jueves, agosto 27, 2009

Hidalgos y traquetos

Los recientes escándalos relacionados con las pirámides han servido para que los propagandistas de la oposición saquen toda la artillería retórica, soñando con obtener algún provecho del descontento de tanta gente: al mismo tiempo denuncian que el gobierno tardara en reaccionar y que reaccionara. Quieren apoyar las marchas de protesta de los estafadores estafados y denunciar al gobierno como alcahueta de la estafa...

Pero lo interesante es esa línea divisoria que intentan trazar entre la “mentalidad mafiosa”, que presentan como sustrato del uribismo y ellos, los ciudadanos decentes. Se trata de un viejo conflicto, que en cierta medida expresa la situación de la sociedad colombiana. ¿Qué define a esos ciudadanos decentes? La mayoría de los columnistas son personas dedicadas a la política o a la docencia, o al periodismo. ¿Cuántos colombianos pueden vivir de esas actividades? La inferencia es obvia: la “mentalidad mafiosa” es la falta de distinción de quienes sueñan con prosperar y no tienen ingresos altos asegurados por su origen social.

Es muy difícil explicar hasta qué punto ese discurso es profundamente reaccionario, expresión del inmovilismo social más rancio y de la mentalidad de castellanos viejos más fosilizada que se pueda uno imaginar. Lo que encuentran condenable en la mentalidad corriente de los colombianos no es lo que atribuyen a tener relación con el tráfico de drogas, pues consideran que esta actividad sólo es delictiva por la prohibición. Es el “ánimo de lucro” lo que consideran indigno y reprobable socialmente: la causa a que atribuyen todos los problemas del país.

Pero cuando uno denuncia el sentido de esa mentalidad corre el riesgo de tomarse en serio que todos esos personajes representan sólo un orden viejo, exactamente el heredado de la época colonial, y por tanto admitiendo su pretendida decencia. Pero todo es peor: se trata de una máscara de unos delincuentes que no difieren mucho de David Murcia Guzmán, salvo por su origen social.

Por ejemplo, ¿cuántos de esos columnistas discrepan abiertamente de Piedad Córdoba o la desautorizan? Prácticamente ninguno. Todos esperan complacer a ese sector social que se ilusionó en 1998 con la proximidad de un cambio que le trajera al país “justicia social” y presionó de todas las maneras para que se dejara a los terroristas hacer de las suyas. Sea de forma tácita o expresa, todos son próximos a la visión del Polo Democrático y de las ONG en que se multiplica la militancia de la vieja izquierda (es decir, los profesores y estudiantes de las universidades y los “trabajadores al servicio del Estado”).

Los adalides de la decencia son los que todavía claman por el premio del secuestro y se enorgullecen de las diversas alianzas del M-19 con Pablo Escobar y otros capos del tráfico de drogas, así como de los miles de asesinatos que han cometido las guerrillas. Es una posición muy extraña, una forma incomprensible de “decencia” la de esta gente. Son hidalgos muy bizarros, hidalgos venidos a menos en una tierra muy áspera.

Pero ¿hasta dónde llega realmente la decencia de esta gente? Muchos se alegran de que Uribe haya unido a la izquierda, y la verdad es que ya están muy unidos, el campeón de la cultura ciudadana ya es uno más en la gavilla de justicieros que siempre han defendido a Ernesto Samper, en el que incluso hay alguno que ayudó a quitar estorbos desde el DAS... En realidad, los campeones de la decencia se concentran alrededor de personajes como Jaime Dussán, paisano y coetáneo de Raúl Reyes y sin la menor duda favorecido por el valor del finadito para ascender dentro del PCC y Fecode, o como el ex alcalde de Bucaramanga Iván Moreno Rojas, nuevo líder del PDA en la sombra, de cuya alcaldía no quieren acordarse mucho las víctimas.

Como ya he explicado muchas veces, la verdadera fuerza del uribismo es tener delante a tales adalides de la decencia. Uno de los más perversos y cínicos, también de los más hábiles para disfrutar de prebendas, es el escritor Héctor Abad Faciolince, que se queja de que los mafiosos siempre han tenido aliados entre las clases altas (“burguesía”, dice él: ¿sabrá qué significa esa palabra?). Sabiamente no menciona a su propio padre y a sus numerosos amigos que participan en el cobro de las masacres y en el lavado del poder económico y político adquirido por los terroristas. Tiene razón, los carteles de Medellín y Cali tuvieron socios entre las clases altas. El cartel de las FARC y toda la industria del secuestro no tienen esa clase de socios: los niños bien no son socios, sólo amos, jefes, patrones...


(Publicado en el blog Atrabilioso el 26 de noviembre de 2008)

domingo, agosto 23, 2009

Crisis y oportunidades

La crisis de la economía global de los últimos meses ha servido, entre otras cosas, para mostrar el ínfimo conocimiento que de los rudimentos de la economía tienen quienes escriben habitualmente en la prensa colombiana, por no hablar de los lectores. Casi siempre se detecta una concepción de la vida en la que los bienes hoy considerados imprescindibles (aunque hace sólo una década un teléfono celular parecía un lujo excesivo) se producen solos o los producen empresas que surgen solas, todos movidos por anhelos superiores al apetito del vil metal. Y nadie explica por qué tienen que meter ahí las narices los usureros, los especuladores y los aventureros.

Previsiblemente, la crisis y el colapso de algunas empresas financieras se presenta como el resultado de las políticas de Bush, pues ¿cómo es que se le ocurre a ese oligofrénico no prestar atención a lo que hace décadas se enseña en las universidades colombianas, consistente en la prevalencia de la salud y la educación como derechos inalienables, según el admirado modelo cubano? Ese ideal ilumina muchas carreras de expertos, en realidad varios millones, que recetan naturalmente el socialismo para todo el mundo.

Pero la crisis debería hacernos pensar en muchas cosas. Por ejemplo, ¿quiénes son los más perjudicados? En teoría los que pierden su empleo si la recesión se agrava, o los que ya lo han perdido. Pero en términos generales, como enseña cierto dicho alemán, a quien muerden los perros es al último: los que se quedan sin recursos son de todos modos personas que ya tenían los peores trabajos. Los que se arruinaron fueron precisamente los apostantes de riesgo, y aparte de ellos quienes más pierden son los países exportadores de petróleo y otros recursos naturales.

Es verdad que Colombia entra en esa categoría, pero su economía es más diversificada y el impacto de la caída de los precios no es comparable al que sufrirán nuestros vecinos del este y del sur. Quienes se preocupan por la equidad, en el sentido que se da a este término en nuestra cultura, nunca dicen nada de que algunos países disfruten de rentas altísimas sólo por tener en su subsuelo riquezas como el petróleo. Puede que las aventuras del siniestro sátrapa venezolano sean más difíciles con el crudo a un tercio de su valor de hace unos meses. Estos personajes resultan perjudicados por la crisis, por mucho que indirectamente también eso afecte a Colombia, cuya economía también ha mostrado buenos indicadores en los últimos años por cuenta de las exportaciones a Venezuela.

Los altos precios de los combustibles y de los productos agrícolas que se usan con ese fin habían llegado a provocar en muchos sitios “revueltas del hambre”, y es previsible que la crisis alivie la desesperación de los países que no podían pagar la comida ni tienen forma de exportar esa clase de riquezas. También a aquellos cuya principal fuente de renta es el trabajo, como China, India y otros de Asia.

También para Colombia la crisis tiene un aspecto doble: por una parte hay pérdidas por la reducción de ingresos derivados de la exportación de materias primas, por la otra se ha frenado la revaluación del peso, que tantos dolores de cabeza ocasionó a los exportadores de manufacturas. Con un dólar más fuerte no sólo mejoran las expectativas de éstos, sino también las de quienes explotan actividades turísticas.

Numerosos teóricos han señalado que las crisis son consustanciales al capitalismo: en el momento en que las expectativas van más allá de lo que es posible en la realidad, aparece una corrección que puede ser muy dolorosa para algunos y tener efectos terribles sobre la política mundial. Pero tras la reducción del crecimiento o la recesión, en la que ya entró Alemania y pronto entrarán otras potencias europeas, vienen de nuevo épocas de expansión de las que se beneficiarán los países que hayan acertado en sus políticas y se hayan preparado. No es difícil saber que en el medio plazo la crisis favorecerá la expansión china y su ascenso en el ranking de las mayores economías del planeta.

Y pensando en eso valdría la pena que los políticos y economistas colombianos pensaran en lo que vendrá después, en lo que se podría hacer para que tras la crisis nuestro país retome la senda del crecimiento y tome ventaja en el contexto regional como el segundo país de Hispanoamérica en población. Es una lástima que primero se haya obrado con tanta mezquindad en la negociación del TLC (para favorecer a unos gremios empresariales que parecen más bien jugadores de ventaja, todo a costa de los consumidores), lo que lo retrasó y lo hace poco probable ahora, y que después todo el esfuerzo se haya concentrado en la habitual lambonería, que es el recurso de quien vende algo que no tiene mucho atractivo.

Mientras tanto, otros países antaño más atrasados, como Perú o Costa Rica, desarrollan grandes emprendimientos aliados con China. No sería ninguna sorpresa que ante una política humillante y descortés de Obama el gobierno colombiano siguiera batiendo la cola de forma abyecta, siendo que al final las ventajas comerciales del TLC tampoco significan nada si no hay aumento de la productividad, creación de empresas, infraestructuras y todo lo que permite el desarrollo.
(Publicado en el blog Atrabilioso el 19 de noviembre de 2008.)

martes, agosto 18, 2009

Casi todos contentos

Resulta casi cómico encontrar tantas manifestaciones exultantes por el triunfo del candidato demócrata en EE UU la semana pasada. ¿Cuál será la magia de ese hombre que ilusiona a los más entusiastas chavistas y a muchos que aborrecen al temible líder de la izquierda iberoamericana? ¿Qué cambios de tantos que esperan unos y otros serán realidad?

