viernes, octubre 30, 2015

La generación de la esperanza

Como digo todas las semanas, la paz es sólo la implantación de una tiranía del crimen organizado que de todos modos ya es la norma en el poder judicial, cosa que se demuestra con la actual persecución contra Uribe, aplicación de algo que ya tenían programado y que corresponde al acuerdo sobre justicia que se "logró" en La Habana y que tanta propaganda generó.

Lo que siempre da que pensar es lo que hay en la cabeza de quienes forman parte del proceso, bien porque lo aplauden, bien porque tienen algún papel en el orden social existente, cuya resistencia al mundo moderno es el origen del "conflicto" y su sentido. La reciente publicación de un discurso de la decana de economía de la Universidad de Los Andes a los recién graduados en el que plantea lo que cree que será Colombia en los próximos años gracias a la paz puede servir para orientarse al respecto.

Como es un texto largo y farragoso, que demanda voluntad y esfuerzo para leerlo, sólo comentaré el primer párrafo. Las atrocidades que dice bastan para entender la visión de esta gente.
La generación de la esperanza
Estudiantes de los programas de Ingeniería Biomédica, Industrial y Mecánica celebran su grado en Los Andes. Los grados de hoy coinciden con un momento histórico de Colombia, la firma del Acuerdo de Jurisdicción Especial para la Paz que permite vislumbrar más que nunca el fin de la guerra absurda que hemos librado por más de 50 años, y están por lo tanto cargados de simbolismo. Firmar la paz con las Farc permitirá al país pasar una página muy dolorosa de nuestra historia.
Casi cada palabra es una mentira brutal, pero sería tedioso comentarlas partiendo de la idea de que la decana no cree en lo que dice. Borges decía de alguien que para creer en su honestidad tenía que dudar de su inteligencia, y viceversa, pero este caso es más grave porque ambas son nociones que presuponen otro nivel. Como si alguien quisiera enseñarles a cantar a los gatos y esperara que sus vocales fueran precisas.

¿Permite vislumbrar la firma del acuerdo el fin de la "guerra"? ¿Es "absurda"? ¿Quiénes la "hemos" librado? ¿Someterse a los asesinos permitirá al país "pasar página"? Dios mío, el régimen gansteril pasa a ser el del terror de Yézhov o Pol Pot y estos imbéciles creen que ahora va a estar todo tranquilo.

Acerca de si la orgía de crímenes cometidos por la clase universitaria para implantar un régimen estatista de partido único es una "guerra", el lector de este blog ya habrá encontrado muchas discusiones. Es la aspiración del agresor, tal como el que va a despojar a alguien de su billetera espera que ocurra sin resistencia. Si no es así, dirá que hubo una riña y aspirará a que cese y se dé la reconciliación.

Lo "absurdo" corresponde a una ideíta muy frecuente en ese medio y que expresó hace un tiempo el inefable Mauricio García Villegas en un artículo:
Cuántos muertos para terminar con un conjunto de reformas sociales que habrían podido hacerse hace 40 años, pacíficamente y por las vías legales.
A la decana le molestará que la presente como atracadora, pero es eso: la resistencia de la víctima es absurda ante el triunfo del agresor. Se trata de una versión disfrazada de lo que dicen los jefes de las FARC: "Nos obligaron a levantarnos en armas".

Luego, la rendición ante el terrorismo no es la abolición de la democracia (en la que el pueblo elige el gobierno y no se somete a agresores que matan) sino el logro de unas reformas necesarias. Todo el establishment colombiano, es decir, las clases altas y los personajes de la universidad, tienen siempre esa disposición, mera adaptación del principio evangelizador: si la gente no quiere que los gais adopten niños o que se pueda abortar siempre que se quiera, los que sí saben, que son los magistrados que secuestraban niños en su juventud y deben su poder a esa tarea "necesaria", dispondrán lo que conviene y aun buscarán "educar" a los que se resisten.

Más elocuente aún es el "hemos". ¿La decana ha participado en el "conflicto"? ¿Quiénes participaban? Todos los que dicen que nos "hemos" estado matando son los partidarios de los terroristas (o sea, los universitarios, o sea, los "trabajadores al servicio del Estado"), que en otras ocasiones pretenden que se trataba de un lío entre militares y guerrilleros. Los demás colombianos, que son simplemente los excluidos, son ajenos y sólo en algunas raras ocasiones toman mayoritariamente partido por la ley, como en la década pasada. Esa pasividad corresponde al orden social: el terrorismo es pura opresión de los intelectuales pero todas las capas inferiores aspiran a asimilárseles, por lo que la toma de partido es señal de que no entienden nada. Con Santos el atraco se consuma plenamente y las víctimas, dispersas, engañadas, confusas, creen las promesas de alivio del narcorrégimen, sobre todo porque se dan en una época de abundancia y la provisión de bienes obra como la vaselina.

¿En qué consistirá el "pasar página"? ¿Qué va a cambiar en Colombia a partir de la previsible firma de la paz? Las fotografías que uno encuentra si busca "Constitución del 91" y el análisis del contexto histórico sacan en claro algo que no se ha señalado suficientemente: el engendro salió adelante con los recursos de Pablo Escobar y buscaba impedir la extradición, pero todo eso debía de estar programado desde mucho antes, es decir, el secuestro de Álvaro Gómez y la toma del Palacio de Justicia eran avances de un plan elaborado previamente en La Habana. La amenaza de encarcelar a Uribe con una grave condena tiene el mismo objeto, y yo apostaría a que tendrá el mismo resultado. A fin de cuentas los secuestros hoy en día los encarga abiertamente el poder judicial.

La verdad es que el poder judicial actual es sólo una oficina de sicarios gracias a la paz de los ochenta y al engendro del 91, ¿cómo será el poder judicial después de lo acordado recientemente? ¿Cómo serán los medios de comunicación, que ahora mismo sólo son un unánime altavoz de la propaganda terrorista? ¿Qué pasará con la industria de la cocaína, cuya producción aumentó en más de un 50% entre 2013 y 2014 y tiene en Venezuela un gran centro de distribución? ¿Cómo será la democracia con un partido armado que poseerá amplias zonas vedadas y aun la opción de que sus clientelas hagan valer su voto por dos, sin hablar de la tutela que ejercerán sobre las instituciones? La pretensión de la decana, la grata ilusión de que llegó la hora de soñar, no parte de que haya ido a engañar sino de que necesita creer en eso, como ocurre con todos los demagogos.

¿Será más seguro el campo colombiano tras el triunfo rotundo de los terroristas? (Baste ver la expresión sonriente de Londoño Echeverri y Raúl Castro en las fotos en que aparecen con Santos para que a nadie le quepa duda de lo que es.) Será mucho más inseguro porque al verse poderosos y reconocidos multiplicarán el despojo y la opresión, toda vez que ya controlarán el ejército (de hecho, ya lo controlan) y sencillamente el régimen de esclavitud en que se produce la cocaína se expandirá a todas las demás actividades agrícolas, puede que sin desplazamiento, que será tan difícil como emigrar de Corea del Norte. Como autoridades, los asesinos tendrán a los propietarios rurales como simples testaferros. Si lo consiguen cuando aún hay resistencia, ¿cómo será después?

Entre las mentiras atroces del resto del escrito llama la atención la atribución del origen del "conflicto" a las regiones remotas. Es una mentira absoluta, en los antiguos "territorios nacionales" vivían hace cuarenta años muchísimas menos personas que ahora y tanto la población como el imperio del crimen organizado llegaron a partir de la violencia en otras regiones, producida por la supresión de la legalidad, y de la industria de la cocaína, que será más boyante cuanto más poder tengan los mafiosos. La "guerra" surgió en las componendas de la oligarquía de los años treinta con los delegados de la Komintern y siempre ha tenido su centro en la universidad y en los conciliábulos de las clientelas del régimen. Sólo es una industria por la que se controla el país y se lo lleva por el camino que interesa al clan dominante.

(Publicado en el blog País Bizarro el 17 de octubre de 2015.)

viernes, octubre 23, 2015

El inimaginable móvil de la paz


Un colombiano que vive fuera siempre tiene el problema de explicarles a los que viven en el país que el resto del mundo no es como Colombia, y que la indignación que siente cualquier colombiano que viaje y se vea expuesto a humillaciones en los aeropuertos es por completo injustificada: Colombia es un país de gánsteres. No que todos lo sean, pero sí lo son los que predominan, y si alguien en un país civilizado hiciera las cosas que hace el fiscal o dijera las cosas que dicen los "periodistas", "panelistas", "analistas" o "académicos" colombianos, los ciudadanos reaccionarían como si se les propusiera asar a los hijos. Imagínense un funcionario del servicio exterior alemán que se encontrara a un judío en una ciudad sudamericana en la época de Hitler: ¿qué tendría él que ver con el exterminio de los judíos? Nada. Los colombianos son como el miembro de una familia en la que reina el incesto que cree que eso no lo mancha de ninguna manera.

A la pura lógica de gánsteres corresponde la propaganda comunista que promovieron los clanes del poder, la oligarquía a la que se enfrentó el fascistoide Jorge Eliécer Gaitán, desde los años de la República Liberal y que condujo a la orgía de sangre de los años cincuenta, a la formación de guerrillas en los sesenta y al adoctrinamiento sistemático en las universidades desde entonces. La paz es una salida eficaz gracias a la cual los envenenadores ejercen de médicos y obtienen la gratitud de los demás colombianos, siempre dispuestos a afiliarse al bando del poder, y de las potencias extranjeras, ansiosas de hacer negocios con ventaja o de exhibir buen corazón contribuyendo a un fin tan bonito.

En esencia, la paz conduce a la persistencia del orden de castas tradicional y al reforzamiento de los privilegios de los funcionarios, que son la clientela tanto de la oligarquía como de las bandas terroristas, las cuales vienen a ser como el Servicio Doméstico Armado de aquélla. Ocho décadas de violencia han servido para que esos clanes, particularmente las familias López, Samper y Santos, sigan controlando totalmente el país.

Para no aburrir al lector con algo que se ha explicado muchas veces en este blog, dejo este video, si es que no lo ha visto.


Pero en un plano más inmediato, la paz brinda frutos más jugosos a los pacifistas: la exclusión total de cualquier tipo de oposición, a la que se persigue con saña y descaro sin que ningún progresista ni demócrata se moleste en absoluto. ¿Cómo se llamaría eso? Lo he dicho arriba: Colombia es un país de gánsteres. El humanista de la cultura ciudadana y "la vida humana es sagrada" resultó enriqueciéndose gracias a su apoyo a la paz y reconociendo nexos con los terroristas. Prácticamente todos los funcionarios judiciales, profesores universitarios y periodistas aplauden las persecuciones y las infamias y callan sobre la evidente alianza del gobierno con los asesinos.

