martes, febrero 03, 2009

El basurero de la historia

Publicado en el blog Atrabilioso el 10 de octubre de 2007
Pocas metáforas fueron tan recurrentes en la época de auge del comunismo como la del "basurero de la historia", lugar al que iban a parar todos los proyectos desechados y los programas que fracasaban. En buen romance: todo lo que pusiera en cuestión la visión supersticiosa y fanática de los afiliados al "materialismo científico", todo lo que fuera en una dirección diferente. Nadie entenderá nada de la "izquierda democrática" colombiana sin prestar atención a esa teleología, a esa certeza de tener el mapa del tesoro y ejecutar una misión inevitable. La percepción de los demás de que esos actos son "crímenes" o aun, más a menudo, "mentiras para sacar provecho de los crímenes" sólo mueve a risa a esas personas, el único crimen es oponerse a ellos.

Al respecto, basta con ver el desparpajo con que siguen figurando los responsables de borrar un montón de blogs y de inundar los demás con insultos "firmados" como otra persona en una campaña de difamación que los retrata perfectamente como canallas sin escrúpulos. ¡Incluso son candidatos a ganar un premio al mejor blog! De algún modo palabras como "izquierda" surten su efecto mágico y se convierten en patente de corso para delinquir y mostrar la bajeza que los constituye, al igual que los rústicos que hacen la carrera política de los políticos a los que esos intelectuales (!) promueven.

Pero "el basurero de la historia" da mucho de sí. Podría ser la región sudamericana, donde todavía existe un proyecto totalitario idéntico al que floreció en Camboya en los años setenta y en Rusia cuarenta años antes. De hecho, el tipo humano predominante es un fósil increíble de los siglos de esclavitud que no puede asimilar la corriente que predomina en el mundo sino que se aferra a sus antiguos privilegios y jerarquías, constituyendo una anomalía que avergüenza a la especie. Si hace veinte años alguien hubiera oído que un golpista latinoamericano encabezaría una serie de dictaduras aliado con criminales como el presidente iraní y proclamando abiertamente su antisemitismo, se habría echado a reír.

Pero en otro sentido también se puede decir que los comunistas en Colombia experimentan un gran crecimiento desde la época del Caguán en la medida en que cada vez más se vuelven los representantes de las familias políticas caídas en desgracia, con las que antes combatían. Buen ejemplo de eso es la Anapo. En un escrito de Eduardo Pizarro sobre los orígenes de las FARC, se lee la descripción que los comunistas hacían del general Rojas Pinilla: "el delincuente más villano del país, quien conquistó su titulo a base de asesinatos y masacres".

Al mismo tiempo, su política era descrita como: "falsa pacificación, política de chantaje y de engaño". Pero ahora el candidato de ese partido a la Alcaldía de Bogotá es un nieto del general, un político cuyo único "mérito" es ese parentesco y la red de lealtades que desde el poder alcanzó a crear su madre.

No es una situación excepcional, también la familia López tiende a la alianza con los comunistas y con las guerrillas toda vez que la transmisión dinástica no alcanzó para la tercera generación y hay que conservar todo el poder que se pueda. La insistencia del difunto ex presidente en el "intercambio humanitario", la cínica adhesión al terrorismo de la revista Semana, la historia de la persecución del ELN que habría conducido a su destrucción de no ser por la intervención del entonces presidente, etc., son episodios que hacen pensar sin vacilar en algún interés en la alianza con los comunistas. ¡Pero es que ya al comienzo del Frente Nacional el Suplente de López como candidato del MRL era el dirigente comunista Juan de la Cruz Varela!

El Partido Comunista surgió en los años veinte como parte del fantasma que recorrió el mundo tras el triunfo bolchevique de 1917. Unos años después serían Mussolini y Hitler quienes desatarían fervores en toda la periferia (lo cual por ejemplo tiene mucho que ver con el ascenso de Perón y su cabaretera). El caso es que los comunistas eran una minoría de intelectuales que consiguieron un apoyo ínfimo en sectores obreros pero gracias a la guerra civil de los años cuarenta pudieron crear una base efectiva en zonas rurales. Sólo que nunca contaron con votos ni respaldos mayoritarios.Pero en cambio sí hubo una masa disponible para un levantamiento social, la que se manifestó en los años cuarenta detrás de Gaitán y a principios de los años sesenta con el MRL, a mediados con Camilo Torres y al final de esa década con la Anapo. Todos esos protochavistas son hoy cadáveres políticos caídos en el basurero de la historia, es decir, en la izquierda democrática.

En la adhesión más o menos velada al pertinaz programa del Partido Comunista.En realidad lo mismo ocurre con el samperismo y con el pastranismo, movimientos o corrientes cuya única base programática es la manipulación de redes que ordeñan al Estado y que no podrían sobrevivir sin combinar la adhesión al programa del Partido Comunista y las viejas maquinarias bipartidistas. El apoyo de Samper y Serpa al candidato del PDA es característico, lo mismo que la adhesión de toda la camarilla de Andrés Pastrana al mismo discurso. ¿Alguien se figura que un personaje tan apreciado por las FARC como éste escriba en la edición del sábado 6 de octubre en El Nuevo Siglo perlas como ésta:

“NO sólo a las directivas nacionales y distritales del Partido Conservador, sino a todos los conservadores para que no permitamos que en Bogotá continúe su carrera desenfrenada al abismo, porque todos sabemos que sólo contamos con dos concejales y un representante a la Cámara, cosa que demuestra el fracaso de las elecciones pasadas.”
¿Qué es el Partido Conservador? ¿Alguien lee las declaraciones de G. Ricardo, Camilo Gómez, etc.? ¿Alguien leía al actual candidato conservador a la Alcaldía de Bogotá (hijo naturalmente de otro amigo de Tirofijo) cuando escribía en El Espectador?:

“El enfoque del problema está errado. La guerra en Colombia tiene un origen social y la solución debe ser política. Mientras no se acepte lo evidente, no se podrá llegar a ningún lado. Sólo habrá más muertos de lado y lado, todos colombianos. Mientras el Presidente desde Washington sigue dando órdenes a través de las cámaras de televisión”.
Esa facción del antiguo conservatismo está sin la menor duda con las FARC, y creo que no hace falta insistir en algo que queda claro, la capacidad mágica del poder narcoterrorista para prometer longevidad a los cadáveres siempre y cuando colaboren.Pero el candidato a la Alcaldía de Bogotá que puede triunfar es Samu El Moreno. Es muy llamativo lo que le contesta a María Isabel Rueda cuando la periodista le pregunta sobre la afinidad del PDA con las FARC:

S.M.R.: Mi posición frente a la lucha armada está absolutamente clara. Cuando el M-19 nace, lo hace bajo el lema: 'Con el pueblo, con las armas y con María Eugenia al poder'. Secuestran a José Raquel Mercado y mi mamá sale públicamente a desautorizarlos. Desde entonces, mi familia y yo condenamos la lucha armada. Jamás me ha temblado la voz para decirlo. Y si las Farc atentan contra la población civil, son terroristas. Y esa es la posición del Polo que se acaba de aprobar.
Lo primero es fascinante: ¿de modo que cuando se robaron la espada de Bolívar ellos no lo condenaron? ¿Y el mismo hecho de levantarse en armas contra las instituciones no les pareció una agresión contra la democracia? Yo sinceramente creo que la Anapo tenía menos que ver con el M-19 de lo que tácitamente reconoce Moreno, que este movimiento fue un intento de un grupo de estudiantes e intelectuales comunistas para explotar el descontento por el presunto fraude de 1970...

Pero ahora conviene convertirlos en anapistas. La Anapo sobre todo congregaba a personas conservadoras que desaprobaban la violencia sectaria del laureanismo y la repartija abusiva que hizo el Frente Nacional, muchas de esas personas habían sido favorecidas por la dictadura, por ejemplo, muchos antiguos militares y policías. ¡Ahora va a resultar que Bateman y Vera Grabe son sus representantes!

En la proclama de que condena la lucha armada hay una serie de elementos más bien grotescos:

1. ¿Condenan (Samu El y su familia) a Bolívar?
2. Condenan los métodos pero ¿y los fines?
3. ¿Cómo se puede condenar la lucha armada y formar parte de un partido que exige el premio de la lucha armada?

Claro, es un trabajo sucio, pero alguien tiene que hacerlo. Como esos padres que golpean a los hijos al tiempo que proclaman: "A mí me duele más que a ti".

