viernes, marzo 30, 2018

Colombia en 2018: confusión y oportunidades


Las elecciones que se celebrarán este año y el complejo entorno internacional dan lugar a una gran incertidumbre. Los planes de implantar la tiranía en Colombia se complican tras el triunfo de Trump y el NO del plebiscito de 2016, y más con la crisis venezolana y la caída de algunos satélites del régimen de La Habana en Sudamérica.

Es decir, hay una oportunidad para deshacer la obra de Santos y el narcorrégimen: una cantidad suficiente de ciudadanos descontentos, una economía en crisis evidente, un desprestigio rotundo del presidente saliente y una corriente global de hastío con el socialismo del siglo XXI y sus consecuencias.

A pesar de la formidable operación de maquillaje que llevan a cabo los medios de comunicación y de la adhesión de todas las instancias del poder, particularmente de las clases altas, hay una realidad que no pueden ocultar: el proceso de paz es simplemente la abolición de la democracia. El Congreso que legislará en los próximos años no es representativo de la voluntad popular porque en gran medida fue impuesto en una componenda perversa con criminales, y las campañas electorales estarán viciadas por el sesgo evidente de las instituciones y por la influencia del dinero del tráfico de cocaína, negocio que ha aumentado hasta niveles nunca vistos gracias a "la paz".

Pero una movilización cívica para enderezar el rumbo del país es altamente improbable. La obstaculiza la hegemonía de Uribe y su partido entre los descontentos. De forma explícita el expresidente y su sanedrín intentan acomodarse al nuevo orden impuesto por Santos y los terroristas y acallar cualquier discusión sobre la validez del acuerdo final. El colmo de esa actitud fue la manifestación del 1 de abril de 2017, convocada para rechazar el acuerdo de La Habana pero interpretada como protesta antigubernamental, "contra la corrupción", etc.

Los sectores descontentos cometen un suicidio al apoyar a ese partido, que propone unas vagas "modificaciones" al acuerdo y en absoluto se plantea negar sus efectos. Pero aun siendo conscientes de la necesidad de acabar con el acuerdo prefieren "la unidad" por miedo a quedar aislados en una minoría o a ser descritos como "extrema derecha".

Pero no sólo entre los conformistas es grave la confusión: no hay quien se plantee que el acuerdo es el fin de la democracia, sino que los críticos con el uribismo sólo exigen políticas "de derecha". Esto simplemente quiere decir que no reivindican la ley ni los valores comunes a los demócratas de cualquier parte, sino que aprovechan la ilegitimidad del golpe de Estado de Santos y su componenda con los criminales para llevar el agua a su molino y promover su agenda, llena de elementos sectarios.

Al respecto es muy llamativa la campaña del ex procurador Alejandro Ordóñez, en la que hay muchas más alusiones a la defensa de la familia que al acuerdo de La Habana. Los valores y las creencias del señor Ordóñez son bien conocidos, pero si espera ser el candidato de los sectores más resueltamente tradicionalistas es poco probable que pase a segunda vuelta. Si quiere formar una mayoría y ganarle las elecciones al narcorrégimen, que cuenta con recursos formidables, lo peor que puede hacer es ahuyentar a los votantes que no comparten todas sus convicciones.

En otras palabras, si las elecciones no se plantean como un segundo plebiscito sobre "la paz" y el triunfo de los terroristas, sencillamente ninguna candidatura de oposición tiene futuro. Parece que el señor Ordóñez y quienes lo acompañan no quieren entender que la "guerra cultural" entre el libertinaje y la inquisición, entre la izquierda y la derecha, es lo que quieren los narcoterroristas para legitimarse y cubrir sus crímenes. Las cabecitas de los sectarios pretenden que las masacres, violaciones, secuestros, torturas, mutilaciones, desplazamientos, extorsiones, robos y demás son sólo la sombra de la ideología izquierdista. Para los criminales es el mejor regalo. Y ciertamente en una elección así ganarían.

La mayoría de esos sectarios se han mantenido fieles a Uribe durante todos estos años y ha sido el ascenso de Iván Duque lo que los ha soliviantado. Es decir, no les ha molestado la complicidad de Uribe y el uribismo con "la paz" (explícita, directa y cínica), sólo el vago "progresismo" de Duque (manifiesto en su tolerancia con las uniones de personas del mismo sexo) y su supuesto socialismo. Es una constante en Colombia y recuerda el comienzo de la Guerra Civil Española, cuando verdaderos demócratas y republicanos casi no había.

Con el socialismo en general, y con el que se atribuye a Uribe y al CD en particular, pasa lo mismo que con la "guerra cultural": las evaluaciones rectas de las cosas se suplantan con el fetiche de la ideología. No es raro leer que la socialdemocracia es sólo la fachada del comunismo: da lo mismo que en Europa occidental todos los países que han tenido gobiernos socialdemócratas han tenido después gobiernos de derecha que ganan las elecciones o que todas las libertades y derechos se han respetado, o que la mayoría de los que encabezan la lista de países con mayor desarrollo humano (y también en los de mayor renta per cápita si se excluyen países pequeñísimos con riqueza petrolera o paraísos fiscales) hayan tenido gobiernos socialdemócratas... Da lo mismo, el socialismo es simplemente el bando de Belcebú y no hay ninguna posibilidad de salvación de otro modo que combatiéndolo.

Y presentar al crimen organizado como "socialismo" es el mejor regalo que se le puede hacer.

Respecto a Uribe, en términos generales su gestión económica fue correcta y generó el mayor crecimiento del país en muchas décadas. Si se presenta como socialdemócrata no es porque ésas sean sus convicciones (más próximas a la plutocracia) sino porque le conviene para hacerse popular. La extrema desigualdad del país y la falta de información, sumadas a la propaganda, hacen que "socialista" se entienda por "buena persona" (es increíble la cantidad de gente que le reprocha a los chavistas que se rodeen de lujos y a la vez se proclamen "socialistas"; no se les puede explicar que se puede ser socialista y a la vez rico y ostentoso).

Como ya he explicado en otras entradas de este blog, la ideología reemplaza a la defensa de la verdad, la racionalidad, el sentido común, la democracia, la ley, la equidad, la libertad individual y los derechos humanos. Además de que los derechistas son muy distintos unos de otros, en las cuestiones principales opinan lo mismo que los izquierdistas: no encuentran monstruosa la "acción de tutela" ni el gasto en universidades públicas, y hace poco he descubierto que tampoco la atrocidad del "delito político" (por el que el reo de rebelión ve reducidas las penas por asesinatos y otros crímenes). Pero también en cuestiones económicas coinciden: nunca les parece urgentes suprimir los tributos singulares (como el 4 X 1000 o la parafiscalidad), ni tampoco reducir los privilegios escandalosos de los funcionarios. Son pocos los que se plantean reducir el gasto público, y la patochada de la economía naranja es de hecho  una ocurrencia para aumentarlo.

Apremiados por la necesidad de "cambiar de tema" para no pillarse los dedos con "la paz", Uribe y su partido buscan argumentos para la demagogia. Al mismo tiempo prometen aumentar el gasto y rebajar los impuestos. Pero Ordóñez no se queda atrás: sale a oponerse a los planes de retrasar la edad de jubilación, quizá porque espera obtener votos entre la gente que pronto se va a retirar. La cuestión clave, la de la equidad, no interesa a nadie: no sólo hace falta retrasar gradualmente la edad de jubilación, sino sobre todo impedir que haya privilegiados que empiezan a cobrar pensión antes que otros (salvo casos de problemas de salud). Esos privilegiados son en esencia la clientela del narcoterrorismo, los funcionarios protegidos por sindicatos abiertamente relacionados con las bandas coumnistas, cuyas inicuas ventajas no fueron tocadas durante los gobiernos de Uribe.

Ordóñez no sólo ahuyenta a los discrepantes en cuestiones culturales (ideológicas y morales) que podrían apoyarlo como única respuesta a la abolición de la democracia, sino que por otra parte se muestra temeroso de ir por su cuenta sin el apoyo de Uribe. Para eso insiste en la unidad de los partidarios del NO, como pasando por alto que el Centro Democrático renunció desde el principio a defender esa causa. Por una parte, deja ver la vieja manía de depender de Uribe y presuponer que la gente votará por quien él diga, por la otra, como resultado de lo anterior, exhibe la torpe astucia de evitar que lo acusen de dividir un bando de oposición cuyo enfoque es bastante turbio. Ordóñez exige una consulta popular como si olvidara que en caso de celebrarse en todo caso la perdería, bien porque son mayoría los que se pondrían de parte de Uribe, bien porque el régimen llevaría a votar a sus clientelas por Duque (con el que muestran los medios de comunicación una extrema benevolencia, tanta que asusta pensar que realmente sea el continuador previsto de Santos, con cuyo triunfo desactivarían a la oposición).

Todavía hay muchos candidatos y es difícil saber cuál pasará a segunda vuelta. Si se mantienen igualados los de la cocaína, lo más probable es que forjen nuevas alianzas, de modo que la cuestión clave es quién representará a la derecha u oposición. Si Duque, Pinzón y Vargas Lleras llegan a la primera vuelta, se abre una posibilidad para un candidato de verdadera oposición. ¿Quiere serlo el señor Ordóñez? En mi opinión debe renunciar a la coalición con el uribismo, mostrar el máximo de firmeza en la determinación de revocar los acuerdos de La Habana y presentarse como el defensor de la ley y la democracia. No tiene sentido replicar que todos lo hacen, ya que es fácil demostrar que en la realidad al mando está el crimen organizado y desvelar en la propaganda de los demás candidatos los diversos engaños que usan para favorecerlo.

Ordóñez puede pasar a segunda vuelta con menos del 20% de los votos, pero para eso debe dejar en paz a "la familia" (causa que se percibe como intolerancia con los estilos de vida alternativos) y cesar en las proclamas ideológicas y religiosas. Los godos muy godos de todos modos votarán por él, pero no son tantos. Y los que no quieren vivir en una tiranía como Cuba o Venezuela sí son mayoría, pero nadie les advierte de la inminencia del peligro.

Sé muy bien que no me harán el menor caso, pero haría mal callando sobre algo que me parece obvio. Es decir, no "propongo" nada a quienes se mantienen sordos, sólo explico por qué fracasarán.

(Publicado en el blog País Bizarro el 18 de enero de 2018.)

lunes, marzo 05, 2018

El engaño del uribismo


Muchas veces he asegurado en Twitter que no creo que el candidato uribista pase a segunda vuelta. La razón de ese aserto es ésta: la negociación de paz es para la mayoría de los probables votantes descontentos ilícita y fue invalidada por el plebiscito. El partido Centro Democrático no opuso resistencia a la implantación ilegal del acuerdo y para no provocar la indignación de sus votantes vive engañándolos continuamente con lloriqueos y bravuconadas que simplemente agravan el lío en que está metido. No sólo los "duquistas" sino todos los militantes y candidatos del CD, pues a fin de cuentas la única seña de identidad clara de ese partido es la adhesión a Uribe, que fue el líder que prometió no revocar los acuerdos y el que impuso a Duque por motivos oscuros, seguramente obligado por agentes externos.

Me llamó la atención que, con ocasión del escándalo porque Uribe llamó "violador de niños" a Samper Ospina, el precandidato Duque se sumara a los acosadores. Eso se puede explicar por sus nexos familiares con los Samper, pero le resultaría altamente inconveniente si Uribe pudiera decidir: podría optar por apoyar por ejemplo a Nieto Loaiza, el preferido de los militantes de su partido más dispuestos a la resistencia contra el régimen. Las sombras de división y descontento se habrían esfumado. ¿Por qué Duque se permitía tanta "independencia"? Porque sabía que Uribe tendría que hacerlo candidato de todos modos. De ahí que ante la evidente perspectiva de éxito de Nieto la dirección del partido renunciara a los procedimientos convencionales (valga el juego de palabras con dos acepciones distintas de "convención") y optara por una patochada en la que sólo la mala fe consustancial a los colombianos permite no ver el interés de burlar la voluntad de los militantes.

