jueves, mayo 26, 2016

El esfuerzo de la paz


No entiendo, luego mando
Sin pensar en la esclavitud no se puede entender nada de Colombia. Por eso los de derecha que se oponen a la izquierda en el sentido que la demagogia socialista tendría en Europa son pobres engañados que añoran un mundo ya perdido para siempre, en el que tenían alguna jerarquía. La opción correcta de las clases altas de antes es el comunismo, para comprobarlo basta con ver la situación actual de las grandes familias que se han afiliado a ese bando y la de las demás.

La forma en que la esclavitud es la principal institución colombiana se podría demostrar de muchas maneras, pero no es el tema de esta entrada. Lo relato porque en muchísimas discusiones con doctorcitos izquierdistas descubría que cuando ellos no me entendían eso se convertía en un argumento contra mí. Los demás tienen el deber de decir lo que ellos puedan entender; si no lo hacen, la culpa es de los demás. ¿En qué contexto se puede dialogar así? Yo lo sé: en las conversaciones con el servicio doméstico, cuyas opiniones no importan y apenas se le presta atención con un sentido instrumental. ¡Cuánta impaciencia generan esos balbuceos y cuchicheos ininteligibles! Como las opiniones o ideas que no son las habituales de los señores. De hecho, no importa que el contexto sea diferente, proclamar que uno no entiende automáticamente le otorga un rango social superior.

Un día vi que entre los términos que eran TT en Twitter en Colombia figuraba #DonaldTrumIsTheNewHitler. Me indignó porque me acordé de la propaganda de la izquierda contra Ronald Reagan (ahora el siniestro William Ospina hace creer a los universicarios que él es como Borges, pero en los años sesenta se decía de Borges lo mismo que ahora se dice de Trump). ¿Cómo podría un amigo declarado de Israel como Trump ser como Hitler? Escribí esto para burlarme de la ocurrencia: 
Y me encontré con esta respuesta de una dama con la que nunca he tenido ninguna interacción de ninguna clase en ninguna red social:

A estas alturas sigo sin entender qué puede haber de antisemita en mi tuit. ¿Habrá alguien que no sepa que Hitler mandó asesinar a millones de judíos? ¿No es evidente el sarcasmo? Después me enteré de que el lobby judío estadounidense es más bien proclive a la izquierda, pero para el caso se trataba del apoyo a Israel. No importa, a una alta funcionaria y columnista no le hace falta entender, es Colombia, cuanto menos se entienda más respetable se es, más resultan los demás equiparables al servicio doméstico.

Pero ¿hace falta entender?
La esencia de los valores y actitudes de los colombianos está definida por su pasado, cosa de la que casi ninguno es consciente. Ese pasado es la Contrarreforma católica, aplicada con especial saña allí donde los poderosos recibían la encomienda de evangelizar a los paganos. La incapacidad de la crítica define a las naciones hispánicas desde entonces y explica todo el retraso de España (no era lo mismo en el siglo XVI) respecto al resto de Europa occidental. Sencillamente, se está con la única fe verdadera y se odia al hereje, al judío, al musulmán, al masón, al ateo, etc. (para la mayoría de los colombianos de las generaciones anteriores sería imposible discriminar entre esos conceptos). El precio de cuestionar la autoridad o no serle totalmente leal era elevado. Por eso los colombianos son personas de adhesiones firmes, los que van a la universidad odian a Uribe más allá de toda racionalidad, sin inquietarse en lo más mínimo por el éxito de los sociópatas de las guerrillas, y los demás están de acuerdo con él haga lo que haga. Eso les ahorra el esfuerzo de entender, y puede que sientan que por eso adquieren un rango social superior.

Por eso no se intenta entender qué quiere decir este tuit:
La cuestión es que las producciones de la mayoría de los uribistas hacen pensar que ellos están contra el proceso de La Habana. Parece que están contra ese proceso en la medida en que lo esté Uribe, de otro modo están a favor. Son grados de acomodamiento al sentido que permiten entender al país. O sea, permiten entender la mente del bárbaro, que es aquella en la que las palabras no tienen un sentido fijo sino que se pueden entender cada vez con un sentido distinto. Primero estaban a favor de la paz porque naturalmente no van a estar a favor de la guerra. Después estaban a favor de la negociación de paz (llamada "paz") pero no de la componenda de La Habana. Ahora están a favor de la componenda de La Habana (llamada "paz") pero con la condición de mejorarla.

Los políticos necesitan obtener votos y aun mayorías para que su actividad tenga éxito. Por eso todo lo que dicen tiene por objeto alcanzar esa hegemonía. Cuando un político tiene asegurado el voto de los radicales de un bando, intenta atraer a los moderados para sumarlos. Según esa visión, dado que no hay ningún sector político que se oponga con más firmeza a la infamia de La Habana, Uribe intenta atraer a los moderados y así sumar. Y por eso intenta evitar que en el plebiscito se elija entre la paz y la guerra, según temen que sea la propaganda oficial. Entonces, a los que se muestran receptivos respecto de esa propaganda los tranquiliza con la promesa de continuar con "el esfuerzo de la paz" aunque Santos pierda el plebiscito.

 La mayoría engañada
¿Dónde falla el enfoque anterior? En las palabras. La política se basa en la mentira, pero la pura mentira, la mentira sistemática, termina generando sólo confusión y haciendo perder la noción de lo que se busca. El acuerdo con los terroristas no es "la paz". Cuando se usa la jerga de la propaganda del enemigo, se empieza a estar en su bando. Si lo que se quiere es ganarle a Santos el plebiscito (lo último es que probablemente tenga que convocarlo después de la resolución que aprobó por unanimidad el Senado estadounidense), no se puede animar a la gente a votar contra algo que no se cuestiona. Si la propaganda llama "la paz" al acuerdo con los terroristas y uno lo refrenda, ¿qué les va a decir a los votantes para que se opongan? El resultado de eso ya se vio en 2014 con un candidato que imitaba a Santos.

De modo que la mayoría formada por guerreristas y mejoradores de la paz no tendría mucho fuelle porque no podría ofrecer nada creíble. Lo que pasa es que el objetivo de Uribe no es vencer a las FARC ni menos promover la democracia (que intentó abolir con su plan de presidencia perpetua), sino recuperar la presidencia. Sólo así se entiende que no quiera arriesgar su cuota de poder ni sus relaciones con los politiqueros más poderosos desautorizando rotundamente las negociaciones.

Colombia sin paz
La amenaza del narcorrégimen es así: si no se alcanza la paz, volverán las masacres y el terror. El paso siguiente es la admisión solemne de un cese al fuego bilateral (que los asesinos ya anuncian en Twitter), y queda la impresión de que los terroristas tienen a los ciudadanos a su merced. Esa declaración de sumisión al terror por parte del gobierno oculta el elemento central, que es la existencia de la ley internacional, de la CPI y de la declaración de los Derechos Humanos. Y es que los terroristas necesitan más la "paz" que los cobardes que se les someten: si no hubiera acuerdos, podrían matar a algunas personas más, pero ellos individualmente serían reos de persecución y terminarían como Ricardo Palmera. De modo que su única verdadera arma es el gobierno de Santos y la trama grande (las FARC son sólo la punta de lanza) del Partido Comunista, la Universidad, los sindicatos de funcionarios y las castas dueñas del país.

Pero todo eso tampoco es muy sólido: el régimen venezolano ya va racionando la energía y pronto traerá la hambruna. Cristina Fernández ya cayó y la puede seguir Dilma Rousseff. La sucesión de Obama no parece tan feliz. Los recursos del gobierno de Santos para comprar apoyos no son lo que eran y los precios del petróleo no se van a recuperar. El descontento es generalizado. En el supuesto de que anunciaran la firma de "la paz", se trataría de un gobierno sin apoyos con una banda criminal a la que odian la mayoría de los colombianos. La farsa sería demasiado difícil de sustentar. En 1991 contaron con la orgía de terror que le atribuían a Escobar y aun la Asamblea Constituyente no tuvo los votos ni del 20% de los ciudadanos. Sencillamente, se impusieron porque no había oposición. A Álvaro Gómez lo habían secuestrado antes y de algún modo lo forzaron a firmar (alguien me contó que en su programa de televisión todos los periodistas pertenecían a la izquierda).

Por eso necesitan a Uribe. Por eso amenazan día tras día con encarcelarlo, encarcelan a su hermano, intentan encarcelar a Zuluaga, etc. Sin el apoyo de Uribe y el uribismo no pueden vender la "paz", menos ahora.

Promesas constituyentes

Pero Uribe sabe eso y espera cambiar su apoyo a la paz con un cambio constitucional que le permitiera volver a ser candidato presidencial. ¿Qué otra cosa será lo que discuten con Álvaro Leyva y el abogado de las FARC? ¿Qué otro sentido puede tener el artículo de Juan Lozano en el que le reprocha a Santos que les incumpla a las FARC y acepta que éstas tengan delegados no elegidos? La apuesta de Santos, y antes de Pastrana, y antes de Barco y Gaviria, y antes de Betancur, es poder ofrecer un país sin masacres ni secuestros ni "conflicto". Ese atajo, inconcebible en ningún país civilizado, tiene cierto público en Colombia, pero no porque la población sea tan estúpida como para no entenderlo ni porque la propaganda sea tan eficaz, sino porque encaja en la tradición y porque las castas superiores obtienen ventajas del terrorismo (perdón por repetirlo todo tantas veces, pero la afirmación anterior quedaría sin sentido: el gasto público se multiplicó por 19 entre 1991 y 2002, y la desigualdad aumentó diez puntos del coeficiente de Gini, y la pobreza no se redujo).

Uribe no quiere resultar el que obstruye ese logro. "Para consolidar la paz" hará falta integrar a los reacios, y ¿qué mejor que un presidente que los desarma y desautoriza y está comprometido a respetar los acuerdos? Sus esperanzas no son tan infundadas como parece. La astucia de formar una mayoría con los que se oponen a la "paz" y los que quieren mejorarla no corresponde al interés de derrotar a Santos y las FARC, sino a otros cálculos.

(Publicado en el blog País Bizarro el 29 de abril de 2016.)

miércoles, mayo 11, 2016

La cruzada contra el falso doctor



¿Para qué sirvieron los gobiernos de Uribe?

