sábado, enero 12, 2013

Apartheid

La comparación entre Colombia y Sudáfrica ha aparecido varias veces en los medios. Primero en un artículo de la líder terrorista Natalia Springer y después en la carta de Desmond Tutu. En esa versión, las FARC vendrían a ser como el correlato local del Congreso Nacional Africano, cosa que escandaliza a muchos que, como Eduardo Mackenzie, las ven como una minoría aislada que amenaza a una democracia poco menos que ejemplar.

Y no obstante la comparación es muy apropiada. Se trata de territorios remotos respecto de las metrópolis europeas conquistados por gente de ese continente que sometieron a los nativos a condiciones próximas a la esclavitud. Tras siglos de situación colonial, los descendientes de los conquistadores crean un nuevo Estado pero mantienen la dominación sobre la mayoría de la población y tienen a su servicio la máquina estatal que les permite conservar la hegemonía sobre las rentas.

Es decir, salvo algunos matices ocurre lo mismo. El principal matiz es el nivel moral e intelectual de los descendientes de los holandeses y británicos que se asentaron allí comparado con el de los españoles que conquistaron a Colombia, otro es la facilidad de la exclusión por la ausencia de mestizaje. Otro no menos importante, la información que se tenía en el resto del mundo sobre la naturaleza del régimen.

El régimen de exclusión se superó en Sudáfrica imponiendo la democracia, el derecho de todos los ciudadanos a elegir a los gobernantes y la igualdad ante la ley. En Colombia es exactamente lo que los comunistas quieren abolir, y han abolido gracias al embeleso de las mayorías con un caudillo que sólo está pendiente de defender su gobierno y su buena imagen, y que le abrió el camino al Atila que destruye la democracia.

Se equivoca fatalmente el señor Mackenzie. Lo que las FARC representan es la resistencia de los criollos ante la democracia. De ahí que todos los sectores sociales privilegiados y parasitarios sean entusiastas de la "paz" consistente en premiar sus crímenes. El régimen de Apartheid tradicional no se superará con la negociación sino que se reforzará, como ocurrió en 1991 con la multiplicación del gasto público, la concentración del poder en la autoridad judicial (no elegida), la "acción de tutela", el delito político y demás disposiciones incompatibles con el sistema democrático. El bando de las FARC es el de los "blancos" dueños de todo, pero la lealtad que ese viejo orden despierta es tan grande que nadie quiere verlo.

(Publicado en el blog País Bizarro el 29 de septiembre de 2012.)

lunes, enero 07, 2013

Cuidado con Mambrú



Experiencias compartidas
Jorge Luis Borges contaba que había hecho amistad con un monje zen, con el que hablaba de muchas cosas. Ese monje había experimentado la iluminación, pero le dijo a Borges que de eso no podría hablar con él. Con otro monje que también la había experimentado, podía hablar, pero con Borges no. Y Borges concluye que sólo podemos hablar con otras personas si tenemos con ellas experiencias compartidas. Es un problema que siempre tengo con los colombianos, muy pocos podrían saber lo que es estar más de diez años sin oír hablar nunca a un político colombiano ni leer un periódico colombiano y de repente re-conocer esos prodigios. La sensación es estremecedora, es muy estúpido suponer que hay guerrillas secuestrando o bandas mafiosas terribles como algo ajeno a la sociedad cuando la mayoría de esos colombianos a los que los demás eligen como sus representantes, y no hay excusa porque no han ganado otros las curules, son unos canallas desvergonzados y todo lo que dicen es mentira y en cuanto abren la boca es evidente que sólo están pensando en sus componendas y negocios, y hablando del interés común parecen una banda de presidiarios disfrazados de hermanitas de la caridad. Lo primero que hay que saber es que eso no ocurre en un país europeo, pero es algo que todos los colombianos niegan: se vuelve incomunicable, no hay experiencias compartidas. Creo recordar que Borges ponía el ejemplo de una naranja: prueben a explicarle el sabor de una fruta a alguien que la desconoce. Eso es oír a un político o periodista colombiano cuando se ha vivido inmerso en otro ambiente.

