lunes, abril 25, 2016

La verdadera encuesta


Cuando se habla de los periodos históricos pasados es fácil aceptar el criterio predominante entre los periodistas o profesores, que tiende al consenso cuando ya no hay intereses inmediatos que muevan en una u otra dirección. Pero cuando se trata del presente reina la incertidumbre. Gracias al argumento de autoridad, y en últimas al rango social de los promotores del terrorismo, en Colombia parece de lo más lícito estar en el bando de la paz. Baste salir a cualquier otro país para ver que ese bando es sólo el bando del crimen. Lo más próximo es España, pero la comparación sería un escándalo, porque ETA no ha reclutado ni violado niñas, ni ha usado niños bomba, ni ha envenenado el territorio con agroquímicos ni con petróleo... No se puede comparar. Pero en España los únicos que piden que se negocie la paz con ETA son los partidarios de la banda terrorista. Bueno, en Colombia también, la paz es la bandera de los asesinos, pero como son los dueños de los medios de comunicación y del Estado, para mucha gente parece una gran audacia oponérseles.

La historia no está escrita, nadie puede asegurar qué pasará. A lo sumo puede uno tener la certeza de que quien habla de paz y reconciliación miente, porque el presupuesto de esa idea es que alguien agravió a los universitarios que emprendieron la revolución comunista, y que de algún modo las víctimas de los cientos de miles de asesinatos cometidos por los terroristas eran actores de un conflicto legítimo. La mayoría de los colombianos no creen en eso, pero eso no quiere decir que crean lo contrario: es por la esclavitud, el esclavo no cree nada, repite lo que le dicen para no sentir el látigo.

Por fin hay una respuesta popular a la infamia de La Habana, nadie puede a estas alturas no haberse dado cuenta de que todo lo que ha conseguido Santos es resucitar a las bandas terroristas y multiplicar su poder. Es el resultado natural de la legitimación que se ha hecho con ingente gasto del presupuesto en propaganda en los medios y aun con dedicación de los empleados públicos a tareas de propaganda. El fruto real de todo eso lo define con bastante acierto Jaime Bayly en la entrevista al coronel Plazas Vega que podrán ver al final de este post.

A estas alturas no se puede ser indiferente: no rechazar la infamia del régimen es hacerse cómplice de todas las atrocidades terroristas, que se han cometido para llegar a esta situación de completa impunidad y aun licencia para delinquir (con la práctica disolución de la Fuerza Pública por el gobierno, cosa que se comprueba en el "paro armado" del clan Úsuga, claramente convocado para sabotear la marcha del 2 de abril). Si las marchas no son masivas habrá que entender que los colombianos realmente prefieren llegar a tener los sueldos y las libertades de los cubanos, pero en Colombia será mucho peor, será otra Camboya.


(Publicado en el blog País Bizarro el 1 de abril de 2016.)

lunes, abril 18, 2016

Todos a marchar contra el desempleo, o por lo que sea


Sería interesante analizar lo que impidió la firma del acuerdo prometido el 23 de marzo, me atrevo a suponer que en definitiva Obama no se atrevió a promover el indulto a Ricardo Palmera ni la salida de las FARC de la lista de organizaciones terroristas, y que Santos les había prometido a sus socios algún logro en ese sentido. En todo caso no podrían firmar la paz y declarar abiertamente a Colombia un narcoestado reconocido por la DEA. Obviamente no van a dejar esa industria que deja rendimientos fabulosos, seguir negociando es más grato para todos, como una canción de Camilo Sesto que decía "Miénteme, porque sólo así me harás saber que aún nos podemos entender". "Negociemos, porque así tendremos una excusa para seguir en lo que interesa, que es controlar el ejército a punta de purgas, exportar cocaína, expandir la extorsión y someter mediante el terror judicial a quien se oponga." (Supongo que se publicarán explicaciones de más interés, no es propiamente el tema de este post.)

La detención de Santiago Uribe forma parte de ese terror judicial: cualquiera que se atreva a criticar la entrega del país a las FARC puede terminar preso, o viendo encarcelar a su familia con cualquier pretexto. Y como tal es lícito que se convoquen protestas masivas; uno podría lamentar que no ocurriera cuando detuvieron a Arias o a Ramos, o que Uribe y compañía no las hayan convocado para oponerse a la entrega del país al crimen organizado, pero en cualquier caso hay que apoyar la movilización: oponerse a la persecución del hampa judicial es un deber de cualquiera que crea en la democracia, en la ley, en la justicia, en la libertad y en los derechos humanos.

Lo que pasa es que no se convocan manifestaciones contra la detención de Santiago Uribe ni contra las demás persecuciones infames que impone el narcorrégimen, sino que literalmente se invita a quien acuda a buscar los motivos de su descontento. Los uribistas no soportan que se les diga que es una manifestación del uribismo, ni menos que es contra la paz. De eso no debe quedar duda, ellos apoyan la paz y aun quieren una Constituyente con las FARC. Lo curioso es que hasta ahora las marchas y protestas callejeras contra Santos y su paz son de unos pocos cientos de personas porque nunca las convoca Uribe ni los líderes uribistas. ¿Cómo es que cuando sí las convocan tienen vergüenza de hacerlo como tales?

Esa idea de que cada cual encuentre sus motivos de descontento retrata completo al uribismo: lo que se busca en definitiva atraer a gente cuyo problema son las dificultades económicas, fruto de la mala situación en que está el país. ¿Por qué la situación económica se deteriora? Pues porque cayeron los precios de las materias primas que son la mayoría de las exportaciones. ¿Es eso culpa del gobierno de Santos? Resueltamente no, también la situación económica se complicó después de 2008 y sólo a los peores propagandistas se les ocurrió culpar al gobierno de Uribe. Y no es que la gestión económica del gobierno de Santos sea defendible, pero al comienzo de su gobierno los altos precios de las materias primas aseguraban un crecimiento aceptable y no había resistencias.

Pero la gestión económica no es una cuestión que se remedie mediante manifestaciones. Alguna vez leí que unos economistas habían hecho un análisis histórico de la frecuencia de protestas callejeras y demostraron que aumentaban drásticamente cuando había recortes en el gasto público. Es decir, los manifestantes presionan a los gobiernos para que gasten más y por ese motivo son la causa del despilfarro, gracias al cual Europa occidental crece mucho menos que Norteamérica y Asia oriental. Las opciones correctas en la gestión de la economía no son las que pide la calle sino las que determinan los expertos.

Un ejemplo muy preciso de eso es el gobierno de Mariano Rajoy en España: las autoridades económicas internacionales, las agencias de calificación y todo el que entiende el asunto aplaude su gestión de la economía, pero entre los ciudadanos cunde el descontento por las dificultades que han tenido que pasar por efecto de la debilidad de su país. Los demagogos los soliviantan todos los días y de ahí salen muchos millones de expertos en economía y administración pública indignados por la corrupción y con recetas muy precisas para que la situación sea maravillosa. El país a estas alturas es ingobernable, pese a que se había alcanzado que estuviera a la cabeza de Europa occidental en crecimiento económico y creación de empleo. La elección de los ciudadanos destruye una buena gestión y lleva al país a la ruina. Las medidas que podrían generar más empleo no son las que mueven a los manifestantes.

En todo caso, no ocurre nada parecido en Colombia: los que salgan a manifestarse son los descontentos con la persecución y con la entrega del país a los terroristas. Esa clase de personas se identifican con Uribe en parte por el lloriqueo del expresidente y sus amigos (que les hace creer que le hacen oposición al régimen), en parte por la persecución de la propaganda oficial y en parte por identificación con su gobierno. Pero los líderes uribistas tienen exclusivamente interés en explicar que son tan amigos de la paz como Robledo y tan poco uribistas que no protestan por la detención del hermano de Uribe sino por el desempleo.

Esos líderes encauzarán cualquier descontento hacia sus cuentas mezquinas: ¿nadie recuerda los primeros meses del gobierno de Santos con bombas que el régimen y sus medios atribuían descaradamente a la "extrema derecha" mientras se rumoreaba que la cuota de Uribe en el gobierno era Rodrigo Rivera, uno de los líderes del partido de Samper, Serpa y Piedad Córdoba? Ese espíritu nunca se superará,

Pero es una buena cosa que la gente tenga la sensación de que si sale a protestar contra los terroristas no está sola: ojalá se acuerden de OPONERSE A LA INFAMIA DE LA HABANA. Nadie se lo prohíbe, al mismo Uribe y a sus amigos les conviene porque así tendrán más argumentos para corregir y mejorar la negociación, que sólo será perfecta cuando les ofrezcan garantías para sus cuotas de poder e influencia sobre los nombramientos.

