jueves, marzo 27, 2014

Palos en la rueda de la paz


La paz es un crimen colectivo
Siempre hay que advertir que las palabras aquí quieren decir algo fijo y no se mueven cada vez que interese interpretar otra cosa. Debido a la mala fe típica de los colombianos, las cosas significan a la vez una cosa y su opuesto. Lo que en el contexto de la política colombiana de este siglo se llama "paz" merece ser descrito con precisión, y de ninguna manera corresponde a lo que señala el diccionario. 

"Paz" es el nombre de la componenda de los gobiernos con los grupos guerrilleros para premiar sus atrocidades y compartir el poder político con ellos. En el caso del gobierno Santos, se busca además lavar las fortunas fabulosas del secuestro y la cocaína y convertir a las FARC en base de fuerza de la casta de Santos y los pseudopartidos en que se sostiene, que aspiran a perpetuarse en el poder, aunque sea en un régimen abiertamente criminal.

Esa paz es un crimen colectivo y en últimas consiste simplemente en la renuncia a la justicia y la traición a las víctimas, a las que se pisotea para sacar partido de la alianza con los asesinos. Ya no se trata simplemente de que el policía sea un socio del ladrón, sino de que el conjunto de la sociedad lo aplaude y busca sacar partido de esa actitud.

Esa ligereza moral de la inmensa mayoría de los colombianos dice mucho del país y deja ver que a fin de cuentas los asesinos parten de que si consiguen suficientes recursos podrán comprar públicamente a los jueces y periodistas, por no hablar de los políticos, sin que nadie se plantee oponerse. De hecho, en las próximas elecciones legislativas puede que un tercio o más de los miembros de las corporaciones públicas sean personas ligadas al Partido Comunista y a las bandas criminales que le obedecen, incluso muchos autores de asesinatos y secuestros.

La actitud de Uribe y sus seguidores al respecto casi resume la situación: no les interesa la justicia sino los votos que les dan acceso a los puestos, y dado que el poder de la propaganda ha creado una mayoría envilecida que se alía con los criminales, se suman a esa mayoría proponiendo "mejoras" a la manguala criminal. En el aserto "paz sin impunidad", como he explicado muchas veces, el componente "paz" corresponde a la descripción de los párrafos anteriores. Cuando Uribe dice que "no serán obstáculo para la paz", de nuevo "paz" es el ascenso manifiesto de los terroristas.

De tal modo, en el contexto colombiano, el éxito de Santos es rotundo y su reelección es casi segura, no porque su rival sea feo o no encuentre apoyo en los medios, sino porque la gente no entiende qué es lo que proponen: resultan tan indistinguibles de Santos que en las encuestas aparecen porcentajes altísimos que anuncian que votarán en blanco.

Claro que sería difícil contrariar a la mayoría bombardeada con propaganda y convencerla de que ellos en particular no han matado y ni siquiera odiado a los terroristas, ni tampoco tienen ningún derecho a hablar por las víctimas, por lo que su afán de "reconciliación" es exactamente la misma actitud de esa mayoría de alemanes que se acomodaron a la situación en que una parte de sus conciudadanos desaparecían y eran despojados de todos sus bienes, en beneficio relativo de todos los demás. Pero cada día se demuestra que complacer a esa mayoría y tolerar el ascenso de los criminales no le da ningún resultado al uribismo: no podrá triunfar y tampoco será una oposición verdadera a la "paz" porque ahora mismo no lo es.

El poder de la vergüenza
Benjamin Franklin fue el primer embajador de la república norteamericana en Francia, y se cuenta que cuando un joven le aseguró que los objetivos de la declaración de independencia no tenían ningún respaldo real, le contestó: "Se equivoca, señor, detrás de la Declaración hay un inestimable y perenne poder: el poder de la vergüenza".

La infame componenda de Santos no encuentra ninguna resistencia en Colombia ni en la prensa "progresista" del resto del mundo, pero llega un momento en el que no se puede tapar con propaganda ni puede contar con la indiferencia de todo el mundo. Se empiezan a alzar voces que advierten sobre el precio de la "paz", un ejemplo fue la fiscal de la CPI; otro, lo que explica esta noticia.

A eso aludía Benjamin Franklin: por dispuestos que estén los demócratas de Obama a aliarse con los terroristas, no podrán imponerse sobre la conciencia de la gente, que tendrá toda clase de pruebas de lo que son esos aliados. Si no puede haber amnistías la farsa que tendrá que hacer la manguala criminal para castigar a algunos peones será una atrocidad peor que la impunidad de Sigifredo López: sin la menor duda, también la respaldarán los uribistas, pero no las mayorías del Congreso y el Senado estadounidenses.

En ese primer palo en la rueda de la paz se anuncia una veeduría que sencillamente hará imposible la "paz" porque las aspiraciones de los terroristas y sus clientelas van mucho más lejos, por no hablar de que hasta ahora la "buena voluntad" de Santos les ha permitido multiplicar sus negocios y sus crímenes, lo cual se agravará después.

Lástima que las nuevas víctimas de esos asesinos no sean sólo los que les ayudan con su indiferencia y con su ligereza moral. La mayoría de los colombianos pagarán muy caro eso que hacen o dejan de hacer ahora, pero ¿no es todo lo que ha pasado en los últimos treinta años el precio de la "paz" de Betancur y Gaviria? La propaganda los mantendrá cegados como hasta ahora.




El futuro de los regímenes bolivarianos
Otro problema de la paz de Santos, es decir, de la instauración de una tiranía oligárquica fundada en retórica y terror comunistas, es la inestabilidad venezolana, que podría contagiarse a Cuba. Sin ese respaldo internacional, la amenaza de las FARC sería mucho menos significativa y la paz perdería atractivo, toda vez que a fin de cuentas la gente no ha contado con que sufrirá el terror y la humillación en un grado muchísimo mayor que en Venezuela. Una cosa es que la mayoría de los colombianos quieran hacerse aliados de los asesinos, otra que quieran más asesinatos. La implantación de las FARC y la destrucción del ejército tendrán un precio traumático y multiplicarán el derramamiento de sangre, que será mucho mayor que hasta ahora.

¿Perdurará la tiranía venezolana? Lo que es seguro es que su economía colapsará, lo que dará lugar a mucha más violencia y a mucha más emigración. Y de nuevo dependerá de la disposición estadounidense, china, iraní, etc. Tal como se explica en El plan maestro, el libro de Omar Bula, el resultado final del ascenso de las FARC y el chavismo es la conversión de Sudamérica en una potencia nuclear hostil a Estados Unidos. ¿Seguirá permitiendo Obama ese avance?

La "paz" se seguirá complicando y los acuerdos a que llegarán en La Habana serán muy difíciles de digerir por los colombianos. Sólo a punta de terror y caos, de muchos más crímenes que los que se han visto hasta ahora, conseguirá Santos imponerla. Y el rumbo del mundo de todos modos no parece ser el que complace a las FARC.

La CPI y el genocidio
Más interesante todavía es esta noticia: hace falta que la CPI rechace la demanda de las víctimas de ETA. Si no lo hace, las FARC tendrán que hacer frente a un proceso conjunto por genocidio, del que no podrán librarse ni contar con los canallas a los que compran fácilmente en Colombia ni con la cómica oposición complaciente del uribismo.

Hasta ahora la vendetta de los Castaño Gil contra el Partido Comunista es lo que se presenta como genocidio. Habrá que ver si para la justicia internacional las actividades de las FARC se remedian con el abrazo de "reconciliación" que los colombianos pretenden darles.

Creo que sólo se podrían librar si la corte admitiera que los colombianos no forman parte de la humanidad y por tanto no cabría el genocidio. Pero eso es algo muy difícil de demostrar.

(Publicado en el blog País Bizarro el 19 de febrero de 2014.)

lunes, marzo 17, 2014

Dictaduras imperfectas


Es famoso que Vargas Llosa se refirió al régimen del PRI mexicano como "la dictadura perfecta", pero la autocracia mafiosa y aliada del terrorismo que ha implantado Santos no lo es en absoluto, es sólo la versión colombiana, con algunas variantes, del fujimorismo. 

Claro que muchos encontrarán demasiadas variantes, por ejemplo porque Fujimori encontró un país arruinado mientras que Santos recibió a Colombia cuando la economía crecía "como nunca antes". Y el ingeniero hijo de inmigrantes que llega al poder como self made man no se parece al oligarca tradicional, pero hay dos aspectos en que son idénticos: que se dedicaron a corromper al legislativo de forma absoluta y brutal, y que convirtieron los medios de comunicación en una sola máquina de propaganda dedicada a favorecer al gobierno.

En otras palabras, los recursos con que Fujimori y su asesor compraban a los legisladores los había generado él mismo mientras que Santos dilapida una bonanza impresionante que fue el fruto de su predecesor, al que engañó, traicionó y persiguió como uno de los más perversos tiranos de la historia.

Otras diferencias que muchos verán no son tales: se puede decir que en cierta medida en Colombia hay libertades, pero ¿cómo es que los dos candidatos presidenciales que tenían más posibilidades de ganarle unas elecciones a Santos terminaron presos? ¿Qué garantías tienen los que no están de acuerdo con el gobierno y pretenden ganarle las elecciones si la conducta de los órganos electorales es tan abiertamente sesgada y perseguidora? Los terroristas amenazan y matan a cualquiera que le presente oposición a Santos. Aunque graciosamente la propaganda los convierte en amenazados y oculta la persecución de los santistas en muchos departamentos, como el Putumayo.

En cambio sí es una diferencia importante que Fujimori persiguió eficazmente a la banda terrorista que azotaba a su país mientras que Santos se alió con la colombiana para favorecer los fabulosos negocios de cocaína que el eje castrochavista explota desde los años ochenta (si no antes: claro que en esa época no había chavismo, pero el régimen nicaragüense cumplía la misma función. Sobre el prontuario del régimen cubano en el tráfico de drogas, conviene leer este enlace, sobre la relación del M-19 con Nicaragua, Escobar y Cuba, este otro).

La llamada "paz", la negociación política con los terroristas de las FARC, tiene muchas facetas, y el lavado de activos es una de las más interesantes, además de la utilidad que tienen esos multimillonarios canallas para asegurarle a Santos la lealtad y afinidad del poder judicial (sometido a la vez a su origen universitario y a las presiones irresistibles de la generosidad sin límites de los revolucionarios) y del movimiento estudiantil y la clase intelectual.