Cada vez que se hace esta pregunta todo el mundo compara la situación de Colombia en 2002 con la de 2010, con lo que los uribistas salen llenos de orgullo, y los comunistas, rabiosos (sobre todo porque la inmensa mayoría de los comunistas eran menores de edad en 2002). Pero lo que hay que comparar es la situación de Colombia en 2002 con la actual, y no en términos del PIB, ni siquiera de la tasa de homicidios, sino de sus perspectivas de desarrollo, estabilidad e inclusión entre las naciones civilizadas. Colombia está hoy mucho peor que en 2002, con la hegemonía absoluta de los terroristas en la función pública, en los medios de comunicación, en las redes sociales, en la cultura y la educación...

¡Cómo hemos cambiado desde 2010!
Los uribistas proclaman que esa catástrofe moral es sólo por la traición de Santos y Roy Barreras, como si fuera perdonable que fueran precisamente los elegidos por el uribismo, como si no se pudiera conocer el pasado del hermano mayor de Santos, para poner un ejemplo. El hecho de que los herederos de Uribe fueran los peores enemigos del pueblo que lo apoyaba no los lleva a sentir el menor reproche hacia su ídolo. Y todo eso vendría a ser NADA de no ser porque en todo caso por entonces había una mayoría clara, sobre todo en las regiones, que se oponía a los terroristas. ¿En qué quedó esa mayoría? Sencillamente se dispersó porque la "estrategia" y el cálculo desaconsejaron a Uribe hacerle oposición a Santos y a su alianza con los terroristas, patente desde mucho antes de la posesión. Se trataba de las lealtades que Uribe pudiera conservar entre el funcionariado, en el Partido de la U y en el legislativo. Como ya lo expresé en 2011, a Uribe no sólo le deberemos a Santos sino también la obra de Santos.

¡Estrategia y cálculo!
Las personas que no quieren someterse a los terroristas piensan que dados los resultados visibles del gobierno de Uribe en 2010 hay que ponerse de su parte, y el consenso les produce la sensación de que representan una fuerza significativa. Pero Uribe y su séquito sólo están pensando en que el líder vuelva a ser presidente. Eso explica la absoluta falta de resistencia a la "paz" (que es la componenda con el crimen organizado) y aun la disposición a formar parte de una Constituyente con las FARC: podría ser tolerable para ellos ceder en lo que imponen los terroristas a cambio de que fuera posible elegir de nuevo a Uribe. Otra explicación no puede haber, y de hecho era algo manifiesto en 2011, antes de que para asegurar la reelección de Santos empezara la persecución judicial contra Uribe. Es decir, lejos de reconocer el espantoso error de buscar un tercer periodo para Uribe, siguen intentándolo después del fracasoporque no importa que reinen la iniquidad y la mentira, creen que serían tolerables si Uribe pudiera volver a ser presidente.

El vuelo corto del uribismo
No basta la atrocidad increíble de buscar cambiar la Constitución por segunda vez para permitir un tercer periodo, sino que TODO lo que se hizo en los gobiernos de Uribe presupone la aceptación de las premisas ideológicas que subyacen al régimen impuesto en 1991 (del que Uribe forma parte a tal punto que como senador propuso reforzar la impunidad del M-19). Por eso durante los ocho años en que fue presidente no se hizo el menor intento de cambiar una Constitución que autoriza el asesinato como forma de hacer política ni se pensó en un partido que defendiera los valores de la libertad. Pero quizá lo que mejor demuestra la identidad absoluta entre el uribismo y el régimen (Santos sólo es el continuador de Gaviria y Samper) es el aprecio de la "educación". Durante los gobiernos de Uribe se multiplicó el gasto en universidades sin que se hiciera el menor esfuerzo por incomodar en el adoctrinamiento comunista que es su casi única función. Más aún: el lema de la campaña del Centro Democrático en 2014 era la "revolución educativa", consistente en la promesa de que todos los jóvenes irían a la universidad, "logro" que define al régimen cubano.

¡Educación es lo que falta!
En una pieza teatral de Jean-Paul Sartre un personaje dice que "el infierno son los otros", frase que explica la forma en que entiende el mundo la mayoría de la gente. El sufrimiento y la injusticia son el resultado de lo que hacen los demás, pues cada uno se considera a salvo de toda culpa. ¿Cómo habrá que hacer para que la gente entienda que esa idea de que todos tengan un título universitario ya es totalitaria y es la causa del atraso? Ese culto del estudio es sólo el disfraz moderno del viejo desprecio del trabajo que caracteriza al castellano viejo. Las personas se esfuerzan tratando de aprender algo que no les interesa en absoluto para obtener un "título" que los acredita como miembros de las castas superiores sin que el conocimiento tenga ningún adepto más. Cuanto más se gaste en proveer diplomas (en realidad, rentas a la clientela profesoral, que compensa el favor adoctrinando asesinos que hagan después la paz y mantengan en el poder a quienes les crean el puesto de "trabajo") más ignorancia y vulgaridad habrá. Los políticos que prometen llevar a todos los jóvenes a la universidad demuestran lo poco que les interesa el conocimiento y lo mucho que comparten con los demagogos aliados del terrorismo. Los escasísimos colombianos que se pueden considerar sabios no fueron a la universidad, como el más notable de todos ellos, Nicolás Gómez Dávila.

Falsos doctores
La América española es una vasta región relativamente poco poblada y con grandes riquezas en la que no obstante la mayoría de la población vive en la miseria y reina la violencia, más que en el resto del mundo. La causa de que eso ocurra es la forma de pensar y obrar de sus habitantes. Todo lo que no conduzca a cambiar los valores y actitudes en el sentido de la asimilación al mundo civilizado contribuye a reforzar esos rasgos que determinan el fracaso de todos los países y aun de los individuos de la región. El culto de los títulos universitarios es un rasgo característico de esa mentalidad tradicional. El hecho de que el actual alcalde de Bogotá se atribuya un título de doctor que al parecer no tiene es una muestra de servidumbre ante esa tradición: yo conozco personas que sí tienen doctorados y lo dejan a uno pasmado por su ignorancia increíble.

La carta de los doctores

Obviamente amigos de la izquierda que cobra las atrocidades terroristas, aparecieron oportunamente una serie de doctores y estudiantes de doctorado que se lanzaron a acosar a Peñalosa, cosa importantísima que no tardó en ser noticia en El Espectador y Trending Topic en Twitter. Casualmente a ninguno de ellos le inquieta que el anterior alcalde hiciera exactamente lo mismo: ellos tienen carta blanca para mentir, para matar y para robar. Por algo son los buenos y justos.


Pero lo maravilloso, insisto, maravilloso, es el contenido de la carta. Leyéndola queda claro todo lo que he intentado decir sobre la educación y sobre el proyecto uribista de brindar títulos universitarios a todos (para incluir a Colombia en el primer mundo, según proclamaban orondos).
Paris, 19 de abril de 2016 Señor
Enrique Peñalosa
Alcalde Mayor de Bogotá
Señor Alcalde
En los albores del siglo III el emperador romano, Septimus Severo, anunció a sus súbditos que había llegado al gobierno porque así lo determinaba el alineamiento de los astros en la hora de su nacimiento y que, en consecuencia, todas sus acciones respondían a la necesidad misma del mundo y se justificaban por sí solas, más allá de la razón, por encima del saber o haciendo abstracción del conocimiento que fundamenta una verdad.
Todo es tan divertido que parece un chiste. ¿Por qué habrían de mandarle una carta desde París si muchos de los firmantes viven en otra parte? ¿Por qué tienen que mencionar el lugar en que se escribe? Por la falacia de autoridad: ¡tiene tanto prestigio París entre los colombianos! Pero es sólo el comienzo. No hay ningún emperador que se llame Septimus Severo. El emperador Septimio Severo debería ser conocido por cualquiera que haya acabado la secundaria. Nadie debe entender que Septimus Severo sea el nombre latino de dicho emperador (Septimius Severus). Sencillamente, al idiota que escribe eso le suena de algo. Pero, bah, los doctores no escriben bien el nombre del emperador pero tampoco es cierto lo que le atribuyen. Ni en sus biografías ni en la Historia de Roma de Indro Montanelli ni en la de Asimov hay la menor mención a tal ocurrencia: a su muerte fue declarado Divus por el Senado, es lo único parecido que se lee. Ah, y que era aficionado a la astrología, pero nada que ver con el origen de su poder en los astros.

Nadie debe pensar que UN SOLO COLOMBIANO se va a conmover por esa patética demostración de ignorancia: lo que todos saben es que no importa saber sino tener relación con el poder político. Hace diez años abrí un blog para explicar los errores típicos de los colombianos y allá fueron todos los doctores a desautorizarme: si el falso doctor Petro, cuya impostura no interesa a nadie, dice "Llévensen" es sencillamente porque ejerce de adelantado de la renovación lingüística. Lo que más desprecian es que se piense en expresarse bien. TODO lo que aprenden es a odiar cualquier pretensión parecida. Lo mismo con la idiotez del origen divino del poder y su relación con ese emperador: el hecho de que sea falso los honra, lo único que importa es que en alguna universidad supieron dar amor a algún profesor y así tienen el correspondiente certificado, seguros de que gracias a él recibirán suficiente compensación de los adolescentes que el Estado pondrá en sus manos.

