sábado, febrero 18, 2006

El rastro de la pesadilla

Estoy leyendo un libro de Paul Johnson: El nacimiento del mundo moderno (Javier Vergara Editor, 1999), dedicado a analizar el periodo que va de 1815 a 1830, y por ser esos años no podía faltar una sección dedicada a la creación de las repúblicas hispanoamericanas. Los datos que cuenta Johnson son enternecedores. Por ejemplo en la página 640 se lee:
[...] Bolívar atacó el corazón de la Colombia ocupada por los españoles. La semana antes de Peterloo entró en la capital, Bogotá, y apresó a los que quedaban de la guarnición. Después continuó marchando, y las autoridades civiles venezolanas, encabezadas por el vicepresidente Francisco Santander, se hicieron cargo de la ciudad. El 10 de octubre Santander decidió ejecutar a los 38 oficiales capturados en la guarnición realista, y ordenó que los sacasen de sus calabozos y los alineasen en la plaza de la Catedral, en lo que ya se había convertido en una tradición latinoamericana. Por qué quiso matarlos, nunca pudo aclararse. Un transeúnte que se opuso al procedimiento, argumentando que Bolívar había amnistiado a los prisioneros, fue fusilado allí mismo. Cuando el pelotón de fusilamiento terminó su trabajo, Santander arengó a la multitud silenciosa y se alejó a caballo, precedido por los músicos. Se lo oyó cantar una canción especialmente compuesta para conmemorar la matanza. Más tarde comentó: «Me complace particularmente matar a todos los godos (españoles)».
Conviene aclarar que la parte entrecomillada remite a una cita de un libro de Salvador de Madariaga: Bolívar. Lo curioso es que durante mucho tiempo se ha hablado de Santander como el hombre apegado a las leyes y a las formalidades jurídicas y a Bolívar como el militar enérgico que fusilaba prisioneros sin aspavientos. Incluso García Márquez hace una apología entusiasta de todo eso en su novela sobre Bolívar. Pero es sólo el entrante, en la página siguiente se leen cosas como ésta:
Después de apoderarse de Trinidad en 1797, Gran Bretaña comenzó a financiar rebeliones contra la madre patria. Algunos «libertadores» de los primeros tiempos, como Francisco de Miranda, eran hombres a sueldo de William Pitt.
Pero en medio de tantos datos conmovedores, la noticia no tiene nada desconcertante. En cambio sí llama mucho la atención esto de la página 642 sobre los motivos que tenía cada sector para estar a favor o en contra de la rebelión:
El clero estaba igualmente dividido: los obispos tendían a adherirse al gobierno español, el clero menor y las órdenes religiosas deseaban apartar a América Latina del secularismo europeo. Nunca habían perdonado la expulsión de los jesuitas por la corte española, y temían que sus inmensas propiedades fueran confiscadas. Todos estos temores se acentuaron cuando España cayó bajo la influencia de la Francia bonapartista, que a juicio de muchos criollos y clérigos era el Anticristo. Los esclavos apoyaban la independencia, pues pensaban que podía aportarles la liberación, como en Haití, aunque sabían que no habían sido emancipados en Estados Unidos. En cambio, los pobres, los negros libres, los indios y muchos grupos mixtos de categoría social inferior buscaban la protección de la corona contra injusticias peores de las que ya sufrían.