De momento, Santos tiene casi asegurada la reelección gracias a esos recursos dictatoriales, que cada día que pasa se convierten en una misma cosa con la propaganda: las bombas infunden miedo y de ahí rechazo a toda opción de hacer frente a los nuevos amos, es decir, votos reeleccionistas (la masacre de Bojayá, convenientemente explicada por los miles de militantes de las universidades, multiplicó la intención de voto por el entonces candidato Luis Eduardo Garzón en las encuestas); las intimidaciones de grupos de militantes contra la oposición sirven a la vez para que la prensa presente esos hechos (protagonizados por grupos de diez o pocas más personas) en pruebas de que la población rechaza a Uribe.



En los últimos días las supuestas escuchas ilegales a los negociadores de La Habana sirven a la vez para purgar el ejército, muchos de cuyos generales ya acusan la intoxicación de "mermelada" (que no parece de recursos estatales sino de otros menos controlables) y a la vez para calumniar y perseguir a la oposición.

Fujimori terminó mal en buena medida porque era un elemento extraño a la tradición de su país. No es muy probable que Santos termine mal, la indiferencia con que se dejó de celebrar el sexto aniversario de la movilización mundial contra el terrorismo del 4 de febrero demuestra hasta qué punto el bienestar conseguido por los altos precios del petróleo y la multiplicación de la producción en el periodo de Uribe han tenido el efecto de adormecer a la población.

Lo que sí terminará muy mal tras este régimen criminal es Colombia: o los terroristas toman todo el poder y el asesinato en masa será seguro, o se los intenta frenar y, mucho más ricos que nunca antes, mejor armados y con mejores apoyos en las ciudades, matarán a muchos más inocentes.

Lástima que no se juzgue a los que les ayudan: los que mueren son por lo general soldados, campesinos, etc. Los que se someten al terrorismo en las ciudades arrastrarán su vileza y mayoritariamente sobrevivirán, tal como sobreviven los cubanos hoy en día, en una miseria y una indignidad extremas.

(Publicado en el blog País Bizarro el 4 de febrero de 2014.)

domingo, marzo 09, 2014

Derechos humanos, ideología y ley


Colombia y el mundo

Una persona que ha vivido mucho tiempo fuera de Colombia tiene grandes dificultades para hacer entender a los colombianos una cosa que le resulta muy evidente: que el resto del mundo no se parece a Colombia, en particular el mundo civilizado, que en los demás países "izquierdista" no quiere decir "secuestrador" (los comunistas colombianos dirán que ellos no son secuestradores, tal como los que contratan sicarios no se consideran asesinos), por poner sólo un ejemplo. Todas las palabras y todos los contextos ideológicos y morales son distintos fuera de Colombia. Conviene recordarlo. También, algo de igual importancia: para el resto del mundo Colombia más bien no existe, salvo que haya cerca población colombiana y aumente la inseguridad. En el conjunto de la historia humana y aun de la población humana, Colombia es por completo irrelevante.

Colombia en el mundo
Pero más que por su escasa relevancia Colombia tiene respecto del resto del mundo una situación especial, algo que los colombianos no suelen comprender porque no han valorado suficientemente las dificultades de relación entre el interior del país y las costas y el hecho de que el núcleo del país sean las ciudades andinas, bastante lejos unas de otras y sobre todo lejísimos de los puertos, que también están lejísimos de los centros de poder mundial. Decía Alfonso López Michelsen que Colombia es el Tíbet de Sudamérica. Es una descripción muy plausible (incluso los países vecinos como Perú o Venezuela tienen sus capitales y centros neurálgicos en ciudades costeras). Esa situación de aislamiento es tal vez la decisiva a la hora de entender a Colombia, como intenté explicar en un artículo de hace diez años. Las peculiaridades de la política local, con sus atropellos descritos cínicamente como aplicación del derecho, también proceden de ahí, de la ideología de la Conquista "congelada" por el aislamiento y en todo momento presente sea cual sea el disfraz que se le ponga.

Resistencia a la modernidad
Esa ideología omnipresente es sólo un poco más fuerte y si se quiere profunda que en el resto de Hispanoamérica, donde también domina. Su reacción típica es el miedo al mundo moderno, miedo que desde la primera época de la Colonia se manifiesta como odio a Inglaterra (a Estados Unidos después). Son una misma cosa el apego a privilegios "rentistas" y la pasión contrarreformista, mucho más marcada después de que en el siglo XVIII la Ilustración hiciera de esos países los primeros en desarrollar instituciones democráticas, igualitarias y respetuosas de la libertad individual. Octavio Paz se maravillaba de que en su época el antiamericanismo se considerara una opción progresista, pues durante todo el siglo XIX en Hispanoamérica era una manía típica de los conservadores. El mismo autor aludía al autoritarismo de la izquierda mexicana como expresión de una "modernidad inauténtica". Es un rasgo común a toda la región.

La máquina del tiempo
Hace varios años un comentarista de este blog explicó cuáles eran los motivos de las castas del poder para maquinar toda clase de crímenes contra la democracia: la experiencia de subirse a un avión y viajar a un país avanzado. Así es el futuro, y no les gusta: sin servicio doméstico asustado y dócil, sin los gestos de admiración que les prodigan en Colombia todos a tan importantes señores, sin jerarquías claras ni seguridad en los ingresos para los amos... Un mundo a todas luces odioso. De ahí viene la adhesión al comunismo. Ya expliqué en otra parte que hacia 1970 la mitad de los colombianos eran analfabetos y los que llegaban a la universidad serían más o menos el 1% de mayor ingreso. Pero el comunismo era absolutamente hegemónico. Y es lo mismo en toda la región: la Revolución cubana fue el ascenso de los descendientes de españoles con vocación de burócratas, capaces de organizarse y de ser eficientes a la hora de despojar a los estadounidenses (que habían invertido grandes fortunas en el país y por ejemplo habían construido el malecón y el puerto de La Habana) y a la gente productiva, al tiempo que se aseguraba rentas y poder (la exclusión de los negros en Cuba fue comentada recientemente por Maria Anastasia O'Grady).

Bárbaros de izquierda y derecha
Como Hispanoamérica es diferente, esa reacción típica de las clases altas tradicionales y las tiranías que se derivan de su éxito se describen como "izquierda" (atendiendo al diccionario y al aspecto de resistencia del viejo orden, habría que llamarlos "derecha"). Pero eso no quiere decir que no haya una derecha que comparte la manía primordial de odio a la modernidad si bien no se disfraza de "progresismo" sino que abiertamente reivindica la inquisición y a Torquemada. La mayoría de esos ideólogos y activistas son personas de nivel cultural más bien bajo, pero también hay que contar entre ellos al único intelectual colombiano al que se toman en serio en Europa: Nicolás Gómez Dávila.

Rechazo a los derechos humanos
No se puede negar que la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano que tradujo del francés Antonio Nariño ni la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU de 1948 son conquistas de la izquierda, en el sentido en que esa palabra se entiende en el mundo civilizado: del bando de la democracia, la igualdad ante la ley y la libertad individual; del bando ilustrado-liberal. Eso genera una resistencia obvia de los conservadores, pero la refuerza el hecho de que tales derechos han sido manipulados por los terroristas. Como cuando se juntan el hambre y las ganas de comer: ya hay un rechazo al orden liberal, y ese rechazo tiene el grato pretexto de que Iván Cepeda y Piedad Córdoba, entre otros miles de angelinos, son descritos por la prensa como "defensores de Derechos Humanos". La falsedad de los criminales conjurados les sirve a los reaccionarios para desprestigiar un orden que fuera de Colombia nadie discute.

Un ejemplo
Quiero comentar un escrito aparecido recientemente y firmado por el presidente de la Asociación Colombiana de Juristas Católicos, Juan Carlos Novoa Buendía, en el que expone argumentos contra los derechos humanos.
El problema de los derechos humanos en los ordenamientos jurídicos contemporáneos 
Indefinición de los derechos humanos
Nunca antes se había hablado tanto de los derechos humanos como hoy. Surgen en todos los escenarios políticos, jurídicos y académicos. Su expresión se utiliza con variedad de propósitos, pero normalmente se acude a ellos para darle legitimidad al ordenamiento jurídico y al Estado en sí mismo, desplazando el fin que realmente legítima cualquier modelo jurídico y político: el bien común.
 
La oposición entre los derechos humanos y el bien común es falaz y corresponde a la grata previsión de que no hay nadie que esté contra el bien común. Y siendo una noción central, lo que debería primar sobre los derechos humanos, advierto al lector porque la explicación la encontrará al final del escrito. El bien común bien entendido debería ser la vigencia y aplicación efectiva de los derechos humanos.
No obstante la recurrencia al término para justificar las decisiones políticas y jurídicas en los Estados modernos, pocas veces se permite que se escudriñe su verdadera esencia o plataforma. En términos sencillos, hoy todo mundo habla de derechos humanos para apalancar su discurso, pero muy pocos, a veces nadie, se atreve a emprender la empresa de explicar su filosofía o fundamentación. 
Y es que luego de indagar sobre los derechos humanos, ahora comprendo la actitud vacilante de evitar discutir la base sobre la que se construye tal ideología. La razón es muy sencilla: ni siquiera sus precursores más connotados saben cuál es.
La idea de que algo como los derechos humanos necesita una "base" ya es una suposición curiosa. Podría pensarse por ejemplo en las leyes más antiguas de la humanidad, la de Moisés, para poner un ejemplo, que sirve de base al cristianismo. El "no matarás" podrá tener una "base" en la fe en un Creador cuyo mandato es ése, pero corresponde al interés de cada individuo de no morir a manos de otro. Si el derecho no se basa en el legítimo reclamo de cada individuo respecto de los demás y de las instituciones, de que se prohíba matarlo, sencillamente el derecho no existe y sólo cuenta el arbitrio del intérprete de la voluntad divina en cada ocasión.

