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lunes, marzo 12, 2012

El punto de inflexión


Quedan sólo diez días para las elecciones a alcaldías, gobernaciones, concejos y asambleas y todos parecen ciegos ante lo que está en juego.

Lo que ha estado haciendo hasta ahora el gobierno es preparar el terreno para negociar con las FARC. Y tras las elecciones sin duda lo hará.

Santos y sus aliados pretenden que el resultado signifique el entierro del uribismo como corriente de opinión que rechaza dicha negociación.

El cargo más importante es la Alcaldía de Bogotá. Santos necesita que triunfe el candidato chavista para dar respaldo a la “reconciliación”.

Pero Gustavo Petro despierta mucho rechazo entre la gente que ha sufrido los gobiernos del Polo Democrático y recuerda su pasado terrorista.

Y ante ese “techo” del candidato, la prensa oficialista busca a toda costa evitar que haya polarización: Petro cosecharía un seguro fracaso.

De modo que por una parte le bajan el tono a la orgía de bajeza, mendacidad y violencia verbal de la tropa de sicarios morales contra Uribe.

Y por otra presentan la elección como una encuesta hecha en algún supermercado: qué “producto” coincide más con la personalidad del cliente.

La oferta incluye un gran abanico de candidatos: jóvenes, viejos, mujeres, petimetres, demagogos, modernos, etc. Todos muy bien financiados.

El presidente, cual una esfinge minusválida de un país fallido, silba con las manos en los bolsillos y la mirada como perdida en lontananza.

¿Cómo harán para que la gente no vea el designio de premiar los crímenes, de volver amos de los ciudadanos a quienes los secuestran y matan?

Ya se ve para qué pagaban los dueños de los medios a tantos asesinos vociferantes, a tantos jueces prevaricadores: para neutralizar a Uribe.

Sin duda lo consiguieron. ¿Alguien recuerda todavía que Santos cambió el libreto? ¿Y que el votante puede condenar en las urnas la traición?

Pues no, lo que se discute no es si dentro de unos meses se van a premiar las masacres o si Santos sigue el mandato de quienes lo eligieron.

El mismo Uribe evita criticar a los candidatos que en Bogotá sólo pretenden distraer votos para que gane Petro, como si creyera a la prensa.

Eso conduce a que Petro gane con los votos de una minoría, mucho menos de un tercio de los votantes, y de una sexta parte de los ciudadanos.

Pero esa minoría acompañará a Baltasar Garzón y a los gobiernos de Argentina y Brasil, y al mejor amigo de la paz en Colombia, Fidel Castro.

No, no esa minoría sino el alcalde de la capital, al que la propaganda vende como el líder izquierdista. En otros países no saben cómo ganó.

El triunfo de Petro es seguro: tiene las clientelas sindicales y las bases del Polo Democrático y los comensales de los comedores populares.

Y si todo eso, sumado a la maquinaria samperista, no fuera suficiente tiene los recursos enormes e inescrutables de la chequera bolivariana.

Y a la prensa confundiendo, y la gran industria del rumor, y decenas de miles de fecodistas predicando en cada reunión de padres de familia.

No obstante el sentido común les debería decir a los colombianos que si matar y secuestrar gente es rentable pronto les tocará a ellos caer.

Pero nadie ha presentado la elección como el momento en que Santos tuerce definitivamente el rumbo hacia otro pacto infame, como el de 1991.

No lo ha hecho Uribe ni sus seguidores, que aún no saben si están contra Santos y que aceptarían el premio del crimen si les dieran puestos.

El tema de las elecciones no es Santos ni su agenda, ni tampoco su conducta, sino si Uribe todavía puede influir gracias a su apoyo popular.

La gente entendería que la variedad de candidatos sólo sirve para ayudar a Petro, como William Vinasco facilitó el triunfo de Samuel Moreno.

Sólo que eso no gustaría a los políticos de la Unidad Nacional, con los que Uribe y los suyos esperan llegar a acuerdos tras la negociación.

Por eso no aparece nadie que quiera ayudar a denunciar la jugada y que le explique a la gente que sólo concentrando el voto se podría ganar.

Y es todavía peor: el uribismo responde a la increíble adhesión de Colombia a las pretensiones de la tiranía cubana con un silencio ominoso.

Después no será lícito quejarse: Santos puede traicionar a sus votantes porque hay déficit de civismo, y la gente lo fía todo a un caudillo.

Ojalá el lector tuviera valor para juzgar las cosas por sí mismo y supiera si apoya o rechaza lo que hace Santos. Como uribista no lo sabrá.

Entonces se cierra el círculo. Los gobernantes de los noventa intentan consumar sus planes, interrumpidos por la rebelión de hace diez años.

La “reconciliación” vendrá con mucha propaganda. A los crédulos los obsequiarán con mejor “justicia social” y mayor provisión de “derechos”.

Puede que el caudillo proteste y gima, pero los representantes legítimos estarán de acuerdo en buscar la “paz” y la superación de los odios.

Las nuevas generaciones no entenderán cuál es el lamento de los viejos fascistas guerreristas y agradecerán al gobierno que encontró la paz.

Pues no existe tal cosa como los errores políticos impunes y los que se cometieron por largos años hacen inevitable la ruina de sus autores.

Para que en Colombia dejen de imperar los criminales y cesen los crímenes hará falta el desencanto de esa generación, y olvidar al caudillo.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 21 de octubre de 2011.)

miércoles, marzo 07, 2012

El cuarto de hora del hampón hediondo


Ya es un lugar común que la forma correcta de hacer carrera política en Colombia es matar y secuestrar gente, cosa que se demuestra sin cesar: el probable alcalde de Bogotá, Gustavo Petro; el gobernador de Nariño, Antonio Navarro; el "politólogo" León Valencia, etc. Tal vez el caso extremo sea el actual vicepresidente, Angelino Garzón, elegido por los votos de gente que pretendía oponerse al comunismo y a sus bandas armadas, y que al parecer cuenta con el respaldo del ex presidente Uribe.

Ese respaldo es la principal causa de que a un personaje con su trayectoria se lo haya elegido para un cargo potencialmente tan significativo. ¿Nadie recuerda que en una reunión con Pastrana Chávez llevó a un miembro de las FARC? ¿Qué pasaría si a Santos le ocurriera algo?

Es decir, la confianza en Uribe no sólo determinó que saliera elegido un personaje como Juan Manuel Santos, decidido a aliarse con los terroristas a un nivel al que no llegaron mientras gobernaban ninguno de los mandatarios de los noventa, sino que la presidencia podría terminar en manos del antiguo vicepresidente de la Unión Patriótica y compañero de Raúl Reyes en el Comité Central del Partido Comunista.

Bah, es aún peor: la supuesta rebelión contra Santos del vicepresidente generó entusiasmo en muchos uribistas, que todavía no ven problema en que el vicepresidente tenga agenda propia y se dedique a promover una futura candidatura presidencial, por no hablar de las tramas burocráticas que anima. De hecho, en el blog de Alejandro Gaviria leí esto:

Conviene prestar atención a las últimas lindezas del personaje. La primera es la protesta por el cambio en los criterios con que define la "pobreza" el Departamento Nacional de Planeación. Es algo importantísimo porque permite ver los mecanismos de la demagogia. ¿Por qué no se va a evaluar la pobreza con los mismos criterios que en los demás países? Por una parte, hay una formidable tendencia a exagerar la pobreza colombiana porque así los ricos burócratas que viven de remediarla mendigando en organismos internacionales tienen más "argumentos", como llagas o recién nacidos que explotar. Por la otra, los diversos parásitos que viven de denunciarla pueden explotar mejor la indignación.

¿Qué hace el vicepresidente en esa "defensa" de los pobres? Obviamente, figurar y hacer campaña con base en una falacia repugnante. ¿Alguien pretendía que cambiando los criterios de evaluación se reducía la pobreza? No, el problema lo empezaron los críticos y rebeldes, encabezados por el mandatario. ¿Tienen esas protestas algún impacto sobre la pobreza, mejoran en algo la situación de algún pobre? Puede que sí, según la posibilidad de que gracias a las gestiones del vicepresidente o de alguien próximo a él consiga puesto.

No está de más señalar que la principal causa de la pobreza en Colombia es el parasitismo de los funcionarios estatales: cientos de miles de puestos innecesarios, salarios muy por encima de la media, productividad casi nula, imposibilidad de evaluar el rendimiento, pensiones a edades tempranísimas, privilegios innumerables, etc. ¿Quién buscó todos esos privilegios? Obviamente, el sindicalista del Partido Comunista y usufructuario de la actividad de las guerrillas (que dominaban, por ejemplo, la producción petrolera en Barrancabermeja, base del sindicalismo comunista).

La desfachatez de ese hampón se hace más repugnante cuando se piensa en su proclamada fe en el Señor de los Milagros de Buga. Sigue por el mismo sendero ya marcado por sus copartidarios Hugo Chávez y Daniel Ortega, de complacer los aspectos más claramente supersticiosos de la religiosidad popular para ganar apoyos entre personas ingenuas y desprevenidas.

De modo que quien causa la pobreza resulta ser el defensor de los pobres, siguiendo esa rutina colombiana que hace que un propagandista descarado del terrorismo como Alfredo Molano, que sin vacilar felicitaba a las FARC por la masacre de Vigía del Fuerte, resulte experto en "solución de conflictos". Y esas proclamas indignadas resultan ser lo que más se necesita para proveer recursos y servicios a todos.

Pero el personaje no se queda ahí. Posteriormente emitió un comunicado con la genial proclama de que la salud no es un negocio sino un derecho de la población. Es casi ocioso volver a decirlo: inventarse "derechos" no cuesta nada, ni menos convertirse en quien los defiende. La idea de que la salud o la educación no son negocios son sobreentendidos del socialismo que siempre conducen a la miseria a los países cuya población cree en eso. ¿Qué es lo que sí puede ser negocio? ¿La provisión de alimentos, la vivienda, el vestido, la higiene, etc. no son "derechos"? Para su demagogia el desvergonzado personaje no necesita ni un miligramo de imaginación, sólo recita lo que su partido lleva casi un siglo predicando con creciente éxito.

