lunes, abril 11, 2011

Esplendores y miserias de las "narcorrepúblicas"


Si hay algo detestable es ese prefijo "narco" que se popularizó en Colombia en los años setenta y que parece resumir la forma de vida del país: la cocaína es un narcótico tal como los temibles socios del terrorismo, como el sacerdote jesuita Javier Giraldo o la ex senadora Piedad Córdoba, son "defensores de los derechos humanos". Bah, Colombia es el mundo al revés, los privilegios escandalosos de los políticos de la Universidad Nacional, que no son elegidos ni evaluados por nadie y en últimas se dedican a impulsar su carrera política, aun en una utopía de partido único, se definen como "justicia social".

Pero ya no hay modo de cambiar el hecho de que el embajador estadounidense en tiempos de Samper describiera a Colombia como una "narcorrepública", como una república sometida al poder de las organizaciones de traficantes de drogas. Esa triste condición se logró transformar en alguna medida durante la presidencia de Uribe, con muchísimas extradiciones de miembros de las organizaciones criminales, con la fumigación de las áreas cultivadas y con una intensa colaboración de las instituciones que obedecían al poder ejecutivo con las autoridades judiciales estadounidenses y la DEA.

Esa colaboración expresa una actitud clara por parte de los gobiernos de Uribe frente a las mafias de traficantes de drogas, actitud que dista mucho de la de los que difaman al ex presidente, casi siempre justificadores de Piedad Córdoba o de Ernesto Samper, o bien embaucadores que con el pretexto de criticar la prohibición del tráfico legitiman a los traficantes. La firmeza frente a este problema es un punto central de cualquier propuesta política, sobre todo considerando que desgraciadamente abundan los políticos que suponen que dichas mafias son un problema estadounidense y no el poder criminal que destruye a Colombia. Reprochar a EE UU su prohibicionismo o su ineficacia en la persecución o su comedimiento a la hora de aportar fondos es como ostentar grandes virtudes franciscanas a la hora de juzgar a los joyeros o a sus clientes e ir a exigirles una compensación por el esfuerzo que hacemos para que nuestros hijos no los asalten.

Como siempre ocurre en Colombia, "las leyes son para los de ruana", si bien esta prenda ha caído en desuso: cuando se piensa en los intereses ligados al tráfico de drogas ilícitas la responsabilidad se acaba en los exportadores o en sus agentes. Más arriba puede ponerse en práctica lo de la "ventanilla siniestra", puede un ex presidente reunirse con los jefes de la industria, puede otro ser elegido con aportes de esas organizaciones y aun librarse por pura suerte de todos los testigos y hasta pueden los magistrados de la más alta instancia judicial tener tratos con los traficantes y castigar cruelmente a quienes los descubren. Al menos la prensa colombiana no tiene el menor reproche frente a todo eso, si bien hay que entender que la prensa colombiana pertenece a la familia de dichos ex presidentes o de sus testaferros y socios.

La conducta de esos clanes políticos es lo que más determina la calificación de Colombia como "narcorrepública": cuando se piensa en el asesinato de Luis Carlos Galán se tiende a olvidar que a Pablo Escobar lo aconsejaba un político subordinado al mismo prócer que creó la "ventanilla siniestra" y se reunió con los "capos" mafiosos en Panamá (a saber quién aconsejaría a Santofimio), que la revista del hijo del prócer tiende a exculpar a dicho ex ministro, así como a descalificar todos los testimonios que relacionan a Samper y Serpa con el asesinato de Álvaro Gómez Hurtado, que el principal columnista de dicha revista, sobrino político del mismo prócer, acusa a la CIA del asesinato de Galán...

Cuando se habla de eso siempre es necesario aclarar que la relación entre un vasto poder político-financiero de muchas generaciones y una actividad como el tráfico de drogas no puede ser manifiesta. Se trata de magnates desaprensivos y no de idiotas, basta con pensar en la abundancia de dólares en el mercado y en las posibilidades de especulación, o en dicha actividad relacionada con la propiedad inmobiliaria, en la que sin duda los grandes grupos económicos tienen intereses, en lo que puede significar para la bolsa y su valor esa inyección de capital, etc., para entender que esos negocios pueden interesar al poder, por no hablar del papel de la política, siempre condicionada por organizaciones que en últimas favorecen la perpetuación del poder de tales clanes.

Esa determinación de dicho poder fáctico determina la extraña actitud generalizada de los líderes de la opinión de adhesión a la ex senadora que ejerce de portavoz de las FARC, la hostilidad enfermiza que tienen casi todos contra el ex presidente Uribe, la disposición del recio ecologista Daniel Samper Pizano a combatir el uso del "glifosfato", como lo llamaba, el unanimismo en torno a las cómicas teorías del otro líder de la opinión y de la clase alta, Antonio Caballero, sobre las verdaderas motivaciones de quienes prohíben el tráfico de drogas... Cierta, ¿cómo llamarla?, "ideología colombiana" que resulta difícil de concebir como algo posible a quien no tiene una relación cotidiana con los consumidores de dicha prensa o con quienes se "forman" en las universidades del país.

Pero cuando se habla de "narcorrepúblicas" Colombia no está sola: el ascenso de la izquierda democrática en cuatro países vecinos los ha conducido a una situación parecida o puede que peor. Mejor dicho, peor por un tiempo, pues mucho me temo que con el nuevo rumbo del país pronto los alcancemos. Venezuela es el conocido "narcosantuario de las FARC" y no es ninguna casualidad que el dictador expulsara a la DEA, por mucho que se justificara en retórica soberanista. Ecuador también tomó ese rumbo al dar por terminada la concesión con que operaba la base de Manta. Bolivia eligió a un líder de los cultivadores de coca, que en medio de su pobreza puede que sacrifiquen una parte de sus tradiciones para obtener dinero, y Nicaragua también es un país en el que el tráfico de drogas tiene un papel creciente.

Como uno espera que lo lean personas mayores de ocho años, no habrá que buscar en el actual gobierno colombiano una declaración de alianza con los traficantes de cocaína. Sin embargo, lo que ha hecho en los cinco meses que lleva el presidente Santos ejerciendo es claramente eso. ¿A nadie sorprende que todos los creadores de opinión lo apoyen? Habría que pensar que el éxito de Uribe fue tanto que las mafias desaparecieron o dejaron de influir en la prensa, pero no hay tal: los intereses asociados a dichas mafias están felices con el nuevo gobierno, por eso la desconcertante ausencia de críticas por parte de quienes en la campaña electoral parecían dispuestos a descuartizar al candidato.

Uno de los datos fundamentales a la hora de evaluar la veracidad de lo que digo es la alianza con la Corte Suprema de Justicia. Primero desistiendo de una reforma que afectara sus intereses, pues ¿cómo va a consensuar el poder político elegido una reforma con quienes resultarían afectados por ella? Es como si la declaración de abolición de la monarquía requiriera la aprobación del monarca. Un quiasmo, un disparate, detrás del cual está el afán de Santos de conseguir apoyos para perseguir el uribismo. Después, esa disposición se agravó con el cambio de la terna de fiscal, abierta legitimación del prevaricato y también consumación de la alianza con Ernesto Samper: la nueva fiscal parece nombrada para tapar los testimonios que comprometen al ex presidente y a sus funcionarios en el asesinato de Álvaro Gómez Hurtado.

El sobreentendido que subyace a tan generosa disposición del señor Santos es que las relaciones de los magistrados con Giorgio Sale, Ascensio Reyes, Macaco, Mancuso y otros personajes parecidos era pura afición al karaoke: la Realpolitik llega a ser un cinismo tan escandaloso que parece más propio de Pablo Escobar que de alguien que ha vivido en Londres. La alianza con Samper es algo parecido: el poder de la prensa se vuelca en apoyo del presidente, y a cambio se consiguen excelentes relaciones con el nuevo mejor amigo y un ambiente amistoso con las demás "narcorrepúblicas", motivo por el que la arquetípica investigadora de la Universidad Nacional Socorro Ramírez felicitaba al gobierno.

Otra prueba de esa alianza es la negativa a divulgar el contenido de los computadores del "Mono Jojoy". ¿Se imaginan la cantidad de intermediarios, de testaferros, de cómplices de diverso tipo que encontraría la gente si se publicara el contenido de esos computadores. como proponía Fernando Londoño. La impunidad de esos personajes, o su sumisión a la maquinaria política del presidente, le conviene al gobierno más que el combate al tráfico de drogas y a las bandas terroristas. De hecho, para el interés de hacer todopoderoso su clan familiar, sería muy inconveniente que resultaran encarcelados cientos o miles de discípulos del hermano del presidente, director de la protochavista y proguerrillera revista Alternativa.

La alianza de Santos con el Foro de Sao Paulo llega al extremo de proponer como candidata a la presidencia de Unasur a María Emma Mejía, antigua candidata del Polo Democrático, es decir, del Partido Comunista, a la alcaldía de Bogotá. Las retaliaciones que podría tomar el gobierno estadounidense ante dicha actitud se resolvían, en los cálculos del gobierno, en la disposición del gobierno de Obama, expresión de sectores políticos que falsean la democracia y la convierten en demagogia y viven del engaño (como la supuesta pérdida de empleos por el TLC con Colombia o la supuesta persecución del gobierno colombiano a los sindicalistas). Todo el mundo se preguntará cómo es que la señora Clinton se muestra tan dispuesta al entendimiento con Chávez. La explicación es simple: Obama y su gobierno viven del cuento de que el antiamericanismo es el resultado de la agresividad de Bush, que una actitud sonriente y generosa lo apaciguará. Sus enemigos no son los de su país, sino los candidatos del partido rival, que podrían alejarlos de los privilegios del poder. Esa disposición es a tal punto increíble que el mismo Frechette se felicita de la alianza de Santos con Chávez. Por lo demás, no se debería olvidar que el proceso del Caguán fue promovido por el gobierno de Bill Clinton.

Lo que hace patente de una manera escandalosa la alianza de Santos con las mafias es la determinación de extraditar al mafioso Makled a Venezuela, y el obsceno pretexto con que la justifica el presidente: se trata ni más ni menos que de renunciar a destruir las organizaciones criminales, es decir, se trata de la determinación de protegerlas, pues el reo podría informar de las relaciones del gobierno venezolano con dicho negocio, y de los proveedores colombianos. Decir que "Venezuela pidió antes la extradición" es sencillamente reconocer que se prima la amistad de la mafia sobre la de quienes la persiguen. Nadie espera que la justicia chavista vaya a perseguir a quien podría hacer daño a los propios magistrados.

