viernes, septiembre 24, 2021

El lenguaje de Petro

Gustavo Petro es un personaje cuya popularidad me resulta inexplicable, me imagino que se debe a que de algún modo "conecta" con un tipo humano abundante en Colombia, tal como Hugo Chávez sabía llegar al corazón del venezolano humilde. Sin embargo, además de ese rasgo, no son comparables, el coronel venezolano era mucho más inteligente y más culto que el exguerrillero. La tosquedad y mendacidad de este personaje siempre me han impresionado, y lo que creo que lo hace grato a su público se me antoja una monstruosidad del espíritu local. Una mala fe sistemática y descarada que no incomoda a la gente porque es la costumbre generalizada, una exhibición de ignorancia y vulgaridad que encaja en el espíritu de un país en el que todo el mundo cree que la impresión de diplomas es progreso. Voy a comentar un tuit de Petro para señalar hasta qué punto en muy pocas palabras introduce varias mentiras grotescas que la gente no detecta porque la educación que recibe es sólo una gran inyección de esas mentiras.

Ignoro por qué recientemente dejé de estar bloqueado en Twitter por Petro, el caso es que un día encontré este tuit, al que quizá contestó alguien a quien sigo.


PRIMERA MENTIRA: No hay ninguna conexión entre la condena y la ideología de Uribe ni ninguna otra. Se evalúan unos hechos según la letra del Código Penal.

SEGUNDA MENTIRA: A Daneidys Barrera no se la condena por ningún delito llamado "terrorismo". La sentencia señala "
perturbación del servicio de transporte público, daño en bien ajeno e instigación para delinquir con fines terroristas". 

Lo único que interesa de todo eso es la "cultura" local. Cualquiera pontifica sobre las sentencias judiciales y un legislador y candidato presidencial no tiene incomodidad en pasar por alto el contenido de la sentencia. A nadie le molesta, millones de colombianos votaron por ese personaje porque la "educación" que reciben los deforma a tal punto. 

Y claro, la "cultura" local, la idiosincrasia delirante, de puro "realismo mágico", incluye esa extraña noción del delito político. Después de que los tipos penales en que se basa la sentencia no merezcan ni siquiera una mención, se pasa a la monstruosidad mayor, la idea de que el sentido "político" de un delito sea un atenuante, cosa que, todos los colombianos aceptan (de ahí las obscenas discusiones sobre la conexidad del narcotráfico con los delitos políticos). ¿Qué es delito político? La educación de los colombianos les inyecta la noción de que el tener determinados objetivos hace que ciertos crímenes se puedan considerar "altruistas" y por eso se los debe juzgar con benevolencia. ¿Algún colombiano consulta alguna vez un diccionario? Yo tengo mis dudas. Vean la definición que da el diccionario normativo de la RAE. 
Es verdad que esa noción es muy restringida y que la expresión "delito político" se aplica a otras condiciones, pero en ninguna parte es un atenuante. El que un criminal se proclame "preso político" (como los asesinos de Acción Directa) no hace que sus delitos sean excusables. Lo que pasa en Colombia es que la judicatura acepta los puntos de vista de los criminales.

El origen de esa curiosa endemia es éste: la nueva república no tenía un amo legitimado de ninguna manera, como lo estaba el rey en el periodo colonial, de modo que el poder podría alcanzarlo el que organizara una fuerza capaz de imponerse. Esa rapiña es toda la historia de la república. Pero cuando se organizaba una fuerza para hacerse con el poder no se tenía ninguna garantía de éxito, de modo que el organizador, siempre un criollo, podría fracasar pero no por eso iba a sufrir el castigo, toda vez que quien podría imponérselo podría verse después en las mismas. Es decir, los indios, negros y mestizos se mataban y los que los mandaban siempre quedaban impunes. De ahí viene el disparate.

TERCERA MENTIRA
Lo que hace eficiente la mala fe es que los demás la comparten, de modo que no se escandalizan porque tampoco tienen ningún respeto por la verdad ni por el lenguaje. Los presos cometieron asonada, la asonada es delito político (cosa de la jurisprudencia colombiana, en otras partes no se admite esa idea), luego se trata de presos políticos. ¿Qué es un preso político?

Así aparece la definición de la Wikipedia:


Un preso político no es el que ha cometido un delito político, un legislador capaz de una mentira tan burda y ridícula no debería estar en el Congreso sino en la prisión, pero, insisto, la mala fe es un rasgo cultural, como la inclinación al parasitismo o al robo. NADIE EN NINGUNA PARTE admitiría que alguien acusado de cometer asesinatos con fines políticos fuera un preso político.

Pero en fin, no es un problema de Petro y sus seguidores sino del conjunto de los colombianos, incapaces de entender que el objeto de la educación es formar petristas, incluso en las universidades más caras, como la de Los Andes, donde el profesor Alexander Klein, muy activo en Twitter, exhibe lindezas de idéntica calidad moral e intelectual.

(Publicado en el blog País Bizarro el 17 de agosto de 2021.)

sábado, septiembre 11, 2021

El proyecto uribista para 2022

Ya faltan pocos meses para la contienda electoral de 2022 y no se sabe aún quiénes serán los principales candidatos a la presidencia, aparte de Petro, cuyo protagonismo en las encuestas difícilmente se traducirá en un triunfo electoral porque en la segunda vuelta, si es que llega, su contrincante concentraría el voto de rechazo y el exguerrillero sólo podría ganar mediante un fraude muy difícil de ocultar. La gran incógnita está en la selección de un candidato que rechace la herencia de Santos, que Duque continuó. ¿Hay en Colombia una mayoría descontenta con el régimen implantado por el sucesor de Uribe y con los jueces nombrados por los criminales y las curules para legisladores a los que el pueblo no elige? Durante más de veinte años esa parte de la población hostil al comunismo se ha sentido representada por Álvaro Uribe y los grupos políticos que ha dirigido, Primero Colombia, el Partido Social de Unidad Nacional y después el Centro Democrático, pero con el gobierno de Duque el perfil de ese segmento se ha desdibujado: realmente en un gobierno al que respalda el partido de Uribe no hay la menor disposición a deshacer lo que dejó Santos. Parece que el expresidente dice lo que puede agradar al público votante y deja la deshonrosa tarea de defender la herencia de Santos a sus subalternos.

Propósitos familiares 

Abro Twitter y encuentro esta perla.


El nivel de hostilidad es más bien chocante, pero más lo son los "argumentos". El primer sobreentendido es que no se puede criticar al presidente porque es del mismo partido. Es un rasgo cultural, la gente no ve ninguna tropelía en ese llamado a la "coherencia". En la época en que se hablaba de la financiación irregular de la campaña de Ernesto Samper era muy frecuente que se invocara la lealtad de su ministro Horacio Serpa. ¡La nobleza de esa actitud se extendía hasta el propio Samper, cuya relación con la mafia quedaba eclipsada! En el tuit de Macías, aparte de la descortesía impropia de un legislador con gente de su partido, destaca la absoluta falta de interés en lo que escribe el joven Lafaurie Cabal: no importa si es verdad o mentira, acertado o errado, no es apoyo al presidente del CD. Luego no hay nada que decir sobre el contenido del artículo y el asunto de que se debe hablar es de que la familia tiene el propósito de llegar a la presidencia, como si eso fuera de por sí reprochable.

Es decir, lo que tiene que decir el senador Macías sobre el balance del gobierno de Duque es que el padre enlaza el artículo del hijo porque tiene el objeto de promover a la madre a una candidatura presidencial. ¿Qué nivel de discusión política es ése? Bueno, ¿es que nadie recuerda quiénes defendían a Uribe en el Congreso cuando era presidente? Seguro que los viejos lo recuerdan: Armando Benedetti, Gina Parody y Roy Barreras, a cuyo hijo apadrinó Uribe. No hay diferencias entre Barreras y Macías, es la misma clase de personaje que prospera adulando al jefe mientras teje la red clientelar y de negocios y establece contactos con las instancias superiores del poder. Barreras y Benedetti pasaron de adular a Uribe a servir a Santos, quien les encargó sumarse al Pacto Histórico (así se llaman los de la Lista de la Decencia). Macías tendrá su ocasión después.

Una propuesta innovadora

Al día siguiente lo primero que encuentro en Twitter es este video. Ni siquiera lo habría visto de no ser por el texto del tuit en que lo enlaza el exministro.


Lo primero es el lenguaje, hay ciertas formas de expresarse que delatan a las personas que no han leído libros, aunque por otra parte se hayan esforzado por estudiar y tengan grandes talentos. Para expresarse bien hace falta vivir rodeado de gente que se expresa bien o leer muchos textos bien escritos. Leer no es lo mismo que estudiar, el estudiante necesita asimilar la información lo antes posible para dar cuenta de ella en el examen, mientras que el lector quiere perderse en el cuento que le está contando una voz que le resulta grata. En general los colombianos valoran muy poco la corrección lingüística, de modo que les parecerá una pérdida de tiempo atender al hecho de que no se dice "iniciaré por..." (no es correcto su uso como intransitivo no pronominal). El hecho de no decir "Empezaré" deja ver el interés de usar un lenguaje pulido sin necesidad (que es el mismo fenómeno que se da en el uso de "escuchar" por "oír" y de "colocar" por "poner").

Pero lo demás es atroz, no sólo muestra de la indigencia intelectual y moral del señor Zuluaga sino incluso del medio al que se dirige. Él no tiene nada que proponer sino que quiere ¡construir consensos! con los que quieran ¡construir! una Colombia con mejores oportunidades y bienestar social para todos. ¿Se imaginan lo que diría Petro en contra? Si un candidato quiere "construir consensos" de ese tipo, tiene que empezar por construirlos con las FARC, que no tendrían nada que objetar. El texto del tuit es sencillamente vacío, dice que Zuluaga quiere ser presidente y se ahorra señalar sus principios para que no digan que imita a Groucho Marx cuando aclara que si al interlocutor no le gustan tiene otros. Directamente, no tiene ninguno, pero lo tendrá tras construir consensos con jóvenes, empresarios, líderes sociales, mujeres y todo aquel... Hombre generoso, Zuluaga no sólo quiere oportunidades y bienestar social para todos, sino que no desdeña el voto de nadie. ¿Quién es un líder social? ¿Qué significa "líderes sociales"? Tenía entendido que eran los guerrilleros asesinados, casi siempre por sus cómplices, pero parece que Zuluaga quiere entenderse con ellos antes de que los maten.

Esa palabrería huera y penosa, que parece una caricatura de un político en el teatro escolar, es lo que caracteriza al partido uribista, que, colmo de los colmos, aparece descrita en el discurso del video (que empiezo a comentar citándolo en letra cursiva), como una ¡propuesta innovadora!

Quiero anunciarles que buscaré la presidencia de nuestro país, que lo haré con una propuesta innovadora, con una propuesta de inclusión, y con una propuesta que estimule la construcción de consensos. 