Pero hay más: ¿por qué esa alusión a la "población civil"? Siempre que se habla de la "población civil" (en el contexto del conflicto colombiano) se está legitimando la agresión contra la "población militar". ¿Qué es más grave desde el punto de vista militar, la masacre de Bojayá o el asesinato en una emboscada de una cantidad comparable de soldados? ¿Qué están haciendo los soldados y policías sino protegiendo a la población civil de ser sometida por las tropas comunistas?

No hay que confundirse: Samu El, como su partido, no piden a las FARC que dejen de existir como fuerza que amenaza el sistema democrático, sino que les reprochan algunos excesos y sobre todo que no cumplan las reglas del juego.

De un juego al que los colombianos deberían decidir si quieren jugar. Del juego en el que hace carrera el PDA y montones de vividores de la guerra como los mencionados personajes de la política tradicional.

Votar por alguien así es aplaudir el asesinato, y las coartadas y pretextos que se encuentren sólo son parte de la afinidad moral que existe entre la mayoría de los colombianos y los simples combatientes que hacen el trabajo sucio en defensa del viejo orden en que estos vampiros, la Anapo, el MRL, el samperismo o el pastranismo siguen mandando y floreciendo.

sábado, enero 31, 2009

Guzmán el Bueno y la maquinación de los tartufos

Publicado en el blog Atrabilioso el 3 de octubre de 2007

Alonso Pérez de Guzmán es un noble español de la Edad Media cuya fama perdura siete siglos después porque durante la defensa de Tarifa contra una coalición de enemigos fue conminado a entregar el castillo so pena de matar a su hijo, a lo que él respondió arrojándoles un cuchillo para que lo hicieran.

Esa terrible determinación con que responde al chantaje es lo que permite imponerse en las guerras, pues lo que busca el chantajista es algo que le interesa más que aquello que retiene. En el caso del "intercambio humanitario" no hay un padre de los secuestrados que pueda pagar o no pagar el precio que exigen los terroristas, pues lo que se pide es la vida de muchos miles de colombianos, que es lo que se entregaría permitiendo que los presos volvieran a masacrar gente y cediendo territorios para que la banda asesina recupere su poder de fuego.

Los parientes de los secuestrados son sencillamente representativos de los demás colombianos: se ponen de parte de los terroristas porque quien paga el precio "humanitario" del intercambio son otros. La insolidaridad es la principal causa de que esa atroz industria haya llegado tan lejos en Colombia, si hace treinta, veinte o diez años hubiera habido una gran firmeza en la condena del secuestro esas personas no habrían pasado ni un día en cautiverio.

Pero esa indolencia afecta a la mayoría de la gente y no tiene nada que ver con la abnegación y persistencia de los que anhelan el "intercambio" y la "paz". Estos devotos, basta con conocer su trayectoria, eran los mismos que promovieron hace diez años el Mandato Ciudadano por la Paz, en el que se exigía que el gobierno negociara políticamente con la banda de asesinos, y fueron los mismos que durante los años del gobierno del inefable Andrés Pastrana (el cual busca posicionarse como candidato del PDA en reemplazo de Leyva) insistieron sin cesar en la necesidad de premiar copiosamente a las FARC por sus proezas, al tiempo que la banda secuestraba y mataba cada vez con mayor decisión.

El papel de estos filántropos en la sociedad colombiana corresponde exactamente al de Tartufo, personaje de la famosa comedia de Molière: su inquietud por los secuestrados sólo es un recurso para cobrar esos secuestros de modo que el gobierno quede debilitado y las FARC se recuperen. Para eso no vacilan en utilizar la situación de vulnerabilidad de los parientes de las víctimas ni en explotarlas para promover los intereses de las FARC, como ocurre en Europa con el profesor Moncayo o con la familia de Ingrid Betancur y los grupos de ONG amigas de las guerrillas.

Pero la incapacidad de ver la obvia relación entre los promotores del "intercambio humanitario" y las guerrillas es sólo uno de los aspectos de esa distracción generalizada de los colombianos, cuya actitud en última instancia es la de quien pasa frente a una tienda en la que hay un saqueo: a nadie se le va a ocurrir tratar de impedirlo, el más juicioso sale corriendo pero la mayoría ve si hay ocasión de llevarse algo. Ante el secuestro, los colombianos se desentienden, salvo los que pueden sacar algún provecho de la negociación.

Pero esos interesados muestran a todas horas su afinidad con las guerrillas. En la última semana apareció un artículo de Daniel Samper deshaciéndose en elogios de Piedad Córdoba, modelo de personalidad política que trabaja por los ciudadanos. ¿Nadie la recuerda yendo al comienzo del Caguán a Washington con Amílcar Acosta y Jaime Dussán a pedir al gobierno de Clinton que no diera ayuda militar a Colombia? ¿Y declarando que la visita al Caguán le había cambiado la vida?

Hace muchos años que tengo una opinión nada grata sobre la mayoría de los secuestrados: ¿cuántos de ellos hicieron algo para impedir que en el país reinara el secuestro? Las víctimas del futuro pueden ser muchos cientos de miles, y no estaría de más preguntarles cómo es que no hacen nada para condenar el chantaje y poner en su sitio a los que cobran los secuestros, como hace el alcalde de Bogotá Luis Eduardo Garzón, que se ha gastado 860 millones de pesos del dinero de los bogotanos en la campaña por el "intercambio humanitario".

Nadie debe olvidarlo: el secuestro sólo es la primera parte del intercambio humanitario. Los raptores son tristes sicarios que sobreviven en medio de la miseria y hacen ese trabajo sucio ocasional y los que retienen a las víctimas son niños y rústicos. Quienes prosperan gracias al secuestro son los impulsores del intercambio humanitario.

jueves, enero 15, 2009

La disyuntiva

Publicado en el blog Desenlace sin fin el 27/10/2007

En una ocasión en que comentaba las elecciones chilenas en que salió elegida la señora Bachelet, Mario Vargas Llosa se sorprendía de la tranquilidad que se respiraba en el país, nadie temía que nada fuera a cambiar fatalmente fuera cual fuera el resultado de los comicios. La sorpresa del novelista venía de que cada elección en la mayoría de nuestros países es una apuesta casi de vida o muerte y no es imposible que se desate una catástrofe sangrienta como resultado del forcejeo de las facciones.

Las elecciones que se celebran este domingo en Colombia de nuevo ponen a la gente a escoger el camino de la catástrofe o el de la recuperación, y es muy probable que escoja el de la catástrofe, no tanto por perversidad o estupidez, sino por la indolencia de permitir que las minorías organizadas decidan por la mayoría.

Mientras que en numerosas regiones varias decenas de candidatos han sido asesinados o forzados a renunciar a su candidatura para favorecer a los candidatos del Polo Democrático o de algún sector del Partido Liberal que es útil a las FARC, en Bogotá (donde esas presiones son minoritarias y los cilindrazos tienden a ser más bien de varios millones de pesos dirigidos a los controladores de redes de “maquinaria”) aparece mejor situado en las encuestas un candidato apoyado por esos mismos beneficiados de la “lucha por la justicia social”.

Es decir, en Bogotá tiene grandes posibilidades de ocurrir que la gente premie con su voto a los que no piden a las FARC su desmovilización y ni siquiera les reprochan esos asesinatos recientes. Pero no importan los que votan por ese candidato, que en ningún caso llegarán a ser una cuarta parte de los que pueden votar, sino los abstencionistas y los que votan por candidatos sin esperanza, como si el resultado de su elección correspondiera a una transacción con su conciencia y los destinos de la ciudad importaran menos que el bienestar derivado de votar por idealismo.

La situación prueba algo que para muchos colombianos es difícil de digerir: que los problemas del país no tienen otro origen que los valores dominantes y que fenómenos como la guerrilla y el narcotráfico son verdaderamente representativos de la sociedad, en absoluto el fruto de circunstancias particulares en algunas regiones o de la oportunidad que genera la prohibición de las drogas. Puesta a escoger entre la estabilidad democrática y el ciclo caos-dictadura, la población colombiana, como la del resto de Sudamérica, más bien escogerá la segunda opción.

No está de más detenerse un poco a analizar al personaje que aspira a la alcaldía por esa facción. A diferencia de los demás líderes, descendientes de las familias bogotanas que se repartían los cargos de alto nivel ya en el siglo XIX, Samuel Moreno tiene algo de advenedizo, pues su pertenencia a la oligarquía le viene del golpe de Estado que dio su abuelo en 1953. Es claramente lo contrario de esos intelectuales que encandilan a la masa de lambones que conforman las clases altas capitalinas explotando el manual de retórica, es un individuo de rendimiento discreto que en cambio brilla por el evidente disfrute de los lujos que aspiran los demás a tener.

