sábado, mayo 01, 2010

Los motivos del lobo

Desde hace un tiempo circula por internet un mensaje de correo electrónico que supuestamente envió por error el arzobispo de Caracas a los destinatarios equivocados y que ha sido copiado en cuanto lugar de propaganda del chavismo hay. La autenticidad de dicho mensaje resulta menos importante que el análisis del contraste que establecen los izquierdistas con él y, más a fondo, del sincretismo de diversos vicios tropicales que representa el chavismo. El escándalo que les produce el sentido de ese mensaje hace recordar los discursos de los años sesenta, los discursos que dieron lugar a las guerrillas. Comentaré por partes el texto, quien quiera leerlo entero sólo tiene que hacer clic en el enlace de arriba.
La Iglesia Católica debe oponerse a todo intento de homogeneizar la educación básica, porque esto sólo nos llevará al caos y a las guerras entre hermanos.
Es el tema grato por antonomasia para los comunistas, el de la desigualdad económica y la exclusión, que pretenden remediar tomando el poder y construyendo la sociedad sin clases. La frase del mensaje parece concebida para retratarlos, porque el medio por el que pretenden hacerse con el poder es la guerra civil. Es decir, la exclusión le parece al arzobispo necesaria para evitar el caos y la guerra, mientras que a los revolucionarios les parece necesaria la guerra para remediar la exclusión.
Los niños de los estratos más pobres querrán acceder a las mismas posiciones que sus compañeros más afortunados, creándose la inconformidad y alimentándose la envidia.

Friedrich Nietzsche decía que la igualdad nos parecía una aspiración irrenunciable porque queríamos igualarnos al de arriba, y que en cuanto lo conseguíamos querríamos ponernos por encima de nuestros iguales. A los intelectuales colombianos los desvela la dificultad que tiene una persona humilde para llegar a las altas jerarquías, lo cual es sumamente extraño porque si tal cosa ocurriera las personas humildes "igualadas" amenazarían los ingresos y hasta el prestigio de esos intelectuales. El caso de Nicolás Castro explica el sentido de esa angustia: las personas humildes no son los niños hambrientos ni los desplazados, que, lo saben, no podrán competir con ellos por las rentas públicas dedicadas al arte, sino que son ellos mismos, agraviados por los privilegios de las familias presidenciales.

De no ser así, ¿qué importancia tiene que alguno de los niños humildes llegue a ser magistrado o senador? ¿Es eso más importante que el que todos tengan posibilidad de alimentarse o que se alargue la esperanza de vida para todos? Bueno, la justicia de los revolucionarios es una desiderata a la que no cuesta nada añadirle adornos, cosa que sólo es muestra del atraso de Hispanoamérica. En el mundo de su ensueño no falta nada mientras que en la realidad de su ensueño materializado la gente se gana diez dólares al mes y sufre palizas y humillaciones si se muestra levemente insumisa. No les importa, pues el núcleo de ese ensueño es su propio poder y protagonismo, que visiblemente no alcanzarán allí donde haya que trabajar.

¿Qué pasaría si excepcionalmente un niño humilde llega a ministro pero la desigualdad entre ricos y pobres, o la pobreza, no se reduce? Es muy interesante de nuevo el contraste entre las inquietudes del arzobispo y los anhelos de los revolucionarios: la inconformidad y la envidia le parecen al primero desgracias que hay que evitar, mientras que para los segundos son los bienes más preciados, pues gracias a esas pasiones conseguirán soldados que los conviertan en oradores luminosos, embajadores y ministros vitalicios y en cualquier caso hacedores de la historia. El molde reaccionario de las ideas del arzobispo no es en absoluto más cruel ni más inmoral que la ambición de unos aventureros cuyo tesoro es el resentimiento que les permitiría provocar la guerra civil y hacerse con el poder.

Los de los estratos superiores perderán motivación para estudiar y alcanzar el éxito.

A primera vista esto resulta extraño. ¿Por qué iban a perder motivación? Pero puede ser cierto: en buena medida las clases altas las forman las personas más refinadas y aun aptas de una sociedad, y la educación suele ser sobre todo la transmisión del refinamiento, de las destrezas y hasta de los conocimientos que previamente alcanzaron los privilegiados sociales. En un contexto en el que sólo se trata de "ser como los demás", los vástagos de esas clases perderían toda motivación. Pero sigue siendo curioso que un arzobispo piense en el éxito. ¿No es éste un valor consumista extraño a los valores cristianos?

Con una educación talla única, lo que crearemos es una nación de envidiosos y conformistas.

A mí este pensamiento me resulta extraño. ¿No está la envidia antes? Por lo demás, la revolución socialista no es, como tanta gente cree, una opción de los pobres y discriminados sino de los ricos y discriminadores. El que lo dude puede averiguar quién hizo la Revolución cubana y de dónde proceden todos los jerarcas del régimen. También en Venezuela los ricachones del régimen bolivariano son en su mayoría personas de extracción social alta que encontraron en el bolivarismo lo que sus primos habían encontrado en la política anterior.

Los niños que, por su origen socioeconómico, tienen desventajas, deben ser educados en el respeto hacia la autoridad, en la diligencia, en la modestia y, sobre todo en el mensaje cristiano del amor.

La rutina ideológica hispánica condiciona los puños apretados y el semblante épico del universitario tropical cuando lee eso. Y yo me pregunto ¿qué pasaría si las ideas del arzobispo tuvieran éxito? Nada peor que el chavismo, pues la insumisión no ha servido para despertar los talentos dormidos de los pobres sino para henchir la nómina de la delincuencia. El hecho de que Colombia fuera el país del tráfico de cocaína y de muchos otros negocios criminales es el resultado directo de la promoción del resentimiento que floreció con Gaitán y siempre tuvo enormes apoyos entre las clases medias urbanas. El ensueño jerárquico del arzobispo y de los reaccionarios de ese estilo cedería ante la presión de la globalización y el mercado, mientras que la rebelión justiciera sólo conduce a jerarquías más brutales y opresivas, como las que sufren los cubanos o venezolanos. ¿Por qué habría de pensar alguien que es mejor una nación de "malandros" que atracan ancianos y matan a sus vecinos que una de cristianos modestos y dóciles? Para los doctores colombianos la respuesta es obvia: los primeros pueden abrir el camino hacia el poder. Los segundos podrían asegurar el ascenso de las clases productivas.

Los hijos de familias pudientes, llamados a ir a las universidades y, más tarde, tomar las riendas de empresas, negocios, ejercer las profesiones libres y ocupar los cargos más altos de la administración pública, deben ser educados para alcanzar estos fines y asumir su responsabilidad social de la forma más responsable y cristiana.

Los hijos de las familias pudientes llamados al mando se convirtieron en los más crapulosos juerguistas y en los más pretenciosos barbilindos, pero no por eso renunciaron a sus privilegios. ¿Por qué habrían de ser mejores que los que describe en su ensueño el arzobispo? Porque son de izquierda, son justos, pacifistas (tanto que quieren el intercambio humanitario para poder ser más pacifistas después, cuando haya más gente retenida para intercambiar), ecologistas, críticos, inconformes, rebeldes, intelectuales (leen a William Ospina), sensibles (algunos ya hasta conocen a Serrat), etc. Ah, y son científicos, se dicen unos a otros que Dios no existe y compadecen a los que no llegan a tan madura y sesuda conclusión. Lo que los diferencia de los que vislumbra el arzobispo es que no son responsables ni servirían para dirigir empresas ni ejercer con acierto ninguna profesión. La adhesión a la ideología revolucionaria reemplaza cualquiera de esas virtudes burguesas.

Nadie debe pensar que en las sociedades totalitarias todo el mundo va a las mismas escuelas, por el contrario, la exclusión siempre es mayor. Pero ¿qué se ganaría si todo el mundo fuera a las mismas escuelas? Lo urgente sería más bien mejorar la calidad de todas las escuelas de modo que todos aprendieran más. Pero ¿qué es "aprender"? En las escuelas colombianas "aprender" significa "hacerse consciente" o "pensante", es decir, razonar como un miembro de las milicias chavistas. Y es una verdadera tragedia que ese condicionamiento para el crimen no sólo se considere "educación", sino también una forma de remediar injusticias y atrasos. Lo que objetivamente han conseguido los revolucionarios en Colombia es multiplicar las desigualdades (gracias a los privilegios inverosímiles de los profesionales de la protesta) y destruir todo rastro de juridicidad (gracias a las tutelas, que sencillamente convierten a los jueces en dueños del erario). Lo único en que se diferencia el mundo que han creado a punta de asesinatos del orden en que sueña el arzobispo es que no hay nada cristiano ni responsable ni modesto ni diligente. Como ya expliqué en otra ocasión, el fruto de la educación colombiana es Pablo Escobar, ese precursor de Chávez.



(Publicado en el blog Atrabilioso el 9 de diciembre de 2009.)

lunes, abril 26, 2010

Educación infantil

Según una leyenda urbana que se oye mucho hoy en día, los pactos de estabilidad del gobierno con las empresas y las exenciones fiscales a la inversión están en la base del aumento del desempleo: a las empresas les resulta más rentable aprovechar el dólar barato y los premios por reinvertir que contratar gente, lo que afecta sobre todo a los trabajadores sin formación universitaria.

Digo que es una leyenda urbana porque si fuera por eso todos los adelantos en productividad tendrían el mismo efecto en cualquier parte del mundo. Ocurrió con la informatización, pero precisamente donde menos disminuyó el desempleo y donde se abrieron más oportunidades fue en los países que antes aplicaron todos los avances informáticos. Ocurrirá con la robótica y los demás procesos de automatización, que los procedimientos industriales más efectivos darán ventaja a los fabricantes de los países que antes se "posicionen" en el uso de esas nuevas posibilidades, generando riqueza gracias a la cual la mano de obra cesante encontrará forma de ganarse la vida.

Lo más extraño de todo eso es que se presente el aumento de cupos universitarios como la solución. ¿Se pretenderá que todo el mundo acabe una carrera? ¿O se intentará remediar la desigualdad gastándose los recursos de los más pobres en ofrecer a una minoría la oportunidad de alejarse de esa situación de miseria? Hasta ahora yo pensaba que la redistribución suponía un esfuerzo de igualación, pero parece que es al contrario, que el remedio para la pobreza es el de los Dead Kennedys: matar a los pobres. En este caso de hambre, y por un fin loable desde un punto de vista patriótico: se les quitará el Sisben y los auxilios de Familias en Acción, que los acostumbran a ser informales, para que algunos se vuelvan sabios y honren al país.

Muy extraño sobre todo porque la institución que permite una formación relativamente rápida y claramente orientada al trabajo es denostada por los mismos entusiastas del progreso. Supongo que el Sena no gusta porque es un sitio en el que la gente de escasos recursos aprende a trabajar y no a pensar, aunque en la hilarante germanía colombiana "pensar" signifique sencillamente "recitar el catecismo comunista" (no, no, por favor, no, no hablo del Manifiesto comunista, que sólo leen los miembros de las elites, sino de los volantes de propaganda y el periódico Voz). Tras esa confusión vienen todas las demás: la salida es la educación, pero "educación" quiere decir "adopción de la retórica chavista".