En la página 645 se nos cuenta que Miranda recibía de los británicos 1.000 libras anuales para provocar dificultades, pero es al final de la página donde uno se encuentra con otros datos maravillosos:
El siglo XVIII había presenciado una mejora progresiva en los intentos de imponer el respeto a la ley y atenuar la violencia. Todo este progreso fue rápidamente anulado. No bien se declaró la independencia y se garantizaron las libertades, Miranda ordenó que se decapitase a una docena de partidarios del rey Fernando, y que mostrasen sus cabezas en jaulas colgadas a la entrada de Caracas.
En la página siguiente, Johnson glosa de forma somera la figura de Bolívar, sobre quien dice:
A los dieciocho años se casó con una mujer mayor, pero ella falleció dos años después, dejándolo viudo a la edad de veinte años. Después llegó a ser, como su padre, un mujeriego. El Père de Lacroix, uno de sus primeros biógrafos, escuchó del propio Bolívar el relato de la ocasión en que fue expulsado de un burdel londinense por las encolerizadas mujeres. Cuando se emborrachaba, su conversación tendía a caer en la obscenidad. Perseguía a la mujer como arquetipo, no como persona. Nunca intentó volver a casarse; aconsejaba la soltería a sus amigos. Parece que no manifestó deseos de engendrar un heredero (si bien es probable que dejara algún hijo natural en Francia).
______En la página siguiente, la 647, se da cuenta de los sucesos de 1812 en Venezuela:
El comandante realista, almirante Monteverde, demostró más decisión de la que Miranda esperaba. Si los insurgentes comenzaron las atrocidades, los realistas ciertamente las agravaron. Las ciudades fueron saqueadas. Los piquetes de ejecución comenzaron a trabajar. Hubo destrozos y robos y Bolívar se unió con entusiasmo a todo eso. Se procedió a emancipar a los esclavos; otros protagonizaron revueltas. Lo que Miranda no logró fue encontrar voluntarios suficientes para continuar la lucha; los reclutas se resistían tanto que era necesario esposarlos. En cambio, comenzaron a aparecer ejércitos privados y aventureros militares que los mandaban. Había bandas de negros armados y bandas de mulatos. Monteverde, un canario con sus disciplinados isleños (así se los llamaba) y sus marinos, mandaba la fuerza más eficaz. En 1812 Miranda capituló ante él y después huyó. Sin duda, pensaba exiliarse provisionalmente otra vez. Pero Bolívar decidió cambiar de bando, entregó a Miranda a los realistas a cambio de un pasaporte y se propuso ir a España a luchar a las órdenes de Wellington. Cambió nuevamente de bando cuando supo que Monteverde había confiscado sus propiedades. Pero a estas alturas era demasiado tarde para salvar a su comandante. Miranda fue llevado a España y murió en una cárcel de Cádiz cuatro años después. Solía levantar la pesada cadena que lo sujetaba a los pilares, y decía amargamente: «Pensar que el primer eslabón de esta cadena fue forjado por mis compatriotas».
Como se ve, nada de lo que ocurre ahora tiene por qué desconcertarnos, pues nuestro medio parece estar hecho de iniquidad y mentira. Por eso el bolivarismo de Chávez no es ni un disparate ni una impostura, sino una aspiración arraigada entre los venezolanos. Sólo que de Chávez no saldrá un mito semejante, pues los modernos medios de registro de la imagen y la voz permitirán a cualquier habitante del futuro evaluar las palabras y el estilo.