¿Qué obliga a Uribe a optar por un candidato impopular entre los suyos y casi indistinguible de los rivales que podrían disputarle el voto, como Vargas Lleras, Pinzón o el mismo Fajardo? No será la genialidad de la economía naranja con la que se descubre el agua tibia (que es mejor crear las patentes que hacer la parte peor pagada del trabajo) y se encuentra el modo de enriquecer a las camarillas de siempre (no otra cosa son las universidades, centros en los que prosperan los mediocres gracias a que la gente cree que basta adquirir títulos profesionales para tener desarrollo. Muchas decenas de millones de titulados al sur del río Grande producen miles de veces menos patentes que pocos millones de japoneses). No, Uribe es un patán (baste recordar la cita absurda de Marx que publicó en su cuenta de Twitter) pero no es tan tonto como para "comprar" esa genialidad. Sencillamente, puede ser rehén del hampa judicial. (Aunque a veces pienso que puede serlo alguien de la camarilla que lo rodea y que lo persuade para que no haga oposición, pues ocurre desde 2010 y puede que aun antes. Puede que la designación de Santos y el intento de seguir en la presidencia, siendo tan previsible la respuesta de la Corte Constitucional, no fueran errores sino parte de un libreto impuesto por alguien.) O puede ser tan ciego en sus cálculos que siempre ha visto imposible frenar el atraco de la paz. Por eso su partido no quería el plebiscito, por estar seguro de perderlo. Ni aludió a la paz en cinco elecciones, para que no lo describieran como causante de la guerra. Tal vez sea ocioso decidir si se trata de indigencia moral e intelectual o de sumisión a un chantaje del hampa, baste con saber que uno está en otra disposición.

De un modo u otro, el CD no representa más que a los que aman a Uribe. Por muchas protestas que manifiesten sobre la complicidad de Santos con el terrorismo, no es posible que ninguna persona honrada no se dé cuenta de que su interés es asimilarse al nuevo orden y no destruirlo.

Todo esto como preludio a una polémica reciente. El candidato Iván Duque publicó una serie de tuits centrados en esa idea de encarnar la oposición a Santos y a las FARC encubriendo la cuestión de la validez del acuerdo (no me gusta nada lo de "trinos" por mucho que lo valore Pérez Reverte y corresponda al tweet del inglés; en español se ha usado trino como la voz de un poeta y también como frase o idea poética, llamar así a las habladurías y eructos de la red de chateo suena a sacrilegio). Los tuits de Duque tienen como elemento común el tag #NoMásConejo y los copio todos para que no se piense que busco malinterpretar al candidato.  

Tanto las sentencias de la Corte como las decisiones del Congreso asumen como lícita la negociación y válida la desobediencia al constituyente primario que dio su mandato en el plebiscito. Aquello en que las FARC piden a Santos que desobedezca es posterior: al invocar la autoridad jurídica de la Corte y el Congreso se tapa el hecho de que ambos son parte de la conjura comunista y cómplices del infame proceso de La Habana. La protesta de Duque engaña, porque no trata de lo esencial.


Estos dos tuits son redundantes, dicen lo mismo que el primero. (Y perdón por insistir en algo que los colombianos nunca quieren entender: ¿por qué no se LO dice el presidente? Es una sola cosa. Si uno va a un pueblo en el que todos se hurgan la nariz en público mientras comen, seguro que encuentra hostilidad, que lo juzgan engreído, fastidioso y antipático por criticarlos. Lo mismo pasa con esa atroz confusión entre el singular y el plural.)

Esto también es grato para el votante descontento con el narcorrégimen. Lástima que esa burla no se intente enmendar sencillamente revocando el acuerdo y renegociando el fin de las FARC. ¿A qué viene quejarse de la burla? A engañar, a hacer creer a la gente que el CD no tomó parte en esa burla y que si ahora se encogen de hombros en gesto de impotencia no es porque son cómplices de esa burla. Dado que el NO fue burlado, lo único sensato es hacerlo valer. Ya se verá cómo no es eso lo que propone el CD.
Otra mentira: ¿cómo no se va a permitir si es precisamente el contenido del acuerdo final? No, no sólo el dinero del narcotráfico y el secuestro y la impunidad total, ojalá, es mucho peor, es el sometimiento del Estado a la banda terrorista, que pasa a formar parte de las fuerzas armadas y a controlar directamente el poder judicial. El "contentillo" al votante pretende ocultar que esa rendición no se pretende enmendar sino que al contrario, se promete no revocarla. 

Los victimarios ya tienen una idea de cómo funciona el Estado de derecho que se les sometió sin resistencia gracias a la traición del partido que supuestamente encarnaba los anhelos de la mayoría. No, señor Duque, si en Colombia no funciona el Estado de derecho es porque la forma correcta de tener poder político es matar gente y traficar con cocaína, como saben bien los narcoterroristas. De hecho, ¿no fue esa constitución un apaño concebido para prohibir la extradición de los capos del tráfico de cocaína y premiar a los sicarios del régimen cubano controlados por el hermano mayor del actual presidente? La alusión a la Constitución, a la Corte y al Congreso, que pretende parecer una protesta contra las pretensiones de los terroristas es en realidad un reconocimiento leguleyo al orden que impusieron. No por tener "instituciones" con esos nombres se tiene una democracia legítima. Bueno, no para mí. Para los uribistas sí.

Éste es el tuit que resume toda la andanada de Duque. Es la respuesta indignada del intérprete de la angustia popular que dice: "Ya no les vamos a dar más". No que se les vaya a quitar lo que ya se les dio, eso no, eso es precisamente lo que significa "Nada hay que negociar ni nada que renegociar". Lo que cuenta es lo que cada persona razona, porque tras la "firmeza" del candidato está esa aceptación. ¿USTED cree que se debe aceptar lo acordado en La Habana pese al triunfo del NO en el plebiscito (es decir, que se debe obedecer al Congreso y a la Corte Constitucional que aprobaron ese "conejo")? Yo no. Los uribistas sí. Ya basta de engaños y estupideces, los enemigos del acuerdo que quieren seguir agradando a los engañados llamándose uribistas o atacando a Duque y no a Uribe incurren en el engaño y a la vez oscurecen el ambiente. No fue Duque quien traicionó a los votantes sino Uribe. No fue Duque quien evitó hablar de la paz en cinco elecciones. Fue su partido. Uribista es el seguidor de Uribe, el uribista que no está con la paz es un engañado o un falso uribista.

¡Tan bonito! El pueblo unido para defender los derechos y libertades ante la exigencia de las FARC de romper el orden democrático. Un momento: ¿cuál es el orden democrático? ¡El que intentan romper las FARC! ¿Es que la indigencia moral de los colombianos es tan monstruosa que aun así no pueden ver que ES EL QUE SIGUE AL ACUERDO? El orden democrático se rompió cuando se empezó a negociar con los criminales en un fraude y en clara violación de la ley. Para los uribistas no, porque sólo buscan acomodarse a ese orden, tan democrático como el Polo Democrático o la antigua República Democrática Alemana.
De nuevo el "orden democrático", que tiene que tener en Santos su defensor. ¿No? Insisto, el público puede ser un montón de canallas, pero ¿hasta qué punto? Si Santos va a defender el orden democrático no será renunciando a su paz. Eso no se lo va a pedir un partido pacifista. Los tuiteros pagados y los fanáticos podrán decir lo que quieran pero la adhesión al acuerdo de La Habana es clara e innegable. (Digo que son pagados no sólo por los rumores, sino por la frivolidad con que dicen cualquier cosa, al que se pone a tuitear por defender sus opiniones le resultaría importante si el acuerdo de La Habana es válido o no, los tuiteros uribistas obran como los viejos vendedores puerta a puerta, "el cliente siempre tiene la razón", al que no le gusta el acuerdo de La Habana se le dice que en realidad no es válido y por eso Duque defiende el Estado de derecho, al que se resigna a aceptarlo se le dice que Duque sólo intenta impedir los excesos. A lo mejor no son pagados sino ilusos que sueñan con nombramientos del nuevo gobierno.)

Pero esa disposición a engañar de los uribistas se hizo más evidente cuando hubo reacciones al tuit en que Duque dice que no hay nada que renegociar;
El sentido es claro, el nieto de Laureano Gómez percibe la tácita aceptación de lo acordado y marca su territorio de oposición a dichos acuerdos y de disposición a defender el resultado del plebiscito. Pero la única esperanza electoral del uribismo es mantener el engaño, hacer creer a la gente que votó no en el plebiscito y no acepta el acuerdo de La Habana que ellos son sus representantes, de modo que no faltaron las reacciones (en las respuestas al tuit de Gómez se pueden ver las contradicciones de los uribistas: unos dicen que el acuerdo ya no se puede echar atrás, otros que echarlo atrás es lo que quiere Duque, la mentira habitual en Colombia, donde ser honrado es deshonroso).

Así responde el senador Ernesto Macías Tovar:
Ahora le toca al lector evaluar, ¿qué es lo que tergiversa Gómez? El recurso de Macías es mencionar a la bancada conservadora, que siempre apoyó a Santos. Falaz: no hay opciones para que un candidato se presente sin el aval de un partido existente, al contrario, se impide crearlos, como le pasó a la lista del general Mendieta. De la conducta de los congresistas godos que apoyaron a Santos, y antes a Uribe, se infiere que lo planteado por Gómez es "tergiversar". Parece mentira tanta mala fe. Pero es el estilo colombiano.

Más elocuente, Rafael Guarín tuitea:

Macías con el estilo declarativo (¿alguien sabe qué es lo que se tergiversa?) y Guarín con la alusión a la "extrema derecha" (que es la idea de que los votos de la gente signifiquen algo) nos dejan ver al CD como otro grupo de lumpen político. Son las mañas de los progresistas de Petro y de los ecologistas (que ya no son los de Íngrid Betancur sino los de Claudia López). Pero conviene detenerse en el tuit. Si uno no "capta" lo obvio, que el acuerdo es la ley, ya es de extrema derecha y no tiene comprensión de lecturas (sic). Aplíqueselo el lector. ¿Le sorprende leer que el acuerdo de La Habana es la ley? Lo señala en otra parte el propio Guarín, pero ¿apoya el lector ese acuerdo? Tal vez haga bien, lo que no es honrado es creer que se está en contra de dicho acuerdo y a favor de una gente que lo considera "la ley".

La "reclusión para responsables de atrocidades" es otra falacia. ¿Qué atrocidad cometió Goebbels? ¿Quiere decirse que Alfredo Molano, Abad Faciolince, Javier Giraldo o Enrique Santos Calderón son inocentes de las atrocidades? Pero, ¿es el problema el del castigo de los excesos de la "guerra" (del "conflicto")? Lo que tiene Colombia en frente es la tiranía del narcoterrorismo y el sometimiento al narcorrégimen de La Habana, eso es lo que significa el acuerdo final que el CD apoya a pesar de que el pueblo lo rechazó. Costará revocarlo, pero no hay otra opción que ésa, o acomodarse, que es lo que hace el uribismo.