Construcción de consensos

No puedo saber si el hombre alude a varias propuestas, esas anáforas (repetición de "una propuesta...") son un recurso barato de la oratoria, pero cuando se juntan tres elementos el último normalmente va precedido de la conjunción y. ¿Son tres propuestas? ¿Qué significa "inclusión"? En la propaganda de los socialistas y afines se alude con esa palabra a la integración de los más débiles en el conjunto social, rechazo de la "exclusión" a que da lugar la pobreza, el racismo, el sexismo, etc. Parece que en la jerga del candidato se refiere a lo mismo que la construcción de consensos: lo innovador es ponerse de acuerdo con personas con las que se tienen diferencias, y la inclusión quiere decir lo mismo. La frase siguiente explica cuáles son los consensos que Zuluaga quiere construir, a quiénes va dirigida la propuesta de inclusión, qué es lo innovador de su(s) propuesta(s).

Estoy convencido que la sociedad colombiana no quiere más peleas y no quiere discusiones inútiles.

Otra vez el lenguaje. Uno está en minoría cuando les sugiere a los colombianos que se debería usar un lenguaje correcto, más en algo en lo que toman parte muchas personas, ninguna de las cuales ve ningún problema. El desinterés por esas cosas corresponde al nivel del país, no sería raro que los embajadores se hurgaran la nariz o se rascaran el escroto en las reuniones, bueno, tal como Uribe en una reunión de jefes de Estado con el rey de España y varios presidentes salió a pedirle a Chávez que fuera "varón". Se está convencido DE algo. Otro aspirante posible a la presidencia dice tranquilamente "habían" delante de nombres. Es el nivel del país, tal como nadie ve ningún problema en expresarse mal, tampoco se arrepienten del entusiasmo que mostraban por Roy Barreras cuando era uribista.

¿La sociedad colombiana no quiere más peleas y (¿tampoco?) quiere discusiones inútiles? ¿Cuál puede ser el motivo de esas peleas y además de esas discusiones inútiles? Adivinen: sí, el acuerdo de La Habana, la JEP, las curules para las "víctimas" (impuestas por la Corte Constitucional a pesar del rechazo del Congreso). No se puede discutir sobre lo que quiere la sociedad colombiana sino sobre lo que quiere el señor Zuluaga. Si la sociedad colombiana no quiere que haya democracia sino que se conforma con que el presidente elegido (Santos) hace lo contrario de lo que prometía y aun convoca un plebiscito basado en una mentira infame (votar NO era oponerse a una paz estable y duradera) y aun así lo pierde, ¡y aun así hace lo contrario de lo que el pueblo escoge!, pues es como si alguien dijera que la sociedad colombiana no quiere maltratarse los músculos trabajando sino tomar las cosas que necesite, y que habría que complacerla.

Es decir, la construcción de consensos del señor Zuluaga es la renuncia a cualquier discusión sobre la democracia y la conformidad con el orden creado por Santos. No es novedad porque fue lo que hizo Uribe en 2016 (en aras de hacer valer la palabra empeñada), pero siempre hay en ese partido un resabio de lloriqueo para mostrar empatía con los votantes. Ahora es explícito, van en aras de la inclusión de los narcocomunistas y sus clientelas, a ver si de acuerdo con ellos toca la presidencia, como si no hubiera ya un montón de candidatos ofreciéndoles lo mismo.

Por lo demás, Zuluaga ya ha manifestado su compromiso de respetar los acuerdos con las FARC, claro que también dice que hay que volver a asperger con glifosato, pero no hay riesgo de que eso llegue a ocurrir. Duque también quiere hacerlo pero no lo dejan. ¿Y cómo se van a construir consensos si los llamados a hacerlo se oponen con toda firmeza al glifosato? Todos tienen que ceder.

En Twitter una señora me contestó que había que ser realistas: Santos lo dejó todo bien atado, incluso con un tribunal propio. ¿Qué se puede hacer? Yo lo entiendo, el narcotráfico es demasiado poderoso, si no puedes con tu enemigo, únete a él. Bueno, ya, el narcotráfico, ¿no es otra de esas peleas inútiles que la sociedad no quiere?

Lo que la sociedad espera

Sigue el discurso de Zuluaga en su video.  

Lo que espera son candidatos presidenciales que aporten propuestas a la solución de los problemas.

¿De veras? ¿Es que no hay candidatos o que los demás no aportan propuestas a la solución de los problemas? Yo mismo podría hacer mi aporte, propuestas tiene cualquiera. Pero ¿no están más cerca del consenso otros candidatos, como Fajardo o Gaviria, que son más apuestos, cultos, simpáticos, cosmopolitas y refinados que Zuluaga? Muy raro todo. Es una sociedad muy rara, a pesar de las decenas de candidatos presidenciales que hay en liza, la sociedad espera candidatos que aporten propuestas a la solución de los problemas. ¿No sería mejor no complacerla? Pero ojo, eso que espera es porque no quiere peleas ni (quiere otra vez) discusiones inútiles. ¡En lugar de la discordia, candidatos que aporten propuestas!

La extraña voluntad "consensista" y proactiva de la sociedad da lugar a otra perla de la cursilería más trillada, vulgar y ridícula que se pueda encontrar.

Juntos podemos construir la Colombia que soñamos. 

A diferencia de candidatos como Petro, que habría dicho claramente otra cosa. ¿Qué clase de gente tolera esos discursos.

Estímulos y aceptaciones

A la vez que se estimulan los consensos, también se estimulan las diferencias. 

Desde todos los rincones del país, estimulando las diferencias, pero jamás aceptando las desigualdades, y creo que si avanzamos en esa dirección podremos entonces convocar a millones de colombianos. 

¿Cuál es el problema? Lo que no se puede es aceptar las desigualdades. ¿Qué son las desigualdades? Los "derechistas" colombianos siempre defienden las desigualdades porque les parecen naturales y de algún modo tienen miedo a perder sus propiedades si viene alguien a corregir las mentadas desigualdades. Pero aquí el candidato del consenso, de nuevo se acomoda al afán de construir consensos, por ejemplo con los admiradores del profesor Moncayo, que le pedía a Uribe que repartiera sus enormes fincas entre los pobres. ¿Qué diferencias hay que estimular? La idea es un disparate, y las desigualdades ¿a qué aluden? Un ente vacío, un hombre que quiere ser presidente y no tiene nada que proponer, dice cualquier cosa que no significa nada, y ¡necesita avanzar en esa dirección sin sentido para poder convocar a millones de colombianos, como si no pudiera convocarlos desde el principio!

Justicia social

Empezaré desde mi partido y luego buscaré jóvenes, hombres y mujeres, de otros sectores, que tengan diferencias pero que coincidan en algo fundamental: cómo construir una sociedad con justicia social y de oportunidad para todos. Colombianos, colombianas, los invito a que juntos construyamos la Colombia que queremos y nos merecemos. Muchas gracias.

Parece que el hombre no quiere contar con los mayores ni con las personas de sexo no binario, pues resulta obvio que los jóvenes que buscará serán hombres y mujeres, ¿qué falta hace que los mencione? Pero OJO, de otros sectores. ¿Cuáles son los otros sectores? Pueden tener diferencias pero deben coincidir en algo fundamental, ¡cómo construir una sociedad con justicia social?

Es muy extraño, Zuluaga quiere construir consensos con los sectores que ya tienen candidatos con mucha más visibilidad que él. Parece que en lugar de ir con los suyos esos sectores (o sea, los jóvenes de esos sectores) querrán contribuir a la presidencia de Zuluaga para que no los acusen de impedir los consensos.

¿Qué significa "justicia social"? El gran Thomas Sowell decía que no conocía ninguna justicia que no fuera social. Esa expresión apareció como un elemento propagandístico del fascismo y formaba parte de la demagogia populista que usaba para atraer a las mayorías. Tuvo un uso muy frecuente en la Argentina del fascista Perón que complacía a sus "descamisados" y llamó "justicialismo" a su partido. También la España franquista (el último régimen fascista de Europa, que contó con el apoyo de Perón) usaba esa expresión, que después pasó a formar parte de la propaganda comunista. ¿Cuál es la justicia social que propone el candidato que la sociedad espera? ¿Alguien sabe en qué se diferencia de Petro?

Bueno, yo lo sé: se diferencia de Petro en que éste es un demagogo ligado directamente con la mafia comunista con sede en La Habana mientras que Zuluaga es un triste mamarracho vacío de ideas y valores que recita la palabrería de la propaganda más vulgar sin tener otro horizonte que la presidencia que creyó tener cerca en 2014 y que espera obtener por la lealtad de mucha gente a Uribe.

Los candidatos

En mi opinión, el discurso de Zuluaga deja claro que el CD ha renunciado totalmente a cualquier intento de alterar el orden que dejó Santos. Es lo que se puede inferir. Y si ya nadie va a pretender restaurar la democracia, en la que los legisladores son elegidos por la gente y los criminales no nombran a los jueces, ¿qué es lo que movería a la gente a votar por Zuluaga y no por otros candidatos?

En Twitter abundan los que ven una esperanza en María Fernanda Cabal, pero yo estoy completamente seguro de que ella no será candidata el 29 de mayo. ¿Espera ser elegida por su partido en lugar de Zuluaga? Si eso fuera posible, ¿cómo es que Macías se lanza a un ataque tan rastrero? Es obvio que Uribe lo aprueba, así como la designación de Zuluaga. El CD muestra en su apoyo a Duque el compromiso con la JEP y las demás infamias de La Habana, y la simpatía de los tuiteros o de los militantes más cándidos de ese partido no le va a servir a la señora Cabal para nada, como no le sirvió a Nieto Loaiza en 2018. Tampoco ningunas "primarias" en las que tenga que competir con la maquinaria del CD y el candidato de Uribe. 

Si fuera a aspirar seriamente a la presidencia tendría que renunciar a la curul y al partido y lanzarse por firmas precisamente reivindicando las discusiones que quedaron borradas por el terror santista, sobre la democracia, sobre el narcotráfico, sobre la vigencia de la ley. Así podría formar un polo que atraería a quienes rechazan ese orden y dejaría a Zuluaga con los demás candidatos de la justicia social y los consensos.

Pero no lo hará y la presidencia estará entre Petro y el exministro de Santos. Y no porque la sociedad espere candidatos con propuestas sino porque carece de músculo moral para que una mayoría se ponga firmemente del lado de la justicia.

(Publicado el 15 de agosto de 2021 en el blog País Bizarro).

viernes, agosto 20, 2021

El imperio global

El mundo está en manos de un trust omnipotente formado por agentes diversos, cohesionados por la mutua conveniencia y resueltos a aplastar a quien les estorbe en aras de una dominación cada vez más opresiva y de efectos estremecedores. La ingeniería social que se practica hoy en día en todo Occidente es una de las experiencias más inquietantes que ha vivido la humanidad, y no se puede decir que haya una respuesta coherente, más bien al contrario, hasta ahora la conjura totalitaria avanza sin parar.