Orgía de paz
La ocurrencia de Santos de abrir un proceso negociador con las FARC despertó el entusiasmo de los políticos habituales, de los periodistas, de los altos funcionarios de todo tipo... Parece que ante la emergencia de unos nuevos poderosos, capaces de disponer de miles de millones de dólares, la misma clase de personas que le batían la cola a Pablo Escobar se apresuran a levantar la cabeza para que los vean y la chusma asiste expectante a ver por dónde sale algún contacto, alguna palanca, alguna vieja credencial de revolucionarios, algún pariente comunista... que permita sacar partido de la nueva situación. La profunda degradación que todo eso comporta, la evidencia de que se trata de verdaderos criminales, no sólo los jefes terroristas sino las inagotables cohortes de lambones que se preparan para servirles, es algo incomunicable para los colombianos, que hasta ahora ni siquiera en las redes sociales muestran un descontento significativo. Verdaderamente esos canallas los representan, pero no lo pueden entender porque creen que el mundo fue creado lleno de armonía y vino algún consentido rebelde a echarlo todo a perder. Es decir, cuando no se entusiasman con Pablo Escobar, y todavía hay muchísimos que expresan su admiración por el finado, siempre son impotentes para resistir a los que sirven a poderes criminales. La "paz" de Santos es la expresión de ese aspecto profundo de los colombianos, no porque la apoyen todos, ni mucho menos, sino porque prácticamente ninguno hará nada para resistir a los malhechores que la promueven.

Leche negra del alba
Lo que ha significado el santismo es sólo eso, el ascenso y legitimación de los terroristas al precio de un ruido incesante que acalla toda resistencia y se hace tragar al consumidor de medios de comunicación. Es imposible no recordar, al pensar en esa orgía de propaganda de los criminales, los estremecedores versos de Paul Celan sobre los campos de concentración:
Leche negra del alba, la bebemos a la tarde
la bebemos al mediodía y a la mañana,
la bebemos a la noche,
bebemos y bebemos
[...] 
Es la descripción precisa de eso que aturde en la propaganda obsesiva de los medios para convertir a los asesinos, mutiladores y secuestradores en agentes políticos legítimos toda vez que ahora conviene a las camarillas de dueños de los medios y a sus inagotables cohortes de lambones, cosa que tampoco se ve en ningún país civilizado, y que ciertamente los colombianos siempre negarán.

Un sencillo ejemplo
En un programa de televisión invitaron a tres senadores y a un periodista a un coloquio de más de una hora sobre la "paz", y lo que más me impresiona es la idea de que alguien haya visto todo el coloquio. ¿Cómo se puede soportar tanta mentira y tanta desfachatez criminal? Yo sólo he visto tres minutos y tengo ganas de pedir auxilio: es algo incomunicable. Sólo las personas de un país en el que uno de cada mil habitantes ha sido secuestrado pueden ser tan ajenas a la noción de verdad que ven eso durante una hora y no vomitan. Vamos a fijarnos en lo que dicen en esos tres minutos.




Tras el moderador habla Herbin Hoyos, un angelito al que las FARC siempre intentaban matar con tan mala suerte, o tan buena, que siempre se les escapaba hasta que consiguió vivir en el exterior a costa de los colombianos manteniendo el contacto de los secuestrados con sus familiares, que son los únicos que pueden devolverles la libertad. Espero que me entiendan, pero la verdad es que en Twitter se conoce mucha gente y es evidente que no me entenderán. Quiero decir que el angelino colabora con los terroristas y su programa es un medio sutil de cobrar los secuestros. La entrevista que le hizo a alias el Cabezón dentro de la infame campaña pagada por los terroristas para dejar impune a Sigifredo López deja ver quién es, pero estos minutos de tierna reflexión son también muy elocuentes.
A Juan Manuel Santos lo llevó a la presidencia el trampolín de la seguridad democrática, o sea,  a Juan Manuel Santos lo elige el país pensando en que iba a continuar esa misma política de Uribe. Cambia las reglas de juego, pero dentro de la estrategia que maneja Juan Manuel Santos, esto le está funcionando. Hasta el momento esto le está funcionando. Es una estrategia, yo no lo veo como otra cosa más que un juego estratégico y como lo dice el senador Velasco, está haciendo una apuesta inteligente que le va a dar un resultado, por sí o por no, le va a dar un resultado que no le está costando lo que nos costó el Caguán en su momento. Pero ¿qué es importante de entender? Yo insisto, ¿estamos preparados nosotros, como sociedad? Ellos no tienen nada, es que la guerrilla, los que son narcotraficantes, los que tienen el poder del narcotráfico son los comandantes, la base; de los nueve mil quinientos, ochocientos tienen poder económico, los otros tienen el plato que se comen cada día, no tienen más... 
[En ese momento dice el senador Juan Fernando Velasco] "A ellos también les conviene la paz". 

[Y sigue Herbin Hoyos]: Claro, ésos son los que más les conviene. Déjeme yo termino una cosa. Sobre todo, entender que vendrá a partir de este proceso de paz también un proceso de establecimiento de verdad. La parapolítica nos dejó un ejemplo. Entonces viene la parapolítica... tema de víctimas, tema de verdad...
¿Ven que es complicado? Conviene oírlo muchas veces y más bien leerlo ya que está transcrito, porque todo lo que importa se va dando como sobreentendido y como noticia divertida y en horas y horas de propaganda no hay quien quiera pensar en lo que realmente le están diciendo.