Ése es el nuevo rumbo de Colombia. La decisión del Senado estadounidense de prorrogar las ventajas del ATPDEA por unas pocas semanas es el efecto de dichas políticas del gobierno colombiano, y obviamente ha tenido escasísimo impacto en la prensa. En realidad, para Santos no es ninguna tragedia, cuanto más débil sea el empresariado local más poderosos serán las fichas de su maquinaria, dedicada a repartirse la renta minera, y sus aliados traficantes de drogas. O mejor dicho, políticos que derivan su poder de representar a esa industria y ya no representan nada para la opinión, como los que dirigen el menguado partido de Piedad Córdoba y Martha Catalina Daniels.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 12 de enero de 2011.)

lunes, abril 04, 2011

¿Para qué será la lista?

Probablemente que todo eso debe ser verdad,
aunque es más turbio cómo y de qué manera
llegaron esos individuos a ser lo que son
ni a quién sirven cuando alzan las banderas.

Hombres de paja que usan la colonia y el honor
para ocultar oscuras intenciones:
tienen doble vida, son sicarios del mal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Rodeados de protocolo, comitiva y seguridad,
viajan de incógnito en autos blindados
a sembrar calumnias, a mentir con naturalidad,
a colgar en las escuelas su retrato.

Se gastan más de lo que tienen en coleccionar
espías, listas negras y arsenales;
resulta bochornoso verles fanfarronear
a ver quién es el que la tiene más grande.

Se arman hasta los dientes en el nombre de la paz,
juegan con cosas que no tienen repuesto
y la culpa es del otro si algo les sale mal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Joan Manuel Serrat

Según Heródoto, Egipto era el país en el que más prodigios se podían observar: los egipcios comían fuera de las casas y defecaban dentro, pues nada veían deshonroso en que los vieran comiendo, las mujeres orinaban de pie y los hombres sentados, etc. Bien es verdad que la objetividad de ese autor no parece tan notable como su encanto, pero ¡cuánto nos recuerdan esos prodigios a nuestro país!

Por ejemplo, Colombia es el país en el que más confundidas están las profesiones, de modo que muchísimos policías, jueces, periodistas, políticos, abogados, etc., son en realidad mafiosos con escasísima disposición a hacer esfuerzos para aparentar que obran según los requerimientos de la profesión que ostentan. El mafioso disfrazado de policía tiene claras maneras de matón, el mafioso que funge de juez no se preocupa de lo groseras que son las falacias con que justifica la arbitrariedad más increíble, el mafioso metido en política se presenta como uribista durante una década para empezar a perseguir al ex presidente en cuanto lo nombran ministro a pesar de su fracaso electoral. Así.

El mafioso metido a periodista nunca informa ni da explicaciones. ¿Por qué van a tener que responder de sus actos los periodistas? La gente dice "periodistas", pero todo el mundo sabe que son en realidad caballeros de industria poderosísimos a los que hay que rendir pleitesía tal como a quienes les pagan, "a quien sirven cuando alzan las banderas". Por eso nadie se sorprende de que el señor Coronell no haya explicado cómo es que todo su populoso gremio anda alentando el encarcelamiento de funcionarios por investigar monstruosidades (como que los miembros de las altas instancias judiciales anden en francachelas con criminales) mientras que ellos mismos publican conversaciones de un acusado con su abogado, gracias a las cuales se señala a personas que luego son asesinadas por las bandas terroristas. Es como pedirle a un médico que explique una erupción en la piel o a un abogado que aclare un requerimiento judicial. En otros países los periodistas se dedicarían a explicar las cosas, en Colombia, como los personajes de la canción de Serrat, sólo andan ocupados en "sembrar calumnias, mentir con naturalidad".

Pero ¿qué importan los periodistas? ¿Por qué no hablamos de los ciudadanos? ¿Cómo es que nadie ha ido a preguntarle al antiguo corresponsal de El Nuevo Herald qué interés tiene en publicar la foto de un twittero y qué sentido tienen sus acusaciones? Nadie lo hace, pero ¿es calumnioso o no lo del señor Guillén? Nadie responderá: antes de que hubiera mafias y tráfico de drogas había cultura mafiosa, cultura de sumisión a las amenazas y complicidad, cultura de la "ley del silencio" u omertà. NADIE tiene derecho a discutir nada sobre Colombia sin tener claro cuál es su propia actitud, su propia lealtad.

Sin ir más lejos, y respecto al tema de esta entrada, Alejandro Gaviria borró un comentario mío en su blog denunciando la intimidación y las calumnias: ¿cómo va a ponerse a uno a ser insolidario con gente tan importante y poderosa como Coronell y Guillén? A fin de cuentas, Gaviria es uno de los habituales comentaristas que atribuyen la cultura mafiosa al tráfico de drogas, y a la prohibición (que es como atribuir las infecciones a las pústulas), ¿de qué omertà va a tener que entender?

El caso es que a partir de la respuesta del ex presidente Uribe a un artículo calumnioso de Daniel Coronell se creó en Twitter una campaña de apoyo al "periodista", campaña comandada por cierta Emma Flood, no por casualidad bloguera de un medio tan prestigioso en el sentido colombiano del término como El Tiempo. La respuesta de los "twiteros" uribistas dio lugar a las grotescas calumnias de Gonzalo Guillén que denunciamos la semana pasada (yo creo que El Nuevo Herald debería dar alguna explicación sobre las andanzas de su corresponsal, ¿qué clase de propaganda criminal habrá estado publicando al seleccionar "periodistas" de tal calaña?). En ese contexto apareció este interesante tweet de la capitana (¿o "coronella", para aludir a las jerarquías de los "cartelles") de la defensa de Coronell:


Se trata de una clara respuesta relacionada con una comunicación previamente existente. No es una mención cualquiera, y aun, ¿cuál sería la lista que les mandó la bloguera? ¿Quiénes son los que están ahí? ¿Qué fines tiene dicha lista?

Dadas las manifiestas relaciones de Coronell con Ramiro Bejarano, el director del DAS durante el gobierno de Ernesto Samper (durante el cual fueron numerosos los asesinatos no aclarados que convenían al interés de impunidad del presidente y su grupo), el temor de las personas que pueden estar incluidas en esa lista es claramente fundado. No sería nada raro que alguno corriera la suerte de Manuel Moya y Graciano Blandón, líderes populares de Urabá asesinados por las FARC después de la "denuncia" de Coronell, y que obviamente no viajaban "de incógnito en autos blindados" (y pagados por el erario). Sin ir más lejos, es muy llamativa la forma en que Coronell averiguó hasta el número de cédula del abogado Héctor William Morales, que lamentaba que no hubiera un Carlos Castaño que pusiera en su lugar al periodista.

Previsiblemente, ninguno de los cientos de paniaguados de la prensa, tan inmorales como estos "periodistas", se preocupará de encontrar explicación a dicha lista, ni menos se atreverá a pensar que tan importantes personajes deberían dar alguna explicación. Pero es algo respecto de lo cual el lector no tiene derecho a lavarse las manos: se trata de la más pura intimidación, y puede que algo más grave, y el silencio de Guillén y Coronell compromete a quienes publican sus escritos, pues los asesinatos son bastante fáciles cuando ya se ha dado la orden, y sobre todo cuando la bajeza, el servilismo y la cobardía de la sociedad alienta a los asesinos.

Agradecería a los melindrosos que encuentran excesivo el lenguaje con que se alude a tales "periodistas" que me contestaran seriamente si creen que alguien como Pastor Perafán o La Quica sería capaz de algo tan impúdico, tan bajo, tan canallesco como las calumnias de Gonzalo Guillén contra Diegoth (basta ver los pantallazos reproducidos aquí). Sé que no contestarán: el problema no son sólo esos malhechores, sino una forma de ser de las clases acomodadas en Colombia. En realidad denunciar a un "sicario del mal" como ese "periodista" tal vez lo hará prestigioso entre esa gente, tal como lo son decenas de desalmados que son en últimas el sustento ideológico del terrorismo.

Posdata: Hoy 11 de enero han promovido en Twitter las etiquetas #pazencolombia y #apoyoapiedad. La misma autora de la lista y promotora de Piedad Córdoba suscribe esta perla:




Quieren más Marulandas para darles plomo y más plomo.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 11 de enero de 2011.)

martes, marzo 29, 2011

Colombia: generosidad y elegancia por milloncitos


Acerca de Bolívar decía Salvador de Madariaga que en él estaban presentes al mismo tiempo la arrogancia del conquistador y el rencor del conquistado. Eso mismo se descubre en la disposición de casi todos los hispanoamericanos. Y es una desgracia espantosa porque cada vez que la arrogancia va a lograr algo aparece el resentimiento para impedirlo, y al revés. De la arrogancia podrían haber surgido grandes naciones en el territorio de México o Argentina, tierras mucho más acogedoras que Canadá y Australia, con mucha más población hace un siglo, y sin embargo miserables. Y podría haber surgido un gran imperio continental, como tal vez soñara el mismo Bolívar.

Del resentimiento podrían haber surgido sociedades justas, como esas comunidades de cuáqueros que prohibían el arte y la poesía a sus adeptos y conversaban en jergas inventadas para que nadie fuera a resultar más refinado o inteligente que los demás. Pero cada vez que en Hispanoamérica alguien se pone de parte de los débiles, como sería normal exigir a un cristiano, termina recordando, si lo puede, su origen patricio y dando por sentada su preferencia en el mando, que es lo que ocurre con los jesuitas y otros sacerdotes católicos, siempre dispuestos a mandar a los pobres a matarse para adquirir poder ellos.

Esa misma ambivalencia se detecta respecto del clasismo. Centrándonos en Colombia, el colombiano sufre más que por cualquier otra cosa por la arrogancia de los privilegiados oligarcas, pero casi siempre reproduce esa conducta odiosa en cuanto tiene relación con alguien más negro o más indio, más rústico, rural, pobre o débil. Y el efecto también es tremendo porque el grupo ínfimo de los privilegiados no tiene mucha necesidad de pulir sus rasgos, ya que de abajo no le surge ninguna competencia: nadie es tan clasista para empezar a comportarse como si fuera un verdadero príncipe, y entonces los oligarcas privilegiados que miran a los demás con tan insufrible desdén resultan unos patanes tan lamentables como cualquiera.

Y si hubiera un igualitarismo más profundo, que no fuera corregido por las pretensiones de estrato de todo colombiano, tal vez el conjunto de la sociedad habría progresado más, sobre todo en el aspecto del progreso que es más apremiante, que es la prosperidad. De hecho, todos los grupos sociales serían más refinados si la gente en lugar de vivir para corresponder al rango que se atribuye en la jerarquía y tratar de sacar ventaja de eso se pusiera a trabajar ligando el propio bienestar al servicio a los demás.