Pero no es sólo Chávez sino también todo lo que lo acompaña lo que encarna ese mundo que describe Paul Johnson y que se ha quedado en nuestros países como una «orgía perpetua». Cada día en Colombia se ganan y se pierden puntos en ese forcejeo entre la vida moderna y esa pesadilla que constituye la identidad más profunda de los pobladores de la región. Hoy Cuba, Venezuela y Bolivia se sumergen en ese pasado mientras Chile y México, pero también varias repúblicas centroamericanas y antillanas y en alguna medida Colombia, dan pasos hacia la civilización.

16 comentarios:

  1. Anónimo4:31 p.m.

    Julio Renteria.

    Muy interesantes los datos aquí depositados, en la escuela le inculcan que Santander debe primar sobre la memoria de Bolívar primero por que Santander nació en Colombia y por que fue un hombre apegado al derecho y muy cumplidor de las leyes. Pero al parecer el prócer colombiano algunas veces se alego de sus convicciones.

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  2. De alguna manera cuando las bases sociales y humanas que fundan una nación están corrompidas, hay que romper la continuidad y la herencia moral en las siguientes generaciones. Australia no fue fundada por gente mejor que América Latina y sin embargo la diferencia entre estos países y Australia es abismal.

    Yo todavía no canto que Colombia esté iniciando el camino del progreso. Faltaría ver qué deja el gobierno actual cimentado como políticas de Estado, para poder esperar que lo logrado hasta ahora no se pierda durante un giro electoral que podría venir en cualquier momento, en 4 u 8 años más, por la razón que sea.

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  3. Respondón8:56 p.m.

    Jaime, vale la pena conservar el mismo escepticismo frente a los escritos anglosajones que tienes el mérito de emplear con los escritos de los pobres colombianos. En el presente caso pensemos un poco en cómo se escribe un libro de estos, 700 páginas o más, sobre toda una época, y además internacional. Primero, no se consultan las fuentes originales: no, uno rebusca entre lo ya sintetizado. Segundo, uno no puede ser especialista en todo, así que no sabe distinguir entre lo confiable y los libros-basura, especialmente cuando se trata de la periferia (como América Latina ha de ser en un libro sobre cómo se forjó el "mundo moderno" definido en términos del eje Europa-EEUU). Tercero, para que el libro tenga coherencia hay que sacrificar los detalles frente al retrato (digamos) global, aunque la historia específica (por ejemplo, de un país de nula importancia para la historia global pero sujeto único de determinado blog) no salga muy correctamente. En el presente caso yo no reconozco la historia contada. Santander publicó un folleto justificatorio, y uno puede o no estar de acuerdo pero me parece difícil hablar de motivos desconocidos. (Lo hizo, según escribió, para demostrar que la causa realista era perdida sin retorno.) Lo del transeúnte fusilado es, según yo sepa, puro cuento. Sus enemigos de los años treinta, que lo acusaron de todo, no mencionaron nada al respecto. En fin, la historia venezolana ha resultado distinta por el factor Bolívar que mencionas (Carrera Damas escribió un libro interesante sobre el "culto a Bolívar, y seguramente hay otros), pero los detalles invocados no ayudan mucho a esclarecer la idiosincrasia del vecino. (Otrosí digo, como las reales cédulas: Lo interesante de Miranda no es el patrocinio de los inglese, cosa propia de la época. Lo interesante es su total fracaso, dos veces.)

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  4. Para Julio Rentería: lo que me parece interesante es que no caigamos en el pecado venezolano, que es idolatrar nuestro pasado como si no fuéramos capaces de hacer nada mejor. Termina uno aplaudiendo al que abraza a la fuerza al emperador del Japón, al que no se puede tocar, porque ¿es acaso el país de uno menos que Japón?

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  5. Para Diegoth:

    Lo que ocurre con Colombia es que difícilmente habrá otra fuente de riqueza comparable al petróleo, y el narcotráfico deja en la misma miseria a la mayoría. Eso reduce las posibilidades de los gobiernos de izquierda, que si llegan al poder no pueden resolver nada y por el contrario espantan a las inversiones.

    Las altas posibilidades de reelección de Uribe permiten una continuidad que se traducirá en crecimiento económico. Yo creo que cuando salgan cifras confiables del 2005 habrá un crecimiento de cerca del 5 %, y en 2006 debería ser aun superior. En términos generales se va creando la base de una economía competitiva, basada en la mejora de la calidad de la mano de obra. No ocurre lo mismo con países como Argentina, cuya prosperidad relativa actual tiene que ver con la soya transgénica.

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  6. Para Respondón:

    Tienes razón acerca de la conveniencia del escepticismo, pero es que no estoy convirtiendo a Johnson en un gran especialista. El libro tiene más de mil páginas. Acerca del episodio de Santander, hay una cita que remite a Salvador de Madariaga, el cual sí que no es propiamente un aparecido. ¿Es el transeúnte un invento de Madariaga? También podría haber sido ocultado por lo ignominioso que resultaba. ¿Por qué no lo usaron sus enemigos? Es una objeción muy válida, yo sólo cito un libro.

