlos atractivos para quienes soñaban con la revancha y para clases medias empobrecidas que veían en la expansión al este una esperanza de prosperidad.

Pero en fin la cuestión que nos plantea el macartismo es la de la necesidad de combatir la ideología comunista como "un crimen colectivo", para usar la definición de Octavio Paz. McCarthy no es el demonio del fanatismo y la intolerancia sino un precursor en una batalla ideológica que por desgracia sigue vigente.

Me llamó la atención descubrir en el blog del exministro Alejandro Gaviria una referencia a un libro sobre el macartismo en el que esa obscena presentación de los genocidas como víctimas de la persecución de unos locos aparece con todo el desparpajo del país del crimen. Me parece que leer esa perla ilustra mucho sobre el personaje y muy poco sobre McCarthy. Es el mismo rector que considera un logro la multiplicación de los cultivos de coca durante el gobierno del que formaba parte, pues a fin de cuentas el enfoque prohibicionista le parece un error y algo que por suerte se superó, alguien para quien la tarea legislativa de los violadores de niños es una conquista de la civilización y que se jacta de su buen trato con alias Pablo Catatumbo, cuya admirable labor legislativo no le impide llegar borracho al Congreso.
Los comentarios de los lectores a esa entrada de Gaviria son de una elocuencia maravillosa: cualquiera que los lea quedará convencido de que Colombia puede darles lecciones de democracia y libertad a los Estados Unidos, y que incomodar a los comunistas es un crimen, un obstáculo a su noble labor. El servilismo típico del país alcanza en el ámbito universitario ribetes cómicos, y la solicitud de los jóvenes ante este rector es como un halo que lo rodea y le permite una actitud majestuosa y como de respetabilidad sobreentendida.

Es posible que el hombre sea candidato para 2022 porque podría resultar aceptable tanto para los afines a Petro como para los que siguen a Fajardo. Nadie debe pasar por alto que en definitiva obra como representante de la mafia cubana. El barniz académico puede hacerlo simpático a las facciones estadounidenses y europeas de la conjura totalitaria, que no sólo obtienen beneficios económicos del narcotráfico gracias a los amigos de Maduro y los cubanos, sino que también colaboran efectuando una especie de "proselitismo químico", pues cuantas más drogas consuma alguien más probable es que se haga votante suyo.

Quienes evalúan los regímenes totalitarios del siglo XX tienden a considerar a la cúpula nazi como una vulgar organización criminal y la ideología como una máscara legitimadora. Eso mismo se puede decir del comunismo y de sus aliados. Juan Manuel Santos no es una persona engañada por nociones ideológicas sino un oligarca desaprensivo cuya alianza con los traficantes de cocaína le deparó poder y reconocimientos. Este ministro suyo es un personaje del mismo jaez.

McCarthy seguirá siendo macartizado, pero al fin la denuncia del comunismo y de sus herederos disolventes e identitarios es la tarea de nuestra época.

(Publicado en el blog País Bizarro el 17 de julio de 2020.)

sábado, agosto 15, 2020

El embajador activista

Un breve vistazo a la cuenta de Twitter del embajador de Alemania en Colombia deja ver que el hombre se toma muy en serio el activismo a favor de las organizaciones comunistas y sus redes de propaganda y control social. Más allá de lo grave que es eso, a fin de cuentas ya una tradición con ese país, hay algo espantoso en el conformismo de los colombianos. No importa que el gobierno sea siempre complaciente con activistas así, ni siquiera que lo sea el partido que se supone opuesto a los terroristas. Es que tampoco hay nadie que se interese por el asunto, abundan los odiadores de Duque y Uribe y muchos más los adoradores del pequeño Gran Colombiano, pero respecto a esa injerencia criminal el silencio es total.

Imagínense que un diplomático colombiano mostrara su apoyo a los terroristas de la Fracción del Ejército Rojo, también conocida como "Banda Baader Meinhof", activa en los años setenta y en realidad benigna si se compara con las bandas terroristas colombianas: no violaron a nadie, no destruyeron pueblos, no castraron personas delante de sus vecinos, no usaron personas bomba... ¿Qué diría el gobierno alemán si eso hubiera ocurrido? ¿Qué dirían los ciudadanos alemanes? El trato que dio el gobierno de la República Federal Alemana a los miembros de esa banda habría dado para un proceso por violación de los derechos humanos, pero nadie estaba para cuestionar a un país tan poderoso.

 ¿A cuenta de qué se dedica el embajador alemán a divulgar la propaganda de las organizaciones de fachada de los terroristas y a opinar abiertamente sobre la política colombiana tomando partido por esas organizaciones? Habría que recordar que durante décadas la empresa Mannesmann financió abiertamente al ELN y que el gobierno alemán envió a un par de espías (pronto nadie se acordará de esas ratas, los Mauss) para ayudar a cuadrar las cuentas de la banda. Incluso el arzobispo de Maguncia organizó una conferencia para reunir a los apoyos de esos asesinos y así alentar su actividad y aprovechar la debilidad del gobierno de Pastrana para sacar partido de los secuestros y masacres, pero la banda fue debilitada y se creyó que su desmovilización tendría lugar en poco tiempo.

En la cuenta de Twitter del citado embajador uno encuentra toda clase de muestras de apoyo a la cantante vallenata de ojos saltones que promovía los desmanes del paro del ELN, las denuncias por la muerte de los "líderes" (que sólo son los terroristas semiactivos en algunas regiones y que con toda certeza caen por rencillas con sus compañeros por el botín de la cocaína o del secuestro), de apoyo a cuanta iniciativa emprendan las redes urbanas de las bandas terroristas... En fin: la cuenta de un profesor universitario del Partido Comunista. Sólo que es el representante de otro país.

Muy llamativo es el hecho de que intente "orientar" al ELN para que descanse un tiempo y mate después.
¿Quién podría dudar de que el mundo puede esperar buenos ejemplos de esos asesinos?

La tradición de servilismo de los gobiernos colombianos ante la intromisión de los europeos a favor de los terroristas daría para una investigación periodística de largo aliento. Baste recordar a los países que acompañaban la negociación con las FARC cuando el Caguán, o la liberación del asesino alias Rodrigo Granda por Uribe, en clara violación de la ley, para complacer a Sarkozy, que esperaba obtener réditos de imagen en su país complaciendo la increíble propaganda de los secuestradores, que culpaban a quien no premiaba el secuestro y recibían el apoyo masivo de los franceses.

Esa intromisión es en fin un misterio, algo inexplicable en términos lógicos, pero no porque no se entienda que los gobiernos europeos promuevan terroristas en Sudamérica, porque también fabricaban armas nucleares para Sadam Husein en los setenta, ni porque los gobiernos colombianos  se muestren complacientes, pues a fin de cuentas una de las fuentes de financiación de los políticos son las ayudas de esos países y con tal de poderse robar una parte aceptan cualquier ultraje para el país. De hecho, cientos de miembros de bandas terroristas han sido funcionarios diplomáticos y han organizado las redes del crimen organizado en Europa, como el propio Petro, o como la siniestra María Jimena Duzán, que fue cónsul en Barcelona.

Lo misterioso es la disposición de los ciudadanos colombianos  El secuestrador es menos monstruoso que el colombiano de a pie que no ve ningún problema en que los representantes de potencias extranjeras animen a quienes lo matan y secuestran. Casi no hay ningún caso en que no se vea lo atroz que es el complejo de inferioridad que genera el racismo. Uno mismo lo señala como por diversión, sabiendo que nadie se va a incomodar, tal como nadie se inquieta por los recientes asesinatos de soldados en la Macarena. 

La desfachatez de ese personaje y su abierta incitación al crimen, que de ninguna manera toleraría en su país, hace pensar que el nazismo dejo una lesión moral profunda entre los alemanes. No es difícil imaginarse lo que sentirían los oficiales de las SS o personajes como Heydrich cuando ordenaban cometer atrocidades.

(Publicado en el blog País Bizarro el 18 de junio de 2020.)

lunes, julio 27, 2020

La guerra cósmica: de la banda de los cuatro a los antivacunas


El desconcierto general ante la crisis causada por la COVID-19 ha dado lugar a una explosión de reacciones desmesuradas y muchas veces disparatadas por parte de gente que parecía sensata, como si el impulso para la discusión ideológica no se pudiera contener y tener que atender a la realidad fuera sólo un fastidio. Asusta la frecuencia creciente con que se describen las medidas de cuarentena como un ataque contra los derechos individuales y se propone simplemente acabar con todas las restricciones y todas las medidas de control porque, según dicen, cada uno verá si se contagia. No siempre son los mismos argumentos, pero creo que es innegable que hay mucha gente haciendo esa traducción de las medidas contra la pandemia al conflicto ideológico, bien que se vea como izquierda y derecha, bien como libertarios y socialistas, bien como patriotas y conjurados globalistas de Soros. Esa visión recuerda al profeta persa Mani (siglo III), cuyo dualismo sólo reproducía lo que ya creían siglos antes los adeptos del zoroastrismo; una guerra perpetua entre el bien y el mal de la que todo fenómeno es de alguna manera representación. Imposible no recordar ante esa paranoia a la "banda de los cuatro" que tomó el poder en China en los últimos años de vida de Mao Zedong y que previamente había lanzado una guerra ideológica contra Lin Biao y Confucio.