En un artículo publicado para defender la actitud de Uribe de aceptación del acuerdo de La Habana (comentado aquí), Guarín señala:
La paradoja es que mientras las FARC consiguieron del gobierno de Santos cambiar el orden jurídico y entrar a jugar dentro de él, sean ahora los extremistas de derecha los que pretendan levantar la bandera de la subversión.
El orden jurídico, el ordenamiento jurídico, el orden constitucional, el orden democrático, da lo mismo como lo llamen, es lo que emana del acuerdo de La Habana a pesar del voto del NO.

Hay personas que de algún modo no comparten el designio de Duque y compañía, es decir, de Uribe, de "modificar" los acuerdos (ahora más bien, según los tuits de Duque, de frenar su expansión). ¿Qué hacen en ese partido? La esposa del césar no sólo debe ser honesta, también debe parecerlo. Si esperan obtener curules gracias a la popularidad de Uribe para después obrar en contra de los acuerdos están engañando a los votantes, y en realidad atándose a un partido cuya traición es más que evidente (como le pasa al excandidato Nieto, que no rechazó el método de elección y ahora quedaría en ridículo abandonando el partido). Al menos que sepan que no merecen nuestro voto porque se entenderá como el voto por un partido del Acuerdo de La Habana.

(Publicado en el blog País Bizarro el 9 de enero de 2018.)

martes, febrero 20, 2018

Los detractores de Iván Duque


¿Qué proporción de los colombianos apoyan efectivamente a los comunistas y al narcorrégimen que han impuesto? Admitiendo que dichos comunistas sean una minoría, ¿cómo es que se salen siempre con la suya? Ya he señalado muchas veces que hay un fondo sociológico que lo explica, pero ¿qué le pasa a la mayoría, por qué no se une para hacerles frente? Intentaré demostrar que esa mayoría no existe, que los contradictores del narcocomunismo no tienen por lo general otro proyecto que un retorno al pasado y que de ningún modo se los puede considerar "demócratas".

Durante los ochenta y los noventa supe muy poco de la política colombiana. Cuando se popularizó internet empecé a leer prensa colombiana y a escribir comentarios en los foros de la época. Me fascinaba la desfachatez de los columnistas de la prensa, abiertos instigadores del crimen (que Alfredo Molano sea de una comisión de la verdad es como que Alfredo Garavito fuera de una comisión de la decencia. En cualquier país normal Molano habría pasado la vida en la cárcel por sus escritos). Eran los años del Caguán y me llamó la atención que los principales jaleadores del descontento con el despeje eran los "serpatizantes", es decir, los samperistas. Sencillamente, el país seguía en la discusión del 8.000 y las atrocidades terroristas sólo se usaban como pretexto para hacer avanzar la causa de alguna bandería ansiosa de nombramientos y corruptelas. El lloriqueo uribista de los últimos años recuerda esa disposición.

A medida que aumentaban las atrocidades, sobre todo entre 2000 y 2001, el descontento se hizo más concreto y el principal objeto de odio dejó de ser Pastrana y pasaron a ser las FARC. Eso era algo espontáneo y la gente que lo vivía carecía en su mayor parte de afiliación ideológica. Cuando comenzó a sonar la candidatura de Uribe para 2002, su apoyo apenas llegaba al 1%. Los descontentos no prestaban mucha atención a las elecciones, la inmensa mayoría se repartía entre los que soñaban con un golpe militar o con una intervención estadounidense y los que aplaudían a Castaño como salvador de urgencia.

De modo que fui de los primeros uribistas, cuando en todos los medios y también en los foros de internet sencillamente se consideraba que apoyar a Uribe era estar con los "paramilitares", por su previo apoyo a las Convivir. En los años que siguieron se disiparon las esperanzas de intervención extranjera o de golpe militar, y los descontentos no tuvieron otra opción que apoyar a Uribe, y resignarse a un trámite democrático y sujeto a la ley.

Esto es del máximo interés porque hoy en las redes sociales hay una ESPELUZNANTE unanimidad entre los que no están con Santos acerca de la necesidad de una política "derechista". Les resulta de lo más urgente aclarar eso, ser derechistas para combatir a los izquierdistas, que son todos los que no comparten la fe pinochetista y por tanto resultan en realidad agentes disfrazados de las FARC o de Soros. En 2000 la derecha no creía en la ley ni en la democracia, nunca ha creído en ellas, siempre se ha opuesto a la segunda y eso explica lo que pasó con los gobiernos de Uribe.

De nuevo tengo que insistir en el diccionario. Cuando uno dice que la derecha siempre se ha opuesto a la democracia saltan todas las alarmas. ¿Qué es democracia? Los cobramasacres han estado organizados en torno al "Polo Democrático", y es que en Colombia cualquier palabra significa cualquier cosa y por eso los derechistas también son los genuinos demócratas. Ahí hay un ejemplo, luego todos lo niegan pero en 2000 era muy raro el que creyera en un candidato que corrigiera lo que hacía Pastrana. Los derechistas soñaban con golpes militares o con un triunfo de Castaño. Pero ¿cómo no lo van a negar? ¿Acaso hubo en los años treinta o cuarenta algún germanófilo en Colombia? ¿De qué partido habría sido el admirador de Hitler? (Hubo decenas de miles, que después se ocultaron.) Pero antes de eso, ¿hubo esclavitud en Colombia y gente que se oponía a abolirla? ¿De qué partido serían? Me lo acabo de inventar. Pero ¿ha habido racismo en Colombia? ¿Hay racismo aún? ¿Cómo son los derechistas respecto del racismo?

El ascenso de las bandas terroristas inquietó a algunos grupos poderosos que responden con el ideario tradicionalista, nunca han sido demócratas ni lo son ahora. Por eso ha sido tan fácil para Santos y los demás aliados del narcoterrorismo imponer su tiranía desde el poder, realmente no tienen resistencia. Es decir, una resistencia que defienda la ley y la democracia. Lo que surge ahora, aunque como minoría sin verdaderas perspectivas de éxito, es una derecha especular (de espejo, un reflejo de la "izquierda" narcoterrorista).

Los éxitos de Uribe en el combate con las bandas terroristas y en la recuperación de la seguridad agradaron a los derechistas, como a la inmensa mayoría de los colombianos. El que no se pensara en corregir la infamia impuesta por el narcotráfico en 1991 como constitución no los inquietaba demasiado porque no echaban de menos instituciones verdaderamente democráticas ni equidad ni ley, sólo un líder "pantalonudo" y "frentero" que combatiera a los terroristas y les permitiera volver a la finca (los que tenían finca). No tenían ningún otro proyecto de país que no fuera sacudirse la molestia del narcoterrorismo con un gobierno fuerte y enérgico. Todo lo que no hizo Uribe era sencillamente inimaginable, ¿para qué complicarse la vida controlando el adoctrinamiento en las universidades públicas? ¿Y reduciendo los privilegios increíbles de los funcionarios? ¿Y promoviendo una prensa independiente que no dependiera del Grupo Santodomingo ni de los López y Santos? ¿Y convocando una Constituyente legítima (la del 91 fue elegida por menos del 20% del censo electoral)? La derecha en Hispanoamérica no tiene ideas, sólo intereses. dejó dicho Octavio Paz.

En otras palabras, dado que la democracia colombiana es tan defectuosa, un demócrata considerará prioritario construirla. No lo van a hacer quienes no conciben que haya alternancia en el gobierno y en realidad aborrecen todas las libertades, pues lo que añoran es la Inquisición y la esclavitud de la época colonial. Y con Uribe llegó el mito y el icono. El sueño de un Videla o un Stroessner andino que acabara con el riesgo de que el poder cayera en manos de otros. Por eso no hubo NADIE que se inquietara por cambiar el engendro del 91 ni mucho menos que cuestionara el designio de Uribe de cambiar la ley cada vez que le convenía para quedarse en la presidencia (salvo los partidarios del narcoterrorismo). Si hubieran tenido más medios de presión que la oligarquía, Uribe seguiría siendo el presidente y también el candidato para 2018, con triunfo asegurado (aunque más probablemente habría corrido la suerte de Fujimori y el dominio de las FARC habría llegado antes). No recuerdo a UN SOLO DERECHISTA que no admita que es lo que le gustaría. La democracia, la ley... Lo dicho: sólo son mamertos al revés. La democracia es lo que los derechistas hispanoamericanos siempre han odiado y está en el origen del antiamericanismo, que durante todo el siglo XIX fue un rasgo de los conservadores y no de los progresistas (según recordaba el mismo Octavio Paz). Los antiamericanos de la Guerra Fría sólo encontraron en la retórica comunista el pretexto para mantener su viejo orden. Son los cubanos que descienden de los criollos y los oligarcas colombianos, son los derechistas triunfantes gracias a un disfraz eficiente.

Ahora los derechistas andan decepcionados con Uribe. Pero ¿no ha estado Santos más de siete años implantando a los terroristas como los amos de Colombia? ¿Cómo es que nunca hubo oposición a ese proceso de paz? Los derechistas no tienen ningún problema en premiar el crimen sino en verse desplazados del poder. Oponerse a la infamia de La Habana es cosa de quienes nos apartamos del uribismo desde 2010. ¿Alguien recuerda la campaña de 2014? ¿Alguien recuerda a un solo candidato a edil en 2011 y 2015 que se opusiera a que se negociaran las leyes con los terroristas? Para oponerse a esa infamia hay que creer en la ley y en la justicia y en la democracia. Los derechistas nunca echaron de menos esa oposición, sólo que no se dejara reelegir a Uribe.

¿ALGÚN DERECHISTA HA NOTADO QUE EN NINGUNA ELECCIÓN DE LAS CINCO QUE HA HABIDO DESDE 2011 SE HA CUESTIONADO LA NEGOCIACIÓN DE PAZ?


Como sé que nadie contestará, lo hago yo: ninguno. Los derechistas son tan enemigos de la democracia, la ley, la justicia, la libertad y los derechos humanos como los comunistas. Por eso no se lamentan de que el CD desistiera de defender el resultado del plebiscito, sólo de que aceptara a un candidato que no es un rabioso enemigo de los fumadores de marihuana ni un perseguidor del aborto.

¿ALGUNO DE LOS OTROS PRECANDIDATOS CONTEMPLABA LA POSIBILIDAD DE ANULAR LOS ACUERDOS DE LA HABANA?

Claro que no. A ese respecto son idénticos a Iván Duque, porque para oponerse realmente tendrían que apartarse de Uribe, y sin Uribe no son nada. ¿Cómo va a haber demócratas y defensores de la ley si por encima de los valores y las convicciones están los cálculos de éxito gracias a la popularidad de un señor en cuyo ideario no se cree? Los demás precandidatos también prometían modificar los acuerdos (ya verán cómo hasta Piedad Córdoba resulta descontenta) y sus seguidores no veían ningún problema porque siguen creyendo que el poder surge de componendas entre poderosos y no de la opinión de la gente, a la que se lleva a aprobar la infamia de La Habana, ya que sólo hace falta hacerle algunas mejoras. ¿Alguno de los precandidatos se inquietó cuando Rafael Guarín propuso "aislar" a los trastornados que pretenden invalidar los acuerdos de La Habana? No, ninguno. Comparten esos fines porque sólo necesitan la bendición de Uribe.

Por eso es disparatada la rabia con Duque. El que no apoya la infamia de La Habana no tiene por qué estar con Uribe, al menos desde 2011 se vio que no tenía ninguna intención de oponerse. Tampoco el señor Nieto se ha opuesto a "la paz", ni muchísimo menos, y todavía en 2015 le daba consejos al gobierno. Y dado que ningún partido elige a sus candidatos por encuestas de firmas ligadas a partidos rivales, ¿cómo es que no renunciaron a sus candidaturas? Al aceptar el procedimiento perdieron legitimidad para oponerse, pues la complicidad de Uribe con el acuerdo de La Habana no habría sido ningún problema si hubieran salido elegidos ellos.