El dominio que ejercen las familias oligárquicas es típico gansterismo, y ciertamente no se detienen ante el asesinato, como demuestran los casos de Gaitán, Galán y Gómez Hurtado, entre muchos otros (Santofimio era un mensajero de López Michelsen). Los grandes medios de comunicación, pertenecientes a las mismas familias y totalmente hegemónicos, cuya principal fuente de ingresos es el mismo Estado, también obran según dicha lógica. Este breve video permite formarse una idea:


Prácticamente todo lo que publican esos medios son mentiras, intoxicaciones, calumnias y en últimas complemento a los asesinatos y secuestros de las bandas terroristas. Un buen ejemplo son estos dos "confidenciales" de Semana (1 y 2), en los que se pasa por alto que las condenas a Uscátegui y Plazas Vega son iniquidades absolutas basadas en montajes y desafueros que describen a los administradores de justicia como a canallas peores que la mayoría de los gánsteres. (El abogado de Plazas Vega reclama que la condena del coronel no es firme, toda vez que aún está pendiente que la Corte Suprema de Justicia falle sobre la demanda de casación, pero la confirmación de la condena de Uscátegui no la hace menos inicua: los magistrados de dicha corte son sólo gánsteres de rango superior a los demás "juristas").

Con todo, gracias a la necesidad del uribismo de exhibir buena voluntad de paz para evitar las persecuciones judiciales (persecuciones que más bien legitima, al no denunciar a los jueces y fiscales como malhechores) y conservar nexos con gente que disfrutaba de cargos en el primer gobierno de Santos, el nudo de la paz terminó siendo la impunidad de los terroristas, y se hace caso omiso de otros hechos mucho más graves. El ascenso al poder de los jaleadores del crimen es uno de los peores, porque personajes como Alfredo Molano, Javier Giraldo o los columnistas de Semana no son menos criminales que alias Romaña o alias Fabián Ramírez. El contenido de los acuerdos, gracias a los cuales los crímenes terroristas son necesarios porque conducen a mejorar la democracia, es otro. Los plazos en los que los terroristas seguirán tutelando con sus armas la democracia, es otro. La multiplicación del gasto en cebar clientelas de la oligarquía-terrorismo, es otro. El ultraje a los miles y miles de militares y policías que han dado la vida o quedado lisiados gracias a la insurrección comunista promovida por los padres de la paz, otro.

La multiplicación de la producción y exportación de drogas es otro, al que tampoco se hace caso. La relación de los gánsteres que dominan el país con ese negocio es algo que no le conviene denunciar a nadie, pero es evidente desde la reunión de López Michelsen con los capos en Panamá hasta los millones de dólares que le pagaron los Comba a J. J. Rendón para obtener favores de Santos, pasando por lo que llevó a convocar la Constitución de 1991, el proceso 8000 y la pertinaz relación de la oligarquía con el régimen cubano, verdadero amo del negocio.

La página de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito señala que entre 2013 y 2014 el área sembrada de coca pasó de 48.189 a 69.132 hectáreas, un crecimiento del 44%, más evidente en las regiones de presencia de las FARC, expansión que obviamente es el resultado de la suspensión de bombardeos y las expectativas de poder e impunidad para la banda. Gracias a la mayor productividad por hectárea, el aumento de la producción de clorhidrato de cocaína es del 52,7%. Dicha industria pasa de representar un 0,2% del PIB a un 0,3%.

No basta el erario, las fortunas que se acumulan con la cocaína sirven para enriquecer a los que apoyan a Santos, que lo tienen más fácil que el Cartel de los Soles venezolano y que las bandas terroristas colombianas: lo único que les corresponde es favorecer la industria con la propaganda de la paz, las persecuciones a la oposición y las purgas en las Fuerzas Armadas. ¿Cuánto rechazo tiene eso? Ni siquiera llama la atención de nadie. Salvo para exigir que no se los vea como gánsteres, los colombianos no tienen el menor interés en resistirse a los hampones que los "gobiernan".

(Publicado en el blog País Bizarro el 7 de octubre de 2015.)

sábado, octubre 17, 2015

Colombia en paz

El titular oportuno
La "paz" es la obra de gobierno de Santos y toda la supuesta negociación funciona según una programación que probablemente elaboran funcionarios del gobierno cubano: reducción de atrocidades antes de las elecciones, anuncios significativos en momentos en que conviene al interés del gobierno, prolongación durante años del "proceso" para favorecer la reimplantación de los terroristas en las áreas de las que habían sido expulsados y la recuperación del negocio de la extorsión, así como la ampliación de la exportación de cocaína y productos de la minería ilegal gracias a la conexión venezolana. La orgía de masacres que precedió al anuncio de la "tregua" forma parte del mismo plan, y es la pieza central: sin ellas, las ventajas de la paz serían incomprensibles para la gente.

El reciente anuncio de un acuerdo sobre "justicia transicional" corresponde a esa necesidad de un titular que haga olvidar los escándalos de la Fiscalía y la conducta servil del narcorrégimen tras los atropellos de Maduro contra los inmigrantes colombianos. La propaganda hace el resto, la obvia desconfianza de la gente ante la componenda se apaga ante el ruido que hacen los estudiantes en las redes sociales y los medios pagados con recursos públicos. De paso se aprovecha la proximidad de la Asamblea General de la ONU y aun de la adjudicación del Nobel de la Paz.

Muy equivocados andan los que creen que hay un gran rechazo popular a esa "paz". La incapacidad de entender que sólo se trata de la consumación total de todos los crímenes terroristas define el primitivismo del país: una sociedad sin normas ni moral en la que abundan los que corren a reconciliarse en nombre de gente que no les importa y los que calculan que premiando a los criminales se ahorran peligros (en comparación con la estupidez de este cálculo, la cobardía y servilismo de quienes lo hacen resultan casi excusables). Cuando le den el Nobel a Santos, y yo casi podría apostar a que se lo dan, si no este año, el próximo, será el "rey del universo", como dijo su primo Francisco Santos que ocurriría si conseguía la paz. La adhesión popular será plebiscitaria, como una votación soviética. De hecho, la promesa de acuerdo de paz en marzo le asegura a Santos que sus propuestas de ley habilitante y "congresito" encontrarán poca resistencia y saldrán adelante.

Para mí, las reacciones de los colombianos descontentos son fascinantes. Se me figuran como un grupo que espeta a una persona y la asa a la brasa pero se indigna ante cualquier transgresión de la etiqueta a la hora de comérsela. ¿Cuál es el escándalo porque finalmente la paz comporte la impunidad de los terroristas si, en comparación con el poder que alcanzan, la impunidad y la elegibilidad son insignificantes? Supongamos que todos los miembros de las FARC quedaran completamente impunes y pudieran ser elegidos. ¿Habrán desistido de implantar un régimen totalitario? ¿Se habrán disuelto? ¿Habrán entregado las armas? ¿Habrán contado toda la verdad de sus crímenes? ¿Habrán pedido perdón? ¿Por qué no se habla de eso? Yo no recuerdo que hubiera más de una docena escasa de personas que se opusiera a la negociación. Los uribistas la aplaudieron. No recuerdo AL PRIMERO que se haya mostrado en desacuerdo con las perlas de Francisco Santos. Algún día tenía que llegar la paz y el lloriqueo por algo que se aplaudió es indecente.

Todo es la mezquindad y vulgaridad de una gente que ante la monstruosidad del golpe de Estado de Santos sólo tiene reacciones basadas en conveniencias de corto plazo. No querían oponerse a que se negociaran las leyes con criminales para evitar que los describieran como enemigos de la paz y para mantener puentes con el partido de la U, a tal punto que Uribe promovía la página del senador Juan Lozano, ojala.com.co. Finalmente resultan resignados a que el gobierno busque la paz aunque no muy contentos, como si la abolición de la ley y la democracia fueran una posibilidad cualquiera.

Un motivo muy importante de esa actitud es la persecución judicial: una oposición resuelta de Uribe habría significado que lo encarcelaran como encarcelaron a Ramos y a muchos otros. Pero ¿no podía salir del país y denunciar el régimen? No, porque tiene su cuota de poder, sus propiedades, etc., por lo que hace oposición hasta donde le permiten hacerla, y le permiten hacerla hasta donde les conviene, exactamente igual que los partidos campesino y católico en la Polonia comunista.

El segundo posconflicto
La paz es el mayor de todos los crímenes de la historia de Colombia y el uribismo la apoyó, por lo que es plenamente cómplice. Pero ¿qué paz? La negociación de paz con los insurgentes que obedecen al régimen cubano consiste en que éstos toman el poder, pero eso fue lo que ocurrió en 1991, cuando un golpe de Estado favorecido por el bochinche estudiantil y planeado de consuno con Pablo Escobar condujo a la consumación de acuerdos previos de la elite dominante con el M-19.

Una parte significativa de esa toma del poder es el texto mismo de la Carta, que legitima el asesinato como "delito político" y aun la existencia de insurgencia armada. La otra, no menos importante, es la composición de las altas cortes a partir de "purgas" (la propia masacre del Palacio de Justicia fue una de ellas) y de promociones incentivadas por el crimen organizado y cuidadosamente seleccionadas por los terroristas y sus socios. No está de más recordar la relación entre el M-19 y el Grupo Santodomingo, verdadera muestra del sentido del terrorismo, que ahora se hace evidente con la propaganda de la paz y con el odio a cualquier discrepancia en el periódico de ese grupo y en el resto de los medios de la oligarquía.

De modo que no hay que asustarse demasiado: antes de firmarse la paz con las FARC ya existe un régimen totalitario en Colombia y la idea de que un personaje que obra como Eduardo Montealegre puede ser fiscal sólo deja ver lo bárbaro que es el medio colombiano. En cualquier país civilizado estaría en la cárcel, no enviando a la cárcel a nadie. Pero ¿y Vivianne Morales? ¿Y la Corte Suprema de Justicia que justifica en sus sentencias a las bandas terroristas? ¿Y la Corte Constitucional que legisla y no tolera que se le pida que sus órdenes sean realizables, porque eso sería hacerla cómplice de la ineficiencia del Estado? (Lo dijo Montealegre cuando era presidente de esa corte.) ¿Y el conjunto de magistrados que más o menos abiertamente representan a una banda de asesinos como las FARC, como Carlos Gaviria, Alfredo Beltrán y muchísimos otros?

Colombia no es una democracia y el avance de los terroristas no es un vuelco de una situación tolerable sino un agravamiento de un orden totalitario y opresor del que en últimas el genocidio forma parte: la conjura terrorista no es de los enemigos del Estado sino un recurso de los dueños del Estado. El que no sea la revolución sino la resistencia de un orden viejo es algo que el lector de este blog ya tiene que haber encontrado suficientemente explicado.