Ciencia y superstición
En un texto sobre Sócrates, Estanislao Zuleta explicaba el espíritu de la ciencia a partir de la idea de "no saber", si uno va donde un gran médico, éste suele no saber que tiene uno y le manda hacer un montón de análisis, pero si va al curandero de la plaza de mercado, éste siempre tiene el diagnóstico y el remedio. Por eso la tarea de Sócrates no era ser sabio sino anhelar saber, que es lo que significa filosofía. 

La ideología o prejuicio siempre tiene las respuestas antes de que se formulen las preguntas porque ve los fenómenos como meras representaciones de conflictos metafísicos, de modo que para muchos no hay que detenerse a pensar en lo que ocurre realmente con la pandemia, ya saben que los gobiernos van a aprovecharla para restringir libertades y cobrar impuestos, y que la paralización de la economía es más grave que la muerte de unos cuantos. Los penosos disparates que publicó Fernando Vallejo sobre la inmunización masiva yo los había leído antes en tuits de libertarios. Como los curanderos de Zuleta, con unas cuantas líneas que hayan leído sobre la pandemia ya resultan graduados de virólogos y epidemiólogos. Si el cierre de negocios los afecta, muchos se vuelven los más severos críticos del gobierno, por ejemplo del de Duque, al que no le reprochaban su adhesión a la paz de Santos y ni siquiera su disposición a premiar al ELN. En realidad, el gobierno sólo había estado en minoría cuando pretendió subir el IVA a los productos básicos porque esos libertarios se verían también afectados.

En otros, el resorte no es el interés personal directo sino la situación de la gente más débil, pero es curioso que cuando uno habla de las endemias colombianas, como la educación superior pública o la parafiscalidad, se nota que no les inquietan en absoluto, como si no fueran la causa de la miseria de la mayoría. Para estas almas sensitivas la situación de los "habitantes de la calle" o de los presos antes de la pandemia era tolerable.

La economía o la salud
Obviamente no merece el menor reproche el que se preocupe por la situación económica, pero el llanto y la protesta que presuponen que no se debe aplicar la cuarentena es por una parte el atrevimiento de sentar cátedra sobre lo que se desconoce y por otra la reacción más egoísta a los problemas. En el fondo lo mismo, no tratar de entender la realidad sino hacerle frente con armas de juguete. Otros ni siquiera tienen nada que decir sobre la economía sino que sufren síndrome oposicional respecto de los políticos del bando hostil, de modo que cuando un personaje como Claudia López propone mantener la cuarentena hasta que haya vacuna ellos proponen acabar ya con toda restricción y culpan de las dificultades a la conjura globalista y a veces incluso a la vanidad de la alcaldesa. El economista Juan Ramón Rallo aborda, creo yo que acertadamente, la cuestión. Recomiendo leer su artículo para no insistir en esa absurda discusión.

La biología no obedece a la ideología
Es obvio que todos los políticos de todos los partidos intentan aprovechar la pandemia en favor de sus intereses (sobre todo lo hacen cuando se quejan de que los demás lo están haciendo). De tal modo, conviene entender que a los totalitarios que mandan en países como España, México y Argentina, y en gran medida también en Colombia, les interesa el empobrecimiento y la destrucción de puestos de trabajo. Si esas sociedades valoraran el trabajo, ellos no obtendrían votos. Y nadie debe pensar que el sufrimiento de los venezolanos, por poner un caso, inquiete en absoluto a sus gobernantes, que viven rodeados de lujos y en fiestas. Ésa es la historia del comunismo, en tiempos de las más espantosas hambrunas los recursos de los Estados se dedicaban a promover revoluciones en otros países, como ocurrió con la Komintern. El comunismo en Colombia es el fruto de ese dinero sustraído a los hambrientos, no sólo a los rusos sino también a los chinos, que pagaron la creación del MOIR, tan influyente en el partido Centro Democrático. En España esperan (y lograrán) que una renta básica universal les asegure los votos de los millones de personas que se han quedado sin trabajo. La miseria resultante generará tensiones de las que saldrá vencedora la mayoría paniaguada.

Pero todo eso no quiere decir que fuera posible desistir de la cuarentena y así evitar la ruina y la destrucción de empleos. Esas bobadas sólo las dicen personas muy desinformadas en Colombia. La primera vez que se decretó el estado de alarma en España todos los partidos apoyaron las medidas de cuarentena, no había alternativa porque lo que se anunciaba era el colapso hospitalario. No hay ningún caso en el que un gobierno haya desistido de imponer medidas de restricción de la movilidad y no haya conseguido una multiplicación exponencial de los contagios y las muertes, y por tanto, también de la ruina y la destrucción de empleos. Boris Johnson pagó su comedimiento contagiándose él mismo. Y hoy el Reino Unido es el país con más muertes por COVID-19 en Europa. Lo mismo ocurre en Brasil y México, países que ahora encabezan el censo de muertes por la pandemia en Iberoamérica.

La tontería de las interpretaciones ideológicas impide plantearse respuestas reales tanto a la pandemia como a la amenaza no menos letal de expansión del poder del hampa dirigida desde La Habana. Cuando los críticos del gobierno "amigo de la paz" se dedican a clamar al cielo contra las medidas restrictivas, por una parte les dan la razón a los defensores de dicho gobierno y de la llamada izquierda, y por el otro gastan energías en algo que no conduce a nada. Si hubiera un partido que representara una verdadera alternativa, se esforzaría en proponer medidas que permitieran trabajar y a la vez proteger la salud de la gente. De eso se trata, de evaluar el riesgo de cada actividad, de cada persona, de cada espacio, de modo que esa elección absurda entre el sacrificio de unos cuantos y la continuidad de algunos negocios deje de tener sentido. Eso es posible en todas partes, si pueden abrir las tiendas de alimentación, ¿cuántos negocios no habrá en los que la exposición al contacto entre personas sea menor?

Las soluciones, tanto asistenciales como técnicas, dependen más de la eficiencia de los gobiernos y la disciplina de la gente que de la ideología. Baste pensar en China, donde, si bien es cierto que publican cifras engañosas y tapan muchos contagios y muertes, tendrían millones de muertos si no hubieran sido eficientes cerrando la provincia y la ciudad en que se detectó la infección. Si los gobernantes comunistas chinos fueran del nivel de los socialdemócratas y chavistas españoles no sólo habría una mortandad monstruosa por la pandemia sino además una hambruna generalizada, aunque ciertamente los chinos son más disciplinados que los españoles (ayer salí a pasear por Barcelona y se me ocurrió contar las personas que llevaban mascarilla, que eran la minoría a pesar de que es obligatoria).

La manía ideológica, como ya expliqué antes, hace recordar la campaña de algunos gánsters comunistas chinos contra sus rivales cuando el segundo del régimen, Lin Biao, cayó en desgracia: una querella palaciega se presenta como una guerra cósmica. Lin Biao no tenía nada que ver con Confucio, pero el adanismo de esos terroristas-propagandistas los alentaba a presentar al creador de la cultura china como un elemento caduco al que combatir para elevar de nivel la justificación de sus persecuciones. Y también recuerda a los enemigos de las vacunas, personas que reciben rumores por WhatsApp y creen que la biología molecular es algo que se entiende reduciéndolo a una cuestión de gustos personales. Encuentran público porque efectivamente la mayoría de los niños no vacunados no se contagian de las enfermedades infecciosas contra las que se aplican vacunas, pero eso ocurre precisamente gracias a que la inmensa mayoría de la población está protegida. En otra época la mortalidad por la viruela era enorme.

Lo que se haga para afrontar la pandemia y la crisis que vendrá debe ser objeto de una discusión seria, y mucho me temo que al final los criminales totalitarios sacarán provecho de ambas calamidades. Eso no se podrá impedir mientras la respuesta de quienes deberían combatirlos sean la sinofobia, las teorías de conspiración o los fanatismos ideológicos.

(Publicado en el blog País Bizarro el 23 de mayo de 2020.)

martes, julio 14, 2020

Sergio Fajardo y el milagro de las encuestas


Durante mucho tiempo me ha fascinado la carrera de Iván Duque: de ser un completo desconocido durante los gobiernos de Uribe, pasó a candidato al Senado en la lista única que encabezaba el expresidente en 2014 y de ahí a personaje intensamente promovido por los medios, como la revista Semana, elegido como mejor senador por una cámara dominada por los amigos de Santos (el ganador normalmente es Jorge Enrique Robledo) y elogiado por personajes como León Valencia, Rodrigo Uprimny y Vladdo. La manipulación de las encuestas previas a la primera vuelta de las elecciones de 2014 prueba que había un acuerdo de la mafia gobernante con Uribe y su partido para imponer a Duque como presidente y que la forma en que se consiguió fue impidiendo el paso a segunda vuelta de Sergio Fajardo.

