domingo, octubre 16, 2016

Abad Faciolince y la vieja propaganda terrorista


El artículo en que Mario Vargas Llosa manifiesta su apoyo al llamado proceso de paz en Colombia tiene a la larga más impacto del que muchos quieren reconocer. Es una voz autorizada, sobre todo por su rechazo y denuncia de los regímenes chavistas que destruyen a varios países de la región. Lástima que no entienda que "la paz" es sencillamente la implantación de otra satrapía de ese estilo y "compre" la más descarada propaganda. (Lia Fowler comenta aquí dicho artículo.) Asegura haberse decidido a apoyar el voto por el SÍ a partir de un artículo de su amigo Héctor Abad Faciolince, que comentaré.
Ya no me siento víctima
Yo he entendido la historia reciente de mi país no a través de ninguna teoría, sino a través de las historias familiares. Cuando uno tiene una familia numerosa, la ficción es casi innecesaria: en una familia grande, todas las cosas han ocurrido alguna vez. Esas historias me permiten reflexionar sobre lo que ha pasado y sobre lo que pasa en Colombia, para luego tomar una decisión que es política, pero también vital, porque no está dictada por la ideología, sino por la imaginación: trato de pensar de qué manera podríamos vivir mejor, sin matarnos tanto, con menos sufrimiento, con más tranquilidad.
Este párrafo tiene en El País un enlace a otro artículo de propaganda de una película sobre el libro más famoso de Abad, el que trata del asesinato de su padre. La misma entradilla de ese artículo es obscena y mentirosa propaganda. Dice que Abad Gómez fue asesinado "por defender los derechos humanos". ¿Qué "derechos humanos" defendía si era un activista muy próximo al Partido Comunista y lo acompañaba un abogado de guerrilleros? Tal vez la noción de "derechos humanos" del régimen de Corea del Norte, cuya asociación de amistad presidía. Abad Gómez era defensor de derechos humanos exactamente igual que Piedad Córdoba e Iván Cepeda, sólo que el público español no sabe en qué consiste esa filantropía.

Y claro, la mentira de un criminal asoma en cada frase: ¿usted amigo lector a quién ha estado matando? El genocidio que se ha cometido en aras de la carrera política de Abad Gómez y de su hijo resulta algo que los colombianos hemos estado haciendo, pero sólo lo han hecho ellos. Puede sonar a paradoja cuando precisamente Abad Gómez fue asesinado, pero ¿cuántas personas inocentes han matado ellos para poder llegar a la paz?
Para explicar por qué celebro y estoy tan feliz con el Acuerdo de Paz entre el Gobierno de Santos y la guerrilla de las FARC, voy a intentar reflexionar con ustedes a partir, otra vez, de una historia familiar.
Abad Faciolince (que redacta espantosamente, como el mismo Vargas Llosa: debería haber escrito "por qué celebro el acuerdo... y estoy tan feliz con él" pues la preposición con sólo acompaña a "estoy tan feliz") celebra el acuerdo porque es lo que siempre ha promovido y porque él mismo es un gran jefe de la conjura terrorista. El problema es que los españoles desconocen totalmente la conjura terrorista (pero juzgan con asombrosa propiedad, aventajando a los mismos colombianos) y los colombianos no ven otra cosa que la marca del calzado de cada individuo. 
Nunca sentí ninguna simpatía por las FARC. El esposo de una de mis hermanas, Federico Uribe (sin parentesco con el expresidente de Colombia), fue secuestrado dos veces por la guerrilla. La primera vez lo secuestró el Frente 36 de las FARC, hace 28 años, cuando él tenía 35. Once años después, otro grupo lo volvió a secuestrar; los muchachos que lo vigilaban en la montaña eran tan jóvenes que le decían “abuelo” a un hombre de 46. Federico no era, ni es, una persona rica. Tal vez tenía el apellido equivocado. Tampoco era pobre y no sería extraño que los muy pobres lo vieran como muy rico.
Abad Faciolince nunca sintió ninguna simpatía por las FARC pero ¡qué extraño! quienes lo leemos hace años no recordamos que nunca les haya sugerido que se desmovilicen y desistan de implantar su tiranía sino que ha combatido con taimada violencia al único gobierno que intentó aplicar la ley, así como cualquier esfuerzo por oponerse a la negociación de Santos (lean este artículo, sobre todo el párrafo final, para formarse una idea de la clase de móviles del pensador). Sencillamente es un escritor reconocido gracias al Partido Comunista y a su amistad con García Márquez, otro jefe terrorista al que los colombianos aplauden porque los niños bomba les dan igual y creen que un premio Nobel de literatura los honra, y explota su influencia COBRANDO los niños bomba y las demás atrocidades terroristas, sólo que en el papel de desinteresado amigo de la concordia, exactamente como quien cobra un secuestro.

La carrera literaria de Abad, más allá de la calidad de su obra (sobre la que no diré nada porque la desconozco totalmente), tiene que ver con esos apoyos. En 1998 Colombia fue país invitado a la feria del libro de Barcelona y la vitrina principal sólo tenía ejemplares de un libro suyo. Era el gobierno de Samper y los responsables culturales pertenecían al Partido Comunista o a alguno de sus satélites. También el apoyo de García Márquez determinó su prestigio (no hablemos del dinero del secuestro invertido en los típicos embajadores de las FARC en toda Europa y toda América, dedicados a buscar colaboraciones universitarias y apoyos a la defensa de los derechos humanos). Al respecto vale la pena leer lo que escribía hace más de diez años sobre su incapacidad de reprocharle al Nobel su amistad con Fidel Castro.

