sábado, mayo 27, 2023

¿Para dónde va el mundo?

Si hablamos de elecciones, los dos años que vienen son críticos, las hay muy pronto en España y en Argentina. ¿Resistirá el frente obamadurista y se ampliará el poder de los amigos de Irán y supuestos apaciguadores de Putin? ¿Optarán los votantes por ponerse de parte de la libertad individual o seguirán creyendo que los regalos de los gobernantes narcocomunistas los pagan otros? Ésa es la elección, entre aspirar a prosperar con el propio esfuerzo o acomodarse a la mendicidad endulzada con buenas intenciones y adorno moral, esperando que otros paguen la factura, y compartiendo los objetivos políticos de élites criminales a cambio de la recompensa.

La experiencia muestra que este bando parasitario, sólo una rémora de la España antigua, cuenta con las mayorías en todos nuestros países, y sólo es razonable cuando lo acosa el hambre. Por eso los demagogos como Pedro Sánchez ganan apoyos dando regalos. Sólo que Sánchez y los Kirchner —el PSOE, fundado como un partido marxista, y el peronismo, creado según el modelo fascista— no cuentan ahora con la mayoría social por la degradación democrática y económica que han causado sus gobiernos. En ambos países es posible el cambio.

El resultado dará lugar a situaciones distintas, de avance o retroceso de las blancas o las negras en el tablero esférico porque ya todos prevemos un pulso entre Estados Unidos y China, país cuya economía podría seguir creciendo hasta alcanzar a la estadounidense y que más fácilmente concentra sus recursos en operaciones militares. El resto del mundo vacila, muy pocos países son verdaderos aliados de Estados Unidos, baste ver al gobierno alemán colaborando en la campaña de Petro para entender que para las élites europeas los gobiernos antiestadounidenses en Centro y Sudamérica son deseables. En todo caso, en las últimas elecciones que ha habido en Europa han tendido a predominar los conservadores y liberales, y el atlantismo se ha visto reforzado por la invasión rusa a Ucrania. Puede que el poderío chino despierte ansiedad occidentalista en Europa y aun en Sudamérica.

Hay muchas otras elecciones y situaciones de cambio en otros países, pero estas dos son las decisivas, la hegemonía socialdemócrata en Europa quedaría muy debilitada si aparte de los países de Visegrad tiene en contra a los gobiernos de Italia y España, y su hermana hegemonía castrista en Iberoamérica también quedaría cuestionada al perder un país mayoritariamente peronista-comunista, más a manos de Milei, su peor enemigo. Y en España un gobierno PP-Vox sería menos complaciente con Maduro y Díaz-Balart.

Más importantes aún serán las elecciones estadounidenses, donde el partido de Alexandria Ocasio-Cortez busca cuanta oportunidad tenga de reconocer al narcorrégimen de La Habana, como ya hizo Obama con el resultado de que los diplomáticos fueron envenenados. El apoyo al actual gobierno colombiano, cuyos mayores representantes no vacilan en aplaudir al régimen cubano o el golpe de Estado de Pedro Castillo, deja mucho que pensar sobre el compromiso del partido del burro con los valores y aun con los intereses estadounidenses. La continuidad de ese partido al mando significaría un avance irremediable del narcocomunismo, cada vez más agresivo (baste recordar a Juan Manuel Santos amenazando con legalizar el narcotráfico sin consenso con otros países), es decir, de los regímenes antiestadounidenses, que de hecho son aliados del régimen iraní, así como de los promotores de la dominación ideológica por discursos cada vez más delirantes y funestos.

Lo que mueve la benevolencia con los regímenes criminales de Iberoamérica y con el wokismo que se adueña de las escuelas y los medios de comunicación no es sólo el afán ideológico o de racionalización de libertinos fanatizados sino sobre todo el interés de camarillas de magnates. Pero los votantes, tanto en España como en Argentina y Estados Unidos, tendrán que decidir si quieren que los totalitarios recluten a sus hijos en las escuelas, ya no para los sindicatos peronistas ni para las guerrillas de Centro y Sudamérica sino para que se cambien de sexo y amen como si la vida fuera una fantasía, cada vez más trasplantados al metaverso a través de la propaganda de la diversidad sexual, de las drogas y del hábito de la pornografía.

Es lo que traerá el voto por el candidato demócrata, por mucho que la gente tenga otros móviles. Apoyar al Partido Republicano, sea Trump u otro el candidato, es oponerse a esa deriva y apostar por reconstruir el país: recuperar la antigua salud y la antigua determinación. La gran ventaja que tiene Estados Unidos es que allí «conservador» quiere decir «liberal» y el GOP es el partido de Abraham Lincoln mientras que el Partido Demócrata es el del Ku Klux Klan. A los votantes republicanos «no los une el amor sino el espanto», el horror de la distopía en que los van metiendo, de la que también forma parte la beligerancia de los enemigos externos del país.

De aquí a dos años quedará claro: la desestabilización global se agravará o menguará, para saber en qué caso ocurrirá cada cosa, baste comparar los gobiernos de Obama con el de Trump, o los de Reagan y el primer Bush con los de Clinton. Los cambios distópicos en las costumbres son parte de esa desestabilización, nada conviene más a los iraníes o a los chinos que unos occidentales dedicados a pelear para que sea obligatorio admitir que las mujeres trans son mujeres o para desaconsejar los métodos anticonceptivos porque en caso de embarazo se aborta y asunto resuelto. Ahora que no son pobres, los chinos podrán lanzarse a la batalla de los nacimientos. Ya podrán alimentar a nuevos ingenieros y hacer crecer aún más su economía. Y mientras tanto en Estados Unidos la población de origen europeo se va convirtiendo en minoría sin que haya modo de impedirlo.

En el mundo que viene crecerán las amenazas, la posibilidad de invasión de Taiwán por China será alta, la implicación iraní en Iberoamérica crecerá, el poder del narcotráfico en la zona andina se afianzará y aun se podrán dar hambrunas en Cuba, Nicaragua o Venezuela.

El bando wokista en todo Occidente se funda en la mentira y en el despilfarro: lo que hizo el peronismo es lo mismo que hace Sánchez, y que si pueden harán los demócratas en Estados Unidos. Consiste en gastar más de lo que se puede para comprar apoyos políticos y comprometer el futuro del país para asegurarse el poder. Cada triunfo que consigan, cada persona que vote por ellos, es un paso hacia la catástrofe.

Ésta podría provenir por ejemplo de una crisis de deuda, habida cuenta de lo endeudados que están todos los países, o de sacudidas en las regiones más conflictivas, como África, pero la amenaza que todos ven es la de la «inteligencia artificial», expresión turbia donde las haya. La automatización podría entenderse como la creación de autómatas, que cada vez hacen más cosas por nosotros y que podrían ser la causa de una prosperidad universal. Como todas las revoluciones tecnológicas, haría cambiar los productos y servicios que consume la gente y los oficios a que se dedica, cosa que ya ocurre con la cantidad de personas que ganan dinero como youtubers o en el 
coaching
. Con la automatización, que lleva décadas expandiéndose, todo será más barato y accesible a todos, algo que ya se ha visto con internet y la telefonía móvil.

Se teme que dicha «inteligencia artificial» termine dominándonos, que es como no entender que la humanización es la sumisión a agentes no humanos como Dios, la ley o la razón. Es curiosa la gente para la que eso puede ser peor que Putin, los ayatolás o los comunistas chinos amenazando con empezar una guerra nuclear. Y suponiendo que se quisiera defender la voluntad humana, habría que empezar por tomarse uno mismo en serio y en lugar de angustiarse por infiernos imaginarios pensar en hacer algo para resolver los problemas reales.

¿No les llama la atención que Bezos y Musk dediquen grandes fortunas a la investigación espacial y ni un centavo a limpiar los océanos llenos de plástico? Eso nadie lo echa de menos, para los wokistas y sus titiriteros sólo importa hinchar vanidades con esos temas y hacer caja con el dinero público. Hay gente tan desmedidamente estúpida que se jacta de no consumir plástico, como si sólo pensaran en su salvación de la culpa (en realidad, sólo piensan en el prestigio que les da mostrarse así) y gente indiferente. Verdaderos ingenieros y emprendedores intentando remediar los problemas ambientales más bien no hay, ni quien los eche de menos.

(Publicado en el portal IFM Noticias el 7 de mayo de 2022.)

sábado, mayo 20, 2023

Semántica bizarra

Sin un sentido fijo de las palabras no es concebible ninguna verdad, y toda concesión que se haga en este punto deja ver el triunfo de la propaganda. Las palabras significan lo que dice el diccionario y no lo que a uno le puede parecer. En esa confusión conceptual fue donde Petro encontró votos, gente que no tiene fijos en la cabeza los sentidos de «comunismo», «Venezuela», «Palacio de Justicia», «Pablo Escobar». Vamos a precisar algunos conceptos cual quijotes lanzados a desfacer entuertos.