La clase funcionarial

La renta per cápita del Distrito de Columbia era en 2018 de 160.472 dólares frente a los 50.577 del promedio nacional, más del triple, relación que no se da en ninguna otra comparación entre estados. ¿Quiénes disfrutan de esa ventaja? La población del área no sólo está formada por políticos y funcionarios sino también por representantes de otros países y muchos profesionales del cabildeo, cuya tarea es hacer que ciertos intereses pesen más que los de los votantes. El dato puede servir para ilustrar el poder que ha alcanzado incluso en Estados Unidos el sector social que vive del Estado y que fatalmente estará siempre a favor de expandir el gasto público. Nadie debe sorprenderse de que Biden haya obtenido allí el 93% de los votos. Es un ejemplo que se puede trasladar a todos los estados de la unión americana y a todos los países occidentales, en todas partes ha crecido una clase poderosa cuya cohesión resulta inevitable. Esa clase tiene un papel central en el imperio global porque su interés no es el de su nación sino el del grupo que representa dentro de su nación. Tal como se dice del bolchevismo y el fascismo que llevaron a los jóvenes soldados a despojar y oprimir a sus propios conciudadanos, también la casta burocrática puede compartir sin riesgo intereses con potencias extranjeras y forma de por sí una potencia aparte a través de organismos multinacionales cada vez más poderosos y ricos.

China

La expansión europea a partir del Renacimiento italiano, no sólo territorial y militar sino sobre todo científica y tecnológica, dejó en una situación de extrema debilidad a los demás imperios del planeta. Hasta el siglo XX, la historia de China en el mismo periodo es la de una larga decadencia. De modo que pese a su larga tradición y a su peso demográfico, China era un país insignificante hace cien años. La república, proclamada en 1912, fue un primer intento regenerador que no bastó para impedir la revuelta masiva que llevaría al poder a los comunistas tras dos décadas de guerra civil y contra la ocupación japonesa. Se suelen recordar las hambrunas del Gran Salto Adelante de los años cincuenta o la violencia de la Revolución cultural de los sesenta, pero se olvida que en las décadas anteriores también había hambre y violencia. Tras la muerte de Mao los comunistas se propusieron alcanzar el desarrollo industrial y económico y lo consiguieron de forma arrolladora. El Partido Comunista Chino no necesita acordar nada con los demás miembros del trust imperial, todos le son dóciles porque bastaría la prohibición de importar automóviles de lujo alemanes o de operar a cualquiera de las grandes compañías de internet para afectar las cuentas de resultados de la potencia europea o de cualquier empresa. Además, cuenta con la adhesión de los grupos de la llamada izquierda, que no muestran mucho interés en las cuestiones de derechos humanos, feminismo, pena de muerte, etc. cuando afectan a la gran potencia asiática.

Las universidades, los medios, el show business, las grandes empresas tecnológicas...

Cada uno de estos agentes tiene su propio interés, pero la actitud de cualquiera de ellos está estrechamente relacionada con la de los demás y con la de la clase burocrática. Se puede decir que las universidades concentran al alto clero que especula con proyectos de ingeniería social a los que se suman los demás agentes, cuyo poder requiere la adhesión conjunta. Los especialistas en estudios culturales elaboran el espectro teórico del transexualismo, que pronto se vuelve una obsesión de los medios, una presencia incesante en las obras de ficción y en los programas de entretenimiento y una "causa" que interesa a las redes sociales, a los buscadores de internet y a los dueños de los sistemas operativos más importantes de la telefonía móvil. La persona a la que se le asignó el género equivocado es un fruto inexorable de esa movilización. Al mismo tiempo, las universidades forman a los profesionales de todos esos negocios y mantienen su influencia desde ellos. Muchos profesores son a la vez columnistas o guionistas, o incluso directivos de empresas. Pese a las apariencias, la clave es la universidad porque quienes la dominan cuentan con la sumisión de los demás grupos.

El "progresismo"

También podría haber escrito "la izquierda", pero me parece detestable ese lenguaje. Hay una larga tradición de movimientos revolucionarios que comienza con la Revolución francesa y da lugar al obrerismo del siglo XIX y al comunismo del siglo XX. Durante la Guerra Fría y a causa del fracaso de los regímenes sometidos a la URSS a la hora de brindar bienestar a sus ciudadanos, los marxistas y afines buscaron un sucedáneo del proletariado que construiría la sociedad perfecta: otros agraviados por el racismo, feministas cada vez más radicales, ecologistas reclutados en las universidades entre jóvenes a los que les hacía falta un ideal creíble, etc. La caída del comunismo en Europa central y oriental hizo que esa nueva "izquierda" tomara el relevo, pero para que alcanzara la hegemonía hacía falta la prosperidad china y la expansión de internet. Baste pensar que las principales empresas hasta los años ochenta eran las automovilísticas y las petroleras, hoy insignificantes al lado de las tecnológicas. Las conexiones de los comunistas y afines, con sus ONG y sus alianzas con regímenes criminales, de nuevo demuestran la primacía de las universidades. En definitiva, el imperio global es el dominio de una casta que se apropia de los Estados y alcanza la hegemonía con que soñaban Gramsci y Marcuse, no tanto para crear la sociedad comunista cuanto para asegurar su dominio y sus rentas. La ideología marxista puede animar activismos como los de Black Lives Matters, pero el control termina en manos de un club más restringido y con otras pretensiones. Pese a lo que creen los sectarios conservadores, las ideologías sólo son pretextos. Lo que cuenta son los intereses.

El crimen organizado

El tráfico de drogas, armas y personas, como principales negocios, anima a poderosas organizaciones de malhechores por lo general relacionadas con gobiernos como los de Cuba, Venezuela o Irán y con otras redes terroristas, como las que amenazan ahora con controlar Afganistán. A su vez, esos regímenes, en realidad protegidos por China y Rusia, incentivan y alientan a los grupos comunistas y anarquistas que hay en todo Occidente, y ciertas actividades, como el tráfico de personas, cuentan con la participación de las típicas ONG creadas en las universidades, asociadas con grupos comunistas y promovidas por los medios y las redes sociales. También es característica la relación entre la corporación progresista y el narcotráfico, que en los países consumidores suele ser presión para tratar con benevolencia el consumo y en los productores para culpar a los prohibicionistas del poder de las mafias. Faltaría precisar lo que "crimen organizado" significa exactamente, porque en definitiva los gobiernos como el cubano, el nicaragüense, el venezolano o el iraní son entidades mafiosas ligadas a negocios ilícitos y usan los negocios ilegales para pagar sobornos.

Pensamiento obligatorio

Los nuevos dominadores quieren gente sumisa, para eso es la intimidación permanente que se conoce como "corrección política". Muchos movimientos reivindicativos son meros pretextos para acosar al individuo cuyas raíces en la tradición lo hagan indócil ante el nuevo dictado. Si se juzgaba con desprecio al sodomita o a la lesbiana, ahora ese desprecio es anatema y quien exprese siquiera vagamente la menor reserva a la hora de amar a los "homosexuales" es poco menos que un nazi, aunque pronto no habrá que decir "poco menos". Quien no sea entusiasta de los nuevos "hombres" embarazados o de "las" atletas "trans" es un nazi, no debe sorprender que todos los días los canales temáticos pasen infinidad de series sobre el nazismo (tratando de que un público infantilizado y adoctrinado en las escuelas lo asimile con Trump o con cualquiera que no sea "progresista") y misteriosamente casi nunca sale nada sobre el bolchevismo, mucho más letal y no menos perverso. Lo mismo ocurre con el ecologismo, cualquiera que ponga en duda la culpa colectiva en el cambio climático, o que no exprese odio al "capitalismo", es un sospechoso de deslealtad a los amos de los medios, la farándula, la universidad y el poder tecnológico. No es raro que la imposición funcione menos en los países que estuvieron casi medio siglo sometidos al comunismo, como Hungría y Polonia. Allí ya saben con qué fines se obliga a pensar a la gente de cierta manera.

Patriotas y "globalistas"

Una cosa es que el "valiente mundo nuevo" (traducción literal del título de la novela de Aldous Huxley conocida en español como Un mundo feliz) sea una distopía horrible y que los nuevos tiranos exploten la industria del agravio y la demagogia ambientalista para practicar su ingeniería social, y otra muy distinta que se pueda volver al pasado o que baste con los impulsos patrióticos para hacerles frente. Los "patriotas" de un país son de por sí enemigos de los del otro, la patria ya no va a reunir a las víctimas del nuevo imperio. Tampoco la religión, en claro retroceso desde la aparición de internet, será la respuesta eficaz. En general, el rechazo al "Nuevo Orden Mundial" ha ido acompañado de toda clase de teorías conspirativas que no se sabe si son añoranza de un orden anterior o elogio del desorden. Ya no será posible prescindir de alguna forma de "gobierno mundial" y problemas como las migraciones o las epidemias no se remediarán con arrebatos patrióticos. Falta otra cosa, una visión de los problemas comunes basada en el sentido común, en la verdad, en la justicia y en la libertad. Otro "globalismo" y otro "Nuevo Orden Mundial" en el que el poder de los actuales dominadores quede reducido drásticamente y las tareas comunes se emprendan con base en liderazgos efectivos frente a los problemas, el principal de los cuales es precisamente el totalitarismo, no en la manipulación de emociones ni en grandes campañas de engaño e intimidación.

El comunismo de tercera ola

En la misma época en que Marx escribía sus libros más influyentes se empezó a hablar en Europa de la expansión estatal. Hasta entonces el Estado era un organismo pequeño, en comparación con lo que llegó a ser después. Las nuevas funciones que fue adquiriendo implicaban más impuestos y más funcionarios, y en definitiva más poder sobre la gente. Sobre el efecto que esa expansión del Estado tiene sobre la sociedad es imprescindible leer lo que escribió hace noventa años José Ortega y Gasset. Casi todo lo estamos viendo aunque cambia según el país. Se da la aparente paradoja de que los países de Hispanoamérica parecen más "avanzados" que Estados Unidos porque el dominio de la clase funcionarial empezó antes, mucho antes, ya que nunca hubo una clase burguesa que hiciera de contrapeso al Estado controlado por los descendientes de los criollos de la época colonial, los cuales, ocultos tras una retórica pseudocomunista y "vanguardista", mantienen el control de los recursos y las rentas y enmascaran su parasitismo usando como pretextos las modas que se crean en las universidades estadounidenses. El "núcleo irradiador" (como decía el comunista español Íñigo Errejón) lo siguen formando comunistas e hijos de comunistas, pero la base social la forman los grupos privilegiados de siempre. A medida que menguan las oportunidades laborales, van surgiendo dos grandes grupos sociales, los que tienen cargos en el Estado y los demás.