La ideología en la que se basan los derechos humanos, la ideología liberal, es un progreso que a nadie se le ocurriría discutir en los países civilizados. Su esencia es la igualdad ante la ley, la libertad individual y la limitación del poder del Estado, que antes del siglo XIX era una máquina insignificante y generaba resistencia en la medida en que los monarcas absolutos tenían desde el punto de vista jurídico, si no fáctico, un poder omnímodo. Los derechos humanos son la respuesta al absolutismo y se sintetizan en la tríada de la Revolución francesa: libertad, igualdad, fraternidad. Los que quieren oponerse a esos valores deberían ir viendo que de lo que se trata es de abolir las instituciones democráticas (si no hay igualdad ante la ley mucho menos sentido tiene que haya sufragio universal) y las libertades que definen a las sociedades modernas.
En efecto, los mismos modernos herederos del kelsenianismo, dentro de los cuales destacamos a Norberto Bobbio, reconocen la crisis en el fundamento de los derechos humanos. Para superar dicho aprieto simplemente dicen que el asunto quedó resuelto con el consenso mayoritario expresado en las declaraciones universales de derechos. Para Bobbio lo importante del tema no es comprender su fundamento, sino su puesta en práctica. En palabras suyas: ‘‘el problema de fondo relativo a los derechos humanos no es hoy tanto el de justificarlos, como el de protegerlos’’.
La cita de Bobbio no demuestra que él reconociera como imposible encontrar una base para los derechos humanos. Simplemente dice que el problema no es justificarlos. Cosa que podrían decir cientos de millones de ciudadanos de los países civilizados: no hay que saber por qué la vida de uno es inviolable, sólo hay que buscar que no esté expuesta. ¿Cómo es que el doctor Novoa no cita las frases en que Bobbio "reconoce la crisis en el fundamento de los derechos humanos"? ¿No estará esperando que los lectores supongan que esa frase que cita demuestra eso? Tratándose de colombianos siempre hay que desconfiar, y más adelante veremos ejemplos de esa "libre interpretación" que todo colombiano se permite con el diccionario y con cualquier conjunto de palabras.
Con el mismo propósito, acudimos a Mauricio Beuchot, quien en su objetivo de explicar los derechos humanos en Maritain señaló que “Es importante la fundamentación filosófica de estos derechos humanos, su justificación, interpretación y jerarquización teóricas, pero es sobre todo urgente su cumplimiento y protección en la práctica.” Para él tampoco es tan importante tener claridad sobre los cimientos de los derechos humanos, pues al igual que Bobbio y Maritain, es suficiente el consenso de voluntades de los Estados para justificar su existencia. El asunto filosófico de los derechos humanos lo deja el autor mexicano a “la perspectiva filosófica que se adopte. Sobre todo depende de la filosofía del hombre que se tenga, y eso impulsa a buscar quienes tienen la verdadera idea del hombre y quienes la falsa. Y de ella se sigue la ética que dicta la tabla de valores y la jerarquía de los derechos.” Con dicha forma de pensar, la ideología de los derechos humanos termina siendo un instrumento político de los jueces, que dependiendo de su concepción antropológica deciden a quien reconocerle derechos y a quien recortarlos.
Fue fácil encontrar ejemplos de esa "liberalidad" típica, de esa "licencia para interpretar": el autor al que cita dice que es importante la fundamentación filosófica, etc., pero como no es lo más importante se deduce que no es tan importante. ¿Es más importante entender por qué no se debe discriminar a nadie por el color de su piel o impedir que se lo discrimine? Tanto Bobbio como Beuchot dicen lo obvio, de ninguna manera "reconocen" que no se pueden fundamentar los derechos humanos. Como si alguien supusiera que es más importante conocer las bases de la respiración que garantizarla.

Las bases de los derechos humanos pueden ser la tradición de la filosofía, la del derecho o la interpretación de alguna tradición religiosa. Supone que todas las personas disfrutan de igualdad ante la ley y de libertad para obrar dentro de un marco jurídico. Los jueces tendrán la "concepción antropológica" que quieran pero no pueden tratar a las mujeres como inferiores a los hombres precisamente porque existen los derechos humanos. Es decir, los derechos humanos son lo que impide que se concedan derechos a unos y se les nieguen a otros. La frase que he puesto en negrita es absurda, la hostilidad al liberalismo conduce al disparate.
Derechos humanos y la dignidad de la persona
Como podemos ver, los derechos humanos no tienen realmente una justificación que explique su incursión en el orden jurídico. Sin embargo, ante el reclamo legítimo de fundamentación, sus promotores han consensuado poner sus bases en la dignidad de la persona humana. Han dejado en la naturaleza del hombre la fuente de todos los derechos humanos. Han colocado al derecho en el sujeto.
No, no podemos ver que los derechos humanos no tienen una justificación, en el texto no se ha explicado eso, como no sean las citas alegremente interpretadas de Bobbio y Beuchot. Pero además la dignidad de la persona humana no es la naturaleza del hombre. La naturaleza del hombre es la disposición que tiene en cuando individuo de la especie Homo sapiens sapiens, su dignidad no puede consistir en esa disposición. En el diccionario académico no aparece ninguna acepción de "dignidad" que corresponda a esa noción. En el de María Moliner se lee: "Cualidad de las personas por la que son sensibles a las ofensas, desprecios, humillaciones o faltas de consideración". La vaguedad del término trata de ocultar las connotaciones religiosas de otro que sería más apropiado: "sacralidad". Todas las personas son sagradas en cuanto personas sin que ello suponga ninguna creencia religiosa: son sagradas porque la ley prohíbe matar. ¿Cuestionamos la fundamentación de la ley que prohíbe matar? Claro, es de lo que se trata, no de permitir matar sino de destruir la fundamentación laica del derecho para favorecer la dominación de cierto clero.
Maritain en su libro “los derechos del hombre” justifica que los derechos humanos están anclados en la dignidad de la persona, por el solo hecho de ser, al decir que “Cosas hay que son debidas al hombre por el solo hecho de ser hombre. La noción de derecho y la noción de obligación moral son correlativas: ambas descansan sobre la libertad propia de los agentes espirituales; si el hombre está obligado moralmente a las cosas necesarias para la realización de su destino, es porque tiene el derecho a realizar su destino, tiene derecho a las cosas necesarias para ello”.

Colocar el derecho en la naturaleza del sujeto es una tesis equivocada que queda en evidencia por la simple observación de la realidad que nos enseña que la naturaleza no concede derechos; sino por el contrario, la naturaleza exige al hombre deberes. Basta mirar al hombre y su fragilidad en sus distintas etapas, desde que nace hasta que se hace viejo, para observar su permanente dependencia natural, que no lo convierte en acreedor de la naturaleza para derivar de ella derechos, sino en un deudor insolvente que no le alcanza su vida para pagar la deuda de los cuidados y perfecciones físicas y morales que recibió a lo largo de su existencia. Por ello, es correcto afirmar que la naturaleza no proporciona derechos, sino deberes.
Esa frase de Maritain es muy interesante: claro que no pueden concebirse los derechos humanos si no es precisamente con esa idea de que el hombre tiene características universales, que le "son debidas" por ser hombre, aunque no puede ser un fundamento de los derechos humanos sin caer en la tautología (es decir, la defensa de los derechos humanos se basa en eso y no podría ser explicación una cosa de otra). En cierta medida no son la base de la ley sino que se infieren de ella, como ya he explicado con el ejemplo de la ley de Moisés.

Pero eso no quiere decir que la naturaleza conceda derechos: los derechos son deberes de los demás para con uno. (María Moliner: "Con respecto a una persona, circunstancia de poder exigir una cosa porque es conforme a derecho" y "se emplea también con referencia a cosas moralmente justas".) Es decir, la naturaleza no otorga derechos sino que lo hace la sociedad. Inferir de la idea de que se tienen derechos por ser persona, según el consenso de las personas en cierto momento de la historia, que alguien está pensando que la naturaleza otorga derechos, es de nuevo ese pensamiento tramposo que uno se encuentra por todas partes. En este caso atribuir una superstición a quienes defienden una propuesta legal asentada en hechos demostrables.
Conforme a la tesis subjetivista, la persona y su dignidad resultan ser el centro del cosmos, un fin en sí misma del cual emanan los derechos humanos, los cuales se convierten en el medio que facilita el disfrute que dictaminan sus apetitos. Una cualidad del sujeto, una de sus facultades, una posibilidad de actuar. Con todo, los derechos humanos son un poder que tiene origen en la voluntariedad de la persona.
En la típica paranoia ya resultó que los derechos humanos surgen de la masonería o de quién sabe qué conjura anticatólica: La persona y su sacralidad no son el centro del cosmos sino del derecho y del orden jurídico. Si el orden jurídico está centrado en una figura religiosa se está violentando el derecho de los demás a no creer, y entonces el subjetivismo y el kelsenianismo son pretextos para la destrucción de la civilización moderna según los preceptos de Joseph de Maistre o de quién sabe qué retrógrado. El alegato contra los derechos humanos no es pura duda y negatividad sino el directo propósito de volver a la teocracia que en la Edad Media pudo reinar en algunas partes de Europa y a los momentos más tenebrosos de la Contrarreforma y la inquisición: que haya derechos humanos es un problema porque no será fácil quemar herejes. Es todo el problema.
A esta postura racionalista se unen en la práctica las líneas jurisprudenciales de los tribunales constitucionales contemporáneos, dentro de los cuales es preciso matricular a nuestra Corte Constitucional, que luego de su creación en el año 91, ha sido una constante en sus decisiones judiciales, proclamar que la dignidad del hombre es el sustento de los derechos humanos, y que por tanto legitiman el ordenamiento jurídico y la existencia del Estado, que valga decir, la Corte entiende que son posteriores a éstos.
No es lícito esperar que no haya trampa: las cortes colombianas son parte de una conjura criminal, en ningún país civilizado, y puede que en ningún país, serían presidentes del máximo tribunal personajes como Carlos Gaviria (para quien "no es lo mismo matar para enriquecerse que matar para que la gente viva mejor") o Eduardo Montealegre (para quien "el derecho fundamental a la paz está por encima de cualquier consideración, incluso sobre la obligación que tienen todos los países de castigar con cárcel los crímenes de lesa humanidad y de guerra"); son simplemente criminales que inventan pretextos para proteger las industrias de las bandas terroristas.