En Colombia en particular se trata de explotar la afinidad entre Bush y Uribe para erosionar el prolongado éxito de nuestro presidente. El fervor de la prensa es tal que es muy raro encontrar a una sola persona que dude de que Bush es “el peor presidente de la historia estadounidense”. Con tanta autoridad de tantos columnistas, transmitida día tras día en las aulas desde la Primaria, el país cuenta ya con muchos millones de expertos en historia de Norteamérica, en geopolítica y en Irak.

De modo que la elección de Obama resulta un bálsamo para la oposición colombiana, como los asesinatos de inocentes, supuestamente a manos de militares (según un columnista de El Espectador, determinados por el gobierno) o como los escándalos de Yidis Medina o Rafael García, y tantos y tantos, con que el viejo orden intenta volver a los tiempos felices de Samper y Pastrana. Puede que la moral de la tropa, aun de la sufrida horda de niños y rústicos que hacen el trabajo sucio, se levante al ver caer al presidente estadounidense que más se comprometió con la causa del fin del terrorismo en Colombia, y que eso se tome por el anuncio de un relevo conveniente para las aspiraciones bolivarianas.

Pero sería mejor que nos detuviéramos a analizar seriamente eso. Hay colombianos que creen que Uribe es una tragedia para Colombia y que el país habría estado mejor gobernado por Horacio Serpa o por Carlos Gaviria y sus respectivos séquitos, es normal que a esas personas no les guste Bush. Pero los que no razonan así, ¿qué dirían de la afinidad de Bush y Uribe? Ahí es donde incide la propaganda de la prensa. ¿Alguien se ha detenido a evaluar realmente los ocho años de Bush? ¿Y si tenía sentido la intervención en Irak? De repente, y es un rasgo de la realidad de Colombia, los que orientan sobre política internacional a la gente, aun a la gente que se oponía al Caguán, son los mismos que iban allá a congraciarse con los guerrilleros o que desde las columnas de la prensa o desde los púlpitos universitarios promovían el premio de los crímenes. Tan poderosa es la máquina de propaganda de los medios.

La juventud de muchos lectores influye en esa percepción: ¿alguien recuerda lo que se decía de Nixon? ¿Y de Reagan? ¿Alguien cree que la situación de los iraquíes es peor que con Sadam Husein? Por desgracia, sí, casi todos los colombianos, pero eso es sólo una muestra increíble de ignorancia y frivolidad. Los chavistas no cesan en su propaganda, según la cual Bush es culpable de que Bin Laden decidiera atentar contra las Torres Gemelas, o Chávez hiciera a EE UU motivo de sus violentas diatribas.

Pero el legado de Bush será muy claro: un régimen que amenazaba a todos sus vecinos y oprimía hasta el genocidio a sus ciudadanos ha caído y la presencia militar estadounidense en la región es un hecho. Es lógico que a los aliados de Sadam (con quien Chávez se reunía) no les guste, el problema es que los demás lleguen a entender que nada era mejor en la zona antes de Bush, ni siquiera las muertes de iraquíes, cometidas mayoritariamente por los enemigos de Bush en la región con el aplauso de los antiamericanos de Europa e Iberoamérica. ¿Alguien ha pensado en lo que recibían los ciudadanos iraquíes de la renta petrolera? ¿Y en los derechos que tenían ante su gobierno? ¿Y en sus perspectivas vitales?

Los chavistas tienen motivos para odiar a Bush, del mismo modo que tienen motivos para odiar a Uribe. En 2000 los talibanes dominaban Afganistán y el islamismo tenía fuertes bases en lugares como Sudán, amén de perspectivas de servir de refuerzo al régimen iraquí. Es más o menos exactamente lo mismo que las FARC, también los amigos de las FARC en Europa, en realidad muchos millones de personas, tienen motivos para odiar a Bush, pues sin la firme colaboración de su gobierno con el colombiano, tal vez el retroceso de la banda habría sido mucho menor.

El otro pretexto del odio a Bush es la crisis económica. Al respecto también habría muchas cosas que considerar: ¿cuántas personas son más pobres hoy que en 2000? Como la economía es una cuestión sumamente compleja y no todo el mundo la entiende, menos en Colombia, donde la lectura es una herejía, todos los que habrían llevado a nuestros países a una miseria como la cubana pueden presentarse como los grandes entendidos y solucionadores de problemas. El sustento de esa falacia es la suposición de que el crecimiento económico es natural, como el de las plantas, y que cuando hay una crisis es porque alguien estuvo maquinando para crearla. Puede que haya habido errores de exceso de confianza, pero no hay muchos expertos que aseguren que con otras políticas u otro gobierno habría habido tasas similares de crecimiento sin crisis.

Al igual que con la política internacional uno se encuentra con un problema muy serio, que es el déficit de racionalidad de los colombianos: se trata de mentes supersticiosas que ni se dan cuenta de que los imbuyen de supuestos absurdos según la conveniencia de quienes los dominan. ¿Cómo explicarles que es por no ser así, por no creer a quienes predican la típica retórica predominante en Colombia, por lo que los estadounidenses y europeos tienen ingresos de promedio unas diez veces superiores a las de los colombianos? La conciencia de los colombianos sobre el mundo parece descansar sobre la idea de que la gente de esos países es más rica por un capricho divino, o por el saqueo de nuestras riquezas naturales (discurso que sigue siendo la doctrina oficial de las “universidades” colombianas).

El nuevo presidente estadounidense es un enigma para la mayoría, aunque su actitud sobre el TLC con Colombia muestra a un cínico bastante desenvuelto. Se puede suponer que atenderá a los expertos tanto en temas de seguridad como de economía, pero también que buscará asegurarse los votos para un segundo período premiando a las minorías específicas que lo apoyan, por ejemplo, gente pobre a la que podría ofrecer asistencia, o trabajadores sin mucha calificación preocupados por la competencia extranjera. También es posible que intente resultar tolerable para las bases republicanas, o que busque a toda costa el enfrentamiento para deslegitimar a la oposición.

Esto último es lo que creo que hará. Su éxito político no está basado en grandes ideas sino en la seducción de la oratoria y en eslóganes perfectamente idiotas como “la audacia de la esperanza”. Hay un precedente de un político de ese estilo: el líder del PSOE español José Luis Rodríguez Zapatero. Aliado con los separatistas catalanes y con los nacionalistas vascos, aun favoreciendo la presencia de los aliados de ETA en las instituciones, consiguió conservar una mayoría con la cual ganar las elecciones este año.

Y previendo que será así, que Obama buscará la adhesión de los proteccionistas, el TLC con Colombia puede considerarse aplazado por mucho tiempo, y también es probable que el Plan Colombia termine. Más aún: todos los enemigos de EE UU buscan desde ahora “medirle el aceite” al nuevo mandatario, y por eso Chávez anuncia que pondrá bases en el Zulia, los rusos que reforzarán el poder intimidatorio de su territorio en la antigua Prusia Oriental y los islamistas buscan agravar las tensiones en Afganistán. Lo más probable es que las FARC estén pendientes de un atentado de gran impacto, de algún magnicidio o algo así para que todos recuerden que ahí está “el conflicto” colombiano, seguros de que los propagandistas conseguirán que se atribuya al gobierno.

Y no sería nada raro que Obama buscara entenderse con ellos. Sólo es que la memoria de los colombianos es breve y ya nadie recuerda las reuniones de los representantes de Clinton con los de las FARC en Costa Rica, ni las menciones a congresistas demócratas en el computador de Raúl Reyes. Sencillamente, para Obama es más importante el apoyo de los admiradores de Sean Penn o de Oliver Stone que el de los que se preocupan por las víctimas del terrorismo en Colombia, siempre menos gente y menos organizada y activa. También para Zapatero los orgasmos del secretario de Movimientos Sociales de su partido fueron una formidable fuente de votos.

Pero eso suena a ganas de aguar la fiesta, ahora que casi todos estaban tan contentos y de acuerdo. Es que si los habituales propagandistas de las FARC están encantados con Obama alguna razón tendrán. Digo yo. Y la responsabilidad vuelve a estar donde siempre ha estado, en la cabeza de cada persona, pues de todos modos los chavistas no llegarán muy lejos, ni siquiera aliados con Obama, si la gente resiste a las embestidas de la propaganda y del terror, que siempre son complementarias.

Y mal haría el gobierno en no contar con esa posibilidad y en buscar a toda costa complacer al nuevo gobierno estadounidense: lo más probable es que los demócratas busquen el fin del uribismo y un gobierno que agrade a sus bases.
(Publicado en el blog Atrabilioso el 12 de noviembre de 2008.)

jueves, agosto 13, 2009

¿Por qué prevalecerá el "uribismo"?

1. Noción de “uribismo”. Cuando uno ha leído durante una década con atención la prensa colombiana encuentra una rara unanimidad sobre ideas que serían un escándalo y un crimen en otros países, hace una década para que se premiara las proezas crecientes de las FARC, ahora para tratar de tumbar con toda clase de mentiras y maquinaciones repugnantes al gobierno que redujo esos crímenes de forma drástica. Es cuando se comprende que el Caguán no fue un error, sino que es una facción dentro de la sociedad colombiana: la alianza de los chavistas con los elementos más podridos de los partidos tradicionales, elementos que hoy en día dominan el partido liberal y tienen una enorme influencia dentro del conservador. El “uribismo” es, al igual que en 2001, la resistencia de la mayoría a esa facción.

