martes, julio 28, 2015

Leyenda negra


La leyenda negra ("opinión contra lo español difundida a partir del siglo XVI") podría tener su origen en la expansión del reino de Aragón a algunas regiones de Italia en el sigo XIV. Pero ciertamente su núcleo tiene que ver con la propaganda antiespañola de los holandeses e ingleses después del siglo XVI, con base en las crueldades de la conquista de América y de la Inquisición.

El escritor español Julián Juderías resumía así la leyenda negra: "La afirmación [...] de que nuestra Patria constituye, desde el punto de vista de la tolerancia, de la cultura y del progreso político, una excepción lamentable dentro del grupo de las naciones europeas".

Dado el origen de todas los países hispanoamericanos, esos rasgos se podrían atribuir también a los descendientes de los españoles. Y lo que cada vez se confirma más es que algo de cierto tiene dicha leyenda. ¿Cómo se explica si no el éxito de los siniestros totalitarios de Podemos y de sus socios en toda Sudamérica?

En palabras de un historiador estadounidense, "La premisa básica de la Leyenda Negra es que los españoles se han mostrado históricamente como excepcionalmente crueles, intolerantes, tiránicos, oscurantistas, vagos, fanáticos, avariciosos y traicioneros".

Lo de oscurantistas, vagos y fanáticos no sólo se puede atribuir a la Iglesia y sus verdugos, sino también a las diversas corrientes que pretenden subvertir su orden: ¿se podría decir que los anarquistas y comunistas españoles del primer tercio del siglo XX eran muy racionales, productivos y equilibrados? ¿Lo son su triste reencarnación en la sucursal del narcoimperio cubano que asciende hoy en día? ¿O alguna de las versiones de la izquierda hispanoamericana?

Un aspecto curioso de la leyenda negra es su asimilación por los españoles: en una encuesta en la que se evalúa la opinión de unos europeos sobre otros, la opinión de los españoles sobre sí mismos es peor que la de todos los demás europeos. También en el secesionismo catalán y vasco hay un fondo parecido, que se resume en el dicho "Es español el que no puede ser otra cosa".

Pero prescindiendo de los prejuicios y la propaganda, convendría pensar en lo hispánico y en su diferencia con las demás culturas de origen europeo. Octavio Paz decía que los hispanoamericanos somos "los hijos de la Contrarreforma", y ese proceso reaccionario que apartó a España y a sus colonias de la Ilustración del siglo XVIII y la industrialización que comenzó entonces parece el elemento configurador de la tradición hispánica.

La mentalidad que acompaña a esa tradición se resume en lo que decía Jacob Burckhardt del Renacimiento italiano: al cabo de un siglo de dominación española ya nadie pensaba en trabajar, sólo en ostentar origen hidalgo y hacerse médico o abogado.

Esa mentalidad es lo que pervive en los regímenes bolivarianos y en sus sucursales: el desprecio del trabajo, el culto de las jerarquías y la cerrazón ideológica en torno a supersticiones de uno u otro signo. No es raro que los peores tiranos terminen proclamándose católicos, como Chávez, Maduro y Ortega. Al final sólo tienen que acomodar las nociones para resultar ellos agentes de la "política del amor" (antes de Petro era el lema de Rosario Murillo, la mujer de Daniel Ortega).
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Sea cual fuere la fama de España, la verdad es que en el ámbito del conocimiento y la invención sus aportes después del siglo XVI han sido magros, así como su desarrollo industrial. Todo eso en las colonias americanas, riquísimas en recursos pero indigentes en cultura, ha sido y es mucho más grave.

La ideología unánime en la región, según la cual el camino del desarrollo es la educación (lo cual está también en el origen de la sucursal chavista española, pues sin el gasto de los gobiernos de las últimas décadas en proveer títulos a todos los que quisieran tenerlos no existiría Podemos), es la expresión de esa vieja mentalidad: decenas de millones de personas obtienen títulos con los que no podrán encontrar ningún empleo, salvo en la educación, sea de psicólogos en Argentina o de mejoradores del mundo en Colombia, da lo mismo. No es una forma de desarrollo sino la continuidad del parasitismo de siempre: la perpetuación de aquello que hace que para mucha gente España se resuma en la leyenda negra.

Un país en el que el fruto de esa mentalidad es una orgía incesante de sangre, como Colombia, necesita plantearse como primera meta empezar a ver las cosas de otro modo: ¿cuánto les cuesta a los ciudadanos el adoctrinamiento de asesinos en las universidades públicas? ¿Cuánto cuesta a los mismos beneficiados con la "educación" malgastar tantos años de su juventud en obtener un diploma a cambio de la sumisión ideológica a un delirio criminal?

Para pensar en eso no hay nadie: no recuerdo a UNA SOLA PERSONA que quiera entender que el uribismo comparte todos esos rasgos ideológicos, a tal punto que la campaña de Zuluaga se basaba en la promesa de proveer más títulos universitarios. Obviamente no habrá ningún desarrollo industrial, no hablemos de inventarse nada ni de organizar redes de servicios, mientras todos los esfuerzos se concentren en garantizarles rentas a los parásitos organizados.

Mientras el destino de cada individuo se cifre en su integración en esa corporación.

De hecho, nadie se plantea nunca otra cosa. ¿Quién disuadiría al que quisiera emigrar?

(Publicado en el blog País Bizarro el 26 de junio de 2015.)

martes, julio 21, 2015

España también está llena de monstruos

Por @ruiz_senior

En España las principales ciudades cayeron tras las elecciones del 24 de mayo en manos de chavistas o afines con el apoyo del PSOE, que había prometido no aliarse con ellos. Al constituirse los nuevos ayuntamientos, ya se detectó el "avance" del país: abucheos, insultos y amenazas a los concejales de los demás partidos, proclamas demagógicas cuyo último sentido es la confiscación de bienes privados, etc.: lo que hacen los chavistas en cualquier parte. Poco después se conoció la trayectoria de los nuevos concejales ligados a la franquicia cubana: uno preguntaba en Twitter cómo se podía meter a cinco millones de judíos en un 600 ("topolino"): en el cenicero. Otro se prodigaba en propuestas para asesinar a los dirigentes del Partido Popular, otra está procesada por participar en una protesta blasfema en la capilla de la Universidad, otra posa con un pene de plástico de tamaño natural como colgante... Eso sólo para aludir a la capital.

Hay gente escandalizada e indignada con esta clase de personajes, aun entre quienes votaron por ellos, pero se corre el riesgo de simplificar y reducir la cuestión a un puro plano estético. Si se propone una mínima exigencia moral, basta con leer lo que escriben sobre Colombia para entender que la vileza es más bien lo que predomina, aunque sus protagonistas no sean siempre tan toscos.

Durante muchas décadas en toda América se legitimó a ETA con el cuento de que eran "los vascos", la gente que hablaba así fue la que después creó los narcorregímenes bolivarianos. Hay algo muy parecido en la complacencia de los medios españoles con las FARC y el régimen que las premia: son los criterios morales en los que creen, aunque de momento tengan dificultades para aplicarlos. Incluso el diario monárquico-católico ABC publicó hace unos meses un editorial aplaudiendo la infamia de La Habana, en el que no hay una sola frase que no sea una mentira repugnante.

Esta semana fue el turno de El País, periódico de propiedad de la misma empresa que Caracol Radio y con viejas relaciones con Samper y el Grupo Santodomingo. Lo que publican en ese periódico sobre Colombia se puede clasificar en dos grupos: los panegíricos inverosímiles sobre Santos y la propaganda abierta de las FARC. Esta semana se lucieron con otro editorial:

Impulso para Colombia
La creación de una Comisión de la Verdad debe ayudar a acelerar el acuerdo entre Gobierno y FARC

Se ha anunciado crear una "Comisión de la Verdad" en la que el gobierno y los terroristas nombrarán a personajes afines (no hay ninguna diferencia ideológica ni moral entre el gobierno y las FARC, a tal punto que el jefe de los negociadores es un antiguo militante de la Juventud Comunista y el creador de la negociación, el hermano mayor de Santos, es el representante más o menos abierto de los Castro en Colombia). Sólo es otro pretexto para el latrocinio y la propaganda. Ya crearon un "Grupo de Memoria Histórica" dedicado a ese fin, y una Comisión Histórica, formada por los ideólogos del terrorismo. De modo que la anunciada comisión sólo es "de la verdad" en el nombre, cosa que el editorialista tiene que saber pero oculta porque los negocios de su periódico se basan en la relación con esa poderosa organización y sus socios en el gobierno.

En lo que sí acierta plenamente es en lo de "Impulso para Colombia". Hacia el hoyo. Cada vez hay más violencia terrorista porque cada vez se la reconoce más. La Comisión de la Verdad será otra inversión en propaganda del crimen, algo tan evidente como los pagos a la empresa colombiana del Grupo Prisa por el gobierno de Santos.
La creación de una Comisión de la Verdad en Colombia para investigar hechos sucedidos durante el medio siglo de enfrentamiento armado entre el Estado y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC) es una importante noticia que no debe quedar oscurecida por la muerte de dos militares colombianos a manos de la guerrilla en las últimas horas así como graves atentados contra infraestructuras. Al contrario.
La noticia no es nada, otra inversión en propaganda que es lo único que han producido tres años de farsa: la dedicación del Estado a legitimar los negocios de una banda criminal relacionada con las familias que lo controlan desde el siglo XIX. Pero ¿hay un enfrentamiento armado entre el Estado y las FARC? Eso es puro lenguaje legitimador: cada vez que alguien sale a matar entra en un enfrentamiento armado con el orden legal. ¿No había un enfrentamiento armado entre el Estado español y ETA? Casualmente eso nunca se dice en El País. ¿Desconoce el editorialista la mentira monstruosa que introduce en su texto? Sólo lo desconocen o lo miran de forma sesgada los lectores españoles. Por eso se lo permite.
Debe servir de impulso urgente para culminar las negociaciones de paz que se llevan a cabo en La Habana antes de que cunda el cansancio y el desánimo y el proceso entre en una senda peligrosa de frustración. El acuerdo en torno a la comisión se produce en un momento en el que la atmósfera del diálogo se ha enrarecido peligrosamente.
El editorialista sabe que la única "culminación" del proceso es la destrucción total de las fuerzas armadas legítimas y la toma del poder por los terroristas, para lo cual hacen falta precisamente muchos más asesinatos que los 250.000 cometidos hasta ahora y que él legitima con tanto descaro. Mientras tanto las negociaciones tienen que seguir porque es la forma en que los negocios de extorsión, cocaína y minería ilegal se expandan. No hay senda peligrosa de frustración, como es bien sabido, cuantas más personas mueran, cuanta más destrucción haya, más seguro es el avance terrorista porque su único fundamento es el miedo.