No creo que nadie ignore que los derechos humanos no son anteriores al Estado,  menos personas formadas en el marxismo: el Estado surge como máquina de dominación, despojo y opresión de un grupo de hombres sobre otro, según explicó Franz Oppenheimer. Otra cosa es que los derechos humanos llegan a ser el sentido de la existencia del Estado. Un Estado que excluyera a una parte de los ciudadanos, que permitiera matarlos, que discriminara por la raza, etc., sería sólo una banda de forajidos. Es decir, los derechos humanos son la norma fundamental de cualquier comunidad humana hoy en día.
Como muestra de la afirmación anterior y en honor a la verdad es menester transcribir apartes de sus primeras sentencias, especialmente la T-571 de 1992, en donde expresamente definió que “Los derechos humanos fundamentales que consagra la Constitución Política de 1991 son los que pertenecen a toda persona en razón a su dignidad humana. De allí que se pueda afirmar que tales derechos son inherentes al ser humano: es decir, los posee desde el mismo momento de su existencia -aún de su concepción – y son anteriores a la misma existencia del Estado, por lo que están por encima de él.”
Parece que esa sentencia pretende concebir el origen del Estado en la Constitución de 1991. Es verdad que son malhechores y que son bastante ignorantes (Carlos Gaviria hablaba tranquilamente de una "carta en blanco" queriendo decir "carta blanca"), pero no podrían suponer que los Estados primitivos eran posteriores a los derechos humanos. 
Consecuentemente, debemos afirmar que entre las definiciones de dignidad humana y derechos humanos existe una relación de causa – efecto. Es decir, es a partir del sujeto que brotan los derechos.
No, los derechos brotan del acuerdo de la sociedad. Cuando es lícito matar o torturar a los que no van a misa, que es de lo que se trata, la sociedad no ha llegado a un consenso sobre la sacralidad de la vida y la integridad de cada persona.
El derecho es un objeto y no está en el sujeto
Como respuesta a esta ideología heredada de la noción subjetivista del derecho, acuñada por Guillermo de Occam, se opone con radicalidad la sana filosofía del realismo jurídico clásico aristotélica-tomista que define al derecho como una cosa que nos corresponde según la Justicia; como el arte jurídico de decir lo justo debido al otro descubierto en una realidad, en una relación de hombres, conforme al orden natural.
La tosquedad del cuento llega aquí a un extremo cómico: la serie de inferencias produce un galimatías que termina siendo absurdo. "Derechos humanos" son aquellos que toda persona puede exigir según el contrato social, el derecho es otra acepción de la palabra, "conjunto de principios y normas...". No se trata de noción subjetivista del derecho sino de la garantía lograda por el progreso de la sociedad de que el Estado protege la vida y prohíbe toda discriminación. Que eso es lo mismo que el bien común resulta una obviedad salvo que se forme parte de un proyecto retrógrado muy concreto.
En cuanto a este punto, es obligado revisar a Michel Villeyv, quien precisamente en su crítica al pensamiento occamiano, expresó que “ el ius –derecho- no es subjetivo, en el sentido que revestirá esta palabra en el lenguaje escolástico; es objetivo, es decir, que lejos de ser atributo, cualidad interna del sujeto, parte integrante de su ser, es creación segunda del Arte jurídico, imaginario, “incorporal”, la porción que es adjudicada; fracción de cosas y no poder sobre las cosas.”

Nótese cómo el derecho para el realismo requiere para su existencia la relación entre los hombres, esto es, de un factor objetivo y externo a la persona; mientras que para la ideología de los derechos humanos el derecho brota del hombre mismo, es decir, de su naturaleza.
No, esto es falaz: nadie ha dicho que el derecho brote de la naturaleza del hombre, que para la mayoría de los pensadores liberales sería la de una especie animal, sino que esos derechos (que cada persona puede reclamar) existen como garantías universales. Esa cuestión obvia se traslada a discusiones escolásticas (rara vez mejor dicho) para enturbiar las aguas acerca de algo que es obvio y claro para cualquiera. Claro que la doctrina de los derechos humanos obedece a una ideología y aun a un proyecto político, la resistencia colombiana, en sus variante del clero ultramontano y en la del clero totalitario, también. 

Supongo que pocos lectores habrán llegado hasta aquí: ¿qué importancia tiene todo esto?, se preguntarán. Toda: todo lo que ocurre en Colombia es que la globalización del modelo liberal-democrático despierta rechazo entre las castas privilegiadas del viejo orden. La rebelión de los fundamentalistas católicos es sólo una variante de la misma rebelión de los universitarios comunistas.
Aquí vale la pena detenernos para plantearnos la siguiente cuestión: si en la concepción de los derechos humanos, todos los hombres tienen derechos por el solo hecho de ser hombres, ¿cuál la necesidad de tribunales y jueces que estudien el arte de decir el derecho, si todos ya lo tenemos?. Indefectiblemente, la ideología de los derechos humanos nos lleva al absurdo, pues su planteamiento virtual nos aleja de la realidad.
Otro galimatías falaz: la función de los tribunales y jueces es aplicar las leyes, no estudiar el arte de decir el derecho. El hecho de que uno tenga un derecho no quiere decir que uno sepa derecho. Aquí la confusión entre las distintas acepciones de "derecho" resulta penosamente burda. La función del juez es proteger los derechos humanos, de modo que si las personas a las que otras ven como sus costillas quieren reclamar sus derechos van a donde los funcionarios que podrán decir si esa reclamación es correcta. ¿Cómo podría decirlo cualquiera cuando se trata de relaciones entre personas? Aquí ya se pasa de la mala fe al ridículo.
En ese orden, podemos afirmar con tranquilidad que lo que se denomina derechos humanos, en realidad no es un asunto del derecho, pues lo jurídico no se basa en el sujeto, como equivocadamente se piensa, sino más bien, en el objeto que surge de la relación entre sujetos. Los derechos humanos no son jurídicos, a lo sumo podrá ser una expresión que trasmite un ideario político que pende y se ajusta a los deseos de los hombres para desarrollarse libertariamente.
A partir de una deformación torpe de las nociones elementales se concluye que los derechos humanos no son jurídicos: ¿qué quiere decir que algo sea "jurídico"? (DRAE: "Que atañe al derecho o se ajusta a él"). Viene a resultar que la norma de que ninguna persona sea torturada no es jurídica por mucho que esté en todos los ordenamientos jurídicos. Todo esto no es serio, da risa.
Los derechos humanos y su contradicción.
No obstante haber concluido que los derechos humanos no albergan en su seno el derecho, sino una especie de ideología política para dar rienda suelta al desenfreno de la naturaleza caída del hombre, en gracia a la discusión, vamos a admitir su incursión en el escenario jurídico, pero con el único propósito de revelar sus contradicciones a la hora de su puesta en práctica, que en últimas es lo que más le preocupa a los precursores de este embeleco.
La conclusión es absurda: los derechos humanos no albergan en su seno el derecho porque es el derecho el que los alberga en su seno. Tengo que volver a copiar la definición de "derecho" del diccionario académico: "Conjunto de principios y normas, expresivos de una idea de justicia y de orden, que regulan las relaciones humanas en toda sociedad y cuya observancia puede ser impuesta de manera coactiva". Los derechos humanos son esa idea de justicia y orden que regula las relaciones humanas en las sociedades civilizadas modernas, en las que ciertamente a nadie se le ocurriría cuestionarlos. Existen para proteger a todas las personas, a los individuos de la especie Homo sapiens sapiens, de los enderezadores de su naturaleza caída, que los podrían quemar vivos y torturar (por desgracia en Colombia la gente no puede ver los instrumentos de tortura de la Inquisición, contra cuyas prácticas la Ilustración del mundo civilizado promovió los derechos humanos).
En primer lugar y como lo dijimos hace momento, los derechos humanos contradicen el arte de lo jurídico, pues admitir que los derechos descansan en la naturaleza humana o en su dignidad, es negar la existencia de jueces que declaren los derechos, pues éstos ya están en cabeza de todos y no se requiere de una declaración adicional.
¡Qué montón de falacias estúpidas! El hecho de que una persona tenga derecho a no ser torturada no puede significar que esa persona tenga en su cabeza nociones jurídicas, aquí ya no es mala fe o ridículo sino pura idiotez. Los derechos no descansan en la naturaleza humana sino en el acuerdo de los individuos que componen la sociedad. Y los jueces no declaran los derechos sino que aplican la ley en los casos en que se puede vulnerar el derecho de cada uno.
En segundo aspecto, y parafraseando a Enrico Pascucci de Ponte los derechos humanos se contradicen cuando es el principal garante institucional de la libertad del ser humano, pero es al mismo tiempo, el principal limitador de la misma. Tal aserto de Pascucci de Ponte es apoyado con la afirmación y un ejemplo de Francisco Carpintero Benítez que explica mejor esta contradicción al decir: “Quizá la realidad que más salte a la vista a la hora de matizar este optimismo de los defensores de la ideología de los “derechos humanos” es que supone una contradicción insostenible que a un hombre se le diga que es libre, con una completa indeterminabilidad, que el punto de partida de todo teoría jurídica y política es él en cuanto libre y que, al mismo tiempo, se le fuerce a participar en empresas colectivas tales como el sostenimiento de la seguridad social, la erradicación de la pobreza o la defensa de la nación, actividades que frecuentemente son opuestas a lo que cada individuo decide libremente y para las que no se pide su consentimiento par llevarlas a cabo.”
Más y más falacias: la libertad de un individuo está en toda noción jurídica limitada por el derecho positivo. A un hombre se le dice que es libre y por tanto puede ir a misa o no ir a misa, etc., no puede rebanar al vecino en lonchas y freírlo. ¿Nadie les explicó que la libertad tiene límites? Un niño de cinco años lo entendería, sólo que necesitan inventarse interpretaciones disparatadas en aras de un proyecto ideológico y político que es puro delirio.
En tercer término, la existencia de los derechos humanos ponen en jaque los derechos humanos de los demás. Me explico: Al derecho a la vida se opone el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo; al derecho al pudor le sale al frente el derecho a la libertad sexual; al derecho al matrimonio se encara el derecho al divorcio; al derecho a la salud le reta el derecho a la sostenibilidad fiscal. Así pues, el ordenamiento jurídico y el Estado que existen con posterioridad a los derechos, como lo dice nuestra Corte Constitucional, no pueden protegerse del todo, pues siempre el reconocimiento de un derecho humano implica la negación de otro. Por ello es que el propio iuspositivista Norbeto Bobbio ve que los derechos humanos no pasan de ser solo “buenos deseos”. Y con más fuerza el profesor Villey los cataloga como irreales, porque prometen cosas que no pueden conseguir o, si se consiguen es al precio de probar de ellas a otros; ilusorios, porque gracias a esa imposibilidad, siempre acarrean desilusión; y son en definitiva peligrosos, porque dejarán a muchos resentidos”.
Pobre lector, ya puede ir adivinando lo estúpido que me resulta esto. ¿Cómo es que hay un derecho a la interrupción voluntaria del embarazo? ¿En qué lista de derechos humanos aparece eso? En ciertos ordenamientos jurídicos se tolera el aborto en ciertos plazos o bajo ciertos supuestos. Eso forma parte del derecho positivo de cada sociedad y a nadie se le ocurriría que forma parte de los derechos humanos. ¿Este pensador ocupa un alto cargo en la Procuraduría? Pobre país. Tampoco existe un derecho humano al pudor y en las normas de cada sociedad hay límites más o menos estrictos respecto a la posibilidad de exhibir el cuerpo o las relaciones sexuales. El derecho al matrimonio no se encara con el derecho al divorcio porque el derecho al matrimonio sólo podría entenderse como que uno se puede casar, no que no pueda romper ese vínculo. ¿Cómo es posible tanta mala fe? Es la noción que reina en Colombia del oficio de jurista. Puede servir de radiografía perfecta del colombiano. Y ciertamente no hay ningún "derecho humano" a la sostenibilidad fiscal,
En cuarto lugar, y como consecuencia del problema práctico de los derechos humanos que se enfrentan, surge otro problema y es el de la interpretación o de la ponderación de derechos cuando éstos entran conflicto. Para ello se hace necesario continuar relativizando el derecho y moldeándolo a las necesidades de la ideología, esto es, negar el carácter absoluto de los derechos humanos, que en principio es el que da la legitimidad al orden jurídico y al Estado moderno. Al respecto, es importante mostrar la postura de la Corte Constitucional sobre el derecho a la vida, que se supone es el más claro de los derechos que emanan de la naturaleza humana y que debe demandar mayor protección y goce por parte del ordenamiento jurídico y del Estado. En sentencia que analizó la constitucionalidadx del delito del aborto, la Corte para despenalizarlo manifestó: “De las distintas disposiciones del derecho internacional de los derechos humanos que hacen parte del bloque de constitucionalidad no se desprende un deber de protección absoluto e incondicional de la vida en gestación; por el contrario, tanto de su interpretación literal como sistemática surge la necesidad de ponderar la vida en gestación con otros derechos, principios y valores reconocidos en la Carta de 1991 y en otros instrumentos del derecho internacional de los derechos humanos, ponderación que la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha privilegiado. Dicha ponderación exige identificar y sopesar los derechos en conflicto con el deber de protección de la vida, así como apreciar la importancia constitucional del titular de tales derechos, en estos casos, la mujer embarazada.”
En este caso se juega con mala fe haciendo frente a la mala fe complementaria. Si les interesara realmente el aborto (y no el castigo y a partir de ahí el control de la sexualidad y la dominación sobre una parte de la población) promoverían el uso de anticonceptivos, pero precisamente son enemigos de esos productos porque quieren promover la castidad y entonces el gore y la angustia por los abortos no lo son por el asesinato que tanto claman sino por el pecado de fornicación, que tiende a producir personas menos creyentes y dóciles. O combatirían los abortos por otros medios que la persecución penal: sólo se trata de un pretexto para conservar una dominación que en gran medida todavía ejercen sobre millones de colombianos.