El narcorrégimen se implantó en 1991 y ensanchó su poder durante el gobierno de Santos. Para acabar con él hace falta que haya demócratas. El conflicto de los derechistas con el mundo moderno y con la democracia los pone en el bando hostil, que a nadie le quepa duda.

No hay en Colombia un solo día en que no parezca que todo está a punto de perderse y que hace falta una decisión urgente (que obligue a sacrificar lo importante). Por eso no hubo en 2011 nadie que se planteara apartarse de Uribe: ¿no eran demócratas? Tener cualquier convicción comporta riesgos, no se puede soplar y sorber al mismo tiempo, defender la democracia y a la vez formar parte de la mayoría que sueña con abolirla. Tampoco la habrá ahora. Pese a que tiene todo el terreno abierto para presentarse como el defensor de la ley frente a la imposición de Santos y el narcorrégimen, el señor Ordóñez prefiere quedarse con su minoría angustiada porque hay tantos jóvenes que no van a misa, y no será nada más que un episodio pintoresco de la campaña de 2018.

OTROSÍ: En 2010 no sólo se eligió a Santos sino al Congreso. ¿Quiénes eran los candidatos de la derecha, que entonces era lo mismo que el uribismo? Roy Barreras, Armando Benedetti y muchos otros personajes que exhalaban y exhalan podredumbre. El partido que había creado Uribe, controlado por Santos para que los medios del clan fueran misericordiosos con el gobierno, era otra caterva de viejos politiqueros que no incomodaron a los derechistas, ya que la higiene democrática habría requerido que hubiera demócratas. ¿No era un asunto suficientemente serio que la lista al Concejo de Bogotá la encabezara en 2015 la hija de Angelino Garzón, hasta pocas semanas antes adversaria del uribismo y cuyo único mérito era su parentesco con el antiguo vicepresidente de la Unión Patriótica? Eso no lo hacía la izquierda del CD sino el CD, que surgió cuando todo el Congreso elegido por la derecha o uribismo se puso del lado del hampa. Dan risa y lástima los que lamentan la deriva del CD como si el CD no fuera simplemente el partido de Uribe, que mucho antes de su fundación rehuía cualquier negativa a negociar las leyes con las FARC.

(Publicado en el blog País Bizarro el 22 de diciembre de 2017.)

viernes, febrero 02, 2018

¿Quién es el tonto?


La reciente decisión de un juez de obligar al gobierno de la capital a cambiar el lema de su propaganda ha generado un gran revuelo en las redes sociales, y francamente ese revuelo me produce más alarma que el hecho mismo: la inmensa mayoría de los comentarios, muchísimos de tuiteros influyentes, aluden al hecho como una "nimiedad", una "tontería", etc.

Lo primero que hay que señalar, sin que necesariamente sea lo principal, es la potestad de un juez para hacer cambiar un lema publicitario: ¿qué ley señala que puede hacerlo? Ninguna, sólo la disposición constitucional que autoriza a los funcionarios a prescindir de la ley, la "acción de tutela", sobre la que tantas veces he escrito comentarios en este blog. Esa disposición es un rasgo cultural que aprovechan los totalitarios, pero que no tiene resistencia porque lo que no se entiende en Colombia es la necesidad de la ley (la tranquilidad con que Uribe y su combo cambiaban las leyes referentes a la reelección explica la cultura del país: ¿quién va a violar la ley cuando puede simplemente cambiarla?).

El hecho de que el crimen organizado siempre encuentre jueces que imponen su programa no remite, como creen tantos, a la "infiltración" de los comunistas en las universidades y en el poder judicial, sino a la esencia del país: la inclinación comunista de los profesores y estudiantes corresponde a sus "intereses de clase" y refleja sencillamente la incapacidad del país para asimilarse al mundo moderno. Todos son comunistas porque en un régimen como el cubano multiplicarían su poder, y porque al sumarse a la organización que tiene tan poderosos y ricos frentes armados prosperan, ascienden y hacen lo que les dé la gana. Como sus antepasados hace trescientos años.

Pero la "tutela" que presenta el narcoterrorista Alirio Uribe no es un capricho ni una tontería, como creen los tontos. Se trata del afán totalitario de dominar el lenguaje, sobre el que trata por ejemplo 1984, la famosa novela de George Orwell. Por una parte, la ingeniería social que impone cualquier cosa y obliga a los ciudadanos a someterse (como los días sin hombres de Mockus o la reciente ocurrencia de la alcaldesa de Madrid de crear vías peatonales de una sola dirección), por otra, la prevalencia de las decisiones funcionariales sobre las costumbres o sobre las autoridades lingüísticas. Por muchos que sean los que se burlan, la verdad es que la Alcaldía tendrá que incluir en su lema las "ideas" de la ideología de género, es decir, la propaganda totalitaria.

El sentido de esa propaganda es crear una discordia en la sociedad, buscando en la mitad de la población el sentimiento de agravio que los progresistas vendrían a remediar. ¿Dónde está ese agravio? En que la lengua admite palabras como "todos" para incluir a las personas de ambos sexos, con lo que no se tendría en cuenta la existencia de las mujeres. Para remediar esa grave carencia se violenta el lenguaje de toda la tradición literaria. Unos ignorantes ambiciosos y violentos borran de un manotazo las características del idioma común porque precisamente un lenguaje corrompido les permite asegurar su dominación. Una gente dispuesta a expresarse en una jerigonza recién inventada está impedida para entender lo que se concibió en otros contextos ideológicos, y de ahí para pensar, sólo recitará la propaganda, como de hecho ya ocurre con los egresados de las universidades colombianas.

Puede que muchos consideren con desprecio las "teorías de conspiración" que describen un esfuerzo por ese "lenguaje incluyente" y por la "ideología de género" en todas las izquierdas de Occidente, casi siempre relacionadas con el narcorrégimen cubano y sus satélites, o bien sometidas a su hegemonía ideológica (como ocurre con toda la socialdemocracia europea y con la mayor parte de los demócratas estadounidenses). Pero ¿cómo es que en todas partes ese tema es de rabiosa actualidad y que todos los partidos y personajes ligados a los herederos del comunismo insisten en ello? Es evidente la conjura y también el interés. Por una parte, buscar personas agraviadas a las que poder ilusionar con su misión redentora, por la otra, tener un pretexto para perseguir a los discrepantes.

La situación de sometimiento e inferioridad social de la mujer es un problema real y en gran medida el feminismo histórico tiene una gran validez en sus reivindicaciones. Hace apenas un siglo era un sueño que las mujeres votaran, y en las sociedades atrasadas de las Américas siguen imperando condiciones opresivas para la mayoría. Lo que no se puede esperar es que semejante estado de cosas lo vayan a remediar unos criminales cuyo historial de machismo es el peor, ni que se vaya a mejorar nada corrompiendo el lenguaje a partir de las conveniencias de esos criminales.

Los comunistas colombianos tienen un pasado esclarecedor en materia de machismo: Carlos Gaviria fue acusado de acoso a sus alumnas; Luis Eduardo Garzón nombró sólo alcaldesas menores, puestos en los que puso a sus numerosísimas amantes; Alfonso Gómez Méndez tenía una cama al lado de su despacho en la Fiscalía para evaluar a las candidatas a ascensos, y cuando se cometió el atentado contra Wilson Borja aparecieron en el hospital tres "esposas" diferentes del prócer. Por no hablar de la denuncia por maltrato contra el siniestro Antonio Morales Riveira ni de las infinitas violaciones de niñas por parte del servicio doméstico armado de los citados próceres. ¿Alguien conoce el medio universitario colombiano con sus innumerables historias de profesores-seductores que proveen buenas calificaciones a las alumnas complacientes? Es esa clase de gente la que promueve el "lenguaje incluyente".

Pero no se hace nada si la gente cree que todo eso es una nimiedad. Los que tal cosa proclaman hacen como los que se ponen piercings aparatosos en los labios o en la lengua o los que les ponen a sus hijos nombres de pila novedosos: sólo demuestran su indigencia intelectual. La destrucción de la cultura les parece una banalidad porque es algo que desconocen y desprecian. Y resulta que es por medio de esos embelecos como el crimen organizado recluta muchedumbres para su tiranía.

Pero es siempre volver a lo mismo: ¿cuándo hubo un solo candidato que propusiera desobedecer lo que acordaran los criminales en La Habana? ¿Cuándo un grupo de personas de cualquier clase se ha propuesto delimitar claramente el alcance de la "acción de tutela" o siquiera denunciarla como abolición de la ley? Eso no existe en Colombia, todos esperan que baste amar a un caudillo para que todo se remedie.

Y así seguirá ganando el crimen organizado, como ha ocurrido claramente en los últimos siete años.

(Publicado en el blog País Bizarro el 14 de diciembre de 2017.)

jueves, enero 18, 2018

La madre del cordero


La perspectiva que se tiene de los problemas colombianos cuando se ha vivido mucho tiempo fuera es distinta: muchas oposiciones obvias para quienes no reciben otra información que la de los medios locales resultan falaces. Los colombianos de derecha y los de izquierda no son tan diferentes como ellos creen y en lo esencial representan lo mismo. Lo que hace a las regiones hispánicas miserables, desordenadas y violentas no son las "ideologías foráneas" ni las maquinaciones perpetuas de Karl Marx, avatar de Satanás, sino el anclaje del conjunto social en un pasado bárbaro y la persistencia de formas de vivir y de pensar de otra época.

1. Leyenda negra
En España tiene un gran éxito un libro que denuncia la "leyenda negra" de la propaganda antiespañola. En la conciencia de los hispanoamericanos esa leyenda negra es un tema conocido porque durante mucho tiempo ha servido para explicar la miseria y el atraso de la región. Todo el mundo recordará a alguien que proclama que otro sería el cantar si "nos" hubieran colonizado los ingleses, como si la India, Jamaica, Belice o Guyana fueran paraísos de prosperidad. Ese "nos" que he puesto entre comillas es una de las idioteces más llamativas: los descendientes de los conquistadores somos los hispanoamericanos, aun en los países de mayoría mestiza o mulata, el elemento predominante en todas partes es el de origen español.

En gran medida tienen razón los que denuncian la leyenda negra hispanófoba porque la Conquista y colonización de América fueron una de las mayores gestas de la humanidad y están en la base del mundo moderno. No se hace justicia a esos conquistadores, menos cuando hoy en los gobiernos de toda Hispanoamérica reina la peor chusma, que en medio de sus juergas y retozos les aplica cómodamente la moralina que no le cuesta nada concebir. Los comunistas que gobiernan las principales ciudades españolas se niegan a celebrar el Descubrimiento porque lo consideran un "genocidio".

La hispanofobia tiene en Europa un pasado muy antiguo, ligado al desprecio de los germanos por los pueblos meridionales. El poema que funda la nación francesa, el Cantar de Roldán, muestra a España como el país de los moros a los que somete Carlomagno. Cuando el antiguo Sacro Imperio Romano Germánico cae en manos del nieto de los reyes católicos, las resistencias a un emperador que vive en España con una corte española se multiplican. De ahí y de los intereses del Imperio británico viene la leyenda negra.

Pero no se puede negar que la España posterior al siglo XVII era un país que aportaba poquísimo al conocimiento y aun a las artes, pese a su poderío y riqueza. La clave de ese retraso respecto a Europa, cada vez más acusado, es la Contrarreforma católica, que es la respuesta del clero al Renacimiento y a la Reforma protestante. La Iglesia que se adueña de los nuevos territorios implanta el oscurantismo y la persecución de la crítica. Si en el mundo hispánico no se inventa nada y no se produce casi nada es sólo por efecto de esa tradición.