De modo que Santos sube por la seguridad democrática pero después cambia las reglas de juego. ¿Eso es posible en una democracia? ¿Qué es democracia? Es incomunicable, como ya expliqué. La democracia representativa se basa en el hecho de que los políticos van a aplicar lo que le dicen a la gente, si no lo hacen, no hay democracia. Pero para Herbin Hoyos, no importa, pasa por encima de eso, porque le está yendo muy bien. Y tiene razón, a Herbin Hoyos también le está yendo muy bien. Supongamos que la extorsión a las FARC les dejara en 2009 mil millones de dólares, se puede apostar a que ahora les deja cinco veces más. ¿A cuántos militares y policías mataron en la primera mitad de 2009? En la de 2012, muchas veces más. Herbin Hoyos sin duda ya estará asegurándose un patrimonio. A Santos le está yendo muy bien.

¿Cómo se puede comparar un proceso como el Caguán que duró casi cuatro años con algo que lleva oficialmente unas semanas? Con toda certeza, el  hecho de aliarse con los terroristas derrotados no era la situación en 1998, conducirá a muchísimas más muertes y a muchísima más opresión que el Caguán, pero un rentista del secuestro como este "periodista" no vacila en comparar una cosa con otra porque su público no se escandaliza. Todos los días me encuentro en Twitter con gente que cree que los corruptos y los terroristas son ajenos a Colombia, pero son los que expresan al país. Las cuentas con que salen a matar gente para hacer justicia corresponden a la mala fe que observa casi cada colombiano respecto de todo. Aquí hay un ejemplo.

El típico lenguaje manipulador, la gente sencilla se echa para atrás ante palabras que suenan al acervo de los de arriba. Claro que lo de Santos es una estrategia, pero es una estrategia criminal. También es muy inteligente, pero nadie piensa que los criminales son necesariamente tontos.

El cuento de los guerrilleros que no tienen nada ni manejan negocios es otra mentira, con la que introducen la burda falacia de la paz. Claro que los peones de la industria de la muerte quisieran no estar expuestos a sufrir heridas, prisión o muerte, pero ¿quién ha dicho que la componenda de Santos con  los jefes va a traerles paz? Por el contrario, tienen muchísimo más trabajo que antes matando gente, sembrando minas, extorsionando y reclutando niños. La paz que necesita esa gente es la desmovilización, con una disposición de la sociedad a ser generosa y perdonar, sobre todo porque los grandes responsables son parientes de Santos.

Perdón por recordar lo de las experiencias compartidas. Los colombiano no lo entienden. Siempre está uno como explicando el sabor de una fruta desconocida. ¿Nadie ve que Santos se alía con los jefes terroristas para arreglar el país con ellos y este "periodista" dice que ellos son los que tienen dinero pero que los otros pobres apenas tienen para comer? Pues a los criminales debería combatirlos y a los humildes desmovilizarlos. Es decir, el pretexto es otra mentira, otra de tantas. Como los jefes terroristas son ricos por la cocaína, se los premia y de repente eso resulta beneficioso para los que sólo tienen la comida del día siguiente. Ni hablar del afán de inflar el volumen de la tropa, es otro encargo que cumple el angelino.

Pero creo que hace falta un sentido mínimo de rectitud para entenderlo.

¿Qué tal lo de la parapolítica? Se trata de las burdas promesas de los propagandistas, que es lo que se experimenta hoy en día y es irresistible por parte de los profesionales de la figuración. ¿Cuánto invierten Santos y Chávez en esa propaganda? La parapolítica fue una persecución política emprendida por la CSJ y los socios del terrorismo en el poder judicial por mucho que entre los caídos haya verdaderos socios de actividades criminales de las AUC. No los persiguen por eso porque sobre el propio Juan Manuel Santos hay más pruebas de relación con las AUC que sobre muchos de los presos. ¿Alguien cree que ese poder judicial que es parte de la trama terrorista va a empezar a buscar la verdad sobre los cientos de miles de crímenes de las FARC? Como si fueran idiotas para negociar cuando el gobierno los necesita para formar mayorías y de hecho ya son los amos del poder judicial. ¿O alguien ha oído hablar del asesinato de José Raquel Mercado o Gloria Lara o el interés que pueda haber por esclarecerlos?

Ese personaje da asco. Mucho más que los secuestradores y asesinos porque de todos modos es responsable de sus crímenes pero además los favorece con las mentiras más descaradas.