La triste realidad de Colombia es que prestar atención sanitaria no es un negocio porque el negocio, ése sí fabuloso, es soltar discursos proclamando que es un derecho de la población. El vicepresidente es uno de los que mejor han explotado ese negocio, pero son muchísimos. Esas proclamas complican el acceso a los servicios, con lo que viene resultando que la educación y la salud no son negocios porque lo que es negocio es impedir el acceso.

Pero el hombre no se queda ahí. Recientemente, quién sabe si por encargo de Santos, viajó a Cuba, donde proclamó sin ruborizarse que Fidel Castro era un gran amigo de la paz en Colombia, más o menos como decir que Alfredo Garavito es un protector de la infancia. Para no hacer más extenso este post me limito a enlazar el artículo del coronel Luis Villamarín en que hace un recuento de la labor "pacifista" del dictador cubano en Colombia.

No era suficiente, también se quejó del "bloqueo" estadounidense a Cuba y elogió el sistema de este país. Como bien señala Eduardo Mackenzie, ese viaje es muy preocupante. Anuncia un paso más del gobierno en el rumbo de asimilación al imperio chavista.

¡Qué triste que la gente en Colombia todavía tenga puestas sus esperanzas en lo que hará o dirá el ex presidente Uribe, que todavía no ha contestado a las lindezas de su leal ex funcionario! Esa pasividad, esa falta de criterios de quienes se supone que tienen las cosas claras, es una amenaza para la supervivencia del sistema democrático mayor que las infamias de los terroristas y la complicidad del gobierno.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 19 de octubre de 2011.)

viernes, marzo 02, 2012

La triste persistencia de la memoria


Impresiona mucho descubrir en el Museo de Historia de Barcelona que los personajes de las estatuas de hace dos mil años son de un tipo físico que casi reconoce uno por las calles de la ciudad, o que la forma de vida de los pobladores de esa época es en realidad bastante parecida a la actual: la clase de cosas que comían y bebían, la suntuosidad de las viviendas de los poderosos, el aprecio que tenían por las artes y el comercio, etc.

Plaza del Rey (King's square), Barcelona, Spain
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Es decir, pese a los cambios que se detectan en la superficie de la vida social, el fondo mantiene una serie de constantes, de hábitos, de valores, de inclinaciones, etc., que guardan relación con el origen de la sociedad. En el caso de las ciudades del Mediterráneo occidental que formaron parte del Imperio romano, ese origen no es propiamente la fundación de la ciudad por los romanos, sino lo que éstos recogían de vida sedimentada en varios milenios de convivencia y comercio alrededor de dicho mar.

También tratándose de la historia de Colombia se podría detectar no ya una continuidad, sino la clara persistencia de los rasgos de la sociedad del siglo XVI, a veces con algún nombre convenientemente cambiado. Hay un espíritu que se mantiene, como escamoteando el paso del tiempo. Es la cultura local, pero la vanidad de la gente la lleva a figurarse que tales cosas están enterradas y que gracias a que disfrutan de los bienes tecnológicos de otras sociedades forman parte de ellas.

Detectar los rasgos definitorios de esa tradición y su presencia en la vida actual es el objetivo de este escrito. Mientras se siga negando la pertinaz realidad del despojo como objetivo del gobierno y de la etnia dominante, será muy difícil explicar que haya tan poderosas bandas de asesinos obstinados en imponer un régimen cuyo fracaso es tan clamoroso que sólo puede reivindicarse porque sirve como máscara de otros intereses.



Voy a resaltar una serie de rasgos de la sociedad de hace cuatrocientos años que son plenamente vigentes, convencido de que encontrar la relación entre la sociedad de entonces y la actual permitirá entender los caminos de la historia y tal vez saber qué deberíamos cambiar si queremos que nuestro país se asimile al mundo civilizado y dónde encontraremos las mayores resistencias a ese proceso.

Aparte del obvio interés en expandir las posesiones de la Corona española y despojar a los aborígenes, la sociedad colonial pronto encontró un pretexto para su objetivo: la evangelización. La armonía entre dicho fin que se proclamaba y la realidad de saqueo, exterminio y esclavitud, así como entre el poder local y la metrópoli remota, suponía entregar poder al clero que legitimaba dicha realidad y aseguraba la lealtad a la autoridad religiosa, a medias obediente al Papa de Roma y a medias al monarca español.

Hoy en día el proceso se mantiene pero se le han cambiado los nombres. El clero sigue existiendo pero ya no predica un paraíso trasmundano sino la "justicia social", no enseña virtudes morales sino ridículos adornos intelectuales y disfruta sin preocuparse de los placeres terrenales (con enorme ventaja). El papel del clero como legitimador del parasitismo y la dominación de la casta heredera de los conquistadores lo pasaron a ejercer los profesores universitarios (todas las universidades son públicas en la realidad, pues les está prohibido el lucro y perdonado el pago de impuestos a las ganancias: el clero vive directamente del erario o de canonjías provistas por la autoridad, eso es lo que significa "la educación no es un negocio, es un derecho": es una ventaja inicua para la casta sacerdotal).

La evangelización fue el primer intento de ingeniería social que sufrieron las sociedades hispánicas. Los sueños colectivistas hegemónicos en las universidades continúan la misma tarea, ahora escudados en la retórica que fracasó en el resto del mundo en el siglo XX o en sus formas resistencialistas (discursos derivados de la explosión de Mayo del 68 que alimentan los proyectos de la socialdemocracia remanente en Europa).

El elemento principal, y sobreentendido, que se mantiene en los proyectos de ingeniería social es el derecho de la minoría conductora a "ahormar" al resto de la sociedad: lo mismo las órdenes religiosas del siglo XVI que los combos de "mockertos" actuales. De hecho, si algo demuestra la continuidad del clero en forma de profesorado universitario es el interés de las familias "prestantes" en tener a algún miembro en ese gremio.

El clero encabezaba y legitimaba (encabeza y legitima) un orden marcado por el parasitismo de los herederos de la conquista. En lugar de los rosarios y avemarías hoy se practican las protestas violentas, si bien la recitación de las palabras definitorias de la fe ha sido reemplazada por una retórica más pobre y burda. De algún modo, los rasgos de esa sociedad son meros atavismos cuando se los contempla desde fuera, de modo que los pretextos con que se mantiene el viejo orden son disparatados y en últimas máscaras ineptas de la violencia. Cuatro siglos después, los privilegiados de dicha sociedad se aferran a sus viejas posesiones pero no tienen otro modo de defenderlas que mediante los métodos antiguos: secuestro, extorsión e intimidación.

Muchas veces conquista es llegar a imponer costumbres y credos ajenos a los habitantes del lugar

La irresistible tentación de negar la relación entre las prédicas de Miguel Ángel Beltrán, Alfredo Molano, Óscar Mejía y tantos profesores y las tropas de niños y rústicos que hacen realidad su sueño justiciero es sólo continuación de otra tradición de los primeros tiempos coloniales: el leguleyismo. También se proclamaba la evangelización como el sentido de la Conquista y ante la prohibición de esclavizar a los indios el propio Jiménez de Quesada produjo aquello de "Se obedece pero no se cumple".

La persistencia de los valores de esa sociedad se hace evidente en la crueldad con que el colombiano concibe su relación con los demás: el atropello, la opresión, el irrespeto, la arbitrariedad, etc. son casi un motivo de orgullo, y ello sólo porque se mantiene el viejo espíritu de jerarquía entre castas. La arrogancia y desfachatez con que los "jueces" envían a la cárcel a inocentes inventándose los delitos o las pruebas, basándose en testimonios claramente sesgados, comprando testigos, disfrutando de relaciones privilegiadas con los criminales, etc., es sólo continuación de esos valores.


También los rasgos propiamente hispánicos, que había desarrollado la sociedad castellana en los siete siglos de la Reconquista, se mantienen idénticos, por ejemplo el desprecio del trabajo, tan característico que en la sociedad colombiana el empresario es un tipo de ser humano aborrecido mientras que el sindicalista, en los casos más significativos un organizador del caos que vive del erario y gana sueldos que no alcanzan los ministros, es un líder admirado.

Todo ese orden es el que hace que en la mente del colombiano predomine una forma atroz de colectivismo (que se manifiesta en la ingeniería social de los comunistas y de los mockusianos, con los sobreentendidos de dominación), pero también que las viejas costumbres se mantengan. Por ejemplo, la encomienda sigue igual que antes, pero su mecanismo se ha hecho más alambicado. Ahora se llama acción de tutela y sigue siendo una forma eficaz (mezclada con la vieja costumbre clerical de prometer el cielo dado que hacerlo no cuesta nada) por la cual los recursos fluyen hacia los de siempre. Antes los indios trabajaban gratis para sus protectores, ahora éstos se decretan cirugías plásticas y beneficios inverosímiles de una caja que se describe como inagotable. Es decir, la fuente de la exacción se ha ocultado, pero el resultado sigue siendo el mismo.