El hecho de que las personas con formación universitaria encuentren más trabajo que los que no la tienen no demuestra mucho respecto a las ventajas de esa inversión, y no se suelen publicar comparaciones entre la "empleabilidad" de los titulados universitarios y la de los egresados del Sena. Por ejemplo, puede tratarse de que las personas sin formación son aún muchas, por lo que para cada puesto que no exige calificación hay demasiados candidatos, o que el desempleo es de todos modos alto a causa de la violencia, de la fuga de capitales durante los noventa o incluso de los mismos avances en seguridad, que dejaron en la calle a mucha gente de la que recorría con su arma larga las calles del norte de Bogotá, etc., y los empleadores enganchan gente con título porque al menos han demostrado más maduración cognitiva que los demás. ¿Quién puede asegurar que trabajan en algo relacionado con lo que estudiaron? Bueno, estoy exagerando un poco: la burocracia sí contrata montones de titulados en leyes para que asesoren los informes y demás. Es una prueba de que la educación sí sirve, y de que la productividad es una causa del desempleo. Esos doctores no producen nada y sí tienen buenos ingresos.

Pero hay más: aun suponiendo que la formación universitaria en Colombia fuera buena, eso no garantizaría nada respecto al desarrollo del país y al bienestar de la población. En los países de la región que fueron ricos en el pasado se consiguió brindar educación superior de calidad. Venezuela es un ejemplo, Uruguay otro. La gente formada y diestra recibe una buena oportunidad de integrarse en países más ordenados y tranquilos: "Has demostrado que tienes talento, que no mereces malgastar tu vida entre nosotros, por eso invertimos la plata de los que no lo tienen para que te jubiles retozando con una rubia simpática y tan talentosa como tú en un país digno de tus méritos". Hermoso. De hecho, Colombia debería plantearse cómo atraer a esos profesionales para que produzcan en el país, en lugar de fastidiarlos enviándoles competencia en el mundo rico. Lo terrible es que eso requeriría empresas sólidas y rentables y no tanto un estudiantado combativo y consciente. No se puede tener contento a todo el mundo.

Lo cierto, y ya no sé cuántas veces he hablado de eso con ciudadanos españoles, es que en casi toda Hispanoamérica los titulados universitarios tienen una ortografía espantosa. Es verdad que un cirujano o un ingeniero pueden tener mala ortografía y desempeñar bien su trabajo, y que personas de gran valía, incluidos escritores importantes, tienen mala ortografía. Pero el hecho de que sea algo generalizado sólo demuestra una cosa: que entre los estudiantes colombianos el hábito lector es más bien raro. Vean, no es justo extenderse explicando que el rendimiento de los "profesionales", como el de cualquier persona, es menor si no están habituados a leer. Ya tiene mérito la paciencia que despliegan leyendo mi escrito para hacerlos perder más tiempo explicando algo que debería ser considerado obvio.

¿Tendrá algo que ver la lectura con el desempleo? Yo creo que sí, que la gente capaz de informarse tiene más oportunidades y que los países que antes redujeron el analfabetismo y divulgaron la lectura son los que mayor bienestar disfrutan. Claro que también son los mismos en que menos se recita la propaganda comunista, pero eso es difícil de explicar en Colombia. ¿Quién va a explicarles a los asesinos fanáticos que dan clases en las universidades que sus diatribas y sus galimatías leguleyos son la principal causa del atraso y que ellos no representan el "pensar" ni la "conciencia" sino los privilegios bárbaros de las clases más improductivas de la vieja sociedad?

Alguien que piense en asimilar a Colombia a esos países desarollados debería prestar atención a la lectura, incluso si tiene oportunidad de que sus hijos accedan a la educación superior y emigren a países más ricos, porque un nivel alto de lectura en el medio multiplica el acceso real al conocimiento y la competitividad de los egresados. Lo que se oculta tras la revolución y demás sueños de los doctores es el intento de asegurar los privilegios antiguos apoyándose en palabrería como la del gorila rojo, aunque a veces con mejores modales.

Pero es que la educación es otra actividad humana cuyo rendimiento también se puede evaluar. Y si aceptamos que el hábito lector multiplica la productividad del esfuerzo educativo, ¿qué se podría hacer para brindar realmente a todos los colombianos mejores oportunidades? Durante los gobiernos de Uribe se ha extendido ampliamente la cobertura en educación Primaria y Secundaria, pero seguramente los bachilleres seguirán teniendo tan poca afición a leer como los que se graduaron hace varias décadas.

Pensando en eso, ¿qué podría ofrecer un candidato presidencial para que lo apoyemos? Yo creo que la educación básica rendiría mucho más si empezara antes, como de hecho empieza en los países más avanzados. Tal vez en lugar de ampliar los cupos en universidades públicas convenga avalar créditos para las privadas, reforzar la calidad del Sena y ampliar sus cupos, y empezar a desplegar establecimientos de educación infantil, para niños de tres a seis años. Primero porque la escuela más que transmitir conocimientos permite integrar al individuo en la comunidad, y esa inserción será más fácil si empieza antes. Segundo porque las bases de la lectoescritura se sientan mejor antes, si se permite a los niños familiarizarse con los libros y con las letras antes de que se los esté sometiendo a calificaciones y tareas. Tercero porque de esa educación ya disfrutan los más acomodados, lo que les da ventajas enormes respecto a los demás. Cuarto porque la calidad de vida de los padres, y sobre todo de las madres, aumentaría al no tener que dedicar la mayor parte del día a lidiar con los niños...

Ya sé que es perder el tiempo porque en Colombia apenas hay energía para librarse de las intrigas del hampa de siempre, de las leguleyadas de cada día, de las añagazas propagandísticas, de los crímenes incesantes, de la "lucha" que lanza a los jovencitos más sanos y enérgicos a amedrentar a los transeúntes y usuarios de busetas, de los mil engaños y habladurías y leyendas urbanas que son a fin de cuentas una y la misma cosa que la tradición que perpetúa el atraso. Pero es peor callarse.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 2 de diciembre de 2009.)

miércoles, abril 21, 2010

Guerra y campaña

Los votos del miedo
Cada día hay alguna noticia nueva sobre la actuación belicosa del gorila rojo contra las instituciones colombianas, y el sentido de los titulares y también de los escritos de opinión es por lo general desconcertante. Lo que hasta ahora no he encontrado es lo obvio, lo que realmente importa: que la agresión es un intento de incidir sobre el "conflicto" colombiano, un "conflicto" que tiene importantes implicaciones políticas y que podría cambiar de rumbo según los resultados de las elecciones del próximo año. Las amenazas y los atropellos de Chávez son parte de la campaña electoral de la oposición, tanto como las masacres de las bandas terroristas dentro del país.

La agresión rentable
Lo más interesante de la situación es esto: que el gobierno obra con extrema prudencia, gracias a lo cual recibe aplausos de la oposición. Pero la prudencia sólo viene a ser la autorización para cometer más desmanes. La belicosidad es muy rentable para Chávez: fuerza la adhesión entre los militares, da poder dentro de las instituciones a los más leales y despiadados, debilita a los gobiernos regionales díscolos, halaga el orgullo chovinista de la chusma, distrae la atención de las fuerzas armadas colombianas, que podrían estar acosando a las FARC, y va minando la confianza de los colombianos, que cualquier día deciden que es mejor no tener bases compartidas con EE UU pero sí poder exportar a Venezuela y vivir sin el riesgo de que les lancen misiles.

Hagas lo que hagas lo lamentarás
Para el gobierno colombiano no es viable entrar en una carrera armamentista con Venezuela, y tampoco puede pensar en responder agresivamente, porque con eso les estaría dando argumentos a los que desde antes acusaban al "caudillo" de "retórica belicista". Y eso alentará a Chávez a proveer de armas y hasta tropas a las FARC, que podrían atacar y volver a territorio venezolano, convertido en burladero para la ocasión. De tal modo, César Gaviria y Ernesto Samper felicitan al gobierno por su prudencia porque la escalada de agresiones de Chávez le abre grandes expectativas a su alicaído partido. Lo terrible es que el gobierno se confíe en los aplausos de esos socios de Piedad Córdoba y en realidad también de Chávez, al que Gaviria protegió cuando la población se le rebeló en 2002 y al que Samper respalda cada vez que tiene ocasión. Ambos están haciendo caja con el triunfo que les representa la humillación del gobierno colombiano y con la certeza de que la escalada terminará por generar suficiente miedo para derrotar en las elecciones a cualquier candidato uribista.

Guerra civil transfronteriza
Muy poca gente en Colombia cree posible una guerra con Venezuela. Las guerras entre países suelen enfrentar a gentes de culturas distintas y suelen ser la maduración de enemistades heredadas. Nada de eso ocurre entre Colombia y Venezuela, pero en cambio sí hay una cultura del odio, que es la que durante todo el siglo XX inculcaron los totalitarios y populistas en amplios sectores de la población de ambos países. Chávez no es un producto venezolano sino la izquierda andina en el poder. El intento de poner un gobierno socialista en Colombia no corresponde al anhelo de dominación de una nación sobre otra, sino a la convicción del tirano de que así podría ayudar a hacer la revolución. Por eso la complicidad del "liberalismo", del pastranismo y del PDA es algo muy difícil de tapar: todo lo que hace Chávez es ayudarles a recobrar el poder de que disfrutaron durante los noventa, a medida que se multiplicaban los secuestros y que la tropa dócil al Partido Comunista se hacía con el control del tráfico de drogas.

La prensa incoherente
Esa labor compartida de Chávez y la oposición colombiana es complementaria a la que lleva a cabo la prensa local. Todos los improperios que ha usado el sátrapa han salido en la prensa, incluso en los editoriales. Las supuestas intenciones amenazantes para Venezuela del acuerdo sobre las bases compartidas son día a día denunciadas por los columnistas y entre líneas en cualquier noticia de actualidad, al tiempo que un personaje tan resueltamente afín a las FARC como la senadora Piedad Córdoba fue nombrada personaje del año por El Espectador y cuenta con el respaldo sistemático de los redactores y de casi todos los columnistas de Semana. Basta con ver la cantidad de artículos que aparecieron ensalzándola cuando se conoció la noticia de que podría ser candidata al premio Nobel de la Paz. La prensa colombiana está detrás de la agresión de Chávez, pero no puede proclamarlo porque despertaría la rabia de mucha gente.

Del ahogado el sombrero
Esa ambivalencia se detecta día a día, y en algunos casos adquiere rasgos grotescos. Por ejemplo, Enrique Santos Calderón se queja de la indiferencia del gobierno estadounidense ante las agresiones de Chávez. ¿Recordará alguien lo que se escribía sobre el anterior gobierno estadounidense, más dado a la solidaridad con la democracia colombiana? Sin el menor escrúpulo ese patrón del terrorismo totalitario pretende aprovechar las agresiones de Chávez para despertar el sentimiento antiamericano, tan arraigado en Colombia. Se podría decir que lo que le pasa al gobierno de Obama es que sus funcionarios dedicados a asuntos relacionados con Hispanoamérica leen la prensa colombiana. La desfachatez de ese forjador de las FARC (que llegó a usar las prensas del diario de la familia para imprimir Voz Proletaria) es una prueba de la afinidad entre el oligopolio de medios y Chávez. No es raro que otro valedor de Piedad Córdoba, Daniel Samper, incida sobre el mismo punto, casi con las mismas palabras.

