jueves, mayo 11, 2006

Litigando para las FARC

1. No puede haber crítica Las sociedades latinoamericanas adolecen de sus vicios de origen, el principal de los cuales es la incapacidad de la crítica: cualquier diferencia de opinión aun con los doctores más prestigiosos conduce a sartas de insultos increíbles, que sólo son como el preludio de las amenazas. En última instancia al de arriba no se lo contradice so pena de incurrir en su ira y arrostrar las consecuencias.

2. Hay alguien que está aún más arriba Pero es por lo que los mismos personajes que pretenden erigirse en representantes de un discurso crítico son patéticamente serviles ante los poderosos: es fácil ofender al locuaz petimetre de Chaparral o al patricio que tiene fama de homosexual, pero con los que concentran el poder y el prestigio hay que estar de acuerdo. Buen ejemplo de eso es la discusión reciente sobre la legalización de las drogas. El mismo columnista publicó un artículo previsiblemente destinado a anunciar el fracaso de una guerra que la gente de su medio no quiere librar, pues en realidad descubrirían que no están en el bando correcto. Ya he comentado en otra parte el absurdo de esa campaña legalizadora, lo interesante es la discusión que se generó en ese blog. Dice un comentarista:
Hace bien Alejandro, desde luego, en atacar el problema por los dos cabos: su implicacion moral y el efecto practico que este tiene; ahora, si uno se ciñe a la estricta terminologia la pragmatica es una rama filosofica; quizas esto sea irrelevante, a mi parecer no lo es; creo que el problema "filosofico", como se empeño en llamarlo A.G; subentiende el otro, el practico, y son dos partes indisolubles que deben ser atacadas en conjunto.Ya harto se ha ventilado e hipotetizado sobre los beneficiarios y los culpables del drama enorme de la guerra contra las drogas; en Colombia Antonio Caballero, lamento si a los lectores les causa escozor que le cite, lleva formulando lo que dice Gaviria en este post por lo menos durante veinticinco años (para la prueba leanse los libros compilatorios de columnas), y repitiendo casi al pie de la letra lo que cita Gaviria de Becker; que sea Caballero quien lo dice o que sea un Premio Nobel quien lo escribe ni le da valor ni le quita importancia al tema; solo prueba la obcecacion de los sucesivos gobiernos del primer mundo seguidos de cerca, mucho, por sus pares colombianos. Cabria preguntarse ademas, y sin animo de ser perspicaz, a que se debe tanta tozudez?Los alaridos preelectorales de Uribe, como lo anota Gaviria, son la prueba de el uso abusivo e ignorante que dan los politicos al tema, y esto me remite a la idea del comienzo de mi post, el tratamiento debe ser aplicado desde ambas opticas, la legalizacion y al mismo tiempo dejar la estigmatizacion: los adictos (siendo extremistas) no son criminales, y menos lo son aun quienes se fuman un porro ocasionalmente; es el mercado, el trafico ilegal lo que ha demonizado a quienes consumen; si uno se fija bien, el problema de adiccion a las drogas esta lejos de ser un "problema de salubridad publica" en Colombia, ni siquiera España, siendo el pais en donde mas cocaina se consume se ha razgado tanto las vestiduras, tanto asi que Izquierda Unida ha pedido “la legalización del consumo, producción, distribución y uso terapéutico del cannabis”.Y es que uno no puede pretender ser pragmatico dejando de lado la moral; y esta indica que el interes, sea este economico o politico, no puede ir en contravia de la libertad individual y menos aun servirse de su mencion para imponer la represion en su nombre.
(Pido excusas por citar esta perla y por la alta reflexión contenida en ella, es que la respuesta de A. Gaviria merece verdadera atención.)
Estoy de acuerdo con tu punto. Sólo quisiera agregar que la diferencia entre Caballero y Becker está en la sofisticación de los argumenstos (así las conclusiones sean las mismas). Mientras el primero simplemente esgrime una opinión, el segundo va más allá y ofrece una demostración (ver aquí).
3. Torpeza lectora Es difícil explicar lo que significó para mí dedicar tanto tiempo a leer ese escrito enlazado en busca de alguna argumentación que tuviera que ver con la idea de que la prohibición de las drogas es una intriga de los gobiernos y elites estadounidenses para acrecentar su poder sobre los demás países. Yo creo que no está, que eso no lo dice en ninguna parte. ¿Es o no lo que dice Caballero? La respuesta de esos personajes es como la discusión que le presentan a Uribe en sus antros, de no ser por el servicio de seguridad lo habrían asesinado directamente. Colombia es un país singular en el que las universidades son los únicos sitios más peligrosos que las prisiones. Por eso no habrá nadie que se tome el trabajo de mostrarme dónde dice tal cosa el escrito del economista. Es que si no mantuviera el anonimato ya me habrían mandado la moto. Ahora bien: ¿Dice o no A. Gaviria que el economista demuestra las teorías de Caballero, más allá de la mera opinión?

4. ¿Quién es Antonio Caballero? Este columnista que podría contar cientos de altos cargos entre sus antepasados es el mejor representante de la sociedad colombiana, y por eso es el único que dice claramente en un medio público lo que otros sólo afirman en privado. ¿Cuántas veces no he oído yo decir que la prohibición de las drogas es el gran negocio estadounidense? Un anónimo en mi blog aseguró que gracias a la persecución del narcotráfico EE UU creaba trece millones de puestos de trabajo. Cosas así sólo se las permite el archipatricio, el dandi taurino que sirve de modelo a todos los arribistas del país. La última semana nos da un ejemplo maravilloso de ese talento suyo que lo hace tan representativo:

5. Definiciones bizarras Su columna semanal está dedicada a elogiar al candidato de la llamada izquierda, Carlos Gaviria. Quienes no la hayan leído deberían tomarse el trabajo de hacerlo. Podrían entender por qué existe en Colombia un blog que se llama País Bizarro y por qué es tan importante para nosotros hacer frente a la corrupción del lenguaje. Es que en Colombia «todo no es ello mismo». Las palabras no corresponden a las cosas que pretenden designar. Es como si la humanidad necesitara siempre buscar la aplicación del viejo programa de Confucio: la restitución de los nombres.

6. ¿Qué es ser liberal? Caballero nos cuenta que en Colombia casi no hay liberales, y entre los cuatro que recuerda uno era socialista y el otro comunista. ¿Qué importa que el mundo confundido siga pensando que «comunista» es opuesto a «liberal». El déspota intelectual del paisito aislado y miserable decreta otra cosa: comunista = liberal, según su capricho, no siempre, claro. ¿Alguna vez nacerá un colombiano capaz de entender que eso es unánimemente admitido en Colombia, que nadie hasta ahora ha puesto en duda que Caballero acierta cuando llama «liberales» a personas que militan en los bandos políticos más abiertamente hostiles al liberalismo?

7. Un liberal de hoy en día Caballero sólo recuerda a un liberal que esté vivo: el hombre que propone el control estatal de la economía. Sí, el mismo que está molesto por la autonomía del Banco de la República. Es alguien tan coherente en su liberalismo como noble en la hondura de su reflexión. Basta con esta frase que encabeza su blog de El Tiempo: «El Presidente Uribe sabe muy bien que mis ideas democráticas y mis propuestas de cambiar el rumbo de esta nación no son un disfraz del comunismo sino reformas necesarias para el país». ¡Qué corto se queda Caballero, el candidato liberal es en realidad un príncipe del pensamiento! Sus «propuestas», de un castrismo tan torpe que avergonzaría a Jojoy, son necesarias y el presidente lo sabe muy bien. Si alguien quiere entender cuál es el nivel intelectual y moral de los profesores universitarios colombianos, unánimemente admiradores de Carlos Gaviria, sólo tiene que leer esa frase.

8. Delito político Entre los «argumentos» con que Caballero pretende demostrar que el ex magistrado es un liberal, destaca su defensa del delito político. De hecho, la entradilla de su artículo reza: «Gaviria es un liberal. Sus sentencias en temas como el delito político, el honor militar, la eutanasia, muestran una impecable coherencia de respeto por el derecho y la libertad». Alguna vez habrá que dedicarle atención al sentido totalitario que tienen políticas como esa promoción de la eutanasia, aquí sólo voy a prestar atención a la cuestión del «delito político». ¿Puede haber un mayor atentado contra el derecho y la libertad que la pretensión de que alguien tiene derecho a matar gente para imponer sus objetivos por encima de la voluntad ajena y del orden institucional consensuado? Es que es Colombia.

9. Una discusión de largo aliento La cuestión está bien planteada en este artículo de Eduardo Posada Carbó. No está de más señalar que en Europa la legitimación de la acción violenta es típicamente fascista, lo más opuesto que puede haber al liberalismo. En el lenguaje de los fascistas italianos se hablaba de «violencia caballeresca». Un escritor franquista, Pedro Laín Entralgo, explicaba de esta forma su adhesión a la violencia de motivaciones elevadas «El nacionalsindicalismo, sin caer en derivaciones seudorreligiosas, sabe bien el valor cristiano de la violencia justa, y exige una acción violenta al servicio de la justicia social y de la justicia nacional. Y, en más alto término de la justicia cristiana». Bueno, la ignorancia reinante en Colombia impide enterarse de que toda la retórica guevarista del «hombre nuevo» es una copia vulgar del discurso de José Antonio Primo de Rivera.

10. Carlos Gaviria y el delito político Voy a comentar el voto particular que Carlos Gaviria presentó junto con otro magistrado a la sentencia de 1997 que declaraba inexequibles ciertas disposiciones constitucionales que dejaban en la práctica impunes los crímenes que se cometieran con objetivos políticos. Ya no se trata del lenguaje bizarro de Caballero sino de algo más serio: la labor del personaje en la magistratura como activista de la combinación de todas las formas de lucha. Ya me gustaría tener tiempo para examinar todas sus sentencias, sin duda se podría demostrar que siempre había un interés orientado a ese fin. Aquí está el enlace de la sentencia. Todas las negritas que aparecen en el texto son mías.

11. Contra la inconsistencia argumentativa
Salvamento De Voto / Referencia: Salvamento de voto de la sentencia C-456 de 1997, que resuelve la demanda de un ciudadano contra el artículo 127 del Código Penal.

Con nuestro acostumbrado respeto, nos permitimos salvar nuestro voto de la presente sentencia, que declaró inexequible el artículo 127 del código penal, que establece que “los rebeldes o sediciosos no quedarán sujetos a pena por los hechos punibles cometidos en combate, siempre que no constituyan actos de ferocidad, barbarie o terrorismo”. Según la Corte, esa norma es inconstitucional, por cuanto el código penal, que es una ley que puede ser aprobada por mayoría simple en el Congreso, consagra una amnistía general, anticipada e intemporal de los delitos cometidos en combate por los rebeldes y sediciosos, con lo cual vulnera el artículo 150 ordinal 17 de la Carta, que ordena que la concesión de estos beneficios tiene un procedimiento especial, pues debe hacerse con posterioridad a los hechos y por una mayoría cualificada de dos tercios de los miembros de las cámaras. Por tal razón, considera la Corte, el artículo acusado desconoce también el deber que tiene el Estado de proteger los derechos fundamentales de las personas, y en especial la vida, pues consagra una impunidad ex ante para todos los delitos cometidos por los rebeldes o sediciosos en combate, con lo cual viola, además, la igualdad, pues los derechos constitucionales de los miembros de la Fuerza Pública se encuentran desprotegidos penalmente frente a tales acciones delictivas. Finalmente, añade la sentencia, todo esto implica una violación al derecho y deber de la paz, que es de obligatorio cumplimiento, puesto que la exclusión de pena de los delitos cometidos en combate por los rebeldes no sólo incita al uso a las armas y santifica la guerra interna sino que, además, estimula la ferocidad de la confrontación, ya que "degrada a las personas que se enfrentan a la condición de enemigos absolutos". Estos beneficios punitivos en favor de los rebeldes, concluye entonces la Corte, son inadmisibles en una sociedad democrática y pluralista, como la que prefigura la Carta de 1991, en donde las personas tienen "canales múltiples para ventilar el disenso y buscar la transformación de las estructuras sociales, económicas y políticas". Por ello, señala la sentencia, "el ámbito del delito político no puede tener ya el mismo alcance que pudo tener en el pasado", lo cual explica, además, que "la tendencia que se observa en el mundo es la de no amparar bajo el concepto de delito político las conductas violentas".
Haciendo caso omiso de lo abstruso del párrafo salta a la vista la oposición de Gaviria y Martínez a una norma que de momento parece claramente justa.
A pesar de su aparente solidez, no podemos compartir las anteriores consideraciones de la Corte, las cuales no sólo reposan en múltiples equívocos y tienen serias inconsistencias argumentativas sino que, más grave aún, desconocen el modelo de delito político adoptado por la Constitución de 1991, que en ese punto no hace sino prolongar la tradición jurídica colombiana desde nuestras primeras constituciones. Por ello creemos que la decisión de la Corte es equivocada pues se basa más en argumentos abstractos de filosofía política sobre la manera como las democracias deben responder a los alzamientos políticos armados, que en una interpretación adecuada del texto constitucional colombiano.
Ciertos términos como aparente introducen una descalificación sin argumentos, así como la típica declaración de que el texto citado de la sentencia reposa en equívocos y tiene serias inconsistencias. ¿Las detectaremos? Lo más grave es que se desconoce el modelo político de la Constitución de 1991, que sigue una tradición: ¿habrá quien recuerde que de lo que se trata es de la legalidad del asesinato motivado por objetivos políticos?

12. Licencia para matar
1. El discutible presupuesto de la sentencia: la amnistía y el indulto son el único privilegio constitucional del delito político.
Sigue ese tipo de argumentación de matones que no necesitan demostrar nada. Esta vez la magia se concentra en el adjetivo discutible.
La decisión de la Corte presupone que la eventual concesión de indultos o amnistías constituye el único beneficio que la Carta reconoce en favor del delito político. Así, a pesar de que la sentencia transcribe los artículos de la Constitución que establecen que no puede haber extradición por delitos políticos, y que éstos no generan en ningún caso inhabilidad para acceder a determinados cargos públicos (CP arts 35, 150 ord 17, 179 ord 1, 232 ord 3, 209 y artículo transitorio 18), lo cierto es que no existe en la parte motiva la más mínima consideración acerca del efecto de esas normas superiores sobre el alcance del delito político y de su punibilidad. Lo único que dice la Corte es que esas normas, por tratarse de excepciones, deben ser interpretadas restrictivamente. Sin embargo este argumento no es convincente, pues incluso si aceptamos, en gracia de discusión, que esas disposiciones son excepciones -lo cual no es totalmente claro- de todas maneras una cosa es determinar restrictivamente el sentido de una norma, y otra muy diferente es ignorar su existencia, que es lo que en el fondo hace la sentencia.
El que no haya entendido tiene que volver a leer: la sentencia de la Corte no tuvo en cuenta que el delito político contaba con otras ventajas, como el derecho a ocupar cargos públicos debido por ejemplo a que se quitó de en medio a los que los ocupaban antes. Por ejemplo, puede que alguna vez se encuentren complicidades de jueces en los hechos del Palacio de Justicia, como es cosa juzgada y amnistiada, no se puede perseguir judicialmente a esos jueces, y en realidad el problema de esa sentencia, según Gaviria y Martínez, era que no reconocía que aparte había ésa y otras ventajas para los delincuentes políticos.
La Corte se centró entonces exclusivamente en el problema de la amnistía y el indulto, con lo cual olvidó las otras disposiciones constitucionales relativas al delito político. Y se trata, a nuestro parecer, de una omisión que no es tangencial sino que representa un elemento esencial de la argumentación de la sentencia, la cual está construida sobre el sistemático silencio acerca del alcance de las normas constitucionales que establecen que el tratamiento favorable al delito político va más allá de la posibilidad de que esos hechos punibles sean eventualmente amnistiados o indultados. En efecto, si las normas sobre amnistía e indulto fueran la única referencia que la Constitución hace al delito político, entonces la tesis de la Corte podría tener algún sustento. Así, en gracia de discusión, podría aceptarse que en tal caso, y en virtud del principio de igualdad, los comportamientos delictivos de los rebeldes y sediciosos deberían ser sancionados como los de cualquier delincuente, por lo cual podría no ser legítima una norma que excluyera de pena los delitos cometidos en combate. Además, si así estuviera redactada nuestra Constitución, la única razón para atribuir un carácter político a un hecho punible sería permitir su eventual indulto o amnistía, por lo cual podría ser razonable exigir que fuera la ley de amnistía o de indulto, ex post facto, y con una mayoría calificada, la que definiera cuáles son los hechos punibles que quedan excluidos de pena. Sin embargo, lo cierto es que nuestra Carta no se limita a señalar que los delitos políticos pueden ser indultados o amnistiados sino que confiere a los autores de esos hechos punibles otros beneficios.
La moralidad de la argumentación es clara: no se puede dictar una sentencia que castiga el asesinato de soldados porque la ley ofrece otros beneficios a quienes lo cometen. ¿Es que yo entiendo algo mal? ¿Le sonará a algún lector como familiar eso de que una cosa es defendible desde el punto de vista de la ley porque algún mico colgado en otro sitio lo autoriza? Es normal que un personaje como ése convoque el apoyo de los lagartos y tinterillos, es que se trata de la identidad del país, la guerrilla es sólo el sustento fáctico de esas astucias retóricas.
La sentencia ignora entonces que la Constitución establece una doble prerrogativa en favor del delito político. De un lado, estos hechos ilícitos pueden ser indultados o amnistiados, privilegio político eventual, que es el único que toma en consideración el análisis de la Corte. Pero de otro lado, tales delitos no generan inhabilidades para desempeñar ciertos cargos oficiales altamente cualificados, ni pueden dar lugar a la extradición, con lo cual la Carta establece unos beneficios jurídicos directos en favor del delincuente político, los cuales no están sujetos a una eventual amnistía o indulto sino que ocurren en todos los casos en que se comete un delito político, como la rebelión o la sedición. Así, un rebelde que haya cumplido su pena, y que no haya cometido otros delitos dolosos, puede, conforme a la Constitución, llegar a ser congresista o magistrado de las altas cortes.
La típica retórica leguleya: ¿qué pretende este liberal? Salvar el derecho a matar soldados por parte de los otros liberales que se levantan contra el neoliberalismo y quieren establecer una democracia liberal auténtica como en Cuba. Los retruécanos leguleyos son algo que conoce cualquier colombiano. El cinismo con el que se pretende asegurar la impunidad de unos criminales con particularidades existentes en leyes de repente sacralizadas es sencillamente típico. Es que las guerrillas y sus socios son expresión de eso hediondo que se ha estado formando en Colombia y que se manifiesta por ejemplo en tantos funcionarios públicos de bajo rango que dedican sus horas de trabajo a hacer carrera política en contra del gobierno que les paga el sueldo para obtener un ascenso. Es por la carrera de personajes así por lo que hay secuestros y masacres, y ciertamente el hecho de que haya «fichas» del movimiento en las altas cortes es decisivo para su éxito.
Esta omisión debilita entonces la argumentación de la Corte, ya que la Corporación debió mostrar que la decisión de inexequibilidad del artículo acusado era compatible con todas las normas constitucionales que regulan el delito político, y no sólo con las relativas a la amnistía y el indulto, pues es obvio que si la sentencia contradice algunas de esas otras disposiciones, entonces en principio debe ser considerada jurídicamente incorrecta. En efecto, el deber más elemental de un juez es que sus decisiones al menos no contradigan el sentido normativo de las normas que pretende aplicar.
Bueno, lo repiten de nuevo: los rebeldes tienen derecho a matar gente porque prohibírselo no es consecuente con todas las leyes. ¿Cuántass veces van ya? ¡Una trayectoria impecable la de este santo justiciero!
Con todo, algunos podrían considerar que esta debilidad argumentativa, si bien puede restar fuerza persuasiva a la sentencia, no afecta su corrección jurídica, pues la decisión de la Corte no contradice las disposiciones constitucionales según las cuales el delito político no genera inhabilidades, ni puede dar lugar a extradición. Un primer interrogante surge entonces: ¿es la decisión de la Corte congruente con esos mandatos de la Carta? Y para nosotros la respuesta es negativa, como lo mostraremos a continuación.
Sí, es lo que parece, vuelven a decir lo mismo. Por lo visto previeron este post y tratan de hacer desistir a cualquier lector. Cualquier discusión en País Bizarro deja ver esa tendencia, la porfía como único recurso del mismo sector social, cultural, político...

