martes, noviembre 25, 2014

La traición de Uribe

Alguien tendrá que ocuparse alguna vez de escribir la historia colombiana reciente y de emitir juicios de valor autorizados sobre lo que significaron los dos gobiernos de Uribe. Al menos podríamos empezar a pensar en eso. Voy a intentarlo con mis escasísimos recursos.

Uribe antes de 2002
Era un funcionario eficientísimo que había sido alcalde de Medellín a los treinta años. Formó parte del Poder Popular de Ernesto Samper y se desempeñó como senador de éxito en el régimen que siguió a la Constitución de 1991. Fue elegido gobernador de Antioquia con los votos de la maquinaria liberal y de los leales a Samper y a Gaviria. En la gobernación se hizo famoso por defender las Convivir, lo que le abrió el camino a la presidencia como líder de los comprometidos con hacer frente a las guerrillas comunistas. Así ganó en 2002 al cohesionar a todos los grupos de interés conservadores y anticomunistas y encarnar el rechazo ciudadano al terrorismo.

La Colombia del Caguán
Pastrana tenía que ganar porque Colombia no podía refrendar el elefante. Pero para asegurarse el éxito descubrió las bondades de la paz y se la vendió a los colombianos. El resultado fue un fortalecimiento del terrorismo que Pastrana remedió aumentando la eficiencia militar. Pero los colombianos estaban indignados y asustados y pedían mano dura: que se aplicara la ley y se llevara a los asesinos ante un tribunal. Era lo contrario de lo que habían aceptado al apoyar la paz del Caguán, pero ya no se ilusionaban. Clamaban por seguridad.

El primer gobierno de Uribe
En esos años Colombia cambió: se preveían tasas de crecimiento del PIB que nadie había imaginado en 2002 y el crimen retrocedía, al tiempo que se respetaba la libertad de prensa y las decisiones judiciales. Cuando se preste atención a las cifras reales, no se verá un periodo de mejora de la vida colombiana comparable a los años de Uribe. La cuestión es que el precio de la primera reelección fue la entrega de las llaves del poder a Santos. El eficientísimo funcionario no es un gran creador de realidades políticas y se deja tentar del caudillismo, tan práctico. Después ocurrió que el precio de venderle el alma al diablo para conservar la juventud es perderla. Todos los congresistas que fueron elegidos como uribistas se volvieron antiuribistas, a veces a regañadientes, en unas semanas de 2010. Ese colapso moral convirtió en nada lo logrado en ocho años de gobierno: todo estaba en manos del enemigo.

El sucesor de Uribe
Imaginémonos un presidente distinto a Uribe elegido en 2006 por los uribistas. ¿Qué habría ocurrido después? La elección del candidato por la componenda con la vieja política es el acto de traición de Uribe a la gente que lo seguía. Fue necesaria esa componenda para aprobar la reforma constitucional en 2005 y para ganar las elecciones. Si hubieran pensado en un partido hostil a los de Piedad Córdoba y Álvaro Leyva, ya no habría FARC ni oligarquía totalitaria en el poder. Ese partido de las ideas de Uribe habría asegurado progreso y bienestar a las grandes mayorías. Pero el precio de cambiar la Constitución para que permitiera la reelección fue dar poder a todos los politiqueros.

El estilo de Fujimori

El caudillismo tiene un precio, que es reforzar simplezas y fanatismos que pueden usarse para otra cosa. Un presidente que está todos los días en la televisión se vuelve alguien admirable para muchos que lo ven, y más cuando se ven resultados. Pero en la base del Estado seguían las mafias regionales y las mafias ligadas a Gaviria y a Vargas y a Santos y a Samper y a los López. Uribe quiso gobernar aliado con ellas y se encontró ante una sinsalida: de algún modo se había comprometido con Santos, que promovía su causa con la página sinoesuribeesjuanmanuelsantos.com. Santos se quedó con el poder, con el país. Sin resistencia. ¿Cómo es que no lo vieron? El caudillo estaba demasiado distraído con su sueño de figurar al lado de Porfirio Díaz. Sus asesores eran un grupo de intelectuales maoístas y algún ultraconservador. Estaban seguros de que el mundo se tragaría la patochada del "Estado de opinión", como Fujimori con sus reformas ingeniosas.

A la defensiva
Después de 2010 la conducta de Uribe es cautelosa frente al poder institucional, como protegiéndose con sonrisas de la persecución. Un demócrata desautorizaría ese poder, y hay muchas formas de mostrarle al mundo que opera como una organización criminal. Lo que no hay es nivel para emprender esa tarea, la más necesaria. Algo como la actuación del fiscal en el caso de Sigifredo López daría para mostrarlo al mundo como un criminal, y lo que hace Uribe, seguido por sus cohortes de ambiciosos, es tapar. La negociación de La Habana habría sido vista como un crimen por la mayoría de los colombianos si Uribe la hubiera desautorizado como alianza con el régimen que promueve y dirige a los terroristas. Eso tampoco pasó. Nada de eso pasará. Los caciques políticos están hechos para una multitud que obedece y busca resultados prácticos, no a responder por principios o programas.

El uribismo futuro

Hay personas que piensan que la negociación de La Habana debe cesar inmediatamente y que se debe pedir la extradición de todos los jefes terroristas. Esas personas se consideran por lo general uribistas, pero no piensan como Uribe y los líderes de su bando. Ellos están a favor de esa negociación y quieren mejorarla con su aporte. Lean a Marta Lucía Ramírez en Twitter. Lean a Rafael Guarín o a Luis Carlos Restrepo. O busquen casos en que Uribe los contradiga. A esos ciudadanos honrados que quieren que reine la ley Uribe los traiciona para acomodarse a la componenda. Fue lo que hizo en 2005: darle el país a Santos. No tenía un proyecto, no lo tiene ahora, ni lo tienen sus seguidores.

(Publicado en el blog País Bizarro el 4 de septiembre de 2014.)

miércoles, noviembre 19, 2014

La comisión histórica


Las FARC expresan a Colombia

Tal vez la principal ventaja de los comunistas colombianos es el hecho de que se los ve como una "ideología foránea" (así se decía antes) y en general se cree que el destino del país sería otro de no haber sufrido esa intromisión. Asoma ahí la vieja superstición creacionista que permite olvidar los caminos por los que se llegó al presente. ¿Qué era Colombia antes de las guerrillas y qué sería sin ellas? Es lo mismo que preguntar, ¿de dónde salen las guerrillas?, y en últimas ¿qué son?

El surgimiento de las bandas armadas comunistas en los años cuarenta tiene que ver con los planes de la Komintern, cuyos jefes veían en países cubiertos de selva y montañas una posibilidad de reproducir la experiencia de los comunistas chinos. También tendrían en cuenta el escaso futuro que tendría el comunismo clásico europeo en un país cuya industria manufacturera era ínfima y que aún tenía mayoría de población rural. Pero al final todo eso se redujo a mínimos y durante el Frente Nacional (1958-1974) las guerrillas comunistas las formaban unos cuantos cientos de personas. El comunismo, al que en la jerga falaz del país se conoce como "la izquierda", era una cosa de la universidad, en la que se había hecho hegemónico a partir de la Revolución cubana. ¿Por qué querían los universitarios acabar con el sistema democrático e implantar un régimen como el cubano? Es lo mismo que preguntar, ¿por qué los jóvenes de las clases altas cubanas siguieron a Fidel Castro y apoyaron su régimen? ¿Podía tanto la seducción de una ideología extraña o había intereses claros que defender?

Lo que mejor explica el origen de ese anticapitalismo de la elite social (¿qué proporción de los jóvenes iría a la universidad en Colombia en 1970? Mayoritariamente, claro está, eran los más ricos) es el propio Manifiesto comunista: queda claro que no se trata de un anhelo de superar un régimen de predominio de la burguesía, clase que prácticamente no existía, sino de impedir que surgiera. Voy a citar unas cuantas frases del libro de Marx y Engels:
De los siervos de la gleba de la Edad Media surgieron los “villanos” de las primeras ciudades; y estos villanos fueron el germen de donde brotaron los primeros elementos de la burguesía. 
[...]

El régimen feudal o gremial de producción que seguía imperando no bastaba ya para cubrir las necesidades que abrían los nuevos mercados. Vino a ocupar su puesto la manufactura. Los maestros de los gremios se vieron desplazados por la clase media industrial, y la división del trabajo entre las diversas corporaciones fue suplantada por la división del trabajo dentro de cada taller.

[...]
 
En la misma proporción en que se dilataban la industria, el comercio, la navegación, los ferrocarriles, se desarrollaba la burguesía, crecían sus capitales, iba desplazando y esfumando a todas las clases heredadas de la Edad Media.

[...]

La burguesía ha desempeñado, en el transcurso de la historia, un papel verdaderamente revolucionario.

Dondequiera que se instauró, echó por tierra todas las instituciones feudales, patriarcales e idílicas. Desgarró implacablemente los abigarrados lazos feudales que unían al hombre con sus superiores naturales y no dejó en pie más vínculo que el del interés escueto, el del dinero contante y sonante, que no tiene entrañas.
 
La burguesía despojó de su halo de santidad a todo lo que antes se tenía por venerable y digno de piadoso acontecimiento. Convirtió en sus servidores asalariados al médico, al jurista, al poeta, al sacerdote, al hombre de ciencia.

[...]
 
La burguesía vino a demostrar que aquellos alardes de fuerza bruta que la reacción tanto admira en la Edad Media tenían su complemento cumplido en la haraganería más indolente. Hasta que ella no lo reveló no supimos cuánto podía dar de sí el trabajo del hombre.

[...]
 
Todo lo que se creía permanente y perenne se esfuma, lo santo es profanado, y, al fin, el hombre se ve constreñido, por la fuerza de las cosas, a contemplar con mirada fría su vida y sus relaciones con los demás.
Octavio Paz definía a los hispanoamericanos como hijos de la Contrarreforma, la cual fue un intento de volver a la Edad Media para proteger las jerarquías heredadas. Todo el anticapitalismo de los ricos es resistencia al proceso globalizador: para que se pueda seguir teniendo poder sin producir nada, para que la empleada doméstica siga sujeta, para que el mando y el prestigio no estén amenazados por el plebeyo productivo que puede acumular más dinero.

