domingo, agosto 01, 2004

En los treinta años de Alternativa

Ya hace treinta años que apareció esta revista, fundada por personajes que hoy en día concentran en Colombia la mayor influencia: el editorialista del único periódico de circulación nacional, el columnista estrella de la revista de mayor circulación y cierto ilustre amigo de Fidel Castro, que posee la segunda revista más importante.

Todos los que se sorprenden de que en Colombia haya guerrillas y de que éstas cometan tantas atrocidades deberían acercarse a la hemeroteca y leer los números antiguos de esta revista, porque la ideología que ronda en la cabeza de los dirigentes guerrilleros fue la que aprendieron en esta revista. ¡Todavía es la ideología hegemónica en las universidades y colegios! Es falso que se trate del marxismo, que es un plato demasiado refinado para nuestro triste trópico: la ideología de la revista Alternativa es un castrismo difuso, una serie de resortes de resentimiento y de anhelos de igualdad que siguen manejando los "hablamierdas" que organizan los atropellos de los sindicatos estatales contra la equidad, Y SIGUE SIENDO LA IDEOLOGÍA DE SUS FUNDADORES.

El que se sorprenda de que en El Tiempo se hable de la organización de intrigas para favorecer los secuestros (Redepaz y compañía) como "resistencia civil" y se fomente a los socios abiertos de las FARC (Partido Comunista y otros) como "izquierda democrática" debería tener en cuenta el discurso central del editorialista ante el proceso de paz. Recuerdo el día en que Pastrana amenazó con decretar el fin del despeje (20 o 21 de enero de 2002) lo que escribió El Tiempo, porque NADIE hizo ningún comentario a semejante monstruosidad. Venía a decir el señor Santos Calderón que en Colombia había una desigualdad escandalosa que debería remediarse en el proceso del Caguán mediante la negociación. Desaconsejaba la derrota militar de las FARC, porque pronto surgirían, de la injusticia inherente a la sociedad, sus nuevos émulos. O sea, no es que no se pudiera derrotar a las FARC, ni que hacerlo fuera costoso, sino que era inconveniente por motivos de equidad.

Eso, en primer lugar, es ponerse abiertamente en contra del sistema democrático y prestar un argumento a esos terroristas. Las FARC no existen porque en Colombia haya desigualdades ni pretenden remediarlas, sino que se aprovechan de la torturada orografía del país y de la antediluviana precariedad del Estado para desarrollar su proyecto de tiranía perpetua. En más de setenta años de lucha y pese a los ingentes recursos de que ha dispuesto, el Partido Comunista no ha llegado a contar jamás con el apoyo significativo de ningún sector de desposeídos.

La votación que obtuvieron en 2002, la más alta de la historia, sólo procede del clientelismo sindical y la intimidación ("¡Reconciliémonos!"), y casi todos los votantes son personas de ingresos altos. Y no deja de ser una ironía desconcertante el que sean personas tan encumbradas y solventes las que con tanto ahínco promuevan un discurso de "igualdad". Lo que nadie nota, por efecto del predominio de la ideología de esa revista, es que en la concepción de tan desprendidos filántropos la igualdad no afecta nunca al poder político: se quiere que un sector, incluso un sector minoritario, alivie las penurias económicas de todos y de paso les impida decidir la forma de vida que quieren. ¿No? ¿No es lo que se deduce de la pretensión de Santos y Caballero de que el gobierno "cambie las estructuras" en una negociación con las guerrillas?

Claro que un discurso semejante tiene muchos partidarios entre los beneficiarios del Estado colombiano, nada más parecido a una "guaca" puede haber que una ideología que promete la armonía maravillosa entre los seres humanos y de paso le garantiza a uno tener varias empleadas domésticas, pues en Colombia la relación entre los sueldos y ventajas laborales de los trabajadores estatales y los del sector privado es la más desigual del mundo, por no hablar de la miseria de la inmensa mayoría.

En otras palabras, profesar la ideología de la revista Alternativa produce una buena conciencia maravillosa, sirve para quejarse de los oligarcas de siempre que hasta le niegan el saludo a uno, y cuando se tienen los contactos adecuados es algo que favorece el acceso a los empleos relajados y bien pagados. ¡Qué raro que eso sea EXACTAMENTE lo que siempre llamaba la atención de Colombia a los viajeros del siglo XIX! Me pregunto si en treinta años la difusión de esta ideología ha servido para remediar la desigualdad en Colombia, o para aliviar la miseria de la mayoría.

Yo creo que la concentración del poder político y de la influencia va a llevar sin remedio a la concentración de la riqueza, como ocurrió en todos los países comunistas. Otra cosa es que hubiera títulos de propiedad: en todo caso, en cuanto los hubo también se concentraron en las manos de los mismos. Dicen que el ministro ruso Chernomirdin acumuló en pocos años una fortuna en Suiza de 5.000 millones de dólares.

Pues en fin: el socialismo igualitario de los antiguos lectores de Alternativa, de los actuales lectores de Caballero, al atentar por principio contra la determinación por consenso de las políticas gubernamentales, y por tanto al pretender despojar de su poder de decisión a amplios sectores, no sólo es la gasolina de la insurrección terrorista, sino también lo que más impide que en Colombia se avance hacia una igualdad de derechos y oportunidades, algo que SIEMPRE ha conducido a una verdadera igualdad económica.

Se sueña con un Estado providencial pero esa utopía sólo es la excusa para despojar desde el Estado o desde el Estado embrionario a los productores. O sea, que nadie lo olvide, a los indios y a los negros, a los "nuevos ricos", a los que o bien no leen a Caballero o bien lo leemos con asco.


1 comentario:

  1. Anónimo10:14 p.m.

    Quiero defender a Alternativa como lo que era de verdad, una alternativa por fuera de la execrable prensa de la epoca. Claro que defendio a la guerrilla en terminos hoy casi comicos, sus paginas plagadas de avisos de libretos publicados del Editorial La Pulga y otros talleres del mas absurdo castroleninismo. Pero en que otra parte se podia leer verdades sobre el falso amanecer del Mandato Claro, sobre las torturas de la BIM (bueno, en El Espectador, pero despues), sobre los abusos del clientelismo provinciano tipo Guerra Serna, y hasta sobre las divisiones y mezquindades de la misma izquierda? Mejor tuvieramos hoy mas revistas como Alternativa, abiertamente partidarias de una u otra cosa, en vez de organos "noticiosos" de confusion masiva como Semana, que fingen objectividad mientras obran como sicarios.

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