Otra lucha de clases

El discurso anticomunista del siglo XX no tiene mucho sentido frente al nuevo orden de la "izquierda". Los que creen que se trata del resentimiento de "perdedores" que quieren darle la vuelta a la tortilla y despojar a los ricos no entienden nada. Si se piensa que en general en las clases acomodadas siempre ha habido médicos y juristas, hoy estos profesionales son casi unánimemente del bando de los comunistas, en parte porque la mayoría de ellos son funcionarios, en parte porque las personas con las que conviven lo son, o bien forman parte de los medios, las universidades, las grandes tecnológicas, la farándula... Ya nadie habla de acabar con la explotación del hombre por el hombre ni de la desigualdad entre pobres y ricos, sólo del peligro del "fascismo", que es la persistencia de la mentalidad burguesa tradicional, de la familia, la religión, el patriotismo y el amor a la libertad. Por eso en muchos sitios se habla de "izquierda caviar" y en Perú los llaman directamente "los caviares". Ya advirtió Max Weber hace más de un siglo que la burocracia reemplazaría a la burguesía como grupo dominante. El comunismo les legó una formidable tecnología de dominación, y demostró que el terror y la propaganda podrían salvar al régimen más impopular. Los diversos usufructuarios del imperio global son sus aliados más que sus catecúmenos. No hay una oposición entre "capitalismo" y "socialismo" sino entre la libertad y la democracia del pasado y la opresión distópica que implanta el imperio global. Soros no planea nacionalizar los bancos sino expandir el poder de sus dueños gracias a Pedro Castillo y las personas "trans".

Adiós, democracia

Mario Vargas Llosa es un escritor de otra época y sus inquietudes parecen ajenas a lo que pasa en el mundo de hoy. En un artículo reciente no vacila en hablar de la amenaza que representaba para la democracia la presidencia de Trump, ¡por el dominio de la prensa! Realmente a ese hombre le pagan por el premio literario que obtuvo. Es difícil decir algo más absurdo. Si algo define nuestra época es el hecho de que el discurso de Trump fuera interrumpido por las cadenas de televisión: unas empresas que sirven a sus dueños impiden que la gente conozca lo que dice el gobernante al que ha elegido. Tras la suspensión de la cuenta del expresidente en Twitter, el intento de recuperarla en Parler fracasó debido a que los otros grandes de internet impidieron el funcionamiento de esta red. Aún más llamativo es el manto de silencio que se tendió sobre esa censura. Salvo los sectores más radicalizados a favor de Trump, a nadie le pareció mal que eso ocurriera. Y es sólo un aspecto de ese control de las mentes que de hecho suprime la libertad de expresión y pensamiento. En España se emprendió una acción penal (finalmente archivada) contra quienes hicieron circular un bus en cuya carrocería se podía leer "Los niños tienen pene, las niñas tienen vulva". Se veía ahí un "delito de odio" contra las personas "trans". Eso por no hablar de la educación, incesante adoctrinamiento que con el pretexto de la tolerancia condiciona el pensamiento hasta forzar a la gente a opinar como quieren los ingenieros sociales, so pena de ser estigmatizada como "fascista".

La familia acosada

Los bolcheviques y los nazis consiguieron el control de la sociedad a través de la camaradería, de la inclusión del individuo en el grupo con el que pasaba todo el tiempo, rompiendo los nexos que tuviera con personas ajenas al partido. De ese tipo es la campaña actual, a las personas jóvenes se las recluta a punta de caricias y la vida sexual constante, promiscua y frívola la aparta de cualquier posibilidad de formar una familia convencional. La mayoría de las campañas de la red de propaganda tienen ese fin, sea el transexualismo, la homosexualidad, el aborto, la eutanasia, etc., todo conduce a formar personas cuyos nexos con los demás sean pasajeros y cuyo arraigo en el mundo sea liviano. Es uno de los puntos que pueden explicar la coincidencia entre los fines de Gates o Zuckerberg y los de los herederos del comunismo.

Un mundo trastornado

No se puede pensar en esta nueva realidad distópica sin recordar lo que fue el comunismo en el siglo XX. A pesar de la propaganda, la sociedad soviética no fue más igualitaria que las del Occidente y sí sometió a la población a muchos más sufrimientos. Eso mismo se ve ahora, baste pensar en el ecologismo obligatorio. En muchos países de Europa se persigue el uso de plásticos, se prohíbe dar bolsas gratuitas y se hace una campaña continua contra ellos. Si se mira la contaminación marina por plásticos, resulta que los consumidores europeos no causan ni una milésima parte de ese grave problema. Las bolsas que no se usan y los productos que se castigan generan buena conciencia entre el público dócil, siempre dispuesto a encontrar judíos en el vecindario, pero no cambian nada las islas de plástico que se han ido formando en los mares, sobre todo por vertidos de la industria en Asia. ¿Hacen algo esos todopoderosos que disponen del presupuesto de los países más ricos y de las fortunas de los multimillonarios por recoger el plástico de los mares? NO, no les importa, sólo es un cuento con el que pueden intimidar a la gente. La mayoría de los problemas ambientales requieren soluciones de ingeniería y grandes inversiones, para lo que hacen falta gobiernos que representen a los ciudadanos y no el poder concentrado del dinero y de regímenes tiránicos como el chino. Lo mismo se podría decir de las migraciones: mucha gente se inquieta por la presencia de inmigrantes pobres en su país, que fomentan los señores del imperio para destruir el arraigo y la identidad de las poblaciones. Nadie quiere pensar en lo que podría animar a los migrantes a quedarse en su país. El bienestar de las personas no interesa en absoluto a los amos, sólo la dominación y el control sobre una población atomizada, confusa, infantilizada e intimidada.

La decadencia de Occidente

Por otra parte, la mayoría de la humanidad aún no está sometida a la tiranía de la nueva cultura. Los indios, árabes, rusos, chinos y africanos no parecen muy dispuestos a creer que el sexo es algo que uno puede escoger a los catorce años, como autoriza la nueva ley "trans" que se tramita en España, de modo que esa nueva doctrina, hegemónica sobre todo en las ciudades, como el cristianismo en el periodo tardío del Imperio romano (de donde se llamaba a los reticentes "paganos", palabra que significaba "campesino"), todavía tendrá que hacer frente a las tradiciones de esos pueblos. Puede que el éxito conseguido en lo que va de siglo haya generado un optimismo excesivo entre los "progresistas" y que al final sean otros los que saquen provecho de la desmoralización y el desorden que cada vez son más claros en Europa occidental y América.

(Publicado en el blog País Bizarro el 21 de julio de 2021.)

domingo, julio 04, 2021

Revolución en marcha


La insurrección que tiene lugar en Colombia en las últimas semanas es un golpe de Estado dirigido por los que firmaron la paz en 2016, que buscan generar sufrimiento y desestabilización para que cuando lleguen las elecciones presidenciales el desprestigio del gobierno sea tan grande que nadie pueda resistirse a la implantación de un régimen controlado desde La Habana, como los de Venezuela, Nicaragua y ahora de nuevo Bolivia. No hay el menor secreto en ello, entre los que abiertamente animan la violencia callejera están los jefes de Los Comunes, que son las FARC con otro nombre, y aun los supuestos disidentes que dirigen el narcotráfico y el terrorismo desde Venezuela. ¿Cuáles son sus fuerzas? ¿Qué ocurrirá? Quizá convenga detenerse a pensar en el trasfondo antropológico de ese bioma singular que es Hispanoamérica.

Eslóganes y sueños

Ya es un lugar común entre los comentaristas políticos que quien domina el lenguaje lo domina todo porque establece el campo mental en el que se discutirá, que es como quien en la guerra escoge el terreno para una batalla. Eso es particularmente cierto en Hispanoamérica cuando se piensa en términos como revolución, y no hay que ir muy lejos para encontrar el problema. Hace poco Vicky Dávila señaló en una entrevista a Petro que los del M-19 eran hampones, a lo que el senador replicó que no eran hampones sino rebeldes políticos, revolucionarios. Y tiene razón, por ejemplo, cuando un ladrón despoja a alguien, viola la ley que protege el derecho de propiedad. El revolucionario simplemente suprime esa ley. La víctima puede no ver la diferencia, pero es grande. Con la revolución desaparece la esperanza de recuperar sus bienes o de castigar a quien se los ha quitado. Un revolucionario, decía Gómez Dávila, es a la postre un hombre que no se atreve a robar solo, pero hay que añadir sobre todo alguien cuyo robo es más completo y brutal.

Pero la revolución es popular en Hispanoamérica. La mayoría de la gente percibe un agravio atávico: se echa de menos una reparación, y la religión impuesta por los españoles hace cinco siglos sigue reforzando ese resentimiento. El desorden parece prometer que los que están abajo terminarán arriba; en todo caso, tienen poco que perder, sin contar que muchos esperan la ocasión de saquear alguna tienda y otros reciben dinero o drogas por participar en la revuelta. 

Esa necesidad de "cambio" sin duda influyó en el lema de la presidencia de Alfonso López Pumarejo entre 1934 y 1938, "La Revolución en Marcha". Es el periodo más antiliberal de la historia, con el comunismo imperando en todo el antiguo Imperio ruso, el socialismo nacionalista en Alemania e Italia y la socialdemocracia en su versión blanda en Estados Unidos, con el New Deal. (Es curioso que las variantes socialistas estuvieran ligadas en Colombia al Partido Liberal, no sólo López y Santos que aplicaban políticas socialistas y se aliaban con los comunistas, sino también Gaitán, típico caudillo populista que se doctoró en Roma en 1927 bajo la dirección del importante ideólogo fascista Enrico Ferri.)

Resumiendo, el descontento con el orden social y la percepción de injusticia tienen mucho arraigo en Hispanoamérica y llenan los sueños de millones de jóvenes cuya vida transcurre en la mayor desesperanza (conmueve ver al pobre Lucas Villa jactándose de bloquear una ciudad a la cabeza de la chusma, ésos son los logros de la educación colombiana, si se tiene relación con las mafias políticas se parasita a los demás, si no, se intenta ascender socialmente cometiendo crímenes). La revolución es un "gancho" muy eficaz de la propaganda comunista y a pesar de la retórica igualitaria —es algo que nadie quiere entender en Colombia—, sólo significa la defensa del orden que genera la miseria y el descontento, pero el joven "desposeído" no lo entiende. Mientras el adolescente de Kennedy o de Jamundí sale a enfrentarse con la policía, Petro y Bolívar pasan mucho tiempo en el exterior y los legisladores-violadores de niños viven "de rumba", protegidos por enjambres de guardaespaldas. El resultado de las "protestas" y del probable triunfo narcocomunista será la miseria de la mayoría y el aumento de los privilegios de los parásitos, tal como ya ocurrió en los noventa tras la atroz multiplicación del gasto público que siguió a la constitución de Pablo Escobar y el M-19. La fiesta de destrucción y terror, que para quienes participan tiene un elemento liberador, multiplica la inseguridad y agrava la pobreza. 

