lunes, marzo 15, 2010

La traición de Petro

En contra de lo previsto por los que apenas leen la prensa, Gustavo Petro ganó la consulta que designa al candidato del Polo Democrático a la presidencia en 2010. La explicación de ese hecho suscita controversias, aunque predomina la suposición de que la militancia de ese partido se ha moderado y ha entendido que debe alejarse de Chávez. La posibilidad de que el candidato elegido haya contado con el apoyo del gorila rojo mueve a risa a todos los sabihondos que abundan en el país, la clase de producto típico de las universidades locales, que apenas leen los titulares y fuerzan cualquier dato hasta hacerlo caber en alguno de los cajones de su sistema binario.

Claro que es sumamente extraño que los críticos de Chávez hayan votado por Petro cuando su adversario también es un crítico enérgico de Chávez (ver entrevista en El País). La única diferencia es que, a diferencia de Carlos Gaviria, Petro es un viejo amigo del sátrapa, ayudó a crear en Colombia círculos bolivarianos y a huir a un coronel espía que colabora con los torturadores y asesinos del ejército venezolano.

También es extraño, muy extraño, que hace apenas seis meses Petro fuera clamorosamente derrotado en el congreso del PDA y ahora gane la consulta para escoger candidato presidencial. Muchos dirán que eso fue así por la votación de gente ajena al partido, pero ¡es que votó apenas un 1,5 % de los que podían hacerlo! De tal modo, las bien aceitadas maquinarias de la Anapo, del Moir, del PCC, de la CUT y de las diversas camarillas que usufructúan el patrimonio de los bogotanos, además del público de los grandes creadores de opinión y las costosas campañas publicitarias, apenas sirven para conseguir 200.000 votos (y en el caso del samperismo aún menos, cosa que hace dudar también de las causas del éxito de Rafael Pardo).

Perdón por ceder al vicio de irme por las ramas, pero es que es difícil pasar por alto esa rareza antropológica de confundir los deseos con la realidad, de imponerle a ésta el molde del prejuicio ("preconcepción"). Se trata de un rasgo colombiano: es tan apremiante la necesidad psíquica de una izquierda hostil a las FARC y a Chávez que se llega a creer las cosas más increíbles. Bueno, y a interpretar lo que se quiera en las palabras ajenas.

El distanciamiento de Petro respecto a Chávez y a la mayoría de su partido es una vulgar labor de enmascaramiento, cosa que es sumamente fácil de conseguir cuando el público está dispuesto a dejarse engañar. Sorprenderse por eso es como si alguien en una sesión de títeres se indignara de que los miembros de los personajes fueran sólo los dedos del titiritero y el público no lo quisiera ver.

De modo que habría que ver en una perspectiva un poco larga cuál ha sido la actitud de Petro ante las FARC, por no hablar de Chávez. ¿Qué decía el hoy candidato presidencial de la negociación del Caguán? ¿Qué decía cuando su partido no presentó ningún proyecto de seguridad en la elección presidencial de 2002? ¿Y respecto de todas las declaraciones y actitudes de ese partido durante todos esos años? Petro empezó a ver problemático premiar el secuestro cuando éste ya se había reducido drásticamente.

Es el mismo motivo por el que el PDA dobló en votos al "liberalismo" en las elecciones de 2006 y obtuvo menos de la mitad de votos que ese partido en la consulta del domingo pasado: el formidable factor de poder que representaba la banda asesina se ha reducido tremendamente y ya nadie apuesta por su triunfo, al tiempo que el rechazo de la gente se ha multiplicado. Ya no conviene estar de lado de los perdedores. Y el PDA es perdedor porque estaba asociado a las FARC, tanto en la percepción de los uribistas como en la de las clientelas del partido.

No obstante, en una fecha tan reciente como agosto de 2007, Petro declaraba a Clarín:
Es importante que las FARC vean que a través de la democracia y de un gobierno democrático se puede acabar la guerra. En eso hay una luz de esperanza.
Es decir, la esperanza no se vislumbra en la derrota de los terroristas, sino en su apoyo a un gobierno del PDA. Respecto a ese apoyo, manifestado un poco antes por alias Raúl Reyes, señalaba uno de los líderes del PDA más próximos a Petro, Daniel García Peña (en el mismo enlace):
Me parece positivo e importante que las FARC hagan consideraciones políticas de esa naturaleza, porque eso demuestra que hay otras formas, a través de la democracia, de luchar por las reivindicaciones sociales.
Esas consideraciones merecen atención. Esto dijo el finadito al citado periódico de la hermana república austral:
Exigimos la renuncia del gobierno de Uribe por ilegítimo, por corrupto, por ser el responsable de la narco-parapolítica. Y hemos pensado que debe ser reemplazado por una coalición para conformar un gobierno pluralista, patriótico y democrático, que se comprometa con la verdadera paz. Pensamos que un gobierno de estas características puede servir también en Colombia, como por ejemplo un gobierno del Polo Democrático Alternativo.
Y no estaría bien que pasáramos por alto la acogida de Petro a tal propuesta:
-¿Cómo evalúa Usted lo que dijo Raúl Reyes?

-Creo que hay que ponerlo en el contexto de este gobierno. Pese a que la Carta Magna del 91 es democrática y nosotros nos desmovilizamos por ella, ningún gobierno desde entonces la ha cumplido. El de Uribe no es un gobierno democrático y por eso las FARC reclaman su caída. En eso se equivocan. Ahora existen el Polo que, una vez en el poder desde 2010, hará cumplir esa Constitución, será progresista, amplio, democrático, encarará las reformas sociales, económicas y políticas que exige este país.

-¿En ese contexto las FARC dejarían de tener razón de ser?

-Claro. La mejor manera de derrotar a las FARC no es con las armas, algo que se ha demostrado imposible. Y ellos no pueden derrotar al Estado. Entonces está claro que la mejor manera es a través de la política, que pierdan su razón de ser. Porque más allá de que ellos se financien con el narcotráfico y que podamos condenar sus formas de hacer la guerra, hay una base campesina que las apoya porque nunca el Estado ha llegado hasta ellos.

-¿Entonces con Usted en el poder no habría necesidad de un acuerdo de paz?

-No, porque estarían dadas todas las condiciones políticas para que asuman la lucha política y porque encararíamos las reformas que esta sociedad necesita. Así, las armas podrían enterrarse.
Más adelante explicaré hasta qué punto esa convergencia con las FARC es exactamente el programa actual de Petro. La idea de que la solución es un triunfo electoral del PDA la expresó antes Raúl Reyes, mientras que Petro todavía le reconoce a la banda asesina una "razón de ser". Comentar las demás lindezas que dice Petro haría inacabable este largo escrito, pero creo que todo se hace evidente.

Bueno, vamos a atender a lo que ha escrito Petro este año. En un artículo publicado en El Tiempo antes del Congreso del PDA y destinado a buscar una alianza con la banda de los Morenos, el senador explicó los cuatro puntos de su propuesta de unión. Sobre ese artículo y sobre la situación del PDA en ese momento publiqué un post en este blog, que también invito a leer a los interesados. Lo destacable es por una parte el reconocimiento del Ejército, fruto de la operación Jaque, y tal vez de una estrategia que dio resultados en Venezuela, Ecuador y Bolivia, países en los que los militares no han resistido a los gobiernos bolivarianos, sino al contrario.

En todo caso, respecto de lo esencial nada había cambiado desde agosto de 2007:
... la política de paz del Partido nace de reconocer que la paz es un derecho de los ciudadanos, vulnerado por los actores del conflicto armado. Por tal razón, [el PDA] defiende el proceso de paz como un derecho de la ciudadanía, que hace del ciudadano, y no del sujeto armado, el protagonista central de dicho proceso. La Paz se alcanzará entonces de un Acuerdo Nacional de los ciudadanos, a través de sus fuerzas sociales y políticas, que concierte profundas reformas democráticas para quitarle oxígeno a la violencia, efectuadas ellas por un gobierno de amplia convergencia democrática.
Es decir, lo mismo de Raúl Reyes: si ellos toman el poder por las buenas no habrá necesidad de forcejear por eso. Todo el problema es entregarles el poder para que puedan "quitarle oxígeno a la violencia".

Pero, ay, los Morenos, se fueron con Dussán y Gaviria y las esperanzas de dirigir el PDA se redujeron considerablemente. La consulta del domingo pasado era la única esperanza. Por eso previamente Petro concedió una entrevista provocadora, que pese a lo extenso de este escrito me detendré a comentar.

EL TIEMPO: ¿Es incontenible la escalada armamentista en la región?

Gustavo Petro: Se debe detener y se debe hacer a través de un pacto latinoamericano de destrucción de armamento de carácter ofensivo. Si E.U. y la Unión Soviética lo hicieron en su peor momento, ¿por qué no lo podemos hacer los latinoamericanos?

Lograr un pacto de este estilo hacia una región libre de armas ofensivas equivale a un cambio de política internacional en muchos aspectos, incluida la política internacional de Colombia. Pero no solo de Colombia, sino de todo el continente americano.

Veamos: tanto Brasil como Venezuela andan metidos en gastos extraordinarios en armamento, pero Petro alegremente propone que se destruya el armamento. Lo interesante es que esa entrevista ha convencido a mucha gente de que el tipo ahora sí rompió con el chavismo y los totalitarios, como si pasar de gastar miles de millones de dólares en armamento a destruirlo fuera una decisión fácil. Retóricamente es fácil: que no haya necesidad de amenazar a Colombia, en el caso venezolano. Y no la habrá cuando gobierne el PDA. Eso no es ninguna tontería: las sugerencias de Petro coinciden milimétricamente con las amenazas de Chávez, y pueden tener muy buena acogida entre el empresariado que sufre las restricciones comerciales.

¿Cómo se lograría, según la estrategia que usted propone?

En primer lugar, la agresión verbal que viene sufriendo el Gobierno de Colombia por parte del gobierno venezolano, debe entenderse por parte de la izquierda colombiana como una agresión al conjunto de la sociedad colombiana. Así debe entenderlo también el Presidente de la República venezolana. No es a Uribe al que están atacando, es a la sociedad colombiana toda, porque las armas que se compran, las palabras que se pronuncian, el contexto en donde se están calentando las fronteras en este momento, agraden [sic] no solo al presidente Uribe sino también el conjunto de la sociedad colombiana.

A pesar de todas las diferencias que sabe el país que tengo con el presidente Uribe, tenemos que ser claros. El Presidente de Colombia, es el presidente legítimo de los colombianos y las agresiones hacia el Presidente de Colombia como tal son agresiones hacia Colombia como tal.

La izquierda colombiana debe rechazar profundamente cualquier tipo de agresión verbal, o peor aún, física contra el actual Gobierno de Colombia proveniente de gobiernos extranjeros.

Sobre esta base, Colombia debe reflexionar sobre el cambio de su política internacional que la ha conducido a la soledad y a una enorme vulnerabilidad.

Es importante detenerse a entenderlo: Chávez recurre al viejo ídolo, al viejo compromiso que funda la patria y la identidad, el anticolombianismo, porque de otro modo su popularidad caería muchísimo. ¿Y qué hace el señor que intenta repetir en Colombia el experimento que triunfó en Ecuador y Bolivia? Imagínense, nadie se lo esperaba, en lugar de ofender a los colombianos se pone de su parte y halaga su nacionalismo, y en lugar de pedirles que no voten por él porque él es más amigo de Chávez, les dice que voten por él. Claro que por puro cariño a la patria ultrajada intenta enmendar los errores "que la han conducido a la soledad y a una enorme vulnerabilidad"

¿Qué se debería cambiar en la política exterior colombiana?

Debe modificarse en tres ejes. El primero es lograr un nuevo diálogo multilateral entre América Latina y los Estados Unidos. Tenemos una oportunidad de oro para ella. Colombia necesita de una nueva política bilateral con E.U., que transforme la política antidrogas y el tratado de libre comercio (TLC). El presidente Obama necesita construir una nueva política hacia América Latina diferente a la que construyó el presidente Bush. Y América Latina necesita de un nuevo diálogo con los Estados Unidos para cambiar la historia tradicional de unas relaciones conflictivas al interior del continente. Plantearnos un diálogo constructivo multilateral entre América Latina y E.U. me parece que es el contexto en el que se pueden distensionar las relaciones con los países de América Latina.

El segundo principio es recuperar el liderazgo del Pacto Andino. Estamos obsesionados con el TLC, que no le conviene sobre todo a la agricultura colombiana. Colombia perdió la perspectiva de liderar el Pacto Andino dentro de la integración latinoamericana. Ecuador y Bolivia hoy son atraíbles a una política de reconstrucción del Pacto Andino; Venezuela tiene una lógica petrolera que los distancia del Pacto Andino, pero Colombia es un neto ganador dentro de una lógica andina por ser el principal mercado industrial y porque también el Caribe podría ser su principal mercado agro-alimentario.