Característico de esa clase de magnates que heredan una serie de relaciones y la lealtad de algunas gentes que tuvieron acceso al poder o soñaron con tenerlo en otras épocas es su disponibilidad ideológica: es la clase de personas que conformaban el congreso que absolvió a Samper y que aun se destacaron defendiendo al cuestionado presidente financiado por el Cartel de Cali. En ese papel, Moreno encontraba amigos y apoyos para cimentar su carrera y asegurarse la copiosa renta que la sociedad colombiana asigna a los congresistas que conservan el puesto.

Es importante hacer hincapié en esas características porque la guerra sucia de los medios contra el personaje lleva a engaño a muchos. Él no es un activista revolucionario que crea en la necesidad de destruir el Estado de los opresores reaccionarios sino más bien un miembro de una familia de esa clase de opresores. Cuando hace unas declaraciones de legitimación de la guerrilla, aun de la que tomó la bandera del supuesto triunfo electoral de su abuelo en 1970, no manifiesta su punto de vista ideológico sino que recita la retórica que conviene a su carrera política en el denostado Congreso colombiano.

Se preguntaba sor Juana Inés de la Cruz en unos versos famosos “¿Y quién es más de culpar / aunque cualquiera mal haga, / la que peca por la paga / o el que paga por pecar?”. El señorito Moreno Rojas se muestra en esa entrevista legitimador de la lucha armada y aun de las dictaduras, pero ¡él peca por la excelente paga que tienen los congresistas en Colombia, amén de la infinidad de negocios a que tienen acceso! El problema es esa sociedad que tolera esas declaraciones, esos cientos de miles de bogotanos acomodados que efectivamente están siempre del lado de los dictadores como Fidel Castro (que era a quien aludía Samuel Moreno al hablar de dictadores).

Uno de los pretextos de la retórica comunista en Colombia es la rebelión contra la corrupción de las clases oligárquica. Este candidato consigue ser una síntesis de la mentira de esa retórica: es la corrupción de las clases oligárquicas la que produce esos sueños de despojo y atropello que se cristalizan en el proyecto comunista. La asociación de Samper con el Cartel de Cali no es menos grave que el apoyo que buscó en los comunistas y en los otros grupos de ex guerrilleros que ejercían en el Congreso de lobbistas de Santodomingo. Algún día se sabrá cuánto influyó todo eso en el ascenso de las FARC en esos años. Lo que significó para los colombianos humildes el despilfarro espantoso que significó mantener viajando a todos esos intelectuales por medio mundo ya se conoció en la miseria de los años de cambio de siglo.

Como si este revolucionario no tuviera suficiente con encarnar aquello que sus socios políticos dicen combatir, se da la circunstancia de que el movimiento que acaudilló su abuelo estaba formado en buena medida por ex militares y ex policías: ahora el nieto es candidato del partido que con el pretexto del DIH legitima tranquilamente que se asesine a militares y a policías. Y en aras de ocupar esos puestos formidables en que se hacen los grandes negocios, como los que según muchos bumangueses caracterizaron la gestión de su hermano en esa ciudad, ¡hasta viene a decir que el M-19 era parte de la Anapo! Pero se trataba de grupos de estudiantes comunistas de las universidades de elite que buscaban ser la vanguardia de un movimiento popular al que darían contenido con su programa guevarista.

La victoria de ese caballero se entenderá en el Secretariado de las FARC como una muestra de respaldo a su lucha, pues se trata del partido que exige la negociación de las leyes con la banda asesina con la complicidad tácita de TODOS los formadores de opinión de los grandes medios. Esa presión por la negociación, por el intercambio humanitario (en campañas por ese noble fin la administración Garzón se gastó cientos de millones), por el DIH y muchas otras nobles metas es la principal arma de guerra de las FARC, por eso el apoyo al PDA en su página web y en las regiones a través de la lucha armada (que es como se llama en la jerga de esas gentes a los asesinatos).

Ojalá que a los asesinados y secuestrados de los próximos años nadie les llegue a reprochar el haber permitido que la banda se recuperara y la guerra civil se reavivara. Pero también se podría pensar lo mismo de las víctimas adultas y educadas de varias décadas: su martirio tenía algo de vicio, muy pocos de ellos habían hecho algo para impedir que reinaran los carteles criminales, puede que ni siquiera un voto con sentido cívico.

sábado, diciembre 13, 2008

El crecimiento mal repartido

Publicado en Atrabilioso el 10/09/2007

Cada vez que se publican en Colombia estadísticas sobre economía los comentarios de los lectores son tan escandalosos como previsibles: nunca falta esa mayoría que dice que no son ciertos, que son cuentas manipuladas. No importa que sean noticias buenas o malas, siempre encontrarán alguna forma de justificar que hay alguna intención perversa detrás de su publicación, si las empresas pierden dinero, sin duda es mentira porque en la realidad están ganando mucho pero se lo están llevando a otros países; si ganan, es evidente que el gobierno trata de convencer a la gente de que todo va maravillosamente y no hay que preocuparse al ver tanto sufrimiento y tanto cristiano desnutrido y harapiento.

Pero la incredulidad es sólo un aspecto: otras veces se acepta la veracidad de los datos, pero la interpretación es el terreno de la creatividad: si las empresas pierden dinero sin duda es resultado de la política gubernamental, comprometida con el gran capital transnacional y servil ante las exigencias del FMI... Ya saben. Pero si ganan resulta evidente que el gobierno anda dedicado a favorecer a los ricos y a despojar sin cesar a los pobres, de modo que en lugar de ceder a una u otra presión sindical permite que los millonarios dueños de las empresas llenen sus arcas a costa del trabajo ajeno.

Así: sólo hay que leer o escuchar los comentarios de los colombianos ante las estadísticas sobre economía para encarar el rigor con que se hace frente a la verdad en el país. Pero es que de la disposición a mentir y a creer mentiras halagadoras o convenientes a la comisión de actos delictivos sólo hay un paso: perfectamente se puede convencer a los menesterosos de que los inventores de máquinas los despojaron de algo: ¿acaso no son estos últimos muy ricos? De agravios semejantes se nutren las esperanzas de redención que han "florecido" en Cuba, Corea del Norte, Camboya, Etiopía, etc. La miseria en Venezuela todavía no es suficientemente conocida en Colombia.

Pero vamos a referirnos sólo a los que llegan a admitir que las estadísticas son correctas y se publican sin mala intención: entre mediados de 2006 y mediados de 2007 la economía colombiana habría crecido por encima del 7 por ciento. ¡Lo malo es que ese crecimiento no está bien repartido!Desgraciadamente es inevitable repetirse: el contexto de la criminalidad en Colombia está rodeado de una vasta red de falacias de las que salen toda clase de inferencias que inexorablemente conducen al crimen, o lo llevan dentro como sobreentendido de una sociedad de valores primitivos. La de las estadísticas es una típica falacia: como es bien sabido, si el lector tiene dos millones de dólares y yo no tengo nada, en promedio tenemos un millón cada uno. Como se evalúa el crecimiento de la actividad económica, eso que se evalúa resulta formar parte de un mismo organismo. Pero no lo es. Un señor hizo un gran negocio y sus ingresos crecieron un 20 por ciento, otro dilapidó su patrimonio en borracheras y bacanales y redujo sus ingresos en un 80 por ciento, la experiencia de cada uno es diferente pero al contarse ambos va a resultar un probable descenso que depende del volumen de ingresos de cada uno.

De modo que si el dueño del puesto de arepas consiguió un local y dobló sus ventas y le dio trabajo a un conocido suyo que estaba desempleado, los ingresos del primero habrán subido un 50 por ciento (o algo así) y los del segundo aún más. Los de los demás habitantes de su barrio probablemente habrán subido menos, pero al evaluarse el conjunto del barrio va a resultar que ese aumento de ingresos se cuenta. ¿Qué va a pasar con los que no trabajaron o no ampliaron sus negocios o no aumentaron su productividad o no encontraron empleo? ¡Que resultan agraviados por la prosperidad de esos dos personajes! Ese crecimiento está mal repartido.

Esas razones son muy frecuentes entre los colombianos, pero son exactamente las que necesita un atracador para irse con su cuchillo a la esquina a media noche. De nada sirve explicarle que las personas lisiadas, ancianas, enfermas, apocadas, etc., son más pobres y débiles que él. Él siempre se comparará con los que tienen más ingresos y la credulidad que le provee el contexto cultural favorecerá una versión heroica de su arriesgada y aun justiciera labor.

