martes, julio 26, 2022

Patanes, pícaros, payasos

Me llamó la atención este trozo de la novela Sobre los acantilados de mármol del escritor alemán Ernst Jünger: «Cuando desaparece el sentimiento del derecho y del bien, cuando el miedo nubla los entendimientos, es cuando las fuerzas del hombre de la calle son fácilmente vencidas. Pero el sentido de lo que es verdadero y legítimo permanece despierto en la vieja aristocracia, y de ella brotan los nuevos retoños del espíritu de equidad. Ésta es la razón por la que todos los pueblos honran la nobleza de sangre».

Yo leí otra traducción seguramente mejor, pero a fin de cuentas lo que interesa de la idea de Jünger es que en todas partes hay «privilegios de cuna» y que los hay porque los pueblos los aprueban. Lo cual hace recordar al filósofo español José Ortega y Gasset, que entendía que todas las sociedades contaban con una “minoría rectora” que determinaba su forma de obrar y su futuro.

Precisamente respecto de Ortega tengo que mencionar a alguien que me dijo una vez que era un «señorito madrileño», y pensándolo después me he dado cuenta de que ese origen social privilegiado es común a casi todas las figuras intelectuales de Hispanoamérica: Borges era un patricio porteño, Octavio Paz era un patricio del Distrito Federal, Vargas Llosa es un patricio arequipeño, Savater es un patricio de San Sebastián… Incluso los dos únicos colombianos que «sacan la cara» por el país en ese ámbito, Rufino José Cuervo y Nicolás Gómez Dávila, procedían de familias de la clase más alta.

El sentimiento de agravio de las personas de condición más modesta es un error moral e intelectual que convendría, como dicen en España, «hacerse mirar»: el odio rencoroso al que está arriba es directamente proporcional a la crueldad con que se trata al que está abajo. Mientras no consigan destacar por nada, todos tienen «sed de justicia», que en última instancia consiste en la posibilidad de cada uno de ascender. El ensueño de una igualdad plena es característico de alguien que no ha leído ni viajado ni alcanzado ningún refinamiento o placer. Por eso cree, por ejemplo, que la incultura es un producto de la falta de oportunidades, como si hoy no fuera sencillísimo encontrar miles de libros en internet.

Los intentos de corregir la supuesta injusticia de esos privilegios y esas jerarquías sólo dan lugar a nuevas castas que tendrán que volver a aprender a usar los cubiertos. La hija de Chávez, paradigma de esa clase de redentores, tiene un patrimonio de miles de millones de dólares que no obtuvo precisamente trabajando, por poner un ejemplo típico. En contraste, la familia real japonesa es la misma desde hace varios miles de años, y en los países escandinavos, en los que ya llevan casi un siglo de políticas socialistas, no guillotinaron al rey ni quitaron sus títulos a los nobles.

Todo lo anterior debe servir para que el objeto de este artículo no se entienda mal: los miembros de la llamada oligarquía colombiana no son condenables porque hayan nacido en familias más ricas o más poderosas o más refinadas que las nuestras, sino porque obran como lamentables patanes, no sólo haciendo daño al país sino a la memoria de sus propias familias. Sus incesantes atropellos sólo los dejan ver como provincianos que se han librado de sus rivales matándolos, y que no han asimilado las más elementales normas de urbanidad. El episodio de Germán Vargas Lleras golpeando a un subalterno es paradigmático.

Si uno mira la biografía de Ernesto Samper descubre que muchísimas personas importantes de la Bogotá del siglo XIX son sus antepasados. Cuando se lo ve como valedor del régimen criminal de Maduro o cuando se evidencia su relación con los carteles de la cocaína y con el asesinato de Álvaro Gómez Hurtado, de cuya responsabilidad intentan librarlo los secuestradores y violadores de niños de las FARC, el fruto de tanto talento y tanta distinción resulta ser simplemente un personaje del bajo mundo.

El de los hermanos Santos es un caso parecido. El mayor escogió desde la juventud el crimen como forma de mantener el poder, por lo que junto con García Márquez se dedicó a maquinar la creación de una banda de asesinos que satisficiera las ambiciones del régimen cubano. A lo mejor algún día se sabe el papel que tuvo este hombre en el asesinato de José Raquel Mercado o en el asalto al Palacio de Justicia. Obviamente no podía desconocer que su banda obraba de consuno con el cartel de Medellín tras un acuerdo que logró el embajador cubano. El pretexto ideológico puede convencer a los adolescentes de clases modestas, para cualquiera menos torpe es evidente que se trata de tener poder gracias a que se manda matar gente. Otro patán, otro pícaro.

Juan Manuel Santos tomó otro rumbo, el de aprovechar los privilegios para acceder a puestos de poder y extender una red de influencias que serviría de base a su ambición. Como cualquier matón no tuvo ningún pudor en engañar a los votantes para hacerse elegir y el día de su posesión declarar que haría lo contrario: sería buenísimo que alguien mostrara un político destacado de un país importante que haya hecho algo así. De nuevo son los modales, el cuchillero más despiadado no teme que nadie le reproche sus engaños y cuenta con el temor ajeno. Y el objeto: gracias a sus actuaciones la producción de cocaína se multiplicó por cinco en pocos años y el país llegó a ser más dependiente de esa industria criminal que nunca antes.

No está de más mencionar entre los patanes más notorios al ministro Gaviria, otro privilegiado social, que prohibió el glifosato y ayudó a llenar los suelos de agroquímicos al multiplicarse los narcocultivos. En su mundo de servilismos, deformidad moral, ignorancia y miedo parece concebible que se pueda decir que todo eso se hizo a favor de la salud humana y ambiental. El primitivismo del país produce a la clase de personas que esperan ser tomadas en serio al fingir que creen eso.

Todos estos personajes acompañan la campaña presidencial de un tipo que dice «abrazarsen» y nadie espera que se sonrojen: el país es como es porque ésta es su «minoría rectora».

Esas importantes castas desembocan en el último ejemplar, el humorista chabacano que no vacila en buscar la risa de su audiencia haciendo mención a la mutilación que sufrió Vargas Lleras en un atentado terrorista, o alegrándola con fotos de niñas de dieciséis años desnudas.

El daño que esa clase de «minoría rectora» le hace al país es estremecedor. Baste pensar en la educación para entender que la hegemonía de esos personajes es lo que impide alcanzar la libertad y la prosperidad, pero es algo que explicaré mejor en otro escrito.

(Publicado en el portal IFM el 3 de junio de 2022.)

jueves, julio 21, 2022

Emergencia nacional

Muchos factores determinan la posibilidad de que finalmente Petro resulte siendo presidente de Colombia, no tanto porque haya un riesgo de que la mayoría de los votantes lo apoyen sino por el fraude más que anunciado, innegable respecto de las pasadas elecciones legislativas y seguro para las próximas.

Nadie tiene un control preciso de la compra de votos que se efectúa alrededor de las llamadas «maquinarias», pero la adhesión al candidato narcocomunista de los más señalados urdidores de esas trampas hace pensar que será abundante. Al respecto será útil comparar la participación en regiones como La Guajira o los antiguos territorios nacionales con la registrada en otras elecciones presidenciales.

La toma del poder ejecutivo por comunistas explícitos, no porque Petro se describa como tal sino porque a fin de cuentas gobiernos como los de Ernesto Samper o Juan Manuel Santos servían al mismo fin sin proclamarse «de izquierda», es la coronación de un proceso que lleva cien años gestándose, desde las primeras incursiones de agentes de la Komintern en los primeros años veinte hasta la fundación del M-19 y la revista Alternativa a comienzos de los setenta, que fue la ocasión en que los clanes oligárquicos buscaron en el comunismo promovido por el régimen cubano la ocasión de ganar la sempiterna guerra civil, en tregua durante los dieciséis años del Frente Nacional.

En esta segunda fase del proceso, todo fueron avances. Tras la confluencia de intereses con el Cartel de Medellín, acuerdo impulsado por el embajador cubano Fernando Ravelo, se llegó a la toma del Palacio de Justicia en 1985, acción que seguía una operación semejante del sandinismo que había merecido una crónica entusiasta de García Márquez. En esos años gobernaba Belisario Betancur, que en aras de la paz permitió a esas bandas expandirse por todo el país.

El segundo gran logro fue la Constitución de 1991, impulsada por una plataforma de estudiantes y curiosamente obstinada en salvar a los compatriotas de la extradición, el mismo móvil de la citada toma del palacio en 1985. Se puede decir que tras la implantación de esa nueva norma fundamental —creada por una asamblea elegida por menos del 20 por ciento del censo electoral y convocada en abierta violación de la ley—, la toma definitiva del poder por los comunistas era cuestión de tiempo. En esa década tuvo lugar la conquista de la función pública a través de los sindicatos de funcionarios, entre los que no era menor el papel de Asonal Judicial, que complementaba a los magistrados escogidos por la Asamblea. Las actuaciones de personajes como Carlos Gaviria tras dejar la judicatura, o Eduardo Montealegre, también presidente de la Corte Constitucional, después fiscal general, en abierta adhesión a la conjura totalitaria dejan pensando a quién sirve realmente el poder judicial colombiano.

En paralelo, las distintas guerrillas avanzaron en control territorial y acopio de recursos, de modo que al final del gobierno de Samper el Estado no podía imponerse, y Pastrana llegó a negociar la paz con las FARC haciéndoles concesiones que a la larga generaron un profundo descontento popular. Los gobiernos de Uribe trajeron la derrota de la banda en el ámbito militar, pero de ninguna manera en el político. El control de la función pública, de la universidad y de los medios de comunicación siguió y fue decisivo para que el sucesor de Uribe obrara ya abiertamente como ejecutor del viejo plan que había empezado su hermano mayor cuarenta años antes.

De modo que la presidencia es el último reducto de la democracia y la libertad que hay que defender antes de que Colombia siga el camino de Nicaragua y Venezuela, y eso será muy difícil habida cuenta de la impotencia de la sociedad frente al fraude descarado, que se evidenció, como ya he dicho, en las elecciones de marzo.