Si Colombia reconstruye su agenda internacional priorizando la reconstrucción del Pacto Andino, puede perfectamente reconstruir las relaciones con América Latina y distensionar las fronteras.

Y tercero: después de lograr un diálogo multilateral constructivo con E.U. y América Latina, luego de colocarse en el liderazgo con el Pacto Andino, debe propiciar un pacto de destrucción de armamento ofensivo en el continente, o por lo menos en la región latinoamericana. A ese objetivo hay que llegar para terminar con la carrera armamentista.

No hay día en que no me pregunte asombrado por lo que entienden los colombianos de lo que leen. ¿Por qué agrede Chávez a Colombia? Por la política no chavista del gobierno colombiano. ¿Cuál es la solución? Obvio, no ser aliados de EE UU sino de Ecuador y Bolivia, y de paso "recuperar el liderazgo" en el Pacto Andino, que sólo es, como siempre en Petro, el nombre conveniente del Alba (nadie entiende por qué no iba a haber cabida para Nicaragua en un grupo liderado por Colombia). La única condición es la que ponía Raúl Reyes. En cuanto el gobierno sea como los de Ecuador y Bolivia, la agresión de Chávez cesará.

Plantea usted la estrategia con muchas variables. ¿Por dónde comenzar?

Hay que comenzar quitándole virulencia al lenguaje, y aquí es la izquierda colombiana la que tiene la palabra. Ya Navarro está en una actividad que yo creo fructífera en la reconstrucción de las relaciones con Ecuador, delegado por el mismo presidente Uribe. Me parece que la izquierda debe expresar su voz de manera unánime para exigirle a Chávez que deje de agredir verbalmente a Uribe y por ese medio a Colombia.

Sobre ese escenario podemos entrar al segundo elemento que me parece sustancial, el planteamiento desde el Gobierno colombiano, que es el que más vale en este sentido, de construir un nuevo diálogo entre E.U. y América Latina de manera multilateral. Es decir, que Colombia debe pasar a reconstruir lo que se llamaba el multilateralismo como prioridad sobre el bilateralismo que nos ha conducido a una sin salida. Ese escenario multilateral es esencial entre América Latina y E.U., pero es Colombia y no Brasil el que debe tener la iniciativa, porque es el que puede producir el puente que necesita Obama y América Latina y Colombia.

Siempre es lo mismo: "quitarle virulencia al lenguaje" es lo propio de la izquierda democrática, lo que se decía en la época del Caguán. Después de todas las amenazas de Chávez, hay que ir a pedirle perdón, y de paso buscar una negociación con EE UU en la que entren los gobiernos de Venezuela, Ecuador, Bolivia, Argentina, Brasil... ¿No les parece que Chávez tiene que estar muy indignado por la traición de su antiguo amigo? Tremendo.

¿Cómo explicarlo? La propuesta de Petro sencillamente consiste en cambiar toda la política internacional del país para alinearlo con Chávez. Para eso es la destrucción de armamento ofensivo y la conciencia del terrible ultraje que sufre Colombia por las agresiones del gorila rojo. El tema es hasta bonito: ¡estamos aislados en Sudamérica, sin liderazgo industrial! Esto último es lo más importante: es el cobro de las restricciones comerciales de Venezuela, algo que llega a mucha gente como la llamada que recibe la familia de un niño secuestrado y no quiere olvidarse de él. Con un gobierno de Petro, ahora de amplia convergencia, ni las FARC molestarán más ni Chávez restringirá las importaciones.

Luego del fracaso de Quito, ¿tiene Colombia, según usted, la fuerza necesaria para asumir ese liderazgo que mucha gente cree que debería tener Brasil?

Sí, si recupera su principio de soberanía. Y el principio de soberanía es que las decisiones de Colombia deben ser tomadas por los colombianos y no desde Caracas, ni desde Quito, ni desde Washington. Si asumimos el principio de soberanía, perfectamente podemos lograr los dos objetivos que me parecen prioritarios: diálogo multilateral de E.U. - América Latina. Brasil sería un excelente aliado. Y reconstruir el Pacto Andino que también depende de nosotros y no de Brasil.

Lo difícil es comunicar la singularidad de la vida colombiana a quien no quiere verla desde otro lado. El núcleo de la nación son los tinterillos especializados en maquillar el despojo y la esclavitud obtenidos mediante la violencia. El arte de Petro sólo es ése: ceder a las FARC y a Chávez no es una traición a las víctimas ni un paso hacia el abismo, sino un ejemplo de soberanía. Como la madre del niño retenido que venderá las propiedades sin consultar con el marido y que es halagada por el negociador como una persona valerosa, autónoma, libre, enérgica, sentimental, sensible, sensitiva (negociar secuestros ha sido por mucho tiempo un trabajo típico de los literatos locales, que a lo mejor hasta han leído a Rubén Darío).

¿Por qué cree que su propuesta puede ser viable, sobre todo viniendo de un hombre de izquierda como usted?

Por donde vamos hoy hay una carrera armamentista y tres alianzas diferentes en juego: Caracas-Moscú; Brasilia-París; y Bogotá-Washington. Tres ejes que solo van a tener una consecuencia: la pérdida de la soberanía latinoamericana sobre sus recursos naturales más importantes en el siglo XXI: oxígeno, agua y diversidad amazónica. Ese camino lo están siguiendo líderes como Lula, Chávez y Uribe, ese camino nos destruye, ese camino tiene una enorme peligrosidad que es un conflicto armado.

Prudente, Petro advierte el peligro. No, no vayan a pensar que está transmitiendo las amenazas de Chávez, sino sólo buscando el acuerdo entre nosotros los latinoamericanos para que no terminemos matándonos entre nosotros por culpa del error de Uribe de aliarse con Washington. Yo veo alguna diferencia de Petro con las FARC y con Chávez: que estos últimos me asquean menos.

¿Usted ve realmente el riesgo de un conflicto armado?

Hay muchos locos detrás de eso, incluido Washington, incluidos sectores que quieren destruir a Obama dentro de los Estados Unidos, y en esa medida, ese camino que es el que hoy está en Unasur, no es el que le conviene a ningún americano. Por eso la construcción de una nueva agenda con un liderazgo colombiano, sea de este gobierno o del próximo, es imprescindible. Y para ello hay que recuperar el principio de soberanía, tener una estrategia propia.

Más de lo mismo.

Para partir de donde usted piensa, la izquierda colombiana debería tener mucha madurez política. ¿La tiene?

Yo soy candidato presidencial de la izquierda, y espero serlo de la nueva izquierda a partir del 27 de septiembre, así que a título de ese estatus es que hablo.

Es curiosa la afinidad del columnista con el entrevistado, pero es una constante en la prensa colombiana. Hasta un niño se da cuenta de que el tono apocalíptico es la transmisión de las amenazas de Chávez, pero el entrevistador sólo asume el peligro y se preocupa por buscar soluciones.

¿Cómo echar a rodar algo así, cuando Jaime Dussán, presidente del Polo, de su partido, ha ido a presentarle excusas al Presidente ecuatoriano por el episodio en el que murió Raúl Reyes?

Jaime Dussán ha cometido tres grandes brochadas: la primera, pedirle los puestos a Samuel Moreno, una vez fue elegido Presidente; la segunda, ser Presidente del Polo; la tercera, siendo presidente del Polo, adherirse a Carlos Gaviria rompiendo la neutralidad propia que debe tener el presidente de un partido.

Y sobre esas tres brochadas constituyó la peor de todas: irse a hablar con Chávez en el peor momento, no porque hablar sea un pecado porque hablando se entiende la gente, sino porque en ese momento colocó a la sociedad colombiana bajo la posibilidad de una agresión verbal de Chávez, toda ella unificando a la sociedad con su Presidente legítimo.

Nosotros no necesitábamos eso, nosotros necesitábamos proponer una política que condujera a distensionar las relaciones entre los países latinoamericanos sobre una nueva perspectiva, que es de lo que yo estoy hablando.

Así que, si yo gano el 27 de septiembre, las cuatro brochadas desaparecen porque Dussán dejará de ser el Presidente del Polo.

Aquí se trata de lo mismo: el tono servil ante Chávez no servirá para conseguir votos. Lo que servirá será el diálogo, sí, ¡pero con dignidad! Que no crea que a los colombianos se nos maltrata impunemente, que no crea que Colombia no tiene energía e imaginación para liderar el Pacto Andino y para proponer un nuevo trato con Washington, que no crea que su socialismo del siglo XXI va a ser más justo ni más socialista que el que hagamos los colombianos, que no crea que la unidad de los latinoamericanos se va a conseguir de otra forma que mediante el respeto, que no crea que carecemos de generosidad para perdonar las ofensas y buscar un tono fraternal con nuestros hermanos de todo el continente, que no crea que nos quedamos cortos soltando anáforas ni haciendo el ridículo con toda pompa y solemnidad.

¿Entonces no será esa izquierda del Polo que hoy tiene esa personería legal la que haga ese viraje?

Seremos nosotros, y nuestra candidatura presidencial colocada en función de un gran acuerdo democrático para detener la dictadura en Colombia. Vamos a trabajar para que todas las fuerzas sociales y políticas defensoras del estado social de derecho se comprometan en estos propósitos, incluso incentivar al actual gobierno en adoptar una agenda propia de Colombia dentro del contexto internacional con los criterios que vengo delineando.

Eso es lo que se llama liderazgo: hará un gran acuerdo con todos los demás socios de Piedad Córdoba para detener la dictadura, pero de paso le propondrá a la dictadura que haga lo que él quiere, que rompa con Washington y adopte una agenda propia, que no es otra que la propia agenda de Petro.

¿Está planteando una propuesta que tendría vigencia en un hipotético gobierno suyo o está dirigida al gobierno de hoy?

Es para ya. Cuando digo que la izquierda debe manifestarse en función de que a Chávez le quede claro que la agresión verbal arremete al conjunto de la sociedad, eso es para ya.

Cuando digo que debemos recuperar el principio de soberanía y tener agenda propia internacional y pasar a reconstruir el pacto andino, y el diálogo multilateral con Estados Unidos, y posiblemente un pacto de destrucción de armamento en América Latina, es para ya.

Así que es una propuesta a Uribe. Las condiciones objetivas para eso están dadas.

No faltaría más sino no proponerle a Uribe que aplique la política del PDA. ¿Qué se perdería?

¿Por qué dice con tanta certeza que están dadas?

Primero, el TLC no va, ni en Canadá, ni en E.U., ni en Europa, que fue la gran obsesión de la elite económica en Colombia. ¿Qué hacemos en cambio? El Pacto Andino es la solución que ya teníamos, pero que lo perdimos.

Obama no tiene política hacia Latinoamérica y sigue implementando la de Bush. Luego, el Partido Demócrata está en la construcción y en la posibilidad de adoptar una nueva política de Estados Unidos hacia América Latina que nosotros podemos llevar a que se dé ese diálogo constructivo multilateral, están dadas las condiciones para ello.

Y la carrera armamentista a todas las sociedades latinoamericanas les suena que es un gasto innecesario, cuando lo que hay que solucionar son los problemas de pobreza y sociales profundos en todas nuestras sociedades.

Luego, la legitimidad de un pacto de destrucción y de detenimiento de la carrera armamentista, también están dadas. Las tres condiciones están dadas en América Latina, solo se necesita liderazgo, y ese liderazgo puede provenir precisamente de quien se considera el gobierno más derechista dentro de América Latina, el actual gobierno de Colombia.

Ya lo ven: los cohetes de Chávez no son el problema, sino la indelicadeza con que se dirige a Colombia. Las armas forman parte de "la carrera armamentista", que es como cuando se habla del "conflicto". ¿Y qué se puede hacer frente a la carrera armamentista? Hombre, detenerla, dejar la alianza con Washington y volver al Pacto Andino. No es que Chávez intente dominar a toda la región, sino que todos somos responsables de la carrera armamentista, y en lugar de buscar protegernos del expansionismo del gorila rojo debemos congraciarnos con él eligiendo a un gobierno digno, sí, pero que no despertará su rabia por no ser títere, cipayo, lacayo, etc., del imperio. Claro que sí.

¿Se puede frenar la carrera armamentista en estos momentos en que los países están comprando armas?

Si no lo hace Uribe, lo hago yo. Pero la excusa para la carrera armamentista de unos y de otros no es más que la enemistad creciente entre E.U. y algunos países de América Latina y la enemistad creciente entre varios países de América Latina. Esa es la excusa para la carrera armamentista. Si quitamos las dos enemistades a través del diálogo multilateral y la construcción del pacto andino, las cosas se acaban.