13. Debe haber benevolencia con los liberticidas porque debe haberla

2- La sentencia contradice las normas que no solo autorizan sino que ordenan un tratamiento punitivo benévolo de los delitos políticos.

Imaginemos el siguiente ejemplo: unos rebeldes, que por definición son personas que se alzan en armas contra el régimen constitucional, efectúan unos combates contra unas patrullas militares, en los cuáles mueren varios soldados y son destruidas algunas tanquetas. Supongamos igualmente que también muere en esos combates un asesor militar extranjero, y que tal conducta ha sido establecida como causal de extradición con el respectivo Estado. Supongamos finalmente que se captura a dos de los insurrectos, Pedro Pérez y Juan Rodríguez, y que se prueba que el primero fue quien dio muerte al asesor militar extranjero durante el combate y que el segundo destruyó una de las tanquetas. En tales circunstancias, y con base en la declaratoria de inexequibilidad del artículo 127 del estatuto penal, llegaríamos a la siguiente paradójica situación: Pedro Pérez podría ser extraditado al otro país por el homicidio del asesor extranjero, pues éste sería un delito no político, a pesar de ser una consecuencia directamente relacionada con la rebelión. Y Juan Rodríguez, después de cumplir su pena, no podría nunca ser congresista o diputado, por haber sido condenado por un hecho punible con pena privativa de la libertad distinto de los delitos culposos y de los delitos políticos. En efecto, el señor Rodríguez habría sido sancionado también por daño en cosa ajena, pues la destrucción de bienes físicos durante un combate es, a partir de la sentencia de la Corte, un delito autónomo, que no se subsume ni en la rebelión ni en la sedición.


Esas ineludibles consecuencias de la decisión de la Corte nos parecen por lo menos muy problemáticas, pues restan toda eficacia normativa a las normas constitucionales que prohiben la extradición en caso de delito político, o que señalan que esas conductas punibles no generan inhabilidades, por la sencilla razón de que es inevitable que los rebeldes y sediciosos cometan, como consecuencia de su delito político, otras conductas ilícitas. En efecto, si la esencia de la rebelión y la sedición es alzarse en armas, en ambos casos los sujetos activos de estos delitos tienen la pretensión de atacar a la Fuerza Pública estatal con el fin de derrotarla, pues no otra es la finalidad de una insurrección armada. Por ende, los rebeldes o sediciosos causarán, como consecuencia de los combates, daños en los bienes de otros, así como muertes y lesiones personales a los miembros de la Fuerza Pública, pues tales son las inevitables y dolorosas consecuencias de un levantamiento en armas. En tales circunstancias, la inexequibilidad de la norma demandada, según la cual esos delitos no eran punibles si se cometían en combate, equivale a una derogación de las disposiciones constitucionales que conceden un tratamiento privilegiado al delito político, diverso a la eventual amnistía o indulto, pues ¿qué sentido tiene que la Constitución señale que no genera inhabilidad ser condenado por rebelión, si la inhabilidad surge de los otros hechos punibles que inevitablemente se cometen durante los combates? ¿O es que la Corte está imaginando un alzamiento armado sin combates? Esto sería a lo sumo un desfile militar de protesta, pero no una rebelión.
Otra perla: lo interesante es la frescura con que se evalúa, se justifica y se da protección legal al asesinato de soldados: como hay licencia para levantarse contra la democracia, se sigue, según la ley, que también hay licencia para matar gente, que es lo que se hace cuando hay un levantamiento contra la democracia. ¿O es que acaso no hay otras leyes que aseguran la no extradición ni exclusión de los cargos públicos de los asesinos que quieren acabar con la democracia? No, no, no se pueden dictar leyes incoherentes.

14. La impunidad es un requisito constitucional
Por las anteriores razones creemos que la Constitución no sólo autoriza sino que incluso exige un tratamiento punitivo benévolo en favor de los rebeldes y sediciosos, el cual, como acertadamente lo señala uno de los intervinientes en el proceso, implica la conexidad, vale decir la absorción de los delitos comunes cometidos en combate por el delito político. En efecto, la penalización, como delitos autónomos, de los homicidios, las lesiones o los daños en cosa ajena, que inevitablemente se producen durante los enfrentamientos armados, hace que sea, en la práctica, imposible el privilegio punitivo del rebelde. Este aspecto ha sido reconocido desde antaño, pues el artículo 139 del Código Penal de 1936 ya disponía un trato especial para los delitos políticos, lo que incluso contaba con el respaldo de la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia, quien manifestó:

"Mas, también ese es el sentido obvio y natural de las expresiones que la ley emplea para consagrar los delitos políticos, cuando requiere el propósito específico de derrocar al gobierno legítimo, o de cambiar en todo o en parte el régimen constitucional existente, o de impedir el funcionamiento normal del régimen constitucional o legal vigente, o de turbar el pacífico desarrollo de las actividades sociales. Y eso es lo que en forma patente acredita también la circunstancia de que las infracciones comunes que se realicen durante un movimiento subversivo, tales como incendio, homicidio y lesiones causadas fuera de un combate y, en general, los actos de ferocidad y barbarie, se sancionan por separado, acumulando, con excepción, las penas"
[1]

Así se desprende con claridad de los propios debates que antecedieron la expedición del código penal de 1980, del cual hace parte la norma demandada. En efecto, en la comisión redactora del anteproyecto de 1974, uno de los comisionados se opuso a la exclusión de pena, por considerar que si bien tal figura “tiene su origen en el derecho de gentes”, no debería aprobarse pues “terceras personas pueden ser sujetos pasivos de esta clase de delitos y no encuentro razón valedera para afirmar que esas terceras personas deben ser víctimas de una impunidad que introduce el legislador”. Todos los demás comisionados se opusieron a ese argumento, pues consideraron que sin la exclusión de pena de los delitos en combate, no podría conferirse un tratamiento benigno al delito político. Bien conviene transcribir in extenso las réplicas de esos eminentes penalistas, pues aclaran el sentido de la figura de la conexidad. Así, el Doctor Alfonso Reyes Echandía señaló al respecto:

Si la rebelión y la sedición llevan ínsito el combate, resulta difícil pensar en una figura de esta naturaleza en la que no se produzcan necesariamente, otras adecuaciones típicas, que por lo general serán el homicidio y las lesiones personales. En el fondo no se está consagrando impunidad alguna, sino que se está aceptando una realidad y es la que el combate, para que sea tal, conlleva otros resultados, por su misma naturaleza; de lo contrario, no deberíamos hablar de “alzamiento en armas”.

Por su parte, el Doctor Luis E. Romero Soto agregó:

Lógicamente que no es este el momento ni el lugar para exponer íntimas convicciones: pero por lo menos se puede dejar en claro que la rebelión supone la absoluta inconformidad con un sistema y que el cambio para quien se rebela, no puede producirse sino mediante el alzamiento en armas. Se ha dicho que la rebelión es el recurso de los pueblos oprimidos. Pues bien, si los rebeldes triunfan, nada habrá pasado, pero si son vencidos, sería excesivo que se les castigara por los hechos que son de la esencia del combate.

Finalmente, el Doctor Jorge Gutiérrez Anzola concluyó:

El delito político, como lo es la rebelión, debe tener ciertos privilegios en cuanto a la punibilidad. Sería muy difícil que nos detuviéramos a discutir si se trata de un fenómeno de complejidad de delitos, de un concurso simplemente, o si se trata de hechos que son de la naturaleza de la rebelión o de la sedición. También sería muy dispendioso que nos entrabáramos en una discusión acerca de si se trata de una causal excluyente de punibilidad especial, o si se trata de un fenómeno simplemente pragmático. Yo creo, frente a la realidad en la aplicación de la ley para los casos concretos, que si se exigiera la imposición severa de la ley penal a todos los hechos o actos conexos con la rebelión, sería necesario aplicar casi todo el Código. Los rebeldes, lógicamente, se asocian para delinquir, ellos muchas veces usan prendas militares y documentos falsos, violan domicilios, en veces calumnian o injurian, todo dentro de ese alzamiento en armas. Por ello, creería conveniente que se estructura una norma en la que se dijera que no estarán sometidos a pena los rebeldes y los sediciosos que realicen hechos punibles en razón del combate.[2]


A estas consideraciones normativas, hay que agregar además un argumento fáctico evidente, y es que, no es posible, en un combate, individualizar responsabilidades, y tal individualización, en materia penal, es inexcusable. Lo único que puede establecerse es quiénes se han alzado en armas y aun quiénes han participado en un enfrentamiento armado, a fin de imputarles a cada uno de ellos el delito de rebelión o de sedición. Pero no es factible acreditar probatoriamente bajo esa circunstancia, quién mató a quién o quien lesionó a quién y con qué intención. Parece una dificultad insuperable determinar, con fuerza de verdad asertórica, quién, individualmente, (en un combate) es el autor de un hecho punible distinto de aquél que, por sí mismo, constituye la rebelión o la sedición.

15. Hay impunidad porque tiene que haberla
En síntesis, la conexidad es el símbolo inequívoco de la complejidad fáctica del delito político, así como del hecho de que éste es reconocido y diferenciado favorablemente de otras conductas delictivas en materia punitiva, de lo cual se desprenden dos consecuencias esenciales.De un lado, resulta evidente la debilidad del argumento de la Corte, según el cual la exclusión de pena por los delitos cometidos en combate por los rebeldes o sediciosos es una amnistía anticipada, con lo cual, según la sentencia, perdería “sentido una eventual amnistía o indulto que cobije a los delitos políticos y a los delitos conexos, como quiera que éstos últimos, desde su comisión, estarán exentos de sanción. La ley penal ordinaria, se limita a refrendar la violencia y a anticiparse a la decisión política de la amnistía o indultos futuros”. Esta aseveración es totalmente inexacta, y deriva del error de la Corte de creer que la eventual amnistía es el único beneficio para los delitos políticos puesto que, como ya lo vimos, la exclusión de pena no prefigura una amnistía futura, la cual puede perfectamente no ocurrir, sino que constituye el dispositivo necesario para penalizar benévolamente la rebelión, tal y como lo autoriza la Carta. Uno de los principales fundamentos de la sentencia pierde entonces todo valor.
A mí me impresiona la ceguera de la gente, no de la que no tiene nada que ver, sino de la que apoya a este personaje. ¿Realmente creen que habrá quien no se dé cuenta de que que estos salvamentos de voto corresponden a los intereses de la guerrilla y de los sectores políticos que comparten intereses con ella? No hablemos de la categoría intelectual de un documento en el que no se hace más que repetir sin cesar lo mismo. ¿Cuántas veces hemos leído ya lo que dice el siguiente párrafo?
De otro lado, la decisión de inexequibilidad del artículo 127 del estatuto penal contradice las normas constitucionales que señalan que los delitos políticos no generan inhabilidades, ni son susceptibles de extradición, por cuanto tales normas ordenan -o al menos autorizan- un tratamiento punitivo benévolo a esas conductas, el cual requiere la exclusión de pena de los delitos cometidos en combate.
16. La tradición es sagrada para un revolucionario

3- Delito político, combatientes y derecho internacional humanitario en la tradición constitucional colombiana.

Las anteriores no son las únicas debilidades de la sentencia. Según nuestro criterio, la Corte también ignora la tradición jurídica colombiana relativa al alcance del delito político y al tratamiento favorable al mismo, y eso es grave, pues esa tradición fue recogida y profundizada por el Constituyente de 1991. Para demostrar lo anterior resulta pertinente que nos interroguemos sobre qué es delito político y cuál ha sido la respuesta del ordenamiento jurídico colombiano al respecto.

Así, los criterios para tipificar el delito político pueden reducirse a dos: objetivo y subjetivo.

El primero atiende, para la construcción de la figura delictiva, al bien jurídico que pretende amparar: esencialmente al régimen constitucional, circunscribiendo la delincuencia política a las conductas que el propio legislador juzga lesivas de dicho bien. Tal el caso del Código Penal colombiano que en el título II del libro 2o., tipifica la rebelión, la sedición y la asonada como "delitos contra el régimen constitucional".

El segundo atiende sólo (o primordialmente) al móvil que anima al agente en el momento de perpetrar el hecho, independientemente del objeto jurídico inmediatamente vulnerado. Por ejemplo: un magnicidio cometido por una persona, sin relación alguna con un movimiento rebelde o sedicioso, pero por motivos político-sociales, encuadraría dentro de la mencionada categoría, aún cuando las instituciones estatales no resultan más vulneradas de lo que resultan con la comisión de cualquier delito común. Fue ése el derrotero indicado por la Escuela Positiva Penal.

17. La utopía es tan lícita como la democracia porque es lo que dice la ley Realmente es casi ocioso argumentar. ¿Qué constitución psíquica necesita alguien para negar que el cínico despliegue de sofismas de ese escrito es rigurosamente un encargo de los mismos que ordenan las masacres? ¿Y el absurdo clasista de que un delito es menos grave porque se comete para imponerse sobre los derechos ajenos y para llegar a ocupar cargos públicos de alto rango? La comparación obvia con los fascistas es injuriosa para éstos.
En nuestro sistema prevalece, sin duda, el criterio objetivo pero en armonía con un ingrediente teleológico, a saber: que el alzamiento en armas tenga como propósito el derrocamiento del gobierno o la modificación del sistema vigente, es decir, que el móvil que informe la conducta de los alzados en armas sea inequívocamente político, razón de ser del tratamiento benévolo que para ellos se consagra. Tal propósito específico es elemento constitutivo del tipo y se constituye en el símbolo de esta categoría delictiva.

Sobre los criterios consagrados en nuestro ordenamiento para distinguir el delito político del común y la justificación de dar al primero un tratamiento más benévolo que al segundo, se ha pronunciado ya la Corte en múltiples ocasiones. Un buen ejemplo se encuentra en la Sentencia C-009 de 1995, donde -con ponencia del Magistrado Vladimiro Naranjo Mesa- dijo la Corporación:

"El delito político es aquél que, inspirado en un ideal de justicia, lleva a sus autores y copartícipes a actitudes proscritas del orden constitucional y legal, como medio para realizar el fin que se persigue. Si bien es cierto el fin no justifica los medios, no puede darse el mismo trato a quienes actúan movidos por el bien común, así escojan unos mecanismos errados o desproporcionados, y a quienes promueven el desorden con fines intrínsecamente perversos y egoístas. Debe, pues, hacerse una distinción legal con fundamento en el acto de justicia, que otorga a cada cual lo que merece, según su acto y su intención".

Y en la Sentencia C-171 de 1993, con ponencia del mismo Magistrado, había dicho:

"La Constitución es clara en distinguir el delito político del delito común. Por ello prescribe para el primero un tratamiento diferente, y lo hace objeto de beneficios como la amnistía o el indulto, los cuales sólo pueden ser concedidos, por votación calificada por el Congreso Nacional, y por graves motivos de conveniencia pública (art. 50, num. 17), o por el Gobierno, por autorización del Congreso (art. 201, num. 2o.). Los delitos comunes en cambio, en ningún caso pueden ser objeto de amnistía o de indulto. El perdón de la pena, así sea parcial, por parte de autoridades distintas al Congreso o al Gobierno, -autorizado por la ley, implica un indulto disfrazado".

Esto muestra que desde que nuestro país se constituyó en República independiente bajo el influjo -entre otras- de la filosofía que inspiró la "Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano", ha sido casi una constante en sus Constituciones y en sus leyes penales, el tratamiento diferenciado y generalmente benévolo del delito político. Al respecto pueden citarse como ilustrativos algunos hechos: la ley de mayo 26 de 1849 eliminó la pena de muerte, vigente entonces en el país, para los delitos políticos; la Constitución de 1863 la abolió para todos los hechos punibles, pero cuando la Carta del 86 la reimplantó, en su artículo 30, excluyó expresamente los delitos políticos. Es decir: que mientras la pena capital fue abolida para todos los delitos sólo en el Acto Legislativo de 1910, para los delitos políticos ya lo había sido desde 1849. El Código Penal de 1936, que acogió el criterio peligrosista del positivismo italiano, disminuyó notablemente las penas contempladas para los delitos políticos en el Código de 1890, con la tesis, tan cara a Ferri y Garófalo, de que los delincuentes político sociales, por las metas altruistas que persiguen, no son temibles para la sociedad. Así mismo, cabe recordar que el artículo 76, ordinal 19, de la anterior Constitución facultaba al Congreso para conceder amnistía por delitos políticos, y el 119, ordinal 4 autorizaba al Presidente a conceder, de acuerdo con la ley, indulto por ese mismo tipo de infracciones.

Dicha tradición sólo vino a sufrir una modificación radical en la década de los 70, y muy especialmente en el decreto 1923 de 1978 -de estado de sitio-, conocido como "estatuto de seguridad" en el que la pena para la rebelión que era de seis meses a cuatro años de prisión, se cambió por presidio de 8 a 14 años (igual a la del homicidio). Dentro de esa misma tendencia autoritaria, instrumentada casi invariablemente a través de decretos de estado de sitio, debe citarse la atribución de competencia a las cortes marciales, para juzgar a los sindicados de delitos políticos, proscrita de manera expresa por la Carta del 91.