Abad Faciolince no siente ninguna simpatía por las FARC tal como el dueño de un matadero no experimenta ningún placer con la sangre. Además de García Márquez (y ahora de Vargas Llosa), es conocida su íntima amistad con Carlos Gaviria, otro pensador ajeno a las FARC que casualmente era candidato presidencial del Partido Comunista y los demás grupos promovidos por La Habana y Chávez, y que como magistrado se destacó como defensor de la conexidad del asesinato con el "delito político" (el interesado podrá ver la clase de perlas que escribía leyendo las frases resaltadas en negrita al final de este artículo). Tendría gracia que Vargas Llosa, o Savater, o Krauze y otros amigo de Abad Faciolince expresaran su opinión sobre la idea de que "no es lo mismo matar para enriquecerse que matar para que la gente viva mejor". Yo considero, y lo digo sin ninguna malicia, mucho menos criminal al rústico que obliga a un niño a llevar una carga explosiva que a quienes promueven y legitiman esos crímenes como Gaviria y Abad (en esta entrevista enlazada arriba se pueden encontrar menciones a Gaviria). Es porque yo soy en realidad ex colombiano y juzgo la moralidad de las acciones y no el estrato de sus autores.
Mi cuñado (ahora excuñado, porque en todas las familias hay divorcios) tenía y tiene 120 vacas lecheras en un pueblo a 2.600 metros de altitud en el oriente de Antioquia. Después de un mes secuestrado y de pagar la “cuota inicial” del rescate para que lo soltaran, tuvo que seguir pagando lo que faltaba, en cómodas mensualidades, durante 36 meses más. La guerrilla, tan amable, le dio tres años de plazo para pagar. Ustedes preguntarán: ¿y por qué no acudía a la policía, al Ejército, a las autoridades del pueblo? Él les contestaría: “Permítanme una sonrisa”. En las zonas rurales de Colombia el Estado no existía; hay partes donde no existe todavía; cuanto más lejos esté la tierra de las ciudades principales, menos Estado hay. Si Federico no pagaba las cuotas, tampoco podía sacar la leche de la finca, y de eso vivía. Si no pagaba las cuotas, lo podían matar en la misma lechería. Si no pagaba las cuotas, le podían secuestrar a uno de sus hijos, mis sobrinos. En fin, en ausencia de un Estado que controlara el territorio y defendiera a los ciudadanos, no había otra que pagar. O hacer lo que hicieron otros finqueros: vincularse a un grupo paramilitar que los protegiera a cambio de una cuota mensual parecida. Federico Uribe no era de esos que se complacían en ver matar, y los paramilitares mataban sin preguntar. Además, los paramilitares habían matado a su suegro, a mi papá, y no era el caso de aliarse con otros asesinos.
La propaganda de "la paz" de Santos es simplemente la reproducción de la vieja propaganda de los terroristas. Lo mismo ocurre con los cuentos de Abad, como esa infamia cínica de la "ausencia del Estado". Cuando el gobierno de Uribe se esforzó por hacer presente al Estado, toda la conjura terrorista se dedicó a impedir que ocurriera. Precisamente fue lo que se hizo pero ¿por qué no mejor negociar y dejar de matarnos? Era la noble ocurrencia del pacifista (que obviamente JAMÁS polemiza con los que consideran a Piedad Córdoba defensora de derechos humanos y los demás propagandistas del interés de las FARC). También los crímenes de la mafia en Nueva York o los de las pandillas en California corresponden a la ausencia del Estado en ciertos ámbitos, lo que pasa es que no tienen una red tan formidable como la del régimen cubano.
Federico —acabo de llamarlo para preguntarle— va a votar no en el plebiscito sobre la paz. “Yo no estoy en contra de la paz”, me dijo, “pero quiero que esos tipos paguen siquiera dos años de cárcel. Mientras me tuvieron secuestrado mataron a dos”. Yo lo entiendo, lo aprecio y no lo considero un enemigo de la paz, así no esté de acuerdo con él. No me siento con autoridad para juzgarlo y tiene todo el derecho de votar por el no. Pero, aunque lo entiendo, espero que él también me entienda a mí ahora que escribo que voy a votar por el sí. Entiendo su posición sobre la impunidad. Creo tener derecho, sin embargo, a decir que no me importa que no les den cárcel a los de las FARC, pues cuando el presidente Uribe hizo la paz con los paramilitares escribí un artículo en el que sostuve que no me interesaba que los asesinos de mi padre pasaran ni un día en la sombra. Que contaran la verdad, y listo: que los liberaran, que se murieran de viejos. Si no me creen, aquí pueden ver ese artículo, publicado en la revista Semana en julio de 2004: http://www.semana.com/opinion/articulo/una-cuestion-personal/66783-3.
Es la vieja propaganda del Partido Comunista que los que hemos leído la prensa colombiana reconoceríamos desde lejos. El que no quiere que Colombia sea una colonia cubana y que imperen los terroristas (pero imperan hace décadas, a tal punto que un criminal como Carlos Gaviria presidía la Corte Constitucional) es por afán de venganza. El uribismo colabora en esa tarea: parece que el problema fuera la impunidad y que entregar vastas regiones del país a una organización criminal importara menos, pero yo apoyaría una amnistía total si las FARC se disolvieran y desistieran de sus crímenes. Lo que contiene el acuerdo de paz es sencillamente el logro de sus fines. Ahora tendrán los billones obtenidos con la extorsión, la cocaína y la minería ilegal para dominar "legalmente" el Estado. La cuestión de la punición es totalmente secundaria, pero a los que desconocen el tema los convencen de que quienes nos oponemos es por afán de venganza, que "comprenden" con la suave indulgencia que los caracteriza.
De los 28.000 paramilitares que aceptaron desmovilizarse durante el Gobierno de Uribe, tan solo un puñado de ellos pagaron cárcel, y no porque el presidente lo quisiera, sino porque la Corte Constitucional lo obligó. Su proyecto inicial ofrecía impunidad total. El texto del Acuerdo de Ralito (el sometimiento de los paramilitares) nunca nos lo mostraron; a las víctimas de los paramilitares no nos llevaron a la zona de los diálogos para decirles en la cara el dolor que nos habían causado y para darles la bienvenida a la vida civil, como en mi familia hubiéramos querido hacer; tampoco se sometió el acuerdo con ellos a un plebiscito. Esto no es un reclamo, sino una comparación. Santos ha publicado el texto (larguísimo, farragoso, pero útil, del Acuerdo de La Habana); llevó a las conversaciones a grupos de víctimas (incluso a mí me invitaron, pero no quise ir, pues no me siento víctima ya); y ahora lo somete al veredicto del pueblo.
Los acuerdos con los "paramilitares" condujeron a la desmovilización de esas bandas y la desaparición de las Autodefensas Unidas de Colombia, lo que hay ahora es una nueva Constitución con buena parte del territorio en manos de una organización criminal cuyo negocio de la cocaína queda sencillamente legalizado. No hablemos del tribunal que nombrarán ellos mismos. No importa, los lectores españoles desconocen todo eso y creen que de algún modo Uribe era amigo de los paramilitares mientras que Santos es ajeno a las FARC (porque es su contrario, la vieja oligarquía). Lo que hace Abad es sencillamente engañar. ¿Alguien recuerda a las víctimas que llevaron a La Habana? ¡No pudo ir el general Mendieta, víctima de un secuestro monstruoso porque el ínclito profesor Carlos Medina se lo impidió! Es injusto decir que Abad sea un jefe terrorista, es algo peor, es un desalmado que promueve el crimen, prospera gracias a él y maquina engaños para conseguir sus fines.
Si en el caso de los asesinos de mi padre yo estaba de acuerdo con un pacto de impunidad, con la única condición de que los paramilitares contaran la verdad y dejaran de matar, creo tener autoridad moral para decir que también estoy de acuerdo con el Acuerdo de Paz con las FARC, los secuestradores de mi cuñado. En el caso de las FARC, también acepto una alta dosis de impunidad a cambio de verdad. Tengan en cuenta además que por delitos atroces, entre los cuales se incluye el secuestro, no es cierto que en este acuerdo haya impunidad total. Los responsables pagarán hasta ocho años (si lo confiesan todo antes de que empiece el juicio) de “restricción efectiva de la libertad”, no en una cárcel corriente, sino en condiciones que el Tribunal Especial para la Paz decidirá. Y si la confesión ocurre durante el juicio, esos ocho años los pasarán en una cárcel normal. Y si no confiesan y son derrotados en juicio, la pena será de 20 años en cárceles del Estado.
No me parece apropiado poner en duda la moralidad de Vargas Llosa, sólo su avilantez opinando sobre asuntos que desconoce, movido por el hábil halago de miserables como este Abad. ¡Resulta que él sólo quería que los "paramilitares" (que no tenían nada que ver con quienes mataron a su padre porque en esa época no existían las AUC ni estaban activos los Castaño) DIJERAN LA VERDAD. Hete aquí que se da por sobreentendido que las FARC van a decir la verdad de los 16.000 secuestros que se les atribuyen y de la violación de muchos miles de niñas (a las que obligan a abortar), así como de las miles de atrocidades cometidas. De hecho, realmente, la impunidad y elegibilidad y hasta la misma persistencia de la banda serían aceptables si se pudiera conocer toda la verdad, no sólo de los crímenes terroristas sino de su entorno y sus cómplices. Baste ver las respuestas que dan al reclutamiento de niños para saber cuál es la verdad que aportarán. ¿Cómo va a saber eso el lector español si no lo entiende Vargas Llosa? No hablemos de lo que se puede esperar del "Tribunal Especial para la Paz" nombrado por los propios terroristas. La desfachatez de este hombre es más perversa que el peor de los crímenes terroristas.
Así que no estoy de acuerdo con mi excuñado, a quien comprendo y admiro y sigo queriendo igual, en que se haya firmado un acuerdo de impunidad total. Fue un acuerdo muy generoso con las FARC, sin duda, y ojalá la guerrilla hubiera aceptado pasar siquiera dos años en la cárcel, que es a lo que aspira Federico. Pero esto fue lo mejor que el Gobierno pudo lograr, tras cuatro años de duras negociaciones, con una guerrilla que no estaba completamente derrotada.
¡Pobre gobierno! Tras varios años apenas consiguió eso de las FARC (cuyos crímenes se multiplicaron entre 2010 y 2015 gracias a que se prometía premiarlos y a que la máquina de exportación de cocaína por Venezuela necesita operar con el máximo rendimiento). La desfachatez con que se juzga a unos miserables como De la Calle o Jaramillo favoreciendo la recuperación de la industria de la cocaína (Colombia ha llegado a ser de nuevo el principal productor, cosa que es la principal tarea del gobierno, lo cual se comprueba con la actuación del ministro de Salud, otro amigo de Abad, en contra del uso del glifosato) como búsqueda de castigo de los terroristas sólo es otra forma de obrar criminal.
Cuando escribo para España, o cuando hablo con españoles, algunos esgrimen el ejemplo de ETA para decirme que el Estado no puede ser condescendiente con los terroristas ni puede perdonar. No creo que los casos se parezcan ni se puedan comparar. Las FARC nacieron en un país violento, muy desigual y muy injusto, lo que no las justifica, pero sí explica en parte su furor. La guerrilla de las FARC llegó a tener 20.000 hombres en uniforme; llegó a tomarse la capital del departamento (Estado) del Vaupés, Mitú. Ejerció control y dominio (como un Estado alternativo que impartía “justicia” y resolvía líos domésticos) en amplios territorios rurales.
La injusticia no justifica a los terroristas pero la vieja propaganda siempre busca hacer pensar que los terroristas se levantaron contra ella. Falso hasta asquear. El proyecto comunista en Colombia existe para favorecer la desigualdad y lo promueven los clanes más altos de las castas dominantes. Baste comparar los ingresos y las pensiones de los funcionarios favorecidos por los sindicatos comunistas (es decir, por el poder de intimidación y el dinero de las guerrillas) para entenderlo. La injusticia y la desigualdad no son la causa de las guerrillas sino su fruto. Tal vez no lo entienda Vargas Llosa, la verdad es que ese nivel de comprensión no lo alcanza nunca en sus artículos de prensa (cuando Vargas Llosa era compadre de García Márquez, antes de enemistarse con él por cuestiones personales, Octavio Paz señalaba que el colombiano representaba a las guerrillas hispanoamericanas en los restaurantes y bares de Barcelona). Tampoco lo entienden los españoles. He hablado con muchos cientos de ellos y no recuerdo a ninguno que no crea que las guerrillas son campesinos oprimidos que se levantan contra la injusticia. También creerán que la toma de Mitú por unas horas es como la de una capital de provincia española, de ese nivel es el engaño.
Las FARC han sido una guerrilla despiadada, sanguinaria, sin duda. Una guerrilla que cree firmemente y con fanatismo mesiánico en la última religión del siglo XX, el comunismo marxista leninista. En la lucha armada, en su ideología, en sus actos de terror, creo que la guerrilla se equivocó de un modo atroz. Pero en más de medio siglo de desafío al Estado no ha podido ser derrotada por las armas. Colombia tiene el presupuesto de seguridad más alto de América Latina; tiene el Ejército más numeroso; gastamos en armamento lo que no nos gastamos en salud o educación. Tuvo un presidente, Álvaro Uribe, cuya mayor obsesión durante ocho años fue exterminar a la guerrilla que había matado a su padre. La debilitó mucho, las FARC quedaron en menos de 10.000 efectivos, pero tampoco la pudo derrotar. Su ministro de defensa, Juan Manuel Santos, llegó al poder y, al verla debilitada, les volvió a ofrecer lo que todos los presidentes anteriores (incluyendo a Uribe) les habían ofrecido: unas conversaciones para llegar a un acuerdo de paz. Y Santos acaba de conseguir lo que ninguno de los presidentes anteriores consiguió: que las FARC se plegaran a dejar las armas y aceptaran convertirse en un partido político con garantías de seguridad e incluso con una mínima representación en el Congreso en las próximas elecciones.
La vieja propaganda, el Estado no pudo vencer a las FARC. Pero al final del gobierno de Uribe no existían en zonas pobladas, realmente más bien tenían bases en Venezuela y Ecuador. Y de hecho la única fuerza de las guerrillas es su agencia de cobro, la vasta red de medios, universidades, sindicatos y demás frentes del Trust Münzenberg. Las campañas de calumnias contra el gobierno de Uribe tenían por objeto mantener esa invencibilidad. Y Santos tenía el propósito de negociar "la paz" desde mucho antes de ser ministro de Uribe (cuya patética ineptitud y tosquedad son la mejor baza de los terroristas). El primer jefe de las bandas terroristas en Colombia es su hermano mayor, ligado directamente a los Castro. Mentiras y más mentiras para reforzar lo que la propaganda hace creer a la gente, la vieja propaganda.
En todas las familias hay uno que otro envidioso; se sienten celos aun entre los hermanos. Por eso entiendo tan bien, por eso me parece tan comprensible, tan humano, que los dos presidentes anteriores (Pastrana y Uribe) sientan celos porque Santos haya logrado lo que ellos buscaron sin conseguir. Se entiende también que quieran adoptar para su envidia una máscara más noble, la máscara de la “impunidad”. Pero estoy seguro de que, si ellos estuvieran en el poder, ofrecerían una impunidad igual o mayor que esta. Un presidente mucho más viejo, casi centenario, lúcido, ya curado de espantos y mucho más allá del bien y del mal, Belisario Betancur, un presidente que estuvo a punto de firmar la paz con la guerrilla hace 30 años, pero que fue saboteado por la extrema derecha (mezcla de paramilitares, terratenientes y una franja del Ejército) mediante el exterminio de líderes de izquierda y de todo un partido político, la Unión Patriótica, este viejo presidente, en cambio, conservador y católico, votará por el sí. También Gaviria y Samper harán campaña por el sí.
Yo nunca he sido admirador de Vargas Llosa, pero al leer este párrafo siento verdadera vergüenza ajena. ¡Resulta que Uribe y Pastrana sienten celos de que Santos lo logre! Más ridículo no puede ser. Más miserable que creer que la paz de Betancur con las FARC no funcionó porque los Castaño mataran a unos cientos de terroristas desarmados años después de que fracasaran los diálogos no se puede ser. Los españoles no saben que la negociación de paz de Betancur es el verdadero origen del poder de las FARC, que aprovecharon la legalidad para instalarse en muchas regiones, en las que operaban como partido armado secuestrando y extorsionando. El interesado en el proceso de negociación y sus frutos sólo tiene que mirar este gráfico sobre el número de homicidios relacionados con el "conflicto armado"..