¿Quién ha llegado a imaginarse que la carrera armamentista la empezó el gorila rojo hace muchos años, en gran medida para apoyar a las FARC? No, hombre, es una cuestión que tiene que resolver el gobierno colombiano, que para eso es considerado el más derechista de Latinoamérica. ¡Y todo por la enemistad de EE UU! Ahora me parece menos probable que Chávez haya apoyado a semejante hampón. No es justo atribuirle tanta bajeza.

No faltará gente que diga que Petro se está derechizando.

Pues sí, la extrema izquierda. Pero, plantear la reconstrucción del Pacto Andino, plantear una política de desarme progresivo en lo más ofensivo que haya en armamentos, y plantear un diálogo multilateral nuevo, eso tiene que ver con una nueva izquierda muy progresista en América Latina.

No faltaría más. La izquierda siempre es lo nuevo, y Hitler era el paradigma de la izquierda, defensor de la dignidad de su nación, emisario de una gran novedad histórica, líder de los jóvenes y enérgicos, enemigo de las conjuras de los especuladores y agiotistas, etc.
Pero no deja de ser curioso que Petro aparezca ahora desde la izquierda más distante de Chávez y más cerca de Uribe.

Lo que pasa es que la voz que vale en contra de las Farc y en contra de agresiones verbales de gobiernos extranjeros contra Colombia, es la voz de la izquierda.
La prensa colombiana sólo es propaganda. La cercanía con Uribe es un absurdo tan grande como la distancia de Chávez, pero la ocasión para que el nuevo patrocinado de Roberto Pombo se luzca defendiendo a la patria contra agresiones de gobiernos extranjeros. ¡La voz que vale contra las FARC es la de la izquierda! Se nota por todo lo que han hecho respecto a la banda. El único misterio es la credulidad de tanta gente.

¿Por qué es la que más vale?

Porque es la que tiene autoridad para hacerlo sentir. Las Farc cuando los critica la derecha, saben que es la derecha, y eso está dentro de su lógica. Chávez cuando lo critica la derecha, sabe que es la derecha y eso está dentro de su lógica. Lo que no está dentro de la lógica de los dos es que la crítica salga de la izquierda, por eso es más valerosa.

Los políticos colombianos son ante todo unos patanes astutos, cuyo nivel cultural daría para ser alcaldes de pueblos pequeños en alguna región atrasada de un país civilizado. Petro confunde "valerosa" con "valiosa". Pero el recurso es divertido: ¿quién va a tener autoridad para enfrentarse a un atracador? Otro delincuente, claro está. ¡Si es una persona decente ya sabe que las personas decentes lo apostrofan, pero otro delincuente afeándole la conducta es lo que definitivamente lo desarma! Claro que sí. En la lógica de ninguno está que sea otro delincuente el que lo regañe.

¿Y no se sale de la lógica de la izquierda?

No, porque estamos proponiendo la izquierda nueva de Colombia, la que es capaz de asumir estos retos con madurez y con capacidad y eficiencia.

¡Así se habla! ¿Cómo se va a salir de la lógica de la izquierda convertir al agredido en agresor y buscar el consenso con el que se premia la agresión?

¿A qué país de la región debería buscar Colombia para consolidar esta propuesta?

A Ecuador y Bolivia.

Son los aliados que permiten afrontar con aplomo las agresiones de Chávez contra Colombia. ¡Y que digan que se sale de la lógica de la izquierda!
¿Cree que estarían dadas las condiciones para eso?

Ecuador y Bolivia necesitan el Pacto Andino.
Seguro, ¿qué les puede ser más necesario? De hecho son países que ya han dado pasos por delante de Colombia en justicia social y desarrollo político. Para no quedarse aislada Colombia debe elegir a alguien como Petro y liderar el Pacto Andino.

¿Se podrán soltar fácil de Chávez?

No necesitan soltarse, no es antagónico. Pero, tanto Ecuador como Bolivia necesitan prioritariamente el Pacto Andino.

Ojo a esto: no es antagónico, y es que en últimas, créanme, la violencia verbal de Chávez no sería tal si el presidente fuera Petro. ¡Es quien más podría defender la dignidad de la patria, destruir armamento ofensivo, detener la carrera armamentista y liderar el Pacto Andino!

¿Y qué papel le asigna a Brasil?

Brasil tiene otro juego internacional muy inteligente, cada vez más importante en el escenario global, que es la construcción de un mundo multipolar. Los brasileños saben que E.U. vienen por su Amazonas y que esa es la riqueza de la humanidad en el siglo XXI, es estratégica. Por eso los brasileños han tratado de construir un eje diferente al
de E.U. pero en la escala global con Chile, la India y Sudáfrica. Ese es un camino que los ha convertido en una de las potencias hoy con capacidad de decisión en el mundo, lo han hecho sin mucha gritería, lo han hecho inteligentemente y sobre la base de un modelo de producción agro-alimentaria que les ha elevado su papel en la economía mundial.

Sin embargo, esa lógica no puede ser la de Colombia. Colombia no tiene esas mismas condiciones, las condiciones dentro de la sociedad colombiana deben ser las andinas y las caribeñas. Desde ahí es donde la voz de Colombia, nosotros podemos lograr mucho más eficiente que Brasil la construcción de un nuevo diálogo multilateral entre América Latina y E.U.

Da gusto leer cosas tan sabrosas. ¡Brasil sabe que EE UU viene por su Amazonia y se defiende con un juego inteligente! Sólo Chávez es capaz de decir cosas así. Madre de Dios, pero ahora encontró un líder colombiano que a lo mejor hasta las dice antes que él. No hablemos de la capacidad de liderar un diálogo multilateral. Y Chávez que se quede rabiando al ver nuestro éxito.

¿Washington puede tener interés en escuchar a Colombia sobre esa línea?

Si Uribe transformara su línea política internacional y dejara su lealtad con Bush, lo más retrógrado de la sociedad norteamericana, sí. Básicamente hay una ausencia de una nueva política norteamericana hacia América Latina, y la gente en el Departamento de Estado, y en el Gobierno, y en el Partido Demócrata, necesitan de esa nueva política. Uribe tiene una oportunidad allí que la está desaprovechando.

Claro que sí, el problema es romper con lo más retrógrado de la sociedad norteamericana y refundar el Pacto Andino con Ecuador y Bolivia. Es que ese Uribe no quiere darse cuenta de las oportunidades que tiene.

¿En la parte interna quién sería un buen aliado para configurar esa propuesta?

Si yo fuese Presidente, a todo el mundo industrial y agrario de Colombia, porque los grandes ganadores del Pacto Andino son los industriales colombianos y los grandes ganadores de una integración con el Caribe son los grandes productores de alimentos de Colombia. Así que ahí están las fuerzas sociales indispensables para la propuesta que yo estoy adelantando.

Ya lo he dicho antes: se trata de sacar provecho de las bravuconadas de Chávez y de las restricciones comerciales con ese discurso dirigido a los empresarios y agricultores.

¿Usted está haciendo algo para tratar de tocar a esos sectores?

En primer lugar, construir una línea internacional distinta dentro del Polo a la que ha tenido, que no lo lleve a cometer errores como los que ha cometido, y que le coloque una agenda internacional propia de acuerdo a los intereses de lo sociedad colombiana. Pero la política internacional no es de los partidos políticos, eso es del Gobierno finalmente.

Estamos frente a una disyuntiva, o el gobierno de Uribe es capaz de cambiar su política internacional, que hasta ahora nos ha llevado peligrosamente al aislamiento, o nos toca a nosotros. Pero, la política internacional nuestra se haría sobre esas bases de soberanía, de diálogo multilateral, reconstrucción del Pacto Andino y un pacto de seguridad en función de destrucción de armamento.

Esta es una nueva política internacional que me parece apropiada para el continente americano. Uribe tiene la palabra mientras sea Presidente de la República.

Si yo gano el 27 de septiembre el primer acto es la convocatoria a un gran acuerdo democrático en Colombia con las fuerzas políticas y sociales que quieran defender la Constitución del 91. Esa propuesta, entre varias.

Esta, que es especifica de política internacional, se la entregaremos como base programática para un acuerdo democrático al conjunto de las fuerzas sociales y políticas que la quieran defender. Pero, en temas internacionales el Gobierno es el que tiene la palabra, Uribe tiene la palabra.

Supongo que ningún lector desconoce el lamento por el aislamiento colombiano. Ese aislamiento sólo se resuelve si es posible volver a Colombia parte del Alba y elegir un gobierno como los de Bolivia y Ecuador. ¿Qué es en realidad ese aislamiento? ¿Cuánto afecta a Colombia? ¿Está aislada Colombia respecto de las grandes potencias mundiales? El terrible aislamiento es un argumento para defender el juego de Chávez, como cuando a uno lo atracan y lo culpan por haber intentado correr en lugar de ir contoneándose a servir al atracador. La desfachatez de este tinterillo lo lleva a uno a echar de menos a Chávez.

¿Entonces los colombianos que quieran contribuir a detener esa carrera armamentista deben votar por Petro el 27 de septiembre?

Yo diría que detener la carrera armamentista debería ser un propósito nacional.
"Detener la carrera armamentista" es el eufemismo de ocasión para "elegir a un gobierno como los de Bolivia y Ecuador". No servirá de nada si se piensa en contener el imperio chavista. Pero si se piensa en frenar las agresiones a la patria, ¡ahí sí que se está en el buen camino! Las agresiones se cambiarán por halagos y reconocimientos. Por fin vemos para dónde va Petro condenando esas agresiones.

¿Pero según su discurso, podría comenzar a definirse ese día?

Sí, pero preferiría que antes del 27 de septiembre el Gobierno tomara iniciativa en materia internacional.

Claro, así el gobierno siempre le saldrá a deber, y las próximas agresiones del gorila rojo serán el resultado de no haberse resuelto a apartarse de Bush (para eso era la obsesiva campaña de la prensa colombiana contra el anterior presidente de EE UU, que llega al corazón de los acomplejados, resentidos, adoctrinados e ignorantes que son la mayoría de los lectores de prensa y que alegremente se ponen del lado de los terroristas por agravios que es imposible entender).

¿Qué tan dispuesto está a interesar al Gobierno para que considere su propuesta? ¿O lo cree difícil?

Pues, el diálogo gobierno-oposición está roto desde hace mucho tiempo por iniciativa del gobierno, pero ya hay un puente concreto de colaboración táctica entre el gobierno y la oposición que es Antonio Navarro Wolf, que está reconstruyendo las relaciones entre Colombia y Ecuador.

No sería nada de raro que el cambio de tono de Correa tenga que ver con la preparación de la candidatura de Petro.

¿Ha previsto ir a Quito o a Caracas?

No. Depende mucho del presidente Uribe. En esa medida él es el que tiene la iniciativa mientras sea el Presidente.

Sólo tienen que esperar a que el presidente sea Petro para que las cosas cambien.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 30 de septiembre de 2009.)

miércoles, marzo 10, 2010

¿Para qué es el empleo?

Un tema frecuente de discusión actualmente en Colombia es el del empleo. Los críticos del gobierno argumentan que las ventajas fiscales ofrecidas a la inversión terminan favoreciendo un peso mayor del factor capital en la producción, a costa del factor trabajo, al tiempo que los altos costos laborales desaniman la contratación y los diversos subsidios a los pobres refuerzan la informalidad.

Tratándose de uno de los problemas más graves a que se enfrenta cualquier sociedad, conviene prestar atención a lo que se dice y a la relación de eso con lo que se termina haciendo. Y eso porque tal como los lunes todos los técnicos futbolísticos aficionados son infalibles (más cuando la borrachera del día anterior, justificada bien por la euforia del triunfo o bien por la amargura del fracaso de su equipo, les produce incontinencia verbal), también los críticos del gobierno resultan haciendo propuestas que parecen perfectas y reproches que parecen justificadísimos.

Y ese parecen alude a la inanidad de la retórica: durante años los enemigos del gobierno lamentaban que no se prestara atención a "lo social", pero cuando el gobierno se empezó a gastar grandes cantidades en subsidios, los mismos críticos empezaron a condenar el asistencialismo. Sin el menor pudor. A ese respecto, los ejemplos podrían ser miles, a veces la misma persona se queja de la insuficiencia del salario mínimo y de que el gobierno lo aumente por encima de la inflación, o de que la economía no crezca y al tiempo de que se esté entregando el país a las multinacionales.