(Publicado en el blog País Bizarro el 25 de marzo de 2016.)

domingo, abril 10, 2016

La derecha en Colombia


Sentido móvil
Hablar de "derecha" e "izquierda" es una cosa muy grata para los demagogos y propagandistas. Esas palabras tienen un sentido móvil que les conviene para atraer la adhesión de su público: el programa socialista de la Falange en las dos primeras décadas de la dictadura de Franco era de derecha, un programa casi idéntico en Rumania era de izquierda; la "violencia caballeresca" de los fascistas italianos era de derecha, la "máquina de matar" que a punta de odio construía el Che Guevara era de izquierda, por mucho que fueran ideas idénticas y aun la segunda copia de la primera (todos los ideólogos jesuitas de después de la Segunda Guerra Mundial parecen copiar a Enrico Ferri, el maestro fascista del fascistoide Jorge Eliécer Gaitán); el exterminio de los judíos por los nazis es de derecha, mientras que el de los kulaks (en el fondo otro grupo étnico, tal como la minoría judía en Alemania era una clase social) por los precursores bolcheviques es de izquierda (sin olvidar que hoy en día el odio antisemita es una seña de identidad de la izquierda), etc. Incluso cosas tan emotivas como las emociones "telúricas" del indigenismo y las teorías de resentimiento tipo Galeano proceden de la misma raíz romántica del Blut und Boden nazi.

La causa de los nuestros
No obstante, la izquierda gana partidarios de forma automática entre los jóvenes gracias a la identificación espontánea, tal como ocurre con los nacionalistas: el enemigo es el que no forma parte del "combo", el que cría vacas en regiones remotas o posee tierras o lleva uniforme militar. Cualquiera que parezca sometido a una disciplina distinta al cómodo relajo de los herederos naturales de los cargos públicos. Como no están cerca para explicarse, se les atribuyen todas las perversidades imaginables y la causa de todas las desgracias existentes en el mundo. También estar vendidos a las potencias extranjeras, por mucho que sea exactamente al contrario: tal como ocurre en toda Hispanoamérica, la propaganda comunista es lo que se llama educación, y aceptarla provee títulos, prestigio y rentas.

El partido de la tradición
Si la derecha es el partido de la tradición, como suponen los que usan esas distinciones, la izquierda colombiana sería la primera derecha: defiende los privilegios de los universitarios y los empleados estatales, que dadas las condiciones del país son los mismos. El origen remoto de esos sectores sociales son las castas superiores de la sociedad colonial, lo cual refuerza el aserto anterior. La izquierda colombiana es la más típica derecha. Si se toma por el lado de la desigualdad social, no sólo son claramente el sector acomodado sino que generan desigualdad, como se vio en los años noventa tras la Constitución que implantaron y gobiernos ligados al comunismo como el de Samper. Es verdad que son rotundamente hostiles a los empresarios, pero no porque defiendan valores poscapitalistas sino plenamente precapitalistas: su fundamento ideológico y moral es la mentalidad del castellano viejo, cuyo rasgo principal es la aversión al trabajo. Usando la jerga marxista, la izquierda colombiana es la fuerza que impide el desarrollo de las fuerzas productivas. La industria del secuestro lo confirma, tras destruir a todos los productores eficientes en las ciudades y en el campo, los patricios de siempre reforzaron su poder en un país mucho más atrasado y pobre.

Tradicionalismo oficial
No obstante, hay otra derecha que se describe como tal y que no enmascara los presupuestos jerárquicos de la tradición: son gente que expresa abierta nostalgia por las castas coloniales y que se puede encontrar entre los prosélitos literales de Gómez Dávila o la gente que rodea al procurador Ordóñez. Un rasgo de identidad que la define respecto a la izquierda es la militancia católica, un tanto paradójica cuando la Conferencia Episcopal y el mismo papa son aliados abiertos de los genocidas comunistas. Ya en una ocasión me ocupé de esta gente comentando un escrito de un abogado que se opone a los derechos humanos enarbolando la bandera del "bien común". Esta derecha del Partido Conservador y otros reaccionarios reactivos tiende a menguar porque no tiene nada que ofrecer a las mayorías, aunque gracias al terrorismo comunista sigue encontrando adhesiones.

El bando del Gran Colombiano
La inmensa mayoría de los colombianos mayores de cincuenta años que no disfrutan de rentas públicas tienen una imagen muy favorable de Uribe porque recuerdan el desorden sin fin de los ochenta y los noventa, que terminó con la tortura incesante del Caguán. Incluso la situación relativamente amable del último lustro es un logro de su gobierno, pues sin la extraordinaria ampliación que tuvo la economía y sobre todo la extracción de materias primas durante los ocho años en que gobernó no habría sido posible aprovechar los precios altos de que disfrutó el primer gobierno de Santos. Ese fácil reconocimiento en un líder que remediaba necesidades urgentes y proveía mejoras indiscutibles enmascara la tremenda confusión que en sí lleva: los uribistas pueden ser la típica gente que en Perú acompañaba a Fujimori y en Chile a Pinochet, y a la vez izquierdistas decepcionados por las FARC y sus socios (en un video de propaganda contra el gobierno vi el lema "la salud es un derecho y no un negocio", típica consigna comunista que no molesta a los uribistas. Incluso discutí una vez con uno que defendía a Fidel Castro).

El valor de la "burguesía nacional"
La denuncia del aislamiento colombiano y de la persistencia de la mentalidad colonial con su racismo, sus castas y el parasitismo cómodo de algunos lleva a muchos anticomunistas oficiales a rechazar este blog: les parece muy parecido a la retórica izquierdista y muy tibiamente anticomunista, pero ¡qué maravilla! NINGUNO abre la boca para rechazar las mentiras de José Obdulio Gaviria sobre el MOIR y su creador, Francisco Mosquera. 
... curiosamente, por ejemplo hay sectores de la izquierda como el de Robledo que nunca han estado vinculados al terrorismo y que inclusive fueron críticos del terrorismo siempre. Francisco Mosquera es uno de los adalíes de la lucha antiterrorista y es el fundador del Moir
Mentira que el MOIR nunca estuviera vinculado al terrorismo siendo aliado electoral del Partido Comunista ya en 1974 y miembro fundador del Polo Democrático. ¿Qué es estar vinculado al terrorismo? Las FARC eran abiertamente el brazo armado del Partido Comunista, cuya fuerza derivaba en últimas del dinero soviético y del poder que alcanzaran los asesinos. Pero ¿qué era el MOIR? Antes se llamaba "MOEC" y surgió cuando los comunistas chinos rechazaron el "revisionismo" de Jruschov por adhesión a la ortodoxia de Stalin y por rechazo a la negativa soviética a emprender una guerra nuclear contra Estados Unidos. La palabra mamerto se atribuye ahora a los nombres de pila de algunos dirigentes del PCC, pero en los setenta se consideraba derivada de "mamarse", echarse para atrás ante la urgencia de hacer la revolución. Mientras los "revisionistas" del PCC participaban en las elecciones, los maoístas de Mosquera distribuían el Libro rojo de Mao y hacían propaganda de la Revolución cultural china y de su heredera, la "Kampuchea democrática". Bogotá estaba llena de pintadas alusivas a esa bella ilusión firmadas por el MOIR. Si Mosquera rechazaba el foco guerrillero no era por principios "antiterroristas" sino por cuestiones tácticas, aunque siguiendo la experiencia camboyana sí envió a miles de jóvenes a "descalzarse" al campo para crear la base de la "guerra popular prolongada" con que esperaba hacer la revolución. Eso es el uribismo, confusión moral en torno a un líder que lo mismo lleva a asesinos como Everth Bustamante al Senado que reivindica a politiqueros infames como Juan Lozano.

Jóvenes libertarios
Dado que izquierda y derecha son palabras de significado móvil, conviene recordar que para millones de personas, sobre todo fuera de Colombia, la izquierda es el bando estatista y la derecha el bando antiestatista, el de la reducción al extremo del Estado. Siendo así, los seguidores del liberalismo radical serían típicos derechistas, pero ciertamente a los colombianos que predican esa doctrina no les gustaría que los llamaran así. Bueno, como sociológicamente no existe la base social del liberalismo (salvo en grupos religiosos como los evangélicos), ocurre como cuando organizan bailes en las cárceles y a algunos presos les toca hacer de mujeres. Los "libertarios" colombianos se proclaman equidistantes entre uribistas y santistas: al uribismo le reprochan, con razón, su estatismo, y gracias a esa coartada se sustraen a cualquier resistencia efectiva al premio del crimen, para la que proponen una "paz ciudadana" que no corresponde a la realidad (no que no sean realistas, sino que por sentido práctico se preparan para predicar su ideología irreal con alguna subvención en el mundo que seguirá a la firma de la paz). Cuando se habla del tráfico de drogas replican con la fórmula libertaria (que culpa a los prohibicionistas) que oculta la realidad colombiana de dominio de las bandas criminales.