La tarea más urgente al pensar en las elecciones es lograr una alta participación que permita demostrar el fraude. Es decir, la principal baza de los totalitarios es la habitual abstención, que es un fracaso de los políticos de «derecha», que corren prestos a conceder que Petro es de algún modo un candidato de los humildes y no precisamente de los que despojan a los humildes y a competir en demagogia, como con las promesas de cupos universitarios para todos (sólo en Cuba se llega a esa proeza, y en países como Suiza la proporción de jóvenes que van a la universidad es muy inferior a la colombiana). Los que no votan son sobre todo los pobres, y nadie les explica que con Petro el salario mínimo será parecido al de Venezuela, ahora unos 29 dólares, pronto menos por la galopante inflación, mientras que con una economía libre se podría alcanzar el de Ecuador, 425 dólares.

Esa rutina demagógica es una de las causas de la abstención pero no la única, también la ausencia de denuncia respecto a las conexiones de Petro con el hampa narcoterrorista, manifiesta en la insurrección conocida como Paro Nacional de los últimos años. O en la identidad de su movimiento con la corrupción política, evidente en datos como la conexión de sus socios con Álex Saab.

Es decir, se combatiría la abstención advirtiendo la emergencia nacional que significa la elección del domingo: si la ventaja de Petro es considerable y consiguen introducir una cantidad significativa de votos fraudulentos, será mucho más difícil impedir que gane la segunda vuelta y que Colombia deje de ser una democracia relativa para convertirse en una dictadura abierta, como Cuba, Nicaragua, Venezuela y también Bolivia a estas alturas.

(Publicado en el portal IFM Noticias el 27 de mayo de 2022.)

miércoles, julio 13, 2022

Misterios uribistas


La actuación del expresidente Uribe y quienes lo rodean desde 2010, y aun desde antes, y después del partido Centro Democrático, genera toda clase de dudas sobre su verdadero propósito, y a veces da la impresión de que en última instancia busca impedir que los designios de Juan Manuel Santos y sus socios del narcorrégimen cubano encuentren resistencia. ¿Cuáles son los móviles de esa conducta? Es lo que de algún modo se debería esclarecer.

Misterios y evidencias
La historia no es un complot, aunque está llena de complots y componendas que horrorizarían a quien concibe el mundo con ojos piadosos, de ahí la famosa frase atribuida al canciller del Reich prusiano Otto von Bismarck: "Las leyes son como las salchichas, mejor no saber cómo se hacen" (idea que el patán Juan Manuel Santos intentó alguna vez presentar como "la morcilla nacional", tal como otra vez salió a hablar de "Sangre, sudor y lágrimas"). La historia se va haciendo con elementos muy complejos pero por lo general manifiestos: para evaluar la actuación del uribismo, antes de pensar en los móviles ocultos hay que prestar atención a lo evidente, aquello que incluso el más resuelto "derechista" acoge sin cuestionamientos. Por ejemplo, la Constitución de 1991, surgida de un golpe de Estado, en abierta violación de la ley vigente y elaborada por una asamblea en cuya selección no participó siquiera el veinte por ciento del censo electoral, en medio de carros bomba y asesinatos incesantes.

¿Alguna vez ha habido en el uribismo la menor tentación de sustituirla por una norma liberal que delimite claramente las atribuciones de las cortes y corrija los desmanes totalitarios de esa norma? NUNCA. Lo mismo se podría decir de todo el entramado legal que la acompaña y que no es compatible con ninguna noción de democracia, como el delito político, la "acción de tutela" o la relación entre el PIB y la financiación de la Universidad Nacional: sencillamente se implanta un régimen socialista que congela el orden social de siempre y no surge ninguna oposición porque los paganos no cuentan, y tampoco entienden.

El pasado de Uribe
El descontento de la mayoría de los colombianos con la infamia del Caguán que determinó el fracaso y el desprestigio del gobierno de Andrés Pastrana se encauzó en la figura de Uribe en gran medida gracias a la persecución de los medios, obstinados en asociarlo con el "paramilitarismo" a causa de su apoyo a las Convivir, autorizadas por el gobierno de César Gaviria. De ese descontento surge el triunfo en primera vuelta en 2002, que dio lugar al exitoso gobierno que terminaría en 2006. Se suele decir que el efecto de los atentados del 11-S se tradujo en un apoyo estadounidense más claro que el de la era Clinton, y que los avances en seguridad y el aumento del precio de los hidrocarburos favorecieron el milagro, pero eso forma parte de otra historia.

Lo que me interesa señalar aquí es el hecho de que Uribe no era el adalid de la justicia que vieron millones de colombianos en él. Era uno de los autores de la Constitución del 91 y había hecho carrera al lado de Ernesto Samper. De hecho, su papel promoviendo una ley que reforzaba la impunidad del M-19 forma parte de lo que hacía todo su partido. Antes de ser senador en esos años, durante los ochenta, había dirigido la Aerocivil y había sido alcalde de Medellín. Eran los años en que Pablo Escobar y sus socios se contaban entre los hombres más ricos del mundo y su poder en la región era abrumador. ¿Cuál fue el papel de Uribe en esos años? De eso nadie habla y siempre queda la duda de si por hechos de esa época es rehén del clan oligárquico, que dirige las actuaciones de las cortes. Lo cierto es que su popularidad, relacionada —como la de Fujimori o Chávez— con su continua presencia en la televisión, pasa por alto esa trayectoria como figura destacada del muy corrupto y muy afín al comunismo Partido Liberal. ¿Alguien recuerda cuál fue su papel durante el proceso 8000?

Con la venia de sus majestades los Santos
A finales de 2001 ya era evidente que Uribe sería el favorito para ganar las elecciones, pues los conservadores eran extremadamente impopulares por los atropellos que el gobierno había tolerado a las FARC, y Serpa resultaba poco creíble como líder de la restitución de la ley. ¿Qué sentido tenía poner a un personaje como Francisco Santos como candidato a la vicepresidencia? Ese periodista había sido un entusiasta defensor del "despeje" y del proceso que llevaba adelante Pastrana, y ciertamente no tenía ningún liderazgo en ningún sector. Uribe le dio el cargo quizá en aras de alguna benevolencia de los medios que controlaba la familia. De hecho, el propio virrey cubano, el creador del M-19, Enrique Santos Calderón, se proclamaba uribista.

Pero fue el segundo gobierno, en el que perdieron peso personajes como Fernando Londoño en favor de José Obdulio Gaviria, el que dejó claro que Uribe no era ningún reformista sino un jugador más de la vieja partida oligárquica. ¿Realmente corría algún riesgo de perder la reelección por el que tenía que buscar la alianza con Juan Manuel Santos? ¿O sencillamente la reforma que le permitía volverse a presentar fue tolerada por la Corte Constitucional con la condición de que le daría un importante ministerio al tartamudo y haría elegir a sus "fichas" al Congreso?

Es muy probable que la presidencia de Santos a partir de 2010 ya estuviera negociada antes de 2006, no hay que olvidar el apego de Uribe a la palabra empeñada. La actuación del sanedrín de Uribe, con singular protagonismo de José Obdulio Gaviria, cuando empezó la grotesca persecución contra Andrés Felipe Arias es muy llamativa. Bueno, en esos mismos años se produjo el también grotesco encarcelamiento, en medio de la indiferencia del gobierno, de Plazas Vega, otro que podría haber representado a esa mayoría que se manifestó en febrero de 2008 contra los terroristas.

El maoísmo, Firmes y el mundo de Pablo Escobar
En alguna ocasión Gaviria ha dicho que el origen del uribismo era la persistencia en Antioquia del movimiento Firmes, que era la marca electoral del M-19, organizada por el grupo de Alternativa para capitalizar en votos el poder alcanzado por la banda a punta de secuestros y colaboración con el narcotráfico. Pero León Valencia señalaba que en un periodo anterior Gaviria había formado parte del Partido Comunista de Colombia Marxista-Leninista, la organización creada tras la ruptura chino-soviética con el pretexto de la ortodoxia estalinista contra el "revisionismo" que habían emprendido los soviéticos tras el XX Congreso del PCUS en que Jruschov denunció los crímenes de Stalin.

El motivo real era el anhelo chino de tener la bomba atómica y la rivalidad imperial con la URSS. El maoísmo surgió en Colombia en dos versiones, una era ese partido, con su guerrilla llamada igual que el ejército chino "Ejército Popular de Liberación", la otra era el Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario, promovido por un antiguo político liberal, Francisco Mosquera, y que buscaba ser un frente de masas menos doctrinario y sectario que el PCC-ML. De más está decir que ambos grupos contaban con abundante financiación china: en esos años morían en el Chung-Kuo millones de personas de hambre, pero en todos los colegios en Colombia se veían ejemplares de China Reconstruye, una revista en papel satinado con fotos de los logros de la revolución, así como las Obras escogidas de Mao Tse-Tung y por supuesto el Libro rojo del "Gran Timonel".

Es muy llamativo que, tras el ascenso de Santos, la segunda vez que hubo ocasión de hacerle frente electoralmente aparecieran en las listas uribistas personajes ligados a ese mundo criminal, como Everth Bustamante o Rosemberg Pabón, pero pronto también se formó una poderosa camarilla alrededor de Gaviria, formada por "violentólogos" de pasado comunista y por dirigentes del MOIR. ¿Qué falta hacía llevar al Congreso a esa clase de personajes? Propiamente, ¿qué es lo que realmente representa Gaviria? ¿Por qué Uribe no se apoya en personajes más claramente afines a las mayorías que lo eligieron y lo siguen apoyando? La camarilla de antiguos maoístas define las actuaciones del CD, y el hecho de que resulten juntos a pesar de su diverso origen hace pensar que los nexos con el régimen de Pekín de los tiempos del "revisionismo" siguen animando las actuaciones de estos próceres.