¿O no se le habrá pasado por la cabeza que negociar las leyes con una banda de asesinos es sencillamente la abolición de la democracia? ¿En qué país del mundo no importa lo que los ciudadanos acuerden y elijan sino lo que sus gobernantes acuerden con unos asesinos con los que tienen toda clase de nexos? 
Son elogiables los términos en los que se creará y actuará la Comisión de la Verdad: tras la firma de la paz y sin pretender actuar como un tribunal de justicia ordinaria. Es decir, sus trabajos y los testimonios que recogerá —sin duda dolorosos— en ningún caso condicionarán ya las difíciles negociaciones. Las reconciliaciones en las sociedades que han sufrido tanto deben producirse en el seno de las familias, las comunidades y en los libros de historia. Elegido el camino de la paz, el pasado puede explicar el presente, pero no condicionarlo.
Es decir, la institución de propaganda formada por los mismos que encargan las masacres se dedicará a legitimar todos los crímenes y a igualar, como hace el gobierno de Santos, como hace el poder judicial colombiano, como hace el mismo editorialista de El País, a quienes secuestran niños con quienes intentan liberarlos. El papel de estos propagandistas en Europa no es menos atroz que el de los mismos asesinos.

Para ver hasta qué punto el redactor de ese editorial es mucho más perverso y asesino que los concejales de Podemos baste pensar en las "sociedades que han sufrido tanto". ¿Quién ha sufrido? ¿Los jefes del terrorismo, profesores universitarios con ingresos nominales de unas 15 veces el promedio de los ciudadanos por adoctrinar y reclutar a los que les aseguran rentas? ¿Los redactores de la revista Alternativa, hoy hegemónicos en los medios colombianos y en su mayoría procedentes de familias poderosas? A la mayoría de los colombianos humildes esos personajes los han condenado a la miseria y los han oprimido de mil maneras, y gracias a la dominación que alcanzan en forma de "paz" los humillarán y explotarán muchísimo más, tal como ocurre con los cubanos y venezolanos.
Pero no bastan las palabras. La paz debe existir también sobre el terreno. Y sin mucha más demora.
¿Se entiende? No se trata de que los terroristas desistan de imponer nada a la sociedad sino de que esta se apresure a premiarlos por todo lo que han hecho. ¿O en alguna parte hay el más remoto interés en insistirles en que cesen en sus crímenes? ¡Se está tardando demasiado en reconocerlos y ofrecerles ministerios y embajadas! Parece que todavía hay soldados que no desertan y oficiales que no se dedican a perseguir y amenazar a los críticos del gobierno. Ésa es la prisa del editorialista.

No habrá firma de ninguna paz hasta 2018 porque sin la amenaza y el control total será imposible impedir una derrota electoral. Pero si la hubiera quedaría otra banda o una facción de las FARC explotando los rentables negocios de ahora. Eso no preocupa al editorialista, cuyo público es capaz de concebir que la conversión de los violadores de niñas en miembros de la Comisión de la Verdad va a poderse llamar "paz". El que dude de lo anterior puede averiguar la trayectoria de Javier Giraldo, sacerdote jesuita señalado como instigador de asesinatos por varias personas que poco después caían y miembro de la Comisión Histórica.

Si en Colombia hubiera siquiera un atisbo de civismo estas publicaciones de propaganda del genocidio serían contestadas: los que no están de parte de los criminales son fatalmente serviles, y los asesinos aliados de este editorialista los esclavizarán y masacrarán cada vez más.

(Publicado en el blog País Bizarro el 18 de junio de 2015.)

domingo, julio 12, 2015

Tipos de uribistas

Los antiuribistas
Pensemos en Piedad Córdoba: ¿es la persona que aparece en los computadores de alias Raúl Reyes como Teodora de Bolívar o no? Esa pregunta remite a la condición moral de los colombianos, porque todos conviven con una verdad tan atroz pero casi nadie considera sencillamente criminales a todos los que protegen y defienden a la ex senadora.

Los antiuribistas se dicen demócratas pero no recuerdo al primero que considere criminal a Piedad Córdoba. Y no sólo ella es criminal sino que lo son todos los que la arropan, Y todos los que transigen con los que la arropan, porque si el crimen fuera sólo del último autor material Hitler podría haber quedado exento de acusación por el Holocausto judío: no hay ningún documento firmado por él en el que se ordene construir cámaras de gas ni nada parecido.

Pero Piedad Córdoba era aquí sólo un ejemplo: ¿qué decir de los crímenes terroristas? ¿Cuánta gente los condena y exige el castigo de los responsables? Ciertamente, ninguno de los antiuribistas, para los que eso se debe premiar en aras de la paz mientras que la condena inverosímil a Andrés Felipe Arias por firmar documentos que firmaron sus predecesores y sus sucesores, sin dolo ni mala intención, es algo tolerable (incluyo entre esta clase de canallas al ministro Alejandro Gaviria y su hermano, que no vacila en justificar una monstruosidad semejante).

Los antiuribistas pueden ser los jóvenes que arman grandes escándalos por la minería de oro o por la construcción de un hotel en el Tairona pero callan sobre los vertidos de crudo en el Putumayo, o los que se pretenden intelectuales y consideran tolerable que haya negociaciones de paz con las FARC (y justificadísima la historia de Andrés Sepúlveda o las torturas a María del Pilar Hurtado) pero justísimo el encarcelamiento de Ramos o las condenas a Plazas Vega o Arias Cabrales.

Es ocioso extenderse más: los antiuribistas son los criminales y las guerrillas son sólo los niños sicarios que les aseguran rentas. Es el orden de castas de siempre, con ingresos gigantescos para unos parásitos y miseria sin límites para la mayoría. Dada la situación de aislamiento del país, todas las burdas falacias de su propaganda parecen tolerables pero para cualquiera que conozca un poco el mundo es evidente que se trata del bando que mata y de sus usufructuarios.

Los uribistas fanáticos
Dadas las maravillosas rentas de que disfrutan los políticos en Colombia, no diré nada de los que ocupan cargos o aspiran a ocuparlos gracias a Uribe. Muchos de ellos provienen del Polo Democrático y hace nada formaban parte de las hordas que acusaban a Uribe de dirigir el paramilitarismo. El hecho de que los acepten dice mucho de las condiciones morales del caudillo y su sanedrín.

Es decir, me ocuparé sólo de los que apoyan a Uribe por pura convicción, desde votantes "de opinión" hasta activistas de las redes sociales y periodistas. Son característicos los llamados "furibistas", personas cuya comprensión de la política, la historia, la economía y la administración pública son más bien limitadas pero mantienen una fe ciega en el presidente al que vieron recuperar al país y transmitirles esperanza y orgullo.

El problema de estas personas es que su sentido crítico es muy limitado y no tienen en cuenta que por ejemplo el periodo 2002-2007 fue de crecimiento desmesurado de los precios de las materias primas, lo que produjo un crecimiento altísimo en Colombia pero también en Venezuela, Ecuador, Brasil, Argentina, etc. Mucha gente vio también mejorar su vida en esos años en esos países y a raíz de eso amó a sus líderes.

Esas personas tienen como noción del bien y del mal lo que decida Uribe y ponen por delante el interés personal de su líder al de las instituciones: ¿quién va a ponerse a explicarles que la Constitución de 1991 fue redactada por una asamblea en la que apenas participó el 20% de los votantes en medio de una orgía de terror y que con el tiempo se ha demostrado que su principal objetivo era prohibir la extradición? Eso no les afecta en absoluto: si Uribe no la quiso cambiar, bien está.

La democracia (que en el contexto de este blog y de la política colombiana consiste en la asimilación al orden legal que predomina en Europa y Norteamérica) no puede contar con esas personas, que la reivindican del mismo modo en que lo hacen los comunistas, llamando así a su interés.

Los derechistas duros
He explicado miles de veces lo falaz que me parece hablar de izquierda y derecha. ¿Hitler es del mismo bando que Thatcher? Eso es brutal y obsceno: también cuando se usa para definir como derecha el liberalismo y como izquierda el socialismo. Un dictador corrupto como Fujimori no sería propiamente liberal.

Pero hay un tipo de personas reactivas contra el comunismo y a la vez contra las ideas liberales. Son una endemia en Hispanoamérica por la persistencia de las ideas de la Contrarreforma y muchas de sus pasiones autoritarias y jerárquicas son más parecidas a las de los comunistas de lo que quisieran reconocer (la persecución contra el consumo de drogas o contra las prácticas homosexuales en Cuba hasta hace pocos años les parecería defendible).

El procurador Ordóñez es la figura principal de esa clase de personas, pero también (un poco más moderado) Fernando Londoño. Su apoyo a Uribe tiene que ver con la imagen de un líder fuerte que promueva las ideas de patria y orden y así salve el viejo orden de la disolución que lo amenaza, más por la asimilación al mundo moderno que por la esclavitud totalitaria.

Esta clase de personas no son demócratas, incluso se permiten discutir los derechos humanos. Cuando Uribe incurrió en el temible desvarío de querer buscar otra reelección no vieron una amenaza sino una oportunidad de volver a la Edad Media. En una sociedad democrática moderna se sentirían incómodos y es muy probable que terminaran en el mismo bando de los comunistas (es otro tema que no se puede desarrollar aquí el de la persistencia del comunismo en Hispanoamérica y en España como parte de la resistencia de la mentalidad del castellano viejo).

Los derechistas simples
Con menos elaboración ideológica hay otros personajes, más numerosos que los anteriores, que simplemente apoyan a Uribe porque rechazan a las FARC, sin que les interese entrar en consideraciones más sutiles: la clase de personas que antes del ascenso de Uribe en 2001 vacilaban entre soñar con una intervención estadounidense o un golpe militar o apoyar a Carlos Castaño. Los que en Perú y en Chile habrían apoyado a Fujimori y Pinochet.

No hay modo de explicarles que los cambios que asegurarían una sociedad ordenada no se limitan al combate contra los terroristas sino que exigen una transformación ideológica, institucional y de toda la organización social que no interesa en absoluto a Uribe ni a los politiqueros que lo acompañan.

Los resignados
Finalmente hay que pensar en otros que admiten que no era buena idea buscar otra reelección ni aliarse con Santos ni apoyar la paz, pero tampoco conciben ninguna oposición que no se centre en Uribe. Con la mala fe característica de los colombianos, se niegan a reconocer que el uribismo es hoy por hoy inane, que los terroristas imponen la tregua bilateral y cuando no los complacen multiplican los crímenes hasta conseguir que la sociedad se rinda sin que haya el  menor gesto de Uribe y su séquito de exigir el fin de la farsa criminal.