Burdas mentiras, vieja propaganda. Desgraciadamente los colombianos creen más en lo que les dicen que en lo que ven (cuanto más rubia sea una persona y cuanto más lejos viva, más se tendrán en cuenta sus opiniones). El partido "Unión Patriótica" sólo eran las FARC, o sea, sólo era el Partido Comunista, y sus líderes, como Luis Eduardo y Angelino Garzón, son en nuestra época vicepresidentes y ministros.
Termino: las historias familiares, que son como una novela real, me han obligado a sentir y me han enseñado a pensar mucho sobre el sufrimiento, sobre la justicia y la impotencia, sobre la humillación y la rabia, sobre la venganza y el perdón. Escribir la injusticia que se cometió con mi padre, el asesinato de un hombre bueno, me curó de la necesidad de aspirar a ver en la realidad la representación de la justicia (una cárcel para los asesinos). De alguna manera yo siento que pude hacer justicia contando la historia tal como fue. Seguramente si mi cuñado hubiera podido contar la historia de su secuestro, como lo hicieron Ingrid Betancourt o Clara Rojas, ahora estaría más tranquilo y en el mismo grupo de ellas, el grupo de los que apoyamos el sí. Es por eso que ahora que he contado la historia de Federico, y ahora que he explicado mi posición para un periódico español, yo le preguntaría a mi excuñado lo siguiente: ¿no es mejor un país donde tus mismos secuestradores estén libres haciendo política, en vez de un país en que esos mismos tipos estén cerca de tu finca, amenazando a tus hijos, mis sobrinos, y a los hijos de tus hijos, a tus nietos? La paz no se hace para que haya una justicia plena y completa. La paz se hace para olvidar el dolor pasado, para disminuir el dolor presente y para prevenir el dolor futuro.
Conforme, que no vayan a la cárcel. No es el problema, es la presentación mentirosa del problema para los lectores de El País, cuyo nivel (mezclado con arrogancia y afán de protagonismo) muestra tener Vargas Llosa. Las FARC no entregan realmente las armas ni se desmovilizan ni se disuelven ni desisten de implantar su régimen ni dirán la verdad ni pedirán perdón ni renuncian a sus negocios criminales, sencillamente se los premia y se les entrega poder gracias a los impresionantes recursos de la conjura castrista (el lector de El País podría preguntarse qué mueve a ese periódico a una pasión tan grande por la paz en Colombia). La paz es el verdadero negocio terrorista, gracias a Betancur se multiplicaron, gracias a los gobiernos posteriores se apropiaron del Estado y mataron a muchas más personas y ahora se apropian completamente del país. El interesado en el tema debería leer este artículo de Fernando Londoño en el que se explica muy bien en qué consiste el acuerdo.

(Publicado en el blog País Bizarro el 23 de septiembre de 2016.)

martes, octubre 11, 2016

Todo el mal que manda Karl Marx desde la luna


En una entrevista publicada recientemente el coronel Luis Alfonso Plazas Vega alude a los infinitos atropellos de que fue víctima y a la infinita corrupción judicial que evidencian, y que todo el mundo puede comprobar. Voy a tratar de comentar esa forma de obrar del poder judicial (resistiendo a la tentación de reprochar al coronel su benevolencia con la corte que anuló su proceso porque las atrocidades del proceso eran demasiado evidentes; no hay que olvidar que es la misma caterva de hampones que condenó a Andrés Felipe Arias a 18 años de prisión en un juicio más infame si se quiere que la misma persecución al coronel) y a explicar de qué modo me parece que no es un fenómeno nuevo ni sin conexión con la cultura colombiana tradicional.

Hidalgos y pícaros
En 711 los musulmanes entraron en la península ibérica y conquistaron la mayor parte del territorio. Los frenó Carlos Martel, el abuelo de Carlomagno, en la batalla de Poitiers (732). En la península un caudillo de la actual Asturias creó un reino independiente a partir de 722. Desde entonces, los reinos cristianos surgidos en la región nororiental tuvieron como actividad principal y como mayor fuente de riquezas la guerra de "reconquista". Y los guerreros ligados a las cortes de los reyes fueron el grupo social dominante hasta la caída del último reino musulmán. Los descendientes de esos guerreros constituyeron la clase de los hidalgos, poco dados al trabajo y muy seguros de merecer privilegios por las hazañas de sus antepasados.

La conquista de América fue la ocasión para que esos guerreros-funcionarios mantuvieran su hegemonía en la sociedad y, junto con la contrarreforma católica, determinó un retroceso de la economía productiva: el país era rico pero la mayoría estaba excluida de esa riqueza, y el trabajo, además de delatar la condición social baja (el pintor Diego Velázquez pasó la vida intentando demostrar que sus antepasados no habían trabajado), proveía menos rendimientos que en otros países europeos a los que no llegaban directamente las riquezas de América, en una versión temprana de la llamada "enfermedad holandesa".

De modo que las ciudades españolas del siglo XVI estaban llenas de individuos "sin oficio ni beneficio", dedicados al "rebusque" para sobrevivir. Se los llamó "pícaros" y dieron lugar a un género novelesco muy importante. Hidalgos y pícaros fueron trasplantados a América y prácticamente siguen siendo los modelos de los colombianos actuales, cuya cultura procede de la emigración de ese siglo.

Jueces y señores
Entre 1549 y 1739, periodo que es más de un tercio del transcurrido desde el Descubrimiento de América, el territorio de la Nueva Granada estuvo administrado por un ente judicial, la Real Audiencia. ¿Qué administraban esos oidores? El saqueo del territorio y la esclavización de los aborígenes. Además de gobernar y juzgar, era obvio que tenían intereses particulares (los propios cargos se compraban), sencillamente, eran miembros de la casta de hidalgos y se hacían potentados en el nuevo territorio, a veces volvían ricos a la península, otras establecían su señorío en las nuevas tierras. 

Es importante prestar atención a ese aspecto "informal" de la administración de justicia porque la división de poderes no es natural, fue concebida en el siglo XVIII e implantada en el XIX en los países avanzados. En Hispanoamérica nunca ha llegado a ser realidad, siempre hay un "gobierno" oculto que simplemente corresponde al interés de las castas de hidalgos. Los jueces son los parientes y vecinos de los legisladores y de los administradores y las leyes se cambian siempre que convenga o se interpretan como se quiere. Eso sigue ocurriendo y los movimientos revolucionarios SÓLO son, respecto a la división de poderes como respecto a toda forma de implantación de la ley "burguesa" (extranjera y disolvente del orden jerárquico) formas de resistencia.

Una vez me enteré de que a finales del siglo XIX se había legalizado el aborto en Colombia. ¿Cómo llegó el país más pazguato del mundo a ser tan "moderno"? Sencillamente habría alguna urgencia en alguna familia importante; la ley es un disfraz, los que mandan hacen lo que quieren. El poder judicial es un instrumento de las camarillas del poder, que a su vez dirigen y representan a las castas de descendientes de los hidalgos. La iniquidad es un resultado obvio, por eso resulta ingenuo suponer que los jueces actuales se han "corrompido".

La herencia de Karl Marx
Por donde no puede haber una salida a la miseria y desesperación actuales es imaginando unas sociedades tolerables en Hispanoamérica antes de que llegaran el comunismo o la cocaína. Es al contrario, la cocaína reproduce las fuentes de riqueza y la forma de producción de los siglos coloniales, con esclavos cuyos cuerpos se destruyen en las labores de producción y sin la menor garantía para su vida. También el secuestro era una actuación normal en las primeras décadas de la Conquista.

Y el comunismo prospera porque cae en el suelo abonado por la esclavitud de siempre. El caso de Cuba lo muestra todo. La proporción de esclavos era mayor que en las demás colonias americanas y la abolición tuvo lugar después. La presencia estadounidense a partir de 1898 aceleró la integración en la economía capitalista y la desesperación de las castas de hidalgos. La insurrección de Fidel Castro poco tenía que ver con el comunismo por mucho que su líder hubiera tenido relaciones antes con los soviéticos. El Partido Comunista cubano era leal a Batista (con el que había gobernado antes de la dictadura) y sólo en los últimos meses de la guerra tuvo contactos con los insurrectos. Sencillamente, la dictadura se percibía como ilegítima y eso alentaba los sueños de miles de aventureros, y las castas de hidalgos tenían sobrados motivos para abrazar un discurso nacionalista que condujera a un "empoderamiento" de los cubanos (de los cubanos blancos y relacionados con el nuevo poder para tener empleos públicos) respecto de los estadounidenses. Si encontraron el comunismo fue sólo porque necesitaban protección a la hora de apoderarse de todo, cosa que agradó muchísimo a la mayoría que importaba en el país (los blancos).

Tampoco Chávez era propiamente comunista ni recibió votos como comunista. La alianza con los cubanos le proporcionó la organización y la tecnología de dominación, así como el apoyo de amplios sectores en todo el continente. Si consiguió ganar las elecciones en 1998 fue porque representaba a los militares, que son a Venezuela lo que los profesores universitarios a Colombia, el reducto nuclear de las castas de hidalgos. Muy pocos de esos militares tenían la menor relación con el comunismo, simplemente hicieron lo que siempre habían hecho y se aliaron con los cubanos que les ayudaban a enriquecerse como parte de un régimen dictatorial.

Lo mismo en Colombia: la hegemonía de los comunistas entre los empleados públicos no tiene tanto que ver con la "sociedad sin clases" y la "explotación" (por no hablar de la plusvalía) cuanto con los privilegios inverosímiles de los descendientes de hidalgos. No se trata de las ideas de Marx (que ciertamente son criminales) sino de la disposición al parasitismo de las clases afortunadas de sociedades esclavistas.

El bárbaro que todos llevamos dentro
Hay muchos colombianos que se oponen a Santos y a las FARC y que también son resueltamente anticomunistas, pero después de considerarlos amigos leales y afines ideológicos los descubro escandalizándose de mi rechazo a la "acción de tutela". Si son abogados es seguro que defenderán esa genial institución.

Bueno, se habla de la corrupción del poder judicial porque se considera que la "majestad de la justicia" se ultraja cuando se ven las conductas propias de pícaros (y no de hidalgos) que observan muchos jueces. Las concusiones, falsedades, prevaricatos y demás delitos de esos funcionarios indignan (más bien sólo a los perjudicados), pero eso ocurre porque no se presta atención al conjunto.

En alguna parte leí que la principal actividad de la mayoría de los jueces colombianos es resolver tutelas. La acción de tutela es algo mucho peor que todas las corruptelas baratas. Es sencillamente la abolición del derecho. Pero a los colombianos no les molesta porque corresponde a su tradición y a sus valores.

La esencia del derecho es la rigidez del lenguaje. Un contrato en el que se pudieran entender cosas distintas sería de por sí un fraude, al igual que un código ambiguo. La acción de tutela devuelve el orden social a la época de la Real Audiencia, en la que unos jueces-señores dictan, cambian y aplican las leyes que quieren. Eso porque los "derechos fundamentales" que reconoce la Constitución de Pablo Escobar y el M-19 son ambiguos e interpretables, y le permiten al juez decretar lo que le dé la gana, es decir, lo que le pide (y a menudo paga) su compañero de facultad, o su pariente, o su vecino. La casta de hidalgos tiene todo el poder para disfrutar de la esclavitud gracias a esa institución. El que tenga un conflicto con alguien más poderoso o mejor relacionado tiene todas las de perder, salvo que invierta buenas cantidades en el abogado que puede hacer entender al juez el "derecho a la salud" del modo que conviene. Si es el caso de un proveedor de servicios sanitarios, la eficacia de su gestión se verá reducida porque siempre habrá que pagarle un tributo al gremio de juristas que puede pasar tranquilamente por encima de los contratos firmados.

El terrorismo comunista y el tráfico de cocaína no surgen de las "ideologías foráneas" sino que EXPRESAN a la sociedad colombiana. La ligereza con que casi todos los funcionarios y casi todos los profesores y casi todos los periodistas y miembros de la farándula acogen una ocurrencia monstruosa como hacer legisladores a los asesinos lo demuestra. La tolerancia generalizada con la abolición de las leyes también. Pero es más fácil encontrar en el judío discípulo de Hegel la encarnación del diablo e imaginarse un paraíso en el que criaturas perfectas habitaban en armonía antes de la caída en la tentación que ese diablo maquinó.