De nuevo la alusión a ese orden permite evaluar el uribismo: no es rechazo al orden del 91 sino una de sus variantes, no sólo por el pasado de Uribe como compañero de Samper en el Poder Popular y de José Obdulio Gaviria con el maoísmo y el movimiento Firmes (frente legal del M-19), sino sobre todo por su absoluto desinterés en cambiar esa constitución durante los ocho años en que Uribe fue el líder nacional indiscutido (esto se debe entender como que su popularidad siempre fue alta, no que no tuviera enemigos). Muchas veces pienso que pese a su innegable inteligencia Uribe es un señor con muy escasa comprensión de la historia y de la sociedad.
La vida en paz
El que quiera plantearse qué le espera a Colombia a partir de ahora no puede prescindir de leer este artículo. El presupuesto de la paz es el reconocimiento de legitimidad a los terroristas y su sentido es la entrega del poder absoluto. Pero ¿es tan complicado entender que no hay ninguna diferencia entre el gobierno y las FARC? El verdadero poder desde hace ocho décadas es el clan de los López-Santos-Samper, el mismo que se apoyó en el Partido Comunista en los años cincuenta y promovió a todas las bandas terroristas desde la revista Alternativa, creada en 1974. Todos los jefes terroristas son en últimas subalternos suyos y a la vez compañeros de la misma conjura dirigida por los Castro. Los asesinatos obedecen al interés de controlar el país negociando la paz (el episodio que contaba el general Valencia Tovar de la derrota total del ELN que evitó López Michelsen es muy elocuente al respecto).

Ese mismo clan está detrás de toda la industria de la cocaína, y de eso sobran evidencias. Baste recordar la reunión de López Michelsen con los "capos" en Panamá, o el papel del régimen cubano en el negocio. De algún modo, la negociación busca garantizar la continuidad de la producción y a la vez el control del Estado. No es concebible que los terroristas intenten desplazar a la oligarquía porque carecen de apoyo popular y no podrían someter a los medios, mientras que sus clientelas fanáticas de las universidades dependen de los nombramientos que siguen a la lucha en el movimiento estudiantil.

Obviamente se avanzará en el control del ejército y la policía, pero, de nuevo, los terroristas propiamente dichos tendrán un papel secundario porque las castas del poder no van a dejarse desplazar por ellos. Seguramente el terrorismo continuará gracias a que los jóvenes de las FARC se pasarán al ELN mientras que los viejos se harán respetables políticos y funcionarios. En todo caso, el secuestro podría reducirse aún más porque ahora corre por cuenta del poder judicial: las persecuciones obviamente avanzarán y la adquisición de rasgos parecidos a los de las satrapías cubana y venezolana también es inevitable.

La cuestión decisiva es el empobrecimiento seguro de los próximos años y sus consecuencias: ¿surgirán corrientes de rechazo al narcorrégimen? ¿Funcionará la represión selectiva en forma de colectivos, círculos, comités, etc.? ¿Se mantendrá la armonía entre las castas del poder y las bandas terroristas, que ahora sirven a aquéllas para asegurarse rentas y control, o habrá quien intente verdaderamente implantar un régimen comunista? ¿Seguirán contando con gobiernos aliados en Estados Unidos?

Lo que sí es seguro es que la respuesta tardará todo lo que persista el uribismo, que no vacila en promover al maoísta Robledo como líder del descontento. Cualquier proyecto de fundación de un régimen verdaderamente democrático tiene que partir del rechazo rotundo al régimen del 91 y a todos los que tienen que ver con él, particularmente los magistrados, verdaderos ejecutores de la iniquidad en medida aún mayor que los que lanzaban cilindros bomba y castraban policías en público.

Para los budistas, el hecho de poder llegar a ser el buda es el sentido de toda existencia. Lo mismo se podría decir de las sociedades: todas pueden y deben aspirar a tener instituciones decentes y jueces justos. Sin cuestionar a los criminales de todo tipo que la han oprimido, Colombia no podrá salir jamás de su barbarie.

(Publicado en el blog País Bizarro el 29 de septiembre de 2015.)

sábado, octubre 10, 2015

Educación y socialismo

Por @ruiz_senior

La generación mejor preparada de la historia de España
Pablo Iglesias es un patán: es ignorante, vulgar, zafio, perverso, mezquino, mendaz y tosco en todo lo que concibe, dice o hace. Para formarse una idea conviene ver este video de un minuto:


Se puede hacer caso omiso de la necedad intolerable de creer que Newton tiene que ver con la teoría de la relatividad o aun que deduzca la gravitación universal de la caída de una manzana ("leyenda urbana" que no tiene que ver con las teorías de Newton y ni siquiera está registrada en ninguna parte como idea suya). ¿Cómo es que eso tiene que ver con las ideas de los liberales? ¿De dónde sale que los liberales parten de lo concreto a lo general y que eso es lo contrario de los marxistas?

Pero Pablo Iglesias es doctor en Ciencia Política y el líder que más representa a los jóvenes españoles, en especial a los que tienen formación universitaria. No es difícil saber cómo son los demás porque cualquiera que use Twitter puede leer las perlas que producen a todas horas y que reinan en los Trending Topics españoles: una colección de simplezas que parecen todas copiadas de los universitarios colombianos o más bien bolivianos de 1970, en las que es imposible no detectar una ignorancia que avergonzaría a cualquiera que hubiera acabado la primaria en otras épocas. Casi siempre la convicción de que todos los problemas se resuelven gastando más según los sueños de la gente damnificada por la crisis que no entiende absolutamente nada de economía, administración pública, historia ni política y que sólo espera que venga un buen gobernante y resuelva sus necesidades.

El fruto de la LOGSE
Eso ocurre como resultado de la Ley de Ordenación General del Sistema Educativo, que implantó el gobierno socialista en 1990 como eje de una reforma que pretendía llevar la igualdad a las aulas y que sencillamente significó la destrucción del sistema educativo tradicional y la conversión de la escuela en un jardín de infancia en el que la exigencia a los estudiantes se acaba, así como la autoridad del profesor y el rigor en el conocimiento. Al respecto conviene leer este texto de un especialista en la materia.

La idea básica de esa ley corresponde a la ideología típica de la izquierda: la igualdad de resultados, toda vez que las diferencias entre el rendimiento de unos alumnos y otros se justifican por desigualdades sociales que es necesario eliminar. Una medida típica, también aplicada en toda Sudamérica, es la promoción automática de los alumnos. El resultado de esa ideología es claro: aprender se convierte en una transgresión, pues todo el que aprende adquiere una ventaja sobre sus compañeros. Y nadie aprende nada. Si el líder de la juventud española se permite decir semejantes sandeces sin que ello lo afecte, es porque salvo una minoría de especialistas que conocen la historia de la Física, nadie de su generación sabe nada de la gravitación universal. En otras épocas o en otros contextos nadie que dijera las simplezas que dice Iglesias sobre la ideología liberal habría aprobado la Filosofía del bachillerato.

"Cultura general"
En la época de los blogs el actual ministro de Salud, Alejandro Gaviria, reproducía su artículo semanal en una página de Blogger muy comentada por jóvenes economistas y lumbreras universitarias. Recuerdo un caso de un comentarista de ésos que contaba que su profesor del bachillerato le respondía a la pregunta por la utilidad de algún conocimiento algo como "tómelo como cultura general". ¿Qué era la cultura general? ¿Para qué servía?

Ese adjetivo ya define una mentalidad, no sé si en otras lenguas se llama así. En un castellano esmerado se diría simplemente "cultura", y esa noción la recoge el diccionario académico con bastante fortuna:
2. f. Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico.
Esa información no específica ni útil para otra cosa, que tiene cada persona en su memoria y que le permite "saber dónde está parada" es el objeto de la educación. Mejor dicho, ERA el objeto de la educación, porque gracias al socialismo cada persona se pregunta ¿para qué le sirve saber todo eso? No hablemos de conocimientos memorísticos, como las capitales de los países o de los departamentos, los ríos y cordilleras de un territorio, las tablas de multiplicar, etc. Hay un criterio unánime según el cual todo eso sobra y hace perder tiempo porque no lo podrá aplicar el educando en su profesión.

En una de sus Consideraciones intempestivas, Friedrich Nietzsche se ocupa de algo que descubría como novedad en la educación de su tiempo: la tendencia a ensancharla, a ofrecérsela a todos, y a la vez a restringirla, a convertirla en puros conocimientos especializados y sin contexto (cuestión que inspira el texto del Zaratustra sobre el hombre que era sólo una oreja gigantesca). Eso se ha llevado al extremo en nuestros días, de modo que para todo el mundo es obvio que hay un "derecho a la educación" que no consiste en que nadie le puede coartar a alguien su posibilidad de aprender sino en que todos tienen que disponer de su correspondiente diploma, que demuestra que son "profesionales". Para esa clase de "educación" la "cultura general" es un obstáculo, algo ocioso y anticuado, por eso los millones y millones de titulados de Hispanoamérica sencillamente lo ignoran todo, salvo lo que retengan del examen que hicieron para obtener su diploma.

Un dato característico de esa forma de pensar es el desconocimiento del periódico. Si me pongo a pensar en todas las personas que conozco, tanto colombianas como españolas, son rarísimas las que leen habitualmente el periódico, más allá de los titulares, de modo que es perfectamente posible que un profesor de Filosofía no sepa si Armenia está en Asia Central o si en Indonesia se habla árabe. No hablemos de nociones rudimentarias de economía, historia, geografía, etc. No forma parte de su profesión.

El desprecio de la memoria
La enseñanza memorística fue la forma principal de educación durante mucho tiempo. Antes de la escritura era más bien la única, y se conoce alguna diatriba egipcia contra la escritura, que ponía el conocimiento fuera de la persona. En la segunda mitad del siglo XX se generalizó en todo Occidente una rebelión contra ese tipo de enseñanza que se basaba en la pretensión de que la mera recitación de datos o textos no implicaba que se los entendiera. Ese reproche se aferraba a un hecho cierto (como que alguien podría recitar la lista de los reyes godos sin saber nada de la Edad Media española) pero terminaba reforzando una falacia, que con la presión ideológica de la izquierda se volvió un axioma: el que puede recitar la lista de los reyes godos no sabe nada de la Edad Media española. El que sí lo sabe, o al  menos está más de acuerdo con la nueva pedagogía, es el que no puede recitarla. El conocimiento correcto pasó a ser simplemente la información de que ese conocimiento era despreciable, como al final lo termina siendo cualquier otro: de no ser así, las lindezas de Iglesias sobre Newton despertarían el mayor desprecio entre la gente que va a la universidad, cosa que no ocurre en absoluto.

El que puede recitar la lista de los reyes godos tiene una noción superior de esa época que el que la desconoce por completo, salvo que haya emprendido un conocimiento más preciso de ella, cosa que sólo ocurriría en el caso de algún especialista (conocí a una joven que hacía un doctorado en Historia y no sabía quién era Luis XVI). Lo mismo pasa con las capitales, las tablas de multiplicar, la tabla periódica de los elementos, etc.