La evolución posterior ha sido clara a ese respecto: el comunismo es el bando de los empleados estatales, particularmente de los jueces y maestros, particularmente de los que obtienen rentas de la universidad, que son una elite social marcadísima en Colombia. Si se mira la historia de la "izquierda" siempre asoman en su liderazgo personas de familias presidenciales, tanto en el grupo que acompañó a Camilo Torres al crear la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional como en el que después creó Alternativa, que es el que domina hoy en los medios bogotanos. También eran patricios los comunistas de los años treinta, con el poeta Luis Vidales a la cabeza, y los jesuitas que formaron un grupo ("Golconda") para promover la Teología de la Liberación en los sesenta y que ahora dominan la Universidad Javeriana. Sencillamente, las guerrillas son la apuesta de los herederos del poder, hace falta mucha mala fe para negarlo. El secuestro es una forma eficaz de controlar a la burguesía mientras que las FARC en la selva continúan con las tradiciones: esclavitud total de los peones de los cultivos de coca y la minería ilegal y pompa grotesca de sus jefes en las altas cortes.

La Constitución de 1991 mostró para qué sirve la revolución: el aumento de la desigualdad que se registró en la década siguiente consistió simplemente en las rentas de las clientelas de las bandas de asesinos comunistas. Las mismas que ahora forcejean por la paz para asegurarse el control total e improductivo de la copiosa renta que generan los altos precios de las materias primas. No es raro que la inefable Claudia López proclame que la paz requiere un aumento de la tributación ni que se anuncie que habrá que invertir 20 billones (que sin la menor duda servirán para que los terroristas premien copiosamente a sus clientelas).

Revolución Ltda
Conviene prestar atención a la forma en que se reproduce el planteamiento comunista a partir del esfuerzo de preservación de la jerarquía social y de las rentas seguras de los grupos parasitarios. A partir de los grupos de las clases más altas se crean determinadas doctrinas que encuentran prosélitos en las universidades. Del grupo ligado a López Michelsen y el PCC en los años cincuenta surge la Juco que reclutó a la mayoría de los cuadros importantes de las FARC. De una facción del MRL que confluyó con el grupo de Camilo Torrres surgen las bases del ELN. Del grupo de Alternativa surge el M-19. Otras variantes de doctrinas comunistas fueron absorbidas e incluso exterminadas, como los maoístas del EPL.

La labor revolucionaria se convierte en el objetivo de la universidad y así el proyecto comunista se vuelve como una empresa: los inversores captan personas con talento a las que les ofrecen sueldos fabulosos por dirigir la tarea de legitimación y reclutamiento mientras que la intimidación violenta es la mercancía que se produce, bien en forma de pedreas en las calles, que es lo que van a aprender los jóvenes, bien en forma de crímenes atroces en las regiones más pobres y atrasadas.

En Colombia en el último medio siglo ha prosperado una clase media cuya verdadera profesión es la protesta y la recitación de la propaganda comunista. Pero eso ocurre sólo porque las bases del país son ésas y simplemente se reproduce el parasitismo de las generaciones anteriores. Lo interesante es la estructura de la empresa criminal: los miembros de la alta dirección del Partido Comunista y de las demás bandas son profesores universitarios, y entre éstos destacan los que pueden lucirse como proveedores de falacias legitimadoras. Comparando la revolución con una empresa industrial se podría decir que los miembros del Secretariado de las FARC son como los capataces de la planta de producción mientras que los profesores son como los gerentes de ventas y los representantes legales.

El contenido de la paz
Todos los gobiernos colombianos desde López Michelsen han intentado negociar con las bandas terroristas, por eso hay muy poca disposición de los políticos a resistirse a llamar "paz" a esas negociaciones, que son el único objetivo de los crímenes, toda vez que un triunfo militar de las bandas de asesinos sería inconcebible. Sencillamente, los gobernantes se prestan a la componenda porque conviene a sus cálculos particulares y no hay ningún actor político o sociológico que tenga interés en defender la democracia. Ni entienden ni les importa que al hablar de "paz" se rinde el Estado porque la violación de la ley no es una guerra: cuando se rinde, el Estado se vuelve sólo un apéndice del poder coherente: la organización criminal.

El de Santos es sólo el gobierno que ha ido más lejos en esa tarea legitimadora, y siendo consecuente con el reconocimiento tácito a la legitimidad de los crímenes que hay en esa palabra paz, puso el Estado al servicio del crimen. De ahí viene la actuación inverosímil del fiscal y los acuerdos anunciados en La Habana, en los que se admite que los terroristas se levantaron en armas por deficiencias del Estado.

El nombramiento de una Comisión Histórica corresponde a esa adhesión total del gobierno a la causa terrorista: se trata de proveerle fortunas y opciones de poder a los ideólogos del terrorismo, a la vez que de legitimar todos los crímenes.

En el portal La Silla Vacía publicaron breves biografías de los miembros de dicha comisión:
Jairo Hernando Estrada: El profesor de ciencia política de la Nacional, que dirige el seminario "Marx Vive" y ha escrito artículos como "Colombia - Capitalismo criminal y organización mafiosa de la sociedad" o, más recientemente "Diálogos de la Habana y la pertinencia de una Asamblea Nacional Constituyente", es la personificación de la izquierda dura en la Comisión. Sus artículos son retomados por páginas como Anncol o Rebelión.org. Desde una lectura marxista, para él el conflicto se debe a la implantación de un modelo capitalista y neoliberal extractivista. Como explicó el año pasado en la presentación del libro "Solución política y proceso de paz en Colombia", editado por él, lo que hay en Colombia es "una renovada dinámica de la lucha, organización y resistencia de las clases subalternas y, en general, del movimiento político, social y popular colombiano, contra la acumulación transnacional del capitalismo neoliberal y el oprobioso régimen político, con rasgos autoritarios, criminales y mafiosos, impuesto por la clases dominantes durante las últimas décadas."
Ya se pueden figurar qué versión de la historia va a dar.
Renán Vega: Historiador y economista de izquierda, es profesor titular de la Universidad Pedagógica Nacional e investigador en temas de educación y de las luchas populares de Colombia. Fue a uno de los intelecutuales a los que el ELN les dirigió una carta en la que hablaban de su interes en participar de los diálogos de paz. Ha escrito varios libros sobre historia de la ciencia y la educación, pero también artículos como "lumpenburguesía y capitalismo gansteril en Colombia". Tuvo que salir exiliado del país en 2012 cuando recibió amenazas. Seguramente señalará la relación entre el conflicto y las luchas populares, y retomará la teoría de las causas objetivas del conflicto y la existencia de un terrorismo de Estado, que reiteró recientemente en su carta de respuesta al ELN.
Además fue premiado por el régimen venezolano y reivindica abiertamente los crímenes de las FARC y el ELN.
El padre Jesuita Javier Giraldo, que ha trabajado en varios períodos en el Cinep, es conocido sobre todo por ser el gran impulsor y defensor de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, un espacio en el que los campesinos han prohibido la entrada de guerrillas, paramilitares y miembros de la Fuerza Pública y que ha sido señalada como organización guerrillera por los paras y la derecha más dura.Giraldo, cuyas ideas han evolucionado desde la Teología de la Liberación, defiende la idea de que el conflicto tiene ´varias motivaciones. " La violencia y el conflicto tienen raíces muy hondas en Colombia, tanto económicas como políticas, históricas y sociales, y la paz jamás se lograría sin afectar esas raíces", escribió el año pasado a los negociadores de las Farc y del Gobierno, cuando pidió además que se intervengan los medios de comunicación masivos para que el 70 por ciento de su contenido sea creado por "los sectores sociales del país".
Éste toma parte directamente en los asesinatos, como se puede comprobar en el caso de Manuel Moya, Graciano Blandón y Adán Quinto.
Sergio de Zubiría: Profesor de filosofía de la Universidad de los Andes que se ha especializado en temas como la filosofía política, las relaciones entre la cultura y la violencia y los debates y problemas en torno al concepto de tolerancia, su presencia sorprende porque a pesar de ser un reconocido intelectual, no ha escrito del conflicto. Su único vínculo es que es marxista.
Otro comunista patricio que va a legitimar los crímenes terroristas y a lucrarse de ellos gracias a la cobardía de los colombianos que toleran lo que hace Santos.
Alfredo Molano: El sociólogo, escritor y columnista bogotano tiene varios libros que narran la historia de las Farc, especialmente en sus primeros años, y que tratan de explicar a la guerrilla por dentro. Sus textos han aparecido en publicaciones que abarcan todo el espectro político, desde el semanario Voz hasta la revista Soho, pasando por su columna en El Espectador. Fue amenazado por los paramilitares por lo que tuvo que salir del país. Ha trabajado y estudiado el tema de los cultivos ilícitos, de la colonización y de los territorios indígenas y puede decir que conoce el país de cabo a rabo. Ese podrá significar su mayor aporte en la mesa de diálogo, donde seguramente defenderá sus tesis de que el conflicto tiene raíces en la disputa por la tierra y el abandono de amplias regiones por el Estado.
A tal punto es Molano valedor de las FARC que comparaba a Tirofijo con Bolívar. Es otro ideólogo del terrorismo.
Darío Fajardo:  Este profesor del Externado ha sido uno de los principales defensores de las Zonas de Reserva Campesinas, con las que ha dicho que "se construye país". Es experto en la economía de la reforma agraria. Uno de sus libros más recientes "Para sembrar la paz hay que aflojar la tierra", trata el tema de la concentración de la propiedad rural como uno de los problemas que ha fomentado el conflicto. Su experiencia en la investigación del tema agrario puede ser su mayor aporte, y seguramente girará alrededor de su idea de que el origen del conflicto está en la lucha por la tierra.
Uf: este equipo de asesinos se distingue del secretariado porque algunos escriben bien y usan ropa cara. En cualquier país decente estarían presos por genocidio.
Francisco Gutiérrez Sanín:  Columnista de El Espectador y El Malpensante, este profesor del Iepri ha escrito sobre la concentración de la propiedad agraria, el sistema político y el conflicto. Es influyente y comaprtió con Eduardo Posada Carbó el séptimo lugar entre nuestos Super Poderosos de las Ideas. Publicó recientemente "El orangután con sacoleva", un libro que busca explicar por qué Colombia ha sido, a la vez, un país con gran estabilidad democrática y altos niveles de represión. Al hacerlo, explica su visión del conflicto, que tiene varias causas. Entre ellas están la privatización del mantenimiento del orden público y la seguridad, una inequidad muy alta y un problema agrario profundo, y un sistema político en el que se dan coaliciones de poder en la que las élites violentas llevan las de ganar. Probablemente su informe gire alrededor de esos asuntos.
Este asesino es miembro de DeJusticia y alienta abiertamente a los terroristas, a la vez que amenaza a quienes no sirven a sus intereses.
Víctor Manuel Moncayo:  El ex rector de la Universidad Nacional no ha escrito mucho del conflicto y más bien ha tratado asuntos como el modelo neoliberal o el Estado, siempre desde una perspectiva de izquierda. Sin embargo, sí ha mostrado que a su juicio tiene sentido la tesis de las causas objetivas: "enlazadas desde los orígenes con el problema agrario, remozadas con motivos altruistas de cambio social en los años sesenta o setenta, subsisten agravadas, como lo evidencian las informaciones empíricas sobre la desigualdad, el emprobrecimiento real de la población y la alta concentración de la riqueza" escribió el año pasado.
Otro que justifica a los terroristas. ¿O no lo hace? Para ser rector de la Nacional se debe pertenecer al PCC aunque dicha militancia no sea pública.
Jorge Giraldo:  Filósofo y decano de la Facultad de Humanidades de Eafit, ha escrito sobre economía criminal, incluyendo la economía de la droga en Antioquia y la explotación ilegal de oro. Más que una tesis clara sobre las causas y orígenes del conflicto, Giraldo puede aportar información sobre la relación entre éste y las economías criminales, entre las que incluye a las Farc.
Es el noveno y seguramente lo nombraron por ser próximo a los grupos comunistas.
Daniel Pécaut:  El sociólogo francés, famoso por su libro "Orden y violencia" y experto de la historia social y política del siglo XX, es uno de los nombres con más peso de la comisión. De hecho, es nuestro número uno entre los Super Poderosos de las ideas. Ha escrito bastante sobre el conflicto, y seguramente escribirá sobre éste en su conjunto. Para él el conflicto tiene múltiples causas, incluyendo la represión de las reivindicaciones sociales, la falta de reforma agraria y el narcotráfico. Por ejemplo, el año pasado dijo "Después de 1937, los actores de la vida nacional no le han permitido espacios a la lucha social como sí lo hizo el gobierno de López Pumarejo (...) La violencia y la lucha armada se han mantenido para conservar las estructuras obsoletas del país y no han contribuido a cambiar la desigualdades". Inicialmente había sido rechazado por las Farc pues en 2008 escribió un libro que afirma que las Farc perdieron hace rato su credibilidad política y su orientación política.
Las explicaciones que da del "conflicto" son las que convienen para legitimar a los asesinos.
María Emma Wills: La única mujer del grupo es una politóloga cuya carrera ha estado enfocada en torno a los derechos humanos y la violencia. Es también la única representante del Centro de Memoria Histórica , donde lidera el grupo de estudios de género. Ha coordinado la publicación de cuatro informes sobre la construccion de memoria desde la perspectiva de género en el conflicto, y ese será seguramente el tema en el que aportará en La Habana. También puede aportar en la relación entre el conflicto y los poderes locales, otro de sus temas de investigación.
Es columnista de El Espectador, más próxima a las FARC que Piedad Córdoba.
Gustavo Duncan:  Experto en mafias y narcotráfico, este columnista de El Espectador probablemente escribirá sobre todo sobre la relación entre el conflicto y la droga. Ha dicho que el conflicto es más un problema de un Estado débil y fuertes poderes locales ilegales que de una estructura excluyente. "Lo que en Colombia entendemos como conflicto no es más que la irrupción de proyectos de Estados regionales construidos por guerrillas, paramilitares o mafias que controlan órdenes sociales sujetos a parámetros muy distintos de aquellos de las sociedades modernas de mercado. Y el problema de fondo radica en la imposibilidad del Estado central para imponer su proyecto de orden social a lo largo de todo el territorio" escribió en 2009. Para Duncan, superar el conflicto va a exigir tragarse el sapo de no conocer toda la verdad: "La pregunta es hasta qué punto el sacrifico de la verdad podrá evitar la no repetición", escribió el año pasado.
Otro que aplaude la infamia de La Habana y busca lucrarse legitimando a los terroristas.
Eduardo Pizarro: El embajador en La Haya es también un reconocido académico que ha escrito de democracia y partidos políticos, pero que sobre todo tiene varias publicaciones sobre las Farc. Su más reciente libro sobre ese grupo, "Las Farc: de guerrilla campesina a máquina de guerra" las señala como un grupo militar sin ideales políticos, una tesis que seguramente será polémica en La Habana
Sus hermanos dirigían el M-19 y uno de ellos es responsable de la masacre de Tacueyó. Del crimen se pasa al poder, según la norma colombiana.
Vicente Torrijos:  Este internacionalista es la cara más dura contra las Farc en la Comisión: no en vano es profesor de la Escuela Superior de Guerra, ha sido asesor del Ejército y tiene medallas como la de Inteligencia Militar y la de Servicios Distinguidos a las Fuerzas Armadas. Su columna en El Nuevo Siglo es retomada por la página web del Centro de Pensamiento Primero Colombia, tanque de pensamiento uribista, o la página oficial de Álvaro Uribe Vélez. Torrijos incluye dardos tan duros como que las Farc son chantajistas. Ha sido duro crítico del proceso, exigiendo que haya un cese al fuego bilateral para mantenerlo o diciendo que " pesar de todos los esfuerzos militares por contener a la guerrilla, la población termina aceptando a los subversivos como las autoridades válidas en muchas áreas de interés geopolítico, pues, en virtud de las negociaciones con elh Gobierno, los insurgentes parecen autorizados a cogobernar legítimamente al país"
Si fuera un demócrata no estaría ahí. Todo el que aplaude la negociación es cómplice.