Más allá de la izquierda y la derecha 


Sobre todo hay que entender que el resto del mundo no es como Colombia y que la primera urgencia del país es la vigencia de la ley y el freno al narcorrégimen que implanta la tiranía de las FARC y convierte al país en otro satélite del narcoimperio cubano. En el largo plazo, no se trata de un enfrentamiento entre abstracciones universales que se disuelven en el ácido local sino de la forma en que una sociedad esclavista se asimila a la democracia moderna. La tiranía de siempre tiene el poder con base en los millones de la cocaína y en el control del presupuesto, pero su única obra es el despilfarro y la creación de pobreza. En ese esfuerzo es necesario un discurso distinto de todos los aquí descritos como "derecha": ciertamente es necesario reducir el gasto público, pero más urgente es crear un Estado legítimo que haga cumplir la ley, es decir, superar el régimen del 91 y aun procesar a los funcionarios que durante estas décadas han delinquido de forma abierta, como el siniestro Montealegre, al que nunca nadie denunció por prevaricato, como correspondía.

Es decir, la clave es la vigencia de los derechos humanos, base de una legalidad que ni es vigente ni se cumple (baste pensar en la exclusión de los militares del voto o en la licencia para matar que admite el engendro del 91 con el nombre de "delito político"). Cualquier distracción doctrinaria que impida la lucha por esa causa, cualquier alianza táctica con los totalitarios, como la del uribismo con Robledo (un compañero de fatigas de Iván Cepeda cuyo proteccionismo lo hace peor que Santos, que al menos consiguió firmar varios tratados de libre comercio), termina siendo funesta.

(Publicado en el blog País Bizarro el 12 de marzo de 2016.)

viernes, abril 01, 2016

No hay de qué sorprenderse


Como señalé en un post de hace pocas semanas, la claudicación del uribismo ante la toma del poder por los terroristas es total, y la reciente aprobación por consenso del régimen de las Zonas de Reserva Campesina lo confirma. Pero es algo que señalo desde 2010 sin que a nadie le parezca que se le debe prestar atención: los colombianos de las grandes ciudades ven la política como una confrontación futbolística y lo menos que se puede esperar de ellos es que sean leales a su equipo. Los hinchas uribistas lo son, no es que aplaudan las mentadas ZRC, pero tampoco muestran AHORA ningún rechazo. Si no están unidos se sienten traidores y casi partidarios del equipo rival.

Esa disposición unánime de los uribistas no obedece sólo a intereses espurios, ni siquiera al servilismo típico asociado a la esclavitud, sino que corresponde a la identidad más profunda del hispanoamericano, que es el español de los siglos XVI XVII exportado al nuevo continente y estancado en los valores de su época y en el confort del saqueo y la esclavitud (exactamente lo contrario del angloamericano, que huía de la persecución religiosa y encontró grandes extensiones vírgenes en las cuales crear su utopía, sin riquezas que saquear ni poblaciones mansas a las cuales esclavizar, y ni siquiera tierras fértiles en la Nueva Inglaterra originaria).

¿Cuáles eran esos valores del español de esos siglos que pobló amplias regiones de América? Los de la Contrarreforma católica, surgida como recuperación de las ideas de la Edad Media en respuesta a la orgía pagana del Renacimiento y a la rebelión de los pueblos de origen germánico que se conoce como Reforma. ¿Qué caracterizaba a la Contrarreforma? La unanimidad a ultranza en torno a la autoridad papal, que se consideraba infalible. ¿Cómo se garantizaba esa unanimidad? Mediante el terror, para lo cual existía el Tribunal del Santo Oficio o Inquisición, que castigaba cualquier disidencia u originalidad. Sin ir más lejos, las dos figuras más importantes del catolicismo español, santa Teresa y san Juan de la Cruz, sufrieron persecuciones.

Esa relación entre la idiosincrasia hispanoamericana y la Contrarreforma la señaló en muchas de sus obras el poeta y ensayista mexicano Octavio Paz, que resumió el asunto con la frase "Somos los hijos de la Contrarreforma" y que encontró en muchas actitudes vigentes el rastro de esa herencia, sobre todo en la imposibilidad de la crítica.

Eso es lo que se puede detectar en la actitud de los uribistas ante la proeza de sus representantes, que pueden lloriquear todo lo que quieran pero al final reconocen la infamia de La Habana prestándose a entregar territorios al crimen organizado. No es concebible la crítica ni el pensamiento independiente, ante eso hay un freno inconsciente poderosísimo, como el que impide la antropofagia o el incesto. ¿A quién se le va a ocurrir poner en cuestión lo que haga Uribe? Seguro que es alguien pagado por Santos, o afiliado a alguna otra candidatura o simplemente de las FARC desinformando. Los mismos que antes de que Uribe llegara a la presidencia se esperanzaban con Carlos Castaño, incluso víctimas de los terroristas, callan sobre las Zonas de Reserva Campesina para no resultar críticos con el Amado Líder infalible por siempre.

Lo rígido para los colombianos no es la ley (de ahí que ningún uribista cuestionara nunca la espléndida ocurrencia de buscar un tercer periodo para el líder, si la ley lo prohíbe, se cambia la ley), ni la ideología (José Obdulio Gaviria anuncia tranquilamente la confluencia con el MOIR, grupo maoísta que forma parte del Polo Democrático y que acompañó la campaña de Clara López a la Alcaldía de Bogotá, y ensalza como líder antiterrorista a Francisco Mosquera, que de haber tenido ocasión habría hecho las de Pol Pot, al que siempre aplaudió). Lo rígido es la adhesión y lealtad a las personas, al caudillo providencial que puede traer la redención, siguiendo una tradición hispanoárabe que también señaló Octavio Paz como rasgo de la idiosincrasia de la región.

A causa de esa idiosincrasia, a pesar del odio que la inmensa mayoría profesa a los terroristas, el perverso plan de Santos no ha tenido respuesta y no la tendrá. El uribismo es una minoría menguante que trata de mejorar la negociación y que bajo la tiranía comunista se acomodará. Ya el cuasi anuncio de una candidatura conjunta con Cambio Radical, uno de los partidos que sostienen a Santos, permite ver lo que ocurrirá. La izquierda perfectamente se podría dividir para forzar algún reconocimiento al nuevo régimen, con Robledo aliado con los uribistas sumado al lloriqueo y a la explotación del descontento, que siempre reinará y encontrará audiencia, en aras también de la cuota de poder de su capilla.

La negociación de La Habana es un crimen y constituye la instauración de una tiranía que traerá mucha sangre y mucho sufrimiento. Todos los que la acompañen, sean "liberales" como Mejía Vergnaud o Daniel Raisbeck o uribistas, forman parte de un mismo bando. ¿Que estamos en absoluta minoría quienes nos oponemos? Efectivamente, pero la idea de la democracia liberal no es natural y sin embargo avanza en la mayor parte del mundo. No la puede representar nadie que no se oponga rotundamente al reino del hampa, pues al admitirlo todos se hacen sus esclavos.

La guerra contra el totalitarismo y en defensa de la ley es una guerra de ideas. Ojalá esas enseñanzas de Octavio Paz sobre la necesidad de la crítica y la raíz contrarreformista de la mentalidad hispanoamericana fueran el fundamento del discurso de quienes queremos hacerle frente a la unanimidad del régimen y sus clases universitarias. La actitud de los uribistas ya los descarta como posibles aliados: son parte de eso que tenemos que combatir.

(Publicado en el blog País Bizarro el 12 de marzo de 2016.)

viernes, marzo 25, 2016

El rastro de la esclavitud


Si se piensa en las causas de que alguien sea como es, resulta inevitable tener en cuenta su pasado. Esto es mucho más claro cuando se trata de una sociedad, porque ese pasado sigue vivo en las formas de vida que se encuentra cada persona nueva y en el lenguaje que aprende. Por eso no se entiende a la Colombia actual sin su origen en la Conquista española y en la sociedad colonial, que duró mucho más tiempo del que lleva la república independiente.

Todo el mundo habrá oído o leído comentarios sobre el contraste entre los territorios americanos conquistados por los británicos y los que cayeron en manos españolas, contraste que en Colombia es aún mayor por el aislamiento y por la ausencia de una nación amerindia hegemónica con cierto grado de desarrollo, como ocurría en México y Perú.