Sospechosa "oposición"
Santos llegó a hacer lo contrario de lo que esperaba la gente que lo eligió, pero nunca tuvo oposición de Uribe ni de su combo, por mucho que el ambiente de sus primeros meses de presidencia fue de verdadero terror, con hechos tan desconcertantes como la bomba de Caracol. La popularidad de Uribe seguía siendo altísima y el país vivía unos años de optimismo, pero curiosamente no hubo candidatos significativos o de oposición a Santos en las elecciones locales de 2011. Petro llegó a alcalde porque el dinero público pagó las campañas de Parody, Luna y Galán, que le "pisaban" el terreno a Peñalosa. ¿Hubo alguna denuncia por parte de Uribe y su comparsa? No, no presentaron candidatos, Uribe se sumó a la campaña de Peñalosa, candidato del M-19 o Partido Verde, y cuando fracasó (porque había cuatro candidatos con el mismo perfil ideológico) se dijo que era por culpa de Uribe. 

Antes de comenzar el proceso de La Habana era evidente que Santos tomaría ese camino, y ciertamente no hubo la menor oposición. El lloriqueo del uribismo en esos años parecía tener más relación con el anhelo de tomar parte en la negociación. Para las elecciones de 2014 pusieron como candidato a un personaje absolutamente carente de atractivo para el votante, que para colmo de males había estado elogiando al gobierno de Santos. Sencillamente, nunca quisieron hacerle frente a Santos, a quien le habían dado la presidencia. La traición fue aún más grave tras el plebiscito, en el que la camarilla de Gaviria llamaba a abstenerse hasta que la presión de la gente les hizo poco recomendable insistir. Cuando, contra todo pronóstico, resultó vencedor el NO, corrieron a salvar el acuerdo por motivos inexplicables para quien no piense en móviles oscuros. Bueno, Uribe dijo que era por la "palabra empeñada". La voluntad popular cuenta menos que sus compromisos. 

Más extraña es la carrera de Iván Duque: era un antiguo protegido de Santos que llegó al Senado por inclusión en una lista cerrada. Después fue promovido por Semana y por personajes como León Valencia, Ariel Ávila y Rodrigo Uprimny, hasta que resultó candidato presidencial. Antes de 2014 era un completo desconocido, y de no ser por el fraude que se cometió con las encuestas para que Petro pasara a segunda vuelta, habría perdido en 2018 ante Fajardo. Duque siempre ha sido un subalterno de Santos y su elección tenía por objeto salvar el acuerdo de La Habana de cualquier tentación de echarlo atrás. ¿Por qué era el candidato de Uribe? Porque lo que hace el CD es lo que le conviene a los Santos. Algunos políticos del CD se quejan del acuerdo, pero al final su lloriqueo se queda en nada, salvo por el aplauso de los votantes, entre los que la mayoría son hinchas sin el menor discernimiento, que creen que la política es una cuestión de sentimientos y en veinte años no han visto nada raro en todo lo que ha ocurrido.

Petro presidente
Para mí es evidente la colusión del uribismo con Santos y su refrendo tácito a la infamia de La Habana, pero si alguien tuviera alguna duda bastaría con pensar en la candidatura de María Fernanda Cabal. ¿Por qué el CD no llevó la cuestión a una consulta como las que designaron a Petro y a Gutiérrez como candidatos de su sector? Incluso habrían ganado dinero, pero de lo que se trataba era de impedir que prosperara una candidatura hostil a Santos y su mundo. Nada más, en cuanto pasaron las elecciones legislativas el flamante candidato salido de la extraña encuesta renunció para apoyar al exalcalde santista, que es como él, un seguro perdedor. Puede tener mucho atractivo popular en su región, pero en el resto del país parece más bien un "ñero" de los que acuden a los actos electorales de Petro.

Petro es un personaje cómico que ejerce alguna seducción sobre las víctimas de Fecode y causa mucha risa entre los extranjeros que curiosean acerca de la política colombiana. Toda su vida ha sido un subalterno de los Santos, desde que en la adolescencia se unió a la banda de asesinos del clan. Ellos le consiguieron una beca para estudiar Economía en el Externado y después, como he explicado, le abrieron el camino a la Alcaldía de Bogotá. Ganará las elecciones porque cuenta con el dinero de la cocaína, que controlan sus compañeros de las FARC (la Unión Patriótica es abiertamente una marca política de la banda y forma parte con la Colombia Humana del "Pacto Histórico"), de modo que, si la propaganda y la compra de votos llegaran a ser insuficientes, siempre les quedará el fraude electoral, para lo que cuentan con el registrador. Que eso ocurrirá así es evidente después de que aparecieran un millón de votos que cambiaron drásticamente la composición del Congreso y de que se demostrara que hubo 300.000 votos repetidos.

¿Qué se puede hacer ante ese fraude? NADA, para impedir que alguien haga algo están Uribe y el CD, como parte de la conjura de Santos, están para asegurar el triunfo de Petro. El que lo dude puede preguntarse cómo es que no han sacado a millones de personas a protestar por un fraude tan patente. ¿Cómo es que no le piden cuentas al gobierno? ¿Cómo es que no presentan denuncias penales? Mientras se va implantando la tiranía comunista que domina casi toda Hispanoamérica, con intervención clara de Irán, China, Rusia y Cuba, los supuestos defensores de la democracia siguen con su habitual lloriqueo quejándose del fraude en algún tuit aislado.

Ojalá el sufrimiento que causará a los colombianos el triunfo del siniestro asno Petro permitiera a algunos despertar del embrujo caudillista y darse cuenta del papel que Uribe y Gaviria han estado desempeñando mientras Santos le abría el camino a esa tiranía. En cierta medida, el agente de esa destrucción es el ciudadano indolente que no ha querido ver tan misteriosas actuaciones de su ídolo y de quienes lo rodean.

(Publicado en el blog País Bizarro el 16 de mayo de 2022.)

jueves, julio 07, 2022

Del patriarcado al totalitarismo


La vida cotidiana en Occidente se ha vuelto una batalla continua entre la visión liberal del mundo, que intenta resistir a la embestida totalitaria, y el proyecto de dominación que se pretende imponer a punta de ingeniería social, intimidación ideológica, propaganda y control de los resortes de la economía y el poder político. Acerca de los agentes de ese proyecto ya escribí una entrada de este blog hace unos meses, esta vez quisiera acercarme a las claves de su discurso.

Los siglos del liberalismo

Voy a atreverme a plantear una línea central de la historia humana que parte de la confluencia de las civilizaciones de Mesopotamia y Egipto en el Mediterráneo oriental y después en la parte europea de ese mar. El resto de Europa heredó esa historia en forma de cristianismo. Los pueblos indoeuropeos, entre los que hay que incluir a los griegos y romanos, se hicieron con los siglos amos de la mayor parte del planeta y determinaron la civilización actual. El liberalismo tenía antecedentes en la Antigüedad mediterránea y en forma dispersa en la Edad Media, pero sólo se conformó como forma de vida predominante tras la Reforma protestante y el declive de los imperios continentales. Los holandeses y británicos experimentaron un formidable desarrollo económico y abrieron el camino a las ideas que tomarían forma en el siglo XVIII con la Ilustración, la Revolución industrial y las revoluciones norteamericana y francesa. Al vencido absolutismo lo reemplazó a partir de entonces la democracia, cuyo fundamento es la igualdad: no se puede hablar de "derechos humanos" sin admitir que son de todos. ¿Es posible que esa "bella época" esté llegando a su fin?

Los valores liberales

Lo que el siglo XIX entendió como "izquierda" era el liberalismo. Aunque se cuenta que los padres de la Independencia de Estados Unidos tenían esclavos, el fin de la esclavitud era inevitable por el enunciado en que se basaba la nueva nación. También la conquista de la igualdad por parte de las mujeres. Y el afán de cohesión social intrínseco a la democracia. Y también el anhelo de igualdad económica y de protección a los débiles. Todas esas cosas que se consideran rasgos del socialismo lo son en esencia del liberalismo, incluido el Estado gigante que construyó la burguesía para asegurar el cumplimiento de la ley, que es la garantía de los derechos de todos. Lo que surge con el totalitarismo comunista no es el logro de esos valores sino su destrucción: la máquina intenta apropiarse del dueño, los supuestos garantes de la ley igualitaria se convierten en una casta todopoderosa que despoja a los demás de sus derechos. En realidad, el retorno de la esclavitud con otro formato. En Iberoamérica ese retorno resultó más fácil porque los esclavistas nunca se fueron y nunca hubo sociedades liberales, los descendientes de los encomenderos son los señores de la guerra comunista. Por eso yerra cómicamente el que cree que ellos defienden esos valores, valores que él desaprueba por ilusa adhesión a un mundo ya desaparecido. En el fondo se trata de la misma pereza del señorito comunista pero manifiesta en forma de triste e inepta gesticulación.

La herencia comunista

Las ideas de Marx como proyecto político nunca han tenido ninguna posibilidad en países acostumbrados a la libertad, como los anglosajones, pero sí en sociedades menos maduras moralmente, como Rusia o Hispanoamérica. Son un pretexto para mantener el orden de castas presentándolo como un paso más adelante del liberalismo. Pero una vez que controlaron el país más grande y con más riquezas naturales del mundo, los comunistas alcanzaron mucha influencia en diversas regiones, como Asia sudoriental, el sur de Europa, algunas zonas de África e Iberoamérica. Con ocasión de la Segunda Guerra Mundial, muchos comunistas europeos emigraron a Estados Unidos y conquistaron entornos académicos y culturales influyentes. El viejo sueño de la sociedad sin clases, convertido en grotesca tiranía de una nomenklatura sobre una masa humana sin derechos, no podía encontrar un público significativo en ese país, pero para reemplazar a la burguesía encontraron a los blancos, a los varones, a los heterosexuales, a los cristianos... Las políticas de identidad son el reemplazo de la vieja lucha de clases con un sucedáneo amorfo del proletariado. Una vez que el crecimiento del Estado y la multiplicación de los cupos universitarios crearon la base social del nuevo proyecto y se produjo la concentración de los recursos en manos de los magnates de las nuevas tecnologías, el nuevo discurso se exportó y sirve a los comunistas en Europa e Iberoamérica, además del resto del mundo anglosajón.

