domingo, junio 06, 2010

La más violenta mentira de Agitprop

De todas las enseñanzas que dejó a los propagandistas Josef Goebbels la que más se aplica en Colombia es que una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad. Un periódico como El Espectador tiene varias decenas de columnistas, unos dos tercios de los cuales parecen recibir consignas sobre los temas que deben tratar, a veces más bien recibir los artículos escritos para que les añadan algún chascarrillo de propia cosecha y así publicarlos. Y los demás medios importantes de la capital hacen exactamente lo mismo. La propuesta de pagar a los estudiantes de Medellín para que denuncien cualquier actividad de bandas criminales ha dado lugar a varios cientos de diatribas clamando por la decencia y el civismo, exactamente de los mismos que exigen que el gobierno premie las actividades de las guerrillas.

Pero lo mismo se podría decir de los "falsos positivos", que según esos profesionales de la mentira afectan a varios miles de víctimas, las cuales extrañamente son sólo cifras en la prensa, salvo alguna decena de casos sobre los que se hace todo el ruido posible. Otro tema típico son los asesinatos de "sindicalistas", tema que sirvió de pretexto a Obama y Nancy Pelosi para frenar el trámite del TLC con Colombia, ofreciendo a sus votantes una doble mentira: la de presentarse como protectores de víctimas de persecución política, siendo que no hay tal, y de paso asegurarse que no hubiera relaciones comerciales fluidas con Colombia, con lo cual se salvarían puestos de trabajo en EE UU, cosa que también es mentira. Más bien al contrario, el comercio favorecería la creación de puestos de trabajo allá, pues las exportaciones colombianas están protegidas por el tratado de preferencias andinas.

La historia de la violencia contra los sindicalistas es paradigma de la mala fe de los propagandistas de la prensa colombiana y de su afinidad más que manifiesta con las tramas de la izquierda democrática, es decir del chavismo, es decir, de las bandas terroristas. Una investigación del CEDE de la Universidad de los Andes arrojó resultados que de ser conocidos por los ciudadanos estadounidenses dejarían muy mal parados a los políticos del Partido Demócrata que "se dejan engañar" para "vender" la falacia que mueve a sus votantes a apoyarlos. Si (tal como cuenta Santiago Montenegro) la tasa de homicidios en Colombia en 2008 era de 35 por 100.000 habitantes mientras que la de afiliados a sindicatos era de 5 por cada 100.000, la queja que tendría sentido presentar al gobierno colombiano sería por la desprotección que sufren los no afiliados a sindicatos.

La causa de que los homicidios que sufren personas afiliadas a sindicatos sea tan llamativamente inferior a la de los demás tiene que ver con la condición social de esas personas: en su gran mayoría son empleados estatales que viven en barrios acomodados de las grandes ciudades y se han beneficiado del poder acumulado durante muchas décadas por el Partido Comunista gracias a su formidable organización y a sus recursos de presión. Las circunstancias en que una persona está expuesta a que la maten son más bien extrañas para esa minoría de la sociedad.

Pero lo interesante es recordar que el informe citado del CEDE de la U. de Los Andes, basándose en una investigación exhaustiva, llega a la conclusión de que no hay en Colombia una persecución sistemática ni dirigida contra las organizaciones sindicales. En el resumen de dicho informe se lee:

En particular, el artículo muestra que la violencia anti-sindical en Colombia ha caído de manera sostenida durante los últimos siete años. Adicionalmente, usamos una base de datos tipo panel para estudiar los determinantes de la violencia anti-sindical en Colombia, haciendo especial énfasis en probar la hipótesis según la cual la mayor actividad sindical causa mayor violencia anti-sindical. Usando diferentes fuentes de datos, estrategias de estimación y períodos de tiempo, no encontramos ninguna evidencia estadística en favor de esta hipótesis. Los resultados de este artículo sugieren que, en promedio, la violencia contra sindicalistas en Colombia no es sistemática ni dirigida.

Pero nada de eso interesa a los sindicalistas, del mismo modo en que la inmensa mayoría de las atrocidades de las bandas terroristas no merecen la menor atención de la prensa colombiana. En un informe sobre la situación de los sindicalistas en el mundo, publicado en la página de una organización sindical internacional, se lee:

A nivel mundial en 2008, al menos 76 sindicalistas fueron asesinados como resultado de sus acciones en defensa de los derechos de los trabajadores. América Latina sigue siendo el continente más mortífero para los sindicalistas, con 66 asesinatos en 2008. En Colombia, 49 sindicalistas perdieron la vida (de los que 16 eran dirigentes sindicales, incluyendo cuatro mujeres), lo que representa un incremento del 25% respecto a 2007. También mataron a sindicalistas en Guatemala (9), Honduras (3) y Venezuela (4) entre otros países. En Asia, se registraron al menos seis asesinatos (Nepal y Filipinas), tres en África (Nigeria, Túnez y Zimbabwe) y uno en Oriente Medio (Iraq).

Es decir, que dos tercios de los homicidios de "sindicalistas" en todo el mundo tuvieron lugar en Colombia. Es difícil saber si los redactores del informe eran conscientes de la mentira que propagan los activistas del chavismo, pero lo cierto es que dicen que esas personas murieron por sus actividades sindicales, cosa que es manifiestamente falsa.

Un elemento importante de esa mixtificación es el que atañe al término sindicalista. Para el caso se alude a "personas afiliadas a sindicatos", pero todo el mundo entiende que se trata de activistas sindicales. La prensa colombiana, cuyos dueños lo son también de las bandas de asesinos ligadas al chavismo, no tiene el menor pudor en presentar sistemáticamente esos datos como ciertos. Y en el medio es raro el que se interesa por descubrir la mentira de esos datos. Si en el mundo el promedio mundial de homicidios anuales por cada 100.000 habitantes es de 7.6 y si la tasa fuera la misma para los afiliados a sindicatos (unos 166 millones según la Wikipedia), en un año no habría habido 76 muertes de "sindicalistas", sino más de doce mil.

Lo que pasa es que nadie se pone a considerar si la víctima de un homicidio pasional o de un atraco estaba afiliada a un sindicato. Sólo para los fines de la insurgencia, es decir, de los dueños de la prensa y de muchos otros integrantes de la vasta conjura de la que la insurgencia es sólo el servicio doméstico, se cuentan esos crímenes como relevantes políticamente en Colombia. No importa que los asesinos sean socios de los denunciantes y que las víctimas sean uribistas, como denunciaba José Obdulio Gaviria que ocurrió con el profesor Jaime Bazante.

Pero en fin: las mentiras de esta gente son tan atroces y la disposición con que las propagan es tan repugnante y despreciable que uno sólo puede registrar la mentira, convencido de que aquellos que la propagan SABEN bien que los crímenes de la tropa de niños y rústicos sólo tienen por objeto asegurarles rentas y poder a ellos.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 3 de febrero de 2010.)