¿A quién admirar?
En una película que vi hace poco en televisión una muchacha negra estadounidense rechaza a un pretendiente porque no le inspira confianza: "Mis hijos crecerían sin tener a quién admirar". Esa noción está en el centro de toda "educación", que no puede ser otra cosa que el intento de alcanzar a quien se admira. Pero precisamente la "educación" igualitaria consiste en destruir toda noción de admiración, dado que el diploma es un derecho que el Estado debe otorgarles a todos y que los beneficiados defienden con la violencia que haga falta. También Nietzsche explicaba la expansión del conocimiento a partir de la ejemplaridad: la educación consistiría en la formación de individuos excepcionales cuyo ejemplo animaría a muchos otros. El ejemplo de la historia de Europa, particularmente de Alemania, hasta la época de la Primera Guerra Mundial es elocuente: si obtuvieron tales logros en Física, Química, Medicina, Ingeniería, etc., no fue porque crearan cupos para que todos disfrutaran de su derecho, sino porque se aplicaron a alcanzar objetivos que no desmerecieran de los de los músicos y filósofos de las generaciones anteriores.

Bueno, volviendo a mencionar el blog de Alejandro Gaviria, todos los que participaban en él se mostraban completamente convencidos de que la solución para los problemas de Colombia pasaba por multiplicar el gasto en educación (a la que se atribuía el desarrollo estadounidense) y obviamente la producción de diplomas: no hay NINGÚN, NINGÚN, NINGÚN avance científico importante que haya tenido lugar al sur del Río Grande en muchos siglos, tampoco ningún invento ni ningún descubrimiento significativo en ningún terreno, tampoco ningún producto de calidad que se consuma en otras sociedades. Y eso no sería nada si hubiera ALGUIEN a quien eso le preocupara. Todos creen que el progreso consiste en brindar más títulos universitarios, como en Cuba. La idea de que una persona admira a otra les inspira el mayor desprecio. De hecho, es imposible encontrar a un solo joven colombiano "educado" que no exprese odio por Uribe a partir de una serie de mentiras grotescas que en esta época son el único contenido de la "educación".

Esfuerzo y derecho
La educación, la "cultura general", el conocimiento de la realidad en todos sus matices, no es un "derecho" sino una aspiración difícil para la que no todos tienen condiciones y que no puede alcanzar nadie sin un rechazo resuelto de la ideología dominante en Hispanoamérica. Ciertamente no tiene nada que ver con las universidades, centros cuya indigencia intelectual se demuestra con la continua creación de neologismos bárbaros según la necesidad de confundir a los demás que tiene cada gremio, así como con la típica deformación del lenguaje, derivada de la "voluntad de estilo", del afán de los ignorantes de darse importancia expresándose de manera rara. Un caso típico de esto último es la expansión del subjuntivo al uso del verbo saber en frases negativas ("no sé si sea cierto eso", el que no va a la universidad no dice eso, ni ningún escritor clásico), o al uso de creer en frases interrogativas ("¿Crees que la revolución sea posible?").

Lo que en Colombia llaman "educación" y ejercen como "derecho" sólo es la propaganda de la rapiña y la organización con ese fin. Los cientos de miles de asesinatos del "conflicto" son la realización de esa "educación" a lo largo de medio siglo.

(Publicado en el blog País Bizarro el 24 de septiembre de 2015.)

domingo, octubre 04, 2015

Profesor Unrat


El profesor Unrat o el final de un tirano es el título de una novela de 1905 cuyo autor es Heinrich Mann, el hermano mayor del Premio Nobel Thomas Mann. Una versión cinematográfica de esta novela, El Ángel Azul, de 1930, sería el comienzo de la carrera de la mítica actriz Marlene Dietrich.

La obra trata de un profesor de secundaria de una ciudad de provincias al que todos odian por su perversidad en el trato con los estudiantes. Su apellido es Raat, pero lo deformaron en Unrat, palabra que quiere decir "basura". Tratando de perseguir a un alumno que se ha convertido en su enemigo, termina enredado con una bailarina de cabaret y perdiendo su puesto, su prestigio y su patrimonio, entregado a la "vida airada", hasta que termina en la cárcel.

El rumbo de la izquierda
Esa idea del tirano que ante su fracaso se vuelve el agente de la corrupción ilustra perfectamente el rumbo que la izquierda ha tomado en las últimas décadas en los países iberoamericanos y en el sur de Europa, en parte por efecto del sesentayochismo (aunque se dice que la contracultura era una estratagema comunista desarrollada por los herederos de la Escuela de Fráncfort), en parte por la necesidad de destruir las tradiciones para implantar su proyecto.

Hacia 1970, la izquierda colombiana se identificaba con el discurso de Camilo Torres, un sacerdote célibe y dedicado a movilizar al "pueblo" para acabar con la desigualdad y con el régimen "oligárquico". O con el del Che Guevara, un aventurero romántico de la clase alta argentina que había luchado en Cuba para imponer un régimen comunista, supuestamente humanitario y equitativo. Eso mismo se podría decir de toda la izquierda en Hispanoamérica, Brasil y el sur de Europa. El guerrillero que pasa hambre y se juega la vida para implantar el paraíso sin clases, o para dirigir a la sociedad (que era de lo que se trataba) guarda muy poca relación con el hombre vestido de mujer y maquillado cuya existencia se resume en el afán de relación sexual.

La izquierda era también un fenómeno identitario: las personas de izquierda despreciaban el consumismo, tanto en su aspecto de culto del lujo como en el de hedonismo. El hombre que se convertía en máquina de matar guardaba una mística que lo comprometía con la historia y con el programa de construcción de una nueva sociedad en que soñaba, rechazando todo lo que el mundo burgués les ofrecía a los filisteos. Si la ignorancia no fuera tan generalizada, se vería fácilmente el plagio de modelos románticos, como el de Los bandidos, de Friedrich Schiller.

Y la tradición comunista es una tradición de formidable represión: homosexuales perseguidos, encarcelados y sometidos a crueles tratamientos psiquiátricos en Rusia hasta el final del régimen, así como en todos los demás países comunistas, incluida Cuba. En este país, cuya oligarquía es la principal fábrica de directrices para las mafias que ahora mandan en toda Sudamérica, las penas por consumir cualquier droga prohibida son altísimas todavía.

Pero a partir de la caída del comunismo esa izquierda ha asumido el hedonismo y el consumismo más disolventes como banderas a fin de atraer a infinidad de agraviados con los cuales formar mayorías para tomar el poder: a la primera reivindicación de los grupos étnicos excluidos (que servía para fomentar la deslealtad al Estado y la extinción de los derechos individuales) y de las mujeres, se añadió la diversidad sexual y la afición a las drogas prohibidas.

El punto actual ya es extremo: en Bogotá se organizan actos en los que un travestido ejecuta una danza sensual delante de niños de corta edad en un acto promovido por entidades públicas, el alcalde de Bogotá explica que un centro de atención a personas de la calle sirve para "fumarse un bareto", cualquier crítica a la creciente permisividad sobre el aborto es oscurantismo y en general se alienta a los jóvenes a emborracharse y ampliar los límites de su experiencia sexual.

La revolución abandonó sus rigideces para convertirse en el sueño de felicidad automática derivada del fin de la represión y el acceso gratuito a todos los bienes, sólo gracias a la adhesión a la izquierda.

El partido del recreo
No es concebible la superstición sin la ignorancia. Mejor dicho, son lo mismo: alguien que dijera como Sócrates que sabe que no sabe (es el sentido de la famosa frase) estaría abierto a aprender y lo haría fácilmente. Pero el ignorante está seguro de que sabe algo y lo que cree saber es falso: un obstáculo poderoso para el verdadero conocimiento. Eso es la superstición. Las ideítas que la propaganda ("educación") imbuye en los niños de toda Iberoamérica conduce a olvidar el origen de los bienes que consumen, de modo que el smartphone que usan parece algo natural, como las islas o los árboles, y no el producto del trabajo de alguien que no es precisamente un rebelde justiciero hispanoamericano.

Esa versión de la superstición creacionista encaja perfectamente en el mito que explota la izquierda para tomar el poder o mantenerse en él: el placer es otro bien del que los capitalistas o los estadounidenses o los "reaccionarios" despojan a los jóvenes, que sólo tienen que vociferar y perseguir a quien convenga para acceder a él. La vida regalada y francamente suntuosa que se permiten los contratistas del Distrito (o de la Fiscalía), los profesores universitarios, los jueces, los periodistas y en general diversos sectores de clases acomodadas en Bogotá (literalmente, la clientela de los terroristas), parece algo que pronto tendrán todos gracias a la buena voluntad de la izquierda (siendo que en todo el país reina la miseria precisamente por ese despilfarro en parásitos).

De modo que el joven colombiano tiene que escoger entre lo grato, divertido, estimulante y liberador que promete la izquierda, y la dificultad, el esfuerzo, el tedio, la complejidad y la contención que parecen ser las obsesiones de la derecha. De ese nivel intelectual y moral son todas las opciones: sólo es necesario exhibir algo de buen corazón persiguiendo a los taurinos, a los que piensan poner hoteles y a los que quieren extraer productos mineros dentro de la ley. Ah, claro, y a los curas y uribistas.

El encanto de lo blandoMiguel de Unamuno decía que "en el dolor nos hacemos y en el placer nos gastamos", y esta idea debería iluminar la discusión sobre el sentido del placer: el hedonismo como objetivo central de la vida lleva en sí la renuncia a toda superación, pues el "placer" se convierte sólo en la búsqueda de estímulos sensuales. Por ejemplo, la agonía de un ciclista escalando un largo puerto de montaña y dejando atrás a los rivales no es lo que el rebelde justiciero agraviado por el despojo que sufrió por la moral judeocristiana concibe como placer.

Si el comunismo de Lenin con su ascetismo y su culto de la historia fue funesto, el neocomunismo de las mediocres burocracias hispánicas es sencillamente disolvente, como se ha demostrado en Venezuela. La corrupción política es casi un aspecto secundario, pero nadie puede esperar en serio que una gente dedicada a disfrutar de cuanta liberación se le aparezca va a idolatrar el erario. De hecho, ¿qué clase de imbéciles creen que los privilegios de los afiliados de la CUT no son corrupción política?

A estas alturas no se puede, salvo desde opciones religiosas que nadie tiene por qué observar, condenar la inclinación homosexual. El esfuerzo por corregir a la sociedad con la ideología de género, el uso de los recursos públicos para su propaganda, las rentas millonarias que obtienen los homosexuales profesionales bien relacionados con la izquierda, la búsqueda de apoyos políticos con caricias y la "inversión" en vividores que se lucran del agravio son crímenes, y en el contexto colombiano crímenes complementarios del genocidio comunista.