    En todo caso mi conocimiento de esa parte de la historia es ínfimo.

    También tienes razón en quitar importancia al patrocinio inglés, que se puede ver como el apoyo alemán a Lenin. Pero lo de la traición de Bolívar sí me parece una cuestión seria, sobre la que se conoce muy poco.

    Lo interesante para mí es reconocer las bases del independentismo: los grandes terratenientes y el bajo clero, no tanto el odio a España ni el sueño de nuevos países cuanto el miedo a la expansión del modelo francés. No tanto el anhelo de romper el viejo orden cuanto el de aislarse y proteger precisamente ese viejo orden en el terreno local.

    En todo caso se trata de un par de páginas copiadas de un texto de varias decenas. Y con todos los errores que pudieras encontrar en Johnson (no es difícil de encontrar el libro) no creo que conservaras el mismo escepticismo que ante los historiadores colombianos. Me resulta difícil olvidar una enciclopedia reciente en la que el redactor hablaba de la historia contemporánea y su interpretación era abiertamente desde el punto de vista de la guerrilla.

    Y en todo caso yo no comento esas obras, para lo cual no sólo me faltan conocimientos sino sobre todo tiempo. ¿Qué tiene uno que decir ante manipulaciones de la historia remota cuando ahora mismo el columnista más leído y premiado afirma que las FARC se han fortalecido durante el gobierno de Uribe?

    Si hiciera falta algún nivel riguroso de conocimientos para señalar las mentiras y falacias de la prensa colombiana yo no tendría un blog.

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  7. Con respecto a la traición de Bolívar, en una ocasión observé que durante un discurso de Chávez, a éste le pareció muy gracioso reinventarse la historia de la captura y presidio de Miranda.

    Al chafarote se le ocurrió en público decir que Miranda tras viajar a Estados Unidos y pedir ayuda al presidente Johnson, éste no sólo se rehusó a ayudarlo (Chávez no mencionó que para 1806, año en que Miranda viajó, Estados Unidos y España tenían vigente un pacto de no agresión, y por lo tanto de no colaboración con sus enemigos mutuos), sino que además informó a los españoles sobre la ubicación de Miranda en el mar Caribe de regreso a Venezuela. El dictadorzuelo siguió alegrementen contando que Miranda fue atacado en altamar por una flotilla española, y que su buque Leander llegó tan maltratado al Cabo de la Vela que apenas pudo rematarlo como chatarra para poder pagarle el sueldo a los marineros y al quedarse sin ningún apoyo fue apresado por los españoles y enviado a Cádiz.

    Al tiempo que yo no podía creer semejante atrevimiento, el público que estaba presente en el programita del payaso lo aplaudía automáticamente. ¿Quién iba a señalar que el emperador estaba desnudo?

    En parte puede ser que Chávez sólo quería reinventarse la historia para hacer creer a las masas brutas y sumisas que lo siguen que el enemigo histórico es Estados Unidos... ¡ese maldito imperio que entregó Miranda a los españoles!, pero también tiene mucho interés en ocultar cualquier episodio oscuro en la vida de Bolívar, pues incluso en Venezuela se enseña en los colegios que Bolívar en algún momento dejó de ser solidario con Miranda.

    De todos modos los chavistas no van a discutir esas cosas. A ellos no les importa si Chávez miente (dirán que sólo se confundió, pues no es historiador), sino al contrario, se preocuparían el día que Chávez deje de mentir, porque entonces las bases de toda su "revolución" empezarían a temblar.

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  8. Anónimo7:29 p.m.

    Gracias a dios en Colombia no tenemos héroes ni creencias de que somos grandes, como si sucede con Venezuela y otros Países de la región en el primer caso y como Argentina y Brasil en el segundo, ese talvez es el primer obstáculo que los frenara para e no salgan del Mundo en que están y la Izquierda Colombiana chillando por n tener de donde agarrarse para hacer su revolución.

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  9. Un viejo amigo.5:26 a.m.