Por los motivos que sean, esta gente está también en el bando de la paz. Muchos se reúnen alrededor de Francisco Santos, un prócer que lleva treinta años diciendo que las FARC son invencibles (ahora a través de su cuota en El Tiempo, la torpe española Salud Hernández Mora).

El uribismo es una vía muerta. Cuando tuvo el gobierno y el apoyo popular los aprovechó para aliarse con la oligarquía y desistió de tocar el engendro del 91, que es lo que les asegura el poder a los antiuribistas (a la casta dominante que protege desde el poder judicial a sus tropas); en lugar de eso, dio un gran ejemplo de respeto a la ley cambiándola varias veces para que el caudillo se quedara en el poder. En cualquier democracia normal bastaría eso para que la gente lo percibiera como un cadáver político, pero a fin de cuentas seguía teniendo apoyo mayoritario cuando salió de la presidencia y en lugar de oponerse al cambio de rumbo de Santos se dedicó a demostrarle que era él quien conseguía los votos. Por eso no estaba para buscar la Alcaldía de Bogotá y prefirió dejársela a Petro.

Un detalle de la última campaña electoral demuestra en mi opinión que, más allá de los crímenes y las componendas del corto plazo, el uribismo y la izquierda son lo mismo: el que la campaña de Zuluaga se centrara en la idea de la "revolución educativa", consistente en multiplicar los cupos universitarios. Lo que hay que hacer, lo más importante y urgente, lo único que podría impedir la reproducción sin fin de la orgía de sangre terrorista, es cerrar las universidades públicas y cobrarles impuestos a las demás como a cualquier empresa. Porque de lo que se trata es de rapiña, de clientelismo armado, de multiplicación de las rentas de los parásitos de siempre en puestos de profesores y demás sinecuras a costa del presupuesto público. La paz materializa la utopía, para alcanzarla es necesario persuadir a la sociedad de su valor, de ahí que TODOS los medios universitarios sean partidarios de la paz.

En las próximas elecciones, gracias a la hegemonía de los uribistas en la oposición, no se hablará de la paz ni se cuestionará lo que se hace en La Habana, más allá de presionar para que se invite a amigos de Uribe. De hecho, el candidato uribista a la Alcaldía de Cali, un jefe de las FARC por mucho tiempo, fue a agradecerle, como vicepresidente, a Fidel Castro su apoyo a la paz en Colombia.

El que busque la democracia en Colombia tiene que saber que el uribismo no está en ese bando. La persecución del régimen contra Uribe es una completa iniquidad, pero eso no hace que se deba sacrificar la esperanza de regeneración democrática a sus intereses particulares. Seguro que podría exiliarse y no lo extraditarían. Como líder de los militantes del Polo Democrático que no alcanzaron curules y de patéticas élites regionales sin más proyecto que sus negocios, sólo es la oposición que conviene a un régimen que cada vez más es una tiranía como la venezolana.

¿No basta para entenderlo que a pesar de la orgía criminal de las últimas semanas Uribe no haya promovido ninguna movilización para que se acabe la infamia de La Habana? Hay unas cuentas suyas en las que conviene que haya descontento con Santos, la caída del régimen del 91 no es su objetivo, ni muchísimo menos.

El uribismo sólo se irá desdibujando cada vez más porque después de todos los renuncios de su gobierno y de los cinco años posteriores sólo es el "coco" que sirve a la propaganda del narcorrégimen para alentar el odio.

(Publicado en el blog País Bizarro el 12 de junio de 2015.)

lunes, julio 06, 2015

El valeroso defensor de la libertad de prensa

Plinio Apuleyo Mendoza deja claro algo que hace mucho tiempo denunciamos: que la persecución judicial en Colombia contra cualquiera que se oponga a la manguala del narcorrégimen y los terroristas de las FARC es digna de las peores dictaduras que haya conocido la región.

Esa persecución, que es en sí un crimen descomunal y monstruoso, que aplauden todos los pacifistas y equidistantes típicos (a la postre, otros canallas al acecho para tomar parte en la rapiña), no es conocida fuera de Colombia gracias a las copiosas inversiones de Santos en su propaganda, sobre lo que algún día se conocerán detalles. Pero también a que no hay una movilización cívica continuada, resuelta y organizada para denunciarla.

El que lee El País ya estará acostumbrado a que las noticias sobre Colombia tengan un sabor colombiano, lleno de esa bajeza infinita por la que premiar los niños bomba es contribuir a la paz y castigar con 17 años de prisión a Andrés Felipe Arias sin atribuirle ningún dolo ni nada que no hubieran hecho sus predecesores ni sus sucesores en el ministerio es signo de ejemplaridad de la justicia. Todas las noticias que publican desde hace unos años son abierta propaganda terrorista, con entrevistas a Cepeda incluidas.

¿Habrá algún trueque parecido a los pagos en Caracol Radio (propiedad del mismo grupo que El País) con el ABC español? Lo cierto es que la última vez que Santos visitó España le publicaron un complaciente publirreportaje y un entusiasta editorial. Aun la corresponsal del periódico en Colombia es una convencida propagandista de las FARC (si alguien lo duda sólo tiene que leer esta entrevista servil a la entonces candidata presidencial del frente de masas de la conjura terrorista, Clara López Obregón). Parece que al igual que ocurre con El País, publicar lo que sirve a los genocidas es tolerable porque los lectores desconocen el contexto.

Puede que esa benevolencia de los medios internacionales y el control de la prensa influyan en la disposición del presidente colombiano a erigirse con una desfachatez sonrojante en defensor de la libertad de prensa. En una publicación reciente de El Nuevo Herald aparece proclamando que "defiende la libertad de prensa a capa y espada". La verdad es que no es menos enemigo de la libertad de prensa que Chávez o Maduro, pero no tiene que perseguir a los medios porque su clan los posee desde antes de que él llegara a la presidencia.

El primer periódico colombiano es de propiedad de su familia, aunque en previsión de incompatibilidades pusieron como testaferros primero al grupo Planeta (relacionado con el grupo español Atresmedia, dueño de La Sexta, una cadena dedicada al publirreportaje pertinaz de la sucursal chavista local) y después a Luis Carlos Sarmiento. Lo cierto es que el director sigue siendo el esposo de la prima de Santos y compañero de su hermano mayor desde los tiempos de Alternativa. La única revista de circulación nacional la dirige su sobrino y es propiedad de la familia López, emparentada con el grupo Santodomingo, dueño de El Espectador y Caracol Televisión.
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Pero además de que no necesita perseguir a los medios porque los controla desde siempre, su gobierno ha hecho de la propaganda su principal misión, con varios billones de pesos invertidos en incentivos a los medios, que no informan sino que abiertamente hacen propaganda a un nivel que no ocurre en ninguna democracia (cualquier colombiano que conozca la prensa internacional lo detecta inmediatamente). La piñata del "carrusel de la paz" resulta muy indicativa al respecto.

No, este adalid de la libertad de prensa no se limita a esas ventajas que de por sí ya la niegan. Todos los columnistas que de algún modo lo incomodan son despedidos o perseguidos de diversas maneras. Algún día se sabrá quién ordenó poner una bomba contra Fernando Londoño, pero el atentado (que las FARC niegan haber cometido) recuerda demasiado al asesinato de Álvaro Gómez o a al atentado contra Germán Vargas Lleras para que no se piense en amigos de Ernesto Samper ligados a ciertas mafias de la cocaína y con alguna influencia en el DAS de otras épocas.

Antes de las elecciones de 2010 Claudia López perdió su columna en El Tiempo por señalar que el periódico intentaba perjudicar a Andrés Felipe Arias para favorecer a Santos. Cuando se posesionó, Semana creyó innecesario el "pluralismo" de antes y echó a Alfredo Rangel (un uribista que lleva varias décadas defendiendo la negociación política con las FARC). Después desaparecieron de El Tiempo también José Obdulio Gaviria y Fernando Londoño, con lo que en la crítica al gobierno sólo quedan menos del 10% de los columnistas, a los que no han echado por ser poco conocidos.

Claro que el medio es libre de publicar a quien quiera, pero eso sería válido si fuera posible la competencia (lo que no ocurre gracias a la inversión del gobierno en publicidad en los medios ya asentados) y si los colombianos dejaran de pensar que los medios son de propiedad colectiva. Lo cierto es que los críticos de Santos desaparecen del primer plano, como también ocurrió con Cablenoticias o con periodistas como Hassan Nassar.

En todo caso, entre esa realidad y las proclamas de Santos hay una brecha espantosa, como si Alfredo Garavito dijera que es el defensor de la infancia o como si alguien pretendiera inscribir a Adolf Hitler junto a Moisés, los profetas y Maimónides entre los grandes líderes del pueblo hebreo.

El caso de RCN es ya el colmo. Primero sus noticieros contribuían a la propaganda del régimen gracias a la copiosa inversión, pero en algún momento habrán pensado en la audiencia y en el precio de andar tapando la verdad para complacer al régimen, y llevaron a Claudia Gurisatti. Para callarla empezaron las presiones sobre la dirección empresarial, y cuando no dieron fruto se pasó a la intimidación directa a cargo de sicarios del régimen. El paso siguiente serán los atentados y asesinatos.

Voy a comentar el escrito de León Valencia en Semana sobre el tema.

Claudia Gurisatti y RCN
Si en uno de los dos canales de televisión abierta, quien orienta la información declara su intención de poner al medio a favor de una causa política, el panorama se torna totalmente oscuro.
Atención al sintagma "declara su intención". ¿Alguien recuerda que de algún modo la periodista haya declarado su intención de poner el medio a favor de alguna causa política? Se trata de una calumnia en toda regla, franca, directa, una calumnia que nadie puede negar.

¿Por qué los colombianos no detectan una mentira tan descarada como ésa? Porque el dominio del hampa que siguió al  régimen del Frente Nacional, desde la llegada de López Michelsen ha dado lugar a un creciente achabacanamiento. El que forma parte de la clientela oligárquico-sindical-terrorista, es decir, el estudiante o profesor universitario y el empleado público, ya está acostumbrado a suponer que los niños bomba son una molestia que cesará cuando se firme la paz y que en cambio la reunión de Luis Alfredo Ramos con unos paramilitares es un crimen que amerita años de prisión preventiva. Ya es una criatura del mismo rango moral que el columnista o que el que manda niños bomba, valga la redundancia, pues a fin de cuentas León Valencia formaba parte del Comando Central del ELN cuando la banda torturó y asesinó al obispo de Arauca Jesús Emilio Jaramillo Monsalve.