Noté algo muy raro en las encuestas a la primera vuelta de las elecciones de 2018 y empecé a publicar en Twitter los resultados de dichas encuestas que aparecían en la Wikipedia, y pocos días después esas encuestas desaparecieron de la página. Es verdad que eso lo puede hacer cualquiera, pero ¿quién puede tener interés en tomarse ese trabajo? Afortunadamente se me ocurrió mirar la versión inglesa, donde todavía están.


La columna morada corresponde a la votación que se preveía por Petro, la azul, a la que podría alcanzar Duque según las encuestas y la que hay debajo del cuadro verde a la de Fajardo. Fíjense en que la única encuesta en la que el resultado que obtendría Fajardo se parece a lo que ocurrió el día de la elección es la de un instituto ajeno al medio colombiano. (El resultado final fue 39,14 para Duque, 25,06 para Petro y 23,73 para Fajardo.)  ¿Cuándo aciertan las encuestas en Colombia? Nunca, no porque la población sea imprevisible sino porque la mala fe reinante hace que las encuestas sólo sean propaganda. Para formarse una idea de la forma en que las encuestas se usan para influir en la elección conviene prestar atención a las que se publicaron antes del plebiscito de 2016:


No tiene sentido que todas se equivoquen tan gravemente, sencillamente, si era seguro el triunfo del sí, nadie iba a perder el tiempo votando no. Y del mismo modo, si era tan escasa la votación por Fajardo, muchos irían al "voto útil", contra Duque o contra Petro, por no hablar del aliento que tendrían los que dominan las maquinarias de compra de votos para invertir en un tipo como Petro que no pasaría a segunda vuelta.

Los votos que obtendría Fajardo en las encuestas de los medios colombianos en las últimas encuestas previas a la elección siempre anuncian más de diez puntos de diferencia respecto a lo que resultó finalmente, y en algún caso son un tercio del resultado. Como pasa siempre que se discute con colombianos, ningún argumento conmueve las certezas de nadie, pues, como decía Hannah Arendt de la época nazi, cuando es imposible negar las mentiras los que decían creerlas admiten que sabían que era mentira pero tienen algún pretexto.

De haberse aproximado las encuestas a los resultados finales, muchos votantes habrían tenido la duda de si apoyar a Petro o a Fajardo, o bien a Duque o a Fajardo, y sus posibilidades de pasar a segunda vuelta eran muy superiores. En lugar de los 15 puntos de algunas encuestas tuvo 1,33 puntos de desventaja respecto de Petro.

La cuestión es ¿qué habría pasado si Fajardo hubiera pasado a segunda vuelta contra Duque? Pues que muy probablemente habría ganado. Es más inteligente, más simpático y por entonces más conocido por la gente. De modo que favorecer a toda costa el paso a segunda vuelta de Petro era una jugada para asegurar la elección de Duque. Petro no podría ganar, si hubiera estado cerca de disputarle realmente la presidencia al inverosímil ungido de Uribe se habrían movilizado muchas fuerzas dormidas para impedirlo, mucha gente que votó por otros candidatos y después se abstuvo habría ido a votar. Pero Fajardo parecía una amenaza menor.

¿Es realmente distinto Fajardo a Petro? Yo creo que no. En la época del Caguán era o había sido alcalde de Medellín y publicó un artículo lamentando el fin del despeje, después se encontró a uno de sus funcionarios en un campamento terrorista y finalmente fue gobernador de Antioquia por el Partido Verde, que es sólo el M-19 lavado de cara y con una trayectoria bastante problemática. Fajardo forma parte de la mafia cubana exactamente igual que Petro o que otros políticos abiertamente comunistas.

Luego, ¿qué interés podría tener el clan oligárquico en impedir su triunfo? Por una parte, sería un agente nuevo con alguna autonomía, por la otra seguiría habiendo un "polo" de descontento en torno al uribismo, con el que claramente hubo acuerdos para llegar a ese resultado. El ascenso de Duque es perfecto para los planes cubanos, el acuerdo de La Habana se aplica sin cambios, las entidades surgidas de ese acuerdo, como la JEP o la Comisión de la Verdad, siguen operando sin contratiempos, la propaganda contra Uribe mantiene a los descontentos ocupados defendiendo a su líder, se reclutan muchos uribistas cuya verdadera aspiración se acaba en un puesto bien pagado (como la que elogia al padre De Roux) y se neutraliza completamente cualquier descontento. Incluso se comienza una nueva negociación de paz con el ELN, gracias a la cual todas las atrocidades de la paz de Santos quedan confirmadas y poco a poco olvidadas, tal como ocurrió antes con el M-19 y los grupos guerrilleros que negociaron la paz en los ochenta.

Es decir, Fajardo habría ganado con los votos de la "izquierda" y la gente descontenta seguiría cuestionando el acuerdo de La Habana. Con el triunfo de Duque eso desapareció, sólo algunas personas aisladas en Twitter decimos algo y nos describen como "extrema derecha" (si por algún motivo yo tuviera que tomar partido entre la izquierda y la derecha, sin duda estaría más cerca de la izquierda, palabra que siempre ha querido decir la igualdad, la libertad, la fraternidad, el respeto de los derechos humanos y del sufragio universal, sólo que en las cabezas brutales de los colombianos ya ha llegado a significar lo contrario, que es como si alguien se opusiera al amor porque entendiera que Tornillo les hacía el amor a los niños campesinos secuestrados para servir de carne de cañón). La presidencia de Duque es exactamente lo que conviene a los cubanos, a tal punto que no hay un solo periodista extranjero que no lo sitúe en las antípodas de Maduro y compañía por mucho que su gobierno no haya cambiado absolutamente nada de lo que dejó Santos.

¿Qué motivos podría tener Uribe para prestarse a una jugada parecida? Por una parte él es un político de la vieja escuela, formó parte del Poder Popular con Samper y del Senado que permitió la Constitución de 1991, incluso fue ponente de una ley que refrendaba la impunidad del M-19. Por la otra, es víctima de un acoso judicial inclemente, que incluso significó el encarcelamiento de su hermano. Uno no sabe qué pruebas pueden tener en su contra para encarcelarlo o destruir su imagen, por ejemplo por actuaciones de los años ochenta, cuando era alcalde de Medellín y director de la Aerocivil. Además, gracias a ese acuerdo sigue siendo un importante senador y un líder que influye en una parte de los nombramientos. No en los más importantes, que son para los que encarga Santos o su club mafioso, pero sí en algunos.

Y bueno, como concluyen los porteños: no es fácil responder a los porqués pero ahí están los hechos. Duque nunca lideró ningún rechazo al acuerdo de La Habana, incluso cuando ganó el no corrió a matizar ese triunfo para convertirlo en apoyo a la paz, salió de la nada, fue promovido por los amigos del narcoterrorismo y gobierna sin molestar en absoluto a los exportadores de cocaína ni al nuevo poder surgido de los acuerdos de La Habana. Incluso nombra ministras que tomaban parte en protestas contra su gobierno.

La mayor decepción no procede de los votantes uribistas cuyo conocimiento de la política es tristemente precario, ni de Uribe o Duque, que ya mostraron en los años anteriores a 2018 sus verdaderas inclinaciones, sino de las personas que mostraban oposición a Santos y su acuerdo. Hoy son perfectos socios de los terroristas y ejercen de comparsas en el show del Congreso. Desde mi punto de vista son otros criminales. Desde mi punto de vista, cualquier intento regenerador tiene que hacerse contra esa gente igual que contra los terroristas. Son socios y valedores de un gobierno criminal de guante blanco.

(Publicado en el blog País Bizarro el 12 de mayo de 2020.)

lunes, junio 15, 2020

La vida en cuarentena

La cuarentena podría ser una ocasión de superarse para la mayoría de las personas, pero esa posibilidad no la pueden ver gentes que no tienen otra aspiración que vivir cómodamente sin esforzarse, lo que explica la insignificancia industrial de los países hispanoamericanos y el nivel penosamente bajo de sus profesionales, por no hablar de la ideología hegemónica entre las clases acomodadas.

Leo en Twitter esta belleza:


Ya sabemos que hay en Bogotá una gran confusión acerca del sentido de "hasta", pero la transgresión del idioma en este caso es grotesca. Dice en español que ya no hay cuarentena y que la volverá a haber cuando se cuente con una vacuna, caso en el que probablemente ya no será necesaria. Una cosa es que la gente hasta cierto punto se entienda sin atenerse al diccionario (de modo que dicen "tenaz" por "tremendo" o "alevoso" por "agresivo"), y otra que se pueda caer en esos vicios del habla coloquial (que en un periodista local es clara insuficiencia profesional y en alguien como Salud Hernández Mora es grotesca mímesis de la jerga casera de la gente con la que ella trata en Colombia).

Pero, en fin, habrá que pensar que la alcaldesa quiere decir que la cuarentena en Bogotá no se levanta mientras no haya una vacuna, cosa que no se ha atrevido a decir nadie, pero es que tampoco hay ningún país en el que uno de cada mil pobladores haya sido secuestrado ni en el que alguien llegue a legislador gracias a que violó a muchos niños.