Por último conviene resaltar, que la definición de delincuente político en Colombia se ha estructurado, como bien lo indican algunos intervinientes, y como lo han mostrado importantes investigaciones históricas sobre el tema
[3], en torno a la noción del combatiente armado, por lo cual las definiciones del derecho internacional humanitario han jugado un importante papel. El rebelde es entonces en nuestro país un combatiente que hace parte de un grupo que se ha alzado en armas por razones políticas, de tal manera que, así como el derecho internacional confiere inmunidad a los actos de guerra de los soldados en las confrontaciones interestatales, a nivel interno, los hechos punibles cometidos en combate por los rebeldes no son sancionados como tales sino que se subsumen en el delito de rebelión. Y es obvio que así sea, pues es la única forma de conferir un tratamiento punitivo benévolo a los alzados en armas. Así, durante el Siglo XIX, la doctrina, la legislación y la jurisprudencia concluyeron que la única manera de conferir penas más leves a los alzados en armas era considerar que la rebelión era un delito complejo, de suerte que los otros hechos punibles cometidos en función del combate armado, quedaban subsumidos, como delitos medios, en la rebelión como tal. Tal fue la fórmula adoptada, durante la Regeneración, por el código penal de 1890, el cual señalaba, en su artículo 177 lo siguiente:

Se considerarán como parte de la rebelión los actos consiguientes al objeto de este delito, como ocupación de armas y municiones, llamamiento de hombres al servicio de las armas, separación de sus funciones a los encargados de la autoridad, ejercicio de las funciones atribuidas por las leyes a los diferentes empleados o autoridades, resistencia a viva fuerza a las tropas que obran a nombre de la autoridad pública y finalmente, distribución y recaudación de contribuciones de carácter general, en las cuales se grave a los individuos sólo en consideración a su riqueza.

Durante el siglo XX, el tratamiento punitivo favorable se realizó en nuestro país instituyendo la conexidad o exclusión de responsabilidad por los delitos cometidos en combate por los rebeldes o sediciosos, que es un dispositivo jurídico que cumple la misma función que la definición del delito político como una conducta compleja, que subsume los otros hechos punibles. Así lo estableció el artículo 141 del estatuto penal de 1936 y la norma demandada en la presente ocasión.

La tradición jurídica colombiana relativa al delito político puede entonces ser resumida así: distinción entre delito político y común con base en un criterio predominantemente objetivo, en armonía con elementos teleológicos; tratamiento favorable a estos hechos punibles; caracterización del delincuente político como combatiente armado, a la luz del derecho internacional humanitario o, según la terminología de la Constitución de 1886, del derecho de gentes. Y en todo ello juega una papel esencial el dispositivo de la conexidad. Por ello creemos que la presente sentencia, al retirar del ordenamiento la exclusión de pena de los delitos cometidos en combate por rebeldes y sediciosos, desestructura totalmente la noción de delito político, tal y como había sido entendido hasta ahora por nuestra cultura jurídica. Ahora bien, según nuestro criterio, al desconocer esa tradición, la Corte no ha hecho una innovación jurisprudencial sino que ha cometido un error hermenéutico de talla, pues si bien la Constitución de 1991 no define el alcance del delito político, resulta razonable pensar que no hubo la intención de apartarse del concepto dominante en esta materia, por las siguientes razones: de un lado, por el origen y la composición de la Asamblea Constituyente, pues ésta surge de procesos de paz exitosos y participan en ella antiguos combatientes guerrilleros, que se habían beneficiado del tratamiento benigno al delito político, por lo cual es lógico pensar que ese cuerpo quiso mantener la concepción de delito político existente en ese entonces. De otro lado, no existe en los debates de la asamblea ningún cuestionamiento al tratamiento del delito político y a la figura de la conexidad, a tal punto había consenso en esa materia. Finalmente, el propio texto constitucional es indicativo de esa voluntad de preservar la definición tradicional de delito político, no sólo por cuanto la Carta mantiene la distinción entre delito político y delito común sino también por la constitucionalización del derecho internacional humanitario. En efecto, si en Colombia la noción de rebelde y la figura de la exclusión de pena de los delitos en combate había sido construida a la luz del derecho de los conflictos armados, resulta absurdo pensar que la Carta de 1991, que preceptúa que “en todo caso se respetarán las reglas del derecho internacional humanitario”, haya pretendido prohibir el dispositivo de la conexidad, que se desprende naturalmente del derecho de la guerra. Resulta mucho más razonable concluir, como lo sugieren algunos de los intervinientes, que la constitucionalización del derecho humanitario implica no sólo la prohibición de ciertas conductas en las hostilidades sino, además, la necesidad de consagrar legalmente la exclusión de pena de los delitos cometidos en combate, siempre que no constituyan actos de ferocidad o barbarie, figura que constituye a nivel del derecho interno el equivalente jurídico de la no punibilidad de los actos de guerra en las confrontaciones internacionales.
18. Bendecido por la palabra mágica: democracia
Por todo lo anterior concluimos que la inexequibilidad del artículo demandado no sólo rompe la tradición jurídica colombiana sobre el tema sino que -y eso es lo grave en este caso- desconoce el concepto de delito político que surge de la Constitución. En efecto, tanto el análisis de las normas constitucionales específicas que se refieren al delito político y al derecho humanitario, como el estudio de la tradición preconstituyente sobre el tema, conducen a una sola conclusión: la Carta de 1991 ha establecido un modelo muy depurado de tratamiento diferenciado y benigno para el delito político, a tono con la filosofía democrática que le sirve de sustrato, modelo que implica, o al menos autoriza, la exclusión de pena para los delitos cometidos en combate por los rebeldes y sediciosos.
4- La debilidad de los otros argumentos de la sentencia y la demanda.

En los anteriores párrafos hemos mostrado que la decisión de inexequibilidad de la norma acusada contradice el concepto constitucional de delito político, así como los preceptos de la Carta que prohiben la extradición por tales delitos y los excluyen como causal de inhabilidad para acceder a determinados cargos públicos. Así las cosas, y conforme a la llamada demostración por el absurdo, o "reducción al absurdo", las anteriores razones parecen suficientes para concluir que la norma acusada debió ser mantenida en el ordenamiento. En efecto, conforme a esta forma argumentativa, si asumimos una determinada tesis "p" y mostramos que ésta conduce a resultados contradictorios, absurdos o inaceptables, entonces debemos concluir que la tesis válida es la negación de la premisa de partida, esto es, la proposición "no p". Es pues lógico concluir que la Corte debió declarar la exequibilidad de la disposición impugnada.

Con todo, se puede considerar que nuestros anteriores argumentos no son suficientes. Según tal criterio, si bien la decisión de inexequibilidad puede ser aparentemente inconsistente con las normas constitucionales que señalan que los delitos políticos no permiten la extradición ni generan inhabilidades, no por ello se debía mantener en el ordenamiento la disposición acusada, por cuanto pueden existir otras razones constitucionales de mayor peso en favor de la inconstitucionalidad de esa norma.

Reconocemos que esta objeción puede tener sustento, ya que las normas constitucionales suelen entrar en conflicto, por lo cual no basta para invalidar una opción hermenéutica que se demuestre que ésta no es totalmente consistente con una o varias normas aisladas, puesto que la interpretación cuestionada puede encontrar un sólido sustento en otras normas constitucionales, que tengan mayor fuerza normativa en el caso concreto. Sin embargo, esto no sucede en la presente ocasión pues, una vez presentado el tratamiento privilegiado que la Constitución confiere al delito político, las otras razones invocadas por la Corte o el demandante para sustentar la inexequibilidad de la norma acusada, no son convincentes, como se verá a continuación:
19. A los soldados y policías que los maten: es su trabajo
- En primer término, la sentencia y el actor sostienen que la norma implicaba un trato discriminatorio, desventajoso, para los miembros de la fuerza pública cuyos derechos a la vida, a la integridad física y al trabajo quedaban sin protección, en contra de lo dispuesto por la normatividad superior y por los instrumentos internacionales que hacen parte del bloque de constitucionalidad. Pero este argumento no es válido pues no es cierto que no se consagre pena alguna para los hechos punibles ocurridos "en combate". Se prevé como imponible, la establecida para el delito de rebelión o sedición, según el caso. Y no puede ser de otro modo, por las razones que atrás quedaron consignadas. Pero es más: de lo que la conexidad implica no puede inferirse que el legislador tenga en menos estima el derecho a la vida y a la integridad de los miembros de la fuerza pública que el de los restantes miembros de la comunidad. Lo que sucede es que, por fuerza de las cosas, quien hace parte de las fuerzas armadas tiene el deber, constitucional y legal, de combatir a los rebeldes y sediciosos y tal deber comporta un riesgo mayor para su vida y su integridad personal que el de quienes no tienen ese deber profesional. El militar y el policía se definen en función de la actividad altamente valiosa pero fatalmente azarosa que cumplen: prevenir desórdenes y reprimir alzamientos. Y dicha actividad la despliegan, precisamente, para proteger los derechos de los demás ciudadanos, quedando los suyos más expuestos que los de las demás personas. El Estado no se desentiende de ellos pero no puede protegerlos con la misma eficacia que los de otros porque es inevitable que quien tiene por oficio la defensa de los derechos ajenos, arriesga sensiblemente los propios. Y no puede ser de otro modo, en lo que hace al aspecto fáctico, porque se requeriría entonces otro ejército que protegiera al ejército y otra policía que protegiera a la policía y así sucesivamente hasta el absurdo.

Y en lo que hace relación a la mayor benevolencia normativa, lo cierto es que si se adoptara la misma dialéctica del demandante y de la sentencia, podría contraargüirse que también se discrimina desfavorablemente a los rebeldes y sediciosos, en tanto que titulares del derecho a la vida y a la integridad personal, que sin duda lo son, cuando no se dispone investigar, ocurrido un combate, cuál de los miembros de la fuerza pública hirió o dio muerte a un combatiente, a fin de establecer si el hecho es justificado o hay lugar a imposición de pena.
Este último párrafo lo he puesto todo en negrita para que se note cómo las habilidades retóricas del magistrado son crímenes mucho mayores que todos los asesinatos cometidos por sus empleados rústicos. Yo no creo que la humanidad haya producido en otras partes canallas tan desvergonzados.
Por eso el Derecho Internacional Humanitario, pensado y puesto para situaciones de guerra, se orienta esencialmente hacia la protección de los derechos de los no combatientes, sin que pueda formulársele el reproche de que indebidamente se desentiende de los derechos de los combatientes. Un ejemplo claro lo encontramos en el artículo 13 del Protocolo II, adicional a los convenios de Ginebra, que en su ordinal 3o. dispone: "Las personas civiles gozarán de la protección que confiere este Título, salvo si participan directamente en las hostilidades y mientras dure tal participación” (subrayado nuestro)”. La sentencia efectivamente cita esa del citado Protocolo pero desvirtúa su alcance, pues deduce de esa disposición que ella no se refiere al castigo de los delitos cometidos por rebeldes y sediciosos. Sin embargo, tal y como quedó claramente señalado en la sentencia C-225 de 1995, Fundamento Jurídico No 28, ese artículo es un desarrollo del llamado principio de distinción, según el cual las partes en un conflicto armado deben diferenciar entre combatientes y no combatien­tes, puesto que estos últimos no pueden ser nunca un objetivo de la acción bélica. Esto significa que, desde el punto de vista del derecho humanitario, el combatiente enemigo es un objetivo militar, y puede por ende ser atacado, mientras que la población civil goza de inmunidad. La diferencia de trato encuentra entonces su fundamento en la existencia misma de la guerra y en las reglas del derecho humanitario, por lo cual se adecua a la Carta. Y es que las situaciones de guerra no toleran, por su naturaleza misma, normatividades diseñadas para situaciones pacíficas. Y la rebelión y la sedición son, sin duda alguna, supuestos de guerra interna.

- En segundo término, en cuanto a la alegada violación del derecho al trabajo que, a juicio del actor, se sigue del artículo demandado, tampoco es admisible por una razón a la vez simple y evidente: quien opta por el oficio de las armas, lo hace libremente, y a sabiendas de los peligros que envuelve. No puede pretender que una vez que se ha optado por él, el Estado le quite todo lo que tiene de azaroso, porque no está en manos de nadie hacerlo y, además, por que si fuera posible, lo trocaría en otro distinto del que se eligió y esto sí atentaría contra la libre opción. Y en el caso de las personas que prestan el servicio militar obligatorio, éstas no cumplen sus funciones en ejercicio de la libertad de trabajo, sino en cumplimiento de un deber patriótico, ineludible, impuesto por el propio ordenamiento jurídico.

- En tercer término, larespuesta de la Corte a la dificultad fáctica de atribuir responsabilidades individuales en caso de combate no sólo no es convincente sino que tiene sesgos autoritarios peligrosos. Así, la sentencia transcribe in extenso un aparte de una decisión de la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia, en la cual ese tribunal sostiene que la figura de la llamada “complicidad correlativa” sigue existiendo en nuestro estatuto penal, a pesar de no haber sido reproducida nominalmente por el Código Penal de 1980, pues debe entenderse que es una forma de participación en el hecho punible. A partir de esa cita, la Corte Constitucional deduce que “no es cierto que en un combate no pueda individualizarse la responsabilidad, ni que esa supuesta imposibilidad conduzca a la impunidad general”. Aun cuando el razonamiento no nos parece totalmente claro, pues la presente sentencia no explica adecuadamente el tema, sin embargo creemos que la figura de la complicidad correlativa no soluciona el problema fáctico de la atribución de responsabilidades individuales a los distintos rebeldes por los diversos delitos cometidos en un combate. En efecto, ¿qué sucede si en un combate muere un soldado como consecuencia de la acción de los alzados en armas pero no se logra determinar cual de los guerrilleros lo mató? ¿Significa lo anterior que todos los guerilleros capturados deben responder como cómplices correlativos de homicidio? Esa respuesta no sólo no nos parece admisible sino que creemos que es jurídicamente peligrosa, pues es totalmente contraria al principio de individualidad de la responsabilidad penal. Ademas, ella desnaturaliza la figura de la complicidad correlativa, ya que ésta exige que haya certeza de que todas las personas condenadas fueron autores o cómplices del homicidio o las lesiones, aun cuando sea imposible individualizar cuál o cuáles fueron los autores, y cuál o cuáles los complices. Sin embargo, éso es precisamente lo que resulta prácticamente imposible esclarecer en un combate, por lo cual el problema fáctico probatorio subsiste.

- En cuarto término, no es cierto que la norma acusada desconozca el derecho a la paz e incite a la guerra política, pues el alzamiento armado contra el régimen constitucional sigue siendo una conducta sancionada penalmente. Lo que sucede es que, por las razones largamente expuestas en este salvamento, la Constitución ordena un tratamiento punitivo benévolo, que sólo puede lograrse por el dispositivo de la conexidad.

20. Objetivos altruistas de la esclavitud
-Finalmente, la sentencia argumenta que la disposición impugnada viola el derecho y deber de la paz, por cuanto estimula aleja “las posibilidades de convertir los conflictos armados en conflictos políticos”, pues coloca “el combate por fuera del derecho”. Nada más alejado de la realidad, pues la exclusión de pena de los delitos en combate tiene en el fondo una doble finalidad. De un lado, como ya lo hemos visto, se busca conferir un tratamiento más benévolo al alzado en armas. Pero, de otro lado, de esa manera se pretende civilizar el conflicto armado, puesto que sólo dejan de sancionarse los delitos en combate que no constituyan actos de ferocidad o barbarie. Y es que desde una perspectiva filosófica (liberal), el rebelde no es asimilado por la legislación a un facineroso. Por eso hay absoluta coherencia en la norma cuando excluye de ese trato benévolo "los actos de ferocidad, barbarie o terrorismo". Por que éstos no son propios de alguien que, en función de móviles altruistas, resuelve perseguir la consecución de sus ideales por medios jurídicamente reprochables, pero no contradictorios con propósitos nobles y sociales, que son los que el legislador demócrata y pluralista juzga respetables.
Es decir, el legislador demócrata y pluralista juzga respetable amenazar las libertades políticas porque eso se hace con objetivos altruistas: se mata para quitar las libertades y destruir las instituciones, lo cual es lícito porque corresponde a un sentimiento elevado. Los verdaderos asesinos son los cómplices de esa retórica. En cierta medida los alzados en armas deberían quedar impunes porque la ley debería castigar a gentecita como este hampón.
Por esa razón, conforme a la norma declarada inexequible, el juez penal debía discernir cuidadosamente las conductas punibles que quedan subsumidas (por conexidad) en el delito político, de las acciones vitandas, llevadas a término con ese pretexto y que no sólo son punibles en sí mismas sino demostrativas de que se está enfrente de otro género de delincuencia. En síntesis: una cosa es la dificultad práctica que existe, en un medio abrumado por todo tipo de violencia, de distinguir al guerrillero del bandido, y otra muy distinta la aseveración de que en un régimen democrático no hay cabida para el tratamiento diferenciado que merece el rebelde. Los argumentos que acaban de exponerse, encuentran respaldo en la jurisprudencia de esta Corporación. Pueden citarse, entre otras, las Sentencias C-127 de 1993 (M.P. Alejandro Martínez), C-214 de 1993 (Ms. Ps. José Gregorio Hernández y Hernando Herrera) y C-069 de 1994 (M.P. Vladimiro Naranjo Mesa).

En la citada en primer término se deslinda claramente el delito político del terrorismo, y en todas ellas se ratifica la justificación de que se subsuman en él hechos punibles que se presentan como consecuencia del combate y que se excluyan los hechos atroces, reveladores de ferocidad o barbarie, señalándose entre ellos, uno, por desventura demasiado frecuente entre nosotros, cometido a menudo por organizaciones delictivas que dicen perseguir fines políticos, con el objeto de financiar su actividad ilegal: el secuestro.

En efecto, en la sentencia C-127-93 dijo la Corte:

Es de tal gravedad la conducta terrorista que los beneficios constitucionalmente consagrados para el delito político no pueden extenderse a delitos atroces ni a homicidios cometidos fuera de combate o aprovechando la situación de indefensión de la víctima... El delito político es diferente del delito común y recibe en consecuencia un trato distinto. Pero, a su vez, los delitos, aun políticos, cuando son atroces, pierden la posibilidad de beneficiarse de la amnistía o el indulto.

Luego en la sentencia C-214-93 afirmó:

Es claro que el homicidio que se comete fuera de combate y aprovechando la indefensión de la víctima, para traer a colación apenas uno de los muchos casos en los cuales no hay ni puede establecerse conexidad con el delito político, no es susceptible de ser favorecido con amnistía e indulto dado su carácter atroz, ni podría por tanto ser materia de diálogos o acuerdos con los grupos guerrilleros para su eventual exclusión del ordenamiento jurídico penal ni de las sanciones establecidas en la ley.

Finalmente, en la sentencia C-069-94 expresó:

El delito de secuestro puede considerarse como uno de los más graves que lesionan a la sociedad, así, en principio, sus víctimas directas sean uno o varios individuos en particular. El Estado de indefensión en que se coloca a la víctima y el efecto de inestabilidad social que genera, sumados a la amplia gama de derechos fundamentales que se ven violados por la comisión de este delito, ameritan que se lo califique, con razón, como un delito atroz y un crimen de lesa humanidad... Siendo pues un delito atroz nada justifica que se lo pueda considerar como delito político, ni que sea excusado por motivación alguna, pues contra el hombre como sujeto de derecho universal no puede haber actos legitimizados.