(Publicado en el blog País Bizarro el 8 de septiembre de 2016.)

lunes, septiembre 12, 2016

El Centro Democrático y el plebiscito


Los políticos del CD han rechazado siempre la refrendación de "la paz" porque prefieren acuerdos en que se los incluya, de ahí que muchos uribistas divulgaran una columna de Mauricio Vargas en la que advertía que la refrendación es "peligrosa" (es decir, que se corre el riesgo de que la gente vote no), y que el mismo Uribe divulgara un artículo de Juan Lozano en el que se le reprochaba a Santos que les quedara mal a las FARC, a las que les habría prometido celebrar una Asamblea Constituyente.

De modo que la declaración de exequibilidad por parte de la Corte Constitucional es una gran contrariedad para Uribe y su séquito. Tienen que optar por el "no" y eso no les agrada en absoluto porque la propaganda los describirá como enemigos de la paz (y que nadie se engañe, "la paz" es "la negociación de paz") cuando ellos sólo quieren que los dejen participar. Es una apuesta que no quieren ganar porque no creen en nada que no sean sus carreras y negocios, y que en caso de perder significaría la legitimación rotunda de Santos y las FARC.

Prueba de lo anterior es el comunicado en el que anuncian su apoyo lamentando que sea la única opción que les dejan y eso sí, aclarando que es su forma de decir "sí a la paz":
Solamente nos queda la opción de decir SÍ a la paz votando NO al plebiscito.
¿Qué es "la paz"? Mejor dicho, ¿cuál es la guerra? Lo que la propaganda del narcorrégimen llama "guerra" es el intento de aplicar la ley penal, pues nadie va a matar a soldados legítimos que representen a algún sector de la población. "La paz" en el comunicado uribista significa lo mismo que en la propaganda de las FARC: "la negociación de paz", que es la abolición de la ley penal y el reconocimiento del infractor como agente legítimo. El penoso texto del CD es coherente con su trayectoria: no condenan que se premie el genocidio, sólo que no los incluyan a ellos en las negociaciones.

Pero si la toma de partido por el "no" es una mala noticia para el uribismo, aún peor lo es para la causa del rechazo a la infamia de La Habana. La dilatadísima campaña de calumnias contra Uribe les resultaría a los asesinos sumamente útil porque los ciudadanos tendrían que escoger entre "la paz" y el "paramilitarismo", es decir, encontrarían a muchos idiotas útiles a los que podrían convertir en activistas con ese cuento. Pero eso no importa tanto como otra cosa: que al identificarse el "no" con el uribismo no queda ninguna opción para el rechazo a la componenda con las FARC, sólo una batalla entre pequeños matices cuyo resumen son las cuotas de poder que quedarían para los uribistas y la benevolencia del hampa judicial.

El plebiscito sería muy fácil de ganar: nadie cree en Santos, su popularidad es bajísima, y todo el poder que entrega a los terroristas escandaliza a la inmensa mayoría, por no hablar de que tantos años de ruido sobre "la paz" hacen pensar en aquello de que "no se puede engañar a todos todo el tiempo". El votante no puede dejar de ver que votar SÍ es complacer a los secuestradores y asesinos, y la opción resulta muy clara, por muchas presiones que haya.

Pero no se ganará porque el bando del NO lo representa esta gentuza, que no quiere ganar ni defiende ningún valor (el que lo dude debe leer esta perla de cinismo y bajeza inverosímiles). Si tuvieran el menor interés en hacer frente a la implantación de la tiranía formarían un frente por el NO con Pastrana y las demás figuras políticas, periodísticas, intelectuales, etc. independientes que se pronuncien en contra de los propósitos de Santos. No lo harán porque sus cálculos son las componendas con el Partido Comunista (es decir, con Angelino Garzón y otros personajes similares) y con el MOIR (que tiene una secta en el interior del CD) en aras de quedar bien situados en el nuevo orden, no importa que su presencia sea meramente decorativa, sigue habiendo quien vote por amor al Gran Timonel y provea así sustanciosos sueldos de senadores y representantes.

Los engaños de Santos son sencillamente la continuación de las atrocidades de las bandas terroristas y tienen el mismo fin. Los totalitarios representan a una minoría entre la población, sencillamente a los usufructuarios del Estado, cuya genealogía es muy fácil de hacer remontar hasta los primeros encomenderos, pero se imponen gracias a que cuentan con estos adversarios estrechos de miras y atrozmente turbios.

Todo el que los siga acompañando se hace cómplice de la implantación del régimen comunista y la abolición de la ley porque ellos no están oponiéndose a lo primero ni defendiendo la segunda, sino salvando sus puestos y rentas.

(Publicado en el blog País Bizarro el 4 de agosto de 2016.)

jueves, septiembre 08, 2016

Navarro vs. Arboleda

Por @ruiz_senior

El adalid
Lo que le dijo Luis Emilio Arboleda a Navarro Wolff es lo que sienten millones de colombianos ante la infamia que les están imponiendo sin haberlos consultado nunca. Es la voz de los esclavos contra los amos, que con todo descaro van a engañarlos y a amenazarlos. Valdría la pena atender a cada una de sus frases porque los colombianos tienen que decidir muy pronto de qué lado están, no sólo por el plebiscito sino porque el resultado del atajo de la paz negociada ya incluye adoctrinamiento de niños mediante chantaje, presencia de militares cubanos en Colombia, gasto público desmesurado en propaganda legitimadora del terrorismo y continua persecución judicial y periodística contra cualquiera que discrepe del pensamiento obligatorio que imponen los asesinos y sus compañeros universitarios en las redes sociales.

Comentaré lo aparecido en Noticias Caracol porque el resumen de los periodistas da suficiente información para comentar el discurso:
"Las FARC no tienen entrada ni los terroristas en Medellín."
¿Por qué no va un ciudadano a defender su ciudad contra unos asesinos que han cometido los peores crímenes de la historia reciente del continente americano? ¿Cómo no aplaudir el valor de enfrentarse a esos poderosos asesinos para mostrarles su rechazo?
"No señor, no nos van a atropellar." 
¿No tiene la gente derecho a resistirse a que la atropellen? ¿O es que la imposición de un acuerdo que no estaba en el programa electoral de Santos no es un completo atropello y la abolición de todo vestigio de democracia, pues la voluntad del pueblo no representa nada? ¿Cómo no aplaudir la firmeza con que expresa la voluntad de los hombres libres ante la imposición de los asesinos?
"No se dejen engañar porque ustedes no saben por qué van a votar y ese mal llamado acuerdo de paz nos va a llevar es a una guerra."
¡Exacto! ¡De eso se trata la propaganda de los asesinos y sus socios corruptos! De engañar a la gente para votar por la abstracción "paz" que sólo es el rótulo de la implantación de la tiranía como en Venezuela y Nicaragua. Y esa tiranía no la podrán imponer completamente sin multiplicar el terror (como en Venezuela y Nicaragua) y sin que la gente se deje someter precisamente porque ni Santos ni los terroristas la representan. El uno defraudó a sus electores y es rechazado por la inmensa mayoría y los otros no han hecho más que cometer atrocidades y hacer sufrir a los colombianos. ¿Cómo no aplaudir el acierto en denunciar esa infamia y en advertir de los trastornos que traerá el premio a los peores sociópatas, que no se van a volver buenos ciudadanos porque a los intereses de imagen de pequeños canallas como Juanes o Falcao y algunos millones más les convenga creer y hacer creer que va a ser así?
"Para poder haber paz tiene que haber un arrepentimiento y un sometimiento a la justicia, y entrega de armas y reparación."
¡Claro que sí! La pregunta que le ofrece la vida a un colombiano es muy sencilla, y las posibilidades de triunfo del NO en el plebiscito son elevadas, porque sólo hay que comprobar si hay alguna inexactitud en esa frase, si es que puede haber paz con criminales que no se arrepienten ni respetan las leyes que violaron sino que llegan a imponer las suyas, mientras que se mantienen armados burlándose de sus víctimas. Millones de colombianos seguirán a la farándula y a las presiones de los paniaguados del régimen y aun a la amenaza descarada de muerte sobre los ciudadanos que expresaba Santos hace poco. Pero ¿cuántos podrán mirar en su interior y sentir que pueden refutar lo que DICE Luis Emilio Arboleda? Esa frase desnuda directamente al "amigo de la paz", que llega con todo descaro a cobrar la extorsión de sus socios, sea Santos o Navarro. O que se suma a ellos por servilismo y cobardía y falta de respeto de sí mismo (como los jovencitos inconscientes en quienes se suman la ignorancia, la estupidez, la frivolidad y el servilismo y llegan a sumarse a una "moda" tan abominable). ¿Cómo no admirar la lucidez con que Arboleda expresa la encrucijada de Colombia hoy?

El asesino
Vale la pena detenerse en lo que dice Navarro Wolf, que se resume en un tuit con este texto.
"Que los colombianos escojan. O se imponen los que más gritan o se imponen las ideas. Esa es la lección de lo de ayer en Medellín."
Muy elocuente, muy acertado. ¡Lo que dice Luis Emilio Arboleda no contiene ideas! ¿Cómo explicarlo? ¡Limpiarse lo colombiano es experimentar una completa iluminación! Frente a si debe haber arrepentimiento para que haya paz, o si los asesinos deben someterse a la justicia, o si deben entregar las armas, o si la propaganda pacifista es un engaño, el asesino del indefenso sindicalista José Raquel Mercado exhibe sus modales! ¿Cuántos colombianos se sienten mal ante semejante "idea"? Dios mío, ¿cuáles son los "argumentos" por los que los miles de millones de dólares obtenidos secuestrando niños y ancianos resultan legales y les sirven a quienes los tienen para comprar poder e influencia política? La única "idea" de Santos y todos los amigos de la paz es el MIEDO, exactamente como cuando Navarro y compañía cobraban el secuestro de los niños Álvarez Murillo, ellos, los intelectuales de la Universidad Nacional, contra el ignorante que tenía muchos millones, ellos educados y tranquilos contra el patán vociferante y rabioso. No han salido de eso, siguen viendo a los colombianos como las presas a las que pueden despojar y humillar sin el menor pudor.

El pasado de Luis Emilio Arboleda

La publicación de la biografía
(?) de Luis Emilio Arboleda es la continuación del mismo juego, de la misma lógica: todo lo que concierne a la izquierda y el terrorismo es el esfuerzo de persistencia de un orden de dominación antiguo que se siente amenazado por la democracia liberal. Los recursos son de una ordinariez, de una bajeza, de una tosquedad intelectual y moral que dejan ver el contenido real de "la paz".