Pero el senador Velasco le gana. Vaya por delante que a ese noble corazón pacifista le hicieron un montaje como el de Sigifredo López y la misma Corte Suprema de Justicia lo encarceló por parapolítica en 2008. Copio de la Wikipedia:
Velasco se entregó a las autoridades el 31 de marzo de 2008 después de que la Corte Suprema de Justicia dictara medida de aseguramiento en su contra por el delito de cohecho en favor de las Autodefensas Unidas de Colombia, también se le investiga por supuestos vínculos con las FARC.
Claro que debemos recordar la presunción de inocencia, lo que pasa es que lo que dice es TAN perverso, tan asqueroso, tan colombiano, que el hecho de tener contactos con las AUC y con las FARC no resulta mucho peor. Sobre lo que uno no sabe observa la presunción de inocencia, sobre lo que sabe, sobre lo que ve... Es más difícil.
Mire, aquí hay dos visiones del mundo, la visión que he llamado la visión de Mambrú. Que Mambrú, Mambrú se fue a la guerra, qué dolor, y sólo piensa en la guerra y la guerra y la guerra... Y la guerra ¿para qué? Uno no va a la guerra simplemente por la guerra, uno va a la guerra para darle seguridad a los ciudadanos, para encontrar la paz, pero si simplemente sale con esa respuesta de que toda la respuesta tiene que ser como Mambrú, Mambrú se va a la guerra, y está la visión de Santos que dice "tengo una visión integral y yo he combatido pero buscando la paz, y si tengo la posibilidad de buscar esa paz o de encontrar esa paz en una salida negociada lo hago", es que es una obligación de presidente, es una obligación de ser humano...
Perdón, otra vez ese problema de incomunicabilidad. Figúrense cualquier otro país, sobre todo un país tranquilo. Siempre puede haber quien robe o mate o secuestre o extorsione. Las autoridades salen a capturarlo para aplicar la ley. ¡Ésa es la visión de Mambrú! El hombre no tiene ningún problema en decir eso en la televisión porque a nadie se le ocurre que a los colombianos se les deba mostrar respeto. ¿Cómo tiene  uno forma de encontrar la paz con quienes han asesinado a cientos de miles de personas y siguen haciéndolo? ¿Cuál paz? En ninguna parte es concebible siquiera la idea de hacer la paz con los delincuentes. La idea de la paz con los delincuentes es la abolición de la ley y no existe ningún país que la conciba aparte de Colombia. Pero el hombre no vacila en proclamar que es una obligación de presidente, de ser humano...

Casualmente el senador es del mismo grupo de Ernesto Samper, Piedad Córdoba, Sigifredo López, Martha Catalina Daniels y un largo etcétera de benefactores de la humanidad que ahora aportan la paz a los colombianos porque es una obligación de ser humanos. ¿Cómo hay que decir que es imposible comunicarse con los colombianos? Esa máscara idiota de convertir la persecución del crimen en "guerra" que se soluciona con la "paz" es la retórica de la prensa desde hace varias décadas, pero ¡el problema de la mala fe es que desorienta a tal punto que el mentiroso termina siendo víctima de engaño! De tan vivos que son, los colombianos no se detienen a evaluar el sentido de las palabras y "compran" un absurdo criminal como ése, que proclama un criminal con el claro interés de favorecer el crimen. ¿Qué viene a ser tener negocios con las AUC o con las FARC frente a la disposición a mentir de ese modo? El señor Velasco es hijo de un congresista y a lo mejor en muchas generaciones han vivido de esa clase de gracietas. Es algo típico de Colombia el desprecio de los de arriba a la gente, el desprecio del criollo a los indios y mestizos a los que esclavizaba. Tanto las guerrillas como las mentiras de estos canallas son parte de ese desprecio, pero los colombianos sólo aspiran a estar entre los despreciadores.

Me ahorro, y sobre todo le ahorro al lector, cualquier comentario sobre el genial análisis de Alejandra Moreno Piraquive, muestra del poder de los sobornos de Santos y de la altura de MIRAS de la dama. Pero el líder cívico que organiza una manifestación el 8 de octubre vuelve a intervenir:
La guerra es una proyección de la política y como entendiendo que la guerra es una proyección de la política, cuando se llega a la guerra es porque se falla en la acción política. Si entendimos ya que fallamos en la guerra porque no pudimos modificar la política pues volvemos a la política para cambiar la guerra, y estamos en esa fase, y a esa fase es a la que hay que apostarle. Lo que sí es importante entender nosotros como sociedad, que a partir de ahora va a venir más sangre, que muchos podemos, hasta nosotros mismos podemos ser las víctimas de esa sangre, que hay que apostarle para llegar a ese proceso de paz, yo aquí estaba respondiendo un mensaje de una familia de un secuestrado que dice "No importa lo que se haga, nosotros somos víctimas y estamos dispuestos a poner ya nuestras víctimas como parte de esa cuota, hay que preguntarnos...
En el aserto "la guerra es una proyección de la política" se van legitimando las FARC porque ¿de modo que si un grupo de criminales financiados con dinero soviético intentan fundar zonas de control territorial propio ajeno a las leyes colombianas, los demás ciudadanos o la política son responsables de eso? No, lo que llaman "guerra" sólo es CRIMEN, y no es el resultado de nada que ocurra en la política de lo que los ciudadanos sean responsables sino una agresión de unos criminales, que no tienen ninguna legitimidad. Las acciones de esos asesinos no son proyección de la política, eso es jerga engañosa para legitimar a los terroristas.