Lo que permite tanto abuso del lenguaje es la ignorancia generalizada, aun entre personas que han estudiado economía o se ocupan de ella. Un bloguero de Portafolio propone aumentos continuos del salario mínimo porque al haber más recursos para comprar aumenta la demanda de bienes, y por tanto la producción y el empleo, con lo que se sugiere que la riqueza podría crearse a partir de la simple emisión de billetes. En esa misma dirección, con el añadido de la lucha de clases y la retórica justiciera, van las diatribas de la precandidata Cecilia López Montaño.

No se puede dudar de que la tasa de desempleo en Colombia es excesivamente alta ni de que el gobierno podría tomar medidas para reducirla. Entre los economistas que escriben en la prensa hay casi un consenso respecto a la conveniencia de eliminar la parafiscalidad, que no sólo atenta contra el empleo sino aun contra los salarios de quienes ya trabajan y contra todo sentido moral (es como si se pagara una multa al Estado por contratar gente o por aumentar los salarios), pero el gobierno no se ha lucido con propuestas para reformar esa pintoresca tradición. También respecto del salario mínimo, el esfuerzo de no aumentarlo por encima de la inflación favorecería a los millones de colombianos que no tienen ningún empleo.

Otro factor que incide en la dificultad de contratación formal es el régimen de salud. Alejandro Gaviria explicaba que el régimen subsidiado incentiva la informalidad. Pero al respecto, ¿no sería más razonable reducir el aporte de los trabajadores y de las empresas, compensándolo con tributos a la renta? El problema es que sería muy difícil, e injusto, quitar ese seguro a los beneficiarios del régimen subsidiado, cuyas condiciones laborales tienden a ser peores que las de los demás. Es decir, no pagar la atención sanitaria universal existente, por ínfimo que sea su nivel, con recursos provenientes del trabajo sino con impuestos que pagaría todo el mundo.

Pero las críticas no siempre aluden a cuestiones dignas de tener en cuenta. En los artículos y comentarios de la prensa abundan las llamadas al proteccionismo o a la creatividad irresponsable, por no hablar de los argumentos de quienes niegan que se haya registrado cualquier reducción de la pobreza, cosa que prometen hacer por decreto. La prueba que exhiben es su experiencia personal, el espectáculo que vieron en alguna ciudad que visitaron, etc. No hace falta decir que esos enemigos de la pobreza son sistemáticamente defensores del régimen cubano.

Y es que no sólo se lamenta la pobreza sino también la riqueza, bien como condena de la avaricia o del neoliberalismo, bien como rabia contra la desigualdad. No es raro encontrar en la prensa colombiana argumentos según los cuales la riqueza es la causa de la pobreza (lo cual, al igual que el clamor por un ingreso "justo", encaja en el creacionismo de la mentalidad tradicional). Por ejemplo, para Héctor Abad Faciolince el prolongado uribato traerá el enriquecimiento descomunal de los especuladores de terrenos al tiempo que el empobrecimiento generalizado: como si los terrenos se valorizaran más cuanto menos dinero tuviera la gente.

La mayoría de esos personajes, a menudo por simple mala fe, presentan soluciones mágicas a los problemas económicos. Mejor dicho, sugieren que existirían, lo que en el caso de personas que han ocupado responsabilidades en gobiernos que aumentaron a un tiempo y de forma drástica el gasto público y la pobreza, como es el caso de la señora López Montaño, deja la impresión de que no vacila en mentir para halagar a la clase de clientela que efectivamente mejora sus ingresos a punta de decretos, obviamente a costa de los demás colombianos.

He escrito arriba que el gobierno puede hacer mucho para reducir el desempleo, pero esto no se puede convertir en el principal objetivo de su actuación. Y para entender esto hay que ir al fundamento moral más básico. ¿Para qué es el empleo? ¿Para qué se trabaja? El trabajo es un medio de obtener bienes necesarios para la gente, no un fin en sí mismo. La abundancia de recursos favorece la creación de empleo, pues cada vez habrá más bienes y servicios, que requerirán quién los produzca, venda o preste. De tal modo, la mejor política laboral es la que procure un mayor crecimiento económico.

Una política centrada en el empleo podría ser muy popular pero a medio plazo desastrosa, como ocurrió con el primer gobierno de Alan García en Perú. Pero desgraciadamente en el medio colombiano, tan escandalosamente lleno de demagogia y desinformación, esas propuestas abundan. Buen ejemplo de ello son los reproches por las ventajas que el gobierno otorga a las empresas, gracias a las cuales, y a la tasa de cambio favorable (resultado a su vez de la estabilización y el crédito de la economía colombiana), muchas empresas se han aprovisionado de maquinaria más moderna, que obviamente requiere menos trabajadores para la misma cantidad de productos.

Cuando se critica eso se empieza a oponer la productividad y el empleo, lo cual explica el título de esta entrada: ¿para qué se trabaja? Salomón Kalmanovitz propone "cancelar los incentivos a la adquisición de maquinaria", como si para no echar a la calle a miles de trabajadores hubiera que resignarse a los procesos productivos más ineficientes (que pondrían al país en clara desventaja respecto de sus competidores en la producción de manufacturas). Como si se abrieran zanjas para que los trabajadores tuvieran empleo y los callos que dejan los picos y las palas fueran grandes logros de su vida, cada vez más amenazados por las excavadoras y en un plazo breve por los robots.

Contra esa "ciencia ludita" militan los hechos: cuanto mayor es la automatización y más refinada es la maquinaria, menor es la tasa de desempleo. Estados Unidos, Japón y los tigres asiáticos tienen tasas inferiores a las de los países del Tercer Mundo. Y eso porque los recursos irrigan la economía y favorecen la oferta de otras áreas y servicios, al tiempo que la mayor productividad alienta la inversión y el esfuerzo de capacitación de los trabajadores.

Y por eso los argumentos contra el "modelo pro rico" o los que oponen el capital y el trabajo deberían ser desechados. Si el próximo gobierno es capaz de suprimir la parafiscalidad y los demás obstáculos a la contratación, ello no tendrá por qué comportar el castigo de la productividad. Y es que a fin de cuentas el enemigo de los trabajadores no son los empleadores sino la feroz corporación de los parásitos, cuyos copiosos ingresos proceden en buena medida de la exacción a que someten a todos los que producen, sean emprendedores, inversores o asalariados.

Y es de esa corporación de donde procede la retórica engañosa que convierte el empleo en un bien y hasta en un derecho: es lo que es para ellos, y no comporta ningún esfuerzo ni ningún resultado. Pero el ejemplo que debe cundir es otro.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 23 de septiembre de 2009)

viernes, marzo 05, 2010

La infalible Constitución de Pablo Escobar

Desde hace mucho tiempo me llama la atención el hecho de que nunca aparezca un solo comentarista en la prensa o en los foros que sea defensor de las FARC (o, lo que es lo mismo, del partido que busca el premio de las hazañas de esa banda y se opone a todo lo que se haga para impedirlas) y al mismo tiempo crítico de la Constitución de 1991. ¿Será que un triunfo guerrillero no se traduciría en cambios en la norma básica de la sociedad? Tampoco en la propaganda de la banda terrorista aparecen críticas a esa Constitución.

Más allá de la forma ilegítima en que fue convocada, de la escasa representatividad de los miembros de la asamblea que la aprobó y otros problemas que señala Saúl Hernández Bolívar, lo interesante de esta Constitución es su carácter de alianza entre el partido entonces mayoritario y las minorías sociales privilegiadas representadas en la banda terrorista M-19. La constituyente se convocó para consagrar los intereses de las maquinarias políticas podridas por la complicidad con los traficantes de droga y los de los terroristas, aliados igualmente con esas mafias.

Vale la pena detenerse en los rasgos de esa Constitución, porque a partir de entonces la ideología de los grupos que la crearon ha pasado a ser sencillamente la doctrina oficial de la judicatura colombiana, y en buena medida de todas las instituciones. Un rasgo típico de esa ideología es la retórica de los derechos. Veamos un ejemplo:

Artículo 11. El derecho a la vida es inviolable. No habrá pena de muerte.

La prohibición de la pena de muerte sirve de pretexto para introducir el "derecho a la vida". ¿Qué es el derecho a la vida? Si se trata de que a nadie se lo puede matar impunemente, la noción es superflua, pues todas las legislaciones del mundo, obviamente incluida la norma a la que reemplazó la Constitución del 91, contemplan el castigo del homicidio. Pero todo el mundo conoce casos en que cualquier ventaja que quiera otorgar una autoridad judicial a un particular se decreta invocando el derecho a la vida. Más que un derecho inviolable es un derecho ilimitado, respecto del cual siempre habrá dolientes pues aún no se ha encontrado la solución a la muerte. Como casi todo en esa Constitución, se trata de consagrar el poder omnímodo de los jueces.

Pero es más interesante la concepción de la paz como derecho y como deber.

Artículo 22. La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento.

Ya no sé cuántas veces habré explicado que nadie le presta atención al sentido de eso porque las palabras son gratis y parece que no tienen ningún efecto. ¿De qué manera puede ser "la paz" un "derecho"? ¿Qué es "derecho"? (10. m. Facultad de hacer o exigir todo aquello que la ley o la autoridad establece en nuestro favor, o que el dueño de una cosa nos permite en ella.) ¿Cómo puede uno ir a denunciar que se ha violado su "derecho a la paz"? Claro, porque es un deber de los otros. Si el resto del mundo, seguramente corrompido por el "neoliberalismo" no reconoce ese derecho, es porque no ha llegado al nivel del realismo mágico. Aunque por lo demás esa palabra, paz, se usa con mucha frecuencia como "negociaciones de paz". Puede que los constituyentes ya previeran el proceso del Caguán, como se verá más adelante.

Claro que los derechos se pueden convertir en proclamas retóricas, más cuando van acompañados de la noción de "obligación". Por ejemplo el trabajo:

Artículo 25. El trabajo es un derecho y una obligación social y goza, en todas sus modalidades, de la especial protección del Estado. Toda persona tiene derecho a un trabajo en condiciones dignas y justas.

Empecemos por el derecho al trabajo: ¿qué pasa si uno no tiene un empleo? Pues que va y le exige al Estado el cumplimiento de ese derecho. ¿Cómo es que hay tanta gente que no disfruta de ese "derecho"? Es porque la Constitución no se ha desarrollado realmente. Su desarrollo llegará cuando Colombia sea como Corea del Norte, el país del pleno empleo. No es raro que Carlos Gaviria proclame tranquilamente que el programa de su partido es la Constitución de 1991. El derecho al trabajo, como todos los demás derechos, se puede interpretar como que a nadie se le prohíba trabajar, pero, como ya he explicado, la ley está concebida para que su ejecutor pueda hacer lo que le dé la gana. La obligación de trabajar es ya el colmo del escándalo, y de por sí es una buena definición de la esclavitud.

Respecto a la salud, la retórica es aún más audaz:
Artículo 49. La atención de la salud y el saneamiento ambiental son servicios públicos a cargo del Estado. Se garantiza a todas las personas el acceso a los servicios de promoción, protección y recuperación de la salud.

Lo dicho: la garantía no se puede cumplir porque todavía Colombia no es Corea del Norte. La ley fundamental proclama algo completamente falso, y el único resultado es que los ciudadanos y los funcionarios resultan en deuda con los nuevos amos.

[...]

Toda persona tiene el deber de procurar el cuidado integral de su salud y la de su comunidad.
Otra obligación, más complicada que la de trabajar. Y que ciertamente resulta cómica en un país famoso por la absoluta insolidaridad de la gente ante el sufrimiento del prójimo.

Acerca de la propiedad uno encuentra lindezas increíbles:

Artículo 58.

[...]

La propiedad es una función social que implica obligaciones. Como tal, le es inherente una función ecológica.


¿Qué es "función"? ¿De qué manera puede ser la propiedad una "función"? (2. f. Tarea que corresponde realizar a una institución o entidad, o a sus órganos o personas.) Carlos Gaviria usaba esta frase durante la campaña electoral de 2006. La propiedad era una función en las zonas de dominio guerillero, donde el propietario sólo era un testaferro del verdadero amo, el matón que dirigía la correspondiente estructura terrorista. En cuanto "función" la propiedad no es propiedad sino servicio, y el único sentido de esa frase es el de negar el derecho de propiedad, que pasa a ser representación de los verdaderos dueños. Pero ¿y qué? ¡A la función le es inherente una función ecológica! Usted tiene una función con una función, y en cuanto funcionario responsable de la propiedad de una casa tiene una función ecológica.