Así las cosas, el artículo declarado inexequible, lejos de estimular la ferocidad en la confrontación armada, como equivocadamente lo sostiene la sentencia, era una tentativa por civilizar el conflicto armado interno, pues sólo podían ser subsumidos en la conducta de rebelión aquellos delitos en combate que no violaran las obligaciones de los insurrectos de respetar, en todo momento, las reglas del derecho humanitario. Y de esa manera, al civilizar el conflicto, esa norma contribuía a aclimatar la paz en el país. En efecto, en la sentencia C-225 de 1995, esta Corporación estableció con claridad la profunda relación que existe entre la búsqueda de la paz y la humanización del conflicto armado. Dijo entonces la Corte:

Una vez ocurrido un conflicto, la humanización de la guerra no descarga tampoco al Estado de su responsabilidad de restablecer el orden público, para lo cual cuenta con todos los recursos jurídicos proporcionados por el ordenamiento, puesto que, como se señaló anteriormente en esta sentencia, la aplicación del derecho internacional humanitario no suspende la vigencia de las normas nacionales.

Esto muestra con claridad que el derecho humanitario en manera alguna legitima la guerra. Lo que busca es garantizar que las partes en contienda adopten las medidas para proteger a la persona humana. Y a su vez, como bien lo señalan la Vista Fiscal, los representantes gubernamentales y otros intervinientes, esta humanización de la guerra tiene una especial trascendencia constitucional en la búsqueda de la paz. En efecto, de manera insistente, la doctrina nacional e internacional han señalado que las normas humanitarias no se limitan a reducir los estragos de la guerra sino que tienen una finalidad tácita que puede ser, en ocasiones, mucho más preciosa: esta normatividad puede también facilitar la reconciliación entre las partes enfrentadas, porque evita crueldades innecesarias en las operaciones de guerra. De esa manera, al reconocer una mínima normativi­dad apli­cable, una mínima racionalidad ética, el derecho internacional humanitario facilita un reconocimiento recíproco de los actores enfrentados, y por ende favorece la búsqueda de la paz y la reconciliación de las sociedades fracturadas por los conflictos armados.

En ese orden de ideas, creemos que la Corte se equivoca profundamente cuando afirma que la norma declarada inexequible convertía a las partes en el conflicto armado interno en “enemigos absolutos, librados a la suerte de su aniquilación mutua”. Por el contrario, esa disposición tendía a civilizar la confrontación, en la medida en que privilegiaba los actos de combate que se adecuaban a las reglas del derecho humanitario, mientras que penalizaba las violaciones a estas normas. Por ello, y ojalá nos equivoquemos, lo que efectivamente puede intensificar la ferocidad de la guerra entre los colombianos es la propia decisión de la Corte, pues ésta desestimula el respeto de las reglas del derecho humanitario. En efecto, si a partir de la sentencia, un homicidio en combate es sancionable en forma independiente como si fuera un homicidio fuera de combate ¿qué interés jurídico podrá tener un alzado en armas en respetar las normas humanitarias? Desafortunadamente ninguno, por lo cual, paradójicamente, en nombre de la dignidad humana, la sentencia corre el riesgo de estimular la comisión de conductas atroces de parte de los rebeldes y los sediciosos.

5- Más allá del razonamiento jurídico: ¿cual es la respuesta democrática a la insurrección armada?

Toda la argumentación de la Corte parte en el fondo de un presupuesto filosófico, a saber, que la respuesta de las democracias constitucionales al desafío planteado por los alzamientos armados debe ser la penalización integral de los mismos, por lo cual se deben sancionar todos los delitos, incluso aquellos que se hayan cometido en combate y respetando las reglas del derecho humanitario. Existiría pues un único modelo democrático universal para enfrentar estos retos, que obviamente tiene que ser también el que, según la Corte, debe encontrarse en nuestra Constitución. Esto explica que la sentencia haga varias referencias a la penalización de la rebelión en otros países, como España o Argentina, en donde se sancionan también los delitos cometidos en combate por los alzados en armas. O también la afirmación de que la tendencia en las democracias consolidadas es a rehusar el calificativo de político a toda conducta violenta.

Ahora bien, nosotros no negamos que es posible que en muchos países europeos existe la tendencia a eliminar el delito político, de suerte que en esos ordenamientos la figura jurídica de la rebelión prácticamente ha desaparecido, para ser sustituida por el terrorismo. Tampoco negamos que en otros regímenes constitucionales se considere necesario penalizar los delitos cometidos en combate por los rebeldes o sediciosos.
Sin embargo, de ello no se desprende que la Constitución de 1991 exige esa penalización en nuestro país, por la sencilla razón de que, como lo hemos mostrado, nuestro ordenamiento acoge otro modelo más benévolo de tratamiento punitivo a los alzamientos armados.
Por todo ello creemos que la sentencia se fundamenta esencialmente en consideraciones de filosofía política, y no en una adecuada interpretación de la Constitución. Esas reflexiones de la Corte pueden entonces ser muy respetables desde un punto de vista filosófico y ético. Igualmente estamos convencidos de que nuestros colegas, al adoptar esta difícil decisión, han puesto su mayor empeño en contribuir a la paz y se han esforzado por alcanzar la que consideran es la mejor sentencia para el país. Sin embargo, creemos que jurídicamente sus consideraciones son incorrectas, pues nuestra función como jueces constitucionales no es imponer a la sociedad colombiana nuestra particular filosofía política sobre cómo las democracias deben enfrentar los desafíos del delito político, problema esquivo y de enorme complejidad, y que por ende escapa a nuestras competencias. Nuestra tarea es mucho más elemental y modesta: en este caso se trataba simplemente de verificar si la regulación legal acusada constituía un tratamiento del delito político ajustado a la manera como la Carta regula esta materia. Y, por las razones que hemos expuesto, para nosotros la respuesta era claramente afirmativa.

Pero incluso en el campo filosófico, el análisis de nuestros colegas no nos parece adecuado, pues no sólo no existe una única respuesta punitiva al problema del delito político sino que no estamos convencidos de que la punición extrema sea la respuesta propia de un régimen democrático pluralista al complejo desafío planteado por la rebelión armada.

Así, Francisco Carrara expresaba su perplejidad ante las dificultades que encontraba para captar la esencia del delito político, en frases como éstas: "Mori deplora de modo cruel la hospitalidad que las naciones cultas les conceden a esos individuos (delincuentes políticos); pero entre tanto los pactos internacionales de los pueblos cultos los excluyen de la extradición.

De un lado se exigen excepcionales formas judiciales y jueces selectos para aumentar sus garantías; de otro, se buscan formas más rápidas y juicios anormales para hacer más seguro el castigo; acá, persecuciones e investigaciones cuidadosísimas; allá, favorecimiento continuo y toda facilidad para la fuga; acá se estudia la manera de hacerles más rigurosas las penas; allá se busca un orden especial de penas más benignas... Carmignani combatió hasta el exceso la pena de muerte para los delitos comunes, pero se doblegó hasta reconocerla como necesaria para los delitos políticos... Guizot sostiene tenazmente la legitimidad de la pena de muerte en los delitos comunes, pero con esa misma tenacidad la rechaza en los delitos políticos. En Rusia, fue abolido el suplicio capital para los delincuentes comunes, pero se conserva con esmero contra los rebeldes. En Francia se admite el reinado de la guillotina contra los asesinos, pero no se acepta la pena de muerte contra los delincuentes políticos. ¿Cómo será posible que el pobre entendimiento humano pueda componer un orden filosófico racional en una materia en que impera tanta confusión?"
[4].
21. Paradojas del ingenio

Según nuestro criterio, la explicación es que el maestro no era consciente de que tales posturas antinómicas eran, simplemente, la manifestación de una dicotomía ideológica que tal vez ha existido desde siempre: la autoritaria y la democrática, que se plasman en formas de organización política con idéntico sello y cada una con su postura característica frente al comportamiento de los rebeldes.
La primera hunde sus raíces en la tradición del crimen majestatis que, según el propio Carrara, cubre casi dos milenios: desde el imperio romano hasta fines del siglo XVIII (1786) cuando es solemnemente abolido el título de "lesa majestad".

El crimen de lesa majestad es una creación caprichosa del príncipe que, mediante ese instrumento, trata de preservar su poder absoluto. El contenido de este tipo de delitos cambia a voluntad del déspota pues la licitud o ilicitud de la conducta depende de lo que él estime más irrespetuoso para su dignidad o más peligroso para el mantenimiento de su statu quo. Tiberio, por ejemplo, creó toda una gama de crímenes de lesa majestad, tan extravagantes como estos: vestirse o desnudarse ante la estatua de Augusto; azotar a un esclavo delante de ella; llevar una moneda con su efigie a un prostíbulo; vender un fundo dentro del cual se hallara enclavada una estatua del emperador, todos ellos castigados con la muerte. Son las ofensas al gobernante, cuya persona se sacraliza, las que se juzgan atentatorias del orden -también sagrado- que él encarna y simboliza.

La segunda, en cambio, se nutre de la filosofía pluralista, respetuosa del punto de vista ajeno, tolerante con proyectos políticos que contradicen sus postulados y sus metas, dejando a salvo, eso sí, el principio de legitimidad, que rechaza toda posibilidad de acceso al poder por medios distintos de los establecidos en sus normas básicas. Al rebelde no se le sanciona, en el contexto de esta ideología, por los proyectos que busca realizar, sino por los medios que emplea en esa búsqueda.

Un hito histórico de esta forma de pensamiento se encuentra en la revolución francesa. La teoría contractualista de Rousseau, que sin duda tuvo influencia significativa en ese acontecimiento, contribuyó de manera notable a la consolidación de esta nueva postura, al establecer, mediante un compromiso de mutuo respeto, claros derechos y deberes correlativos entre gobernados y gobernantes. El empleo de la violencia para abolir las instituciones democráticamente conformadas, constituye una evidente violación a ese pacto, fundante de la sociedad abierta. Las declaraciones de Filadelfia, Virginia y Francia recogen un legado ideológico que puede resumirse así: la disensión y la heterodoxia no son delitos sino derechos. Al discrepante armado se le debe sancionar por armado, pero no por discrepante; y como el derecho penal culpabilista, corolario obligado de la filosofía política democrática, toma en consideración los móviles de la acción delictiva, a quien obra en función de ideales altruistas, se le debe tratar con benevolencia. Tal es el sustento filosófico del tratamiento penal más benigno del delincuente político frente al delincuente común. Tratamiento análogo al que recibe el combatiente en el derecho internacional, porque, en el contexto del derecho interno, el rebelde es homólogo del combatiente.
Por todo lo anterior creemos que la respuesta punitiva defendida por la Corte no sólo dista de ser la más democrática sino que, más grave aún, no corresponde al modelo de tratamiento punitivo benigno adoptado por la Constitución colombiana.
6. Una última y paradójica inconsistencia de la sentencia

Es indudable que al eliminar la conexidad, la Corte ha desestructurado el concepto de delito político, tal y como había sido entendido en el constitucionalismo colombiano, lo cual plantea un obvio interrogante: ¿qué queda entonces del delito político en nuestro país? Dos respuestas nos parecen posibles.

De un lado, se podría decir que los delitos políticos siguen siendo exclusivamente la rebelión, la sedición y la asonada, pero que ya no es posible subsumir en ellos otros hechos punibles conexos, como los homicidios en combate. Por ende, la Corte habría restringido muy fuertemente la noción de delito político. En efecto, conforme a esa argumentación, que sería la consecuencia natural de los criterios punitivos asumidos por la sentencia, sólo serían amnistiables o indultables esos delitos políticos pero no los hechos punibles conexos. Sin embargo, la Corte, contra toda lógica, pero afortunadamente para el país, no asume tal posición, pues señala que corresponderá al Congreso, al expedir una ley de amnistía o de indulto, determinar los delitos comunes cometidos en conexión con los estrictamente políticos que pueden ser objeto de ese beneficio punitivo. Y decimos que la Corte llega a esa conclusión contra toda lógica, pues la sentencia defiende una noción restrictiva de delito político y sostiene que la exclusión de pena de los delitos cometidos en combate no es propia del concepto de delito político. Pero si eso así ¿por qué podrían amnistiarse esos delitos conexos, si la amnistía es prevista por la Carta exclusivamente para los delitos políticos y esos hechos punibles conexos no lo son? Pero decimos que afortunadamente la sentencia no es consistente en ese punto, pues una restricción de tal magnitud del concepto de delito político tendría graves consecuencias para cualquier proceso de paz con los alzados en armas.

Por consiguiente, y paradójicamente, en relación con la posibilidad de indulto o de amnistía, la Corte podría haber ampliado enormemente la noción de delito político, pues ésta parece quedar casi a la libre apreciación del Legislador, quien definirá qué debe entenderse como delito político para efectos de conceder esos beneficios punitivos. En efecto, si el delito político ya no es esa conducta que podía ser analizada con los criterios objetivos y subjetivos clásicos y que, a la luz del derecho humanitario, se estructuraba en torno a la figura del combatiente, entonces ¿qué es delito político? La respuesta parece ser: delito político son aquellas conductas que, por graves motivos de conveniencia pública, el Congreso, por votación calificada, determine que son hechos punibles amnistiables o indultables. Así, al destruir la noción clásica de delito político, la sentencia estaría abriendo las puertas para que las más disímiles conductas puedan ser amnistiadas e indultadas. No deja de ser paradójico que eso se haga en nombre de la igualdad ante la ley penal y en defensa de los derechos fundamentales.

Fecha ut supra.

CARLOS GAVIRIA DÍAZ Magistrado

ALEJANDRO MARTÍNEZ CABALLERO Magistrado
[1] Corte Suprema de Justicia. Sentencia del 25 de abril de 1950. [2] Ver Actas del Nuevo Código Penal Colombiano. Anteproyecto de 1974. Acta No 69 del 5 de septiembre de 1973. [3] Ver al respecto el detallado y concluyente trabajo de Iván Orozco Abad. Combatientes, rebeldes y terroristas. Guerra y derecho en Colombia. Bogotá: Temis, IEPRI, 1992. [4] Programa de Derecho Criminal., Volumen VII, pág. 524- Temis, 1982.

22. ¿Qué sale en claro? La democracia no castiga el intento de destruir la democracia, las concepciones autoritarias tienen derecho a amenazar la democracia por cuanto ésta en su definición de respeto por las opiniones ajenas permite que se mate a sus defensores profesionales para que los sueños de todos tengan una oportunidad.

La tentativa de negar la obvia relación entre la labor del ex magistrado en la corte y los crímenes que cometen las guerrillas alentadas por la impunidad que personajes como él siempre han protegido es otra muestra de cinismo. El problema es la tolerancia de la sociedad con los promotores de las masacres: es necesario un rechazo rotundo y claro, una denuncia resuelta de los cómplices de este malhechor encorbatado que son quienes se lucran y esperan lucrarse de los crímenes del narcoterrorismo. No hace falta siquiera emprender acciones penales, que por otra parte no llegarían a ningún sitio pues no existe el delito de simpatía por el totalitarismo y odio a la libertad. Sólo la actitud acusadora y de asco ante esos asesinos hipócritas.

viernes, abril 21, 2006

La estrategia chavista

"Miente, que algo queda", decía Goebbels a Hitler cuando el régimen necesitaba movilizar al pueblo alemán alrededor suyo para consolidar su proyecto pangermánico.

Nicolás Maduro, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela parece seguir este consejo. En los últimos meses, especialmente durante este año en que asumió la abrumadora mayoría chavista en la AN, hemos venido oyendo comentarios anticolombianos cada vez más frecuentes durante sus sesiones.

Coincidencialmente, en Bolivia hemos empezado a escuchar una recriminación que raya en lo infantil y lo bobalicón de parte del nuevo gobierno de Evo Morales: por culpa de que Colombia aprobó el TLC con Estados Unidos, Bolivia no podrá vender más soya a Colombia. Las calificaciones no se bajaron de "desleales colombianos" e "insolidarios con el pueblo boliviano".

Entre las acusaciones desvergonzadas de Maduro y la cantaleta de esposa olvidada de Morales, pareciera que Venezuela y Bolivia quisieran hacer una pared contra Colombia. ¿Cuál es la intención? Probablemente sea la de señalar a Colombia como un país negativo para los propósitos chavistas más allá de las fronteras venezolanas. Y será verdad, pero, ¿es eso malo, o ameritaría en el futuro alguna acción de cualquier tipo por parte del gobierno de Caracas? Definitivamente no.

Preparando el terreno

Cuando el detenido por graves casos de corrupción en el DAS, Rafael García, anunció ante Semana (y NO ante la Fiscalía, como debía ser) que Jorge Noguera habría participado en un supuesto complot para asesinar importantes dirigentes del gobierno venezolano, no hizo más que reciclar un viejo caso que se estaba investigando sobre la implicación de ALGUNOS agentes colombianos en reuniones con opositores venezolanos para realizar algún tipo de acción que nunca se determinó en qué consistiría contra el gobierno de Chávez.

El peor caso posible en la baraja de hipótesis es que si la acusación de García fuera real y no una maniobra mediática ni electoral en contra del presidente-candidato Uribe, tendría que haber una investigación por parte de la Fiscalía para determinar responsabilidades de algunos funcionarios y el alcance de dichas denuncias. Por el momento la Fiscalía General de Colombia está haciendo averiguaciones preliminares y está llamando a indagatoria a Noguera, el hasta ahora único señalado por García en la entrevista que realizó para Semana.

Sin embargo para Maduro, está ya muy claro que el gobierno colombiano está organizando complots contra el gobierno de Chávez:

“En Colombia y en los Estados Unidos y en la prensa de América Latina, es un escándalo de primera plana la noticia de que el Gobierno de Uribe preparó una conspiración para asesinar al presidente Chávez en los años anteriores”.

Además, Maduro hace gala de su profunda ignorancia y ligereza informativa a la hora de emitir declaraciones basándose en confusiones mentales sobre lo que creyó leer, le dijeron, o recuerda parcialmente:

“Aparece "Jorge 40" entonces como la pieza clave del Gobierno y del DAS para la política y el terrorismo paramilitar y eso no lo dicen ni Varela ni Chacón lo dicen los ex directores del DAS”, agregó el Funcionario.

La aparente incomprensión de Maduro de los hechos llega ya al punto de la calumnia. Tranquila y libremente puede acusar a Uribe de tener nexos con Jorge40, e institucionaliza el terrorismo paramilitar como un programa del gobierno colombiano. Debo aclarar también a los lectores colombianos que en Venezuela virtualmente no existe diferenciación entre Estado y gobierno, pues Chávez es el Estado y el gobierno es Chávez. Es posible que esa fusión de poderes haya sido trasladada por Nicolás Maduro a Colombia, por lo que confundiría un hipotético complot organizado por algunos miembros del DAS, organismo estatal, con un proyecto de funcionarios del gobierno de Alvaro Uribe. Tal vez para Maduro una hipotética y todavía lejos de probar acción aislada de unos agentes estatales colombianos es lo mismo que un plan ordenado por el gobierno de Bogotá. Además, nos queda la sensación de que para el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, una denuncia que no se formalizó ante la Fiscalía, sino que nació como una declaración mediática por parte de un delincuente preso, constituye en sí una prueba de un hecho. Son cosas que a diario se ven en Venezuela, y posiblemente de ahí viene el afán por proyectar la misma manera de pensar en Colombia.