Feminismo y patriarcado

En la bellísima película Sunset Boulevard se dice que la gente nunca piensa que las películas antes de filmarlas hay que escribirlas: ¡se imaginan que la historia se la van inventando los actores! Ese error es el mismo de todas las concepciones creacionistas, y un elemento decisivo de su propaganda. Baste pensar en López Obrador exigiendo al gobierno español que pida perdón por la Conquista. Cualquiera que lea los periódicos ve un espectáculo grotesco, pero ciertamente la mayoría de los mexicanos sienten eso porque cada uno tiene sus motivos para sentirse agraviado y poco le importa que López Obrador pertenezca a la clase de los agraviadores. Se imaginan el mundo recién creado y con los bienes y encantos al alcance de otros. Eso mismo pasa con el "patriarcado". A la gente ignorante la convencen de que se trata de una injusticia sin sentido como si se pudiera entender la humanidad sin su historia, o como si ésta fuera la aplicación del plan de Dios (no lo duden, "el tiempo de Dios es perfecto"). Aprovechando su fuerza física, los varones se las arreglaron para no dejar a las mujeres sacar carbón de pozos profundos, arriesgar la vida en combates continuos con asesinos bien pertrechados y echarse encima la responsabilidad de dirigir la tripulación de un barco. Y ese atributo se convierte en la forma de "mal" a que se enfrentan las huestes justicieras que no tienen que atender a ninguna consideración superior, sino sólo a su tarea de destruir esa ventaja de los machos.

¿A qué llamamos "libertad"?

Me he dado cuenta de que a la gente le gusta creer que la noción que tiene de algo es la única y que resulta absolutamente clara. De ahí que la mayoría de los tuiteros anticomunistas se declaren de "derecha" porque están persuadidos de que "derecha" quiere decir "libertad económica", cosa que no corresponde en absoluto a ningún diccionario. Eso mismo pasa con "libertad". Si la concebimos como la disposición de la voluntad del individuo autónomo y consciente, esa libertad tiene poco que ver con la permisividad de los padres o la falta de control de los jóvenes: "Ella es libre de llegar a la hora que quiera" se puede entender como que una persona dependiente resulta despojada de su responsabilidad porque a quienes deben educarla les resulta más cómodo desentenderse. La libertad de un individuo que no es siervo de otro ni está sometido a otros fines que los propios, eso es algo que sólo pudo surgir con el patriarcado. Es inconcebible ese individuo autónomo sin la existencia de la familia (que es menos natural de lo que se cree, por ejemplo, en muchas tribus amazónicas no hay familias sino una comunidad más amplia con una sola autoridad). Y la familia presupone un padre, sobre todo porque tiene la tarea de defender a la mujer y a la prole. La inseguridad de la vida en la Antigüedad es difícilmente imaginable para nosotros. Las casas de Ampurias, en la costa catalana, no llegarían a los veinte metros cuadrados, pero los muros eran de más de 50 cm de grosor. También era responsabilidad del varón, por ejemplo, en la época romana, el trabajo más duro si era agricultor o ganadero, marino o albañil. En general, el dominio patriarcal era lo contrario de la libertad de una persona que no tiene responsabilidades, más una carga que un privilegio.

El origen de la virtud

Volviendo a la cuestión de las palabras, es muy raro que alguien se pregunte por qué una palabra como virtud empieza igual que virilidad. Y es que en latín la palabra vir significaba "varón". La virtud era la condición del varón como la juventud es la condición del joven. Entonces no era lo contrario del pecado o del vicio, sino el aplomo y la gravedad que acompañaban a la carga que arrastraba el varón como jefe de la familia, y ésta en Roma incluía a los esclavos. Esa autonomía caracterizaba a Grecia y Roma y tuvo su versión en la Europa medieval en la forma de pequeños señores cuya existencia era un continuo forcejeo para ganar independencia respecto a otros señores más poderosos. Ortega y Gasset dice que es de ese espíritu de donde viene el liberalismo, y no hay que confundirse al respecto con la idiotez de la guerra de los sexos; la liberación de la mujer, el logro de su autonomía y "empoderamiento" sólo han sido posibles en las sociedades herederas de Europa, ni en el mundo musulmán ni en el indio ni en Extremo Oriente ni en África se ha producido algo parecido. Se podrá argumentar que el cristianismo tuvo un gran papel ahí, pero al fin la materialización jurídica de la igualdad sólo ocurrió a partir de la Revolución americana. La transformación que llevó al sufragio femenino y a la apertura de oportunidades para las mujeres fue simplemente maduración de los principios liberales y no fruto de una guerra contra todos los varones. Ése es un mito de la propaganda totalitaria que encuentra público porque la gente cree que el argumento de las películas se lo van inventando los actores y que el mundo es como es porque así fue creado.

El festín de las identidades


Las identidades en que se basan los comunistas para agrupar a su público funcionan porque mucha gente cae en la trampa: no sólo la lesbiana que se siente más libre con un caramelo que le dan y un poder de escandalizar tremendo (antes a los adolescentes solitarios los acosaban hombres mayores, cosa que los indignaba, ahora ceden y resultan diplomados en liberación sexual, rebeldía y diversidad), o la abortista (que no es alguien que hace algo horrible, sino una valiente que conquista un hermoso derecho), sino también la gente conservadora, que realmente cree que alrededor de ese "feminismo" hay algún interés de las mujeres (extrañamente más afines a las personas de su sexo que a sus padres, hermanos, hijos o amantes). Lo mismo pasa con las resistencias a los logros femeninos, es un regalo que les dan los tradicionalistas a los totalitarios porque, siendo como son personas muy tontas las que creen esa propaganda, fácilmente suponen que algún hombre se resistirá a que sus hijas sean científicas, compositoras o directoras de cine. O que para serlo sólo hace falta que se abran cuotas.

Un mundo menos libre

En realidad, las personas que siguen a los totalitarios son más víctimas que criminales, entre los negros de Estados Unidos predomina la intimidación sobre la convicción y las personas "diversas" de todo tipo son tristemente unánimes en su condición de víctimas ansiosas de quejarse. Lo que la conjura totalitaria amenaza no son prerrogativas masculinas, que desaparecieron hace tiempo, sino la libertad de todos. Y lo que puede vencerlo es la recuperación clara de los valores liberales. La denuncia de la pérdida de libertad que esa moda representa para todos, más que el apego a un mundo de ayer que por suerte ya no existe.

(Publicado en el blog País Bizarro el 20 de abril de 2022.)

miércoles, enero 19, 2022

La esencia del socialismo

La nueva ley de arrendamientos urbanos aprobada por el Congreso de los Diputados del Reino de España prohíbe cobrar por el alquiler de una vivienda más de un tercio del ingreso de la familia, y el resultado que está teniendo es que para conseguir un piso de 700 euros hay que demostrar que uno se gana dos mil. Y como para muchas familias eso no es posible, tienen que ir a mendigar al Ayuntamiento para que comprueben lo pobres que son y así recibir su justa protección. Lo que contribuiría a remediar el problema es aprovechar la especulación para favorecer inversiones en viviendas de alquiler de distintos precios. Pero eso dejaría a los socialistas de diversos clanes sin poder favorecer a los pobres que ellos mismos crean.

La gente debería prestar más atención a lo que está pasando en el país que los hispanoamericanos llamamos "madre patria", siendo que esta expresión se usa para referirse a la patria de cualquiera. España es nuestro hermano mayor, nuestro aliado en el primer mundo, nuestro inversor y nuestro proveedor de turistas. También es un faro intelectual porque ningún país hispano exporta más libros. Pero en definitiva está en un proceso de aniquilación por el sectarismo del gobierno socialcomunista, que se apoya en los que quieren separarse de España, en los herederos del terrorismo y en los comunistas del jefe de las FARC Enrique Santiago. Con el populismo ambientalista y feminista intentan mantener a la sociedad en permanente discordia y culpabilizada por su anhelo de bienestar. Y su único objetivo es conservar los cargos y el acceso al gasto público. No se debe pasar por alto que son los mismos que se han lucrado del expolio de Venezuela.

El misterio es cómo fue elegido Pedro Sánchez por los españoles hace dos años y la respuesta es que en España hay una "mayoría moral" —que yo relaciono con el sustrato católico, sustrato al que yo relaciono con la Antigüedad grecorromana— cuya divisa es que la riqueza de unos es un despojo a los demás. Nada más falso, la riqueza de los inventores del teléfono móvil se debe a la riqueza que nos han brindado con su producto, pues las posibilidades de comunicación se han multiplicado. En definitiva, hay una casta de dueños del Estado que despojan a los que trabajan para mantener a los que los eligen.

Lo que es un desacierto, en alguna medida lo que los sostiene, es que se los identifique con la izquierda, pues la izquierda era el tercer estado, la clase burguesa, que adoptaba los valores liberales de igualdad y libertad. El liberalismo llevó a los británicos a prohibir y perseguir el tráfico de esclavos y a los estadounidenses a emprender una guerra civil para abolir la esclavitud. Cuando comenzó, el socialismo se presentaba como un movimiento de la clase obrera que buscaba la igualdad y conseguía derechos laborales. A partir de la implantación de la tiranía soviética, los socialistas se dividieron entre comunistas y socialdemócratas, entre los cuales no habría que contar al PSOE, que era un partido marxista leninista que buscaba la dictadura del proletariado.

¿Realmente produjo igualdad el comunismo en alguna parte? La pobreza es una injusticia mayor que la desigualdad, pero no es cierto que hubiera ningún "reparto igualitario de la pobreza". En realidad, los poderosos verdugos de Lenin tenían acceso a todos los recursos y la gente se moría de hambre y frío. El comunismo en Rusia no fue para los siervos la redención sino la perpetuación de su opresión, exactamente como en Cuba para los descendientes de esclavos, o como en Colombia para los pueblos amerindios. La verdadera igualdad consiste en que el individuo sea libre y pueda prosperar con el fruto de su trabajo sea cual sea su sexo, su procedencia étnica o regional, su conexión con el poder político y su vida privada. Es lo opuesto del socialismo.