El único texto que he encontrado al respecto, creo que el más publicitado es uno de una página llamada Publimetro.
El hombre que gritó a Navarro fue identificado como Luis Emilio Arboleda Arenas, y en Blu Radio reconoció que apoya al Centro Democrático y su líder Álvaro Uribe, y que había gritado a Navarro porque le parece "indigno" que haga esta campaña, y aseguró que no atacó ni a Navarro ni a nadie.
Cuando escriben "El hombre que gritó a Navarro fue identificado como...", buscan que parezca como si hubiera cometido un delito u ocultara su identidad. ¿Dirían lo mismo de alguien que no cree que para que haya paz tiene que haber arrepentimiento y sometimiento a la justicia? De eso sale Luis Emilio Arboleda convertido en un criminal mientras que los que mandan niños bomba son agentes de paz (mientras que los crímenes se hacen pasos necesarios para llegar a esa "paz"). Pero la segunda frase es mejor: ¡los supuestos malos modales de Luis Emilio Arboleda se usan para perseguir a Uribe porque él se declaró partidario del CD! Insisto, algún día me lo agradecerán: no hay verdadera humanización posible para el que no tome la determinación de limpiarse lo colombiano. Conozco a un admirador de Teresa de Calcuta y una vez supe que ese buen ciudadano era aficionado a ver pornografía. ¿Ven hasta qué punto es repudiable Teresa de Calcuta? Dios mío, puto muladar. Los recursos públicos se gastan en hacer ricos a canallas degenerados como los que escriben eso. Del mismo jaez es la frase siguiente, con las comillas en "indigno", como si ir a proponerle a la población que acepte como sus gobernantes a quienes la han masacrado y torturado y robado y humillado fuera algo muy digno. ¡Qué malos modales tiene el que considera indigno cobrar los crímenes intimidando a la población!

[...]

A pesar de esto, usuarios de redes sociales investigaron el pasado de Arboleda, y se encontraron con un caso de hurto por el que pasó 14 meses en la cárcel Bellavista de Antioquia en 2003, así como otro caso judicial al no responder por un hijo extramatrimonial.
Vamos a suponer que sea verdad y que la condena por hurto fuera justa, lo cual exige un esfuerzo de tolerancia enorme porque ¿hay alguien más despreciable en el mundo que un juez colombiano como los que condenan a militares inocentes porque reciben incentivos de diverso tipo de los asesinos? A mí esas personas me parecen el peor extremo de vileza concebible, alguien como Eichmann resultaría casi respetable. Pero aceptémoslo. ¿Perdió Luis Emilio Arboleda a raíz de esa condena o de la siguiente por no "responder" por un hijo extramatrimonial el derecho a opinar o a participar en política? ¿Esa condición suya de persona con antecedentes penales afecta al sentido de sus afirmaciones? Un colombiano no piensa en eso, sabe en qué estrato debe estar, no en el de los que cometen hurtos que los llevan 14 meses a la prisión sino el de los que matan personas indefensas y conspiran con Pablo Escobar para destruir las instituciones y gracias a eso llegan a senadores, alcaldes y gobernadores. PORQUE SIN ESOS CRÍMENES NAVARRO NO HABRÍA SIDO NADA. ¡Qué desprecio les inspira el que deja ver en sus propios errores que es de estrato 2 y a lo sumo 3, no como Navarro que hasta fue esposo de la respetada escritora Laura Restrepo, de las mejores familias del país!

Así son los ciudadanos siempre, han cometido errores y han pagado por ellos y tienen derechos porque NO HAY UNA RAZA DE DELINCUENTES, o mejor dicho, sí la hay en el sentido en que la dominación de los asesinos como Navarro Wolff es sólo la vieja esclavitud a que los conquistadores sometieron a los aborígenes. Luis Emilio Arboleda es un tipo de condición humilde que habla atropellado y con fuerte acento paisa y tuvo problemas con la justicia, no como la casta de doctores que escriben en Publimetro y obtienen rentas fabulosas al lado de Navarro Wolff y el gobierno de Santos. Las ideas de Arboleda, que he comentado arriba, son lo que define a la humanidad y a las personas veraces y rectas y limpias, mientras que las falacias e intimidaciones de los "amigos de la paz" sólo son el lucro y el poder que intentan obtener de los secuestros y asesinatos en masa y violaciones de niñas.

Un ciudadano valiente hace más que toda la propaganda miserable y perversa de Santos y el crimen organizado que lo acompaña. Esa verdad es evidente para Luis Emilio Arboleda y lo es para mí, y estoy seguro de que cualquier ciudadano honrado de cualquier país que se enfrente a los hechos pensará lo mismo. Todo mi apoyo y admiración. Ojalá sea el de millones. Ojalá esa rabia justificada lleve a una derrota total de Santos en su plebiscito y al fracaso de la tiranía proyectada.

(Publicado en el blog País Bizarro el 31 de julio de 2016.)

domingo, agosto 28, 2016

Salir del narcorrégimen

Antes de que la cocaína fuera la industria decisiva en Colombia (gracias a la extrema concentración de recursos en pocas manos y a la relación de las mafias con el Estado, de cuya benevolencia e ineficacia depende), el país era de todos modos miserable, violento, injusto y primitivo. Pero, como es bien sabido, la nueva industria multiplicó la corrupción política y judicial y reforzó la mentalidad gansteril tradicional.

La minoría comunista es la principal beneficiaria de esa industria. Desde mucho antes, el pequeño grupo de conspiradores y lagartos que buscaban prebendas soviéticas y cubanas fue haciéndose hegemónico en las universidades y reforzando lazos antiguos con los clanes del poder, pero las perspectivas de riqueza que generó la cocaína y la participación del régimen cubano y sus maquinadores hizo posible un control hegemónico de la función pública y también de los medios de comunicación, en gran medida porque los grupos económicos que los poseen son elementos imprescindibles del lavado de activos y el control de las inversiones de los dueños del negocio.

Es de la máxima importancia entender la afinidad ineluctable entre el proyecto totalitario y los negocios criminales, toda vez que las posibilidades de revolución obrera o agraria siempre han sido nulas en Colombia. Una fuente de recursos excepcional multiplica el poder de la conjura a la vez que la propaganda "forma" en los colegios y universidades a quienes contribuirán de diversas maneras a la expansión del negocio. Un elemento central de esa propaganda es el menosprecio de la ley. Los alumnos de Jaime Pardo Leal en la Universidad Libre aprendían ante todo que "El derecho no es más que la voluntad de la clase dominante erigido en ley". Si lo que prohíbe matar, secuestrar, violar niñas o mutilar a miles con minas es esa voluntad, sólo hace falta reemplazarla para que sea lícito hacerlo.

El hecho cierto es que desde el fin del Frente Nacional, y tal vez aplicando un proyecto de largo aliento cuyo primer mentor sería López Michelsen (junto con los jefes comunistas de los años cuarenta y cincuenta), Colombia ha sufrido esa doble hegemonía, de los agentes del régimen cubano en la función pública, en los medios de comunicación y en las universidades, y de la industria de la cocaína en la economía y la política. A estas alturas ya son lo mismo: la cocaína la producen y exportan las FARC y el gobierno es una agencia cubana.

Quien se plantee hacer que Colombia se convierta en una sociedad que se asimile a las democracias avanzadas debe empezar por entender que esas castas del poder son el enemigo a batir y que ya han llegado a una simbiosis completa con los comunistas, con los que esperan implantar otra dictadura como la venezolana. Es decir, dado que son el mismo enemigo que el comunismo y las mafias de la droga, es necesario empezar por no transigir en ninguna medida con ellas.

Sin derrotar a esa conjura no puede haber restauración democrática ni menos obviamente combate efectivo contra el tráfico de drogas. Luego, ése debe ser el eje de cualquier política recta. Todo esto parece muy obvio pero no lo es: no hay un partido que se plantee excluir a los comunistas o a los aliados de Santos de cualquier acuerdo ni describir a los gobiernos "liberales" de los noventa como simples bandas criminales. Ni hablar de deshacer el engendro del 91 y castigar a todos los instigadores del terrorismo comunista.

Esa corriente coherente no existe en Colombia y puede que falten generaciones para que surja. Mientras tanto el combate contra el narcorrégimen dependerá de lo que pase en Venezuela y sobre todo de las elecciones estadounidenses.

(Publicado en el blog País Bizarro el 25 de julio de 2016.)

jueves, mayo 26, 2016

El esfuerzo de la paz


No entiendo, luego mando
Sin pensar en la esclavitud no se puede entender nada de Colombia. Por eso los de derecha que se oponen a la izquierda en el sentido que la demagogia socialista tendría en Europa son pobres engañados que añoran un mundo ya perdido para siempre, en el que tenían alguna jerarquía. La opción correcta de las clases altas de antes es el comunismo, para comprobarlo basta con ver la situación actual de las grandes familias que se han afiliado a ese bando y la de las demás.

La forma en que la esclavitud es la principal institución colombiana se podría demostrar de muchas maneras, pero no es el tema de esta entrada. Lo relato porque en muchísimas discusiones con doctorcitos izquierdistas descubría que cuando ellos no me entendían eso se convertía en un argumento contra mí. Los demás tienen el deber de decir lo que ellos puedan entender; si no lo hacen, la culpa es de los demás. ¿En qué contexto se puede dialogar así? Yo lo sé: en las conversaciones con el servicio doméstico, cuyas opiniones no importan y apenas se le presta atención con un sentido instrumental. ¡Cuánta impaciencia generan esos balbuceos y cuchicheos ininteligibles! Como las opiniones o ideas que no son las habituales de los señores. De hecho, no importa que el contexto sea diferente, proclamar que uno no entiende automáticamente le otorga un rango social superior.

Un día vi que entre los términos que eran TT en Twitter en Colombia figuraba #DonaldTrumIsTheNewHitler. Me indignó porque me acordé de la propaganda de la izquierda contra Ronald Reagan (ahora el siniestro William Ospina hace creer a los universicarios que él es como Borges, pero en los años sesenta se decía de Borges lo mismo que ahora se dice de Trump). ¿Cómo podría un amigo declarado de Israel como Trump ser como Hitler? Escribí esto para burlarme de la ocurrencia: 
Y me encontré con esta respuesta de una dama con la que nunca he tenido ninguna interacción de ninguna clase en ninguna red social:

A estas alturas sigo sin entender qué puede haber de antisemita en mi tuit. ¿Habrá alguien que no sepa que Hitler mandó asesinar a millones de judíos? ¿No es evidente el sarcasmo? Después me enteré de que el lobby judío estadounidense es más bien proclive a la izquierda, pero para el caso se trataba del apoyo a Israel. No importa, a una alta funcionaria y columnista no le hace falta entender, es Colombia, cuanto menos se entienda más respetable se es, más resultan los demás equiparables al servicio doméstico.

Pero ¿hace falta entender?
La esencia de los valores y actitudes de los colombianos está definida por su pasado, cosa de la que casi ninguno es consciente. Ese pasado es la Contrarreforma católica, aplicada con especial saña allí donde los poderosos recibían la encomienda de evangelizar a los paganos. La incapacidad de la crítica define a las naciones hispánicas desde entonces y explica todo el retraso de España (no era lo mismo en el siglo XVI) respecto al resto de Europa occidental. Sencillamente, se está con la única fe verdadera y se odia al hereje, al judío, al musulmán, al masón, al ateo, etc. (para la mayoría de los colombianos de las generaciones anteriores sería imposible discriminar entre esos conceptos). El precio de cuestionar la autoridad o no serle totalmente leal era elevado. Por eso los colombianos son personas de adhesiones firmes, los que van a la universidad odian a Uribe más allá de toda racionalidad, sin inquietarse en lo más mínimo por el éxito de los sociópatas de las guerrillas, y los demás están de acuerdo con él haga lo que haga. Eso les ahorra el esfuerzo de entender, y puede que sientan que por eso adquieren un rango social superior.