La sociedad neogranadina congeló las tradiciones y los valores castellanos, por eso los rasgos de la Colombia moderna son más castizos que los de otras repúblicas de la región. La esclavitud característica de los indios fue más profunda, dada su dispersión y diversidad, y dado el carácter pacífico de los que habitaban la región central. Esa exclusión y dominación las asimilaron las generaciones posteriores a tal punto que la palabra "indio" es un insulto que no desconcierta a nadie (todos, incluidos obviamente los catedráticos de filología, historia o literatura, dicen "indígena", eufemismo casi tan absurdo como si se dijera "indigente").

Los que hemos vivido mucho tiempo fuera de Colombia detectamos algo diferente en cuanto entramos en relación con colombianos. Por ejemplo, la crueldad, el asombro que nos producen las prisiones colombianas y mucho más la tranquilidad de la gente al saber que sus semejantes viven así, o la misma disposición de la inmensa mayoría de las personas "educadas" a mostrar respeto por los que han secuestrado a bebés y usado niños bomba. La forma de vida de la época colonial pervive en forma de daño moral (Denis Diderot decía que los europeos trasplantados a otras regiones desarrollaban hábitos de indolencia o crueldad que determinarían un daño moral profundo). La tolerancia ante la infamia cotidiana, por ejemplo ante los desmanes de los funcionarios judiciales, dejan ver ese mismo daño moral.

La historia del mundo desde la época de la Conquista española de América ha tomado otro rumbo. En el siglo XVI España era la primera potencia europea y el primer imperio mundial, pero la asociación de sus líderes con el papado ante la división de la Iglesia y su papel como ejecutores de la Contrarreforma determinaron su aislamiento respecto del resto de Europa y en definitiva su retraso respecto de las nuevas corrientes de pensamiento y conocimiento. Todos los avances científicos y tecnológicos importantes, todas las innovaciones estéticas importantes y los enfoques filosóficos de mayor rigor ocurrieron a partir del siglo XVII en otras regiones de Europa, también como resultado del declive del imperio ante el éxito británico.

De tal modo, las sociedades hispánicas heredaron el oscurantismo medieval y la Inquisición, y se acostumbraron a la esclavitud de una parte de la población. Ése es su origen. Pero el resto de Europa avanzó en libertad religiosa, en eficiencia económica y en representación política de tal modo que tuvieron lugar las llamadas revoluciones burguesas, la expansión tecnológica y económica derivada de la máquina de vapor y el ferrocarril en el Reino Unido y la democracia política en las colonias británicas americanas primero y en Francia después. El modelo se hizo hegemónico en Europa a lo largo del siglo XX y la nación surgida de las colonias británicas de la costa oriental de Norteamérica se convirtió en la primera potencia mundial que exporta su cultura al resto del planeta.

La historia de las repúblicas hispanoamericanas es la del lento proceso de asimilación a esa nueva realidad. El surgimiento de alternativas a la democracia liberal moderna es sólo resistencia de los grupos sociales privilegiados, es decir, de los que tradicionalmente se han beneficiado de la situación de relativa esclavitud de la mayoría. Las guerrillas y la izquierda comunista no son "revolucionarias" en el sentido de que quieran cambiar ese orden, sino propiamente reaccionarias, pues su interés es preservarlo en forma de rentas fabulosas y parasitarias y de dominio político a favor de la minoría heredera de las castas de siempre, como explicamos ampliamente en el video La paz es un crimen colectivo. La vieja encomienda opera a través de los sueldos públicos tal como la extorsión terrorista opera a través de la negociación de paz.

Los enfoques ideológicos tradicionalistas que pretenden redimir al país de la injerencia comunista conservando el viejo orden sólo son un malentendido. La sociedad tradicional desapareció porque el mundo se americanizó, la defensa de un orden viejo en el que las personas de alcurnia no tienen que trabajar y el tener varias criadas se da por sobreentendido requieren la retórica comunista y la violencia criminal que garantice la inanidad de cualquier ley. La mente diabólica de Karl Marx no habría tenido posibilidades en sociedades que no fueran esclavistas (aunque en realidad "mente diabólica" es una forma de hablar: esos anticomunistas sencillamente han visto en Marx la encarnación del demonio, sin cuya tentación el paraíso que añoran seguiría siendo perfecto).

Claro que el pasado no se puede juzgar presuponiendo las condiciones de nuestra época, ni menos se va a cambiar, ni tiene nadie por qué cargarse culpas de otros. Sencillamente, por profunda o valiosa que sea cada experiencia personal, nada se libra de corresponder de algún modo a ese ciclo histórico de asimilación de las regiones periféricas a la cultura hegemónica. Nadie se libra de tener una actitud u otra respecto de la esclavitud o del parasitismo de las castas dueñas del país desde su fundación, o respecto de la sociedad jerárquica que siempre ha imperado y que resiste, como expliqué antes, a través de los sindicatos y guerrillas comunistas (son lo mismo, pero no lo pueden ver quienes clasifican a las personas por el estilo de su calzado).

La misma idea de la paz expresa esa persistencia de la esclavitud. El que prefiera la paz a la libertad, a la justicia y al imperio de la ley no es un hombre libre, y por eso la corrupción del lenguaje que lleva a cabo la propaganda del narcorrégimen se le vuelve en contra: si la paz significa que los crímenes quedan impunes, la paz es la renuncia a la ley y el triunfo de quienes la violan; si significa que los representantes populares elegidos libremente no son suficientes para gobernar, la paz es la abolición de la democracia, pues ya lo que impera es el poder de los asesinos; si significa que quienes han hecho estallar niños bomba y cometido cientos de miles de atrocidades semejantes pasarán a tener poder, la paz es la renuncia a la justicia.

¿Cómo pueden las personas libres desear la paz que no fuera el fruto de la justicia, de la vigencia de la ley y de la igualdad de derechos políticos? No pueden, pero los que han corrompido su alma con la esclavitud  o son esclavos no le ven problema. ¡Es tan respetable el anhelo de paz! Y no debería creerse que ese pacifismo es minoritario, por el contrario, define a Colombia. Si no fuera algo obvio, algo que todos defienden tampoco habría bandas terroristas.

Esa oferta de paz no es ninguna novedad ni tiene nada de particular: la humanidad siempre la ha tenido y su propia condición es la resistencia a aceptarla. A los antiguos griegos y romanos el encanto de la paz les habría resultado aún más repugnante que la idea de un dios crucificado. Lo que se honraba era la guerra, a tal punto que muchos nombres actuales derivan de Marte, el dios que la representaba. Las modernas naciones europeas surgen de la poesía épica que canta las hazañas guerreras de sus héroes, sea el Cantar de Roldán o el Cantar de Mio Cid. Las mismas repúblicas hispanoamericanas surgen de las guerras de Independencia y honran a quienes la emprendieron. La idea de brindar reconocimiento a los peores asesinos y premiar sus hazañas en aras de paz sería el nombre mismo de la indignidad para cualquier persona no colombiana que lo pensara.

De modo que no tiene sentido lamentar que la paz de Santos no sea la verdadera paz: en un barco negrero el capitán espera que haya paz. Los negros también. A punta de paz se implanta el orden en el que los marcarán con fuego y los venderán. Los colombianos tienen que saber que el precio de la libertad, de la justicia, del orden, de la democracia y de la prosperidad es la paz, porque ninguno dice "paz" con el sentido de "victoria de la ley", por mucho que lloriqueen por lo que hace Santos. Quien no exige justicia ni libertad ya se ha sometido.





(Publicado en el blog País Bizarro el 4 de marzo de 2016.)

jueves, marzo 17, 2016

Escrito en forma de tuits

Enlazo algunos textos publicados en Twitter que en mi autocomplaciente opinión merecen alguna atención. Perdón por el "ladrillo" que resulta.

Para qué la paz y cómo se reclutan pacifistas:
La abominable mentira de la guerra y la paz tiene anclaje en la mentalidad mayoritaria:
La educación perpetúa la dominación:
La vil falacia de la paz sin impunidad:
La paz no necesita mejoradores:

(Publicado en el blog País Bizarro el 25 de febrero de 2015.)

miércoles, marzo 09, 2016

Lo que viene ahora en Colombia


La larga negociación de paz tenía por objeto permitir a los terroristas retornar a todas las regiones de las que habían sido expulsados, recuperar y ampliar sus negocios criminales, expandir el control de la mafia totalitaria sobre el conjunto del Estado y aun asegurarle un segundo periodo a Juan Manuel Santos. Pero, sobre todo, ir acostumbrando a punta de propaganda al país a una realidad que habría sonado a chiste en 2010: que el poder fáctico, real, es la banda terrorista y sus frentes en la función pública. Decir "la banda terrorista" mueve a engaño, porque sirve para atribuir a unas siglas específicas lo que hace una organización mucho mayor, como si alguien culpara sólo a las SS, a las que no pertenecía Hitler, de todos los crímenes nazis. La izquierda, disciplinada en torno a las bandas armadas y en la cúspide controlada por el clan López-Santos-Samper, será la dueña absoluta del país gracias a la paz, y para el régimen cubano será el reemplazo apropiado a la Argentina, que podrían perder para mucho tiempo si Macri acierta a redimirla. No se debe olvidar que hoy en día la economía colombiana es mayor que la argentina.

