domingo, mayo 08, 2005

Uribe es de derecha pero se presenta como de izquierda

Voy a copiar un artículo publicado hoy en "El Espectador" y firmado por Alejandro Gaviria, junto con los comentarios que le envié y la respuesta que amablemente tuvo la entereza de enviarme pese a la violencia de mis comentarios. Me parece una cuestión de gran interés que merecería algún comentario de los lectores.

Un filósofo aficionado
Alejandro Gaviria

Partamos de un hecho indiscutible: tenemos un presidente polifacético. Hoy hace de economista cuando ayer había hecho de abogado y mañana hará de ingeniero. Sus discursos son exhaustivos, llenos de cifras y alusiones exactas, y matizados por expansiones líricas. Con todo, no dejan de sorprender las incursiones recientes del jefe de Estado en el campo de la filosofía. Hasta filósofo resultó, dirán algunos, entre asustados y ofuscados ante tanta sapiencia.

En su discurso en la Universidad de Pekín, el Presidente dejó entrever con claridad su faceta de filósofo aficionado. “China es un ejemplo filosófico y práctico de un gran proceso evolutivo que invita a pensar en la secuencia dialéctica de Heráclito, Hegel y Mao Tse Tung”, dijo al exponer una peculiar teoría según la cual el despertar económico chino constituye una entronización de las ideas de los filósofos del cambio. En otras palabras, China no se baña en el mismo río. O más bien, ha decidido zambullirse en el charco del capitalismo a pesar de sus tradiciones milenarias. Una analogía de aficionado que le valió al Presidente un doctorado honoris causa. Cuestiones del poder, por supuesto.

Pero, quizás, la más polémica de las incursiones del Presidente en el campo de la filosofía es su insistencia en la irrelevancia de la distinción tradicional entre izquierda y derecha, y su desacuerdo con quienes pretenden encasillarlo en la derecha. Paradójicamente existen razones filosóficas, ajenas a la coyuntura política del momento, que demuestran, vaya sorpresa, que efectivamente este gobierno es de derecha. Pasemos pues a demostrar lo obvio. Una inveterada tradición de la filosofía.

En primer lugar, la administración Uribe ha hecho suya una interpretación singular de las ideas de Hobbes. A saber: la amenaza terrorista es tan seria que la única forma de asegurar el orden y la seguridad es mediante la continuidad de un liderazgo particular, incluso si ello implica una modificación de las normas constitucionales y una relajación de las restricciones al poder del Ejecutivo. Este argumento sirvió de justificación a la reelección y constituye, en su esencia, una tesis tradicional de la derecha. Entre un caudillo popular que imponga el orden y unas instituciones estables que limiten el poder del Gobierno, históricamente la derecha ha optado por lo primero.

En segundo lugar, el Gobierno ha asumido una posición de rechazo radical a los dictados de los intelectuales y los expertos. Power People en lugar de Power Point, dice el Presidente. Teorías para los teóricos, escribió esta semana el Ministro de Agricultura. En últimas, el desprecio por las opiniones de los teóricos constituye una reiteración de las ideas del filósofo conservador Edmund Burke (citado esta semana por el Presidente en Medellín) sobre la inconveniencia de gobernar con base en principios universales e ideas abstractas. Con el tiempo, la prevención de Burke ha dado paso a un populismo de derecha que subordina los dictados de los teóricos a los del pueblo. Antiguamente la derecha se quejaba de los jacobinos teorizantes. Actualmente se lamenta del Power Point. Pero su argumento sigue siendo el mismo: la preeminencia del soberano popular sobre cualquier otra forma de gobierno.

Finalmente, la oposición cerrada del Gobierno a la reforma agraria recuerda las ideas de Locke sobre los derechos morales de los terratenientes o los postulados de Nozick sobre la primacía absoluta de los derechos de propiedad. En fin, la situación es extraña: un Presidente que se nutre de las fuentes tradicionales de la derecha pero que decide, al mismo tiempo, ejercer su derechismo de manera vergonzante.

Por supuesto, nada de malo tiene ser de derecha. Lo malo es serlo y negarlo y tratar de no aparentarlo. Pues, después de todo, hasta los filósofos aficionados deberían exhibir alguna consistencia entre su teoría y su discurso.
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MIS COMENTARIOS:

Señor Gaviria, su columna del 8 de mayo da para tanto que cada párrafo merecería un ensayo. Lo primero que salta a la vista es el afán de hacer oposición, su rechazo al gobierno, que resulta casi cómica como parte del conjunto de la opinión de El Espectador: otro crítico al lado del neutral Molano, del ecuánime Lisandro Duque, de la objetiva Ponnsford, del solidario Cepeda y del comedido García Peña. Sólo que en realidad termina siendo útil a la trama de la Colombia eterna, pero sobre eso hablaré después.