Pero ciertamente lo más sabroso es el anuncio de que vienen más muertos y nadie debe molestarse. Lo he copiado para que el que dude lo vuelva a leer y lo intente entender. No tengo ninguna esperanza, porque harían falta colombianos de buena fe, que es como un papelito que vi en una cartelera en Bogotá: "Costeño trabajador busca pereirana virgen". ¿Se dan cuenta de que si los matan a ustedes, a sus hijos, deben tomárselo con calma porque al final viene la paz. No, no se dan cuenta, son colombianos, a lo mejor son uribistas y acompañarán a Herbin Hoyos, que es el que organiza una marcha de las víctimas el 8 de octubre.

Cuando el moderador se despide todavía llega el senador Velasco con una última diatriba:
Y recuerde, la guerra es el fracaso de la política y yo no quiero ser parte de una generación de fracasados que no fueron capaces de hacer la paz.
INCOMUNICABLE. ¿Cuántas mentiras hay en esa coda del prócer? Guerra: toda la vida de las sociedades humanas es "guerra" para imponer las leyes. En todos los países el gobierno promete hacer la guerra al crimen. Sólo en Colombia se proponen aliarse con los criminales. Bueno, ya les he dicho qué clase de humanista es este senador. Si a alguien se le ocurre salir a matar gente para tomar el poder político, no será culpa de nadie más. Sólo que a veces consigue suficiente dinero con sus crímenes y puede comprarlos a todos, y servir de modelo a una sociedad tan inmoral, tan ciega a la razón que no es propiamente humana.

(Publicado en el blog País Bizarro el 27 de septiembre de 2012.)

jueves, enero 03, 2013

Tiempo de paz


La componenda de Santos con las FARC avanza en tres frentes: uno es el de la expansión terrorista propiamente dicha, con más extorsión cada vez, con más control territorial de las FARC y más retroceso de la fuerza pública. Otro es la persecución criminal contra todo el que pueda incomodar a los socios que hacen la "paz", como la reciente campaña de intimidación y censura contra José Obdulio Gaviria por una licencia literaria que si bien es una ligereza retrata con acierto el ambiente que tiene que darse entre los Jaramillo que negocian, cuyos enemigos no son los que siguen extorsionando, reclutando niños, sembrando minas y matando gente, sino los que no quieren dejarse gobernar por ellos, o la aún más sucia campaña de calumnias contra el excomisionado Luis Carlos Restrepo, basadas en dedicar los recursos públicos de los bogotanos para que un colaborador de las FARC como Holman Morris lleve a un asesino que tiene poco que perder y mucho que ganar divulgando absurdidades que sólo pueden creer los partidarios de las FARC pero que confunden a mucha gente que cree lo que sale en la televisión, y tratándose de Colombia, que atribuye cualquier intención criminal a cualquiera que pueda despertar envidia.

El otro frente, en apariencia inofensivo pero aún más perverso, es la propaganda pacifista, dedicada a legitimar a las FARC y a deslegitimar cualquier resistencia a su avance. ¿Qué puede significar "reconciliación"? ¿Las personas mutiladas por las minas, que se cuentan por miles, van a abrazarse con los intelectuales de la Universidad Nacional que encargaron sembrarlas? ¿Se han dedicado los colombianos a agredir a los comunistas y ahora deben pedirles perdón, como pretenden los terroristas? ¿Qué tiempo de paz es uno en el que los asesinatos siguen igual y sencillamente los asesinos obtienen poder para perseguir a quienes les incomodan y para lavar las decenas de miles de millones de dólares que han obtenido extorsionando a los colombianos, con muchísima frecuencia recurriendo al secuestro, y traficando con cocaína?