En el plano institucional sigue siendo normal concebir los cargos públicos como la forma correcta de enriquecerse (siguiendo una tradición romana que en lugares como Barcelona se perdió). En la época colonial se compraban los cargos, hoy en día se gasta más en la campaña para hacerse elegir congresista de lo que se obtendrá como sueldo y hay muchos casos de jueces y fiscales que efectivamente compran los puestos. La desfachatez con que se cometen semejantes desmanes de forma casi abierta sólo se puede explicar admitiendo que el espíritu de la época colonial está vivo y es muy difícil de cambiar si no se empieza por entender que ninguna de esas lacras se va a combatir sin un esfuerzo de identificación de sus rasgos y sobre todo de rechazo de sus pretensiones y pretextos, como la redistribución, que sólo es concentración de los recursos en manos de los mismos, que se lo saben redistribuir, a la mejor manera colonial:


A tal punto es similar la sociedad colombiana actual a su origen que todavía hay grupos de patricios que se creen con derecho a rebelarse e imponer a punta de crímenes su poder. Fue lo que hizo Álvaro de Oyón (incluso en el mismo pueblo, La Plata, Huila, donde nacerían los coetáneos y copartidarios Luis Édgar Devia y Jaime Dussán), y su determinación de marchar a Santa Fe a decapitar a los oidores es como el anticipo de la toma del Palacio de Justicia por los pupilos de Enrique Santos Calderón. El triunfo de esa banda de asesinos determina el persistente retraso de Colombia. ¿Habrá algún día una "masa crítica" de ciudadanos capaces de cambiar el marco legal heredado de Pablo Escobar y esos terroristas? Sería el comienzo de la superación de los aspectos más odiosos de ese pasado persistente.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 12 de octubre de 2011.)

lunes, febrero 27, 2012

La pobreza de las naciones

Muchos años después, frente al telón de mi corazón que se levantó, hube de recordar el día en que, siendo casi un niño, llegué a una pequeña parcela cafetera a ayudar a coger café. Me impresionó que todo lo que comían la mujer que cuidaba el cultivo y su hijo eran plátanos. Unos plátanos verdes, un poco más delgados y más largos que un banano, insoportablemente insípidos. A veces añadían un trozo de carne. Ésa era la comida todos los días.

Sí, pobre gente, pero a diferencia de la pobre gente de los desiertos del norte de África o del centro de Asia, esta pobre gente tenía "posibilidad" de cultivar cientos de hortalizas, especias y aun plantas frutales y de criar animales. Si en lugar de aquella humilde campesina hubiera tenido que habitar ese terreno una familia francesa aficionada a la gastronomía, las comidas habrían sido la envidia de muchísimos colombianos acomodados (que a menudo apenas comen un poco mejor que los campesinos porque prefieren la comodidad de tener en régimen de semiesclavitud a alguien como aquella señora que les ahorra el esfuerzo de pensar en la comida).

¿Qué era lo que determinaba la pobreza de aquella pobre gente? Yo no sé cuáles eran sus ingresos, pero no dudo de que, de haberlo deseado, podrían haber variado un poco su dieta, y de hecho mucha gente que se alimenta así acumula y hereda patrimonios discretos. Si uno se imagina las reacciones de la mayoría de los colombianos, sobre todo de los que tienen buena instrucción y proceden de familias acomodadas, inmediatamente resulta convencido de que se trata de una forma de subhumanidad, de un engendro producido por siglos y siglos de mentiras y despojos, de leguleyismo y desfachatez, de atropellos sin límites presuntamente legitimados por la evangelización en el siglo XVI y por la "justicia social" en el último medio siglo. Esta última falacia es tan monstruosa que ha vuelto atrás la noción de "derecho", que antiguamente era "privilegio", "excepción" y después se volvió un límite universal de defensa de los individuos frente al Estado: los "derechos fundamentales" que se invocan en las tutelas son excepciones a favor de una minoría que domina a la sociedad, por mucho que a las víctimas se las convenza de que también están cubiertas, generosidad tan cómoda como ofrecer el Cielo a los indios a los que secuestraban y masacraban hace cinco siglos los ancestros de los justicieros sociales o jueces de hoy en día.

El "intelectual" colombiano, por llamar de alguna manera al patán habitual, primero se regala exhibiendo su compasión por quienes se alimentan un poquito peor que él: "pobre gente", y da por sentado que esa mala situación es resultado de una injusticia. ¡No sólo la Providencia dio de todo para todos, como esa tierra tan fértil, sino que también dotó a todos de capacidad de disfrutar igual de todo, y si alguien no lo tiene es por alguna injusticia ocasionada por los que comen mejor que el intelectual, por los que conocen instrumentos musicales, artes, estilos de vestir, máquinas y todo lo que caracteriza la civilización, logros en los que la participación de los colombianos es absolutamente nula! La indignación del intelectual colombiano por la mala alimentación de esas personas da lugar al asesinato si uno afirma que esa indigencia cultural es la condición natural de la gente, ya uno muerto no tiene modo de decir que la principal y casi la única causa de la pobreza material de la mayoría de los colombianos es el parasitismo de los intelectuales.

¿De qué hablamos cuando aludimos a la pobreza? ¿Qué es pobreza? Las personas que no estudiamos tenemos unas nociones que chocan rotundamente con las de los doctores colombianos. Para mí, TODA la pobreza de una nación es esa tosquedad de sus clases altas, presente hasta en lo que comen, esa ignorancia, esa vulgaridad, esa absoluta falta de imaginación, de amor a la verdad, de autorrespeto y de rigor que caracterizan a los típicos doctores colombianos. La pobreza material de la mayoría de los ciudadanos es como la sombra de la ineptitud y mezquindad de quienes los dominan.

Cuando se piensa en un país como Suiza en el que la gente humilde obtiene diez veces más por su trabajo que en Colombia, quien haya sufrido la "educación" de los antros locales tendrá que pensar que los ricos de allá son más generosos y más independientes de otros poderes (todavía la obra más influyente en las "universidades" colombianas es Las venas abiertas de América Latina, obra que culpa del atraso de la región a los países que compran sus materias primas, lo único que exporta). ¿Es eso así? Si por ejemplo uno piensa en la historia de la música, ¿cuántos compositores de gran relieve encontraría en Suiza, un país mucho más pequeño, menos poblado, más inhóspito y difícil y carente de riquezas naturales que Colombia y cuántos en nuestro país? Eso se podría decir de la pintura, la ciencia en todos los campos, la literatura, el deporte y cualquier terreno en que se pudiera evaluar lo humano.

Ya sé, y es de verdad fastidioso seguir recordando la ideología de los intelectuales colombianos: ¡la importancia cultural de Suiza es el producto de su riqueza, la cual es fruto de especulaciones y complicidades con despojos! Los millonarios del mundo no llevan sus ahorros a Colombia por puras ganas de excluir a los pobres. Es lo que aprenden los jóvenes en las "universidades". Las nociones de riqueza y pobreza resultan así sumamente confusas, impregnadas de teleología y supuestos creacionistas. ¿Quién les iría a explicar que se descubrió América en busca de especias, que eran sólo ingredientes de prestigio en las comidas de los poderosos y que muchísimos inventos importantes tenían que ver sólo con el afán de ostentación, lujo o solaz de gente rica?

La pobreza de las naciones es sólo la prevalencia de esos discursos. Por eso uno lee en la prensa perlas como la siguiente de un prestigioso historiador, académico y quién sabe qué más. Vale la pena prestarle atención para que se entienda que los millones de personas que viven con menos de tres dólares al día sólo mejorarán cuando en el país esa clase de personajes sean un penoso recuerdo. El personaje ya nos había deleitado en otra ocasión con otro prodigio sobre la izquierda colombiana.

Por Jorge Orlando Melo

Dado el dominio apabullante de una teoría que termina atribuyendo la pobreza y el desempleo -y por supuesto, estoy haciendo una caricatura- a que los pobres ganan mucho, resultan interesantes las peleas del vicepresidente Angelino Garzón, sin considerar sus posibles intereses políticos.
El que no puede sacarle el parecido a alguien al hacer un retrato siempre puede decir que es una caricatura. ¿Hay alguna teoría económica que atribuya la pobreza y el desempleo a que los pobres ganen mucho? Por ejemplo, en Suiza los pobres ganan diez veces más que en Colombia, habrá más pobreza y más desempleo. ¿No? Bueno, así es la teoría que según Melo predomina.

Lo que se evidencia es que el prestigioso historiador no entiende ni los rudimentos de la ciencia económica. No entiende la ley de la oferta y la demanda, hace siglos se publican hasta en la prensa colombiana cientos de artículos en los que se explica que si se aumenta el salario mínimo se dificulta la contratación y se fomenta el desempleo, y por tanto la pobreza. Los pobres dejan de ganar lo que les ofrecerían los empleadores según la ley de la oferta y la demanda para pasar a ganar NADA. ¿Es ésa una teoría cualquiera? ¿Alguien conoce en algún país civilizado un solo economista que la ponga en duda? La experiencia venezolana reciente es abrumadora: Chávez sube el salario mínimo y fuerza el cierre de la mayoría de las empresas, sobre todo de las pequeñas. Es lógico. ¿Qué clase de académico puede creer que la pobreza se remedia mejorando con un decreto los ingresos de los pobres? Una persona que haya terminado la escuela primaria no debería permitirse tanta estupidez, pero en Colombia es la gloria de la ciencia histórica. Dios mío.
Todos coinciden en que en Colombia, a pesar de las leves disminuciones de los últimos años, hay mucha desigualdad y mucha pobreza. Según las cifras del DNP (y de Garzón), en Colombia casi 17 millones de personas viven con ingresos monetarios (incluyendo transferencias en dinero del Estado) de menos de 189.000 pesos (o de 756.000 para una familia de 4). Como los ingresos de los pobres también son desiguales, los que ganan esto son muy pocos, y la mayoría de ellos tienen que contentarse con mucho menos: no encontré en el Dane o el DNP el ingreso promedio de los 17 millones de pobres, pero yo apostaría a que es inferior a 100.000 mensuales por persona.