Colombia aislada
Otro tema frecuente en la prensa de estos días es la indiferencia de los "países amigos" ante las amenazas del gorila rojo. Lo primero que hay que preguntarse es ¿cuáles son esos amigos? ¿Serán los "países amigos" que presionaban de todas las maneras posibles a Pastrana para que siguiera colaborando con las masacres de las FARC en tiempos del Caguán? ¿O serán esos gobiernos socialistas a los que casi todos los columnistas de la prensa colombiana han elogiado siempre por mucho que colaboren abiertamente con las FARC, como es el caso de Brasil? También se podría decir que ni siquiera el gobierno ecuatoriano ha secundado las amenazas de Chávez ni las ha aplaudido. En cuanto a EE UU, está claro que el interés primordial de Obama es complacer a su electorado, al que las redes de socios de las guerrillas tienen convencido de que Colombia vive bajo una dictadura genocida y ellos son las víctimas. Lo que pasa es que entre esas redes destaca en primer lugar la prensa colombiana.

La respuesta posible
Así las cosas, lo único claro es que las agresiones de Chávez continuarán y se agravarán y que el gobierno no podrá atacar el territorio venezolano para no darle motivos al tirano para usar sus nuevos juguetes bélicos. Pero no hacer nada conducirá al candidato unificado de la oposición a negociar por su cuenta con Chávez el fin de las agresiones. El gobierno necesita algún logro significativo sobre las FARC, por una parte, y por la otra denunciar a Chávez ante la CPI. A pesar del sesgo que puedan tener los miembros de esa corte, las formas del derecho harían imposible exculpar lo que ha hecho el sátrapa. Petro y compañía se frotan las manos cuando Uribe saca pecho por no hacer nada, y tienen razón porque saben que tanta inacción desgastará el prestigio del gobierno. Bueno, por otra parte se sabe que Uribe no lo hará, tal como no fue capaz de convocar una constituyente ni de crear un partido basado en ideas. La imagen de Gaviria y Samper felicitándolo es la prueba de que Chávez acierta con sus amenazas. Se sienten seguros de poder poner a uno de los suyos en la presidencia en 2010.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 25 de noviembre de 2009.)

viernes, abril 16, 2010

El modelo "Pro-rico"

El consenso generalizado entre los colombianos a la hora de rechazar a los ricos es un rasgo llamativo de la mentalidad predominante. Y es curioso: lo que distingue a un país desarrollado es que en él los ricos se sienten bien. Mejor dicho, los países desarrollados son aquellos que gustan a los ricos, bien por la oferta de lujos, bien por la tranquilidad, bien por el prestigio de su cultura, bien por las oportunidades de negocio que se presentan. Una de las fuentes de ingresos más importantes para la mayoría de los países es el turismo, y el éxito en este campo depende en gran medida de que se consiga atraer visitantes ricos, razón por la cual infinidad de países se esfuerzan por corregir todo lo que podría espantarlos.

Ésa no es la visión que predomina en Hispanoamérica. Todavía recuerdo un artículo del inefable dandi taurino Antonio Caballero en plena época del Caguán quejándose de que veía demasiados estadounidenses en Colombia. El ejecutor de los sueños de gente como Caballero, el espeluznante Hugo Chávez Frías, ha convertido a su país en uno de los que menos desean visitar los ricos de otros países, por no hablar de los propios, que huyen desde que él empezó a "gobernar", dejando sus bienes en manos del hampa que asciende con el sátrapa (Venezuela es, de lejos, el país más corrupto de Hispanoamérica, según Transparencia Internacional). Más resuelto aún, el "caballerista" africano Robert Mugabe ha arrastrado al hambre a la población de su país con el muy patriótico pretexto de expropiar a los granjeros blancos.

De modo que cada vez que oigo hablar del "modelo pro-rico" me parece un elogio involuntario: claro que una política correctamente enfocada tendría por objeto que la gente en Colombia se enriqueciera. Pero en las universidades colombianas la "enseñanza" unánime conduce a pensar que aquello que obtienen los ricos es lo que quitan a los pobres, con lo que cuando personajes infectos como la senadora López Montaño hablan del "modelo pro-rico" su público se siente legitimado en toda su violencia y perversidad. ¡Parece que se estuviera cometiendo la mayor injusticia! ¿Habrá algún país sin pobres en el que no haya ricos? No; sólo hay países más ricos que otros: los más ordenados, productivos, amables, respetuosos de la ley, solidarios y justos. En las satrapías totalitarias los poderosos no necesitan ser ricos, pues disponen de todo sin necesidad de comprarlo. ¿Cuándo entenderán que el hecho de que las víctimas de las universidades colombianas crean que Cuba es preferible a Luxemburgo sólo es la persistencia de un esclavismo atávico?

Esa ideología de la suma cero es tan impresionante que hasta un enemigo del gobierno como Rudolf Hommes la reseña:

Pareciera que culturalmente, por aquello de que es más difícil que un rico llegue al cielo a que pase un buey por el ojo de una aguja, cuando los colombianos pensamos en justicia social o distribución, la mayoría lo entiende como un "juego de suma cero" en el cual se les quita a aquellos para darles a estos.

En Colombia, cuando se habla de distribución es de repartir lo que hay y la idea de 'justicia' va acompañada del concepto de "castigo", que consiste en quitarle al rico para darle al pobre.

Esto se refleja en otra característica popular que consiste en que la gente se siente con derecho a tener ciertas cosas aunque tenga que robar, engañar o hacer trampa para obtenerlas. Y en el ejercicio de los negocios, muchos operan con la idea de que son "juegos de suma cero" en los que lo que uno gana lo pierde otro.

El escándalo reciento por el programa Agro Ingreso Seguro ha servido para el despliegue de la peor demagogia. La inmensa mayoría de las columnas, como es habitual en la prensa colombiana, presentan el programa como una simple forma de robar recursos públicos y repartirlos entre los amigos del gobierno. Al respecto conviene prestar atención a lo que señala Alfredo Rangel:

Entre los años 2002 y 2009 se han incorporado 700.000 nuevas hectáreas a la agricultura, o sea un 16 por ciento adicional, y la productividad por hectárea se incrementó en 10 por ciento. Como resultado, antes producíamos 22 toneladas de alimentos y hoy producimos 27 toneladas, un 22 por ciento más. Por eso la inflación de alimentos es la más baja de los últimos 20 años. Simultáneamente la pobreza rural bajó de 80 por ciento a 65 por ciento y el desempleo rural descendió de 10,8 por ciento a 7,4 por ciento. Hoy obtenemos tres veces más divisas por nuestras exportaciones de alimentos que lo que pagamos por las importaciones. Y si estas últimas han crecido un poco es para alimentar gallinas y cerdos para satisfacer la enorme demanda de proteína animal que por sus bajos precios consume en forma creciente la población colombiana.

Pero como estos datos que demuestran el éxito de la política agropecuaria son irrebatibles, entonces Robledo, los liberales y algunos medios insisten en que AIS es un programa "pro-rico" y ''le da plata al que no la necesita". Argumento efectista, burdo y populista. Primero, porque está probado que el 98 por ciento de las 316.000
familias campesinas beneficiarias son pequeños y medianos productores cuyos patrimonios en su mayoría no pasan de 250 millones de pesos. Esas familias también han recibido el 86 por ciento de los subsidios, porcentaje superior al 70 por ciento que el mismo senador Robledo declaró aceptable en el momento que se discutió y aprobó AIS en el Congreso. Segundo, porque este no es un programa asistencial como el Sisbén, sino de estímulo a la producción, y por eso los subsidios deben llegar a los productores pequeños, medianos y grandes, para crear más riqueza y más empleo. Tercero, porque aquí no se trata de regalar plata improductivamente, sino de incentivar la inversión y el desarrollo del campo. Así, por cada peso de subsidio estatal, el beneficiario ha tenido que invertir cuatro pesos de su propio bolsillo. Cuarto, hay que recordar que el Incentivo a la Capitalización Rural -componente de AIS- fue creado en 1993 por César Gaviria para aliviar los efectos de una apertura descontrolada que arruinó a muchos empresarios agrícolas. También lo aplicaron Samper y Pastrana, sin que en esas épocas fuera criticado por los críticos de hoy. Puro oportunismo. Y quinto, porque AIS es mucho más democrático y equitativo que programas similares de otros países. Así, mientras en Colombia los pequeños y medianos campesinos reciben el 84 por ciento de los recursos, en la Unión Europea sólo reciben el 50 por ciento; en Francia, el 40 por ciento; en México, el 33 por ciento, y en Inglaterra, el 16 por ciento, para citar sólo algunos ejemplos.

No estaría mal que el debate que presentan los opositores se basara en cifras reales y no en la incidencia sobre los prejuicios ideológicos de la gente. Más allá de esa clase de críticas, los subsidios agrícolas se cuestionan con frecuencia por lo que tienen de apoyo a la ineficiencia. El problema de esa clase de argumentación es que nadie ha demostrado que sin subsidios la agricultura fuera viento en popa. El mismo Hommes, aludiendo a AIS decía:

Y el novio de la reina de belleza remató confesando que si no le hubieran regalado plata no hubiera emprendido el negocio.

Extraño "razonamiento" que delata el interés de hacer demagogia con el asunto: ¿no sería lo realmente escandaloso que subsidiaran a quien de todos modos habría emprendido el negocio? Es que precisamente se subsidia porque las inversiones no son suficientes para la potencialidad del sector.

En la misma dirección se critican las exenciones tributarias, los pactos de estabilidad y la posibilidad de desgravar las inversiones. Eso también encuentra fervorosos aplausos en los medios universitarios. Primero, ¿no es Colombia un exportador de materias primas? Eso hace pensar que la provisión de recursos que recibe el Estado debería alentar una fiscalidad baja para quienes crean empleo y producen, pero la mentalidad tradicional conduce a esa noción "anti-empresa". No se trata ya de ricos y pobres, pues ¿será por casualidad pobre la senadora López Montaño? La inmensa mayoría de los empresarios tienen ingresos muy inferiores a los suyos como senadora, y si hubiera el menor interés en reducir la desigualdad ella misma habría promovido el fin de la exención de la cuarta parte de los salarios del impuesto de renta. Lo que ella tiene exento es unas diez veces lo que se gana de promedio un colombiano.

El punto es la presión "redistribuidora" de los grupos parasitarios de siempre, que opera a favor del despilfarro estatal y a costa de la producción, el crecimiento y el bienestar de la mayoría de la gente.