Todos los estudiosos del totalitarismo coinciden en que su rasgo principal es la corrupción del lenguaje. Lo que se está consumando en Cuba no es la paz sino un atraco, y la máquina de propaganda sólo corresponde a la extracción de la billetera, gesto que acompaña a la caricia del filo del puñal en el cuello. El hecho de que semejante monstruosidad no tenga ninguna respuesta es sólo muestra de la condición servil de los colombianos.

El divertido consumo de esa droga, la adormidera que los idiotiza pensando que olvidando a las víctimas, no sólo a las pasadas y presentes sino a las futuras obtienen comodidad, es algo que los colombianos pagarán carísimo. Y francamente no vale la pena compadecerlos. Se lo han buscado. En más de dos años de complicidad del gobierno con los terroristas no han sido capaces de mostrar la menor resistencia.

(Publicado en el blog País Bizarro el 22 de septiembre de 2012.)

domingo, diciembre 30, 2012

Las guerras del aborto

La cosa más importante que ocurre en Colombia tiene que ver con la conciencia de los colombianos. En realidad, la orgía de crímenes y la ausencia de instituciones creíbles y respetables es sólo el resultado de la clase de cosas que piensan y dicen los colombianos. El mismo hecho de que nadie se pregunte cómo es que ocurren tantos prodigios que en el resto del mundo serían insoportables ya dice mucho sobre esa realidad.

Desde que Santos llegó al poder empezó a preparar el terreno, como lo he señalado muchas veces, para imponer un régimen chavista sustentado en el apoyo de los terroristas y sus clientelas. Con ese fin ha ido copando todo el Estado, nombrando a personas de condiciones morales como las de los fiscales Morales y Montealegre. El único funcionario que se mostraba leal al DERECHO, el procurador, ha sufrido recientemente una campaña de acoso basada en el PRETEXTO de sus creencias religiosas.

La desgracia es que ¡nadie lo defiende porque crea en el derecho! A los partidarios del procurador no los asusta ser esclavos de los terroristas ni tener cada semana decenas de personas asesinadas, sino que el peligro consiste en que la legislación se parezca a la que impera en todo el mundo. No les importa tanto el asesinato ni el poder terrorista, cuanto la amenaza del mundo moderno.

En otras partes se pensaría en aunar apoyos para oponerse al avance de unos criminales, en Colombia sólo se acordaron de contener a los terroristas aplaudiendo a Castaño. Esa misma clase de personas explotan toda clase de efectos gore y de falacias para mantener el espíritu de intolerancia que precisamente les sirve a los socios del terrorismo para presentar sus avances como progreso.

Se podrían decir muchas cosas de la "moda" de defender el aborto, lo cierto es que el fanatismo religioso y el afán de encarcelar a las que abortan no resuelven nada sino que ponen en peligro la vida de las madres. No es nada raro que los mismos cavernícolas se opongan también al uso de anticonceptivos.

(Publicado en el blog País Bizarro el 20 de septiembre de 2012.)

martes, diciembre 25, 2012

La sociedad infiltrada

La reciente campaña de acoso al procurador Ordóñez es evidentemente promovida por Santos, lo que se demuestra en el entusiasmo de los medios por hacerse eco de la bulla que la militancia totalitaria consigue introducir en las redes sociales, y las inclinaciones religiosas del funcionario son sólo un pretexto para justificar que se quiere en el cargo a alguien dócil a todas las atrocidades jurídicas que comportará la componenda de Santos con los terroristas, además de castigar a quien destituyó a Piedad Córdoba, denunció el montaje con que encarcelaron a Plazas Vega y pidió ampliar la investigación del caso de Sigifredo López.

Pero no se debe creer que esa manipulación es clara para todos los que ayudan a acosar a Ordóñez: son muchísimos los que se aferran a una especie de ensueño, según el cual viven en un país tranquilo amenazado por ultramontanos que quieren imponer sus creencias a todo el mundo, y a partir de esa curiosa suposición se suman a un bando "progresista" que no ve nada perverso ni criminal en los más descarados propagandistas del terrorismo (lo cual ocurre por los bajísimos índices de lectura del país) y que "compra" frívolamente la leyenda de que hay una "guerra" que se resolverá cuando ambas partes se sienten a negociar, con lo que salir a masacrar gente resulta equivalente a salir a protegerla. El ingenio de los empresarios de la muerte es burdo, pero corresponde al nivel de exigencia intelectual y moral del público que lo consume.

Durante años he sentido verdadera fascinación por esa curiosa distracción de los colombianos. No hay día en que no sean asesinadas varias personas por los terroristas, pero a muy poca gente le parece que eso deja ver una sociedad enferma: parece una infiltración de una realidad ajena, tal como la inmensa mayoría de la gente cree que hay infiltración guerrillera en las universidades. El joven urbano de clase media, completamente ignorante de la nula productividad del país y aun de su propio parasitismo, siente que es lícita su adhesión al bando de los enemigos del procurador, que cuando son figuras públicas a duras penas pueden ocultar su relación con las bandas terroristas y sus negocios.