(Publicado en el blog País Bizarro el 28 de agosto de 2014.)

miércoles, noviembre 12, 2014

El mito fundador


La patria de los bobos
Gran alboroto se ha armado por la polémica generada por una columna de Mauricio García Villegas sobre los mitos fundadores de las naciones y los hechos de la época de la Independencia. Le respondió Eduardo Posada Carbó para rechazar que al primer periodo del país independiente se lo llame "Patria Boba" y no "Primera República", como dice que proponen unos historiadores. El sentido real (fascinante, de hecho) de las afirmaciones de García Villegas no le interesó a nadie (participaron otros polemistas después) pero la cuestión de los mitos fundadores y el nombre del primer periodo de la existencia del Estado colombiano generó gran inquietud.

La autoestima de las naciones
La protesta de Posada Carbó corresponde a su "tema" predilecto: el de que se evalúa la historia colombiana como un mito negativo en el que siempre predominan la violencia y el fracaso. Es lo que pretende reprocharle a García Villegas, que pase por alto muchos logros civilizadores de los dos siglos de historia independiente. En una ocasión lo explicaba así, citando a Richard Rorty: para que una nación tenga futuro y fundamento es necesario que se valore, tal como ocurre con las personas. Lo malo de ese "optimismo" (en el sentido que le dio Voltaire al término cuando lo creó, la máxima del doctor Pangloss, trasunto de Leibniz, de que "todo va lo mejor posible en el mejor de los mundos posibles") es que recuerda a esos padres que aplican la "cartilla" de la autoestima movidos por el puro amor a sus hijos, pasando por encima de una evaluación objetiva de sus aptitudes reales. En Posada Carbó prima la voluntad sobre el juicio y el resultado es que simplemente contribuye a la legitimación del terrorismo, como corresponde a un académico que sin duda necesita el apoyo de los gobernantes para ejercer cómodamente su labor.

Los mitos que fundan las naciones
El cuento es que según cree García Villegas (y la universidad colombiana), la nación francesa acepta por consenso que su sociedad se funda en la revolución de 1789. Ese juicio corresponde al comunismo imperante en el medio local: el comunismo apareció como corriente política en 1848 y pretendía reeditar la revolución a manos de muchos nostálgicos del jacobinismo, y el golpe de Estado de 1917 en Rusia se concebía como la segunda parte de la Revolución francesa. Pero ese cuento daría risa a cualquiera que conozca la historia: en comparación con el esplendor de la Ilustración, con su Enciclopedia y sus formidables pensadores, la revolución fue un retroceso y una época de caos que condujo al ascenso de Napoleón, el precursor de Hitler, y a atrocidades sin límites en todo el continente, con la subsiguiente caída definitiva de Francia como país hegemónico, en favor de Gran Bretaña, los imperios alemanes y Rusia. La nación francesa existía antes de la revolución, la idea de que ésta la funda es sólo la propaganda de la universidad colombiana. El mito que funda la nación francesa es el Cantar de Roldán, de muchos siglos antes.

La paz fundadora
La polémica se centra en esas nimiedades porque el tema central de García Villegas es indiscutible para la propaganda del régimen, que es la misma de la universidad. Por eso en una de sus respuestas Posada Carbó declara
Apoyo el proceso de negociaciones con la guerrilla. Comparto con García Villegas la esperanza de que celebremos en paz el próximo 20 de julio. Para ello no tenemos que negarle valores a la Primera República. Ni exige adherir a una narrativa donde lo notable en nuestra historia solo es la guerra.
La monstruosidad de esas afirmaciones se entiende leyendo el escrito de García Villegas, que dejaré para el final: Posada no discute que los problemas del país se vayan a resolver premiando y legitimando a los terroristas, sino que se hable de mitos fundadores y se cuestione la Primera República. Se trata de complicidad criminal, pero... Pero...

Los intelectuales impolutos
Los colombianos conciben el terrorismo como la actuación de unos grupos de bandidos fanatizados y rústicos que cometen toda clase de atrocidades para enriquecerse con sus negocios criminales. La actuación de personajes como Posada Carbó les parece siempre excusable, toda vez que es una persona que observa buenos modales y se viste con ropa de calidad. Así, las clases acomodadas bogotanas consumen medios de prensa en los que se dice tranquilamente que Piedad Córdoba o Iván Cepeda son "defensores de derechos humanos" y los académicos pueden ser todo lo promotores del terrorismo que quieran porque nadie se lo reprochará: los colombianos odian a las FARC porque las consideran de estrato uno. Pero las FARC son sólo la fuerza de choque de la Universidad Nacional y entre los que ponen niños bomba y los que dan clases en ese antro hay la misma diferencia que entre la oficina de una empresa y la planta de producción. Entre esos profesores los más destacados como ideólogos del terrorismo forman un grupo que se llama "DeJusticia" (el citado García Villegas, Francisco Gutiérrez Sanín, César Rodríguez, Rodrigo Uprimny, Rodolfo Arango y otros): son las personas que ocuparían ministerios y accederían a rentas fabulosas gracias al triunfo del terrorismo, al que legitiman y alientan con la complicidad de toda la prensa y toda la universidad. Les hace competencia otro think tank, Razón Pública. Tal vez menos visible en la prensa.