Ser "filósofo aficionado" es una acusación que se puede hacer a todo el que abra la boca. Ciertamente el presidente no es un gran pensador en el sentido profesoral, aunque sí, me parece a mí, un gran político. Reprocharle ligerezas en discursos de ésos, que no son propiamente su trabajo, es como burlarse de Carlomagno porque no sabía ni firmar.

Acerca de la irrelevancia de la derecha y la izquierda y lo "vergonzante" de no presentarse como de derecha me parece a mí que en su caso (de usted) las ganas de hacer oposición lo llevan a una actitud moralmente reprochable. Hace exactamente lo mismo que hacía el alcalde Garzón en alguna campaña: decir que el neoliberalismo es tan malo que no hay quien se proclame neoliberal. Dentro de poco Hayek, o Carrasquilla, resultarán indigentes intelectuales ante un gran pensador como Garzón. Sencillamente el statu quo ideológico colombiano hace que quien proponga trabajar, producir, vender, competir, etc., sea presentado como un criminal porque la buena conciencia generalizada hace que todos quieran presentarse como socialistas, como partidarios de lo "social", de la solidaridad, del reparto de la riqueza, etc. Es decir, que aunque desde el punto de vista de la visión económica la política de Uribe sea de derecha, el proclamarse tal sólo llevaría a quitarle apoyos en la sociedad influida por los medios, por los maestros, por los curas, por los demagogos, etc.

Con lo que usted se presenta como moralizador cuando sencillamente se une al coro de la mentira. Si yo le digo que soy de derechas (que creo en la productividad, en el respeto a los derechos de propiedad, en la primacía del mercado), usted dirá que tengo todo mi derecho a pensar así, PERO SABE MUY BIEN, SABE MUY BIEN, que todo el mundo va a leer eso como que soy partidario de la desigualdad en el ingreso, de los privilegios, del autoritarismo, etc. Es decir, la izquierda y el socialismo (realmente existentes) son fórmulas que promueven la desigualdad más atroz (los sueldos y pensiones de los magistrados y congresistas que sólo trabajan por sus negocios personales, los atropellos de las tutelas, los privilegios fabulosos de los funcionarios públicos, ¿o es otra cosa la izquierda en Colombia?), pero cuentan con la percepción de la gente que no piensa, según la cual consisten en el afán de justicia, igualdad, derechos de todos, etc. Cuando usted le reprocha al presidente que no se presente como de derecha está diciendo que debería pedir que se le considere portavoz de los ricos (supongamos que lo es, ¿no sabe que todo el sistema de creencias colombiano hace que todo el mundo piense que lo que tienen los ricos es porque se lo han quitado a los pobres y si sus compañeros de columna tienen cuatro sirvientas uniformadas y disfrutables a voluntad es sólo porque son de estrato 6, no porque tengan nada del otro mundo?). Y lo que el presidente, y quienes lo apoyamos aspiramos a demostrar es que una política más bien neoliberal (si no, no estaría Alberto Carrasquilla de ministro de economía) puede mejorar la suerte de la mayoría de los ciudadanos, sin lo cual se estaría en el bando del hampa (que es en realidad el de Samper, Serpa y su cohorte de demagogos).

En otras palabras, usted contribuye a difundir la misma mentira que denunciaba hace poco en la conducta de los magistrados: que la proclamación de derechos vaya a traducirse en bienes reales para todos, cuando sólo llega a favorecer a los próximos al poder. Usted pretende que la gente dé por sentado lo que la ideología, La "educación" y la propaganda de los medios hábilmente ocultan, que el socialismo y la izquierda son sólo un camino de servidumbre que permite congelar la jerarquía social y asegurar las rentas de los que no producen nada. ¿Cómo es que no sabe que NADIE le reprochó al señor Garzón que dijera que la derecha es preocuparse por uno mismo mientras que la izquierda es preocuparse por los demás? ¿No le parece repugnante aprovecharse de la ignorancia de la gente para hacer oposición?

La irrelevancia entre la izquierda y la derecha viene del hecho de que la racionalidad económica conviene al bien común y ésa (ya sé que usted lo admite) es la propuesta de "derecha", mientras que las rutinas de la clase que domina la "superestructura" en Colombia parten de que todo es decretar la felicidad general. El corazón de la gente humilde, ansioso de prosperidad, de igualdad, de mejora de las oportunidades, estaría con quien permitiera eso, y se consideraría "de izquierda", pero eso no corresponde a los partidos que hay, pues, como ya he explicado, la izquierda es sólo lo que se vio con Samper y lo que se vio con el comunismo y lo que viven los venezolanos, cuyos pobres seguirán igual de pobres o peor cuando pase la orgía del petróleo caro. Como político que aspira al bien común, Uribe aspira a ser considerado de izquierda, por mucho que su apuesta por la represión (¡qué palabra prohibida, usted me comprende, todo el mundo conoce el lenguaje maravillosamente y todos verán lo legítimo de la represión, por ejemplo del atraco y el secuestro!) lo haga ser percibido como de derecha.