La pandemia y la cuarentena han hecho surgir toda clase de prodigios casi inconcebibles. Como las ridículas afirmaciones de Fernando Vallejo, la desesperación de muchos pequeños empresarios que inventan toda clase de soluciones mágicas, la sensata medida "populista" de Bolsonaro (de proveer una renta a los más desvalidos) o la resistencia de López Obrador a las actuaciones que afectaran los ingresos de sus votantes.
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Eso en el plano de las políticas, donde desde mi punto de vista hay poca discusión: todo el mundo acepta que hay que desescalar la cuarentena y reiniciar lo antes posible la actividad productiva, que en algunos países no se ha parado y en otros sólo se ha parado parcialmente. El exabrupto de Claudia López es una excepción, y antes de comentarla como opción política quiero detenerme en otra cosa que me inquieta desde que comenzó la cuarentena.

¿A qué dedica la gente el tiempo cuando tiene que quedarse encerrada en casa? La respuesta a esta cuestión es, me parece, lo decisivo en estos momentos, también respecto de las políticas públicas. Normalmente nos vivimos quejando cuando no tenemos trabajo, y cuando tenemos trabajo nos quejamos del estrés que nos causa y de la falta de tiempo. Pero ahora la mayoría de la gente tiene tiempo libre y la forma en que lo emplea basta para explicar su vida, y también la sociedad a la que pertenece.

Uno de los tangos más famosos, también por sus arreglos instrumentales, se llama "Por una cabeza", el lamento de un jugador cuyo caballo pierde "por una cabeza" y eso lo priva de los favores de la prostituta, que eran lo único que lo movía, de modo que cuando los evoca termina con esta pregunta: "¿Para qué vivir?". 

¿Para qué se vive? La persona que se muere de aburrimiento porque ya no puede hacer lo que hacía antes se muestra tan pobre y tan vacía porque muestra que sólo vive para satisfacer los grados básicos de la famosa pirámide de Maslow: respirar, comer, dormir, cubrirse, tener familia... Las urgencias de la vida o la estrechez de miras de su medio le han privado de los aspectos superiores, de realización personal y defensa de sus propios valores y anhelos.

De modo que al no haber obligación de madrugar para ir al trabajo ni poder siquiera estar por la calle, ¿no es la ocasión de leerse el Quijote, la Biblia, el Tao Te King, algún clásico...? No, para la inmensa mayoría de la gente no, y no porque la inteligencia o la formación le impidan a alguien aprenderse de memoria el Mahabarata en sánscrito, pues cada persona tiene un nivel en el que puede superarse, y no sólo en su patrimonio cultural, aunque en este ámbito las posibilidades son infinitas gracias a internet, sino también en su vida profesional, más directamente relacionada con la prosperidad y la seguridad. ¡Cuánto se conseguiría si la gente aprovechara el tiempo para mejorarse!

Ojalá nos detuviéramos en esto porque esa disposición al trabajo y a la propia superación es el factor decisivo a la hora de plantear la política de una sociedad. Lejos de lo que mucha gente cree, los regímenes comunistas contaban con el apoyo de importantes sectores de la población, porque a pesar de la miseria, de la crueldad que sufrían otros, de la falta de libertad, de la propaganda, de las mentiras y del triste futuro, era posible sobrevivir sin esforzarse demasiado. 

El yerno de Marx, Paul Lafargue, escribió un libro llamado El derecho a la pereza en el que defiende ese punto de vista. El comunismo se presenta así como el enfoque de gente cansada que no aspira a construir nuevos edificios ni nuevas obras de arte sino a saquear lo existente. Es lo que se puede decir de ciudades como La Habana o San Petersburgo, que no mejoraron nada tras medio siglo de comunismo. Y los ejemplos podrían ser infinitos.

¿Para qué vivir? Para descansar y comer, emborracharse y fornicar sin preocupaciones. Eso es el comunismo en nuestro siglo, el "partido del recreo", porque toda otra opción implica trabajar, y trabajar duro. La elección entre la avaricia y el amor a la belleza es una mentira, es más fácil ser un tendero próspero que un violoncelista mediano, y ambas cosas implican trabajar duro. En un medio jerárquico como el colombiano parece una opción diferente porque realmente no hay violoncelistas y cualquier oficio intelectual o artístico es un adorno de un parásito que se las arregla para vivir del cuento.

Lo relacionado con la pirámide de Maslow vale para personas que tienen algún ingreso, ahorros, protección familiar, etc. Los demás tienen la desesperación de la falta de recursos, que en algunos casos se puede remediar mediante el teletrabajo. Pero, además de desesperarse, ¿qué pueden hacer esas personas respecto de su vida? Nada van a perder si intentan mejorar su inglés o su dominio en su carrera.

Pero eso no es sólo el esfuerzo de cada persona, sino del conjunto de la sociedad. ¿Cómo recibieron la cuarentena los estudiantes de secundaria y universidad en España y Latinoamérica? ¿Y los profesores? En la inmensa mayoría de los casos casi todo el trabajo se podría hacer sin clases presenciales, simplemente habría que trabajar más. Incluso tener clases presenciales para grupos pequeños. Pero casi todos los estudiantes y profesores lo vieron como unas vacaciones anticipadas.

Se podría comparar esa actitud con la de las naciones libres de Extremo Oriente: Japón, Corea del Sur, Taiwán y Singapur. Mientras en España los profesores de universidad se quejan de que sus alumnos les preguntan respecto de un tema si se incluirá en el examen para poder descartarlo, en Corea del Sur es fama que el gobierno hace propaganda para que la gente no se exceda en su celo por estudiar más. Es verdad que en esa actitud influye la tradición confuciana, que otorga un gran papel a la educación (que es lo contrario de lo que se entiende en Colombia, donde simplemente se trata de un título que se considera el ingreso a un rango social superior y que a veces permite acceder a ingresos parasitarios sin que a la persona le moleste en absoluto no saber nada ni servir para nada), pero también se trata de países que sin esa laboriosidad, disciplina y ambición de sus gentes serían muy pobres. Hace sesenta años Corea del Sur y Taiwán eran más pobres que Colombia, no digamos que Venezuela, y hoy superan a España y a Alemania, respectivamente. En el futuro superarán de lejos a los países más ricos de Europa.

Pero ciertamente la política no es una cuestión de moralidad y disciplina, descritas como disposiciones individuales. La moral se da en otro ámbito, en el de la organización de la sociedad. Como explico en todas mis entradas en este blog, lo que acusa la sociedad colombiana es el rastro de la esclavitud, la indolencia de una gente que se acostumbró a que los demás tenían que trabajar gratis, o casi, y tenía rentas seguras por pertenecer a un grupo social, y de otra que no ve ningún fruto de su trabajo. El parasitismo como forma de vida.

Esa indolencia explica la vida colombiana, de ella procede la llamada izquierda, el comunismo, que sólo es el descubrimiento por parte de los grupos sociales que pueden forzar el gasto público en la universidad de que la masa de estudiantes es una fuerza irresistible en la sociedad, y por parte de éstos de que gritar y tirar piedras asegura mejor el acceso a ingresos cómodos que cualquier esfuerzo. La cuarentena significa "vacaciones" para estudiantes y profesores, sobre todo porque los segundos no van a tener merma en sus ingresos ni amenaza de despido. El derecho a la educación les asegura una estabilidad que de ninguna manera puede ni soñar el que trabaja duro.

El futuro de un país así ya está descrito, pero ¿a quién le importa que la vicepresidenta viva prometiendo la educación superior universal? ¿Alguien ha dicho algo de los sueldos seguros de los profesores, que en muchos casos cobran además la pensión y hasta dos pensiones? He leído cientos de tuits de derechistas asustados por la posibilidad de que se les den ayudas a los indigentes, cuya vida les parece envidiable (y en todo caso justa, ya que son personas de condición inferior a la de ellos), pero sobre las rentas de los parásitos o sobre el mismo sentido del estudio nunca dicen nada.

La cuarentena perpetua de Claudia López es una promesa a su clientela: unas largas vacaciones. La miseria espantosa en que quedaría la mayoría de la población comporta ventajas porque se abaratarían los servicios y también porque esa masa provocando disturbios y saqueos significa una oportunidad de hacer la revolución y congelar para muchas décadas la jerarquía social.

(Publicado en el blog País Bizarro el 22 de abril de 2020.)

domingo, mayo 24, 2020

Ideología y sociedad


Las ideologías que mueven a los colombianos son verdaderas falacias porque no corresponden a actitudes coherentes frente a la realidad sino que encubren los verdaderos intereses, y a menudo se adoptan sin prestar la menor atención al entorno real, cediendo al cómodo ensueño de que el resto del mundo es como Colombia y que lo que está en juego es una batalla de opiniones en las que sólo hace falta persuadir a los demás para que todo cambie y funcione de manera deseable.

[IDEOLOGÍA] Ideología y Sociedad era el nombre de una revista que publicaban en los años setenta la futura novelista Laura Restrepo y el economista Salomón Kalmanovitz. Las palabras del nombre de la revista parecían sólo pompa de jóvenes intelectuales comunistas con ciertas pretensiones, pero en realidad poco atentos a la semántica. ¿Qué es "ideología"? El término sirve igual para la idea de "visión del mundo", el enfoque o la "línea" con que cada uno aborda la realidad, que para la opinión o prejuicio que termina obrando como unas anteojeras que impiden ver el conjunto. Propiamente, la doxa cuya "desconstrucción" era la tarea pedagógica que Sócrates intentaba con su mayéutica, según enseñaba un profesor marxista de la misma época, Estanislao Zuleta.