Por eso la pregunta tremendista del Vicepresidente es válida: después de pagar casa, servicios, transporte, ropa, etc., ¿se puede "mercar" para cuatro personas con ese ingreso, es decir con unos 150.000 pesos para las familias pobres promedio, o 300.000 para las de mejor clase, las que están a punto de que no se las cuente como pobres? Es posible que sí, y sería interesante hacer el ejercicio en la realidad, para recomendar a esas familias unas "canastas" alimenticias óptimas, de 150.000 a 300 mil pesos mensuales, que den una buena nutrición, teniendo en cuenta las cosechas, lo que esté barato, etc. Pero de pronto no se puede.
Es un rasgo cultural. ¿Alcanza ese sueldo para vivir? Yo me desespero, ¿cómo explicarle a los colombianos qué es un ser humano? Son doctores, economistas, matemáticos, estadísticos, sociólogos, etc., y TODOS viven convencidos de que hace falta un decreto que provea a todos un ingreso que les alcance para pagar casa, servicios, transporte, ropa, etc., y que no emitirlo es una tarea perversa de los "corruptos" comprados por el FMI. La ridiculez de la demagogia de este académico descalificaría a un maestro rural en un país civilizado. Y el trasfondo es el mismo que señalaba arriba: los bienes de la gente salen de un decreto, las necesidades son fijas, los pobladores de Suiza siempre han tenido las mismas necesidades de casa, transporte, ropa, etc. ¿Cómo llegaron los suizos a ser ricos? Fácil, el gobierno se preocupó de garantizarles a todos un ingreso decente.
Lo interesante del debate no es tanto cómo medir la pobreza, sino que Garzón parece creer en la teoría de que la mejor forma de disminuir la pobreza es aumentar los ingresos de los pobres, y el año pasado logró que el Gobierno subiera el salario mínimo un poco más que los precios. Pero muchos piensan otra cosa. El FMI, en julio, recordó que el desempleo se debe en gran parte a que se paga mucho a los pobres, pues el salario mínimo ha subido por encima de la inflación.
Si por ejemplo se aboliera el salario mínimo los pobres, varias personas de mi familia sin ir más lejos, podrían empezar a trabajar por la mitad de lo que se paga ahora como salario mínimo. ¿Se está pagando mucho a los pobres? No, a los que no tienen empleo formal, la inmensa mayoría, no se les paga nada o se les paga muchísimo menos que el mínimo en la diversas formas de subempleo que hay. ¿De qué modo dice este genio que se paga mucho a los pobres? Del modo en que hay un público dispuesto a creer que el FMI conspira para hacer más pobres a los pobres. Ya explicaba hace tiempo hasta el mismo Hommes que la consideración del salario mínimo afectaba más a personas cuyo ingreso dependía de el valor de éste (pero era mucho más alto, por ejemplo si se consideraba que una prima era de tantos salarios mínimos). Para los pobres, para la inmensa mayoría de los pobres, ¿recuerdan?, los que no llegan ni a cien mil pesos al mes por persona, los aumentos del salario mínimo son menores posibilidades de acceder a un empleo. ¿De qué forma pretende el gran académico que cuando se excluye a más gente del empleo se está "pagando mucho a los pobres"? De nuevo, demuestra que no entiende los rudimentos de economía que deberían enseñarse en la primaria.
Quienes creen esto añaden que las empresas y los ricos tienen impuestos muy altos y por eso no invierten, y pagan tarifas de servicios muy altas para subsidiar a los estratos bajos. Por eso hay que frenar los salarios, para que suban solo con la inflación (como si los obreros no fueran más productivos hoy que hace 10 o 20 años), quitar subsidios familiares y de servicios, bajarles los impuestos a los ricos (ya se hizo algo en la última década) y, para compensar, cobrar impuestos a los que hoy, por ganar muy poco, están exentos ("ampliar la base tributaria" se llama la figura). Para justificar esto, algunos técnicos dicen que en Colombia los impuestos son muy altos y el Estado recibe parte muy grande del producto (lo que es cierto si nos comparamos con África, pero no con Europa), y que el Estado no funciona bien porque paga mal a técnicos y altos funcionarios, que no pueden vivir decentemente con 10 o 20 salarios mínimos al mes.
¿Quiénes son los ricos? ¿Alguien cree que las personas que ganan diez veces lo que un pobre (o sea, más de un millón por miembro del hogar) pagan demasiados impuestos en Colombia? Los ricos en Colombia son exactamente Jorge Orlando Melo y las personas de su medio social. ¿Alguien dice que pagan demasiados impuestos? Cuando se piensa en los impuestos que pagan las empresas, en Colombia sí son mucho más altos que en cualquier país desarrollado. ¿Alguien recuerda algún país civilizado en el que se cobre por los servicios según el barrio? De nuevo, los sobreentendidos de la demagogia le impiden al patán entender lo básico. Claro que los productores e inversores pagan impuestos demasiado altos en Colombia, no así los ricos, que hasta tienen exento el 25% de sus salarios. Y claro que en los países desarrollados hasta la gente que gana el mínimo paga impuestos sobre la renta porque todos contribuyen a sostener el Estado. Los que según Melo no pagan impuestos "por ganar muy poco" en países como Suecia pagarían mucho más de un tercio de su sueldo.

La tosquedad y la bajeza del cuento impresionan, pero en Colombia la desfachatez de los criminales es tan impresionante que otro patán diciendo necedades no incomoda a nadie, sobre todo si es un gran académico. "Los ricos" no son los empresarios, que pueden ser emprendedores que viven del crédito. Los ricos son una casta parasitaria y creciente de políticos, jueces, profesores, sindicalistas, buscadores de rentas, etc., que ganan decenas de salarios mínimos casi siempre del Estado y no pagan impuestos. Si se trata de los inversores, que no necesariamente son ricos (pueden ser representantes de fondos en los que invierten sus ahorros jubilados sin muchos recursos de países desarrollados), ciertamente se deben bajar los impuestos para que aumente la inversión y así las posibilidades de empleo.
El supuesto es que si se paga más a los pobres no les darán empleo, y si se cobran altos impuestos a los ricos se llevarán la plata del país. Este argumento, el "desarrollismo" de hace unos 40 años, ayudó a frenar los intentos serios de política redistributiva, los que insistían en reforma agraria o impuestos realmente progresivos, o confiaban en que el mayor ingreso de los pobres se convertiría en demanda para las industrias de bienes populares y bajaría el gasto suntuario.
Sigue con la grosera mentira de que subir el mínimo es pagar más a los pobres y favorecer la inversión es favorecer a los ricos. A los ricos, como el mismo Melo, se les debería cobrar impuestos como en cualquier país civilizado, en los que las ventajas para los inversores son muchísimo mayores que en Colombia.
Por eso la mejor forma de reducir la desigualdad parecería ser mejorar durante algunos años la condición de los ricos y dejar igual la de los pobres, para que algún día, cuando la economía haya crecido bastante, podamos elevar los niveles de vida de todos. Mientras tanto, Angelino es un ignorante y un populista.
Desgraciadamente en Colombia uno está en minoría ante semejantes idioteces. Hay que cobrar más impuestos a los ricos (personas cuyo ingreso sea tres o más veces superior al promedio de la población, ciertamente en forma progresiva) y elevar el nivel de vida de los pobres, la inmensa mayoría de los cuales no tiene trabajo formal. Que se le pase a un académico ese detallito dice mucho de la calidad intelectual del país.

TODA la pobreza de una nación es la calidad de sus clases altas, de sus sabios y líderes. Aunque nadie quiera creerlo, la causa de que tantos millones de colombianos vivan en la miseria es el hecho de que un patán mentiroso semejante sea columnista y profesor. Pero no él, pues ¿dónde están los otros académicos? Podría apostar a que son aún peores.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 4 de octubre de 2011.)

lunes, febrero 20, 2012

Detalles del caso Noguera


Con frecuencia conocer las opiniones de los colombianos es como sumergirse en una exploración sobre los límites de la condición humana. Los estudiantes de los primeros semestres recitan exactamente las mismas frases que recitaban los estudiantes de los primeros semestres en 1970: "Infórmese, no crea todo lo que le dice la televisión". El aire de superioridad intelectual es increíblemente llamativo cuando proviene de personas de unos dieciocho años cuya ortografía deja ver que no han leído nada y ni siquiera han hecho bien la escuela primaria. No hay modo de sacarlos de sus certezas.

Son herméticos. Si alguien quisiera hacer una caricatura de las víctimas del lavado de cerebro que en tiempos de la Guerra Fría se atribuía a los comunistas, no encontraría en todo el mundo mejor ejemplo que las diatribas de los comentaristas de El Espectador o Semana, o en general de los universitarios en Twitter. El hermetismo produce la impresión de que hay algo de nivel biológico que determina esa especie de seres clónicos que produce la universidad: ya se prevé exactamente lo que dirán, y seguro que pasa otro medio siglo y siguen así.

Un ejemplo característico de todo eso es el fervor con que aplauden todos los atropellos de los jueces, que alguna vez serán comprendidos como monstruosidades, como el Holocausto nazi, cuando los estudiosos de países civilizados analicen todo lo que ha estado ocurriendo en esta época en Colombia.

Para esa gente todos los criterios del derecho son un estorbo a la justicia, que conciben como aquello que les gusta. De ahí que ¿quién va a ponerse a explicarles que el proceso contra Plazas Vega es una monstruosidad jurídica? ¿O que en el caso de AIS no hubo ningún delito que pudieran cometer los funcionarios procesados? Bah, ¿quién pudiera esperar que una víctima del "lavado de cerebro" prestara atención a la carta que el ex director del DAS Jorge Noguera dirigió a la fiscal? Cada psicópata de los cientos de miles que producen las "universidades" colombianas tiene como prueba una certeza en el fondo de su corazón y no puede tolerar la posibilidad de atender a detallitos como los que se señalan en dicha carta.
Insistiendo en el caso por el que injustamente acabo de ser condenado (Radicado 32.000), quiero resaltar que de nada valió que en más de 60.000 folios y más de cien videos que componen el expediente se evidencie que:

No existen registros telefónicos, de correo electrónico, fotográficos, fílmicos, documentales, informes de inteligencia, archivos de computadores, acuerdos, pactos o prueba física alguna mía o ajena, que me vincule con paramilitares o con alguna otra organización delincuencial, así como con homicidios, borrados de antecedentes, o entrega de información privilegiada. Al contrario, las investigaciones efectuadas por cada uno de estos delitos arroja que no existe referencia a mí o prueba material alguna en ellas, que me vincule con esos hechos.
¡Qué curioso el silencio de la prensa sobre esta carta y sobre la ausencia de pruebas para condenar a Noguera! Bueno, curioso para uno que supone que a la gente se la condena con pruebas. La universidad colombiana sencillamente previene contra la necesidad de las pruebas. El que lo dude puede hacer la prueba preguntando a algún estudiante o profesor que conozca qué opina del proceso contra Noguera: TODOS lo considerarán culpable, y casi siempre la prueba es que ha sido condenado. Ahí se evidencia una sumisión a la autoridad que patéticamente se expresa como rebelión contra la autoridad (es decir, sumisión al profesor que manda al estudiante a matar policías). Quienes leemos con atención la prensa colombiana tenemos que suponer que Noguera es inocente, pues casi todas las condenas que afectan a funcionarios del anterior gobierno son iniquidades. En esa inocencia hace hincapié Plinio Apuleyo Mendoza, que describe la condena como "otro horror". En la inocencia de Noguera debe creer cualquier persona decente, no porque se pretenda saber todo lo que ocurrió, sino porque la presunción de inocencia es un principio jurídico y lo que sale de la carta del acusado es que no se ha comprobado ninguna acusación.