Sobre el liderazgo particular: el señor Chirac lleva ahora 10 años como presidente de Francia, y Helmut Kohl estuvo 16 como canciller alemán, ¿tienen por casualidad esos países las mismas amenazas que Colombia? ¿Es de derechas Fidel Castro, cuyo liderazgo lleva 46 años? La derecha no es la tendencia a saltarse las normas, en rigor sería más bien la tendencia a cumplirlas. ¿Le conviene a Colombia un liderazgo caudillista que resuelva el problema guerrillero y el del déficit estatal? ¿No le parece a usted que en la oposición es donde están los aliados de los terroristas y del despilfarro de recursos públicos? Tan falso como dar por sentado que todo el mundo conoce las implicaciones profundas de las propuestas de la izquierda es suponer que Colombia puede elegir entre un liderazgo como el de Uribe o algo mejor que salga del congreso Liberal o de la coalición de Piedad Córdoba y Dussán. Eso es falta de honradez. Como dice un amigo mío, la verdad es que Colombia subsiste de milagro, cualquier vacilación en el difícil equilibrio actual significaría el ascenso de gente que nunca ha ocultado su afinidad con Tirofijo.

Sobre el rechazo a los dictámenes de los intelectuales y expertos, hay que decir que los intelectuales en Colombia son propiamente los jefes del narcoterrorismo. Es decir, el orden esclavista tradicional se expresa hoy en la aspiración a una teocracia llena de vínculos familiares y de ligerezas teóricas y morales que harían sonrojar a cualquier persona de otro país. Respecto a los expertos, por una parte no es cierto que el gobierno no cuente con ellos, porque para el caso usted excluye de esa categoría a los más brillantes economistas, como el difunto Juan Luis Londoño o el ministro Carrasquilla, y por el otro es perfectamente normal que esos expertos lo conviertan todo en habladuría incomprensible con la cual se saquea al Estado. Por si nadie se lo ha dicho, muchas personas extranjeras que conocen a Colombia la llaman "el país de los informes", pues los recursos públicos se han ido tradicionalmente en premiar a indigentes intelectuales con doctorados criollos que aderezan palabras raras con protestas de virtud para terminar halagando al reyezuelo de turno sin mejorar nada. Y si eso fuera poco un gobierno que se presentara como más proclive a la ciencia de los sabios que a las demandas de los humildes sería denunciado por todos los paniaguados de Santodomingo como un súbdito del FMI. También es poco honrado olvidarse de eso. ¿Qué es lo de derechas ahí? Recuerdo a su émulo Gómez Buendía hablar de la tecnocracia como "extrema derecha". Puesto a sopesar el lado en el que está el bien, del que conviene presentarse como partidario y hasta portavoz, cada ciudadano se pregunta si está en la izquierda o en la derecha, como la mayoría tienen poco y son propensos a la envidia, fácilmente identificarán "izquierda" con "bueno", entonces de derecha será todo aquello que no guste: la tecnocracia según usted es menos de derecha que el populismo. Uno se pasa la vida tratando de aprender el sentido de los conceptos hasta que llega a la definición más bizarra e ingeniosa de lo que es la derecha: "... la preeminencia del soberano popular sobre cualquier otra forma de gobierno". ¡Bravo, Fidel Castro y Pol Pot nos apoyan en tal aserto!

Se puede considerar la oposición patrocinada por Santodomingo y los Santos como una orquesta que ejecutara una compleja sinfonía: de vez en cuando los ensordecedores platillos (una que otra masacrita oportuna), un conjunto de violines ejecutando un basso ostinato (el vasto Ministerio de la Verdad en la sombra, defendiendo día tras día las "comunidades de paz", la condición "política" de algunos delitos, los nombres acogedores, como "rebeldes", "insurgentes", "izquierdistas" para los niños-ejecutores o angelitos exterminadores), un verdadero graduado en filosofía llevando la batuta desde sus editoriales, unos vientos que le preparan el terreno a la irrupción de los platillos con ruido de huelgas y protestas callejeras, los severos contrabajos cuidando el ritmo de todo y la precisión formal según la Partitura dictada tras la masacre de los que estorbaban... Ahí hacen falta algunas flautas de pan que aunque no sean plenamente del estilo predominante en la pieza acompañen, de nuevo, oportunamente el crescendo final que se prepara. Es su papel, señor Gaviria, el de una flautita de ésas.
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COMENTARIO DE ALEJANDRO GAVIRIA

Gracias por sus comentarios. Aquí van los míos a los suyos.