La retórica de los derechos genera unos amos que, como quien cuida un jardín, crean y protegen "derechos" para los miembros de la sociedad. Esos amos no tienen ninguna responsabilidad a la hora de aplicar esos derechos, sólo tienen que transmitir al Estado las exigencias de los ciudadanos: ordenar que se respeten los derechos, siempre según su discrecional interpretación de esos derechos, por lo cual se decretan unos ingresos que nunca forman parte de los derechos de los demás. En apariencia todo el mundo es beneficiario de los derechos y las instituciones deben proveérselos, pero en la realidad los beneficiarios requieren la bendición de los jueces y las instituciones los favorecen con los recursos comunes. La "acción de tutela" es un ejemplo perfecto:

Artículo 86. Toda persona tendrá acción de tutela para reclamar ante los jueces, en todo momento y lugar, mediante un procedimiento preferente y sumario, por sí misma o por quien actúe a su nombre, la protección inmediata de sus derechos constitucionales fundamentales, cuando quiera que éstos resulten vulnerados o amenazados por la acción o la omisión de cualquier autoridad pública.

La protección consistirá en una orden para que aquél respecto de quien se solicita la tutela, actúe o se abstenga de hacerlo. El fallo, que será de inmediato cumplimiento, podrá impugnarse ante el juez competente y, en todo caso, éste lo remitirá a la Corte Constitucional para su eventual revisión.

Esta acción sólo procederá cuando el afectado no disponga de otro medio de defensa judicial, salvo que aquella se utilice como mecanismo transitorio para evitar un perjuicio irremediable.
En ningún caso podrán transcurrir más de diez días entre la solicitud de tutela y su resolución.

La ley establecerá los casos en los que la acción de tutela procede Contra particulares encargados de la prestación de un servicio público o cuya conducta afecte grave y directamente el interés colectivo, o respecto de quienes el solicitante se halle en estado de subordinación o indefensión.

Uno siempre está casi solo explicando que dicha "acción" es una atrocidad jurídica que de por sí anula todo el derecho. ¿Alguien ignora que la mayor parte del trabajo de muchos jueces consiste en resolver tutelas? ¿Y que los que las presentan son en buena medida los mismos jueces? Pero, a ver, ¿cómo es que en los países desarrollados el recurso de amparo es una solución excepcional frente a medidas de funcionarios estatales y no respecto de particulares? En esos países el derecho es: 14. m. Conjunto de principios y normas, expresivos de una idea de justicia y de orden, que regulan las relaciones humanas en toda sociedad y cuya observancia puede ser impuesta de manera coactiva. En Colombia a partir de esa Constitución ya no existe el derecho, pues los códigos sobran, basta con encontrar el pretexto para que el interés de uno se pueda presentar como defensa de un derecho fundamental y la forma de mover al juez a favorecerlo. Lo extraordinario se ha convertido en lo ordinario, según la definición del realismo mágico.

Comparada con una sociedad desarrollada, la colombiana exhibe inmediatamente rasgos de exclusión y subordinación extremas. Nada expresa tan profundamente esa exclusión como la "acción de tutela": casi todo se puede exigir si uno forma parte de la casta de los juristas, si tiene relación cercana con algún magistrado, si es de su familia o de su medio social y en últimas si le presta algún servicio. Las normas no importan porque el juez hará lo que le dé la gana, sólo tiene que encontrar la forma de invocar derechos fundamentales.

Es muy difícil encontrar en la prensa o en internet a alguien que no apruebe la acción de tutela: parece la solución apropiada para tener "justicia" rápida y eficaz. La clase de personas dadas a reclamar derechos o que tienen contactos para hacerlo resuelven muchísimos problemas y sacan muchísima ventaja gracias a esa disposición. Son la misma clase de personas que opinan en los foros y comentan los periódicos. Ninguna de esas personas está dispuesta a reconocer que su "justicia rápida y eficaz" es sencillamente trato de favor que le conviene, siempre a costa de las personas que no tienen acceso a esos contactos o a esa información.

Es imposible no considerar la Constitución de 1991 en el contexto de los múltiples "conflictos sociales y armados" que surgieron de las universidades en la época del Frente Nacional. ¿Qué significaban esos conflictos? El afán de asegurar para los grupos privilegiados que accedían a la universidad entonces el dominio sobre la sociedad, amenazado por las instituciones democráticas y por la expansión del modelo de democracia estadounidense. El socialismo y la retórica marxista servían para lo mismo que los "derechos", para disfrazar ese afán, que en buena medida se consumó con esa Constitución: se podrían interpretar como le diera la gana al que tuviera el poder. Una obsesión de los activistas de entonces eran las urnas, la "democracia electoral". Con esa Constitución que debilita el poder de los cargos elegidos por la gente se dio un golpe fatal a esa democracia electoral.

Lo relacionado con el delito político es parte fundamental de esa Constitución. Por ejemplo, entre las atribuciones del Congreso está:

Artículo 150.

[…]

17. Conceder, por mayoría de los dos tercios de los votos de los miembros de una y otra Cámara y por graves motivos de conveniencia pública, amnistías o indultos generales por delitos políticos. En caso de que los favorecidos fueren eximidos de la responsabilidad civil respecto de particulares, el Estado quedará obligado a las indemnizaciones a que hubiere lugar.

Es un ejemplo que permite ver un rasgo precioso de la Constitución del 91: la legalidad de los intentos de abolirla matando gente. El Congreso está facultado para perdonar a los asesinos que intenten destruir la democracia y que puedan imponer la negociación. Las indemnizaciones las paga el Estado. En este blog ya se ha escrito mucho sobre el delito político, el hecho de que sea un principio aceptado en la Constitución casi que determina todos los crímenes que se han cometido en Colombia desde entonces: los grupos que cuentan con respaldo en las castas privilegiadas cuentan con la impunidad gracias a esa atrocidad jurídica que haría gritar de sorpresa a una persona de un país civilizado.

Matar gente con pretextos políticos resulta la forma correcta de llegar a ser congresista, magistrado, contralor y hasta diputado departamental. Veamos:

Artículo 179. No podrán ser congresistas:

1. Quienes hayan sido condenados en cualquier época por sentencia judicial, a pena privativa de la libertad, excepto por delitos políticos o culposos.

Artículo 232. Para ser Magistrado de la Corte Constitucional, de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo de Estado se requiere:
[...]
3. No haber sido condenado por sentencia judicial a pena privativa de la libertad, excepto por delitos políticos o culposos.

Es decir, si uno ha sido condenado por esa clase de delitos puede optar a magistrado o congresista. Pero ¿no da una gran ventaja el hecho de usar armas para imponer los propios intereses? Los aspirantes a magistrados que no hayan matado gente estarán en clara desventaja.

Otro misterio que hace pensar en el tipo de valores que movieron a los constituyentes es el hecho de que a nadie se le ocurrió presentar un recurso de inconstitucionalidad contra el decreto que autorizó el despeje de territorios a una banda de asesinos. ¡La Corte Constitucional estaba formado por la clase de personas que promovían ese despeje! ¿Habría prosperado un recurso semejante con una Corte Constitucional formada por otras personas? Tal vez no, la Constitución del 91, como se infiere claramente al considerar las menciones del "delito político" está concebida para que sea posible abolirla mediante la violencia.

Otro rasgo interesante es lo relativo a la extradición:

Artículo 35. Se prohibe la extradición de colombianos por nacimiento. No se concederá la extradición de extranjeros por delitos políticos o de opinión.

Los colombianos que hayan cometido delitos en el exterior, considerados como tales en la legislación nacional, serán procesados y juzgados en Colombia.


Se ha hablado mucho sobre las probables presiones de los grandes carteles del tráfico de drogas sobre los constituyentes. El pretexto del ex presidente César Gaviria es impresionante más por su desfachatez que por su ingenio: ¡Álvaro Gómez votó en contra de la extradición, y no se debe suponer que alguien de su categoría estuviera sobornado! Aun aceptando el segundo aserto, ¿de qué modo eso es prueba de la inocencia de los demás? El líder conservador podría estar asustado. Y el argumento de autoridad al respecto es una falacia demasiado tosca para tomársela en serio.
Nadie debe pasar por encima de esa perla de la Constitución del 91. Al prohibir la extradición se consagraba la impunidad de los traficantes de droga y otros criminales poderosos, capaces de enriquecer a los jueces. Sólo unos años antes habían sido detenidos en España y extraditados a Colombia Jorge Luis Ochoa y Gilberto Rodríguez Orejuela: casi inmediatamente fueron puestos en libertad.

Pero hay algo más interesante ahí, en lo que al parecer nadie se fija. Es en la perversidad de algo como prohibir la extradición. ¿Qué ocurriría si un iraní lapida en Colombia a su esposa colombiana y luego huye a su país? Que no habría cometido ningún delito y no podría ser castigado. Pero ¿y si un individuo poderoso matara a un ciudadano suizo en Suiza y escapara a Colombia? Sería juzgado según las leyes colombianas, pero sin duda terminaría impune. ¿Cómo puede haber una jurisdicción nacional para delitos cometidos en otros países? Sólo los incentivos explican que se aprobara una disposición semejante.

Para terminar, es comprensible que el gobierno de Uribe no haya empezado por cambiar la Constitución. Primero, por la convicción correcta de que el país no se cambia simplemente reformando las leyes, y segundo por la necesidad de responder al compromiso de su posesión de defender la norma básica de la legislación, cosa que no hizo César Gaviria, el cual extrañamente acusa a Uribe de intentar hacer lo que él hizo. Pero sería conveniente que la sociedad colombiana se planteara en un plazo razonable discutir esas disposiciones totalitarias de esa norma y elaborar una Constitución que corresponda a los valores de la mayoría de los ciudadanos y permita el funcionamiento de las instituciones sin los abusos a que ha dado lugar la Constitución del delito político.
Cualquier Constitución de un país civilizado podría ser inspiradora a ese respecto.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 16 de septiembre de 2009).

domingo, febrero 28, 2010

¿Astros gemelos?

En eltiempo.com pusieron en lugar muy prominente un enlace al artículo "La autodestrucción de Álvaro Uribe", de Andrés Oppenheimer. Les interesa porque los argumentos del argentino van dirigidos a la conciencia de la gente que durante estos años ha apoyado a Uribe, y con ellos pretende explicar el error de la segunda reelección. La base de ese artículo es el reconocimiento de los grandes aciertos del gobierno, que podrían echarse a perder con el malhadado proyecto de referendo y reforma constitucional.

Esos logros (manifiestos sobre todo en el primer gobierno, pues el segundo ha estado lastrado por el intento de la segunda reelección, que no sólo amenaza la estabilidad institucional sino que distrae de la tarea de gobierno) son evidentes para los observadores objetivos o rigurosos fuera de Colombia, pero en el país los niegan la mayoría de los columnistas, cuyos artículos parecen escritos por un "superyó", no en el sentido de Freud sino en el de Lobsang Rampa: salvo por alguna frase o a lo sumo un párrafo, son idénticos.

Por ejemplo, siempre aparece la comparación con Chávez. Pero no la comparación, sino la igualación. Un poco incómodos por el rechazo que el patán de Sabaneta encuentra entre la mayoría de los colombianos, los columnistas afines al PDA llegan a admitir que es como Uribe. Algunos lo dicen con más sutileza, pero es algo generalizado. Recuerda un artículo que escribió Trotski en los años treinta sobre Hitler y Stalin, a los que consideraba "astros gemelos".

Un poco desordenadamente intentaré comparar lo que han sido ambos presidentes para sus países, sus logros y fracasos.

1. Cuando Uribe llegó al poder buena parte de los alcaldes colombianos despachaban desde las capitales porque en sus pueblos iban a ser asesinados. Extensas regiones del país estaban en manos de bandas criminales y las carreteras tenían muy poco tráfico porque la gente temía un secuestro, de los que se cometían diez cada día. Hoy en día los acaldes han vuelto, las bandas criminales han retrocedido, el Estado controla la mayor parte del territorio, las carreteras son bastante seguras y los secuestros se han reducido drásticamente.

· Por su parte, Chávez encontró un país con muchos problemas, pero en los que no había grandes organizaciones criminales o terroristas. Gracias a su gestión, las FARC y el ELN hacen presencia en territorio venezolano y cometen toda clase de crímenes contra ciudadanos de ese país. La cantidad de secuestros se ha disparado.

2. La tasa de homicidios en Colombia en 2008 es muy inferior a la de 2002.

· La de Venezuela es muy superior a la de 1998.

3. Desde que empezó a gobernar Uribe ha perseguido a las organizaciones de traficantes de cocaína, con resultados agridulces en materia de fumigación de cultivos ilícitos pero con la sujeción a la ley y la extradición a EE UU de decenas de miembros de esas bandas. De algún modo, la parte que corresponde a Colombia en ese negocio se ha reducido, siquiera sea por lo que el comercio de la cocaína se ha disparado en Venezuela.

· En 1998 la participación de Venezuela en el tráfico de drogas era muchísimo menor que ahora. Chávez expulsó a la DEA y convirtió a su país en un "narcosantuario", a tal punto que el 30 por ciento de la cocaína que circula en el mundo pasa por ese país.