Por eso no se intenta entender qué quiere decir este tuit:
La cuestión es que las producciones de la mayoría de los uribistas hacen pensar que ellos están contra el proceso de La Habana. Parece que están contra ese proceso en la medida en que lo esté Uribe, de otro modo están a favor. Son grados de acomodamiento al sentido que permiten entender al país. O sea, permiten entender la mente del bárbaro, que es aquella en la que las palabras no tienen un sentido fijo sino que se pueden entender cada vez con un sentido distinto. Primero estaban a favor de la paz porque naturalmente no van a estar a favor de la guerra. Después estaban a favor de la negociación de paz (llamada "paz") pero no de la componenda de La Habana. Ahora están a favor de la componenda de La Habana (llamada "paz") pero con la condición de mejorarla.

Los políticos necesitan obtener votos y aun mayorías para que su actividad tenga éxito. Por eso todo lo que dicen tiene por objeto alcanzar esa hegemonía. Cuando un político tiene asegurado el voto de los radicales de un bando, intenta atraer a los moderados para sumarlos. Según esa visión, dado que no hay ningún sector político que se oponga con más firmeza a la infamia de La Habana, Uribe intenta atraer a los moderados y así sumar. Y por eso intenta evitar que en el plebiscito se elija entre la paz y la guerra, según temen que sea la propaganda oficial. Entonces, a los que se muestran receptivos respecto de esa propaganda los tranquiliza con la promesa de continuar con "el esfuerzo de la paz" aunque Santos pierda el plebiscito.

 La mayoría engañada
¿Dónde falla el enfoque anterior? En las palabras. La política se basa en la mentira, pero la pura mentira, la mentira sistemática, termina generando sólo confusión y haciendo perder la noción de lo que se busca. El acuerdo con los terroristas no es "la paz". Cuando se usa la jerga de la propaganda del enemigo, se empieza a estar en su bando. Si lo que se quiere es ganarle a Santos el plebiscito (lo último es que probablemente tenga que convocarlo después de la resolución que aprobó por unanimidad el Senado estadounidense), no se puede animar a la gente a votar contra algo que no se cuestiona. Si la propaganda llama "la paz" al acuerdo con los terroristas y uno lo refrenda, ¿qué les va a decir a los votantes para que se opongan? El resultado de eso ya se vio en 2014 con un candidato que imitaba a Santos.

De modo que la mayoría formada por guerreristas y mejoradores de la paz no tendría mucho fuelle porque no podría ofrecer nada creíble. Lo que pasa es que el objetivo de Uribe no es vencer a las FARC ni menos promover la democracia (que intentó abolir con su plan de presidencia perpetua), sino recuperar la presidencia. Sólo así se entiende que no quiera arriesgar su cuota de poder ni sus relaciones con los politiqueros más poderosos desautorizando rotundamente las negociaciones.

Colombia sin paz
La amenaza del narcorrégimen es así: si no se alcanza la paz, volverán las masacres y el terror. El paso siguiente es la admisión solemne de un cese al fuego bilateral (que los asesinos ya anuncian en Twitter), y queda la impresión de que los terroristas tienen a los ciudadanos a su merced. Esa declaración de sumisión al terror por parte del gobierno oculta el elemento central, que es la existencia de la ley internacional, de la CPI y de la declaración de los Derechos Humanos. Y es que los terroristas necesitan más la "paz" que los cobardes que se les someten: si no hubiera acuerdos, podrían matar a algunas personas más, pero ellos individualmente serían reos de persecución y terminarían como Ricardo Palmera. De modo que su única verdadera arma es el gobierno de Santos y la trama grande (las FARC son sólo la punta de lanza) del Partido Comunista, la Universidad, los sindicatos de funcionarios y las castas dueñas del país.

Pero todo eso tampoco es muy sólido: el régimen venezolano ya va racionando la energía y pronto traerá la hambruna. Cristina Fernández ya cayó y la puede seguir Dilma Rousseff. La sucesión de Obama no parece tan feliz. Los recursos del gobierno de Santos para comprar apoyos no son lo que eran y los precios del petróleo no se van a recuperar. El descontento es generalizado. En el supuesto de que anunciaran la firma de "la paz", se trataría de un gobierno sin apoyos con una banda criminal a la que odian la mayoría de los colombianos. La farsa sería demasiado difícil de sustentar. En 1991 contaron con la orgía de terror que le atribuían a Escobar y aun la Asamblea Constituyente no tuvo los votos ni del 20% de los ciudadanos. Sencillamente, se impusieron porque no había oposición. A Álvaro Gómez lo habían secuestrado antes y de algún modo lo forzaron a firmar (alguien me contó que en su programa de televisión todos los periodistas pertenecían a la izquierda).

Por eso necesitan a Uribe. Por eso amenazan día tras día con encarcelarlo, encarcelan a su hermano, intentan encarcelar a Zuluaga, etc. Sin el apoyo de Uribe y el uribismo no pueden vender la "paz", menos ahora.

Promesas constituyentes

Pero Uribe sabe eso y espera cambiar su apoyo a la paz con un cambio constitucional que le permitiera volver a ser candidato presidencial. ¿Qué otra cosa será lo que discuten con Álvaro Leyva y el abogado de las FARC? ¿Qué otro sentido puede tener el artículo de Juan Lozano en el que le reprocha a Santos que les incumpla a las FARC y acepta que éstas tengan delegados no elegidos? La apuesta de Santos, y antes de Pastrana, y antes de Barco y Gaviria, y antes de Betancur, es poder ofrecer un país sin masacres ni secuestros ni "conflicto". Ese atajo, inconcebible en ningún país civilizado, tiene cierto público en Colombia, pero no porque la población sea tan estúpida como para no entenderlo ni porque la propaganda sea tan eficaz, sino porque encaja en la tradición y porque las castas superiores obtienen ventajas del terrorismo (perdón por repetirlo todo tantas veces, pero la afirmación anterior quedaría sin sentido: el gasto público se multiplicó por 19 entre 1991 y 2002, y la desigualdad aumentó diez puntos del coeficiente de Gini, y la pobreza no se redujo).

Uribe no quiere resultar el que obstruye ese logro. "Para consolidar la paz" hará falta integrar a los reacios, y ¿qué mejor que un presidente que los desarma y desautoriza y está comprometido a respetar los acuerdos? Sus esperanzas no son tan infundadas como parece. La astucia de formar una mayoría con los que se oponen a la "paz" y los que quieren mejorarla no corresponde al interés de derrotar a Santos y las FARC, sino a otros cálculos.

(Publicado en el blog País Bizarro el 29 de abril de 2016.)

miércoles, mayo 11, 2016

La cruzada contra el falso doctor



¿Para qué sirvieron los gobiernos de Uribe?

Cada vez que se hace esta pregunta todo el mundo compara la situación de Colombia en 2002 con la de 2010, con lo que los uribistas salen llenos de orgullo, y los comunistas, rabiosos (sobre todo porque la inmensa mayoría de los comunistas eran menores de edad en 2002). Pero lo que hay que comparar es la situación de Colombia en 2002 con la actual, y no en términos del PIB, ni siquiera de la tasa de homicidios, sino de sus perspectivas de desarrollo, estabilidad e inclusión entre las naciones civilizadas. Colombia está hoy mucho peor que en 2002, con la hegemonía absoluta de los terroristas en la función pública, en los medios de comunicación, en las redes sociales, en la cultura y la educación...

¡Cómo hemos cambiado desde 2010!
Los uribistas proclaman que esa catástrofe moral es sólo por la traición de Santos y Roy Barreras, como si fuera perdonable que fueran precisamente los elegidos por el uribismo, como si no se pudiera conocer el pasado del hermano mayor de Santos, para poner un ejemplo. El hecho de que los herederos de Uribe fueran los peores enemigos del pueblo que lo apoyaba no los lleva a sentir el menor reproche hacia su ídolo. Y todo eso vendría a ser NADA de no ser porque en todo caso por entonces había una mayoría clara, sobre todo en las regiones, que se oponía a los terroristas. ¿En qué quedó esa mayoría? Sencillamente se dispersó porque la "estrategia" y el cálculo desaconsejaron a Uribe hacerle oposición a Santos y a su alianza con los terroristas, patente desde mucho antes de la posesión. Se trataba de las lealtades que Uribe pudiera conservar entre el funcionariado, en el Partido de la U y en el legislativo. Como ya lo expresé en 2011, a Uribe no sólo le deberemos a Santos sino también la obra de Santos.

¡Estrategia y cálculo!
Las personas que no quieren someterse a los terroristas piensan que dados los resultados visibles del gobierno de Uribe en 2010 hay que ponerse de su parte, y el consenso les produce la sensación de que representan una fuerza significativa. Pero Uribe y su séquito sólo están pensando en que el líder vuelva a ser presidente. Eso explica la absoluta falta de resistencia a la "paz" (que es la componenda con el crimen organizado) y aun la disposición a formar parte de una Constituyente con las FARC: podría ser tolerable para ellos ceder en lo que imponen los terroristas a cambio de que fuera posible elegir de nuevo a Uribe. Otra explicación no puede haber, y de hecho era algo manifiesto en 2011, antes de que para asegurar la reelección de Santos empezara la persecución judicial contra Uribe. Es decir, lejos de reconocer el espantoso error de buscar un tercer periodo para Uribe, siguen intentándolo después del fracasoporque no importa que reinen la iniquidad y la mentira, creen que serían tolerables si Uribe pudiera volver a ser presidente.

El vuelo corto del uribismo
No basta la atrocidad increíble de buscar cambiar la Constitución por segunda vez para permitir un tercer periodo, sino que TODO lo que se hizo en los gobiernos de Uribe presupone la aceptación de las premisas ideológicas que subyacen al régimen impuesto en 1991 (del que Uribe forma parte a tal punto que como senador propuso reforzar la impunidad del M-19). Por eso durante los ocho años en que fue presidente no se hizo el menor intento de cambiar una Constitución que autoriza el asesinato como forma de hacer política ni se pensó en un partido que defendiera los valores de la libertad. Pero quizá lo que mejor demuestra la identidad absoluta entre el uribismo y el régimen (Santos sólo es el continuador de Gaviria y Samper) es el aprecio de la "educación". Durante los gobiernos de Uribe se multiplicó el gasto en universidades sin que se hiciera el menor esfuerzo por incomodar en el adoctrinamiento comunista que es su casi única función. Más aún: el lema de la campaña del Centro Democrático en 2014 era la "revolución educativa", consistente en la promesa de que todos los jóvenes irían a la universidad, "logro" que define al régimen cubano.

¡Educación es lo que falta!
En una pieza teatral de Jean-Paul Sartre un personaje dice que "el infierno son los otros", frase que explica la forma en que entiende el mundo la mayoría de la gente. El sufrimiento y la injusticia son el resultado de lo que hacen los demás, pues cada uno se considera a salvo de toda culpa. ¿Cómo habrá que hacer para que la gente entienda que esa idea de que todos tengan un título universitario ya es totalitaria y es la causa del atraso? Ese culto del estudio es sólo el disfraz moderno del viejo desprecio del trabajo que caracteriza al castellano viejo. Las personas se esfuerzan tratando de aprender algo que no les interesa en absoluto para obtener un "título" que los acredita como miembros de las castas superiores sin que el conocimiento tenga ningún adepto más. Cuanto más se gaste en proveer diplomas (en realidad, rentas a la clientela profesoral, que compensa el favor adoctrinando asesinos que hagan después la paz y mantengan en el poder a quienes les crean el puesto de "trabajo") más ignorancia y vulgaridad habrá. Los políticos que prometen llevar a todos los jóvenes a la universidad demuestran lo poco que les interesa el conocimiento y lo mucho que comparten con los demagogos aliados del terrorismo. Los escasísimos colombianos que se pueden considerar sabios no fueron a la universidad, como el más notable de todos ellos, Nicolás Gómez Dávila.