Esa polémica hace recordar la trayectoria del difunto líder chino Deng Xiaoping: tras el fracaso del esfuerzo colectivizador del Gran Salto Adelante, Deng, un comunista curtido y leal, pero práctico, se planteó, hacia 1960, aquello de que "da lo mismo que el gato sea negro o gris con tal que cace ratones". Es decir, en lugar de la ingeniería social, Deng optaba por el aumento de la producción, que sin la menor duda implicaba el permiso para enriquecerse (tal como había ocurrido en la URSS al comienzo de la década de 1920, con la Nueva Política Económica). Tras la reacción de la Revolución Cultural y la muerte de Mao, al ser rehabilitado, Deng lanzó un programa de modernización económica que ha permitido tres décadas de crecimiento sostenido en ese país.

Naturalmente no faltan los que se quejan de las desigualdades que la liberalización produce: parece que la vida de los chinos hace cincuenta años, cuando murieron más de veinte millones de hambre, o durante la Revolución Cultural, cuando la inmensa mayoría de la gente comía una vez al día, fuera mejor que ahora.

Y es que los alegatos contra el "modelo pro-rico" son sólo resistencia al progreso de los enemigos del comercio. Lo que hizo Deng en China fue precisamente favorecer el enriquecimiento creciente de los ciudadanos, obviamente primero de los más productivos, y por supuesto que tuvo formidables resistencias. Aunque seguro que no fueron tan poderosas como en nuestra región porque China es una cultura antigua y compleja, y sin duda allá la gente no está esperando que la riqueza salga del subsuelo y sea suficiente para pagarlo todo.


(Publicado en el blog Atrabilioso el 11 de noviembre de 2009.)

domingo, abril 11, 2010

La labor de la quinta columna

Pensándolo un poco, el hecho de que la caída del comunismo en Europa coincidiera con el comienzo de su mejor época en América es menos paradójico de lo que parece a primera vista: una vez desaparecida la amenaza soviética, Estados Unidos dejó de gastar energías en contener las poderosas corrientes totalitarias de las republiquetas del sur, en gran medida porque se impuso la creencia de que las elites políticas se merecían el descontento que podría barrerlas. Al parecer no se les ocurrió que el comunismo era una buena jugada de esas elites políticas, una tecnología superior para asegurar la permanencia de la cleptocracia.

El precursor fue el mismo Fidel Castro, que no tenía ninguna relación con el Partido Comunista hasta un mes antes de la toma del poder, cuando el Che Guevara se reunió con los dirigentes de la sucursal comunista cubana. Quien sí había sido aliado de los comunistas era Fulgencio Batista; durante su régimen el partido y su prensa eran legales. Ese aspecto "tecnológico" del proyecto totalitario es en extremo interesante: un ex agente de la CIA y despiadado perseguidor de los comunistas como Sadam Husein se inspiró en los métodos de Stalin para asegurarse el control de su país.

A partir del triunfo de Chávez en Venezuela y del afianzamiento de su régimen "bolivariano", diversas tendencias tradicionales de la región se encontraron con un modelo eficaz que prometía asegurar la persistencia en el poder de quienes lo adoptaban: el golpismo militar tradicional se mezcló con el guerrillerismo, con el populismo, con el indigenismo, con las nuevas corrientes de retórica de los derechos, etc., y de repente el viejo sueño de hacer la revolución empezó a hacerse factible y fácil de entender: Chávez provee dinero; los universitarios, marchas; los indígenas, asonadas; los intelectuales, diatribas; los sindicalistas, huelgas... Tras un triunfo electoral se cambia la Constitución y se implanta un régimen de terror que por un tiempo permite algunas libertades. En la mayor parte de los países de la región el modelo ha tenido éxito. Falta Colombia.

Ése es el sentido de la escalada bélica de Chávez: la revolución pendiente. Por eso no hay diferencia entre los fines de Chávez, los de las FARC y los de la izquierda colombiana. Sólo es la función la que cambia. Bueno, la izquierda colombiana, gracias a los millones de Chávez y al poder que conservan las FARC, concentra toda la oposición al gobierno actual: el hecho de que cuatro ex presidentes presionaran a Uribe para que despejara Pradera y Florida no es un hecho banal, como tampoco lo es la retórica incendiaria, calumniosa, deslegitimadora y abiertamente orientada a favorecer a los terroristas que despliegan las maquinarias de propaganda de las viejas elites: Semana, El Espectador, El Nuevo Siglo y El Tiempo (si bien en este último la entereza de los antiguos redactores de Alternativa desfallece ante la presencia de varios miembros de la familia propietaria en el alto gobierno).

Pero la intención de Chávez no es nueva: ya en tiempos del Caguán se sabía que quería poner una fábrica de munición para el tipo de fusiles que usan las FARC. Por eso es muy torpe suponer que la escalada es sólo el resultado de las dificultades que tienen los venezolanos o del probable descontento con el régimen. Primero porque Chávez no tiene miedo de que la gente empobrecida se le rebele, para eso tiene suficientes elementos de control organizados por los cubanos, y segundo porque la transformación de ese descontento en rebelión requeriría al menos el arraigo de valores diferentes entre la población. No tiene sentido esperar que la gente que se ilusionó con el sueño justiciero del gorila rojo se convierta de repente en liberal y ansiosa de disfrutar de las mieles del capitalismo y de trabajar duro para integrar a su país en el mundo civilizado.

Lo que pasa es que el afianzamiento de Chávez coincidió con el de Uribe y con el retroceso militar de las FARC: la manifiesta afinidad del tirano con los terroristas en declive terminó generando mucho rechazo a su figura en Colombia y aun dificultades en el país para los sectores políticos que trabajan por la revolución. De tal modo, la explotación del anticolombianismo y la amenaza de guerra es no sólo una forma de cohesionar a sus seguidores y arrinconar a los críticos con el pretexto patriótico, sino también de incidir en la campaña electoral colombiana. El acuerdo para el uso conjunto de las bases militares con EE UU le sirve de pretexto para escalar la retórica belicista. Y sus socios colombianos no tardan en cobrar las amenazas, tal como siempre han cobrado las atrocidades de la tropa de niños que les hace el trabajo sucio.

En eso contexto se entiende la insistencia de Gustavo Petro en pedirle al gobierno colombiano que renuncie al acuerdo. Sabe que no le harán caso, pero así puede justificar la agresión de Chávez. Lo último es la carta a Obama, que tiene el mismo fin y que en rigor es parte de la agresión del régimen venezolano. Aunque también hace reír con sus florituras leguleyas y su desparpajo. La verdad es que uno lo entiende bien y sabe a qué juega, pero la infinidad de lisiados morales que lo justifican o le creen sacan de quicio a cualquiera.

Más repugnante por su perversidad es el escrito del lamentable mártir heredero Héctor Abad Faciolince. Lo más sucio, lo más bajo, lo que más claramente hace de ese canalla un criminal de la peor calaña es que se presente como alguien imparcial que condena a Chávez y a las FARC. Así consigue aliviar las culpas de los que vacilan y aprovechar la rabia que generan las amenazas del gorila rojo para favorecer su agresión. Esa clase de personajes, esa clase de prensa, son la quinta columna de la agresión chavista, mucho más peligrosos que los niños del partido que dirigía el mártir senior.

Conviene prestar atención a las mentiras de ese canalla porque forman parte de la agresión, y desgraciadamente encuentran público:

Hace algunos meses el presidente Uribe declaró que sólo se quedaría otros cuatro años en el poder si ocurría una hecatombe. Y bien, la hecatombe se está fraguando en la frontera con Venezuela, con gran euforia de los gobiernos de uno y otro lado. Tanto a Uribe (por su segunda reelección) como a Chávez (por sus desastres internos) el ambiente de preguerra les conviene. Y como les conviene, harán todo lo posible porque la tensión se mantenga e incluso aumente hasta llegar a alguna escaramuza.

Lo que he puesto en negrita es completamente falso. ¿Se imaginan que Uribe tiene la posibilidad de concentrar esfuerzos para capturar a Cano y desbaratar los frentes de las FARC que operan en el sur del país, pero en lugar de eso tiene que estar pendiente de la posibilidad de que el ejército venezolano entre en Colombia? ¿Y si no hubiera problemas con el vecino y Colombia estuviera exportando por montones toda clase de productos? ¿En qué le conviene a Uribe?

Lo que pasa es que la propaganda y diversos tipos de presión tienen a cierta gente condicionada a la hostilidad hacia el gobierno: no faltan los que aluden al programa Agro Ingreso Seguro como un simple robo. Como la gente no se esfuerza en entender lo que pasa, y menos va a desautorizar a toda la prensa, tal falacia cuela fácilmente. La suposición de que el ambiente prebélico le conviene a Uribe es un viejo recurso de la propaganda comunista. Una vez creado el demonio, se le atribuyen todas las intenciones perversas que se quiera. No hace falta que tengan ninguna coherencia.

De ayer es la noticia del movimiento de tropas venezolanas hacia la frontera colombiana. También de ayer el dato de que noventa colombianos sin papeles serán deportados de Venezuela. De antier el asesinato de otros nueve que según algunos jugaban al fútbol y según otros conspiraban. De trasantier las mutuas acusaciones de espionaje y el asesinato de dos guardias venecos. Como denunciaba hace poco Ibsen Martínez, la xenofobia anticolombiana tiene en Venezuela una vieja tradición política en momentos de crisis de popularidad: “La pérfida Colombia vuelve a ser, como de costumbre, motivo electoral”. Y por supuesto el confuso e inoportuno acuerdo de bases colombianas abiertas a los militares estadounidenses son el pretexto perfecto (porque además tiene un fondo de verdad) para gritar que el lobo viene ya.

La enumeración de hechos violentos tiene un solo actor: el chavismo, pero ¿no recuerdan que las ONG formadas por los amigos de Abad Faciolince hacen la cuenta de las víctimas de las FARC y después se las cargan a "la violencia política" y después culpan al gobierno por no resolver la violencia política mediante el procedimiento de premiar a las FARC? Es lo mismo: los crímenes del chavismo ya son atribuibles al interés de Uribe en ganar el referendo: ¿qué importa quién los comete? El problema tremendo es un país en el que tales métodos son los normales en la prensa. En el que lo corriente es la mentira interesada en el ascenso del crimen (hay que leer por ejemplo los reportajes que Abad escribía sobre la Venezuela de Chávez, o su continuo reconocimiento a William Ospina, el ganador del Rómulo Gallegos después de aplaudir a Chávez). Estos personajes, promovidos por la secta comunista y aun por gobiernos de malhechores como el de Saºmper (también aliado de Chávez), encuentran el aplauso generalizado de la gente servil que predomina entre la cómica intelligentsia criolla.