La historia colombiana hasta la paz de Santos
¿Cuándo y cómo se funda Colombia? Una cosa es la nación y otra el Estado independiente. La nación colombiana es la heredera de la Nueva Granada, la colonia creada por los españoles tras la conquista. El surgimiento de un Estado aparte no alteró en nada el orden social heredado, cuya esencia es la esclavitud. Lo que ha ocurrido desde que se creó el nuevo Estado es un forcejeo continuo entre la asimilación a la democracia liberal y la persistencia de dicho orden, cuya esencia esclavista se resume en el parasitismo de los descendientes de los españoles que se hicieron dueños del país en los siglos XVI y XVII (encomenderos) y que han tenido en el Estado su fuente de recursos. La universidad y las bandas de asesinos que intentan imponer un régimen colectivista simplemente representan a ese sector social y a pesar de su insignificancia demográfica se imponen a causa de la indigencia intelectual y moral del resto, tal como se impusieron sus antepasados sobre los aborígenes, incluso copiando el secuestro y otras prácticas de la época. Los grupos parasitarios usaban la Iglesia y ejercían como clero y en el siglo XX pasaron a ser la universidad, con las mismas pretensiones. La educación es la continuación de la evangelización, y los cultivos de coca y la minería ilegal son la continuación de la vieja esclavitud. El contexto de "distracción" de Estados Unidos y altos precios de las materias primas ha favorecido el ascenso de castas similares en toda Sudamérica, lo que permite a Santos apoyarse en los terroristas para reimplantar el régimen que en Colombia es sólo el del origen.

El fin de la Patria Boba
Comentaré los párrafos finales del escrito original de García Villegas porque su objetivo no ha merecido ninguna atención. Los argumentos llevan a la enternecedora conclusión final.
Pero si bien los hechos que vinieron después del 20 de julio no evocan ningún pasado épico, ni hay en ellos epopeyas memorables, sí fueron experiencias históricas de las cuales podríamos aprender más de lo que hemos aprendido hasta el momento. La experiencia de la Patria Boba es la de una conflictividad violenta que se repite de manera recurrente a lo largo de nuestra historia (con excepciones, claro). En la historia de todos los países hay, por supuesto, conflictos y violencia; incluso guerras terribles y devastadoras. Pero en muchos de ellos los horrores de la guerra han tenido un efecto renovador y reconstituyente. La violencia colombiana, en cambio, nunca ha sido aleccionadora. Al contrario, ha sido difusa, persistente y degradante; una violencia de baja intensidad, pero endémica, corrosiva e inútil que, en lugar de darnos un motivo para sobreponernos, nos ha envilecido.
¿Cómo se puede entender que los hechos que siguieron al 20 de julio evoquen o no un "pasado épico"? La única forma en que se me ocurre entender eso es que nosotros no podemos ver en ellos nada épico, ¡cosa que se agrava porque no hay en ellos epopeyas memorables! La palabrería "descrestadora" es el aporte de Colombia al lenguaje humano. Más ridículo no se puede ser. La llamada Patria Boba fue en efecto la primera guerra de rapiña por el control del Estado que se intentaba crear para reemplazar a España. Y en efecto esa guerra de rapiña sigue hasta ahora, aunque más bien como resistencia de las viejas castas (la universidad) contra la asimilación al mundo moderno: todos los crímenes terroristas forman parte de eso, y las frases finales de este párrafo incurren en la vieja falacia de atribuir los crímenes a la violencia que "nos" ha envilecido. Las castraciones pedagógicas y los niños bomba, que son la forma en que se aseguran rentas fabulosas para la "educación" (para las cuentas corrientes de las clientelas de DeJusticia y las FARC) resultan cosas que "hacemos" todos por habernos envilecido. La solución se explica más adelante.
El mejor ejemplo de lo que digo son los 50 años que llevamos de conflicto guerrillero y cuyo fin puede estar próximo, si las negociaciones en La Habana terminan bien. Son cinco décadas de violencia, en donde casi todos los actores del conflicto salen perdiendo. Tantos años de guerra para dejar un país con unas extremas políticas arrogantes y miopes y una sociedad civil llena de odios. Cuántos muertos para terminar con un conjunto de reformas sociales que habrían podido hacerse hace 40 años, pacíficamente y por las vías legales.
¿Salen perdiendo todos los actores del conflicto? ¿Cuáles son esos actores? Los estudiantes universitarios de los años sesenta y setenta se aseguraron sueldos de decenas de veces los de quienes trabajaban, pensiones a partir de los cuarenta años, seguridad en el empleo contra toda evaluación de productividad y todo lo que distinguía a sus antepasados (hacia 1970 no irían a la universidad ni el 5% de los jóvenes, y el comunismo era más hegemónico que ahora), ¿cómo es que salen perdiendo? Se alude a la vieja y ridícula falacia de que el "conflicto" es la obra de unos cientos de asesinos remotos pero sólo son los "tirapiedra" que según la ambición y el origen social y regional se echan al monte como Iván Ríos o se quedan viviendo como príncipes por divulgar sus opiniones como García Villegas. Así, lo que hacen los periodistas y políticos es ajeno al conflicto, que es como un duelo remoto entre los guerrilleros y los militares. Más falaz y burdo imposible.

Dicho conflicto no puede estar próximo a su fin porque las FARC mismas señalan que el conflicto continuará, pretenden abiertamente imponer un régimen comunista y siguen escalando sus crímenes sin la menor vacilación. Los colombianos se rendirán pero eso no impedirá que el genocidio se multiplique: podrá llamarse paz tal como el régimen del jemer rojo estaba en paz mientras exterminaba a un tercio de la población. ¿O no está en paz Corea del Norte? Pero el control absoluto del terrorismo requerirá nuevas negociaciones de paz con el ELN que podrían asegurarle la elección al sucesor de Santos en 2018, y muchas más muertes que hasta ahora.

La frase que he marcado en negrita es la que resume todo el escrito de García Villegas: de repente la rendición de la sociedad a unos asesinos gracias a los cálculos de un autócrata y a la enorme cantidad de dinero de que dispone lleva a un acuerdo NECESARIO, con lo que los crímenes tenían un sentido JUSTO, pues sólo ocurrían por reformas que no se hicieron. ¿Cómo es que con tanta polémica ninguno de los contradictores de García Villegas prestó atención a eso? ¿Son esos acuerdos los que crearán el mito fundacional del país? ¿No es inverosímil que haya alguien diciendo que las atrocidades además de justas son el comienzo de una leyenda que honrará a los colombianos del futuro?

¿Cuáles son las reformas que surgirán de la "paz"? Ya ocurrió la paz y el resultado fue claro: un aumento de diez puntos del índice Gini entre 1991 y 2002, una multiplicación exponencial del gasto público en ese tiempo, un crecimiento económico raquítico, un retroceso de todas las áreas productivas gracias al cual el país volvió a su vieja condición de exportador de materias primas. Las reformas de la paz de Santos sencillamente pondrán a Colombia al nivel crítico de Venezuela, Nicaragua o Bolivia, con el predominio de unos asesinos que multiplicarán sus infamias.
Así y todo, si se logra la paz con las guerrillas, este acuerdo podría ser la oportunidad para acabar con esa violencia difusa e inconducente que nos impide avanzar. 
Por eso tengo la esperanza de que el próximo 20 de julio, en 2015, podamos celebrarlo en paz y con la idea de estar construyendo un nuevo mito fundador de nuestra nacionalidad. Solo exagero un poco si digo que eso sería algo así como el puntillazo final que le daríamos a la Patria Boba.
O sea, el premio del genocidio es la forma de acabar con la violencia, dado que es lo que interesa a García Villegas. Y a Posada Carbó, pues ¿en alguna parte encuentra algo reprobable en eso? NUNCA ha ocurrido que los comunistas lleguen al poder y no maten a sus oponentes, menos lo van a hacer en Colombia, donde llevan medio siglo matando y alcanzando poder con ello. No, no "los comunistas" ni "las FARC", sino DeJusticia y la Universidad Nacional (y de hecho, todas las universidades, tal vez salvo las de garaje).

Hubo un paréntesis en ese ascenso del crimen organizado al poder: la década pasada. El resultado se notó en todos los terrenos, sobre todo en la reducción de homicidios y secuestros, en el crecimiento económico y en la reducción de la desigualdad. Lo que se puede ver que ha ocurrido desde 2010 es el renacer del terrorismo y de la violencia, que no llevará a ninguna celebración en paz sino a la multiplicación del asesinato en masa en los próximos meses y años. ¡De todos, del conflicto, de la degradación del conflicto, de la Patria Boba, no vayan a pensar que es obra de DeJusticia y sus niños sicarios!

Pero lo verdaderamente fascinante es que no se vea a los contradictores como parte de la misma conjura: vividores que se acomodan al poder y generan polémicas en las que no se alude a lo que importa.

(Publicado en el blog País Bizarro el 20 de agosto de 2014.)

jueves, noviembre 06, 2014

Colombia en la obra de Obama

El partido del Estado
Ciertos supuestos habituales cuando se habla de política limitan la discusión y a menudo impiden ver lo que son las cosas realmente. Para entender con precisión lo que significa el Partido Demócrata estadounidense habría que prestar atención a esta parte del Zarathustra en que Nietzsche se ocupa del Estado.
El Estado miente con toda frialdad y de su boca sale esta mentira: “Yo, el Estado, soy el pueblo”. 
¡Qué gran mentira! Creadores fueron quienes crearon los pueblos, por la fe y el amor: así sirvieron a la vida. Aniquiladores son quienes ponen trampas a la multitud, y denominan Estado a tal obra: suspenden sobre los hombros una espada, y cien apetitos.
En la tradición estadounidense ese papel de "creación" del pueblo, de representación de los valores étnicos que definen al país, la tiene el Partido Republicano, el de Lincoln, el que defiende la libertad individual y la ideología de los "padres fundadores". El Partido Demócrata es más bien el de la disidencia (tanto los descendientes de los esclavistas sureños como los de los esclavos, los judíos, los socialistas, las minorías, etc.) y los particularismos, por una parte, y el del aumento del gasto público, por la otra: tal como lo describe Nietzsche, algo ajeno al pueblo que lo va reemplazando y sometiendo.