Pero es que los demás colombianos tienen en estos felices usufructuarios del genocidio un modelo, por lo que tampoco están para prestar atención a lo que es verdad o a lo que es recto: requeriría mucha sutileza entender el verbo "declarar", sutileza contra la que atenta toda la "educación" consistente en un adoctrinamiento para odiar a quien la propaganda ordene, siguiendo el ejemplo de los "lavados de cerebro" que efectuaron los comunistas en Corea del Norte (los métodos de tortura con que la Fiscalía consigue arrepentidos, como señala Mendoza que intentaron hacer con María del Pilar Hurtado, forman parte de la misma tradición).

Luego hay que empezar por la verdad: Claudia Gurisatti no ha declarado que pondrá el noticiero al servicio de ninguna causa política. Y lo de "el panorama se torna totalmente oscuro" tiene un sentido que resulta claro al final del escrito.
La cosa ha sido rápida y radical. En un abrir y cerrar de ojos Claudia Gurisatti le está dando la vuelta al sistema informativo de RCN Televisión, le está marcando un parecido indiscutible a NTN24. Pensé que Gurisatti entraría pisando suave, que haría un reconocimiento del terreno y empezaría a hacer los cambios poco a poco. No la conocía. Los que la conocen me decían lo contrario.

Ella es desafiante, irreverente, audaz, inteligente, alzada, obsesiva, me advertían. Cuenta, además, con el apoyo irrestricto de Carlos Julio Ardila, propietario del medio y tambor mayor de la familia Ardila, agregaban.

Me contaron una anécdota. En la pasada campaña electoral estaba listo el debate entre Santos y Zuluaga en RCN Televisión. Gurisatti fue escogida por el canal para dirigir el debate. Del equipo de Santos protestaron y dejaron ver que no irían al round bajo la batuta de una persona abiertamente parcializada a favor del candidato uribista. RCN, con la orden de Ardila, mantuvo la decisión. En la Casa de Nariño acordaron no asistir. Solo que de la campaña de Zuluaga, un día antes, cancelaron el compromiso con el pretexto de que el candidato estaba enfermo. Así pasó desapercibido el pulso que Gurisatti le ganó al presidente Santos.

Ahora ha demostrado que viene con todo a imponer su estilo en RCN. Metió a Soraya Yanine, su compañera en NTN24, a la subdirección y arrasó con el equipo que bajo la conducción de Rodrigo Pardo estaba cubriendo las noticias de la Presidencia y las que venían del proceso de paz de La Habana. Se fueron Camilo Chaparro, Juan Carlos Giraldo, Jairo Gómez y Juan Carlos Ossa. Todos ellos distantes del credo uribista.
¿A que tiene gracia? De modo que una empresa nombra a una periodista que ha estado siempre ahí para dirigir a un noticiero en reemplazo de un antiguo ministro del gobierno más claramente comprometido con actividades terroristas y de tráfico de cocaína y ligado de mil maneras al jefe de ese gobierno, que también es el jefe político de Piedad Córdoba, embajadora de una banda de asesinos, y eso es violación de la imparcialidad periodística porque lo denuncia un jefe de otra banda terrorista convertido por afinidad con el clan reinante en maestro de moral.

Si una parte mínima de los colombianos fueran conscientes de que eso ocurre porque ellos lo toleran ya se habría avanzado mucho. Pero los que no están con los secuestradores creen que algo así ocurre lejos de ellos, sin relación con ellos. Es algo monstruoso: lo que ha sido el periodismo colombiano durante los últimos cinco años es pura propaganda del terrorismo y del gobierno que lo premia y refuerza. ¿Cómo podría haber una voz crítica? Eso no lo toleran y empieza la intimidación descarada a cargo de quien no tiene muchos escrúpulos para ordenar secuestros de niños y asesinatos de ganaderos. Pero ¿cuántos colombianos sienten que eso los RETRATA a ellos? Casi ninguno.
No he oído en estos días voces de alarma por esta situación. Pero es grave. Con solo dos grandes canales de televisión abierta, que forman la opinión de la inmensa mayoría de los colombianos, ya es bastante precaria la pluralidad informativa del país. Pero si, además, en uno de ellos, quien orienta la información declara su intención de poner el medio a favor de una causa política, el panorama se torna totalmente oscuro.

Sé que Claudia Gurisatti tiene en su alma heridas que la acercan a Uribe y a su grupo. En el mejor momento de su carrera periodística, empezando el año 2001, los organismos de seguridad del Estado le dijeron que las Farc tenían un plan para matarla y con esa carga encima tuvo que salir del país apresuradamente y solo ahora regresa con sus baterías contra el proceso de paz y su distancia con Santos.

Ahí no está el problema. Santos bien puede recostarse en los medios de la familia Santo Domingo y de Sarmiento Ángulo. Pero este país es más que las Farc y Uribe, más que Santos y Uribe. Este país quiere ser un territorio de muchos colores, un lugar donde florezcan las más diversas opiniones. Un país donde se oiga a las regiones, a los negros, a los indios. La obligación del periodismo es recoger todas las voces.
La desfachatez de este asesino no tiene límites: ¿ahora la existencia de una voz crítica con los asesinatos que el gobierno promueve es una amenaza a la pluralidad porque no es la voz de los indios y negros? ¿Acaso lo es su revista, un órgano abierto de las FARC donde sólo hay columnistas que aplauden a los terroristas y semana tras semana divulgan calumnias y amenazas contra cualquiera que discrepe? ¿Cabe mayor desfachatez?
NTN24 no ha sido un lugar del periodismo, es un órgano de propaganda, en el más puro sentido leninista, para atacar día y noche a las izquierdas de América Latina y propagar las ideas de las derechas del continente. Pero en el vasto panorama de la región este medio no era relevante. En cambio en Colombia RCN Televisión si lo es. Acá se disputa la mitad de la audiencia. Acá en pueblos y ciudades las dos cadenas reinan día y noche en los televisores encendidos llevando información con la cual la gente toma decisiones.

Hay quienes establecen una similitud entre el modelo informativo de Gurisatti y el que desarrolló Fox News, el medio que se la jugó toda a una idea y a una figura política y logró catapultar a George Bush y a los republicanos en un momento decisivo de la vida norteamericana. Pero Fox News es televisión por cable.

No es una buena comparación. Estados Unidos ha tenido una gran variedad de alternativas periodísticas y de medios influyentes, también una historia de escrutinios al poder desde la prensa que ha tumbado presidentes, ha destapado grandes escándalos de corrupción y ha sido crucial para terminar guerras como la de Vietnam. No son para nada ajenos a la monopolización y a la manipulación de la información y ahora el panorama no es alentador, pero están lejos de nuestras graves limitaciones.
Genial, NTN24 no es periodismo sino propaganda, lo contrario de Semana. Dentro de poco Colombia será el país de la decencia y los demás los países del crimen.
Estamos en un momento virtuoso del país. Existe la posibilidad de terminar una guerra de más de 50 años y también la probabilidad de una apertura a cambios políticos y sociales. Hay muchas señales en esa dirección. Pero la señal de Gurisatti, de RCN Televisión y de la familia Ardila Lülle está en contravía a esas transformaciones tan urgentes de la vida nacional y también puede ser riesgoso para el grupo empresarial.

Cada día hay más atentados terroristas, más extorsiones, más recursos para compra de explosivos, más territorios dedicados a sembrar coca, más toneladas de cocaína exportadas, más niños reclutados por los terroristas, más adoctrinamiento en las escuelas, más asesinatos de policías y militares por el Plan Pistola, más predominio de los asesinos en el gobierno, etc., pero para uno de ellos es un momento virtuoso para el país. ¡que se abre a cambios políticos y sociales!, nombre de la instauración de una dictadura como la cubana (si se piensa en el poder judicial, hace tiempo que eso ocurre). Y de repente aparece una periodista que incomoda.

El grupo empresarial está en peligro. Su dueño, o la familia de su dueño, podría sufrir percances, o bien el gobierno podría expropiarlo o perjudicar sus intereses (forma parte de la misma amenaza). El maestro de moral de las clases altas, perfecto retrato de la clase de subhumanos que las conforman hoy en día, sale a advertir de ese peligro.

¿Habrá quien dude de que este asesino cumple un encargo de Santos? Seguro que no serían siquiera capaces de negarlo. Pero el director de ABC no vacila en poner a su periódico al servicio de tan repugnante régimen. ¿Qué incentivos tendrá?

Los interesados en el tema pueden oír la respuesta de la periodista en este documento de audio.



(Publicado en el blog País Bizarro el 6 de junio de 2015.)

martes, junio 30, 2015

España y los límites de la democracia

Los resultados de las elecciones municipales y autonómicas del 24 de mayo en España anuncian el triunfo de los chavistas en las elecciones generales que se celebrarán por tarde en noviembre. Las listas más votadas en Madrid y Barcelona (los alcaldes son elegidos por el concejo, llamado ayuntamiento o consistorio municipal) corresponden a coaliciones controladas por Podemos, la sucursal del narcoimperio castrista (que ahora cuenta con el apoyo del PSOE, cuyos líderes declaraban antes de las elecciones que no se aliarían con ellos). En varias regiones en que gobernaba el PP tendrá que salir a pesar de haber sido la lista más votada, ya que la suma de diputados de Podemos y el PSOE, y a veces otros partidos, forma mayorías en los parlamentos regionales.

En número de votos, el PSOE queda en segundo lugar, pero sólo porque Podemos no presentó listas propias. En las elecciones generales de final de año, previsiblemente, obtendrá muchos más votos que el PSOE.

Los dos elementos que confluyen para permitir el ascenso de los chavistas son por una parte la crisis económica, que ha dejado secuelas terribles de pobreza y desempleo, y los incesantes escándalos de corrupción que afectan a los dos partidos que han gobernado el país en los últimos 33 años, lo que genera mucha rabia. Y por otra parte la inyección financiera del narcoimperio cubano, que convirtió dos importantes cadenas de televisión en un continuo publirreportaje de los franquiciados chavistas y a las redes sociales en un continuo hervidero de agitación antisistema (se descubrió que la mayoría de los tuits de un TT de Podemos procedían de Venezuela).

Las dos cadenas de televisión abiertas autorizadas hacia 1990 terminaron generando una especie de duopolio que controla las principales cadenas privadas de una oferta de decenas de canales. Los propietarios de ambos grupos son por una parte un consorcio de Berlusconi con el grupo Prisa, dueño de El País y, en Colombia, de Caracol Radio, y por la otra el grupo surgido de la editorial Planeta. Los canales por los que el dinero de los gobiernos sudamericanos llega a esos grupos empresariales son inagotables, además de las relaciones que puedan tener: no hay que olvidar que Planeta sirvió de testaferro a los Santos antes de Luis Carlos Sarmiento, cuando se hizo necesario ocultar el dominio de la familia del futuro presidente en el periódico. El caso cierto es que cualquiera que haya visto los programas de La Sexta y Cuatro sabe que se han dedicado durante muchos meses a la propaganda incesante de Podemos.