El áulico es el del palacio. Goethe era consejero áulico del duque de Weimar. El doctor Behrens, de La montaña mágica, era consejero áulico. Era una de las más altas dignidades. ¿Cómo llegó esta palabra a significar en Colombia «vil adulador»? Puede ser que alguien entendiera «favorito» y empezara a usarlo para denunciar los privilegios, y otros supusieran que esos favoritos eran aduladores de un poderoso y prefirieran denunciar el servilismo.

Más curiosa es la palabra pérfido, que sólo quiere decir «desleal» pero que en todos los países de habla hispana se asocia a un tipo de maldad especialmente ponzoñosa.

Muy de Colombia, sobre todo de Bogotá, es el uso de la palabra tenaz. ¿De qué modo llegó a reemplazar a «tremendo» y se vuelve muletilla de complicidad con una polisemia muy variada? Un crimen es tenaz, una provocación, una trayectoria vital dura, la crueldad, el peligro. La gente es tenaz en ese uso impropio. «Tenaz» significa «perseverante».

La heterodoxia, por llamarla de algún modo, del lenguaje de los colombianos tiene mucho que ver, como señalaba Octavio Paz respecto de toda Hispanoamérica, con las costumbres de la Contrarreforma religiosa que empezó en el siglo XVI. Nada estaba por encima de la Iglesia tal como después nada estaba por encima del gobierno o del partido, de ahí viene la expresión Roma locuta, causa finita, «habló Roma, se acabó la discusión». En los países en los que se venció a la Iglesia empezaron a primar la razón y el conocimiento. En el ámbito del lenguaje, esa hegemonía del clero genera sumisión y desapego a la verdad. La profesión de fe permitía encubrir lo que de verdad se estaba pensando. De ahí viene esa convicción de que las palabras no son importantes, no cuesta nada suscribir cualquier cosa, todos aceptan sin desasosiego que «paz» es un nombre tolerable para «negociaciones de paz» y depués para «premio del crimen» y «triunfo de los criminales».

En ese sentido, casi todas las palabras con que un colombiano se refiere a los políticos y figuras públicas narcocomunistas son términos legitimadores que ellos han impuesto y que los demás interpretan con un sentido restringido. Es algo arraigado en la tradición, ya en el Himno nacional se llama «el bien» al bando de los insurrectos desleales y sanguinarios de hace doscientos años.

Entre los términos que más confusión dejan ver está ese curioso insulto de “guerrillero” que se usa para describir a Petro a raíz de una bizarra denuncia del muy bizarro Roy Barreras. Un guerrillero es el que toma parte en una guerrilla y ésta es una guerra pequeña, con frecuencia la que hace un bando débil contra otro más fuerte. Es una forma de actividad bélica tan legítima como todas las demás. Sólo que se ha admitido el término guerrilla para designar a las FARC, el ELN y el M-19 porque son un bando más débil contra el ejército, pasando por alto su ilegitimidad —al ser portadores de una ideología criminal y del anhelo de despojar a los ciudadanos de sus libertades y la clase de actividades a las que se dedican—. Guerrilla es lo que soñaba Camilo Torres. Las componendas de los Santos Calderón y los Samper y los López y García Márquez con el narcotráfico y la industria del secuestro no se pueden describir como guerrilla sino como organización criminal o mafia. Decirle «guerrillero» al malhechor Petro es usar un término que lo legitima. A las bandas de asesinos comunistas de los años cincuenta sólo los llamaban guerrilleros sus copartidarios, para los demás eran bandoleros o chusmeros.

Otro caso muy curioso es el de «héroe», que ha llegado a significar «policía o soldado asesinado». En Colombia no hay héroes sino corruptos, pero si visten uniforme la muerte los hace héroes. Tal vez unos policías más vigilantes y eficientes sean vistos como los pobres hombres que son y no alcancen la dignidad de héroes, que les habría correspondido si se hubieran dejado matar. Y si algo hace falta para enfrentarse a la tiranía de estilo nicaragüense que viene es héroes que denuncien sus crímenes y desarmen sus falacias, porque con esos piropos a las víctimas y esos insultos a Petro, que son lo que quiere oír, no se va muy lejos en la tarea de advertir a la gente de la necesidad de resistir.

En definitiva, el narcocomunismo es la persistencia del viejo orden y la vieja dominación. Las palabras significan lo que quieren los medios hegemónicos, cuyos dueños son los dueños del país. Sin una clase de personas capaces de sobreponerse a ese lenguaje es imposible esperar que se lo pueda vencer porque sus presupuestos ideológicos son obviedades para todos debido a que lo aceptan en el lenguaje, como ocurría con «paz». La mayor parte de los presupuestos ideológicos del gobierno de Petro los comparten casi todos los que votaron por otros candidatos, y el que lo dude puede pensar en cuántos están indignados con la «acción de tutela», o con que los militares no puedan votar, o con que se gaste una parte enorme del presupuesto en universidades en las que sólo se preparan futuros militantes narcocomunistas. Ya dice el dicho que «lo malo de la rosca es no estar en ella», lo malo de los funcionarios inútiles que se pensionan antes de los cincuenta años y sólo tienen que firmar el cheque de la nómina o a veces hacer propaganda del gobierno desde los computadores de alguna entidad, es no contarse entre ellos. Y así esos tiranos aniquiladores que hoy están en el poder tienen seguro el triunfo.

(Publicado en el portal IFM Noticias el 30 de abril de 2023.)

domingo, mayo 14, 2023

Chavismo de guante blanco

En estos días oí a Petro diciendo esto: «El reflejo químico en la atmósfera de la acumulación ampliada del capital es el crecimiento químico de los gases de efecto invernadero y por tanto la crisis climática. Es decir, la crisis climática es un efecto lógico de la acumulación de capital. Por tanto, si se deja, su efecto final es la extinción de la humanidad». Es extraño que este líder mundial reconocido por la Universidad de Stanford, la revista Time y hasta Nancy Pelosi esté tan solo en su denuncia: ¡qué curioso que ningún gobernante de un país avanzado nos alerte sobre semejante amenaza!

Esa clase de discursos y de personajes no son «revolucionarios» sino justo lo contrario, expresan las manías de las castas parasitarias que mantienen a Iberoamérica en el atraso y la miseria. Para formarse una idea de la absoluta hegemonía de ese discurso en el mundo académico colombiano baste fijarse en el «ideario» que publicó Alejandro Gaviria en 2021 cuando pretendía lanzarse como candidato presidencial. Ahí ya está todo lo que dice y hace Petro, que es algo que las clases altas comparten plenamente, porque el comunismo sólo es la vieja dominación. El prestigio del exrector de Los Andes añade una supuesta solvencia académica, del nivel del país, pero es la misma ideología, y hoy en día, a causa de las desavenencias en el gobierno, este personaje resulta apreciable por una parte de la turbia «oposición». Éstas son las claves de su «ideario»:

Las formas importan en la política

[Lo decía tranquilamente antes de ser ministro de un gobierno elegido gracias a la labor de las bodegas dedicadas a la intimidación en las redes sociales, de obras documentales como Matarife y de montajes como el de Claudia Morales. Los sometidos por esa masa de sicarios deben guardar las formas y «comer callados», es lo que viene a decir Gaviria. El diálogo civilizado que concibe es el del secuestrador con el padre del rehén, palabras respetuosas y buenas formas. Termina este punto con esta frase: «el pluralismo es una de las más importantes (y más difíciles) virtudes democráticas», como la defensa del régimen de Cuba o del senderista Pedro Castillo por parte del gobierno del que formaría parte. Son como niños jugando a engañar a tontos.]

El cambio social requiere voluntad y método

«El cambio social no es cuestión de todo o nada. No consiste en sustituir un modelo corrupto que ya no puede mejorarse por otro perfecto que ya no habría que mejorar.»

[El primer punto de este apartado deja ver a qué llama Gaviria «cambio social». El «modelo corrupto» que había que superar era el del uribismo, cosa que emprendieron los gobiernos de Santos y de Petro, de los que él formó parte. Pero con Santos la corrupción se agravó muchísimo y con Petro llegará a ser como la de Venezuela. La peor corrupción es la pasividad general cuando el diablo hace hostias, cuando Tornillo da lecciones de moral y democracia y este compañero de Armando Benedetti y Roy Barreras habla de «superar un modelo corrupto».]

La libertad es un valor supremo

[Este punto se desarrolla con generalidades, propaganda woke y una llamada a la «descriminalización del consumo de drogas». Ésa es la noción de libertad de esta gente. ¿Dónde eran las personas libres hace un siglo, donde podían tomar alcohol, como en la recién nacida URSS, o en EE.UU., donde no podían? ¿Quién es más libre, el ciudadano de Singapur que puede tener hasta pena de muerte por traficar con drogas o el venezolano que sólo prospera dedicado a ese negocio del gobierno?]