Falsos doctores
La América española es una vasta región relativamente poco poblada y con grandes riquezas en la que no obstante la mayoría de la población vive en la miseria y reina la violencia, más que en el resto del mundo. La causa de que eso ocurra es la forma de pensar y obrar de sus habitantes. Todo lo que no conduzca a cambiar los valores y actitudes en el sentido de la asimilación al mundo civilizado contribuye a reforzar esos rasgos que determinan el fracaso de todos los países y aun de los individuos de la región. El culto de los títulos universitarios es un rasgo característico de esa mentalidad tradicional. El hecho de que el actual alcalde de Bogotá se atribuya un título de doctor que al parecer no tiene es una muestra de servidumbre ante esa tradición: yo conozco personas que sí tienen doctorados y lo dejan a uno pasmado por su ignorancia increíble.

La carta de los doctores

Obviamente amigos de la izquierda que cobra las atrocidades terroristas, aparecieron oportunamente una serie de doctores y estudiantes de doctorado que se lanzaron a acosar a Peñalosa, cosa importantísima que no tardó en ser noticia en El Espectador y Trending Topic en Twitter. Casualmente a ninguno de ellos le inquieta que el anterior alcalde hiciera exactamente lo mismo: ellos tienen carta blanca para mentir, para matar y para robar. Por algo son los buenos y justos.


Pero lo maravilloso, insisto, maravilloso, es el contenido de la carta. Leyéndola queda claro todo lo que he intentado decir sobre la educación y sobre el proyecto uribista de brindar títulos universitarios a todos (para incluir a Colombia en el primer mundo, según proclamaban orondos).
Paris, 19 de abril de 2016 Señor
Enrique Peñalosa
Alcalde Mayor de Bogotá
Señor Alcalde
En los albores del siglo III el emperador romano, Septimus Severo, anunció a sus súbditos que había llegado al gobierno porque así lo determinaba el alineamiento de los astros en la hora de su nacimiento y que, en consecuencia, todas sus acciones respondían a la necesidad misma del mundo y se justificaban por sí solas, más allá de la razón, por encima del saber o haciendo abstracción del conocimiento que fundamenta una verdad.
Todo es tan divertido que parece un chiste. ¿Por qué habrían de mandarle una carta desde París si muchos de los firmantes viven en otra parte? ¿Por qué tienen que mencionar el lugar en que se escribe? Por la falacia de autoridad: ¡tiene tanto prestigio París entre los colombianos! Pero es sólo el comienzo. No hay ningún emperador que se llame Septimus Severo. El emperador Septimio Severo debería ser conocido por cualquiera que haya acabado la secundaria. Nadie debe entender que Septimus Severo sea el nombre latino de dicho emperador (Septimius Severus). Sencillamente, al idiota que escribe eso le suena de algo. Pero, bah, los doctores no escriben bien el nombre del emperador pero tampoco es cierto lo que le atribuyen. Ni en sus biografías ni en la Historia de Roma de Indro Montanelli ni en la de Asimov hay la menor mención a tal ocurrencia: a su muerte fue declarado Divus por el Senado, es lo único parecido que se lee. Ah, y que era aficionado a la astrología, pero nada que ver con el origen de su poder en los astros.

Nadie debe pensar que UN SOLO COLOMBIANO se va a conmover por esa patética demostración de ignorancia: lo que todos saben es que no importa saber sino tener relación con el poder político. Hace diez años abrí un blog para explicar los errores típicos de los colombianos y allá fueron todos los doctores a desautorizarme: si el falso doctor Petro, cuya impostura no interesa a nadie, dice "Llévensen" es sencillamente porque ejerce de adelantado de la renovación lingüística. Lo que más desprecian es que se piense en expresarse bien. TODO lo que aprenden es a odiar cualquier pretensión parecida. Lo mismo con la idiotez del origen divino del poder y su relación con ese emperador: el hecho de que sea falso los honra, lo único que importa es que en alguna universidad supieron dar amor a algún profesor y así tienen el correspondiente certificado, seguros de que gracias a él recibirán suficiente compensación de los adolescentes que el Estado pondrá en sus manos.

Pero ¿y qué? Decenas de doctores no son capaces ni de consultar la Wikipedia y suscriben una idiotez escandalosa, pero ¿a qué viene la información sobre el origen divino del poder? A generar la noticia que servirá a la campaña contra Peñalosa y al retorno del G2 cubano al control de los billones del presupuesto bogotano. ¿Tiene algo que ver que Peñalosa haga lo mismo que Petro inventándose doctorados con el origen divino del poder? Nada, pero permite mostrar la vasta cultura de esos doctores que escriben desde París. Y no digo lo de vasta cultura con sarcasmo: si no saben ni escribir bien el nombre de un emperador ni lo que le atribuyen tiene relación con él, ello es muestra de que miran más allá, tal como decir "encima mío" es señal de vanguardismo lingüístico.
Este momento de la historia, que sin duda usted conoce, le permitió a Michael Foucault iniciar su extraordinaria reflexión sobre la relación que existe entre “el ejercicio del poder y la manifestación de la verdad”. Decía el filósofo francés que hay “procedimientos, verbales o no, mediante los cuales se saca a la luz -y esta puede ser tanto la conciencia individual del soberano como el saber de sus consejeros o la manifestación pública- algo que se afirma o más bien se postula como verdadero, sea claro está por su oposición a una falsedad que ha sido suprimida, discutida, refutada, pero también tal vez por arrancamiento a lo oculto, por disipación de lo olvidado, por conjuro de lo imprevisible” (Foucault, 2014, pp. 24)*
Ese momento inexistente de la historia que nadie conoce porque no está documentado le permite al cretino que escribe la carta ostentar su rango con un galimatías que le otorga autoridad dado que deja patidifuso al que lee. ¿Qué tiene que ver con que el doctorado que dicen que se atribuye Peñalosa sea falso? Nada. ¿Qué autoridad tiene Foucault para el caso? Al muerto de hambre de turno lo pusieron a leer a ese pesado en la universidad y todos los demás imbéciles firman armados de tan tremenda autoridad. Pero ¿qué falta hace la cita? Insisto, los procedimientos de estos doctores son de la calidad moral de sus amigos políticos. Nivel de Tercer Mundo, grotesco.
Compartimos esta reflexión a propósito del debate suscitado con motivo de su presunto doctorado en Administración Publica en Paris que, en muchas ocasiones, durante mucho tiempo y ante diferentes audiencias, usted dijo o permitió que dijeran o escribieran como un hecho cierto. Recuerde usted que Foucault se refería a “la noción de gobierno de los hombres por la verdad” y proponía el concepto de aleturgia como espacio de confluencia entre el poder y la verdad. Este asunto de ocultar una verdad o permitir que se mantenga en el tiempo una mentira, debería servir para una reflexión en torno a la ética, al poder en el ejercicio de gobierno que usted inició hace poco más de cien días.
El patán que redacta esa bazofia sigue con su prestidigitación enredando con la "aleturgia" que debido a que los lectores desconocen resulta una fuerza suprema de inagotable poder. ¿Para qué? Para decirle a Peñalosa que Foucault lo habría desaprobado por decir que tiene un doctorado que no tiene. Puede que a Petro no lo desaprobara, dadas las bizarras inclinaciones sexuales del filósofo y el controvertido pasado del secuestrador y asesino amigo de los doctores.
Todo parece indicar que usted, al igual que el emperador Septimus Severo, decidió establecer el “orden mismo de las cosas” desde la imaginación. Por supuesto que el falso título de doctor es muy grave, pero puede ser mucho más grave si esta forma de ser gobernante se traslada a decisiones de política pública que afectan a la sociedad y a la naturaleza (el arte de gobernar y el juego de la verdad no son independientes uno de otro decía Foucault).
Luego, el supuesto fraude de declararse doctor sin serlo "se traslada a decisiones de política pública", pero el matar y secuestrar gente no, pues ¿alguien duda de que la carta tiene que ver con el interés de los asesinos? Todo es estúpido y ridículo, pero ¿quién no se calla la boca cuando se cita a Foucault?
Así, por ejemplo, a las evidencias científicas que ordenan proteger la gran reserva forestal Thomas Van der Hamnen, usted responde que no son ciertas y que la reserva se va a urbanizar, frente a estudios de ingeniería ya elaborados para construir en Bogotá un Metro subterráneo, usted decide cambiar el diseño y anunciar, sin fundamentos técnicos, que ahora se va a hacer un metro elevado.
Tampoco pueden escribir bien el nombre de Thomas van der Hammen, pero ¿desde cuándo las evidencias científicas pueden "ordenar" algo? Es evidentemente la forma de expresarse y de "razonar" de gente que no está habituada a nada parecido. Si las evidencias científicas pudieran dar órdenes, estos imbéciles tendrían que devolver el dinero que les han robado a los colombianos con sus becas. Los estudios de ingeniería del G2 cubano que estuvo saqueando la ciudad son tan dignos de atención como la carta de los doctores. Sencillamente, se usa la tontería del falso doctorado para legitimar todos los atropellos del hampa comunista durante 12 años y procurar su retorno a la caja fuerte del Distrito. Las evidencias científicas y Foucault lo ordenan. Malgasta uno TANTO TIEMPO buscando un adjetivo apropiado, es imposible. Algo así sólo puede describirse como COLOMBIANO.
Otra vez Foucault: “No puede haber gobierno si quienes gobiernan no ajustan sus acciones, sus elecciones, sus decisiones, a un conjunto de conocimientos verdaderos, de principios racionalmente fundados o de conocimientos exactos, que no solo dependen de la sabiduría en general del príncipe o de la razón a secas, sino de una estructura racional que es propia de un dominio de objetos posibles, y que es el Estado" (Foucault, 2014, pp. 32)*
Otra vez el galimatías de los muertos de hambre.
Ahora bien, el ejercicio del gobierno no empieza ni termina con el gobernante. Cuando mire hacia atrás hágalo sin odio, con objetividad y se dará cuenta que, para bien o para mal, la Bogotá de 1998 no es la misma ciudad de 2016. El emperador Septimus Severo nunca reconoció a sus antecesores, solo creía en su mandato como emperador y en sus decisiones, que por ser suyas, eran simplemente “divinas”.
El que tenga paciencia podría buscar y mostrar dónde se documenta o dice siquiera un redactor de la Wikipedia que Septimio Severo no reconociera a sus antecesores o que considerara divinas sus decisiones. Eso es totalmente falso, tal como el nombre que le atribuyen. Basura, colombianismo. ¿Quién sino un doctor iba a escribir "darse cuenta que"? Escribir lo correcto los deshonraría.
Quienes firmamos esta carta estamos adelantando o ya terminamos estudios de doctorado en diversas universidades del mundo. Usted debe saber, señor alcalde, que lo hacemos con esfuerzo y convicción y con ganas de aportarle al país en la medida de nuestras posibilidades. Por eso nos parece injusto que personas como usted, que hoy gobierna a la capital del país, suplante con falsedades lo que a nosotros y nosotras tanto sacrificio nos cuesta.
HURRA HURRA HURRA, ¡UNA VERDAD! Lo que harán unos imbéciles de tal categoría para obtener doctorados (dar amor) les cuesta porque conservan aspectos del machismo tradicional y en Colombia pertenecen a familias "prestantes". El conocimiento a los verdaderos sabios nos resulta facilísimo, pero a ellos también, pues no tienen ni idea de qué es eso.
La comunidad académica en Colombia y en el mundo, pero sobre todo la ciudadanía (quienes votamos y quienes no votamos por usted) merecemos una explicación del Alcalde Mayor de Bogotá. Usted debe saber que por casos similares de falsedad o plagio han renunciado altos funcionarios en otros países.
Yo creo que quienes merecen una explicación son las evidencias científicas y Foucault. Pero ¿cómo es que ninguno de estos engendros contesta acerca del doctorado de Petro, cuya falsedad se denunció en su día? De repente Peñalosa resulta un tipo que merece la mayor defensa, no sólo lo persiguen doctores de tal enjundia y rigor, sino que el doctorado que decía tener es mentira. Lo inquietante es que fuera verdad, habida cuenta de la clase de gente que lo obtiene.