Claro que puede haber conflicto entre unos y otros derechos humanos, y que muchos de los que se han aprobado son discutibles y aun problemáticos, pero cuando el horizonte de la política y aun de las instituciones judiciales es otro que la asimilación al mundo civilizado sólo se está en un camino de barbarie. El nombre de esa asimilación es DERECHOS HUMANOS: la plena vigencia del derecho a la vida, a la libertad de conciencia, etc.
Como bien se conoce, la Corte en aquella oportunidad dio al traste con la vida de los más indefensos, al retóricamente sentenciar que los que están por nacer no tienen un derecho, sino un valor a la vida, el cual debe ceder al derecho a la salud sexual y reproductiva de la mujer.
Ya he explicado en muchos sitios que el clero asesino de las universidades pretende desplazar a la Iglesia y reemplazarla: una burocracia opresiva en lugar de otra, una de curas severos que ayudan a prosperar a sus familias regañando a todo el mundo y otra de charlatanes libertinos que llaman "dar" al "quitar" y superan a los anteriores en demagogia. Ciertamente es peor el Estado totalitario que los antiguos, pero es como decir que las ruedas pentagonales son mejores que las triangulares.
Conclusión
Bajo esa lógica, cualquier conducta, por más inhumana que sea, puede recibir el bautismo de derecho humano por parte de los jueces constitucionales. Esa es una consecuencia lógica de una ideología que no le interesa su fundamento, sino su protección. Esto ocurre, sencillamente, porque hay una absoluta indeterminación de los derechos humanos, los cuales serán determinados por el que ejerza el poder de turno.
No, existe una Declaración Universal de los Derechos Humanos que los define con bastante precisión, y aun fuerzas coercitivas que los imponen. De modo que si el señor Novoa consiguiera sacar a Colombia de esa declaración y empezara a quemar gente viva podría resultar expuesto a la persecución por parte de esas fuerzas coercitivas. La determinación de los derechos humanos está en esa declaración que ya tiene 65 años (aunque las leyes no se jubilan). El proteger los derechos humanos antes que interpretarlos no es una opción sino exactamente lo que impone la ley, una ley que por lo demás Colombia firmó. Lo de que "cualquier conducta se vuelve derecho humano" es falaz, ridículo y tonto. Un nivel de discusión digno a fin de cuentas del país. 
En ese sentido no puede ser más dañino para el ordenamiento jurídico y el Estado apoyar su legitimidad en los derechos humanos, pues como hemos visto, es una ideología que no persigue el orden del hombre en sociedad para alcanzar la Bienaventuranza, no busca el bien común de los hombres en cuanto hombres; no le permite cumplir con sus deberes conforme a su naturaleza, sino, todo lo contrario, los derechos humanos buscan el reconocimiento y la protección del disfrute de cualquier deseo desviado que le indique su naturaleza herida, lo cual no hace otra que alejar al hombre de su verdadero bien: de Dios.

Exactamente, alcanzar la Bienaventuranza es una opción personal y no una tarea del Estado. Lo que cuestiona por motivos ideológicos el doctor Novoa es la separación entre Iglesia y Estado y también la democracia, pues ¿cómo puede el pueblo decidir algo si el Estado tiene por objeto llevar a los hombres a la Bienaventuranza y acercarlos a Dios?

Los deseos desviados en el mundo apartado y primitivo del doctor Novoa pueden incluir ser ateo o budista o musulmán, pero exactamente esa palabra (desviados) la usan los que han matado a miles de cristianos por serlo en muchísimos países en los últimos años.

Sólo en Colombia encuentra uno propuestas tan bárbaras, tan hundidas en el más sanguinario y obstinado delirio de los siglos oscuros. Y ciertamente esa licencia para estar por encima de los derechos humanos tiene una gran familiaridad con las sectas totalitarias: sociológicamente son lo mismo, grupos de poder de la vieja sociedad resistiendo a la modernidad; ideológicamente no son tan extraños: muchísimos profesores universitarios de los que adoctrinan para la revolución se formaron en los seminarios, que además fue donde nacieron las universidades hispanoamericanas. Eso por no hablar de los jesuitas de la Teología de la Liberación, los más cínicos promotores de los crímenes terroristas: sólo unas décadas antes de adoctrinar a Fidel Castro ayudaban al antisemita español Onésimo Redondo, abiertamente pro-nazi.

En todos los casos, los ultramontanos son minoría y su poder mengua día a día. En realidad sirven para convertir a los promotores del terrorismo en intelectuales progresistas y ahí sí defensores de los derechos humanos. Lo que Colombia necesita es verdaderos defensores de esos derechos capaces de llevar a las FARC y el ELN y a todos sus mentores a los tribunales internacionales por crímenes de lesa humanidad.

Claro, para hacer eso hay que creer en los derechos humanos.

(Publicado en el blog País Bizarro el 2 de febrero de 2014.)

domingo, marzo 02, 2014

La campaña chavista


A escasas siete semanas de las elecciones legislativas, Colombia está en plena campaña y eso basta para explicar muchas noticias que surgen en todo momento.

La incógnita es si los terroristas conseguirán una representación mayoritaria ahora que cuentan con formidables recursos estatales y tienen la prensa a su servicio. Para que no se note de qué modo los candidatos pertenecen al Partido Comunista-FARC, se reparten en tres partidos: la Alianza Verde, el Polo Democrático y el Partido Liberal. Dados los importantes ministerios que tienen hoy en día, es totalmente seguro que su representación doblará, si no triplicará, a la del Centro Democrático de Uribe. Hay que prestar mucha atención a los candidatos. Por ejemplo, les enlazo una lista de los primeros renglones de la lista al Senado de la Alianza Verde.

Esa situación tiene que ver con la disposición del votante, que por su primitivismo y desvalimiento no vota sin verle un provecho preciso a esa acción, y desconfía de todos los políticos. Eso determina que el voto clientelar, a menudo incentivado directamente, tienda a ser mayoritario en las legislativas.

Pero con todo, la popularidad de Uribe y el rechazo que la traición de Santos genera lleva a una persecución desesperada con recursos cada vez más abiertamente criminales. Una columna reciente de Daniel Coronell sobre el asesinato de Jaime Garzón insinuaba que había sido encargo de Uribe, cosa para la que al parecer ya tenían los testigos dispuestos a declarar. Mucho me temo que pronto saltarán esos testigos a los titulares.

Los atentados terroristas también forman parte de esa propaganda, por mucho que haya quien lo dude: se combinan con el optimismo generalizado en la prensa sobre la paz, de modo que el público asustado (con toda certeza, las atrocidades aumentarán antes de las elecciones) está dispuesto a apoyar a los que parecen amigos de los terroristas y no a los que van a devolver al país a la "guerra".

Dentro de ese juego en el que el gobierno explota a toda hora su extrema afinidad con la prensa y con el poder judicial, la persecución al MIRA es un capítulo más. La Iglesia Ministerial de Jesucristo Internacional terminaba ganando siempre varias curules que le pueden ser necesarias a Santos para aprobar el suicidio del Congreso y la convocatoria de una Constituyente con amplia participación de representación particular (corporativa o estamental) no elegida: es decir, una Constituyente dominada por la manguala de la Unidad Nacional y los terroristas, tanto por la ingente cantidad de recursos que invertirán en la elección de sus candidatos (compra de votos) cuanto por el peso de los representantes no elegidos, que serán obviamente de las FARC.