En esa tensión entre arrogancia y resentimiento es peligroso tomar partido a la ligera, sobre todo porque cada respuesta que se dé puede ser engañosa. Cuando una muchacha de estrato 3 se jacta de no saber cocinar o planchar está pretendiendo que su condición social es superior a eso, pero en la realidad cada vez que una persona aprende a cocinar o a cuidar la ropa está mejorando su condición social, y las mujeres de los grupos más privilegiados suelen saber cocinar y planchar. En todo caso, convendría que el arribista controlara sus gestos serviles ante los poderosos, tanto el portero como el subgerente: esos gestos son un rasgo de Colombia tan repugnante para un extranjero como los indigentes que proliferan en cualquier ciudad.

Un caso muy interesante sobre el peligro de tomar partido es el del famoso frac de Uribe. ¿Es mejor saber llevar el frac o no? Le damos o quitamos importancia a eso según nuestra adhesión al ex presidente, con lo que el desprecio por no vestirse bien aumenta el odio por la alianza con los empresarios y el quitarle importancia corresponde al ánimo de quienes piensan sobre todo en el crecimiento económico. Yo diría que el presidente tiene que saber usar el frac, ojalá lo supiéramos todos, como con tantas cosas secundarias pero convenientes. Los que saben llevar el frac, sean quienes sean, tienen razón en sentirse orgullosos de su cultura o educación a ese respecto.

Pero ya que algunos presumen de tales características, ¿no sería el momento de evaluar hasta qué punto son tan finos como pretenden? El caso del comentarista de la prensa que más criticó lo del frac es perfecto. Podríamos empezar por la suficiencia con que se burla de la ortografía de Tomás Uribe. Felipe Zuleta y sus lectores se creerán grandes autoridades al respecto. A tal punto que nadie le ha señalado al columnista las singularidades de su escritura. No las pueden ver.


La relación de la ortografía y del lenguaje en general con el vestido es sumamente llamativa. Yo no soy quién para juzgar la indumentaria de nadie, pero no sería raro que este genio se vistiera tal como escribe. En un medio de indigencia generalizada nadie se daría cuenta. Y tengo que volver al comienzo de este escrito porque ésa es la gran tragedia nacional, que el patricio es tan "mañuco" que no se distingue del delincuente. No es raro que Pablo Escobar atrajera a la diva que sin duda desearían los más supuestamente refinados señoritos de las páginas sociales.

Nadie debe creer que me ensaño con el columnista por lo que escribe en Twitter, donde de todos modos lo hace desde un computador. Para probarlo mostraré las dos últimas entradas de su blog:

Desde el título, la conciencia del lenguaje, y es perfecta la analogía con el vestido, es grotesca. Es un lenguaje "descachalandrado" y sus recursos serían despreciables aun en un presidio. La calumnia idiota de llamar "don Berna Moreno" a Bernardo Moreno refleja la categoría intelectual del grupo social de que Zuleta es portavoz. La pretensión de que se dicte orden de captura preventiva contra altos funcionarios del gobierno anterior refleja la conciencia del derecho de los grupos poderosos, así como la certeza de que si los miembros de la Comisión de "absoluciones" no condenan a Uribe serán castigados por prevaricar. (¿Para qué habría pues una Comisión de Acusaciones? Ya lo sé, para que obre según altos conceptos de moral y derecho como los que permitieron la absolución de Samper.)

De paso, con esas convicciones de este inverosímil personaje se ve quién controla la Corte Suprema de Justicia y qué intereses tiene detrás, pues no es ningún secreto para nadie que Zuleta Lleras forma parte de la camarilla de Ernesto Samper. Pero ¿y qué? Mucho más interesante es que el motivo de sus iras sea la destitución de Piedad Córdoba, portavoz abierta de las FARC, dato interesante para los que dudan de que la banda asesina obra al servicio de los clanes patricios que dice combatir.

Es tremendo el aporte de Felipe Zuleta Lleras como paradigma de la Colombia que condena a Uribe, de su aristocratismo, intelectualismo y decencia. A veces uno siente que en realidad es un agente del uribismo dedicado a desnudar a los críticos de la corriente ideológica mayoritaria. Pero también podría ser que efectivamente Colombia sea un país tan invertido que hubiera que buscar rasgos de nobleza y grandeza sólo entre la gente que duerme en la calle.

Porque si se trata de nobleza y grandeza, ¿qué mejor ejemplo que la columna que publicó el 25 de diciembre este líder intelectual de las clases altas, sucesor del también inefable dandi taurino, que en todo caso ostenta mejor ortografía y recursos más vistosos para sus manipulaciones.

El conmovedor escrito se llama "Generosidad nacional", idea que ya orienta sobre su verdadero objetivo: parece que lo importante fueran los milloncitos que aporta el columnista y no la desgracia que abruma a millones de colombianos. Pero hay más, mucho más: como un mapa de la vida colombiana actual:
Vemos al gobierno del presidente Santos asumiendo el tema con juicio, disciplina, rigor. El equipo de gobierno se siente organizado, bien comandado y dirigido, tratando, por ahora, de llegar con las primeras ayudas a los millones de compatriotas que lo necesitan.
¿No habrá nadie que recuerde las lindezas que decía Zuleta sobre el lamentable Master Komponendas? "Santos positivos" lo llamaba, entre muchas otras afrentas. En cuanto el gobierno se dedica a favorecer por intereses mezquinos a lo más podrido de la politiquería tradicional, a Vargas Lleras, Pastrana, César Gaviria y Samper, estos valedores de Piedad Córdoba se ponen de su parte. El tono servil y laudatorio explica perfectamente los motivos de las descalificaciones anteriores y de los ultrajes a Uribe y su familia: las hondas motivaciones de este pensador hacen temer que ante cualquier crítica severa va a responder con una bofetada reforzada con una hoja de afeitar entre los dedos, como hacían los de su condición hace unas décadas. Ahora que contribuye a la persecución del uribismo y al refuerzo del poder de la camarilla de Samper, que en últimas es el de las organizaciones dedicadas al tráfico de drogas, Santos resulta el paradigma del buen gobernante.
En igual sentido vemos a la primera dama, trabajando sin descanso, organizando, dándoles apoyo a quienes lo necesitan, llena de compasión y generosidad.
Tremendo, ese mundo de las primeras damas "trabajando" en figurar para que el pueblo sienta la protección de tan generosos seres es el que reivindican los defensores del chavismo y Piedad Córdoba. Pero lo más gracioso viene después:
Cada uno de nosotros, de acuerdo con las posibilidades, hemos puesto nuestro granito de arena. Yo, y no debería decirlo porque es de pésimo gusto, lo he hecho como lo hago desde hace mucho tiempo con la fundación Eudes, que maneja extraordinariamente el padre Bernardo Vergara y quien trabaja con los niños VIH positivos o que tienen sida. Es poco, lo sé, pero como le dije al padre, esos pocos milloncitos deben llevarles alguna felicidad a esos niños, a quienes conozco y quiero entrañablemente.
Es un rasgo incomunicable, y a menudo pienso que yo noto esas cosas por vivir lejos de Colombia: el colombiano cree que la decencia consiste en decir "Soy decente". No hay modo de que entienda que ésa es casi toda la indecencia. Este patán cree que por mencionar que es de mal gusto ya está autorizado a contar que aporta unos pocos milloncitos, todo con tal de figurar al lado del Gran Timonel y su familia. ¿No es Colombia un triste muladar? Estoy seguro de que en las fiestas a que acude Zuleta Lleras se tira pedos sonoros, convencido de que es muy gracioso, tal como el genial Samper Ospina desechó la religión porque encontró una espiritualidad superior en la poesía.
Muchos de los empresarios de este país han dado un ejemplo de generosidad. Las familias Santo Domingo, Ardila y Sarmiento lo han hecho. Bien por ellos, es así como realmente se construye patria; mejor diría se reconstruye, porque al país hay que rehacerlo en más de un 50%.

Ver nuevamente obras como Teletón, la campaña de los dineros para los soldados extraordinariamente organizada por el grupo Éxito, promovida por W Radio, la impecable organización de Colombia Humanitaria, nos hacen recuperar la confianza en Colombia, en sus empresarios y en su gobierno. El hecho de saber que es la propia primera dama quien está detrás del manejo de los recursos, nos da una gran tranquilidad.

No podemos dejar de felicitar a la Policía Nacional que, milagrosamente, ha redoblado esfuerzos haciendo presencia en cada uno de los sitios del país que requieren de su presencia. Los vemos alzando damnificados, levantando colchones, manejando máquinas, cargando enseres, dando primeros auxilios. En estos días pensaba que tiene que ser muy verraco para un ciudadano enfrentarse al tiempo con el hampa mientras ayuda simultáneamente a una ancianita que apenas puede tenerse en pie. Eso hacen los policías al mando del general Naranjo y el país debe reconocerlo magnánimamente. ¡Gracias, amigos!
Es fascinante comprobar hasta qué punto la "educación" en Colombia es algo aún más grave que un doblepensar: no hay un solo radical antiuribista legitimador de Piedad Córdoba que no esté con Zuleta, y por tanto con la familia de Ardila Lülle y la primera dama, y con el general Naranjo, que tanta decencia demostró calumniando a asesores y funcionarios del gobierno ante autoridades extranjeras: todos están en la misma tarea, y es que en realidad las FARC son un servicio doméstico armado de la minoría que tan elocuentemente expresa este inspirado pensador. De hecho, cualquiera que conozca a las clases altas colombianas habrá encontrado a menudo personas para las que la adhesión a las FARC, y a Piedad Córdoba, Chávez y William Ospina, es un adorno que refuerza su rango.
Qué diferencia todas esas muestras de generosidad, amor, solidaridad, con las conductas asumidas desde la internet por un grupo de malhechores que, al peor estilo gaminesco, se han dedicado esta semana a calumniar a periodistas, a tratar en vano de enlodarlos en su prestigio, denigrando aun de sus propios abogados. ¡Mafiosos son mafiosos!
Ése era el sentido de toda la generosidad nacional y del modesto esfuerzo de los milloncitos: aprovechar la desgracia del diluvio y el sufrimiento de millones de colombianos para las habituales calumnias e insultos contra Uribe, secundadas inmediatamente por los burócratas frustrados que posan de grandes académicos porque leen algún blog de economistas estadounidenses y que sólo son apéndices del contubernio que tiene en Zuleta a su portavoz.

No es cosa de sorprenderse: tratándose de Ernesto Samper, Daniel Coronell y su camarilla, esas lindezas son las respuestas corrientes. ¿Por qué no explica más bien Zuleta qué es lo que dicen que hacía en Perú? Lo único que puede hacer es batirle la cola al poderoso, amenazar al crítico y ostentar las estridencias de la gente de su condición.