Esa disposición explica la política de Obama: la burocracia no obra por otro interés que el poder concreto de los funcionarios y políticos. Son los "cien apetitos" (o ambiciones, o concupiscencias) de que habla Nietzsche: 
¡Contemplad cómo trepan esos ágiles simios! Trepan unos por encima de otros, arrastrándose así al cieno y a la profundidad.  
¡Todos quieren llegar al trono! Su locura consiste en creer que la felicidad radica en el trono. -Y, con frecuencia, el fango se asienta en el trono, y también el trono se asienta en el fango.
Y con ese fin no vacilan en mentir ni en mostrarse complacientes con los criminales: el único norte moral de esta gente es su ambición y por eso lo esencial se les escapa: habrá un público distraído que se olvide por un momento de lo que son las bandas terroristas colombianas y de su impresionante prontuario, al que se lo podrá embelesar con la "paz" y las buenas intenciones mientras se obtienen apoyos internacionales de los que han hecho carrera precisamente encarnando el odio a Estados Unidos, como los regímenes bolivarianos. Todo para conseguir que la gente crea que los problemas del mundo proceden de los republicanos que podrían quitarles el puesto y no de los distintos enemigos de la libertad y la democracia.

Esa actitud se puede describir muy bien con estas palabras del periodista español Hermann Tertsch (que corresponden a los gobernantes españoles pero podrían aplicarse también a Santos y a Obama):
Cuando no se cree más que en la conveniencia propia con el mínimo esfuerzo y sacrificio, esta equidistancia ofrece mucha ventaja. Se puede cambiar siempre de aliado. Aunque sea fugazmente. Se evita el conflicto en minoría. Siempre con esa mayoría que huye todo conflicto, pero ansiosa del beneficio propio gratuito.
De Carter a Obama
La actuación de Obama parece copiada de la de Carter, un presidente que también llegó al poder representando una oleada de agitación contra la política exterior estadounidense, en aquella ocasión por Vietnam y el servicio militar obligatorio. La disposición a complacer a todos los enemigos para rehuir las dificultades llevó al abandono de toda responsabilidad en Camboya, donde se cometió el peor genocidio del siglo XX en proporción a la población, y a la expansión soviética a Afganistán, Etiopía, Angola, Mozambique y Nicaragua.

La obra de Obama es parecida: Putin envalentonado mutilando a Ucrania, unas guerras civiles sin solución ni límite en Siria y Libia, un retorno de la peor guerra a Irak y un retroceso generalizado de Estados Unidos y la cultura de la libertad en todos los frentes. El mundo que recibió Obama era mucho más seguro y estaba mejor encaminado que el que entregue, y todavía falta para que cumpla la mitad de su segundo mandato.

Es el fruto del buenismo y corresponde a lo que ya expliqué arriba: un administrador de una empresa la arruina pero él particularmente se enriquece, no le importa lo que pase con la plata ajena. Eso es la burocracia estatal respecto de la sociedad, eso es el socialismo en todo el mundo, eso es el gobierno de Obama respecto a los ciudadanos de Estados Unidos, a las víctimas del crimen organizado y el terrorismo en todo el mundo, y a las sociedades abiertas.

Por la paz en Colombia
Si uno tuviera que describir a Colombia con una palabra, esa palabra sería indigencia. La respuesta de los colombianos a la componenda criminal del gobierno con los terroristas (gracias a la cual quedarán dueños del país, al disponer de una buena parte del territorio exenta de la ley, además de las grandes fortunas del secuestro dedicadas a comprar a todos los funcionarios que convenga hasta imponer su tiranía) deja ver su profunda indigencia intelectual y moral: interesados mayoritariamente en los logros de los deportistas, aceptan sin rechistar las mentiras del régimen, reproducidas sin cesar por la máquina de propaganda y aun reforzadas por el lloriqueo de Uribe y sus seguidores, que aborrecen más a la democracia que a las FARC y ante la imposibilidad de implantar una dictadura tropical se resignan a tener un papel en la negociación.

Las sociedades civilizadas lo son sólo porque no podrían aceptar un desafuero moral semejante. Los ciudadanos estadounidenses que entendieran qué es lo que está ocurriendo en La Habana se indignarían, pero la burocracia demócrata ve otra ocasión de mostrar sus buenas intenciones al precio de reforzar a los enemigos de su país y traicionar a las víctimas de crímenes atroces. Eso explica la disposición del gobierno de Clinton a apoyar la infamia del Caguán, y la mucho más atroz actitud de Obama y su gobierno respecto a la "paz" de Santos.

En la última edición de la revista Semana aparece una entrevista de la portavoz de las FARC María Jimena Duzán al embajador estadounidense en Colombia, Kevin Whitaker. La responsabilidad de sus respuestas deja ver toda la bajeza del gobierno de Obama: su complicidad descarada con unos criminales que hacen negocios con Al Qaeda y una vez en el poder serán enemigos resueltos de su país. (Ya en una ocasión escribí un post sobre su comentario sobre la destitución de Petro.)
M. J. D.: ¿Y cuáles son las razones fundamentales por las cuales su gobierno apoya este proceso de paz? 
K. W.: Yo diría que son varias. La primera es porque somos aliados y amigos del gobierno de Colombia y creemos que después de 50 años de guerra, Colombia merece una paz. Ahora, los pormenores de esta paz, el cuándo, el cómo, es un asunto que solo les compete a los colombianos. Ahora, estoy convencido que si esta paz llega a cristalizarse, este país es imparable. Y para nosotros, que somos sus aliados y sus amigos, ese cambio representaría una ventaja.
No hay que ser muy sutil para darse cuenta de que gracias a la "guerra" los secuestradores resultan tan legítimos como los que tratan de proteger a los ciudadanos, que trata de ocultar que lo que llama "guerra" es sólo la agresión del Partido Comunista y sus satélites para implantar una tiranía y que lo que llama paz sólo consistirá en su triunfo total, cosa que ya ocurre y es evidente.

Lo del "país imparable" es ya el colmo del cinismo: con los terroristas oficialmente al mando, el genocidio se multiplicará (ya ocurre desde que comenzaron las negociaciones de paz) y Colombia pasará a ser esta vez sí y para mucho tiempo, otro Estado fallido. La crisis del chavismo en la región conducirá a Venezuela y a otros países a situaciones de miseria y violencia extremas, aún peores que las actuales, y Colombia se hundirá en ese fango. Todo eso lo doy por seguro, para imaginarse otra cosa habría que conocer AL PRIMERO que se oponga a los terroristas y acepte que Uribe y su séquito pudieron haber hecho o estar haciendo algo mal. Las FARC tomarán todo el poder sin resistencia porque frente a sus eficaces métodos sólo tienen a una multitud de indigentes que aceptan cualquier mentira negándose a ver lo que les viene encima.

Tiene mucho interés la respuesta que da Whitaker a la cuestión de la amenaza que se cierne sobre los terroristas por la actuación de los jueces estadounidenses.
Si esos señores violaron la ley norteamericana, van a ser buscados hasta ser encontrados. Así funciona la Justicia en los estados Unidos. Y de hecho nosotros estamos muy contentos con la forma como ha ido funcionando este instrumento. Hace unos días se ha condenado a alias Diego Rastrojo a 30 años, lo cual es una muy buena noticia para sus víctimas. Ahora, si el gobierno colombiano o cualquier otro decide no extraditarlos es una decisión que nosotros respetaremos.
Es decir, el hombre alienta al régimen de las FARC a no extraditar a los autores de violaciones de las leyes estadounidenses para garantizar la impunidad, dado que respecto a los niños bomba y miles de atrocidades semejantes los colombianos se la ofrecen.

Siempre fascina el hecho de que las mismas víctimas del terrorismo o del régimen chavista que emigran a Estados Unidos votan por personajes como Obama: terminarán convirtiendo a Estados Unidos en otra "democracia" hispanoamericana.

(Publicado en el blog País Bizarro el 13 de agosto de 2014.)

miércoles, octubre 29, 2014

Hacia el infierno

El régimen del crimen organizado comienza hoy su segundo periodo y no es nada difícil pronosticar que todas las desgracias del país se agravarán mucho más de lo que ocurrió en el primero. Sobre todo, se harán manifiestas, porque los altos precios de las materias primas y el clima de inversión favorable que dejó Uribe han permitido que el nivel de vida se mantenga para la mayoría, pero en el medio plazo, a medida que Colombia se vuelve claramente otra república bolivariana, sufrirá la suerte de todas ellas en la imagen que proyectan ante los inversores, y la corrupción y la mala gestión se agravarán, con sus obvias secuelas de miseria y violencia.

El país sin demócratas
Como ya he explicado tantas veces, lo más urgente en Colombia es definir las palabras porque cuando escribo que no hay demócratas recuerdo que no hay casi nadie en Colombia que no se proclame demócrata. Esa mala fe es primitivismo e indigencia moral (luego, primitivismo). Demócratas son los que creen que el "demos" debe participar en el gobierno, y el "demos" alude al conjunto de los ciudadanos y no a tribus, etnias, razas, castas ni clases. La democracia posible y real debe asimilarse a las que existen en Europa y Norteamérica, pues a fin de cuentas en esas sociedades simplemente la humanización es más profunda. Por eso las "interpretaciones" del sentido de "democracia" o los apellidos que se le ponen son sólo recursos para negarla. 

Al final del gobierno de Uribe los colombianos estaban divididos en dos bandos, una mayoría de ciudadanos que querían reelegir al presidente y una minoría de clases superiores que se oponía con vehemencia a esa idea. A ninguno de los bandos le interesaba la democracia, sólo el poder. Ninguno de los que criticaba la segunda reelección se opuso al cambio de rumbo de Santos ni ha hecho el menor reproche al súbito ascenso de las FARC, cuyos intereses y actuaciones son indistinguibles de las del gobierno, salvo que alguien piense que el representante de ventas de la industria cárnica pertenece a una empresa distinta a la del matarife.

Es decir, los sectores que promovían la segunda reelección buscaban sólo su interés, y sin la menor duda Roy Barreras y Roberto Gerlein habrían propuesto a Uribe para el periodo actual, y también para el siguiente, si hubiera podido ganar. Y en todos los casos los sectores que se oponían se habrían agrupado con Iván Cepeda y Piedad Córdoba, pues ¿alguien que no promoviera la segunda reelección de Uribe ha puesto alguna vez en duda que esos dos próceres son "defensores de derechos humanos"? Sencillamente, hay un bando castrochavista y otro que combina el viejo clientelismo, los viejos sueños maoístas y elementos ultraconservadores. El orden asimilable a las democracias reales no lo defiende nadie. El bando castrochavista ha reclutado a las clases altas tradicionales, tal como ocurrió en Cuba, y por eso toda clase de personajes que no se presentaban como comunistas, de los cómplices de César Gaviria a Peñalosa y Mockus, son hoy simplemente promotores de las FARC.