    Otro artículo de Paul Johnson donde expresa su admiración por los logros de Pinochet y Franco, entre otros.

    Jaime Ruiz elige bien sus fuentes.

    (Publicado en The Spectator, Nov. 13, 1999)

    Here is my list of the century's greatest political figures

    Only six weeks to go before the end of the century: time to draw up a list of its political success stories. My criterion is the simple utilitarian one of Jeremy Bentham: who did most to promote the greatest possible happiness of the largest possible number? Top of my list, then, is Lee Kuan Yew, who took over Singapore when it was pretty demoralised and its per capita income less than $100, and transformed it into one of the richest, safest, most orderly and sensible countries in the world. The media did not like him. Good. He in turn did not like bead-jangling, hirsute, pot-smoking, guitarstrumming hippies, and all the false philosophies which go with that kind of thing. He kept them out. That is one reason Singapore is virtually crime-free and a little paradise of old-fashioned virtues. Countless millions of hard-working Asians would love to live there, but the place is too small. It has no natural resources either. Lee's achievement underlines the truth that the key to political success is the creative management of brain-power.

    Of the American presidents, I rate five highly. Theodore Roosevelt educated and guided the USA into becoming a responsible world power. Woodrow Wilson was an admirable peacetime reformer, who fell victim to the madness of the first world war. Calvin Coolidge understood perfectly that Americans need minimalist government to flourish, and gave it them in full measure. He even knew when to quit the stage, without fuss or pushing. Harry S. Truman was the brave little nonentity who saved the world by accepting the challenge of Soviet Russia's Cold War and waging it with determination, Ronald Reagan finally won the Cold War a generation later, leaving America the sole superpower with more physical and moral responsibilities than ever. How we miss him!

    It's disturbing to think that in most of the world's biggest countries not one single great and benevolent man has emerged in the entire century. In Russia, under tsars, communists and post-communists, it has been one long, miserable tale of incompetence, cruelty and waste. Plenty of monsters, no heroes. It is the same in China, which produced the biggest killer of all, Mao Tse-tung, with 60 million innocent scalps round his belt. India provided, in Gandhi, a great playboy saint, and in Pandit Nehru a consummate humbug, but no statesman. Indonesia had Sukarno, one of the finest slogan-mongers of all time, but good at nothing else; his successors were crooks. Nothing from Pakistan. Japan has collectivist government: no individualism allowed, more's the pity. So postwar Japan is a success story without a hero.

    Europe is a different matter, though it must be said that no one in the pre-1914 or interwar period was outstanding. Clemenceau and Poincare, Asquith, Lloyd George and Baldwin all look faded today. General Franco took over Spain in 1939, reigned longer than any of his predecessors and left the country with a large middle class, a modern economy and a taste for affluence: things it had never had before. Like others who have taken over during a civil war, his hands were covered in blood, but there is no denying the magnitude of his achievement.

    One must also credit Konrad Adenauer, another off-putting man, with guiding Germany towards post-democratic habits, much helped, of course, by his incomparable economic minister, Ludwig Erhard, who carried through one of the most successful financial reforms in history. Camille Gutt did the same in Belgium and Pierre Mendes France would have done so for France had he not been stymied by the professional politicians. As it was, the salvation of France was left to Charles de Gaulle, who had saved her honour - not much else - in 1940. Between 1958 and 1968 he gave France a modern economy and the best constitution in her history, plus selfconfidence and dignity. What he could not eliminate was the nation's small-mindedness amidst her grandeur, a fault he shared and which is much in evidence today.

    The prosperity of postwar Italy is fundamentally the work of Alcide de Gasperi, who taught the elite how to work the democratic process. Pity he couldn't teach them honesty too. Another great man was Jean Monnet, who would have built a very different European Union to the one that is emerging, with few regulations, little bureaucracy and a strong Anglo-Saxon component.