2. Uribe y su público. El presidente no es sólo un político tradicional, sino que de muchas maneras representa una forma de ser tradicional de los colombianos. Por ejemplo, el tantas veces mentado “cortoplacismo”, la incapacidad de hacer proyectos de largo plazo y confiar en el resultado de un programa acogido por gente que cree en él. Es la hora en que no se sabe si espera organizar a sus partidarios para presentar listas al Congreso y al Senado en 2010, y ni siquiera si apoyará a un candidato presidencial distinto a él mismo para esas elecciones. En cierta medida, la misma distracción afecta a los políticos que lo acompañan. Parece que es demasiado pronto para tener ideas, programas, militantes, cuadros, listas... Parece que no se pueda concebir la política de otra manera que mediada por la relación personal del cacique con los votantes.

3. La oposición. Pero es muy difícil creer que una candidatura de oposición a Uribe y a su discurso central (seguridad democrática, confianza inversionista y cohesión social) tenga futuro. Por abrumadores que sean los éxitos de la seguridad democrática, los cientos de columnistas de la gran prensa bogotana la descalifican, al igual que los políticos más conspicuos de la oposición. ¿Qué otra cosa pueden hacer después de que cuatro ex presidentes presionaran al gobierno para que le despejara a las FARC un territorio que casi aseguraba su victoria estratégica? No hay ningún político de la oposición que sea capaz de apartarse realmente de Piedad Córdoba y compañía, seguramente porque nadie cuenta con los votos “uribistas” y sin el chavismo, sus ingentes recursos y su numerosa militancia se estaría en una soledad fatal.

4. Ni queriendo. De modo que los recursos de la oposición son ínfimos y penosos: nadie se ha atrevido a cuestionar los abusos de la “parapolítica” ni las infinitas mentiras de la prensa, cuyo nivel es el de la propaganda más despreciable. No se trata ya de que sus informaciones sean sesgadas, sino de que las noticias que ofrecen casi nunca tienen relación con investigaciones propias, sino casi siempre con declaraciones de ONG o grupos interesados. Quienes conozcan la prensa de otros países no pueden menos que reír ante semejante nivel. Eso casi asegura la lealtad de la mayoría de la gente a Uribe y a su “espectro” ideológico-político conservador y procapitalista. Por eso a pesar de la deriva de los partidarios del presidente, de su indefinición, de la desidia a la hora de promover un ideario y un partido y unos medios de prensa alternativos y una constitución que no premie a quien intente abolirla matando gente, la facción gubernamental tiene casi asegurado el triunfo en 2010.

5. El rumbo de Bolivia y Ecuador. Un analista de la Fundación Ideas para la Paz, Román Ortiz señala que los atentados terroristas de las FARC tienen un objeto: debilitar al gobierno, que quedará como incapaz de impedirlos y de buscar la paz. Lo más probable es que aunque tuvieran éxito en algún caso, y la cantidad de morteros incautados demuestra que se lo están tomando en serio, la gente seguiría apoyando al gobierno. Pero ese juego es el mismo que emplean con los corteros de caña y los indígenas del suroccidente: crear el caos de tal modo que afecte a la mayoría de la gente, que culpará al gobierno. Eso tuvo éxito en Ecuador y Bolivia, países que se habían hecho ingobernables por el sabotaje continuo de los chavistas. Como los extorsionistas que cobran “protección” contra ellos mismos, los agitadores chavistas y sus socios terroristas esperan que la gente hastiada los escoja a ellos para no sufrir las bombas ni los cortes de carreteras.

6. El escudo nacional. Y no parece muy probable que tengan éxito. En última instancia, mientras que una mayoría abrumadora reaccionó a la infamia del secuestro con el lema No más FARC, los intelectuales habituales salieron, liderados por Piedad Córdoba a pedir Más FARC, y el conjunto de los políticos de la oposición más bien callan cuando no respaldan resueltamente esas amables iniciativas. Lo que se dibuja a un año y medio de las elecciones de 2010 es el contraste entre la aspiración expresada en el escudo nacional: “Libertad y Orden”, y la divisa que parece mover a la oposición sometida a Chávez, a Santodomingo, a los combitos de oligarcas, a los académicos comunistas y a la tradicional manada de lagartos y parásitos es ésta: OPRESIÓN Y CAOS. Por eso prevalecerá la mayoría que hoy apoya al presidente.

domingo, agosto 09, 2009

El funesto ensueño "progre"

La posibilidad de que Barack Obama gane las elecciones del próximo 4 de noviembre en EE UU tiene alterados a los “progresistas” de medio mundo: parece la cosa más lógica que los estadounidenses elijan al candidato preferido por todos los enemigos de su país. No obstante, puede que esos sueños no se cumplan del todo, aunque ciertamente la alegría de esa gente debería ser para los demás un motivo de angustia.

Las cuentas reales
Es muy llamativo que diversos medios fuera de EE UU anunciaran que Obama aventajaba a McCain en 14 puntos, siendo una encuesta entre muchas que aparecen cada día y que si bien dan por lo general una clara ventaja al senador por Illinois, ésta no ha llegado nunca a ser en promedio siquiera de 8 puntos. Los periodistas forman parte de esas profesiones por las que optan las clases sociales agrupables bajo la noción de “progresía”. La verdad es que esas encuestas dicen muy poco sobre las posibilidades reales de los candidatos, pues si el apoyo a Obama en California, el estado más importante (55 votos electorales) sube hasta los 40 puntos de ventaja, daría lo mismo que fuera sólo de un punto en la elección real, pero la encuesta nacional resultaría alterada. La elección depende de unos cuantos estados en disputa: Florida, Ohio, Missouri, Colorado, Virginia, Nevada y Carolina del Norte; los demás difícilmente variarán. Y el triunfo de Obama es menos seguro de lo que se puede inferir de leer resultados de encuestas nacionales, si pierde en todos los estados mencionados, daría lo mismo que la votación nacional le diera ventaja. Y las encuestas no son la elección, de hecho, el voto por Obama es más “mostrable”, mientras que el que lo rechaza por racismo no aparece en las encuestas.

Después de Bush
Se podría empezar por una experiencia corriente para cualquier colombiano: todos hemos encontrado muchas veces a personas que experimentan arrebatos de odio cada vez que se habla de los disidentes cubanos. ¿Aceptaríamos los testimonios de esa clase de personas como pruebas a favor o en contra del régimen comunista de la isla? Para mí son pruebas indudables de la condición moral de los colombianos, es seguro que en países en que hay tanta gente así se terminará secuestrando niños y poniendo bombas. Lo mismo se puede decir de Bush: es muy difícil evaluar realmente su presidencia porque quienes lo hacen a diario son los habituales enemigos de EE UU. Tal vez quede como un buen presidente, de otro modo no despertaría tanto odio. Nadie negará que hubo errores en la intervención en Irak, lo que de momento pone en duda la inmensa mayoría de los iraquíes es que constituya la atrocidad que los chavistas y los paniaguados de Santodomingo presentan. Sencillamente hay un cambio en la realidad de la región, ya no está el mayor criminal de la historia árabe, es lógico que lo echen de menos los admiradores de su émulo caribeño. De hecho, ¿alguien recuerda lo que se decía de Reagan y la Iniciativa de Defensa Estratégica? Figúrense, no gustaba a los prosoviéticos y a los becados en Cuba...

¿Hasta dónde llegaría Obama?
Lo cierto es que Obama recauda votos entre quienes desaprueban la intervención en Irak y la política exterior agresiva de Bush, pero eso no necesariamente quiere decir que su política vaya a ser blanda. Podría retirarse de Irak porque la guerra ya la ha ganado el gobierno legítimo apoyado por los aliados, pero nadie debe esperar que se rinda en el caso de Afganistán ni que ceda a las presiones rusas sobre la periferia del antiguo imperio soviético. Respecto a los países con los que EE UU tiene diferencias, nadie debe entender que la voluntad de “conversar” con Chávez y Ahmadineyad vaya a significar una actitud complaciente con ellos, pero la mera determinación de conversar puede envalentonarlos. Según Ramón Pérez Maura, la conversación con Zapatero incluirá la exigencia de enviar más tropas a combatir a Afganistán.

El “gigante dormido”
En la segunda guerra mundial murieron en Europa un millón de jóvenes estadounidenses, por no hablar de cerca de sesenta millones de europeos. ¿Qué habría pasado si desde antes de la invasión alemana a Polonia se contara con la determinación manifiesta de defender la soberanía de ese país por parte de los estadounidenses, aparte de los británicos y franceses? Más aún, ¿qué habría pasado si la determinación de contener a Hitler se hubiera manifestado antes, cuando se anexionó Austria o cuando destruyó Checoslovaquia? Probablemente se habrían evitado muchas desgracias, pero primó por una parte esa actitud cómoda de quienes prefieren desentenderse de lo que va a pasar: por una parte los simpatizantes de Hitler se dedicaban al pacifismo (sobre todo en Europa, pero también en EE UU), por la otra muchos cínicos esperaban que los alemanes y rusos se mataran entre ellos, o que la agresión alemana acabara con el régimen soviético, al precio de “tolerarlo”. Más aún, ¿qué habría pasado si unos Estados Unidos agresivos hubieran impuesto, en alianza con los británicos y tal vez con la Sociedad de Naciones, una intervención en España para forzar un armisticio y un plebiscito sobre un programa político que incluyera nuevas elecciones? Los nazis y los comunistas contaban con España para hacer realidad sus sueños, unas potencias aliadas indolentes fueron sus cómplices. Es lo mismo ahora, los chavistas y los islamistas, amén de los expansionistas rusos, esperan unos EE UU acobardados y contenidos para sacar adelante sus proyectos.