No hay demócratas, menos va a haber civismo
Es impresionante la facilidad con que el régimen (es decir, no el gobierno sino el poder hegemónico, que incluye el legislativo, el poder judicial, la prensa y la universidad) puso del revés la elección de los ciudadanos en 2010 sin ninguna resistencia. Leyendo un artículo que escribí hace ahora tres años, compruebo que era evidente todo lo que ocurriría después, salvo en que todo ocurrió sin que a nadie se le ocurriera cuestionarlo.

De modo que la resurrección de las bandas terroristas, de la producción de cocaína, de la extorsión en todo el territorio, del daño ecológico y demás crímenes sólo produce algún lloriqueo porque hay gente que aspira a cargos públicos de elección y calcula que mostrar descontento puede serles rentable. Al final, una vez posesionados en sus cargos, corren a defender su cuota de poder, incluso justificando lo que hace el gobierno en La Habana, como el señor Uribe en su discurso del 20 de julio (los reproches que profiere hacen pensar en alguien que le criticara a Hitler usar gas Zyklon B con los judíos en lugar de inyecciones letales).

No hay ninguna iniciativa cívica para oponerse a la legitimación del genocidio ni al triunfo total de los terroristas, que es lo que ya ocurre desde que todo el poder judicial les obedece y la prensa los promueve en todo momento. Algo tan monstruoso como que el "Centro de Pensamiento" de la Universidad Nacional decida sobre las víctimas (como poner a Himmler a juzgar el Holocausto) no tiene otra respuesta que algunas protestas de activistas ligados a grupúsculos ultraderechistas, que le sirven a la prensa para relegitimar a los funcionarios públicos cuya tarea es hacer que los asesinos resulten quedando como las víctimas. Ya no hay votos que buscar ni nombramientos sobre los cuales influir, ya a nadie le interesa denunciar esa infamia.

Ya he señalado muchas veces en Twitter que la suerte del uribismo es la del alvarismo en los años noventa, un lloriqueo impotente y una clara asimilación, tal vez no tan lenta. ¿Alguien cree que un candidato que se oponga a las FARC va a ser elegido alcalde de Bogotá en 2015? No, sin la menor duda, vendrá alguien peor que Petro, sencillamente porque la máquina de propaganda llega ahora a gente que no conoció la ciudad de otras épocas y las clientelas imponen su reino.

El rumbo de la paz
Lo que objetivamente ocurre con la paz es que, como ya he explicado otras veces, el Estado no es una institución natural que existe porque sí. Es una organización creada para mantener unas leyes. Cuando renuncia a ellas simplemente sirve al interés de quienes lo controlan, que al no estar sujetos a definiciones de conducta estrictas, obran como simples bandidos. Cuando en aras de los intereses particulares de los amos del Estado se pone el conjunto de instituciones al servicio de quienes violan las leyes, el Estado no sobrevive y se vuelve simplemente un apéndice del poder criminal.

Es decir, dado que por los motivos que sean todos los funcionarios y políticos han aceptado que se reconozca a los terroristas legitimidad política, el resultado sólo puede ser que éstos pasen a controlar totalmente el Estado, cosa que ya ocurrió en gran medida en 1991, por eso el Partido Liberal simplemente se acomoda al poder del M-19 y sus mentores cubanos. Ahora sólo buscan el control total, tarea en la que el gobierno hace todo lo posible por colaborar. ¿O cómo se puede entender que nombrara ministro a alguien tan próximo a las FARC como Alfonso Gómez Méndez? ¿O la labor de propaganda y activismo del fiscal? 

Pero antes de eso es necesaria una rendición total de la sociedad, para lo cual los crímenes aumentarán, dado su poder persuasivo. Por eso en 1991 se impuso tranquilamente la prohibición de extraditar colombianos y al portavoz de la minoría que planteaba algún rechazo, Enrique Low Murtra, lo mataron un día en que sesionaba la Asamblea, tal como intentaron matar a Fernando Londoño el día que se aprobaba el Marco Jurídico para la Paz. Antes los carros bomba habían persuadido a todo el mundo de lo conveniente de no estorbar el nuevo orden.

El avance terrorista conducirá a su triunfo total, a la vez legalizando sus crímenes y capitales y destruyendo toda posibilidad de resistencia, nombrando fichas de las bandas criminales en puestos de poder en el ejército y acentuando la persecución judicial, amén del "plan pistola", que continuará. Es muy probable que en la recomposición de la mesa de negociación incluyan a algún representante del uribismo, de modo que a este sector le caigan algunas migajas sin las cuales no puede sobrevivir (baste entender que el  mismo día en que publiqué el artículo enlazado arriba apareció uno de Óscar Iván Zuluaga felicitando al gobierno: no pueden arriesgarse a que todas las personas que dependen de ellos sean despedidas de los cargos públicos).

Eso es lo que viene, la toma total del poder por los terroristas y sus mentores dejando algunas migajas para los demás sectores políticos. La violencia aumentará durante los próximos meses y aún más después de la oficialización del nuevo orden, y para ajustar al máximo el control será necesario que el Estado se dedique a la paz, para lo cual se adelantarán acercamientos al ELN, que cooptará a los actores más dinámicos y eficientes de las FARC. Esa paz servirá para aumentar el control, obviamente.

Realmente no deberían quejarse. Nadie se ha enterado de que Uribe aplaude el premio del crimen, ¿para qué esperar que entiendan algo? Al menos todavía el peso sobrevaluado permite a muchos emigrar, pero incluso ésos prefieren acomodarse: la opresión totalitaria sólo es continuación del viejo orden de castas colonial y del parasitismo de los grupos poderosos, los únicos que echarían de menos una sociedad normal son precisamente los que van cayendo asesinados.

(Publicado en el blog País Bizarro el 7 de agosto de 2014.)

jueves, octubre 23, 2014

La estrategia del Centro Democrático


Cuando se publicaron las propuestas de "paz" del Centro Democrático hubo algunas quejas en Twitter, que pronto fueron contestadas por varios tuiteros uribistas: "Eso es estrategia", decían. Es una lógica muy colombiana, muy hispanoamericana: cuando algo es falso y torcido, es que es inteligente, la rectitud es sólo simplicidad y candidez.

Y la verdad es que hay varios grados de compromiso y responsabilidad en esa "estrategia". Los candidatos a senadores y congresistas, los precandidatos presidenciales, los columnistas y el propio Uribe son coherentes y claros: nunca se han opuesto a esos diálogos, siempre que hablan de "la paz" aluden a eso, su entusiasmo por la negociación cuando comenzó fue claro y resuelto. No han dicho que buscan que los incluyan en la mesa de La Habana pero tampoco que se negarían a participar ni menos que no reconocerán lo acordado.

Yo no sé si realmente los colombianos serían indiferentes a una denuncia clara del sentido de las negociaciones de paz, de lo que significan como renuncia a la ley y destrucción del Estado en su sentido (que es la ley: cuando el Estado no está para aplicar la ley es sólo una gran banda de forajidos, según recordaba el papa Benedicto XVI citando a san Agustín). Lo cierto es que hay mucha gente que no quiere premiar a los terroristas pero se siente aislada e insignificante frente a la autoridad y el poder de los que quieren hacerlo (en esencia, las clases poderosas, lo que permite ver a las guerrillas comunistas como un simple recurso de dominación: la paz les asegura rentas a las castas superiores, tienen que hacerla necesaria y prometer un futuro amable mientras preparan la siguiente oleada de paz, que podría ser con el ELN a partir de 2018).

Pero el uribismo no está para representar la oposición al premio del crimen porque su sentido es otro y los sectores cuyos intereses representa no son propiamente los ciudadanos que desean la democracia (que son minoría por la cultura del país). Baste recordar la Constitución de 1991, el sometimiento de la sociedad a punta de carros bomba y la imposición de una ley que prohibía la extradición de colombianos y aseguraba el poder a las redes comunistas de las universidades (el caso de la abortada destitución de Petro sirvió para demostrar cuál es la función de la "acción de tutela", la supresión total de la ley, que no vale nada ante la determinación de cualquier funcionario). ¿Dónde estaba Uribe entonces? Era senador liberal muy próximo a Samper, de cuyo movimiento, "Poder Popular", era miembro. (Aun cuando el 8000, Uribe fue un defensor de Samper, según noticias ampliamente divulgadas.) El uribismo fue hegemónico en la sociedad unos diez años, a pesar de la obsesiva propaganda hostil de los medios, y ciertamente NUNCA ha querido cambiar la Constitución de 1991.

Lo que es llamativo no es Uribe y su séquito sino los seguidores "de base", que con frecuencia sienten una genuina indignación con los crímenes terroristas y quisieran que no se premiaran. Por diversas causas, sobre todo por la indigencia intelectual típica del país, esas personas no tienen alternativa a confiar en Uribe y continuamente reorganizan su información para que su rechazo al terrorismo corresponda a los intereses y "estrategias" del líder. Los hay ultraderechistas, conservadores, moderados, etc., pero ante cada situación termina predominando su adhesión al rebaño y su pasión por el Gran Timonel. No es concebible la crítica ni la distancia ni menos el rechazo cabal a la infamia de La Habana: se entendería como división de una oposición que los llena de esperanza a pesar de que al final siempre termina cediendo en todo.

Es decir, Uribe y su séquito son lo que son y dicen lo que piensan, pero gracias a los seguidores que se engañan a sí mismos (y engañan a muchos otros) creyendo que el lloriqueo es rechazo efectivo al premio del crimen, el uribismo termina obrando como la gran trampa que impide que haya oposición. Cualquiera que se quiera oponer a la infamia de La Habana resulta aislado porque unos creen que Uribe se opone y otros que no hay que oponerse porque Uribe tiene una "estrategia" mejor. Ya pasaron cuatro años en que el régimen terrorista no tuvo oposición, tal vez falten cuarenta para que se entienda que premiar el crimen sólo sirve para alentarlo y que el uribismo nunca ha estado en contra de premiarlo. A tal punto que después de que Uribe como senador en 1992 fuera ponente de una ley que aseguraba la impunidad de los autores de la toma del Palacio de Justicia, en 2014 llevó en su lista al Senado a uno de los que la planearon y dirigieron.