Es algo general, durante años he llamado "injerencia selenita" a esa idea de que las FARC son algo ajeno a la sociedad, como mucho algo relacionado con ciertos ambientes rurales o con viejos conflictos agrarios. Y no se debe pensar que son sólo los jóvenes lectores de la prensa oficial, imbuidos de una rebeldía tan ridícula que a la vez es servilismo con los poderosos, ¡ya que en esa concepción los poderosos dejan de ser los señores de los grandes grupos económicos y pasan a ser oscuros terratenientes de regiones tórridas y remotas! Esa idea es muy general y convendría que se empezara a plantear cuál es el sentido real de la violencia terrorista y su origen. Por ejemplo, un observador como Eduardo Mackenzie escribe sobre la negociación de Santos con las FARC:
Quienes firmaron ese papel parecen ignorar que los colombianos, gracias a la democracia, están en paz con ellos mismos y que sólo una facción subversiva absolutamente minoritaria, que trata de demoler esa democracia, se opone a esa paz desde hace 50 o más años. Esa facción armada se ha auto excluido del pacto social. Ese documento acepta de entrada hacerle concesiones de principio enormes a ese grupo. Es la civilización capitulando ante la barbarie.
De donde se infiere que la sociedad colombiana es democrática y civilizada y las FARC no tienen más apoyos que los de algunos cientos de personas a las que sobornan. Desde mi punto de vista esa visión es inaceptable. Las FARC son la fuerza de choque de una facción importante de la sociedad y esa facción impuso sus condiciones en 1991. De otro modo sería inconcebible que toda la prensa esté siempre a favor del premio a los terroristas, y que el poder judicial colabore con ellos de forma desvergonzada (hoy mismo aparece la noticia de que había funcionarios judiciales en una fiesta en la que se celebraba el cumpleaños de Ricardo Palmera).

Por minoritario que resulte quien vea a la sociedad colombiana de otra manera, es necesario cuestionar profundamente la visión que expone Mackenzie en esas frases. No hay una diferencia tan grande entre cometer asesinatos y creer que se deben premiar. Cuando se piensa en los grupos sociales que hacen presión por la negociación siempre resultan ser la etnia dominante de la sociedad tradicional, minoritaria en número de individuos pero hegemónica en poder político y económico.

De tal modo, el conflicto armado no puede entenderse como la ocurrencia de unos cuantos psicópatas ni como un remanente de la Guerra Fría, ni menos (como pretenden los habituales partidarios de premiar a las bandas terroristas) como el efecto de la prohibición de los psicotrópicos, sino como la resistencia de las castas tradicionales al mundo moderno. La negociación que buscan las FARC corresponde a la concentración de la riqueza en manos del Estado, al que dominan los descendientes de los criollos, que a su vez son la "izquierda", que comparte esas reivindicaciones. Uno de los errores más espantosos que uno ve día a día es la asimilación literal de la retórica comunista de esa izquierda como si nadie pudiera entender que la Constitución del 91 tuvo el efecto inmediato de aumentar la desigualdad gracias a que los empleados estatales multiplicaron de muchas maneras sus rentas.

Mientras no se entienda que el M-19 sólo es distinto de las FARC en la tarea específica que lleva a cabo ahora y en absoluto en sus propósitos, se estarán dando palos de ciego. La "izquierda" surgida en las universidades en los años sesenta y setenta accedió al poder en 1991 y la actividad de las FARC y el ELN sólo ha podido persistir gracias a que sus aliados dentro del Estado se lo permiten, como se ha visto con la persecución a los militares y a los políticos hostiles. Muy lejos de lo que dice Mackenzie, las FARC representan un orden de dominación al que es imposible superar mientras no se entienda lo que es. La sociedad colombiana no es democrática, y menos desde 1991, cuando la retórica socialista sirvió de pretexto a la expansión del gasto público en favor de la casta de los dueños del Estado, y disposiciones como la "acción de tutela" abolieron las leyes y contratos en favor de la discrecionalidad de los funcionarios.

Es triste descubrir que un autor que cuenta con el respeto de mucha gente parece creer seriamente que los mandamases de la prensa y el gobierno de Santos cometen un error de apreciación acerca de las guerrillas y no son sus promotores, como si no leyera columnas de opinión o como si tomara literalmente la retórica de sus autores. ¿Habrá que contarle la historia de Alternativa y del papel del hermano mayor de Santos en la promoción de las guerrillas comunistas?