Carter y Clinton
Muchas de las desgracias actuales proceden de esos dos gobiernos demócratas: una determinación clara de impedir el expansionismo soviético probablemente habría impedido la invasión de Afganistán, de la que surgió una guerra que todavía no termina, y tal vez también se habría podido impedir el asesinato de un tercio de la población de Camboya a manos de los iluminados de la izquierda democrática local (la cual refundó el país con el nombre de Kampuchea Democrática). Incluso el triunfo sandinista podría haber contado con menos apoyo estadounidense y haber incluido la exigencia de elecciones libres. La desmoralización estadounidense tras ese gobierno determinó la política resuelta de su sucesor, Ronald Reagan. Del mismo modo, el frívolo desasimiento de Clinton permitió el asesinato de un millón de personas en Ruanda, así como la agresión de Milosevich contra los kosovares. Los mismos islamistas que destruyeron las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001 se encontraron con un gobierno “buenista” que no hizo nada después de la destrucción de un buque de mil millones de dólares. Sin ir más lejos, los colombianos podemos recordar las conversaciones de representantes de ese gobierno con las FARC en Costa Rica y las presiones para que se despejara territorio en el Caguán.

Esperanzas audaces
Más que en el entusiasmo que puedan mostrar por Obama, los progres son muy elocuentes en el desprecio que muestran por sus adversarios, McCain y Palin. En busca de elementos de propaganda no vacilaron en dar a entender que McCain no sabía quién era el presidente español. Más recientemente, el órgano principal de la progresía hispánica, El País, se lucía con este titular:

Palin dice que Chávez es un dictador y amenaza con sancionar a Venezuela
¿Es que Chávez no es un dictador? ¿Es que en Venezuela hay división de poderes y contrapesos al poder y organismos de control independientes y respeto de la oposición y de las urnas? Si uno atiende a la grotesca y delincuencial oposición colombiana, las cosas son así: es en Colombia donde hay una dictadura porque se supone que se vigila a un asesino jubilado que ayudó a fugarse al país vecino a un coronel espía. En Venezuela, como en el Chile de Allende, hay una democracia respetable. Pero los redactores de El País en apariencia se dirigen a un público menos propenso a acolitar prodigios como la industria del secuestro, sólo que ¿cuál es la gracia entonces de que Chávez sea un dictador? ¿Qué dirán de una noticia como ésta?:

Chávez anuncia que no enviará dinero a las gobernaciones donde gane la oposición
Todos esperan un gobierno de Obama que sea complaciente con esas democracias tan particulares que han florecido en Sudamérica, y la verdad es que en caso de ganar es perfectamente posible que Obama obre tal como esperan sus partidarios fuera de EE UU. El cinismo con que habla de los sindicalistas colombianos muestra que es alguien perfectamente capaz de aliarse con criminales para imponer su bandería.

El voto hispano
Se dice que unos diez millones de hispanos pueden votar en las próximas elecciones, y su decisión puede ser definitiva en estados como Florida. Por una parte, los tienta la retórica “inclusiva” de Obama (que de todos modos defendía el muro entre México y EE UU para proteger a los inmigrantes de insolaciones), pero por la otra deberían tener en cuenta el anhelo de impedir el TLC con Colombia y de renegociar el TLCAN. La posibilidad de que haya un gobierno estadounidense hostil ante Uribe y complaciente con Chávez y sus aliados debería ponerlos a pensar, pues las ambiciones expansionistas del mico no cesarán, y si no han encontrado ninguna resistencia con Bush, menos la van a encontrar con quien se muestra dispuesto a escucharlo. Ni hablar de lo que se resentirá la paz del mundo cuando todos los amigos del multilateralismo (es decir, del poder de Ahmadineyad, Putin, Lukashenko, Chávez, Bin Laden y Kim Jong-il) se sientan envalentonados. Pero será una experiencia que cada cual se merecerá, como los venezolanos que eligieron varias veces al mico.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 29 de octubre de 2008.)

miércoles, agosto 05, 2009

Memoria selectiva

La escalada de persecución judicial de la derecha en España ha avanzado en estos días con las últimas resoluciones del juez Baltasar Garzón, y es sumamente llamativo todo lo que acompaña ese fenómeno porque a fuerza de luchar por la memoria parece que no sólo se busca estigmatizar a la oposición, sino dividir al país y revivir el clima previo a la guerra civil: ¡todo ello precisamente para que se olvide lo que es reciente y afecta a la conducta del gobierno de Zapatero y de su partido!

Ley de Memoria Histórica
Antes de que Garzón emprendiera el procesamiento del franquismo por los inextinguibles crímenes contra la humanidad ya el gobierno había emitido y hecho aprobar una Ley de Memoria Histórica, con la que se pretendía abrir las fosas comunes y tumbas en que pudiera haber víctimas de la guerra civil de 1936-1939 pertenecientes al bando republicano o personas asesinadas después de la victoria franquista. El pretexto era que los vencedores sí habían podido enterrar y honrar a sus muertos, mientras que los vencidos no podían hacerlo, pero el objetivo era ganar adhesiones entre las personas emparentadas con esos muertos y generar la imagen de reparadores de una gran injusticia.

Mito y propaganda
Como ocurre con mucha frecuencia, lo que se busca es ante todo propaganda de la propia visión de la guerra: los que se oponen al socialismo resultan automáticamente emparentados con los victimarios, mientras que el conocimiento efectivo de las causas de la guerra queda para los especialistas. El victimismo crea adhesiones que no reparan en la labor de gobierno ni en la conveniencia particular. Se aprovecha que las prácticas sectarias de la Iglesia inquisitorial imbuyeron en la gente la predisposición a creer que la pertenencia al bando de los buenos importa más que cualquier otra consideración, incluso en términos prácticos, con lo que esa pertenencia se convierte en una especie de “identidad”, gracias a la cual los puestos, rentas y negocios de los políticos que promueven la ley están asegurados más allá de los aciertos o errores de su gestión.

La guerra civil
Claro que todo eso se percibe de una manera en España y de otra en Colombia, donde la ignorancia es mucho mayor (ya en términos generales, ni hablar de la historia de España) y por tanto más atrevida. ¿Cómo comenzó la guerra civil? Todo el mundo dirá que se produjo un intento de golpe militar contra un gobierno legítimo, democrático, etc. ¿Cómo es que ese gobierno estaba formado mayoritariamente por partidos que aspiraban a suprimir la democracia y que miembros del principal partido de gobierno estuvieran involucrados en el asesinato del principal líder de la oposición? Bueno, para eso siempre hay respuestas, se cambia el nombre. Si hay una insurrección obrera como la de 1934, el lector estará de acuerdo: el comunismo no es la negación de la democracia sino su profundización. ¿Para qué seguir por ahí? Cuando se habla de “democracia” los colombianos siempre entienden otra cosa que el resto del mundo, a tal punto que el partido totalitario que quiere que se anule la voluntad de la gente en favor del poder de los terroristas, con toda la “frescura” del mundo, se apellida “democrático”.

Doble rasero
Pero la guerra civil empezó antes del alzamiento y la buscaron conscientemente tanto los miembros del Partido Socialista como los del Partido Comunista como los nacionalistas catalanes y vascos. Si se la llama “revolución” sólo se está recurriendo al despreciable truco de legitimar la propia violencia, como hacen en Colombia nuestros amigos de la “izquierda democrática”. La amenaza de revolución socialista, la continua violencia anticlerical y la inseguridad ciudadana, por no hablar de la legitimidad relativa del gobierno del Frente Popular (había ganado por un punto porcentual) hicieron que los partidos de derecha, sobre todo católicos y monárquicos, se radicalizaran y apoyaran el tradicional “pronunciamiento”. La Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista era un partido ínfimo que pretendía copiar los regímenes italiano y alemán, y sólo tras desencadenarse el conflicto adquirió alguna importancia.

El caso de Chile
La similitud entre los casos de España y Chile es extraordinaria, salvo en el hecho de que Pinochet tuvo éxito en su golpe militar y Franco no. En lo que más se parecen es en el mito que se ha creado sobre los gobiernos depuestos: un débil mental que escribe en El Espectador presenta a Allende como un demócrata justiciero ¡del mismo bando que Vaclav Havel! A los interesados los puede orientar al respecto esta frase de Carlos Altamirano, el principal dirigente del Partido Socialista chileno en tiempos de la UP:

El Estado Burgués en Chile no sirve para construir el socialismo y es necesaria su destrucción. Para construir el socialismo los trabajadores chilenos deben ejercer su dominación política, deben conquistar todo el Poder. Es lo que se llama la Dictadura del Proletariado.
Claro que cuando le preguntan ahora el hombre no vacila en escudarse en la utopía. Esa visión es algo que se encuentra todos los días en la propaganda de la prensa terrorista en Colombia: ningún columnista se sorprende de que haya decenas de congresistas y senadores presos por extraños testimonios mientras que Piedad Córdoba sigue llamando tranquilamente a emular a Tirofijo. Para citar a un personaje unánimemente reconocido por la izquierda, Eduardo Umaña Luna, declaraba:
Pobre país. La guerra ya pasó y la guerra que llega no es la guerra que necesitamos y esperamos. Pero en esa, la que pasó y la que llega, todos dejaremos la vida. (p. 219)
La guerra que busca la izquierda es una necesidad histórica, cualquier resistencia es un crimen contra la humanidad. Cuando la administración de justicia resulta sometida a presiones ideológicas de ese tipo, toda la institucionalidad está amenazada. Como ocurre en Colombia, por mucho que la prensa lo oculte.