Pero ¿y qué? Decenas de doctores no son capaces ni de consultar la Wikipedia y suscriben una idiotez escandalosa, pero ¿a qué viene la información sobre el origen divino del poder? A generar la noticia que servirá a la campaña contra Peñalosa y al retorno del G2 cubano al control de los billones del presupuesto bogotano. ¿Tiene algo que ver que Peñalosa haga lo mismo que Petro inventándose doctorados con el origen divino del poder? Nada, pero permite mostrar la vasta cultura de esos doctores que escriben desde París. Y no digo lo de vasta cultura con sarcasmo: si no saben ni escribir bien el nombre de un emperador ni lo que le atribuyen tiene relación con él, ello es muestra de que miran más allá, tal como decir "encima mío" es señal de vanguardismo lingüístico.
Este momento de la historia, que sin duda usted conoce, le permitió a Michael Foucault iniciar su extraordinaria reflexión sobre la relación que existe entre “el ejercicio del poder y la manifestación de la verdad”. Decía el filósofo francés que hay “procedimientos, verbales o no, mediante los cuales se saca a la luz -y esta puede ser tanto la conciencia individual del soberano como el saber de sus consejeros o la manifestación pública- algo que se afirma o más bien se postula como verdadero, sea claro está por su oposición a una falsedad que ha sido suprimida, discutida, refutada, pero también tal vez por arrancamiento a lo oculto, por disipación de lo olvidado, por conjuro de lo imprevisible” (Foucault, 2014, pp. 24)*
Ese momento inexistente de la historia que nadie conoce porque no está documentado le permite al cretino que escribe la carta ostentar su rango con un galimatías que le otorga autoridad dado que deja patidifuso al que lee. ¿Qué tiene que ver con que el doctorado que dicen que se atribuye Peñalosa sea falso? Nada. ¿Qué autoridad tiene Foucault para el caso? Al muerto de hambre de turno lo pusieron a leer a ese pesado en la universidad y todos los demás imbéciles firman armados de tan tremenda autoridad. Pero ¿qué falta hace la cita? Insisto, los procedimientos de estos doctores son de la calidad moral de sus amigos políticos. Nivel de Tercer Mundo, grotesco.
Compartimos esta reflexión a propósito del debate suscitado con motivo de su presunto doctorado en Administración Publica en Paris que, en muchas ocasiones, durante mucho tiempo y ante diferentes audiencias, usted dijo o permitió que dijeran o escribieran como un hecho cierto. Recuerde usted que Foucault se refería a “la noción de gobierno de los hombres por la verdad” y proponía el concepto de aleturgia como espacio de confluencia entre el poder y la verdad. Este asunto de ocultar una verdad o permitir que se mantenga en el tiempo una mentira, debería servir para una reflexión en torno a la ética, al poder en el ejercicio de gobierno que usted inició hace poco más de cien días.
El patán que redacta esa bazofia sigue con su prestidigitación enredando con la "aleturgia" que debido a que los lectores desconocen resulta una fuerza suprema de inagotable poder. ¿Para qué? Para decirle a Peñalosa que Foucault lo habría desaprobado por decir que tiene un doctorado que no tiene. Puede que a Petro no lo desaprobara, dadas las bizarras inclinaciones sexuales del filósofo y el controvertido pasado del secuestrador y asesino amigo de los doctores.
Todo parece indicar que usted, al igual que el emperador Septimus Severo, decidió establecer el “orden mismo de las cosas” desde la imaginación. Por supuesto que el falso título de doctor es muy grave, pero puede ser mucho más grave si esta forma de ser gobernante se traslada a decisiones de política pública que afectan a la sociedad y a la naturaleza (el arte de gobernar y el juego de la verdad no son independientes uno de otro decía Foucault).
Luego, el supuesto fraude de declararse doctor sin serlo "se traslada a decisiones de política pública", pero el matar y secuestrar gente no, pues ¿alguien duda de que la carta tiene que ver con el interés de los asesinos? Todo es estúpido y ridículo, pero ¿quién no se calla la boca cuando se cita a Foucault?
Así, por ejemplo, a las evidencias científicas que ordenan proteger la gran reserva forestal Thomas Van der Hamnen, usted responde que no son ciertas y que la reserva se va a urbanizar, frente a estudios de ingeniería ya elaborados para construir en Bogotá un Metro subterráneo, usted decide cambiar el diseño y anunciar, sin fundamentos técnicos, que ahora se va a hacer un metro elevado.
Tampoco pueden escribir bien el nombre de Thomas van der Hammen, pero ¿desde cuándo las evidencias científicas pueden "ordenar" algo? Es evidentemente la forma de expresarse y de "razonar" de gente que no está habituada a nada parecido. Si las evidencias científicas pudieran dar órdenes, estos imbéciles tendrían que devolver el dinero que les han robado a los colombianos con sus becas. Los estudios de ingeniería del G2 cubano que estuvo saqueando la ciudad son tan dignos de atención como la carta de los doctores. Sencillamente, se usa la tontería del falso doctorado para legitimar todos los atropellos del hampa comunista durante 12 años y procurar su retorno a la caja fuerte del Distrito. Las evidencias científicas y Foucault lo ordenan. Malgasta uno TANTO TIEMPO buscando un adjetivo apropiado, es imposible. Algo así sólo puede describirse como COLOMBIANO.
Otra vez Foucault: “No puede haber gobierno si quienes gobiernan no ajustan sus acciones, sus elecciones, sus decisiones, a un conjunto de conocimientos verdaderos, de principios racionalmente fundados o de conocimientos exactos, que no solo dependen de la sabiduría en general del príncipe o de la razón a secas, sino de una estructura racional que es propia de un dominio de objetos posibles, y que es el Estado" (Foucault, 2014, pp. 32)*
Otra vez el galimatías de los muertos de hambre.
Ahora bien, el ejercicio del gobierno no empieza ni termina con el gobernante. Cuando mire hacia atrás hágalo sin odio, con objetividad y se dará cuenta que, para bien o para mal, la Bogotá de 1998 no es la misma ciudad de 2016. El emperador Septimus Severo nunca reconoció a sus antecesores, solo creía en su mandato como emperador y en sus decisiones, que por ser suyas, eran simplemente “divinas”.
El que tenga paciencia podría buscar y mostrar dónde se documenta o dice siquiera un redactor de la Wikipedia que Septimio Severo no reconociera a sus antecesores o que considerara divinas sus decisiones. Eso es totalmente falso, tal como el nombre que le atribuyen. Basura, colombianismo. ¿Quién sino un doctor iba a escribir "darse cuenta que"? Escribir lo correcto los deshonraría.
Quienes firmamos esta carta estamos adelantando o ya terminamos estudios de doctorado en diversas universidades del mundo. Usted debe saber, señor alcalde, que lo hacemos con esfuerzo y convicción y con ganas de aportarle al país en la medida de nuestras posibilidades. Por eso nos parece injusto que personas como usted, que hoy gobierna a la capital del país, suplante con falsedades lo que a nosotros y nosotras tanto sacrificio nos cuesta.
HURRA HURRA HURRA, ¡UNA VERDAD! Lo que harán unos imbéciles de tal categoría para obtener doctorados (dar amor) les cuesta porque conservan aspectos del machismo tradicional y en Colombia pertenecen a familias "prestantes". El conocimiento a los verdaderos sabios nos resulta facilísimo, pero a ellos también, pues no tienen ni idea de qué es eso.
La comunidad académica en Colombia y en el mundo, pero sobre todo la ciudadanía (quienes votamos y quienes no votamos por usted) merecemos una explicación del Alcalde Mayor de Bogotá. Usted debe saber que por casos similares de falsedad o plagio han renunciado altos funcionarios en otros países.
Yo creo que quienes merecen una explicación son las evidencias científicas y Foucault. Pero ¿cómo es que ninguno de estos engendros contesta acerca del doctorado de Petro, cuya falsedad se denunció en su día? De repente Peñalosa resulta un tipo que merece la mayor defensa, no sólo lo persiguen doctores de tal enjundia y rigor, sino que el doctorado que decía tener es mentira. Lo inquietante es que fuera verdad, habida cuenta de la clase de gente que lo obtiene.

La educación que necesita Colombia es sencilla: EVITAR A TODA COSTA QUE LA JUVENTUD LLEGUE A SER COMO ESTOS IMBÉCILES. Basta con eso, que se dejen de gastar los recursos públicos en la indigencia intelectual y en la formación de camarillas de matones que se aferran a falacias mientras exhiben su infinita ignorancia y su interés en proteger a los secuestradores y asesinos que les prometen poder a cambio de su adhesión.

Y porque se exige un cambio cultural rotundo es por lo que el alicorto uribismo y su "revolución educativa" deben ser rechazados. Por el contrario, habría que cerrar todas las universidades públicas y proveer créditos a los estudiantes que demostraran verdaderas aptitudes. Es lo que define a los países civilizados, como Suiza, donde sólo un 23% de los jóvenes van a la universidad, donde un título tiene un sentido y no es la ocasión para que personajes de la categoría moral e intelectual de estos doctores lamboneen en aras de rentas parasitarias.

Porque no se trata sólo de cambiar al presidente sino de construir una sociedad que se asimile a las plenamente humanizadas, cosa que requiere un esfuerzo distinto a la habitual pelea de banderías.

(Publicado en el blog País Bizarro el 20 de abril de 2016.)

lunes, mayo 02, 2016

El declive de Juan Paria


No llega la buena nueva
Entre la marea de noticias que aparecen cada día en Colombia, muchas de ellas promovidas por la conjura terrorista, indistinguible del régimen, va saliendo una cosa clara: la situación de Santos es complicada y los resultados de su gobierno son cada vez más claramente funestos. La negociación de paz (como la llaman) ha conducido en la práctica a un alto al fuego bilateral que no desactiva la amenaza terrorista sino que la multiplica gracias al reconocimiento e impunidad garantizada de los criminales, que extorsionan mucho más y producen mucha más cocaína, y sin duda participan en las actividades del clan Úsuga y otras bandas, como el ELN, gracias a las cuales llenan sus arcas y se preparan para el asalto final.

Pero tampoco hay quien se entere
Pero esos resultados no son evidentes para los colombianos de las ciudades porque la "guerra" o "conflicto" es algo que no viven directamente. Sólo sus frutos (los funcionarios y profesores, riquísimos gracias al poder persuasivo de la CUT que es una organización del Partido Comunista tan importante como las FARC, o más), o alguna incomodidad si se les ocurre molestarse por los crímenes delante de los superiores sociales que disfrutan de los privilegios que les consiguen los niños bomba (los demás). Mientras no se ponga el acento sobre esa relación entre las atrocidades terroristas y la clientela funcionarial, la propaganda seguirá engañando y los criminales más dañinos seguirán operando sin incomodidad ni reproche.

Más cocaína, más corrupción, más dificultades económicas
La popularidad de Santos no se va a recuperar porque las dificultades económicas de la mayoría de los colombianos irán en aumento, al igual que la indignación con el robo sin límites de estos años. Pero también en el exterior es evidente que mengua el optimismo que la propaganda había generado entre los que no entienden nada de Colombia y quieren apuntarse a las buenas causas. La arrogancia de los terroristas y la filtración de información que oculta la prensa (un muerto en Israel ocupa miles de veces más espacio en los medios internacionales que un muerto en Colombia) terminan mostrando lo que es la tal paz. Sólo el que carece de la menor honestidad se atreve a sugerir que los terroristas van a abandonar sus fabulosos negocios, que tanto poder y rentas les han generado. El que entienda el inglés puede ver una muestra de esa desfachatez en este escrito del activista pro-FARC Adam Isacson. Pero para el resto del mundo todo es evidente: sólo se trata de implantar otro régimen bolivariano. La forma en que, por ejemplo, describen a Santos Jaime Bayly o Carlos Alberto Montaner ya es muestra de que para un sector creciente de la opinión internacional se trata sólo de otro sátrapa bolivariano.