La crisis ambiental es nuestro principal desafío a mediano plazo

[Nietzsche decía que el cristianismo era un socratismo para el pueblo. Del mismo modo se puede decir que Alejandro Gaviria es el petrismo para los que van a universidades caras. Aquí incluso advierte que la humanidad perecerá por el capital fósil, aunque con otra retórica. También alude a la sabiduría indígena para remediar el apocalipsis climático y tácitamente aplaude que se acabe la extracción de hidrocarburos. El «ideario» sólo es una burda diatriba woke absolutamente idéntica a la de todos los grupos narcocomunistas en España e Iberoamérica, el programa de Petro.]

El papel redistributivo del Estado es fundamental

[La misma propuesta de exacción del chavismo en toda Iberoamérica, castigo al ahorro y despilfarro en la clientela funcionarial. Aquello que hace que ningún país de Iberoamérica pueda ser próspero por un periodo largo, porque siempre aparecen los saqueadores que se ven como los verdaderos dueños de todo, dejando a los dueños nominales y a los que emprenden como meros testaferros, lo que ya hicieron con los propietarios rurales las FARC, claramente presentes en el gobierno de Petro.]

Las fallas del mercado coexisten con las fallas del Estado

[Aquí no proclama la propiedad colectiva de los medios de producción, pero ¿qué falta hace? Ya hay doble y triple tributación por cualquier ingreso, y basta con que el Estado se gaste la mayor parte del PIB para que no sea necesario expropiar a nadie. Naturalmente propone regular precios, invertir, que quiere decir «gastar», en ciencia y tecnología —es decir, en las camarillas de compañeros de universidad de Gaviria—, y reemplazar las exportaciones de hidrocarburos, tal vez por aguacates.]

La lucha contra la corrupción debe ir más allá de la indignación

[Después de una serie de vaguedades, el último punto señala que «La lucha oportunista contra la corrupción, que acusa sin evidencia y señala sin discernimiento, es perjudicial». Claro que cuando se trata de infamias como la condena a Andrés Felipe Arias, Gaviria se cuenta entre los que aplauden y quién sabe si no entre los que encargan la sentencia. La corrupción es algo contra lo que todos luchan, no hay nadie que la defienda, lo maravilloso es que un ministro de Santos pontifique al respecto.]

La igualdad de género es un atributo indispensable para una sociedad justa

[Esta parte sólo contiene los habituales argumentos del feminismo narcocomunista.]

El desarrollo rural es clave para la superación definitiva del conflicto

[El desarrollo rural al que alude se resume en la probición del glifosato y en la explicación del narcotráfico como el resultado de la falta de oportunidades, la cual en Colombia es casualmente el resultado del despojo que sufren todos para pagar a la casta de profesores. El hombre saca pecho de la multiplicación de la producción de cocaína (cinco veces más entre 2012 y 2017, cuando él era ministro de Salud). El desarrollo rural que propone es el narcotráfico, para lo que también son necesarios los bantustanes de indios y negros donde no rige la ley.]

La recuperación de la seguridad territorial es clave para garantizar los derechos y libertades

[Obviamente de lo que trata este punto es de los abusos que supuestamente cometen militares y policías, a los que viven matando o apaleando los peones del bando de Gaviria, sea como guardia indígena, como guerrillas y disidencias o como saqueadores urbanos. Gaviria concluye que «La implementación integral del Acuerdo de Paz es la mejor manera de evitar la repetición del conflicto armado». La despreciable propaganda legitimadora de tantos crímenes —que pretende hacer expresión de una rebelión popular— y el aplauso del remedio que consiste en convertir en amos a los criminales. La seguridad territorial se alcanzará cuando estos canallas no tengan el poder.]

La ética de la verdad define mi concepción de la política:

«Mantenerse leal a uno mismo, no renunciar a los principios por conveniencia o ambición, es uno de los desafíos mayores de la política.»

[Eso suena muy bien, no cuesta nada aferrarse a los principios cuando los que se tienen y la verdad que se concibe se pueden resumir en proezas como algo que declaró Gaviria cuando Petro lo nombró ministro de Educación: ¡había que enseñar en las escuelas el informe de la Comisión de la Verdad de Molano y De Roux! Verdad es lo que él llama verdad, no tiene problema en llamar verdad a la peor propaganda de los asesinos, a los que sirve de ayuda de cámara. Presenta el chavismo de un modo digerible para los doctorcitos que quieren fingirse diferentes a los secuestradores con los que comparten el poder, cuando sencillamente el medio social de este prócer se ha sumado al narcotráfico y al comunismo para expoliar al país.]

(Publicado en el portal IFM Noticias el 23 de abril de 2023.)

domingo, mayo 07, 2023

Resarciendo a las víctimas

He visto un video en el que aparece Petro diciendo que «la emisión que hace el Banco de la República rutinariamente en vez de ir a los bancos debería ir en bonos para la indemnización de víctimas de la violencia». Lo primero que llama la atención es esa idea de que la emisión de dinero va a los bancos Es muy probable que Petro no sepa que los bancos reciben ese dinero como un crédito con intereses. A pesar de que todos los comentaristas lo consideran brillante (un genio del mal según la mayoría de los detractores), la verdad es que es un tipo muy ignorante, casi tanto como su vicepresidenta, cosa que demuestra a diario.

Pero lo cortés no quita lo valiente, por mucho que no sepa que no es lo mismo prestar dinero a los bancos con interés que simplemente gastarlo, por estúpido que sea, tendrá que suponer que tiene que haber alguna diferencia. Es decir, este grotesco «economista» —que prohíbe extraer hidrocarburos para salvar al planeta pero se jacta del aumento del uso del transporte aéreo, que es el que más contamina— miente cuando presenta la cuestión como si fuera algo optativo. La impresión de billetes para el gasto público es la forma en que se destruye la moneda, cosa que hacen siempre los comunistas y que este gobierno y el que lo siga harán. El resultado es  que el sueldo de un venezolano rara vez pasa de un dólar al día.

Pero esa propuesta no sólo es atroz por el daño que le haría a la economía sino sobre todo por las mentiras perversas que lleva. Bueno, ¿hay algún colombiano descontento con el proceso de paz de Santos? Es una cosa del pasado y realmente hasta los más descontentos con Petro aceptan que no hay modo de volver atrás, tal como no se discute la Constitución de 1991. ¿Cuáles son las «víctimas de la violencia»? Bueno, se dirá que son las «víctimas del conflicto», que es como si en lugar de víctimas de homicidio hubiera víctimas de las armas o de la vulnerabilidad humana. El presupuesto de la paz de Santos era la superación del conflicto y nadie discutió eso.

El asesino es el conflicto, por eso no hay asesinos, a los niños que yacían con Tornillo o con Joaquín Gómez los violó el conflicto, al policía que castraron delante de sus vecinos y al hombre que quemaron vivo por negarse a entregar a sus hijos les hizo eso el conflicto, a las decenas de miles de niñas violadas y forzadas a abortar, a las personas bomba, a los mutilados con minas quiebrapatas, etc. los perjudicó el conflicto, o bueno, la violencia.

Es necesario crear la categoría «excolombiano» para definirnos a los que no toleramos esa infamia. ¿Podría el lector mencionar un solo intelectual, artista, académico, jurista reconocido, etc. que se manifieste en desacuerdo con lo que se dice en el párrafo anterior? Yo no recuerdo a ninguno, no creo que los haya en Colombia.

¿Qué ha pasado? Que los descendientes de españoles incentivados por el Imperio británico se separaron de España y crearon una república que conservaba el viejo orden de castas y las viejas costumbres de parasitismo de los dominadores. El control del Estado dio lugar a incesantes guerras entre los clanes más poderosos, a veces larvadas cuando algún grupo estaba demasiado débil, como durante la llamada «república conservadora» o en el periodo siguiente. Los descendientes de los amos de la «república liberal» de los años treinta y cuarenta buscaron la alianza con los comunistas para recuperar el poder que perdieron en 1946 a causa de la división que generaba el caudillo fascistoide Jorge Eliécer Gaitán. De ahí vienen las primeras guerrillas, las de alias Desquite, alias Sangrenegra, etc. Cuando se creó el Frente Nacional el delfín por antonomasia, Alfonso López Michelsen, creó un partido aparte del Liberal, el MRL, del que surgió el ELN. También del MRL eran los que animaron a Tirofijo a volver al monte para crear las FARC, el brazo armado del Partido Comunista que presentaba listas conjuntas con el MRL. En la década siguiente la parentela del otro presidente liberal de los años treinta creó el M-19, siempre con la colaboración del régimen cubano.

Es decir, para asegurar el poder, esa casta organiza bandas de asesinos en alianza con regímenes criminales. En eso consiste «el conflicto», al que se atribuyen las obras de esas bandas. Como finalmente no hubo triunfo guerrillero, el éxito de los López, los Santos y los Samper se alcanzó vendiendo cara la derrota. Ellos encargan los crímenes y después los premian. Las incalculables fortunas del secuestro, la extorsión y el narcotráfico no son suficientes, a los subalternos del clan Santos hay que pagarles billones del contribuyente para que les ayuden a presentarse como pacificadores. Al tartamudo fatídico Juan Manuel Santos aun le dieron el Nobel de la Paz con el aplauso de toda la institucionalidad.