Lo interesante es la habilidad con que encontraron una forma de convocar a las mayorías, incluidos de forma casi unánime los uribistas, para esa persecución. Por la mala fe característica del país, la gente no entiende que los derechos humanos como el de no discriminación forman parte de los deberes de los Estados respecto de sus ciudadanos y no de los particulares. Un tendero puede discriminar entre los aspirantes a ocupar una vacante en su negocio por todos los motivos que quiera, tanto el sexo como la raza, la ideología o cualquier otra circunstancia. Lo mismo puede pasar con un grupo religioso o cultural, está constituido con ciertas normas internas y nadie puede obligarlos a someterse a otras.

En el caso de la organización de las Piraquive, hay un sustento teológico que la fundadora invoca, y sin que sea mi interés tenerlo en cuenta, me parece que ante su público esa justificación tendrá sentido y es necesaria, pero ante la sociedad no lo es: aquel que quiera pensar que es la conveniencia comercial la que desaconseja dejar predicar a minusválidos está en todo su derecho y eso no quiere decir que haya ninguna transgresión de la ley.

Es decir, como parte de la campaña electoral del contubernio terrorista se explota esta persecución que consigue atraer a las mayorías por esa disposición tan típica a perseguir al que no les gusta y a no valorar la ley sino sólo la autoridad como amiga que puede conceder favores. Pero además está el factor de la envidia: se acusa a los jefes del grupo de lucrarse copiosamente gracias a los diezmos, cosa que podría aplicarse a cualquiera que trate con personas, al psicoanalista y al astrólogo, para poner un caso (ni hablar del maravilloso patrimonio de la Iglesia católica, que no procede propiamente de las limosnas). El verdadero problema es por una parte el sectarismo de los católicos, y por la otra la envidia por el éxito ajeno.

No voy a comentar las discusiones sobre si esas señoras falsean el cristianismo: la noción de libertad religiosa supone precisamente que las herejías tienen derecho a existir. Cobrar diezmos no es delito, explotar elementos esotéricos tampoco. Los que prefieran la Iglesia católica u otras iglesias evangélicas o la que sea pueden denunciar todo lo que quieran a ese grupo por sus características doctrinales o por sus procedimientos, pero eso no es tarea del Estado cuando no se encuentre tipificado en el código penal. Y ciertamente sus predicadores pueden ser los que ellos quieran.

Ese aprovechamiento de las manías y creencias del pueblo es típico del chavismo. La persecución de las Piraquive, hábilmente orquestada por la dirección de los frentes de Agitprop, los medios y hasta la Fiscalía, que salió al día siguiente a encontrarles causas pendientes, tal como a cualquier político que incomode al gobierno, recuerda poderosamente las bajadas de precios del gobierno de Maduro, que le dieron el triunfo en las elecciones recientes: las mayorías sienten que el margen de beneficio de los comerciantes es un robo y ciertamente no se preocupan mucho de las pérdidas que puedan experimentar esos "ladrones".

El último elemento de propaganda, también típicamente castrista, son los actos de repudio contra Uribe por parte de militantes entrenados para eso y obviamente bien financiados. La prensa convierte en gran noticia el hecho de que diez personas insulten al ex presidente o le tiren tomates y a partir de entonces los digitadores de las redes sociales hacen un ruido incesante para hacer creer a la gente, sobre todo a los jóvenes, que el de Uribe fue un gobierno de violencia y no precisamente de recuperación de la seguridad, y que el pueblo lo rechaza. Ese desprestigio de la seguridad democrática es una campaña muy bien orquestada por el terrorismo, o sea por el gobierno, que hoy por hoy son lo mismo.

Es exactamente el contexto venezolano: un Estado riquísimo dedicado a la propaganda (en Colombia los medios son el origen del poder, no es previsible un conflicto con Santos), violencia incesante contra la oposición, persecución judicial, calumnias, maquinaciones, montajes. Claro que en Venezuela Chávez tuvo más cuidado de recurrir al asesinato selectivo, pero no tenía la excusa de las FARC, a cuyo dominio los colombianos de hoy en día se han acostumbrado.

Lo que viene en las próximas semanas es aterrador, pues todas esas campañas de violencia callejera y persecución mediática y judicial arreciarán. Y no parece que en el uribismo haya mucha disciplina ni liderazgo para responder al menos en las redes sociales a esa presión. Uno a veces tiene la sensación de que no saben qué es un partido político ni qué es organización. A pesar de la ventaja de la legitimidad y aun del apoyo popular (que no asegura una mayoría de votos por el clientelismo arraigado que expliqué arriba), a la hora de la evaluación en las redes sociales queda la impresión de que los terroristas contaran con una amplia mayoría.

(Publicado en el blog País Bizarro el 22 de enero de 2014.)

lunes, febrero 24, 2014

La esencia criminal del régimen


Si Santos resulta reelegido se habrá consumado todo lo que los comunistas buscan y que a medias consiguieron en 1991 "coronando" a una banda menor como autora de las leyes del país y como instancia de poder que protegía desde la legalidad y los cargos públicos las actividades y negocios de las demás bandas.

Es decir, habrán dado el paso decisivo, final, hacia el triunfo absoluto. Según señala Saúl Hernández, el Congreso elegido tendrá una duración cortísima porque Santos optará por una Constituyente con las FARC, para la que ya proponen que tenga 141 delegados y obviamente no sea elegida en su gran mayoría.

Pero las actuaciones del poder judicial, siempre sesgadas a favor del crimen organizado, no comenzaron con Santos sino mucho antes de 1991, pues Asonal Judicial o su germen ya dominaban el gremio. El comunismo es hegemónico en las facultades de Derecho desde los años sesenta y en realidad se impone porque representa los intereses de las viejas castas de dueños del país, según he explicado infinidad de veces.

Luego, hay un régimen que se hizo hegemónico con esa constitución y cuya base es la alianza de la vieja oligarquía con los comunistas. La descripción de ese régimen fue una tarea que emprendí en un escrito de noviembre de 2010 que copio porque me parece vigente y necesario para explicar en qué consiste ese régimen.

El régimen de la Constitución de Pablo 

Un nuevo orden

Cuando los historiadores se ocupen de este periodo de la historia de Colombia podrían designarlo mencionando la ley fundamental que surgió del acuerdo de un presidente designado por un niño a cuyo padre acababan de matar en alianza con el jefe del tráfico de drogas (al que estafaron convenciéndolo de que permanecería impune al quedar prohibida la extradición en la Constitución) y con una organización terrorista promovida por los herederos de la República Liberal. Tras los dieciséis años del Frente Nacional vinieron otros dieciséis de indecisión, en los que no estaba claro para dónde cogería el país y en los que los exportadores de cocaína llegaron a tener enorme poder político, hasta la consumación de ese proceso en una nueva organización del Estado que pronto cumplirá dos décadas. 
Paréntesis

El desconcierto de mucha gente ante las actuaciones del nuevo presidente resulta cada vez menos justificado: el uribismo viene a ser un paréntesis originado en la revuelta popular contra las atrocidades del Caguán. Cuando las aguas vuelven hasta cierto punto a su cauce, también el poder lo recuperan los amos de siempre. El gobierno de Santos es en esencia la continuidad del de Gaviria y el de Pastrana, con ínfimos matices. Un gobierno que se ajusta al régimen, cosa que no ocurría con el uribismo y que es la causa del desasosiego que genera. Es decir, para entender a Santos y su gobierno hay que tener en cuenta sobre todo el verdadero reparto del poder estatal, más que los vaivenes de la opinión. No busca tanto ganar popularidad cuanto ser un inquilino grato a los dueños del Estado. Si se convierte en el más fiero, aunque melifluo e hipócrita, perseguidor del uribismo, es sobre todo porque de ese modo se legitima ante el poder real. 
Ajustes 
Por tanto, los setenta y los ochenta pueden entenderse como un periodo en que cada grupo de poder ajustaba cuentas para alcanzar la hegemonía a costa de los demás. Tras la creación de una guerrilla controlable a distancia por López Michelsen y el MRL, Enrique Santos Calderón creó la revista Alternativa, también dedicada a incendiar el país con retórica castrista, pero ligada a una nueva banda menos dogmática en la adhesión al foquismo y el modelo guevarista. Los godos contraatacaron buscando dividir el bando liberal-izquierdista mediante el reforzamiento del PCC y su tropa. Antes del Caguán ya Betancur había tratado de brindar reconocimiento a las FARC en busca de un nuevo bipartidismo que encogiera a los liberales. 
Las leyes

Aparte de la retórica totalitaria, que sirve de pretexto a la bien organizada cleptocracia, la Constitución del 91 se distingue por la expansión del gasto público, el debilitamiento drástico de las instituciones elegidas y la "relativización" de todas las leyes y contratos, susceptibles de convertirse en papel mojado cada vez que a un juez o a quien lo nombra le da por inventarse un derecho fundamental que resultaría afectado. De eso sale claramente que el régimen no cuenta con los ciudadanos sino con la clase de los funcionarios y no se somete al veredicto de las urnas. Si se tiene en cuenta que detrás de los políticos y jueces están los clanes poderosos, y que éstos son los dueños de la prensa, la hegemonía con que cuenta es en la práctica absoluta, pero esa hegemonía cuyo último recurso es la inexistencia del derecho (reemplazado por la discrecionalidad de los jueces) tiene un nombre: opresión. ¿Puede concebirse mayor prueba de que se trata de opresión que el hecho de que las autoridades delincan abiertamente, por ejemplo prevaricando respecto del nombramiento de fiscal, sin que ni siquiera se las pueda denunciar? 
Paradojas

Uno escribe "paradojas" como por hacer una broma: la monstruosidad de ese régimen es tal que para hablar de paradojas hay que cerrar los ojos ante las evidencias. La ostentosa impunidad de Piedad Córdoba acompaña a la determinación de que un político que acudió a una reunión con criminales que podrían amenazarlo resulta el planificador de todo lo que hicieran antes y después esos criminales, o que interceptar a personas abiertamente relacionadas con potencias extranjeras hostiles, con organizaciones de traficantes de cocaína o con bandas terroristas se vuelve "crimen contra la humanidad" y el filántropo que profiere tal sentencia era el jefe de una organización de secuestradores y asesinos. No hay ninguna paradoja, el régimen que impera en Colombia es la pura tiranía de los asesinos, traficantes de cocaína y prevaricadores. 
Fulanismos