Mafiosos son mafiosos, "locas" son "locas", pero las "locas" mafiosas sólo tienen audiencia en un país que todo lo envilece, aun los negocios de los caballeros de industria y los delirios neurasténicos de estos filántropos que salvan la decencia.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 3 de enero de 2011.)

lunes, marzo 21, 2011

Los defensores de Daniel Coronell

Mientras el mejor amigo del Maestro Componendas que lleva a Colombia por el camino de Venezuela convierte a su país en la triste tiranía que ha sido la mayor parte de su historia, con la absoluta indiferencia de gobiernos como el de Obama, por no hablar de los demás mejores amigos, en Colombia andan ocupados con los cinco minutos de odio al ex presidente Uribe: es el tema casi único de las discusiones políticas y del comercio en las redes sociales.

Bueno, el último motivo del acoso es el hecho de que el ex presidente abrió una cuenta de Twitter y en lugar de callar y otorgar y permitir que las calumnias del sicariato verbal prosperen, responde a las acusaciones. El nivel de degradación biológica de la vida colombiana, ese punto en el que ninguna bajeza sorprende, en el que ninguna mentira es excesiva porque ya nadie se escandaliza, se hace patente con este asunto: los más hediondos calumniadores resultan garantes de la decencia y lamentan que el ex presidente deshonre la presidencia no dejándose destruir por mafiosos y socios del terrorismo. ¿Qué proporción de la prensa se dedica actualmente a defender la majestad de la "ex presidencia"?

El reciente episodio de un accidente ecuestre ha sido como el compendio de la fiesta de odio de los discípulos de Abad Faciolince, repugnante calumniador que acusa al ex presidente de planear matar a María del Pilar Hurtado si declara la "verdad", teoría tan elegante que resumiría el espíritu del sicariato moral de la mafia mediática si no tuviera eco en la siniestra etiqueta #ApoyoAlCaballo en Twitter. De hecho, entre la barahúnda de sugerencias de asesinato aparecían frases que evocaban a ese delicado prócer que casi emula a Borges:
¿Por qué se va al exilio la señora Hurtado? Para no tener que decir de dónde venía la orden de oír a los jueces, a los políticos y a los periodistas, ya que confesar esa verdad era lo mismo que poner una lápida en su pecho. Mejor callada en Panamá que acorralada aquí entre la pared de la verdad y la espada del miedo.
Ese tono de veladas y no tan veladas insinuaciones de asesinato, de calumnias disparatadas y desvergonzadas, recuerda al que precedió al asesinato de Álvaro Gómez Hurtado. Después de que Abad lo sugiere como mordiéndose la lengua ("Porque eso sería lo mejor para todos: que se callara") ya no sorprende que lo manifiesten abiertamente los usuarios de Twitter: "tocará buscar animales más agresivos y contundentes". Eso sí: los "amorosos" anuncian cada semana que dejarán solo a Uribe, pero en realidad es que ya no tienen nada distinto al asesinato para sugerir a sus huestes, y no vacilan en hacerlo, aunque sea en cuentas secretas de Twitter.

De momento los planes de asesinato, pese a las innumerables insinuaciones, no parecen haber avanzado mucho, pero en cambio los intentos de censura han conseguido que el ex presidente consiga cada día mil seguidores nuevos en su cuenta, lo que multiplica la desesperación del sicariato moral. En ese contexto apareció la semana pasada una columna de Daniel Coronell en la que acusaba a un hijo del ex presidente de reunirse en Panamá con personajes interesados en licitaciones. ¿Qué es lo que denuncia? No se sabe, porque los lectores de todos modos tienen un juicio odioso y exaltado y no van a fijarse en que no hay por ninguna parte ningún delito. Las acusaciones son como los juicios estéticos que profiere el amante de una ninfómana: pretextos para la comunión de esa parte de Colombia que veía con ilusión la paz que se acercaba en tiempos de Pastrana y que requería que las partes llegaran fuertes a la mesa de negociación. (De hecho, gracias a Juan Manuel Santos están reagrupados y esperanzados: ya se verá cómo la Unidad Nacional requiere la reconciliación y puede que algún control de la extrema derecha.)

Las respuestas del ex presidente y de sus hijos en Twitter dieron lugar a la campaña de esta semana, continuación de las que se lanzan todas las semanas desde hace diez años, obviamente promovida por los seguidores de Piedad Córdoba, o sea, de la Ola Verde, que son siempre los mismos, la tropa universitaria de paniaguados y exaltados que a punta de intimidación pretenden imponer el chavismo en Colombia, alentados por esos medios cuyos intereses habría que evaluar con atención.

Escribo este artículo porque debo responder a uno de un bloguero incluso enlazado en Atrabilioso, que respondió a mis reproches por su apoyo al periodista en el contexto de esa escaramuza en Twitter. El interesado en conocer en detalle los argumentos de Gaviota Jurídica puede leer, si quiere, antes el artículo al que éste es respuesta. Dado que siempre estas discusiones se extienden más allá de lo que aconsejarían la paciencia y la disponibilidad de tiempo de los lectores, citaré sólo lo más sabroso de dicho escrito (en cursiva).
... aclaro antes de entrar en materia, le aclaro a @ruizpaisbizarro que no entraré en el juego de responder a preguntas sobre por qué el denunció o no denunció determinado ‘asunto’. Para ello, habría que preguntarle a él y no a mí. Lo que sí puedo decirle desde ya, es que ninguna de esas preguntas constituye argumento de absolutamente nada. A lo sumo, sería un indicio, y eso se maneja es a nivel probatorio y no a nivel de argumentos.
Esto es muy interesante confrontado con lo que sigue:
Apoyo a Coronell porque me parece un periodista serio. Por periodista serio me refiero a aquel que es capaz de revelar hechos que no son de conocimiento público y que implican una labor de investigación. Por periodista serio también me refiero a aquél que revela hechos (sean ciertos o falsos) y no que emite juicios de valor tales como: “criminal”, “mafioso”, “bueno”, “malo”, “glorioso”, “intachable”, o similares.
Siempre hay algo incomunicable cuando uno discute con colombianos. Que Coronell sea un periodista ya es algo bastante problemático, salvo en el contexto colombiano. ¿Qué es periodista? Los escritos de Coronell no tienen nunca por objeto informar de nada, sino sólo persuadir de aquello que interesa a sus negocios o a lo que promueve el medio en que publica. Si cada propagandista es un periodista estamos ante un lenguaje falseado al extremo, y es que la vida colombiana parece una representación de la vida humana ejecutada por una compañía de micos.

Entre las tareas de este periodista serio destaca la de aportar datos que permitan a los enemigos del gobierno de Uribe perseguir al ex presidente y a sus funcionarios por las supuestas interceptaciones a defensores de los derechos humanos como Piedad Córdoba y Gustavo Petro, a periodistas como Hollman Morris o Jorge Enrique Botero, a altos funcionarios judiciales como los que festejaban con Ascensio Reyes y recibían regalos de Giorgio Sale... Fascinante esa seriedad: por una parte, lo cierto es que tales interceptaciones estarían legitimadas en cualquier país, pues se trata de relaciones claras con enemigos del país, con organizaciones terroristas o con bandas de traficantes de drogas. Pero ¿qué? La seriedad llega a extremos tan fascinantes que el mismo Coronell publica en su noticiero interceptaciones ilegales sin que a nadie se le ocurra investigar. Genial, ahí está pintada Colombia: averiguar en qué anda Piedad Córdoba es un delito gravísimo, mientras que es honroso publicar las conversaciones de un abogado con su defendido, por no mencionar el hecho de que esas conversaciones interceptadas y publicadas ilegalmente dieron lugar a varios asesinatos, extrañamente de personas poco afines a los defendidos por Coronell, su noticiero y la revista en que publica.




Todo eso es particularmente interesante porque la extraña variación de los filántropos que dominan las altas cortes en Colombia basta para entender el valor de los razonamientos de Gaviota Jurídica que remiten al derecho: el derecho en Colombia es eso, la arbitrariedad de una secta de malhechores que hacen lo que quieren. El derecho en Colombia es cualquier envoltorio abstruso cuyo único sentido es la resolución final. Leer los considerandos podría ser un ejercicio de humor para lectores en extremo pacientes.

Uno puede seguir con el periodista serio y sus consuetudinarias acusaciones contra el ex presidente Uribe y su familia. Por ejemplo, del artículo que dio lugar a la respuesta de Uribe:
Cuando se hicieron públicos los gigantescos beneficios económicos que recibieron por la decisión de funcionarios del gobierno de su padre de declarar zona franca unos terrenos en los que ellos tenían intereses, se conoció la existencia de dos sociedades panameñas envueltas en el negocio. Los hermanos Uribe afirmaron que una de ellas, Achlys Investements Corporation, les pertenecía.
Se trata de una calumnia sutil, y la prueba, pese a la despreciable justificación de Gaviota Jurídica, es que Coronell no fue a presentar una denuncia por eso a pesar de tener a los árbitros de su parte. A pesar de la estremecedora desfachatez de los malhechores que ejercen la "justicia" en Colombia. La decisión de funcionarios del gobierno de Uribe era la que tenían que tomar en derecho, con lo que no sólo no hay delito probable sino tampoco ninguna conducta dudosa. Conforme, conforme: ¿cómo explicar que los micos no pueden entender la menor noción de verdad ni de buena fe? ¿Acaso Coronell mencionó la palabra delito? ¿Qué importa que todos los lectores crean que hubo un trato doloso en la conducta de los hijos del presidente? Yo les diré qué importa:
ninguna de esas preguntas constituye argumento de absolutamente nada. A lo sumo, sería un indicio, y eso se maneja es a nivel probatorio y no a nivel de argumentos.
Es la vida colombiana: como una competencia entre criminales a ver cuál es más astuto. Los profesionales del derecho se lavan las manos cada vez que tienen que evaluar una belleza como ésa: eso sí, es explicable que Gaviota Jurídica admire a Coronell por no limitarse a los adjetivos y juicios de valor: él sí lo hace, del mismo modo que a semejante desalmado lo considera un periodista serio, atribuía al ex presidente Uribe o a José Obdulio Gaviria (bah, a la "extrema derecha", da lo mismo mencionarlos o no) la bomba de Caracol.