La relación de esa mentalidad con la izquierda democrática es más bien obvia: quien conozca un poco a Venezuela sabrá que el presidente no desaprueba la delincuencia y que los delincuentes desempeñan un importante papel en su base social (en cuanto "poder local", es decir, maquinaria, sólo que aparte de conseguir votos son útiles para intimidar), y quien recuerde la retórica hegemónica en la prensa colombiana, por ejemplo del inolvidable Antonio Caballero, comprobará que para esta gente la delincuencia es el resultado inevitable de la pobreza, que a su vez es culpa del gobierno, pues el único que remediaría la pobreza sería uno en el que la presidencia recayera en cada uno de los airados justicieros que leen con emoción a su adalid.

Esa opinión sobre el crecimiento mal repartido es muy conocida y es característica de las personas que apoyan a los partidos de oposición. Una buena muestra de su objetividad. Podría ocurrir que se registrara un gran crecimiento del conjunto de la economía que sólo consistiera en aumentos de ingresos para los ricos, sin que eso significara ningún despojo para los pobres, sino al contrario, pues las rentas, sobre todo las empresariales pagan impuestos. Pero la realidad es bien diferente. Como comprueba quien analice el cuadro reproducido en este post, la décima parte más pobre de la sociedad ha aumentado sus ingresos en los últimos años mucho más que el resto. La teoría del crecimiento mal repartido no sólo parte de una falacia (el sobreentendido perverso de que los resultados de las inversiones o del trabajo deben repartirse entre los que ni invirtieron ni trabajaron), sino que sus conclusiones son falsas.

Pero es que hay una riqueza que no es producto del trabajo: la de los yacimientos de hidrocarburos y otros minerales. ¡Qué curioso! Esos ingresos sí que están mal repartidos. Ese dinero lo gasta el Estado en pagar sueldos altísimos a sus sindicalistas (la mitad de los empleados estatales están entre el 10 % más ricos de la sociedad; la otra mitad está formada por policías, señoras de los tintos, aseadoras, soldados, etc.). La riqueza repartida de forma inicua, qué curioso, está mal repartida a favor de los que se quejan de que el crecimiento está mal repartido.

Pero hay muchos otros caminos por los que esos recursos se gastan en beneficio de los ricos a costa de los pobres. La educación superior gratuita es sólo uno entre muchos ejemplos de cómo la gente excluida no recibe nada porque todo se va en proveer privilegios a sus defensores. Cosas de la mentalidad colombiana, del hatajo de mentiras con que se convive.

miércoles, diciembre 10, 2008

Las FARC, en defensa del Estado

Publicado en Atrabilioso el 17/09/2007

1. Invercolsa como síntoma. En una columna reciente dedicada a comentar los planes de las FARC para asesinarlo, Fernando Londoño cita unas frases encontradas en el computador de Carlos Antonio Lozada, entre las cuales me llamó la atención ésta: "... [Londoño] siempre ha estado del lado de los intereses del capital y en contra de los del Estado y el pueblo". Es verdad que esto se puede relacionar con el papel del ex ministro como litigante en procesos en que se demandaba al Estado, o aun con el famoso episodio de Invercolsa, pero esa interpretación ligera es más bien propia de quienes lo desconocen todo sobre el marxismo y de la disciplina ideológica de las FARC.

Pero el episodio de Invercolsa es sintomático de ese sentido de "Estado" que según las FARC está en el mismo lado del "pueblo" y tiene como opuestos al "capital" y a Londoño: el de la corporación de las personas que ocupan cargos públicos y viven de la máquina estatal. El delito (según Salomón Kalmanovitz, delitos) de Londoño produce una indignación generalizada porque compró unas acciones sin ser empleado de la empresa. El hecho de que esas acciones se vendieran muy por debajo de su valor a los empleados de la empresa no molesta a nadie. Puedo haber leído mil comentarios al respecto, y aun haber escrito decenas de veces que la sustracción de recursos comunes habría ocurrido igual si quien comprara las acciones fuera un empleado, pero eso resulta invisible para todos los comentaristas. Peor, en el caso de Kalmanovitz la explicación que se da es de un cinismo que supera con creces a Londoño: vender muy por debajo de su precio las acciones a los funcionarios estatales tenía por objeto ¡"democratizar la propiedad accionaria"!

2. Concepción del Estado. El Estado surge en todas partes como organización destinada a mantener un orden cuya esencia es la dominación. Casi siempre esa dominación tiene al principio características étnicas, la determina la conquista de un territorio por una comunidad guerrera que puede tener o no organización estatal previa. En el caso de la América española la labor de los representantes del Imperio era la administración del saqueo y la esclavización de los conquistados, respecto de los cuales las diferencias culturales eran tan rotundas que la asimilación sólo era posible a costa de destruir las sociedades tradicionales. De ese modo, la Corona española era la propietaria legal de las riquezas del continente y en los territorios sometidos sus agentes se constituyeron en la clase dominante. Es en esa organización, en sus valores y estructuras, aun en las personas que ocupaban los cargos de mayor jerarquía, donde está el origen del Estado colombiano. La independencia no alteró ese orden, salvo por la expulsión de los peninsulares.

El crecimiento de esa organización y la ampliación de sus tareas siguiendo la estela de las sociedades europeas y de las demás de Latinoamérica comportó una ampliación considerable de la masa de funcionarios. Eso aseguró la creación de posiciones de mando para la mayoría de los descendientes de los poderosos de antaño, salvo los que llegaron a ser suficientemente ricos para emigrar. Esa masa de funcionarios, es decir, de personas que contaron con "palanca" para conseguir los puestos o aun con la información y la instrucción que se requerían configuran una clase social específica cuyos intereses son muy diferentes a los de los demás grupos sociales. Por eso no hay una oposición significativa entre "el Estado" y los "trabajadores al servicio del Estado"; estos últimos requieren que haya provisión de recursos y siempre tienden a estar a favor de la expansión de competencias para la organización que les paga el sueldo. Los ¡trabajadores! al servicio del Estado son la clientela de las FARC, por eso uno nunca encuentra ninguna protesta de las personas que profesan la ideología socialista por atropellos como la venta de acciones de Invercolsa, sólo por la intrusión de un farsante que no era verdadero ¡trabajador!

3. El proyecto comunista. La forma de obrar del Partido Comunista a lo largo de su historia es típica: creación de organizaciones sectoriales de masas, de un núcleo de cuadros muy formados en la doctrina y con mucha frecuencia profesionalizados, en su día gracias a los recursos soviéticos; formación de guerrillas campesinas e infiltración y dominio de todas las organizaciones sindicales. En cualquier parte los comunistas habrían hecho lo mismo, pero en Colombia se encontraron con que el único sector de asalariados potencialmente interesados en la organización sindical y la presión de todo tipo eran los empleados estatales, es decir, los beneficiarios del sistema que en teoría el comunismo pretendía destruir, los amigos de los políticos de los partidos tradicionales, las personas de las clases acomodadas de las ciudades que podrían aspirar a obtener cómodas sinecuras gracias a su condición de privilegiados.

Grupos sociales como el magisterio, los empleados de empresas como Telecom y Ecopetrol, de las entidades públicas de salud, como el Seguro Social, etc., encontraron en las habilidades organizativas de los comunistas una verdadera mina para asegurarse privilegios y formas de presión irresistibles. Tanto por el afán de control de los comunistas como por la eficacia de la lucha sindical, la existencia de guerrillas relacionadas con el mismo partido fue de una utilidad extraordinaria. Gracias a esa fuerza fue posible convertir la minoritaria CSTC de los años setenta en la hegemónica CUT de los noventa. Y ciertamente los administradores y directivos no estaban para oponer mucha resistencia a esa presión. Si todo el mundo ha oído hablar de la ineficacia de las entidades públicas, en Colombia eso se multiplica; y con la perspectiva de una toma del poder por los comunistas, aún más. Los altos cargos siempre han estado pendientes de enriquecerse mientras ocupan sus puestos, no faltaría más sino que los arriesgaran o incluso se jugaran la vida para impedir la expansión del sindicalismo comunista.

4. El partido de los amos. De ese modo, sean cuales sean las creencias de los militantes, sin apartarse de la doctrina, el comunismo en Colombia lejos de ser una fuerza de rebelión que aprovecha el descontento de los excluidos es el principal frente de organización de la clase que desde siempre domina a la sociedad a través del Estado. El aspecto de explotación del resentimiento de gente humilde sólo funcionó con una minoría ínfima de campesinos desplazados a las zonas más inhóspitas y fue primero alimentado por los sueños de emular a Castro que prosperaron en las universidades y después por los recursos del narcotráfico. La capacidad de presión de los comunistas habría sido insignificante sin haber alcanzado la representación de los ¡trabajadores! estatales.