Las Farc fueron el gran elector de Uribe en las dos campañas presidenciales anteriores. Arrinconadas ahora y menos protagonistas, el nuevo gran elector de Uribe será Chávez. Y si no Chávez, el espantajo que su figura y su gritería significan para la mayoría de los colombianos. Este coronel con sus modos estrafalarios, con su verborragia agresiva, con su fiebre consumista de armamentos modernos, sirve también aquí para crear la idea equivocada, pero muy arraigada, de que solamente Uribe puede contenerlo. Como si una guerra —supongamos que la hubiera— se ganara con sombrero, poncho, gritos y carriel. Si Chávez se atreviera a invadir nuestro país (y no se atreverá) cualquiera de los actuales candidatos colombianos que fuera presidente le daría total apoyo a nuestro ejército para repelerlo al instante. A Chávez, sin duda, le gusta desestabilizar, apoyar a las Farc, pero sabe que una guerra convencional la perdería contra un ejército mucho más numeroso, y el más entrenado a luchar de toda Suramérica.

El procedimiento es el mismo: todos los adjetivos que se descargan sobre Chávez refuerzan la acusación de que ayuda a elegir a Uribe. Las mentiras son grotescas: los candidatos de la oposición colombiana son casi abiertamente empleados de Chávez, incluido Sergio Fajardo, que ahora tiene en sus listas a Luis Eladio Pérez, el desvergonzado propagandista de las FARC. ¿No es prueba de que apoyarán a Chávez el que Petro pretenda convencer a alguien de que la agresividad del patán venezolano es el resultado del acuerdo con EE UU? Bueno, es que también Abad condena el acuerdo y justifica la agresividad venezolana respecto de él, como si Chávez no estuviera entrometiéndose en Colombia y amenazándola hace tiempo. Basta con pensar en la situación de Colombia, con clara inferioridad de armamento, sin alguna forma de respaldo exterior. ¡Abad ya estaría de ministro vitalicio!

Es triste que Latinoamérica, el continente con menor tradición de guerras internacionales del mundo entero, una de las más pacíficas regiones del mundo (en términos de guerras entre los vecinos), se esté hundiendo por culpa de Colombia y Venezuela en una retórica belicista creciente. No podemos aceptar que esta retórica guerrerista, por el hecho odioso de que les convenga tanto a Uribe como a Chávez, nos la vengan a imponer como un destino irremediable. Estos dos gobiernos son inoportunos y nefastos porque claman al odio, porque su animadversión es simétrica y complementaria, porque azuzan el nacionalismo más cerrero y primitivo, porque uno y otro se quieren perpetuar en el poder como si sólo este par de falsos mesías nos pudiera aliviar de nuestras desgracias.

¿Cómo puede pasar inadvertida una sarta de mentiras absurdas como ésa? Porque la atmósfera de propaganda fanática de los que buscan la revolución y la integración en el Alba nubla la razón de la gente cooptada para ese fin, por ejemplo de los estudiantes. ¿Cuál es la retórica belicista colombiana? Propiamente, ¿cuándo ha hecho gala el gobierno colombiano de retórica belicista? Es imposible clamar al odio, pues se clama a alguna autoridad superior (al cielo, por ejemplo), pero no a una pasión. Lo cierto es que el gobierno colombiano NO INCITA EL ODIO CONTRA VENEZUELA NI AZUZA EL NACIONALISMO. Se trata de más mentiras que forman parte de los diversos pretextos con que el gorila rojo intentará invadir a Colombia. Parece que Abad Faciolince espera ganar también el Rómulo Gallegos. O hay ya una conspiración para aprovechar los juguetes bélicos de Chávez y el escritor intenta posicionarse para un cargo importante.

Me recordaba hace poco Armando Montenegro que durante las crisis anteriores con Venezuela los escritores, artistas e intelectuales de los dos países jugaron un valioso papel de distensión. Una vez García Márquez y Miguel Otero Silva se comprometieron a salir a la calle a gritar ¡Viva Venezuela!, el primero, y ¡Viva Colombia!, el segundo, si los gobiernos se obstinaban en llevarnos a la guerra. Creo que ha llegado el momento de inventarnos un movimiento pacifista ciudadano parecido. No podemos dejar que Uribe y Chávez, estos exaltados a los que les convienen estos amagos de guerra, nos lleven pasivamente a una hecatombe absolutamente evitable e innecesaria.

La basura de este canalla es EXACTAMENTE la típica propaganda fascista: recuerda el incendio del Reichstag, cuando los propagandistas hitlerianos salieron a acusar a los comunistas del crimen. ¿De qué modo el gobierno colombiano "se obstina en llevarnos a la guerra"?

Otro objetivo evidente de esta clase de propaganda es acobardar al gobierno colombiano, cosa que al parecer no es necesaria, pues la lógica del apaciguamiento parece guiar su conducta. ¿Por qué no ha rechazado de plano las propuestas de mediación de Brasil y España? Es obvio que ambos gobiernos pretenden sacar ventaja para Chávez de las agresiones y debilitar la posición de Colombia explotando el tema de las bases. ¿Por qué va a dar quejas a la OEA sabiendo que es un órgano cuyos dirigentes y cuyos miembros son mayoritariamente sumisos a Chávez?

Esa lógica de apaciguamiento sólo sirve para que el criminal se envalentone y mande a sus propagandistas a justificar sus agresiones (que resultan culpa de la inexistente retórica belicista del gobierno colombiano). Lo que debería hacer el gobierno colombiano, y cada vez somos más los que pensamos en eso, es...

DENUNCIAR A CHÁVEZ ANTE LA CORTE PENAL INTERNACIONAL.

Sólo ocurre que antes de eso esperará y buscará congraciarse con Insulza, Lula y Zapatero, o esperará algún gesto de Obama, que a lo mejor hasta consiente en desistir de usar las bases para merecer el premio Nobel de la Paz (como le sugería Chávez). A fin de cuentas, quienes pueden morir no son los ministros ni la gente que los rodea.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 5 de noviembre de 2009)

lunes, abril 05, 2010

La ciencia chabacana

El lector de la prensa colombiana está condenado a encontrarse a todas horas con la propaganda: hay mucha más propaganda que discusión. No es ninguna sorpresa que los temas tecnocráticos sirvan para la demagogia, que los literatos más reconocidos sean poco más que oradores veintejulieros, que el tráfico de drogas se convierta no en la culpa de ciertos colombianos sino de quienes intentan perseguir el negocio. Bueno, esto último es casi obsesivo: no pasa una semana sin que vuelvan sobre el viejo tema, el halago fácil a la ignorancia de una gentecita cuyas fórmulas para resolver los problemas son tristemente pueriles, pero que se ven gratificadas al ver repetida la misma monserga en letra impresa. Lo dicho: propaganda.

Últimamente prolifera otro Leitmotiv: el derecho a abortar. Pero en realidad es un pretexto de otro tema propagandístico habitual, muy útil sobre todo cuando se han reducido tanto las masacres y la gente respira aliviada, de modo que no es fácil asustarla con las que cometen los peones de los propagandistas ni soliviantarla con las que cometen los émulos de los peones de los propagandistas. El odio y el desprecio por la Iglesia y por las personas creyentes siempre tienen éxito, refuerzan el sentido de superioridad de los leales y alientan sus instintos de agresión. Si además hay niñas violadas que sufren la condena de concebir al fruto de ese crimen, mejor que mejor: no hay muchos recursos tan buenos para dibujar con rasgos denigrantes al enemigo y justificar la continua violencia que se ejerce sobre él.

El problema no es ni siquiera la violencia. Al menos no tanto como ese aspecto degradado con que se vive todo en Colombia. El periodismo es propaganda, la literatura es oratoria, la tecnocracia es demagogia (a niveles patéticos con el cuento del Agro Ingreso Seguro); lo increíble es que con motivo de la campaña antirreligiosa la ideología más brutal y simplona se convierte en ¡ciencia! No me interesa tanto discutir la despenalización del aborto, ni menos reivindicar la fe religiosa, cuanto mostrar los ribetes grotescos de lo que se presenta como ciencia. De hecho, ¿qué es ciencia? En Colombia el anticlericalismo más rancio y el odio antirreligioso se consideran una actitud "científica", y son el motivo de las más entusiastas diatribas.

Vale la pena evaluar la "cientificidad" de tales escritos. Por ejemplo el columnista de El Espectador Klaus Ziegler escribe Sobre el aborto. Invito al lector a evaluar su escrito a ver si encuentra otra cosa que disparates (como que los brahmanes aconsejan quemar a las viudas, costumbre superada hace varios siglos, o que los católicos son sistemáticamente partidarios de la pena de muerte), descalificaciones groseras (los cristianos son "fanáticos" de "mente medieval" y su sistema ético está basado en "supersticiones") y tránsitos conceptuales pintorescos (los casos extremos de "concepción forzosa" se vuelven el paradigma de la situación de quien aborta). Lo interesante de tanta razón y ciencia es esto: suponiendo que el lector se ponga en el lado evolucionista en la discusión sobre el origen de la humanidad, ¿qué papel le atribuiría a la religión? ¿Cuál sería el origen de nociones como la de "dignidad humana" o de la prohibición del homicidio?

Ziegler parece dar por sentado que tales nociones son naturales o las resuelven los hombres haciendo uso de su razón, lo cual es opuesto a toda noción de evolución, es decir, da por sentada la creación del mundo. ¿Qué origen tiene la razón que crea una "dignidad del hombre" o prohíbe el homicidio? El Espíritu Santo, sin duda. Bah, de hecho, el homicidio no sólo no estaba prohibido sino que era una tarea básica de supervivencia durante la mayor parte de la (pre)historia humana. El hecho de que se prohíba es una convención del mismo rango que la prohibición del aborto. ¿Qué es la religión? Para Ziegler, se infiere tácitamente de su escrito, el fruto de la ignorancia, la superstición y el fanatismo. Yo diría que es la creación humana que instaura y hace comunes ciertas premisas de la vida en común, como la sacralidad de la vida humana. Los sobreentendidos de la "razón" son el resultado tardío de la convivencia bajo determinados contextos religiosos, los mismos conceptos ligados a todo pensar se formaron bajo el influjo de determinadas doctrinas religiosas.

La arrogancia es aún más bestial en el caso de Héctor Abad Faciolince: la característica de la sociedad colombiana, y puede que aun de todas las hispánicas, es que ni siquiera la pérdida de la fe religiosa permite superar los hábitos inquisitoriales. Apenas cambian los pretextos, lo característico del poder, sobre todo del poder de la casta clerical, es la persecución de toda disidencia, a la que previamente se demoniza y descalifica con toda clase de falsedades: dudar de la idoneidad de promover el aborto es equivalente a creer en homúnculos en el semen y en el pecado de la masturbación.

Es decir, cuando se discute sobre una prohibición arraigada en la ley, los defensores del "derecho" a abortar no intentan demostrar la conveniencia de las reformas, sino que descalifican a sus contrincantes con insultos. Si el aborto se despenaliza pero el homicidio no, eso no tiene nada que ver con la ciencia ni con la razón sino, como mucho, con los vaivenes de la opinión pública. El óvulo fecundado no recibe el soplo divino, pero ¿qué hace que deba ser sagrada la vida del mamífero después del parto? Las implicaciones del aborto son un tema bastante más complejo que la vulgar propaganda anticlerical que pasa por "ciencia" en Colombia. Al interesado lo invito a leer por ejemplo al pensador español Julián Marías.