De modo que si lo de la izquierda es igualdad y libertad, el socialismo, incluido el español no es de izquierda sino la expresión de una casta de dominadores, y vista su calidad intelectual, ética y estética, al final sólo una casta de bandidos. Las continuas campañas "iconoclastas" con las estatuas de los conquistadores, que no han sido tan violentas en España como en otras partes, es una muestra del aprecio que tienen estos totalitarios por la opinión ajena y por la verdad.

Y cuando se piensa en los votantes queda claro que los posee el "pesar por el bien ajeno", que era como antes definía la envidia el diccionario normativo. Imagínense ese Colón y esos marineros a veces forzados que lo acompañaban y que se atrevieron a navegar hacia el oeste en aras de un sueño improbable. Si no hubiera habido un continente en medio, Colón no habría llegado nunca a la India, cosa que sí consiguieron los portugueses pocos años después. O tantos de esos hombres admirables, de cuyo ejemplo procede la gran cultura española, son sólo agentes del mal comparados con las personas rectas y justas del siglo XXI, ejemplo de tolerancia y de lucha contra la transfobia y la bifobia.

Algo grave ocurre cuando al menos la mitad de los votantes se dejan embaucar por esas mentiras miserables. A la mayoría de los votantes de Podemos y el PSOE les importa muy poco lo que hicieran los conquistadores hace varios siglos, pero se apuntan a la superioridad moral de los que no consiguen nada que no sea lo que roban o mendigan. Cuando yo era adolescente conocí a un tipo que había estado en España y había detectado al "mendigo orgulloso", a la clase de persona que ve con desprecio al rico porque se sabe preferido para entrar en el cielo. Esa gente es la que vota por esos cursis y mentirosos y creadores de pobreza. Eso no es igualitarismo sino privilegio, porque por ese medio los clientes de los políticos acceden a bienes que no han producido.

Al igual que en toda Hispanoamérica, en España el socialismo es un puro atavismo, la vieja costumbre de parasitar a los demás gracias al servilismo con los poderosos. Eso es lo que representa Pedro Sánchez y su gobierno, el retorno al caciquismo del siglo XIX. Hay que entender que no es progreso sino retroceso, que el progreso debe ser ante todo aumento del bienestar material para todos y lo que trae el socialcomunismo es aumento del bienestar para los vividores de la ideología y el parasitismo funcionarial y miseria para el resto. La gracia es que les va mejor cuanto peor esté la gente.

Y es el error de los supuestos enemigos del socialismo, que a menudo se aferran a la nostalgia de un pasado de jerarquías claras y orden en realidad semiesclavista. En todas partes el que quiera combatir al socialismo tiene que demostrar que su propuesta traerá más equidad y más bienestar, que ha pensado bien en cómo garantizar a todos empleo y seguridad. Por eso lo de hablar de izquierda y derecha es una concesión letal, porque ellos no son la izquierda sino la casta parásita.

La presión sobre los alquileres urbanos, que ciertamente es un problema grave en toda Europa, no se remediará, como nada, con controles de precios, sólo con la ampliación de la oferta. La gente ignorante cree que el calzado más o menos correcto es algo natural, pero basta una persona mayor de sesenta años, por ejemplo en Colombia, para recordar gente que iba descalza o las "cotizas" de los campesinos del altiplano. La forma en que todo el mundo accede a un calzado aceptable no es forzando a los fabricantes a perder dinero sino lo contrario, alentándolos a ganar más en un entorno de libre competencia. ¿Es imposible entender eso? Naturalmente pesa más la envidia y el sustrato religioso, la vacuna que inocularon los sacerdotes católicos, contra la riqueza. La venganza contra el rico es un resorte muy poderoso y la gente que la ejerce, los votantes de Podemos, se siente grávida de elevada moralidad. Baste pensar en el rechazo de esos patanes totalitarios al regalo que hizo Amancio Ortega de aparatos hospitalarios por valor de más de 300 millones de euros. El hecho de que sea tan rico los agravia, no es complicado pensar que no les ha robado nada, pero ¿cómo se atreve a tener más que ellos?

La esencia del socialismo es la conversión del Estado en una gran banda de malhechores cuando se renuncia a la ley democrática. No es raro que en Sudamérica la expresión más clara del fascismo, el peronismo, que incluso después de la derrota nazi seguía apoyando a Franco y protegiendo a criminales alemanes fugitivos, el partido nacido de la fascinación de un militar por la figura de Mussolini, sea hoy un partido del Foro de Sao Paulo.

En el mundo de este siglo hay naciones que se hacen poderosas y prosperan, como ocurre con muchas de Asia y Oceanía, mientras que la "iberosfera" sigue siendo el terreno de los demagogos aniquiladores y el retroceso constante. Hay que movilizar a la gente para frenarlos, sobre todo en Colombia, donde cuentan con muchas bazas para conquistar el poder, como la ausencia de oposición, la abundancia de recursos de la cocaína, el control del sistema de recuento y formidables mecanismos de compra de votos.

Pero es necesario demostrar que no es una oferta de igualdad sino de castigo y despojo a los que producen en beneficio del clero funcionarial y de la masa que vocifera e incendia. Sin esa pedagogía aplicada en gran escala no habrá forma de contenerlos.

(Publicado en el blog País Bizarro el 1 de noviembre de 2021.)

domingo, diciembre 05, 2021

Duque el izquierdista

Es muy llamativa la obstinación de los colombianos por la batalla entre la izquierda y la derecha, nociones difusas que gustan a los medios locales porque sirven para legitimar el comunismo (y los infinitos crímenes que ha cometido para llegar al poder en el país) como un lado de las cosas, precisamente el lado de la justicia y la igualdad. A los no comunistas, dado el nivel cultural y de exigencia moral del país, les encanta describirse como derechistas y es difícil saber si es porque se imaginan una guerra cósmica entre buenos y malos o simplemente creen que "izquierdista" significa "secuestrador", y maravillosamente ninguno coincide con el sentido que el diccionario y la historia les dan a esos términos. Voy a comentar las respuestas del presidente Duque a una encuesta, porque el sobresalto de los derechistas deja ver la monstruosidad del país.

1821 y 2021

Este año se conmemoran doscientos de la muerte de Napoleón, que representó el fin de los desórdenes que sufría Europa tras la Revolución francesa, y de la independencia de México y la fundación de la Gran Colombia. El interesado en entender lo que significan los términos izquierda y derecha debería pensar en cómo era el mundo occidental en 1821. La única democracia relativamente homologable era la estadounidense, país en el que una parte significativa de la población era esclava y las mujeres no podían votar. La corriente para abolir la esclavitud, permitir el sufragio universal, garantizar las libertades de culto, expresión y prensa, etc. era lo que se llamaba "izquierda", mientras que "derecha" era el absolutismo, la Inquisición, la defensa de la esclavitud y de los privilegios de cuna, etc. (para formarse una idea del asunto, baste pensar que una buena parte de la población urbana en la mayor parte de Europa estaba formada por sirvientes). El concepto general de "conservadores" y "liberales" debería bastar para resumir esas nociones, que dejaron de tener sentido en 1914 y sobre todo tras la implantación de un régimen totalitario en Rusia en 1917. Ya en 1930 señalaba Ortega y Gasset que “la persistencia de estos calificativos contribuye no poco a falsificar aún más la realidad del presente, ya falsa de por sí, porque se ha rizado el rizo de las experiencias políticas a que responden, como lo demuestra el hecho de que las derechas prometan revoluciones y las izquierdas propongan tiranías”. Todo lo que damos por sentado hoy en los países avanzados, el sufragio universal, las libertades básicas, la democracia, los derechos humanos de primera generación, etc., todo eso era lo que se suponía que buscaba la izquierda en el siglo XIX. La derecha era el absolutismo y la resistencia a esos cambios.

Colombia y el mundo

Iberoamérica es respecto del resto de Occidente una región atrasada, no tanto en el sentido de la industrialización y el desarrollo tecnológico, como se cree, sino porque el mundo de antes no se fue nunca. Sigue habiendo muchas formas veladas de esclavitud, de machismo, de exclusión de la mayoría, de desigualdad escandalosa, de parasitismo de los descendientes de los dueños de esclavos, de indefensión de la mayoría de la gente... Colombia es uno de los peores países en esos aspectos porque es uno de los más aislados. A veces es difícil explicarles ciertas cosas a los colombianos porque no han vivido en otros países y quizá creen que en todas partes se vive así y que cualquier profesor en Europa tiene criada y gana diez veces más dinero que otra persona. Si se atiende a lo que significan en la historia y en el diccionario esas nociones de izquierda y derecha, ¿qué clase de personas pueden proclamarse de derecha en Colombia? Personas que encuentran justificado que haya esclavitud (los raspachines, muchas prostitutas y muchas empleadas domésticas están más cerca de la esclavitud que de la ciudadanía libre), personas que no ven ningún problema en que "indio" sea un insulto ni en que las personas de piel oscura estén de por sí en desventaja... Y sobre todo personas muy ignorantes que ante la dominación brutal de las castas de parásitos que se llaman "la izquierda" deciden llamarse "la derecha" sin la menor noción de lo que significan esos conceptos en la historia.

¿Quién implanta ese lenguaje?

Es el aislamiento lo que hace que la gente crea que basta entenderse con los del propio gueto para que los nombres sean evidentes, cuando no lo son. En Colombia ha habido un siglo entero de penetración comunista, al principio de origen ruso y en las últimas décadas controlada por el imperio cubano. Para agrupar a las diversas siglas de los grupos comunistas de la universidad, y también como eufemismo para neutralizar las diversas campañas anticomunistas, se dio en definir a ese magma como "la izquierda". Pero en el resto del mundo, esa palabra no significa "los comunistas", y en la mayor parte de los países de Europa occidental los comunistas no han secuestrado gente ni violado niños. En Colombia ni siquiera se debería hablar de comunistas, porque podría haber alguien que aprobara un sistema de ese tipo sin que eso comportara de por sí ser cómplice de las masacres terroristas ni de los jueces nombrados por los asesinos. Se trata de una organización criminal sin visos ideológicos porque muchos de los personajes que acompañan a Santos son del Partido Conservador o tienen ideología "neoliberal". Los mafiosos y parásitos de la universidad quieren que sus contradictores sean la derecha porque la derecha es la resistencia a los cambios de la modernidad y así ellos quedan como los que traen la justicia y la igualdad cuando son los que implantan la tiranía y se lo roban todo. Los tontos se apresuran a definirse como derechistas por ignorancia y en muchos casos porque echan de menos el mundo del pasado, con más esclavitud y más jerarquías. Y es curioso: el pasado esclavista con sus castas de parásitos que, para usar una expresión de Karl Marx, "frenan el desarrollo de las fuerzas productivas", ay, eso es exactamente la "izquierda" en Colombia. No hay mejor definición de lo que significa la derecha.