Y encima persecución, iniquidad y cinismo
A esa percepción nueva de Santos contribuyen hechos como el encarcelamiento del hermano de Uribe y los intentos de procesar a Óscar Iván Zuluaga con un montaje evidente. Puede que en Colombia la población servil y atemorizada no se inquiete por esos atropellos, pero los periodistas extranjeros ya ven algo que no se parece nada a un Estado de derecho ni a una democracia normal. Cada día es menos generalizada la actitud indulgente hacia la paz, que en el caso de muchos medios (como los españoles), corresponde a incentivos originados en recursos públicos, como la publicidad y los contratos en Caracol Radio, de propiedad del grupo Prisa, cuyos medios (El País y la Cadena Ser) hacen propaganda abierta de las FARC. Ahora esos medios "progres" apenas intentan ocultar las noticias, como se ha hecho siempre.

Uribe y Pastrana en el cumpleaños de Vargas Llosa
Pese a la campaña obsesiva de calumnias contra Uribe del bien pagado aparato de propaganda de los terroristas (es decir, los medios de comunicación social colombianos, pagados casi exclusivamente por la "inversión" publicitaria del gobierno), es muy diciente que para celebrar los ochenta años de Vargas Llosa fuera invitado, junto con Pastrana y otros expresidentes españoles e hispanoamericanos, mientras que de Santos no se tuvo noticia. No es tan banal la cosa: Vargas Llosa es un valedor de Obama y un "progre" que siempre está buscando términos medios respecto a muchas cuestiones. Si desagravia de esa manera a Uribe (a pesar de la orgía de odio de su amigo Abad Faciolince), eso tiene que ver con lo que he explicado arriba: a Santos ya todos le ven el cobre, las vacas gordas se han acabado y ya no hay con que comprar a todo el mundo para que aplauda al gran líder (a saber cuánto dinero de los colombianos habrá costado la portada de Time). Y la impunidad con que ha perseguido toda oposición va resultando indigerible para sus propios propagandistas fuera de Colombia.

¿El remedio? Perseguir a Uribe
El hecho de que la oligarquía que dirige el tráfico de cocaína y el terrorismo tenga el búnker central de su poder en los medios de comunicación le da ventajas que para sí quisieran los demás regímenes bolivarianos. De lo que se habla es de lo que conviene al gobierno, de modo que la orgía de propaganda calumniosa contra Uribe no tiene límites desde que se supo que la popularidad de Santos había caído a un 13%. Cuando el tema de que la gente habla es Uribe y no los desmanes de la Fiscalía, la multiplicación de la extorsión, el plan pistola, los paros armados del clan Úsuga (inconcebibles sin las FARC y aun sin la complacencia de las Fuerzas Armadas, tal vez cumpliendo órdenes del gobierno), etc., el gobierno "pasa de agache".

Obscenidad, estupidez, bajeza: el santismo condensado
La nueva andanada de calumnias y estupideces sólo es repetición de la vieja propaganda de los terroristas desde el Caguán. Abad Faciolince (el más perverso y dañino de todos los sicarios morales del terrorismo) sale con una "carta abierta" en la que culpa a Uribe de resistirse a la paz, cosa consistente en existir y no aplaudir todo lo que hace Santos, aunque tiene el alivio de que no se detectan las habituales sugerencias de matar al expresidente ("Porque eso sería lo mejor para todos: que se callara") ni las acusaciones de delitos potenciales:
¿Por qué se va al exilio la señora Hurtado? Para no tener que decir de dónde venía la orden de oír a los jueces, a los políticos y a los periodistas, ya que confesar esa verdad era lo mismo que poner una lápida en su pecho. Mejor callada en Panamá que acorralada aquí entre la pared de la verdad y la espada del miedo.
Intolerable que alguien tenga una cuenta de Twitter y señale los crímenes que pasen, un obstáculo para la paz, que no consiste en que los asesinos desistan sino en que los que respetan la ley los premien. Uno dice "los asesinos" refiriéndose a las FARC, pero ¿no es Abad Faciolince uno de ellos? También se podría exculpar a Hitler de la Shoa pues no pertenecía a las SS ni quedaron testimonios de que ordenara gasear judíos.

Otra perla del mismo estilo es lo del narco número 82. Colombia queda retratada enterita en esa infamia: un muladar poblado por criaturas bastante menos que humanas, capaces de creer que lo que conocen los estadounidenses sobre el tráfico de cocaína es una lista que entregó algún informante (este artículo lo esclarece), en la que el número 89 es Carlos Vives. Cuando Obama estaba recién posesionado llegó a promover una mentira hedionda sobre Colombia a sabiendas (para frenar el TLC que después firmaría con su socio Santos), aludiendo a los asesinatos de "sindicalistas", ¡no faltaría más sino que no usara ese conocimiento de las mafias para favorecer a Santos!

Igualmente es obscena y estúpida la idea de "Tomás y Jerónimo a la guerra", viejo recurso de intimidación terrorista basado en la idea de que no someterse a los asesinos es hacer la guerra, con lo que nadie podría plantearse que se aplicara la ley porque tendrían que estar en condiciones de enfrentarse con los criminales. ¿Quién tolera algo tan absurdo? Las clases altas colombianas, que son las clientelas del terrorismo y ejercen un parasitismo continuado a través del Estado. ¿Qué se haría con los incendios? ¿Sólo se apagarían en las casas de los bomberos?

Más elocuente aún es la esvástica de un caricaturista de El Espectador sobre la marcha, pero es muchísima basura la que habría que comentar.

Y en definitiva, intentan distraer
Pero nadie va a salvar a Santos... O tal vez sí: los uribistas no soportaron casi ni el día de la marcha, inmediatamente estaban buscando ocasión de figurar como gestores de paz y amables polemistas de los poderosos de los medios (como en el foro La Paz Posible). En el libro biográfico que escribió sobre Rufino José Cuervo, Fernando Vallejo dice que además de reproducirse los colombianos sólo viven pensando en alcanzar "el bien supremo", la presidencia de la república. Es exactamente así: esa clase de personajes no están contra los terroristas ni con Uribe (tal como tampoco lo estaban Roy Barreras y los demás uribistas de 2010) ni con ninguna ideología, sino que aprovechan ese impulso para figurar y desarrollar su carrera hacia el bien supremo. Santos es un fracasado y un paria y su régimen es una tiranía criminal, pero no tiene oposición. Es lo único que lo salva.

(Publicado en el blog País Bizarro el 15 de abril de 2016.)

lunes, abril 25, 2016

La verdadera encuesta


Cuando se habla de los periodos históricos pasados es fácil aceptar el criterio predominante entre los periodistas o profesores, que tiende al consenso cuando ya no hay intereses inmediatos que muevan en una u otra dirección. Pero cuando se trata del presente reina la incertidumbre. Gracias al argumento de autoridad, y en últimas al rango social de los promotores del terrorismo, en Colombia parece de lo más lícito estar en el bando de la paz. Baste salir a cualquier otro país para ver que ese bando es sólo el bando del crimen. Lo más próximo es España, pero la comparación sería un escándalo, porque ETA no ha reclutado ni violado niñas, ni ha usado niños bomba, ni ha envenenado el territorio con agroquímicos ni con petróleo... No se puede comparar. Pero en España los únicos que piden que se negocie la paz con ETA son los partidarios de la banda terrorista. Bueno, en Colombia también, la paz es la bandera de los asesinos, pero como son los dueños de los medios de comunicación y del Estado, para mucha gente parece una gran audacia oponérseles.

La historia no está escrita, nadie puede asegurar qué pasará. A lo sumo puede uno tener la certeza de que quien habla de paz y reconciliación miente, porque el presupuesto de esa idea es que alguien agravió a los universitarios que emprendieron la revolución comunista, y que de algún modo las víctimas de los cientos de miles de asesinatos cometidos por los terroristas eran actores de un conflicto legítimo. La mayoría de los colombianos no creen en eso, pero eso no quiere decir que crean lo contrario: es por la esclavitud, el esclavo no cree nada, repite lo que le dicen para no sentir el látigo.

Por fin hay una respuesta popular a la infamia de La Habana, nadie puede a estas alturas no haberse dado cuenta de que todo lo que ha conseguido Santos es resucitar a las bandas terroristas y multiplicar su poder. Es el resultado natural de la legitimación que se ha hecho con ingente gasto del presupuesto en propaganda en los medios y aun con dedicación de los empleados públicos a tareas de propaganda. El fruto real de todo eso lo define con bastante acierto Jaime Bayly en la entrevista al coronel Plazas Vega que podrán ver al final de este post.

A estas alturas no se puede ser indiferente: no rechazar la infamia del régimen es hacerse cómplice de todas las atrocidades terroristas, que se han cometido para llegar a esta situación de completa impunidad y aun licencia para delinquir (con la práctica disolución de la Fuerza Pública por el gobierno, cosa que se comprueba en el "paro armado" del clan Úsuga, claramente convocado para sabotear la marcha del 2 de abril). Si las marchas no son masivas habrá que entender que los colombianos realmente prefieren llegar a tener los sueldos y las libertades de los cubanos, pero en Colombia será mucho peor, será otra Camboya.


(Publicado en el blog País Bizarro el 1 de abril de 2016.)

lunes, abril 18, 2016

Todos a marchar contra el desempleo, o por lo que sea


Sería interesante analizar lo que impidió la firma del acuerdo prometido el 23 de marzo, me atrevo a suponer que en definitiva Obama no se atrevió a promover el indulto a Ricardo Palmera ni la salida de las FARC de la lista de organizaciones terroristas, y que Santos les había prometido a sus socios algún logro en ese sentido. En todo caso no podrían firmar la paz y declarar abiertamente a Colombia un narcoestado reconocido por la DEA. Obviamente no van a dejar esa industria que deja rendimientos fabulosos, seguir negociando es más grato para todos, como una canción de Camilo Sesto que decía "Miénteme, porque sólo así me harás saber que aún nos podemos entender". "Negociemos, porque así tendremos una excusa para seguir en lo que interesa, que es controlar el ejército a punta de purgas, exportar cocaína, expandir la extorsión y someter mediante el terror judicial a quien se oponga." (Supongo que se publicarán explicaciones de más interés, no es propiamente el tema de este post.)