    England declined steadily during the century but did produce two outstanding public figures. Winston Churchill was a great war leader - we would have gone down without him in 1940 - but when he returned to power in 1951 he lacked the ruthlessness to demolish the ramshackle Utopia set up by Attlee's socialists. At the very end of his life he shared a Westminster lift with my friend 'Curly' Mallalieu, MP, and asked him what party he belonged to. 'Labour.' Churchill thought for a moment, then said, 'I'm a Liberal. Always have been.' So it was left to Margaret Thatcher to clear away the elephantine public sector and remove trade-union legal privileges. She was let down repeatedly by her party, and finally betrayed by it, and her successor turned out to be one of the worst prime ministers in British history. But her achievement stands. I rate her number two worldwide in this century, immediately after Lee, and I am proud to recall that I recently sat round a dinner-table - and argued vehemently - with both these splendid figures.

    Africa has produced no leader of world class. Early in the century, Marshal Lyautey performed superbly a proconsular mission in Morocco, as did Lord Cromer in Egypt: both men created modern infrastructures in these ancient lands without in any way destroying their beauty and charm, though their work has been largely obliterated since. I don't fall for the hype about Nelson Mandela, under whose timid rule South Africa went straight for the rocks. The only man to emerge with credibility from the total devastation of recent years is poor old Ian Smith of Rhodesia, who has been proved right on every point and whose popularity with the Africans rises all the time.

    Latin America has made a good recovery, in places, during the last two decades, and the credit must go largely to General Pinochet, who inherited a civil war, the world's worst hyperinflation and a flight of capital, and in less than 20 years gave Chile modern agriculture, competitive industry, a stable currency and the highest per capita income in South America. All the goahead Latin American states are following suit. His reward is to become Britain's first political prisoner since the 18th century, his jailer being the odious Jack Straw.. But as Pope Gregory VII said, 'I have loved justice and hated iniquity, therefore I die in exile.' And that reminds me, in any list of the great rulers of the century, Pope John Paul 11 must come high, Indeed, I would rate him alongside my favourites, Harry Lee and Margaret Thatcher. Don't you agree, readers? If not, write to me.

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  10. "Un viejo amigo": yo creo que una cosa es justificar los crímenes que cometieron ALGUNOS dirigentes que Johnson admira por sus logros, y otra cosa muy diferente es destacar esos mismos logros, que es lo que Johnson HACE.

    Independientemente de si Franco o Pinochet cometieron crímenes, la realidad es que sus gobiernos dieron forma a unos modelos económicos exitosos. En el caso de Franco yo todavía tengo mis dudas, pues la ayuda de la CE jugó un papel fundamental para sacar adelante la economía española, pero en el caso de Chile hay que decir muy claramente el viejo dicho de "al César lo que es del César", y si a Pinochet hay que reconocerle el éxito económico de su sistema, da igual que lo que se podría hacer con Fidel Castro, un criminal de un calibre comparable.

    La única diferencia es que Castro cometió los mismos crímenes a cambio de empobrecer a Cuba, mientras que Pinochet los cometió por menos tiempo, entregó el país a la democracia (una democracia auténtica y hoy en día totalmente legitimada, a diferencia de muchos países más "pacíficos" y más "libres de dictaduras"), y hoy en día Chile es un ejemplo a seguir, mientras que Cuba es un ejemplo lamentable.

    De todos modos lo que Jaime y la mayoría de quienes opinamos igual que él proponemos, es que se puede seguir el ejemplo chileno sin necesidad de pasar por la etapa de la dictadura, y nos ahorramos el oprobioso récord de violaciones a los derechos humanos.

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  11. Viejo amigo: las opiniones políticas de Paul Johnson tienen poco que ver con los hechos que cuenta. Es la conocida falacia del argumentum ad hominem: no hay un sólo ser humano que no tenga algo en común con el peor criminal. Muy mal por ese lado.

    Pero quedémonos con lo que dice Johnson sobre Franco y Pinochet: ¿hay algo falso o errado? No, el otro prejuicio, el de que Pinochet fue un dictador y un asesino, al igual que Franco. ¿Es que Johnson niega eso? La misma falacia, como no es la fácil proclama de odio al crimen ni de condena al enemigo de los buenos, entonces el autor aplaude los crímenes. ¿Dónde hay siquiera una inexactitud en lo que dice Johnson de Franco y Pinochet?