Con las declaraciones de ayer en las cuales Maduro vuelve a alegar que Colombia es un obstáculo para la independencia de Venezuela no se hace más que sumar evidencias de que altos miembros del gobierno chavista tienen la intención de implicar a Colombia forzosamente en algún proyecto antigubernamental. Además, resulta curioso que un país cuyo gobierno obsesivamente habla de antimperialismo, dignidad y soberanía, repentinamente exprese su frustración porque un país vecino cualquiera, que está lejos de tener el poder y la influencia de una potencia mundial, represente un obstáculo para superar sus graves problemas derivados del subdesarrollo. Pareciera que la idea a vender es que Venezuela sería otra (por supuesto, mucho mejor), si no fuera ya no solamente por Estados Unidos, sino también por Colombia, por la oposición, por los anteriores gobiernos de hace más de siete años... siempre la culpa estará afuera, lejos, en el pasado, en el futuro, en el norte, en el oeste... el señalamiento del siempre inalcanzable chivo expiatorio con el que todo mediocre y fracasado pretende lavarse las manos, como si más de siete años con ingresos económicos históricamente altos y un poder casi absoluto, fueran insuficientes para garantizar la felicidad por decreto a un pueblo cada día más empobrecido.

Por otro lado está la plancha boliviana, calentando motores. Con apenas un mes en el poder, Evo Morales ya empezó a hacer eco del propósito chavista al señalar que la firma del TLC entre Colombia y Estados Unidos, que incluye la negociación de soya norteamericana, ha perjudicado a la industria boliviana.

Aquí hay que hacer dos aclaraciones muy importantes:

- Primero: Bolivia no exporta solamente la soya que produce. Además, compra soya de algunos países vecinos y la revende a mayor precio a Colombia. El motivo de la queja boliviana es que la soya norteamericana será más barata que la suya y la que no lo es tanto, pero que igual nos han venido vendiendo.

- Segundo: El intercambio comercial entre Bolivia y Colombia ha sido considerablemente ventajoso para Bolivia, no para Colombia. Es mucho más lo que Colombia le compra a Bolivia que lo que Bolivia le compra a Colombia, por lo que hablar de "insolidaridad" hacia Bolivia resulta una pataleta de lo más vergonzosa.

¿Cómo es capaz Evo Morales de pedirle al pueblo colombiano que se sacrifique comprando una soya más cara, a cambio de... "serle leal y solidario al pueblo boliviano"? Muy fácil: es necesario que el señor no tenga ningún conocimiento sobre cómo funciona la economía de los países, o que al menos sienta un profundo desprecio por las reglas comerciales internacionales. Aquí estamos hablando de un anticapitalismo en un nivel visceral e irracional. Ya no se trata ni siquiera del desgastado pero algo convincente aún argumento de que "el rico explota al pobre", sino de que "el pobre debe sacrificarse comprando más caro al vecino pobre, con tal de no beneficiarse comprando más barato al otro vecino rico". La lucha de clases llevada a los gabinetes presidenciales.

¿A dónde quieren llegar?

Todavía es temprano para predecir cuál es el objetivo de esta coordinación entre Bolivia y Venezuela, en medio de la cual Cuba luce muy silenciosa, pero siempre muy cercana. Pero podemos ir manejando algunas hipótesis:

- La cadena de mando Castro->Chávez->Morales necesita la solidaridad regional total, o al menos que ningún país le lleve la contraria. Mientras Chile con Bachelet podría estar suavizando sus relaciones con Bolivia y en el futuro llegar a importantes acuerdos territoriales, Perú está por definirse como un país que podría dejar de seguir el camino comercial de Chile y México. Y hasta que México no realice sus elecciones, y no se vea en caso de que Manuel López Obrador ganara una tendencia a unirse al eje socialista dirigido por Cuba, el único país que por el momento parece consolidar el ejemplo de manejo económico "neoliberal" además de Chile, es Colombia. Siendo el único obstáculo seguro a mediano y largo plazo para consolidar el proyecto castrista en toda América Latina, Colombia empezaría a estar en la mira de Chávez. Además, el aumento de la colaboración con Estados Unidos ameritaría la atención de Caracas para evitar que Colombia se convirtiera en el puente de asalto, o muro de contención según la retórica usada, para detener en seco cualquier pretensión chavista que sobrepase los límites de la legalidad internacional.

- Otra hipótesis sería la de presionar al gobierno colombiano para que renuncie a acercarse a Estados Unidos, y que se plegara a las iniciativas comerciales del eje. Pero... ¿quién creería eso? ¿Sería necesario tanto discurso anticolombiano sólo para sugerirnos que deberíamos alejarnos de Estados Unidos y acercarnos a Venezuela y Bolivia? No creo que con declaraciones desafiantes y altaneras, incluso intervencionistas, tengan la intención de constituir una invitación a unirnos a su combo.

No se me ocurren más opciones. Las declaraciones están, la intención también existe y es claramente agresiva contra el gobierno de Uribe. El propósito está por definir, pero la estrategia está desplegándose y las conclusiones no son tan difíciles de ver.

lunes, abril 03, 2006

La negociación amenazada

Por lo general se publica un blog para dar a conocer las propias opiniones, o bien datos o relatos de hechos que pueden interesar a algún lector. Pero hay circunstancias en las que realmente más que decir algo lo que uno quiere es interrogar a los posibles lectores para poder entender algo. Tal vez eso ocurra con más frecuencia de lo que parece, pues no es tan raro que las cosas que los demás tienen en la cabeza son bien diferentes de lo que uno se imagina.
______De modo que me gustaría que el lector se planteara desde ahora contestar a una cuestión respecto de la cual mi imaginación no alcanza a vislumbrar ni el menor atisbo de luz. Se podría plantear así: ¿cree usted que la solución al conflicto guerrillero pasa por un acuerdo que debe comportar cambios institucionales o legislativos? Me parece muy grave que al respecto no se conozca la opinión del presidente, de los candidatos presidenciales, de los principales líderes políticos, salvo los de la «izquierda democrática», de la mayoría de los comentaristas no alineados con ese discurso opositor y aun de los editores de blogs.

¿Qué es lo negociable?

______Me pareció gravísima la derrota dialéctica que le infligió Tiro- fijo a Andrés Pastrana cuando le preguntó: «¿Qué es lo negociable?». El entonces presidente no podía contestar que era la desmovilización y el perdón, pues ni tenía fuerza militar para imponerla ni autoridad después de acordar una agenda de la cual se esperaba sacar un nuevo país. El problema es que los demás tampoco saben, y en todo caso no quieren saber.
______Con alguna excepción, el columnista Alfredo Rangel, ex candidato al Senado por la lista del «uribista» Cambio Radical sí parece estar dispuesto a contestar a esa pregunta. Y lo que me inquieta es que sus opiniones puedan ser las del líder de ese partido y aun de otros políticos de la supuesta mayoría que apoya al gobierno. Más lejos aún, tal vez de la inmensa mayoría de la sociedad, lo cual sencillamente asegura, desde mi punto de vista, varias décadas de guerra más. Rangel se estrena como columnista de Cambio con un artículo sobre La extradición de las FARC, asunto que ya mereció airadas respuestas de toda la gran prensa.
El mayor problema de este anuncio es que la lucha contrainsurgente queda refundida en la lucha anti- narcóticos.
______La fiscal de Estados Unidos ha acusado a las Farc de ser el más grande cartel de drogas del mundo, de haber intro- ducido directamente cocaína a ese país por un valor de 25.000 millones de dólares, y ha solicitado la extradición de casi todo el Secretariado y de varias decenas de sus integrantes, para cuya captura anunció que todas las opciones estaban abiertas. Lo primero enturbia las posibilidades de paz, lo segundo es una ligereza y una exageración, y lo tercero es un anuncio inquietante.
______¿Cuáles son las posibilidades de paz? Algunos creíamos que sólo dependían de la derrota de las guerrillas, sobre todo de su rechazo por la población en las urnas. Parece que el señor Rangel cuenta con una negociación por la que las FARC no tienen ningún interés y en la que nadie creería. Acerca de si la cantidad de que habla la fiscal es «una ligereza», conviene recordar que la señora tiene un cargo judicial en el que tiene que demostrar sus afirmaciones. Lo que encuentra «in- quietante» Rangel es esperanzador para los demás: una operación de comandos de elite que capturen a miembros de la cúpula de las FARC. ¡Eso serviría para la negociación!
______En efecto, si bien las Farc obtienen más de la mitad de sus ingresos de la siembra de coca y la producción de cocaína, siguen siendo un grupo insurgente que busca objetivos políticos a través de medios militares. Con éste, el Estado tendrá que hacer una negociación política de abultado contenido, luego de un duro pulso militar. Señalarlo como un simple cartel de la droga de carácter mafioso no ayuda a ese propósito y resta legitimidad a un futuro acuerdo político para la reconciliación nacional.
______Esto es lo que para mí resulta abrumador, sobre todo porque no sé si es una opinión de este columnista o algo que comparten los políticos y los ciudadanos politizados. Lo de llamar «medios militares» a las bombas y secuestros de rehenes es propaganda de las FARC. ¿Hay algo que se pueda llamar «crimen»? Pero ¿se puede aplicar la ley a alguien que busque objetivos políticos? No, el asesinato también, como el narcotráfico, se puede considerar un crimen accesorio. «Que no, que fulanito mataba gente porque quería ser ministro, no lo puedes juzgar por homicidio.» Repugnante.
______Pero ¿quién asume que el Estado emprenderá una negociación política de «abultado contenido». Alguien debería responder, lo que mantiene la actividad guerrillera es esa certeza de que habrá esa negociación política y sobre todo la tendencia de la gente a escurrir el bulto. No puede haber ningún contenido institucional o legislativo, más allá del que concierna a la situación de los combatientes, que se vaya a negociar con una banda de asesinos sin que eso signifique abolir la de- mocracia. ¿Alguien recuerda algún conflicto entre un régimen demo- crático y una banda criminal que haya terminado repartiéndose el poder?
______Se puede poner el caso de España, donde los crímenes de ETA son una centésima parte de los de las FARC, donde la banda cuenta con el apoyo manifiesto de más de un 15 % de los vascos, donde el nacimiento de la banda resulta excusado para mucha gente por la experiencia anterior del régimen franquista y donde el actual pre- sidente intenta buscar una negociación de paz para formar una gran coalición contra el partido rival. La primera urgencia de Zapatero cuando anuncia que negociará con ETA es que no habrá ningún «precio político» por la paz. Es algo que debería tener todo el mundo claro.
______Mi inquietud es acerca de si las opiniones de Rangel expresan la opinión de los políticos que apoyan al gobierno, habida cuenta de su inscripción en las listas de Cambio Radical. Para mí el matiz que hay entre las afirmaciones de ese párrafo y las propuestas de los aliados políticos de los terroristas es demasiado sutil. Se premian las masacres o no se premian, son fuente de derecho o no lo son.
______Espeluznante es la idea de que los soldados están muriendo para que después el gobierno convenza a las FARC de negociar, tras un «pulso militar» en el que la banda juega con todas las ventajas y su principal arma es la fiscalización de las acciones de las FF AA. ¿Qué moral pueden tener los soldados? ¿Alguien le podría preguntar a Vargas Lleras o aun al gobierno? ¿Es que ésa es la opinión de los mismos militares y yo soy el único que se da cuenta de que mientras no se piense en derrotar a las guerrillas y exigir su desmovilización aquéllas verán a la sociedad amedrentada y conquistable?
______Se dice que con los paramilitares, siendo muchos de ellos narcotraficantes, se llegó a un acuerdo para su des- movilización. Pero este acuerdo fue prácticamente un some- timiento a la Justicia que no involucró una negociación ni un acuerdo político. Con las Farc, por fuerza de las circunstan- cias, será distinto: con ellas habrá un acuerdo político de hondo calado, y un acuerdo así no se hace, legítimamente, con un cartel de las drogas.
______«Por fuerza de las circunstancias», ¿se refiere a la escasa disposición de la sociedad a hacer frente al proyecto político de las FARC? Es que eso es lo que las mantiene activas. Por fuerza de las circunstancias precisamente es una tontería hacer cualquier esfuerzo contra las FARC porque el resultado final será de todos modos su triunfo. Y lo será mientras no se rechace de forma tajante lo que dice este columnista. Lo terrible es que nadie lo hace.
______Afirmar que las Farc introdujeron directamente a Estados Unidos 2.500 millones de dólares en cocaína es, al menos, una ligereza. Esto equivale a una suma mayor que todo el gasto militar del Estado colombiano. Una exageración evidente. Adicionalmente, estudios independientes demues- tran que las Farc no han llegado a introducir directamente cocaína a Estados Unidos. Pero si producirla en Colombia ame- rita la extradición, con la misma lógica el Estado colombiano podría exigir la extradición a Colombia de todos los norteame- ricanos involucrados en el mercado de cocaína en Estados Unidos, en la producción y suministro de insumos para su fabricación, en el mercado negro de armas y en el lavado de dinero.
______Rangel cambia aquí de 25.000 toneladas a 2.500. El valor jurídico de los «estudios independientes» forma parte de la colom- bianidad: pretender que la declaración de alguien que ni siquiera se cita sea prueba que refute la afirmación de la fiscal general de un país serio. Más o menos del mismo jaez son los argumentos que uno oye todos los días acerca del narcotráfico. Y más, el argumento leguleyo. ¿Nadie recuerda cuando Fabio Ochoa y Gilberto Rodríguez fueron extradi- tados de España a Colombia y no a EE UU? Pronto estuvieron libres.
______No se pide la extradición a Colombia de gente involucrada en el mercado negro de armas porque la justicia colombiana es inoperante, pero ¿es que hay pruebas contra alguien que vive en EE UU de estar involucrado en ese negocio que el señor Rangel conozca y que por algún motivo pasen inadvertidas a las autoridades estadounidenses?
______Se podría discutir si producir cocaína en Colombia amerita la extradición, que es como si cargar el arma con la que se mata a alguien que está al otro lado de la frontera tiene algo que ver con dispararla. Podría hacerlo una persona distinta de la que dispara, y con un abogado como Rangel quedar impune porque no se podría demostrar que haya sido un delito cometido en el otro país y en el propio cargar un arma no es delito. En realidad lo que amerita la extradición es la inoperancia de la justicia colombiana, pero ése es otro tema.
______Finalmente, la viabilidad de la extradición de al menos uno de los miembros del Secretariado de las Farc depende, obviamente, de su captura, es decir, del dudoso éxito del Plan Patriota. Por eso, la solicitud de extradición del Secretariado no sustituye el Plan Patriota; al contrario, supone su éxito. Entonces... ¿Es el anuncio de la Fiscalía sólo un pretexto para reforzar el Plan Patriota? ¿Se está abriendo la posibilidad de intervención militar directa de tropas norteamericanas en el Plan Patriota? Quién pone la plata, ¿pone la estrategia? Si esta es la prioridad de Estados Unidos, las prioridades de nuestra seguridad, ¿dónde quedan?
______Los que no queremos que deje de haber democracia en Co- lombia esperamos que sea el anuncio de la intervención estado- unidense en el Plan Patriota, y en cualquier operación que conduzca a la captura y extradición de los jefes de las FARC. Eso por cuanto las prioridades de seguridad de los colombianos consisten en que se deje de matar gente, ahí el «nuestras» de Rangel corresponde a las FARC. El «pesimismo» de Rangel respecto al Plan Patriota se explica por los primeros párrafos, ¿no se echaría a perder el «abultado contenido» de la reforma si la vasta operación militar tuviera éxito? Es indudable que vencer a la guerrilla no es fácil, pero a medio plazo sí se puede esperar que reforzando al ejército se las podría sacar de las regiones próximas al centro del país que dominan.
______El mayor problema de este anuncio es que la lucha contrainsurgente queda refundida en la lucha antinarcóticos, las cuales, aun cuando están relacionadas, tienen lógicas, dinámicas, instrumentos y objetivos distintos. Confundirlas sólo garantiza el fracaso de las dos, enredándose de paso las posibilidades de paz en Colombia.
______No, la lucha contrainsurgente es la lucha contra las FARC, lucha para la que hay recursos estadounidenses por tratarse de una organización de narcotraficantes. ¿No saber si se combate a la guerrilla comunista o a una organización de narcotraficantes asegura el fracaso de esa lucha? Hombre, respétese un poco, no nos venga a decir cosas así. ¿Y se van a enredar las posibilidades de la paz porque se amenace la tranquilidad de quienes la perturban?
______Ese anuncio es un golpe incruento a las FARC, algo que debilita su situación y permite precisamente esperar que, junto con otras acciones eficaces, como las relacionadas con el Plan Patriota, que podrían dar frutos en los próximos meses, se avengan a negociar su desmovilización.
______Sólo es que algunos no quieren que esa desmovilización llegue sino que esperan o bien que la guerra siga porque las labores de paz son muy rentables, o bien que la negociación los favorezca. Y la desgracia es que los demás no se pronuncian claramente a favor o en contra de esa negociación para premiar los crímenes.
______Siendo un poco rigurosos, la misma Ley de Justicia y Paz no debería estar a disposición de los terroristas por mucho tiempo. Debería ponerse un plazo para que expire y se acaben los beneficios de impunidad que comporta el sometimiento a la justicia. Pero para eso hace falta, como siempre, un poco de resolución por parte de la sociedad.

sábado, abril 01, 2006

El país encantado

Encantar: 3. Germ. Entretener con
razones aparentes y engañosas
(Diccionario de la Real Academia
Española de la Lengua).

Nadie debe dudar de que la sociedad colombiana tiene grandes con- diciones para vivir engañada: la mayor parte del territorio está forma- da por selvas y montes agrestes, los grandes centros de cultura están lejísimos, nunca ha habido una aproximación al nivel de producción espiritual y aun material del mundo desarrollado y ni siquiera un es- plendor considerable de los pueblos prehispánicos...
______Tal vez bastaría esa imagen del aislamiento para entender a Colombia. Recuerda un poco a la Islandia de hace cien años, en la que ni siquiera la lengua había cambiado respecto a la que se hablaba en Noruega en la Edad Media. Sobre todo, Colombia es un país en el que se reproducen los valores de la sociedad primigenia, la de la Colonia española, y cualquier estudioso de los valores de la época podría encontrar el rastro presente en la Colombia actual.
______Lo principal: la necesidad de disfrazar con excusas religiosas próximas al fanatismo la realidad de saqueo, exterminio y esclavitud de los aborígenes. ¡Se los oprimía en aras de la religión del amor! ¿Es que acaso no se veía la perversidad y aun animalidad de sus costumbres? ¿Cómo podían haber vivido tanto tiempo ajenos a la Sagrada Hostia?