Los atentados terroristas del 11 de marzo de 2004 y la hábil explotación de su efecto que hicieron los socialistas en los días previos a la elección determinaron el triunfo de Rodríguez Zapatero tres días después (todas las encuestas daban ganador al PP, que intentó culpar a ETA para que no se relacionaran los atentados con su apoyo a la intervención estadounidense en Irak). El gobierno de Zapatero fue el preludio del ascenso totalitario en España, con campañas de odio y el manifiesto interés en demonizar al PP como heredero del franquismo. En realidad el mismo juego de Chávez de dividir a la sociedad y perseguir a los adversarios sin cesar. Lo mismo que hace Santos aunque sin los excesos criminales del tartamudo siniestro.

La economía española había experimentado una notable recuperación durante los dos gobiernos de Aznar (1996-2004) y siguió creciendo animada por la expansión mundial hasta 2007. Pero al estallar la crisis la situación se fue haciendo cada vez más complicada y Zapatero lo ocultó todo lo que pudo para poder ganar las elecciones de 2008, lo cual agravó la situación, a tal punto que un día tuvo que decretar una reducción del 5% del sueldo de los funcionarios. El elemento principal del crecimiento había sido la industria de la construcción, que al implosionar dejó cientos de miles de desempleados y otro tanto de personas que no podían hacer frente a la hipoteca, lo que produjo numerosos desahucios ya en el gobierno de Zapatero.

En noviembre de 2011 el PP obtuvo mayoría absoluta en el parlamento, unos meses antes había conquistado numerosas alcaldías y gobiernos regionales. La crisis continuó y su política se centró en la reducción de los gastos y la flexibización laboral, lo que impidió que hubiera que pedir el rescate a Europa y ha permitido a partir de 2013 una recuperación que parecía cada vez más sólida (hasta las elecciones, a partir de ahora las inversiones huirán, como ha ocurrido en Grecia).

El incesante bombardeo de propaganda chavista culpa de la crisis a la corrupción, y de la corrupción al gobierno del PP en un ejercicio de engaño muy curioso que se basa en la incapacidad de la gente de entender de economía, administración pública y demás. El gobierno que saca al país de la crisis resulta ser el que la causa porque la gente ignorante supone que volver a la situación de 2007 es cuestión de ser generosos y buenas personas y gastar dinero en cosas que la favorezcan.

De repente afloran por todas partes los indignados segurísimos de saber qué habría que hacer contra la crisis y de que todo es obra de los "corruptos" del PP. Incluso los del PSOE, cuyos latrocinios en Andalucía son mucho mayores que toda la corrupción que ha podido haber en el PP, se suman a esa retórica.

Es muy difícil entender de qué modo se articula la voluntad de una sociedad formada por muchos millones de individuos heterogéneos. La democracia es irrenunciable porque todos deben tener derecho a decidir quiénes los gobiernan, pero en la medida en que existe el Estado y éste obedece al partido más votado, siempre se tiende al uso de los recursos públicos en favor del partido de gobierno. En Colombia es clarísima esa relación y nadie la puede negar, por ejemplo pensando en la inversión estatal en publicidad en medios que calumnian, insultan y amenazan sin cesar a la oposición. En otras partes, determinados grupos de interés pueden usar esos medios para generar opiniones que conduzcan al ascenso de sus representantes mediante el engaño a los ciudadanos. Es lo que han hecho los regímenes del Foro de Sao Paulo, Irán y Rusia en España con Podemos.

Ortega decía que la política y el amor eran los temas más complejos y que sin embargo era de ellos de los que todo el mundo se sentía autorizado a hablar. Los millones de "enterados" venezolanos que eligieron a Chávez en 1998 y lo reeligieron otras veces partían de la misma ceguera, por ejemplo sobre las fluctuaciones del precio del crudo, y a partir de esos sobreentendidos estúpidos "compraron" el mito que les vendían los agentes cubanos en medios que recibían dinero de la cocaína de las FARC. Ahora le toca el turno a España: la venganza contra el PP conllevará también la ruina general, pero la mayoría no entenderá la causa, como cuando Hitler culpaba a los judíos de la crisis o como cuando Maduro acusa a la "guerra económica" de la creciente miseria de su país. De hecho, la misma inversión de capital es algo que la mayoría desprecia. Baste ver este tuit de un activista de Podemos: 

(Publicado en el blog País Bizarro el 29 de mayo de 2015.)

martes, junio 23, 2015

Arte del fracaso


Pensando en lo que los hispanoamericanos entienden por "moral" se me han ocurrido dos definiciones un poco maliciosas. Una: "lo que les falta a los demás", la otra es "antagonista del placer" (como la canción de Joaquín Sabina: "Todo lo que me gusta es ilegal, es inmoral o engorda").

Esa noción que espontáneamente expresa cualquiera dice mucho de la mentalidad de la región y de las causas de sus dificultades y limitaciones. Alrededor de lo que se considera "moral" se encuentran las claves del destino hispano.

Me ha llamado mucho la atención que todo el mundo les reprocha a los medios de comunicación su interés por la audiencia y por los resultados económicos que ésta genera. "Sólo les interesa vender más periódicos", es la frase típica.

Lo primero es la deducción de que publicando mentiras venden más periódicos. La suposición de que el mundo (por definición) está en  manos de gente perversa con intereses mezquinos. ¿Cómo es que la gente quiere que le cuenten mentiras? Bueno, el "crítico" resulta más inteligente que los demás, por lo que no se deja engañar. Es decir, su queja es un halago a sí mismo.

Por cada persona que cree lo que dice la prensa hay mil avispados que "saben" que son mentiras para vender más periódicos, pero ninguno de ellos se imagina que son mayoría (ya es norma que si uno se pone a hablar con desconocidos siempre va a aparecer alguno que habla del automóvil que no necesita gasolina y que las petroleras no dejan fabricar).

Termina habiendo sólo dos posibilidades: o el periodista gana dinero o dice la verdad. No es concebible que alguien pretenda hacer ambas cosas. El que va a decir la verdad debe renunciar a las cosas de este mundo; claro que ninguno de los que "razonan" así renuncia a nada, pero es porque ellos no son periodistas ni políticos (éstos sólo buscan votos).

El resultado de que las sociedades hispanas sean así es que una empresa periodística que pretendiera lo que las empresas periodísticas en el resto del mundo (prosperar gracias al prestigio adquirido diciendo la verdad) siempre fracasará, dado que la prueba de su disposición a decir la verdad es el fracaso económico. Eso sin duda tiene relación con que en comparación con otras regiones del planeta los medios hispanos sean los más mentirosos. En Colombia hoy en día, pura propaganda del sátrapa y de sus mejores amigos venezolanos. No es concebible que un negocio rentable ande diciendo la verdad.

Y lo mismo ocurre con los políticos, que no pueden pretender administrar bien el Estado ni representar honradamente los intereses de sus votantes. ¡Sólo lo harían aquellos que renunciaran a todo por sus ideales! Si el Che Guevara hubiera conseguido "crear dos, tres, muchos Vietnam" en Sudamérica, la inmensa mayoría de la gente lo lamentaría, pero como fracasó y murió quedó claro que no obraba por codicia sino por sus ideales y por eso resulta admirable. En realidad no fracasó: como decía Chávez, "las FARC y el ELN no son ningunos cuerpos terroristas, son verdaderos ejércitos" que aplican los ideales del Che Guevara.

El gran problema de los colombianos es que no pueden conciliar el aprecio que tienen por los ideales con el éxito de esos ideales. No odian a las FARC y el ELN porque encarnen los ideales del Che Guevara, sino porque creen que carecen de ideales y cayeron en la codicia de la cocaína. Los soldados que mataban antes estaban más justificados porque su asesinato obedecía a ideales.

En general, para la mentalidad hispánica dominante el éxito es algo que se puede esgrimir como acusación contra alguien: si fuera una persona con "moral" fracasaría y sería solidaria con los demás agraviados. Eso se detecta en cualquier campo: nadie puede librarse de elegir entre la moral y el éxito.

Prestando un poco de atención, hay tras la envidia un rencor que corresponde a sueños contrariados: en el caso del enemigo de la corrupción, la ilusión del dinero fácil con alguna jugada astuta y la rabia porque otro sí lo consigue. No hace falta que el otro se robe nada, basta con que tenga un cargo importante y a veces con que use corbata. Los miles de enemigos de Andrés Felipe Arias son un ejemplo: el ex ministro no se robó nada, todos los que lo persiguen gratuitamente sí lo habrían hecho, pero dado que no han llegado a nada en la vida, les queda una notoria ventaja moral. 

Lo mismo con el "homofóbico", casi siempre una persona muy sensual que tiembla ante la idea de la sodomía pero no se la puede quitar de la cabeza. Necesita proclamar su odio y desprecio por los homosexuales buscando en la exhibición de su moralidad una compensación por la privación a que se somete.

El examen de esas certezas comunes da para mucho. Tras la "moralidad" que condena la codicia está el esfuerzo desesperado de personas favorecidas por estructuras sociales jerárquicas ante la competencia. El comerciante próspero (o el finquero paisa, o el ganadero) es abominable porque desplaza al parásito que antes sólo necesitaba pertenecer a una casta poderosa. Dado que el segundo no trabaja ni produce nada, su compensación es su superioridad moral.

Esas opiniones y normas que definen la "moral" son construcciones que permiten a la gente adaptar sus viejas costumbres y anhelos a la siempre cambiante realidad.

Si alguien de otras épocas resucitara vería fascinado a los hispanoamericanos como unas gentes condenadas al fracaso: sus aportes a las ciencias, a la industria, a las artes y a todo lo que honra a la humanidad se aproximan a cero. pero eso no les preocupa en absoluto, toda vez que unánimemente se sienten agraviados por los que sí inventan y producen, y esa insignificancia les parece un motivo de orgullo porque certifica su superioridad moral.

Y lo gracioso es que en cierto modo esa forma de pensar hegemónica resulta muy valiosa: el que quiera hacer algo de su vida sólo tiene que aprender a mirar esa mentalidad con absoluto desprecio, aprender que cualquier complacencia con ella o con quienes la profesan es como una recaída en un vicio disolvente.