Sería sencillísimo responder a lo que señala Noguera, y el tremendo poder mediático se aplicaría a ello si pudiera: la única "prueba" en que se basa la condena es el testimonio de Rafael García, el cual es ya una leyenda de la historia judicial en Colombia por el montón de mentiras que es capaz de decir. Copio otros párrafos de la carta:
Ningún comandante, mando medio o paramilitar raso de este país me señaló como colaborador de las AUC. Al contrario, los principales comandantes de las autodefensas en el Bloque Norte: Mancuso, Jorge 40, Don Antonio, Hernán Giraldo, José Gelves, Nodier Giraldo y Javier Ochoa, han señalado expresamente lo contrario ante justicia y paz y en mi proceso.

No existe prueba o indicio alguno siquiera, de mi participación en el homicidio de Alfredo Correa de Andreis u homicidio alguno. Al contrario, Edgar Ignacio Fierro, alias Don Antonio, determinador del homicidio de Correa, aseguró expresamente ante Justicia y Paz en el año 2007 y en mi Juicio en 2010, que ni yo ni funcionario alguno del DAS participó en tal homicidio. Incluso en el proceso por la muerte de Correa tampoco surgió indicio alguno de tal participación.

No existe registro, informe de inteligencia o prueba alguna en general, de la pertenencia de Rafael García a las AUC, sin embargo, la administración de justicia lo graduó como paramilitar al darle credibilidad a lo afirmado por él en este sentido, con el fin de justificar el supuesto conocimiento de García sobre mis presuntas relaciones con los paramilitares. Al contrario de esta supuesta membresía, todos los paramilitares y comandantes que declararon en el proceso tales como Mancuso, Jorge 40, Hernan Giraldo, Don Antonio, José Gelves Albarracín y Nodier Giraldo, entre otros, aseguran que García jamás perteneció a las autodefensas y que es un mentiroso. Llama la atención que a pesar de la posición adoptada por el poder judicial, éste jamás haya investigado a García por paramilitarismo, ni este delincuente se haya desmovilizado, si fuera cierto que fue paramilitar.

Frente a la falta de credibilidad de Rafael García, puede agregarse que fueron comprobadas oficialmente sus falsedades en las acusaciones que me hizo por mi supuesto complot contra el Gobierno de Venezuela y el asesinato del Fiscal de ese país, Danilo Anderson (caso archivado por la Fiscalía); por mi supuesta conspiración con la DEA y Presidencia de la República, contra la empresa Llanos Oil (archivado por la Fiscalía); por mi presunta celebración indebida de contratos (archivado por la Fiscalía); por mi supuesta concusión y cohecho (archivados por la Fiscalía); por mi supuesto fraude electoral presidencial en 2002 (archivado por la Fiscalía), entre otros. Naturalmente, la joya de la corona para los medios y la Fiscalía era el tema del paramilitarismo y los homicidios de sindicalistas y personas de izquierda, así no se contara con más elementos para perseguirme, que los contradictorios y profusamente desmentidos señalamientos de Rafael García.
En el proceso por el cual acabo de ser injustamente condenado, absolutamente todas las personas que Rafael García señaló como testigos de sus acusaciones contra mí, lo desmintieron categóricamente. Igualmente evidencié documentalmente en varias oportunidades ante la Fiscalía y la Sala Penal de la Corte Suprema, la infinidad de contradicciones en que incurrió García en sus múltiples testimonios ante la administración de justicia.

En contraste con todo lo mencionado anteriormente sobre García, el Ministerio Público y el Fiscal General se expresan de él en los siguientes términos:

“Para ir sintetizando, en criterio del Ministerio Público. RAFAEL ENRIQUE GARCÍA TORRES es un testigo preciso y ordenado en su discurso, moderado y, sobre todo, altamente creíble e idóneo.” (folio 172 del escrito de acusación que presentó el Fiscal General en la Corte Suprema de Justicia)

Otro ejemplo que evidencia la parcialidad del Fiscal General en su indebido propósito de acusarme en cumplimiento del mandato de algunos medios de comunicación, lo constituye la cantinflesca reflexión que hace este funcionario acerca de las negativas que hacen los jefes paramilitares sobre los señalamientos falaces de García:

“Que no tenga respaldo la declaración de García Torres, según planteamientos de la defensa, en lo atinente a los cargos que le hace a NOGUERA COTES, por parte de los reconocidos miembros de los grupos criminales de las autodefensas: Nodier Giraldo, Hernán Giraldo, José del Carmen Gelves Albarracín, Jorge Cuarenta y otros testigos citados, no tienen el alcance de desvirtuar lo afirmado por Rafael García. Es entendible que estas personas, no quieran comprometerse en respaldar las deposiciones y cargos que le hizo García a NOGUERA, en primer lugar porque les puede implicar acciones penales en su contra, no renuncian a la protección constitucional de guardar silencio o de autoincriminación, están dentro de un proceso de verdad y justicia, con puntuales beneficios por su colaboración y reparación a víctimas.” (Providencia del Fiscal General del 30 de julio de 2007, mediante la cual niega reponer la medida de aseguramiento proferida en mi contra el 6 de julio de 2007.)
El interesado en conocer el caso debería leer con atención la carta completa, cuya conclusión es que la condena tiene por objeto favorecer algún tipo de persecución judicial contra el ex presidente Uribe. La labor de los más hediondos sicarios morales la precede. Por ejemplo, Óscar Collazos no vacila en explotar una supuesta carta de Correa al ex presidente Uribe, como si éste fuera el jefe de los fiscales. Pero la desfachatez de ese personaje, cuya bajeza no es menor que la de los pobres rústicos que secuestraron a la hija del alcalde de Arauca, le permite escribir perlas como ésta:
Tres hipótesis: conoció la carta y calló; la carta radicada en Palacio se quedó en algún filtro de asesores que prefirieron no fastidiar al superior con la súplica de un "terrorista" o la carta fue devuelta a Noguera "pa' que me arreglés ese asuntico, doctor Jorge".
Es siempre TAN difícil que los colombianos entiendan que las calumnias de estos miserables son parte de las masacres, que son los mismos crímenes. No hay nada que relacione a Noguera con el crimen de Correa, como se explica en la carta, pero el repulsivo sicofanta no vacila en usar el prevaricato de unos miserables para expandir la calumnia.

Claro que con todo derecho se podrá decir que la carta no es prueba de nada. Lo que pasa es que ¿dónde hay una argumentación en contrario, una prueba distinta a la declaración de Rafael García, cuya trayectoria como "testigo" ha sido reseñada en este blog? Sería sencillísimo refutar la carta de Noguera si hubiera con qué. Pero al final es un montaje similar al de Plazas, en el que incluso estuvo involucrada la misma fiscal, y la orientación de los jueces es la misma de centenares de infamias que todo el mundo conoce.

Todo funciona porque además del poder judicial y la prensa dominan las instituciones educativas y mantienen una chusma fanatizada que aplaude cualquier infamia a cambio del halago que les regalan en forma de reconocimiento a sus rutinas mentales y condena de toda productividad.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 3 de octubre de 2011.)

miércoles, febrero 15, 2012

La joya de la corona



(Publicado en el blog Atrabilioso el 30 de septiembre de 2011.)

viernes, febrero 10, 2012

Diez daticos de interés para los electores bogotanos

La estrategia del chavismo para conservar la Alcaldía de Bogotá y preparar un asalto a la presidencia en 2014 tiene enormes probabilidades de triunfar gracias a la hegemonía con que cuenta en los medios de comunicación, al apoyo velado del gobierno de Santos y al poder de las maquinarias y clientelas del samperismo y del Polo "Democrático".

Ciertos hechos objetivos no se pueden cambiar, como que por todo lo anterior Petro tendrá una votación alta, más cuando se desinflen las campañas de Mockus y Suárez, que o bien se sumarán a la de Petro o bien generarán una apatía que hará que en aras del voto útil el pueblo mamerto prefiera al "progresista". Pero también que todos sumados son una minoría en el conjunto de la ciudad y en ningún caso se acercarán a la mitad de los votos.

Lo que sí puede cambiar es la determinación de los que quieren librarse del gobierno de los comunistas y sus aliados. Para invitar a la reflexión he elaborado un decálogo de razones que creo que merecen atención.

1. Al ser la elección a una sola vuelta, se adelanta la segunda. Sólo pueden ganar Peñalosa o Petro.
La presión de la propaganda a que andan dedicados los medios no busca sólo que la gente escoja al antiguo candidato presidencial del Polo Democrático, al antiguo amigo de Chávez y al antiguo dirigente de la organización que asaltó el Palacio de Justicia financiada por Pablo Escobar, sino sobre todo que se olvide el carácter definitivo de la elección. Un rumor calumnioso por aquí, una entrevista halagadora a un candidato distractor por allá, algún lamento por la incomodidad de viajar en Transmilenio para aliñar (gracias a lo cual la audiencia se ve elevada al rango de bienestar de una ciudad suiza)... Al final parece que se buscan afinidades personales y el adolescente que no vota por Petro lo hace por Gina Parody. Nadie debe olvidarlo: un voto por esos candidatos es medio voto por Petro, lo mismo que el voto en blanco o la abstención. Si no se concentra el voto de rechazo al chavismo, el triunfo lo tienen asegurado.