Culpar a las víctimas

______Ese molde se reproduce a la perfección hoy en la industria del secuestro, crimen que por lo demás ya practicaron los españoles desde su misma llegada al continente. También se culpa a las víctimas y se les atribuye la perversidad inherente al capitalismo. Parece mentira que nadie acepte que la mayoría de las personas que cuentan con educación superior en el país han justificado durante décadas de diferentes maneras esa industria, siguen apoyando al sector político que exige que se premie con puestos de poder a sus responsables últimos y sobre todo se oponen a todo lo que podría acabar con las organizaciones dedicadas a ella.
______ Se me replicará que ese apoyo es deliberado y activo sólo por parte de una minoría, pero curiosamente es la minoría que representa a la cultura, a las universidades, a la función pública y a la prensa. Y ni siquiera se trata de que los demás justifiquen a los secuestradores, sino que el secuestro se convierte en un hecho anodino, del que ni siquiera vale la pena preocuparse porque el enemigo que se condena es el gobierno de turno, sobre todo el gobierno estadounidense de turno.
______Bueno, sinceramente lo que produce escándalo es que alguien se preocupe por eso. Sin duda tiene que tratarse de que uno obedece a intereses perversos, pues la gente decente y educada no pierde el tiempo hablando de eso. ¿Cómo hago para explicar que si se dividiera el número de escritos relacionados con las vejaciones de los soldados que aparecieron en los blogs de los doctores justicieros entre el de los que se ocupan del secuestro el resultado sería «infinito»?

Maldita prohibición

______Algo similar, aún peor por lo grotesco de la indignación, ocurre con el narcotráfico. Como es algo que comporta rentas cuantiosas, casi siempre indirectas, claro está, para la parte privilegiada de la sociedad, obviamente, no cunde el entusiasmo a la hora de pensar en combatirlo. ¿Cómo se puede de todos modos «salvar la cara»? De nuevo, culpando a la prohibición. Nada disuade a la mayoría de los doctores de estar a favor de la despenalización del narcotráfico, es inútil repetirles que ellos mismos se indignarían si sus hijos pudieran comprar heroína en cualquier parte, que ni siquiera en Colombia habría un apoyo mayoritario a una medida así, que lo que digamos los colombianos no tendrá ninguna influencia en los países consumidores...
______ Se podría seguir hasta el infinito para sólo encontrar los mismos insultos y amenazas veladas. Como el molde colonial es el único referente moral de estas personas, realmente les produce hasta buena conciencia estar de parte de la legalización imposible y derivar rentas de la prohibición: ¿qué no darían los despreciados gringos por ser como ellos y alcanzar tanta lucidez y tan maduras certezas, por hacer suya esa nobleza del Quijote que apuesta siempre por las causas perdidas porque ve en ellas un valor superior y no se deja engañar por los oropeles del poder temporal?
______Claro, es el mismo sector social que deriva rentas de la industria del secuestro, sin la cual habría sido imposible conseguir tantas prebendas inverosímiles para los empleados estatales, y aun tanto control para repartir puestos y becas por parte de los grupos bien relacionados. Se puede decir que esas industrias existen en Colombia porque encuentran la sociedad cuyos valores y estructuras las pueden acoger. Y por eso mismo es una tontería esperar cualquier mejora por ejemplo del fin de la prohibición: pronto surgirían industrias más atroces porque no ha cambiado el estado espiritual que permitió las anteriores. Pero uno está prácticamente solo haciendo ver eso.

La utopía pertinaz

______El narcotráfico y el secuestro los llevan a cabo las guerrillas comunistas. Por una parte les dan poder para corromper a la sociedad y por la otra les permiten jugar con ventaja a la guerra y desviar rentas estatales a favor de su clientela, pero su sentido no es ninguna de esas industrias sino la aspiración a construir un Estado comunista. Ese proyecto no es un invento de las guerrillas sino que surgió en las ciudades, obviamente, y durante medio siglo ha sido el objetivo casi declarado del profesorado universitario y de la mayor parte de la intelectualidad. Lo sigue siendo, como sabe cualquiera que conozca el medio.
______La caída del comunismo determinó en todo el mundo la desaparición de los partidos comunistas y el retroceso drástico de todos los grupos que pretendían imponer una sociedad de ese estilo. En Colombia no: el éxito de la estrategia guerrillera-sindical fue tan grande que los sectores sociales beneficiados de algún modo se compro- metieron con el proyecto. En realidad sólo recayó en manos de los mili- tantes comunistas, guerrilleros o intelectuales, la responsabilidad de defender el orden antiguo, pues curiosamente la retórica revolu- cionaria condujo a una sociedad bastante parecida a la de la Colonia, con un clero riquísimo dedicado a predicar la utopía de la justicia, unos funcionarios públicos casi omnipotentes en comparación con los demás y unos esclavos remotos sacando de «laboriosos infiernos» las rentas de la nobleza.
Una opción como otra cualquiera

______Por eso decir algo tan obvio como que el comunismo fue un crimen colectivo, el mayor que ha presenciado la humanidad, suena a extremismo en Colombia. La gente se siente culpable cuando traiciona los valores amables, igualitarios y justicieros que permiten a los luchadores pensionarse a los cuarenta años, recibir las rentas de veinte personas, cobrar el sueldo más la pensión... ¿Cómo explicar que en ningún país civilizado hay vacilaciones a la hora de condenar no sólo el comunismo sino también sus supuestos teóricos?
______En Colombia es casi unánime entre la gente educada la aceptación de ciertos «errores» del comunismo a cambio de ciertas nociones que quedan salvadas, como los «derechos económicos y sociales» o «la función social de la propiedad». ¿Alguna duda sobre la perversidad intrínseca del capitalismo o sobre la noción de lucha de clases? Habría de tratarse de gente ajena a Colombia, o por lo menos ajena a los estratos altos.
______Pero no es, como se podría creer, que la gente eche de menos a Brezhnev o las retahílas de la propaganda soviética, es que el hecho central de la historia del siglo XX no es motivo de ninguna reflexión. No aparece en los medios, y en las clases hay una clara mayoría de profesores que más bien lo ven con simpatía y en todo caso los demás lo consideran una opción ideológica respetable. Como si respecto a la nutrición a los niños se les enseñara que es posible la combinación de verduras, cereales y proteínas animales o bien el excremento humano, en que ya están mezclados todos esos ingredientes.

El poder de la «superestructura»

______Martha Harnecker, una profesora universitaria chilena que ahora vive en Cuba y hace unos años salió en defensa de las FARC, popularizó en los años sesenta un libro de materialismo histórico en el que se agrupaba bajo el nombre de «superestructura» a los medios de comunicación, las instituciones religiosas y educativas y la vida cultural. Aceptando ese concepto, se puede decir que en Colombia esa «superestructura» está al servicio de la causa comunista. Es decir, a favor de la causa de preservación del orden antiguo, pues lo logrado hasta ahora por el sindicalismo estatal es sólo el comienzo. La sociedad a la que aspiran implicaría castas hereditarias como en Cuba y claras condiciones de compartimentación social y aun racial.
______En todo caso, en Colombia hay una adhesión unánime y clara al proyecto comunista por parte de esos sectores. Esa tarea se vuelve «encantamiento» en el sentido reseñado arriba: no se trata tanto de convencer a nadie de afiliarse al partido comunista o algo así, cuanto de entretener a la sociedad para que el narcotráfico resulte tolerable y no se haga nada contra el secuestro. El método es sobre todo el viejo recurso al nacionalismo, pero también a la envidia. El lector desprevenido de la prensa (o de los blogs), el alumno desprevenido de un colegio público o de una universidad, etc., no sale preocupado por la situación de los secuestrados ni por la amenaza de los terroristas cuanto por la perversidad de los estadounidenses y algo peor: el peligro de llegar a parecérseles: «Sólo nos falta invadir un país más débil que nosotros para robarles el petróleo y aprobar la pena de muerte para los delincuentes pobres».
Cuba, la acosada

______Pongamos que un investigador se pone a buscar la noción predominante en Colombia sobre Cuba: en lugar del acoso que sufre la gente que puede estar en desacuerdo con el régimen o aun oír emisoras de radio distintas de las permitidas, o de la condena de la mayoría a una miseria espantosa, los colombianos, a partir de la información que reciben y de los valores que casi a la fuerza comparten, se acostumbran a repetir que Cuba está acosada por el «bloqueo» estadounidense. ¡Vaya uno a decirles que no hay ningún bloqueo, que hasta armas salen tranquilamente de Cuba hacia otros países y aun la cocaína entra sin problemas al país!
______Pero pierde su tiempo quien espere encontrar una mayoría de personas partidarias del régimen cubano: es que sencillamente una dictadura de medio siglo que convirtió a un país mucho más rico y desarrollado que Colombia en el más pobre del continente después de Haití no es objeto del menor comentario, salvo cuando sale el correspondiente editorial de El Tiempo llamando a la lucha en defensa del régimen, supuestamente amenazado por una agresión estadouni- dense, cuando no la declaración del actual alcalde de Bogotá según la cual ese régimen es una muestra de dignidad, o bien la de la escritora Laura Restrepo, según la cual eso, otra Cuba, es lo que ellos pretenden.
______Ni modo, los demás no tienen tiempo de preocuparse por los «gusanos». ¿Habrá que recordar que esa indiferencia ante la suerte de los cubanos es idéntica a la que se da en relación con los secuestrados? Bah, si al menos los propios parientes de los secuestrados, o aquellos que salieron con vida de esa experiencia se interesaran por la libertad... Es que conviene más no complicarse la vida haciendo demasiadas preguntas.
El camino de Venezuela

______Ese mismo silencio ocurre en los medios respecto a Venezuela: ciertamente no hay ninguna preocupación por la supresión de la democracia en ese país ni por la tentativa de crear un imperio totalitario por medio de todo tipo de presiones en todo el continente. Cuando no es la simpatía mayoritaria en las universidades públicas y entre los afiliados a Fecode, que son en esencia los grandes difusores de la ideología narcosecuestradora, es el desinterés «natural» de los grandes medios. También hay cosas más importantes que sirven para «encantar» a la gente.

La escuela pública y el totalitarismo

De todas las transformaciones que ha experimentado la sociedad en los últimos siglos la más trascendente es la de la educación. La alfabe- tización general y la enseñanza de rudimentos de todas las ciencias permitieron multiplicar la productividad en todos los países que se adelantaron a implantar la escolarización obligatoria. Pero al mismo tiempo la educación se convirtió en el principal medio de poder del Es- tado, el que más aseguraba el control de la población y la transmi- sión de aquello que interesaba al gobernante.
______Por eso todos los regímenes totalitarios han mimado a los maestros, y sin su lealtad sería inimaginable el poderío que alcanzó a tener el partido nazi en la sociedad alemana de los años treinta, igual que todas las tiranías comunistas o aun regímenes exóticos como el de Sadam Husein. De algún modo, para el maestro es más relajado transmitir una propaganda que convertir en lectores o en personas diestras a sus alumnos. Más cuando la adhesión al partido asegura el ascenso social, como ocurrió con muchos maestros en la Camboya de Pol Pot o con muchos fecodistas en Colombia. El resultado tiende a ser el mismo: del adoctrinamiento se sale aún más indefenso para sobrevivir en la intemperie de la realidad que del analfabetismo.

La doctrina hegemónica

En fin: el comunismo en Colombia es máscara del viejo esclavismo y todas sus formas corresponden a las de la sociedad colonial porque el país sigue aislado y las bases de la mentalidad corriente siguen siendo las mismas. La escuela pública ha reemplazado a la iglesia como lugar en el cual se transmiten los valores del país y las columnas de prensa a las pastorales del obispo. Bush fácilmente reemplaza al demonio. Pero el comunismo se llama «democracia», según la interpretación que hacen los medios y los maestros, y por eso el partido que agrupa a las diversas sectas comunistas se llama «Polo Democrático».
______Porque entre las tareas principales de la prensa está la de discriminar entre la guerrilla y la «izquierda democrática», que casualmente se dedica a oponerse a cualquier cosa que se hiciera para combatir a la primera y propone una negociación que en la práctica sólo sería una expansión y un reconocimiento del poder guerrillero. ¿Qué es lo democrático de esa izquierda? Hoy en día abundan las protestas de rechazo de la lucha armada, que extrañamente son complementarias a la exigencia de que se la premie, pero hace cinco años los periódicos hablaban de izquierda democrática para referirse a personas que abiertamente aplaudían las masacres guerrilleras.
______No ha cambiado nada: el supuesto rechazo de la lucha armada que señalan Carlos Gaviria y Patricia Lara no se debe entender como apoyo a ninguna acción contra las FARC, sino como negativa a participar. «No nos gusta tener que hacer esto, pero tenemos a su hijo porque nuestra lucha por la justicia social requiere recursos. Somos los primeros enemigos del secuestro, pero no vamos a sacrificar el objeto de nuestra lucha.»
La prensa amiga

______Ni el más iluso debe esperar que la prensa vaya a registrar semejante distracción. El hecho de que negociar sea propiamente la forma de las FARC de hacer la guerra no es objeto de ninguna denuncia, ni de que todo el entorno de apoyo a las FARC esté a favor del candidato Gaviria. De nuevo se trata del mismo truco de «entretener», hacer que los propios seguidores se olviden de los secuestros y del narcotráfico y que los incautos realmente lleguen a creer que se trata de algo distinto.
______En ese contexto llama la atención poderosamente la inde- fensión de las víctimas. Los propios enemigos de las guerrillas se mues- tran patéticamente «entretenidos». Según el general Álvaro Valencia Tovar, en 1998 «una obsesión de paz nublaba la realidad hasta crear la fantasiosa certeza de que la paz se hallaba al alcance de la mano», como si esa percepción no fuera una creación deliberada de los medios y perfectamente armónica con los planes guerrilleros.
______De modo que el país sigue en su eterna distracción y a nadie le llama la atención que casi todos los días aparezca en la prensa el correspondiente artículo dedicado a relacionar a Uribe con las AUC y a hacer propaganda del candidato del partido comunista.

La rancia derecha

______Nada que no sea ya rutinario, sólo el increíble descaro que exhiben los propagandistas de la «izquierda democrática». Según Óscar Collazos, denunciar las propuestas «pacifistas» del candidato Carlos Gaviria como parte de la misma estrategia de las FARC es algo de la «rancia derecha». ¿Cómo explicar que la democracia no puede transigir con el premio de las masacres, que el crimen no puede ser fuente de derecho, que no puede haber democracia si se negocian las leyes con unas bandas de asesinos, que a éstas se les han dado todas las condiciones para que busquen una salida y aun queden impunes y hagan política dentro de la ley...?
______¿Cómo explicar que el sustento principal de la industria del secuestro es esta clase de sofismas según los cuales la defensa de las bases de la democracia es «de rancia derecha»? Los secuestradores y masacradores propiamente dichos sólo son peones de esta clase de gente. Bueno, ni siquiera: son más bien compañeros de trabajo. La acepción de «encantar» que señala el diccionario se usaba en el lenguaje de germanía para aludir a los que entretienen a la gente en la puerta mientras sus compañeros desocupan la casa por atrás.
______De ese modo el tema principal de la vida política actual, el del combate eficaz contra el narcoterrorismo, se vuelve una opción de derecha, por cuanto la opción de izquierda es la negociación, es decir, la ampliación del proyecto guerrillero. ¿Cómo explicar que es sólo una entre decenas de campañas veladas de la prensa para ocultar la identidad de intereses entre los sectores parasitarios de la sociedad y las guerrillas y el afán consecuente de impedir que se haga algo para acabar con esas bandas?
______El poder de esos medios es extraordinario y la frivolidad de los colombianos también. Por eso no sería raro que finalmente tuviera éxito la campaña del jurista que basa sus propuestas políticas en definiciones constitucionales (y no en cálculos de lo posible o lo necesario) y que cree que la democracia comporta el reparto de la riqueza y la paz la armonía en materia económica, del liberal, en fin, que curiosamente, colombianamente, representa al partido comunista.

La responsabilidad del votante

______Toda la sociedad lo pagará, pero a fin de cuentas es un poco la responsabilidad de cada uno, pues basta con reflexionar un poco para encontrar un «motivo conductor» en la propaganda de los medios. O para acordarse de la fama del país, del récord en todas las modalidades del crimen, del cinismo de los terroristas que decidirían, según la propuesta del candidato de la «izquierda democrática» en reemplazo de los ciudadanos. La mayor parte de las estafas cuentan con la complicidad del estafado.

martes, marzo 28, 2006

¡Las guerrillas están infiltrando la universidad!

Ésa era la noticia en El Tiempo esta mañana, y se puede pasar uno el día buscando un adjetivo apropiado para esa novedad: ¿surrealista?, ¿macondiana?, ¿cínica? Ya no vale increíble porque en Colombia hoy por hoy ya no hay nada increíble. Lo que sí es difícil de contestar era si el redactor pretendía burlarse de los lectores o si seriamente cree en algo así.
______Propiamente, las guerrillas son una infiltración de la universidad en zonas de colonización reciente o bien marginadas por la distancia o el relieve. La guerrilla es el fruto de las universidades en lo que éstas tienen de organismo ajeno a la sociedad formado por supuestos depositarios del saber cuya situación de privilegio sólo reproduce el orden antiguo, el de las castas coloniales. De algún modo la tentación de volver a la esclavitud es inevitable en ese gremio y por eso las urnas son un estorbo.

¿Para qué matar gente?

______Quien se detenga a pensar un poco en el origen de la violencia encontrará siempre la incapacidad de convencer a otros de hacer lo que uno quiere. En el caso de las guerrillas no se trata precisamente de falta de aptitud persuasiva o de locuacidad por parte de los doctores, sino de que lo que pretenden, asegurarse el mando y las rentas sin corresponder con ninguna productividad, es inaceptable para el resto. ¿Habrá que repetir que eso es sólo lo de siempre, que el de condición social superior no tiene que trabajar?
______Ése es el sentido del ensueño teocrático que tan irresistible sigue resultando en la mayoría de las universidades de Occidente a la mayoría de los profesores y alumnos. Quien se preocupe por la pobreza o por la equidad ve inmediatamente en esas pretensiones el mayor peligro, y si le falla el olfato se lee en diez minutos un resumen de historia del siglo XX y lo tiene claro.

La persistencia de la memoria

______Lo que desespera con los doctores colombianos es que esas evidencias no les demuestran nada. Y esa increíble obstinación tiene que ver con otro rasgo antiguo de la mentalidad hispánica, la resis- tencia a la razón, a la crítica, al conocimiento. El orgullo del dominador es capaz de negar cualquier cosa. De algún modo nuestras madrasas representan una permanencia espiritual en la Contrarreforma y en el Barroco.
La guerrilla es la universidad

______Las guerrillas no sólo nacen en la universidad sino que tienen ahí su principal sede, siempre la han tenido. La inmensa mayoría de los miembros de las organizaciones comunistas son personas que tienen o han tenido relación con la universidad, la mayoría de los miembros del Comité Ejecutivo Central del Partido Comunista de Colombia son profesores universitarios.
______El encontrar grandes diferencias entre las organizaciones que comparten objetivos con las guerrillas y éstas es otro rasgo de mentalidad leguleya: no se les puede demostrar ninguna participación en actos delictivos, por tanto son distintos a la guerrilla. Lo terrible, lo que ha permitido el derramamiento de sangre hasta ahora y lo asegurará por décadas, es el silencio de los demás, la sujeción a ese orden. Si hubiera un rechazo manifiesto de la mayoría a los que esperan el paraíso que pretenden las guerrillas y trabajan dentro de la legalidad por él, no habría guerrillas.