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  12. viejo amigo1:17 p.m.

    Para Johnson el proceso penal en contra de Pinochet parece ser una ignominia deplorable. Con sarcarsmo se refiere a él cuando afirma que "His reward is to become Britain's first political prisoner since the 18th century, his jailer being the odious Jack Straw." Para Johnson las salvajadas Pinochet y Franco son compensadas completamente por el desempeño económico de su nación durante sus respectivas dictaduras como si no fuera obvio que bajo un régimenes como los instaurados por esos dos monstruos cualquier reactivación económica concebible se puede realizar (de hecho, cualquier sistema económico, por más loco, se puede imponer, o sino pregúntele a Castro). Si el punto es aplaudir el progreso económico y la estabilidad de ambas naciones, entonces aplaudamos también el régimen mixto chino y su ascenso imparable como potencia económica bajo duras violaciones a libertades individuales. ¿No?

    Me parece que alguien que se dice historiador y propone lecturas tan laxas de la historia al referirse a hechos contemporaneos no es una fuente precisamente confiable para entender la misma. Sus comentarios sobre Nixon considerando Watergate como un mal menor comparado al asunto Clinton-Lewinski no son mejor carta de presentación. De todas maneras me parece una referencia más que justa en su caso.

    Lo cierto es que los crímenes de Pinochet y Franco son comparables a los de Mao Tse Dong y Fidel Castro y como iguales merecen ser tratados. Cualquier comentario que pretenda suavizar lo que hicieron denota miopia, ignorancia o cinismo. Y esas son pésimas cualidades para un historiador.

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  13. Un viejo amigo: las opiniones de Johnson sobre el juicio de Pinochet no están en la cita que usted copió. Ciertamente son muy discutibles, pero la idea de si se debe aplaudir el régimen mixto chino hace pensar que usted se aferra a nociones generales que precisamente tienen poco que ver con la historia. Del régimen de la Revolución cultural al actual hay un gran salto, y puede que dentro de unos años se dé una apertura verdadera y se reduzcan aún más los atropellos.

    Lo que pasa con la prosperidad es que es democrática: el país de América Latina en que hay menos miseria es Chile, cosa que estaba legísimos de ocurrir hace unas décadas. Al igual que en España la posibilidad de una sociedad libre pasó por esa construcción de una base económica. No sería el objetivo de Franco, pero fue algo que consiguió su régimen. Los países que cayeron en manos de los comunistas no pueden contar historias parecidas, a pesar de su condición puntera antes de los cataclismos del siglo XX (por ejemplo, Hungría y Bohemia-Moravia).

    Los crímenes de Franco derivan de una guerra civil que de algún modo era inevitable, mientras que a los comunistas chinos nadie les reclama por lo que pasó en la guerra civil, sino por lo que tuvo lugar 20 años después. Castro no tuvo que matar a mucha gente en una guerra civil, y ni siquiera en aplastar cualquier intento de resistencia, pero estableció una esclavitud de la que se niega a sacar a Cuba.

    Pero en fin: lo de Bolívar, Santander y Miranda no son opiniones ni valoraciones, sino hechos, tal vez discutibles, claro.

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  14. Es facil asociar a chavez con las diatribas contra EE. UU. pero en una perspectiva historica resulta mas comprensible la relación EE. UU. - antibolivarismo, aparte de la opinion que se tenga de Chavez. En prueba de ello consultese por ejemplo : Bolivarianismo y Monroismo de Indalecio Lievano Aguirre Bogotá 1969 y su cita de la instrucción del Gobierno de los EE. UU. para boicotear el Congreso anfictionico de Panamá argumentando que "los EE. UU. no tienen amigos sino intereses" , para pensarlo ¿no?.

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  15. Anónimo7:23 p.m.

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