Tan serio es Coronell como periodista que todavía no ha contestado a los señalamientos de Uribe de exigir una pauta de gasto público. ¿Cómo va a responder? Él acude a la justicia, a esa entidad superior que por ejemplo esta semana denunció a Francisco Santos y al mencionado José Obdulio Gaviria por calumniar a unos sindicalistas, pese a que nadie niega los hechos. Si tuviera que acudir a los argumentos, como hacen los periodistas en el mundo plenamente humanizado, tendría menos recursos para defenderse de las acusaciones de "periodista mafioso":



Este otro enlace de El Colombiano complementa el de arriba de la foto y es absolutamente necesario para evaluar la seriedad del periodista. Bueno, ya puestos a publicar enlaces, ¿por qué no seguir con un texto de este blog, el aleccionador escrito "Rodeados de bandidos", de Jaime Restrepo, sobre las pretensiones de Coronell y su abogado Bejarano de obtener del erario 11.000 millones? Perdón, perdón, once mil millones son algo muy serio, lo que no veo es el periodismo. Pero tal vez mejor seguir atendiendo a la vindicación de Gaviota Jurídica.
Apoyo a Coronell porque además de considerarlo un periodista serio, está siendo constantemente atacado por el expresidente Uribe, con ofensas y calificativos que podrían ser considerados como calumnias. En otras palabras, no defiendo a Coronell porque sepa o no que lo que dice es cierto. Lo defiendo es porque es objeto de ataques ridículos en la red por parte de Uribe y sus seguidores (como es el caso de los twitters que motivan esta entrada).
Siempre se acierta acerca de Colombia asegurando que los pájaros disparan a las escopetas. ¿De modo que el ex presidente se dedica a descalificar y calumniar al periodista. ¿No habrá notado nadie que no ése sino cuatro de cinco columnistas de la edición impresa de Semana y cuatro de cada cinco columnistas de El Espectador se dedican a publicar calumnias sobre el ex presidente? ¿Qué interés tendrá Uribe en lo que escribe Coronell? Ya he mostrado la calidad humana del periodista con la tremenda pseudodenuncia sobre las zonas francas. De repente un tipo, del que no me considero en absoluto seguidor, pero un tipo en extremo sacrificado y que dedicado a sus negocios sería un potentado, resulta descrito como un vulgar ladrón que pone a sus funcionarios a firmar decretos para enriquecer a sus hijos, y si llega a protestar por eso resulta un perseguidor de un débil. Semejante visión moral es como un autorretrato que nos regala Gaviota Jurídica, y no sólo de su persona sino del medio del derecho en Colombia.
Considero que el hecho de que Álvaro Uribe haya sido presidente no le da derecho a pasar por encima de las mínimas reglas de decencia y convivencia. Hasta donde yo sé, sigue siendo ciudadano colombiano, sometido a las leyes colombianas, y esas no facultan a expresidentes a injuriar personas y menos aún en espacios públicos.
Genial, ahora resulta que si el señor Uribe responde con acusaciones precisas sobre un personaje dudoso, acusaciones como que Noemí Sanín le transmitió la necesidad de pagar publicidad al noticiero del periodista o que a éste se lo relaciona con actividades de traficantes de cocaína, es porque cree que tiene derecho a "pasar por encima de las mínimas reglas de decencia y convivencia". Bah: no puedo más. Llegando a este punto no puedo admitir la posibilidad de la menor buena fe por parte del comentarista. Creo que Coronell debería explicar si es verdad lo de Noemí Sanín, cuáles fueron sus tratos con Perafán y Villegas, qué pasaba con la demanda por once mil millones, etc. Escudarse en el activismo de los partidarios de Piedad Córdoba y en el idéntico sesgo y venalidad de los funcionarios judiciales es indigno ya no de un periodista sino de cualquier ciudadano que se ve acusado de hechos graves. Es una confesión en toda regla, a tal punto que su posterior escrito es la habitual denuncia de persecución, que en Colombia ocupa cientos de veces más espacio en la prensa que las personas bomba o las masacres de soldados.

Insisto, no puedo seguir sin un tremendo malestar los razonamientos de Gaviota Jurídica porque me quedo pensando si leerá alguna vez la prensa. ¿De modo que el ex presidente, que ni siquiera ha mencionado la lindeza de Abad Faciolince que cité arriba, se dedica a perseguir a ciudadanos inermes por capricho? Creo que quien cae en eso ya se insulta suficientemente, por no hablar del sesgo inverosímil de las interceptaciones de la policía y las de los partidarios de Piedad Córdoba y demás.
En otras palabras, mi apoyo a Coronell deriva del hecho de ser perseguido por Uribe. Si tiene o no razón, no me consta porque no estuve en Panamá, ni conozco a Tomás ni a Jerónimo Uribe. Sin embargo, desde ya considero que creo que sí tiene razón, a pesar de no poder estar seguro de ello. Esto último es una simple opinión.
Es decir, responder a la calumnia es perseguir. Bah, ¿no es Colombia fascinante? En los foros de El Espectador hay decenas de exaltados convencidos de que Piedad Córdoba y aun Chávez son bondadosos agentes de la compasión mientras que Uribe es quién sabe qué criminal. ¿Habrá quien no sepa que son militantes del mismo Polo Democrático que cobra las proezas de las bandas de asesinos chavistas? No, son pobres perseguidos por Uribe. El sufrido ciudadano Coronell ha prosperado a partir de los privilegios que da el poder de los promotores del terrorismo, como los mismos dueños de Semana (poder que explica la distracción de los jueces ante las interceptaciones y demás prodigios de la revista). Y ha prosperado fabulosamente gracias a que sus investigaciones le otorgan muchísimo poder, es decir, muchísimas posibilidades de acceder a los millones del erario. Y a que carece del menor escrúpulo para mentir.

Por ejemplo, durante la campaña electoral publicó esta perla:
Unos días después del inusual discurso de inscripción, los verdes volvieron a sorprender. El Consejo Nacional Electoral entregó los resultados finales de la consulta interna. Tenían derecho a recibir cerca de 7.500 millones de pesos como gastos de reposición de campaña. Una suma que habría podido volverlos competitivos frente a otros aspirantes que cuentan con una mayor financiación que se ha notado en la publicidad y en la capacidad de movilización.

Necesitaban esa plata, pero optaron por un gesto que reforzó los principios de la campaña. Invocando el respeto por los recursos públicos y la austeridad, declinaron recibir 4.500 millones de pesos que no habían gastado pero que seguramente les harán falta en estas semanas. Con esa plata, sugirió Peñalosa “el gobierno podría construir, por ejemplo, un colegio maravilloso en un sector popular”. (Ver video)

La decisión no salió en la primera página de ningún periódico y los contendores de Mockus no reconocen en ella mérito alguno.
La frase que he señalado en negrita es rotundamente falsa: la ley estipula que no se puede cobrar más de lo que se gaste, y Mockus ya intentó cobrar otra vez, como si las elecciones fueran un negocio. Lógicamente Coronell conocía eso, pero no su público, que en realidad anda ocupado en asegurarse privilegios gracias al poder de las redes sindicales o soñando con un paraíso como Cuba, y sobre todo rabiando contra los finqueros y ganaderos, sobre todo paisas, y no tiene tiempo de meterse en sutilezas.

El resto del texto de Gaviota Jurídica se ocupa de argumentos jurídicos más bien vagos, de disparates como que Uribe es poderoso respecto de Coronell (que trabaja al servicio de los primeros dueños del poder, los de El Espectador y Semana y formidables maquinarias políticas y empresariales) y reivindicaciones de ese estilo. El interesado puede encontrarlas en el texto reseñado. En todo caso creo que debo responder, como me pregunta Gaviota Jurídica, por este tweet:

@Gaviotajuridica Todavía mejor dicho, su #ApoyoACoronell es una grosera afrenta al derecho y legitimación de las mafias asesinas samperistas

Grosera afrenta al derecho porque se escuda en leguleyadas y tecnicismos para rehuir el caso de que Coronell calumnia al ex presidente con lo de las zonas francas, de que no contesta a los señalamientos de explotar el chantaje de su opinión para conseguir pauta publicitaria o de tener relación con mafiosos y de que persigue al anterior gobierno por las supuestas interceptaciones que él sí practica descaradamente. Dicen para burlarse del arte moderno que "el arte es lo que hacen los artistas", que a su vez son los graduados en Arte. Eso mismo pasa con el derecho, que es lo que hacen los juristas y por eso tienen carta blanca para legitimar atropellos tan infames como las calumnias de ese periodista serio. No es ninguna sorpresa que alrededor de su causa, como alrededor de la de Piedad Córdoba y antes la de Martha Catalina Daniels estén los pensadores y filántropos del samperismo, como Felipe Zuleta, Ramiro Bejarano, Rodrigo Pardo y muchos otros.

Son aliados tan característicos que la oleada incesante de calumnias contra Uribe en estos días es el ruido con que pretenden tapar la declaración abierta de dictadura en Venezuela y la complicidad del gobierno colombiano. El que el #ApoyoACoronell sea el complemento de la fiesta por la #malloria y el preludio del #ApoyoAlCaballo no es ninguna sorpresa: los pobres ciudadanos perseguidos no tenían Twitter en la época en que hubo necesidad de hacerle justicia (¿o derecho?) a Álvaro Gómez Hurtado. Siempre estarían los juristas invocando alguna norma que correspondiera a esa necesidad.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 29 de diciembre de 2010.)

lunes, marzo 14, 2011

Adiós a la década esperanzada

Es muy curioso que nadie parece haberse dado cuenta de que en una semana se acaba la primera década del siglo XXI. La mayoría de los balances que publica la prensa aluden sólo a lo ocurrido en 2010 y no a la década. Tal vez porque pese a las innumerables discusiones sobre el fin del siglo XX siguió habiendo una mayoría que creía que se acababa al final de 1999.

Para la historia de Colombia en cambio esas fechas describen un periodo preciso. Casi que coincide exactamente: hace diez años la desesperación de la mayoría de la gente con los crímenes de las FARC empezó a determinar el apoyo generalizado al candidato proscrito y calumniado día tras día en la prensa: casi tanto como hoy. Esa corriente de rechazo generalizado al proceso de Pastrana llevó a comienzos de 2002 a la suspensión del proceso de paz y el despeje. Por entonces ya la mayoría uribista estaba consolidada.

Lo que tal vez no se ha entendido bien es que ese vasto movimiento popular ha cumplido su ciclo y hoy en día la realidad es completamente diferente: el gobierno de Santos no es de ninguna manera la continuidad del uribismo, y tampoco el retorno al pastranismo, como muchos han sugerido. La visión del actual presidente es un proyecto que día tras día deja ver su esencia de forma inequívoca.