Lo mismo se puede decir de las drogas: la idea de que el Estado puede castigar a alguien por ingerir lo que le da la gana es odiosa para cualquiera que se tome en serio la libertad, pero cuando Carlos Gaviria escribía ponencias en defensa de la "dosis personal" no lo hacía (como cree Alberto Carrasquilla) por amor a las libertades sino porque su corporación (la burocracia que expandió su dominio gracias a los asesinatos de los años ochenta en la Constitución de 1991) necesitaba combatir la cultura tradicional y la influencia de la Iglesia católica.

Como tema de la educación, la promoción del hedonismo sólo conduce a la degradación constante de las víctimas: todo lo que en esta vida se puede considerar superación es lo que ofrece dificultad y requiere esfuerzo y disciplina. La idea de que en la antigua Grecia la "homosexualidad" era aceptada y bien considerada llega a los oídos de gente joven que fácilmente cree que los griegos antiguos eran gente como ellos. Para empezar, esa idea de "homosexual" no existía para ellos. Los hombres de clases altas que yacían con jovencitos no rechazaban el comercio con mujeres ni dejaban de engendrar hijos. La institución de "tutoría" se llamaba "pederastia" (con un sentido distinto al que tiene el término actualmente) y comportaba una responsabilidad educativa. Esos hombres no eran propiamente viciosos del contacto sexual (como los que divulgaron el sida en Estados Unidos o el protagonista de la película Taxi zum Klo) sino respetables ciudadanos esforzados y serios.

Las sociedades se sostienen por la virtud: bien con la templanza de la Antigüedad o con la castidad de muchos siglos de cristianismo, las sociedades que sobrevivieron y se impusieron fueron aquellas que no se gastaron en el libertinaje. De hecho, esta palabra no tiene en su origen una relación directa con la libertad. Sólo que al esclavo que accedía a los derechos de los ciudadanos se lo llamaba "liberto", y la persona que se echaba a perder en las tabernas y burdeles se parecía a un liberto, lo que da "libertino".

Una sociedad como la colombiana necesita asimilarse al mundo moderno: tras el libertinaje pagado con recursos públicos de que disfrutan las clientelas de los terroristas con diversos pretextos, está sólo el viejo orden esclavista. ¿Alguien se ha detenido a pensar en cuántas personas se dedican al servicio doméstico en Colombia y cuántas lo hacen en Alemania? La fiesta perpetua de la liberación de la moral judeocristiana no es para esas personas sino para los jóvenes que van a la universidad a aprender la lucha, es decir, la rapiña.

(Publicado en el blog País Bizarro el 17 de septiembre de 2015.)

lunes, septiembre 28, 2015

Una entrevista a Uribe

Hace mucho tiempo que digo que para acabar con el narcorrégimen colombiano e implantar una verdadera democracia es necesario prescindir del uribismo, pero eso les suena incomprensible a los que no están con Santos y sus socios terroristas: una señora incluso me reprochó que criticara a la oposición. Es ese nivel, en el que la crítica resulta intolerable, pero ¿puede haber reflexión sin crítica?

Hace unos días apareció en El País de Madrid una entrevista al expresidente que comentará para explicar lo que en mi opinión son los errores y límites de su visión.
Álvaro Uribe: “Los cabecillas de las FARC tienen que pagar cárcel” El senador cree que Venezuela debe ser retirada "como garante de los acuerdos de Paz"
Todo lo que se lea en este periódico sobre Colombia tiene el sesgo de las relaciones empresariales de Prisa, propietaria de Caracol Radio, con el gobierno de Santos y aun de otras relaciones complejas con todo el clan, así como con los gobiernos del Foro de Sao Paulo (el canal de televisión Cuatro, de los mismos propietarios, dedica buena parte de su programación a un continuo publirreportaje de Podemos). De ahí ese titular y el tono hostil de toda la entrevista. En la portada de la edición electrónica decía otra cosa: que si los jefes de las FARC no iban a la cárcel habría violencia, con lo que Uribe resultaba profiriendo amenazas.

Esa cuestión de si los jefes terroristas deben pagar cárcel es de particular interés para la propaganda de los terroristas: un "conflicto" con tantos muertos no cesa por la obstinación de un líder ultraderechista, amigo de los paramilitares y responsable de crímenes atroces por parte del ejército (eso es Uribe para los lectores de ese periódico). Pero su efecto en Colombia es peor: mucha gente cree que las FARC van a desistir de tomar el poder e implantar el comunismo y todo lo que hace falta es perdonarles unos años de cárcel a unos criminales. ¿Se atreverán a negar los uribistas que la obsesión con la "impunidad", presente en toda su propaganda, favorece esa percepción?

El problema no es la impunidad sino la persistencia del proyecto totalitario y de las organizaciones que lo conforman, así como su reconocimiento y ascenso gracias a la negociación. No es que los terroristas se libren de la cárcel, es que ya están al mando.
Álvaro Uribe Vélez (Medellín, 63 años), expresidente de Colombia (2002-2010) y actual senador es también líder de la oposición y el crítico más feroz con el proceso de paz con las FARC del presidente Juan Manuel Santos, quien fuera su ministro de Defensa durante su segundo mandato, cuando la guerrilla sufrió los golpes más duros. Hoy, la relación entre ambos directamente no existe. La entrevista se realiza el miércoles por la tarde, en plena crisis fronteriza con Venezuela, antes de que Santos llamase a consultas al embajador en Caracas y pidiese la mediación de Unasur y la OEA, que ha recibido el apoyo de todo el Congreso, incluido el partido Centro Democrático que lidera Uribe.
El periodista describe a Uribe como "el crítico más feroz" de la negociación para reforzar su legitimidad: el "crítico más feroz" de la negociación pide que saquen a Venezuela como garante, que es como si el crítico más feroz de los asesinatos exigiera que se usaran armas esterilizadas. Es decir, una monstruosidad que ninguna democracia toleraría nunca tiene un extremo irracional de rechazo en un hombre que la aplaude. De esas trampas retóricas está hecha la propaganda.
Pregunta. ¿Por qué se ha generado esta crisis con Venezuela?
Respuesta. La crisis de la frontera no surge de la noche a la mañana. La dictadura de Venezuela, a su amaño, ha decidido siempre cuándo abre y cierra la frontera. Todo eso ha llegado a lo que vemos actualmente, un genocidio contra el pueblo colombiano, con las casas marcadas, los ciudadanos torturados, expulsados como animales. Lo más grave es que el Gobierno teme que cualquier indisposición de la dictadura de Venezuela le genere más dificultades en los acuerdos con el grupo terrorista FARC. El Gobierno de Santos debería retirar a Venezuela como garante de los acuerdos de las FARC.
¿Se ha cometido en Venezuela en estas semanas un "genocidio" contra los colombianos? El señor Uribe es jurista, ¿cómo se permite esas ligerezas con el lenguaje? ¿Como es que ni durante su gobierno ni después se ha denunciado a las FARC ante la CPI por el indiscutible genocidio de los desmovilizados de Esperanza, Paz y Libertad? Da la impresión de que Uribe no supiera qué es genocidio, o que en aras de mantener lazos de lealtad con gente como su compadre Roy Barreras evitara pisar líneas rojas, como sería echar a perder las perspectivas de un acuerdo de paz llevando a los genocidas a un tribunal que no está para negociar.
P. Ha comparado esta crisis con el Holocausto judío. ¿No le parece exagerado?
R. Hitler empezó acusando a los judíos de ser la fuente de todos los males. Venezuela acusa a los colombianos de ser la fuente de todos los males. Hitler empezó maltratando a los judíos, tratándolos como una raza inferior. Maduro acusa a los colombianos de ser paramilitares y las prostitutas de Venezuela. Van justificando la tortura del pueblo colombiano.
Como ya he explicado, el periodista es un propagandista del régimen, por lo que aprovecha la indudable ligereza retórica de Uribe para ponerlo en ridículo. Comparar las persecuciones de Maduro con el asesinato de seis millones de personas es grotesco.
P. ¿Por qué esa oposición tan dura al proceso de paz?
R. Algunos en Europa han tenido la equivocación de que Colombia tiene dos opciones: la guerra de Uribe o el diálogo de Santos. Creo que esa simplificación es dañina. Le hago un resumen de nuestras diferencias: el Gobierno ha descuidado la seguridad. La fuerza pública está seriamente desmotivada. Puso a las fuerzas armadas como actor político al mismo nivel que el terrorismo. Nos preocupa que este Gobierno no le haya exigido a las FARC un cese de actividades criminales verificable como condición para avanzar en el diálogo, con ubicación en unos sitios. Todo eso ha facilitado que las FARC hayan regresado a muchos sitios del país de donde tuvieron que salir. Nos preocupa inmensamente que el Gobierno no haya tenido claridad sobre la entrega de armas. No exige que los cabecillas vayan a la cárcel. Nosotros aceptamos que el guerrillero raso no vaya a la cárcel pero creemos que el cabecilla tiene que ir, así haya una sentencia reducida, porque si no van a generar aquí más violencia.
Ojalá el lector se planteara contestar por qué se opone al proceso de La Habana (caso de que se oponga). Si me preguntaran a mí no daría ninguna de las razones de Uribe. ¿Contestarían los uribistas lo mismo si no conocieran las respuestas de su líder? Yo no lo sé: el protagonismo de Uribe y su partido obran como un sumidero que encauza el rechazo al régimen hacia algo que yo desapruebo rotundamente.

La negociación con las FARC es condenable porque constituye la abolición de la democracia y la renuncia de la ley, además de legitimar a los terroristas. ¿Es tan difícil ver que eso no aparece en las respuestas de Uribe.

El rechazo a la idea de optar entre la guerra de Uribe y el diálogo de Santos casi lo resume todo: visto el poder de propaganda del régimen y el escaso valor que los colombianos dan a la ley, a la libertad y a la democracia, Uribe y su gente evitan a toda costa que se genere una percepción que los describe como "guerreristas". Nada de eso, ellos apoyan la negociación, tanto que aspiran a mejorarla. No faltaría más. ¿Guerreristas ellos?

¿El gobierno ha descuidado la seguridad? Ya verán que dentro de poco el gobierno saca pecho por la reducción de muertos por "el conflicto". Los soldados asesinados en los últimos años se contarán como otras bajas del conflicto y saldrá un avance maravilloso: el fruto de la paz, cosa que los colombianos agradecerán.

La seguridad es algo que preocupa naturalmente a todo el mundo, pero no puede ser un valor que cuente ante la abolición de la democracia. Lo que Uribe dice es que critica al gobierno por los efectos de su actitud de premiar el crimen, no por ella misma. Eso tiene relación con el hecho de que el votante siempre tiene la razón.

Dado que el intento de buscar la paz mediante el diálogo es legítimo y no es un crimen, ¿qué sentido tiene quejarse de que se desmotive a la fuerza pública?