La detención de Santiago Uribe forma parte de ese terror judicial: cualquiera que se atreva a criticar la entrega del país a las FARC puede terminar preso, o viendo encarcelar a su familia con cualquier pretexto. Y como tal es lícito que se convoquen protestas masivas; uno podría lamentar que no ocurriera cuando detuvieron a Arias o a Ramos, o que Uribe y compañía no las hayan convocado para oponerse a la entrega del país al crimen organizado, pero en cualquier caso hay que apoyar la movilización: oponerse a la persecución del hampa judicial es un deber de cualquiera que crea en la democracia, en la ley, en la justicia, en la libertad y en los derechos humanos.

Lo que pasa es que no se convocan manifestaciones contra la detención de Santiago Uribe ni contra las demás persecuciones infames que impone el narcorrégimen, sino que literalmente se invita a quien acuda a buscar los motivos de su descontento. Los uribistas no soportan que se les diga que es una manifestación del uribismo, ni menos que es contra la paz. De eso no debe quedar duda, ellos apoyan la paz y aun quieren una Constituyente con las FARC. Lo curioso es que hasta ahora las marchas y protestas callejeras contra Santos y su paz son de unos pocos cientos de personas porque nunca las convoca Uribe ni los líderes uribistas. ¿Cómo es que cuando sí las convocan tienen vergüenza de hacerlo como tales?

Esa idea de que cada cual encuentre sus motivos de descontento retrata completo al uribismo: lo que se busca en definitiva atraer a gente cuyo problema son las dificultades económicas, fruto de la mala situación en que está el país. ¿Por qué la situación económica se deteriora? Pues porque cayeron los precios de las materias primas que son la mayoría de las exportaciones. ¿Es eso culpa del gobierno de Santos? Resueltamente no, también la situación económica se complicó después de 2008 y sólo a los peores propagandistas se les ocurrió culpar al gobierno de Uribe. Y no es que la gestión económica del gobierno de Santos sea defendible, pero al comienzo de su gobierno los altos precios de las materias primas aseguraban un crecimiento aceptable y no había resistencias.

Pero la gestión económica no es una cuestión que se remedie mediante manifestaciones. Alguna vez leí que unos economistas habían hecho un análisis histórico de la frecuencia de protestas callejeras y demostraron que aumentaban drásticamente cuando había recortes en el gasto público. Es decir, los manifestantes presionan a los gobiernos para que gasten más y por ese motivo son la causa del despilfarro, gracias al cual Europa occidental crece mucho menos que Norteamérica y Asia oriental. Las opciones correctas en la gestión de la economía no son las que pide la calle sino las que determinan los expertos.

Un ejemplo muy preciso de eso es el gobierno de Mariano Rajoy en España: las autoridades económicas internacionales, las agencias de calificación y todo el que entiende el asunto aplaude su gestión de la economía, pero entre los ciudadanos cunde el descontento por las dificultades que han tenido que pasar por efecto de la debilidad de su país. Los demagogos los soliviantan todos los días y de ahí salen muchos millones de expertos en economía y administración pública indignados por la corrupción y con recetas muy precisas para que la situación sea maravillosa. El país a estas alturas es ingobernable, pese a que se había alcanzado que estuviera a la cabeza de Europa occidental en crecimiento económico y creación de empleo. La elección de los ciudadanos destruye una buena gestión y lleva al país a la ruina. Las medidas que podrían generar más empleo no son las que mueven a los manifestantes.

En todo caso, no ocurre nada parecido en Colombia: los que salgan a manifestarse son los descontentos con la persecución y con la entrega del país a los terroristas. Esa clase de personas se identifican con Uribe en parte por el lloriqueo del expresidente y sus amigos (que les hace creer que le hacen oposición al régimen), en parte por la persecución de la propaganda oficial y en parte por identificación con su gobierno. Pero los líderes uribistas tienen exclusivamente interés en explicar que son tan amigos de la paz como Robledo y tan poco uribistas que no protestan por la detención del hermano de Uribe sino por el desempleo.

Esos líderes encauzarán cualquier descontento hacia sus cuentas mezquinas: ¿nadie recuerda los primeros meses del gobierno de Santos con bombas que el régimen y sus medios atribuían descaradamente a la "extrema derecha" mientras se rumoreaba que la cuota de Uribe en el gobierno era Rodrigo Rivera, uno de los líderes del partido de Samper, Serpa y Piedad Córdoba? Ese espíritu nunca se superará,

Pero es una buena cosa que la gente tenga la sensación de que si sale a protestar contra los terroristas no está sola: ojalá se acuerden de OPONERSE A LA INFAMIA DE LA HABANA. Nadie se lo prohíbe, al mismo Uribe y a sus amigos les conviene porque así tendrán más argumentos para corregir y mejorar la negociación, que sólo será perfecta cuando les ofrezcan garantías para sus cuotas de poder e influencia sobre los nombramientos.

(Publicado en el blog País Bizarro el 25 de marzo de 2016.)

domingo, abril 10, 2016

La derecha en Colombia


Sentido móvil
Hablar de "derecha" e "izquierda" es una cosa muy grata para los demagogos y propagandistas. Esas palabras tienen un sentido móvil que les conviene para atraer la adhesión de su público: el programa socialista de la Falange en las dos primeras décadas de la dictadura de Franco era de derecha, un programa casi idéntico en Rumania era de izquierda; la "violencia caballeresca" de los fascistas italianos era de derecha, la "máquina de matar" que a punta de odio construía el Che Guevara era de izquierda, por mucho que fueran ideas idénticas y aun la segunda copia de la primera (todos los ideólogos jesuitas de después de la Segunda Guerra Mundial parecen copiar a Enrico Ferri, el maestro fascista del fascistoide Jorge Eliécer Gaitán); el exterminio de los judíos por los nazis es de derecha, mientras que el de los kulaks (en el fondo otro grupo étnico, tal como la minoría judía en Alemania era una clase social) por los precursores bolcheviques es de izquierda (sin olvidar que hoy en día el odio antisemita es una seña de identidad de la izquierda), etc. Incluso cosas tan emotivas como las emociones "telúricas" del indigenismo y las teorías de resentimiento tipo Galeano proceden de la misma raíz romántica del Blut und Boden nazi.

La causa de los nuestros
No obstante, la izquierda gana partidarios de forma automática entre los jóvenes gracias a la identificación espontánea, tal como ocurre con los nacionalistas: el enemigo es el que no forma parte del "combo", el que cría vacas en regiones remotas o posee tierras o lleva uniforme militar. Cualquiera que parezca sometido a una disciplina distinta al cómodo relajo de los herederos naturales de los cargos públicos. Como no están cerca para explicarse, se les atribuyen todas las perversidades imaginables y la causa de todas las desgracias existentes en el mundo. También estar vendidos a las potencias extranjeras, por mucho que sea exactamente al contrario: tal como ocurre en toda Hispanoamérica, la propaganda comunista es lo que se llama educación, y aceptarla provee títulos, prestigio y rentas.

El partido de la tradición
Si la derecha es el partido de la tradición, como suponen los que usan esas distinciones, la izquierda colombiana sería la primera derecha: defiende los privilegios de los universitarios y los empleados estatales, que dadas las condiciones del país son los mismos. El origen remoto de esos sectores sociales son las castas superiores de la sociedad colonial, lo cual refuerza el aserto anterior. La izquierda colombiana es la más típica derecha. Si se toma por el lado de la desigualdad social, no sólo son claramente el sector acomodado sino que generan desigualdad, como se vio en los años noventa tras la Constitución que implantaron y gobiernos ligados al comunismo como el de Samper. Es verdad que son rotundamente hostiles a los empresarios, pero no porque defiendan valores poscapitalistas sino plenamente precapitalistas: su fundamento ideológico y moral es la mentalidad del castellano viejo, cuyo rasgo principal es la aversión al trabajo. Usando la jerga marxista, la izquierda colombiana es la fuerza que impide el desarrollo de las fuerzas productivas. La industria del secuestro lo confirma, tras destruir a todos los productores eficientes en las ciudades y en el campo, los patricios de siempre reforzaron su poder en un país mucho más atrasado y pobre.

Tradicionalismo oficial
No obstante, hay otra derecha que se describe como tal y que no enmascara los presupuestos jerárquicos de la tradición: son gente que expresa abierta nostalgia por las castas coloniales y que se puede encontrar entre los prosélitos literales de Gómez Dávila o la gente que rodea al procurador Ordóñez. Un rasgo de identidad que la define respecto a la izquierda es la militancia católica, un tanto paradójica cuando la Conferencia Episcopal y el mismo papa son aliados abiertos de los genocidas comunistas. Ya en una ocasión me ocupé de esta gente comentando un escrito de un abogado que se opone a los derechos humanos enarbolando la bandera del "bien común". Esta derecha del Partido Conservador y otros reaccionarios reactivos tiende a menguar porque no tiene nada que ofrecer a las mayorías, aunque gracias al terrorismo comunista sigue encontrando adhesiones.

El bando del Gran Colombiano
La inmensa mayoría de los colombianos mayores de cincuenta años que no disfrutan de rentas públicas tienen una imagen muy favorable de Uribe porque recuerdan el desorden sin fin de los ochenta y los noventa, que terminó con la tortura incesante del Caguán. Incluso la situación relativamente amable del último lustro es un logro de su gobierno, pues sin la extraordinaria ampliación que tuvo la economía y sobre todo la extracción de materias primas durante los ocho años en que gobernó no habría sido posible aprovechar los precios altos de que disfrutó el primer gobierno de Santos. Ese fácil reconocimiento en un líder que remediaba necesidades urgentes y proveía mejoras indiscutibles enmascara la tremenda confusión que en sí lleva: los uribistas pueden ser la típica gente que en Perú acompañaba a Fujimori y en Chile a Pinochet, y a la vez izquierdistas decepcionados por las FARC y sus socios (en un video de propaganda contra el gobierno vi el lema "la salud es un derecho y no un negocio", típica consigna comunista que no molesta a los uribistas. Incluso discutí una vez con uno que defendía a Fidel Castro).