Ya en esa época se anunciaban proyectos multimillonarios para gastar dinero en el «posconflicto», componente de la negociación de la mayor importancia porque desactivaba cualquier clase de resistencia entre los políticos y periodistas. Tras el periodo de digestión de la paz que fue el gobierno de Duque, llegó Petro, con ministros del Partido Comunista y en general ligados a las organizaciones de fachada del comunismo. Llegó la hora de resarcir a las víctimas, es decir, de hacer realidad esos negocios que se anunciaban en la época de la negociación. En ese contexto es donde hay que entender los bonos de paz que propone Petro.

¿Quiénes son esas víctimas? Las reconocen como tales los funcionarios nombrados gracias a los acuerdos, es decir, los antiguos miembros de ONG dedicadas a cobrar los crímenes y «académicos» ligados al Partido Comunista o «fichas» de Santos, es decir, o son los propios terroristas o sus familias, o en general personas ligadas a las redes de poder de los terroristas en esas zonas, sin hablar de los millones de fraudes y corruptelas que habrá. En el supuesto de personas mutiladas, despojadas o deudos de asesinados, podrá haber alguna que tras sufrir la agresión de los peones de los Santos tendrán que convertirse en sus clientes para recibir alguna limosna. De ese nivel es la desfachatez de estos criminales.

Aun esas personas en la mayoría de los casos resultarían menos pobres si no se emprendiera ese gasto, porque el precio de destruir la moneda mediante la inflación y el «coste de oportunidad», la actividad económica que no se emprende por la inseguridad jurídica y la alta tributación, los dejarán mucho más pobres, como ya les ocurre a los venezolanos que antes de Chávez no tuvieron el azote del comunismo.

Pero eso fue lo que escogieron los colombianos al no oponerse a la negociación de paz por creer que bastaba ser devotos hinchas de un caudillo para impedir el triunfo del hampa.

(Publicado en el portal IFM Noticias el 16 de abril de 2023.)


domingo, abril 30, 2023

La tentación de la paz


Con ocasión de las elecciones de 2014 me desconcertó que un columnista crítico con Santos y su proceso de paz lamentara que no se dejara esa cuestión fuera de la disputa electoral. ¿Cómo podía hurtarse a los ciudadanos la cuestión decisiva para el futuro del país? En todo caso, nadie le hizo caso, y el aspirante a la reelección continuó con su curiosa propaganda, pura intimidación, mientras que el supuesto adversario presentaba propuestas para consolidar la paz.

Pero desde cierta perspectiva ese anhelo tenía algún sentido: si Santos no contara con la ventaja de la paz, tal vez se lo podría vencer. La mayoría prefiere la paz. Para mí era un error obvio, pero es porque no vivo rodeado de colombianos. ¿De qué serviría quedar como una minoría intransigente y «guerrerista»? Eso era lo que querían los narcoterroristas y su socio Santos. De modo que no se hizo oposición a la paz porque ¿dónde se iba a hacer más oposición que en una elección presidencial consecutiva contra el segundo que lo intentaba desde principios del siglo XX? Cuando finalmente se convocó el plebiscito, Uribe tuvo que optar por el NO para no perder a sus partidarios más firmes, pero en cuanto el acuerdo cayó, algo que quizá no esperaba, corrió a socorrerlo porque sólo se oponía para seguirle mostrando a Santos que conservaba apoyos y porque, lícitamente, suponía que la mayoría de los votos del 18 por ciento que optó por el NO eran votos por él.

No hay una mayoría contra la paz y ése es un rasgo tremendo de la mentalidad de los colombianos. Si se mira la historia de la humanidad habría que retroceder al neolítico para encontrar legisladores cuya carrera incluía violar a muchos niños y que ni siquiera resultaron vencedores en una guerra sino que simplemente a la casta oligárquica le convenía premiarlos, y ahorrarse las dificultades de aplicar la ley era una tentación irresistible para las gentes de esa nación. La historia de Colombia desde los años setenta es la de la búsqueda de la paz, pues Rojas Pinilla y el Frente Nacional habían reducido drásticamente las guerrillas comunistas. Primero empezó Turbay, acosado por las acusaciones de torturas en la BIM y las habladurías que lo relacionaban con la corrupción y el narcotráfico. Siguió Betancur y tras él todos los gobiernos hasta el de Uribe, cedieron cada vez más a las pretensiones de los criminales.

El triunfo de Uribe surgió de esa reacción ciudadana contra la tiranía del hampa y sus desafueros. Parecía que las bandas narcoterroristas estaban vencidas hacia 2010 y la disputa política ya no pasaba por ahí. Pero Uribe dejó a Santos que volvió a la paz, erigiéndose en el jefe de los asesinos. Su acuerdo fue reconocido por el uribismo y aplicado por el gobierno de Duque, nadie debe sorprenderse de que Petro prometa más paz. La paz es lo mismo que los crímenes, la renuncia a la ley. Es inevitable que haya asesinatos si los asesinos tienen garantizado que obtendrán rédito de ellos. Colombia sólo está en tránsito a ser como Venezuela, que está en tránsito a ser como Cuba. La forma de conseguirlo es la paz.

La reciente masacre de nueve militares en el Catatumbo por el ELN dio lugar a un «análisis» que divulga Acore, la Asociación de Oficiales Retirados de las Fuerzas Militares, que agrupa obviamente a los que han dirigido la lucha contra las guerrillas narcocomunistas. Dicho documento es un canto a la paz. Si la asociación oficial de los militares se permite algo así, ¿cómo será el resto del país?

El texto comienza afirmando que el ELN se equivoca cometiendo esas atrocidades, como el atentado contra la Escuela General Santander, presuponiendo que los jefes de la banda esperan llegar pronto a una negociación exitosa que les brinde acceso a las mieles del poder. Pero eso no es así: cuanta más gente maten, cuanto más miedo generen, mayor será su recompensa. Cuanto más se mantengan lucrándose del narcotráfico, más podrán exigir a un gobierno. Queda la impresión de que los líderes de los oficiales retirados tratan de orientar a los jefes del ELN para que accedan a una jubilación relajada como la de los afiliados de la asociación.

Ese documento increíble también pretende que el gobierno de Petro está interesado en sacar adelante esa «reconciliación», cosa que no es cierta porque sencillamente Petro es lo mismo que los jefes del ELN, un comunista que hace lo que mandan desde Cuba, país cuyo régimen tiene poder en Colombia gracias a los crímenes que le abren el camino a la paz y donde pudo haberse decidido la masacre del Catatumbo. Las atrocidades convienen a los designios del gobierno y del ELN porque ambos tienen el mismo fin, que es implantar el régimen comunista, tal como tienen el mismo origen, que es el régimen cubano.

Se reprocha al ELN seguir con la lógica de «llegar fuerte a la mesa de negociación», cosa que no se explica por qué no van a hacer: si no mataran gente tampoco habría que negociar con ellos. Se atribuye esa lógica a una posible división o al menos falta de cohesión en la banda, pero esos argumentos tienen un fondo: los autores estiman que lo deseable es la negociación. ¿Son cínicos o necios? ¿Es tan difícil ver que lo que alienta los crímenes es la propuesta de negociación? Parece que los líderes de Acore quieren mostrarse «constructivos» con el gobierno Petro, bien dispuestos hacia la paz.

Tras señalar que el gobierno no piensa desistir del proceso de paz, proponen que se obligue al ELN a suscribir el Derecho Internacional Humanitario y que se suspendan provisionalmente los diálogos. En resumen, aparte de algunos otros reproches, el análisis de Acore pretende expresar una preocupación que los lleva a afirmar: «… consideramos que la posición del gobierno debe direccionarse a la evaluación seria y juiciosa de la continuidad de los diálogos», y finalmente anuncian que seguirán vigilantes «para alertar o contribuir con conceptos de valor en el diálogo nacional».

Ese apoyo a las negociaciones de paz por los oficiales retirados no es una excepción, también el líder de los ganaderos y esposo de la senadora que supuestamente encarnaba la oposición firme a Petro forma parte de una comisión de diálogo con el ELN. Pero lo mismo pasa en todos los partidos, y si se pensara en la proporción de ciudadanos partidarios de ser inflexibles en la defensa de la ley y que reconocieran que la presidencia de Petro es sencillamente el poder en manos de los terroristas, resultaría una minoría irrisoria. Aunque ningún líder comunista consigue un gran respaldo popular, como el que en su día tuvieron Fidel Castro o Hugo Chávez, la verdad es que no hay resistencia a la tiranía porque ésta ya cuenta con una poblaciòn acobardada y envilecida dispuesta a acomodarse.