Y ese hecho, esa traición al electorado que quería continuidad del uribismo y rechazó las formidables campañas de los medios, marca una etapa nueva. Un nuevo mapa político y una nueva situación que ha cogido por sorpresa a los uribistas y a muchos políticos convencidos de la imbatible hegemonía derechista, que con una serie de gestos hábiles del mandatario desleal se ha quedado en una vaga corriente de opinión que sin dificultad puede encarnar el presidente cada vez que le convenga.

Un cambio tan rotundo tiene que ser el motivo de que el planeta responda airado, y no otros pecados, como cree el general Valencia Tovar, y al parecer muchos otros comentaristas de la prensa colombiana. Al trauma de un golpe de timón lo acompañan las lluvias apocalípticas exactamente como la catástrofe de Armero acompañó a la decapitación del Estado colombiano por las mafias del tráfico de cocaína hace 25 años.

Es muy interesante la forma en que al parecer a cada generación de colombianos le toca una experiencia diferente, pues el panorama de la vida política cambia rotundamente cada 25 años: en 1910 se instauró la Asamblea Nacional Constituyente y un periodo de relativa estabilidad, hacia 1935 la Revolución en Marcha marcó el comienzo del enfrentamiento feroz entre liberales y conservadores, hacia 1960 se consolidó el Frente Nacional y la paz entre los partidos tradicionales, al tiempo que la revolución cubana anunciaba el comienzo de un nuevo paradigma y en 1985 la inestabilidad relacionada con las mafias y el terrorismo marcó el comienzo de la época más triste de la historia del país.

Antes de seguir con el significado del cambio de rumbo que impone Santos conviene detenerse en lo que ha ocurrido durante esta década, pues de la postración con que comenzaba 2001 se llegó a la euforia popular del segundo gobierno de Uribe, refrendado en las urnas, con la disolución de buena parte de las tropas de las mafias y la derrota estratégica de las bandas totalitarias.

La determinación con que se emprendió el combate contra los terroristas y la acción de gobierno permitió una inesperada recuperación en todos los órdenes a partir de 2003, recuperación que al final del segundo gobierno de Uribe se había convertido en euforia pese a la crisis mundial (que afectó menos a Colombia que a la mayoría de los países de la región).

El acierto de la gestión, y sobre todo la determinación de hacer frente a los innumerables problemas del país se le abonan al ex mandatario y justifican de sobra su popularidad. No obstante, su falta de visión de largo plazo condujo al ascenso de Juan Manuel Santos y a la relativa disolución de su facción política. Sin duda, la desafortunada pretensión de buscar una segunda reelección impidió la adecuada selección de un sucesor representativo de la mayoría, error del que todavía no ha dado muestras de ser consciente. También fue esa ocurrencia lo que distrajo la acción de gobierno y envalentonó a sus enemigos, que generaron un ambiente de agitación al final de su segundo mandato.

Si digo que la conducta del nuevo mandatario es un cambio rotundo es porque claramente de ser elegido contra la prensa y la oposición se volvió su representante: la orgía de odio contra Uribe ya no lo incluye a él, al tiempo que todos los comentaristas que legitiman el terrorismo y descalifican la labor de Uribe lo defienden. Vale la pena pues detenerse en el sentido de su actuación.

La idea de Unidad Nacional que logró imponerle al nombre del partido creado para agrupar a los que acompañaban a Uribe parecía vacía hasta que Santos fue elegido. Cuando empezó a parecer un proyecto serio de integración de la oposición y "superación de los odios" parecía una jugada hábil para gobernar sin oposición y con amplio reconocimiento. No habría nada serio que objetar.

Pero el nombramiento de Germán Vargas Lleras como ministro del Interior, la reconciliación con Chávez, el reconocimiento de las propuestas del insignificante (en términos parlamentarios) Partido Liberal y sobre todo la alianza con los magistrados de la Corte Suprema de Justicia dejaron ver una nueva disposición: no la superación de los odios, sino la alianza con los grupos poderosos en aras de una gobernabilidad que le permitiera prescindir de Uribe y de la gente que lo eligió.

El contenido de esa gobernabilidad se expresa claramente en las leyes de Víctimas y Tierras, y es una lástima que el ruido de la prensa no haya permitido discutir su sentido real. No es sólo la instauración de una cleptocracia "engrasada" con una fortuna de casi el 20 % del PIB de un año, pues, como ya he dicho muchas veces, al final las "víctimas" que se repartirán esos fondos son los políticos, jueces y ONG, junto con algunas víctimas reales que se convertirán en clientela de los intermediarios del presidente. Es algo mucho más grave: la alianza con los instigadores del "conflicto".

Es lo que debemos considerar ante todo. ¿Qué es el "conflicto"? ¿Cuáles son las víctimas? De repente, profundizando en el espíritu con que la Constitución del 91 ofreció tan generalizado reconocimiento a la noción de "delito político", con los resultados formidables que tenemos hoy en día, por ejemplo en relación con la "farcpolítica", el intento de destruir el sistema democrático para imponer otra Cuba resulta legitimado: no es un crimen contra la democracia, sino la expresión de un "conflicto". Como si un asaltante entra a nuestra casa y nos pide indemnización por el daño que le hicimos con los trozos de vidrio que habíamos puesto en la pared para protegernos.

Ese sentido de indemnizar a los revolucionarios que pudieron haber sufrido alguna molestia cuando intentaban dejarnos sin propiedades ni derechos políticos lógicamente no sale en la prensa, aunque ya la millonaria indemnización pagada al temible mártir heredero Iván Cepeda la anunciaba. En unas declaraciones a la prensa ese representante del Polo Democrático exigía la indemnización para las víctimas reclutadas a la fuerza por las guerrillas, pretensión que es el intento descarado de asegurar la pensión a quienes le aseguran su carrera política y han cimentado el formidable poder de su facción. Pero siempre parecería una pretensión audaz de un sector extremista.

Ese aspecto de esas leyes como reconocimiento y compensación a los universitarios y políticos que desde hace medio siglo han estado haciendo la revolución, queda patente no sólo en la generosidad inverosímil con el presupuesto del proyecto, sino más aún en el proyecto de redistribución de la propiedad agraria: la base social rural de las FARC se volverá un poderoso lobby de dueños sin escrituras, a los que habrá que compensar copiosamente.

Pensando en eso resulta claro todo el juego de Santos: surgirá un poderoso sector de herederos de la Constitución del 91, con los miembros de las altas cortes, los socios de Ernesto Samper, César Gaviria y Andrés Pastrana, los "pacifistas" del PDA y el Partido Verde, todos agrupados alrededor de Santos, gestor del botín y también de las redes clientelares, pues por una parte son muchos y están organizados, pero individualmente son muy débiles.

En ese contexto se entiende la alianza con Chávez, y es lo que anunciaba Jaime Restrepo en su artículo del lunes aquí: los socios de Piedad Córdoba no van a dedicar su vida a derrotar a las FARC, con lo que el nuevo régimen está forzado a buscar una negociación. Puede que en las cuentas de Santos esta vez sí habrá resultados, dada la debilidad de la banda terrorista, sólo que la reconciliación y superación de los odios comportará una velada adhesión a la multinacional chavista y una cesión de poder a las FARC. Bueno, esa cesión de poder terminará siendo negociable, y el resultado inevitable será que las partes necesiten llegar fuertes a la mesa de negociación, como explicaba la prensa hace diez años.

No faltará el que encuentre muy aventuradas estas suposiciones. ¿Por qué no pensar en la actitud arrogante del ministro Vargas Lleras respecto de Uribe? ¿Y en los innumerables casos de reconocimiento a la persecución del hampa judicial contra el uribismo, como en el caso de la ex directora del DAS? Si es por la aparente imposibilidad de volver a un proceso de paz, hay dos preguntas que valdría la pena hacerse: ¿no parece también absurdo romper con las mayorías que lo eligieron para volverse aliado de una minoría? ¿Qué otro sentido tiene buscar que se elija en Unasur a una persona como María Emma Mejía, ligada al PDA?

Es decir, frente a lo que está Colombia es a un golpe de Estado que da Santos apoyándose en la capacidad de la cúpula judicial de encarcelar a los que permanezcan leales a Uribe, y aun de la misma comisión de acusaciones de perseguir al ex presidente, que al parecer no tiene otro remedio que apoyar la destrucción de su obra para no quedarse aislado. El otro puntal de Santos es la prensa, embelesada con su gestión hasta la más cómica indignidad.

No creo que sea fácil salir de ésta. Si la mayoría de la sociedad, correctamente orientada en cuanto al deseo de vivir en un país asimilado a las democracias modernas, tuviera un poco de madurez política y no la disposición a la pasión personal por un líder, sería la ocasión perfecta para acabar con el engendro de Pablo Escobar y las mafias que heredaron sus encargos en el poder judicial y otras ramas del Estado. Pero no hay tal, y el señor Uribe no parece tener el menor interés en un proyecto de ese tipo. A veces da la impresión de que sueña con volver a ser elegido presidente en 2014, cosa que ilusiona a la mayoría de sus seguidores pero que sería el mejor regalo que se podría dar al defraudador y su corte.

Es eso lo que tiene Colombia para la nueva década. La agresión de Chávez no está conjurada, ni muchísimo menos, por el contrario, es más probable que nunca porque la conducta del golpista-defraudador le ha permitido reforzar su dictadura, y de momento en Colombia el gobierno que tiene es el de uno de los suyos. Si Santos un día quisiera rectificar, por ejemplo ante el avance evidente de la desmoralización militar, traducible en triunfos de las bandas terroristas y en desprestigio del gobierno, ya nadie le podría creer.

Creo que es lo que le pasará a Uribe, que ha visto tanta miseria de su heredero y la ha refrendado, por ejemplo con la nueva fiscal, evidentemente nombrada para tapar las pruebas que involucran al samperismo en el asesinato de Álvaro Gómez Hurtado, que el día que quiera rectificar ya sólo le creerán los mismos lambones que lo halagaban hasta que el botín pasó a otras manos.

Mucha gente cree que la mayoría uribista castigará a Santos. Lo dudo: la mayoría no impone nada porque la minoría es más activa e inteligente. De ese modo una minoría irrisoria consiguió imponer la Constitución que pondría a Pablo Escobar a salvo de la extradición, y después manipuló el rechazo a la violencia para legitimar el Caguán. La mayoría duerme, y como en el famoso grabado de Goya, "el sueño de la razón produce monstruos". De hecho, esa minoría ha sabido hacerse con el poder gracias a las cuentas torcidas de un aventurero.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 22 de diciembre de 2010.)

lunes, marzo 07, 2011

Orwell, De Quincey, Genet

Cada vez es menos frecuente encontrarse con alguien que dude que la vida copia al arte. Esto es cierto por cuanto los seres humanos aprendemos e imitamos, y en las obras artísticas se va sedimentando la experiencia vivida por otros en otros contextos. Tratándose de la vida colombiana es difícil no ver que sigue modelos creados en la literatura de otros países.