En 2006 Uribe les propuso a las FARC una negociación que conduciría a una Constituyente, y ciertamente no les exigía concentrarse en un lugar. Ese hecho ha servido para que los propagandistas del régimen desautoricen sus críticas. En esa época yo no tenía conocimiento de esa propuesta, pero no comparto los reproches de quienes la toman como una incoherencia o una deslealtad. En el contexto de la época, y tratándose de Uribe, ese ofrecimiento tenía mucho sentido. Obviamente los terroristas no iban a aceptar, pero ¿para qué negarse al diálogo cuando no se perdía nada ofreciéndolo?

Imagínese el lector que el gobierno o alguna presión consiguiera que las FARC se concentraran en ciertas áreas y dejaran de delinquir, de extorsionar campesinos, de traficar con cocaína y explotar oro de forma ilegal. ¿Adónde conduciría la negociación? Sin la amenaza el rechazo a cualquier indulgencia con los terroristas crecería día a día. Esa condición que pone Uribe equivaldría sencillamente a la rendición de los terroristas.

Pero ¿exigía la rendición Uribe en 2006? No, y sin embargo los terroristas no aceptaron su propuesta. ¿Cómo es que Santos podría exigirles algo así? Por la necesidad de hacer oposición sin quedar "aguando la fiesta" de la paz dialogada. Es decir: esa idea de que se concentren y dejen de delinquir es un engaño al ciudadano, toda vez que si no aceptaron negociar en 2006 sin esa condición menos van a hacerlo ahora.

Esa clase de mentiras tiene que ver con la estrechez de miras que caracteriza al uribismo: la mayoría de las consecuencias de la negociación son obvias, sencillamente hay que denunciarla como premio del crimen y abolición de la democracia, no exigirle resultados que no puede dar.
P. Cuando dice cárcel, ¿se refiere a rejas o privación de la libertad?
R. Condena y privación de la libertad. Que la cárcel sea más o menos convencional, pero tiene que haber privación de la libertad. 
P. ¿Qué tiene que ocurrir para que apoye el proceso de paz?
R. Le acabo de hacer una serie de preocupaciones. De ahí puede sacar usted inferencias. 
P. Si se firma un acuerdo, ¿usted mantendrá su posición en contra?
R. No, depende. Usted lo puede inferir de lo que han sido nuestras observaciones al proceso.
P. El presidente Santos ha vuelto a decir hoy que estaría dispuesto a sentarse con usted donde quiera y con los testigos que decida. ¿Se reuniría con él?
R. Yo no sabía lo de hoy. La última noticia que tuve fue la de anoche [por el martes], cuando dedicó un espacio de televisión a no enfrentarse a la dictadura de Venezuela y a decir que lo nuestro eran trompetas de guerra.
P. ¿Se sentaría entonces con el presidente?R. Ya le contesté lo que sabía. No nos perdamos en la etiqueta ni en las aparentes cortesías. Vamos a los asuntos de fondo. 
P. El Gobierno y las FARC buscan un gesto del Papa en su visita a Cuba. ¿Qué le parecería la bendición del proceso de paz por parte de Francisco?
R. Bastante tarea tengo con dirigir un partido de oposición, que también es de construcción. No me ponga usted a meterme con el Santo Padre. Mi tarea es simplemente la de un católico respetuoso, que tiene fe, que reza y que respeta a la Iglesia. Uno piensa muchas cosas por dentro pero por respeto a su Santidad no se atreve a decirlas.
P. Eso es que está no muy de acuerdo con su posición.R. Por respeto, jamás he opinado ni hecho vaticinios sobre los sumos pontífices.
¿Alguien nota la hostilidad del periodista? El núcleo de esa hostilidad es la acusación de que Uribe se opone a la paz. Y en las respuestas ni siquiera una mención a la ley, a las víctimas, a los derechos humanos, a la democracia, al contenido de la negociación (gracias a la cual las peores atrocidades se convierten en la fuente del derecho). Si se opusiera a la "paz" tendría más libertad para denunciarla, pero ¿cómo podría reconocer que se equivocó desistiendo de cambiar el engendro del 91, aliándose con los peores politiqueros (a los que hizo elegir en 2010), buscando una segunda reelección o resistiéndose a romper con Santos y su partido después del cambio de rumbo del presidente? El líder amado de su pueblo no es alguien que se pueda equivocar ni menos engañar, sólo pide lo razonable exhibiendo las mejores intenciones.
P. ¿Está dispuesto a pasar a la historia como el presidente que se opuso al proceso de paz?
R. Uno tiene que pasar a la historia como alguien que tuvo una posición coherente. En los años en que yo fui presidente Colombia mejoró sustancialmente en seguridad, en inversión y en política social.
No faltará el que crea que sería mejor decir que sería mejor pasar a la historia por defender la democracia contra una componenda con genocidas basada en el engaño, pero ¿eso qué popularidad puede tener en Colombia? Mejor volver a mencionar los logros de su gobierno porque el núcleo de la posición del uribismo es esquivar los dardos que les lanzan para describirlos como guerreristas.
P. Su gran socio internacional en la lucha contra las FARC fue Estados Unidos. ¿Cómo ve el deshielo con Cuba?
R. Obama podrá decir que fue determinante para derrotar el comunismo cubano. Castro no tendrá disculpa para decir que después de 55 años de fracaso tuvo que volver a Estados Unidos. Lo que no quisiéramos es que de Obama se pudiera decir que ayudó a entregarle Colombia a las FARC.
Invito al lector a buscar en toda la entrevista otra mención a esa idea de "entregarle Colombia a las FARC", que es de lo que se trata y por lo que la vasta clientela del terrorismo sostiene a Santos. De repente el contenido de la negociación no es algo que Uribe no entienda o desconozca, sino algo que menciona como de pasada para aludir a Obama y que el periodista enseguida rehúye. Porque la cuestión no es si los terroristas se libran de la cárcel sino si desisten de aquello por lo que cometen atrocidades. Sólo que, perdón por repetirlo tantas veces, si para Uribe ésa fuera la cuestión principal tendría que desaprobar realmente la negociación y a todos los líderes importantes de su formación, que día sí y día también la aplauden.
P. ¿Cómo puede afectar este cambio en las relaciones al proceso de paz?
R: Una cosa es tratar con Cuba para devolverlo a la democracia y otra tratar con las FARC para entregarle Colombia al castrochavismo.

P. ¿Realmente cree que se está entregando Colombia al castrochavismo?
R. Ya le dije una serie observaciones sobre lo que está pasando en Colombia y sobre La Habana.

P. ¿Cómo ve las nuevas fuerzas que están surgiendo en España y Europa?
R. Hay cosas muy buenas como la recuperación de la economía española, la británica. Veo todavía muy inestable al Gobierno griego y lo de Podemos en España dependerá de ustedes cuánto dure. Sí me preocupa mucho que España sirva ahora al Gobierno de Colombia como abogado ante la Corte Penal Internacional para que no lleven a las FARC a la cárcel.
No, la prueba de que se entrega el país al chavismo no son las observaciones anteriores de Uribe sino el contenido mismo de la negociación. Pero...
P. ¿Cuánto hay de oposición y cuánto de rencor al presidente Santos?
R. El rencor es como la vaca en el pantano, cuanto más patalea más se atolla. Yo le conté nuestros argumentos, no me pregunte por veleidades de la prensa, básese en los argumentos y en el reconocimiento de millones de colombianos a nuestros argumentos.
P. No se trata de veleidades.
R. Su pregunta por sustracción de materia no cabe. Nosotros lo que hemos hecho es un ejercicio político argumental. Ahora, los psicólogos del liderazgo contemporáneo sugieren distinguir entre traición y engaño, porque la traición en política puede no ser importante, puede referirse a una persona; el engaño, a un colectivo social, con lo cual se pone en riesgo los valores democráticos y es muy grave.
La agresividad del periodista hace pensar en El País como otro medio chavista, como los periódicos colombianos.
P. Entonces, ¿se siente traicionado o engañado?
R. Los valores democráticos en Colombia tienen hoy un riesgo proveniente del engaño.
Insiste el propagandista.
P. Muchos de sus colaboradores están encarcelados o envueltos en procesos judiciales. ¿Se siente amenazado?
R. María del Pilar Hurtado está en la cárcel no por haber robado o haber asesinado. Está en la cárcel porque investigó penetración del narcotráfico en la Corte Suprema de Justicia. La Corte Suprema de Justicia, en lugar de separar a las manzanas podridas asumió una solidaridad de cuerpo para decidir que nuestro Gobierno quería desacreditarla y por eso la llevaron a la cárcel. La sentencia contra el exministro Andrés Felipe Arias, analizada en muchos foros del mundo, es una sentencia de odio político. No hay uno solo de mis compañeros de Gobierno que haya sido juzgado por haberse robado un peso del erario público. Trabajamos por convicciones y por eso estamos en esta batalla.
Le faltó mencionar los innumerables hechos atroces que tienen lugar en Colombia, no sólo por obra de las bandas terroristas, y que quedan en la más completa impunidad, o el despilfarro increíble de recursos en propaganda del régimen y su componenda. Pero no es la cuestión importante.

(Publicado en el blog País Bizarro el 9 de septiembre de 2015.)

domingo, septiembre 20, 2015

La nada inocente cruzada antitaurina


Como ocurre con casi todo en Colombia, hay dos bandos, el de los interesados en alguna causa y el de los indiferentes: así ha ocurrido con el sindicalismo estatal, que es un frente de la conjura comunista mucho más importante que las FARC y el ELN. Los funcionarios protestan, hacen huelgas, presionan, intimidan, siempre dirigidos por el Partido Comunista, y así consiguen privilegios que la gente de un país civilizado no concibe. Casi nadie sabe que en Colombia los empleados del Banco de la República se pensionan a los 45 años, que los maestros cobran el sueldo aparte de la pensión, que hay personas que han trabajado veinte años y viven otros cincuenta cobrando pensión (con otros trabajos), que los sueldos y pensiones de muchos funcionarios son diez, veinte o hasta cincuenta veces superiores a los de la gente que hace trabajos pesados...

Hay muchos más perjudicados por esos hechos que clientelas del comunismo, o sea, que los que "se organizan y luchan", pero a nadie se le ocurriría que pudiera haber una protesta contra ese estado de cosas. De hecho, la mera opinión en contra es minoritaria. La sociedad padece anomia ("conjunto de situaciones que derivan de la carencia de normas sociales o de su degradación"), todo el que está excluido de esos privilegios lo lamenta y a toda costa intenta brindar a sus hijos una educación para que roben y parasiten como los afortunados de hoy en día.