(Publicado en el portal IFM Noticias el 9 de abril de 2023.)

sábado, abril 22, 2023

Haciendo frente al mal

  


Nunca he sido hincha de ningún equipo de fútbol. No entiendo esa pasión, no veo qué satisfacción obtiene alguien de que su equipo gane, y cuando es cuestión de nacionalismo o regionalismo, me parece algo funesto. El hecho de que Argentina gane el mundial no quiere decir que no sea un triste país que pudo ser una gran potencia y aun llegó a ser un centro de cultura y en el que hoy reinan la pobreza, la corrupción, la mentira y hasta el narcotráfico, como en la mayor parte de la región.

Señalo esto porque tratándose de ideologías políticas nada me resulta más desagradable que la gente que cree que son equivalentes, que se puede ser leninista o maoísta sin atribuirse de hecho una responsabilidad en los crímenes de Lenin y Mao. Es curioso que casi todos los que muestran respeto por las opiniones comunistas no dicen lo mismo si se trata de los partidarios de Hitler. El comunismo fue aún más criminal que el nazismo, y sigue haciendo de las suyas.

Esa equivalencia de las opiniones es lo que asoma en la contradicción izquierda/derecha, conceptos cuyo significado parecen tener claro la mayoría de los periodistas y políticos pero que vistos de cerca resultan falacias escandalosas. El socialismo no es sólo una mala idea sino de hecho un crimen. Si no lo pudiera definir como el mal tampoco gastaría energía en combatirlo, sería como enemistarse con alguien que no aprecia los camarones o los quesos fuertes.

Ciertos valores heredados de la Antigüedad están de manera tácita en la base de nuestra conciencia. Por ejemplo, la idea platónica del bien, la verdad y la belleza como ideales supremos no la tienen todos en nuestro mundo como su divisa, pero en cuanto piensan en ella la mayoría la suscribirían. Esa idea la transmitió durante milenios la religión cristiana.

¿Qué podría ser «el bien»? Supongamos que deseamos que todo el mundo se libre del sufrimiento o que cesen la crueldad y la humillación o que reine la justicia y la gente sea libre. ¿En qué medida es el socialismo en sus distintas versiones enemigo de ese «bien»? Habría que pensar en lo que significa «socialismo», porque se mezclan dos nociones distintas en un típico engaño. Por una parte está el ideal originario del cristianismo de la comunidad fraternal (cuando Marx predica «de cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad» simplemente cita los Hechos de los Apóstoles), por la otra, está el hecho real de la expansión incesante del Estado, que no cesa en los países de Occidente a pesar de que hace varias décadas que cayó el comunismo. Por lo general se tienta a los incautos con el idilio igualitario para llevarlos a la esclavitud estatista, como las prostitutas que llevan a los borrachos a sitios solitarios donde sus cómplices los atracan.

El sufrimiento de millones de personas sólo tiene un remedio: la prosperidad, gracias a la cual se pueden pagar servicios, tratamientos, etc. que lo reduzcan. ¿Qué hace el socialismo al respecto? Siempre empobrece a las sociedades, no hace falta pensar en Cuba o Venezuela, también España ha pagado con los gobiernos de Zapatero y Sánchez el error de creerles a los socialistas. Los países europeos regidos por gobiernos socialdemócratas han prosperado, partiendo con mucha ventaja, mucho menos que aquellos de Asia en que hay libertad.

Lo que hacen los socialistas en el poder es multiplicar el gasto «protegiendo» a los débiles, cosa que en la práctica siempre se traduce sólo en comprar clientelas y en generar un vasto parasitismo, exactamente lo que hizo Chávez. ¿Quién paga ese gasto? El conjunto de los ciudadanos, sobre todo los que trabajan. En todas partes donde el Estado crece surge una casta que somete al resto de la sociedad: esa dominación y ese despojo son lo contrario de lo que podríamos concebir como el bien. Los gobernantes no tienen otro interés que conservar sus puestos y para eso no vacilan en crear ruina y sufrimiento y en limitar las libertades ajenas, no sólo en el plano económico. Durante toda la etapa soviética los homosexuales eran encerrados en campos de concentración o sometidos a crueles tratamientos psiquiátricos, pero ahora los comunistas se dedican a «defenderlos», y la intromisión en la vida privada de la gente llega a tal punto que en España una secretaria de Estado anda criticando que las mujeres busquen placer en la penetración en lugar de estimularse ellas mismas. (Eso mismo ocurrirá en Colombia con el gobierno narcocomunista, ya lo verán, siempre aplican el mismo libreto.)

La escritora ruso-estadounidense Ayn Rand describió ese fenómeno con las imágenes de Atila y el chamán, el primero usa el miedo y el segundo la culpa para someter a los hombres. En el socialismo se encuentran ambos elementos atávicos, lo cual explica la unánime adhesión de las clases altas de Iberoamérica a ideales socialistas: su prosperidad no procede de lo que producen sino de lo que les quitan a los que producen, y para conservar el mando adoctrinan a los pobres —que abundan gracias a sus exacciones— en una mentalidad de saqueo. Heredan la aversión al trabajo de la época en que España era rica gracias al oro y la plata de América y la contagian al conjunto de la sociedad.

En contraste, en las sociedades abiertas en las que predomina el hombre productivo, la riqueza se obtiene proveyendo bienes y servicios a otros que los compran libremente.

Recientemente se discutió una moción de censura contra el gobierno español. Pedro Sánchez replicó con un larguísimo discurso que llevaba escrito en el que se jactaba de todo el dinero que gastaba en regalar pasajes de tren y bienes semejantes. ¿Quién paga eso? Los que ganan el salario mínimo no entienden de economía y no se dan cuenta de que todo lo que les regalan se lo quitan en impuestos que creen que no pagan. Les hacen creer que es algo que quitan a los ricos, alentando el resentimiento y la envidia, cosas que sólo pueden entenderse como formas de maldad. En el socialismo sólo se hacen ricos los que están cerca del poder político.

Ese engaño es increíblemente eficaz. En Francia hay una tremenda rebelión porque Macron retrasó la edad de jubilación de los 62 a los 64 años. Para formarse una idea de la cuestión baste pensar que los alemanes, mucho menos endeudados, se retiran a los 67. ¿Quién creen los que protestan que pagaría esas pensiones si no se retrasara la edad? Una persona de 35 años normalmente ya tiene a sus padres retirados, con lo que cuando exige más gasto público en realidad pide que le quiten dinero para beneficiar a otros. Pero ese sueño de vivir a costa de los demás es irresistible.

El Estado en manos de esa casta corrompe la educación, que se convierte en pura propaganda a costa de la posibilidad de la gente de aprender cualquier cosa cierta. La promoción automática, cada vez más generalizada, significa en la realidad la persecución contra los mejores y hasta la prohibición de aprender. En Cuba o en Venezuela, y en realidad también en Colombia, socialista plenamente desde 1991 pero ya marcada por esa ideología desde mucho antes, se gradúan millones de personas cuyos títulos no suelen servir para nada productivo, pero que militan en las ideas dominantes.

Ni el bien ni la verdad, tampoco la belleza. Un mundo de multitudes resentidas o de personas que apoyan a Francia Márquez porque creen que en el gobierno también deben estar los que dicen «helicóctero», o que las personas negras de por sí son feas es un mundo condenado a ser cada vez más chabacano. Defender la libertad en el sentido de la tradición liberal (no del partido de Ernesto Samper sino de las ideas de Adam Smith), defender la justicia contra los atropellos de los tiranos, es corresponder al viejo ideal platónico. Es hacer frente al mal que en cuanto puede oprime a la mayoría, hoy con las «identidades» del resentimiento, que sólo son métodos de captación mediante seducciones y mentiras para conducir a los engañados a aborrecer el capitalismo.

(Publicado en el portal IFM Noticias el 2 de abril de 2022.)

viernes, abril 14, 2023

España en el siglo XXI

 Por @ruiz_senior


En los años que siguieron a la muerte del general Francisco Franco (1975), que dejó como heredero del mando del Estado al nieto del último rey (depuesto en 1931), se implantó una monarquía parlamentaria mediante una constitución que fue aprobada por una gran mayoría y que fue resultado del intento de reconciliación entre los bandos que se habían enfrentado en la guerra civil de 1936-1939. Ese proceso, conocido como «la Transición» abrió las puertas a un gran desarrollo institucional y a grandes reformas gracias a las cuales España pasó a ser una democracia muy respetada y a formar parte de la Comunidad Europea en 1986.

En 1982 ganó las elecciones el Partido Socialista (PSOE), que se mantuvo en el poder hasta 1996, cuando la sucesión de graves escándalos de corrupción forzó el cambio por el partido que se había ido consolidando como la oposición hegemónica, el Partido Popular (PP), fundado por un antiguo ministro de Franco pero ya convertido un una organización liberal-conservadora reconocida en toda Europa. Durante su primer mandato, el presidente Aznar necesitó el apoyo parlamentario de los nacionalistas catalanes y vascos, pero en 2000 obtuvo mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados.