2. Petro es el candidato del poder: del gobierno, de los medios de comunicación, del Polo Democrático que rige la ciudad, de la Corte Suprema de Justicia, de las FARC, de las universidades, de Samper, de los sindicatos, etc.
Juan Manuel Santos aspira a terminar su "mandato" (palabra que quería decir "mandado" y en Colombia ya se entiende como "periodo en el que alguien manda") como el que por fin le pudo poner el cascabel al gato y consiguió que las FARC se avinieran a desmovilizarse a cambio de poder y reconocimiento. Con ese fin está María Emma Mejía en Unasur y "trabaja" Baltasar Garzón en Colombia. Pero ese proyecto, que sólo ha servido para envalentonar a los terroristas a tal punto que su amenaza es hoy mucho peor que hace dos años y que multiplicará los crímenes sin ningún resultado, necesita ser legitimado por una votación popular a un candidato de "izquierda". Por eso el respaldo de los partidos de la Unidad Nacional a candidatos que no tienen ninguna esperanza de ganar pero sí pueden distraer votos que se creen de rechazo al actual desbarajuste de la ciudad. Ni que decir tiene que el poder judicial necesita ver refrendados sus crímenes por la ciudadanía (Petro incluso calumnió al coronel Plazas Vega, víctima de un montaje judicial que en otro país tendría en la cárcel a la fiscal y la juez, pero no en el país en el que los secuestradores dan clases de moral). Sobre la parcialidad de los medios no creo que haga falta insistir. No se puede olvidar: el triunfo de Petro es un paso adelante hacia la integración de Colombia en el eje bolivariano.

3. A pesar de que no se elige presidente ni Congreso, la mayoría tiene que hacerse oír ante el giro de Santos. ¿O no es mayoría? ¿O de repente la prensa consiguió que la mayoría de los bogotanos quieran que Colombia caiga en manos de las FARC y se premien sus crímenes?
Por lo explicado en el punto anterior, tanto si se trata de la negociación con las FARC como si el problema es la persecución de los medios y el hampa judicial contra Uribe y su gobierno, cualquier distracción de los votantes que permita ascender a Petro se entenderá como refrendo a todo lo que ha ocurrido en este año de infamias. La persecución a Uribe parece algo distinto a la negociación con las FARC, pero el único objeto de aquélla es legitimar ésta. Cuando uno presta atención a las razones particulares de cada uno de los que odian a Uribe, siempre se encuentra en el fondo el anhelo de continuar las negociaciones de paz que tantas rentas produjeron en los ochenta y noventa a las buenas almas que el año pasado promovían a Mockus y ahora a Petro. Los votos francos o taimados a Petro lo son a favor de los sicarios morales que calumnian pagados por Chávez y a todos los que se lucran de los secuestros y el tráfico de cocaína, y también a favor de los "jueces" que prevarican un día sí y otro también por los mismos incentivos.

4. No se ha planteado un debate serio sobre los problemas de la ciudad. El malestar por el mal funcionamiento de Transmilenio pretende descalificar el sistema para favorecer a los que lo han hecho colapsar.
Todo el mundo recuerda las burlas sobre Transmilenio de la clase de gente que se desplazaba en carro desde hace varias generaciones. No es sorpresa que después se generalizaran a tal punto que todo el mundo parece haber olvidado lo que había antes. Es el efecto de la propaganda, que hace creer que el sistema es inepto y que la ciudad seguirá colapsada mientras no haya metro. De momento se olvida que durante los ocho años en que la ciudad ha estado en manos del Polo Democrático no se ha avanzado mucho en la construcción del metro; se olvida hasta que Petro tuvo enorme influencia en esas administraciones. ¿Qué hará el próximo alcalde con la movilidad? La propaganda contra Transmilenio no impedirá que siga siendo el principal medio de transporte, y que sea necesario corregir los problemas que tenga ahora y pensar en completar las fases pendientes. En el largo plazo, el trancón perpetuo sólo se reducirá cuando se aprovechen las zonas céntricas hoy degradadas para hacer barrios modernos, con vías amplias, espacios para estacionar, edificios altos y organización que impida la congestión. La sucia propaganda negra contra Peñalosa no ayudará en nada al próximo alcalde para ofrecer mejores soluciones de movilidad. Y lo mismo se podría decir de los demás problemas: Petro parece contar con que a la gente la ilusiona con propuestas audaces que le permiten olvidar lo que hizo su partido y el estado de la ciudad, una vez convertido en alcalde todo seguirá igual.

5. Despotricando de Transmilenio la propaganda pretende hacer olvidar el contenido de la administración de Peñalosa entre 1998 y 2000.
Lo que la gente comenta y tiene en cuenta es lo que le presentan los medios. ¿Alguien recuerda un solo comentario de la prensa o la televisión sobre la lucha por el espacio público de los peatones que caracterizó la corta administración de Peñalosa, hace ya más de diez años? ¿Y el éxito de los colegios en concesión, que a un tiempo elevaron drásticamente la calidad de la educación de muchos barrios populares y redujeron el gasto? ¿Y las ciclorrutas, que fomentan una forma de desplazamiento menos congestionante y contaminante? Todo eso se olvida ante el ingenio de los comedores populares virtuales, la rabia contra Transmilenio y muchos otros temas de la propaganda. Sencillamente hay una ciudadanía desplazada por las estructuras jerárquicas tradicionales, por las mafias del transporte o la venta ambulante y por las organizaciones sindicales ligadas al chavismo (no hay que olvidar que la antigua presidenta de Fecode y actual senadora del PDA, Gloria Inés Ramírez, figuraba en los computadores de "Reyes"), ciudadanía a la que Peñalosa como alcalde intentó defender ganándose el rechazo de los que sacan provecho del desorden y la miseria. La alternativa a la reforma que intentó Peñalosa es el gobierno del PDA o chavismo, que ya lleva ocho años haciendo de las suyas en la ciudad, y que seguiría en las mismas con Petro.

6. Entre todos los candidatos el único que ha mostrado aptitud como gestor es Peñalosa, y sus logros fueron enormes dado el poco tiempo que ocupó la alcaldía.
Muchos miles de votantes no recuerdan la ciudad de antes de 1997, otros la han olvidado, otros la recuerdan con nostalgia porque no había restricciones para estacionar y había muchísimos menos carros... Lástima que no haya modo de trasladar a la gente a esa época para ver los cambios que introdujo Peñalosa, no sólo el sistema que durante mucho tiempo, antes de que la ciudad cayera en manos del chavismo, permitía llegar del extremo norte al centro en mucho menos tiempo que cualquier otro medio de transporte, y a la vez permitía desplazar a una cantidad considerable de pasajeros. En los tres años de Peñalosa se construyeron megabibliotecas, megacolegios y muchas otras infraestructuras útiles a la ciudadanía. No en balde es un experto en urbanismo reconocido mundialmente. En comparación, la trayectoria de Petro después de que los asesinatos y secuestros que ordenó quedaran impunes, sólo ha consistido en la calumnia contra el gobierno que redujo radicalmente las tasas de homicidio y secuestro y en la obstrucción a la política de Seguridad Democrática, en aras de una negociación con los terroristas que era la propuesta central de su partido.

7. El estilo de gobierno de Peñalosa fue rotundamente distinto del que puso en práctica el Polo "Democrático" y seguiría con Petro, candidato que se basa en alianzas con las maquinarias y clientelas.
No se debe olvidar que los nombramientos que llevó a cabo Peñalosa estuvieron más orientados a reconocer el mérito que a ejecutar las típicas componendas con mercaderes de la política. No formó un gabinete pensando en los votos que podrían darle aquellos a quienes nombrara sino en su capacidad de llevar a cabo la tarea encomendada. El resultado de dicha actitud, radicalmente contraria a la que se vería después en los ocho años del Polo Democrático, fue la ejecución de obras importantes y el mejoramiento de la calidad de vida de los bogotanos.

8. Gustavo Petro no sólo fue parte del Polo Democrático que destruyó a Bogotá, sino que él mismo está acusado de diversos episodios de corrupción.
La controversia con Iván Moreno dejó ver la clase de "activismo" que desarrollan estos personajes en Colombia: presiones para nombrar a sus "fichas" en puestos clave, lo que ocasiona su ruptura con los Moreno, forcejeos de intereses económicos espurios, presiones para adquirir el control de los partidos y las entidades públicas, etc. También hay rumores que aseguran que Petro era la ficha clave de los Nule en el Congreso y que recibió financiación de la mafia del chance en el Tolima. La financiación de sus campañas deja ver toda clase de juegos turbios, y probablemente maquinaciones para recibir incentivos bolivarianos sin que se note.

9. Las promesas de campaña de Petro dejan ver un claro interés por obtener votos a toda costa sin evaluar la viabilidad de lo que promete.
El elector y el lector deben recordar que el candidato más opcionado para ocupar la Alcaldía es Petro, que recibirá el refuerzo (abierto o taimado) de Mockus y el PDA, de modo que vale la pena atender a lo que promete hacer como alcalde. Al respecto, en la página No me crea tan pendejo analizaron las diversas promesas del candidato, demostrando que su costo es muy superior a lo que la ciudad puede gastar. Como si el pasado terrorista, la relación con Chávez y la ideología totalitaria no fueran suficientes, el candidato representa lo peor de la política tradicional, con el reparto de puestos, la financiación dudosa, las promesas irrealizables y el halago de la ignorancia de los votantes. No es raro que se le sumen los samperistas.

10. Al margen del resultado en las elecciones a la Alcaldía, también se elige un nuevo Concejo y nuevas JAL.
Mientras que la preferencia personal cuenta poco a la hora de elegir alcalde dada la polarización en dos candidaturas, los votantes deberían prestar atención a la elección de concejales y ediles: por muy funesto que haya sido el PDA para la ciudad, cuenta con clientelas y recursos formidables, por lo que si los votantes uribistas se distraen podría haber una sorpresa en forma de un Concejo y unas JAL dominadas por los chavistas. El mismo forcejeo por el control de la Alcaldía se dará en el Concejo y la principal baza del PDA es la indolencia de la gente, que rara vez se decide a conocer las ideas, valores y propuestas de los candidatos a estas corporaciones.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 27 de septiembre de 2011.)

domingo, febrero 05, 2012

La "paz" perpetua


Sobre la paz perpetua es el título de un libro de Immanuel Kant sobre la posibilidad de evitar las guerras. Para entender la falsedad de la "paz" de que habla este gobierno y la prensa amiga basta recordar la historia de las negociaciones de paz de los gobiernos colombianos con las organizaciones armadas comunistas: lo que ha significado esa "paz" es exactamente asegurar que siempre haya guerra. Esta vez será lo mismo, y puede que aún peor.