[SOCIEDAD] Por idéntico motivo vale la pena detenerse a pensar en el sentido de "sociedad", pues todas las palabras encierran trampas. La sociedad en la que aflora una ideología es sobre todo un producto de la historia, y por eso cualquier "enfoque" con que se la conciba debe tener en cuenta el conjunto de la realidad y no sólo los fetiches que alguna visión preconcebida presenta. La izquierda universitaria de los años setenta no es sólo el eco de la revuelta del mayo francés y la propaganda comunista de diverso signo que llegaba al país del exterior, sino sobre todo la expresión del juego de intereses en el seno de la sociedad colombiana. El problema es hasta qué punto podemos interpretar correctamente esos hechos, es decir, objetivamente, es decir, yendo más allá de una visión ideológica.

[IDEOLOGÍA] El comunismo de Marx se centra en una visión de la historia que parte de Hegel. Antes de integrarse en la Liga de los Comunistas (grupo cuyo origen era cristiano), Marx había estado con un grupo de jóvenes "hegelianos de izquierda", y en ese contexto y época "izquierda" significaba efectivamente rechazo de las jerarquías, igualitarismo, libertad de conciencia, sufragio universal... El colectivismo tenía una larga tradición que Antonio Escohotado en Los enemigos del comercio encuentra ya planteado en el Sermón de la Montaña, y en muchas actuaciones de grupos cristianos desde entonces. El que tenga alguna duda al respecto sólo puede pensar en la Utopía  del santo católico y alto dignatario inglés Thomas Moore, donde una sociedad ideal había abolido la propiedad privada. Según Marx, el ciclo de la historia pasaba de la sociedad primitiva al modo de producción esclavista, de éste al feudal y de éste al capitalista. Tras la revolución que alentaba, llegaría la sociedad sin clases y se acabaría la explotación del hombre por el hombre.

[SOCIEDAD] ¿Quiénes eran Restrepo y Kalmanovitz y qué podía moverlos a abrazar el marxismo? En los mismos años en que publicaban su revista, ligados a un grupo trotskista del que también formaban parte otros personajes como el exministro Camilo González, los descendientes de las familias presidenciales de la República Liberal creaban el M-19 y la revista Alternativa, integrando a numerosos personajes de los más poderosos linajes de la capital (los trotskistas parecían más bien periféricos, oriundos de Cali o de otras ciudades de provincia). Pero en la década anterior el sacerdote patricio Camilo Torres había creado la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional, también integrando a personajes de familias presidenciales más antiguas. ¿Qué hay que hacer para que la gente entienda que la universidad no es "rebelde" respecto del orden social sino expresión de ese orden, el lugar en el que la casta sacerdotal accede a grandes rentas, se reproduce y genera la doctrina que le asegura su dominio?

[IDEOLOGÍA] La superación de la lucha de clases en la idea de Marx procedía de la destrucción del Estado que protegía el dominio de la clase burguesa. A partir de entonces desaparecerían las instituciones que generaban la opresión y la desigualdad. ¿Previó que el nuevo Estado sería en realidad el dominio de una despiadada banda criminal? ¿Previó el empobrecimiento o las siniestras teorías jurídicas de Krylenko? Lo más probable es que no, sí que pensaba en una revolución violenta, pero seguramente se imaginaba a la clase proletaria organizada y solidaria trabajando en su propio beneficio. Muchas de sus teorías son verdaderas necedades, como la de la plusvalía, según la cual el empresario se queda con una parte del fruto del trabajo del obrero, como si éste fuera efectivamente el único productor (cosa fácil de concebir para un "académico" que nunca supo qué era el trabajo), o como cuando en la Crítica del programa de Gotha se imagina un futuro de trabajo voluntario, liberado de la necesidad. Charlatanería de visionario cuya autoridad se imponía por su aptitud literaria y su cultura relativamente vasta. No es sorprendente lo que cuenta Escohotado de que Molotov le comentó a Stalin que Mao Zedong no había leído El capital, a lo que el georgiano replicó que él tampoco lo había leído, Y era autor de manuales de marxismo.

[SOCIEDAD] En la realidad, los partidos socialistas guiados por las ideas de Marx nunca tuvieron ocasión de tomar el poder en ningún país industrializado, entre otras razones porque el sentido totalitario de la doctrina nunca habría atraído a mayorías que veían mejorar sus condiciones de vida año tras año gracias al desarrollo tecnológico. El mundo de la burguesía descrito en el Manifiesto comunista de 1848 tiene poco que ver con lo que era Europa en los años previos a la Primera Guerra Mundial, con sociedades mucho más ricas y una clase obrera mejor situada. El triunfo comunista en Rusia fue el fruto de corrientes muy diversas, a la vez la reacción contra el atraso y aislamiento rusos y defensa del orden jerárquico, a la vez causa y consecuencia de la derrota en la guerra. La dictadura bolchevique no encontró apoyo en las mayorías obreras de Occidente, los propios marxistas, como Eduard Bernstein o Karl Kautsky, la rechazaron. El comunismo siempre fue minoritario en todos los países industrializados y todos los intentos de tomar el poder fracasaron. En realidad, después de 1917 el movimiento comunista tenía más peso entre clases acomodadas, intelectuales, y dependía del dinero soviético.

[IDEOLOGÍA] Antes de los años setenta había otras tradiciones comunistas distintas al trotskismo de Restrepo y Kalmanovitz y al "tupamarismo" de Santos Calderón y García Márquez. El Partido Comunista se había mantenido con altibajos desde los años veinte como sucursal soviética, tratando de influir en la República Liberal y alentando la violencia antes y después del bogotazo. ¿De algún modo representaba los "intereses de clase" del proletariado frente a otros grupos? Siempre fue una conjura de aventureros pagados por los soviéticos y con capacidad de ilusionar a unos pocos adolescentes y rústicos con alcanzar poder político gracias a la ineroxabilidad "histórica" del socialismo. Nunca una facción política significativa. ¿De qué modo llegaron los grupos comunistas a hacerse hegemónicos en el interior del Estado colombiano y de los partidos políticos? Es lo que no se puede contestar con visiones ideológicas, con hormas universales que no tienen en cuenta la sociedad real.

[SOCIEDAD] Una de las cosas más graciosas de la discusión de "derechistas", uribistas o libertarios con la llamada izquierda es que "compran" su lenguaje y su visión de la sociedad. Es imposible hacer que entiendan que la "redistribución de la riqueza" no tiene la menor relación con la mejora de las condiciones de vida de las mayorías sino sólo con el reparto de los recursos comunes entre la casta de los funcionarios. No hay un conflicto "de clases" alrededor de la producción sino la sempiterna rapiña en torno a los cargos públicos por distintas banderías cuyas retóricas son máscaras grotescas. Es verdad que eso es común a Hispanoamérica, pero Colombia es más aislada. El molde de la ideología marxista se aplicaba a una realidad sin burguesía ni clase obrera ni Estado burgués. La queja de los descontentos con el comunismo tropical pasa por alto estos datos. Las causas de que sea así son muy diversas pero en últimas hay una que pesa más que cualquier otra: en la visión de Marx, la Revolución industrial y las revoluciones políticas de los siglos XVII y XVIII le abren el camino a la burguesía respecto del orden previo, en el que los viejos estamentos (nobleza y clero) frenaban el desarrollo de las "fuerzas productivas". Lo que se defiende a punta de retórica comunista y violencia despiadada es un orden parecido, aunque mucho más bárbaro, la jerarquía de castas de la sociedad colonial, pues en la historia de Colombia no hubo una clase productiva que alcanzara el mando sino que las camarillas que rodeaban al virrey, a los obispos y a los oidores siguieron controlando el país. La universidad es el refugio de una especie de clero y su papel parasitario es lo que más frena el "desarrollo de las fuerzas productivas", por usar ese lenguaje. Los descontentos no cuestionan ese orden, no quieren sociedades abiertas y competitivas con efectiva igualdad de oportunidades, sino que se sienten desplazados de los puestos y amenazados en su rango y en sus posesiones.

[IDEOLOGÍA] ¿De qué modo un discurso igualitario sirve al juego de una casta atávica que defiende sus privilegios y su parasitismo? Es sólo la continuación de la vida de siempre, la inercia mental que lleva a figurarse una novedad absoluta sin salir de la zona de confort. Habría que preguntarse qué significa en la historia de la humanidad el cristianismo, porque si se piensa en la conquista de América, en el saqueo, la esclavización y el exterminio de los aborígenes, sería lo contrario de lo que querían los primeros cristianos. ¿Cómo se acomoda la conciencia a ambas cosas? Institucionalmente se explicó la labor de conquista como "evangelización" de los indios. Los que se apropiaban de sus tierras y los ponían a trabajar gratis recibían la encomienda de enseñarles la doctrina, la religión del amor. La educación sólo es el nombre actual de la evangelización y la propaganda protege el saqueo de recursos comunes por la universidad como la satisfacción de un "derecho", noble tarea que ofrece a quien enseña el nuevo evangelio salarios decenas de veces superiores a los de la mayoría de los encomendados. La mentira no la inventaron Restrepo y Kalmanovitz, sólo reproducían algo que estaba en el enunciado del conjunto social.