No se entiende nada si se sigue pensando que la negociación puede tener otro sentido: el problema del secuestrador es tener al rehén, cuando ya lo tiene porque las víctimas cedieron a la primera amenaza, ya su negocio es prácticamente seguro. El poder de los terroristas y aun su actividad son sólo el efecto de la disposición de los colombianos a renunciar a la ley. Alguien que vive en tierra caliente y no limpia la cocina no puede quejarse de encontrar cucarachas.

Luego, el éxito rotundo de los terroristas no es mérito suyo sino el fruto natural de la indolencia de los colombianos, que no pudieron resistir la tentación de tomar el atajo de reconciliarse con sus superiores sociales en nombre de otros y olvidar todo lo que sufrieron otros. En todo caso, los más próximos al poder político seguirán disfrutando de lujos y rentas ociosas, los que conocerán el hambre serán los mismos esclavos de siempre y los que se vean reducidos a la miseria habiendo conocido cierto bienestar en la mayoría de los casos se lo merecen, pues tener un país decente sin hacer valer ninguna ley ni resistirse a un gobierno criminal es como pretender vivir sin tener que trabajar.

A estas alturas yo podría apostar a que no habrá plebiscito, y me produce cierta curiosidad la candidez de la gente que cree que Santos quiere hacerlo. Más o menos como quería la segunda reelección de Uribe. Tímidamente abrió una página web que se llamaba sinoesuribeesjuanmanuelsantos. Ahora intenta cumplir su promesa de refrendar los acuerdos, pero no puede impedir que la Corte Constitucional tumbe el decreto. La verdad es que el deterioro económico que siente la gente será insoportable en cuestión de semanas, baste pensar en la crisis mundial de estos días, ¿para qué va a arriesgarse Santos a que toda su componenda quede deslegitimada por una votación de descontento? Ni siquiera para humillar al uribismo, que teme que realmente llegue ese plebiscito y tenga que pedir el voto por el SÍ y recibir el desprecio de mucha gente, o pedir el voto por el NO y arriesgarse a que muchos de sus dirigentes, empezando por Uribe, vayan a la cárcel, pues el objetivo de la persecución es forzar esa adhesión a la paz. Para salvar una parte de la cuota de poder que quedaba en 2014 es imprescindible mantener el lloriqueo, así se podría conservar la simpatía de la gente más desinformada.

La muestra más palpable de la claudicación total del uribismo es el artículo que publicó Juan Lozano el lunes 8 de febrero, sobre el que ningún uribista dice nada, salvo Uribe, que lo ayuda a divulgar. Es un texto de valor histórico, una muestra de la indigencia moral inconcebible de los colombianos. Si éstos son la supuesta oposición, inspiran más desprecio que los propios criminales. Hay párrafos que resulta irresistible citar.
[Sobre el decreto que convoca el plebiscito]
No era fácil compendiar en un solo instrumento la violación del acuerdo marco con las Farc, el desconocimiento de la dinámica de las conversaciones en Cuba, la vulneración de los mandatos de la Constitución y la multiplicación de todos los riesgos políticos, pero estos próceres modernos lo lograron de un solo plumazo y dos pupitrazos, después de amañar umbrales, violar procedimientos, untar de ‘mermelada’ los textos constitucionales y pretender pasarse por la faja garantías políticas fundamentales.
Toda la descalificación que dirige a los que aprobaron el plebiscito se basa en la defensa del acuerdo marco con las FARC y la dinámica de las conversaciones en Cuba. ¿Aprueba el lector ese acuerdo marco y esas conversaciones? Si es uribista dirá que sí y a la vez que no. Si es un uribista que recibe dinero de la política o del periodismo, lo hará para engañar. Si no, lo hará por el placer de ser engañado. Lloriquean porque esas conversaciones tengan lugar pero cuando les dicen que el gobierno les está quedando mal a las FARC preguntándoles a ellos si aprueban las negociaciones, dicen que es muy indignante lo que hace el gobierno y que ellos en realidad no quieren opinar ni quieren que se quede mal con las FARC. Al lado del servilismo de esta gente, toda la corrupción y toda la maldad del mundo son cosas respetables.
El argumento es tan elemental como contundente: el acuerdo marco firmado por el Gobierno y las Farc es contundente en que el mecanismo de refrendación de los acuerdos será adoptado de común acuerdo entre las partes. La consecuencia es clara: las Farc no aceptan el plebiscito que surge como imposición unilateral del Gobierno, aplastando en el Congreso sus advertencias reiteradas de que no lo aceptarían. Así la Corte, en una pirueta de alquimia jurídica, lo dejara vivo con mutaciones, mutilaciones, modificaciones o adiciones, las Farc no aceptarían el plebiscito.
Las FARC no están de acuerdo con el plebiscito y como el acuerdo marco señala que la refrendación será de común acuerdo, pues se está faltando al acuerdo marco y por eso sale el valedor de las FARC a explicar que por eso está mal que la gente pueda opinar sobre si se premia el genocidio. ¡Eso no se hace, no fue lo que se acordó con las FARC! Ningún valedor oficial de las FARC llega a ese nivel de bajeza. Hace falta el pueblo uribista, la gente servil e indigna que espera que un salvador opine por ella para que algo así prospere. 
[...] 
Y mientras esto ocurre con el plebiscito, en cambio, la constituyente cada día gana más adeptos desde todos los sectores del espectro político, y se va perfilando como la única opción verdaderamente viable si pretenden lograr el acuerdo nacional que requiere el proceso de paz para su perdurabilidad en el tiempo, su blindaje jurídico y su legitimidad ante la ciudadanía.
La constituyente que las FARC piden cada día gana más adeptos ¡desde todos los sectores del espectro político! Los votantes uribistas son gente que supuestamente condena a las FARC, pero casualmente sus dirigentes son uno de los sectores del espectro político que apoyan la propuesta de la banda y rechazan la refrendación directa por los ciudadanos. Todo porque defienden el acuerdo marco, ¿se acuerdan? El acuerdo nacional que requiere el proceso de paz, cuyos defensores más coherentes son los uribistas, requiere una Constituyente, como piden las FARC, y no una refrendación popular. Así ese acuerdo tendrá blindaje jurídico y nadie lo podrá cuestionar.
Subsiste, claro está, una larguísima lista de preguntas por resolver. ¿Cuándo se tendría que convocar? ¿Con qué alcance y temario? ¿Cómo se integraría? ¿Sería una constituyente estamentaria o no? ¿Habría un número de cupos mínimos garantizados para las Farc? ¿Sería un mecanismo único o estaría acompañada de otras formas previas de participación ciudadana? ¿Para su elección se aplicarían las mismas normas que hoy rigen la vida de los partidos políticos, o se desarrollaría una normativa especial que estimule la participación ciudadana y la presencia de nuevas expresiones sociales?
La querella con el gobierno la resuelve el uribismo tomando la vocería de las FARC. Si al menos quisieran fingir un poco protestarían por la idea de entregar cupos a las FARC, pues eso sería la abolición del último vestigio de democracia, pero es cosa que hay que discutir. Pero la frase final es más luminosa porque es directamente la expresión de las FARC. "La participación ciudadana y la presencia de nuevas expresiones sociales" es la fórmula eufemística para aludir al Trust Münzenberg, que es la maraña de organizaciones que inventó el comunista alemán Willi Münzenberg para multiplicar el impacto del activismo partidista: asociaciones de todo tipo que reemplazan a la comunidad y son simples máscaras del partido. En Colombia se conoce mucho de eso, las asociaciones de víctimas, de mujeres, de "negritudes", de indios, de estudiantes, de LGBTI, de animalistas, etc., así como las ONG de paz, de Derechos Humanos, de protección ambiental, etc., son lo mismo, además de pretextos para explotar la financiación exterior de la causa y las subvenciones estatales.