La revolución social
Tras el alzamiento del 18 de julio de 1936 se produjo una “revolución social” en las zonas dominadas por los republicanos, fenómeno que se puede entender como una orgía de asesinatos, incendios y torturas en las cárceles particulares de los partidos de gobierno (como las chekas del Partido Comunista). ¿Va Garzón a juzgar a los responsables de todo eso? No todos han muerto, por ejemplo el ex líder comunista Santiago Carrillo es responsable del asesinato de varios miles de personas indefensas y en su mayoría inocentes en Paracuellos del Jarama. ¿Lo procesará Garzón? ¿Qué hará con los miles y miles de asesinados por los comunistas dentro del propio bando republicano? Es evidente que este juez exhibicionista, que ya fue segundo de Felipe González en las listas del PSOE sólo pretende aprovechar su rango para favorecer a sus amigos.

El régimen republicano
Si bien el gobierno del Frente Popular había ganado las elecciones de febrero de 1936, no se puede decir que su deriva posterior al alzamiento fuera lo que se dice democrática: los continuos enfrentamientos entre los partidos que lo apoyaban condujeron a miles de asesinatos, y al final sólo era una dictadura manipulada por los agentes de Stalin. Todo el mundo conoce la intervención alemana e italiana en la guerra, pero pocos se preguntan por qué los británicos, franceses y estadounidenses no apoyaron al gobierno republicano, aparte de los espontáneos de las Brigadas Internacionales. Es que defender a ese gobierno era hacerse aliados de Stalin, cosa que en Colombia no despertará ninguna objeción pero que sí la tenía para los demócratas de esos países (en Francia gobernaba la izquierda).

Monarquía y transición
El problema de llevar la historia a los tribunales es que se termina cuestionando la propia legitimidad. Después de cuatro décadas la dictadura entregó el poder a un monarca y se convocó a los ciudadanos para aprobar una nueva constitución, en cuya redacción se tuvo en cuenta a los partidos derrotados en la guerra civil. Ese periodo conocido como “La Transición” despertó admiración en todo el mundo por la madurez que mostraba la sociedad española al enterrar las viejas rencillas. Tanto el régimen como la constitución vigentes son el resultado de ese proceso, no de un triunfo de los demócratas sobre los franquistas. Si el franquismo resulta un crimen (en términos jurídicos), su sucesión es ilegítima.

Olvidar lo importante
Pero el afán del PSOE es sobre todo conseguir que se olvide la forma en que accedió el poder en 2004, gracias a un atentado monstruoso que “convenció” a mucha gente de que no convenía seguir contrariando a los islamistas y de la necesidad de sacar a los soldados de Irak. También su alianza con un separatista catalán que se reunió a principios de 2004 con ETA y acordó favorecer a la banda si no ponía bombas en Cataluña. O la fracasada negociación con ETA para la cual consiguió que el fiscal permitiera al prohibido partido afín a los terroristas se presentara a las elecciones dos veces con otros nombres. Que se olvide lo importante y grave, como la negación de la crisis económica, la venta de armas a Chávez, el claro apoyo a la satrapía cubana... es lo que pretende el gobierno español y su juez amigo desenterrando la oxidada hacha de la guerra civil, un poco como cuando el mico intenta probar que Bolívar fue envenenado.
(Publicado el el blog Atrabilioso el 22 de octubre de 2008.)

viernes, julio 31, 2009

El penoso éxodo hacia Cuba

Si bien no se ha dicho directamente, los medios colombianos cada día lo sugieren con más convicción: el fracaso del capitalismo forzará a los pobres de EE UU a buscar oportunidades de educación y salud en Cuba, lugar en el que no se ha visto toda esa libertad salvaje y "criminal" de los bancos. Previsiblemente, en el país del sicariato y la rentabilísima protesta profesional afloran por manadas los maestros de moral que predican contra la codicia (son los mismos empresarios del sicariato y de la protesta, pero ¿hará falta decirlo?).

En todo caso, eso no es nada, no importa realmente: uno no puede dejar caer un billete de 50.000 pesos en la carrera Séptima y sorprenderse de que al desandar el camino ya no esté. Lo atroz es que la caída de los mercados y la implosión de la burbuja financiera agravia terriblemente a millones de colombianos que siempre han condenado la especulación y el capitalismo y se sentían agraviados cuando los especuladores ganaban dinero por montones.

¿Cómo no van a aparecer los pensadores que halagan a personas tan dispuestas a razonar así? Si uno está hecho de esas certezas encuentra quien se las confirme, como el billete caído encuentra quien lo recoja o como la muchacha del escote generoso encuentra quien la piropee. Lo que importa es haber dejado caer el billete: estar ciego ante la propia realidad y dispuesto a creerse en condiciones de sermonear a sociedades tan distantes de las nuestras como lo estaría Bach de un macaco.

Claro que no sólo en Colombia se despiertan fervores ante el final del capitalismo: están por todas partes, en toda Sudamérica la vieja Utopía encuentra un resquicio, muy reforzada, claro está, por la promesa que trae Obama con la ¡audacia de la esperanza! (según la politóloga vasca Edurne Uriarte "una de las expresiones más idiotas de la historia política"), gracias a la cual, por fin esos gringos van a superar su racismo y a asimilarse a la gente civilizada.

No sólo renacen las certezas que parecían haberse evaporado tras la caída del muro de Berlín, sino la confirmación del rumbo luminoso emprendido por la mayoría de los países de la región. De hecho, la fuga hacia Cuba es una sugerencia vaga de la prensa colombiana, el Gran Emisario de la Esperanza es mucho más audaz: ¡Estados Unidos irá al socialismo! Los pueblos no se suicidan. ¿Adónde va a ir el mundo tras el fracaso del capitalismo?

Aunque EE UU no vaya al socialismo, no faltan los que anuncian la caída de su imperio. El autor del texto enlazado razona con tanta audacia en su esperanza que encuentra una confirmación en la impunidad con que Chávez ofende a EE UU. Es la paradoja de esta gente, paradoja que el dicho "del ahogado el sombrero" expresa a la perfección: si se derriba al tirano que intentaba matar a un ex presidente estadounidense, hay ocasión de clamar por las muertes de civiles que se cometen tratando de contrarrestar la intervención, pero si no se hace caso a un remedo bocón de ese tirano, entonces es que el imperio está de capa caída.

Los interesados en las causas y efectos de la crisis encuentran en muchos sitios datos y análisis de economistas y personas más enteradas, aquí interesa comentar las reacciones ideológicas que se producen en nuestro medio: ¿cómo es que algo tan monstruoso como el comunismo sigue encontrando simpatías en nuestras sociedades? Bueno, ya lo he dicho muchas veces: el chavismo expresa los anhelos de los sectores más reaccionarios de Hispanoamérica, la resistencia de un orden preburgués que se ha mantenido al precio del atraso y la miseria.

Las "ideas" que acompañan la indignación (y el apego a la Utopía) son las propias de ese orden, casi indistinguibles de su formulación religiosa original: todos esos capitalistas obran movidos por la codicia y su sistema está basado en la usura. Esos "argumentos" sirvieron para despojar a los judíos y expulsarlos de España en la misma época del Descubrimiento de América. De ese enorme crimen salieron prósperos y vencedores los curas e hidalgos. En las sociedades esclavistas de América siguió y sigue operando ese orgullo de no trabajar (labor que corresponde a los individuos de los grupos étnicos sometidos).

Groucho Marx decía que la felicidad está hecha de pequeñas cosas: una pequeña mansión, un pequeño yate, etc. De ese estilo es la humildad de nuestra casta sacerdotal: siempre se trata de gente resignada a miserables dos mil o tres mil dólares al mes, sin más afán de lucro ni de ostentación. En cuanto se tiene esa renta por pronunciar diatribas contra la desigualdad, el afán de los demás por enriquecerse resulta algo sucio y despreciable.

Lo terrible es que dada la hegemonía que tienen sobre la sociedad habrá mucha gente pobre a la que soliviantan con esa clase de discursos. ¿Cuál es el truco? Ante todo, "vender" lo viejo como nuevo. El caudillo vociferante y tiránico como expresión de una mejora de algo: no ahora sino ya hace sesenta años, tanto Perón como sus sucesores Fidel Castro (el cual estuvo en Bogotá en 1948 invitado por una red de organizaciones afines al peronismo) y Velasco Alvarado encontraron inmediatas simpatías en todo el continente. Chávez es sólo una mezcla de los tres.

De modo que esa condena del trabajo, el cual encuentra su sentido en la riqueza y produce las virtudes que la permiten, laboriosidad y ahorro, gracias a la codicia, sólo es la tradición más rancia y más dañina: la que hace de la violencia el único modo de acceder al bienestar y hace que la gente deje de aspirar a prosperar de otra forma que no sea escalando en jerarquías institucionalizadas (Iglesia, milicia, burocracia).