Ignorancia, superstición y fanatismo existen en la sociedad tanto dentro como fuera de las confesiones religiosas. La diferencia es que cuando no se reconoce nada sagrado ni ninguna autoridad, esas tres gracias tienden a derivar en grandes orgías criminales como las del siglo pasado, todas ellas cometidas por regímenes ateos, o en serles útiles a psicópatas para los que, como Iván Kamarazov, "si Dios no existe, entonces todo está permitido". Nadie debe creer que los más de ocho mil frailes y monjas asesinados durante la guerra civil española (fuera del "conflicto") lo fueron en aras del avance de la ciencia. También en Colombia las consuetudinarias guerras civiles siempre han contado con esa mezcla de arrogancia y resentimiento que caracteriza a los "científicos" que creen que persiguiendo a los cristianos acercan la justicia "social".

No es nada extraño que el fervor abortista coincida con las campañas de los amigos de Chávez y compañía. El aborto era una de las pocas "libertades" que permitían la mayoría de los regímenes comunistas de Europa central y oriental. A fin de cuentas, el régimen de ensueño que buscan las FARC es el socialismo "científico", rasgo que a ojos de los adeptos de la secta (no sólo los verdugos montunos) se asocia automáticamente con el odio a la religión. La penuria y el terror que sufren por ejemplo los cubanos son el fruto característico de esa "ciencia".


Publicado en el blog Atrabilioso el 28 de octubre de 2009.

miércoles, marzo 31, 2010

Pero España ¿sí se mirará al espejo?


El país vanidoso

Según Nietzsche, la vanidad (el afán desmesurado de aprobación ajena) es un atavismo, algo que queda de otras épocas, propiamente de aquellas en que había señores y esclavos y éstos no sabían quiénes eran sino que esperaban a que se lo dijeran los amos. Es difícil explicar hasta qué punto ésa es exactamente la situación de los colombianos respecto de los ciudadanos de países ricos. Basta con ver la actitud patéticamente solícita de cualquier colombiano, aun de los más matones, pretenciosos o susceptibles, ante un europeo. O la inquietud que produce la existencia de ciudadanos escandinavos que simpatizan con los terroristas colombianos, como si el propio gobierno de la capital no estuviera en manos de un partido cuyos representantes en Sumapaz son antiguos miembros de la Unión Patriótica (partido creado por las FARC y en realidad el nombre de la banda para participar en las elecciones). Como si no ocurriera ahora mismo que a los ediles de partidos rivales los matan los terroristas, a los que ese partido no les ha pedido hasta ahora que desistan de imponer por medio del crimen su revolución, la misma que busca el citado partido. Esa necesidad de aprobación se corresponde tan exactamente con la descripción que hace Nietzsche de la vanidad, que la Fórmula 1 ganó una popularidad enorme y la perdió en menos tiempo aún, según la suerte del piloto colombiano: "Dime qué soy y yo lo seré; ¿me quieres aficionado a la Fórmula 1?".

Una opinión "autorizada"
No es ninguna sorpresa que a los colombianos se los intente convencer de que la interpretación apropiada de su experiencia la tienen personas remotas que no saben nada del país: la prevalencia de esas opiniones no se sostiene en ningún elemento de razón, sino en el color de la piel, los ojos y el pelo de quienes las profesan. Por eso uno ya ni se sorprende de que en la página de Anncol-Santodomingo apareciera durante muchísimas horas en el lugar más destacado, con grandes titulares y más de doce mil comentarios (récord absoluto en la prensa colombiana), la noticia de que un periódico español publicaba un artículo en el que se desaprobaba al gobierno colombiano. ¡El hecho de que eso se publicara, con la habitual precisión de la prensa de cualquier país ante cualquier fenómeno de otro, era la prueba de que el gobierno colombiano carecía de legitimidad!

Bastenier y El País
El autor del artículo es el típico dinosaurio que al ver fracasado el comunismo en Europa pretende que se imponga en Hispanoamérica. En una ocasión llegó a escribir que el ex presidente hondureño Mel Zelaya era un "traidor a su clase", como si la alianza con el hampa chavista no fuera algo previsible en las elites corruptas de la región. Pero es que su periódico se ha ido convirtiendo en el órgano de propaganda de un gobierno funesto y en un medio sectario al que abandonan los mejores periodistas. No es en absoluto sorprendente que el embajador de Israel haya tenido que protestar por viñetas antisemitas "propias de un fanzine neonazi" publicadas en dicho periódico. Baste con decir que la redacción se rebeló ante un editorial crítico con el Che Guevara. Para cualquier español es un lugar común la relación de ese periódico con el partido en el poder, al que muchos llaman "Prisoe" (por el grupo Prisa). No tendría nada de raro que la arremetida del artículo fuera la respuesta a la reacción del gobierno colombiano ante la posibilidad de que Zapatero mediara entre Venezuela y Colombia: "Zapatero a tus zapatos".

El gobierno español
Lo increíble es que en Colombia se tome con tanta seriedad una opinión de un medio próximo al gobierno de Zapatero. Si se compara lo que ha sido ese gobierno para España y lo que ha sido el de Uribe para Colombia, el resultado es un escándalo: la colección de desaguisados es tal que España en todos los sentidos está mucho peor que en 2004, mientras que Colombia en todos los sentidos está mucho mejor que cuando ascendió Uribe al poder. Pero para entenderlo será mejor entrar un poco en contexto. El triunfo de Zapatero fue el resultado de las campañas que lanzaron los partidos de oposición contra la intervención estadounidense en Irak. Los atentados terroristas del 11 de marzo de 2004 acabaron de convencer a millones de españoles de lo inconveniente de apoyar semejante aventura. Tres días después las elecciones arrojaron la sorpresa del triunfo de Zapatero.

Un líder "antiimperialista"
Como para mostrar gratitud a los terroristas que le permitieron ganar las elecciones (todas las encuestas daban ganador al PP antes del atentado), Zapatero se apresuró a retirar las tropas españolas que había en Irak, invitando a los demás países a hacer lo mismo. En la Asamblea General de la ONU de ese año pronunció un discurso en el que acusaba a Occidente de ser la causa del terrorismo y con el que lanzó su política de Alianza de Civilizaciones, con la que pretendía responder a la intervención estadounidense en Irak. ¿Quiénes colaboran con esa política? El gobierno islamista turco y el iraní, aparte de las cleptocracias y tiranías de la constelación chavista. Un efecto cómico de todo eso es que antes se consideraba que la alianza de Aznar con Bush aislaba a España de las principales potencias europeas. ¿Cuántas de esas potencias han coincidido con las políticas de Zapatero? Ninguna: es ahora cuando España va en contravía de las tendencias europeas, antes la mitad de Europa estaba con Blair y Bush.

El socialismo del siglo XXI
La política internacional de Zapatero es exactamente la que se esperaría de una estrella de la constelación chavista en Europa: se ha distinguido por la búsqueda a toda costa del reconocimiento de la satrapía cubana (hoy mismo está el ministro Moratinos en Cuba, prohibiendo cualquier trato con los demócratas que se oponen al régimen), el pleno alineamiento con las iniciativas del Alba, la venta de armas a Venezuela, la hostilidad radical hacia Israel y el reconocimiento a regímenes como el iraní o el que ha impuesto la organización terrorista Hamás en Gaza, etc. El ascenso de Obama ha parecido la ocasión de buscar la inclusión en el concierto de los países civilizados, cosa que al émulo mulato de Zapatero le viene de perlas, pues no sólo apacigua a uno de los enemigos de EE UU que pretende que Bush se buscó, sino que cobra la condescendencia en forma de tropas en Afganistán.

Lo que queda de España

Así tituló el periodista Federico Jiménez Losantos un libro sobre la disgregación que sufre el país a causa de las tendencias separatistas de Cataluña y el País Vasco. Estas regiones fueron en el siglo XIX la vanguardia de la industrialización y su nivel de vida a comienzos del siglo pasado era muy superior al del resto de España. A raíz de la pérdida de las colonias en 1898, se desarrollaron fuertes movimientos nacionalistas que pretendían un control persistente sobre esas regiones, por encima de los vaivenes de la política nacional. La alianza del PSOE con los nacionalistas catalanes y vascos fue uno de los factores que llevaron a la guerra civil de 1936-1939. Zapatero sencillamente gobierna aliado con esos nacionalistas porque de ese modo se asegura una mayoría duradera. Pero esos nacionalistas han desarrollado en sus regiones un Estado paralelo con fuertes rasgos dictatoriales: en el País Vasco los nacionalistas radicales intimidan continuamente a todos los que discrepan de sus ideas, forzando el desplazamiento de cientos de miles de personas, mientras que en Cataluña con el pretexto de la lengua se impone también el nacionalismo obligatorio. La pretensión de crear nuevos Estados aumenta día a día, y por lo general cuenta con la aquiescencia del PSOE.

La alianza con ETA
Uno de los partidos con que se alió Zapatero para gobernar (pues su partido no tenía ni tiene mayoría absoluta en el Congreso) es Esquerra Republicana de Catalunya. El líder de este partido, Josep Lluís Carod Rovira, se reunió en enero de 2004 con los dirigentes de ETA en un hotel del sur de Francia para intercambiar reconocimiento político a cambio de que no cometieran atentados en Cataluña. Esa reunión le aseguró a ese partido un notorio triunfo en las elecciones siguientes: su lema "Hablando se entiende la gente". Ese partido gobierna en Cataluña junto con la franquicia del PSOE y un pequeño grupo de ex comunistas. Pero Zapatero también intentó negociar con ETA, para lo cual favoreció la participación electoral, con otras siglas, de la ilegalizada Batasuna (una especie de PDA vasco) mediante la inhibición del fiscal. Entre las lindezas ligadas a esa negociación se encuentra el "soplo" por parte de funcionarios del gobierno a los extorsionistas de ETA cuando una operación policial los iba a detener. Como era de prever, el periodo de negociación le sirvió a la debilitada ETA para recuperarse y volver a matar.

La política de confrontación y provocación
No hay ninguna diferencia sustancial entre la política de Chávez de persecución a la oposición y la que practica el PSOE con el PP. En todo momento se intenta dividir a la sociedad de tal modo que gracias al nacionalismo periférico, al antiamericanismo, al "progresismo" de toda clase de iniciativas (como la ampliación del aborto, el matrimonio de personas del mismo sexo o la adopción de niños por esas parejas) y a la presión constante de la propaganda, los críticos del gobierno se presentan día a día como la representación viva del franquismo. En ese esfuerzo no es de poca monta la "Ley de Memoria Histórica", mediante la cual se pretende desenterrar a las víctimas de la guerra civil de hace más de setenta años para resucitar los odios, que afortunadamente estaban enterrados. Toda la política del gobierno español es ahondar esos odios, a tal punto que la principal tarea de los ministros y demás funcionarios ante los medios es el descrédito del PP.