De modo que la supuesta oposición a Santos dice que hace falta discutir cómo será esa Constituyente, sin rechazar de plano la idea de que haya métodos de elección de los asambleístas distintos a los que salgan de las urnas. Ésa es la intención de las FARC, salvarse de la refrendación porque son impopulares y conseguir representar a la sociedad a través de entidades ficticias. No ya es que los uribistas defiendan la Constitución de 1991, que pudieron cambiar pero sólo lo hicieron para permitir la reelección, sino que están dispuestos a darles a los terroristas la que piden. Verdaderamente están en el mismo lado que las FARC. Este artículo los pone más cerca que el mismo gobierno.
Sobre cada uno de estos aspectos podría abrirse un debate fructífero. Cerrarse a la posibilidad de una constituyente es tan necio como cerrarse a la posibilidad de que el Gobierno y las Farc puedan firmar en Cuba. Que el trámite puede resultar dispendioso es cierto. Pero es inevitable. Si abandonaron la idea del referendo, solo una constituyente podría evitar la interinidad institucional y el caos en la implementación que se puede derivar de los acuerdos de Cuba, aun si fueran sometidos a algún tipo de consulta.
Lo que el gobierno y las FARC puedan firmar en Cuba es ilegal y un crimen en toda regla y no puede haber democracia en Colombia mientras no sea derogado y mientras no se lo considere una tragedia. El núcleo de esa negociación, aquello para lo que existe, lo que figura claramente en los acuerdos publicados, es la legitimación de los crímenes terroristas, para lo que nombraron una Comisión Histórica. Las nuevas leyes saldrían fundadas en una mentira y el horror mismo sería la fuente del derecho. Los necios exigiremos a cualquier candidato que se presente que PROCLAME QUE NO ACATARÁ LO ACORDADO Y BUSCARÁ DEROGARLO.

Los necios estaremos en otro lado. El señor Uribe y su séquito estarán en el lado de las FARC.
Por eso, con todo respeto, lo que propongo es que se concentren esfuerzos para diseñar la mejor asamblea constituyente, en vez de seguir profundizando la cadena de errores asociados con el dañino plebiscito.
Lo "dañino" del plebiscito es que, dado que defienden los resultados de la negociación, como queda establecido, tendrían que pedir el sí, y puede que aun así perdieran junto con Santos y las FARC. Porque si hubiera plebiscito (y no lo habrá), las FARC tendrían que pedir también el sí.

No hay ninguna resistencia a la implantación de un régimen como los de Venezuela, Ecuador y Bolivia. Uribe y su séquito aspiran a seguir explotando el lloriqueo, buscando votos de la gente que desaprueba a las FARC para acomodarse y conservar sus curules, rentas y cuotas burocráticas. La oposición a la república en la que los terroristas tienen el poder aún más asegurado que ahora debe empezar por hacer a un lado a esta gente. Debe ser pura cosa de "necios", no les quepa duda.

(Publicado en el blog País Bizarro el 11 de febrero de 2016.)

miércoles, marzo 02, 2016

¿Quién orienta a Colombia?


Alexander von Humboldt viajó por la América española a finales del siglo XVIII y quedó impresionado por el esplendor de las ciudades, cuyo nivel de vida poco tenía que envidiar al de las capitales europeas (que, sobre todo en Alemania, no eran muy grandes). Si se pensara en el resto del planeta, empezando por Norteamérica y siguiendo por Asia oriental, la América española resultaría una región especialmente afortunada.

Unas décadas después, Alexis de Tocqueville señaló en La democracia en América que la prosperidad que empezaba a notarse en Estados Unidos no obedecía sólo a la abundancia de recursos para una población relativamente escasa, porque de otro modo las repúblicas hispanoamericanas no serían miserables, ya que tenían un acceso más rápido a riquezas mucho mayores. Las guerras napoleónicas habían permitido un gran avance de la nación que no participó en ellas (la nueva república angloamericana) y un empobrecimiento de las que sí participaron (la independencia de las colonias españolas en América fue parte de esas guerras).

Al cabo de casi dos siglos de vida independiente, las antiguas colonias españolas siguen siendo regiones atrasadas y desordenadas mientras que las más diversas regiones prosperan, en las últimas décadas sobre todo las de Extremo Oriente. ¿Por qué ocurre eso?

El que haya leído este blog antes ya estará acostumbrado a la mención de la herencia del esclavismo y la mentalidad parasitaria de las castas superiores de la sociedad colonial. Para reforzar esa idea voy a citar unos tuits del escritor español Ignacio Ruiz Quintano:
También en España el clero pasó del catecismo al leninismo sin que su vocación parasitaria cambiara un ápice; en los países del norte de Europa la Reforma y en Francia la Ilustración permitieron superar la hegemonía de ese gremio. Las noticias recientes sobre los restos de Camilo Torres Restrepo traen a la actualidad esa vieja afinidad sociológica.

El núcleo de la cuestión es la resistencia de los grupos dominantes a la asimilación al mundo moderno, de ahí la adhesión leninista (cosa por lo demás común a toda Hispanoamérica). Por eso esos grupos aprueban todo lo que amenace la hegemonía mundial de los países anglosajones y sus valores de libertad y prosperidad. En los años sesenta los universitarios (que eran la quintaesencia de las clases altas pues la mitad de la población era analfabeta) eran mayoritariamente guevaristas, y si el nivel cultural les alcanzaba se unían a las huestes de admiradores de Sartre, Marcuse y los demás antiliberales europeos.

Una de las cosas más divertidas de Colombia es la disposición generalizada a atribuir inocencia al mundo "académico", que siempre vive descontento con el orden existente y su corrupción, como si los políticos corruptos no fueran simplemente los egresados exitosos. ¿Hay alguna relación entre la ideología universitaria y la cleptocracia? Sin la menor duda: el corrupto desprecia las instituciones y leyes a las que debería servir porque la "educación" le inculca ese desprecio. Condenado a servir a un amo al que desprecia, lo menos que puede hacer es velar por la caridad, que empieza por uno mismo.

Volviendo a la cuestión de la ideología, y del título de este post, es muy llamativo que el gobierno de Santos llevara como asesor al español Baltasar Garzón, un juez condenado como prevaricador por sus superiores. En lugar de buscar la asimilación con los países más avanzados, se busca la identificación con quienes los combaten. Del mismo orden son las invitaciones a economistas de izquierda al Hay Festival, habrá que saber con cuánta inversión.

¿Qué van a decir Piketty y Stiglitz? Que el capitalismo es una gran fuente de desigualdad, muy en la línea de la propaganda del gobierno y de ese viejo recurso de halagar a los perdedores hasta convertir el esfuerzo y el acierto en culpas. La desigualdad ha aumentado en las últimas décadas si se comparan los ingresos de los más pobres con los de los más ricos en los países avanzados. Si se comparan los ingresos de los chinos, indios y africanos con los del promedio de los europeos y estadounidenses, se ha reducido tremendamente. ¿Se han empobrecido los pobres de los países ricos? En absoluto, basta con que cualquiera mire cuál era el PIB per cápita hace treinta años y lo compare con el actual. ¿Ha causado el enriquecimiento de Bill Gates o Zuckerberg el empobrecimiento de alguien? En absoluto, al contrario, miles de millones de personas en todo el mundo han prosperado notablemente gracias a las nuevas tecnologías y al libre movimiento de capitales...

El fondo de la condena de la desigualdad es el viejo impulso del saqueo, que anida en el fondo de la mentalidad hispánica, sobre todo en Hispanoamérica, no es raro que el 9 de abril de 1948 la chusma corriera en Bogotá a saquear las tiendas de judíos y libaneses, ni que Nicolás Maduro ganara unas elecciones prometiendo el saqueo legal de los comerciantes libaneses. Parte de la suposición de que la riqueza es la misma siempre y si alguien obtiene algo es porque se lo quitó al que no tiene nada, cosa que curiosamente es lo que hacen los ricos colombianos que invitan a Piketty y Stiglitz, que ciertamente no inventan ni producen nada, aparte de monsergas para alentar el crimen y lucrarse de él.

Pero no es sólo ese despojo, es la misma idea de la desigualdad: un profesor universitario colombiano se gana el sueldo de unas 15 personas normales (dado que la mayoría de la población gana el salario mínimo y a menudo menos) por recitar a Marta Harnecker y citar a Piketty y Stiglitz. La causa de la desigualdad es la lucha contra la desigualdad, en la que se proveen recursos millonarios a parásitos que se enriquecen copiosamente sin aportar nada. Como ya he señalado muchas veces, la multiplicación del gasto público (por 19, que se dice pronto) y el aumento del gasto en universidades durante los años noventa condujeron a un aumento en diez puntos en el coeficiente de Gini.