4. En Colombia la independencia judicial llega a tal punto que se vive bajo la tiranía de la Corte Suprema de Justicia, dedicada a perseguir a los otros dos poderes. Pese a las divergencias y conflictos, a nadie relacionado con el gobierno colombiano se le ocurriría tener una autoridad judicial sometida al ejecutivo.

· Las instituciones venezolanas en 1998 seguramente tendrían problemas pero había división de poderes, partidos diversos y mecanismos de control del poder ejecutivo. Todo eso ha desaparecido. Sencillamente el presidente dispone del presupuesto como quiere y controla directamente los poderes legislativo y judicial.

5.
Las libertades fundamentales se respetan en Colombia. No se persigue a la prensa ni se prohíben las manifestaciones ni se excluye a opositores de los empleos estatales.

·
Todo lo contrario ocurre en Venezuela, como es bien sabido.

6.
También la educación en Colombia desde 2002 ha experimentado innegables mejoras, sobre todo en ampliación de cupos escolares y en el SENA.

· En Venezuela la educación pública ha pasado a ser puro adoctrinamiento según los dogmas gubernamentales, aunque en realidad en Colombia en buena medida lo es, lo único que cambia es que "los dogmas gubernamentales" no son los del gobierno de Colombia sino del de Venezuela, cosa que el gobierno colombiano no ha acertado a reducir.

7.
El gobierno colombiano ha intentado mejorar sus relaciones diplomáticas y comerciales con los países desarrollados y ha buscado solidaridad para combatir el terrorismo.

·
El presidente venezolano ha metido a su país en una especie de "eje del mal" con todas las autocracias criminales del mundo: la de Irak (antes de la intervención estadounidense), la de Irán, la de Rusia, la de Bielorrusia, la de Libia, la de Cuba, etc., al tiempo que colabora con organizaciones criminales como las FARC.

8.
Colombia ha ampliado considerablemente su tejido productivo, a tal punto que la bonanza petrolera venezolana ha servido para que los empresarios colombianos exporten grandes cantidades a ese país.

·
En Venezuela ha cerrado la mayoría de las empresas desde 1998, con lo que se ha acentuado la dependencia del petróleo, que está en manos del presidente. De no ser por la multiplicación extraordinaria de los precios en el último lustro, los venezolanos estarían al borde del hambre.

9.
El gasto militar ha aumentado en Colombia por las necesidades de controlar a las organizaciones terroristas, pero la recuperación del territorio y de la economía ha compensado ese gasto.

· Venezuela ha gastado cantidades extraordinarias en una carrera armamentista que sólo es despilfarro de los recursos comunes, todo en aras de los sueños de conquista del patético Napoleón de presidio que se apropió del país.

10.
El esfuerzo de la sociedad colombiana por abrirse al mundo es considerable, con diversos tratados comerciales con países desarrollados y explicaciones sobre los problemas del país.

·
El siniestro Hugo Chávez es un declarado antisemita que tiene excelentes relaciones con el tirano iraní, Ahamadineyad, el cual niega que el exterminio de judíos por el régimen nazi sea verdad. Su gobierno vive dedicado a promover el odio, bien contra EE UU, bien contra Israel, etc.
Y serían cientos los puntos que demostrarían que la comparación es indecente, por mucho que el apego al poder de Uribe amenace sus logros, por mucho que el gobierno colombiano resulte cada vez más identificable con la vieja clase política y sus vicios. Nada delata una profunda deformidad moral como la ceguera, tan típica de los intelectuales colombianos, en gran medida castristas y aliados de las bandas terroristas, ante el carácter criminal del tosco monstruo del Palacio de Miraflores.

El apoyo que recibe de personajes de la Beautiful People, o de intelectuales reconocidos, sólo delata el menosprecio que esa gente tiene por las víctimas de los tiranos. Ocurrió lo mismo en los años treinta con Stalin, que era idolatrado en Europa occidental por los intelectuales mientras mataba de hambre a decenas de millones de personas, y unas décadas después con Mao, cuya revolución cultural fue un reino de terror.

Nadie debe dejarse engañar por el supuesto distanciamiento de Chávez de diversos personajes de la izquierda democrática colombiana. Sólo es una forma de evitar el rechazo de los colombianos. La repugnante igualación con el presidente colombiano es de hecho una forma de complicidad con el tirano, y una técnica de engaño, pues los crímenes del GORILA ROJO se atribuirán a "los caudillos" y así servirán para deslegitimar a sus enemigos.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 9 de septiembre de 2009.)

martes, febrero 23, 2010

El ensimismamiento colombiano

Todas las discusiones sobre el referendo y la reelección conducen a la cuestión de la indigencia cultural generalizada de los colombianos. Ya explicaré más adelante esa indigencia, pero de momento quiero señalar un punto: la incapacidad de asimilar las palabras con su sentido preciso y de aceptar normas que valgan para todos. Los partidarios de la oposición consideran democráticos, honorables, elevados, respetables y correctos todos los atropellos judiciales que les convienen, mientras que los partidarios del gobierno, en su gran mayoría, dan por sentado que el sentido de "democracia" es "cuando mandan ellos".

Ese ensimismamiento, la incapacidad de atender a las razones ajenas, hace que nadie les haga comprender que los pretextos de la nueva autocracia son idénticos a los que esgrimen los partidarios de Correa y Morales. Exactamente como los matones que intentan linchar a cualquier militar que cae en manos de los jueces colombianos, que no pueden verse como una turba de cobardes que acosa a un hombre indefenso, porque la noción de "justicia" va asociada para ellos a una vindicación propia y a la realización de sueños cuyo nombre preciso es "crimen".

Puede que aludir a la reelección sea perder el tiempo, a mí me parece necesario que recuerden que se les insistió. ¿Qué va a pasar si debido a la obstrucción en el Congreso, que podría darse también en la Corte Constitucional, el referendo no se celebra? Muchos comentaristas señalan que en tal caso los amigos del presidente intentarán forzar la institucionalidad para permitir que la reelección siga de todos modos. ¿Y qué pasaría en tal caso? Mucho me temo que aun así esas mayorías actuales apoyarían esa ruptura, pues sus motivos, y es lo que hace falta entender, son parecidos a los de los mencionados partidarios de Correa y Morales.

Recuerdo una encuesta que publicaron hace unos años en la que salía que la mayoría de los hispanoamericanos se manifestaban dispuestos a prescindir de la democracia si a cambio obtenían una mejora de sus condiciones económicas. Es lo que ha pasado en Venezuela, donde la economía creció durante los últimos años mucho más que la colombiana (a causa de los precios del petróleo), y donde a fin de cuentas ningún candidato le ha ganado a Chávez, mientras que su constitución fue ampliamente apoyada.

Y es lo mismo que ocurre en Colombia, donde la satisfacción con el gobierno y el rechazo a la oposición lleva a la gente a querer prescindir de las formas y a acomodarse a una autocracia en la que continúan, además, los peores vicios de la vieja política nacional. La verdad es que en ese apoyo mayoritario a la reelección se hace verdad el dicho de que "el vivo vive del bobo", pues los miembros de redes asociadas al Estado y a los políticos próximos al presidente o a sus amigos se ahorran la competencia gracias a la fe de los ilusos en que su santo benefactor les va a resolver todos los problemas.

La diferencia es que en lugar de "prescindir de la democracia" llaman a eso "democracia", y entonces esa disposición leguleya, ese primitivismo del colombiano, traduce "democracia" según la etimología, como si alguien fuera a preguntarle al papa cuántos puentes ha construido (pues ése es el sentido de "pontífice"). Fuera de Colombia a nadie se le ocurriría pensar que la democracia es la dictadura de la mayoría (es decir, la supresión de las leyes establecidas, pues siempre se pueden cambiar, como han hecho los gobiernos bolivarianos). Pero en Colombia sólo lo entienden los enemigos del gobierno, ansiosos de ascender socialmente cuando el péndulo cambie y las mayorías se cansen de la desigualdad y de la corrupción y del ritmo lentísimo de reducción de la pobreza y apoye a alguien que traiga la justicia social.

El gobierno de Uribe ha contado con muchísimos apoyos de intelectuales fuera de Colombia. Esos apoyos son decisivos porque contrarrestan las campañas de los terroristas y sus muy numerosos aliados e impiden un aislamiento diplomático del país (nadie debe olvidar que durante el gobierno de Pastrana muchos gobiernos europeos presionaban insistentemente para que el gobierno premiara a las FARC: sin la deslegitimación que significó la denuncia de esos intelectuales libres, perfectamente podrían castigar a Colombia de muchos modos).

Pues figúrense que ninguno de esos intelectuales apoya la reelección de Uribe, sino que más bien la desaconsejan. ¿Creen que alguien fuera de Colombia apoya la reelección de Uribe? Todo el mundo razona inmediatamente que no habrá modo de distinguir a Colombia de Venezuela. Pero en Colombia nadie lo quiere creer porque muchos se figuran que si no está el mesías va a llegar el caos, y eso es puro primitivismo. ¿Por qué no se rigen por gobiernos absolutos los países ricos y desarrollados? ¿Cómo creen que llegaron a tener algo como el periodismo, cuando en Colombia los medios de masas sólo hacen propaganda? A los obtusos que se tapan los oídos no hay modo de hacerlos pensar en eso: van ganando, por tanto pueden prescindir de las normas.

Hay un intelectual colombiano reconocido en todo el continente y en Europa que se ha distinguido por denunciar los crímenes guerrilleros y las políticas de apaciguamiento que permitieron su multiplicación. Plinio Apuleyo Mendoza. En un artículo sobre el tema de la reelección señalaba, aludiendo a Uribe:
Terminado su actual período, su excepcional liderazgo le permitiría salir de su soledad en la Casa de Nariño y del venenoso coro de críticas de prensa que hoy lo asedian, para crear y dirigir una fuerza popular, única en Colombia, capaz de servir de sustento a un sucesor suyo y de asegurar la perdurabilidad de su política. ¿No sería mejor?

Pero ese ensimismamiento impide comprender que las bases del desarrollo son precisamente la rigidez de la ley y el equilibrio institucional. Que la larga dictadura de Somoza fue sólo el preludio de la caída de Nicaragua en manos de los matones, al igual que la de Stroessner (que cada cuatro años celebraba elecciones, y a lo mejor las ganaba realmente). No quieren oír, y esa sordera voluntaria permite ver algo peor: un conformismo que realmente los va poniendo en un bando retrógrado, en el de los que siguen a los Kirchner y a Correa y a Morales.

Los escándalos de las notarías son muy dicientes al respecto. ¿Qué negocio es la notaría? Sencillamente, en Colombia hay más trámites de los necesarios porque el sello autorizado es como una canal que desvía los recursos de los ciudadanos al bolsillo del poderoso que puede cobrarles el peaje. Mientras en otros países se vive de producir manufacturas, en Colombia se vive de poner sellos. ¿Ha cambiado algo con este gobierno? ¿Debería cambiar?

A los reeleccionistas no les importa, como les da igual que el ministro del Interior firmara en otra época un documento que abolía la democracia colombiana para repartirse el poder con las FARC. Lo que el mesías haga estará bien hecho, y si se queda cuarenta años en el poder ellos serán siempre felices, pues habrán triunfado sobre los amigos de las guerrillas, salvo que las cosas vayan mal, y entonces habrán perdido.

Ciertamente, la mayor responsabilidad de esa crisis es del presidente, que en lugar de quedar como el hombre que enderezó la historia colombiana quedará como otro sátrapa de una época que es mejor olvidar. Pero quienes secundan esa iniciativa serán también culpables, pues la larga tragedia colombiana debería haberles advertido de los riesgos del ventajismo y de las diferencias con los sistemas políticos de los países desarrollados.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 2 de septiembre de 2009.)

miércoles, febrero 17, 2010

La esgrima de los golpistas y el sentido de la ciudadanía

Decía Immanuel Kant que del leño del que salieron los hombres poca cosa buena se podría sacar. Es algo que podemos decir sobre Colombia: de la herencia de que procede el país poco se puede esperar. Lo que distingue la segunda idea es que a fin de cuentas existe el resto de la humanidad, y de esa población, de la que los colombianos somos apenas un 0,75 %, nos vendrán los modelos con los cuales superar el nudo de la barbarie en que seguimos atrapados.

Pero sin una mirada crítica a la propia tradición, a los valores habituales, a las certezas y costumbres que parecen obviedades, esa superación no será posible. En mi opinión, lo que más se debe considerar con atención es el servilismo, la sujeción a las personas de condición social privilegiada, que encarnan lo que los serviles quisieran ser, más allá de la moralidad de sus actos. Es algo que uno encuentra todos los días. Sin ir más lejos, el domingo El Espectador publicaba una eufórica hagiografía de Alfredo Molano, y casi ningún lector recordaba que ese señor aplaudía las masacres de las FARC durante décadas.