La delincuencia "común" es una microrrevolución, y expresa el mismo estado de barbarie en que transcurre la vida en la región. No hay empleos porque los recursos públicos se gastan en formar revolucionarios y el individuo incívico se las arregla para obtener su sustento mediante la violencia. La revolución es la delincuencia institucionalizada, pero ése es el fondo espiritual del país desde que los imitadores de Napoleón financiados y reforzados por los británicos fundaron la república.

Móviles y pretextos

La "protesta" nacional no se les ocurre a todos por arte de magia, es un plan para crear tanta inestabilidad y tanto descontento que la gente termine intimidada y finalmente el presidente que salga elegido en 2022 sea uno del bando del narcotráfico. El mismo sentido tiene el terrorismo callejero en Chile y hasta el "caracazo", que influiría en el triunfo de Chávez pocos años después. También la Asamblea que elaboró la Constitución Política de Colombia fue elegida por menos del 20% del censo electoral porque el resto vivía intimidado por los carros bomba y otras proezas de los "renovadores", que pocos días después de aprobar su engendro mataron a Enrique Low Murtra. Es el ambiente con que esperan ganar las elecciones de 2022.

No debe pasarse por alto el enorme impacto propagandístico de la violencia: como la gente siempre vive soñando con el cambio que pondrá arriba a los de abajo, aquellos que lo procuran generan simpatía, por mucho que para la mayoría la experiencia sea de miedo y empobrecimiento. Muchos adolescentes despiertan a la política y siempre caen en las redes de los comunistas que sólo tienen que prometer el paraíso y cuentan con los maestros, verdaderos agentes de dominación narcoterrorista.

Vale la pena prestar atención al supuesto motivo de las protestas, que al principio era la reforma tributaria propuesta por el ministro Carrasquilla. Se supone que ciertos sectores sociales relativamente acomodados pagarían más impuestos y que los recursos servirían para proteger a la gente más desamparada, especialmente lesionada por la pandemia. Ese descontento de las clientelas del comunismo era explicable (son la mayoría de los colombianos acomodados), y encontró pronto eco entre los uribistas, que no ven ningún problema en que el gobierno favorezca la fuga de alias Santrich o presione para hacer extraditar a Andrés Felipe Arias, pero sí en que la estructura de la tributación (inconcebible en ningún país civilizado) pueda cambiar y les toque pagar unos pesos más. 

Pero en fin, el objeto de la universidad colombiana es formar revolucionarios, eso es explícito, un profesor de la Universidad Nacional que discutía hace unos años con Alejandro Gaviria (apareció el diálogo en algún medio) declaraba que no estaban educando gente para el capitalismo. De modo que cuando es la ocasión los estudiantes salen en masa a destruir y los copiosos recursos del narcotráfico se invierten en contratar saqueadores e incendiarios. No van a parar porque el gobierno ceda, al contrario, a toda costa buscarán más mártires

"Malestar" global

Las revoluciones en Sudamérica son el paso siguiente al triunfo demócrata en Estados Unidos. Los medios de todo Occidente, que unánimemente persiguieron a Trump, se aplican ahora a vigilar los excesos policiales, como si fueran ONG de Soros. El mensaje que transmiten, a veces veladamente pero no siempre, es que los bloqueos de carreteras son legítimos porque son los oprimidos que se levantan contra la injusticia mientras que los policías son los defensores de la desigualdad. El moderado y contemporizador Duque resulta descrito en todas partes como un dictador feroz (baste recordar a Pinochet y el odio que despertaba en la prensa europea, que veía por lo general con admiración a los que habían "liberado" a la "Kampuchea Democrática", y que todavía no cae en que en los mismos años sus protegidos asesinaron a mil veces más personas en un país menos poblado que el máximo atribuido a la dictadura chilena). Cada muerto en Colombia recibe decenas de veces más atención que un asesinado en Venezuela, que no ha caído en enfrentamientos con la policía sino que muere después de ser torturado por oponerse al régimen.

Es decir, el intento de abolir la ley y la democracia (no otra cosa persiguen los congresistas nombrados gracias a sus miles de asesinatos y secuestros alentando el terrorismo callejero) cuenta con grandes redes de apoyo a nivel global, además de los medios colombianos y de todo el poder que los comunistas y sus socios han acumulado en casi un siglo de crímenes. La lucha por el control de Sudamérica sigue dándose en Chile y Perú, y pronto en Brasil, esta vez con gran inversión de recursos en campañas políticas. La sección colombiana requiere ahora vociferación y muertos, que es lo que buscan y como hay que entender el video de Alejandro Riaño. Pero la única solución posible la podrían dar los colombianos.

Resultados y perspectivas

Así tituló Trotski su libro sobre la revolución de 1905. ¿En qué va a terminar el paro? De momento ya se ha convertido en paro nacional indefinido y seguirá hasta forzar al gobierno a premiarlos de algún modo, siempre calculando que se pueda impedir la aspersión con glifosato y sobre todo que el Estado quede deslegitimado y se pueda inundar de propaganda los medios y las redes presentando a los jóvenes sicarios como víctimas.

El paro es la segunda parte de la paz de Santos, baste ver quiénes integran el Comité Nacional del Paro, que son la central comunista CUT, Fecode y grupos universitarios. Tras obtener impunidad, presupuesto, curules y control político, los comunistas se lanzan a buscar lo que siempre han buscado mediante esa vieja forma de lucha que han empleado en todas partes. Ni siquiera se ocultan, son evidentes las muestras de apoyo a la violencia callejera en la cuenta de Twitter de los congresistas asesinos. Y al igual que con la paz de Santos triunfarán porque no hay nadie en contra. ¿O ya nadie recuerda el lema "Paz sin impunidad" del uribismo durante las negociaciones de La Habana? Que se premie a los criminales pero que no se los deje de castigar. Apoyo a que se negocien las leyes, pero exigencia de que se cumplan. Realmente el CD es una mafia de vividores que prosperan felices acomodándose a la tiranía del crimen organizado. Ojalá hubiera habido sólo impunidad, ahora los secuestradores son los maestros de moral y el mismo Uribe le reconoce valores a la viuda de Tirofijo.

El hecho de que el paro persista o fracase depende de la actuación gubernamental, pero a ese respecto el papel de Duque es lamentable. Creo que la causa es la desorientación de su gobierno, que trata de salir del paso en medio de grandes contrariedades y en absoluto entiende a qué se enfrenta.

El campo despejado

La gran ventaja de los comunistas es la ausencia de respuesta, lo que se debe sobre todo a la indigencia intelectual y moral generalizadas. ¿Qué hace el gobierno? Ceder sólo tiene los efectos que tuvo para Piñera hacerlo, pero para enfrentarse a la conjura de los medios y las organizaciones internacionales, además de la mayoría de los gobiernos extranjeros, haría falta un presidente con convicciones y capaz de argumentar, lo que no es el caso. Sólo puede ceder y a cada renuncio los golpistas responden con más violencia, pues ¿cómo no van a encarnar la voluntad popular si el propio enemigo se lo reconoce? Ellos sólo convocan marchas pacíficas, ¿qué culpa tienen de que aparezcan unos vándalos casualmente más interesados en cercar y quemar los CAI que en robar televisores y tabletas? Al gobierno le gustan las marchas pacíficas, no hay derecho que quiera proteger más (es lo que dice Duque en su entrevista con Patricia Janiot), y claro que se va a reunir con la CUT para ver cómo premia las marchas y bloqueos. ¿Es consciente Duque de lo que buscan los del paro? Yo diría que no.

Hay dos frentes en los que se debería concentrar la acción gubernamental. El primero es la defensa de la ley y la democracia, la vigencia del derecho, la captura y enjuiciamiento de todos los que han cometido delitos en el marco de las "protestas". Nada alentará más los crímenes que la garantía de impunidad, que a fin de cuentas es lo que SIEMPRE los ha alentado, desde que se empezó a resolver el problema guerrillero con negociaciones. También hay que mantener el plan de aspersión de los cultivos de coca, porque mientras los del paro tengan esos recursos seguirán pagando la violencia. Si se consigue enjuiciar a una cantidad considerable de malhechores, la violencia cesará.

El gobierno de Duque no hará nada de eso: sólo intenta recuperar la calma y seguir con sus planes. El uribismo no le exigirá que haga nada de eso, el Gran Colombiano sólo busca evitar que lo persigan judicialmente y sus aduladores hacer carrera acomodándose a lo que haga falta. La bravuconada de pedir que los militares puedan usar sus armas sólo sirvió para reforzar la propaganda enemiga, y uno se pregunta si no sería otro servicio que el expresidente les presta.

Lo otro es la denuncia concreta de los móviles del paro, tanto en lo referente al narcotráfico cuanto a los propósitos de los comunistas. Tampoco hará Duque nada de eso, su misión es, explícitamente, superar los odios, es decir, ayudar a olvidar los crímenes terroristas y legitimar la "protesta". La dimisión de Carrasquilla fue un gran servicio en ese sentido: contribuyó a legitimar los bloqueos e incendios al reforzar el mito de que la causa de la insurrección era la reforma tributaria.

La elección que viene

¿Cuál es el proyecto del país que tienen quienes no están con los comunistas? Cada político tiene su aspiración y con ese fin se acomoda al orden reinante, de modo que nadie se plantea cómo se superará la pobreza, el atraso, la desigualdad, el narcotráfico y la constante insurrección comunista. Trato de entender la idea de Duque de proveer matrícula gratuita a los jóvenes y me quedo muy desconcertado. ¿Realmente cree que la pobreza en Colombia depende de la falta de instrucción? Lo que significa educación es un tema bastante complejo y casi nadie lo entiende. El pueblo cree que se trata de obtener una acreditación que dan unas instituciones y el resultado sólo es que muchas personas obtienen esa acreditación sin tener la menor capacidad de hacer nada. Si esa "educación" sirviera para algo, Cuba sería una potencia mundial, y es un país miserable en el que la gente tiene suerte si llega a ganarse veinte dólares al mes.

La generosidad gubernamental con las matrículas gratis sólo consiste en destrucción de puestos de trabajo, pues se cobran impuestos a quienes podrían crearlos para mantener ese engaño de que tras unos años de asimilación de la propaganda comunista se puede acceder a un buen sueldo. En la realidad acceden los que proceden de familias acomodadas y bien relacionadas con el hampa comunista, y esos puestos son mero parasitismo, a menudo como profesores, caso en el que sólo tienen que recitar consignas.

Los comunistas realmente representan al país: nadie está pensando en favorecer la creación de empresas y empleos mediante la agilización de trámites y la reducción de impuestos, menos en lo que se podría hacer tras acabar con el narcotráfico, a lo que se oponen la mayoría de los políticos. Ni siquiera hay conciencia de la necesidad de enmendar los acuerdos de La Habana (candidatos como Char o Gutiérrez fueron activos partidarios de ellos).