El valor de la "burguesía nacional"
La denuncia del aislamiento colombiano y de la persistencia de la mentalidad colonial con su racismo, sus castas y el parasitismo cómodo de algunos lleva a muchos anticomunistas oficiales a rechazar este blog: les parece muy parecido a la retórica izquierdista y muy tibiamente anticomunista, pero ¡qué maravilla! NINGUNO abre la boca para rechazar las mentiras de José Obdulio Gaviria sobre el MOIR y su creador, Francisco Mosquera. 
... curiosamente, por ejemplo hay sectores de la izquierda como el de Robledo que nunca han estado vinculados al terrorismo y que inclusive fueron críticos del terrorismo siempre. Francisco Mosquera es uno de los adalíes de la lucha antiterrorista y es el fundador del Moir
Mentira que el MOIR nunca estuviera vinculado al terrorismo siendo aliado electoral del Partido Comunista ya en 1974 y miembro fundador del Polo Democrático. ¿Qué es estar vinculado al terrorismo? Las FARC eran abiertamente el brazo armado del Partido Comunista, cuya fuerza derivaba en últimas del dinero soviético y del poder que alcanzaran los asesinos. Pero ¿qué era el MOIR? Antes se llamaba "MOEC" y surgió cuando los comunistas chinos rechazaron el "revisionismo" de Jruschov por adhesión a la ortodoxia de Stalin y por rechazo a la negativa soviética a emprender una guerra nuclear contra Estados Unidos. La palabra mamerto se atribuye ahora a los nombres de pila de algunos dirigentes del PCC, pero en los setenta se consideraba derivada de "mamarse", echarse para atrás ante la urgencia de hacer la revolución. Mientras los "revisionistas" del PCC participaban en las elecciones, los maoístas de Mosquera distribuían el Libro rojo de Mao y hacían propaganda de la Revolución cultural china y de su heredera, la "Kampuchea democrática". Bogotá estaba llena de pintadas alusivas a esa bella ilusión firmadas por el MOIR. Si Mosquera rechazaba el foco guerrillero no era por principios "antiterroristas" sino por cuestiones tácticas, aunque siguiendo la experiencia camboyana sí envió a miles de jóvenes a "descalzarse" al campo para crear la base de la "guerra popular prolongada" con que esperaba hacer la revolución. Eso es el uribismo, confusión moral en torno a un líder que lo mismo lleva a asesinos como Everth Bustamante al Senado que reivindica a politiqueros infames como Juan Lozano.

Jóvenes libertarios
Dado que izquierda y derecha son palabras de significado móvil, conviene recordar que para millones de personas, sobre todo fuera de Colombia, la izquierda es el bando estatista y la derecha el bando antiestatista, el de la reducción al extremo del Estado. Siendo así, los seguidores del liberalismo radical serían típicos derechistas, pero ciertamente a los colombianos que predican esa doctrina no les gustaría que los llamaran así. Bueno, como sociológicamente no existe la base social del liberalismo (salvo en grupos religiosos como los evangélicos), ocurre como cuando organizan bailes en las cárceles y a algunos presos les toca hacer de mujeres. Los "libertarios" colombianos se proclaman equidistantes entre uribistas y santistas: al uribismo le reprochan, con razón, su estatismo, y gracias a esa coartada se sustraen a cualquier resistencia efectiva al premio del crimen, para la que proponen una "paz ciudadana" que no corresponde a la realidad (no que no sean realistas, sino que por sentido práctico se preparan para predicar su ideología irreal con alguna subvención en el mundo que seguirá a la firma de la paz). Cuando se habla del tráfico de drogas replican con la fórmula libertaria (que culpa a los prohibicionistas) que oculta la realidad colombiana de dominio de las bandas criminales.

Más allá de la izquierda y la derecha 


Sobre todo hay que entender que el resto del mundo no es como Colombia y que la primera urgencia del país es la vigencia de la ley y el freno al narcorrégimen que implanta la tiranía de las FARC y convierte al país en otro satélite del narcoimperio cubano. En el largo plazo, no se trata de un enfrentamiento entre abstracciones universales que se disuelven en el ácido local sino de la forma en que una sociedad esclavista se asimila a la democracia moderna. La tiranía de siempre tiene el poder con base en los millones de la cocaína y en el control del presupuesto, pero su única obra es el despilfarro y la creación de pobreza. En ese esfuerzo es necesario un discurso distinto de todos los aquí descritos como "derecha": ciertamente es necesario reducir el gasto público, pero más urgente es crear un Estado legítimo que haga cumplir la ley, es decir, superar el régimen del 91 y aun procesar a los funcionarios que durante estas décadas han delinquido de forma abierta, como el siniestro Montealegre, al que nunca nadie denunció por prevaricato, como correspondía.

Es decir, la clave es la vigencia de los derechos humanos, base de una legalidad que ni es vigente ni se cumple (baste pensar en la exclusión de los militares del voto o en la licencia para matar que admite el engendro del 91 con el nombre de "delito político"). Cualquier distracción doctrinaria que impida la lucha por esa causa, cualquier alianza táctica con los totalitarios, como la del uribismo con Robledo (un compañero de fatigas de Iván Cepeda cuyo proteccionismo lo hace peor que Santos, que al menos consiguió firmar varios tratados de libre comercio), termina siendo funesta.

(Publicado en el blog País Bizarro el 12 de marzo de 2016.)

viernes, abril 01, 2016

No hay de qué sorprenderse


Como señalé en un post de hace pocas semanas, la claudicación del uribismo ante la toma del poder por los terroristas es total, y la reciente aprobación por consenso del régimen de las Zonas de Reserva Campesina lo confirma. Pero es algo que señalo desde 2010 sin que a nadie le parezca que se le debe prestar atención: los colombianos de las grandes ciudades ven la política como una confrontación futbolística y lo menos que se puede esperar de ellos es que sean leales a su equipo. Los hinchas uribistas lo son, no es que aplaudan las mentadas ZRC, pero tampoco muestran AHORA ningún rechazo. Si no están unidos se sienten traidores y casi partidarios del equipo rival.

Esa disposición unánime de los uribistas no obedece sólo a intereses espurios, ni siquiera al servilismo típico asociado a la esclavitud, sino que corresponde a la identidad más profunda del hispanoamericano, que es el español de los siglos XVI XVII exportado al nuevo continente y estancado en los valores de su época y en el confort del saqueo y la esclavitud (exactamente lo contrario del angloamericano, que huía de la persecución religiosa y encontró grandes extensiones vírgenes en las cuales crear su utopía, sin riquezas que saquear ni poblaciones mansas a las cuales esclavizar, y ni siquiera tierras fértiles en la Nueva Inglaterra originaria).

¿Cuáles eran esos valores del español de esos siglos que pobló amplias regiones de América? Los de la Contrarreforma católica, surgida como recuperación de las ideas de la Edad Media en respuesta a la orgía pagana del Renacimiento y a la rebelión de los pueblos de origen germánico que se conoce como Reforma. ¿Qué caracterizaba a la Contrarreforma? La unanimidad a ultranza en torno a la autoridad papal, que se consideraba infalible. ¿Cómo se garantizaba esa unanimidad? Mediante el terror, para lo cual existía el Tribunal del Santo Oficio o Inquisición, que castigaba cualquier disidencia u originalidad. Sin ir más lejos, las dos figuras más importantes del catolicismo español, santa Teresa y san Juan de la Cruz, sufrieron persecuciones.

Esa relación entre la idiosincrasia hispanoamericana y la Contrarreforma la señaló en muchas de sus obras el poeta y ensayista mexicano Octavio Paz, que resumió el asunto con la frase "Somos los hijos de la Contrarreforma" y que encontró en muchas actitudes vigentes el rastro de esa herencia, sobre todo en la imposibilidad de la crítica.

Eso es lo que se puede detectar en la actitud de los uribistas ante la proeza de sus representantes, que pueden lloriquear todo lo que quieran pero al final reconocen la infamia de La Habana prestándose a entregar territorios al crimen organizado. No es concebible la crítica ni el pensamiento independiente, ante eso hay un freno inconsciente poderosísimo, como el que impide la antropofagia o el incesto. ¿A quién se le va a ocurrir poner en cuestión lo que haga Uribe? Seguro que es alguien pagado por Santos, o afiliado a alguna otra candidatura o simplemente de las FARC desinformando. Los mismos que antes de que Uribe llegara a la presidencia se esperanzaban con Carlos Castaño, incluso víctimas de los terroristas, callan sobre las Zonas de Reserva Campesina para no resultar críticos con el Amado Líder infalible por siempre.

Lo rígido para los colombianos no es la ley (de ahí que ningún uribista cuestionara nunca la espléndida ocurrencia de buscar un tercer periodo para el líder, si la ley lo prohíbe, se cambia la ley), ni la ideología (José Obdulio Gaviria anuncia tranquilamente la confluencia con el MOIR, grupo maoísta que forma parte del Polo Democrático y que acompañó la campaña de Clara López a la Alcaldía de Bogotá, y ensalza como líder antiterrorista a Francisco Mosquera, que de haber tenido ocasión habría hecho las de Pol Pot, al que siempre aplaudió). Lo rígido es la adhesión y lealtad a las personas, al caudillo providencial que puede traer la redención, siguiendo una tradición hispanoárabe que también señaló Octavio Paz como rasgo de la idiosincrasia de la región.

A causa de esa idiosincrasia, a pesar del odio que la inmensa mayoría profesa a los terroristas, el perverso plan de Santos no ha tenido respuesta y no la tendrá. El uribismo es una minoría menguante que trata de mejorar la negociación y que bajo la tiranía comunista se acomodará. Ya el cuasi anuncio de una candidatura conjunta con Cambio Radical, uno de los partidos que sostienen a Santos, permite ver lo que ocurrirá. La izquierda perfectamente se podría dividir para forzar algún reconocimiento al nuevo régimen, con Robledo aliado con los uribistas sumado al lloriqueo y a la explotación del descontento, que siempre reinará y encontrará audiencia, en aras también de la cuota de poder de su capilla.

La negociación de La Habana es un crimen y constituye la instauración de una tiranía que traerá mucha sangre y mucho sufrimiento. Todos los que la acompañen, sean "liberales" como Mejía Vergnaud o Daniel Raisbeck o uribistas, forman parte de un mismo bando. ¿Que estamos en absoluta minoría quienes nos oponemos? Efectivamente, pero la idea de la democracia liberal no es natural y sin embargo avanza en la mayor parte del mundo. No la puede representar nadie que no se oponga rotundamente al reino del hampa, pues al admitirlo todos se hacen sus esclavos.

La guerra contra el totalitarismo y en defensa de la ley es una guerra de ideas. Ojalá esas enseñanzas de Octavio Paz sobre la necesidad de la crítica y la raíz contrarreformista de la mentalidad hispanoamericana fueran el fundamento del discurso de quienes queremos hacerle frente a la unanimidad del régimen y sus clases universitarias. La actitud de los uribistas ya los descarta como posibles aliados: son parte de eso que tenemos que combatir.