La educación que necesita Colombia es sencilla: EVITAR A TODA COSTA QUE LA JUVENTUD LLEGUE A SER COMO ESTOS IMBÉCILES. Basta con eso, que se dejen de gastar los recursos públicos en la indigencia intelectual y en la formación de camarillas de matones que se aferran a falacias mientras exhiben su infinita ignorancia y su interés en proteger a los secuestradores y asesinos que les prometen poder a cambio de su adhesión.

Y porque se exige un cambio cultural rotundo es por lo que el alicorto uribismo y su "revolución educativa" deben ser rechazados. Por el contrario, habría que cerrar todas las universidades públicas y proveer créditos a los estudiantes que demostraran verdaderas aptitudes. Es lo que define a los países civilizados, como Suiza, donde sólo un 23% de los jóvenes van a la universidad, donde un título tiene un sentido y no es la ocasión para que personajes de la categoría moral e intelectual de estos doctores lamboneen en aras de rentas parasitarias.

Porque no se trata sólo de cambiar al presidente sino de construir una sociedad que se asimile a las plenamente humanizadas, cosa que requiere un esfuerzo distinto a la habitual pelea de banderías.

(Publicado en el blog País Bizarro el 20 de abril de 2016.)

lunes, mayo 02, 2016

El declive de Juan Paria


No llega la buena nueva
Entre la marea de noticias que aparecen cada día en Colombia, muchas de ellas promovidas por la conjura terrorista, indistinguible del régimen, va saliendo una cosa clara: la situación de Santos es complicada y los resultados de su gobierno son cada vez más claramente funestos. La negociación de paz (como la llaman) ha conducido en la práctica a un alto al fuego bilateral que no desactiva la amenaza terrorista sino que la multiplica gracias al reconocimiento e impunidad garantizada de los criminales, que extorsionan mucho más y producen mucha más cocaína, y sin duda participan en las actividades del clan Úsuga y otras bandas, como el ELN, gracias a las cuales llenan sus arcas y se preparan para el asalto final.

Pero tampoco hay quien se entere
Pero esos resultados no son evidentes para los colombianos de las ciudades porque la "guerra" o "conflicto" es algo que no viven directamente. Sólo sus frutos (los funcionarios y profesores, riquísimos gracias al poder persuasivo de la CUT que es una organización del Partido Comunista tan importante como las FARC, o más), o alguna incomodidad si se les ocurre molestarse por los crímenes delante de los superiores sociales que disfrutan de los privilegios que les consiguen los niños bomba (los demás). Mientras no se ponga el acento sobre esa relación entre las atrocidades terroristas y la clientela funcionarial, la propaganda seguirá engañando y los criminales más dañinos seguirán operando sin incomodidad ni reproche.

Más cocaína, más corrupción, más dificultades económicas
La popularidad de Santos no se va a recuperar porque las dificultades económicas de la mayoría de los colombianos irán en aumento, al igual que la indignación con el robo sin límites de estos años. Pero también en el exterior es evidente que mengua el optimismo que la propaganda había generado entre los que no entienden nada de Colombia y quieren apuntarse a las buenas causas. La arrogancia de los terroristas y la filtración de información que oculta la prensa (un muerto en Israel ocupa miles de veces más espacio en los medios internacionales que un muerto en Colombia) terminan mostrando lo que es la tal paz. Sólo el que carece de la menor honestidad se atreve a sugerir que los terroristas van a abandonar sus fabulosos negocios, que tanto poder y rentas les han generado. El que entienda el inglés puede ver una muestra de esa desfachatez en este escrito del activista pro-FARC Adam Isacson. Pero para el resto del mundo todo es evidente: sólo se trata de implantar otro régimen bolivariano. La forma en que, por ejemplo, describen a Santos Jaime Bayly o Carlos Alberto Montaner ya es muestra de que para un sector creciente de la opinión internacional se trata sólo de otro sátrapa bolivariano.

Y encima persecución, iniquidad y cinismo
A esa percepción nueva de Santos contribuyen hechos como el encarcelamiento del hermano de Uribe y los intentos de procesar a Óscar Iván Zuluaga con un montaje evidente. Puede que en Colombia la población servil y atemorizada no se inquiete por esos atropellos, pero los periodistas extranjeros ya ven algo que no se parece nada a un Estado de derecho ni a una democracia normal. Cada día es menos generalizada la actitud indulgente hacia la paz, que en el caso de muchos medios (como los españoles), corresponde a incentivos originados en recursos públicos, como la publicidad y los contratos en Caracol Radio, de propiedad del grupo Prisa, cuyos medios (El País y la Cadena Ser) hacen propaganda abierta de las FARC. Ahora esos medios "progres" apenas intentan ocultar las noticias, como se ha hecho siempre.

Uribe y Pastrana en el cumpleaños de Vargas Llosa
Pese a la campaña obsesiva de calumnias contra Uribe del bien pagado aparato de propaganda de los terroristas (es decir, los medios de comunicación social colombianos, pagados casi exclusivamente por la "inversión" publicitaria del gobierno), es muy diciente que para celebrar los ochenta años de Vargas Llosa fuera invitado, junto con Pastrana y otros expresidentes españoles e hispanoamericanos, mientras que de Santos no se tuvo noticia. No es tan banal la cosa: Vargas Llosa es un valedor de Obama y un "progre" que siempre está buscando términos medios respecto a muchas cuestiones. Si desagravia de esa manera a Uribe (a pesar de la orgía de odio de su amigo Abad Faciolince), eso tiene que ver con lo que he explicado arriba: a Santos ya todos le ven el cobre, las vacas gordas se han acabado y ya no hay con que comprar a todo el mundo para que aplauda al gran líder (a saber cuánto dinero de los colombianos habrá costado la portada de Time). Y la impunidad con que ha perseguido toda oposición va resultando indigerible para sus propios propagandistas fuera de Colombia.

¿El remedio? Perseguir a Uribe
El hecho de que la oligarquía que dirige el tráfico de cocaína y el terrorismo tenga el búnker central de su poder en los medios de comunicación le da ventajas que para sí quisieran los demás regímenes bolivarianos. De lo que se habla es de lo que conviene al gobierno, de modo que la orgía de propaganda calumniosa contra Uribe no tiene límites desde que se supo que la popularidad de Santos había caído a un 13%. Cuando el tema de que la gente habla es Uribe y no los desmanes de la Fiscalía, la multiplicación de la extorsión, el plan pistola, los paros armados del clan Úsuga (inconcebibles sin las FARC y aun sin la complacencia de las Fuerzas Armadas, tal vez cumpliendo órdenes del gobierno), etc., el gobierno "pasa de agache".

Obscenidad, estupidez, bajeza: el santismo condensado
La nueva andanada de calumnias y estupideces sólo es repetición de la vieja propaganda de los terroristas desde el Caguán. Abad Faciolince (el más perverso y dañino de todos los sicarios morales del terrorismo) sale con una "carta abierta" en la que culpa a Uribe de resistirse a la paz, cosa consistente en existir y no aplaudir todo lo que hace Santos, aunque tiene el alivio de que no se detectan las habituales sugerencias de matar al expresidente ("Porque eso sería lo mejor para todos: que se callara") ni las acusaciones de delitos potenciales:
¿Por qué se va al exilio la señora Hurtado? Para no tener que decir de dónde venía la orden de oír a los jueces, a los políticos y a los periodistas, ya que confesar esa verdad era lo mismo que poner una lápida en su pecho. Mejor callada en Panamá que acorralada aquí entre la pared de la verdad y la espada del miedo.
Intolerable que alguien tenga una cuenta de Twitter y señale los crímenes que pasen, un obstáculo para la paz, que no consiste en que los asesinos desistan sino en que los que respetan la ley los premien. Uno dice "los asesinos" refiriéndose a las FARC, pero ¿no es Abad Faciolince uno de ellos? También se podría exculpar a Hitler de la Shoa pues no pertenecía a las SS ni quedaron testimonios de que ordenara gasear judíos.

Otra perla del mismo estilo es lo del narco número 82. Colombia queda retratada enterita en esa infamia: un muladar poblado por criaturas bastante menos que humanas, capaces de creer que lo que conocen los estadounidenses sobre el tráfico de cocaína es una lista que entregó algún informante (este artículo lo esclarece), en la que el número 89 es Carlos Vives. Cuando Obama estaba recién posesionado llegó a promover una mentira hedionda sobre Colombia a sabiendas (para frenar el TLC que después firmaría con su socio Santos), aludiendo a los asesinatos de "sindicalistas", ¡no faltaría más sino que no usara ese conocimiento de las mafias para favorecer a Santos!

Igualmente es obscena y estúpida la idea de "Tomás y Jerónimo a la guerra", viejo recurso de intimidación terrorista basado en la idea de que no someterse a los asesinos es hacer la guerra, con lo que nadie podría plantearse que se aplicara la ley porque tendrían que estar en condiciones de enfrentarse con los criminales. ¿Quién tolera algo tan absurdo? Las clases altas colombianas, que son las clientelas del terrorismo y ejercen un parasitismo continuado a través del Estado. ¿Qué se haría con los incendios? ¿Sólo se apagarían en las casas de los bomberos?

Más elocuente aún es la esvástica de un caricaturista de El Espectador sobre la marcha, pero es muchísima basura la que habría que comentar.

Y en definitiva, intentan distraer
Pero nadie va a salvar a Santos... O tal vez sí: los uribistas no soportaron casi ni el día de la marcha, inmediatamente estaban buscando ocasión de figurar como gestores de paz y amables polemistas de los poderosos de los medios (como en el foro La Paz Posible). En el libro biográfico que escribió sobre Rufino José Cuervo, Fernando Vallejo dice que además de reproducirse los colombianos sólo viven pensando en alcanzar "el bien supremo", la presidencia de la república. Es exactamente así: esa clase de personajes no están contra los terroristas ni con Uribe (tal como tampoco lo estaban Roy Barreras y los demás uribistas de 2010) ni con ninguna ideología, sino que aprovechan ese impulso para figurar y desarrollar su carrera hacia el bien supremo. Santos es un fracasado y un paria y su régimen es una tiranía criminal, pero no tiene oposición. Es lo único que lo salva.

(Publicado en el blog País Bizarro el 15 de abril de 2016.)