Las sociedades hispánicas fueron durante la mayor parte de su historia sociedades esclavistas. Todavía está lejos que sus miembros sean "libres e iguales" como se propone en la propaganda de los demócratas españoles. Todavía las mujeres de origen amerindio siguen limpiando las casas de sus redentores, que en el siglo XVI les enseñaban la religión del amor y hoy dedican sus valiosas vidas a la prédica de la justicia social y del derecho a la educación. Los de hoy son seres casi idénticos a sus antepasados. Ya no se dice "encomienda" sino "acción de tutela" (con la primera se cubría con un manto de piedad el trabajo forzoso y gratuito, con la segunda se suprimen las leyes cuyo texto proclama la igualdad y se garantiza el trabajo casi forzoso y casi gratuito). La educación siempre es prioritaria, en tiempos de la Real Audiencia se inoculaba mansedumbre con la amenaza de torturas terrenas y ultraterrenas ("encomienda" era el encargo de evangelizar a los indios), ahora se adoctrina asesinos prestos a defender el orden en el que quienes tienen las riendas pueden prescindir de la voluntad de los demás y de toda noción de legalidad.

2. La máquina del tiempo
Hace años un comentarista de este blog explicó con gran acierto de dónde viene el "izquierdismo" de las grandes familias colombianas. Viajaron al futuro y no les gustó. Viendo cuál es el poderío y el nivel de vida de los europeos y norteamericanos, ¿qué podría ser más sensato que imitarlos? Pues no, no van a vivir sin ser superiores a los demás per se. Uno los ve en Europa, desvalidos sin servicio doméstico (pues a pesar de su infinita ventaja sobre los pobres del país, no tienen tanto para pagarlo en países ricos). No van a aceptar que cualquiera prospere y rivalice con ellos (eso está SIEMPRE: la facultad de sociología del patricio Camilo Torres estaba formada por decenas de personas de familias presidenciales). De hecho, se podría pensar en el secuestro como una limpieza de posibles rivales, y la implicación de Caballero o Pombo en esas proezas no está demostrada pero es obvia. Los sindicatos de funcionarios proveían a los terroristas los datos exactos del patrimonio de cada contribuyente, pero ¿quién los señalaba?

De tal modo, la conjura comunista, también en Cuba y en toda Hispanoamérica, es sólo resistencia del viejo orden y sus usufructuarios, que encuentran en el ensueño comunista una forma de sacarle fruto a la idiosincrasia imbuida por sus antepasados (ya explica ampliamente Antonio Escohotado el origen del comunismo en ciertas comunidades cristianas). Y a la vez un pretexto para gastarse toda la riqueza del país en comprar clientelas y prosélitos. En una sociedad competitiva los medios de comunicación, cuyo principal proveedor de recursos es el Estado, no tendrían tan seguras sus grandes rentas por hacer propaganda. El socialismo les conviene.

Para creer que la respuesta es el ensueño tradicionalista, la continuación del mismo orden de esclavitud con un discurso gastado, hace falta ser un necio incurable. Sencillamente, hay quien no se "avispó" a ponerse el disfraz moderno para poder acceder a las prebendas y beneficios de siempre, o quien estaba demasiado próximo a algún clan perdedor. Si uno va al diccionario, en el que "izquierda" es "reformismo" e "igualdad", la "izquierda" colombiana es simplemente "derecha" y la derecha colombiana (cuando no es pragmática acomodación al dominio de la "izquierda", a lo Gerlein) es mera desubicación: en absoluto respuesta al orden de esclavitud. (Uno de sus valedores en Twitter se mostraba hace un tiempo bastante próximo a discursos neonazis y abiertamente racistas.)

3. Ideología
Ésta es una palabra polisémica que se presta a muchas confusiones y engaños. La definición del diccionario es inocua, corresponde al sentido de "concepción del mundo" pero en su uso corriente alude sobre todo a la doxa, a la opinión como opuesta al conocimiento, al prejuicio. La ideología provee una serie de respuestas que preceden a las preguntas, y de algún modo todo el mundo lleva esa coraza. Con mucha frecuencia la adhesión a una ideología permite precisamente ocultar las verdaderas inclinaciones, sobre todo cuando las generalizaciones cosmológicas pasan por encima de los conflictos inmediatos. El clero antiguo, menguante e incomprendido odia al nuevo clero, al que lo unen con muchísima frecuencia relaciones de consanguinidad (muchísimos profesores comunistas de la Universidad Nacional empezaron en el seminario). ¿Debe uno tomar partido por uno de ellos? Son lo mismo, allí donde en tiempos de Felipe II había órdenes de muy diverso tipo ahora hay universidades dedicadas al mismo parasitismo.

Con mucha frecuencia la ideología se adopta pensando en realidades distantes: el comunista de 1960 no pensaba en su afinidad con Sangrenegra, Desquite o Chispas sino en Sartre y sus elucubraciones, de algún modo la interpretación de Heidegger le permitía colaborar con la causa de Sangrenegra, Desquite o Chispas y a la vez sentirse protagonizando una batalla cósmica entre reacción y progreso. Eso mismo ocurre hoy con los derechistas, prestos a convencerse de que Alfredo Molano o Antonio Caballero son trasuntos de Chomsky. Toda la retórica anticomunista que reproducen pasa por encima de forma escandalosa del hecho de que en Colombia (y en general en Hispanoamérica) la "izquierda" no es el bando de los pobres sino el de los ricos, que no busca la igualdad sino reforzar la desigualdad, congelar la jerarquía social y asegurar privilegios para los herederos del viejo orden.

En definitiva la afinidad de los derechistas colombianos con los izquierdistas colombianos es profunda y absoluta: ambos resisten al mundo moderno, los primeros desde el lloriqueo impotente de perdedores y los segundos convencidos de encarnarlo mientras disfrutan de las ventajas del parasitismo y la esclavitud. No representan nada distinto, no se va a remediar la deriva totalitaria con ensueños coloniales ni retóricas pinochetistas. Hace falta otra cosa...

4. La ley, la democracia...

La barbarie es la ausencia de leyes efectivas en el conjunto social. También la ausencia de significados precisos del lenguaje. Las palabras significan cualquier cosa para el primitivo porque no se ha detenido a pensar, y lo que dice termina no teniendo efecto porque significa cualquier cosa (tal como para los que hablamos español y no tenemos un oído fino las diversas "e" del francés nos suenan igual). Eso pasa con la "democracia" o la "ley", que en Colombia son conceptos vacíos que usan con inverosímil frecuencia los comunistas, aun los jefes narcoterroristas. Los derechistas no son diferentes, baste pensar en la reelección sucesiva de Uribe, puro marxismo de la línea Groucho ("éstos son mis principios, si no le gustan tengo otros"). Cuando la ley no conviene al sueño dictatorial de un régimen sin posibilidades de alternancia (sólo una nueva versión de Porfirio Díaz, Anastasio Somoza, Alfredo Stroessner o Alberto Fujimori), pues se cambia la ley. Y si no fue posible cambiarla drásticamente en un primer intento, pues se vuelve a cambiar: la ley sirve al gobernante y no éste a aquélla. Es una concepción arraigada que naturalmente comparten los izquierdistas.

(En 2006 apoyé la reforma que permitía a Uribe aspirar a la reelección, era una situación extremadamente crítica, con rivales claramente ligados al narcoterrorismo, y una presidencia de ocho años no era una extravagancia sino algo normal en Estados Unidos y hasta en Brasil. La discusión con los valedores del narcoterrorismo impedía ver las flaquezas del uribismo entonces.)

Y si se piensa en lo que realmente hace falta, la asimilación a la modernidad, la verdadera vigencia de la ley, el respeto a los derechos humanos, la democracia como el régimen en que la voluntad popular cuenta, los ensueños retrógrados son un problema y no una solución. Como ya he explicado arriba, la izquierda, o sea, la universidad, es sólo un estamento de ese pasado bárbaro. Cuando se explica que sería deseable cerrar las universidades públicas y cobrar impuestos a las privadas como a cualquier empresa, la derecha vuelve a ser lo mismo que la izquierda: la misma indignación y los mismos argumentos, no les importa que los recursos comunes se gasten en proveer certificados de rango social sino que las rentas se las lleven otros. Todos replican lo mismo, que hay que abrir oportunidades a los jóvenes de bajos ingresos, como si no fuera del patrimonio común de donde sale el dinero (es decir, también de los recursos de los jóvenes de bajos ingresos que no estudian y que son la mayoría, todo para proveerles rentas a los mismos descendientes de los encomenderos que en la siguiente generación descubren las ventajas de ser comunistas, como Álvaro Leyva, hijo de un ministro de Laureano Gómez).

Sin ese gasto monstruoso, el desarrollo del país estaría asegurado, no porque haya el menor mérito en su población sino porque el progreso tecnológico alcanzado en otras partes provee infinitas ventajas. También la calidad de la educación, que consiste en la eficiencia de los egresados y no en la cantidad de títulos, en lo que Colombia es digno rival de Cuba y Venezuela. Al haber otras oportunidades de empleo (que no existen porque se cobran impuestos confiscatorios a quienes trabajan, y cuando el gobierno Santos intentó reducir la parafiscalidad se encontró con el rechazo de Uribe), las posibilidades de prosperar y educarse de los pobres se multiplicarían.

Pero todo eso no interesa a la derecha porque el mundo antiguo que defiende es el del rechazo al trabajo de la tradición hispánica. Ésa es la madre del cordero, la resistencia a una sociedad competitiva por los usufructuarios del orden jerárquico de siempre, hoy en día caracterizados por ser de "izquierda". Cambiar eso no requiere un programa ideológico sino sentido común, determinación de aplicar efectivamente la ley, reducción drástica del gasto público, sobre todo en educación superior, eliminación de la parafiscalidad y otros gravámenes encubiertos sobre los salarios (y no aumentos del salario mínimo como claman "sindicalísticamente" los uribistas)... Cuando se piensa en todo eso resulta lo mismo que en todo: que la derecha y la izquierda están en el mismo bando.

Otro ejemplo es la "acción de tutela". El que vive en otro país se sorprende de que la mayor parte del trabajo de los juzgados colombianos consista en resolver recursos de amparo en defensa de derechos fundamentales. ¿Cómo es que no ocurre en otras partes? Porque una noción como la de "derecho fundamental" no tiene unos límites en la cabeza de los colombianos, lo mismo que paz, democracia, ley: significa cualquier cosa. La acción de tutela provee al funcionario un pretexto para prescindir del texto de la ley y hacer lo que le da la gana. ¿A quién beneficia? Primero a los propios jueces y a sus clientes, que es de lo que se trata (no hay que olvidar que los jueces gobernaron hasta la instauración del virreinato en 1717), después a los que pueden pagar abogados bien relacionados y en conjunto a las castas superiores de la sociedad (dicen que se benefician de esa atrocidad los de estratos 3 y 4, como si en el conjunto de la población colombiana aquéllos no formaran parte de la minoría rica). Es un factor retrógrado que suprime la ley y que por eso no incomoda en absoluto a la derecha, toda vez que los derechistas pertenecen a esas castas superiores y se benefician de la defensa del "derecho fundamental" que su pariente o amigo siempre sabrá encontrar.