5. ¿Por qué necesitan la guerrilla? Esto es de la máxima importancia para entender por qué la llamada izquierda democrática no puede romper realmente con las FARC: a diferencia de Venezuela, falta el gran botín que repartir entre los pobres y por eso un triunfo electoral es realmente imposible. Quien pretenda hacer frente a la fuga de capitales, al aumento de cargos parasitarios y de prebendas para la base de asalariados estatales (y por tanto del gasto), al rechazo de la mayoría de los militares y de muchos otros sectores sociales, etc., no puede basar su aspiración en promesas y buenas palabras, necesita un elemento de disuasión eficaz. Es más o menos como si en Sudáfrica de después del apartheid se presentara un partido blanco con pretensiones de ganar las elecciones con el voto de los negros. Siempre perdería.

Así, lo que llegó a ser el comunismo en otros sitios (una sociedad de esclavitud generalizada en provecho de una casta) en Colombia sólo necesitó la resistencia de la sociedad tradicional a cualquier reforma liberal. La doctrina comunista partía del sueño de crear una sociedad sin clases y sin Estado, pero en Colombia ha significado la imposición más inicua de la jerarquía de "estratos" gracias al saqueo que se ejerce sobre todos los que trabajan a través del Estado, siguiendo la costumbre de la encomienda.

6. Guerra fría para rato. Pero la retórica comunista les sigue siendo necesaria: la vida intelectual en Colombia es tan precaria que la creencia en una superación del capitalismo por el socialismo es unánime, y por eso la afirmación de un orden de esclavitud sin la salmodia anticapitalista resultaría intolerable, sobre todo para los descendientes de los que exterminaron y esclavizaron a los aborígenes con el pretexto de la evangelización. No es que la guerra fría se mantenga por enquistamiento de odios, como supone un comentarista de El Espectador, sino que la gastada retórica comunista ayuda a mantener el dominio de la misma casta de siempre.

7. Divertimentos académicos. El episodio de las críticas de José Obdulio Gaviria a un profesor comunista de la Universidad Nacional que predica la violencia permite ver hasta qué punto por una parte el sentido de esa universidad es proveer rentas a los divulgadores de la doctrina y por la otra formar a los futuros activistas, cuya participación en la lucha dependerá de su estrato. Desgraciadamente en Colombia quejarse de esos proyectos se traduce en censurar el pensamiento y la larga ristra de amenazas que ha recibido el asesor presidencial se presentan como defensa de la libertad de expresión.Los lectores deberían por ejemplo prestar atención a esta revista que publica escritos de profesores de la Universidad Nacional. ¿Quién había de protestar por el contenido de estudios académicos? Para poner un ejemplo, este artículo, verdadera salmodia satánica que habría hecho sonrojar a Jojoy termina con esta belleza:
El contexto de la economía política colombiana analizado en este artículo, posibilita una gran respuesta popular en contra de este modelo de dominación, explotación y expoliación, tal y como viene ocurriendo en la mayor parte de los países de América Latina. Esta resistencia de los explotados y oprimidos debe proyectarse hacia gobiernos verdaderamente alternativos que empiecen a confrontar esta tiranía política y social del capital globalizado desde una perspectiva socialista.
Es lo que en sentido colombiano se llama rigor académico, por eso el profesor que predicaba la violencia, colaborador de la misma revista, fue defendido por decenas de columnistas con el cuento de que se trataba de una discusión académica. Lástima que esa violencia teórica se interprete de otro modo según la revista:
ESPACIO CRÍTICO es un proyecto de intelectuales e investigadores sociales que a través de sus trabajos de investigación en diversos campos de las ciencias sociales, la cultura y el pensamiento político, así como de sus análisis de la coyuntura política y económica, nacional e internacional, pretende contribuir a la causa del movimiento social y popular, constituirse en punto de apoyo de sus discusiones, de sus luchas y movilizaciones.
8. La larga conquista del Estado. A nadie debe caberle la menor duda: el que amenazó a Londoño sabe por qué pretende hablar en nombre del Estado: sólo les hace falta tener suerte mandando cilindros y masacrando soldados, la parte principal del control estatal ya la tienen y la sociedad colombiana no quiere salir del sopor y darse cuenta de que las FARC son la fuerza de choque de ese clero millonario y linajudo que en gran medida domina el Estado y simplemente ha heredado de sus antepasados encomenderos el mando y el hábito de mentir. Es tanta la ceguera que otro profesor de los que colabora en esa revista y escribe la misma retórica comunista ¡dirigía el Instituto para el Desarrollo de la Democracia!

9. Después del 91. De hecho, recientemente Eduardo Pizarro se felicitaba del gran triunfo de la "izquierda" que fue la Constitución del 91. Si se evalúan sus particularidades y lo que ha ocurrido después, por ejemplo con la Corte Constitucional, se puede ver que ni siquiera hace falta cambiar las leyes, sólo eliminar a quienes ven con temor el ascenso del paraíso socialista (que todo el mundo ha rechazado, salvo países más atrasados que Colombia como Venezuela, Bolivia o Nicaragua). Puede que el esfuerzo de los dos gobiernos de Uribe haya sido eficaz contra las FARC, pero el control del Estado por las redes de la llamada izquierda democrática no ha menguado. Y por otra parte es una tendencia demasiado profunda, con demasiado arraigo para que el Estado esté a salvo: sólo un programa audaz que reduzca el gasto público, sobre todo el destinado a adoctrinar terroristas, permitirá esperar que en Colombia se afiance la democracia liberal.

Pero es bien difícil.

lunes, diciembre 08, 2008

El pertinaz magnetismo de los fierros

Publicado en el blog Atrabilioso el 26/09/2007

Finalmente, el episodio de la polémica de Petro con los comandantes de las FARC sólo sirvió para mostrar que el PDA sigue siendo el aliado natural de la banda, por mucho que los medios intentan convencer a la gente de que se dio un rechazo enérgico a la banda. Por el contrario, lo que ocurrió fue que del proyectado debate sobre la relación de las FARC con la política colombiana nadie volvió a hablar.

Particularmente repugnante ha resultado al respecto la salida del ex ministro Rudolf Hommes, una muestra más de algo que no debería pasar inadvertido para nadie: la sospechosa adhesión de toda la camarilla de César Gaviria a los intereses de Chávez desde la crisis de abril de 2002. El artículo de Hommes termina con esta perla:

El Polo nos ha dado una lección de cómo se resuelven los problemas: en una sola sentada se pusieron de acuerdo sus dirigentes en lo principal, que era conservar a Petro y a Carlos Gaviria, repudiar a la guerrilla y trabajar juntos por la paz. ¿Podrá el país llegar a un acuerdo político para pasar de la "seguridad democrática" a la seguridad que se deriva de paz, prosperidad y justicia social? No podemos seguir patinando indefinidamente sobre lo mismo, y que todo a nuestro alrededor progrese, mientras aquí todo sigue igual.

Es un artículo mediante el cual se intenta convencer a la gente de que el gasto en seguridad es un error porque estaría mejor invertido en promover el desarrollo económico, como si el notable crecimiento de los últimos años no fuera el resultado precisamente de ese gasto en seguridad. Es muy llamativa la justificación de la guerrilla que hay en ese texto: no es que la seguridad provenga del esfuerzo por contener las amenazas de los criminales, sino de la paz que aparece ligada a la "justicia social". ¿Es la guerrilla el fruto de la "injusticia social"? ¿O es la tropa de los López y los Samper y los Santos y Santodomingo, junto con lo más granado de los linajes oligárquicos para asegurarse el dominio? La respuesta de Hommes es la misma que daría un Jaime Caycedo.

Pero respecto a que los líderes del PDA se pusieron de acuerdo para "repudiar a la guerrilla" y "trabajar juntos por la paz", nada mejor que prestar atención a la Declaración firmada por el Comité Ejecutivo Nacional y la bancada parlamentaria en la que según Hommes se repudia a la guerrilla. Aunque, ¿cómo puede alguien ponerse de acuerdo con quien recomienda no llamar "criminales" a las FARC porque es como pasarse de la raya y complicar las cosas? Tal prodigio es obra de la ex candidata a la vicepresidencia, Patricia Lara Salive.