La Colombia genuina

______Bueno, ese modelo de sometimiento es general: si algo es unánime en Colombia es la admiración de quienes leen los artículos de opinión por los defensores de la utopía castrista. Es verdad que los favorece el dominio de la retórica y el linaje, pero ¿cómo es que nadie les dice que eso sólo conduce al infierno y en cierto modo legitima los crímenes de las tropas de niños? Es que esa retórica reproduce a la sociedad.
______Y esa legitimación en la práctica es la que sostiene a la guerrilla. Es decir, ésta viene a ser pura resistencia de la Colombia jerárquica a la globalización, expresión de los que ven amenazado su dominio y temen una sociedad competitiva. Es decir, de la universidad.

¿Para qué podría servir la universidad?

______Un amigo me ha dicho que un planteamiento así sólo genera resistencias y agresividad. Yo me pregunto ¿cuántos cientos de miles de colombianos no estarían trabajando en empresas de software para el mercado de los países ricos si la universidad enseñara a la gente a ser productiva? ¿Cuántos traductores habría? ¿Cuántos resultados en la escuela Primaria y en el Bachillerato?

Lo que se aprende y enseña

______Lo que aprenden los estudiantes es sólo la urgencia de derrocar el sistema político y económico existente para imponer uno como el cubano, en el que el príncipe consulta a los estudiantes, según se enseña en la Universidad Pedagógica con testimonios irresistibles, como un estudiante cubano invitado por la universidad. Los maestros salen de ahí a sembrar el descontento y el anhelo de justicia, y entre tanto se les olvida que la gente necesita aprender a leer y a efectuar operaciones aritméticas.

La plata de todos

______Y mientras los recursos estatales se gasten de forma tan copiosa en mantener esas bases de la guerrilla será inevitable que mueran soldados y personas humildes en la periferia del país. ¿Alguien se ha dado cuenta de que de la Universidad Nacional no salen precisamente muchos desarrollos tecnológicos, ni siquiera productos tecnológicos rutinarios, pero sí infinidad de proclamas contra el neoliberalismo?
______Lo que asegura que haya guerrillas es la resistencia de la gente a reconocer en esas bandas a su sociedad, un orden que se da por tácito y que para el observador extranjero es un endemismo inverosímil, como las mutilaciones de los danis de Nueva Guinea o las leyes de propiedad de los masai.
De la piedra al cilindro

______Las guerrillas nacieron como proyección del movimiento estudiantil, el viejo tirapiedras con desventajas sociales y vocación épica se fue a hacer la revolución a regiones en las que lo acogía la vieja estructura del Partido Comunista y los recursos soviéticos. Los demás tenían y tienen puestos seguros en las empresas estatales. El hecho de que todavía se tiente a los estudiantes a salir a crear disturbios, de que lo hagan las mismas organizaciones dirigidas por las mismas personas, sólo es prueba del efecto del adoctrinamiento.
______Bueno: eso suena muy convencional: la gente cree que es el adoctrinamiento marxista, pero sólo se trata de la mentalidad tradicional, dada a reconocer cualquier jerarquía basada en la violencia. El estudiante se va convenciendo desde que tiene la oportunidad de entrar a la universidad de su condición superior sobre la sociedad, y cualquier adefesio retórico, cualquier simetría aparente, cualquier resentimiento bien espoleado, le sirven para lanzarse a quemar buses y matar policías.

Indigencia y soberbia

______Basta con pensar en la conciencia del mundo que se tiene a los veinte años para comprender hasta qué punto es fácil formar asesinos mediante la combinación de halago de la vanidad, de fomento de la envidia y de identificación con las castas superiores de la sociedad.
______De algún modo el problema guerrillero sólo es una reforma universitaria pendiente, pero no parece que este gobierno la vaya a emprender. Hace falta que la gente despierte y se rompa la burbuja que mantiene a Colombia en otros siglos. Que se entienda que la universidad es una inversión de recursos de todos los ciudadanos para formar personas productivas y no amos brutales convencidos de estar guiando ganado.
El espíritu talibán

______He hablado de madrasas, las escuelas coránicas. Allí se forman los talibán, palabra árabe que es sólo el plural de talib, ‘estudiante’. Las universidades colombianas forman al talibán occidental, y tal vez la raíz islámica de España, sobre todo de las regiones que enviaron a su gente a conquistar América, tenga mucho que ver en esa condición de nuestras mal llamadas universidades. Pero haciendo a un lado ese rasgo exótico, ¿no es casi idéntica la doctrina que se aprende en sitios como la Nacional y la que formó a los revolucionarios afganos?

viernes, marzo 24, 2006

Novedades promisorias

La reciente solicitud de extradición de 50 cabecillas de las FARC por parte de funcionarios estadounidenses ha sido recibida por el editorialista de El Tiempo con manifiesto desasosiego, «porque no se ve cómo pedir a su cúpula en extradición pueda facilitar una eventual solución negociada del conflicto armado».

Nostalgia del Caguán

______A mí me produce mucha curiosidad lo que puede haber en la cabeza de la gente que lee esos editoriales. ¿Nadie ve que la idea de la solución negociada es el programa de las FARC? ¿Nadie entiende en la frase citada que en lugar del acoso a los dirigentes guerrilleros se les deben ofrecer garantías y promesas para que se sienten a negociar? ¿Ya nadie recuerda el proceso del Caguán? ¿Y el papel de ese periódico durante ese proceso?
Un líder militar

______Pero hay mucho más acerca de El Tiempo, ¿nadie leyó en estos días que Antonio García es calificado de «líder militar»? ¿Se puede llamar «militar» a quienes secuestran niños y vuelan oleoductos? ¿Cómo llamaríamos a un miembro de las FF AA que hiciera eso? La actitud de El Tiempo es clara, el misterio es la actitud de los lectores, aunque los partidarios de la línea oficial y de la mayoría de los columnistas se sobreentiende que son partidarios de las FARC: la principal arma de ésta es la negociación, que no por nada es también el programa del PCC, de los chavistas y de su candidato Carlos Gaviria.

Democracia versus solución negociada

______Para los que deseamos la derrota y el fin de la guerrilla esa solicitud de extradición es una excelente noticia porque amenaza la solución negociada, la cual sólo es un eufemismo para disfrazar la abolición de la democracia, cosa que también me pregunto, ¿cómo es que nadie ve?
______Claro, la negociación para que los guerrilleros dejen de matar y poner minas y secuestrar y destruir infraestructuras la desea todo el mundo, y aun la mayoría toleraríamos que quedaran impunes, pero ésa no es la solución negociada de que habla el editorialista: él siempre ha estado con la guerrilla.

La negociación es un buen negocio

______Quien se interese por conocer la historia del conflicto podrá comprobar que las guerrillas no han tenido ninguna gran victoria militar sobre el ejército: existen porque el relieve y la vegetación del país les permiten ocultarse. Ni siquiera pueden resistir ninguna posición. Lo que les ha permitido expandirse han sido las fases de negociación, sobre todo las que han emprendido con gobiernos conservadores. Con Betancur tuvieron legalizado el secuestro y carta blanca para expandirse por todo el país, y para conseguir votos pagados con recursos del narcotráfico y los secuestros. Y con Pastrana tuvieron una región gigantesca para producir miles de toneladas de cocaína, reclutar a miles de niños y hacer acopio de armas y explosivos.
______La negociación para las FARC sólo tiene por objeto ganar ventajas militares y legitimidad, pues si quisieran desmovilizarse, por ejemplo si fueran simples bandidos como piensan los necios que predominan en Colombia, lo tendrían muy fácil con cualquier gobierno.

Los medios letales

______Lo que importa es entender el papel de los medios. ¿Es que fui el único que leyó el grotesco publirreportaje sobre Tirofijo que publicaron en Semana? ¿Nadie más se acuerda de Alternativa? Bueno, uno de los promotores de esa revista escribe ese editorial, su hijo dirige Semana, otro, Gabriel García Márquez, se reúne con el ELN porque según sus cuentas, y las de la banda, es posible obtener en la negociación lo que no obtuvieron matando soldados. Es una guerra que lleva al menos seis décadas y que la gente no quiere entender porque la conducta criminal de los promotores de Alternativa y de las guerrillas impregna toda la vida nacional.

El molde de la patria

______Lo trágico es que esos amigos del secuestro sirven de modelos al resto de la sociedad, un poco como ocurrió en algunas regiones con los capos del narcotráfico. Lo que da rabia es que mueran sobre todo campesinos y personas pobres y no los contrahechos morales que toleran tanta mentira y tanta complicidad con los cobramasacres (¿tampoco ha leído nadie la propaganda diaria a favor de Carlos Gaviria en El Tiempo?).
El camino correcto hacia la paz

______Si es para que cesen las masacres, esa solicitud estadounidense es una bendición precisamente porque muestra el único camino por el que se puede llegar a una negociación que signifique la desmovilización de las bandas narcoterroristas: acosando a sus cabecillas y amenazando su seguridad, de modo que los más prudentes «negocien» con EE UU su deserción. Es fácilmente explicable que el editorialista de El Tiempo no quiera perder a sus subalternos.

Miles de damnificados

______Pero el fin de las bandas narcoterroristas dejaría muchos miles de damnificados, ya se nota en los comentarios que aparecen en el periódico y en los blogs de la gente cuerda y estudiada el amor patriótico que los lleva a desear que se sigan sembrando los campos de minas y se sigan reclutando niños. ¿Cómo hay que explicar que quien recluta a esos niños para que pongan las minas y cuiden a los secuestrados son esos distinguidos sabios y justicieros?

El abuelo cobramasacres

______Nadie lo quiere ver, y el precio de ese servilismo será muy alto, aun para los que se lucran de la guerra colombiana desde un exilio dorado o desde puestos en las mejores universidades: con el flujo de información que hay hoy en día, a sus descendientes les resultará muy difícil limpiar el rastro de sus insidias y de su complicidad con los crímenes. Un poco como los nietos de los jerarcas nazis, estarán condenados a ocultar al cobramasacres de la familia para poder ser admitidos en cualquier parte.

domingo, marzo 19, 2006

El gremio fantasioso

Hace unas semanas leí una columna de Eduardo Escobar en que aludía a un manifiesto de apoyo de los «trabajadores de la cultura» al candidato Carlos Gaviria, pero no tuve tiempo de mirar el escrito. Sólo después me enteré de que ese texto se podía encontrar en la página del partido comunista y así tuve ocasión de acceder a esa joya.


Lo fantasioso

______Antes de comentar el escrito debo aclarar a qué me refiero cuando hablo del gremio «fantasioso». Esta palabra se usaba sólo con la acepción que aparece en el Diccionario de María Moliner: «“Fachendoso”. Se aplica a la persona que aparenta o se empeña en aparentar más riqueza o poder de los que tiene», y deriva de «fantasía», que según el diccionario de la Academia es: «fam. Presunción, arrogancia o gravedad afectada» (7ª acepción).
______Pues bueno, antes que soñadores o visionarios (que ven visiones), nuestros intelectuales son presuntuosos que se dan aires de superioridad reproduciendo la vieja jerarquía de la sociedad. Con muchísima frecuencia son vástagos de poderosos venidos a menos.


Genios incomprendidos

______Conviene tener en cuenta el significado de un gremio como ése, pues tal vez no haya profesión más rentable que la literatura o el arte cuando el trabajo del autor encuentra eco en la sociedad. Los casos de García Márquez, de Botero o de la autora de la serie de Harry Potter, una de las primeras fortunas británicas, ilustra esto que digo.
______Pero ¿qué pasa cuando el escritor no consigue interesar a los lectores? En los países civilizados sencillamente ocurre que la persona trabaja en alguna actividad productiva y en sus ratos de ocio escribe sus textos. El nivel de desarrollo de un país se podría medir por eso, por la cantidad de autores de libros de versos o de narrativa que hay por cada cien mil habitantes. Tal vez en Colombia haya cinco, en EE UU, en Japón o en algún país europeo rico, habría más de quinientos.
______Pero como el orden antiguo significa principalmente que la elite social no trabaja, el hecho de escribir un libro y figurar como «escritor» le asegura a la persona perteneciente a esa parte de la sociedad que de algún modo disfrutará de rentas y reconocimiento debido a ese logro. No importa que a uno le baste una tarde para escribir algo mejor que la obra completa de la mayoría de esos escritores, lo que cuenta es tener los contactos, a veces los diplomas y la atención puesta en la figuración.


Utopía y festín

______El comunismo fue la ocasión perfecta para dar poder a esos intelectuales sin función social determinada. Como a fin de cuentas se trataba del proyecto de repartir la riqueza ajena, sólo hacía falta la tropa eficiente de asesinos o saqueadores, después de torturadores y verdugos, y los productores y reproductores de retórica, gracias a la cual los crímenes resultaban disfrazados de actos justicieros y se culpaba a las víctimas o a cualquiera que estorbara el avance de la historia. En ese sentido la alianza colombiana entre los intelectuales y los narcoterroristas es absolutamente típica.
______Es decir, la inercia de la vieja sociedad genera una especie de príncipes sin recursos propios, vividores que consiguen rentas y sinecuras gracias a su habilidad para relacionarse con poderosos que tienen acceso al erario. La adhesión masiva al candidato del partido comunista es casi obvia: esperan recursos para la cultura (viajes, congresos, campañas, festivales...) y el volumen de esos recursos crecería muchísimo si la justicia social fuera algo más que un cambio de gobierno. De hecho, en los países comunistas, y aun en Cuba, había miles de escritores que recibían ingresos por serlo, más allá de que sus obras interesaran a alguien. Lo que importaba era la lealtad al partido.

El futuro de la cultura

______Ese aspecto de protección de la cultura también es muy importante porque nada asegura la ruina de la producción cultural como eso. Si hubo una literatura floreciente en el siglo XIX fue la rusa, y bastó la Revolución para arruinarla por completo. Lo mismo que se puede decir de la literatura cubana, también vigorosa en el contexto latinoamericano antes de la Revolución, y hoy menoscabada y en su mejor parte exiliada.
______Pero tal vez esto sea ocioso mencionarlo: de todos modos esos escritores son parasitarios, nada se puede esperar de ellos. Poco a poco uno se va acostumbrando a que ciertos personajes son escritores porque firman los manifiestos, pues su obra no aparece por ninguna parte, y cuando aparece produce una enorme tristeza. El «intelectual» se convierte así en una etiqueta de la jerarquía social que sirve para hacer propaganda de determinados proyectos políticos, o mejor, «político-militares».
______Bueno: si algo es pésima literatura es el texto de adhesión de los intelectuales al candidato del PCC:
UNA HONESTIDAD SIN FISURAS
______
El país vive un momento histórico que no admite la apatía. A la situación económica y al estado de derecho violentado y casi anulado, se suma una suerte de nata de escepticismo creado por tantas falsas expectativas de un gobierno mesiánico y mediático, que centra buena parte de sus esfuerzos en anular o estigmatizar cualquier tipo de oposición calificándola como antipatriota.
______En estos momentos de efervescencia y calor no se admite la apatía: ¿cómo explicar pues el éxito clamoroso de las listas que apoyan al gobierno en las legislativas? Es que el pueblo no sabe oír a sus guías. ¿Qué pasa con la situación económica? Es la mejor en toda una década, crecimiento de más del 5 %, revaluación del peso, reducción probada de la pobreza... Pero ¿está «violentado y casi anulado» el Estado de derecho? ¿Dónde está el escepticismo? ¿No es un tosco abuso retórico atribuir a un gobierno el ser «mediático»? ¿Dónde se estigmatiza a la oposición como antipatriota?
______Caprichos míos: ¿habrá quien se dé cuenta de que los secuestrados y la orgía de masacres de los últimos meses no merecen siquiera un comentario? Es como si el propagandista de turno tuviera un poco de pudor al adherir al narcoterrorismo y sólo pudiera dirigirse a sus lectores con expresiones de jerga, con sobreentendidos absurdos como «situación económica», como si alguna vez la situación económica de la mayoría de los colombianos hubiera sido mejor, como si sólo hiciera falta el decreto de prosperidad.
______Este país de una sola vía resulta asfixiante para la gran mayoría de colombianos por fuera de las encuestas, una dudosa práctica con la que se maneja la realidad basada en un territorio de espejismos. Nunca antes hemos tenido un gobierno que confunda de manera más flagrante lo autocrítico con lo autocrático.
______¡Dentro de las encuestas el país no resulta asfixiante, pese a ser de una sola vía, a diferencia de Venezuela o Cuba, países de doble vía! Pero ¿se maneja la realidad mediante las encuestas? ¿Son éstas una «dudosa práctica»? ¿Qué es un «territorio de espejismos»? Aparte de la torpe aliteración, ¿en qué es «autocrítico» el gobierno?
______Es triste tener que repetir lo de siempre, recordárselo a todos: Colombia es un muladar, en un país siquiera semicivilizado no se atreverían a decir eso. En todos los países democráticos se publican encuestas, lo hacen los medios de comunicación, como en Colombia... Lo «dudoso» de esa práctica sólo expresa la nostalgia de una objetividad a la soviética. La prosa de ese manifiesto casi explica el fenómeno completo de nuestra cultura. Sólo se trata de vividores «fantaseando» con palabras raras y figuras retóricas oscuras, que dejan patidifusos a los necios que quieren integrarse en la «jai». Produce una desazón muy grande ser del mismo país en el que hay «intelectuales» así.
______Hay que volver a poner como epicentro de la vida nacional el estado social de derecho, el libre ejercicio de disentir, el diálogo entre la sociedad y el Estado que ahora vemos confiscado, la práctica de la política en su expresión más clásica, asuntos que sólo pueden ser estimulados por un humanista, por alguien que esté libre de toda sospecha de manipulación y corrupción política, alguien que mire el conjunto de la sociedad sin exclusiones y que no se pliegue a los designios dictados por tratados comerciales, como el TLC y el ALCA, que enajenan algo mas que nuestros bienes materiales y culturales. Por el agujero negro de dichos acuerdos se van también la dignidad de la nación y nuestra soberanía económica y política.
______¿Cómo así que ven confiscado el diálogo entre la sociedad y el Estado? ¿Está amenazado el libre ejercicio de disentir? ¡Sí! El disentir de esos manifiestos puede significar la muerte para cualquiera. El único alivio es la práctica de la política en su expresión más clásica. En cuanto al humanista, basta con saber que es el candidato promovido con entusiasmo en la página del mismo partido que promueve con entusiasmo a las FARC. Eso sí, enemigo de todas las exclusiones: el hecho de que como magistrado se ganara el sueldo de más de 50 colombianos y que se pensionara antes de cumplir sesenta años es un ejemplo de tan ubérrima generosidad.
______Claro, el TLC enajena algo más que nuestros bienes materiales y culturales... es que... Dios mío, no me había dado cuenta, ¡más del 99 por ciento de ellos se pueden vender sin aranceles en EE UU! ¿No estará incluido en ese amplísimo porcentaje nuestra dignidad?
______En gran medida esos escritores nos dicen mucho de sí mismos con esa prosa: de su objetividad, de su rigor, de su honradez intelectual... Colombianos, no encuentro otra palabra. En ningún país civilizado los colegiales se permitirían firmar algo tan ridículo. Pero la cultura es algo ajeno a Colombia, algo que se confunde con el consumo de lujo y con la presunción ridícula de estos fantasiosos.
______No queremos un gobierno en el que, al final de su mandato, solo exista un Ministerio: el de Defensa, pues la mayor parte del presupuesto va a parar al oscuro negocio de la guerra, ni tampoco un Estado que privilegie a los victimarios por encima de las víctimas.
______Ya está dicho: el intento de impedir los secuestros es un negocio oscuro, y el no premiar las masacres es privilegiar a los victimarios. ¿Cómo hay que decir que las FARC en comparación con estos intelectuales y con su candidato son un grupo de personas bastante decentes? ¿En qué se va la mayor parte del presupuesto? En pagar a los miembros del partido comunista y a su clientela (muchos de ellos firmantes del manifiesto) sueldos altísimos y pensiones. Cualquiera puede mirar los presupuestos del Estado para comprobar la grotesca mentira de esas frases.