[SOCIEDAD] Si uno se atiene al esquema marxista de desarrollo de las sociedades en la historia podría suponer que contra ese orden precapitalista debería surgir la clase que "actualizara" el país, y en cierta medida hay corrientes que lo anuncian, pero no existe una descripción teórica de la sociedad ni obviamente una propuesta de reforma que la tenga en cuenta. No se puede enarbolar la bandera de la religión porque a pesar de las proclamas ateas de algunos totalitarios, la verdad es que la propia Iglesia católica aplaudía la paz de Santos y muchos de sus líderes son a la vez miembros de la conjura narcoterrorista. No se puede curar un mal tradicional con más tradicionalismo. Y tampoco se trata de responder con la plantilla libertaria a una realidad en la que no hay nada parecido al estado de bienestar de Europa occidental. Si un español tiene problemas de salud el servicio público lo atiende con razonable eficacia, pero el Estado colombiano no cumple en absoluto ninguna misión semejante, el derecho a la educación consiste en la inyección de propaganda por personas cuya única aptitud es reproducirla y cuyos ingresos son elevadísimos en comparación con los del promedio de la población, cosa que ocurre en cualquier servicio público, como la justicia. El Estado colombiano sólo es una organización criminal dedicada a despojar a la población, de modo que los jóvenes que llegan a la universidad se forman para cometer secuestros y masacres gracias a los cuales se firma después la paz, en la que siempre se acuerda multiplicar el gasto en educación, es decir, en preparación de nuevos secuestradores y asesinos.

[IDEOLOGÍA] De tal modo, la cuestión no consiste en una guerra de la derecha contra la izquierda porque esos términos son falacias que en Colombia llegan a ser delirios ridículos: en cualquier otro país, la izquierda colombiana sólo podría ser extrema derecha, y tampoco se trata de enfrentar libertarios contra socialdemócratas porque los libertarios que recitan algún texto doctrinario extranjero no perciben a la sociedad real sino que para todo recetan menos impuestos para los emprendedores y la clase media sin atender en absoluto a la situación financiera del Estado ni a la realidad social. La única respuesta equitativa y libertaria consiste en reducir drásticamente el gasto estatal cerrando las universidades públicas y tratando a las privadas como a cualquier empresa. Pero pensar en eso supone volver al país del revés porque la esencia de la sociedad colombiana es esa especie de teocracia en la que los descendientes de los encomenderos acceden a rentas fabulosas por explicar sus opiniones y todo el que se siente de algún modo relacionado con los núcleos de poder aspira a integrarse en la corporación, mientras la mayoría vive en el "rebusque", en la miseria, en la prostitución, el servicio doméstico...

[SOCIEDAD] Es decir, más allá de la panacea libertaria hay realidades a las que no se atiende. Baste pensar en los líderes del partido de Uribe o en la vicepresidenta prometiendo la cobertura universal en educación superior para entender que nadie se plantea enderezar al país y asimilarlo a cualquier sociedad civilizada. Para la mayoría hay una ilusión en conseguir a costa de quién sabe qué sufrimientos que sus vástagos lleguen a ser doctores y vivan sin trabajar, o en emigrar a países donde los ingresos de quien hace trabajos duros son diez veces más altos. No hay una respuesta basada en ese criterio de equidad por el que los recursos públicos, muchos o pocos, sirven a todos y no a una minoría. Las diversas clases de derechistas son moralmente ajenos a esa cuestión, les parece de hecho algo lícito, dado que los seres humanos no son iguales. La larga campaña de los comunistas para implantar su tiranía sólo ha traído atraso y miseria, y sobre todo la adhesión de la masa funcionarial y de las clases altas a la mafia cubana, con su tremenda carga de narcotráfico y reino del crimen. El poder judicial existe para perseguir a quien incomode a esa mafia, y los medios de comunicación privados son de propiedad del clan oligárquico asociado que la dirige y viven dedicados a la propaganda, que paga el Estado, es decir, todos los ciudadanos. 

[IDEOLOGÍA] Pero los libertarios responden a eso con los argumentos de Thatcher contra los laboristas porque no están atentos a su país, porque el problema de exclusión y opresión de la mayoría (que se manifiestan en la desigualdad que registra el coeficiente de Gini y que es una de las más altas del mundo) no los afectan, dado que forman parte de la minoría privilegiada y comparten las condiciones morales de su casta, y porque la transformación que exige el país, es decir, la apertura de oportunidades reales para todos implica una batalla que no conciben. No se va a salir del tercer mundo sin cerrar las universidades públicas, sin hacer frente a esa masa violenta que saquea e intimida todos los años desde hace más de medio siglo a la ciudadanía y sostiene políticamente a las bandas terroristas y a sus mentores comunistas. No se trata de libertarismo, se trata de ofrecer y crear empleos y actividades económicas que rediman a la gente, y eso no se puede hacer con un gasto dedicado a mantener mediante el adoctrinamiento el orden del pasado. No hace falta una horma importada a la cual someter la realidad, sólo una lupa rigurosa que permita entenderla.

(Publicado en el blog País Bizarro el 16 de abril de 2020.)

sábado, mayo 09, 2020

El corazón derechista



La más odiosa de todas las mentiras que la gente cree en Colombia es la de una oposición entre izquierda y derecha, entre un bando de los ricos unidos en torno a valores conservadores y otro de progresistas que intentan corregir esa desigualdad y ese atraso.

¿Creen en esa oposición los funcionarios de la ONU, de todas las ONG internacionales y de los gobiernos europeos o la explotan para favorecer a los comunistas armados en aras de sus propios intereses? ¿Lo hacen los usufructuarios del triunfo comunista desde los años ochenta o sólo se acomodan a un orden sempiterno en el que disfrutan de los mismos privilegios de sus abuelos en un país más rico y más poblado? Lo más importante, y esto no es una pregunta: en esa oposición creen los que en las redes sociales proclaman su rechazo al comunismo. Esa confusión define la tragedia colombiana, no puede haber una oposición contra los propios valores, Harvey Weinstein no puede ser el encargado de vigilar a Michael Jackson. Lo que Colombia necesita SÓLO es parecerse a los demás países de la OCDE, a ello no sólo se oponen los parásitos millonarios de obediencia cubana, sino también sus supuestos enemigos.

Hace ya varios años publiqué un post explicando la mentira flagrante, obscena, de esa interpretación: la llamada izquierda, el comunismo, no es más que la retórica de propaganda de las clases altas de la vieja sociedad y su revolución sólo consiste en la negación de la democracia y los derechos políticos de la mayoría. Este gráfico sobre la evolución de la desigualdad a partir de la Constitución de 1991, que es el gran triunfo de la llamada izquierda, y durante los primeros años del gobierno de Uribe, debería servir para explicar esa mentira y mostrar lo que verdaderamente es esa izquierda.


En una cabeza recta todo sería transparente, indiscutible. La multiplicación del gasto público no se tradujo en una reducción de la desigualdad en el ingreso sino que por el contrario la agravó. Pero en Colombia no hay cabezas rectas sino cabezas derechistas, de modo que ¡no pueden condenar ese hecho porque el aumento de la desigualdad no les parece una mala noticia! Dicho "en plata blanca", ese cambio registrado en esa década es la realización de sus deseos, sólo que por desgracia los beneficiarios más claros no fueron ellos. En general en todas partes el aumento del gasto público significa bienestar para los más débiles, al menos es lo que ha puesto en práctica la socialdemocracia en los países de Europa sin que la derecha haya cambiado claramente eso. El hecho de que en Colombia ocurra lo contrario no lleva a esos derechistas a cambiar su visión, y su polémica con el socialismo (que en Colombia no significa lo mismo que en otras partes) se mantiene como si fuera lo mismo Petro que Felipe González. La contienda entre libertarios y socialistas en Colombia es una payasada porque esos socialistas sólo son parásitos de viejo estilo, y esos libertarios también, sólo que de un estilo aún más viejo, que respecto de lo que hace de Colombia un país bárbaro no mienten sino que aplauden esa diferencia con el resto del mundo.

El sentido de toda esa mentira ya lo expliqué en el post enlazado, pero hay algo que me intranquiliza: ¿por qué esas personas no aprueban simplemente una asimilación a los países avanzados? ¿Qué sentido tiene ese anhelo de aferrarse a la defensa de la desigualdad? No es sólo que sean sinceros, es algo profundo, es el espíritu de Colombia que cualquiera que se haya criado en el país ha experimentado en forma de crueldad, de servilismo, de arrogancia grotesca de patanes ventajosos y en resumen de dominación... De hecho, la llamada izquierda asesina, mafiosa y parasitaria es eso mismo pero ejercido con más astucia.