¿Cómo demostrar que esa mentalidad atávica es lo que hay tras el chavismo? Muy fácil, pensando en los discursos tradicionales de los maestros y universitarios: ¿nadie ha oído las protestas por el saqueo de que somos víctimas en nuestros recursos naturales? Cada persona que las pronuncia cree que tiene derecho a vivir de esa herencia y a dejarle el trabajo a los demás. No es raro el elogio que hace el inconmesurable William Ospina de Chávez:
Recientemente el presidente Chávez, en Venezuela, ha sabido jugar con inteligencia en el escenario de la economía mundial y prácticamente ha duplicado los ingresos de su país por concepto de exportaciones de petróleo.
Ésa es toda la condena de la codicia, aunque siempre los poetas lo expresan mejor. Por ejemplo, Ernesto Cardenal:
Tú has trabajado
veinte años
para reunir
veinte millones de pesos,
pero nosotros daríamos
veinte millones de
pesos
para
no trabajar
como tú has trabajado…
¿Y qué es lo interesante de todo eso, aquello que lo relaciona con la crisis actual y con la mentalidad que caracteriza a nuestras sociedades? Podría empezar uno preguntando ¿de dónde saca Ernesto Cardenal veinte millones de pesos? Es muy fácil: el resultado de esa mentalidad atávica al cabo de cinco siglos es que los pueblos de Hispanoamérica no han inventado NADA, no han producido ningún científico ni ningún inventor importante. Sólo vividores y mentirosos patéticos como estos poetas.

Y la mentira funciona de este modo: la gente asume la existencia de teléfonos celulares y redes informáticas a las que se accede fácilmente como un don de la naturaleza, como suponer que existe el tomate de árbol o la arracacha. ¿Nadie recuerda lo que costaba un computador hace veinte años? ¿Y un teléfono celular hace apenas diez años?

Todos los inventos importantes de los últimos siglos han tenido lugar en países capitalistas. Pero el hecho de inventar algo no quiere decir que eso inventado va a llegar a todo el mundo fácilmente. Sin ir más lejos, Marylin Monroe tenía contestador automático en su teléfono. Sencillamente no hubo quien invirtiera en la producción masiva de ese objeto en la década en que murió la actriz.

Pero ¿cómo tiene lugar la producción masiva? Pues debido a que alguien invierte. Adivinen para qué se invierte. Esas inversiones son por lo general riesgosas y muchas veces producen pérdidas. Después del engaño de que las cosas se inventan solas, a las razas de parásitos las engatusan con la suposición de que alguien sabe qué negocio va a producir grandes ganancias. De ser así, Microsoft, Yahoo, Amazon, Google, Youtube, Facebook, Blogger, etc. sólo serían divisiones de IBM.

Y entonces a la gente engañada a la que hacen superior moralmente gracias a que no ha conseguido nada en esta vida, le ofrecen la tercera mentira: que alguien sabe el valor real de las cosas. Por eso las fluctuaciones de la bolsa resultan siempre sospechosas.

La crisis actual es el resultado de un exceso de confianza, pero ese exceso acompañó a una de las mayores expansiones de la economía mundial, expansión que ha permitido por ejemplo que Colombia aumente su parque automotor y que miles de millones de personas hayan accedido a bienes que parecían de ensueño hace dos décadas. El sector en que estalló la burbuja fue el hipotecario, pero es que esa orgía crediticia significó también la construcción de millones de viviendas, al tiempo que gracias a la inversión constante los propietarios de las viviendas multiplicaron su patrimonio.

Se discute mucho sobre la posibilidad de que los gobiernos o las autoridades monetarias cometieran errores, excesos y aun corruptelas. Antes de entusiasmarse condenando el capitalismo y anunciando su fin sería bueno que la gente se informara un poco. ¿Podría contestar el lector qué representan las caídas de este año en comparación con el crecimiento de las últimas dos décadas?

Ahí opera la mentira principal: al parecer el mundo va solo, cuando algo no funciona es que no estuvo la persona apropiada decretando la prosperidad y el bienestar. La crisis actual, una más entre las que siempre ha sufrido el sistema económico basado en la competencia y en la libre iniciativa, resulta la demostración de que lo correcto es la planificación central o quién sabe qué otro disparate aderezado con retórica patriotera de la más deprimente ("A Cuba la respetan" proclama el titán Ospina en el "ensayo" enlazado arriba).

Las dificultades de una sociedad en la que la gente pobre se gana más de diez dólares a la hora se vuelven el pretexto para reivindicar una en la que el ingreso medio es de diez dólares al mes, y en la que los mismos profesores ayudan a prostituirse a las niñas. La gente que conoció la Unión Soviética cuenta muchas historias semejantes: es lo que pasa cuando la inversión no se basa en el anhelo de enriquecerse de quienes ahorran sino en la determinación de un gobernante que dice representar el interés de todos y sólo desea dominarlos.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 15 de octubre de 2008.)

domingo, julio 26, 2009

El país de la gente "varada"

Es muy curioso ese colombianismo. En el otras partes el verbo sólo se usa para “encallar”, que es lo que les ocurre a las embarcaciones que no se pueden mover porque algo se lo impide en el suelo. Pero es una expresión afortunada: la mayoría de la gente en Colombia está encallada por la escasez de recursos. Lo que pasa es que “la mayoría” no son todos, y vale la pena considerar quiénes viven cómodamente en una sociedad como la colombiana y quienes tienen que hacer grandes esfuerzos para pagar sus gastos, por modestos que éstos sean.

Vale la pena, por ejemplo, porque la huelga de empleados judiciales ya lleva un mes y no parece que vaya a cesar (ayer mismo el presidente les dijo que se quedaran en huelga hasta el final de su mandato). ¿Alguien se ha detenido a pensar cuánto gana un juez o un secretario judicial y cuánto gana la gente que hace trabajos pesados? ¿A alguien se le ocurrirá comparar esa diferencia de ingresos con la que habría en otros países?

Mejor: ¿alguien ha sentido que el país se paralice realmente por la huelga en los juzgados? Sí que han quedado libres algunos delincuentes, pero la verdad es que el impacto del “trabajo” de los funcionarios es bastante insignificante. La verdadera profesión de esos empleados de la “justicia” (¡qué palabra!) es la “lucha” para hacerse subir el sueldo, y por eso su huelga apenas se nota en que se detectan menos abusos en las tutelas y menos arbitrariedades.

Pero en cambio quienes llegan de otros países quedan desconcertados por lo barato que es todo lo que hace alguien, lo que representa el trabajo manual de una persona. Dicen que eso es por la educación, pero ¿qué es educación? ¿Realmente un profesional de la vociferación como los miembros de Asonal Judicial tiene mayores conocimientos que un esforzado zapatero? Si la educación colombiana proveyera ingresos varias veces superiores a quienes disfrutan de ella porque su productividad fuera mayor, ¿qué sentido tendrían las organizaciones de intimidadores y gritones? Los “educados” serían los más “neoliberales”, ansiosos de pagar menos impuestos y disfrutar del fruto de su trabajo más productivo.

En todo eso hay una constante: la principal fuente de desigualdad en Colombia es el sindicalismo estatal, que es una forma eufemística de decir “el Estado”. La mayoría de las personas que obtienen empleos estatales y por tanto pueden ejercer el sindicalismo pertenecen a medios sociales privilegiados y son en últimas los verdaderos usufructuarios de esa enorme organización.

A tal punto es el Estado (como organización de la etnia dominante y como poderosa máquina de exacción para el resto de la sociedad) la principal causa de desigualdad que la mitad de los empleados estatales están en el 10 % más rico de la sociedad. Si se contaran los pensionados, muchos de los cuales viven cuarenta años cobrando pensión y amasan considerables fortunas mientras ocupan puestos, por ejemplo como jueces, la proporción de ricos cuyos recursos provienen del Estado sería muchísimo mayor. Por no hablar de que la mitad de los empleados estatales que no cabe en ese 10 % la forman los agentes de policía y las señoras que limpian y sirven tintos en las oficinas estatales.

Todo el sentido del Estado se enmascara en tareas supuestamente necesarias y honrosas, por mucho que todo el que quiera enterarse un poco podrá comprobar que sólo son un pretexto para pagar rentas a las personas que viven de eso. Dos edificios enormes y costosos del centro de Bogotá albergan oficinas de la Contraloría y la Procuraduría. La misión de control de estas entidades es tan necesaria que los que nombran a los funcionarios que van a ejercer el control son los mismos que nombran a los que van a estar sometidos a él.

Pero los colombianos ya están acostumbrados a eso: si uno tiene que dedicar su vida a esfuerzos espantosos para obtener con suerte unos doscientos dólares al mes es porque no ha tenido la suerte de ocupar un empleo en esas instituciones, tal vez por no tener educación (pero cuando la tiene tampoco es seguro el puesto y hay que colaborar en la rebelión de algún aventurero que sí tiene empleo y aspira al ascenso a ver si llega la oportunidad).

Claro que uno piensa en el Estado como esa vasta corporación de parásitos, pero prácticamente todos ellos viven dedicados a promover la destrucción del Estado, al que acusan de toda clase de crímenes: el puesto en la Procuraduría o en la Contraloría depende de lealtades adquiridas en la universidad, de lealtades a los emisarios de la utopía, que son a la vez los dueños del Estado y sus sepultureros.

Y la verdad es que cuando se habla de “parásitos” tal vez se cometa una injusticia: ¿nadie sabe a qué viven dedicadas todas esas personas que obtienen salarios de dos mil dólares y más en la Universidad, la “justicia”, la Procuraduría y la Contraloría? Yo sí lo sé: ¡viven dedicados a combatir la desigualdad del país!