Sentido común es negar validez a los acuerdos de La Habana, pero en Colombia, al menos entre quienes opinan en las redes sociales, quienes lo proponemos somos una minoría ínfima. La derecha anda interesada en perseguir a quienes no van a misa o ven pornografía, y respecto a esos acuerdos se plantea "modificarlos", o sea aceptarlos parcialmente, tal como se aceptó el monstruoso engendro de 1991, porque si se rechazaba podría salir un texto peor.

Hace falta cambiar el entramado legal y las costumbres y mentalidades para asimilarse al mundo moderno. Para impedirlo están la izquierda y la derecha.

(Publicado en el blog País Bizarro el 9 de diciembre de 2017.)

domingo, diciembre 17, 2017

El cambalache del siglo XXI

Por @ruiz_senior

En la televisión de las últimas décadas, desde que se multiplicaron los canales, han florecido programas de entretenimiento cuyo tema es el trabajo, cosa que no ocurría antes. (Como apunte curioso debo señalar que en España hay una tradición entre los desocupados y jubilados, que es pasarse horas observando las obras de construcción). Han proliferado los programas sobre restaurantes en quiebra, jefes que se infiltran entre sus empleados, anticuarios que buscan tesoros, gente que acude a las subastas de trasteros o maletas, restauradores de viviendas, pescadores de caimanes, transportes delicados y muchos otros. Uno de los de más éxito es el de Rick Harrison y su "casa de empeños" de Las Vegas (hay otro sobre una prendería o compraventa de Detroit, pero ya no es de ricos sino de gente muy pobre y violenta, como para ilustrar el declive de la industria y el ascenso del ocio como motor económico).

Esos establecimientos se llaman en el cono sur americano "cambalaches" y es a ellos a lo que se refiere el famoso tango de Enrique Santos Discépolo (Santos es nombre). Es difícil encontrar algo que se haya entendido peor que esa canción. Se trata de una especie de denuncia de la corrupción pero el estilo musical y el contexto social en que se dio a conocer corresponden precisamente a lo que denuncia.

El tango comenzó siendo un baile de los burdeles. (Borges cita en alguna parte una de las primeras letras que decía "Tango siempre se ha bailao, / la diferencia está en que / antes se bailaba echao / y ahora se baila de pie".) Es muy probable que al comienzo tuviera una marcada influencia africana (el mismo Borges señala entre las consecuencias de la "curiosa variación" del filántropo Las Casas, que propuso llevar negros a América, "la habanera, madre del tango") y aun que las primeras bailarinas fueran negras y mulatas (que por entonces había en Argentina). Pero cuando se volvió el arreglo de las canciones y se hizo popular fue una especie de epopeya del lumpen (o sea, del lumpemproletariado, palabra que figura así, con "m", en el diccionario): parece que la prosperidad que alcanzó Argentina a finales del siglo XIX permitió que los ladrones se reciclaran en proxenetas, tal como los carteristas y apartamenteros colombianos en Europa se reciclaron en proveedores de cocaína en los ochenta. La jerga de los tangos es el "lunfardo", palabra cuyo origen más probable es "lombardo", que es como en muchas regiones de Italia se denominaba a los ladrones (tal como llamamos "vándalos" a los saqueadores violentos, los verdaderos vándalos eran los menos "vándalos" de todos los germanos).

Sería muy interesante evaluar el impacto de esa cultura del tango en toda Sudamérica en las primeras décadas del siglo XX. Pablo Neruda cuenta enfrentamientos con malhechores tangueros de los que se libró explotando su condición de poeta. Y es muy diciente que en 1943 el gobierno argentino prohibiera la radiodifusión de canciones que usaran jerga o aludieran a la embriaguez o a la prostitución. Ésta es el tema preferido de los tangos, siguiendo su origen.

Volviendo al impacto del tango en la cultura regional, vale la pena recordar que en Colombia se dice "bacano" para ponderar algo, pero lo bacano es lo del bacán, es decir, del proxeneta que resplandece como hombre espléndido en su barrio gracias a que no trabaja, va siempre bien vestido, puede exhibir su valor de vez en cuando y dispone de buenas rentas.

El tema de Cambalache es el siglo XX y las novedades que traía. Creo que valdría la pena evaluar el sentido de su letra, insisto, siempre mal interpretada, y relacionarla con el estado moral de nuestro mundo en este nuevo siglo.
Que el mundo fue y será una porquería,
Ya lo sé;
En el quinientos seis
Y en el dos mil también;
Que siempre ha habido chorros,
Maquiavelos y estafaos,
Contentos y amargaos 
Valores y dublés,
Pero que el siglo veinte es un despliegue
De malda' insolente
Ya no hay quien lo niegue;
Vivimos revolcaos en un merengue

Y en un mismo lodo todos manoseaos.
"Chorro" es la versión, acaso adaptada a las inclinaciones fonéticas de los italianos, de lo que en Colombia es "choro" y en España "chorizo". Dublé es una joya falsa: morralla, oropel.

Una vez viendo una película de los ochenta me quedé impresionado con las condiciones de la vida de los protagonistas: sus viviendas son las mismas de ahora, al igual que su vestido, sus medios de transporte, su comida, sus posibilidades de prosperar y muchas otras cosas. A pesar de las ventajas de internet y la telefonía móvil, no se puede pensar que sea un mundo radicalmente diferente. Pero si se piensa en la época en que se escribe la canción y se restan los años que nos separan de los ochenta descubrimos un mundo de verdad nuevo. Hacia 1900 no había salas de cine en Argentina, ni muchos teléfonos, ni radio, ni muchos automóviles ni esperanzas remotas de desplazarse volando. El mundo de 1934 (cuando se compuso esa canción) era verdaderamente nuevo y si se lo hubieran descrito a alguien que hubiera muerto viejo en 1900 habría creído que era el paraíso.

¿Cómo es que un mundo de notorio bienestar comparado con el que conocieron las generaciones anteriores resulta descrito tan ásperamente por el compositor? Es lo que interesa comentar.
Hoy resulta que es lo mismo
Ser derecho que traidor,
Ignorante, sabio, chorro,
Generoso, estafador.
Todo es igual; nada es mejor;
Lo mismo un burro que un gran profesor.
No hay aplazaos, ni escalafón;
Los inmorales nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
Y otro roba en su ambición,
Da lo mismo que si es cura,
Colchonero, rey de bastos,
Caradura o polizón.
Dos veces se alude en estas estrofas a la igualdad, tres si se cuenta el escalafón. Y cuando uno lo lee tiene ganas de decirle a Discépolo "Ahora te querría ver". Los grandes avances de la industrialización fueron acompañados de la pérdida de la religiosidad, de la propagación de las ideologías igualitarias y de la expansión del Estado. En realidad, los tres fenómenos son lo mismo, y hoy en día todo eso se ha agravado hasta niveles espeluznantes. En algunos países, particularmente en los de tradición católica, la fiebre igualitaria conduce a la proliferación de comunistas, pero en Estados Unidos es diferente: se manifiesta por ejemplo en el éxito de la ciudad de Las Vegas, creada por un mafioso visionario, dedicada a los juegos de azar, que no distinguen méritos ni jerarquías, y sede de un consumo suntuario, del que es buena muestra el "cambalache" de Rick Harrison. Si se piensa en el igualitarismo como "relativismo moral", tal como lo plantea la canción y como de hecho es siempre, la cosa va mucho más lejos. El propio asesino de Las Vegas sería un buen ejemplo: si da lo mismo alcanzar notoriedad por actuaciones admirables que por lo más degradante, ¿por qué alguien que sueña con matar no lo va a hacer a lo grande?

Señalé que la desmoralización del siglo XX se componía de tres ingredientes que en realidad son lo mismo: es porque la religión mantenía a raya los "instintos básicos" de la mayoría, que siempre son de saqueo y asesinato de los mejores. Es inevitable el paralelismo con la Antigüedad mediterránea, cuando la conquista del Levante por los romanos produjo en su sociedad un trastorno profundo, pues en esa región, tras los siglos de esplendor griego y las conquistas macedonias, las antiguas creencias se habían perdido, arrinconadas primero por la filosofía y después por el cosmopolitismo. Del ateísmo generalizado surgieron Nerón y Calígula. El primero se endiosa y quema Roma, como el asesino de Las Vegas, el segundo desconoce los límites morales de la tradición y convierte en senador a su caballo, como los bestiales animalistas de hoy en día.

También la hegemonía romana había traído una prosperidad generalizada a toda la región, de expansión del Estado, de ideologías igualitarias (como el cristianismo, que surgió y se propagó entonces), de pérdida de las jerarquías... Conviene señalar que ese mundo del Cambalache es la realidad actual de Europa y América, pero no de Asia, región en la que habita la mayor parte de la humanidad y cuya importancia aumenta día a día.

La "maldá insolente" que señala Discépolo en un siglo en que es "lo mismo un burro que un gran profesor" hoy en día no escandaliza: es la norma. Algo como la idea del "derecho a la educación", que no se entiende como que todos puedan aprender sino que todos pueden exigir un título, es sencillamente monstruoso, pero está en los programas de casi todos los partidos en todo Occidente. De ahí la promoción automática en los grados escolares o la fascinante denuncia de la desigualdad educativa (tal como unos tienen tanto y otros tan poco, también el saber está mal repartido, y aquel que estudia y tiene aptitud para ello debe procurar no aprender demasiado para no cometer una injusticia con los que no saben nada). En España se intentó aplicar unos exámenes de Estado para los estudiantes de las diversas fases educativas, pero los partidos de izquierda se opusieron y se renunció a ellos. Y en un documento de la Junta de Andalucía se señalaba que al menos el 2% de los que aspiraban a plazas de maestros deberían acreditar discapacidad intelectual. Poco a poco, lo inadmisible es saber, aprender, conocer, entender, ser capaces...

No es correcto decir que el socialismo alienta o comete crímenes, el socialismo es el crimen, un atentado contra la humanización que lleva a cabo una burocracia cuyo poder aumenta cuanto más degrade al resto de la población. La maldad insolente de Discépolo sería nada hoy en día: las personas que tienen relaciones sexuales con otras de su mismo sexo serían pecadoras en otra época, y en todo caso podría ser cualquiera que se lo quiera permitir, como quien se emborracha, toma drogas o juega a la ruleta. Hoy en día son agraviados por quienes no lo hacen, y entre las consignas del partido Podemos (el preferido por los votantes españoles menores de 34 años, con más de un tercio de los votos según las encuestas actuales) estaba la queja porque "el papa no nos deja comernos las almejas" ("almeja" es un nombre vulgar para la vulva).
Qué falta de respeto,
Qué atropello a la razón;
Cualquiera es un señor,
Cualquiera es un ladrón.
Mezclaos con Stavisky,
Van don Bosco y la Mignon,
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín.
Igual que en la vidriera irrespetuosa
De los cambalaches
Se ha mezclao la vida,
Y herida por un sable sin remaches
Ves llorar la Biblia contra un calefón. 
 
Siglo veinte, cambalache
Problemático y febril
El que no llora, no mama,
Y el que no afana es un gil.
Dale nomás, dale que va,
Que allá en el horno nos vamo a encontrar.
No pienses más, échate a un lao,
Que a nadie importa si naciste honrao.
Que es lo mismo el que labura
Noche y día como un buey,
Que el que vive de los otros,
Que el que mata o el que cura
O está fuera de la ley.
(Sobre los diversos personajes mencionados, véase este enlace.) La "vidriera irrespetuosa" es hoy el elegante mostrador de Rick Harrison y el menesteroso que empeñaba la Biblia o el calefón (calentador de agua) es hoy el que lleva su colección de cómics o algún documento firmado por un deportista o cantante y que cree que puede interesar a algún coleccionista. Hay muchos más recursos y la vida es fácil (como en la canción Somertime) pero también la peste igualitarista es mucho más amenazante.