Eso se encuentra casi a todas horas en la conducta de los colombianos: las personas como Carlos Gaviria no resultan nunca sospechosas de prosperar gracias a las masacres debido a la calidad de su ropa y de su labia, por mucho que sea fácil demostrar que siempre fue una ficha del Partido Comunista y que presidía un partido que ni siquiera condenó el asesinato de los diputados del Valle por las FARC. Para los colombianos serviles, tal vez la mayoría, el crimen consiste en tener las uñas sucias y desconocer el latín.

Pero el caso más escandaloso es el del escritor Héctor Abad Faciolince. Nadie lo toma por un extremista próximo al PDA, partido que se alegra del reconocimiento que le ofrece Chávez, pues en cada ocasión en que la gente se indigna con las atrocidades de las FARC (cuando la prensa no puede ocultarlas, como ocurrió con la mujer bomba de Samaniego, Nariño), él se suma a la indignación y consecuentemente lamenta que siga el conflicto y demás, al tiempo que apoya a Carlos Gaviria, el líder más extremista de esa organización político-criminal. Con ese aire melifluo, Abad ha llegado a publicar en El País y, lo que es más grave, en revistas democráticas como Letras Libres.

Ese personaje ha recibido toda clase de reconocimientos del cartel de la prensa por el libro que escribió convirtiendo a su padre en un modelo de decencia y rectitud, siendo que dirigía el partido de las FARC y adelantaba una carrera política que se basaba en el poder que concentraban esos asesinos (niños y rústicos, a diferencia de los doctores de buena familia que llegaban al Congreso y ejercían de "vacas sagradas"). ¿Qué se puede esperar de Colombia cuando se condena a las FARC pero no a sus jefes y fundadores? Parece que el odio a las FARC tuviera por único motivo el que sean gente pobre y sufrida.

Nadie debe olvidar que durante el gobierno del mafioso Ernesto Samper los comunistas alcanzaron muchísimo poder, muchísimas prebendas y parece que hasta información para que las FARC dieran sus golpes. Entre esas gabelas que daba el hombre del Cartel de Cali y del Cartel del Norte del Valle a sus socios destaca la promoción de escritores ligados al partido, señaladamente William Ospina y Abad, sin contar los viajes que les dieron por todo el mundo a los demás intelectuales afines.

El que siga creyendo que Abad es otra cosa que un propagandista más o menos hábil del chavismo sólo tiene que leer su última columna, en la que le saca el jugo a su nueva relación personal con un escritor español más o menos reconocido, Javier Cercas, y explota un paralelismo que si no fuera en el país de los lambones habría generado mucho desconcierto: ¡el golpe de Estado que intentaron unos militares franquistas en España el 23 de febrero de 1981 le parece lo mismo que el referendo reeleccionista! Y claro que las huestes de Agitprop lo aplauden, pero ¿hay algún elemento por vago que sea en que ambas cosas se parezcan? No importa: el hombre sabe que se dirige a gente servil que espera indignarse para poderse valorar y que canaliza el odio con imágenes grotescas y absurdas.

Más parecido al golpismo es lo que hace la Corte Suprema de Justicia persiguiendo a los congresistas que voten el referendo, como explica Rafael Guarín. De hecho, cuanto más nos fijemos en el sentido preciso de esa expresión, "golpe de Estado" (1. m. Actuación violenta y rápida, generalmente por fuerzas militares o rebeldes, por la que un grupo determinado se apodera o intenta apoderarse de los resortes del gobierno de un Estado, desplazando a las autoridades existentes), más resulta evidente que si bien el prevaricato de los malhechores de la CSJ no cumple las primeras condiciones, sí en cambio corresponde a los fines de cualquier golpista: apoderarse por el terror de la cárcel de los resortes del Estado y desplazar a las autoridades. El problema es que esas autoridades, los otros poderes, son los que elige la gente: el golpe de los magistrados es la abolición de la democracia.

Más que de golpe de Estado habría que hablar de tiranía para aludir al proyecto de esos desalmados, pues el activismo judicial es la negación de la democracia. Es como si el árbitro en un partido de fútbol se dedicara a meter goles para un equipo. La conducta de esos caballeros está haciendo más daño que las mismas guerrillas, sobre todo debido a la inclinación servil de los colombianos, que no pueden concebir que se trata de los peores corruptos y los peores mafiosos.

Hay algo que debería hacernos reflexionar, y que es el motivo de este post: el líder indiscutido de la mayoría de los colombianos es el señor Uribe. ¿Cómo es que él no denuncia los atropellos de los jueces, como los que ponen en práctica contra el coronel Plazas Vega, o la persecución contra Fernando Londoño? La respuesta es sencilla: porque es el presidente y tiene que mostrarse respetuoso con los demás poderes.

Para hacer frente de forma eficaz a esos abusadores hace falta que el señor Uribe no sea el presidente. Para organizar grupos de abogados que demuestren de forma eficaz que la conducta de la juez que obedece al abogado del Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo es prevaricato, o que las pruebas falsas en que se basan las persecuciones de la Corte son un delito. Para explicar a los ciudadanos y al resto del mundo que esos jueces están abusando de sus funciones en cumplimiento de una agenda política, para coordinar acciones legislativas orientadas a castigar esos atropellos.

Es que hay como un bloque de la colombianidad que necesita ser reformado para que podamos ser un país serio. Ya he mencionado el servilismo como un vicio que se debe superar. Otro es la concepción de la política como mero ejercicio del poder desde las instituciones. En lugar del charlatanesco "Estado de opinión" el señor Uribe debería pensar en el largo plazo y en el triunfo de su proyecto a través de la hegemonía en la opinión, pues, como han señalado muchos grandes pensadores a lo largo de la historia, quien manda siempre es la opinión pública.

He mencionado el rechazo de los desmanes de la mafia judicial desde el liderazgo ciudadano, lo mismo se podría decir de los sesgos perversos de la prensa o de las campañas criminales de ciertas ONG: al señor Uribe lo escucharía la gente, tanto en Colombia como fuera. A los demás no nos hacen caso, y terminan imponiendo su visión los portavoces melifluos de la industria del secuestro, como Abad Faciolince.

Pero hay más: es muy improbable que si Uribe no se presenta llegue a ganar algún candidato equívoco o próximo al chavismo. Si el entorno del presidente apoya al señor Santos, su primacía estaría respaldada por la digamos benevolencia de la prensa de su familia (siempre hostil a Uribe y a su proyecto). Supongamos que ganara y su gobierno fuera una catástrofe, que estallaran casos terribles de corrupción o que el presidente cometiera un gran error respecto de los enemigos de la mayoría de los colombianos. Pues el señor Uribe, que no sería el responsable de ese error, promovería desde su partido un candidato para 2014 que siguiera sus ideas, pues su prestigio permanecería incólume.

No pasará lo mismo si el presidente del proximo período es Uribe: la tensión del Caguán se irá alejando y la gente siempre descontenta podría prestar atención a demagogos del tipo de Gaitán o Serpa, que podrían matricular a Colombia en el plantel chavista. Los medios seguirán tratando de erosionar al gobierno y terminarán consiguiéndolo, pues la gente busca sus modelos y hasta sus ideas en ellos, y sólo el horror de las FARC ha podido impedirles hasta ahora crear un estado de opinión conveniente a sus candidatos.

Es que sencillamente no se tiene autoridad para condenar a quienes tuercen las leyes a su favor cuando uno mismo lo hace. O, explicado al revés, el que tuerce las leyes a su favor legitima a quienes lo hacen contra él.

Y es que ése es otro rasgo de la colombianidad que hay que superar. Los jueces no juzgan las leyes sino que las aplican. Los gobernantes no están para crear las leyes a su antojo, sino para dirigir el Estado respetando los límites descritos por la ley. Cuando nos indignamos porque los supuestos familiares de las supuestas víctimas del Palacio de Justicia confundan el derecho con su venganza o con su proyecto político debemos pensar si no estarán los reeleccionistas haciendo lo mismo, estirando la ley para asegurar la continuidad de su caudillo, como si en 2014 ya fuera a haber madurado otro colombiano capaz de convencerlos.

La reelección de Uribe en 2010 obliga a los colombianos a escoger entre una presidencia vitalicia y en algún momento la formación de una mayoría que obedece al efecto pendular: la reelección perpetua favorecerá a algún émulo de Chávez, y los que se opongan no tendrán autoridad para exigir otra cosa, pues ellos mismos escogieron el caudillismo.


(Publicado en el blog Atrabilioso el 25 de agosto de 2009)

jueves, febrero 11, 2010

La persecución contra Alfredo Molano

Más allá de lo que se piense del famoso proceso de la familia Araújo de Valledupar contra el sociólogo y columnista de El Espectador Alfredo Molano por un artículo que les pareció calumnioso, es innegable que los hechos que denuncia en su última columna merecen la más enérgica reprobación de todos los que deseamos defender el Estado de Derecho. ¿Qué clase de investigación es una sobre un delito prescrito cometido hace más de cuarenta años? Uno se queda con la impresión de que los funcionarios no han entendido cuál es su función (aplicar las leyes) y se dedican a acosar a personajes públicos que no son de su agrado.

Lo más característico es que tanto la denuncia de los Araújo como la investigación por el robo de libros en la Buchholz son endebles jurídicamente, pero Molano podría haber sido al menos denunciado cientos y aun miles de veces por apología del terrorismo (aunque el declive de las FARC también ha traído una mengua de su entusiasmo), y en un país civilizado la causa habría prosperado. Ahí está pintada la sociedad colombiana: como no hay nadie importante afectado por el fervor con que Molano aplaudía la masacre de Vigía del Fuerte, tampoco hay denuncia. Ciertamente es probable que los jueces colombianos hubieran fallado a favor del escritor, pero la denuncia habría servido para mostrar al mundo la clase de retórica de los empresarios del asesinato en masa.

En todo caso, esa última columna retrata de nuevo al personaje, sobre todo en sus virtudes: escribe bien y dice lo que piensa. Quienes nos oponemos a sus ideas podemos agradecer la sinceridad con que describe sus verdaderos valores. Y vale la pena prestar atención al detalle.

Ya en una ocasión, en la época en que las FARC se daban un festín semanal de cientos de asesinatos y las autodefensas criminales hacían otro tanto, Molano describió en términos patéticos su desamparo ante el exilio al que supuestas amenazas lo habían forzado. ¡Le había tocado barrer! ¡Le había tocado barrer! El acto execrable se describía con detalles minuciosos y la humillación se transmitía a los lectores con la seguridad de encontrar comprensión. Es que no hace falta investigar mucho para entender la categoría humana de los lectores de semejante personaje.

Otro canalla vividor de la misma ralea de Molano pero melifluo y santurrón, Héctor Abad Faciolince, contaba en una columna que Susan Sontag le había preguntado por qué no le reprochaba a García Márquez su silencio ante los asesinatos y encarcelamientos de la satrapía cubana, a lo que le respondió que García Márquez le había hecho muchos favores y le debía lealtad. Tranquilamente, no hay modo de sorprenderse, ni siquiera del hecho de que para los demás colombianos no haya ningún problema: es la cultura nacional.

Insisto, no hay como atender a sus propias nociones, a lo que juzgan como razonable y sensato. Es ahí donde se los puede entender. En el caso de Molano y el robo de libros en la Buchholz, según su artículo, eso ocurrió después de salir de la universidad, es decir, después de entablar una relación privilegiada con Camilo Torres, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna y otros próceres de la intelectualidad nacional. ¿Cómo es que alguien así se permite entrar a una librería a robar? Ni siquiera es el acto de robar, es mucho más grave si se piensa que quien pone una librería en Colombia es una especie de Quijote que puede contar con pérdidas casi seguras, no hablemos de ser víctima de robos.

Hay que señalar que se observa el mismo fenómeno de la afrenta por tener que barrer: a Molano ni siquiera se le ocurre que por robar cantidades como ésa hay personas que pasan años en la cárcel. El graduado Molano cuenta con que su alcurnia y sus relaciones familiares le aseguran la impunidad y su única preocupación al ser descubierto es por los reproches maternos. Hay unos colombianos que barren (y a veces como Condorito, al que encuentra un amigo barriendo y le pregunta: "¿Cómo has podido llegar a esto?". "Pues porque tengo un amigo en la Alcaldía.") y que van a la cárcel si roban, hay otros que sienten el tener que barrer como un ultraje y, pese a formar parte de una elite selecta, consideran el robo una travesura que pueden permitirse y por la que con toda certeza no recibirán ningún castigo.