Y creo que los colombianos deberíamos tomar conciencia de ese problema, sin duda el primero del país. Durante los seis años de Uribe la pobreza y la indigencia se han reducido notablemente, lo contrario de lo que ocurrió durante el gobierno de Samper. Pero “la desigualdad” es un criterio de muy dudosa sensatez. Por ejemplo, durante el gobierno de Chávez en Venezuela han emigrado cientos de miles de personas acomodadas. Eso reduce la desigualdad sin que la gente pobre tenga mucho de que alegrarse. Y si, por el contrario, a un país se fueran los ricos más ricos, la desigualdad aumentaría y sin embargo lo más probable es que también el ingreso de los pobres mejorara.

De modo que el problema de la pobreza es sobre todo reducir el despojo a que someten a la gente las camarillas parasitarias que desde la fundación del país ejercen de dueñas del Estado. Y para eso hacen falta muchos cambios, sobre todo hace falta crear un partido de los trabajadores (lo cual no se debe entender como “de los asalariados”) que se oponga al despojo tradicional.

Pero sobre todo hace falta impedir que esas camarillas vuelvan a reinar, que fue lo que ocurrió durante el gobierno de Ernesto Samper, cuando el gasto del Estado se dobló y al mismo tiempo se dobló la cantidad de pobres. ¿Habrá energía para eso? Es un reto constante, que la sociedad tarda en asumir. En 2003 se convocó un referendo que planteaba, ante la mala situación económica, congelar los sueldos de los empleados estatales mejor pagados. La participación fue escasa y al cabo de dos años el mismo Uribe estaba subiendo “generosamente” esos sueldos: si la sociedad no respalda al gobierno que intenta contener ese despojo, el gobierno tendrá que ceder.

Y sin cambiar eso la mayoría de la gente seguirá “varada” y los únicos que vivirán cómodamente serán los que tienen que ver con las camarillas de lagartos de toda la vida. Los pobres seguirán matándose por las migajas mientras los ricos proclaman su superioridad sobre este mundo en que hay tanta “inequidad”.
(Publicado en el blog Atrabilioso el 8 de octubre de 2008.)

martes, julio 21, 2009

Ojo con los filántropos

Tal vez todas las atrocidades que han sufrido los colombianos en las últimas décadas se habrían evitado si hubiera de parte de la gente un recelo elemental ante lo que lee u oye, pero tal cosa no existe por la ausencia de tradición crítica, fruto a su vez de la censura ideológica y religiosa que imperó durante la mayor parte de la historia nacional. Los principales responsables directos de esas atrocidades se dejaron arrastrar por una retórica que contenía mucho halago y poca precisión, y así sus ambiciones se encauzaron hacia un proyecto político funesto, criminal y fracasado hacía tiempo. Pero para comprobar eso no hace falta pensar en los miembros de las bandas criminales, todo el mundo habrá tenido alguna experiencia de la triste arrogancia del "mamerto" universitario que pontifica sobre cosas que no se ha detenido a examinar, seguro de que su público es aún más perezoso, sesgado y ansioso de confirmación de la ideología que mágicamente los convierte en sabios y líderes.

Buen ejemplo de eso es la llamada "parapolítica": ¿cuántos de los que suscriben las tesis de la Corporación Nuevo Arco Iris han leído la investigación de Claudia López? ¿Cuántos leerán el libro que ha publicado sobre el tema el Centro de Pensamiento Primero Colombia? Cualquier lector lo sabe, no es que no se pueda esperar que lo vaya a hacer uno de cada cien, sino que tampoco uno de cada mil va a abrir esos libros. Apertrechado con sus certezas, el colombianito típico disfruta del prestigio y aun el mando que aquéllas le dan, por mucho que para cualquier conocedor de la historia la hegemonía comunista entre la clase media colombiana sólo resulta una prueba del atraso, como resultaría para un bogotano educado alguna comunidad religiosa surgida en un pueblo del Putumayo. La suposición de que todo se cambia con no llamar "comunismo" a la defensa de Castro y Chávez y de los supuestos ideológicos de un personaje como Petro es aún más grotesca.

A esa mayoría de las clases medias y altas urbanas a las que halaga sin cesar la prensa de los amigos del terrorismo les cuesta cada vez más defender las gracias del mico, ¡y no podía tardar en llegarles el pretexto perfecto para mantenerse en sus trece! Hasta la prestigiosa HRW condenaba al gobierno venezolano y conseguía ser expulsada de Venezuela. Un editorial de El Tiempo, otro en El Espectador, una columna de Eduardo Pizarro y otra de César Rodríguez, aparecieron elogiando la "independencia" de la ONG, con un discurso que se puede resumir citando al editorialista de El Espectador:

Dada su conocida independencia [...] [HRW], pondrá a prueba la capacidad autocrítica del gobierno del presidente Álvaro Uribe, que haría bien en ser respetuoso frente a las posibles críticas que pueda traer el reporte que será presentado en las siguientes semanas.Nadie debe sorprenderse del interés de El Espectador y de los columnistas citados. Lo que yo me pregunto es si el escándalo de HRW en Venezuela es una ruptura acordada para legitimar una próxima campaña contra el gobierno colombiano o una pelea entre comadres. Pero antes de explayarse sobre eso conviene averiguar algo sobre HRW. Lo mínimo, su página web.

Aparte de algunos titulares en que la ONG estadounidense ejerce de máxima autoridad, por encima de los gobiernos elegidos por la gente y de las instituciones del derecho internacional, llama la atención uno sobre el aborto en México. ¿No se trataba de derechos humanos? Es lo que sorprende al distraído. Abortar es un derecho humano, prohibir el aborto es como torturar gente o practicar ejecuciones extrajudiciales. Si la Corte mexicana aprueba una imposición de un gobierno local contra el federal, imposición que infringe la legislación vigente, eso se hace para que tengan vigencia los derechos humanos, en palabras de José Miguel Vivanco:

Esta decisión asegura que México está observando la legislación de derechos humanos fundamentales. [...] La despenalización del aborto salva las vidas de las mujeres y respeta su igualdad y autonomía. Aplaudimos la decisión de Corte y esperamos que otros gobiernos en toda América Latina tomen nota.

El castigo por abortar es una cuestión compleja que sólo tiene interés en este post porque permite entender lo que es HRW: una organización que promueve una agenda política a la que llama "Derechos Humanos", trampa retórica similar a la de alguien que fundara un "Partido del Bien". Millones de personas en todo el mundo consideran que es la libertad de abortar lo que amenaza los derechos humanos, y el desprecio que esas personas inspiran en los progresistas baratos que predominan en nuestro triste trópico no debería bastar para que se pase por encima de las legislaciones y de la voluntad de la mayoría de los ciudadanos. ¿O es que alguien se ha planteado preguntar a los mexicanos si quieren despenalizar el aborto? Los derechos humanos están por encima de lo que piensen los ciudadanos. Bah, "los derechos humanos" son el nombre de cualquier cosa. ¡Son los defensores de los derechos humanos! Vivanco y compañía son los que saben si se debe despenalizar el aborto.Pero vale la pena ojear lo que dicen sobre Colombia. Al abrir la página se encuentra uno con titulares como éstos:



¿De modo que es tan terrible matar civiles? ¿Qué clase de deformidad psíquica hace falta tener para no entender que el titular prácticamente alienta a matar militares? Lo que las FARC "deben" es entregarse a la justicia, desmovilizarse y buscar alguna forma de reinsertarse en la sociedad. Quien no les exige eso que clamorosamente exigieron los colombianos meses antes de ese titular, tácitamente les está reconociendo el derecho a operar. ¿Qué habría dicho HRW si el asesinato hubiera afectado a militares? Bueno: cualquier lector de la prensa colombiana sabe que ése era el tono de los editoriales de El Tiempo y de casi todas las columnas hasta que los logros de la seguridad democrática deslegitimaron a ojos de los colombianos esa clase de reconocimientos. El aplauso de la prensa terrorista a HRW es una forma indirecta de decir lo que ya resulta inadmisible para la mayoría de la gente en Colombia.

Pero ¿y el otro titular? Hombre, qué obsesión: lo propio de los derechos humanos no es que se consiga liberar a rehenes del terrorismo sin derramar sangre, sino que se use un símbolo parecido al de una ONG. Los angelitos de HRW hacen de árbitros para que se mate sólo a militares y no se usen falsamente símbolos. Los colombianos podemos esperar mucha más decencia de las FARC y el ELN que de esa mafia que los sostiene. Todo el problema es la forma en que se olvida la labor de representantes de la ONU como los señores Mengeland y Demoyne en tiempos del Caguán: el día que un historiador cuente todo eso la responsabilidad de Tirofijo resultará diluida, pues el asesinato en masa en Colombia ha estado patrocinado por toda clase de poderes supuestamente legítimos.

Pero basta con mirar un poco más los titulares de la página para encontrar perlas rebosantes de mala intención, falsedad y cinismo: elementos de propaganda perversa cuyo fin último es deslegitimar las instituciones colombianas y justificar el alzamiento terrorista.