A estas alturas, los narcocomunistas tienen el triunfo asegurado en 2022. Los del CD están esperando a ver qué dice Uribe, y Uribe no parece saber qué quiere. Si su hijo mayor, que podría ilusionar a mucha gente que vio al país recuperarse entre 2002 y 2010, no va a ser candidato, ¿para qué contestaba entrevistas en grandes medios? Queda la impresión de que lo que se busca es impedir que surja un candidato que valore la ley.

Bueno, no lo habrá. El hecho de que Petro, delincuente, mentiroso, corrupto, ignorante, ridículo y feo cuente con una cuarta parte de la intención de voto en las encuestas ya deja ver hasta dónde llega la influencia de Fecode, organización con la que Uribe nunca quiso enfrentarse. A estas alturas el destino de Colombia está claro, será para Biden lo que Camboya para Carter, Ruanda para Clinton y Siria para Obama. Los comunistas no tienen obstáculos para hacer de las suyas. No hay nadie en frente, no hay nadie que tenga otras convicciones, todos se oponen a cambiar la Constitución impuesta por la mafia en 1991.

(Publicado en el blog País Bizarro el 16 de mayo de 2021.)

domingo, marzo 21, 2021

La estrategia de Caracol

¿Cuál será el próximo presidente de Colombia y a quiénes representará? Desde hace tiempo hay continuas maquinaciones de los grupos de poder para imponer su estrategia, y entre ellas destaca el engaño. Detrás de toda la historia colombiana del último siglo hay unos "poderes fácticos" que juegan en la sombra y lo deciden todo, por una parte el clan oligárquico, por la otra la mafia comunista, con grandes recursos e influencia. Parece que esos poderes planean imponer a un sucesor de Duque elegido por gente que no quiere que el país tome el rumbo de Venezuela, como ocurrió con Juan Manuel Santos y en el país vecino con Hugo Chávez, que juraba no ser comunista.

Caracol

Como es bien sabido, la antigua Cadena Radial Colombiana existe ahora separada, por una parte, la radio que pertenece al grupo Prisa (cuyos medios en España son abiertos propagandistas de las FARC), y por el otro la televisión, que pertenece al Grupo Santodomingo, organización relacionada con el clan de los López-Samper cuyos medios hacen en Colombia lo mismo que los del grupo Prisa en España. La parodia del título de la película de Sergio Cabrera es lícita porque hay muchos otros cómplices de la mafia de la cocaína y el secuestro, pero en realidad siguen el patrón del clan oligárquico.

Las elecciones recientes

En 2018 Petro obtuvo más de ocho millones de votos, y si se hubieran sumado los de Fajardo habría ganado la presidencia. Ya expliqué en una ocasión que Santos buscaba la elección de Duque y que sin el engaño de las encuestas el presidente sería Fajardo. El desconcertante entusiasmo que despertaba Duque entre los más feroces perseguidores de Uribe refuerza esa sospecha. En 2019 el bando cubano ganó las tres principales alcaldías, seguramente gracias a las "maquinarias" y a los recursos fabulosos con que cuentan para "engrasarlas", de modo que las perspectivas de triunfo que tienen son enormes. Pero es imposible tapar la realidad de Venezuela, de los crímenes de las bandas terroristas o de la relación de la llamada izquierda con ambos fenómenos. Si vuelve a haber una segunda vuelta como en 2018 el candidato cubano volverá a perder. 

La función de la propaganda

Es decir, los cubanos y sus agentes colombianos intentan a toda costa desligarse de Petro y promover a un candidato con un perfil menos abiertamente comunista. Fajardo podría ser una opción, aunque también se puede pensar en Claudia López, en Alejandro Gaviria o en algún otro. Ése es el sentido de las críticas de Coronel, María Jimena Duzán y Daniel Samper Ospina al exalcalde. Es difícil saber qué sentido tiene el cambio de orientación de Semana, pero ese espectáculo continuo del enfrentamiento de los exaltados de Petro y los "tibios" tiene el sentido de buscar una "polarización" que termine definiendo al conjunto social, pues el uribismo ya queda criminalizado por las costosas campañas de calumnias y descrito como "extrema derecha" por los medios.

Cherchez la femme

Esta expresión francesa, "Busquen a la mujer" es un lugar común de los folletines detectivescos: se supone que el móvil de un crimen suele ser el interés por una mujer. Para dilucidar cuál es el plan de los cubanos hay que preguntarse dónde están sus representantes oficiales, que no son otros los que llevan casi cincuenta años en la labor de entregar a ese régimen el Estado colombiano, desde que crearon el M-19 y fundaron Alternativa. ¡Sorpresa! No están con Petro, los principales redactores de esa revista, además de García Márquez, Enrique Santos Calderón, Antonio Caballero y Daniel Samper Pizano son columnistas de Los Danieles y distantes de Petro. También otras figuras de la "izquierda" universitaria y aun afines a las FARC, como Ángela Robledo, se alejan de la Colombia Humana, donde aterrizan los desprestigiados uribistas Benedetti y Barreras.

La segunda vuelta

La clave es la segunda vuelta de 2022. Las "maquinarias" (léase "el dinero de la cocaína") apoyarán a Petro en la medida en que el paso a segunda vuelta del candidato "tibio" esté asegurado. Si resulta que un candidato uribista o afín tiene grandes perspectivas de pasar a segunda vuelta, los esfuerzos de la propaganda a favor de ese candidato se multiplicarán y las "maquinarias" serán menos generosas con Petro. Si hay una segunda vuelta entre el "tibio" y el "derechista", Petro, que ya se habrá asegurado una buena porción del Congreso gracias a los votos comprados de siempre, se sacrificará y apoyará al que salve al país del retorno del "matarife". Pero obviamente lo que preferirían los cubanos y sus gerentes en Colombia sería una segunda vuelta entre Petro y el "tibio" que sea. Cuanto más opaco sea su poder, mejor para ellos.

El otro equipo

¿Qué hay enfrente del bando cubano? Hay una mayoría de colombianos que no quisieran vivir como en Venezuela ni sometidos a los narcoterroristas, pero su representación política es confusa. No se puede decir que sea el Centro Democrático porque este partido respalda la JEP y el acuerdo de La Habana. Y porque, para formarse una idea de su importancia, en las elecciones de 2018 obtuvo un 16,44% de los votos en las legislativas y su candidato no llegó al 40% en la primera vuelta de las presidenciales pese a no tener rivales en su área del espectro político. La hegemonía que alcanzó Uribe en sus gobiernos ya está totalmente desdibujada porque de ella no salió ninguna organización coherente ni ningún medio de comunicación que no se prestara a servir a Santos y a las FARC. Y porque nadie entiende qué motivos tenía realmente para abrirle a Santos el camino a la presidencia. Ni la traición al NO del plebiscito de 2016. No obstante, no habrá oposición a los cubanos sin contar con el uribismo, y parece que la única opción de atraer a las multitudes que apoyaron a Uribe sea lanzar a su hijo mayor como candidato, más conocido y más coherente que los líderes de ese partido. Pero hace falta atraer a más sectores, toda la "derecha" debe llegar a un consenso, más que a unas "primarias" en las que se haga hincapié en las diferencias. En una elección normal es muy improbable que Alejandro Char o "Fico" Gutiérrez le ganen al hijo de Uribe, pero no es muy seguro que sus partidarios no vayan a ser seducidos por el candidato "tibio" en medio de formidables campañas de propaganda.

Pastrana y Vargas Lleras

Mientras que el nieto del presidente del periodo 1966-1970 denunciaba los crímenes de las FARC en el Congreso, el hijo del presidente del periodo 1970-1974 complacía a los terroristas para conseguir que firmaran la paz. En las elecciones de 2014, Vargas Lleras acompañó a Santos como candidato a la vicepresidencia y por tanto respaldó una cesión a los terroristas mucho mayor que la que en su día efectuaba Pastrana, el cual criticó esa negociación con más firmeza y coherencia que el uribismo. Parece que Vargas Lleras era rehén de Santos, que podría haberlo hundido en prisión por alguna corruptela (seguro que los que viven enterándose de esas cosas conocen el caso mejor que yo). Los Char son sus socios en la costa y de algún modo la candidatura de uno de ellos es la oferta de ese gestor de componendas para las próximas elecciones. Parece poco probable que Char supere al hijo de Uribe en unas primarias, pero la campaña propia podría servir para alejar a sus partidarios del uribismo. Más sensato sería lanzar una candidatura conjunta. Y respecto de Pastrana y lo que sea el conservatismo, también hay que integrarlos de alguna manera. Que nadie se confunda, sin esa unidad no habrá modo de vencer a las fuerzas unidas del M-19 (ahora llamado Partido Verde) y la Colombia Humana en una segunda vuelta.

El programa de gobierno 

Tampoco cabe confundirse acerca de las banderas que debería llevar el bando anticubano: la persecución efectiva al narcotráfico, la supresión de la JEP y otras consecuencias funestas del acuerdo de La Habana, la ruptura de relaciones con Cuba y la reforma judicial que permita evaluar la labor de las altas cortes en los últimos treinta años. Es decir, el votante debe tener claro que los "tibios" lo comparten todo con Petro y la pelea entre ellos es un espectáculo con el que pretenden hacer olvidar las cuestiones decisivas, como el narcotráfico. El candidato que quiera hacerles oposición debe proponer a los votantes que elijan entre el narcotráfico y la ley, entre el sometimiento a los criminales de La Habana y la libertad, entre la eficiencia económica y el crimen organizado. En mi opinión, sólo con esa propaganda y ese discurso será posible impedir que en 2022 el presidente sea el que decidan los columnistas de Los Danieles. Peor ahora que ese candidato será el que cuente con el apoyo del gobierno estadounidense. De hecho, aun logrando una gran unidad de todos los "no santistas" será muy difícil ganar la presidencia, y la alternativa es un infierno peor que Venezuela.

(Publicado en el blog País Bizarro el 31 de enero de 2021.)

martes, noviembre 24, 2020

Los legalizadores


En Colombia se suele describir el narcotráfico como un enemigo de la sociedad, y ya en ese aserto es evidente la mala fe generalizada. El narcotráfico es sobre todo una expresión de la sociedad, lo cual se hace patente en la audacia de las "racionalizaciones" con que se lo defiende. A las viejas teorías de Antonio Caballero (que aseguraba que la prohibición es una maniobra de los bancos para concentrar el negocio) se suma ahora la presión de la red de Soros y la multinacional izquierdista, que por una parte encuentra votantes entre los consumidores, clientelizados de diversas maneras, en una especie de "proselitismo químico", y por la otra seduce a importantes grupos de población en los países productores, donde para tapar el poder de las mafias se describe un paraíso sin conflicto cuando se acabe la persecución.