El motivo es simple: una minoría violenta dispuesta a imponerse por el terror se podría comparar con un atracador, ¿qué pasa cuando lo hacemos merecedor de la mitad de nuestro salario? Obviamente aparecerá al mes siguiente, convencido de que finalmente obtendrá lo que pretenda.

El motivo de fondo es más complejo: el orden social conserva los rasgos de esclavismo, ocupación y despojo de la sociedad colonial. La minoría violenta termina siendo mejor aliada de la minoría dominante que el resto de la población y derrotarla sería peligroso para la elite heredera del viejo orden, que se vería expuesta a una sociedad competitiva. De ahí que cada vez sea más clara la identidad entre los linajes relacionados con el poder y el "pacifismo" dispuesto a aliarse con los representantes urbanos de las organizaciones armadas y aun a ejercer de tales.

Un ligero repaso a la historia de dichas negociaciones debería permitirnos comprender la forma en que negociando la paz se multiplica el poder de los terroristas. Cuando ascendió a la presidencia Belisario Betancur, este advenedizo conservador encontró en la negociación con las FARC la forma de quedar en la historia. Con ese fin permitió a una organización muchísimo más pequeña que lo que sería al final de su mandato expandirse por diversas regiones y hacer proselitismo. En aras de la paz un ejército enemigo copaba el territorio que antes le estaba vedado y su partido amigo expandía su poder en el mundo sindical y en el universitario gracias al poder de los frentes armados. ¿Qué paz era ésa? Sencillamente el poder de las diversas organizaciones comunistas se hacía benévolo respecto del gobierno, tal como hemos visto que ocurre en el último año con Santos.

La "paz" era sólo una estratagema de los agresores, que siempre podrían exigir más y más mientras negociaban mientras expandían sus negocios y su poder. Eso mismo ocurrió con la negociación de ese gobierno con el M-19, que sólo envalentonó a la entonces minúscula estructura del Hermano Mayor del actual presidente.

Tras el fracaso de Betancur los comunistas encontraron la fórmula con que operan desde entonces, y que aplicarán después de negociar con Santos: los del campo secuestran y matan cada vez más, los de la ciudad se dedican a buscar caminos hacia la paz, "creación de confianza", intermediación, defensa del derecho internacional humanitario, creación de organizaciones de derechos humanos y de colectivos de abogados, etc. El principal fruto de la negociación de Betancur fue la completa impunidad en que quedaron los dirigentes del Partido Comunista Colombiano que antes habían dirigido los crímenes de las FARC. No sólo Manuel Cepeda sino también Angelino Garzón y muchísimos otros criminales.

Los procesos de "paz" de los gobiernos siguientes tuvieron el mismo efecto: los grupos criminales derrotados ascendían a la calidad de políticos o politólogos financiados copiosamente con recursos públicos mientras que los que podían seguir operando expandían el negocio. Los reinsertados y amnistiados se dedican a labores más cómodas que castrar policías o sembrar minas, propiamente, a cobrar esos hechos.

Lo que se ha demostrado es que sólo se redujeron los crímenes terroristas cuando efectivamente se combatió a las bandas, durante el gobierno de Uribe, mientras que en todos los intentos de negociación se multiplicaron. Exactamente el premio que han obtenido los que se avienen a quedar impunes y ricos es el acicate que anima a los demás. Y no hay ningún misterio en eso, porque las negociaciones de "paz" con los terroristas convienen a algunos gobernantes pero no a la población, tal como según la obra de Kant ocurría con las guerras.

Si suponemos que dentro de unos meses Alfonso Cano, Timochenko y los demás determinadores de masacres quedan tan impunes, limpios, prestigiosos, ricos y bien relacionados como León Valencia y Gustavo Petro, eso de ninguna manera significará que vaya a haber menos secuestros ni menos masacres. Cualquiera que aspire a tales beneficios creará una disidencia radical gracias a la cual los actuales líderes de las FARC pasarán a ser intermediarios de paz y defensores de los derechos humanos. Es un destino grato, ¿cómo renunciar a él si lo único que hay que hacer es lo que llevan décadas aprendiendo?

Insisto, el misterio de que eso siga ocurriendo, de que todas las clases acomodadas sigan tan impertérritas ante las infamias judiciales y el ascenso de los terroristas, es que ese orden tiene un arraigo profundo. No es por casualidad por lo que los chavistas mandan en la mayor parte de la región. Los "intelectuales" bogotanos, el millón de personas que se dice que han acabado una carrera universitaria o lo están haciendo y habitan la ciudad, tienen en los filántropos como León Valencia un modelo, en su día soñaron con el socialismo y su corazoncito sigue siendo antiyanqui y solidario con Cuba. Ésa también es la principal ventaja que tiene el candidato Petro, cuya victoria le es tan necesaria a Santos para legitimar la negociación con las FARC, más que los inagotables recursos bolivarianos, que la obstinación de la prensa en favorecer a los candidatos que distraerían votos de su rival, que el vasto clientelismo limosnero de los comedores comunitarios y aun que las presiones de las milicias favorecidas desde las alcaldías menores a su favor. Las negociaciones de "paz" y su previsible resultado en términos de multiplicación del crimen aseguran la persistencia de un orden grato a esa parte de la sociedad, mientras que sus supuestos adversarios vacilan entre esperanzarse con una monarquía absoluta ya irrealizable y la redención que vendría del afortunado filántropo caritativo que hoy ocupa la vicepresidencia y que hace menos de tres décadas encargaba masacres y secuestros desde el Comité Ejecutivo Central del Partido Comunista Colombiano.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 21 de septiembre de 2011.)

miércoles, febrero 01, 2012

Los procesos de Bogotá


La aplicación del llamado "Principio de oportunidad" en el caso del ex ministro Andrés Felipe Arias es una monstruosidad jurídica que equipara a los prevaricadores totalitarios que hoy por hoy dominan el poder judicial en Colombia —incentivados por las presiones de los ex presidentes aliados de Chávez, la fuerza tranquila de Asonal Judicial y los tremendos incentivos económicos del sueño bolivariano— con sus antecesores del Tribunal de la Inquisición. Y más aún con el régimen estalinista.

Sencillamente, expuesta a la perspectiva de otro periodo en la cárcel y quién sabe si una condena, la señora Camila Reyes del Toro dice lo que le ordenan decir. Confiesa lo que haga falta, como haría cualquiera en su situación. Como la mayoría de los dirigentes bolcheviques de la vieja guardia que incomodaban a Stalin o como el protagonista de la película La confesión de Costa Gavras.

Lo que no es tan previsible ni tan fácil es el silencio de la sociedad. La prensa es de nuevo el órgano del interés de los terroristas, tal como lo ha sido desde hace décadas. Pero en Colombia todavía hay libertades y parece que la presión conjunta de la propaganda y la unanimidad de los agentes políticos en torno al gobierno y sus alianzas terminan adormeciendo a los ciudadanos, pues no se ven protestas, ni siquiera en las redes sociales, ante semejante infamia.

Un rasgo idiosincrásico que llama la atención de Colombia es el hecho de que el comunismo siga siendo algo prestigioso. La gente protesta porque las FARC son mafiosas y trafican con cocaína y no son verdaderas guerrillas, como si las verdaderas guerrillas sí fueran respetables. Del mismo modo se quejan de las acciones de guerra de esa banda asesina, pero no condenam sus propósitos, que son mucho peores que esas acciones de guerra. Comparado el sufrimiento de los colombianos a manos de las bandas terroristas con el de los ciudadanos de países que han caído en manos de los comunistas, resultaría como el de alguien a quien miran mal por la calle comparado con el que vive años secuestrado.

Pues hete aquí que los jueces están sometidos a una organización comunista (Asonal Judicial, fundada por el líder comunista Jaime Pardo Leal) y son en medida muy considerable adeptos de esa ideología. Sus crímenes, ligados siempre a diversos intereses mafiosos, ahora a los del lamentable tartamudo que lleva a Colombia camino del Alba y de la dictadura bolivariana, les resultan justificables tal como a los verdugos soviéticos de los años treinta les parecía estar a un tiempo rodeándose de lujos y haciendo avanzar la historia.

Ojalá algún día se entienda que la unanimidad totalitaria de las facultades de derecho no es algo baladí. En la Universidad Libre, de cuya facultad de Derecho era decano Pardo Leal, se enseñaba que "El derecho no es más que la voluntad de la clase dominante erigida en ley". De ahí el activismo de tanto justiciero que en la condena del capitalismo y de la propiedad privada ve ocasión de prosperar y hacerse amo.

¿Qué dicen los demás juristas de las absurdas acusaciones de la ex funcionaria contra su antiguo jefe y del procedimiento porque fueron obtenidas? Hay un silencio generalizado, fruto sin duda de la intimidación, pero también de la indigencia intelectual en que los totalitarios tienen sumido al país. Si consiguieron que el país de Tolstói, Kandinsky y Shostakóvich llegara a ser el erial que es hoy, ¿qué no harán con países cuya cultura es más o menos rival de la de Angola, Chad, Camboya o Eritrea?

Queda el testimonio de una protesta aislada, que lanzamos desde aquí: ese proceso es una infamia absoluta, es pura aplicación del delito de autor, una descarada persecución política apoyada por el presidente y su gobierno. El método de forzar la delación y la autoinculpación a cambio del perdón es típica tortura de regímenes antidemocráticos, y el silencio y la indolencia de la sociedad anuncian catástrofes humanas mucho peores.