(Publicado en el blog País Bizarro el 22 de mayo de 2015.)

miércoles, junio 17, 2015

Propaganda estrato 6

El Malpensante
Colombia no se puede resumir en una definición de epítetos negativos: país atrasado, pobre, violento, corrupto, primitivo, bárbaro, desordenado... Esos adjetivos ya son tautológicos, pero se podrían aplicar a toda Sudamérica y quedaría faltando lo específico, un tipo de corrupción especial, más brutal y profunda. La causa de eso es el aislamiento, que permitió que se congelara la sociedad del Barroco con la mentalidad del castellano viejo reforzada en sus peores inclinaciones por las condiciones de esclavitud que favorecían a los miembros de la etnia invasora.

Con respecto a las metrópolis europeas, toda la América española y portuguesa era ya en el siglo XVII periferia remota, provincia en el peor sentido. Nada ha cambiado desde entonces salvo la multiplicación extraordinaria de la población (con respecto a la época de la independencia, y sin recibir inmigración, la población de la Nueva Granada se ha multiplicado por 70, y en muy pocos países europeos se habrá multiplicado por 7).

Pero el peso de esas sociedades populosas en el conjunto de la cultura planetaria es el mismo que en el siglo XVII. Sólo en Bogotá hay más de un millón de personas con título universitario, cientos de veces los que habría en Europa en ese siglo, pero nadie recuerda ningún aporte significativo y evaluable al conocimiento. Sencillamente se produce una recreación de la humanidad como en una farsa del guiñol: hay orquestas, periódicos, parlamentos, etc. pero nunca ninguna orquesta del país ha hecho una representación reconocida ni se puede abrir un periódico sin sentir asco ante la cantidad espantosa de mentiras que publican, y la mayoría de los parlamentarios recuerdan a los miembros de la mafia siciliana (bueno, podrían ser más toscos, pero eso es irrelevante).

Se genera entonces eso tan típico de la provincia que es el esnobismo: el afán desesperado de los favorecidos por el orden social imperante de adornarse para parecer grandes señores, intelectuales, artistas y demás. Dado que el país no exporta casi nada aparte de lo que extrae del suelo y de gente que hace los peores trabajos en otros países, y que los grandes méritos de sus próceres no son reconocidos por nadie fuera del país, los señoritos recrean el mundo de modo que ellos resulten grandes príncipes, como esos mafiosos que crearon un club social gemelo de aquel en el que no los dejaron inscribirse.

La revista El Malpensante es un ejemplo extremo de ese esnobismo: es la oferta para un público de ignorantes y mediocres de textos que los hacen creer que la vida en las regiones plenamente humanizadas es como en Colombia y que ellos, esos lamentables lambones y pícaros, son como los protagonistas de una bohemia refinada o como pensadores informados que comentan la vida de las ideas. Es el proyecto de un dandi del triste trópico, ya envejecido, y dicen que es simplemente la copia de The New Yorker, con su oferta de desenfado y humor "elegante", como Soho pero un poco más pretenciosa. (Acerca de la forma de hacer esas revistas, vale la pena conocer este blog.)

Lo que expresa esa revista es el alto poder adquisitivo de la casta sacerdotal, de los cientos de miles de vividores que dan clases en universidades (en las que se gasta el dinero que se niega a tanta gente que pasa hambre, que nunca encuentra un empleo, que no tiene atención sanitaria, etc.) o ejercen de literatos, cineastas, comisarios de exposiciones, periodistas, etc. De esa condición de su público viene su orientación política. Uno de los columnistas habituales es Francisco Gutiérrez Sanín, un profesor de la Universidad Nacional que compite con otros en representar a las bandas terroristas y que sin duda ocupará un ministerio cuando la banda pueda nombrarlos directamente.

La paz
Me llamó la atención un escrito que apareció en esa revista reivindicando la paz. Después me enteré de que su autor, Hermando Gómez Buendía, es ahora columnista de El Malpensante.

Negociar en medio de la guerra 
Pensar que es posible llevar a cabo un diálogo de paz como si no existiese una guerra que lo justificara es la raíz del principal cuestionamiento a los encuentro en La Habana. ¿Tienen sentido objeciones de esta naturaleza?
Antes de que lo echaran de Semana por publicar (y cobrar) dos veces la misma columna, Gómez Buendía era uno de los proveedores oficiales de falacias soft, dirigidas a gente cuyas pretensiones sociales le impedían ponerse abiertamente de parte de los terroristas. Por entonces describía la actividad de las FARC y el ELN como "guerra contra la sociedad". Después creó un think tank que es más o menos abiertamente una agencia de propaganda de las FARC (claro que habrá quien lo dude o lo niegue, ¿cuánta gente manifiesta que el Partido Comunista y las FARC son lo mismo?). Ahora explota sus artes retóricas para vender legitimaciones de la paz en la revista de los señoritos.

La entradilla del artículo fuerza otra digresión, esta vez sobre la prosa. ¿Qué es lo que dice? La "cultura" de los colombianos consiste en ese esfuerzo por construir galimatías con los que se "descresta" a la clase de gente que lee esa revista, que se siente muy refinada consumiendo esas cosas y poniendo cara de que las entiende. Por eso prosperan escritores como William Ospina, o como Moreno Durán o Cruz Kronfly y muchísimos otros. ¿Qué es lo que dice?

Descomponiendo la frase sale lo siguiente: la raíz del principal cuestionamiento a los encuentros en La Habana es pensar que es posible llevar a cabo un diálogo de paz como si no existiese una guerra que lo justificara. O sea, se cuestionan los diálogos porque se piensa que es posible el diálogo como si no existiera una guerra. Usted piensa que es posible el diálogo como si no existiese una guerra y por eso cuestiona los diálogos. ¿No es lo que dice?

Sólo se trata de ponerle "clase" a la cosa para que el imbécil de familia rica que lee eso y que a menudo tiene algún máster en el exterior, sienta que corresponde a las cosas de su estrato. Cuanto más absurda sea la frase más dulce es la floritura para el consumidor. Lo que les parece clarísimo, porque no hay nada que sea difícil entender sino un galimatías forzado por genialidades como reemplazar "encuentros en La Habana" por "diálogos de paz", es que hay una guerra y por eso tiene que haber diálogos de paz. ¿Tiene sentido cuestionar que hay una guerra?

Luego es el mismo cuento de toda la propaganda oficial y terrorista (valga la redundancia), la idea de que hay una guerra y por eso es urgente buscar la paz. Pero ¿en dónde no hay una guerra contra el crimen? La sociedad humana se basa en la persistencia de la guerra contra el crimen, que sólo deja de presentarse cuando triunfa el crimen y convierte su dominio en "ley", que es el sentido de la "paz" de La Habana. El galimatías sólo oculta la viejísima falacia de igualar al asesino con el agente de la ley y convertir el atraco en riña, toda vez que las bandas terroristas son la universidad en armas y su sentido es defender un orden social cuyos beneficiarios son los lectores de esa revista, que necesitan adornar la iniquidad de su parasitismo monstruoso con palabrería de ese estilo. Son los criminales y las esposas y concubinas de los criminales, pero no van a llamarse así.

Luego, aparte del afán de enredar, ¿por qué no dice "hay una guerra y eso no se puede discutir y por eso hay que sentarse a negociar"? Porque el aleteo pretencioso le impide al lector pensar en si tiene sentido decir que haya una guerra (contra la sociedad) y como no se entiende la cuestión polémica se deja pasar.
El médico le informa a su paciente que necesita someterse a una dolorosa operación, y el paciente responde que lo hará con una sola condición: que esté curado antes de operarse. Así de irracional –o de infantil, o de humano, simplemente– fue el (principal) argumento que le dio a Zuluaga los casi siete millones de votos con los cuales por poco derrota a Santos.
Alguien ve el ejemplo del éxito de los comunistas rusos y se ilusiona con la nueva corriente de organización social justa que él va a dirigir (alguien que nació para dirigir, se entiende), y gracias a la cual tendrá poder sin someterse al escrutinio de los demás sino alegando razones para imponerse por la fuerza, y a partir de ahí organiza bandas que cometen todas las atrocidades imaginables. Después viene el hermano menor de un compañero que pertenece a una familia presidencial y busca el éxito de esa labor ejerciendo de médico, como el atracador del paquete chileno se presenta como policía, y ¡hay quien pretende que no se premie a los que han hecho eso! ¿Cómo puede ocurrir algo así?