(Publicado en el blog País Bizarro el 12 de marzo de 2016.)

viernes, marzo 25, 2016

El rastro de la esclavitud


Si se piensa en las causas de que alguien sea como es, resulta inevitable tener en cuenta su pasado. Esto es mucho más claro cuando se trata de una sociedad, porque ese pasado sigue vivo en las formas de vida que se encuentra cada persona nueva y en el lenguaje que aprende. Por eso no se entiende a la Colombia actual sin su origen en la Conquista española y en la sociedad colonial, que duró mucho más tiempo del que lleva la república independiente.

Todo el mundo habrá oído o leído comentarios sobre el contraste entre los territorios americanos conquistados por los británicos y los que cayeron en manos españolas, contraste que en Colombia es aún mayor por el aislamiento y por la ausencia de una nación amerindia hegemónica con cierto grado de desarrollo, como ocurría en México y Perú.

La sociedad neogranadina congeló las tradiciones y los valores castellanos, por eso los rasgos de la Colombia moderna son más castizos que los de otras repúblicas de la región. La esclavitud característica de los indios fue más profunda, dada su dispersión y diversidad, y dado el carácter pacífico de los que habitaban la región central. Esa exclusión y dominación las asimilaron las generaciones posteriores a tal punto que la palabra "indio" es un insulto que no desconcierta a nadie (todos, incluidos obviamente los catedráticos de filología, historia o literatura, dicen "indígena", eufemismo casi tan absurdo como si se dijera "indigente").

Los que hemos vivido mucho tiempo fuera de Colombia detectamos algo diferente en cuanto entramos en relación con colombianos. Por ejemplo, la crueldad, el asombro que nos producen las prisiones colombianas y mucho más la tranquilidad de la gente al saber que sus semejantes viven así, o la misma disposición de la inmensa mayoría de las personas "educadas" a mostrar respeto por los que han secuestrado a bebés y usado niños bomba. La forma de vida de la época colonial pervive en forma de daño moral (Denis Diderot decía que los europeos trasplantados a otras regiones desarrollaban hábitos de indolencia o crueldad que determinarían un daño moral profundo). La tolerancia ante la infamia cotidiana, por ejemplo ante los desmanes de los funcionarios judiciales, dejan ver ese mismo daño moral.

La historia del mundo desde la época de la Conquista española de América ha tomado otro rumbo. En el siglo XVI España era la primera potencia europea y el primer imperio mundial, pero la asociación de sus líderes con el papado ante la división de la Iglesia y su papel como ejecutores de la Contrarreforma determinaron su aislamiento respecto del resto de Europa y en definitiva su retraso respecto de las nuevas corrientes de pensamiento y conocimiento. Todos los avances científicos y tecnológicos importantes, todas las innovaciones estéticas importantes y los enfoques filosóficos de mayor rigor ocurrieron a partir del siglo XVII en otras regiones de Europa, también como resultado del declive del imperio ante el éxito británico.

De tal modo, las sociedades hispánicas heredaron el oscurantismo medieval y la Inquisición, y se acostumbraron a la esclavitud de una parte de la población. Ése es su origen. Pero el resto de Europa avanzó en libertad religiosa, en eficiencia económica y en representación política de tal modo que tuvieron lugar las llamadas revoluciones burguesas, la expansión tecnológica y económica derivada de la máquina de vapor y el ferrocarril en el Reino Unido y la democracia política en las colonias británicas americanas primero y en Francia después. El modelo se hizo hegemónico en Europa a lo largo del siglo XX y la nación surgida de las colonias británicas de la costa oriental de Norteamérica se convirtió en la primera potencia mundial que exporta su cultura al resto del planeta.

La historia de las repúblicas hispanoamericanas es la del lento proceso de asimilación a esa nueva realidad. El surgimiento de alternativas a la democracia liberal moderna es sólo resistencia de los grupos sociales privilegiados, es decir, de los que tradicionalmente se han beneficiado de la situación de relativa esclavitud de la mayoría. Las guerrillas y la izquierda comunista no son "revolucionarias" en el sentido de que quieran cambiar ese orden, sino propiamente reaccionarias, pues su interés es preservarlo en forma de rentas fabulosas y parasitarias y de dominio político a favor de la minoría heredera de las castas de siempre, como explicamos ampliamente en el video La paz es un crimen colectivo. La vieja encomienda opera a través de los sueldos públicos tal como la extorsión terrorista opera a través de la negociación de paz.

Los enfoques ideológicos tradicionalistas que pretenden redimir al país de la injerencia comunista conservando el viejo orden sólo son un malentendido. La sociedad tradicional desapareció porque el mundo se americanizó, la defensa de un orden viejo en el que las personas de alcurnia no tienen que trabajar y el tener varias criadas se da por sobreentendido requieren la retórica comunista y la violencia criminal que garantice la inanidad de cualquier ley. La mente diabólica de Karl Marx no habría tenido posibilidades en sociedades que no fueran esclavistas (aunque en realidad "mente diabólica" es una forma de hablar: esos anticomunistas sencillamente han visto en Marx la encarnación del demonio, sin cuya tentación el paraíso que añoran seguiría siendo perfecto).

Claro que el pasado no se puede juzgar presuponiendo las condiciones de nuestra época, ni menos se va a cambiar, ni tiene nadie por qué cargarse culpas de otros. Sencillamente, por profunda o valiosa que sea cada experiencia personal, nada se libra de corresponder de algún modo a ese ciclo histórico de asimilación de las regiones periféricas a la cultura hegemónica. Nadie se libra de tener una actitud u otra respecto de la esclavitud o del parasitismo de las castas dueñas del país desde su fundación, o respecto de la sociedad jerárquica que siempre ha imperado y que resiste, como expliqué antes, a través de los sindicatos y guerrillas comunistas (son lo mismo, pero no lo pueden ver quienes clasifican a las personas por el estilo de su calzado).

La misma idea de la paz expresa esa persistencia de la esclavitud. El que prefiera la paz a la libertad, a la justicia y al imperio de la ley no es un hombre libre, y por eso la corrupción del lenguaje que lleva a cabo la propaganda del narcorrégimen se le vuelve en contra: si la paz significa que los crímenes quedan impunes, la paz es la renuncia a la ley y el triunfo de quienes la violan; si significa que los representantes populares elegidos libremente no son suficientes para gobernar, la paz es la abolición de la democracia, pues ya lo que impera es el poder de los asesinos; si significa que quienes han hecho estallar niños bomba y cometido cientos de miles de atrocidades semejantes pasarán a tener poder, la paz es la renuncia a la justicia.

¿Cómo pueden las personas libres desear la paz que no fuera el fruto de la justicia, de la vigencia de la ley y de la igualdad de derechos políticos? No pueden, pero los que han corrompido su alma con la esclavitud  o son esclavos no le ven problema. ¡Es tan respetable el anhelo de paz! Y no debería creerse que ese pacifismo es minoritario, por el contrario, define a Colombia. Si no fuera algo obvio, algo que todos defienden tampoco habría bandas terroristas.

Esa oferta de paz no es ninguna novedad ni tiene nada de particular: la humanidad siempre la ha tenido y su propia condición es la resistencia a aceptarla. A los antiguos griegos y romanos el encanto de la paz les habría resultado aún más repugnante que la idea de un dios crucificado. Lo que se honraba era la guerra, a tal punto que muchos nombres actuales derivan de Marte, el dios que la representaba. Las modernas naciones europeas surgen de la poesía épica que canta las hazañas guerreras de sus héroes, sea el Cantar de Roldán o el Cantar de Mio Cid. Las mismas repúblicas hispanoamericanas surgen de las guerras de Independencia y honran a quienes la emprendieron. La idea de brindar reconocimiento a los peores asesinos y premiar sus hazañas en aras de paz sería el nombre mismo de la indignidad para cualquier persona no colombiana que lo pensara.

De modo que no tiene sentido lamentar que la paz de Santos no sea la verdadera paz: en un barco negrero el capitán espera que haya paz. Los negros también. A punta de paz se implanta el orden en el que los marcarán con fuego y los venderán. Los colombianos tienen que saber que el precio de la libertad, de la justicia, del orden, de la democracia y de la prosperidad es la paz, porque ninguno dice "paz" con el sentido de "victoria de la ley", por mucho que lloriqueen por lo que hace Santos. Quien no exige justicia ni libertad ya se ha sometido.





(Publicado en el blog País Bizarro el 4 de marzo de 2016.)

jueves, marzo 17, 2016

Escrito en forma de tuits

Enlazo algunos textos publicados en Twitter que en mi autocomplaciente opinión merecen alguna atención. Perdón por el "ladrillo" que resulta.

Para qué la paz y cómo se reclutan pacifistas:
La abominable mentira de la guerra y la paz tiene anclaje en la mentalidad mayoritaria:
La educación perpetúa la dominación:
La vil falacia de la paz sin impunidad:
La paz no necesita mejoradores:

(Publicado en el blog País Bizarro el 25 de febrero de 2015.)

miércoles, marzo 09, 2016

Lo que viene ahora en Colombia


La larga negociación de paz tenía por objeto permitir a los terroristas retornar a todas las regiones de las que habían sido expulsados, recuperar y ampliar sus negocios criminales, expandir el control de la mafia totalitaria sobre el conjunto del Estado y aun asegurarle un segundo periodo a Juan Manuel Santos. Pero, sobre todo, ir acostumbrando a punta de propaganda al país a una realidad que habría sonado a chiste en 2010: que el poder fáctico, real, es la banda terrorista y sus frentes en la función pública. Decir "la banda terrorista" mueve a engaño, porque sirve para atribuir a unas siglas específicas lo que hace una organización mucho mayor, como si alguien culpara sólo a las SS, a las que no pertenecía Hitler, de todos los crímenes nazis. La izquierda, disciplinada en torno a las bandas armadas y en la cúspide controlada por el clan López-Santos-Samper, será la dueña absoluta del país gracias a la paz, y para el régimen cubano será el reemplazo apropiado a la Argentina, que podrían perder para mucho tiempo si Macri acierta a redimirla. No se debe olvidar que hoy en día la economía colombiana es mayor que la argentina.

No se entiende nada si se sigue pensando que la negociación puede tener otro sentido: el problema del secuestrador es tener al rehén, cuando ya lo tiene porque las víctimas cedieron a la primera amenaza, ya su negocio es prácticamente seguro. El poder de los terroristas y aun su actividad son sólo el efecto de la disposición de los colombianos a renunciar a la ley. Alguien que vive en tierra caliente y no limpia la cocina no puede quejarse de encontrar cucarachas.