Para entender la estrategia del Centro Democrático a partir de ahora, baste prestar atención al discurso de Uribe el 20 de julio. Empieza mostrando ejemplos de la expansión de las bandas terroristas, pero eso sólo sirve como base para el discurso de la "seguridad". La seguridad es muy bonita, sin duda mejor que la inseguridad. Lo más probable es que en Corea del Norte haya mucha seguridad. El problema del terrorismo es la iniquidad, la abolición de la democracia y del Derecho, no la inseguridad. Si el problema colombiano fuera la inseguridad, tal vez habría que darle razón a Santos y a su gente, que intentan remediar la inseguridad apaciguando a los que la generan.

Los anuncios de proyectos de ley son otro ingrediente legitimador: el 80% del legislativo está en manos del crimen organizado, ¿qué sentido tienen esos proyectos de ley que con toda certeza no serán aprobados? Hacen quedar bien a Uribe con los militares perseguidos, no van a cambiar nada. Sólo que un régimen criminal resulta legitimado por la oposición decorativa que encontró.

Lo mismo ocurre con las críticas sobre la inversión, la tasa de cambio, el agro: la clase de oposición que encontraría cualquier gobierno, como si se discutiera con Alfredo Garavito sobre modales en la mesa. La gerencia es el punto fuerte de Uribe, al que se deben la mayor parte de sus logros en el gobierno, pero un país no es una empresa.

Esa clase de temas propios de cualquier discusión con un gobierno normal ocupan casi todo el discurso, aunque ciertamente las singularidades colombianas no le incomodan a Uribe: no menciona el 4 X 1000 ni la persistencia de la parafiscalidad, tal vez porque las concepciones de Uribe sobre economía están más cerca de la plutocracia que del neoliberalismo, como decía una vez Alejandro Gaviria.

En lo concerniente a la "paz", el final del discurso, tengo que citarlo porque la ofuscación de los uribistas resulta de verdad cómica:
¿Cuáles son nuestras preocupaciones frente a la paz? Primero, deterioro de la seguridad; segundo, la impunidad; tercero, la elegibilidad, y cuarto, los riesgos para la iniciativa privada colombiana.
¿De qué "paz" habla? Los uribistas "de a pie" siempre niegan que "paz" quiera decir en esa jerga "conversaciones de La Habana con las FARC", no aluden a la buena paz en que no hay guerra. ¿Qué es "paz" en el discurso de Uribe? Esa frivolidad los hace cómplices del terrorismo, cuyo principal engaño es llamar paz a la legitimación de los crímenes.

Bueno, ¿qué tal las preocupaciones? Todas son legitimación de la infamia de La Habana. El deterioro de la seguridad es un problema que se podría resolver premiando más o antes a las FARC. Los demás puntos los explica Uribe más adelante.

Pero nada de eso corresponde a las preocupaciones de un demócrata: las conversaciones de La Habana son ilícitas e inmorales porque constituyen la renuncia a la democracia y la legitimación de los crímenes terroristas. La estrategia le aconseja a Uribe olvidar eso. Encontrarle a la "paz" los inconvenientes que le encuentra Uribe es como quejarse de los hornos crematorios del Holocausto por el mal olor que generarían.
Empiezo con lo último. En lo que se ha dicho de acuerdos sobre el sector agropecuario, se pone en pie de igualad al propietario honesto con el propietario deshonesto, en el mismo riesgo de expropiación. 
Lo que se ha dicho de acuerdos sobre el sector agropecuario es monstruoso porque el Estado no puede negociar con unos asesinos las leyes ni nada que tenga que ver con el gobierno del país. El reproche de Uribe es fácilmente remediable, se cambia y se protege al propietario honesto, pronto las FARC le comprarán su tierra con los billones de la cocaína y el secuestro. ¿No es tácito el reconocimiento al crimen de La Habana? ¿Es tan complicado entender que los defensores de Uribe se hacen cómplices de esa infamia a la vez que lloriquean por lo que hacen los terroristas? Lo complicado para mí es entender la incapacidad de verlo.
Nosotros creemos que debe haber reducción de sentencias más aún en el caso de las bases de la FARC. No nos oponemos a que haya indulto, amnistía, a que haya elegibilidad política, pero no en el caso de los responsables de crímenes atroces. Por ejemplo, algunos frentes de la Farc y sus cabecillas son responsables del asesinato de más de 300 soldados y policías, en Patascoy, Mitú, Las Delicias. Son los grandes proveedores de los carteles de coca de México.
Insisto, ya el hecho de que se negocie es un crimen contra la democracia, pero en gracia de discusión aceptemos que hubiera que negociar: ¿alguien detecta en el discurso de Uribe la menor alusión a la desmovilización y disolución de las bandas, a la confesión de todos los crímenes y la entrega de las armas? No: sencillamente añade un matiz para que se castigue a los responsables de crímenes atroces: éstos serán los que les dé la gana a los negociadores. Karina y gente así. ¿Cuáles son los crímenes atroces? Se podría decir que los asesinatos de soldados y policías que menciona no lo son porque en virtud del reconocimiento que se hace al negociar serían acciones de guerra. ¿Hay alguna responsabilidad de los jefes del Partido Comunista en esos crímenes atroces? A lo mejor alguien podría demostrar que los jefes del partido nazi no tenían participación directa en el Holocausto. El crimen es levantarse para implantar la tiranía, no lo que ocurre después de que se está en eso.

Es incomunicable y termina siendo claro que los uribistas están en el mismo bando que Santos.

SEÑORES URIBISTAS, YO SÍ ME OPONGO A QUE HAYA INDULTO Y AMNISTÍA Y ELEGIBILIDAD POLÍTICA.

Me opongo a que se dé cualquier reconocimiento a unos criminales y a que el país se someta al poder que han acumulado secuestrando gente. Los partidarios de "reconciliarse" con los terroristas dan menos asco que los que pretenden estar en contra y apoyan esa infamia de Uribe y el Centro Democrático (en todo el discurso no aparece la palabra víctimas).
Yo no creo que al país le convenga la impunidad, que es la madre de nuevas formas de violencia. Nosotros no podemos comparar a nuestro país para aplicar la justicia transicional, con lo que pasó en los países de la región donde se hizo el tránsito de la dictadura a la democracia. Nosotros tenemos una democracia respetable, aquí no estamos haciendo el tránsito de la dictadura a la democracia. La justicia transicional, si en los casos de anormalidad a normalidad, no acepta esa impunidad que se ha querido proponer, menos aquí. Para nosotros el trabajo social es un deber no una pena. Entonces concluimos diciendo: que la única manera de evitar que haya impunidad es con pena privativa de la libertad, así sea reducida, y aceptamos el indulto, la amnistía y la elegibilidad, para las bases de esos movimientos.
Las bases las constituyen niños y rústicos que no aspiran a ser elegidos, y sobre todo: las FARC no se van a desmovilizar ni van a cesar sus crímenes. Si Uribe no sabe eso es un imbécil. Si lo sabe y lo oculta es un canalla. Lo que se cuece en La Habana es la entrega del país al eje chavista representado en las bandas "narcoterroristas" y sus frentes universitarios. No están optando por ir a la cárcel o no, porque los que van a ir a la cárcel, que en gran medida ya están ahí, son los que les han incomodado.

Sólo hay un camino para oponerse a esa infamia: la justicia internacional, la Corte Penal Internacional, que no podría negarse a reconocer un genocidio emprendido por el Partido Comunista desde los años cincuenta. El señor Uribe y su séquito no van a hacer eso porque sólo están pensando en defender su cuota de poder en el nuevo orden, tal como hizo Álvaro Gómez en 1991.

(Publicado en el blog País Bizarro el 30 de julio de 2014.)

viernes, octubre 17, 2014

No hay bandos antitéticos e irreconciliables


Cuando uno viaja por regiones apartadas es frecuente encontrarse con personas de pueblos o ciudades pequeñas en los que hay antiguas rivalidades: para ellos el molde perfecto de lo que no son ni quieren ser es la gente del otro pueblo, para el viajero es imposible saber en qué se diferencian.

Eso mismo pasa en Colombia con la rivalidad entre uribistas y antiuribistas, entre partidarios de la paz que aplauden la condena a Arias y descontentos lloriqueantes que la lamentan. Ambos grupos creen que están en extremos opuestos pero en realidad son muy parecidos.

Tal vez lo que distingue a los uribistas sea una mayor deshonestidad intelectual: al mismo tiempo sostienen una cosa y la contraria y sin el menor pudor cambian el sentido de los términos según les convenga. El caso de la palabra paz es paradigmático: tanto Uribe como Zuluaga y todos los congresistas y senadores la usan con el sentido de "Conversaciones de paz" y más claramente con el de "Negociación entre el gobierno de Santos y las FARC en La Habana", que es a lo que aludía Uribe cuando decía que "no sería obstáculo para la paz", pero los uribistas se las arreglan para entender la paz como el paraíso sin violencia. ¿Se plantea algún político decir que no será obstáculo para el paraíso sin violencia? No importa, no importa que Uribe les ofreciera a los terroristas una Constituyente, que lo acompañe Valencia Cossio, que hizo lo mismo en el Caguán, que lleve al Senado a un genocida sin pudor como Everth Bustamante, que proteja al asesino múltiple Sigifredo López... Da lo mismo: a los uribistas no les importa que las FARC masacren gente sino que eso pueda molestar a su líder.

De hecho, en todas las cuestiones importantes los uribistas están en el mismo bando de los antiuribistas, sólo que no conciben que alguien pueda discrepar de aquello que comparten. ¿Alguna vez se pensó en cambiar la Constitución de 1991 durante los ocho años de Uribe? Al contrario, se la validó todo lo posible a pesar de los desmanes de las cortes, que perseguían al gobierno y no dejaban gobernar. Uribe fue el ponente de una ley que reforzaba la impunidad del M-19 y a veces queda la impresión de que su hostilidad hacia las FARC obedece a puros rencores personales y no a ninguna oposición ideológica (¿no es aún más antidemocrático y antiliberal el maoísmo de sus compañeros del "Centro de Pensamiento Primero Colombia" y de tantos valedores de Robledo?).

No recuerdo al PRIMER uribista que no apoye la "acción de tutela", prodigio del 91 que simplemente significa la abolición del derecho (todo queda en manos del capricho del funcionario). Tiene su lógica: ese prodigio favorece a los sectores poderosos de la sociedad, a los que estudian derecho o tienen alguna relación con los jueces o al menos con los abogados, o recursos para pagarlos, a la gente de los grupos de renta más alta (es decir, de estrato 3-6, que sumados no llegan a ser la mitad de la población). Los uribistas no aspiran a una sociedad democrática como las de Europa y Norteamérica, donde un esperpento así asquearía si supieran lo que es, sino a competir por los puestos públicos con los seguidores de otros líderes.