______Por todo esto creemos los firmantes de este documento que Carlos Gaviria Díaz es el único candidato a la presidencia de la república que nos representa y que representa también lo que ponemos de manifiesto. Es un humanista, un constitucionalista que viene de la Academia, que comporta una actitud democrática y abierta precisamente contraria a la actual, a la de un gobierno que ha hecho de una política de bolsillo un tráfico de conciencias. No vemos otro candidato que en verdad represente la otra cara de la moneda. Una moneda que no tenga por los dos lados el sello de la soberbia o la cara del engaño.
______Por fin una verdad: Carlos Gaviria Díaz los representa, no cabe la menor duda. Su «actitud democrática» consiste en favorecer de forma deliberada la recuperación de las FARC y una guerra civil que podría conducir al asesinato de millones de colombianos, como ocurrió en todos los países en los que los comunistas accedieron al poder. Los artilugios retóricos del párrafo dan ganas de llorar: ¿qué será «hacer de una política de bolsillo un tráfico de conciencias»? Nada, simple adición de frases que como que suenan a descalificación sin tener ninguna relación entre ellas. En cuanto al engaño que representa Carlos Gaviria, que no tendrá ningún éxito, sólo es el favorecer el asesinato de millones de personas, pues ¿qué ocurriría si no se hiciera frente a las FARC?
______Carlos Gaviria Díaz, lo hemos podido cotejar, tiene además a su favor el hecho de ser un hombre de gran cultura política y filosófica, al contrario de la mayoría de la habitual clase política colombiana, que lejos de estar en extinción se refuerza para embarcarnos en una espuria reelección.
______Bueno, con esos garantes... La misma ridiculez presuntuosa de que alguien va a ser mejor gobernante por poder exhibir más «cultura». ¡Qué raro que EE UU dirija el mundo sin estar nunca gobernado por petimetres! La verdadera «cultura» de Carlos Gaviria se acaba en alguna habilidad para torcerle el pescuezo a las leyes, pero será cosa de otro post. No tengo «carta en blanco» para criticarlo todavía.

______Algunos de quienes suscribimos este documento no habíamos acudido al ejercicio electoral, en un país donde la democracia ocurre, supuestamente, cada cuatro años. No habíamos encontrado un candidato a prueba de fidelidad a sí mismo, a una ética personal, a una historia de honestidad sin fisuras como lo encarna Carlos Gaviria Díaz.
______Eso es verdad: en la izquierda colombiana el hecho de votar siempre se consideraba una traición a los principios, pues si algo inspiraba desprecio era precisamente la «farsa electoral». Es típico de todos los reaccionarios, el argumento en que de verdad creen es la fuerza. Esa izquierda siempre ha estado a favor de la «lucha armada», el raro deporte nacional, y por fin tienen a un candidato que les inspira confianza. Por algo será.
______Otros muchos de los firmantes, los sin partido, antiguos militantes de todas las tendencias políticas, los excluidos del discurso mediático que intenta imponer una «única verdad patriótica», artistas, intelectuales, académicos, científicos, reafirmamos el deseo de un cambio que haga mejor nuestro país, un país independiente de los designios del Norte, más dialogante y de ninguna forma dirigido por los señores de la guerra.
______Claro, por esto último es por lo que están a favor de la «solución política negociada del conflicto armado», es que para el caso hay una gran diferencia entre el legendario líder guerrillero y los señores de la guerra. Y ciertamente un país dependiente de Chávez será mucho más dependiente de los designios del «Norte» que uno que se integre en la economía mundial.
______Con Carlos Gaviria Díaz estaría más cercana la posibilidad de una paz justa, mediante una solución política negociada para poner punto final a la guerra de varias décadas que enluta y empobrece al pueblo colombiano.
______Eso de la «paz justa» es muy llamativo: ¿dónde está la justicia? Lo que estaría más cerca en caso de que el ex magistrado obtuviera una votación significativa sería la verdadera guerra civil, pues nada anima más a los masacradores y secuestradores que la certeza de que tienen eco en la sociedad y sectores significativos numéricamente que los apoyan. Una paz justa sólo puede ser la desmovilización de las bandas de asesinos y el refuerzo de la institucionalidad y de las libertades, precisamente lo que amenazan los émulos de Pol Pot.
______Eso sí: decía Ralph Waldo Emerson que «los argumentos no convencen a nadie». Los motivos por lo que las personas están con las FARC y con estos grotescos defensores de esa banda no se remedian con argumentos ni razones, en realidad su adhesión al narcoterrorismo y a los proyectos totalitarios es lo mismo que su rechazo de las razones. Por eso este texto sólo pretende ser explicación para personas que realmente quieren que cesen los secuestros y masacres y se respeten las urnas. ¿O es tan complicado entender que la «solución política negociada» comporta poner algo, las armas, las amenazas, por encima de la voluntad de los ciudadanos libremente expresada?
______Es sencillísimo, pero la persona de izquierdas, tal como se entiende esto en Colombia, está dominada por toda clase de lealtades cuyo origen remite sin remedio a la esclavitud y al orden de castas: ninguno admitirá que los asesinatos cometidos por las FARC en los meses anteriores eran la campaña de Gaviria para imponerse sobre Navarro y el esfuerzo de refutar la seguridad democrática para disuadir a posibles votantes de Uribe, ni que tácitamente el documento de los intelectuales adhiere a las pretensiones de la banda de Tirofijo.
______En realidad las FARC sólo defienden un statu quo, y es responsabilidad de los demás entenderlo: de los que pueden ser víctimas de una bomba, de un secuestro, de una masacre. El no ver el sentido criminal de esos manifiestos es casi otro crimen. Y eso admitiendo que no puede haber delitos estéticos.

martes, marzo 07, 2006

Agravio, confort y mascarada

Cuando se piensa en el antiamericanismo conviene recordar que se trata en realidad de dos cosas diferentes, una de las cuales solapa a la otra. Por un lado es la condena de los valores y el modo de vida estadounidenses, por el otro, el rechazo al dominio que ejerce ese país en la geopolítica mundial, es decir, lo primero tiene que ver con una forma de vivir y un orden institucional y moral mientras que lo segundo remite al patriotismo o afán de preeminencia o de consideración de una comunidad nacional.
______Esas dos cosas no sólo son diferentes, sino que en muchos sentidos terminan resultando antitéticas. Quiérase o no, el conjunto de valores que permitieron a Estados Unidos convertirse en la nación más poderosa son los que casi todo el mundo civilizado reconoce como deseables. Para mucha gente es desconcertante saber que hace sólo cien años la mayoría de los países europeos no eran democracias plenas, por no hablar de los latinoamericanos, que en gran medida todavía no lo son. De modo que una persona interesada en la prosperidad de su nación y en el bienestar de su gente lo más probable es que desee algún tipo de asimilación a la civilización estadounidense, sobre todo en lo que eso significa prosperidad general y libertad de elección. La particularidad nacional se defiende mejor si la gente tiene opciones, posibilidades y derechos, salvo que esa particularidad nacional sea sólo barbarie.

Vigencia del patriotismo

______Vamos a insistir en discriminar esas dos cuestiones, por una parte el interés nacional; por la otra, la identidad. Ésta se basa en las experiencias compartidas por la comunidad, lo que la hace diferente a las demás: la lengua, las costumbres, la gastronomía y el conjunto de la tradición literaria y artística. Todas esas cosas se enriquecen con las influencias, como ha ocurrido con todas las culturas. Hay valores particulares que puede resultar deseable no conservar, como el hábito de tocar el culo a las mujeres o la facilidad con que se golpea a otra persona, para hablar de dos colombianismos.
______De modo que el interesado en defender «lo propio» debería, creo yo, fijar un poco el conjunto de valores que quiere defender y plantearse un camino para que esos valores puedan ser asumidos por la gente. En otras palabras, la aspiración a un predominio «latino» o «andino» o «colombiano» es perfectamente legítima, siempre y cuando se sepa qué sociedad se quiere construir, qué valores y relaciones tendría esa nación ascendente, etc.

Un mundo perdido

______El patriotismo es casi natural y se podría considerar sano si hubiera una cohesión de origen de la comunidad: una nación de negros encontraría de lo más lógico defender el interés de la gente de color negro y demostrar hasta qué punto es o puede ser mejor representante de lo humano que la gente de otro tipo. En el caso colombiano —latinoamericano— no hay nada parecido: no somos comunidades nacionales basadas en una cohesión antigua, en verdaderas experiencias compartidas, sino lo que dejó la expansión de los imperios peninsulares. Hay una gente que es andina y otra que es europea y todavía otra medio africana y otra selvática.
______La distancia entre esta gente, la ausencia de experiencias compartidas, es tal que en muchísimos casos el rencor enfermizo de muchas personas de la raza europea hacia EE UU y aun hacia Europa procede de haberse dado cuenta de que los ven como colombianos. ¡Como los demás colombianos! ¡Como si no se hubieran matado siete años acabando la carrera!
______De modo que el primer interés del patriota y del amigo de la identidad sería definirla, y resulta que para definirla bien debería promoverse una situación de libertad y prosperidad crecientes, de imperio de la ley, de equidad en la tributación... De todo lo que los antiamericanos detestan. Es decir, para que esa identidad fluya y sea verdadera «comunión» —para usar la palabra que tanto gustaba a Paz—, es necesario cierto margen de americanización.

Jerarquías y pretextos

______Una de las muchas ideas conflictivas que durante años he estado proclamando en estas conversaciones de internet es que los antiamericanos habituales, los intelectuales, los de raza europea, las personas de izquierda, los doctores, los colombianos de clase alta, los empleados públicos, los universitarios (si pienso un rato encuentro otros diez sinónimos) no son verdaderos patriotas sino defensores del mundo perdido que la americanización viene a poner en cuestión. Como hermosamente lo expresa García Márquez en el diálogo de Bolívar con un francés que se encuentra en su marcha: que no vengan a dar clases. ¡Sobre todo que no vengan a soliviantar a las monturas!
______Pero en fin, ese sueño de mejorar las condiciones y las posibilidades de la propia comunidad es algo que defiendo y que está en el fondo de las motivaciones de este blog: crear un país de gente recta y feliz. Algo bien diferente al oscurantismo retrógrado inverosímil de esas personas acomplejadas cuya más secreta humillación es que su mujer sacrificaría toda su vida con ellos por pasar un rato con Robert Redford. Un país de gente que cree en sí misma y no ve a los extranjeros y a la gente de los países desarrollados como dioses a los que debe besar los pies o atracar si se descuidan.
______Salvador de Madariaga dice en su libro sobre Bolívar que el Libertador tenía a la vez la arrogancia del conquistador y el rencor del conquistado. Lo mismo se puede decir de la inmensa mayoría de los colombianos de clases acomodadas. Pero para esas duplicidades también cabe registrar que esas mismas personas tienen el complejo de inferioridad más penoso y al mismo tiempo la astucia de odiar y atacar todo lo que tenga que ver con EE UU porque así defienden su jerarquía, sus rentas, su dolce fare niente.
______El paradigma de toda esa actitud es el castrismo y su hijo petrolero, el chavismo. ¡Nada pone a los cubanos y venezolanos en peor condición en comparación con los estadounidenses y europeos que la «dignidad» que defienden esos personajes! Nada degrada más la institucionalidad, expulsa a la gente esforzada o talentosa, fomenta el servilismo ante la autoridad, falsea la educación ni corrompe la cultura como ese nacionalismo tras el que obviamente están los émulos blancos, parasitarios, «cultos», «progresistas» y demás de los doctores colombianos. El castrismo, el apartheid americano, expresa plenamente ese orden. Por eso es tan popular en todo el continente.

El programa patriótico

______Y del mismo modo, los corolarios caen como si lloviera: nada es más antipatriótico. Y en la medida en que el futuro de la «patria» parte de esa «comunión», la opresión, la desigualdad, la miseria y el terror que esos regímenes imponen sobre las mayorías, lo antipatriótico consiste sobre todo en mantener una desigualdad atroz en los derechos y deberes de unos ciudadanos y otros, por no hablar de la renta, que en Cuba no se puede evaluar y en Venezuela es cada vez más desigual, como explicaba hace poco Teodoro Petkoff.
______De modo que una identidad que se quiera defender supone un país bien gobernado y una responsabilidad ante el mundo: la forma de obrar de quien no es menos. Perdón por repetirme tanto: exactamente lo opuesto de lo que proponen nuestros antiyanquis, que quieren que dejemos impunes a los narcotraficantes y apoyemos a Castro y a su cohorte de aventureros, demagogos, golpistas, etnicistas, guerrilleros y demás.

La gran paradoja

______Otro tanto ocurre si se piensa en el poder global estadounidense: nada lo refuerza tanto como el apoyo constante a todos sus contradictores por parte de muchos sectores en el mundo. La renuncia de Europa respecto a Irak, Colombia, Yugoslavia, Chechenia, Ruanda, Camboya, Palestina, Irán... sólo permite que haya un solo gendarme que asuma la responsabilidad y evite grandes catástrofes.
______Durante años el actual ministro español de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, era representante de la UE en Oriente Medio y adquirió fama de amigo de amigo de todos los extremistas palestinos. Es, como en Colombia, una guerra en la que mueren los niños, los pobres, la gente olvidada por los intereses de unos cuantos burócratas franceses o empresarios alemanes, por el recelo al predominio que adquiriría un Israel en paz en la región. ¿Para qué me pondré a decir eso? Colombia es uno de los países con más antisemitismo en el mundo.
______Y el resultado es éste: sólo la eficacia militar israelí y la flota estadounidense evitan una gran conflagración en la región, que afectaría a Europa casi tanto como a Israel. Es sólo un caso.

La guerra fría

______Este post pretende ser una respuesta a Sergio Méndez, que me increpaba sobre la «complicidad» estadounidense en el asesinato de medio millón de personas en Indonesia en 1965 por parte del régimen del general Suharto, y también por la tolerancia hacia el régimen de Sadam Husein en los ochenta. Es la clase de cosas que siempre hacen pensar: ¿ordenó EE UU los crímenes de Suharto? No, sólo era un golpista, al igual que Sadam, que contribuía a frenar la expansión soviética y china. ¿Tenía EE UU poder para detener esos crímenes? Cualquiera que haya leído algo sobre esos hechos sabe que se trataba prácticamente de linchamientos en zonas rurales muy primitivas por parte de elementos incontrolados, si bien tolerados por el régimen golpista.
______¿Qué habría pasado si EE UU invade las islas en que eso ocurría, como si tuvieran la bola de cristal para saber que eso iba a ocurrir, a un costo parecido al de la guerra de Irak y con mayor rechazo internacional, incluso con posibilidades de intervención soviética o china, como en Corea? ¿Qué habrían dicho las legiones de pensadores «progresistas»? Haga lo que haga EE UU será condenado: he oído a la misma persona maldecir a EE UU por intervenir en Somalia para proteger a los que repartían comida en los noventa y hacerlos responsables del genocidio de Ruanda por no intervenir.
______Hurgando en los motivos secretos de esos dinosaurios que cincelan nuestras madrasas se llega a una triste conclusión: EE UU es responsable de haber ganado la guerra fría. No habría importado que en Indonesia la situación de caos hubiera conducido al triunfo de un Pol Pot, con al menos diez veces más población, o de un Mao Zedong o de cualquier constructor de paraísos, el problema fue que ganaran la guerra fría. La alternativa al golpista genocida no sería un régimen que construyera en ese imperio de 13.000 islas su versión de Cuba, sino un gobernante liberal y democrático. Eso es lo que no hay.
______Volvamos de semejantes antípodas: ¡es lo que intentan impedir en Colombia, que se mantenga un presidente que ha reducido todos los indicadores de violencia, mejorado rotundamente todos los indicadores sociales y favorecido un desarrollo económico que ni se alcanzaba cuando la guerrilla y los gastos militares eran mucho menores, por no hablar del gasto en nómina estatal improductiva de hoy en día y en deuda generada por esa nómina!
______Porque la tragedia colombiana es que sigue siendo el único país en el que sin coacción hay millones de comunistas, curiosamente los que tienen la vida más segura y más ventajas en la sociedad. ¿Por qué EE UU no promovía enérgicamente gobiernos tolerantes, democráticos y liberales en Indonesia, Irak y demás, teniendo en cuenta los límites de sus posibilidades, en los años de la guerra fría? Porque en todas partes había sectores sociales a los que la expansión soviética podía atraer, así como la utopía totalitaria.

Patriotismo es ante todo buen gobierno

______Es cuando se puede plantear un sueño de plantarle cara a EE UU: de generar prosperidad para que la gente no se humille por una visa, de hacer respetables a las instituciones para que la imagen del país sea bien considerada en todo el mundo, de favorecer el asentamiento de personas talentosas, de disputarle las medallas olímpicas y las taquillas cinematográficas y los puestos en el ranking de ventas de libros.
______Tener uno paciencia para atender a tantas necedades: para una persona del primer mundo conocer a un colombiano es ante todo encontrarse con una criatura acomplejada, que experimenta toda clase de agravios inexplicables, que pretende hacer valer su rango en lugares en que sólo es un extranjero, que se niega a entender las costumbres ajenas... ¿Qué clase de gente espera disputar el mando en el mundo a los estadounidenses?

Mascarade

El antiamericanismo es muchas cosas, pero sobre todo es un bálsamo psicológico maravilloso. Condenar todo lo que hagan los «gringos» ahorra hasta esfuerzos leyendo la prensa: más o menos como soñar con el ciclo de esclavismo-feudalismo-capitalismo-socialismo que constituye toda la formación histórica en Colombia. Y nada hace más omnipotentes a EE UU, más hegemónica su cultura y más raquíticas a las demás que ese renuncio. Pero eso sí, es más cómodo, más agradable, más enaltecedor en lo que concierne a la categoría social de uno.
______¿Qué va a importar que eso mismo sea lo propiamente antipatriótico? ¿Llegará el adoctrinamiento al curso de las «fuerzas productivas» en nuestras madrasas? La manía antiyanqui es propiamente la expresión de aquello que frena las «fuerzas productivas» de la sociedad, de los estamentos barrocos que siguen dominando. Pero para llegar a eso es mejor acordarse de la caducidad del marxismo. En todo caso tengo que pedir perdón por haber puesto en duda que todos son liberales y demócratas: ¡basta con ver la campaña de calumnias que he tenido que soportar por decir que no se vote a gente que no pide la desmovilización de las bandas de asesinos!