Las respuestas de Duque

Me enteré en Twitter de que el presidente Duque había contestado lo siguiente a un cuestionario:
Me dicen derechista pero soy el de la matrícula gratis, la renta básica llamada ingreso solidario, el del subsidio al empleo joven, el de la devolución del IVA a los pobres, el del gabinete paritario con más nombramientos de afros en un gabinete en la historia. Nombré al primer ministro abiertamente LGBTI. Soy el de las energías renovables, los carros eléctricos y el de los mayores subsidios de vivienda para los pobres. Soy el de la fraternidad Migratoria.
Se podría discutir si esas medidas son eficientes para asimilar a Colombia al mundo moderno, es decir, para hacer que se parezca a las democracias homologables. Por ejemplo, a mí me parece una atrocidad la matrícula gratis, no porque les abra oportunidades a los pobres sino porque no se las abre, pues lo que se necesita no es imprimir más diplomas sino crear más empleos, cosa que no ocurre porque hay impuestos infames como la parafiscalidad o el 4 X 1000 que no se suprimen porque el Estado necesita dinero para pagar las matrículas gratis. Pero los derechistas no quieren que haya nada que pueda favorecer a los pobres porque ¿qué es lo que significa "derecha"? Y sobre todo, aun si me opusiera radicalmente a todas esas medidas, ¿qué son al lado de la corte nombrada por los asesinos o de la Comisión de la Verdad dirigida por los que abiertamente encargaban las masacres, o de las curules impuestas por la Corte Constitucional contra el criterio del Legislativo? ¿Qué le pasa a esta gente?

¿Qué le pasa a esta gente?

No quisiera extenderme mucho sobre los motivos de Duque: por una parte se muestra complaciente con los medios internacionales, lo que reduce el impacto de las campañas de hostilidad de los narcogolpistas y sus aliados, y por la otra intenta neutralizar la demagogia que pretende presentarlo como el gobierno de los ricos. ¿Hay en Colombia una situación de miseria de la mayoría de la gente o no? ¿Debe el gobierno emprender medidas para remediarla? ¿No es lícito que el gobierno emprenda acciones que le generan simpatías en esas mayorías? Lo que le pasa a esta gente es que no ha vivido nunca en un régimen democrático, de modo que cuando Santos hace lo contrario de lo que promete, pues no queda más remedio que aguantarse porque fue muy avispado engañando a Uribe, y cuando convocan un plebiscito y lo pierden, pero de todos modos hacen lo que quieren, pues toca aguantarse porque no hay solución. Como no hay democracia, pues el presidente no manda. El problema de Duque no es que nombre a un ministro gay sino que no hace nada respecto de la paz de Santos, pero eso no es cosa de él sino de su partido, y sobre todo de la gente que sigue a ese partido, que no le ve ningún problema al dominio de los narcotraficantes, sino a que el gobierno le dé por dar facilidades a los pobres.

El próximo presidente

En Colombia no hay democracia porque es una noción que no conciben los habitantes del país. Si Santos podría permitirse preguntar a la gente si quería prestar a sus hijos para la guerra, y nadie se levantó contra un atraco semejante, es precisamente porque esa noción es inasible para los colombianos. La alternativa a "la guerra" es el premio del crimen, y "la guerra" viene a significar sencillamente "la ley". No hay democracia ni la echan de menos, por eso en mayo de 2022 no habrá ningún candidato que cuestione lo que hizo Santos. Ya lo declara abiertamente Óscar Iván Zuluaga, y en realidad también María Fernanda Cabal, pues sabe muy bien que no será la candidata del CD y al prestarse a ese concurso para ganar visibilidad y votos para el Senado lo que hace es impedir que quienes rechazan la infamia de La Habana promuevan a un candidato independiente. No hay democracia, no conciben lo que es, no les importa y no entienden lo que significa que su país esté entregado a la mafia de la cocaína. La expresión de ese conformismo es la adhesión a la derecha en el sentido que esa palabra o esa corriente política tienen en los países democráticos. ¡Creen que el resto del mundo es como Colombia y prefieren esa discusión que afrontar la realidad, que es que las leyes por las que se rigen las aprueban tipos que obtuvieron su curul violando niños y masacrando campesinos!

(Publicado en el blog País Bizarro el 14 de septiembre de 2021.)

sábado, noviembre 13, 2021

Las ventajas de tener futuro

Como advertí hace varias semanas, Alejandro Gaviria lanza su candidatura a la presidencia con muchas probabilidades de ser el presidente porque en una segunda vuelta contaría con el apoyo de los enemigos de su rival, sea cual sea éste. Y obviamente porque es el ungido de Santos, cuyas maquinarias y medios se aplicarán a promoverlo porque su triunfo sería el refrendo de lo que hizo ese tartamudo fatídico, incluidas las maquinaciones fraudulentas con que obtuvo el triunfo en 2014. He transcrito el discurso del video en que lanza su candidatura para comentarlo.

Yo, pecador...

Gaviria no es lo que se dice un gran orador político, su discurso lo lee pero no parece haber conexión entre las frases y las emociones, cosa que los buenos oradores dominan, aunque estén leyendo, por la importancia que tiene dirigirse a un público como si lo que se piensa se le estuviera ocurriendo al hablante en ese momento y fuera prueba de su convicción y de su enjundia.

Copio el discurso de Gaviria en letra cursiva. 

Voy a empezar con una confesión: cuando era estudiante, antes que presidente quise ser investigador, escritor o programador. Al mismo tiempo me ha gustado siempre resolver problemas concretos, entender una parte de la realidad y sacar adelante soluciones puntuales, proyectos. Estudié primero ingeniería y después economía. 

Es normal que alguien que se postula para un importante cargo de elección alardee de sus méritos y talentos, pero ¿cuál es la confesión? Nadie va a estudiar para ser presidente, todos tienen bastante con graduarse y si pueden después buscar títulos de más rango y cargos con los que comenzar una carrera. La "confesión" no tiene ningún interés (sólo despierta la atención de la audiencia, tal vez ansiosa de enterarse de transgresiones a las rigideces que el patriarcado impone a la libido o de algún consumo ocasional de marihuana u otras drogas), pero ese desorden de las ideas es llamativo en un importante referente intelectual del país, quizá el columnista más respetado y el rector de la universidad más prestigiosa. ¿Cómo serán los demás? Podría haber dicho "Voy a empezar con una confusión". ¿Confiesa que no quería ser presidente sino investigador, escritor o programador? ¿O también que le gusta resolver problemas concretos? ¿Y cómo se encadena esa "confesión" (¿o confesiones?) con la mención de sus estudios? Hay que tener en cuenta que esto ha sido revisado y ensayado. Sencillamente no sabe redactar una carta de presentación y cuando lo intenta el resultado es tan lamentable como sus poesías.

Una contradicción esencial

Mi vida de académico ha estado centrada en los problemas colombianos de siempre, la pobreza, la desigualdad y la violencia; en fin, en las familias excluidas, las ilusiones perdidas y las vidas truncadas. Aspirar a la presidencia encierra, en mi opinión, una contradicción esencial. Implica un compromiso con el bienestar colectivo pero revela al mismo tiempo una ambición por fuera de lo común. Exorbitante, incluso. Ser consciente de esa contradicción es importante. Hacerla explícita contribuye a la legitimidad y a la generación de confianza. 

Más adelante, cuando trate del origen de la violencia, se verá el rigor de este académico, que pasa por una lumbrera en Colombia porque todos los países tienen universidades, ejércitos, cortes supremas, selecciones de fútbol y orquestas sinfónicas. ¿Alguien recuerda algún académico colombiano con algún prestigio real en el mundo académico global, con documentos publicados en las revistas de referencia? Los académicos colombianos sólo escriben sobre Colombia y para que alguien se interese por leer a alguno en otro país ambos deben ser militantes comunistas. Pero ojo a la "contradicción esencial" (otro salto de tema, la incapacidad de seguir un hilo discursivo.). ¿Cuál es la contradicción? ¿Cuánto más grande sea la ambición menor es el compromiso con el bienestar colectivo y las vidas truncadas? ¿Si un misionero quiere convertir a todo un continente su misión es menos consecuente que si sólo quiere convertir a una familia? ¿La ambición de ser presidente es sólo vanidad, codicia y soberbia y es contradictoria con la tarea de gobernar? ¿No es lo que dice? ¿QUÉ ES LO QUE DICE? Dice esto: "Estoy tan encantado de conocerme que declaro que quiero ser presidente por pura concupiscencia, lo cual admito que es opuesto al compromiso con el bienestar colectivo, pero declaro semejante calidad moral y, colombiano como soy, lo expongo de tal modo que todos resultan saliéndome a deber por mi sinceridad".

Conversaciones con la conciencia

Decidí ser candidato presidencial después de muchas reflexiones, de una reflexión larga, de muchas conversaciones con mi familia, mis amigos, algunos ciudadanos y mi conciencia. Tomé la decisión porque creo que mi abordaje de los problemas sociales y mi visión de la vida, incluso, pueden ser unificadores. Pueden ayudar a buscar caminos de reconciliación, a juntar a quienes piensan distinto, a darle a nuestra sociedad un poco de esperanza. Un poco de inspiración también. 