En últimas, quien tolera que a la gente la secuestren legalmente porque incomoda al poder tampoco encontrará quien sufra por su libertad ni por su vida. La cobardía del colombiano, su disposición a someterse a unos asesinos encorbatados que hablan enredado (ahora también como si tuvieran una papa en la boca, dado que la afiliación comunista es la forma correcta de prosperar y asegurarse lujos), es el preludio del triunfo de cualquier monstruo que se imponga como lo han hecho los comunistas: castrando gente en público y lanzando cilindros de gas contra iglesias. La indiferencia ante la infamia termina siéndolo ante la propia vida.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 20 de septiembre de 2011.)

viernes, enero 27, 2012

Malentendidos uribistas


El protagonista
La política colombiana sigue girando alrededor del ex presidente Uribe Vélez, y el motivo de que eso sea así es la persistencia de la actividad de las organizaciones terroristas y su vastísima red de cómplices, ahora incentivados por la generosa solidaridad de la hermana república petrolera y promovidos por el propio gobierno, que espera formar una mayoría hegemónica con los diversos aliados de Chávez en Colombia y aceitar la maquinaria con los crecientes ingresos provenientes de la exportación de materias primas. Uribe fue hace diez años el candidato que expresaba el hastío de la mayoría de los colombianos con dichas bandas y durante su gobierno se hicieron grandes esfuerzos para combatirlas, con bastante éxito. Como gobernante, se encontró con la tarea de hacer frente a los principales factores de atraso del país, y también en este campo se puede asegurar que son mayores los logros que los yerros. Se consiguió un crecimiento económico próximo a la media de la región, pese a que los demás países no tenían que hacer el esfuerzo de guerra.

La persecución
El conjunto de los enemigos de Uribe basta para explicar por qué hay terrorismo: no son unos cuantos miles de malhechores perdidos en selvas y crueles laderas sino poderes formidables que intentan defender viejos privilegios. Por mucho que intenten ocultarlo, todos los antiuribistas son solidarios con la ex senadora Piedad Córdoba y con los propagandistas de las bandas criminales, como Alfredo Molano, León Valencia y varias decenas de columnistas de los grandes medios. Los atropellos judiciales (el último fue la absolución de Nicolás Castro) dejan ver el perfil de una tiranía claramente ligada a la industria del secuestro, por no hablar de las diversas mafias de la exportación de cocaína. El gobierno Santos consiguió reunir alrededor suyo a todos esos sectores, con lo que el país volvió a ser la narcodemocracia que denunciaba algún embajador estadounidense en los noventa. El viejo control de los sindicatos estatales por el Partido Comunista sirve hoy en día para explotar de forma obsesiva la vieja rutina totalitaria de los "cinco minutos de odio" en las escuelas, colegios y universidades. El Goldstein de turno es el ex presidente.

Los uribistas
La probabilidad de ser uribista aumenta a medida que se aleje uno de los círculos "intelectuales" bogotanos, de los cocteles y las relaciones personales con personas de alta alcurnia. La ideología que profesan los uribistas es una vaga mezcla de conservadurismo, defensa del capitalismo y nacionalismo. Lo característico es el rechazo de las guerrillas y de la "bigornia" que prospera haciendo presión para que se premien los crímenes, y la lealtad al líder. Como todos los demás sectores políticos colombianos, los uribistas se describen como demócratas, pero, como todos los demás sectores políticos colombianos, entienden por "democracia" lo que les resulta grato. Uno de los argumentos preferidos de los uribistas es que Uribe es un demócrata incuestionable porque acató la sentencia de la Corte Constitucional que prohibía un referendo para otra reelección, como si pudiera hacer otra cosa y como si el intento de abolir la legalidad (que es lo que se hace cuando se cambian las leyes cada vez que conviene) fuera excusable por el hecho de fracasar.

Reeleccionismo
El principal político de relieve que se caracterizó por defender públicamente la segunda reelección de Uribe fue Juan Manuel Santos. Alrededor suyo se agruparon los políticos y aspirantes a cargos públicos que defendían esa opción y que modificaron su actitud respecto de la negociación con los terroristas en cuanto lo hizo su jefe. Es decir, la inercia que llevaba a los congresistas y funcionarios a defender la continuidad de Uribe en el cargo tenía que ver con el afán de conservar sus puestos y no propiamente con la defensa de ninguna clase de valores, ni siquiera de lealtad con el nombre que usaron para hacerse elegir. Las innumerables infamias de la Comisión de Acusaciones y las alianzas con el poder judicial mafioso, por no hablar de la Ley de Víctimas y la que autoriza a negociar con las FARC, son respaldadas por los miembros de esos partidos "uribistas".

Los leales
Pero los ciudadanos que no aspiran a cargos públicos y rechazan a los terroristas se mantienen leales al ex presidente. Tal como hace diez años Uribe era el adalid del rechazo a las FARC y a la disposición de Pastrana a premiarlas, hoy en día sigue siendo para mucha gente el símbolo de grandes éxitos contra el terrorismo y de una actitud firme ante esas bandas. El problema de esa disposición, que sin duda hace justicia al ex presidente y que es doblemente justificada por la persecución de que es víctima y por la calaña de los perseguidores, es la extrema vaguedad de las convicciones de esos partidarios, más allá de su rechazo a las FARC, y la absoluta falta de visión crítica respecto a las actuaciones de su líder. Eso conduce a la triste paradoja de que muchos de esos leales se ilusionen con una Asamblea Constituyente que Uribe rechaza, y aun que crean que hay una ruptura con el actual presidente, que podría llevar a conformar una fuerza política distinta. La realidad es otra, recientemente, el político más próximo a Uribe, Óscar Iván Zuluaga, afirmaba que reelegiría a Santos.

Pinochet y Fujimori
Lo que define a los uribistas es sólo el rechazo al bando aliado de los terroristas, por lo que abundan las personas que equivalen a las que en Chile apoyaban a Pinochet y en el Perú a Fujimori. No es que Uribe se parezca a ellos, pero el estilo de muchos partidarios sí es similar. Por eso es agotador explicarles que la solución a todos los problemas no es una nueva presidencia de Uribe, ni que en las democracias suele haber partidos cohesionados por idearios claros y dados a representar intereses concretos. Muchos de los uribistas fueron en su día votantes de Mockus y partidarios de la antipolítica. Otros admiten que hace falta un partido cohesionado en torno a unos valores pero son sordos cuando el propio Uribe defiende la Unidad Nacional y se concibe como líder suprapartidista: cada uno es libre de interpretar al líder según sus propias inclinaciones, lo que no se puede hacer es criticarlo.

Limitaciones
La traición de Santos y casi todos los políticos "uribistas" la perciben los ciudadanos de esa corriente como una tragedia en la que el ex presidente y su sanedrín tienen poco que ver. Pura mala suerte. Pura perversidad de un desalmado capaz de arrastrar a los partidos uribistas a la negociación con las FARC y a la alianza con Chávez aun a pesar de las advertencias del ex presidente. Cualquier discrepancia de ese análisis es contestada con ira. Pero pese al admirable esfuerzo de esos ocho años, la verdad es que las cosas volvieron a estar como estaban, y en gran medida la causa de eso fue la propia incuria del ex presidente, que podría haber promovido un cambio constitucional, creado un partido coherente, dejado un heredero leal, controlado las instituciones educativas públicas... y no hizo nada de eso. ¿Qué proporción de las personas que salen de colegios o universidades públicos actualmente son enemigos fanatizados de Uribe? A juzgar por lo que sale en Twitter, son la inmensa mayoría. La administración de justicia siguió en manos de Asonal Judicial y la educación en manos de Fecode.

El futuro
Como tampoco se ha pensado en promover medios de prensa contrarios a la orientación de los que posee la oligarquía, la manipulación del público es sencillamente inevitable, a lo que se suma el control de la educación por el mismo bando. Eso favorece el plan de Santos de negociar con las FARC, a lo que se opondrá una minoría menguante en las redes sociales. Pese a lo que cree Fabio Echeverri Correa, la guerra contra Uribe la dirige Santos, a quien obedece la gran prensa, y la negociación con los terroristas empezó aun antes de la posesión, lo que explica la enorme satisfacción de Chávez. Es para presionar con los ejércitos de Unasur una rendición ante las FARC para lo que está en la secretaría de dicha organización María Emma Mejía, aliada de la banda criminal, y para lo que fue invitado a Colombia Baltasar Garzón. Por desgracia, pese a los sueños de los uribistas, eso prosperará: los partidos "uribistas" lo apoyarán y el propio ex presidente es incapaz de romper con ellos. La persecución judicial no tiene otra respuesta que el lloriqueo y uno que otro alegato o recurso, que sin duda motivará carcajadas entre las autoridades judiciales. El adoctrinamiento en las universidades es el mismo del último medio siglo...

Tres décadas
El fervor de una multitud que sigue a su líder y anhela su presidencia perpetua configura una corriente de opinión que seguirá teniendo influencia por mucho tiempo, pero será completamente ineficaz para contener el programa de Santos y los grandes poderes. De eso no se saldrá mientras no haya un partido de la libertad capaz de alcanzar cierta hegemonía, mientras no se cambie el poder judicial mafioso, mientras el marco legal legitime el asesinato como forma de hacer política y dé lugar a la tiranía de unos prevaricadores, mientras no haya una prensa veraz y seria, mientras no haya un esfuerzo serio de denunciar el adoctrinamiento en las escuelas y un esfuerzo intelectual por explicar la historia del país. Eso no ocurrirá de la noche a la mañana, no mientras toda la esperanza esté puesta en la vuelta al poder de Uribe o en la cohesión alrededor de su figura. Hoy por hoy el uribismo es un decorado de una situación que domina Santos con sus aliados chavistas, y aun un decorado que les conviene dadas las limitaciones ideológicas del uribismo (casi todos los uribistas de Twitter juran que las guerrillas perdieron sus ideales, que son puros bandidos narcotraficantes, por mucho que el mismo Uribe hable de guerrillas marxistas). Para que Colombia tome ese rumbo el uribismo es un estorbo, como el tratamiento de un médico que confunde el sarcoma de Kaposi con picaduras de mosquitos.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 14 de septiembre de 2011.)