Los colombianos ya están acostumbrados a que esa rapiña por despojar a los demás de los recursos con que se podrían construir obras públicas o pagar servicios esenciales se llama "la lucha". La lucha por la revolución era el sueño de justicia (o sea, de ascenso a cargos de poder para los organizadores y luchadores) que caracterizaba a todos los universitarios, que ahora han cambiado por la paz: ya no quieren salir a matar policías y a secuestrar ganaderos, sino ir a reconciliarse en nombre de los policías asesinados y los ganaderos secuestrados con los universitarios de la generación anterior que han entregado su vida a la lucha.

Pero sin la lucha no hay modo de movilizar a las masas, y de hecho la paz es una forma de lucha, dado que muchos intolerantes de extrema derecha no quieren la reconciliación y hay que combatirlos, de lo cual ya hay bastantes testimonios en las redes sociales. Obviamente por la calle no, porque el que saliera solo por el centro de Bogotá con una camiseta contra las FARC se jugaría la vida. ¿O cuántas personas se ven con camisetas de rechazo a los asesinos y cuántas con camisetas del Che Guevara? Bueno, los de las camisetas del Che Guevara son los de la paz, o sea, los de la lucha por la paz, las palabras tienen para los colombianos un sentido especial, todo se acomoda a cualquier interés y realmente los que se organizan y luchan por la paz no son en nada diferentes de los que secuestraban niños, como Petro, que es uno de los principales líderes de los amigos de la paz.

La lucha no puede parar, por eso ahora que se acerca la paz es mejor guardar las banderas del socialismo y la revolución para otro momento y luchar por otras causas: por los derechos de la población LGBTI, por el feminismo, por la ecología... Siempre encuentran algo que permite a los funcionarios distritales dedicar sus horas laborales a tareas de Agitprop gracias a las cuales se mantiene, sobre todo entre los jóvenes, la adhesión a Petro y a las diversas organizaciones de izquierda, todas relacionadas directamente con las FARC y el ELN.

De ahí viene la fiebre antitaurina. Pero insisto, todo eso está en el libreto: ¿de dónde sale el dinero con el que miles de asesinos terroristas cobran sueldos 15 o más veces superiores al mínimo en las universidades? De los recursos comunes. Se los roban a los demás, que no quieren darse cuenta porque no conciben otro mundo que el infierno de rapiña y atropello en que viven. En ese caso se trata de dinero, en el caso de la persecución a los taurinos se trata de LIBERTAD. Lo que los asesinos totalitarios intentan es despojar a los ciudadanos de su libertad y para eso organizan una consulta para prohibir los espectáculos taurinos.

Como es tan grato sacar pecho por el buen corazón que se tiene y a fin de cuentas esa tradición no cuenta con tanto público como el fútbol, la cruzada antitaurina encuentra toda clase de apoyos de gente que no necesariamente apoya a las FARC. Es una apariencia. Los que aplauden que se persigan tradiciones y se prohíban espectáculos arraigados y con gran prestigio están contra la libertad y son de una manera u otra clientela de los terroristas.

El espectáculo taurino tiene muchos defensores valiosos: ha habido muchos miles de artistas y literatos importantes que aman la tauromaquia, siendo una tradición localizada en el Mediterráneo y algunas regiones hispánicas, obviamente serán más los que no tienen interés por ella. De lo que no he oído hablar nunca es de algún artista o literato reconocido que sea partidario de perseguir o prohibir esos espectáculos. Pero no es la cuestión: nadie está obligado a acudir a ellos, tal como nadie está obligado a ver pornografía o a participar en prácticas homosexuales. ¿Por qué no respetar la elección de los demás?

Colombia es demasiado salvaje y absurda para que su población se pueda incluir cabalmente en la humanidad. Las mayores atrocidades no interesan a nadie y nunca son tendencia en Twitter, pero en cambio sí hay grandes protestas porque alguien quiere hacer un hotel o grandes campañas para privar de su diversión a los aficionados a un festejo tradicional. Pero insisto, además de los imbéciles que quieren adornarse de buenos sentimientos persiguiendo a otros (que nunca son los que matan, secuestran y violan), la cruzada antitaurina es cosa de los asesinos y sus jóvenes catecúmenos. El problema es la total indiferencia de los demás.

Ése es el único problema: la prueba de que la libertad no les importa absolutamente nada y se dejarán imponer las prohibiciones que los asesinos quieran. Ya cinco años de hegemonía de las FARC en el gobierno y en los medios han mostrado el grado moral de la población. La persecución a la tauromaquia será otro paso. No hay esperanza.

(Otrosí: me faltó señalar el factor corruptor de esa propaganda: en su afán de tomar parte en la lucha y de exhibir su buen corazón, los universicarios empiezan a asumir como cosa normal que matar toros es lo mismo que matar personas, y en realidad peor, porque a las personas se las mata en aras de la justicia social. Ese cretinismo moral conduce a que las tiranías del crimen organizado traten a las personas como ganado, cosa que está en el fondo de su concepción del mundo. Es otro elemento que demuestra la disponibilidad de millones de colombianos a asociarse con criminales en aras de adorno "intelectual" y "humanitario".)

(Publicado en el blog País Bizarro el 28 de agosto de 2015.)

domingo, septiembre 13, 2015

Del columnista al sicario

Genocide Inc.

El crimen organizado en Colombia es una gran empresa, no sólo en la acepción de "Acción o tarea que entraña dificultad y cuya ejecución requiere decisión y esfuerzo" sino también en la de "Unidad de organización dedicada a actividades industriales, mercantiles o de prestación de servicios con fines lucrativos". La "industria" de la que deriva el lucro es el poder político de sus accionistas y ejecutivos, mientras que las demás actividades lucrativas de la empresa sirven sobre todo para financiar la operación que permite ese creciente dominio.

El producto de esta empresa es la persuasión: los asesinatos son la base de esa persuasión, la labor de cobro y legitimación es la pieza que les da sentido y rentabilidad. No hay una diferencia importante entre la labor del sicario que castra a un policía delante de sus vecinos y la del columnista que propugna por la paz. No ver esa obvia relación es como si alguien pretendiera que el perfumado ejecutivo que efectúa transacciones de grandes cantidades de jamón perteneciera a un negocio distinto del que ocupa al modesto empleado que descuartiza a los cerdos.

Como en cualquier empresa, la labor principal es el marketing: sobre todo el interno, con incentivos morales y promesas para los que hacen el trabajo más duro, con adoctrinamiento sistemático en los colegios y universidades, selección de personas resueltas que pueden servir en los distintos niveles de la organización y provisión de recursos y "normas" (como obligar a un adolescente a comerse a la novia) para los que incumplen la disciplina.

Pero también el marketing externo cuenta, y se confunde con la tarea principal de la organización, cuyo núcleo directivo es la relación en apariencia informal entre la nomenklatura cubana, las familias presidenciales del grupo de Alternativa y los dirigentes del Partido Comunista y otros grupos en apariencia distintos. Ese marketing está destinado por una parte a conseguir apoyos, votantes, simpatizantes, gente que acude a manifestaciones, da lo mismo que sea para prohibir los toros que para favorecer el consumo de marihuana o las relaciones LGBTI.

Causas remotas y próximas
Como ya he explicado muchas veces, la causa remota del narcoterrorismo y de su formidable entorno de sindicalistas, adoctrinadores y literatos es la cultura derivada del régimen colonial. Es decir, el origen mismo de la nación colombiana y la institución predominante en la mayor parte de su historia: la encomienda. La esclavitud de los indios se mantiene en figuras como el servicio doméstico de que disfrutan la mayoría de los empleados públicos, sobre todo en Bogotá. Se calcula que hay en la capital un millón de personas con título universitario, y dado que no se produce en la ciudad ningún bien que se exporte, ni siquiera a otras regiones, ni ningún servicio significativo ajeno a la función pública, es de suponer que la mayoría de esos "doctores" viven directa o indirectamente del Estado.

La conjura comunista se encontró con las necesidades de los descendientes de los encomenderos, que en una democracia normal no encontrarían pretextos para su parasitismo ni para sus privilegios. La violenta oratoria revolucionaria de los universitarios de los años sesenta y setenta dio lugar tanto a la "masa crítica" de asesinos y secuestradores (la mayoría de los miembros de las FARC no proceden de la universidad sino del reclutamiento infantil, pero su lealtad a la banda sólo depende de que ésta pueda persuadirlos a punta de terror y a la vez ofrecerles una paga; los que mantienen la función política son TODOS de la universidad), como a los grupos de agitadores que animarían y luego controlarían los sindicatos de funcionarios.

De tal modo, las masacres son necesarias para asegurar las pensiones a los cuarenta y cinco años de los funcionarios del Banco de la República y los sueldos de veinte salarios mínimos de los profesores de universidades públicas, cuya lealtad electoral e ideológica es a su vez necesaria para que la banda siga operando y pueda contar con perspectivas de negociación de paz. Es un círculo perfecto.

Pero más en concreto la empresa surge de la expansión soviética en los años veinte a través de la Komintern: durante más de medio siglo miles de aventureros colombianos recibieron formación en el territorio de la antigua URSS en tecnologías de terror y engaño para hacer avanzar el programa revolucionario. Al respecto conviene revisar esta noticia.

La propaganda de la paz de un personaje como Abad Faciolince es parte de la empresa de toma del poder por los conjurados organizados en el Partido Comunista y en otras redes ligadas al grupo de Alternativa y a camarillas judiciales y universitarias, pero todas ellas en evidente relación. Los niños bomba son otra parte, son la persuasión necesaria, sin ella Abad Faciolince no tendría nada que cobrar con su tranquila benevolencia.

La batalla de los nombramientos
La expansión comunista no es sólo el aumento del territorio controlado por los asesinos ni la influencia que logran con la propaganda incesante (llámese educación o información, en Colombia sólo se trata de propaganda de Genocide Inc.), sino sobre todo el control del Estado gracias al ascenso de los miembros de la conjura en todas las instituciones. Ya sean políticos, jueces, diplomáticos, profesores, cargos municipales o regionales o contratistas, los conjurados han estado copando la función pública durante más de medio siglo. Personajes como Horacio Serpa, Alfonso Gómez Méndez, Humberto de la Calle, Martha Catalina Daniels, Carlos Gaviria, Eduardo Montealegre y muchísimos otros se delatan al cabo del tiempo como miembros de la conjura totalitaria con cargos públicos de relieve.

Seguramente hay también muchos militares que sirven a Genocide Inc. pero es difícil saber cuáles son: puede que la mayoría de los entusiastas de la paz sean meros oportunistas ilusionados con ascender como aliados del crimen organizado, o beneficiarios de cañonazos de cientos de millones.

No hay ninguna esperanza de implantar en Colombia un régimen de democracia liberal como los que imperan en Europa occidental y Norteamérica sin hacer frente tanto a la cultura del parasitismo como a las redes de miembros de la conjura asesina que hoy dominan el Estado. Cualquier ilusión de que se puede arreglar el país con un poco de buena voluntad es a la larga perjudicial.