DECLARACIÓN DEL COMITÉ EJECUTIVO NACIONAL DEL PDA
El Comité Ejecutivo Nacional del POLO, reunido en Bogotá el día 19 de septiembre expide, por unanimidad, la siguiente declaración:
1. El POLO es un partido pluralista, democrático y civilista en el cual conviven diversas tendencias unificadas en el acatamiento al Ideario de Unidad, los estatutos y los demás documentos programáticos que enmarcan su acción en el Estado Social de Derecho, y que rechazan el uso de las armas para acceder al poder o como instrumento de acción política para buscar beneficios en alianza con el narcotráfico, la guerrilla y el paramilitarismo.
[La redacción es torpe y el sentido es absurdo, pero parece que se trata de salvar la ambigüedad, es decir, no se lee "condenamos el uso de armas para acceder al poder", que sería una condena a las guerrillas, sino "el uso de armas para acceder al poder en alianza con las guerrillas", lo cual corresponde a un viejo asunto: "nosotros no usamos armas". Eso es completamente claro, el PDA se niega a usar armas para acceder al poder, nadie los ha acusado de eso, pero si rechazan el uso de armas para acceder al poder, ¿se debe entender que renuncian a la "solución política negociada del conflicto social y armado"? personajes como Rudolf Hommes aplauden la declaración, pero ¿acaso esa solución negociada no es la aceptación del uso de armas para acceder al poder? Queda claro, rechazan el uso de armas pero no van a prohibirles a otros usarlas. Es lo que han hecho siempre, no hay ninguna novedad.]
Reafirmamos la unidad del POLO como un partido con opción de poder. Existen bases sólidas ideológicas, políticas y organizativas que garantizan su unidad. El presidente Doctor Carlos Gaviria es garantía de esta unidad y símbolo ante el país, de nuestro compromiso con la institucionalidad democrática.
[Es decir, declaran que no se dividen y que como símbolo de su compromiso con la institucionalidad democrática escogen a un señor que dice que en Colombia no hay democracia y que quienes se levantan en armas y matan a decenas de miles de personas para imponer un régimen como el cubano tienen "motivaciones altruistas". Nadie debe esperar que pidan la desmovilización de las FARC, ya han declarado que siguen unidos, ya han desilusionado a los enemigos que querían que se dividieran.]
2. Respecto de la utilización de formas violentas de acción con propósitos electorales lo único que no puede ocultarse ante el país y el mundo es el hecho judicialmente probado de que la elección del Presidente Uribe, y sus amigos en el Congreso, estuvo acompañado de apoyos del paramilitarismo.
[Es decir, no hay motivos de división por afinidad con las guerrillas sino de unidad en torno a la denuncia de la afinidad del paramilitarismo con Uribe en procesos electorales. ¿Dónde está eso judicialmente probado? ¿Qué pasó en la última elección en el Tolima, en Nariño y en La Guajira? Ahora el problema de la unidad de fines con las FARC se reduce a las presiones armadas en las elecciones, y ante ese hecho más que evidente en zonas urbanas azotadas por las milicias, se responde con lo "judicialmente probado". Los que vienen a reconocer la rectitud del comunicado desde una supuesta veeduría cívica terminan asqueando más que los pobres niños castra-policías.]
3. De igual manera, es parte del ideario político del POLO el rechazo de los métodos utilizados por distintos protagonistas de la confrontación en el conflicto armado interno tipificados como infracciones a las normas del Derecho Internacional Humanitario, crímenes de guerra o de lesa humanidad. El POLO condena todas estas prácticas atroces, así como la toma de rehenes, reclutamiento de menores, actos de violencia sexual, ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas, retenciones arbitrarias, torturas, uso de armas y explosivos de acción indiscriminada, ataques a bienes e infraestructura, servicios públicos, a la población civil y todo acto de terrorismo.
[Qué pérdida de tiempo leer todo esto: ¿dónde está el rechazo al levantamiento armado? No se condena el hecho de que las FARC existan y pretendan imponer un régimen de esclavitud, sino los "métodos" que se emplean. Hace falta mucho cinismo para no ver en ese párrafo el llamado a matar soldados y policías, conducta que no infringe el DIH y que ningún sector del PDA ha condenado nunca. Realmente, los motivos de Hommes han de ser muy viles (y copiosos) para llegar a encontrar "repudio" de la guerrilla en semejante texto.]
4. Nos oponemos una vez más a la violencia, al terrorismo y a la guerra. Reafirmamos nuestro apoyo a la solución política del conflicto armado. Condenamos el homicidio de los once diputados del departamento del Valle. Señalamos la responsabilidad de sus captores, las FARC, en su trágico final. Rechazamos la práctica del secuestro, exigimos la libertad de todos los cautivos y presos políticos, y respaldamos las iniciativas de la comunidad internacional y de Jefes de Estado por el intercambio humanitario y el cese de la violencia y de la guerra.
[Pero ¿cuáles son los presos políticos? ¿En Colombia hay presos políticos? ¡Se está diciendo que los asesinos de las FARC que están presos por matar gente son presos políticos! ¿Piden la libertad de los secuestrados? NO: hace falta dirigirse a colombianos para que les quepa en la cabeza que se pida la libertad de los secuestrados y al mismo tiempo el "intercambio humanitario". El "rechazo de la guerra" es también típico, tras la masacre de El Nogal salieron a gritar "Ni un peso más para la guerra"; en cuanto al "cese de la violencia y la guerra", ¿alguien duda de que también es un objetivo del Secretariado de las FARC? Simplemente hay dos opciones, o las FARC desisten o se las premia. El PDA declara estar por el premio de la labor de las FARC, nadie debe entender otra cosa, decir "Acójanse a la Ley de Justicia y Paz", por complaciente que esta ley les parezca con el crimen, no es nada difícil. El PDA es claro, ve el conflicto como un hecho consumado y quiere su solución negociada de forma que se reconozca a las FARC igual legitimidad que al Estado; el problema es la moralidad de los demás colombianos, no sólo de los que mejoran sus ingresos gracias a su credulidad.]
5. No aceptamos y condenamos las declaraciones hechas por miembros de las FARC en contra de Gustavo Petro, María Emma Mejía, Luis Eduardo Garzón y Antonio Navarro y otros dirigentes del POLO, así como los señalamientos del jefe del Estado y otros funcionarios contra los integrantes y líderes de nuestro partido como “guerrilleros de civil”; y las amenazas a candidatos y candidatas de nuestro partido y de otros partidos, por parte de cualquiera de los actores armados ilegales y cuerpos de seguridad del Estado, a quienes les exigimos el respeto y la no interferencia en el proceso electoral que se avecina.
De la misma manera, rechazamos el montaje y las acusaciones falsas y temerarias contra el Senador del POLO Alexander López, hechas por un integrante activo de grupos paramilitares, preso en la cárcel de Palmira.
[Pero, ¿dónde están las amenazas de los cuerpos de seguridad del Estado? Sólo se pretende convertir a las instituciones en algo equivalente a la tropa de asesinos a los que apoyan la mayoría de los miembros del Polo. Lo de "exigir respeto" es otro paso de legitimación: ¿se está contra los asesinos o se "exige respeto" de ellos? ¿Se les pide su renuncia a imponer su programa o se lidia con ellos aceptando su papel? No debería pasarse por alto que según ese párrafo las FARC resultan igual de legítimas que el ejército.]
6. El POLO ratifica la condena a las políticas antidemocráticas, guerreristas y antipopulares del presidente Alvaro Uribe, porque ellas son contrarias a los intereses económicos sociales y políticos de los colombianos y al programa del POLO.
[Es decir, el intento de brindar seguridad, como habitualmente, es "guerrerismo" y es "antipopular".]

La ausencia de denuncias por parte de los políticos afines al gobierno de esa declaración y en general de toda la trayectoria del PDA y de los medios amigos (toda la gran prensa), que NUNCA han pedido la desmovilización de las guerrillas, sólo es muestra de algo que denunció Octavio Paz hace varias décadas: la derecha en Latinoamérica no tiene ideas, sólo tiene intereses. Pero la sociedad colombiana no debe dejarse engañar: todo el poder de las guerrillas deriva de la solidaridad que obtienen de sectores sociales y políticos influyentes. Sin esa solidaridad no tendrían la menor esperanza de llegar a ninguna parte.

Y es lícito mantenerse en algo que hemos dicho hace años: apoyar mediante el voto a quienes promueven la continuación de los asesinatos y no su fin es una forma de ser cómplices de esos crímenes. Si se tiene en cuenta que el poder político que esperan obtener de una negociación que significa simplemente la abolición de la democracia irá a parar a manos de los dirigentes del PDA y no de los pobres rústicos que forman parte de las guerrillas, esa complicidad se hace más clara y más repugnante.

viernes, diciembre 05, 2008

Ni Gore ni el gore

Publicado en el blog Desenlace sin fin el 29/04/2007

La publicación a comienzos de la semana anterior de una separata en la prensa con toda clase de detalles escabrosos de los crímenes de las AUC (principalmente, como era de temerse), sólo es el paso siguiente a la arremetida de Petro, algo que estaba perfectamene calculado y que se concibió al mismo tiempo que el debate. Ambas cosas forman parte de la campaña electoral de la izquierda democrática.