El caso más fácil y conocido es la obra del británico George Orwell 1984: casi no hay ninguna atrocidad de las descritas en ese libro que no sea corriente en Colombia, empezando por la consigna que parece definir ese mundo ucrónico de espanto y degradación: ¡La paz es la guerra! Uno tiene la impresión de que los dirigentes de las organizaciones criminales y los que orientan a la prensa, que en últimas tienen que ser las mismas personas, intentan copiar al pie de la letra esa obra. Los que se lucran y obtienen poder de los asesinatos y secuestros se llaman "Colombianos y Colombianas por la Paz". Los medios publican sin cesar mentiras e intoxicaciones dedicadas a favorecer los diversos crímenes, y no obstante a quienes los cuestionan los acusan de estar llenos de odio, tal vez tratando de emular el Ministerio del Amor de la famosa novela.

Un aspecto característico del mundo de 1984 que se encuentra en todo momento en Colombia es la creación por la máquina de terror de algún enemigo al que se fuerza a todo el mundo a odiar. Las incesantes campañas de calumnias, insultos y amenazas de los sicarios morales de la prensa contra el ex asesor presidencial José Obdulio Gaviria (antes eran contra Fernando Londoño y antes contra Plinio Apuleyo Mendoza, siguiendo el modelo universal que llevó a hordas parecidas a quemar en efigie a Octavio Paz y le generó millones de enemigos, centenares por cada lector, a Jorge Luis Borges en todo el continente) son literalmente copiadas de los "cinco minutos de odio" que celebraban los personajes de la novela contra Emmanuel Goldstein.

Claro que en muchos aspectos el parecido del relato con la vida colombiana tiene una explicación sencilla: Orwell intentaba imaginarse cómo sería el planeta en manos de regímenes como el soviético, y es de esa atroz tiranía de donde vienen las FARC, la llamada izquierda democrática, que es a las FARC lo que el partido de Stalin al KGB, y un enorme poder oculto en la sociedad (bastaría pensar en las lealtades de los miles de egresados de las universidades soviéticas). Es como si uno se pareciera al retrato de su abuelo.

En resumen, la vida colombiana es copia del mundo de Orwell en lo que tiene de corrupción del lenguaje y sujeción a un poder opresivo.

Si uno busca modelos más precisos de lo que pasa en Colombia no tarda en encontrarse con otro gran autor británico: Thomas de Quincey. Este erudito opiómano, contemporáneo de Wordsworth y Coleridge y precursor de Poe, al que Borges admiraba, publicó en 1827 la primera parte de una obra a medias humorística llamada "Del asesinato considerado como una de las bellas artes". Remito al lector al enlace del título para más información sobre la obra. En lo que atañe a Colombia baste esta cita que sin duda es la guía moral de los intelectuales del país:
Pues, si por una vez el hombre se ve arrastrado al asesinato, pronto considerará cosa de poca importancia el robo, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y así acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente.
Es exactamente lo que ocurre con los desfalcos de los Moreno Rojas y demás próceres del Polo Democrático en la Alcaldía de Bogotá, y en general con ese partido. Uno teme que realmente se arme una rebelión el día que se descubra a uno de ellos hurgándose la nariz.

¿O será que nadie recuerda por ejemplo la alcaldía de Luis Eduardo Garzón invirtiendo muchos millones de pesos de la ciudad en campañas por el "intercambio humanitario"? El cinismo con que los infectos orwellianos de la prensa intentan tapar que el "intercambio humanitario" es el nombre eufemístico del secuestro, aquello para lo que se comete (que es como si se definiera el atraco como "desplazamiento de la billetera") despertaría rabia si la sociedad no estuviera marcada por la tremenda confusión moral que expresa cómicamente la frase citada de Thomas de Quincey.

Todo lo relativo a esa organización criminal recuerda al gran romántico inglés. ¿Ya se olvidó que las FARC llamaban a votar por el lamentable Samu? ¿Y la forma en que se formó la base sindical de la CUT, por ejemplo en Barrancabermeja, donde ejercía, antes de acceder al Comité Ejecutivo Central del Partido Comunista de Colombia, el dicharachero "neoecologista" Luis E. Garzón? ¿Y las alianzas del M-19 con Pablo Escobar para decapitar el poder judicial y para imponer una Constitución que prohibiera extraditar compatriotas? ¿Cuántos colombianos recuerdan que ése es el origen de la actual administración de la capital?

No obstante, el modelo más afortunado de Colombia, más allá de esa inversión de los valores que delata la identificación con el molde de De Quincey, lo provee otro narrador europeo, de cuyo nacimiento se cumple este mes el centenario: Jean Genet.

Hijo de una joven prostituta, Genet vivió hasta los ocho años en un orfanato, de donde lo sacó una familia con la que vivió dos años. A partir de entonces se dedicó a robar y pronto a prostituirse, y se convirtió en huésped habitual de las correccionales y después de las prisiones. También empezó muy joven a escribir: su obra es el relato de esa vida, y tiene que ver con Colombia sobre todo en que el país es como un enorme patio de prisión en el que reinan los más siniestros malhechores. Basta leer las páginas de opinión de la prensa para encontrar a decenas de personajes que prácticamente hacen ostentación del lucro y el poder que obtienen gracias a los crímenes de las tropas de niños y rústicos con las que colaboran para convertirse en ministros o embajadores vitalicios.

En el Diario del ladrón, Genet explica que un día se convenció de que esa vida espantosa era todo lo que tenía y de que debía sacar un diamante de ella. Lo consiguió a través de la escritura, en una obra llena de intuiciones geniales y turbadoras. Para poner un ejemplo, se refiere a Jesucristo como a un santurrón al que se admira por haber muerto por nuestros pecados, quedándose para sí la honra y dejándonos la culpa. ¡Tendría que haber cometido nuestros pecados, ésa sería la verdadera obra que tendríamos que agradecerle! De algún modo, su relato pretende describir su experiencia delictiva como una forma de vida excepcional, que podía proveerle una sabiduría moral superior.

Además de a robar y a prostituirse, Genet era dado a traicionar y delatar a sus cómplices. Cuando explica esta actitud, razona que para seguir un código de honor habría empezado por no delinquir. Es decir, que la vida de malhechor no puede regirse por la moralidad convencional.

Ésta es exactamente la disposición con que obra el fatídico Master Komponendas que ostenta la Presidencia de la República. Si le estuviera prohibido traicionar y afrentar a sus votantes, a los que prometió seguir la obra de Uribe llegando a extremos grotescos de servilismo, ¿qué gracia tendría ser el reyezuelo? ¿Qué va a significar ser reyezuelo sino precisamente poder prescindir de la opinión de sus súbditos? Uno usa esa palabra siguiendo una rutina, pero ¿alguien se habrá fijado en los cómicos visos monárquicos de la ceremonia de posesión?

En pocos meses el funesto tartamudo ha superado el récord de traiciones del mismo Genet. Entre las más obscenas destaca la que cometió con el líder venezolano Alejandro Peña Esclusa, cuyo infame encarcelamiento refrenda en aras de una supuesta gracia de póquer que termina no siendo más que alianza con las mafias del tráfico de drogas, cosa que se evidencia en el episodio de Makled. A fin de cuentas, aliándose con Samper y la Corte Suprema de Justicia está entrando en tratos con la mafia. Para dudar de eso habría que pensar seriamente que los tratos de los magistrados con Ascensio Reyes y compañía eran pura afición al karaoke.

Pero ésa ya es otra historia, sobre la que no conviene extenderse a riesgo de ultrajar injustamente a Genet, cuyo relato de vicio, traición y latrocinio resulta ligero comparado con la realidad de la triste república tropical.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 15 de diciembre de 2010.)

lunes, febrero 28, 2011

¿Justicia o atropellos sin máscara?

De tanto leer últimamente la palabra justicia en la prensa colombiana me queda la impresión de que esa palabra ya significa cualquier cosa, a la vez el sentido de una acción como "ajusticiar" y el gremio de tinterillos que constituye la mafia más funesta y a la vez más arquetípica: como si todas las redes criminales fueran "réplicas" del Estado invasor del tiempo de la Conquista y de sus representantes, entregados al saqueo y la esclavitud de los aborígenes. Es decir, la forma prístina de enriquecerse a punta de iniquidades era tener un cargo en el aparato estatal, abiertamente en el siglo XVI y sin muchas variantes hoy en día. De hecho, dada la mutua relación de los gremios judiciales y las organizaciones de extorsionistas y traficantes de cocaína, éstas parecen recaudadores y capataces remotos al servicio del grupo social que domina la "justicia", tal como hace unos siglos lo eran en las minas de oro y en las plantaciones caucheras.

De modo que cada vez que se menciona la justicia hay que prestar atención no sólo a las explicaciones del diccionario, sino sobre todo a la condición real de quien emplea la palabra. ¿Nadie ha leído en las porfiadas, patéticas y siniestras campañas de la prensa para intimidar al ex presidente Uribe un tono presuntuoso de amenaza? Los pensadores, con frecuencia miembros de redes de propaganda de las ONG, partidos pacifistas y colectivos de abogados que rodean a la "insurgencia", se jactan del hecho de que muchos funcionarios del anterior gobierno tienen problemas con la "justicia". Ayer mismo salía la noticia en la prensa de que volvieron a denunciar a Uribe ante la Comisión de Acusaciones, pero cuando uno va a leer resulta que los denunciantes son líderes conocidos o discretos del Partido Comunista.

Jaime Restrepo hablaba en su artículo del lunes de "la majestad de la justicia", aludiendo a la respetabilidad que se supone en quienes administran justicia, cosa escandalosamente ausente en los proveedores de iniquidades que ostentan esos cargos en representación de las mafias políticas que ascendieron gracias a los carrobombas de Pablo Escobar y las masacres del M-19. Esa noción tiene que ver sobre todo con la ausencia de interés particular en quien juzga, cosa que en Colombia ni siquiera pretenden. La administración de justicia ha llegado a ser simplemente el instrumento de persecución que sirve a un grupo interesado, pero el último sustento de eso, la última causa de que exista, es que los demás, siguiendo el orden de siempre, temiendo al inquisidor o al funcionario imperial, y en lo posible buscando estar en buenos términos con él, lo toleran.

Con frecuencia la palabra justicia se emplea con el sentido de venganza, cosa que en muchos casos es correcta, como reparación de un agravio. Otra cosa ocurre cuando tal agravio no existe o es por completo discutible, y la reparación sólo es la aplicación del látigo por el dominador. Es lo que pasa actualmente con los atropellos del poder judicial en Colombia: son aplaudidos por los poderes fácticos, sobre todo por la prensa, la gran empresa de los dueños tradicionales del país, pero ese aplauso constituye el premio a la injusticia, a la falta de equidad, de razón y de derecho.