La industria del prestigio
Hace un tiempo comenté el escándalo que siempre vuelve, por ejemplo en esta publicación del literato Harold Alvarado Tenorio (reproducida con fervor por algunos uribistas), sobre el escrito de un tal "Ayatolá" contra García Márquez por su fuga a México en 1981. ¿Alguien duda de que tenía relación con el M-19, una banda criminal responsable entre otras perlas de secuestrar y matar a los niños Álvarez Murillo? No, nadie duda de eso, sólo que siendo el ganador de un premio Nobel el asesinato le está permitido y la vida de unos pendejos importa menos que ese honor de ganarse un Nobel que engalana tan patéticamente el corazón de los colombianos.

Como ya he explicado otras veces, la evaluación del valor de la obra de García Márquez corresponde al tiempo, por mucho que en Colombia se crea que un Nobel es garantía de reconocimiento absoluto: la gente que no lee nada no llega a enterarse de que la mayoría de los ganadores de ese premio son escritores irrelevantes, mientras que Tolstói, Joyce, Kafka, Proust, Pound, Rilke, Machado, Borges y muchísimos otros escritores verdaderamente importantes no lo recibieron.

García Márquez alcanzó la popularidad gracias a la economía de escala de la industria del prestigio que la izquierda comunista heredó de la Komintern. Gracias a eso todo intelectual hispanoamericano de los años sesenta sabía muy bien quién era Jean-Paul Sartre y hasta había intentado leer algún libro suyo, mientras que eran raros los que habían leído a Albert Camus (a pesar del Nobel), por no hablar de Raymond Aron o Jean-François Revel. Gracias a eso cualquier universitario colombiano de los años setenta y ochenta sabe quién es Mario Benedetti pero prácticamente ninguno podría decir nada de Vicente Huidobro, y menos de Salomón de la Selva, poetas mucho más reconocidos por la gente de la poesía que el uruguayo. A Gabriela Mistral no le sirvió de mucho el Nobel, ningún colombiano conoce a nadie que haya leído un poema suyo. No estaban en la nómina de la izquierda.

Eso mismo pasa con toda la propaganda de Genocide Inc.: cualquier sicario moral que pueda redactar un párrafo se vuelve columnista o panelista de tertulias: los medios de propaganda están cada vez más copados en la medida en que el negocio se amplió gracias a la cocaína que permitió elegir a Chávez y a Correa, y permitió a los Santos y a los López-Santodomingo integrarse como accionistas de la muerte. Un muchacho que vaya al colegio en Colombia llega a creer que William Ospina o Héctor Abad Faciolince son escritores importantes gracias a la promoción que reciben del Estado colombiano, cosa que ocurre gracias a la presión de las "fichas" de Genocide Inc., y a la izquierda internacional, que los invita a cuanto certamen hay y publica noticias sobre ellos, entrevistas, reseñas, etc.

Sólo es propaganda de la misma conjura que viola niñas y masacra soldados. El papel de esos pensadores es más importante que el de los asesinos propiamente dichos, tal como el de Goebbels y el propio Hitler era más importante que el de los que empujaban gente a las cámaras de gas o les arrancaban el oro a los dientes de los cadáveres. Pero son la misma empresa: desgraciadamente los colombianos no esperan ver ninguna rectitud en las obras de nadie sino acceder al trato con gente que compra zapatos italianos, por eso esos ASESINOS siempre cuentan con gente servil que los halaga y admira.

(Publicado en el blog País Bizarro el 21 de agosto de 2015.)

domingo, septiembre 06, 2015

Edgardo


Edgardo era un viejo caviloso y buena persona que tenía a los dos hijos estudiando en Europa y hacía apenas dos años se había retirado de su oficio de médico. Desde entonces veía más noticias y leía más periódicos y hasta blogs y cuentas de conocidos en Twitter.

En los años setenta había sido trotskista y tenía una forma de interpretar las cosas aprendida de los líderes de los grupos con los que tuvo relación. Pero no era tan apasionado como su cuñada y su hermano, con los que había llegado a disgustarse por atreverse a preguntarles por qué las FARC no dejaban de matar (ocurría en 2014).

Edgardo era más materialista y práctico, y tenía la coartada de que con la medicina ayudaba a la humanidad, pero Arturo era visionario y líder. Tras aspirar dos veces al Concejo de Bogotá, se resignó a ser edil de la localidad de Chapinero. No pasaba penurias, pero sí dificultades, que soportaba con orgullo por ser parte de la tarea de un héroe. De ahí extraía una arrogancia y una grosería que lo llevaban a odiar a cualquiera que pusiera en duda su ideología.

Arturo seguía esperando un paraíso que llegaría tras la revolución, y eso hacía que justificara todo lo que hacía la izquierda. Entre la gente de su generación y su medio social, esos entusiasmos menguaron después de la caída del comunismo en Eurasia y la Constitución de 1991, pero una vaga adhesión a la izquierda y a sus figuras intelectuales se mantuvo, sobre todo porque eran muy pocos los que leían las publicaciones de esos pensadores.

Todo cambió con el Caguán. Se vio qué querían las FARC y los revolucionarios quedaron en absoluta minoría. En los primeros años de Uribe, Arturo se fue aislando, no porque la gente de su medio condenara lo que hacían las FARC, sino porque de eso no se hablaba nunca. A lo sumo se compartían habladurías sobre el gobierno, pero lo mínimo, cada cual tenía en qué pensar.

Durante la mayor parte de su juventud, Arturo era bohemio y alternaba las noches en El Goce Pagano con cenas con los amigos de la universidad, en las que se hablaba mucho de política. Las habladurías le reportaban una que otra aventura extraconyugal relacionada con esas noches de alegre camaradería con los intelectuales de izquierda.

Al acabar la primera década de este siglo el reproche tácito a las FARC se vio poco a poco desplazado por el odio a Uribe, al que se acusaba de ser un perverso fascista, paramilitar, narcotraficante, corrupto, caballista, ganadero, finquero, paisa y otro montón de monstruosidades. La gente a la que Edgardo frecuentaba, bien en su gremio, entre su familia o aun en su vecindario, se miraba ansiosa con la esperanza de que acabara ese infierno, aunque él no se había puesto a pensar qué ocurriría después.

Y entonces llegó Santos a buscar la paz. Arturo dejó de ser casi un chiflado molesto para convertirse en alguien bien relacionado cuya opinión interesaba conocer en los cocteles.

Las mujeres de Edgardo y Arturo eran muy diferentes. La del primero, Sara, siempre quiso ser ama de casa y estaba segura de que no tenía que hacer otra cosa, aunque había leído unos cuantos libros de poesía e historia, sus temas predilectos. Era hija de uno de los magistrados caídos en el Palacio de Justicia. Cuando se casó con Edgardo sabía quién era, pero también lo que era, un especialista bien pagado, respetable, de origen correcto, apuesto, amable... Pero Emperatriz era muy diferente. Era más ordinaria pero más lista y enérgica. Había ocasionado un gran lío en la familia cuando se anunció el designio de Arturo de reconocer al hijo que tenía con ella y casarse, porque provenía de un ambiente muy pobre y rústico. Había logrado imponerse y todos la respetaban, pero, al igual que su marido, explotaba su militancia como un blasón.

Por otra parte, la vida de unos y otros no era tan diferente. El hijo de Arturo, Ernesto (por Ernest Mandel), hacía una maestría en ingeniería de sistemas y vivía con ellos. Se veían al menos una vez a la semana para comentar noticias familiares, cenar y tomar unos whiskies. El resto del tiempo lo pasaba cada cual en sus asuntos.

Después de la primera vez en que sintió hostilidad en su hermano y condescendencia en su cuñada por preguntarles por qué las FARC no dejaban de matar, Edgardo empezó a pensar cuál sería la respuesta a esa pregunta. Porque él despreciaba como el que más a los uribistas y a los proisraelíes, pero ya había pasado mucho tiempo lamentándose del país, del conflicto, de algunos jefes de las FARC, de la extrema izquierda, del narcotráfico y de los enemigos de la paz. Ya eran varios años de paz y la realidad es que las FARC cada vez mataban más.

Después de que se firmara la paz, su hermano menor y todos sus amigos correrían a buscar puestos bien pagados en el gobierno como representantes de la izquierda, pero realmente nadie imaginaba que las FARC fueran a dejar de explotar sus negocios de cocaína, extorsión y minería ilegal. Edgardo se preguntaba cómo operaría todo eso en la cabeza de Arturo y sólo podía pensar que la alegría por el avance del ideal y el acceso a un cargo importante harían que eso perdiera importancia.

A veces Edgardo recordaba su infancia y las ideas que su familia siempre había defendido. Sonreía al pensar en la rebeldía adolescente y en el desprecio que le inspiraban sus padres, terratenientes de Cota amantes del orden, con sus ideas anticuadas y su fe religiosa. ¡Qué perfectos parecían entonces los ideales revolucionarios que imperaban en su generación!

Pero juzgando el conjunto de su vida no se sentía del todo avergonzado: había sido un buen médico y había conseguido un patrimonio razonable sin que se lo pudiera acusar de ninguna indecencia. A sus hijos les había dado la mejor educación disponible en el país y en cuanto fue posible los mandó a estudiar a Europa para asegurarles un nivel de formación más alto y quizá una carrera en Alemania o Bélgica.

Era suavemente condescendiente con las ideas de sus hijos, cuyos excesos atribuía a la edad. En Berlín, el mayor se había hecho activista del Comité de Solidaridad con los Presos Políticos en Colombia (Ausschuss der Solidarität mit den politischen Gefangenen in Kolumbien) que reunía a estudiantes colombianos y activistas alemanes.

Era más bien escéptico respecto a la viabilidad de una carrera de videoartista, pero no quería imponerles nada a sus hijos, sobre todo para no generarles resistencias, y tenía cierto pudor para emitir juicios estéticos, toda vez que su generación se había formado en el respeto a las vanguardias y a todo lo que implicara ruptura y renovación. ¿Quién lo podría saber? A lo mejor su hijo llegaba a ser una figura del videoarte en Europa. Al menos había obtenido el grado correspondiente y aun había participado en una exposición colectiva.

La última conversación por Skype con su hijo lo dejó más bien molesto: Tomás había establecido una clara intimidad con Arturo y Emperatriz, y le manifestó su propósito de volver a Colombia, donde gracias a sus estudios alemanes y a un viejo amigo de sus tíos tenía casi segura una cátedra en la Universidad de Los Andes.

Algo le impedía a Edgardo sentirse orgulloso. Más bien estaba triste. Más bien veía la fiesta de los jóvenes con el videoarte y la transgresión como algo que ya había conocido, no propiamente lo que había soñado para su hijo. No le quedaban muchos años y el éxito de sus ideales y de su familia no lo alegraba demasiado.

Pero las preocupaciones de esos ancianos no le interesan a nadie.

(Publicado en el blog País Bizarro el 16 de agosto de 2015.)