Ya es tradicional que en Colombia no haya adhesiones a programas ni idearios sino a personas. En el caso de la población ordinaria se podría pensar en falta de madurez política, pero cuando se trata de los aspirantes a cargos públicos se trata de otra cosa: lo único que los mueve es el nombramiento y la autoridad que derivan de él. Obviamente, el robo es el paso siguiente, toda vez que las probabilidades de quedar impunes son altísimas (siempre y cuando se esté de parte del régimen). Sería muy bueno conocer la ideología del gavirismo o del samperismo o del pastranismo, en qué se diferencian realmente. Los capitanes de esas corrientes sólo son los que dispensan favores según el poder accionarial que tengan en el régimen, es decir, según la capacidad que tengan de mover fichas (normalmente en las altas cortes) en favor de uno u otro interés. 
Componendas

Desde que era candidato, Santos se mostró incapaz de comunicar nada creíble a los ciudadanos, pero en cambio muy hábil arreglando apoyos y acuerdos con gente cuya motivación no es propiamente el bien común. Es decir, tratándose del reparto del botín, lo que ocurre siempre es que se negocia a la manera de Tony Soprano. Santos es el rey de esa actividad, pero Gaviria, Samper y Pastrana no le van a la zaga: llegan a presidentes sobre todo por eso. Las prisas por sacar una ley de tierras y otra de víctimas muestra hasta qué punto el régimen es sólo una cleptocracia cuyo fundamento es el poder judicial que emana de la Constitución del 91. Lejos de restituir a los desplazados o despojados por la violencia, se reforzará el poder de aquellos que sepan aliarse con el régimen, con sus políticos, jueces y ONG. Las víctimas favorecidas son sobre todo los mismos próceres, y los victimarios que las restituyen son los demás colombianos, en un nivel de un millón de pesos por cada uno. 
Persistencia

Ese acuerdo para repartirse el botín es sólo la vida colombiana de siempre, sólo que gracias a los "carrobombas" de Escobar y a asesinatos como el del sindicalista José Raquel Mercado ciertos grupos accedieron a las rentas y se halló otra falacia para escamotear la voluntad ciudadana y borrar todo rasgo de democracia. Ese arraigo del orden surgido con el engendro bárbaro que fue esa Constitución explica muchas cosas, tanto la desfachatez de los usufructuarios como el apocamiento de las víctimas. Detrás del descaro de un multimillonario empresario del crimen como Iván Cepeda, en defensa de los jueces que lo enriquecen, está simplemente la esclavitud, que en las regiones donde opera el frente Manuel Cepeda Vargas puede materializarse en una castración pedagógica. 
Impotencia

Uno escribe y registra esas cosas, pero realmente es muy improbable que vaya a cambiar nada. La Asamblea Constituyente de la que surgió el engendro sólo fue elegida por el 20% de los ciudadanos, pero ¿en qué andaba el otro 80%? Todavía en 2002, después de la orgía de sangre que fue el gobierno de Pastrana, con diez secuestros cada día, la segunda lista más votada al Congreso fue la del M-19, y en Bogotá ganó dos veces el partido aliado de las FARC. Es grotesco que anden escandalizados por los desfalcos de Moreno Rojas después de que las FARC apoyaran su candidatura y de que en el Concejo estén tanto el primer líder del Partido de las FARC como el mismo hermano de alias Alfonso Cano, por el mismo partido. La popularidad de Uribe permitió albergar la esperanza de que intentaría cambiar ese orden, pero el único cambio que se le ocurrió fue quedarse otros cuatro años de presidente. Ya libre para actuar en política, se declara comprometido con la obra de Santos, recuerda a quien quiere oírlo lo que hizo en su gobierno y trata de no perder la adhesión de los funcionarios y políticos que participan del botín actualmente. No será Uribe quien promueva una constituyente nueva, y cualquier esperanza de regeneración debe concebirse como algo todavía muy embrionario. De hecho, podría ser que la CSJ "perdonara" a Uribe en agradecimiento a su indolencia.
Si Santos resulta reelegido la esencia criminal del régimen se acentuará aún más y el paso siguiente será la fuga de capitales y luego de personas: mucha gente quiere comparar a las FARC poderosas con el régimen venezolano, pero éste es un régimen de militares cuya principal forma de opresión es la indolencia: algunos funcionarios perversos favorecen la delincuencia mientras que los oficiales simplemente parasitan y roban. En Colombia se trata de sociópatas con una larguísima trayectoria de atrocidades que no van a vacilar en multiplicarlas dado el éxito. El que quiera entender de qué se trata puede investigar sobre la historia de los países en que se impuso el comunismo y lo que les ocurrió a esas sociedades.

Mucha gente piensa que el fracaso del comunismo está anunciado y no se explica por qué sigue habiendo tantos comunistas en Sudamérica. Es porque no atienden a lo inmediato y simple: la vida se mueve por intereses. El Partido Comunista y las mil sectas afines agruparon a los hijos de los funcionarios acomodados de los siglos anteriores, siempre con un amplio control por parte de la oligarquía. Comunismo y régimen oligárquico vienen a ser lo mismo: rapiña. El proceso de destrucción del país puede variar de ritmo, pero al final todos los poderosos corren a buscar sus puestos y negocios, y en lo posible a tener recursos suficientes para emigrar a países ricos. La mayoría no cuenta, nunca ha contado, y por si acaso le han otorgado un montón de "derechos" y le dan educación.

Prácticamente todos los congresistas elegidos en 2010 como "uribistas" son hoy aliados más o menos manifiestos de las FARC y ciertamente apoyan la constituyente corporativa o estamental que Santos convocará. Eso sencillamente porque oponerse significaría quedarse por fuera del reparto de rentas, cosa difícil ahora que hay tanto dinero. Mucho me temo que muchos de los que salgan elegidos por el UCD terminarán haciendo lo mismo (no veo que sea más grave venderse que dirigir el asalto al Palacio de Justicia, como hizo Everth Bustamante, y el propio candidato elogiaba a Santos mucho después de que era evidente su alianza con las FARC). En todo caso, ya advierte Saúl Hernández que será un Congreso breve porque lo reemplazará la Constituyente. Y en Semana anuncian que la paz se logrará este año.

Colombia se hunde en medio siglo de miseria y horror. No parece muy probable que alguien lo pueda conjurar. Ni siquiera hay la menor resistencia sino sólo candidatos buscando votos sin acordarse de que la nueva Constituyente ya está acordada y aun publicitada.

(Publicado en el blog País Bizarro el 15 de enero de 2014.)

lunes, febrero 17, 2014

Los colombianos y los derechos humanos


¿Para dónde va el mundo?

Es muy difícil encontrar un sentido a la historia humana, pero el proceso de la cultura occidental desde la época griega apunta a una continua superación de la crueldad, de la miseria, de la inseguridad, de la violencia y de la arbitrariedad y una continua armonización de las sociedades. Claro que hay retrocesos y crisis, pero lo cierto es que en Europa y América la libertad y el bienestar son hoy mucho mayores que en los siglos anteriores.

Renacimiento, Reforma, Ilustración, Liberalismo
Ese proceso pasó en Europa por diferentes pasos desde la Edad Media, periodo en el que se crearon las naciones modernas y los pueblos germánicos y eslavos adoptaron el cristianismo. El Renacimiento fue la recuperación de valores y conocimientos de la Antigüedad que se habían perdido por las invasiones bárbaras. El nombre de dicho movimiento fue humanismo, y se desarrolló entre los siglos XIV y XVI. La Reforma de los siglos XVI-XVII, una corriente cristiana que reivindicaba la autonomía de las personas frente a las autoridades eclesiásticas y la interpretación libre de los textos sagrados, fue el proceso que siguió al Renacimiento y tuvo su centro en los países europeos occidentales que no habían formado parte del Imperio romano. Como respuesta, la Iglesia oficial, apoyada por el entonces hegemónico Imperio español, lanzó la Contrarreforma, la reafirmación de los dogmas medievales que habían sido cuestionados por el Renacimiento y la Reforma. Este movimiento es muy importante porque, en la época de colonización de América, España estaba hundida en la Contrarreforma y representaba en Europa la reacción, el pasado y el oscurantismo, con su régimen de terror de la Inquisición. De ahí viene el atraso hispanoamericano.

La Ilustración fue el paso siguiente y tuvo su centro en los países en los que no triunfaron ni la Reforma ni la Contrarreforma: Francia e Inglaterra. Nueva afirmación de la libertad individual y predominio de la duda filosófica sobre las certezas del dogma religioso. Los ideales con que se creó la nueva nación surgida de las colonias británicas en la costa Atlántica de Norteamérica son el fruto directo de la Ilustración, aunque aplicados por hijos de la Reforma. Trece años después de esa fundación estalló la Revolución francesa, acontecimiento complejo cuyo eje fue el fin del absolutismo y el surgimiento de nociones modernas como la soberanía nacional (es decir, del pueblo y no del rey) y la famosa tríada de lemas que la movían: libertad, igualdad, fraternidad. El imperio napoleónico que la sucedió y las guerras que terminaron con el predominio francés en Europa abrieron el camino al liberalismo que marcaría el siglo XIX, con la abolición del tráfico de esclavos, el afianzamiento del sistema democrático en Estados Unidos y el crecimiento del parlamentarismo en buena parte de Europa.

Nociones de izquierda y derecha
Si se ve en esos movimientos una corriente dispersa y poco nítida pero continua, y se admite que comparten un impulso por la libertad de las personas, se podría detectar ahí el origen de las nociones de "progreso" y "progresismo". También de "izquierda", palabra que se aplicó al grupo que se sentaba a ese lado en una votación de la Asamblea francesa sobre el derecho de veto del soberano. Desde entonces "izquierda" se entiende como el rechazo al absolutismo y la defensa de las libertades y derechos individuales registrados en la Declaración que acompañó a la Revolución francesa y que Antonio Nariño tradujo e imprimió en Colombia. En el sentido recto de las palabras, la izquierda es el bando de Nariño y la derecha el de Caballero y Góngora.