La historia reciente de Colombia ilustra maravillosamente sobre la noción que tienen los colombianos de la justicia. Es algo generalizado en todos los grupos poderosos y tiene por muy diversos caminos impacto en el resto de la sociedad. El gobierno de César Gaviria llegó a un acuerdo infame con Pablo Escobar por el que se le permitía seguir delinquiendo desde su jaula de oro, todo con el fin de mostrar algún logro del presidente, y después se alió, cosa que todo el mundo sabía y la prensa publicaba, con los rivales del capo en el tráfico de cocaína y con los fundadores del paramilitarismo. ¿Alguien recuerda que el poder judicial se inquietara por el castigo de esas conductas? ¿Y la prensa?

El de Samper no sólo empezó financiado por una organización mafiosa, sino que en defensa de los intereses del presidente fueron asesinadas muchas personas. ¿Alguien recuerda que la prensa se preocupara de castigar a los funcionarios que podrían estar involucrados en la muerte de la "monita retrechera" y de otros? ¿Y que algún articulista mencionara la cada vez más clara relación de ese presidente con el asesinato de Álvaro Gómez? Los principales acusadores del gobierno de Uribe en la prensa, que acompañan las iniquidades de los tiranos de las cortes, eran funcionarios de ese gobierno, y no se puede decir que los que no lo eran tengan motivos diferentes, pues ¿alguien recuerda que UNO SOLO se acuerde de esos procesos? En el caso de Felipe Zuleta o Ramiro Bejarano los motivos para el odio tienen que ver claramente con la lealtad con Samper. En el de Alejandro Gaviria no se establece el nexo, pero sus manifestaciones tienen la misma orientación y sus invectivas los mismos blancos.

Andrés Pastrana colaboró de muchas maneras con la guerrilla de las FARC, a la que en la práctica autorizó a reclutar niños y guardar secuestrados en la vasta zona que le cedió. Todavía hay muchas dudas sobre los motivos de tan bizarra generosidad, desde el poder innegable que generan varios miles de millones de dólares de recaudación anual hasta las promesas de recibir un Premio Nobel de la Paz por convertir el asesinato en masa en fuente de derecho. Los amigos de Pastrana colaboran con los de Samper en la persecución del uribismo, y ciertamente nunca ha habido nadie que piense que el ex presidente debiera responder por los miles de asesinatos que promovió ni por los demás crímenes de sus aliados.

Mi punto no es que los los culpables son los perseguidores de Uribe, esas decenas de paniaguados de la casta oligárquica que sugieren en todo momento que a Uribe se lo debe matar para que no publique sus opiniones en Twitter, sino que lo son los demás colombianos, pues ¿a cuántos ha sorprendido esa rara determinación de la "justicia"? ¿A cuántos indigna o asquea que los mismos organizadores de las FARC, hoy aliados con el gobierno de Santos, se dediquen a usar sus "fichas" en el poder judicial para perseguir a quienes han estorbado a su tropa? Hablar de la desfachatez de la caterva de prevaricadores es hablar de los socios de las FARC, de los que se han enriquecido copiosamente gracias al poder terrorista y a las alianzas que establecieron sus jefes políticos con gobernantes como Ernesto Samper.

Paradigmático tanto de los herederos de la industria del secuestro como del fervor asesino contra Uribe es el escritor Héctor Abad Faciolince, cuyo padre era un muy importante líder de la Unión Patriótica cuando fue asesinado. El hijo se hizo famoso gracias a la promoción que recibió por parte del Partido Comunista, y después del gobierno de Ernesto Samper, que necesitaba la alianza con ese partido, dueño de las universidades, los juzgados y la función pública en esa época (el espeluznante y desternillante Wilson Borja era presidente de la federación de sindicatos de empleados estatales). La última diatriba del escritor, de conmovedor patetismo, llama a sus huestes a acallar a Uribe, sin insistir en los medios por ser obvios. La desfachatez de sus "argumentos" es bastante más grave que los secuestros de que obtenía su padre poder político.
Y los del DAS pusieron micrófonos en la sala de la Corte Suprema, para oír ilegalmente sus deliberaciones. Si el FBI o la CIA hubieran hecho esto en Estados Unidos, las consecuencias para el gobierno que hubiera instigado semejante insulto se oirían durante siglos.
En este aleccionador párrafo se da por sentado que los altos tribunales estadounidenses se dedican a conspirar para tumbar al gobierno, ejercen de jueces de primera instancia, legislan cada vez que les interesa cambiar el orden legal, están formados por aliados de poderosas redes de traficantes de cocaína, fueron nombrados por sus lealtades con políticos de trayectoria sospechosa, como lo son ellos mismos. La mentira es tan obscena que sólo un canalla cuya carrera se ha forjado por la lealtad con quienes encargan secuestros se atreve a tanto.
No es posible chuzar a la Corte Suprema y luego pretender que la Corte Suprema se cruce de brazos.
Donde se establece que la autoridad judicial puede permitirse ser juez y parte, que para eso es el poder judicial: la autoridad no tiene por sentido administrar justicia, sino asegurar su poder. ¿Alguien se imagina una sola objeción en toda la prensa y aun en la opinión colombiana ante semejante perla?
Porque ordenarles a los servicios de inteligencia chuzar a los altos magistrados y a los principales periodistas y opositores políticos del país es un delito más grave, muchísimo más grave que el escándalo de Watergate.
Esta vez el asqueroso ejerce de jurista. Los "principales periodistas", como Hollman Morris, son más o menos abiertos propagandistas del terrorismo, así como los "opositores políticos" que supuestamente fueron espiados. ¿Alguien duda de que este hampón es sin la menor duda un aliado de las FARC? ¿Cuántos crímenes no se habrían evitado espiando adecuadamente a Piedad Córdoba? En cuanto a los magistrados, es evidente que trabajan para intereses mafiosos. De modo que espiar a semejantes "joyitas" podrá ser más grave que el escándalo Watergate, pero no que la alianza con los Pepes, el asesinato de Álvaro Gómez ni la contribución a miles de secuestros y asesinatos.
¿Por qué se va al exilio la señora Hurtado? Para no tener que decir de dónde venía la orden de oír a los jueces, a los políticos y a los periodistas, ya que confesar esa verdad era lo mismo que poner una lápida en su pecho. Mejor callada en Panamá que acorralada aquí entre la pared de la verdad y la espada del miedo.
Aquí se dice que Uribe habría mandado matar a quien lo denunciara como instigador de las interceptaciones, cosa que será normal para Abad porque ¿cuántos asesinatos no habrá encargado su padre desde la dirección de la Unión Patriótica? Y es tan obvia la respuesta que sólo la más desvergonzada propaganda criminal puede ponerla en duda: la señora Hurtado iba a ser condenada a 18 años porque le conviene a los intereses de los promotores de la carrera de Abad, ¿por qué no iba a exiliarse?

El nivel de la calumnia de este asqueroso no es menos brutal que los crímenes que habrían hecho a su padre, quizá, presidente vitalicio. ¿Alguien se sorprende de que personas de tal talante sean los compañeros de la "justicia"? Queda por averiguar, y ya uno está completamente desarmado, ¿qué motivos pueden tener para tanto odio contra Uribe? ¿Alguien recuerda alguna rabia parecida contra los gobiernos que permitían secuestrar a diez cristianos cada día? Lucrarse de los secuestros, cosa que uno, lógicamente, no sabe si hace el escritor, es muchísimo menos grave que lo que él hace con su escrito sicarial.
Uribe y sus aliados son poderosos, pero hoy son los huérfanos y las viudas del poder. Nosotros, los periodistas, podemos convertirnos en los altavoces, en los amplificadores de sus rabietas y diatribas, o simplemente dejarlo que grite y vocifere a solas en su Blackberry. Tenemos la tentación de seguir en ese ambiente crispado, lleno de rabia y adrenalina al que nos acostumbró su gobierno. Pero lo más sensato sería hundir el botón de “mute” cuando estos cruzados del odio vociferan, e insultan. Ya pasamos esa página, ese trago amargo. No le demos más prensa ni le prestemos más atención a tanta rabia. Bajémosle la fiebre a todo esto hundiendo ese pedal que en el piano se llama sordina. Que grite solo, como Chávez. Y preguntémonos en silencio, simplemente, de cuando en cuando, por qué no se callará. Porque eso sería lo mejor para todos: que se callara.
Ésa es mi tierra: quien no aprueba que condenen a alguien a prisión perpetua por vigilar a unos criminales es un cruzado del odio, pero quien acusa sin ningún argumento al presidente de querer matar a una persona es un emisario del amor, no faltaría más. Los que desde el comienzo, desde antes de que Uribe ganara la primera elección, han estado calumniando desde la prensa por supuestas relaciones de su padre con el cartel de Medellín, pasando por las miles de noticias falsas, las miles de conjuras, El embrujo autoritario, etc., que hemos presenciado son extrañamente los voceros de la decencia. Los mismos (basta con leer CUALQUIER periódico de los tiempos del Caguán) que ante cada masacre explicaban que "las partes necesitaban llegar fuertes a la mesa de negociación".

Colombia se recuperó de las insidias de estos criminales durante los ocho años de Uribe, y fue esa satisfacción lo que permitió la derrota del candidato que promovía Abad. Si las intrigas y manipulaciones del nuevo presidente, traicionando a sus electores, lo lleva a ser el principal impulsor de la persecución al uribismo, como acertadamente sugiere Álvarez Gardeazábal, nadie debe sorprenderse de que el crimen remonte. Abad y los cientos de paniaguados que vociferan, calumnian, censuran, sugieren asesinatos y mienten desde la prensa son sólo los portavoces de ese poder.

Y no se podrá hacer nada contra ellos mientras los colombianos no se detengan al menos a pensar que la justicia no puede ser lo que conviene a cada uno. Que las persecuciones que establece un poder ligado al crimen son exactamente lo contrario de la justicia.

En los museos de las grandes capitales se pueden ver máscaras rituales africanas. Éstas forman parte de la tradición de muchas tribus, y su uso tiene el sentido de proclamar que quien impone un castigo no es un individuo sino el poder mítico encarnado en la máscara. Los colombianos están muy por detrás de la noción moral de esas tribus. Para los colombianos es correcto imponer castigos por propio interés, a tal punto que ese columnista no tiene el menor pudor en proclamar la parcialidad de la corte, juez y parte, y que nadie se sorprende.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 1 de diciembre de 2010)