Luego, el éxito rotundo de los terroristas no es mérito suyo sino el fruto natural de la indolencia de los colombianos, que no pudieron resistir la tentación de tomar el atajo de reconciliarse con sus superiores sociales en nombre de otros y olvidar todo lo que sufrieron otros. En todo caso, los más próximos al poder político seguirán disfrutando de lujos y rentas ociosas, los que conocerán el hambre serán los mismos esclavos de siempre y los que se vean reducidos a la miseria habiendo conocido cierto bienestar en la mayoría de los casos se lo merecen, pues tener un país decente sin hacer valer ninguna ley ni resistirse a un gobierno criminal es como pretender vivir sin tener que trabajar.

A estas alturas yo podría apostar a que no habrá plebiscito, y me produce cierta curiosidad la candidez de la gente que cree que Santos quiere hacerlo. Más o menos como quería la segunda reelección de Uribe. Tímidamente abrió una página web que se llamaba sinoesuribeesjuanmanuelsantos. Ahora intenta cumplir su promesa de refrendar los acuerdos, pero no puede impedir que la Corte Constitucional tumbe el decreto. La verdad es que el deterioro económico que siente la gente será insoportable en cuestión de semanas, baste pensar en la crisis mundial de estos días, ¿para qué va a arriesgarse Santos a que toda su componenda quede deslegitimada por una votación de descontento? Ni siquiera para humillar al uribismo, que teme que realmente llegue ese plebiscito y tenga que pedir el voto por el SÍ y recibir el desprecio de mucha gente, o pedir el voto por el NO y arriesgarse a que muchos de sus dirigentes, empezando por Uribe, vayan a la cárcel, pues el objetivo de la persecución es forzar esa adhesión a la paz. Para salvar una parte de la cuota de poder que quedaba en 2014 es imprescindible mantener el lloriqueo, así se podría conservar la simpatía de la gente más desinformada.

La muestra más palpable de la claudicación total del uribismo es el artículo que publicó Juan Lozano el lunes 8 de febrero, sobre el que ningún uribista dice nada, salvo Uribe, que lo ayuda a divulgar. Es un texto de valor histórico, una muestra de la indigencia moral inconcebible de los colombianos. Si éstos son la supuesta oposición, inspiran más desprecio que los propios criminales. Hay párrafos que resulta irresistible citar.
[Sobre el decreto que convoca el plebiscito]
No era fácil compendiar en un solo instrumento la violación del acuerdo marco con las Farc, el desconocimiento de la dinámica de las conversaciones en Cuba, la vulneración de los mandatos de la Constitución y la multiplicación de todos los riesgos políticos, pero estos próceres modernos lo lograron de un solo plumazo y dos pupitrazos, después de amañar umbrales, violar procedimientos, untar de ‘mermelada’ los textos constitucionales y pretender pasarse por la faja garantías políticas fundamentales.
Toda la descalificación que dirige a los que aprobaron el plebiscito se basa en la defensa del acuerdo marco con las FARC y la dinámica de las conversaciones en Cuba. ¿Aprueba el lector ese acuerdo marco y esas conversaciones? Si es uribista dirá que sí y a la vez que no. Si es un uribista que recibe dinero de la política o del periodismo, lo hará para engañar. Si no, lo hará por el placer de ser engañado. Lloriquean porque esas conversaciones tengan lugar pero cuando les dicen que el gobierno les está quedando mal a las FARC preguntándoles a ellos si aprueban las negociaciones, dicen que es muy indignante lo que hace el gobierno y que ellos en realidad no quieren opinar ni quieren que se quede mal con las FARC. Al lado del servilismo de esta gente, toda la corrupción y toda la maldad del mundo son cosas respetables.
El argumento es tan elemental como contundente: el acuerdo marco firmado por el Gobierno y las Farc es contundente en que el mecanismo de refrendación de los acuerdos será adoptado de común acuerdo entre las partes. La consecuencia es clara: las Farc no aceptan el plebiscito que surge como imposición unilateral del Gobierno, aplastando en el Congreso sus advertencias reiteradas de que no lo aceptarían. Así la Corte, en una pirueta de alquimia jurídica, lo dejara vivo con mutaciones, mutilaciones, modificaciones o adiciones, las Farc no aceptarían el plebiscito.
Las FARC no están de acuerdo con el plebiscito y como el acuerdo marco señala que la refrendación será de común acuerdo, pues se está faltando al acuerdo marco y por eso sale el valedor de las FARC a explicar que por eso está mal que la gente pueda opinar sobre si se premia el genocidio. ¡Eso no se hace, no fue lo que se acordó con las FARC! Ningún valedor oficial de las FARC llega a ese nivel de bajeza. Hace falta el pueblo uribista, la gente servil e indigna que espera que un salvador opine por ella para que algo así prospere. 
[...] 
Y mientras esto ocurre con el plebiscito, en cambio, la constituyente cada día gana más adeptos desde todos los sectores del espectro político, y se va perfilando como la única opción verdaderamente viable si pretenden lograr el acuerdo nacional que requiere el proceso de paz para su perdurabilidad en el tiempo, su blindaje jurídico y su legitimidad ante la ciudadanía.
La constituyente que las FARC piden cada día gana más adeptos ¡desde todos los sectores del espectro político! Los votantes uribistas son gente que supuestamente condena a las FARC, pero casualmente sus dirigentes son uno de los sectores del espectro político que apoyan la propuesta de la banda y rechazan la refrendación directa por los ciudadanos. Todo porque defienden el acuerdo marco, ¿se acuerdan? El acuerdo nacional que requiere el proceso de paz, cuyos defensores más coherentes son los uribistas, requiere una Constituyente, como piden las FARC, y no una refrendación popular. Así ese acuerdo tendrá blindaje jurídico y nadie lo podrá cuestionar.
Subsiste, claro está, una larguísima lista de preguntas por resolver. ¿Cuándo se tendría que convocar? ¿Con qué alcance y temario? ¿Cómo se integraría? ¿Sería una constituyente estamentaria o no? ¿Habría un número de cupos mínimos garantizados para las Farc? ¿Sería un mecanismo único o estaría acompañada de otras formas previas de participación ciudadana? ¿Para su elección se aplicarían las mismas normas que hoy rigen la vida de los partidos políticos, o se desarrollaría una normativa especial que estimule la participación ciudadana y la presencia de nuevas expresiones sociales?
La querella con el gobierno la resuelve el uribismo tomando la vocería de las FARC. Si al menos quisieran fingir un poco protestarían por la idea de entregar cupos a las FARC, pues eso sería la abolición del último vestigio de democracia, pero es cosa que hay que discutir. Pero la frase final es más luminosa porque es directamente la expresión de las FARC. "La participación ciudadana y la presencia de nuevas expresiones sociales" es la fórmula eufemística para aludir al Trust Münzenberg, que es la maraña de organizaciones que inventó el comunista alemán Willi Münzenberg para multiplicar el impacto del activismo partidista: asociaciones de todo tipo que reemplazan a la comunidad y son simples máscaras del partido. En Colombia se conoce mucho de eso, las asociaciones de víctimas, de mujeres, de "negritudes", de indios, de estudiantes, de LGBTI, de animalistas, etc., así como las ONG de paz, de Derechos Humanos, de protección ambiental, etc., son lo mismo, además de pretextos para explotar la financiación exterior de la causa y las subvenciones estatales.

De modo que la supuesta oposición a Santos dice que hace falta discutir cómo será esa Constituyente, sin rechazar de plano la idea de que haya métodos de elección de los asambleístas distintos a los que salgan de las urnas. Ésa es la intención de las FARC, salvarse de la refrendación porque son impopulares y conseguir representar a la sociedad a través de entidades ficticias. No ya es que los uribistas defiendan la Constitución de 1991, que pudieron cambiar pero sólo lo hicieron para permitir la reelección, sino que están dispuestos a darles a los terroristas la que piden. Verdaderamente están en el mismo lado que las FARC. Este artículo los pone más cerca que el mismo gobierno.
Sobre cada uno de estos aspectos podría abrirse un debate fructífero. Cerrarse a la posibilidad de una constituyente es tan necio como cerrarse a la posibilidad de que el Gobierno y las Farc puedan firmar en Cuba. Que el trámite puede resultar dispendioso es cierto. Pero es inevitable. Si abandonaron la idea del referendo, solo una constituyente podría evitar la interinidad institucional y el caos en la implementación que se puede derivar de los acuerdos de Cuba, aun si fueran sometidos a algún tipo de consulta.
Lo que el gobierno y las FARC puedan firmar en Cuba es ilegal y un crimen en toda regla y no puede haber democracia en Colombia mientras no sea derogado y mientras no se lo considere una tragedia. El núcleo de esa negociación, aquello para lo que existe, lo que figura claramente en los acuerdos publicados, es la legitimación de los crímenes terroristas, para lo que nombraron una Comisión Histórica. Las nuevas leyes saldrían fundadas en una mentira y el horror mismo sería la fuente del derecho. Los necios exigiremos a cualquier candidato que se presente que PROCLAME QUE NO ACATARÁ LO ACORDADO Y BUSCARÁ DEROGARLO.

Los necios estaremos en otro lado. El señor Uribe y su séquito estarán en el lado de las FARC.
Por eso, con todo respeto, lo que propongo es que se concentren esfuerzos para diseñar la mejor asamblea constituyente, en vez de seguir profundizando la cadena de errores asociados con el dañino plebiscito.
Lo "dañino" del plebiscito es que, dado que defienden los resultados de la negociación, como queda establecido, tendrían que pedir el sí, y puede que aun así perdieran junto con Santos y las FARC. Porque si hubiera plebiscito (y no lo habrá), las FARC tendrían que pedir también el sí.

No hay ninguna resistencia a la implantación de un régimen como los de Venezuela, Ecuador y Bolivia. Uribe y su séquito aspiran a seguir explotando el lloriqueo, buscando votos de la gente que desaprueba a las FARC para acomodarse y conservar sus curules, rentas y cuotas burocráticas. La oposición a la república en la que los terroristas tienen el poder aún más asegurado que ahora debe empezar por hacer a un lado a esta gente. Debe ser pura cosa de "necios", no les quepa duda.

(Publicado en el blog País Bizarro el 11 de febrero de 2016.)