En Colombia se debería pensar en favorecer la creación de empresas y el empleo y no en corregir la desigualdad despojando al que produce para enriquecer al redistribuidor. Eso corresponde a una mentalidad extraña a la tradición del país, pero es la que define el desarrollo de los países, de lo que se han visto ejemplos formidables en las últimas décadas en Asia oriental. Pero por eso mismo necesita oponerse a los ideólogos anticapitalistas y socialistas, que sólo sirven de coartada a los parásitos dominantes, de fuente de buena conciencia y de increíble pretexto para enriquecerse a los mismos descendientes de la casta que oprime y despoja a los ciudadanos desde antes de que se fundara la república.

ACLARACIÓN (06-02-2016): Alguien en Twitter me señaló que Piketty incluye a Gates y Zuckerberg en un elenco de millonarios productivos, lo cual se opone a lo dicho en el post. En ninguna parte he querido dar a entender que he leído los libros de Piketty, no lo he hecho y por eso hago una suposición que resulta errada. Al parecer, el economista francés que propone impuestos altos a la riqueza condena a los especuladores. La cuestión de si la inversión es una manera de despojo a alguien queda para otra ocasión: puede que el codicioso que invierte en empresas de nuevas tecnologías contribuya a la generación de riqueza más que los ingenieros e inventores, tal como siempre ha ocurrido con el comerciante, que no inventa nada pero propaga los inventos y sus beneficios de un modo que debería generar más gratitud que el mismo hecho de desarrollarlos.

(Publicado en el blog País Bizarro el 5 de febrero de 2016.)

miércoles, febrero 24, 2016

Montesquieu ha muerto, Weber no


División de poderes

La expresión "Montesquieu ha muerto" se atribuye al político socialista español Alfonso Guerra, que niega haberla pronunciado. Sea como fuere, es muy precisa para explicar lo que ha ocurrido en casi toda Iberoamérica con los regímenes totalitarios que se implantaron a partir del triunfo de Hugo Chávez en 1998. El aristócrata francés planteó la separación de las ramas del poder público y las tiranías actuales la anularon, el poder judicial es sólo un servicio del poder ejecutivo, que a su vez pertenece al partido hegemónico que obedece al dictador de turno y a la casa matriz de La Habana. No imparte justicia sino que ejerce persecuciones que ordena el tirano de turno, a la mejor manera de los regímenes soviético y nazi.

No hay día en que no aparezcan pruebas fehacientes de eso. La más atroz es la persecución sistemática de toda clase de oposición en Colombia y Venezuela, hoy mismo con el auto de enjuiciamiento de Luis Alfonso Hoyos con base en montajes que habrían avergonzado a Yézhov. Eso ha ocurrido con todos los políticos que podrían haber sido rivales para Santos, y ocurría desde mucho antes de que fuera candidato: no es raro que la revista Semana, dirigida por el sobrino del actual presidente, fuera la que iniciara la persecución contra el coronel Plazas Vega, que podría haber atraído a un electorado conservador en 2010. El extremo de perversidad de ese contubernio tiránico fue la condena a 17 años a Andrés Felipe Arias por un delito inexistente, aunque lo del hacker se le acerca.

Pero ocurre lo mismo en todo el narcoimperio: la casación del juicio contra Plazas Vega tardó más de un año en aprobarse gracias a una oportuna decisión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, conformada mayoritariamente por los organismos judiciales de los países afines al chavismo. Ese mismo organismo se atrevió a imponer a la prevaricadora Ángela María Buitrago como "experta" para investigar la masacre de Iguala en México: a todas luces para proteger la industria de la cocaína, cuyo centro rector viene a estar en La Habana.

Estado y sociedad
Algún diccionario define el Estado como la sociedad organizada, pero más bien se podría decir que es el agente organizador de la sociedad, y en su origen siempre obedece a un grupo minoritario que se impone por su superioridad militar. Según las circunstancias, el dominio de la clase que vive del Estado, con frecuencia formada por los descendientes del grupo creador, puede constituir una verdadera opresión para la mayoría, como es el caso de las sociedades hispanoamericanas tradicionales, marcadas por la esclavitud. No muy diferente es el imperio ruso, también formado a partir de un "núcleo irradiador" que fue expandiéndose y "aculturando" a infinidad de pueblos primitivos que habitaban bajo el dominio mongol. Los individuos de esos grupos sometidos serían los siervos, cuya condición apenas se abolió formalmente  en 1861.

En Europa occidental y en Norteamérica se dio el ascenso de grupos sociales ajenos al Estado, lo que define al liberalismo y la sociedad capitalista que generó. La democracia moderna, que aparte del nombre tiene poco que ver con la de la Antigüedad, se basa en el equilibrio entre nociones cristianas de igualdad y tradiciones germánicas de autonomía de los individuos, que genera a la vez la noción de que es necesario limitar el poder del Estado. El liberalismo fue al principio resistencia al absolutismo.

Pero en la periferia conquistada nunca se creó una clase como la burguesía y la fuente de cualquier poder era y es la relación con el poder político, al tiempo que la clase funcionarial no encuentra contrapeso en la sociedad (la mayoría de la cual no tiene derechos efectivos) ni ve necesidad ni sentido de someterse a una ley que está por encima de la autoridad físicamente eficiente. De ahí la incapacidad de asimilar la división de poderes del constitucionalismo liberal de que se hablaba en el apartado anterior.

Burguesía y burocracia
El fundamento del Manifiesto comunista de 1848 es la idea del predominio de la clase burguesa en la sociedad. Esa clase de propietarios industriales y comerciantes había desplazado a la antigua aristocracia, que era la clase de los funcionarios relacionados con la corona o con señoríos cuya principal misión era el control territorial. Para la época de Max Weber (1864-1920) se hacía evidente que a esa clase la reemplazaría la burocracia: los administradores que multiplicarían la eficiencia de las organizaciones productivas privadas y se harían más poderosos que sus propietarios, como de hecho ocurre, y la clase de los funcionarios, cuyo peso en la sociedad aumenta a medida que las funciones del Estado se ensanchan.

De modo que los negocios agrícolas, industriales o comerciales no son la principal fuente de ingresos de la gente acomodada, sobre todo en los países que exportan sólo materias primas, sino los salarios, los incentivos atípicos, los contratos y otras formas de lucro relacionadas con el Estado. De ahí que la ideología de esas clases tienda a la expansión del tamaño del Estado (gasto público) y a recursos demagógicos para justificarla. Esto hace que la teoría de la lucha de clases en que los "desposeídos", "obreros", "proletarios", etc. son obviamente partidarios del socialismo sea sólo un recurso de esa demagogia. El conjunto de contribuyentes provee recursos a los usufructuarios del Estado, entre los que destacan los de origen patricio.

Ciertos hechos recientes pueden ayudar a despejar esa aparente paradoja: la confluencia de la extrema izquierda anticapitalista con el partido tradicional de la casta dominante en Cataluña se entiende como un acuerdo "contra natura", pero no lo es si se piensa que esa casta se propone conservar el control del gobierno regional y con ese fin podría incluso aplicar el programa ruinoso de la CUP. A ningún socialista se le ocurre reducir los ingresos de los funcionarios, y la prosperidad inaudita de la familia Chávez, por poner un ejemplo, lo demuestra. Lo mismo ocurre con el partido Podemos, cuyo "núcleo irradiador" es una camarilla de jóvenes de familias ricas que descubrieron el filón de la fiebre bolivariana y se lanzaron a conquistar el cielo armados con sus frases leninistas. El hecho de que todas las universidades colombianas a que acuden los jóvenes de la clase alta impartan doctrina marxista forma parte de la misma corriente: el socialismo no es la redención de los humildes sino la continuidad de la dominación de los dueños de esclavos de los siglos anteriores.

El comunismo en Hispanoamérica siempre tuvo ese sentido, lo mismo en los que dirigieron la Revolución cubana que en todos los grupos que los emularon en todos los demás países. Las ambiciones de esos grupos no dieron resultado hasta el final de la Guerra Fría por la presión estadounidense, no por la resistencia de las burocracias, castas u oligarquías no comunistas.

La dominación de la burocracia es más rotunda en nuestros países, donde no existe verdadera industria ni menos verdadera invención y por eso los recursos están sobre todo en manos del Estado. Sobre esa cuestión de la falta de futuro de la región escribí hace poco un post. También tiene relación con lo anterior otro que escribí sobre la fatal sumisión de los políticos de todos los bandos.

Técnica del golpe de Estado
Ése era el título de un ensayo del italiano Curzio Malaparte publicado en 1931 en el que aludía a Hitler y Mussolini. Pero la verdadera técnica la desarrollaron antes en Rusia los bolcheviques. A partir de 1917 la "exportación de la revolución" comportó la formación de "cuadros" capaces de organizar conspiraciones en cualquier país y el uso de los recursos del país más extenso de la Tierra para la promoción de revueltas. A su vez, en el interior del país se pusieron en práctica todos los recursos de propaganda y terror que permitirían el control absoluto del territorio, la población y la economía. 