La preservación de esa jerarquía entre los colombianos es la única verdadera causa de que haya izquierda democrática, y también es el motivo profundo del ascenso de Chávez. Es verdad que éste, como esperaban hacer los comunistas en Colombia, se apoyó en el resentimiento de mucha gente pobre, pero también que los magistrados, congresistas, militares, gerentes y demás personajes del chavismo que ganan más de cien salarios mínimos no provienen de tristes familias de malandros sino de las mismas clases parasitarias del viejo orden.

Aparte, la alegre audacia del joven sociólogo patricio tiene otro aspecto característico: robar libros estaba de moda en París. Era casi prestigioso entre los inmigrantes del Tercer Mundo, y en realidad la lesión al negocio de los libreros era mucho menor, tratándose de tiendas con ventas copiosas. La traducción a Colombia casi que describe al personaje: el señorito de arriba no tiene escrúpulos en despojar al tendero inmigrante, probablemente judío, que en semejante erial se atrevió a poner una librería. Es lo que hicieron los antepasados de Molano durante muchas generaciones y lo que pretenden seguir haciendo las personas de ese medio: disponer de todo con la garantía de que ninguna arbitrariedad tendrá respuesta por el temor que inspiran entre las víctimas los nexos familiares o el prestigio de los autores.

Es lo que hacen los profesores y sindicalistas con las mujeres que los rodean: disponer de ellas como quien ejerce un derecho. De nuevo: lo que han estado haciendo desde hace varios siglos sus familias. De hecho, ¿por qué no pensar en la percepción de sí mismo que tenía el joven sociólogo mientras robaba libros? Es que la épica de la Historia podría ser para él otra travesura, otra emoción, otro motivo de autohalago. Ya no de ese personaje sino de todo su medio social se puede decir que las travesuras han ocasionado la muerte de cientos de miles de colombianos y la miseria de la mayoría. Pero no van a dejar de sacar pecho, ni van a recibir una condena resuelta de la gente, porque quienes los leen son por lo general la misma clase de personajes reaccionarios, y las víctimas no tienen ocasión de leerlos.
(Publicado en el blog Atrabilioso el 18 de agosto de 2008.)

sábado, febrero 06, 2010

¿Es de verdad posible un "milagro colombiano"?

Tal como se va aclarando día tras día, la crisis económica actual no va a ser una catástrofe comparable a la de los años treinta, en la que se llegaron a producir hambrunas en Estados Unidos y Europa, y en todo el mundo reinó durante una larga década una miseria generalizada. Los indicadores de los mercados hacen pensar que el estallido de la burbuja dejó un panorama en el que los países que más habían ahorrado, como las grandes potencias emergentes, tenían recursos para invertir y reactivar sus economías, mientras que los grandes perjudicados son los países cuya prosperidad provenía sólo de operaciones especulativas o del precio exorbitante de las materias primas.

Eso hace pensar que la próxima década será en todo el mundo de recuperación, tal vez un poco lenta al principio, pero tal vez no tan lenta: las posibilidades de aplicación de la tecnología son tantas que el problema práctico de multiplicar los bienes y abaratar su producción se puede considerar resuelto. Las preocupaciones ecológicas probablemente encontrarán respuestas tecnológicas, estrategias para captar carbono de la atmósfera, depurar las aguas, reciclar los materiales de desecho y así detener el deterioro ambiental. Puede que las tecnologías de explotación de energías renovables avancen tanto que las zonas del planeta con grandes extensiones expuestas al sol encuentren una nueva fuente de ingresos, y aun que los procesos de filtrado de las aguas marinas permitan aumentar la superficie cultivada.

Uno de los efectos de esa previsible recuperación es el retroceso de las ideologías apocalípticas: ya la crisis final del capitalismo sólo tendrá audiencia en los últimos reductos de la barbarie totalitaria: las universidades del Tercer Mundo. Otro será el cambio en los equilibrios geoestratégicos a favor de Asia, en detrimento de Europa e Iberoamérica.

En ese contexto vale la pena preguntarse qué pasará con la economía colombiana. Por una parte, el crecimiento se puede dar por sentado porque los altos precios de los productos energéticos favorecieron las exploraciones, que poco a poco irán dando algún resultado, y las explotaciones existentes encontrarán mejores precios a medida que se afiance la recuperación. También el entorno de mayor seguridad alienta las inversiones, al tiempo que las políticas de "confianza inversionista", incluidos los pactos de estabilidad, disuaden a los inversores de buscar otros destinos.

Algo que se podría hacer para favorecer ese crecimiento sería favorecer el asentamiento en Colombia de personas que disienten de las cleptocracias bolivarianas: no todos los "cerebros" encuentran su lugar en el Primer Mundo, ni todos los que huyen son profesionales de gran nivel. Ojalá los gobernantes estén atentos a los carteles de los trámites, que tan famosos son por hacer la vida imposible a los extranjeros para conseguir sobornos por documentos o trámites que es deber de los organismos correspondientes cumplimentar.

La experiencia de los países de nuestro entorno que han dado un gran salto en su Producto Interno Bruto es casi repetida: después de un periodo de inestabilidad llega uno prolongado de imposición del orden, de gobiernos de derecha que desactivan los polvorines sociales y dejan las estructuras básicas sobre las que se cimenta la prosperidad. Tal fue el caso de España tras los cuarenta años de franquismo, de Chile tras las casi dos décadas de dictadura y de Perú tras el reino corrupto de Fujimori.

Colombia ha sacado provecho de la destrucción por Chávez de la economía venezolana, y el acopio de beneficios empresariales, experiencia laboral y avance de las organizaciones productivas debería servir de base para un desarrollo que continúe en la próxima década. Al mismo tiempo, la guerra contra las organizaciones de traficantes de drogas ha debilitado a las mafias y aun la misma industria, que probablemente se desplazarán a los países bolivarianos.

Hay dos peligros que amenazan ese desarrollo: uno es el precio que se ha de pagar por el retraso en infraestructuras de transporte, retraso que es uno de los peores puntos del actual gobierno. El otro es la inestabilidad política, que podría provenir de un triunfo de personajes equívocos respecto a Chávez o las FARC en 2010, o a una percepción de ilegitimidad derivada de una nueva reelección, la cual podría abrirle las puertas a gobiernos demagógicos parecidos a los de Venezuela y Ecuador en 2014.

Un crecimiento continuado de la economía colombiana durante la próxima década exige conservar las riendas en manos de sectores afines al actual gobierno y al mismo tiempo intentar una renovación: si ésta conduce a errores, vacilaciones o inestabilidad, el liderazgo de Uribe en la sociedad permitirá enderezar el rumbo a partir de 2014.

Lástima que tantos profesionales de la política y de la función pública estén tan dispuestos a sacrificar el orden y la disciplina institucionales para asegurarse nombramientos y negocios. De otro modo ya se tendría claro que Uribe no debe presentarse a emular a Chávez y sus epígonos en la tarea de convertirse en presidente vitalicio, y se estaría pensando seriamente en cuál sería el mejor candidato. Y lástima que haya tantos ciudadanos dispuestos a suscribir la religión de un gobernante perfecto a cuya sombra, en tantos años, van creciendo redes de corruptelas dañinas y deslegitimadoras.
(Publicado en el blog Atrabilioso el 11 de agosto de 2009.)

lunes, febrero 01, 2010

Un crimen colectivo

En una ocasión Octavio Paz se refirió al comunismo con esa expresión: un crimen colectivo. También la podríamos emplear para resumir la historia reciente de Colombia. No un crimen cometido por entidades abstractas, sino uno que sería imposible sin el concurso de muchas personas.

Para ver un ejemplo sencillo de la forma en que opera ese mecanismo criminal basta con fijarse en la noticia reciente de la mujer bomba empleada por las FARC para atentar contra el puesto de policía de Samaniego, Nariño, episodio que en la revista Semana, al igual que en El Espectador, no consideran siquiera digno de mención. ¿Qué gravedad o importancia tendría algo así? Es como cuando las guerrillas matan a varias decenas de soldados, apenas sale en la prensa.

Lo que sí preocupa a la prensa y a sus lectores son hechos como los del colegio Marymount, sobre los cuales apareció en la edición dominical del periódico de Santodomingo un tremendo reportaje con este título: "La última ridiculez del DAS". ¿Qué era eso más importante que la mujer bomba? ¡Pues que el DAS había abierto un expediente de investigación a una profesora que ponía a sus alumnas a leer a Alfredo Molano! No que hubiera sido detenida dicha profesora, ni siquiera denunciada, sino que se investigaba su labor.

El contraste lo expresa todo, pero es algo que no asombra a los lectores de prensa colombiana. Los crímenes que se cometen en regiones apartadas, por atroces o numerosos que sean, no existen, mientras que un hecho casi banal como que se investigue a personas que podrían estar reclutando miembros de las FARC resulta terriblemente escandaloso. Intolerable.

Esa forma de reclutamiento es algo que todo el mundo en Bogotá conoce, y casi ha vivido. Después de leer a Galeano, a Molano y a algún otro científico social, se evalúa la actitud de los alumnos y a aquellos más inclinados a responder a la propaganda revolucionaria se los invita después a convivencias, grupos de estudio, fiestas, etc., hasta que se les encuentra una utilidad para la organización. Cuanto más alto el rango social, más útil puede ser la persona. Sin esa clase de colaboraciones los miles y miles de secuestros de hace una década habrían sido imposibles.

Nadie dice que la profesora investigada estuviera haciendo eso, pero ¿por qué no se va a poder investigar? El hecho de poner a las muchachas a leer a esos personajes da que pensar. Por ejemplo, el señor Molano declaraba en los noventa en un foro en la Universidad Nacional que fue recogido en UNperiódico que no se podía andar pidiendo a las FARC que renunciaran a sus medios ilegales de financiación, pues los medios legales les estaban vedados.

Cuando uno habla de crimen colectivo no está aludiendo a "la sociedad" en general, ni atribuyendo ninguna conducta a nadie que no tome parte en ella. La inexistencia de la mujer bomba en la prensa ya muestra un tipo de personas para las que el sufrimiento de sus compatriotas humildes y excluidos incluso por motivos racistas no tiene la menor importancia, personas que no vacilan en mostrarse solidarias con un ideólogo indistinguible de las FARC y rabian porque se intente impedir la formación de redes gracias a las cuales se mantiene el "conflicto", cuya persistencia sirve de Leitmotiv a la propaganda de la oposición (porque puede decir que el gobierno no busca la paz).

En realidad, para la prensa colombiana el episodio de Samaniego es casi legal, mientras que la investigación del DAS es una tragedia estremecedora. Pero ¿cuál es la novedad? Después del asesinato de José Raquel Mercado y de la cruenta toma del Palacio de Justicia (la relación con Escobar ya se conocía en los ochenta, como recordaba recientemente el ex ministro Jaime Castro), buena parte de la clase media-alta colombiana votó por el M-19, y lo mismo ocurrió tras la orgía del Caguán, cuando el entonces candidato Luis E. Garzón obtuvo una gran votación en las elecciones de 2002 y alcanzó la alcaldía de Bogotá en las de 2003.

Pero no es la prensa: ¿qué reacción tienen los lectores? ¿Qué dirían los lectores habituales de esos medios si leyeran este artículo? En realidad los crímenes terroristas cuentan con la aprobación de esos medios sociales, que no dedican ni un segundo a pensar en impedirlos sino en acusar al gobierno por no disponerse a premiarlos. No sólo el de Uribe: pese a las facilidades que les dio Pastrana, vivían indignados porque no les parecía suficiente negociar las leyes con la banda de asesinos de que esas clases son la base social.

Es muy probable que las FARC desarrollen una campaña terrorista en los próximos meses, como forma de participar en la campaña electoral: cada bomba pondrá a esa parte de la sociedad más de parte de los asesinos, de la que han estado desde hace décadas, desde que los miembros de la generación anterior militaban en la Juco o el MOIR o cualquier otra organización totalitaria, cosa que sigue pareciéndoles el mayor blasón de la familia. Sólo es que ¿cómo van a decir que están de parte de los terroristas? Ahora hasta la increíble Claudia López, hasta el increíble Daniel Samper, proclaman que están en el otro bando.

Y nadie verá ninguna responsabilidad en esa clase de gente que no se escandaliza de que las atrocidades de la tropa no aparezcan en la prensa, sino de los intentos por investigar la formación de redes que permitirán miles de atrocidades como ésa. Habría que ser idiotas para esperar que reconocieran que hechos como el de Samaniego les resultan esperanzadores.


(Publicado en el blog Atrabilioso el 4 de agosto de 2009.)