Porque el cuento es el sobreentendido de que hay que negociar con unos terroristas que en 2010 sólo existían como organización armada en las selvas que hacían frontera con Venezuela y Ecuador. El cuento de Zuluaga es ciertamente falaz, y ya he explicado muchas veces en este blog la absoluta inanidad del uribismo: no se le puede pedir al atracador que tiene el cuchillo en el cuello del niño que se entregue para negociar después el rescate. Sencillamente no se debe negociar con el atracador sino inmovilizarlo cuando sea posible. El sobreentendido de Gómez Buendía es que los terroristas son distintos de un atracador y que se puede desistir de la ley. Lo que hizo perder a Zuluaga fue que tomó parte en ese engaño, dado que a los uribistas les parece en su vulgaridad infinita que el mayor peligro es que los tachen de "enemigos de la paz".
La mayoría de la gente no comprende y se indigna porque las Farc siguen secuestrando niños y matando policías mientras sus delegados hablan de paz en La Habana. Por eso Óscar Iván Zuluaga y Marta Lucía Ramírez suscribieron su famoso “Compromiso por Colombia”, donde exigían, para seguir negociando, que la guerrilla dejara de reclutar niños, de sembrar minas antipersonales, atacar la infraestructura, secuestrar, extorsionar, traficar con narcóticos y, en general, terminara con sus crímenes de guerra y sus ataques contra la población civil.
El sobreentendido de este párrafo es que los crímenes atroces son la guerra, que se debe remediar negociando para que cese. ¿En qué se diferencia esa actitud de la de quien llama por teléfono a la familia de un niño secuestrado? En el galimatías, el airecillo profesoral que produce bienestar entre el público, que además agradece la buena intención de remediar el problema como si el secuestro no se produjera para esa transacción, como si el objetivo de los crímenes de las FARC no fuera llegar a la negociación que Gómez Buendía promueve.
Pero este, exactamente, es el mal que se trata de curar, la enfermedad que necesita de aquella cirugía: el propósito de las negociaciones de La Habana es poner fin a las acciones violentas e ilegales de las Farc. Nada más. Y nada menos. El ideal por supuesto sería estar curado antes de operarse, hacer que la violencia se acabara antes de sentarse a negociar. Pero –por las razones que sean– el Estado colombiano no fue capaz de acabar con la violencia, así que no nos queda literalmente más remedio que la negociación.
El Estado colombiano sí fue capaz de reducir drásticamente la violencia, y nadie puede pretender que "acabe" con ella porque ningún Estado nunca lo ha conseguido. La suposición de que Santos buscó negociar con las FARC porque el Estado no podría derrotarlas es una mentira criminal que no resiste el menor análisis. No se trata de acabar con la violencia sino de instaurar un régimen en el que domina el clan de Santos en alianza con los terroristas. El remedio de aplicar la ley produjo resultados fascinantes durante los gobiernos de Uribe, mientras que la negociación sólo ha traído la multiplicación de los crímenes. Lo que pasa es que, insisto, la épica del bochinche, acompañada de la orgía de asesinatos de las bandas comunistas les aseguró rentas fabulosas a los que la practicaban (el gasto público se multiplicó por 19 en una década después de 1991, al tiempo que la desigualdad aumentaba diez puntos). Los hijos de los "tirapiedra" de los años setenta y ochenta son los lectores de El Malpensante, ansiosos de darse lustre cómodo y jovial y obviamente leales a la "causa" que les provee su inverosímil bienestar (un profesor universitario colombiano se gana el sueldo de unas quince personas, cosa que no pasa en ninguna otra parte, y eso por no hablar de lo que saben y enseñan esos profesores).
La falacia de Zuluaga y de Ramírez es fruto de las grandes distorsiones que a lo largo de décadas y décadas han venido machacando los dos bandos –y que refuerzan los medios de mayor circulación– acerca del origen, naturaleza, alcances y soluciones de nuestro trágico “conflicto armado”. En este caso la falacia comienza por no entender que las Farc existen porque ejercen la violencia, es decir, que si dejan de atacar pierden toda su importancia, desaparecen del panorama político: ¿o a quién le importaría un montón de campesinos uniformados pero inofensivos en las selvas y regiones más remotas de Colombia?
¿Se entiende? Las FARC existen porque ejercen la violencia, luego quienes no ejercen la violencia deben permitirles hacer lo suyo mientras se resuelve el problema como la gente civilizada, negociando.
Y esa violencia consiste sobre todo en aquellas acciones criminales o contrarias al derecho de guerra (y al derecho internacional humanitario) que enumera el “Compromiso por Colombia” –y que a todos nos llenan de fundada indignación–. Esta guerra no tiene nada de heroico por parte de los supuestos “combatientes”: entre 1958 y 2012 murieron 220.000 colombianos por causa directa del “conflicto armado”, pero 196.000 (el 89%) de ellos eran civiles; no tenemos dos ejércitos en guerra, sino una guerra cobarde contra los civiles. La mayoría de los actos de las Farc que con razón les merecen tal repudio ciudadano han sido desde siempre –y no apenas ahora– inaceptables, con diálogo o sin diálogo, con o sin exigencias del gobierno de turno. Pero esta es la terrible enfermedad que se trata de curar.
"Escuche a su niño cómo llora, no se permita esa crueldad de aferrarse a la plata cuando basta una firmita suya y vuelve la familia a estar feliz". ¿Alguien recuerda alguna vez en el mundo en que se cure el crimen premiándolo? Es obvio que cuanto más se premie más se cometerá y la causa de que los terroristas cometan sus crímenes es la promesa del premio, como explicamos en este video.



Eso por no hablar de que el resultado de la negociación es simplemente que los comunistas adquieren poder. Pero los comunistas en el poder siempre han matado a sus contradictores, y las purgas recientes de Kim Joing-un no son excentricidades de un tirano adolescente sino lo que ha ocurrido en todos los regímenes comunistas. Los crímenes de las FARC hasta ahora son muchísimos menos que los que cometerán después de alcanzar el poder, cosa de la que son responsables todos los que quieren que se los premie, incluidos obviamente los uribistas.
A la gente tampoco le explicaron que sentarse a negociar sin condiciones es el mayor acierto del proceso de La Habana y es el secreto de su muy probable éxito. Tanto así que este ha sido el primero o el único intento de negociar la paz en serio entre el gobierno y las Farc en cincuenta años: los dos intentos anteriores (el de Betancur en los ochenta y el del Caguán bajo Pastrana) fracasaron precisamente porque dependían de condiciones explícitas o implícitas (treguas, zonas desmilitarizadas, no secuestrar congresistas, no ejecutar actos terroristas a gran escala...), cuya ruptura tenía que dar al traste con la negociación.
Este párrafo sí dice la verdad: el probable éxito de las negociaciones de La Habana se basa en que se permite a las FARC multiplicar sus acciones criminales: la cocaína les da recursos para comprar generales (es impresionante el descaro con que muchos cobran el genocidio) y la tropa terrorista se multiplica y se hace presente en todas partes, al tiempo que la agitación de Robledo le genera una base social que las legitima (con ayuda de los uribistas, que no ven problema en hacerse los distraídos con las barbaridades proteccionistas en que se basa la propaganda del senador maoísta). El probable éxito del proceso de La Habana consiste simplemente en el triunfo total de los terroristas gracias a que después de reconocerlos se legalizan sus crímenes. De ahí jugadas como el intento de incluir al ELN en la negociación o la exigencia de liberación de Ricardo Palmera, gracias a las cuales la negociación se dilata. Es cuestión de tiempo que la crisis económica permita a Robledo y el Polo generar una situación revolucionaria que favorezca la entrega total del Estado.
No explicaron que ambos bandos pueden usar y usan esas condiciones para fortalecerse (rearme, inteligencia militar, propaganda política...) y que por tanto a cada uno le interesa decir que el otro bando está incumpliendo alguna condición. No explicaron que cualquier “fuerza oscura” –o cualquier “disidente”– puede poner una bomba o secuestrar a un personaje para hacer estallar el proceso. Más sencillo: no explicaron que para exigir condiciones hay que tener el modo de vigilar su cumplimiento, y esto supone un árbitro imparcial: en este caso un cuerpo de la ONU (¿de la OEA?, ¿de Unasur?), que no vendría a Colombia por múltiples razones, que tardaría años en pactarse y que además no podría vigilar un territorio tan irregular o una guerra con tantas “fuerzas oscuras”.
¿Cuáles son esos bandos? El Estado colombiano es un apéndice de las FARC y el que lo dude puede prestar atención a la actuación del fiscal, a las sentencias de las cortes, a las actuaciones del ejecutivo y el legislativo favoreciendo la producción de cocaína, a la ideología de los sindicatos de funcionarios, al gasto público en adoctrinamiento de asesinos, etc. Los bandos son los que habría en un atraco, de esos tan típicos de Colombia en que los policías son parte de la banda que lo comete.
Ni, por último, explicaron que los pactos implican compromisos de ambos lados, y que las Farc en este caso tienen, desde siempre han tenido, sus propias exigencias. Reviviendo la propuesta de Bolívar a Morillo en 1820 –pues para algo son “bolivarianas”–, ellas hablan de “regularización” (en vez de “humanización”) del conflicto, y aquí incluyen las ejecuciones sumarias, las desapariciones, los falsos positivos, los bombardeos en zonas habitadas, el sitio de poblados, los “presos de conciencia”, el “terrorismo de Estado” y otros actos igualmente contrarios al derecho de guerra según esa otra lectura (existente aunque ignorada por los medios y por toda o casi toda “la opinión”) que las guerrillas tienen acerca del conflicto colombiano.
¿Afirma Gómez Buendía que todos esos crímenes que atribuye al otro equipo son ciertos? Sólo señala que son una "lectura" que tienen las guerrillas. Y el sentido es éste: una vez que el atracador tiene un conflicto con su víctima que se tienen que resolver cuando ésta le entregue el sobre de su sueldo, en aras del derecho a la vida que correría peligro, TAMBIÉN lo que dice el atracador es una verdad negociable. ¿Cuáles son los actos "contrarios al derecho de guerra"? Lo que se sabe sobre los juicios a militares y policías remite a una iniquidad infinita. Las sentencias de los jueces son tan perversas que los que mandan niños bomba y el mismo Gómez Buendía que cobra esos hechos resultan casi decentes. El que quiera conocer un caso de esos debería ver este video sobre el de Plazas Vega.



Lo que queda claro es que con sus habituales rodeos retóricos Gómez Buendía sale a legitimar la propaganda terrorista como si no fuera parte del crimen, como si no fuera mentira.
El presidente Santos casi pierde las elecciones porque no pudo –o no quiso– explicar por qué las Farc siguen delinquiendo mientras conversa con ellas en La Habana. Y esta es apenas una de las preguntas-objeciones (de hecho, una de las más fáciles de absolver) que tienen los colombianos –o digamos, “la opinión” y los medios influyentes– sobre el proceso de paz que está avanzando: ¿por qué no acabar de derrotar a las guerrillas hasta hacerlas “someter a la justicia”, como repite Uribe con su coro?, ¿por qué negociar las reformas con “esos bandidos”?, ¿por qué creer que cumplirán los compromisos que se pacten?, ¿hay acuerdos secretos en La Habana?, ¿se está entregando el país al “castro-chavismo”?, ¿vamos a perdonar así no más los secuestros y los demás horrores en estos muchos años de actuación guerrillera?, ¿aceptaremos que las Farc ni siquiera reconozcan sus horrores?, ¿castigaremos en cambio a los militares y policías que estaban defendiéndonos?, ¿veremos algún día a “Timochenko” sentado en el Congreso?, ¿será que después del acuerdo con las Farc (y el ELN) se acaba realmente la violencia?
Santos ganó las elecciones porque no hubo quien denunciara la paz como una componenda criminal, a tal punto que el uribista Sergio Araujo aseguraba que la negociación seguiría igual si Zuluaga hubiera ganado, mientras que el candidato hacía promesas "para consolidar la paz" (claro que hubo fraude y manipulación, pero no sería serio decir que un tercio del censo electoral votó por Zuluaga). Pero ¿las habría ganado por un margen mayor si hubiera explicado las "ventajas" de quedarse años dialogando mientras los terroristas multiplican sus crímenes? Es lo que la clase de gente que lee El Malpensante está dispuesta a creer. Me cuesta imaginar algo más absurdo. 
Debido en gran medida a que no pudo o no quiso explicar la negociación sin condiciones, el presidente-candidato se jugó a fondo con la promesa de que “el pueblo tendrá la última palabra”, es decir, que no habrá acuerdo mientras no sea ratificado por el voto popular. Con semejantes preguntas-objeciones, es bien probable que el pueblo colombiano vote “no” a la consulta o referendo, y quedemos en nada (o más exactamente, en bajo nada).
Por eso mismo en estos meses necesitamos un esfuerzo enorme de sinceramiento y de pedagogía para curarnos de esta enfermedad. Quién puede hacerlo y cómo debe hacerlo son las preguntas-respuesta que tenemos que plantearnos con premura los amigos de la paz.
¿Cuál es la "enfermedad"? ¿La de pensar que no se debe premiar el crimen ni someterse a los asesinos? Pero mejor, ¿cuál es la pedagogía que remedia esa enfermedad? La única respuesta que se me ocurre es ésta: el terror. Los colombianos aplauden algo tan monstruoso como la paz de Santos porque tienen miedo de que los hagan volar con una bomba y porque son serviles e indolentes. Si siguen renuentes a dejar que los asesinos dominen, aunque ya el triunfo de Petro en Bogotá en 2011 dejó ver otra cosa, lo único que los podría persuadir sería una buena orgía de crímenes. Yo no podría demostrar que es lo que Gómez Buendía propone, pero ¿alguien se imagina en qué consistirá esa pedagogía?