Y esto no tiene por qué ser una mala noticia: constituye una tácita aceptación de la democracia, si bien sus cálculos se basan en el control que han alcanzado gracias a sus fuerzas de choque de muchísimas nóminas estatales y también de las maquinarias de compra de votos que antes servían al llamado liberalismo. En cualquier caso, es preferible que busquen los votos engañando a la gente que asustándola con masacres como la de Bojayá (la cual multiplicó milagrosamente la intención de voto por Luis Eduardo Garzón en las elecciones presidenciales de 2002).

Lo que pasa es que probablemente van a tener que volver a las bombas porque la estrategia no da resultado. El desplante de Al Gore a Uribe despertó entre los colombianos sobre todo solidaridad con el presidente, por no hablar del daño que podría hacer a los intereses del Partido Demócrata el que se haga publicidad sobre su tácito apoyo a una formación como el PDA. Cuanta más información llegue a la gente del primer mundo sobre Colombia menos posibilidades habrá de justificar las pretensiones de la izquierda democrática y sus niños (negociación política). Con lo que toda la campaña tiene un efecto de corto plazo que no parece prometer muchos votos a esa facción. Salvo que esperen completarla con una arremetida de terror en la fase final de la campaña electoral.

Lo mismo ocurre con la manipulación de las noticias de atrocidades, algo que evoca el cine gore. Esa exhibición tiene por objeto forzar en la gente una condena del gobierno, al que tácitamente se hace culpable de esos crímenes. Por lo general el método consiste en debilitar cualquier sentido crítico gracias al impacto de las imágenes atroces, claro que para producir ese impacto no es necesario que haya delante pruebas de perversidad o crueldad, puede bastar un quirófano o el resultado de un accidente de tráfico. Se pretende sensibilizar a esa parte de la sociedad que ve en el llamado paramilitarismo un mal necesario, hacerla sentir cómplice de unos criminales monstruosos…

Pésima estrategia electoral. La capacidad de mentira y ocultación de los medios, que se pone de manifiesto cada vez que las víctimas son soldados y policías, se agotará antes de que la gente decida apoyar a los que ni siquiera condenan los secuestros. Al igual que se ha agotado la capacidad de culpar al gobierno de las bombas. De modo que la próxima vez que encarguen una monstruosidad para alentar el voto por sus pupilos lo que se encontrarán es con gente que por nada del mundo quiere ser cómplice de quienes esperan sacar provecho de esos hechos.

Y los que creen que el paramilitarismo es o fue un mal necesario merecen todo el reproche de la sociedad. Quienes recuerdan la situación colombiana en 2000 y 2001, cuando se oían tantas voces desesperadas clamando por una intervención estadounidense que no llegaría o esperanzadas en que la banda de asesinos de Castaño y Mancuso salvaría al país de la caída en manos de la izquierda democrática, comprobarán que hubo una alternativa distinta: elegir a un gobierno comprometido con el imperio de la ley. Un gobierno que no pretendiera complacer a los terroristas. El resultado ha sido la reducción casi de ensueño de los indicadores de violencia, algo que angustia a la izquierda democrática que ve alejarse las prebendas y los cargos vitalicios.

Esa reducción de la violencia es la gran conquista cívica de esta década. No la van a echar a perder con campañas de calumnias ni con manipulaciones como las imágenes de atrocidades. Cada día que alguien se pregunta por la causa de todo eso empieza a revolotear una luciérnaga que alumbra los nombres de las camarillas oligárquicas que lanzaron la revolución, como la de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional en los años sesentao, o la de la revista Alternativa. Y una pregunta a la que los farsantes del cartel de la calumnia no podrán contestar:

¿Por qué el PDA no pide a las guerrillas que desistan de su guerra?

lunes, diciembre 01, 2008

Farc 25, Estado 0

Publicado en El Andurrial el 13/05/2007

Las noticias que aparecen en la prensa sobre los asesinatos del último mes no podrían ser más expresivas de la doctrina con que se pretende encubrir el interés de los dueños y en fin de las castas oligárquicas en asegurarse una parte del poder gracias a una negociación política, para lo cual las guerrillas necesitan expandir su poder, es decir, matar a muchos soldados y policías.

Esto, siguiendo con esa doctrina, no tiene nada de reprobable sino que forma parte del conflicto. Si las familias de esos muchachos leyeran la prensa se encontrarían con la escueta definición: “¿Han muerto sus hijos?, son gajes del conflicto”.

Es importante recordar que se atribuye la especialización en el asesinato de miembros de las instituciones armadas como parte de una nueva estrategia orientada a buscar la salida de las FARC de la lista de organizaciones terroristas de la UE y para adquirir legitimidad. Por una parte lo que hacen es poner en práctica la doctrina de El Tiempo, que siempre ha aconsejado matar sólo militares y defiende las teorías según las cuales eso entra en el terreno de lo tolerado por el DIH.

Pero por la otra, lo más grave, la conducta del periódico es casi de aprobación: sólo hay condena cuando se generan escándalos por el asesinato de civiles, que es como cuando una madama protesta porque una de sus pupilas se enamoró de un cliente. Parece que el asesinato de soldados no pusiera en peligro a los civiles sino que se tratara de los resultados de un deporte ajeno y desagradable.

Más audaz y directo, el PDA publicó una declaración que es exactamente la labor de cobrar las masacres. Eso sí, lamentando las muertes, como toda persona educada tiene que hacer:

El Polo reitera y emplaza al gobierno y a la guerrilla para que exploren, ahora y para siempre, nuevos caminos que permitan transitar hacia una salida política negociada al conflicto, para el cual el acuerdo humanitario podría constituir el punto de partida.

Persistir en la guerra solo seguirá dejando pobreza, abandono y luto en los hogares colombianos.
Como si a usted lo atracan y usted trata de defenderse, siempre sale un ecuánime que exclama: “Dejen ya de peliar“. Con asombrosa brevedad el PDA muestra cuáles son sus pretensiones:

1. Que se acepte que “gobierno” y “FARC” son entidades comparables. “Se pide a las señoritas violadas evitar los arañazos en aras de una cópula placentera para parte y parte”. Es decir, tácitamente hay un reconocimiento de legitimidad a las FARC. ¿O no?

2. Los actos también son equivalentes. Sin presencia de soldados la exacción sería muchísimo mayor y también los asesinatos y secuestros que servirían para asegurar el poder, con lo que los soldados estaban allá porque el gobierno los mandó y el gobierno es tan responsable de su muerte como las FARC. Lo que tienen que hacer es negociar la paz, ni mandar a los soldados a impedir secuestros, vacunas, reclutamiento de niños, destrucción de infraestructura…, ni mandar a los niños a matar a los soldados. Paz, paz.

3. Pero ¿es que acaso el gobierno se niega a negociar? Negociar sin alto el fuego sólo es dar ventajas a las FARC para matar más y expandir su poder. Cuando se llama al gobierno y a las FARC a sentarse a negociar se está diciendo de forma subrepticia que la negociación debe ser como la pretenden las FARC, es decir, volver al Caguán. ¡A que nadie se acuerda de que el programa político del PDA es exactamente el mismo de las FARC!

4. El primer paso de esa renuncia a los logros de los últimos cinco años es naturalmente el intercambio de menos de 60 rehenes por 500 secuestradores, cosa a la que el gobierno nunca se ha negado. Lo “humanitario” es la exigencia de que se les permita volver a secuestrar gente. ¿No es lo que pide el PDA con las movilizaciones de familiares de secuestrados por el canje?

Es decir, Persistir en la guerra solo seguirá dejando pobreza, abandono y luto en los hogares colombianos, pero la única forma que tiene el gobierno de no persistir en la guerra es entregar de una vez el país a las FARC, pues los caminos que se piden para no persistir en la guerra extrañamente sólo sirven para que las FARC persistan.

Nietzsche hablaba de la inocencia del devenir. Hay algo de esos criminales que es como una fatalidad, como cuando las águilas se lanzan en picada a matar animalitos en lugar de alimentarse de pasto como el burro filósofo del ejemplo de Estanislao Zuleta. El problema no es que existan ellos ni que cuenten con tantos cómplices entusiastas y esperanzados en el botín, el problema es el silencio y la ambivalencia de la mayoría. Si la gente se atreviera a desaprobar eso la guerra duraría semanas y todos los guerrilleros que pudieran asegurarse unos cuantos millones desertarían.