No vale la pena ni prestar atención a los nostálgicos de un mundo que ya era caduco cuando Discépolo compuso su canción, los ateos no nos vamos a volver católicos, y tal como los atenienses condenaron a muerte a Anaxágoras por predicar que el sol era una piedra incandescente y no el amo del universo, todavía hay en la periferia sudamericana quienes defienden los viejos valores soñando que volverán a imperar. Es necesario entender el mundo moderno y denunciar las infamias del igualitarismo y su relativismo moral de modo que la gran herencia del Occidente dé lugar a un "nuevo paradigma": de otro modo los asiáticos serán los amos del mundo y el islam conquistará Europa sin resistencia.

(Publicado en el blog País Bizarro el 18 de octubre de 2017.)

martes, noviembre 28, 2017

Resignación: el vicio

Por @ruiz_senior

Resignarse, "conformarse con las adversidades", según el diccionario, es lo que hacen los colombianos que no quieren convertirse en esclavos de los genocidas totalitarios. Primero permitieron que el presidente elegido en 2010 para continuar la política de Seguridad Democrática hiciera lo contrario y persiguiera a quienes lo habían llevado al poder. ¿Por qué? Por indolencia, por cobardía y sobre todo por esa lacra moral que es el servilismo, un rasgo que desconcierta hasta el escándalo a quien vive fuera y en relación con otras gentes.

No se le hizo ninguna oposición a Santos a pesar de la persecución inmisericorde, que comenzó en los mismos días de la posesión, con atentados terroristas como la bomba de Caracol, que como siempre se atribuyó a los enemigos de la negociación con los terroristas. Había alguna cuota de poder que a Uribe le interesaba conservar y por eso era mejor "pasar de agache" ante las agresiones. Dado que tanto Santos como Uribe pertenecían al mismo partido, lo mejor fue fingir no darse cuenta de que todos los congresistas estaban apoyando la persecución y todo lo que propusieran los del bando terrorista.

Se pensaba que Uribe podría presentarse como candidato a la Alcaldía de Bogotá en 2011, y si lo hubiera hecho probablemente habría ganado y sería otra la historia de la ciudad, pero no estaba en sus planes contrariar a Santos, cuya maquinaria se dedicó, junto con los recursos del país, a hacer alcalde al inefable Petro para lo que dispersaron el voto discrepante (clave para premiar a los genocidas). Uribe ni siquiera se dio por enterado de esa jugada: su propósito al parecer era mostrarle a Santos cuánto lo necesitaba porque tenía los votos y el pueblo lo quería. No resultó, el pueblo al parecer no lo quería tanto y ninguna alcaldía importante fue para el partido de Santos y Uribe. Pero sobre todo, no se habló del cambio de rumbo de Santos, no fuera a ser que dijeran que Uribe no dejaba gobernar, o que se había vuelto enemigo de la paz.

En todo ese tiempo los partidarios del gobierno narcoterrorista tenían un "latiguillo" con el que azotaban sin cesar a su audiencia: ¿por qué Uribe no se retira como otros expresidentes? Ahora se me ocurre que si se hubiera retirado todo sería distinto y se podría haber hecho algo para impedir la implantación de la tiranía. ¿Por qué siguió? Porque aspiraba (y aspira) a volver a la presidencia, tal como intentó cambiar la ley para presentarse a un tercer periodo. Y por eso le preocupaba tanto que lo calificaran como el que no dejaba gobernar o como el enemigo de la paz. La chusma no veía ningún problema, ¿por qué no iba a seguir? ¿Qué importan las leyes? Ese pueblo ignorante, sentimental y laxo moralmente que aplaudía la presidencia vitalicia del prócer es el mismo que en sus países seguía a Stroessner y a Somoza, que también ganaban elecciones siempre, o a Fujimori, que aplicó el modelo de hiperexposición televisiva que después imitaron Chávez y Uribe. El intento de segunda reelección fue el mejor argumento que tuvieron los narcoterroristas fuera de Colombia: resultaban demócratas que se rebelaban contra un régimen dictatorial. Exactamente eso pasó con los sandinistas en Nicaragua, eran en los medios la esperanza de salida de una tiranía.

Es decir, Uribe no se retiraba pero tampoco dejaba hacer oposición. El aplauso a las negociaciones de La Habana por parte de muchos de los líderes del CD no se notó porque a la chusma se la tenía enamorada con el lloriqueo impotente ante la escalada del crimen y los activistas, columnistas y políticos profesionales llenaban el vacío de ideas y perspectivas con hosannas al gran líder, cosa que era y es la más importante para situarse cerca de las curules o los puestos importantes en caso de que se recupere la cuota de poder. El que no aprobaba del todo que se legitimara a los asesinos convirtiéndolos en creadores de leyes se resignaba, en espera de las elecciones de 2014, sin que hubiera marchas ni protestas ni actuaciones públicas masivas de rechazo a esa infamia. Como mucho, el repugnante lema "paz sin impunidad" en Twitter, por el que se aceptaba que los asesinos crearan leyes pero si algunos de ellos tenían castigo.

Esos resignados no se dan cuenta de que son el verdadero problema, tal como ante una epidemia lo peor son los malos médicos, que se convierten en propagadores del mal. En siete años no se han dado cuenta de que no hay oposición a la negociación "de paz" ni al acuerdo final, y para no resultar en minoría se siguen definiendo como "uribistas". El problema, todo el problema, es que haya alguien que no acepte esa negociación ni ese acuerdo: que no se resigne a ser esclavo de los terroristas. Con ese enfoque no se puede ser uribista, un uribista que se oponga al acuerdo que Uribe promete no revocar y al que salvó de la extinción tras el triunfo del NO en el plebiscito es como un vegetariano caníbal, o un violador decente. Ya basta de mala fe, los que justifican su resignación a seguir tras Uribe con el pretexto de no querer quedar en minoría lo que hacen es encauzar a la mayoría que no quiere someterse al narcoterrorismo hacia lo que convenga a los intereses turbios de los dirigentes del CD. Mala fe, cobardía, servilismo e indolencia, los rasgos idiosincrásicos que llevan a la resignación.

Tras la mentira repulsiva de la "estrategia" (según la cual el CD aprobaba el acuerdo aplicando un plan maquiavélico para llegar al poder y entonces tumbarlo) salen ahora con el cuento de la resignación: ya ese acuerdo fue respaldado por las cortes, ya no se puede cambiar. Lo expresó mejor que nadie Rafael Guarín: las FARC han sabido crear su legalidad, los enemigos del acuerdo están fuera de esa legalidad. Lo cito para que no me acusen de interpretar abusivamente. 
La paradoja es que mientras las FARC consiguieron del gobierno de Santos cambiar el orden jurídico y entrar a jugar dentro de él, sean ahora los extremistas de derecha los que pretendan levantar la bandera de la subversión.
Con la más perversa desfachatez, este amanuense de Uribe declara que es un crimen oponerse al nuevo orden. La resignación que conviene a las carreras de los aduladores es obligatoria y cualquier discrepancia se contesta con intimidación.

Sé que a muchos les escandaliza que describa a menudo en Twitter al CD como una banda criminal. Es porque me baso en el diccionario y no en reacciones sentimentales: como la madre que les dice a los asistentes a una jura de bandera militar "mi hijo es el único que no tiene el paso cambiado" o como el que oye por la radio que un loco se ha metido en contravía por la autopista y razona "Pues yo ya he visto más de treinta", el uribista razona que los criminales son los demás, pero ¿CÓMO HAY QUE ENTENDER LA RESIGNACIÓN ANTE LA INFAMIA DE LA HABANA? Si usted se hace cómplice de un crimen, usted es otro criminal, cosa que cuesta explicarles a los colombianos por su indigencia moral: el que contrata a un sicario se siente un poco avergonzado de tener que entenderse con asesinos, y durante años me miraban como quien propusiera espetar a las madres y asarlas a la brasa cuando me refería a Alfredo Molano como un criminal. El crimen para los colombianos es usar botas horribles de caucho y tener las uñas sucias (por eso odian a Cepeda y no a Roberto Pombo o Antonio Caballero). Por sentimentalismo, como decía Trump, el líder puede matar a alguien y lo seguirían apoyando.

Si uno está a favor del acuerdo de La Habana es un cómplice del peor crimen. Si se dedica a la política y se lucra de ella y no combate ese acuerdo es otro criminal. ¡POR EL AMOR DE DIOS, NO ES LA MARCA DEL CALZADO!

Pero las razones políticas, históricas o morales no conmueven a los colombianos, para los que siempre priman las lealtades personales (como la de la familia de cualquier malhechor). Los que siguen en el CD, por muy patéticas que sean sus protestas con el acuerdo de La Habana (sí, me refiero a Fernando Londoño), dan ejemplo de resignación porque creen que son el santo Job pero sólo muestran su falta de principios. Como cualquier vicio, la resignación demanda cada vez más sometimiento: ya les pusieron al narcoterrorista Angelino Garzón a mediar entre los precandidatos y no van a abandonar el CD porque en realidad la ley, la democracia, la justicia, la libertad y los derechos humanos les importan menos que sus buenas relaciones con el poderoso señor que prefiere a ese miembro del Comité Ejecutivo Central del Partido Comunista.

Se creen atropellados por una conjura a la que no obstante se acomodan con diversos pretextos y a la postre sólo son malos médicos que contribuyen con su resignación a la propagación de la epidemia, al triunfo de la muerte. Ni el CD obtendrá más curules que en 2014 ni su candidato, sea quien sea, pasará a segunda vuelta. Tras ponerse de parte de "la paz" no representan nada más que la costumbre de los menos avisados, como cualquier producto obsoleto. También a esa irrelevancia se resignarán.

(Publicado en el blog País Bizarro el 7 de septiembre de 2017.)

lunes, noviembre 13, 2017

La fiebre del colono

La masacre de Barcelona puede verse como la obra de unos locos o como la materialización de una ideología perversa, pero forma parte de un fenómeno mucho más amplio que el yihadismo: la colonización de Europa por los musulmanes, ante la que los europeos no ofrecen ninguna respuesta sensata. 

Los recientes atentados yihadistas en Barcelona han generado toda clase de reacciones y polémicas que son un buen indicio de lo que pasa por la cabeza de los europeos y de los occidentales en general. Me propongo demostrar que el verdadero misterio no es la actuación de los terroristas ni sus motivaciones sino la percepción que de todo eso tienen los europeos.

Es el primer atentado yihadista que tiene lugar en Barcelona, pero en 2004 tuvo lugar la masacre de Atocha, en Madrid, con 191 muertos, si bien hay quienes dudan de la autoría yihadista. Esa atrocidad permitió la elección de Rodríguez Zapatero y sus gravísimas secuelas.

Pero en el resto de Europa occidental los crímenes yihadistas son cosa de todos los días, no siempre con tantos muertos pero siempre con la determinación de algún "trastornado psicópata" que grita "Al·lahu akbar" al tratar de matar a alguien.

Es muy importante detenerse en esa noción del "trastornado" o del "psicópata" porque es lo que la inmensa mayoría de los europeos entienden que les pasa a los terroristas. También es muy frecuente la idea de que son "fanáticos", víctimas de un "lavado de cerebro" al que los someten unos malvados cuyos móviles son inexplicables.