La máquina de propaganda
Es difícil que un colombiano entienda lo que es Radiotelevisión Española. Esta poderosa cadena de emisoras radiofónicas y canales de televisión, herencia del franquismo, es un amplificador formidable de la propaganda gubernamental. Cada día millones de oyentes se enteran de la injusticia que se comete con Zelaya y del encanto del primer presidente indígena de Bolivia, por no hablar de los peores improperios contra la oposición. El que quiera formarse una idea de lo que es esa cadena sólo tiene que imaginarse la página de opinión de El Espectador pero en lugar de las calumnias y ofensas contra el gobierno se trata de calumnias e intimidaciones contra la oposición. El descaro de esa propaganda haría sonrojar a un genocida. En los tiempos felices en que la "insurgencia" de los "rebeldes" iraquíes golpeaba a Bush mandando al paraíso a cientos de parroquianos que iban a comprar a un mercado o a buscar trabajo, los locutores de la radio pública transmitían llenos de euforia el nuevo triunfo de los patriotas contra los invasores. Ni en un triunfo deportivo importante había tanto regocijo. Eso por no hablar de la sujeción de las emisoras y canales privados: hasta hace poco al menos una cuarta parte de los anuncios que se emitían eran del "Gobierno de España". Claro, la línea editorial es de lo más moderada y ecuánime. El enorme gasto en ese frente mediático es una de las causas del déficit público.

La deriva española

La expansión de la Unión Europea al este y el ascenso imparable de la industria asiática determinaron la decadencia industrial de países como España. Sólo un gran salto tecnológico o educativo habría permitido recuperar la iniciativa. Nada de eso entra en los planes de Zapatero, cuya tarea de gobierno consiste en generar odio hacia la oposición. La economía española creció a buen ritmo hasta 2007 gracias a la especulación inmobiliaria (que generaba grandes inversiones en construcción) y a la inmigración (que abarataba drásticamente los costos laborales). La crisis de 2008 dejó al desnudo las dificultades del país: hoy en día España es líder europeo en reducción del PIB y en aumento del desempleo (las cifras oficiales son muy superiores a las colombianas) y del déficit público. Sencillamente, España avanza a pasos agigantados hacia la asimilación a Hispanoamérica, región en la que siempre ha habido países que parecen a punto de integrarse en el primer mundo: Argentina, Uruguay y Cuba en los años cincuenta, Venezuela en las décadas siguientes...

Las opiniones del señor Bastenier sobre Colombia, apoyadas en datos sesgados y marcadamente favorables al partido próximo a las FARC, son sólo las que emitiría cualquier exaltado de Telesur. Y de no ser por el espantoso complejo de inferioridad de los colombianos no habrían encontrado mayor audiencia. Ni su periódico ni el gobierno al que aquél defiende tienen nada que enseñar a los colombianos, salvo las lecciones que darían sus socios cubanos, bolivianos o argentinos.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 21 de octubre de 2009.)

jueves, marzo 25, 2010

¿Cuál conflicto?

No habrá mucha gente que soporte sin malestar que se le diga que sus certezas habituales sobre lo que ocurre en Colombia son erróneas y aun disparatadas. Y mientras no haya una concepción clara de eso, muchos esfuerzos serán vanos, al tiempo que la labor del bando terrorista será fácil, pues podrá operar sin grandes dificultades ante un enemigo que obra como quien se enfrentara a un enjambre de avispas a machetazos.

La más corriente y funesta de esas certezas es la de la "extranjeridad" de la guerrilla. Antes se trataba de una agresión del comunismo internacional, ahora del Foro de Sao Paulo, siempre de "bandidos" y gente montaraz sin mayor relación con las elites urbanas; en todo caso ajena a "Colombia". Como mucho se admite que algunos grupos minoritarios se imbuyen de "ideas foráneas". Cuando se descubren personas influyentes o poderosas que muestran afinidad con la guerrilla se les atribuyen inclinaciones ingenuas, "idealistas", irresponsables, etc.; como mucho, incentivos perversos.

Esa visión, muy frecuente entre personas conservadoras, militares, etc., es halagadora y fácilmente legitimadora, pero en su simpleza termina confundiendo el enemigo, reducido a la punta de lanza de una conjura que lejos de ser la "anticolombia" es, a mi parecer, la expresión de las tradiciones más arraigadas de la sociedad. Los recientes procesos "revolucionarios" en las naciones más parecidas a Colombia muestran que las sociedades hispánicas tienen por su origen y por su estructura poderosas tendencias al totalitarismo.

Uno de los errores intelectuales más graves es el acostumbramiento, la pérdida de la capacidad de asombrarse. ¿Cómo explicarle a la gente que estudiar en una universidad no debería tener relación con tirar piedras? ¿Y que la rebeldía antigubernamental de varias generaciones de estudiantes no es respuesta a la ausencia de libertades sino que tiene por objeto provocarla? Es como si alguien tirara una moneda al aire y esperara que se quedara suspendida, sin caer. Los estudiantes están en contra de la libertad de prensa, pues siempre simpatizan con el régimen cubano, que no la respeta, y quieren destruir el Estado porque permite la propiedad privada y el libre desplazamiento de los ciudadanos. ¿A quién se le ocurriría esperar otra cosa?

Es posible que el gobierno de Uribe, fruto al fin y al cabo de la desesperación de las mayorías ante el ascenso de los terroristas y sus mentores, un fruto improvisado y en gran medida confuso, haya cedido a esa concepción del "conflicto" según la cual lo principal es el combate entre las bandas terroristas y las fuerzas del orden. Si eso ha ocurrido es por la pura inercia de la mentalidad ordinaria. El pensamiento de que la raíz del crimen está en la estructura de la sociedad, más aún, en los valores hegemónicos, no encuentra mucho público. Esa probable obsesión con lo militar explica el escepticismo de Plinio Apuleyo Mendoza, por ejemplo.

Y hay que dejarlo claro de una vez: la guerrilla defiende intereses poderosos, incluso los de los sectores más poderosos de la sociedad, no tanto porque tengan alguna vinculación orgánica sino por la tendencia de los grupos políticos a sacar provecho del poder de aquélla para desarrollar agendas particulares. El caso de Pastrana y su camarilla es paradigmático, al igual que el de Belisario Betancur, que pretendió aprovechar el poder armado del comunismo para dar lugar a un bipartidismo en el que su partido resultaría mayoritario, o el de César Gaviria, que se alió con el M-19 para imponer una Constitución que aseguraba el dominio duradero de quienes la proclamaban, al precio de suscribir enormidades morales como la del delito político o la prohibición de la extradición.

El caso más grave de asociación de un sector político importante con los terroristas es el del oficialismo liberal de la época de Samper con el Partido Comunista y las organizaciones armadas con las que trabaja de consuno. Entre los defensores más destacados del presidente elegido con ayuda del Cartel de Cali se contaban personajes como Jaime Dussán, antiguo líder de Fecode, tal vez el sindicato más abiertamente fariano de la época, individuo criado en el mismo pueblo (La Plata, Huila) y en los mismos años que Luis Édgar Devia. Otras figuras de esa coalición son la difunta Martha Catalina Daniels y la actual senadora Piedad Córdoba. Pero los casos se podrían contar por cientos: entre los principales defensores de Samper se cuenta Carlos Gaviria, por entonces presidente de la Corte Constitucional; sus funcionarios más leales, como Ramiro Bejarano, Rodrigo Pardo, María Emma Mejía, Alfredo Molano (que en 2002 apoyó a Serpa y no a Garzón), Daniel García-Peña y muchos otros, son casi abiertamente partidarios de todo aquello que convenga a las FARC.

Esta banda es sólo el aspecto más molesto de la conjura, pero en absoluto el más importante. Si los samperistas y "polistas" la protegen no es por lealtad de ninguna clase, sino por puro cálculo: su derrota acarrearía la hegemonía de los sectores políticos rivales. Y es importantísimo hacer hincapié en eso porque el poder de los conjurados en los medios y en las instituciones es tal que obran con absoluta impunidad: no me refiero siquiera a la impunidad legal, sino a la respetabilidad que parece tener su propaganda entre la mayoría de la gente.

Todo lo anterior queda fácilmente confirmado leyendo lo que publicó la prensa con ocasión del anuncio de la inclusión de Piedad Córdoba en las listas de candidatos al premio Nobel de la Paz. Y la verdad es que es más espantoso de lo que uno se puede imaginar: no que los socios de la senadora intenten engañar a la gente con la idea inverosímil de que ella hace algo para que suelten a los secuestrados, como si esas liberaciones no fueran un espectáculo de las FARC para darle protagonismo, toda vez que forma parte de la misma conjura y siempre ha promovido a la banda terrorista, sino que incluso lo sostengan personajes como Mauricio Vargas:
En estricto sentido, Piedad Córdoba se merecía más el Premio Nobel de la Paz que Barack Obama. Por lo menos ella podía mostrar como resultado un puñado de secuestrados liberados gracias a las gestiones que impulsó.
En sentido estricto esto es una mentira del tamaño de un asesinato. O de muchos: las gestiones de paz de Piedad Córdoba son parte del secuestro, como cuando el atracador retira el cuchillo que tenía en nuestro cuello para llevarse nuestra cartera, ¿no merecerá también algún premio por ese acto? Sencillamente, los secuestros de soldados y políticos se cometen con el fin de obtener protagonismo mediático y mostrar poder. La senadora Córdoba es responsable de esos secuestros, en absoluto agente de ninguna liberación.

Por el mismo camino va Ernesto Yamhure:
Por supuesto que Piedad Córdoba ha hecho una labor importante por los secuestrados. Sería obtuso desconocerlo.
No podemos ser obtusos y desconocerlo: la señora Córdoba ha hecho una labor importante por los secuestrados, por ejemplo cuando viajó a EE UU en 1998 en compañía de Jaime Dussán y Amílkar Acosta a tratar de impedir que se dieran ayudas al Ejército colombiano. O cuando volvió del Caguán ensalzando a Tirofijo y su banda de asesinos, que por entonces tenían en la zona de despeje a varios miles de secuestrados, por no contar a los miles de niños que reclutaron a la fuerza en la región. ¿Qué labor más importante puede hacer alguien por otro que ayudarle a cumplir su destino? Los violadores también hacen una labor importante por las violadas, que sin la ayuda de esos importantes intermediarios no podrían llamarse tales. Lo espeluznante de la desgracia colombiana es que hasta los supuestos amenazados por las FARC exhiben sin pudor el más increíble cretinismo moral (no vaya a ser que los consideren intransigentes, sobre todo si la senadora resultaba premiada, como temíamos muchos).

¿Cómo hay que decir que darle el premio Nobel a la senadora sería literalmente dárselo a las FARC? Ella nunca ha ocultado que está con ellos, por eso se pone la boína de la organización y predica el ejemplo de Tirofijo. Como organizadora del grupo de "Colombianos y Colombianas por la Paz" lidera una campaña de legitimación de la banda asesina. El problema es la visión enfermiza de los colombianos, que por el ridículo clasismo que los aqueja (y que es el fondo del sueño de dominación de los totalitarios) realmente creen que las SS eran algo distinto a la Gestapo y al Partido Nazi, y dentro de poco considerarán que Hitler era inocente, pues nadie lo vio empujando a nadie a un horno crematorio.