1. La polémica de la despenalización

La prohibición del tráfico de sustancias psicotrópicas ha acompañado a la humanidad durante tanto tiempo como su uso. Entre los aztecas la embriaguez podría castigarse con la muerte y en Rusia durante mucho tiempo había graves castigos por consumir tabaco. En los países musulmanes el consumo de alcohol está aún prohibido, y respecto de las sustancias desarrolladas más recientemente, son ilegales en todos los países. 

El caso es que en Occidente las prohibiciones chocan con los principios de libertad individual que han estado en la base de la modernidad y numerosos pensadores han abogado por la libertad de consumir lo que cada cual quiera. Desde Milton Friedman hasta Savater o Escohotado y muchos otros. 

Esta visión trata de la prohibición en los países ricos y cuando se interpreta en Colombia, donde la principal industria es la cocaína, se la falsea: dado que se considera deseable permitir que cada persona consuma lo que quiere, se infiere que el problema es la persecución, la causa de la violencia y el delito. Y eso es falso: la causa de la violencia es el poder de las mafias, que cuando no era importante el narcotráfico tenían formidables negocios con las esmeraldas y una rentable industria de extorsión y secuestros, y cuando ese negocio se dañe tendrán el tráfico de órganos y la prostitución infantil. 

El problema no es que en Estados Unidos castiguen el comercio de cocaína sino que en Colombia no rija la ley. Se puede ir a un fondo antropológico: una sociedad propensa al parasitismo, al abuso y a la mentira. Cualquiera que se interese por la vida colombiana en el siglo XIX encontrará lo mismo que en el XXI, la misma nostalgia de la esclavitud de la época colonial y la misma disposición a aprovechar cualquier trampa para librarse del trabajo. La cocaína es la quina moderna y los esclavos que la producen no han visto grandes cambios en su vida desde entonces.

2. La transferencia de la culpa

Hace catorce años el entonces vicepresidente Francisco Santos lanzó una campaña con la que se pretendía culpar a los consumidores de los problemas que causa el narcotráfico en Colombia, cosa tan absurda como si el padre de una prostituta culpara a los clientes. Pero esa transferencia de la culpa es tan característica de Colombia que casi todos los razonamientos que uno oye sobre el narcotráfico la reproducen. (Sobre esa campaña y su sombra publiqué entonces un post que me parece haber escrito ayer mismo.)

El narcotráfico es muy conveniente para muchos colombianos. En los años setenta y ochenta, cuando los jefes del Cartel de Medellín llegaron a contarse entre los hombres más ricos del mundo, la complicidad era generalizada. Los propietarios veían elevarse el precio de sus bienes, los empresarios veían liquidez y demanda de sus productos, los políticos, periodistas y jueces veían incentivos copiosos para animar sus decisiones, los gobernantes unos resultados económicos gratos... Después el negocio mágico desembocó en una orgía criminal, pero antes hubo una complicidad generalizada. Es el dato que no se puede pasar por alto y que explica la actual fiebre "legalizadora".

Y en definitiva, el narcotráfico es una actividad delictiva que lesiona los intereses de la mayoría de los colombianos tal como cualquier vida criminal lesionaría los intereses de la persona y de su familia, por mucho que genere rentas abundantes. Cuando en Colombia se discute sobre la legalización del narcotráfico de lo que se habla es de la legitimidad del narcotráfico, cuando se culpa a los consumidores o a los prohibicionistas es como cuando un par de proxenetas culpan a los policías o a los clientes. Los colombianos no están para decidir si es lícito o no prohibir las drogas sino para decidir si siguen siendo un país sometido a las organizaciones criminales o si intentan ser un país respetable.

Es decir, los legalizadores sólo expresan el conformismo con el narcotráfico, negocio que según muchos analistas tiene un gran papel en el relativo bienestar económico del país en la última década. El exministro y preso político Andrés Felipe Arias publicó un ensayo explicando que fue la cocaína lo que estabilizó la economía del país entre 2015 y 2018. Pero más allá de eso, ¿quiénes la producen, la transportan, la venden e invierten el dinero que produce? Si uno cree lo que se dice en las redes sociales no hay nadie comprometido, salvo gente extraña, indios, guerrilleros, bandidos de regiones apartadas...

La forma en que se expresan esas complicidades es en el discurso legalizador. Nadie está hablando de legalizar el narcotráfico en otros países, en general el consumo de marihuana está tolerado en todo Occidente y en algunas partes de Estados Unidos ya es legal. Nada parecido ocurre con las demás drogas psicotrópicas. Desde siempre se sabe que el fin de la prohibición sería el fin del negocio, de modo que es casi un chiste que los amigos de las FARC y del narcorrégimen cubano y otros personajes afines se preocupen tanto de convencer a los colombianos de que el problema se resolverá acabando con la prohibición.

Nadie se lo plantea, sólo es marketing interno para que los colombianos resulten las víctimas de unas leyes bárbaras y no los cómplices del crimen organizado.

3. Argumentos legalizadores


Leí por casualidad el prólogo que escribió Alejandro Gaviria a una vieja novela de Juan Gossaín. Este rector y exministro formó parte del gobierno en el que la producción de cocaína se quintuplicó (ver Gráfica 8 en este enlace), en gran medida gracias a su labor, pues como ministro fue el responsable de terminar la aspersión con glifosato, y no obstante señala con admirable desparpajo que ese proceso fue un avance. Voy a comentar algunas frases elocuentes de dicho prólogo.
Colombia sigue siendo el principal proveedor de cocaína a los mercados internacionales. Pero los efectos nocivos han sido menores. Es como si el país hubiera puesto en práctica, institucionalmente, podría decirse, una estrategia de reducción del daño. La tasa de homicidios es la menor en cuadro décadas, inferior a la que existía cuando se publicó por primera vez La mala hierba, en 1981.
La tasa de homicidios bajó gracias a la derrota de las bandas narcoterroristas durante los gobiernos de Uribe, la producción de cocaína también bajó en esos años. Durante los gobiernos de Santos los homicidios siguieron bajando gracias a que las guerrillas comunistas se hicieron dueñas del negocio de la cocaína con la ayuda del gobierno nacional. La maduración de la sociedad en el párrafo de Gaviria sólo es el triunfo del hampa, que ya no tiene resistencia.

El párrafo final alude a la marihuana, pero la condena de la prohibición como causante de la violencia se puede aplicar igual a la cocaína.
El debate sobre la legalización total de la marihuana parece más necesario que nunca. Este libro muestra, entre otras cosas, los efectos nocivos de la prohibición. Los muertos. La violencia. La destrucción institucional. En retrospectiva, todo aquello parece inútil. La mala hierba dejó de serlo, pero el legado de muertes y sufrimiento, por cuenta de una guerra imposible, hace parte ya del absurdo de nuestra historia.
Pongo en negrita lo de la "guerra imposible" porque es el centro del discurso "legalizador": el problema no es si la gente toma o no cocaína sino si tu país está dominado por organizaciones criminales dedicadas a ese negocio. La "guerra imposible" es una realidad porque en Colombia no impera la ley ni se la echa de menos, de lo cual Gaviria es un representante, pues ¿no fue la multiplicación de la producción de cocaína un designio del gobierno de Santos relacionado obviamente con negocios fabulosos para los diversos gestores y defensores de "la paz"?

Un aspecto del narcotráfico al que nadie presta atención (obviamente por la naturalización de la esclavitud en la mente de los colombianos) es la vida de quienes cultivan la coca, fabrican el alcaloide y lo transportan a otros países. Vidas miserables, desesperadas y llenas de sufrimiento que no interesan a los que hablan de guerras imposibles y desprecian a los prohibicionistas. Las rentas de la cocaína llegan cómodamente a manos de los poderosos, de gente que puede no tener ninguna relación directa con el negocio y que obviamente no tiene prisa por combatir a las mafias: es una guerra imposible para quien no tiene ningunas ganas de emprenderla, como si se pidiera a los proxenetas que velaran por la castidad ajena.

Woody Allen lo explica al final de Annie Hall: un hombre le cuenta a su médico que su hermano cree ser una gallina. "¿Por qué no lo lleva al psiquiatra?". "Lo haría con mucho gusto, pero es que necesito los huevos". A fin de cuentas el proxeneta no es el que tiene que experimentar contactos asquerosos, sólo proteger el negocio y lucrarse sin esfuerzo. No va a renunciar a los huevos.

Pero la legalización no es sólo atractiva para los amigos de la mafia cubana y sus bandas de asesinos, como Caballero y Gaviria, también en el uribismo se ven razonamientos en esa dirección. El líder uribista Sergio Araújo cierra así un hilo de Twitter bastante razonable: 
Primero, se puede aplicar el ejemplo de la prostitución: una cosa es discutir si es absurdo o no prohibirla. Mientras tanto, ¿qué más pueden hacer tus hijas si tienen tantos admiradores generosos? Araújo tiene que saber que no va a haber legalización de la cocaína en ningún país, y que si la hubiera en Colombia el país sería un paria global, y de hecho no habrá ningún referéndum. Sólo es la complacencia con un negocio que tiene muchos usufructuarios y aun partidarios. Esa "sensatez" ante lo absurdo no llevará a ningún referendo ni a ninguna legalización, pero aliviará la conciencia de los que toman parte en el negocio.

Claro que Araújo es el mismo que en 2014 decía que Zuluaga habría seguido con el proceso de paz y que el futuro de Colombia depende de los cupos universitarios. Simplemente es un líder uribista más autónomo que dice lo que otros más deshonestos callan.

El argumento de la demanda es monstruoso: serviría para la prostitución infantil que, pese a que Vanessa Vallejo diga que el interés por las jovencitas "no es normal", tendría una altísima demanda en caso de ser legalizada. Bueno, y para el tráfico de órganos y la producción de donantes, que además serviría para salvar las vidas de personas que les aportan mucho a sus países (detalle que me interesa señalar porque con motivo del derribo de la estatua de Belalcázar vi muchos tuits de gente que se preguntaba qué aportan los indios al país, como si determinada herencia genética debiera incluir a alguien en organizaciones delictivas).

Pero no sólo los procubanos, santistas y uribistas abogan por una legalización que saben que es una mentira, también los cómicos libertarios colombianos se lanzan a condenar la prohibición con el argumento de la libertad individual. Un tuitero que sin duda los conoce mejor que yo me lo explicaba:Son las cuentas que hace la gente que calcula, con razón, que al menos al principio acabar con el narcotráfico traería una reducción de ingresos para el país.

La prevalencia de la cocaína en la economía colombiana es una tragedia para el país, y perdón por insistir, como cualquier actividad delictiva en cualquier familia. Los principales beneficiarios de ese negocio son los comunistas, que gracias a sus bandas armadas dominan los cultivos de coca y la producción del alcaloide, y también la función publica, el poder judicial, la educación, los medios de comunicación y hasta las redes sociales gracias a los recursos que les provee esa industria. El futuro de Colombia sin hacer frente al narcotráfico es el de Venezuela y Cuba, pues el apetito de poder de los subalternos del régimen cubano generará una destrucción parecida.