(Publicado en el blog País Bizarro el 16 de mayo de 2015.)

jueves, junio 11, 2015

Un mundo peligroso

El liderazgo mundial
Cuando se oye hablar de "Tercer Mundo" inmediatamente se piensa en "pobreza", "atraso", "subdesarrollo", etc. Mucho más sensato sería hablar de descontento: el Tercer Mundo es el conjunto de países cuyas poblaciones odian a las naciones que lideran el planeta desde la época del Renacimiento. A ese componente moral hay que añadirle la esterilidad cultural y científica, el desorden, el atropello y la violación de los derechos humanos, cosas que son el simple efecto del fenómeno descrito arriba y cuyo origen es la resistencia a la asimilación por parte de los favorecidos por el orden jerárquico previo a la modernidad.

Se podría decir que siendo ese orden, en sus diversas variantes, pura dominación, las mayorías deberían aborrecerlo y desear integrarse en el mundo moderno. Pero esa idea contiene en sí la superstición creacionista: presupone unas criaturas enteras a las que sólo les hace faltan las instituciones buenas y no comprende que la dominación es el componente nuclear de su cultura y de su idiosincrasia. Por eso en las naciones de ese origen todas las rebeliones de agraviados conducen sin remedio a nuevas tiranías y a nuevas anarquías, como se ha podido comprobar en las últimas décadas tanto en Irak como en Venezuela, por mencionar sólo dos casos ¡sangrantes! (la vieja Mesopotamia tuvo un rey como el jordano o el saudí que pronto fue derrocado por una rebelión que entronizó a un dictador procomunista, contra el que se rebeló el fascista Sadam Husein, tras cuya caída se impusieron los chiítas sumisos a Irán y tan funestos como sus predecesores).

Pero ese liderazgo mundial ligado en su origen a la Europa cristiana y después al Imperio británico y sus aliados americanos, contra el que se define la miscelánea constelación del llamado Tercer Mundo, es el referente único de la civilización: tanto en las instituciones democráticas como en el respeto riguroso de la ley y de los derechos humanos, aventaja rotundamente a las demás naciones, y de ahí también en el peso de su economía y en su poderío militar y tecnológico. Las naciones del Lejano Oriente que comparten ese modo de vida lo hacen sobre todo por asimilación, si bien sus tradiciones y su madurez la favorecen. Lo mismo se podría decir de las naciones europeas ricas, aunque en todo el continente hay poderosas corrientes tercermundistas (más débiles en los países que han sufrido el comunismo tras formar parte del mundo desarrollado en los siglos precedentes).

Tras el colapso del Imperio soviético pareció que ese liderazgo se afianzaba y que la resistencia a la democracia liberal y a los derechos humanos era minoritaria y en cierta medida ilegítima. Craso error: ocurrió lo contrario. En los países musulmanes prosperó la radicalización contra Occidente y el sueño de reimplantar la ley islámica del siglo VII mientras que en Sudamérica el régimen cubano consiguió apropiarse de las reservas petrolíferas venezolanas (después de obtener grandes recursos gracias a las industrias extorsivas y de tráfico de drogas en Colombia, aliado con los clanes oligárquicos y las mafias judiciales) y a partir de ahí crear un imperio que hoy domina la región y que conspira en alianza con los diversos islamismos y con Putin, el otro frente de esa rebelión, poniendo en peligro la paz mundial.

De Bush a Obama
Eso que señalaba arriba de la "interioridad" de la cultura de dominación se pone de manifiesto en la opción electoral de los hispanos estadounidenses: habitan una sociedad que no entienden y casi siempre están en desventaja dentro de ella; aspiran a obtener de esa sociedad rica los bienes de que disfrutan los "anglos" y esperan, según los valores de su cultura de origen, que el gobierno se los proporcione. De ahí que un político como Obama cuente con su apoyo, en principio por la mera percepción de que siendo de una "raza" diferente será distinto a los odiados "gringos". Y efectivamente, es distinto: es un claro aliado del régimen cubano y sus satélites, que hoy por hoy expresan más que nadie el tipo de orden social que causa la pobreza de Hispanoamérica y fuerza la emigración. La mayoría de esas personas aprecian la libertad y la prosperidad pero sólo en sus frutos visibles, si por ellos fuera harían de Estados Unidos otra república hispanoamericana.

Mientras que el Imperio británico se forjó en la competencia por la hegemonía con España en los siglos XVI y XVII, y con toda potencia que pudiera hacerse hegemónica en Europa después, Estados Unidos ha sido durante la mayor parte de su historia el país de la utopía: el lugar lejano al que muchos emigraban a construir su arcadia olvidándose de los conflictos del Viejo Mundo. Eso explica la resistencia a tomar parte en las dos guerras mundiales del siglo pasado, la recurrente tentación del aislacionismo y rebeliones como la de los años sesenta para no ir a la Guerra de Vietnam. También el hartazgo que pronto produjo la intervención en Irak durante el gobierno de Bush hijo.

El rechazo a esa intervención, particularmente en Europa, donde el antiamericanismo es tan fuerte como en el Tercer Mundo, y la frivolidad de las masas de la sociedad "posmoderna" favorecieron la propaganda del Partido Demócrata en 2008: la causa de los problemas no era el genocidio de los chiítas por Sadam Husein ni su inevitable alianza con los yihadistas ni su negativa a permitir las inspecciones que certificarían que no tenía armas de destrucción masiva, sino la agresividad de Bush y la falta de estilo de todo lo que representaba: los cristianos, los conservadores, los americanos tradicionales y patriotas, etc. Si en el mundo había hostilidad hacia Estados Unidos era por culpa de Bush, no hacía falta sino mostrarse comprensivos con los demás y llegar a términos de entendimiento.

La prosperidad estadounidense crea una clase de personas frívolas e indolentes que ven la conflictividad externa como algo de lo que sería mejor olvidarse. De ahí que en los estados ricos de las costas el triunfo de los demócratas esté casi siempre asegurado, con Obama además por el apoyo de los negros e hispanos, la mayoría de los cuales también habitan en esos estados. La falacia de la representación de sectores desfavorecidos es la misma del Estado en cualquier otra parte. La región más rica, con enorme diferencia, de Estados Unidos es el Distrito de Columbia, donde el triunfo de Obama en las dos elecciones fue más acusado, con una diferencia aún más llamativa.

Apaciguando, que es gerundio
La solución de Obama a los conflictos exteriores es el apaciguamiento, gracias al cual genera entre sus votantes la sensación de que los problemas menguan, al tiempo que para los negros e hispanos adelanta programas populistas que también le generan votos.

Pero el resultado es otro: dado que se puede agredir a Estados Unidos impunemente, todos los regímenes antiliberales escalan sus agresiones, como ocurre con Irán, que avanza en su programa nuclear al tiempo que conquista Irak, interviene en Siria, Líbano y países del Golfo, se alía con Cuba y Venezuela y proclama sin pudor sus intenciones de destruir a Israel. Lo mismo ocurre con la implantación de dictaduras castristas en varios países sudamericanos, con la carrera armamentista china, su intervención en las más diversas regiones y las amenazas a sus vecinos, con la expansión rusa que lleva a la conquista de amplias regiones en Ucrania y la probable amenaza a otras regiones, incluidas algunas de la Unión Europea (por ejemplo, en Letonia hay una mayoría de población de lengua rusa), con la implantación en Turquía de un régimen islamista que tiene gran influencia en Egipto y otros importantes países de la región...

La política de apaciguamiento de Obama sólo ha multiplicado los problemas, entre los cuales la expansión yihadista (con formidables bases en la zona del Sahel, en Siria e Irak, en Somalia, en Nigeria y en otras regiones y fuerte influencia en Europa) es uno de los más notables. La tradición de los gobiernos demócratas de inhibirse para complacer a su público ya fue lo que hizo posible el genocidio en Camboya (Carter había ganado con los votos de los enemigos de la Guerra de Vietnam y no hizo nada para contener al jemer rojo) y en Ruanda, cuando gobernaba Clinton. Sin que se pueda saber qué pasará antes de que se vaya, es innegable que Obama deja un mundo mucho más peligroso que el que recibió.

Lo que ocurre hoy se podría resumir en una rebelión de la periferia contra Estados Unidos que muy probablemente llevará a conflagraciones terribles que pondrán en peligro a las poblaciones de las naciones democráticas. Si el próximo gobierno estadounidense no intenta una alianza militar estable y resuelta con sus aliados más próximos, sobre todo con los países de habla inglesa de amplia expansión y poderío (Canadá, Australia y Nueva Zelanda, con los que incluso debería buscar una integración nacional), puede que otros lo intenten, bien aliándose, bien si China da un "gran salto adelante" hacia la hegemonía. No se debe olvidar que una causa importante de la ruptura chino-soviética en los años cincuenta fue el interés chino en hacer uso de las armas nucleares recién adquiridas, ni que bajo Deng Xiaoping se intentó exportar tecnología nuclear a países conflictivos ya que una catástrofe de ese tipo habría reforzado el poderío de su país.

La situación mundial actual es la más peligrosa desde la época de la crisis de los misiles en Cuba, pero en lugar de hacer frente a las amenazas Obama adormece a la sociedad con soluciones que sólo multiplican los problemas: el acuerdo nuclear con Irán sólo llevará a que ese país tenga armas atómicas en poco tiempo, el restablecimiento de relaciones con Cuba sólo anima a la dictadura a sentirse legitimada y aun triunfadora, como se vio en la cumbre de Panamá, al tiempo que sencillamente ya se desiste de restaurar la democracia en los demás países del Alba.

Bueno, el apoyo a la "paz" en Colombia forma parte de la misma disposición y tiene el mismo resultado: los terroristas son triunfadores y los crímenes se multiplicarán, da lo mismo que estén en el gobierno, todos los comunistas en el poder han matado a quienes se les oponen. Es verdad que la parte principal del éxito terrorista es la disposición de los colombianos a rendirse y a aprovecharse de la alianza con los victimarios, pero todo eso no sería posible sin el refuerzo estadounidense.

(Publicado en el blog País Bizarro el 7 de mayo de 2015.)