Conviene prestar atención a lo que significa "igualdad". Es una palabra de espectro muy amplio, nadie podría pedir en serio que todos seamos iguales porque ¿todos con el mismo color de ojos? Pero ciertamente la igualdad es el sentido mismo de todo sistema legal. Puede que los mandamientos de Moisés, y la consecuente persistencia de la nación judía, tengan que ver con ese principio en su enunciado, no hay rango que pueda estar por encima del "No matarás". En Colombia sí lo hay, baste pensar en el impacto periodístico, policial y judicial que tuvo algo como el asesinato de María Arango con el de cada una de las cientos de miles de víctimas del Partido Comunista.

Pero se me dirá que sólo se ha pensado en el sentido restringido de "igualdad" como la proximidad en el ingreso entre los diferentes grupos sociales, y así se vuelve a la discusión de otras sociedades, como si el conservador del departamento del Magdalena quisiera conservar lo mismo que el conservador de Ohio. Puede enfocarse de muchas maneras, por lo general en cualquier ciclo de expansión económica rápida tiende a aumentar la desigualdad, como ocurrió con la revolución informática, pero unos indicadores continuos de extrema desigualdad según el coeficiente de Gini en los países de Sudamérica no aluden a ningún ciclo de expansión sino a rasgos estructurales de esas sociedades.

Baste cruzar la lista de países por igualdad de ingreso con la lista de países por índice de libertad económica (que según las premias de esos derechistas debería ser la misma lista) para entender que no los mueve el anhelo de ensanchar el PIB o el desarrollo empresarial sino de proteger un orden jerárquico del que son también usufructuarios, a menudo porque han heredado propiedades o forman parte de clanes poderosos, o bien disfrutan de ventajas gracias a su "nivel de formación superior" respecto de los demás. Y es que tras el rechazo al coeficiente de Gini y a denunciar el aumento de la desigualdad gracias al aumento del gasto público está una defensa de la desigualdad que define a las sociedades hispanoamericanas: la esclavitud. El orden de castas en que han vivido esas sociedades desde su surgimiento y que ahora apenas a medias se ocultan.

Es decir, tras el rechazo a la igualdad en el ingreso parecida a la de países como Australia o Nueva Zelanda está la igualdad que es la base de todas las constituciones modernas y de la democracia. Les encanta sentirse superiores a sus esclavos y no se escandalizan de que personajes como María Jimena Duzán o Héctor Abad Faciolince vean a sus víctimas como ganado, sólo que sienten que se lo quitan a ellos.

(Publicado en el blog País Bizarro el 6 de abril de 2020.)

domingo, abril 26, 2020

Coronavirus, ¿qué hacer?


Lo que se puede decir en este momento sobre la pandemia es que el virus va triunfando sobre el conocimiento humano. El negro porvenir fuerza a preguntarse qué va a pasar y qué se puede hacer. Los políticos que acierten (es una obviedad) en dar una respuesta eficaz serán los líderes de las próximas generaciones y del siglo. Pero esos políticos necesitan la conciencia de los ciudadanos y su disposición a entender lo que significa cada actuación del Estado. Y emprendedores, ingenieros, administradores, inversores y trabajadores aplicados y responsables.

Recientemente me llamó la atención en Twitter una publicación de Félix de Bedout en la que tergiversa las palabras del vicegobernador de Texas para llevar a su público el mensaje de que hay capitalistas desalmados que cuentan con matar a la gente para poder mantener la producción, movidos por el diabólico ánimo de lucro que les insufla el capitalismo. En realidad el mandatario, abuelo y mayor de 70, se incluía entre las víctimas, pero a los colombianos les encanta el jarabe de superioridad moral que les proveen los aliados de Tornillo. Pero esa polémica da que pensar.

Voy a comentar otro tuit sobre el que han llovido comentarios en el mundo tuitero: uno en el que @El_Patriota sube un video de Petro y afirma que el senador dice la verdad. La esencia del cuento de Petro es que la producción importa menos que la salud y los derechos de la gente. Vaya por delante que siento un gran respeto por el valor, la coherencia, la sinceridad y la recta intención del activismo del señor Jaime Arturo Restrepo Restrepo, sólo que cede a la demagogia de un criminal totalitario porque no tiene recursos teóricos para aborrecerla. Petro y Claudia López aplican la consigna cubana de gastar y prohibir trabajar hasta llevar a la ruina la economía y provocar un estallido de violencia que destruya las instituciones. La situación revolucionaria es un clásico del pensamiento leninista, y los orientadores cubanos de Claudia López y Petro siempre están aplicando estrategias leninistas porque es su oficio y es todo lo que han leído.

Pero la preocupaciòn de @El_Patriota es legítima. Es la misma del vicegobernador de Texas y la que inquieta a mucha gente: ¿qué va a pasar ahora y qué se puede hacer para evitar la ruina sin dañar la salud?

También se podría decir al revés, proteger la salud sin causar la ruina. Y más sencillamente, cómo recuperar a la vez la salud y la producción.

Eso nos lleva a lo siguiente: ¿cuántas personas de las que se están planteando esa preguntas comparten la opinión de que en las circunstancias actuales son más necesarios los gestores que los ideólogos y humoristas? La crisis demanda gestión, demanda concebir respuestas a la amenaza y estrategias para recuperar el empleo. De ella saldrán con gran ventaja los países que mejor hayan sabido mantener su producción sin aumentar los contagios, como Corea del Sur (país que comparte con Colombia y España la cantidad de habitantes). Los países como Venezuela se hundirán mucho más porque los criminales que los gobiernan no tienen la menor capacidad de gestión.

No se volverá a vivir como hace seis meses, pero hay que intentar salvar al máximo el bienestar. Para eso creo que un gobierno sensato en España determinaría desde ahora la licencia para volver a trabajar en ciertas actividades de especial rentabilidad y mínima exposición por contacto humano. Habría que tener en cuenta la regla de Pareto (según la cual el 80 de las consecuencias provienen del 20% de las causas), y evaluar qué actividades generan una proporción mayor del PIB con una proporción menor del riesgo para la salud. Esos sectores deberían abrirse en la mayoría de los países que actualmente están en cuarentena el lunes 14 de abril o el día siguiente. Si quienes toman parte en ellas no dan negativo en los controles de contagio, se puede pensar en ampliar una semana después la cantidad de sectores que pueden operar. Incluso se podría pensar en dar beneficios fiscales a los empresarios si son actividades que contratan a muchos empleados, como el comercio,

En ese caso es apremiante la necesidad de capacidad gestora en los que dirigirán esos negocios, que es lo mismo que se demanda en los políticos: atención a los expertos, sentido común, empatía, comunicaciòn con todos los sectores sociales, equidad, pero sobre todo eficacia en las tareas del Estado, prohibiciones y permisos concebidos para reducir al máximo el sufrimiento de la población y devolver el empleo a quienes lo perdieron.

Esa eficacia depende de muchos factores, pero la idea de cerrarlo todo es muy propia de demagogos, como Quim Torra y muchos otros. Lo que hay que hacer es plantear el futuro inmediato como una circunstancia en la que Estado y sociedad tienen que multiplicar el gasto en sanidad y encontrar protocolos por los que la gente que sale a trabajar se expone menos aún que en la actualidad. Podría imponerse la mascarilla obligatoria, para lo cual hay que contar con suficientes mascarillas, para lo cual hay que concentrar energías en obtenerlas, forzando si hace falta a la industria textil nacional a producirlas. Y también el uso obligatorio de guantes, favoreciendo la producción de modelos que se desinfectan con los propios materiales de que están hechos. Y así muchas otras cosas, siempre basándose en aprovechar la automatización para reducir el riesgo para las personas. Y también los medios de protección para quienes tienen una exposición mayor, como los dependientes, repartidores, etc.

Las anteriores ocurrencias forman parte de un reclamo que está haciendo mucha gente, y que pronto podría ser entendido por amplias capas sociales: lo que más falta es "higienería", ingeniería de la higiene, la máxima inteligencia aplicada a proporcionar soluciones a la amenaza mientras se inventa un tratamiento o una vacuna.

Toda esa gestión no la puede llevar a cabo gente acostumbrada a vivir en el show business de la política. La clave de la capacidad gestora es la atención, el fervor con que una persona dotada se concentra en resolver lo antes posible un problema como la escasez de mascarillas. Los países, como España, donde gobiernan los demagogos chavistas o supremacistas pagarán mucho más cara la pandemia y saldrán muy debilitados. Los que consigan salvar la economía y mantener una cantidad baja de contagios, esos se recuperarán mucho antes y obtendrán una tremenda ventaja.

Me enteré de que Miguel de Unamuno decía que "en el dolor nos hacemos y en el placer nos gastamos". Esta catástrofe es la ocasión de hacernos, de hacer cosas que antes no podríamos hacer, de aprender a tocar un instrumento musical o a pintar, de cocinar los mejores platos de la vida, de aprender nuevos juegos, de disfrutar de las series o películas preferidas, de leer algún clásico si se tiene ambición para ello, o al menos algún libro de género. Es la ocasión de hacernos mejores, intentémoslo. Tatúense en el pecho o en el brazo esta expresión latina:
Dimidium facti, qui coepit, habet: sapere aude, / incipe ("Quien ha comenzado, ya ha hecho la mitad: atrévete a saber, empieza").
(Publicado en el blog País Bizarro el 3 de abril de 2020.)

miércoles, abril 01, 2020

El tronco torcido


¿Por qué Hispanoamérica es una región condenada al atraso, la miseria, el desorden y la violencia? Mucho más grave que la ausencia de una explicación plausible es el hecho de que al parecer nadie tiene interés en encontrarla y casi todos se quedan con la respuesta más grata y cómoda, de modo que el poder de la droga o la maldad infinita y todopoderosa de las ideas de Karl Marx terminan determinando que el paraíso terrenal no deje de ser nunca un infierno.