Ese comienzo del siglo determinaría lo que ocurrió a partir de entonces. Deseseperados por verse fuera del poder, los socialistas y comunistas empezaron una labor de oposición violenta basada en la deslegitimación del gobierno, para lo que no vacilaron en aliarse con los nacionalistas catalanes y vascos, siempre dispuestos a exigir más competencias y a dominar totalmente sus regiones. Esa oposición combinó elementos de propaganda, gracias al dominio de los medios de comunicación, y de movilización callejera violenta. El desastre del buque petrolero Prestige en noviembre de 2002 fue una ocasión que supieron aprovechar, y la guerra de Irak el año siguiente, en la que el presidente Aznar tuvo la mala idea de mostrar apoyo a Estados Unidos y tomarse una foto con Bush y Tony Blair, les sirvió para soliviantar el tradicional antiamericanismo de la población.

No obstante, todas las encuestas anunciaban un triunfo del PP en las elecciones de 2004, que se celebraron el 14 de marzo. Tres días antes se produjeron los atentados de la estación de Atocha, en Madrid, que dejaron casi doscientos muertos. Como si lo tuvieran preparado, los socialistas y comunistas corrieron a rodear las sedes del PP y a responsabilizar al gobierno por su apoyo a Bush. Los atentados fueron atribuidos a unos islamistas a los que se masacró antes de que pudieran declarar. Son muchas las dudas que quedan sobre la verdadera autoría de esos atentados en una fecha tan problemática. La propaganda de esos días y la torpeza del gobierno, que intentó atribuir los atentados a ETA para evitar que se los relacionara con la guerra de Irak, determinaron el triunfo del PSOE, liderado esta vez por José Luis Rodríguez Zapatero.

Hasta entonces el PSOE era considerado un partido socialdemócrata de estilo europeo, y en su triunfo de 1982 se suele hablar de grandes cantidades de dinero estadounidense, invertidos a través de entidades del partido socialdemócrata alemán, para impedir que la facción hegemónica de la «izquierda» fuera el Partido Comunista (PCE). Con Zapatero empezó una deriva bastante parecida al chavismo con el acoso y la deslegitimación de la oposición y la alianza con los comunistas y con los nacionalistas catalanes y vascos. Así se recreaba el Frente Popular que ganó mediante fraude las elecciones de 1936 y dio lugar a la guerra civil tras el asesinato del líder de la oposición de entonces. No en balde Zapatero es hoy, junto con Ernesto Samper, una figura importante del Grupo de Puebla.

Entre las medidas que caracterizaron su gobierno destacan dos leyes que de algún modo representan el fin del periodo de concordia comenzado por la Transición. Una es la Ley de Violencia de Género, que anula la presunción de inocencia y la igualdad ante la ley (en aras de implantar reformas ideológicas de ingeniería social, esta vez con el pretexto feminista), y la Ley de Memoria Histórica, que criminaliza al llamado bando nacional de la guerra civil y al régimen de Franco, con lo que se intenta legitimar al gobierno del Frente Popular y al bando estalinista de la contienda.

En economía, Zapatero también actuó como Chávez, aunque tenía limitaciones por pertenecer a la Unión Europea. La crisis económica de 2008 fue particularmente dura en España y a pesar de la disposición del gobierno a gastar más con tal de seguir ganando elecciones, las autoridades europeas forzaron reformas drásticas como la reducción del sueldo de los funcionarios y la congelación de las pensiones. En medio de un empobrecimiento generalizado, Zapatero convocó elecciones en noviembre de 2011, en las que ganó por mayoría absoluta el PP de Mariano Rajoy.

El efecto de ese mal gobierno fue aniquilador. La actitud de Rajoy consistía en no hacer caso a los problemas en espera de que se resolvieran solos. Ciertas medidas como la reforma laboral y otras favorecieron la recuperación económica de una crisis que en Grecia, con gobierno socialcomunista, llevó a la intervención de las autoridades europeas y a un empobrecimiento drástico. Pero en lo que concierne a las leyes de Zapatero no hubo el menor atisbo de corregirlas, y respecto a los nacionalistas catalanes, cada vez más exaltados, a tal punto que a finales de 2017 dieron un golpe de Estado y declararon la república independiente, el gobierno de Rajoy fue inane y el descontento de las víctimas del secesionismo y de los críticos de Rajoy dio lugar al surgimiento del partido Ciudadanos, que en las elecciones de abril de 2019 se quedó a menos de un punto porcentual del PP.

Las dificultades y la salida del gobierno llevaron a los socialistas y comunistas a buscar de nuevo la agitación callejera, esta vez animada por personajes indistinguibles de los jefes de las FARC, con los que habían vivido en el palacio de Miraflores (Juan Carlos Monedero cinco años y Pablo Iglesias dieciocho meses). La copiosa inversión de dinero chavista le dio a Podemos, el grupo comunista dirigido por estos personajes, un gran protagonismo a partir de 2014. A lo que también ayudó el interés del gobierno de Rajoy por dividir a la «izquierda».

En 2018 una moción de censura del nuevo líder del PSOE, Pedro Sánchez, tumbó al gobierno de Rajoy. En las dos elecciones que hubo en 2019 se formó una mayoría sumando los votos del PSOE, Podemos y los nacionalistas catalanes y vascos. El gobierno llamado «Frankenstein» por estar formado por fragmentos incompatibles ha sido tan letal para España como lo fue el de Chávez para Venezuela, aunque en un país del primer mundo se nota menos: destrucción de la división de poderes, leyes ideológicas contra la mayoría de la población, despilfarro y endeudamiento extremos, sometimiento del Estado al interés del autócrata… La mayoría de los comentaristas dicen que si en las próximas elecciones generales (a más tardar en diciembre de este año) vuelve a ganar Sánchez terminará la democracia en España.

La oposición la forman el PP y Vox,  una escisión del PP que agrupa a sectores conservadores y resueltos respecto de la unidad de España. En las elecciones regionales de Andalucía de diciembre de 2018 Vox obtuvo el 10,5 de los votos y así fue posible el cambio de gobierno tras cuarenta años de hegemonía socialista. En las elecciones generales de diciembre de 2019 obtuvieron 52 diputados (de 350). La mayoría de las encuestas actuales dan una clara mayoría a la suma de PP y Vox, pero el PP no tiene ningunas ganas de entenderse con Vox y teme que una perspectiva de gobierno de coalición aleje a los votantes «centristas».

No parece muy probable que el bipartidismo que ha imperado en varias décadas siga reinando, los errores y deslices de Rajoy dañaron la credibilidad del PP y los votantes de Vox no se pasarán al PP. Se dice que la esperanza de Sánchez es dar a escoger entre la izquierda y la «extrema derecha», pero las dificultades económicas y los abusos de la ingeniería social pueden hacer fallar ese cálculo: tal vez los votantes prefieran buscar soluciones y no responder al resorte de la identidad, que es lo que opera con el cuento de la «izquierda». Tal vez la demagogia de un político generoso que da y da de todo a su pueblo sea demasiado burda para una sociedad que puede ver que aquello que recibe lo paga ella misma con creces.

(Publicado en el portal IFM Noticias el 26 de marzo de 2023.)

viernes, abril 07, 2023

La guerra contra la familia

Como es bien sabido, fue el comunista italiano Antonio Gramsci quien se planteó la dificultad de atraer a las masas al proyecto de su partido sin romper las lealtades que éstas heredaban: la patria, la religión, la familia, etc., y la necesidad de alcanzar la hegemonía ideológica en la sociedad. El fracaso de todos los intentos de implantar regímenes comunistas fuera de la Unión Soviética durante el periodo de entreguerras, o incluso de formar mayorías afines ideológicamente, determinó la búsqueda de nuevos conflictos que explotar para alcanzar sus fines. Entre esos conflictos fueron muy importantes los que se producían entre las metrópolis de los antiguos imperios europeos y sus colonias, sobre todo cuando esos imperios decayeron definitivamente tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Otro elemento decisivo en la actualización del comunismo tras la caída del Imperio soviético en 1989 fue la experiencia aportada por el alemán Willi Münzenberg en los años veinte, con las redes de organizaciones y medios de comunicación que tenían en apariencia objetivos distintos a los de la Komintern pero que en realidad estaban controlados por los respectivos partidos comunistas. Después de 1945 la posibilidad de una insurrección obrera clásica en Europa occidental se alejó por el rechazo mayoritario a la implantación de tiranías en los países conquistados por el Ejército Rojo y porque se iba conociendo la realidad del paraíso soviético. Fue la ocasión para el relevo con modas como el existencialismo, una de cuyas figuras más prominentes, Simone de Beauvoir, estuvo en el origen del feminismo de segunda ola, que ya no buscaba la igualdad respecto de los hombres sino un conflicto permanente con base en elementos identitarios. O como la contracultura, concebida por los profesores de la Escuela de Frankfurt emigrados a Estados Unidos.