Obviamente, las reflexiones y conversaciones tendrían que versar sobre la contradicción esencial entre la ambición de llegar a presidente y el compromiso con el bienestar colectivo: "Pascual, ¿tú qué dices? ¿Cedo a la ambición y que se joda el bienestar colectivo?". El encadenamiento entre la reconciliación, la esperanza y la inspiración ya anuncia el fondo canallesco del candidato: él como académico tiene una visión de los problemas sociales que conduce a la reconciliación, porque en Colombia no ha habido secuestros, masacres, extorsiones, violaciones de niños, torturas y mutilaciones animados por el afán de implantar un régimen comunista, sino una discordia que requiere un discurso unificador que junte a los que piensan distinto. ¡No ha habido crímenes sino malentendidos por las diferencias de opinión! Eso explica el episodio de su encuentro en una librería con alias Pablo Catatumbo, a quien juntará con los que crean que masacrar a los diputados del Valle estuvo mal. ¿Entenderá el señor Savater, al que pusieron a contestarle una entrevista a Gaviria para asociarlo a la futura campaña, el sentido de tan dulce reconciliación?

Gaviria es un perfecto uribista, dice lo mismo que Zuluaga, sólo que éste intenta evitar las peleas y revanchas mientras que el exministro de Santos intenta juntar a los discordantes. Parece que cambian un poco el orden de la reconciliación, la esperanza y la inspiración, pero en esencia dicen lo mismo. Lo de la "reconciliación" es un burdo elemento de la propaganda pacifista del gobierno de Santos, basado en la vieja legitimación de los asesinos: ¡los persiguen por pensar diferente! Zuluaga dice: "Estoy convencido que la sociedad colombiana no quiere más peleas y no quiere discusiones inútiles. Lo que espera son candidatos presidenciales que aporten propuestas a la solución de los problemas". Es el Juan Bautista de Gaviria, que viene a cumplir su anuncio.

Trayectoria vital y dificultades para nuestro país

Liderar pasa necesariamente por cambiar los modos de pensamiento, por crear un sentido de propósito colectivo. Compartido. Asumo este papel, difícil, bien difícil por cierto, como parte de una trayectoria vital. Recuerdo el llamado de mi papá a nunca tolerar la injusticia, la admonición de mis profesores de colegio a complicarse la vida, mi determinación cuando salí de Medellín después de un intento de homicidio, mis dudas sobre aceptar el ministerio de Salud, mis temores existenciales después del diagnóstico de cáncer, los azares y las casualidades de la vida, en fin, que me han traído hasta aquí, hasta este momento. Un momento complejo, difícil, de dificultades para nuestro país. 

Casi cada palabra fuerza a pensar ¿de qué habla? ¿Liderar pasa por cambiar los modos de pensamiento? Es una idea extraña. ¿No lideraba Tirofijo a las FARC? ¿Cambió los modos de pensamiento? Bueno, Gaviria se sacrifica y lidera, ¡cosa que asume como parte de una trayectoria vital! ¡La vida lo fue haciendo líder a partir de la misión justiciera que le encargó su padre y que desemboca en este momento, que de repente comienza a ser el momento de la historia y no de su trayectoria vital! La idea de que un justiciero tan comprometido resulte ayudando a convertir a los violadores de niños en legisladores es una de esas perlas del realismo mágico que define a Macondo. Magia de ilusionistas que descrestan calentanos con las maravillas que sacan de sus ropajes académicos.

Como ocurre siempre, cualquier deposición de un colombiano le muestra a quien la conoce la ínfima experiencia lectora de los pobladores del país. ¿En qué consiste la "admonición a complicarse la vida"? ¿Lo animan a hacerlo o intentan disuadirlo? Yo no lo entiendo, no se dice "admonición a" antes de un verbo, el que lo dude puede buscar la partícula "admonición a" y mostrar los ejemplos.  

La invitación a un propósito colectivo, compartido, de país, etc. es un lugar común tan trillado que hace pensar que este hombre vio antes el video de Zuluaga y creyó necesario emularlo. El propósito colectivo que hace falta asumir es la expulsión del poder de la casta mafiosa de Santos. La derrota de Gaviria y su combo. 

Un tercer pico de violencia

Colombia, trágicamente, tenemos que aceptarlo así, podría entrar en un tercer pico de violencia. Nuestros padres vivieron el primero, el primer pico, la violencia política de la primera mitad del siglo veinte. Mi generación tuvo que vivir un segundo pico, que vino con la superposición de guerrillas, grupos paramilitares y narcotraficantes. Una violencia alimentada en parte por quienes creían tener siempre la razón y justificaron, y deshumanizaron a quienes pensaban distinto. 

¿De dónde podría venir ese tercer pico de violencia? No se les ocurra pasar por alto que Gaviria es candidato porque lo anima a ello Santos y cuenta con el apoyo de los grupos que éste controla. ¿No recuerdan que el fin del acuerdo de La Habana era "una paz estable y duradera"? Resulta que no fue suficiente premiar los crímenes y poner a funcionar tribunales nombrados por los asesinos, sino que por lo visto hace falta más benevolencia con el crimen. No piensen que el tercer pico de violencia va a venir del narcotráfico porque Gaviria les respondería que la producción se multiplicó por seis y los homicidios más bien se redujeron. Es porque la mente opera apegada a supuestos que no se cuestionan. ¿De qué modo es el narcotráfico el causante de la violencia? En los años cincuenta no había narcotráfico y sí se cometieron miles de asesinatos. El narcotráfico es más bien el resultado de la violencia, cuando el desarraigo y el hábito de matar de ciertos grupos los lleva a buscar la prosperidad mediante procedimientos prodigiosos.

¿Qué fue la violencia de los años cincuenta? Por una parte, la tradición de todo el siglo XIX, las guerras de rapiña por el control del presupuesto público, pero esta vez alentadas por el dinero soviético y el juego de la Guerra Fría. Desde el bogotazo en adelante, la "época de la violencia" fue sólo el intento de los comunistas por hacer una guerra de guerrillas como las que tan buen resultado les habían dado en China y Vietnam. Las pretendidas reivindicaciones agrarias son pura retórica si se piensa en la filiación política de la mayoría de los jefes de las bandas "liberales", como Juan de la Cruz Varela, alias Desquite, alias Sangrenegra o Guadalupe Salcedo. Sin duda hubo crímenes de policías y militares y también de bandas de asesinos hostiles a los comunistas, pero el designio de tomar el poder por la fuerza, a punta de asesinatos, llegó de Moscú y lo aplicó el Partido Comunista de Colombia, con la complicidad de la oligarquía liberal que había perdido el poder en 1946.

También en el caso del boom de la cocaína de los años ochenta, la violencia enloquecida de los grandes carteles tuvo siempre relación con la insurrección comunista. La hostilidad entre los traficantes de cocaína y los guerrilleros la hizo superar el embajador cubano, y de esa colaboración viene la constitución de 1991, convocada para prohibir la extradición y dar poder a las organizaciones comunistas de la universidad. El pico de violencia venidero del que advierte Gaviria es el resultado de la determinación de la mafia global de sumar a Colombia a la constelación de regímenes neocomunistas de la región, de nuevo animada tras el paréntesis de Macri, Añez y Bolsonaro, y ahora también con Perú y México. Para eso llevan dos años de violencia callejera continua, aprovechando siempre los pretextos más peregrinos, como el borracho que murió peleando con la policía o la reforma tributaria que soliviantó a los uribistas y otros acomodados. Gaviria no se equivoca porque él mismo forma parte de esa violencia, sus mentores se reunieron en el apartamento de Juan Fernando Cristo para organizar la revuelta que siguió. Y él mismo salió a pedir concordia, a escucharse, etc., en lugar de desautorizar a los agresores, porque es el papel de ese sector social: cobrar los crímenes. También es lo que hace con su advertencia: no promete aplicar la ley e impedir los crímenes, sino dar poder previamente a los criminales para que les resulte más fácil la tarea.

Un relato esperanzador

Ahora nuestros hijos pueden sufrir lo mismo. En esta coyuntura crítica, en medio de la pandemia y de una devastación social, tenemos que generar oportunidades para millones de jóvenes, enfrentar la crisis climática y evitar la violencia. He trabajado en estos temas por muchos años. Sé que el gobierno no va a resolverlos todos. Pero sí puede desatar una fuerza transformadora. Debemos dejar atrás la idea absurda de que este país, de que Colombia, es un fracaso sin atenuantes. Necesitamos quizás un relato esperanzador. 

El pico de violencia no requería más explicaciones, la necesidad de generar oportunidades adorna mejor una cháchara de ese tipo, y el procedimiento es ¡desatar una fuerza transformadora! Al menos Duque venía a cebar a las camarillas con su economía naranja, pero éste se queda en el "relato esperanzador". Todo sustentado en su carrera académica, sin que se sepa qué es lo que propone. Lo malo del relato esperanzador es que nadie es menos indicado que Gaviria porque la dependencia del narcotráfico nunca ha sido tan terrible en Colombia y eso es gracias al gobierno del que formó parte y en el que lo pusieron a prohibir la aspersión con glifosato. Es decir, el relato esperanzador es un cuento para engañar bobos porque no puede tener asidero en la realidad. Para que el lector se vaya formando una idea de las esperanzas que tiene Colombia con este prócer baste prestar atención a la solución que propone para el narcotráfico: ¡remediar la pobreza de las regiones en que se cultiva coca! Lo cual parte de la increíble mentira de que se cultiva coca porque en esas regiones no hay otras salidas, cuando resulta que desde los mismos años setenta se poblaron los antiguos territorios nacionales, destruyendo millones de hectáreas de bosque virgen, precisamente para sembrar coca. No hay que trasladar la pobreza de las regiones a las personas, la mayor parte de la población del mundo es más pobre que los colombianos, también la mayor parte de la población de Iberoamérica. ¿Quiere Gaviria que los mafiosos encuentren en cultivos lícitos más rentabilidad que en la coca? Sencillamente miente. Su relato esperanzador es un eslogan sin sentido, burda propaganda. Su objetivo real es representar en el gobierno a los usufructuarios del narcotráfico, que no son sólo los empresarios sino muy diversos sectores, empezando por las clientelas del comunismo, cuyos privilegios dependen del poder de sus protectores, el cual depende de la producción de cocaína.