Eso mismo pasa con la paz, ciertamente, a la que le añaden el adorno de la no impunidad (Rafael Guarín explicó en qué consiste esa aspiración, que resulta patética en quienes llevan al Senado a uno de los que planearon la toma del Palacio de Justicia) y del cese de las acciones violentas. Lo primero es absurdo pero corresponde al mismo impulso de lo segundo, a la disposición a negociar las leyes con exigencias que a la vez serían negociables, como aceptar prostituirse con la condición de un trato respetuoso y tierno.

Si se mira más allá del hecho concreto de la agresión terrorista, hacia los motivos que la generan, la afinidad del uribismo con el antiuribismo es aún más evidente. ¿Cuál es el país que conciben? El mismo: el núcleo de la campaña de Zuluaga era la revolución educativa, centrada en la promesa de brindar cupos universitarios a todos los jóvenes. No se piensa en un país en el que haya oportunidades de empleo (que no hay porque los recursos se gastan en generarles rentas a los educadores, al precio de la parafiscalidad, del 4 por 1000 y de tributos confiscatorios a las empresas que ciertamente los uribistas no se proponen cambiar) sino en satisfacer esa aspiración típica de la mentalidad del país (que es la que genera el atraso y la miseria) de ser doctores aunque el hecho cierto es que los egresados a menudo ignoran cosas que en un país civilizado no ignora nadie que haya hecho la primaria: el modelo uribista es el mismo de Cuba, el único país del mundo que ofrece universidad a todos.

¿Cuántos egresados universitarios habría en toda Europa hacia 1900? Decenas de veces menos que en Colombia hoy, pero extrañamente las óperas tenían un público copioso y las grandes novelas se vendían por millones. Es verdad que había menos oportunidades de entretenimiento, pero el caso cierto es que en Colombia ni siquiera los titulados en literatura están en condiciones de leer una gran novela.

Antes de seguir con esa cuestión del estudio quiero cerrar el tema de la extrema afinidad de los uribistas y los antiuribistas: unos y otros creen que el camino del progreso son los cupos universitarios, idea sumamente extraña pero típica de Hispanoamérica. No están pensando en hacer crecer el PIB favoreciendo la productividad sino en gastar recursos de todos en los más ricos y en complacer al estamento clerical heredado de la sociedad colonial asegurando sus rentas (la cantidad de antiguos seminaristas que terminaron de profesores de universidad enseñando marxismo en lugar de catecismo es fascinante). El que quiera una democracia cabal debe oponerse a eso, no ampliar los cupos universitarios sino procurar que todo el que los obtenga los pague, cerrando las universidades públicas porque su único logro es el adoctrinamiento de partidarios del terrorismo y cobrando impuestos a las privadas como a cualquier otra empresa.

¿Cómo puede ser que cientos de miles de ingenieros no hayan desarrollado ninguna patente útil a la industria mundial? Si se piensa en toda Hispanoamérica podrían ser varios millones. Es porque el viejo orden social se mantiene y hay en esencia una capa de parásitos y otra de esclavos. El título universitario simplemente es un trámite que reemplaza a la condición de hidalgo de otras épocas y no se espera que vaya a ofrecer ningún resultado, sólo asegurar la categoría social de quien lo ostenta. El hecho de brindárselo a todos es un objetivo que asegura grandes recursos para los funcionarios y rentas para los enseñantes: lo que se obtenga de las materias primas que se exporten se gasta en proveerles a los de arriba rentas seguras (por expresar sus opiniones) y para llegar a eso se tiene que cumplir el trámite de aprobar unos exámenes sobre unos temas concretos. El estudiante hace ese esfuerzo y así se encuentra uno con politólogos que no tienen ni idea de historia (ni siquiera la de la primaria) o con antropólogos que nunca han leído una obra literaria: no es lo que les van a preguntar ni se espera que sus estudios tengan otra función que permitirles ser profesores.



Hay que romper ese orden. ¿Que no hay nadie interesado? Como si la penicilina no hubiera sido aceptada por nadie como remedio de la sífilis. La oposición entre uribistas y antiuribistas es una vuelta tediosa alrededor de lo mismo. Al no afectarse el orden social profundo, siempre vuelve a surgir la potente presión en aras de las rentas de los parásitos, que con el triunfo uribista serían simplemente los hijos de los uribistas, a su vez extrañamente descubridores del comunismo (como pasó con los hijos de muchísimos funcionarios y políticos "tradicionales" de las décadas anteriores).

¿Publicado en el blog País Bizarro el 22 de julio de 2014.)

sábado, octubre 11, 2014

La paz realmente existente

No es ninguna sorpresa que tras el triunfo electoral en las legislativas y en las presidenciales el régimen endurezca su política y extienda su hegemonía a extremos propios de las peores dictaduras. Tampoco que todo eso ocurra sin resistencia, pues, como expliqué en mi anterior post, la "oposición" no estaba pensando en defender una democracia amenazada sino en crear cupos universitarios para todos los jóvenes y así entrar en el primer mundo (al parecer formado por países que crearon suficientes cupos a tiempo: la ridiculez de ese discurso es tal que, en comparación, el gobierno del crimen organizado parece formado por gente seria y sensata).

Los ataques terroristas son cada vez más atroces, con hechos como el desastre ecológico del Putumayo, pero eso es sólo lo que se publica, la extensión del negocio extorsivo a todo el territorio es un hecho sobre el que no es fácil encontrar estadísticas, pero que seguramente se agravará cada vez más, como los asesinatos de críticos del gobierno y de miembros de las fuerzas armadas.

Y aun así son más graves los crímenes del poder judicial, como la increíble condena a Andrés Felipe Arias, casi sin rechazo de ninguna clase (ya no hay elecciones y los intérpretes de la angustia popular están ocupados creando su partido y preparándose para formar parte de las conversaciones de paz). Da la impresión de que Uribe encontró en Twitter el medio perfecto para llevar a varios millones de personas sus razones y la verdad es que al final la cuenta termina siendo más bien irrelevante porque no reemplaza a una organización política capaz de emprender acciones contra la tiranía.

Esa arbitrariedad increíble de condenar a un ex ministro a muchos años de prisión por hechos que no constituyen propiamente acciones dolosas y que habían sido costumbre en la institución que dirigía es sólo parte de la costumbre de interpretar la ley como les dé la gana a los responsables de aplicarla. Detrás de esa disposición está simplemente el absolutismo: el adelantado Jiménez de Quesada acataba las órdenes de la lejana autoridad pero no las cumplía, y sus herederos, titulares de una institución judicial, siguieron haciendo lo mismo. No hacía falta ninguna coherencia ni la obediencia a ninguna norma, pues no había contrapesos al poder ni el más remoto asomo de ciudadanía. Poco ha cambiado, la lógica con que opera el poder judicial es la misma.

Así ocurre la increíble anulación de la elección del procurador porque no aparece explícitamente aprobada en la Constitución: lo mismo se aplicó en otros casos para justificar lo contrario, pero ¿no ocurre lo mismo con la destitución de Petro, que excepcionalmente se anula pese a que en muchos otros casos similares se aceptó? El derecho en Colombia es una jerga ridícula con la que unos malhechores elaboran retorcidos galimatías para llegar a las conclusiones que les encargan los verdaderos jefes, los clanes familiares que detentan el poder real desde tiempos inmemoriales y que también están detrás de las bandas terroristas.

Después de imponer el perverso Marco Jurídico para la Paz, impulsado por el uribista senador Juan Lozano, el gobierno promueve un cambio del texto aprobado para permitir que personas condenadas por crímenes de lesa humanidad lleguen a ser representantes políticos (como si hiciera falta y fuera a haber condenas, siendo el poder judicial una parte de la conjura terrorista y sus capitostes genocidas con la misma responsabilidad del Secretariado de las FARC). Sencillamente es el triunfo total del terrorismo. Semejante monstruosidad no llama la atención de ningún personaje de la supuesta oposición sino de alguien tan próximo a las FARC como la decana y columnista Natalia Springer.

Es sólo el comienzo, ni siquiera se ha posesionado el nuevo legislativo y todo parece anunciar que pese a la actitud sonriente y amistosa del uribismo habrá procesamiento del ex presidente en caso de que tome posesión del cargo de senador. Claro que la intimidación y el exterminio de los sectores militares que aún pretenden resistir al triunfo terrorista aumentará, así como las acciones persuasivas (léase masacres) que permitirán un triunfo clamoroso en el referendo que traerá el dominio total de las FARC.

Nadie debe sorprenderse: nunca hubo verdadera resistencia a la Constitución de 1991 ni a la acción de tutela, que es simplemente la confirmación de ese orden absolutista (es decir, la no sujeción de la autoridad a ninguna ley). Tampoco ha habido nadie que se haya enterado de que Uribe negaba hacer oposición a Santos hasta 2013, de que las diferencias fueron desconocidas para la mayoría que no lee periódicos durante la mayor parte del primer gobierno de Santos, de que todos los líderes del uribismo aplaudieron el comienzo de las negociaciones de La Habana, de que NUNCA han denunciado la persecución (cuando encarcelaron a Ramos TODOS los demás precandidatos afirmaron que demostraría su inocencia ante la justicia) y de que nadie le ha contestado a Rafael Guarín, que exige la presencia del uribismo en la mesa de negociación para que pueda haber impunidad.

Esa oposición es en realidad un ingrediente necesario del régimen: unos enemigos inofensivos y confusos que permiten dar la apariencia de democracia. Para denunciar el régimen como la tiranía del crimen hace falta otra cosa, un grupo de personas que entiendan que no hay democracia desde 1991 y que el único camino viable ahora para impedir un régimen genocida es denunciar a las bandas terroristas, al Partido Comunista y al régimen cubano como reos de delitos de lesa humanidad. El Centro Democrático está en el mismo lado del gobierno, prometiendo una "Colombia distinta" a partir de los cupos universitarios y forcejeando por nombramientos (la senadora electa Paloma Valencia proponía al maoísta ortodoxo Jorge Enrique Robledo como candidato a presidente del Senado).

El uribismo ya encauzó el rechazo ciudadano al Caguán hasta llevar a la presidencia de Santos, después impidió cualquier oposición clara y seguirá estorbando esa tarea. Pero nadie se dará cuenta. Esa indolencia, ese servilismo y esa estrechez de miras terminan siendo todo lo que ocurre, como cuando hay una epidemia de un mal curable lo único que cuenta es la llegada de los servicios médicos.

(Purblicado en el blog País Bizarro el 16 de julio de 2014.)