Esa contracultura tuvo su gran ocasión con motivo de la guerra de Vietnam: la explicable renuencia de los jóvenes a ser reclutados y tomar parte en ese conflicto les sirvió para alentar una tremenda rebelión basada en el lema “Sex and drugs and rock and roll” y en modas artísticas que a esas nuevas generaciones les podían vender como novedades absolutas. ¿Qué habrá pensado la gente informada de las generaciones anteriores? Parecía que antes el coito no tuviera atractivo para la gente o que las drogas no encontraran quien las consumiera. Como no era posible una insurrección obrera contra el capitalismo, los comunistas de las universidades crearon el Partido del Recreo, que fue decisivo en el triunfo comunista en Indochina (y en el consecuente genocidio de Camboya) al forzar la retirada estadounidense, a la vez que en ese contexto de rebelión generalizada alentaban el radicalismo de minorías negras (como los Black Panters) y feministas.

Era de eso de lo que hablaba el filósofo comunista francés Felix Guattari cuando mencionaba la «revolución molecular», la explotación de toda clase de agravios, sentimientos y causas para generar el caos y destruir la cohesión ideológica de la mayoría. Por eso es tan característico que los más extremistas defensores del transexualismo reciban dinero de Irán y sean indiferentes ante los atropellos que sufren las mujeres y los gais en los países musulmanes. Una sociedad dispersa en la que cada persona vive obsesionada por sus «derechos» y preferencias sexuales o religiosas conviene al fin de implantar una tiranía totalitaria, incluso sin insurrección violenta, basta con ensanchar el Estado y a la vez conquistarlo atrayendo a los votantes y a los funcionarios con móviles como ésos.

Ése es el contexto en el que hay que entender la propaganda del nuevo feminismo y la promoción de las relaciones homosexuales, de la promiscuidad y del transexualismo. No son causas que existieran de por sí (cualquiera que tenga cierta edad recordará que los hombres vestidos de mujer o con atributos femeninos postizos simplemente buscaban ingresos en el mundo de la prostitución y a veces en el del espectáculo), son modas creadas para disolver los nexos familiares y cuyo encanto es el mismo de las drogas y las sectas. En cuanto una persona se incluye en alguna identidad LGTBIQ… ya tiene acceso a gratificación sexual compartida y a compañía y comprensión, y cada vez más a recursos públicos.

El enemigo que se intenta batir con todas esas «causas» de la llamada «izquierda» es la institución familiar, siguiendo el enfoque de Gramsci. La mujer agraviada por la supuesta opresión de su sexo empieza a ver a los hombres como sus enemigos: a sus padres, hermanos, maridos, hijos… Hay una afinidad más importante que la de la consanguinidad o la afinidad personal, que empieza a verse como un error porque la sexualidad masculina empieza a percibirse como una agresión y el hombre de por sí como un violador. El lesbianismo no es la condición por la que una mujer se inscribe en la «izquierda» sino el resultado natural de la asimilación de la propaganda.

En las demás modas se da el mismo fenómeno respecto de la familia, que requiere cierto grado de monogamia: tal como el hippie de los sesenta se encontraba que era mas divertido retozar con varias parejas fumando marihuana que trabajar, lo mismo al joven actual le ofrecen ese caramelo de la promiscuidad y la singularidad, cosas que son más divertidas que el compromiso y el esfuerzo.

El que tenga alguna duda de que se trata del comunismo puede atender a las actuaciones de los partidos y líderes comunistas, incluidos los cubanos, que hasta hace poco encarcelaban a los gais. O fijarse en cómo cuando la propaganda abortista o contra el cambio climático termina en una condena del capitalismo, monstruo cuyo único remedio es la abolición de la propiedad, fenómeno que los comunistas actuales no proponen porque les basta subir sin cesar los impuestos para financiar su propaganda. O evaluar lo que realmente es la educación en todo Occidente, porque nada es tan rentable para los totalitarios como contar con el gremio de funcionarios docentes, a los que ponen a convencer a los niños de «salir del armario» o de cambiarse de sexo.

¿Cómo resistir a esa embestida totalitaria? Los políticos y partidos que se oponen a los comunistas obran en dos direcciones, por ejemplo respecto del feminismo: por una parte el resorte conservador (que supone que el mundo estaba bien hace unas décadas) y por la otra la galantería (apoyar el feminismo con cierta condescendencia, en el fondo el mismo enfoque conservador). En ambos casos se les hace un favor. También cuando la resistencia consiste en el móvil religioso. Un personaje de Dostoyevski decía «Dios no existe, todo está permitido». La verdad es que en Europa occidental las personas que realmente creen en Dios son una minoría, y las que practican alguna religión distinta del islam son más o menos tantas como las que se quieren cambiar de sexo. El retroceso de la religión no se va a parar, al contrario. En Iberoamérica ocurrirá sin la menor duda lo mismo.

El combate debe darse desde la racionalidad: explicando qué es el comunismo, qué resultados tiene su implicación, de qué modo la destrucción de la familia o la disolución de las costumbres favorece a esos tiranos y reivindicando la libertad y el valor de la verdadera educación.

(Publicado en el portal IFM Noticias el 19 de marzo de 2023.)

domingo, abril 02, 2023

Los artistas

Considerable revuelo han producido en Colombia las actuaciones de la diputada Susana Gómez Castaño, alias Susana Boreal, sobre todo su confesión de que diariamente fuma marihuana. Los críticos del gobierno en las redes sociales y en los medios encontraron un filón que explotar hasta que saltaron las denuncias de la exesposa del hijo de Petro. El nivel y las perspectivas de esa oposición se reflejan perfectamente en esos móviles con los que resulta fácil llegar a las grandes audiencias, los vicios y las corruptelas. Parece que hiciera falta mostrar pruebas de que un pícaro se enriquece o de que la gente del gobierno consume drogas para despertar el rechazo que hechos de verdad graves como la renuncia a la explotación de los hidrocarburos o la abierta negativa a combatir el narcotráfico (por ejemplo en el discurso del asno en la Asamblea General de la ONU) no despertaron.

Y ciertamente las costumbres de la diputada Gómez Castaño no deberían suscitar tanto interés, varias generaciones de colombianos han recitado y aprendido de memoria los poemas de Miguel Ángel Osorio (más conocido por su nombre «de combate», Porfirio Barba Jacob), cuyo consumo de marihuana sin duda, habida cuenta de que se jactaba de él, tuvo que haber sido mucho mayor que el de la joven directora de orquesta. Tampoco las extravagancias que lleva a cabo y que forman parte de esa concepción frívola que tienen las clases altas de la política.

Me gustaría no tener que reaccionar a los comentarios que leí sobre ese asunto, pero es que los críticos del gobierno no entienden que el país está en manos de una banda de criminales, cuyo menor pecado es que una de sus representantes fume marihuana. ¿Les cuesta tanto entender que buena parte de los ministros tienen diversa relación con las guerrillas que siguen masacrando policías, militares y campesinos? ¿Qué creen que es el Partido Comunista, a cuya alta dirección pertenece la ministra Gloria Inés Ramírez? ¿Cuál cree que ha sido la labor de Iván Velásquez en la guerra jurídica contra las Fuerzas Armadas y los sectores políticos contrarios al narcocomunismo?

Lo interesante de esa diputada no son sus costumbres sino el hecho de que dirige las agrupaciones de músicos del país, que colaboraron masivamente en el Paro Nacional de 2021, con el que a punta de terror, mentira y destrucción las bandas de asesinos le abrieron el camino a Petro. ¿Qué clase de gente degenerada no se horroriza por ese hecho y por la adhesión de la dama en cuestión y la inmensa mayoría de los músicos profesionales a un partido como el «Pacto Histórico» fundado por alias Iván Márquez sino porque declara que sus vicios le proveen placer?

Pero el personaje es muy representativo, porque al lado de la infame «paz» de Juan Manuel Santos y de su corolario, el ascenso a la presidencia de un representante del crimen organizado, no sólo estuvieron los músicos sino también los actores y los pintores y los literatos y los periodistas y los profesores… ¿Qué son propiamente esas personas y qué las mueve a estar de parte de los asesinos y secuestradores?

Eso no se puede ni pensar porque la mente de los ciudadanos está condicionada por la dualidad «izquierda/derecha». Los artistas e intelectuales son de izquierda y en realidad nadie está para explicar qué significa eso. Como un chiste que contaban sobre alguien que toleraba que los franceses dijeran pain en lugar de «pan» y vin en lugar de «vino», pero el queso, ¡se ve tan claro que es queso!, la gente intoxicada por la propaganda «sabe» ¡tan claramente! lo que significan las palabras izquierda y derecha en política.

¿Quiénes son los artistas y por qué son unánimemente partidarios de los mutiladores y violadores de niños? Ante todo hay que entender que son las personas de las clases altas, pero ¿qué son las clases altas? Cada uno tiene su definición, de modo que si uno piensa que hacia 1970 la proporción de jóvenes colombianos que estudiaban en la universidad difícilmente superaría el 2 %, debería sorprenderse de que la propaganda comunista hablara de «obreros, campesinos y estudiantes», pero al parecer nadie nunca se ha sorprendido.