Nadie desconoce que esa señora promueve a los terroristas, pero ¿por qué la prensa la promueve tan alegremente? Para mí la respuesta es fácil, pero es por completo incomunicable para los colombianos: porque las FARC son un instrumento de los dueños de la prensa. ¿Qué explicación tiene que una revista como Don Juan publique una entrevista de abierta promoción de la senadora o que todas sus acciones, sobre todo en la época del lanzamiento del grupo de Colombianos por la Paz, sean noticia de primera plana en El Espectador? La explicación que tiene es exactamente la misma que el que los jóvenes estudiantes quieran abolir las elecciones: el bobo callado no se nota, todo el mundo está acostumbrado a que sea así, eso sí, que a nadie se le ocurra decir que los capitalistas son amigos de la izquierda. Ante cualquier sugerencia en ese sentido, el colombiano instruido saca la navaja, que es su forma de discutir.

La noticia sirvió para que aflorara todo eso que hay en el fondo de la vida colombiana y que por lo general flota como un sobreentendido. Un tal Pablo Emilio Obando publicó en El Tiempo un artículo de rutinaria propaganda fariana, pero fueron muchos otros. Mauricio García Villegas, el típico profesor de la "Universidad" Nacional exhibió un argumento formidable: ¿qué clase de patriotismo es el que se opone a que se premie a una compatriota? ¿Se imaginan? Dentro de poco le darán el premio de pedagogía a Alfredo Garavito y a lo mejor el Nobel de Medicina a Jojoy, que ha amputado más piernas que nadie, y los colombianos debemos estar orgullosos. ¿Cómo se le explica a un colombiano que en las FARC no hay nadie tan asqueroso como ese profesor? ¿Que las FARC son sólo la pobre gente del campo que les asegura las rentas, las primíparas y el prestigio a canallas como él?

Pero la perla de verdad inolvidable fue el artículo del patriarca del clan Santos, Enrique Santos Molano. No creo que sea posible entender el "conflicto" colombiano sin prestar atención a la vindicación que el personaje hace de la senadora Córdoba. Y a la explicación que da de los problemas colombianos de hoy en día. Para ese importante periodista y escritor el secuestro es prácticamente una obra de amor y el rechazo a quienes viven, se lucran y obtienen poder de él es un acto de "odio" de la "ultraderecha lumpen"... No quiero extenderme citándolo, pero quien lo lea encontrará incomprensible la ceguera de los colombianos.

¿Cuál conflicto? Todos los crímenes que sufre la gente a manos de los terroristas son sólo el cumplimiento de las órdenes de personas como ese señor, probablemente de él mismo. El poder que provee el crimen no se haría realidad sin la desfachatez con que lo usufructúan.

La senadora amiga de Chávez es hoy por hoy, y de lejos, la figura que domina absolutamente toda la oposición (nadie le hace el menor reproche), y eso sencillamente porque al poder de las FARC, de Chávez y de la "vieja izquierda" que manda en el PDA suma el apoyo de la más rancia oligarquía. Así, la actividad terrorista resultará bastante más difícil de combatir, sobre todo porque a fin de cuentas en Colombia la constatación de lo evidente, de lo obvio, lo pone a uno en minoría. ¿O cuánta gente está de acuerdo en que los terroristas son simples peones de los dueños de los medios? El verdadero conflicto es la ceguera respecto a lo que se busca y desea.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 14 de octubre de 2009.)

sábado, marzo 20, 2010

Hacia el Nobel de la Paz


Candidata favorita

Es muy llamativo que las portadas electrónicas de El Tiempo y El Espectador del martes 6 de octubre no hayan vuelto a mencionar el rumor sobre la candidatura de Piedad Córdoba al Premio Nobel de la Paz. Como si quisieran evitar a la mayoría de los lectores el desasosiego que semejante noticia produce, tal vez esperando el impacto de la noticia final, tal vez porque los editores realmente dudan de que tal cosa vaya a suceder. De hecho, lo dudan la mayoría de los colombianos. Son tantas las ganas de reconocerse en gente como los noruegos, y en general los europeos, que la posibilidad de que premien a un personaje semejante se les antoja absurda, imposible. Pero no hay tal, la candidata que más probablemente podría obtener ese premio este viernes es la senadora antioqueña.

El director del Instituto de Investigaciones de Paz
De esta noticia copiaré sólo las palabras del director del organismo que selecciona a los candidatos al premio, Kristian Berg Harpviken:
[Córdoba] es lo que significa el Premio Nobel de la Paz, es una interlocutora de los actores del conflicto, interlocutora del Gobierno (colombiano), interlocutora de los grupos alzados en armas. [...]

también representa el diálogo y representa un compromiso a largo plazo, porque ha hecho un trabajo duro [...]

ha logrado liberaciones y de eso se trata, de hacerle ese reconocimiento.

No es una opinión de cualquiera, sino lo que afirma una persona que conoce bien las posibilidades de los candidatos.

Los otros candidatos
Claro que hay muchos más candidatos, pero los rumores y la prensa sólo mencionan tres favoritos: Piedad Córdoba, un jordano, profesor de filosofía de la fe islámica, y una activista afgana. En mi opinión, ambos están en desventaja frente a la senadora: el jordano tiene la desventaja de ser hombre y de que su triunfo no llevaría ningún mensaje claro sobre la paz con el islam, mientras que la afgana forma parte de un gobierno cuestionado y aliado de EE UU. Los premios Nobel "políticos" se dan a personas caracterizadas por su antiamericanismo, según señalaba en alguna ocasión el escritor estadounidense Philip Roth.

Los ganadores hispanoamericanos
Muchos razonan que Piedad Córdoba no podrá recibir el premio por su proximidad a una organización terrorista, olvidando que los otros dos hispanoamericanos que lo han recibido, Adolfo Pérez Esquivel y Rigoberta Menchú no son menos próximos a la banda asesina. De hecho, al parecer fue el argentino quien propuso como candidata a la senadora colombiana. En la noticia enlazada arriba transcriben una declaración de Pérez Esquivel:

Ella viene trabajando intensamente desde hace mucho tiempo y con demasiadas dificultades para lograr la paz en Colombia y eso (el premio) ayudaría a encontrar los caminos de la paz para su país.
No hay que engañarse: las presiones que reciben los que van a dar el premio son tremendas, así como los motivos que podrían tener para premiar a Piedad Córdoba: nada les gustaría más que contribuir a la "paz" en Colombia. Es decir, a las negociaciones de paz. Es decir, a la recuperación de uno de los bandos que la puede firmar, con el que la burocracia noruega simpatiza.

Pudo ser Tirofijo
Uno de los motivos por los que Pastrana se obstinaba en mantener el proceso de paz con las FARC con el correspondiente despeje era la posibilidad de obtener el Premio Nobel de la Paz (al respecto, comentario de Gonzalo Guillén, de Saúl Hernández y de Rodrigo Pardo). Sencillamente, un defensor abierto de las FARC como Jan Egeland, que había dirigido el Instituto de Investigaciones de Paz y tenía a su esposa presidiendo el parlamento noruego, había ilusionado a Pastrana con el premio. Claro que él lo niega, pero ¿cómo habría de reconocerlo? Es como si le preguntaran si cree que Piedad Córdoba es cómplice de las FARC. Y de no ser por la torpe certeza de Tirofijo de que estaba a punto de ganar la guerra, si hubiera tenido más conciencia de lo que es el mundo más allá de sus selvas, podría haber conseguido el premio de sus crímenes confirmado por el Nobel. Y nadie debe llamarse a engaño: Mengeland sigue teniendo mucho poder e influyendo en los premios.

El odio a Piedad Córdoba
Una cosa que yo nunca he entendido, o mejor dicho, sí he entendido pero al precio de sentir un asco tremendo, es el odio que despierta la senadora. Es verdad que su adhesión a las FARC está llena de provocación, afán de protagonismo y desfachatez. Pero ¿es que nadie leía a personajes como Alfredo Molano en los años dorados de la industria del secuestro? Parece que no, que la gente sólo se entera de lo que sale en la televisión. ¿Alguien cree que en las universidades públicas los profesores son más comedidos que la senadora? En ese odio tan focalizado tienen un gran papel el racismo y el clasismo, esos rasgos de la mentalidad colombiana que tanto determinan precisamente la "cultura" de la izquierda democrática. Como si fuera más fácil condenar y rechazar a alguien de piel negra y origen humilde. Ella se aprovecha de eso para ganar protagonismo; a pesar de que los firmantes de la correspondencia con las FARC son varias decenas de miles de personas, la gente sólo se fija en la "levantada".

¿Y si ocurriera?
Yo nunca entiendo que las liberaciones de secuestrados den prestigio a la senadora, siendo tan obvio que las FARC las llevan a cabo para promover a su representante política. Creo que la gente exagera el ascenso en las encuestas de la popularidad de Córdoba. Pero ¿por qué se me ocurre que en caso de que obtuviera el Nobel se haría realmente popular? Los opositores están encantados, por ejemplo Rodrigo Pardo anuncia la posibilidad del premio y se entusiasma de la "lección" que recibiríamos los colombianos acerca de la percepción que hay en otras partes del "conflicto". Es un tema típico: a los colombianos parece fácil convencerlos de que la idea que tenga alguien que no ha visto nada de Colombia es más precisa que la que tengan ellos. Pero yo tengo que insistir: ¿por qué odian tanto a la "negra" y no a Rodrigo Pardo? Yo no encuentro en ningún sentido una actitud menos criminal en el ex canciller. ¿O es que no se muestra a favor de la senadora?

Consecuencias
Sin duda el premio sería muy conveniente a la oposición, pero hasta cierto punto. Ganarían algunos votos, pero no los suficientes para disputar una segunda vuelta con un candidato uribista. El problema (para confirmar mi obstinada certeza en que no hay nada fuera de nuestra mente) es lo que hará el gobierno. Hoy mismo salió el ministro de Defensa afirmando que el gobierno colombiano no cree que Rafael Correa tenga relación con las FARC. ¿Quién esperan que les crea? La desgracia no es que le den el Nobel de la Paz a una líder de una secta criminal, ni que eso arrastre simpatías entre ciertos colombianos, sino que el gobierno tratará de liderar ese triunfo nacional y de congraciarse todo lo posible con la senadora. En lugar de publicar una lista de sus lindezas y de su presencia en los computadores de Raúl Reyes (cuyos documentos no hacía falta publicar, no fuera que molestaran a alguien), incluso de romper relaciones con Noruega, con toda certeza, el gobierno colombiano se mostraría dócil y mostrará reconocimiento a la nueva figura nacional.

Ojalá en lugar de los dos minutos de odio alguien hiciera una lista clara de la trayectoria de la senadora y de su relación evidente e indudable con los terroristas. Lo que no se puede esperar es que eso lo vaya a hacer el gobierno: con tal de hacerse perdonar la reelección hasta le reconocerá una gran altura de miras a los que intentan legitimar a las FARC premiando a su representante política.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 7 de octubre de 2009.)