Pero tanto la prensa como la izquierda democrática (es decir, el totalitarismo criminal, usando un lenguaje veraz) representan fuerzas poderosas en Colombia. La guerrilla sólo es el intento de hacer la guerra con los hijos ajenos, contando con la ventaja de que al expresar los valores profundos de la sociedad (esclavismo) no encontrarán resistencia. En los años del cambio de siglo hubo alrededor de diez secuestros diarios: el resultado de los respetables triunfos militares de los rebeldes en la década anterior.

Los que toleran esa visión de la prensa y del partido de los asesinos impunes son cómplices de los crímenes venideros. Pero a decir verdad son la mayoría.

El polvo blanco y el oro negro

Publicado en el blog El Andurrial el 22/04/2007


Antes de que el narcotráfico se enseñoreara de la sociedad colombiana hubo una clara hegemonía ideológica del sistema de valores que le permitiría imponerse. Para la inmensa mayoría de los colombianos educados en los años sesenta y setenta, el bienestar del país debía provenir de un precio «justo» de las materias primas que los estadounidenses nos «robaban» (por no haber gobiernos «dignos» que «lucharan» por el pueblo).

Ese discurso sigue siendo el que predomina en los sectores sociales que se conocen como izquierda democrática, tanto en sus organizaciones armadas como en las que operan dentro de la legalidad, que en algunos textos característicos son por completo indistinguibles, como en este escrito de William Ospina. (Se recomienda en especial, caso de que se siga el enlace, las alusiones a Chávez para ver el sentido rentista del discurso de esa facción). Lo que permitió el narcotráfico, es decir, que muchas personas se dedicaran a una industria criminal cuya rentabilidad se basa en la ilegalidad y el peligro, fue esa sensación generalizada de agravio respecto a la gente de los países desarrollados. Lo que hacía justificable ese rencor era el supuesto robo de los recursos naturales.

Y el problema es el sobreentendido que va dentro y que sólo con mucha obstinación se descubre. Salvador de Madariaga decía que en Bolívar coexistían la arrogancia del conquistador y el resentimiento del conquistado. Eso parece darse en casi todos los latinoamericanos. El sobreentendido no se nota porque, según las rutinas católicas en que viven los colombianos, la sed de justicia del pobre parece la manifestación misma del bien. No se ve que también hay un valor propio de los criollos y de los castellanos viejos: que no hace falta trabajar.

Coca y petróleo tienen eso en común, que el trabajo es mínimo en comparación con la rentabilidad. En el caso del mineral porque está en el territorio dominado por un Estado; en el de la droga, porque la prohibición multiplica el precio. Y cuando se piensa en la decadencia de un país como Irak se encuentra precisamente eso: la caída de la gallina de los huevos de oro en manos de una banda mafiosa eficazmente organizada. Sin esa riqueza Irak habría sufrido muchísimo menos. Y no menciono a Venezuela porque ese país aún no ha vivido completo su viacrucis.

Porque esas fuentes de riqueza sólo sirven para hacer más poderoso al que vive de la fuerza, del asesinato, del terror, del control paranoico, respecto del que trabaja. En última instancia la izquierda democrática es el partido de los que viven de rentas y las obtienen gracias a sus conexiones, es decir, gracias a su origen social. La organización que les provee esas rentas se puede llamar izquierda democrática como en Colombia o Estado bolivariano como en Venezuela, en uno y otro caso de lo que se trata es de repartir entre unos pocos el botín petrolero y de conservar el dominio de la máquina estatal para asegurarse esos ingresos.

Por eso es ocioso desesperarse ante Chávez y atribuirle singularidades psicológicas: fatalmente el petróleo cae en manos de mafiosos. Y por eso es inconcebible una renovación real de Colombia sin hacer frente a ese discurso de la educación pública: Colombia necesita que su población trabajadora pese más en la economía que la suma de petróleo y cocaína. Por eso es tan necesario que el gobierno implante medidas que favorezcan la creación y expansión de las empresas y la contratación laboral, porque los países realmente ricos y respetados son aquellos que no tienen otras fuentes milagrosas de renta que el trabajo concienzudo de su población: Japón, Corea del Sur, Suiza.

Ésa es la diferencia entre la población que muestra benevolencia ante el gobierno de Uribe y la minoría que quiere que se dé poder a los secuestradores. Entre la derecha y la izquierda democrática. En el primer grupo está la gente que no tiene contactos para conseguir empleos estatales y que no ha encontrado otra fuente de ingreso que el trabajo. En el segundo están los legalizadores que extrañamente se olvidan de que el programa de su partido exige que se necocien las leyes con una organización de narcotraficantes, como lo es las FARC.

martes, noviembre 18, 2008

Filántropos complementarios

Publicado en el blog Liberal Colombiano el 18/06/2007


Cuando se piensa en la actitud de los demócratas norteamericanos ante Colombia siempre queda la duda acerca de sus verdaderas intenciones e intereses. Por una parte es evidente que hay una franja de la opinión que se opone al libre comercio con competidores que juegan con ventaja (mano de obra, combustibles, servicios y alquileres más baratos), y que esa franja está en la base del Partido Demócrata, pero a eso se añade el factor ideológico: el extraño apego a la democracia que llevó a gobiernos como el de Carter a apoyar el ascenso sandinista.

A mí me parece que este factor corresponde más a hipocresía, que realmente a los políticos que se ensañan con Uribe les importa muy poco lo que les pase a las víctimas de la violencia en Colombia y que sólo buscan mostrar un aspecto grato a la buena conciencia de sus votantes. Pero incluso en éstos se percibe ese mismo efecto perverso de la compasión y la caridad: les encanta que haya gente miserable y desesperada a la cual tratar con condescendencia, en realidad no pierden nada si se multiplican las muertes en Colombia, sino que la persistencia del conflicto les sirve de pretexto para reforzar su esquema ideológico de un mundo amenazado por los reaccionarios religiosos republicanos y sus aliados en Latinoamérica.

En eso se debería pensar al percibir la extraña alianza de los demócratas con los socios del narcoterrorismo en Colombia (sí, los que quieren que se permita a las FARC hacer acopio de armas y exportar cocaína gracias al despeje de una amplia zona en el Valle del Cauca, en su jerga canallesca intercambio humanitario, o que las masacres se conviertan en fuente de derecho y se premien con cargos públicos y presupuestos, es decir, la solución política negociada, o la constituyente de paz, pues se trata de unos asesinos con mucha facilidad de palabra). Sobre todo si se tiene en cuenta que entre los artífices del despeje del Caguán destaca en primerísimo lugar la administración Clinton, cuyos representantes llegaron a reunirse con los de las FARC en Costa Rica.

Un episodio del Caguán me permite saltar del tema de los intereses de los demócratas al de la forma en que todo eso se percibe en Colombia: ¿habrá quien todavía recuerde que el presidente de la bolsa de Nueva York fue al Caguán a reunirse con Tirofijo por petición de Bill Clinton? Ese simpático apaciguador no perdía nada porque en esos años gracias al despeje fueran secuestrados varios miles de colombianos, pero lo interesante es que Fernando Garavito, un columnista muy representativo de la prensa del país y de su clase intelectual (también es un poeta con algún renombre y estuvo casado con la suicida María Mercedes Carranza), ¡salió con que el presidente de la bolsa estaba negociando con Tirofijo las inversiones de las FARC!

De eso nadie se sorprendió. ¿Cuántos colombianos aceptarían esa teoría? Mucho me temo que la mayoría, en el supuesto de que leyeran la prensa. A fin de cuentas, uno de los argumentos favoritos contra el TLC es que no puede haber libre comercio cuando alguien vende las cosas demasiado baratas (los cereales subsidiados, que podrían abaratar la comida de los pobres en Colombia). ¡Contra tan odiosa pretensión trabajan los compañeros del PDA, defensores de las justas reivindicaciones de los obreros estadounidenses!

Hay una extraña armonía en la forma en que se comprenden y complementan los nuevos aislacionistas y los supervivientes del comunismo: los del norte son tan buenas personas que no quieren destruir a Colombia vendiéndole cereales subsidiados y los del trópico reivindican sobre todo la solidaridad de clase, no vaya a ser que por crear puestos de trabajo en Colombia se abaraten los sueldos de los estadounidenses. Del mismo modo, unos y otros buscan por todos los medios que fracase el único gobierno en varias décadas que ha reducido drásticamente todos los indicadores de violencia y ha favorecido un salto en los de PIB y desarrollo humano que parecería increíble en un país que hace menos de una década estaba al borde del abismo.

Es que cuando la izquierda democrática haya conseguido el retorno a los diez secuestros diarios la buena conciencia de los votantes de Obama no habrá sufrido ninguna merma, y puede que su economía tampoco. La pasión antiamericana servirá para defender los ingresos de los sectores menos dinámicos de EE UU y el humanismo desinteresado para alentar el asesinato en masa.