El poder de la droga
El consumo de marihuana se disparó en los años sesenta y setenta en todo Occidente, y en los barrios populares de las ciudades colombianas se solía asociar con la delincuencia: un muchacho que se aficionaba a fumar "bareta" terminaba cometiendo atracos. De modo que para alguien que creciera en esa época la droga era la causa de la inseguridad, en buena medida porque era fácil creer que antes no habría atracos. Y no se sabía mucho de otros países, donde millones de jóvenes fumaban marihuana y no atracaban a nadie. Algo parecido ocurre con el negocio de la cocaína, para millones de personas ha devenido la causa de que los gobiernos sean corruptos y de que la gente viva en la miseria. Seguramente se imaginan unos países que avanzarían en orden y productividad de no ser por ese flagelo que hizo poderosos a unos malhechores y con sus enormes recursos lo "corrompe" todo. Pongo comillas en "corrompe" porque ese concepto de corrupción es un enorme malentendido, presupone una situación mejor antes de que apareciera el agente de la putrefacción. Eso es lo que me parece discutible.

Los hispanoamericanos
Hay como un paradigma de la estupidez, para seguir con el tema de la corrupción, que consiste en considerar los desafueros de los funcionarios como la causa de todas las desgracias de este mundo, de modo que la persona se permite verse como un dechado de perfecciones porque no tiene un cargo público y a lo mejor ni siquiera se viste con formalidad. Cuando uno les dice que tras toda esa pasión sólo hay envidia (como ocurre con los que odian a los homosexuales e incluso con los que odian a los consumidores de drogas), se quedan boquiabiertos. ¿A quién se le puede ocurrir pensar algo así? Ellos sólo ven el sufrimiento de las viudas y huérfanos y la injusticia de que otros usen esos automóviles carísimos y se paseen con esas rubias inmorales de pechos grandes, escotes atrevidos y curvas indecentes. Con esa clase de certezas, ¿quién va a persuadirlos para que piensen en lo que define al tipo de hombre hispanoamericano? Todo sería perfecto si no aparecieran los pícaros con sus trampas. Es todo lo que hay que saber, y esa pasión justiciera sólo se remedia cuando el indignado tiene ocasión de prosperar rápido y sin dolor. Pues ¿alguien recuerda algún gobierno de alguna república de Hispanoamérica en algún periodo que no haya sido descrito como el más corrupto de toda la historia? El justo sólo es el que no ha accedido a ningún cargo en el que pueda hacer alguna "pilatuna".

Indolencia y crueldad
Denis Diderot decía en el siglo XVIII, cuando ya los imperios europeos se habían apropiado de toda América y Australia, y se expandían por el resto del planeta, que temía que la gente trasplantada a otros continentes adquiriera, por habituarse a la esclavitud, rasgos de indolencia y crueldad que darían lugar a un daño moral incurable. Ésa es la explicación completa del atraso hispanoamericano, el resto del cuento es la incapacidad de superar ese estado. Incluso la indolencia podría menguar en el caso de algunas personas, pero no la crueldad que explica todas las mentiras de la política local y todos los delitos contra la propiedad. La crueldad en Hispanoamérica es una marca que define el rango de una persona y casi siempre tiene como víctimas a los descendientes de las castas inferiores de la sociedad colonial. Cuando el jesuita manda a los pobres a matar gente sólo está obrando como su compañía hace cuatro siglos y tapando su crueldad con retóricas perversas, cuando el sindicalista se aprende los manuales de Marta Harnecker y organiza el chantaje y la intimidación que permitirá crear una clientela para su partido a punta de privilegios atroces, sólo está ejerciendo la crueldad de los encomenderos de hace cuatro siglos. La retórica igualitaria es absurda, tal como lo era la religión del amor en los que compraban y vendían gente a la que hacían trabajar gratis. Todo es un mismo orden que nadie quiere cambiar, a tal punto que buena parte de los profesores comunistas de las universidades públicas empezaron su carrera en el seminario y, cómo no, proceden de familias de encomenderos.

Causa y consecuencia
De tal modo, el narcotráfico y el comunismo no son la causa del estancamiento de las sociedades hispanoamericanas, sino consecuencias casi inevitables de su tradición. Claro, a lo mejor en otras circunstancias no habría negocios tan rentables como el de la cocaína, pero eso no determinaría que las sociedades fueran diferentes. Los cubanos en Venezuela no necesitaban el narcotráfico para comprar a los militares y a los delincuentes, bastaría el control político porque los recursos del país eran formidables, a tal punto que se dice que en veinte años el régimen ha recibido más de un billón y medio de dólares (es decir, un millón y medio de millones y no 1.500 millones como creen todos en Colombia porque nadie consulta los diccionarios). Pero claro que una fuente de negocio tan copiosa no se desaprovecha. Lo mismo pasa con el comunismo, que por lo demás no fue nunca popular en sociedades en las que tenían arraigo nociones como la igualdad ante la ley o la ciudadanía. La ingeniería social presupone la jerarquía, que, de nuevo, en Hispanoamérica "replica" la sociedad de castas de la época colonial. El profesor universitario colombiano se retira a los cincuenta años, si quiere, con la pensión que equivale al sueldo de más de diez sufridos trabajadores, y no cree que esté cometiendo ninguna injusticia sino accediendo, a costa de los millonarios y de supuestos poderes extranjeros, a lo que deberían tener todos. Una mentira tan burda no sería tolerable para alguien que no tuviera la certeza de pertenecer a una casta superior. Lo mismo que, en Colombia, la atribución del narcotráfico a Uribe y sus seguidores, como si alguien no fuera a enterarse de quiénes dominan ese negocio.

¿Quién discrepa?
El rastro de la crueldad se encuentra a todas horas en las actuaciones de los hispanoamericanos, baste pensar en las víctimas de los narcoterroristas colombianos. ¿A alguien le importan? Objetivamente todos los que se "reconciliaron" durante los años en que fue presidente Juan Manuel Santos son tan criminales como los que mataron, violaron, secuestraron, torturaron y mutilaron gente, pero es que los demás colombianos tampoco viven muy inquietos por la situación de las víctimas, a lo sumo es algo que podría generarles rentas y por eso los propios asesinos se presentan tranquilamente como "víctimas del conflicto". Los políticos son felices decretando indemnizaciones para las víctimas, dado que los jueces, tan criminales como los propios terroristas, les darán rango de víctimas a sus clientes. Es decir, jueces, políticos y "lagartos" se repartirán el dinero sin que nadie se moleste por los que en efecto han sufrido los crímenes. La actitud del gobierno de Duque se define por la tranquila disposición a entenderse con los terroristas y con los políticos aliados de Santos, acaso en busca de "gobernabilidad", lo que, de nuevo, es sólo complicidad con los criminales a costa de las víctimas. 

¿Hay salida?
Después de México, el país con más hispanoamericanos étnicos y aun hablantes de español es Estados Unidos. Queda la duda de si conseguirán convertir a ese país en otra república hispana, o si se asimilarán a la cultura todavía mayoritaria. Respecto de cada república situada al sur del río Grande, la cuestión es si se asimilará a la democracia liberal o si el viejo orden encontrará alguna forma de mantenerse. Es verdad que la cocaína genera recursos abundantes que sirven a las entidades mafiosas para conservar el poder, pero también que el orden de esclavitud no ha sido cuestionado. Baste pensar en los derechistas, que creen que los problemas de su país son los mismos de Estados Unidos y saltan ante las críticas contra la desigualdad en el ingreso, como si los ricos en Colombia fueran los dueños de empresas manufactureras o de servicios y no los socios de las castas políticas asociadas a los terroristas. O la facilidad con que aceptan las endemias del país, que son a la vez ejercicio de crueldad y resistencia ante todo intento de modernización. ¿Cuántos derechistas aceptan el "delito político" que figura en la Constitución y en la jurisprudencia? ¿Cuántos quieren realmente redefinir la llamada "acción de tutela", que suprime el derecho para que nada estorbe el dominio de los "juristas"? ¿Cuántos consideran necesario cerrar las universidades públicas para que los recursos comunes no se gasten en el privilegio de unos ignorantes criminales? Es más fácil creer que el problema es el narcotráfico o la ideología tras la que se oculta el orden de siempre, o la corrupción de la que todos se quejan pero nadie remedia. Sin siquiera plantearse que el problema es la organización social tradicional, la lucha contra el comunismo y el narcotráfico será tan inútil como los triunfos de la ley en la época de Uribe, que no impidieron el triunfo final de los criminales. No aparecieron esos flagelos para dañar el paraíso, sino que encontraron un tronco torcido en el cual arraigar.

(Publicado en el blog País Bizarro el 20 de enero de 2020.)