A esa prevalencia hay que atribuir la desmoralización total de la juventud, particularmente de las clases altas, no sólo evidente en su adscripción ideológica criminal sino en su cada vez más lamentable mediocridad, tosquedad intelectual y achabacanamiento. ¿Qué porvenir brillante va a haber si lo conveniente es sumarse a las hordas de Petro, calumniar a Uribe en las redes sociales y aspirar a un puesto cómodo en una universidad, en alguna agencia de la paz o en alguna ONG feminista, ambientalista, etc.?

Combatir el narcotráfico es la decisión pendiente en Colombia. Requerirá la firmeza para movilizar grandes fuerzas militares y policiales a fin de destruir los cultivos y laboratorios y para encarcelar a todos los que tengan relación con esas actividades, así como una determinación gubernamental para denunciar a los cómplices infiltrados en las instituciones y ofrecer recompensas por todos los que tengan que ver en el negocio. Eso tendría un precio altísimo, más en forma de "costo de oportunidad" que directamente, pero también el que prostituye a sus hijos (para usar el lenguaje inclusivo) perdería mucho dinero si pensara en trabajar.

Y puedo asegurar que no pasará. Hay familias, castas enteras, que nunca salen del barrio miserable en que se acostumbraron a vivir, cuyos vástagos después de muchas generaciones siguen delinquiendo y prostituyéndose.

(Publicado en el blog País Bizarro el 18 de septiembre de 2020.)

lunes, noviembre 09, 2020

El libreto revolucionario

El festín de violencia que se han dado los universitarios colombianos a partir de la muerte de Javier Ordóñez es la aplicación de un libreto conocido que hace unos meses se ensayó en Chile con éxito notable, aunque en ese país la provisión de fondos para pagar los incendios y otros actos de sabotaje sin duda será más difícil de manejar. En Colombia los terroristas son la primera organización económica nacional, no sólo por los rentables negocios de narcotráfico y minería ilegal sino también por negocios legales derivados del despojo de tierras y de la inversión del producto de 40.000 secuestros y muchas más extorsiones, y sobre todo por el control del Estado a través de las organizaciones de funcionarios, como Fecode y muchas otras, y de importantes alcaldías obtenidas gracias a la compra de votos a través de la "maquinaria" "liberal". El libreto se seguirá aplicando y la esperanza del hampa es aprovechar la miseria y la desesperación que dejará la pandemia para acceder al poder por la violencia. 

La esencia del leninismo
La inmensa mayoría de las personas que se declaran de derecha o anticomunistas, en Colombia "uribistas" porque se identifica al expresidente con el rechazo al comunismo, desconocen por completo la doctrina marxista y sobre todo el leninismo. Por eso se permiten suponer que es posible librarse de un problema firmando la paz con las bandas de asesinos, como si con eso se asegurara que desistieran de su propósito de implantar un régimen de partido único basado en el terror y en el empobrecimiento de la población. Visto que el foco guerrillero no iba a conducir a la toma del poder, pues vuelven al movimiento estudiantil de siempre, al de la época de Camilo Torres, sólo que ahora hay decenas de veces más estudiantes y el partido —o mejor dicho, el régimen cubano— ya tiene el control de los resortes del sistema. 

Es decir, el comunismo colombiano, la llamada "izquierda", sigue combinando las formas de "lucha" en aras del mismo objetivo de siempre. La idea de un "caracazo" les resulta muy tentadora, pues fue lo que funciono´en Venezuela y esperan explotar la pandemia para sacar a la calle a la gente desesperada. Si el gobierno no cae, al menos crean el ambiente de descontento que les permitirá ganar las elecciones y reeditar la experiencia venezolana y nicaragüense.

La delincuencia común y la corriente
Esa idea del "delito político", más como figura constitucional y doctrina de la judicatura, es inconcebible en cualquier país civilizado, pero los colombianos no se dan cuenta de lo monstruosa que es. Ocurre como cuando uno se mete al cine y ve esas aventuras que protagonizan Gregory Peck, Gary Cooper, James Stewart o John Wayne: fácilmente uno cree que son como uno, pero resulta que todos medían más de 1,90 m y formaban parte de sociedades distintas. Colombia es un país singular y los colombianos son gente singular. En Colombia reina el crimen porque se le rinde culto, no sólo por la popularidad de Pablo Escobar en su tiempo, sino sobre todo por la tolerancia con asesinos como Carlos Pizarro, más popular que el antioqueño, o Gustavo Petro, candidato presidencial que obtuvo más de ocho millones de votos.

La barbarie es algo interior, por ejemplo, esa idea de que el que sueña con una sociedad mejor puede violar la ley y ese objetivo se considera noble y elevado, "altruista", es algo que todavía sostienen la mayoría de los colombianos. Forma parte de la idiosincrasia local: ideas convertidas en hormigón armado en los cerebros de la gente, que nadie puede remover. Como que una Constituyente elegida por el pueblo sería peor que la del 91, como que las universidades públicas son el ascensor social para los pobres, como que los militares no deben votar, como que si se quita la parafiscalidad se quedan sin financiar ciertos servicios, como que la "acción de tutela" es una justicia rápida y eficaz. Son cosas que sólo ocurren en Colombia, pero que cuentan con el apoyo de los colombianos. Combatir el comunismo, el narcotráfico, la violencia, la pobreza, el atraso, etc. serían tareas sencillísimas comparadas con la ilusión de que un solo colombiano entendiera que no hay otra maldad que la que alberga en su interior y que todas esas cosas que señalé antes son la ideología del crimen.

Lo anterior viene a cuento respecto del libreto revolucionario por lo siguiente: los CAI son los Centros de Atención Inmediata de la policía y tienen la misión de prestar atención a personas expuestas a ser víctimas de delitos. ¿Qué sentido tiene destruirlos? Sobre todo, facilitarles la tarea a los ladrones y violadores. El estudiante de universidad razona que la policía es el brazo armado del Estado, el que protege la propiedad de la burguesía y el dominio de los banqueros, pero él mismo o su familia podrían quedar desprotegidos al destruir los CAI. Lo que pasa es que su adscripción a la universidad es como a una secta, sus profesores predican la revolución, sus compañeros también, las manifestaciones son la ocasión de divertirse, sentirse importante y hasta conseguir novia, y la recitación de consignas le provee la sensación de ser un conocedor de la historia y la política. El joven, sobre todo el que no tiene muchas luces ni un gran bagaje cultural detrás, entiende "aprender" como "complacer a sus profesores", y es lo que hace tomando parte en la "lucha".

Pero en esas algaradas el enemigo es la policía y el compañero de lucha es la delincuencia. La diferenciación tan obvia para los colombianos entre delincuencia común y rebelión altruista tiene un fondo "clasista" que en realidad es un atavismo: lo que contrasta no son los doctores con retóricas económicas y jurídicas burdas y falaces frente a los rateros y vendedores de drogas, sino los criollos frente a los indios. El caso cierto es que la revolución necesita al "lumpen", como se puede comprobar con la historia venezolana reciente (y cualquiera que estudiara las revoluciones comunistas en todo el mundo encontraría siempre el mismo patrón) y que los ataques a la policía buscan generar suficiente desorden y terror para animar a los saqueadores.

El fin altruista del "delito político" es la burda retórica de los políticos, que se sacrifican y se vuelven tiranos sempiternos por puro amor a la patria. El estudiante revolucionario sueña con tener mando e ingresos sin haber estudiado nada ni trabajado, y de hecho lo consigue. Cualquiera que tenga algún conocimiento de economía notará que Petro no tiene ni remota idea de esa materia (tampoco la tiene el jefe de gobierno español Pedro Sánchez), pero es un hombre poderoso y en una época se jactaba de tener un doctorado. Lo mismo se puede decir de casi todos los congresistas de ese bando (ya se podrán figurar qué entiende de administración pública un prócer como Gustavo Bolívar) y de casi todos los gobernantes castristas en Latinoamérica. 

Las actuaciones del estudiante revolucionario son delitos comunes, si acaso más graves por las pretensiones que conllevan.

Pero es que TAMBIÉN la delincuencia común es la sombra de esa disposición de las clases poderosas. El peón demasiado seguro de sí mismo o demasiado valiente para dejarse intimidar empieza a creer que está por encima de la ley, cosa que es posible precisamente porque SIEMPRE ha sido así en Colombia, a tal punto que cuando la Corona española estableció normas para tratar a los indios, Jiménez de Quesada dejó aquello de "se obedece pero no se cumple". Es lo que ocurre siempre, se finge respetar la ley pero en la realidad se hace lo que el poderoso quiere, eso es la "acción de tutela", eso fue lo que hizo Santos, que llegó a la presidencia a perseguir a quienes lo eligieron. La delincuencia y el odio a la ley no son manías de los estudiantes revolucionarios sino la forma de vida colombiana. El atracador es un pequeño tirano que obra por cuenta propia.

Turbas disponibles
¿Qué pasa cuando alguien se lanza a la calle a protestar y a ejercer violencia? Pues que pronto tiene a numerosos espontáneos acompañándolo. Si el control es imposible por parte de las autoridades, pues pronto proliferan los saqueos e incendios, y los ladrones y violadores harán de las suyas con menos riesgo. Pero, insisto, es la forma de vida del país y basta pensar en los "paros cívicos" que siempre había para saber con certeza que el desorden siempre tiene partidarios. Ahora además están organizados y conectados por las redes sociales, pero no todos los que toman parte en las algaradas son activistas ni estudiantes. Parece que a grandes masas de población les hace falta adquirir el amor al orden y la seguridad. Ése es otro elemento que cuenta a favor de la mafia.

El libreto revolucionario se sigue aplicando y en realidad es una incógnita lo que pasará en las próximas semanas en Colombia. El presidente es un personajillo vulgar al que hasta Daniel Coronell retrata con acierto, de modo que nadie puede esperar que vaya a liderar ninguna respuesta. Uribe propuso decretar el toque de queda y sacar al ejército, pero nadie espera que el gobierno le haga caso. También, cuando lo encarcelaron, uno de sus hijos habló de convocar una constituyente, pero fue una audacia que pronto se olvidó. Ojalá hubiera una propuesta que agrupara a la sociedad contra el plan probablemente acordado en la reunión de Santos con Cepeda y los jefes de las FARC, pero eso supondría hacerle exigencias al gobierno que sólo busca complacer a los grandes poderes, como los medios de comunicación (en la prensa de todo el mundo salió la noticia de los disturbios ocasionados por la muerte de Javier Ordóñez, como si no fuera una farsa plagiada de la farsa de la "izquierda" estadounidense a raíz de la muerte de George Floyd).

Me gustaría equivocarme, pero creo que esa reacción no llegará. A pesar de que es evidente que el hampa mueve sus fichas, es algo que ocurre desde hace más de diez años, "la paz" era sólo el comienzo, y la sociedad no reacciona. 

(Publicado en el blog País Bizarro el 13 de septiembre de 2020.)