¿Por qué lo hacen? Otra explicación muy socorrida se relaciona con la perversidad intrínseca del islam. Si bien es una religión de conquista particularmente intransigente (aunque no tanto como el cristianismo católico, que persiguió con saña todas las demás opciones religiosas en las regiones en que dominó, mientras que en la mayoría de los países musulmanes había importantes comunidades de cristianos y judíos hasta bien entrado el siglo XX), el islam es sobre todo una adaptación de las ideas centrales del judaísmo y del cristianismo a la cultura de los árabes. Comparada con el cristianismo, la religión mahometana tiene muchos menos elementos supersticiosos. Mahoma no resucitó muertos ni le devolvió la visión a ciegos. Su único "milagro" es el libro (si se piensa que el hombre era analfabeto impresiona la memoria que tendría). Tampoco hay en el islam "misterios" como la ingesta del cuerpo de Dios y de su sangre, y puede que tampoco la desconcertante resurrección de la carne.

Se cree que el islam es una religión guerrera, pero en el Corán y en los hadices hay textos que se prestan a muchas interpretaciones, como ocurre con los evangelios. En la época del Che Guevara era frecuente ver un cartel en el que aparecía Cristo con una leyenda "No he venido a traer la paz sino la guerra" (de hecho, el portavoz del Estado Islámico que habla español parece un Che Guevara hipster). La gente que ponía esos carteles en los colegios o en sus casas era casi la misma que ahora vive en Colombia enamorada de la paz, aunque han pasado muchas décadas de crímenes atroces y cocaína . Los de ahora son más viles. La misma expresión "yihad" ("esfuerzo") alude a la expansión de la religión, casi como se alude entre los cristianos a una "misión". Pero siempre con ese sentido de la religión de perfeccionamiento moral (un amigo que se crio en un país musulmán me decía que cuando un muchacho optaba por hacerse religioso todo el barrio hacía fiesta, pues de algún modo era alguien que renunciaba a la vida frívola y baja en aras de un ideal superior).

¿Por qué un individuo joven y sano que no ha tenido dificultades especiales en la vida se convierte en un asesino despiadado de personas indefensas? Las típicas personitas de Europa meridional y Latinoamérica que se han "formado" a punta de propaganda comunista razonan en seguida que la causa es el desempleo, la discriminación, la exclusión, la desigualdad, etc. Al lado de esta gente los asesinos islamistas son sensatos, no se les ocurre pensar que el mundo fue creado con lavadoras y aire acondicionado para todos ni que quienes no disponen de ellos es porque han sido despojados por los fabricantes de esos aparatos. Es obvio que una persona que no tiene la ocupación ni el ingreso para vivir satisfecha estará más dispuesta a pensar en agredir a la sociedad, pero sin ir más lejos los que cometieron la masacre de Barcelona tenían buenos ingresos de distintas fuentes.

Primero está la vieja guerra de los árabes y musulmanes contra los occidentales. Cervantes perdió un brazo guerreando con los turcos en Lepanto y en una fecha tan reciente como 1683 los mismos turcos estaban a las puertas de Viena. La historia posterior determinó la derrota de los musulmanes y aun su colonización por los europeos. Eso ya pasó, pero ¿por qué no pensar que la gente de esas naciones sigue ansiando la revancha? Los europeos actuales sienten que eso es una tremenda estupidez, a la manera del burro filósofo que mencionaba Estanislao Zuleta: "¿Cómo es que las águilas despojan a las cabras de sus crías y no comen hierba como yo, sin molestar a nadie?". Si se hurgara concienzudamente en la mente de esos europeos saldría que ven a los musulmanes como gente que tuvo la mala suerte de no ser como ellos.

Se pueden seguir señalando elementos relacionados con los atentados yihadistas pero todo conduce a lo mismo: ¿es previsible un "choque de civilizaciones" entre Occidente y el islam y una guerra que comprometa a los europeos? ¿Quién podría ganar esa guerra? Mi opinión es que tratándose de una guerra de colonización la ganarán los musulmanes. Si se piensa en eso los asesinos "fanáticos" de las células extremistas son simplemente soldados de una causa que tiene muchísimo futuro.

Pero esta idea sin duda encontrará muchas objeciones. La principal, la de sacrificar la propia vida. Es la primera respuesta del burro filósofo y lo que explica el triunfo seguro de los musulmanes. A los niños los asustan hablándoles de los kamikaze japoneses que se lanzaban a una muerte segura, pero por una parte no podrían optar por otra cosa y por la otra ¿qué hace quien va a la guerra? Se dice que la proporción de supervivientes entre los aviadores estadounidenses que participaron en la guerra en Europa era del 30%. La mayoría murieron. El joven islamista no muere en atentados suicidas porque crea en las huríes que lo atenderán en el paraíso (leyenda urbana que no forma parte de la doctrina musulmana, que no aparece ni en el Corán ni en los hadices) sino porque hacerlo es algo honroso entre los suyos, sobre todo en la comunidad radical en que de algún modo se integra. Así ha sido toda la vida: se dice que Goethe hizo infeliz a su hijo por no dejarlo ir a hacer la guerra contra Napoleón. Le regaló la fama de cobarde y desleal. Los jóvenes colonos musulmanes dan la vida por su patria islámica y los europeos no se lo explican porque aparte de cualquier fin egoísta no conciben la menor renuncia a sus placeres y comodidades.

Cuando se trata de Hispanoamérica la comparación con los musulmanes es penosa (por no hablar del país de los descerebrados aviadores kamikaze). La población venezolana es comparable en cantidad a la de los países árabes petroleros del golfo Pérsico. Las reservas de petróleo también. Valdría la pena comparar las condiciones de vida de unos y otros. También se podría comparar la desigualdad en un país como Colombia y en los países árabes de renta parecida (como los del norte de África). Si se busca el índice de homicidios ya se puede hablar claramente de países civilizados y países bárbaros.

Las perspectivas de éxito de la avanzada musulmana en Europa son altísimas. En realidad la historia humana ha sido ésa: la Mesopotamia de la Antigüedad recibía continuas oleadas de inmigrantes e invasores procedentes de Arabia que terminaban siendo la cultura dominante (acadios, caldeos, babilonios, asirios, etc. eran nombres de invasores meridionales). Lo mismo se puede decir del Egipto faraónico (el que pueda darse una vuelta por la maravillosa colección del Metropolitan podrá comprobar como los personajes de las representaciones son muy negros en los primeros milenios y más bien blancos en los últimos). Los personajes del Éxodo eran en esencia inmigrantes asiáticos y en el siglo XVIII a. C. el país cayó en manos de los hicsos. Lo mismo habrá ocurrido con los mongoles en China, y en la Mesoamérica precolombina, según relata Octavio Paz, había una guerra continua entre toltecas y chichimecas (los nómadas guerreros de los desiertos del norte). Los aztecas eran la última oleada triunfante de conquistadores chichimecas. También en la antigua Roma los conquistadores germanos fueron primero inmigrantes hasta cierto punto tolerados. Lo que da ventajas a los conquistadores teóricamente más atrasados, desorganizados y primitivos es la pérdida de firmeza de los ciudadanos asentados: los imperios caen porque no tienen quiénes los defiendan. Ese desistimiento es ahora patente en Europa.

La rebelión antioccidental no era principalmente religiosa hace unas décadas: la mayoría de los regímenes árabes eran de los "no alineados", socios del "no alineado" régimen cubano, y tenían toda clase de relaciones con los soviéticos. También había en la mayoría de esos países partidos comunistas que eran la única opción que atraía a los modernizadores. Liberales y demócratas no ha habido, en todo caso no han significado nada. El islamismo avanzó a partir de la caída del comunismo, que les abría enormes posibilidades geopolíticas, y de la guerra de Afganistán, en la que se demostró que una causa grata a los jefes de las tribus podría vencer a cualquier esfuerzo de asimilación a Occidente. Los atentados del 11 de septiembre de 2001 reforzaron extraordinariamente esas tendencias. Hay que tener en cuenta que la inmensa mayoría de los musulmanes no son árabes y no tienen esa tradición de guerra con Occidente. Por eso la bandera religiosa se hizo hegemónica entre los nacionalistas y antioccidentales (que antes también se inmolaban y aplaudían el terror como en los atentados de Múnich de 1972). Los que se reconocen en la tradición del islam son casi una quinta parte de la población del mundo, y entre ellos el integrismo ha avanzado sin cesar desde 2001, aunque no sea a través de la organización de Bin Laden. Turquía es ya un régimen islamista y en Egipto hubo que pasar por encima del resultado electoral para impedirlo, mientras que Irak y Siria vieron surgir un califato que tiene mucho que ver con los atentados recientes. La nueva afirmación étnica y religiosa que significaron las atrocidades del 11 de septiembre arrastra sin remedio a millones de musulmanes de Asia y África. Y el reino de terror desde Nigeria hasta Afganistán disuade a cualquiera que se quiera apartar de la fe.

¿Cuál es la respuesta de los europeos? Sin el menor rubor predominan los que se levantan muy orondos a decir que no se van a dejar someter y que seguirán tomando cerveza en las terrazas. Respecto de los atentados islamistas, la mayoría de los medios de comunicación los ocultan o tratan de negar que sean agresiones motivadas por el interés de los musulmanes de imponerse. Las violaciones masivas de Colonia en la nochevieja de 2015 tardaron varios días en aparecer en los medios, y la red de prostitución infantil de Rotherham no interesó ni siquiera a la policía, porque la corrección política prohíbe toda manifestación que pueda considerarse islamofobia y favorecer a la extrema derecha.

La actuación de los europeos es exactamente la que conviene al interés islamista. La desaparición de la religión no ha significado más que aquello que anunciaba el católico Chesterton: que tras dejar de creer en Dios se empieza a creer en cualquier cosa. Primero en las utopías colectivistas (el nazismo era una de ellas) y después en nada, en el placer inmediato, en los estimulantes, en el consumismo y en la vanidad personal. La actitud de los políticos y funcionarios europeos es de completa sumisión a los poderosos musulmanes (a tal punto que ante la visita de un dignatario iraní taparon las estatuas que representaban personas desnudas en Roma). Los partidos de izquierda, con violentos frentes feministas y de heterodoxos sexuales, son complacientes con los inmigrantes musulmanes, cuyas nuevas generaciones son un botín electoral que no quieren perder, y todo el mundo acepta el molde multicultural, por el que cada persona resulta adscrita a una comunidad que le puede imponer sus normas y valores.

Las reacciones a los atentados no son campañas contra los terroristas ni contra los integristas musulmanes que los animan, sino contra la islamofobia. A la agresión se responde con amor, y no sería nada raro que las Ramblas de Barcelona se volvieran un escenario habitual de masacres islamistas de todo tipo. El barrio que las rodea tiene miles de habitantes musulmanes y cualquier hecho que ocurra ahí, imposible de evitar, saltaría a las portadas y a las redes sociales de todo el mundo. La colonización y dominación musulmanas son casi hechos consumados porque nadie va a hacer nada para defender las tradiciones y valores de Europa ni para proteger a sus ciudadanos arraigados. La imposición del miedo, de las mujeres con la cara tapada, de los barrios en que impera la sharía y muchas otras realidades no tiene freno. Aunque no se den cuenta, los inmigrantes de países de mayoría musulmana que adhieren a su religión y a su comunidad étnica son un poco más poderosos tras cada atentado. Alguien a quien no se puede ofender ni menospreciar. La expansión demográfica, generosamente pagada por los europeos mediante incentivos a las familias numerosas, hará el resto. Y también la geopolítica, la formación de una vasta alianza de potencias musulmanas que podría "hablar fuerte" en Oriente Medio, Africa y buena parte de Asia y Oceanía.

(Por cierto, buena parte de lo que digo lo dijo hace ya tres años Arturo Pérez Reverte.)

(Publicado en el blog País Bizarro el 27 de agosto de 2017.)