Esa tecnología, incluida la demagogia que encauza el resentimiento y la ambición de los jóvenes, sigue siendo la más eficaz para todos los dictadores y para todas las castas que quieran asegurar el control de las naciones. Y si se le suma la provisión de recursos desde la casa matriz cubana, termina haciéndose prácticamente invencible. El próximo gobierno español estará sometido a los Castro como la mayoría de los gobiernos sudamericanos, y los grupos sociales acomodados se integrarán en él por mucho que el PIB baje drásticamente: en definitiva el orden atávico incluye un clero que administra y persuade, que ahora lo formarán los periodistas, filólogos, psicólogos, sociólogos, politólogos y demás sabios que produce la universidad, porque a fin de cuentas Hispanoamérica es como es por la experiencia de su antepasada. Lo mismo ocurrirá en Colombia, por mucho que sueñen otra cosa los que siguen esperando elegir otra vez a Uribe.

(Publicado en el blog País Bizarro el 29 de enero de 2016.)

jueves, febrero 18, 2016

La profesión política


Origen y naturaleza del Estado

Todos los Estados surgieron como organización de la dominación de un grupo humano por otro y ese principio persiste mucho después de que los grupos originarios se han disuelto, aunque el proceso de disolución puede durar muchos siglos. En la medida en que cesa toda resistencia, el Estado amplía sus funciones, sobre todo como aparato que provee seguridad a todos los ciudadanos y hace cumplir leyes, de las que cada vez hay más y cada vez afectan a más aspectos de la vida de la gente.

Legitimidad

Todo orden político vive expuesto a la amenaza de desaparición por sucumbir ante un poder exterior o por una revuelta dentro del territorio que controla. Para impedirlo es necesario que cuente con el reconocimiento de la mayoría de los pobladores, de modo que ninguna revuelta pueda triunfar. La violencia es la forma básica de legitimidad, pero es insuficiente si hay una mayoría de opinión en contra, por lo que surgen diversas formas de persuasión y a la larga de representación, de modo que de algún modo los ciudadanos pueden tomar parte en las decisiones que los afectan.

Democracia
Pero eso no quiere decir que haya un "gobierno del pueblo", porque ¿qué es el pueblo? ¿Y cómo haría para gobernar? En todas las sociedades domina una "minoría rectora", que es la que define sus rasgos y su destino. El conjunto de los miembros de la sociedad es demasiado disperso y distraído para dirigir nada y normalmente se acomoda a las propuestas de la minoría rectora. En las sociedades más desarrolladas la legitimación mediante el voto comporta un acceso más completo a la información, mayor responsabilidad de sectores amplios de la sociedad y hegemonía de valores como la verdad, el bien común, el respeto a la ley y la libertad individual.

Funcionarios
Pero más allá de la legitimidad que tenga el Estado y de las funciones que cumpla, la primera de las cuales siempre es su propia continuidad, hay una facción de la sociedad cuyo medio de vida es el Estado y que por ese motivo tiene intereses comunes: los altos cargos se suelen repartir entre las castas poderosas de siempre, que a veces cooptan individuos talentosos o ambiciosos de otros medios, mientras que los cargos subalternos van formando grupos de presión interesados en la expansión del poder y los recursos del Estado. La vocación socialista de unos y otros está en el enunciado, y con ese fin es obvio también el descontento con el poder o la riqueza de individuos ajenos a la institución, y por tanto la tentación "transformadora" o revolucionaria. No en balde señaló Gómez Dávila que un cargo público esperaba a los revolucionarios, y podemos inferir que por definición tendrán la simpatía de los "trabajadores al servicio del Estado". Por eso en todas partes los movimientos totalitarios son dirigidos por gente de clases altas que aspira a un dominio perdurable y arbitrario y atraen a aquellos que resultarían perdedores en un entorno de competencia.

Políticos
Allí donde hay urnas hay gente que aspira a acceder al mando persuadiendo a los votantes. Cuando esta actividad se convierte en el medio de vida de estos personajes, cosa que es inevitable, es frecuente que se disocie el papel de representación del propio interés del político, cuestión cuya única solución es la reducción del gasto del Estado y la exigencia del conjunto de la sociedad. Cuando esta vigilancia falla, lo normal es que los recursos públicos se gasten en gran medida en la propia promoción de los políticos, que va desde las tarjetas navideñas que envían a los ciudadanos hasta la financiación de agencias de propaganda disfrazadas de ONG, en las que casi todos los gobiernos se gastan buena parte de los recursos. Cuanto más estatista es un partido, más desvergonzado es el método, como en las cleptocracias bolivarianas o en la Alcaldía de Petro en Bogotá.

Ambigüedad
El núcleo del problema es que los políticos y altos burócratas se presentan como servidores públicos y en la realidad son los amos de los ciudadanos, sobre todo en sociedades como las hispanoamericanas, que aún no se sacuden el lastre de la esclavitud. Aparecen como mandatarios, pero son en realidad mandantes y pueden decidir tranquilamente sobre la vida de los demás. Su único problema serio son los rivales que podrían desplazarlos del poder. El Estado deja de tener incluso el sentido de dominación de una comunidad previa sobre otra y hasta de la facción de los funcionarios, para ser el escenario de la rapiña de distintos grupos de interés por los recursos. Cuando eso ocurre, y forma parte de la tragedia reciente de todos los países hispánicos, la decadencia de la sociedad es inevitable, y la pérdida de todo valor y toda lealtad por parte de los administradores es un corolario lógico.

Ejemplos
Un ejemplo elocuente de lo expuesto es el uribismo. Para conseguir ser candidato en 2006 cambiando la constitución, Uribe se apoyó en los legisladores de entonces, que representaban a las maquinarias de compra de votos, a las clientelas de grupos de poder regionales y a las castas dueñas del poder desde siempre. El resultado de esa alianza fue el PSUN de Santos, que obtuvo en 2010 una formidable votación gracias a la adhesión de amplios sectores populares a Uribe. En cuanto obtuvieron sus curules, todos los legisladores se volvieron antiuribistas porque era lo que convenía a sus negocios y carreras. Lo que los ciudadanos querían desaparecía en cuanto sus representantes tenían el poder. Ese completo fraude de ley no inquietó a mucha gente. En 2014 Uribe fue candidato al Senado con una lista cerrada formada por políticos que obedecen a su líder aunque en realidad piensan más en sus carreras: rechazan al gobierno pero se entienden con los senadores y representantes que lo apoyan, como denunciaba Ricardo Puentes Melo, y critican la entrega del país a las FARC en una actitud de lloriqueo que apenas encubre la satisfacción con el alto cargo alcanzado. Dado que no ha habido resistencia al acuerdo, es evidente que están dispuestos, incluido el mismo Uribe, a ser la oposición llevadera al régimen que vendrá.

Líderes
De hecho, la causa de que el poder haya caído en manos de Santos y aun de que haya podido cambiar totalmente al Estado hasta ponerlo al servicio de las mafias de la cocaína es el anhelo de Uribe de quedarse en la presidencia. El objetivo de derrotar a las bandas terroristas y a sus impulsores cubanos se sacrificó a los intereses particulares del señor Uribe, y sigue ocurriendo, pues su ambigüedad a la hora de afrontar la negociación tiene que ver con el hecho de que es rehén del poder judicial y si no claudicara tendría que exiliarse para evitar terminar preso o que encarcelen a algunos de sus parientes. Pero no es un caso aislado. En España los dos grandes partidos recuperarían muchos votos si prescindieran de sus actuales líderes, pero no pueden hacerlo, y ellos ponen por delante su protagonismo y su interés personal al de sus partidos y el país.

Fatalidad


No habrá ideología ni ética ni determinación de nadie que pueda imponerse a la ambición de los que buscan poder y rentas en el Estado, sólo cabe procurar que se amplíe la conciencia cívica de la gente de modo que haya sectores importantes de la "minoría rectora" que entiendan el peligro, y a la vez promover la reducción del gasto público de modo que el poder de la clase de los funcionarios se reduzca. Está demostrado que todas las sociedades en las que predomina el Estado decaen, pero la disposición a esperar que un padre poderoso resuelva los problemas es muy tentadora y tal vez siga atrayendo gente en todas partes, a la vez que los vividores proliferan y se organizan para maquinar intrigas que les permitan despojar al resto de la sociedad.

(Publicado en el blog País Bizarro el 20 de enero de 2016.)