1. “Ser "filósofo aficionado" es una acusación que se puede hacer a todo el que abra la boca”. No lo creo así. Desde hace rato no teníamos un Presidente que citara a Hegel. Ni un escribano de Palacio que transcribiera frondosos tomos sobre la semántica de nuestra de realidad.

2. Carrasquilla (y creo que lo conozco mejor que Ud.) nunca ha renegado de sus creencias, ni ha tratado de disfrazarse de populista. Su gran tragedia es trabajar para un Presidente que no lo respeta y que une a su desprecio por la teoría, su desconfianza instintiva hacia quienes lo superan intelectualmente.

3. Creo que debemos hacer una distinción fundamental. En materia económica, y ese no era el tema de mi columna, el presidente no pertenece a la derecha tradicional. Sus ideas son arcaicas, más cercanas a la plutocracia que al neoliberalismo. Pro-empresa, no pro-mercado. Corporativistas si se quiere. Una mezcla de franquismo y keynesianismo infantil.

4. Yo creo en la honestidad intelectual. Y no creo que la política deba basarse en la impostura. Quizás sea ingenuo. Pero considero que señalar las contradicciones ideológicas de los gobernantes sirve algún propósito.

5. Que Garzón diga barrabasadas ni le quita, ni le pone a mis argumentos. Yo he criticado sistemáticamente el infantilismo de la izquierda. Y estoy de acuerdo con Ud. en que la felicidad general no se decreta y que la demagogia es peligrosa. La de Garzón y la de Uribe.

6. Ni Chirac, ni Kohl, ni Blair cambiaron la Constitución para quedarse en el poder. Cuando algunos partidarios de Reagan le propusieron una modificación del amendment 42 de la Constitución gringa para que se postulará para un tercer período, Reagan los sacó de su oficina diciéndoles que él no era un dictador.

Al menos en este sentido, el derechismo de Reagan era más encomiable que el Hobbesianismo hirsuto de Uribe.

7. “Como dice un amigo mío, la verdad es que Colombia subsiste de milagro, cualquier vacilación en el difícil equilibrio actual significaría el ascenso de gente que nunca ha ocultado su afinidad con Tirofijo.” Llevado a un extremo, este argumento (típicamente Hobbesiano) implica la perpetuación del Presidente en el poder, y demuestra un profundo deprecio por la democracia por parte suya(y de su amigo).

8. “La preeminencia del soberano popular sobre cualquier otra forma de gobierno". ¡Bravo, Fidel Castro y Pol Pot nos apoyan en tal aserto!” Lo apoyan Franco, Hitler, los militares argentinos y sus Malvinas…En fin, Ud. sabe muy bien que en el extremo la izquierda y la derecha se interceptan.

9. Por último, prefiero ser un flautista inocuo que un marchante más de aquellos que, como Ud., con la mano en el Corazón y la mirada altiva de quienes se creen moralmente superiores, marchan convencidos hacia el desastre.

Saludos,

Alejandro.

2 comentarios:

  1. Respetado Jaime:
    Hace algunos días hice un comentario en este blog sobre la entrevista al Presidente en Hablando Claro. Uno de los "entrevistadores" era Alejandro Gaviria. Cuando el personaje lanzó la primera andadana, Uribe le dijo: "pero si usted me convenció de eso cuando era sub director de Planeación". No voy a entrar a discutir los pormenores filosóficos que propone Gaviria, porque me parecen traidos de los cabellos, pero si voy a dar una opinión sobre lo observado y leído: hay un problema personal y político que se hace evidente en la respuesta que le da a usted Gaviria: que el Presidente tiene problemas con los que ve superiores intelectualmente. Creo que Alejandro Gaviria tiene complejo de superioridad intelectual que, como buen intelectual tercermundista, quiere mostrar para envanecerse y se acoge a unos postulados muy peligrosos para la sociedad y para la democracia. Cuando alguien se autoproclama superior intelectual, no solo es arrogante sino mentiroso porque si bien se puede atribuir algunos o muchos conocimientos adicionales, no por eso puede definirse como razonador de dichos conocimientos: para mi, Alejandro Gaviria es como las bibliotecas de los narcos: muchos libros de oro y pasta dura, pero nuevos, sin haber salido siquiera de su empaque.

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  2. Anónimo6:13 p.m.

    No sean tan trascendentales, lo que pasa es que Uribe es paisa y si para lograr lo que quiere, tiene que venderle hielo a un esquimal..pues discurso no le falta, le echa cuento y listo.

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