Dentro de la izquierda, como alternativa a lo establecido, se desarrolló durante el siglo XIX la corriente socialista, partidaria de que el Estado actuara como "redistribuidor" de la riqueza, haciendo prevalecer el interés común sobre el derecho de propiedad. El socialismo terminó correspondiendo en cierta medida a la expansión estatal y los apetitos de los burócratas. También se dice que respecto al liberalismo, que era la ideología propia de la clase burguesa, el socialismo es como una revancha del despotismo ilustrado del siglo XVIII, que era la ideología de los monarcas y las aristocracias que regían entonces: el retorno de la jerarquía. (La clase burguesa es la gente de las ciudades, los comerciantes y artesanos que al cabo de muchas generaciones en algunos casos poseían grandes fortunas y que en el contexto del siglo XVIII era lo mismo que "el pueblo" o el "Tercer Estado", en contraste con la aristocracia y el clero.)

Es decir, el socialismo en su origen era un sector de la izquierda que encontró en Marx un teórico radical con grandes aptitudes literarias y un proyecto que prometía ser liberador y redentor de las masas miserables que pululaban alrededor de las ciudades en que reinaba la burguesía. Es muy importante que se entienda que para Marx y para sus seguidores del siglo XIX el Estado es una máquina de opresión y lo que se busca es su extinción. En las circunstancias rusas de 1917 y después, la idea marxista de la dictadura del proletariado se volvió el verdadero fin del comunismo, de paso forzando la identidad entre el proletariado y el partido y la sumisión total de éste a la nomenklatura.

De tal modo, la izquierda no es de por sí colectivista, si se atiende a su sentido de resultado de una tradición de progreso, y menos estatista. El colectivismo es un rasgo de la Iglesia católica y de su espíritu medieval y de ahí viene la asociación entre católicos y comunistas en Iberoamérica. Si se piensa en el proceso que he explicado arriba de avance de la libertad, el colectivismo y la Iglesia no deberían ser considerados como "izquierda", pero es por otro tránsito semántico que se ha registrado a partir de la hegemonía ideológica tradicional de la Iglesia: dado que el colectivismo es cristiano y el socialismo es colectivista, las nociones de "socialista" y "cristiano" (en el sentido de la compasión y el amor al prójimo) se confunden. Socialismo (que quiere decir "estatismo") y colectivismo han pasado a ser lo que la gente entiende como "izquierda", pero sólo son un elemento reaccionario respecto al progreso (el colectivismo) sumado a una perversión de la izquierda (el socialismo, que parte del principio igualitario y termina en el culto del Estado).

La Declaración Universal de los Derechos Humanos
En donde se expresa sin ocasión para la duda el sentido de la noción de "izquierda" de la tradición, es decir, del bando de Antonio Nariño, de los humanistas, reformistas, ilustrados y liberales y aun de los socialistas que no se habían entregado al absolutismo bolchevique, es en la declaración que impuso el régimen estadounidense a las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial en 1948. Es decir, frente a la perversión totalitaria se imponía la tradición progresista y sus valores nucleares de libertades individuales y derechos humanos básicos.

Esa imposición está en la base de la historia posterior: el régimen soviético no volvió a las orgías criminales de los años treinta y sus satélites en Europa se integraron en el Consejo de Europa, organismo que vigiló los derechos humanos desde 1949. Las evidentes violaciones que cometían los regímenes totalitarios contra una ley universal que habían firmado sirvieron de fundamento a la resistencia que terminó levantándose y acabando con el comunismo en 1989.

También la ONU, surgida de esa declaración, desempeñó un papel importante en la democratización posterior. Se suele considerar a los representantes de esta organización en Colombia como aliados de las bandas terroristas, cosa que efectivamente a menudo son. El problema es que en la opinión de muchos colombianos es más fácil oponerse a los derechos humanos que cuestionar con base en ellos la conducta de esos funcionarios. Un aspecto decisivo es la creencia generalizada en los países avanzados de que las guerrillas colombianas son movimientos populares de sectores oprimidos y excluidos y no exactamente el medio de opresión y exclusión de los usufructuarios de la desigualdad, de los herederos de privilegios y rentas improductivas derivadas de la sociedad colonial. Eso ocurre porque no se ha respondido eficazmente a la propaganda.

Si se atendiera al diccionario, a partir del significado sociológico de la llamada "izquierda" colombiana y de los efectos de sus actuaciones (ya he contado muchas veces que tras la Constitución de 1991 el índice de Gini subió casi 10 puntos hasta 2002), sería muy fácil saber qué es. Es la derecha, el partido de los jesuitas, de los juristas, de los delfines de familias patricias y de los profesores universitarios. (Hay una profunda relación entre las ideas progresistas y el desarrollo material, son la misma clase de personas las que profesan las unas y realizan lo otro y ocurrieron al mismo tiempo en los mismos países; en Hispanoamérica, los retrógrados y parásitos usan ese disfraz que no les corresponde, no es casualidad que no haya ningún invento importante de origen hispanoamericano, ningún avance científico, ninguna manufactura de calidad que cuente en el mercado mundial, nada).

Ideología colombiana
Pero el hecho de que la casta dominante no se pueda llamar lícitamente izquierda no quiere decir que sus contradictores sí lo sean, o no sean también de derecha. El motivo está en el origen contrarreformista de la sociedad y en la herencia compartida de la mentalidad del castellano viejo. En muchísimos casos hay una nostalgia de formas de vida antiguas o un anhelo de amalgama que integre algunos elementos del bienestar del mundo civilizado con ventajas específicas para cada sector o para cada individuo que opina. La elemental pretensión de avanzar hacia la asimilación a los valores del mundo moderno es sencillamente un escándalo para la mayoría de los colombianos que expresan sus opiniones.

De ahí que nadie recuerde que los derechos humanos reconocidos en esa declaración son un compromiso del país que no se puede violar. A los contradictores del terrorismo les parece que los derechos humanos son una añagaza gracias a la cual los terroristas sacan ventaja, cosa que es rotundamente falsa. Lo que ha hecho avanzar a los terroristas es la guerra jurídica y los desvaríos de los gobiernos, no el hecho de que no se pueda torturar o asesinar sin juicio a los terroristas desarmados.

Es verdad que una parte de la guerra jurídica la constituyen las ONG que se autodenominan de paz y derechos humanos, pero no obtendrían nada si previamente no controlaran el poder judicial. Es decir, no obtendrían nada ilícito, porque si denunciaran torturas reales u otros atentados contra los derechos humanos estarían protegiendo la misión del Estado, que en esencia es proteger esos derechos.

Esas ONG en el contexto colombiano son el principal frente terrorista, pero su éxito jurídico y propagandístico se basa en la escasa organización y eficacia de la respuesta. Es decir, las bandas terroristas expresan el orden profundo de la sociedad: las universidades forman personajes de vocación parasitaria que se suman a la "lucha" (uno de los más descarados ideólogos de las FARC, el exmagistrado Rodrigo Uprimny publicó el domingo una legitimación de los niños bomba basada en el pretexto de que el derecho exige la lucha) y para defender la justicia no hay casi nadie, ni siquiera las víctimas.

Dentro de ese odio contra los derechos humanos se inscribe la campaña del concejal de Medellín Juan Felipe Campuzano por la pena de muerte y la tortura a los sicarios, genialidad que ha tenido una amplia repercusión en las redes sociales y que tiene la magia de poner a los empresarios de los niños bomba, como el citado Uprimny, en el bando de los defensores de la ley. En su fervor, Campuzano no vaciló en poner ejemplos de países en los que se aplica la ley islámica, y aun a mostrarse solidario con uno que le hacía propaganda.

Más allá de la cuestión misma de la pena de muerte, creo que lo que aflora en esa embriaguez es otra cosa. Supongamos que se aprobara la pena de muerte, ¿quién la aplicaría? ¿A quién? Ninguno de esos entusiastas muestra la menor confianza en el poder judicial colombiano, con toda razón, por lo que podrían inferir que los condenados a muerte serán a menudo inocentes, mientras que los asesinos y quienes los contratan seguirán quedando impunes como hasta ahora (ninguno de esos comentaristas en ningún caso lamentó que no se los capturara, sino que no se les aplicara la pena de muerte siendo que la de prisión tampoco se les aplica). Lo que desean es el espectáculo del asesinato, otra explicación no hay a esa distracción. Y es en el fondo nostalgia de lo que se hacía antes: las quemas de brujas de la Inquisición no tenían sólo una función pedagógica sino que también eran la provisión de círco que se podía ofrecer a la chusma.

En rigor, la pena de muerte es una violación de los derechos humanos. Una mirada al mapa en que aparecen los países que la aplican deja a EE UU como el único país democrático avanzado en que se aplica. Ojo a esto: 

Ejecutados en 2011: China  (?), Irán (360+), Arabia saudí (82+) Irak (68+), Estados Unidos (43), Yemén, Corea del Norte, Somalia, Sudán, Bangladesh, Vietnam, Sudán del Sur, Taiwán, Singapur, Autoridad Nacional Palestina, Afganistán, Bielorrusia, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Malasia, Siria.

También en EE. UU., un país de 300 millones de personas, el número de ejecutados en 2011 fue de 43, mientras que en Colombia sería muchísimo mayor.

En conclusión
Lo que se extrae de todas las respuestas de colombianos opuestos al terrorismo que uno encuentra es una hostilidad aún mayor a los derechos humanos. Muchísimas personas me respondían cuando cuestionaba a Campuzano con el cuento de que los sicarios no habían respetado los derechos humanos de sus víctimas, graciosa operación con la que las instituciones resultan degradadas al nivel de los sicarios. La cuestión de la eficiencia policial a la hora de capturar a los criminales no le interesó a ninguno, era como una molesta cuestión de trabajo cuando la embriaguez de justicia les resultaba tan halagadora.

Ese odio a los derechos humanos forma parte de sus convicciones derechistas, que ciertamente no son una respuesta al terrorismo comunista sino más bien una manifestación del mismo fenómeno, de la incapacidad de asimilar los valores de democracia y libertad que definen al mundo moderno.

Lo que en mi opinión hace falta es una reivindicación de los derechos humanos que permita denunciar a los criminales que explotan su defensa como parte de su labor conjunta con los que mandan niños bomba. Si los políticos e intelectuales colombianos denunciaran a todos los funcionarios y periodistas extranjeros que aluden a Piedad Córdoba, Iván Cepeda u otros asesinos como "defensores de derechos humanos" ante sus gobiernos y organizaciones, otro gallo cantaría. Pero plantear eso es quedarse en minoría: un pobre diablo anónimo llamando a la sensatez cuando los valientes herederos de Joseph de Maistre y demás precursores del fascismo prometen sangre y toda clase de efectos gore, está condenado al fracaso.

(Publicado en el blog País Bizarro el 8 de enero de 2014.)