Si uno presta atención al titular relacionado con el TLC puede llegar a creer que el gobierno colombiano no protege a los sindicalistas y que garantizar su seguridad es sólo cuestión de emitir un decreto. ¿Alguien recuerda que los "sindicalistas" de que se habla son simples afiliados a sindicatos, que en Colombia son asesinados 8,5 veces menos que los demás ciudadanos y que el gasto en protección de esas personas es muy superior al que se dedica a proteger a otras víctimas? Lo que está diciendo HRW es que el gobierno mata a los sindicalistas por ser opositores políticos, que al no firmar el TLC se protege a esos sindicalistas y que los demás colombianos debemos pagar por ese Leitmotiv de la propaganda de los amigos de las FARC. Todo eso corresponde a los intereses del Partido Demócrata, cuyo público cree que el TLC con Colombia va a perjudicar el empleo en su país y con el rechazo encuentra un pretexto filantrópico.

Pero el segundo titular es aún más obsceno: ¡resulta que unas declaraciones de un asesor presidencial ocasionaron una oleada de crímenes! El sustento de todo eso fuera de Colombia es difícil de comprender, pero fácil de creer por parte de los habituales bienpensantes. En Colombia sólo los más descarados promotores de las FARC y el ELN se atreverían a mentir así.

Tal vez la pelea de Vivanco con el mico se deba a que éste no es suficientemente criminal para el gusto del vividor-psicópata chileno. Lo que es evidente es que su organización vive dedicada a promover el asesinato en masa y el terrorismo empleando toda clase de falsedades, como se lo recordó el presidente Uribe en una visita a EE UU. Lo que pasa en un ambiente de indigencia intelectual y moral como el colombiano es que nadie va a pedirle a Pizarro ni a Rodríguez ni a los editorialistas de la gran prensa que sustenten el contenido de la página de HRW. A fin de cuentas, los que no recuerdan que esas personas hace diez años clamaban por el premio de las masacres y secuestros suelen ser los mismos que aspiran a esa "solución", y son la mayoría entre quienes opinan.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 30 de septiembre de 2008.)

jueves, julio 16, 2009

La inteligencia de John McCain

Una vez que, tras la operación jaque, el chantaje por el sufrimiento de los secuestrados no encuentra público en Europa y ni siquiera en Colombia, la parte de la sociedad colombiana que conocemos como izquierda democrática, es decir, la que vive de la extorsión y el terror, la que hizo estallar petardos porque los comerciantes del centro de Bogotá no pagaban y unos días después incendió busetas para protestar contra la injusticia social, la que mantiene una huelga de jueces que no cede pese a los aumentos de salarios que ofrece el gobierno, ahora pretende convencer a la gente de que sólo quiere devolver la legitimidad democrática usurpada por mafiosos y paramilitares. ¿Cómo pueden ser tan cínicos esos asesinos? Parece operar un recurso vulgar de los estafadores, explotar la credulidad de la gente estúpida.

Por ejemplo, ¿cuántos columnistas de los que día tras día siembran calumnias en la prensa sobre el gobierno exigían que las leyes colombianas se negociaran con las FARC? Bueno, es un decir: esa palabra “exigían” hará pensar al lector que ya no exigen, pero sólo es que ahora no hacen ruido al respecto. ¿Alguien recuerda por ejemplo al señor Enrique Santos Calderón o al flamante director de El Tiempo plantear la necesidad de que las FARC se desmovilicen y se acojan a la Ley de Justicia y Paz? ¿Qué decir de los columnistas de El Espectador, en su gran mayoría abiertos jaleadores de las FARC? Eso se podría extender a toda la sociedad colombiana: ¿qué dicen al respecto los supuestos moderados del llamado Partido Liberal? NO le han pedido a las FARC ni al ELN que se desmovilicen, sino que veladamente les prometen una alianza con el Partido Comunista (o Polo Democrático) para gobernar y darles oxígeno una vez que la campaña de calumnias contra el gobierno y los recursos con que Chávez aspira a torcer los resultados electorales colombianos aceiten bien la maquinaria. ¿O ya se ha olvidado el tono ominoso con que César Gaviria y Ernesto Samper le exigían al presidente que despejara Pradera y Florida?

Así, el propósito de los chavistas y del Partido Comunista se mantiene intacto, y como la actividad de expansión territorial de otras épocas (a punta de cilindrazos, extorsiones y masacres) ya no se puede desarrollar, los esfuerzos se concentran en tareas de agitación y propaganda, tareas en las que son particularmente eficaces porque en esencia son los descendientes de los dominadores de las generaciones anteriores. En últimas, la gente sometida se agacha ante los títulos universitarios, la pompa de las celebraciones, la jerga altisonante de los tinterillos y la autoridad del papel impreso. De eso viven, del hecho de que la gente despistada no puede asociar los petardos de Bogotá con las diatribas sobre la parapolítica, y así eso que ocurrió hace décadas importa más que la muerte y el terror actuales, pues los que mandan le prestan más atención.

Un ejemplo grotesco de esa forma de manipular a la gente ingenua es la entrevista que concedió el candidato John McCain a Union Radio: algunos comentaristas malintencionados entendieron que el candidato no sabía quién era el presidente español Rodríguez Zapatero. Vuelvo a lo mismo, la gente despistada a la que le tocan ciertos resortes, que los amos siempre saben encontrar, es tan lamentablemente estúpida que llega a creer algo así. ¿Se imaginan? Cualquier profesor universitario colombiano sabe quién es el presidente español, pese a que por lo general son personas que no pueden escribir una línea completa sin varios errores de ortografía, pero un senador estadounidense de setenta y un años, con amplio dominio de la agenda internacional no lo sabe. ¿Se imaginan los colombianos que un senador que llega a candidato presidencial en la primera potencia del mundo lee los periódicos? Lógico que no. ¿Acaso tienen periódicos? Bah, claro, los estadounidenses son superestúpidos y superperversos, eligen gobernantes que no leen los periódicos. El más tonto es el que gobierna, y eso lógico, porque como sólo es para meterse en guerras.

Es muy interesante, porque toda la trama de extorsión y despojo se sustenta en la estupidez de quienes no quieren verla, de quienes creen que la continua presión de los grandes periódicos bogotanos para deslegitimar al gobierno que echó a perder la negociación con la que se premiaban las masacres y los secuestros, a costa de la voluntad de los ciudadanos, no es un intento de echar a perder el esfuerzo militar y político de estos años para que la tropa de niños se recupere y vuelva la situación de 2001. ¿Alguien recuerda lo que decían esos columnistas en 2003, por poner un caso? La clase de débiles mentales que creen que un senador estadounidense no sabe quién es el presidente que acaudilló la rebelión de los aliados contra su país es la misma que no puede ver que el rencor contra Uribe y contra el ejército es por su eficacia y no porque José Obdulio Gaviria tenga parentesco con Pablo Escobar: están muy contrariados por el retroceso de la tropa a la que halagaban y justificaban hasta 2002, por eso ahora pretenden que quienes redujeron la tasa de secuestros y homicidios son unos mafiosos y ellos son las personas decentes.

Y encuentran un ambiente de ignorancia tan espantoso que hay quien les cree. Por ejemplo, cuentan con el estúpido episodio de que en una ocasión Reagan se confundió y habló en Bolivia como si estuviera en Colombia: ¡es tan lógico que el presidente de la primera potencia mundial no sepa que hay un país que se llama Bolivia y crea que es lo mismo que Colombia! Si este mundo es absurdo, no faltaría más: los que saben esas cosas están sirviendo hamburguesas, los ignorantes y estúpidos tienen por misión gobernar, ¿a alguien se le ocurre que esos desgraciados puedan llegar a ser alguna vez como los colombianos? Es para reírse. ¿Cuántos lectores de este post podrían situar a Nigeria en el mapa? Bueno, es un país con 15 veces más población que Bolivia, y los gobernantes estadounidenses lo tienen en cuenta más que a nuestra hermana república, no hablemos del lapsus que puede tener una persona que viaja y tiene mil ocupaciones en la cabeza.

Pero no hay remedio: Colombia se formó en el saqueo y el exterminio de su población aborigen. Los descendientes de quienes se lucraron de eso siguen mintiendo y manipulando para robar, de modo que no vacilarán en repetir que McCain no sabe quién es Zapatero. Hay gente que quiere creer eso, no importa que uno por ejemplo cite estas palabras de McCain:

En una entrevista realizada en abril con un periodista de EL PAÍS, McCain afirmó: "Este es el momento de dejar atrás las discrepancias con España." Y añadió: "Me gustaría que [el presidente Zapatero] visitara Estados Unidos. Estoy muy interesado no sólo en normalizar las relaciones con España sino en conseguir que sean positivas y productivas con el objetivo de encauzar muchos temas y retos que tenemos que afrontar juntos".

En la entrevista es evidente que McCain evita contestar si se reunirá o no con Zapatero, más bien insinuando que lo considera un aliado de Chávez y Castro, como en efecto lo es. Pero la interpretación de esa entrevista ha dado lugar a muchos artículos de la prensa, que el lector podrá encontrar sin dificultad. (1 / 2)... o bien, para formarse una idea de lo que dice la prensa sobre el asunto, leer los TITULARES.

Es muy probable que McCain sea el próximo presidente estadounidense, y no sorprende en absoluto que los chavistas estén tratando de crear el mismo mito que crearon sobre Bush, y antes sobre Reagan, y antes sobre Ford, y antes sobre Nixon, y antes sobre Johnson, y antes sobre Eisenhower: siempre llega gente nueva al mundo, y su acceso a la información en un medio tan cerril como el colombiano lleva a una fascinante conclusión: la primera potencia mundial está dirigida por estúpidos, la gente verdaderamente inteligente es la que paga la vacuna para la revolución y de todos modos vive expuesta a resultar mutilada o muerta porque los partidarios de la solución política negociada al conflicto social y armado no cesan de buscarla. Lógico, ¿quién lo pondría en duda?