Las clases altas son las que mandan a sus hijos a la universidad. Ahora van muchos más que antes, de modo que las clases altas son las que estudian para artistas o los que obtienen doctorados y másteres y estudios en el extranjero. Ese proceso por el que las personas que gozan de privilegios sociales y cuentan con recursos prefieren las profesiones en las que no hay grandes riesgos ni grandes responsabilidades ha ocurrido siempre en todo el mundo. Lo particular de Colombia es que las ventajas de esos grupos derivan del crimen, y así los jóvenes universitarios de los años setenta que aplaudieron el asesinato de José Raquel Mercado y muchos otros crímenes del M-19 se vieron favorecidos con la expansión de los puestos estatales tras la Constitución de 1991 y los privilegios asociados a diversas disposiciones de esa norma.

Desconozco la labor de la diputada Gómez Castaño como directora de orquesta, me resulta evidente que las orquestas colombianas no viven llenando las grandes salas de Europa y Norteamérica ni sus grabaciones son las que primero aparecen en YouTube, y que los aportes del país a la música clásica son más o menos comparables a los que se registran la industria o en las ciencias, en las letras (aunque la gente ignorante todavía cree que García Márquez es un autor de gran trascendencia). A los artistas les ocurre lo que ocurre con todo, que gracias a esa vocación parasitaria de las clases altas, la forma correcta de prosperar es la política, y la política real desde hace medio siglo en Colombia está marcada por el crimen del comunismo y sus cómplices. Su arte es basura desconocida, salvo por casos como el de Doris Salcedo, con gran figuración en una época en la que arte y basura son más o menos lo mismo.

La frivolidad de la diputada y en general de los artistas colombianos, que se ganan la vida y conservan los privilegios de sus familias gracias a que se integran en alguna camarilla («rosca») próxima al poder, permite entender en qué consiste la llamada «izquierda»: la forman las viejas clases parasitarias, los descendientes de los encomenderos, que usan el pretexto de la cultura o la educación como antes lo hacían con el pretexto de la religión. La retórica comunista, ahora actualizada para la guerra contra la familia, es sólo la máscara de ese orden perpetuo. La rebelde radical que saca de quicio a los biempensantes es sólo un atavismo porque, a fin de cuentas, para explicar lo que significa «la izquierda» de modo que corresponda al diccionario habría que decir «la derecha», tal como «progresista» es en realidad «retrocesista», y precisamente gracias al parasitismo de esos revolucionarios las oportunidades de los colombianos de conocer la gran tradición artística y literaria en lugar de crecer menguan.

(Publicado en el portal IFM Noticias el 12 de marzo de 2023.)

domingo, marzo 26, 2023

La oposición necesaria

La historia reciente de Colombia es la del triunfo del bando de la casta oligárquica liberal como final de la bicentenaria querella bipartidista. Lo que pasa es que ese triunfo no traerá paz sino más crueldad y mentira porque para obtenerlo esa casta le vendió su alma al diablo, que es por una parte el imperio narcocomunista (que hasta participó abiertamente en el proceso de paz, en medio de la indiferencia, cuando no la alegre complicidad, de toda la intelectualidad hispánica) y por la otra el arte comunista.

Antes de continuar intentaré explicar qué entiendo por «arte comunista». En el principio hubo mentes atávicas cristianas que se veían desplazadas por el mundo moderno y formaron la Liga de los Proscritos, luego Liga de los Justos, luego Liga de los Comunistas, la cual encargó al filósofo alemán Karl Marx el Manifiesto comunista. En la audacia de ese texto, hijo de los absolutos de Hegel y del trastorno de 1789, se cifra el destino de Europa. Si ésta no se hubiera suicidado en 1914 y todo el mundo se hubiera hecho capitalista, la Tierra sería un Edén. El Manifiesto propone una tiranía que espera tener el apoyo de las clases mayoritarias para dominar al conjunto de la sociedad de forma violenta. Sin la certeza de que tal ensueño sanguinario era posible y deseable, certeza que obraba como el software del golpe de Estado bolchevique, no habría habido un imperio comunista dominando la mitad del planeta. La tecnología de terror que pusieron en práctica los comunistas y la imposición de la mentira a través de la propaganda les permitieron quedarse setenta años en el poder, y al cabo seguir dominando en el Estado mafioso actual, ya no unidos por la ideología sino por las redes de influencia heredadas del antiguo régimen. No hay aspirante a tirano que se resista a esa entente, ahora comandada por China, Rusia e Irán como enemigos de la sociedad abierta. Ni sobre todo a ese arte de dominación mediante el engaño y la intimidación. Chávez, por ejemplo, fue un militar golpista sudamericano típico, pero el régimen que impuso se mantiene gracias a esas alianzas y a ese arte.

Lo que siempre han querido los Santos, los López y los Samper es no tener rivales que no sean impotentes, apenas decorativos para que las redes de intereses de las castas norteamericanas y europeas acojan con simpatía al régimen y lo hagan reconocer universalmente. Pero ¿hasta dónde quieren llegar? Con la disolución acelerada que busca y consigue el gobierno de Petro, los oligarcas podrían quedar como los tontos útiles que crearon al monstruo que los devoraría. Puede que el Partido Comunista tenga planes en los que el poder de esos clanes sea mínimo, y aun de eliminarlos para no verse expuestos a conjuras de oposición. Gloria Inés Ramírez no tiene tanto interés en que los ricos de Londres vean con simpatía al gobierno colombiano. Puede que haya cambios en Cuba en los que pierdan a sus protectores, o que el PCC se sienta capaz de alzarles la voz a los cubanos y aun de someter a Venezuela. ¿Y qué pensarán las esposas de esos ínclitos señores cuando resulten criando a una mujer trans? La reverencia de los comunistas de la base no es muy sincera, son gente llena de resentimiento que estaría feliz de desollarlos.

Hechos como los de esta semana en San Vicente del Caguán dejan ver que en aras de someter a las Fuerzas Armadas y a la Policía los comunistas no vacilan en ejercer la violencia de masas, sean éstas estudiantiles, indigenistas o cocaleras. Eso aumentará sin cesar, salvo que a Velásquez le resulte fácil comprar oficiales y encarcelar o expulsar a los desafectos, caso en el que sembrar el territorio de campos de concentración o reeducación o como quieran llamarlos será el siguiente paso.

Todo eso termina siendo ominoso incluso para los que protegieron a las guerrillas comunistas y financiaron desde el poder el adoctrinamiento en las universidades. El resto de la sociedad debería plantearse cómo impedir que acaben de implantar esa tiranía. Y para esa tarea falta una oposición que tenga una identidad definida, que sepa qué quiere, que tenga un programa político y mueva todos los resortes de influencia para triunfar. No hay una oposición semejante, sólo lloriqueo de vagos grupos de influencia y tuiteros que lamentan cada desmán del gobierno, casi siempre pasando por alto los aspectos más lesivos de la propaganda.

La primera bandera de esa oposición debería ser una reducción drástica del gasto público que permita bajar los impuestos y alentar el desarrollo empresarial. Gastar menos permitiría desactivar el mecanismo de la educación, que no forma personas para el capitalismo, como reconocía un profesor de la Universidad Nacional. Sin hacer frente a esa cuestión, todo será en vano. La segunda divisa, la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente que suprima la de 1991 y todas las leyes derivadas de ella, destituya a las cúpulas judiciales y prohíba aplicar nada de lo acordado con los regímenes de Cuba y Venezuela a través de la rendición a sus bandas de asesinos activas en Colombia. La tercera, la prohibición constitucional de la producción y el tráfico de drogas ilícitas, planteando incluir en el código penal el castigo a todos los que produzcan y cultiven insumos necesarios en esa industria. La cuarta, la supresión de todas las leyes ideológicas impuestas por las sectas narcocomunistas.

Todo eso implica pensar en el largo plazo, es evidente que la idea de cerrar las universidades públicas no será popular, y que cuando la gente entienda que su «ascenso» social gracias a los diplomas sólo le permitirá ganar algunas decenas de dólares al mes, como en Cuba, Venezuela y Nicaragua porque en el resto del mundo esos diplomas no valen nada, ya el régimen de terror estará instaurado, pero cuanto más se tarde en sacar del engaño a las mayorías peor será.

El cortoplacismo es el peor vicio de la política colombiana, y los que buscan acceso a cargos y prebendas deben más bien incluirse en el régimen. Es famosa la frase atribuida a Keynes de «en el largo plazo, todos muertos». Pero una persona de cincuenta años puede contar con que probablemente no llegará a cien y no por eso querrá que sus nietos vivan en la miseria, aterrorizados y sin esperanza. En 2026, aun si ganara la oposición, no se cambiaría nada, tal como en lo esencial del régimen no cambió nada Duque.

(Publicado en el portal IFM Noticias el 5 de marzo de 2023.)