Seamos mejores

Mi propósito no es impedir la llegada de alguien. Mi campaña no va a ser contra nadie. No es una gesta personalista. Es, si se quiere, una invitación a un trabajo colectivo. El mundo, el mundo de los seres humanos es algo que inventamos todos los días, dijo alguien alguna vez. Podríamos entonces, entre todos, colectivamente, hacerlo diferente, hacerlo mejor. El miedo y la rabia hacen parte de la política y de la vida. Tenemos que reconocerlo así. Yo prefiero sin embargo otra emoción, más incierta tal vez pero más constructiva, el sesgo por la esperanza, la invitación, desde el discurso, y desde el ejemplo, a ser mejores. 

En el diccionario definen lo "cursi" como el afán de lucir una elegancia o refinamiento que no se tienen, pero todos entendemos "cursi" también referido a ostentar sentimientos o pensamientos profundos. Eso es la palabrería de este valedor de la mafia y "ficha" de Santos sobre un mundo mejor. Un mundo mejor es uno en el que reinan la ley, la libertad y la verdad, un mundo en el que Santos y todos sus ministros estuvieran en la cárcel como parte de la vasta organización criminal que se apropió del Estado en esos años y condenó a Colombia a la dependencia de la cocaína. La noble pretensión del exrector es una de esas cosas del realismo mágico: la desfachatez, como cuando los senadores de las FARC salen a dar clases de moral y a denunciar la corrupción. 

El empoderamiento de la gente

La valentía de luchar contra los poderes que impiden el cambio social. Mi visión de la política incluye tres partes, el respeto como principio, siempre el respeto, el empoderamiento de la gente y la lucha contra la acumulación de poder. La lucha contra todos los poderes paralizantes. Si la conquista del poder implica agredir a quienes piensan distinto, el poder ya conquistado será estéril. Terminará agotándose en sus propias contradicciones. 

Es muy llamativo, durante el gobierno de Santos el voto de la gente pasó a no significar nada, porque él fue elegido con la promesa de continuar la seguridad democrática e hizo lo contrario, impuso unos legisladores a los que la gente no eligió y después ni siquiera respetó el resultado del plebiscito, ya fraudulento en su enunciado que convocó. Como el más ruin "politiquero", Gaviria aparece con el adanismo soltando frasecitas cursis como si el pasado ya estuviera olvidado y se pudiera pasar por alto la condición real del país, un protectorado cubano dedicado a producir cocaína para las mafias controladas por ese régimen y con entidades dedicadas a destruir la democracia, tribunales nombrados por los criminales y una "Comisión de la Verdad" formada por los mismos que abiertamente ordenaban las masacres. Nada, no hablen de eso, llegó la esperanza. Grotesco. De un cinismo propio de la banda criminal a la que pertenece Gaviria es "la valentía de luchar contra los poderes que impiden el cambio social", que consisten en las familias oligárquicas, las castas de parásitos que ordeñan al Estado desde las universidades, los sindicatos comunistas y el poder judicial prevaricador.

Pedagogía democrática

Yo pude haber seguido en la universidad. En el mundo académico donde los problemas se abordan pacientemente. Sin embargo decidí tomar esta decisión porque quiero hacer pedagogía democrática. La única victoria que vale la pena es la que se hace sin palabras violentas. La política, reitero, no tiene que ser cruel. No tiene que ser oscura. 

Gaviria pudo haber seguido de rector pero prefirió buscar la presidencia, ¡cosa que le salimos a deber! Pero es por hacer pedagogía democrática, de lo cual no hay un ejemplo tan elocuente como la paz de Santos. ¿Ustedes creen que Humberto de la Calle se agarraba a gritos e insultos con los negociadores de las FARC con los que estuvo cinco largos años en La Habana, mientras la producción de cocaína se multiplicaba? ¡Ellos tuvieron una victoria sin palabras violentas! Los niños violados, los niños bomba, los niños mutilados por las minas quiebrapata, los cientos de miles de niños huérfanos por el genocidio sistemático que cometieron los socios de Gaviria no fueron las víctimas de palabras violentas sino de crímenes monstruosos de los que este asqueroso se hace autor al encarnar el premio que se les dio por todo eso. La pedagogía democrática que hace falta es un proceso riguroso contra Santos y todos sus ministros como cómplices de ese genocidio. Lástima que los colombianos sean tan serviles y pérfidos, tan vulgares y deshonestos, porque lo único que impide ese proceso es el ridículo amartelamiento con el patán que los protege y que a toda costa impidió que hubiera oposición durante el gobierno de Santos y busca abrirle el camino a este pedagogo, seguramente para librarse del acoso judicial.

El hombre de la cultura

Quiero trabajar de la mano con las distintas comunidades de este país. Un país definido por su biodiversidad y su diversidad cultural. Una diversidad cultural que enamoró al mundo. Creo en la cultura como mecanismo transformador. Creo en los libros que nos deslumbran, en la música que nos emociona, en el teatro que nos permite mirarnos en el espejo de nuestras propias faltas, y en el cine y sus historias que nos hacen llorar y nos humanizan. 

Yo vivo en Europa hace mucho tiempo y la idea de que la diversidad cultural colombiana enamoró al mundo me suena ¡TAN ABSURDA! Todos los países tienen diversidad cultural, pero lo que en el resto del mundo se percibe de Colombia sólo es miseria y crimen, por mucho que los colombianos quieran creer otra cosa. Eso sí, el hombre no podría ser enemigo de la cultura, aunque los atributos de las diversas artes que señala corresponden al lenguaje de un gerente de sucursal bancaria y no al de un rector de universidad. Insisto, el director de la Orquesta Sinfónica de Zimbabue puede parecer a los zimbabuenses comparable al de la Filarmónica de Berlín, pero seguramente es un músico comedido. ¿De qué modo nos humanizan las historias del cine? ¿Cuántas nos hacen llorar? ¿La música está para emocionarnos? Que alguien con esa "carreta" sea candidato presidencial ya es fuerte, pero no tanto como que fuera rector de la universidad más prestigiosa de un país de cincuenta millones de personas. ¡Que encima enamora al mundo! Como dicen en España, hay que joderse.

Sector privado listo para cambiar

Creo además que las empresas de nuestro país, el sector privado, está listo para cambiar. No quieren seguir en lo mismo. Están listos para ser mejores, para construir otras historias. Mejores historias. Los invito a todos, y a todas, a sumarse a esta idea. En fin, mi objetivo es liderar la construcción de un país más justo, más decente, más digno y más sostenible. 

Como ya he señalado antes, a pesar de la duración de su video (que determina la extensión de esta entrada), el hombre no hila muy bien su discurso. ¿Hacia dónde debe cambiar el sector privado? En frases como ésta se anuncia el petrismo, que a fin de cuentas es el espíritu de la universidad colombiana, de donde sale Gaviria, como antes Mockus, como supuesta expresión moderada y renovadora. ¿Qué cambios requieren las empresas? Las empresas son organizaciones cuyo propósito es ganar dinero, normalmente a cambio de bienes y servicios que la gente compra o que pagan otras empresas. Los que las quieren cambiar por fines más elevados son los que quieren convertir a sus propietarios y gestores en meros testaferros, como hicieron las FARC en las zonas rurales por mucho tiempo. ¿No quieren seguir en "lo mismo"? ¿En qué no quieren seguir? Si ganan dinero quieren seguir ganando dinero y en lo posible ganar más dinero. Sin la menor duda los empresarios no quieren seguir en lo mismo, dependiendo del narcotráfico que domina la economía del país, lo cual será mucho peor cuando Gaviria sea presidente porque abiertamente se opone a perseguir ese delito. El país más decente que espera liderar Gaviria es un país más concorde con Aída Avella y Gustavo Bolívar, cabezas de la Lista de la Decencia, porque la mentira, la vulgaridad, la palabrería cursi y el terror de los asesinos "empoderados" gracias a Santos y Gaviria son lo contrario de toda justicia, decencia, dignidad y sostenibilidad.  

Este Pablo

Hace mes y medio viajaba yo a Santa Marta, iba a ver a mi mamá después de un año y medio de pandemia, estaba emocionado, feliz por el reencuentro. Al salir del avión un auxiliar de vuelo se me acercó y me entregó un mensaje escrito en una servilleta. Decía “Con todo respeto me atrevo a escribir estas palabras a veinticinco mil pies de altura porque hago parte de un grupo grande de colombianos que no vemos que el camino sea responsabilidad de un líder político. El cambio es responsabilidad de todos. Me llamo Pablo y entiendo lo difícil que debe ser tan sólo plantearse la idea de gobernar a Colombia, pero debemos buscar juntos la forma de hacer de nuestro país un mundo mejor para todos”. Gracias, Pablo, Colombia, estoy seguro, tiene futuro. Colombia tiene que tener futuro. Un abrazo a todos.

Vamos a suponer que toda esta historia fuera cierta, que el auxiliar de vuelo le escribe en una servilleta que "debemos buscar juntos la forma de hacer de nuestro país un mundo mejor para todos". ¿No le da vergüenza terminar su video de lanzamiento de campaña con una cursilada tan patética? No, es que se dirige a un público en absoluto exigente, en una segunda vuelta los estudiantes, egresados y profesores de las universidades colombianas votarán unánimemente por él. Es a quienes realmente representa, además de la banda de Santos y César Gaviria: un sector social parasitario cuyo nivel se demuestra en la cháchara inconexa, vulgar y mentirosa de este candidato. Pero corresponde a las ambiciones de los colombianos, ¿o hay alguno que haya puesto en duda alguna vez que invertir en imprimir diplomas es progreso? ¿Cuántos saben que la mayoría de las universidades sólo enseñan a recitar la propaganda comunista? ¿A cuántos les importa? 

Colombia tiene futuro porque todo tiene futuro, si se trata de que llegue a ser un país con menos violencia, menos miseria, menos crueldad y terror, menos desigualdad e injusticia, el muy probable éxito de este candidato es una muestra de que no lo tiene. Su verdadero programa es el narcotráfico, a tal punto que en los sesenta puntos de su programa ni siquiera se menciona, cosa que no ha ocurrido con ningún presidente desde que se tiene noticia de ese negocio criminal.

(Publicado en el blog País Bizarro el 2 de septiembre de 2021.)