La discusión sobre el fondo del conflicto armado sólo cuenta con los argumentos de los que aspiran a ascender sobre la mediocre burocracia de los partidos tradicionales gracias al terrorismo. La  incuria generalizada les permite imponer su versión y la sociedad resulta indefensa ante las monstruosidades que negociará el gobierno, actualmente asociado con los terroristas. ¿Habrá algún día un interés genuino por entenderlo?

jueves, diciembre 20, 2012

Adiós al uribismo


Todos los intentos de explicar que la oposición al cogobierno terrorista y al régimen que implantará en Colombia debe surgir de una visión distinta de la política encuentran oídos sordos. Los pocos que podrían encontrar algún reproche que hacerle al expresidente lo callan ante la abrumadora sensación de soledad que experimentan. Y no obstante, es la hora en que, tras dos largos años de persecuciones, alianza con terroristas y multiplicación de los peores vicios de la política tradicional el gobierno de Santos carece de oposición mínimamente articulada o siquiera de una crítica coherente que sirviera de base a esa oposición. El nuevo país chavista avanza sin verse afectado en lo más mínimo por el lloriqueo y la nostalgia de los seguidores de Uribe.

Pero ¿cómo llegaron Santos y el actual legislativo al poder?
Todas las protestas de los uribistas dos años después de la bomba de Caracol, que Benedetti y el mismo Santos atribuyeron veladamente a Uribe, consisten en registrar la perversidad del gobierno, de la prensa, de los funcionarios judiciales o de los terroristas. El ascenso de ese presidente y esos miembros del poder legislativo parece una decisión caprichosa de la Providencia. Queda la impresión de que nadie quiere ni puede darse cuenta de que fueron elegidos por consejo de Uribe, que algo los conocería para darles cargos tan importantes y promover sus candidaturas. ¿Cómo se dio esa componenda? Claro, porque en 2006 era necesario reelegir a Uribe. ¿Por qué? Porque a nadie se le ocurrió que debería haber un partido que se opusiera a los gobiernos que en las décadas anteriores se aliaron con los terroristas. Los políticos del Partido de la U fueron aquellos provenientes del "liberalismo" que se aliaron con Pastrana y apoyaron el Caguán. Santos había sido el primero en proponer un despeje y aun había sido ministro de Pastrana.

Viejos hábitos
Es decir, la determinación de combatir a los terroristas en el primer gobierno de Uribe generó por una parte un amplio apoyo popular al presidente y por la otra una notable recuperación económica. ¿No debería haberse pensado en un partido que representara ese rechazo a la claudicación ante el terrorismo, que por entonces era mayoritario? Cuando le preguntaron eso a Uribe, contestó que él no iba a hacerle eso al liberalismo. Cuando se formó el pseudo partido de la "Unidad Nacional", sencillamente, a la vieja usanza, se formó una alianza con los mismos de siempre, encargada a un eterno aspirante presidencial que pidió a cambio un ministerio de primer nivel. El precio de la primera reelección fue la renuncia al reformismo a cambio de las componendas con las peores castas de la vieja política. Bueno, no sólo al reformismo sino también al TLC, que se dificultó y en últimas se pospuso para que el candidato no tuviera que hacer frente a la hostilidad de los gremios. Esa renuncia al reformismo también significó someterse a la tiranía de las altas cortes, a las que un partido democrático habría hecho frente con la convocatoria de una Asamblea Constituyente.

Mayoría acomodaticia
La inmensa mayoría de los políticos y funcionarios de cierto rango que promovieron la segunda reelección de Uribe están hoy apoyando el cogobierno de Santos con las FARC. Es algo explicable porque su entusiasmo por la presidencia vitalicia de Uribe era sólo apego al cargo, que ahora está más seguro y es más rentable con Santos. Más allá de su violación de la ley y de su inconveniencia general, el intento de reelegir por segunda vez a Uribe fue una jugada estúpida, ya que a Santos y a la mafia de la que procede no le costó nada presionar a la Corte Constitucional e impedirla. De ese modo, sin que la opinión abandonara la fe en su líder, el gobierno resultó siendo de signo contrario. Y lo fascinante es que a los uribistas no les parece que se pudo hacer algo mal. Más que una corriente política equivocada parece una especie de distorsión cognitiva.

Oposición constructiva
La respuesta que debería haber tenido el cambio de rumbo de Santos no se dio porque todo se somete a la conveniencia del caudillo y a su interés de conservar los buenos términos con los políticos que sostienen al gobierno, que podrían juzgarlo por hechos como la operación Fénix, por no hablar de las interceptaciones del DAS. ¿Qué papel tiene la ciudadanía en todo eso? Nada, sólo puede servir de testigo del drama personal del expresidente, cuyos edecanes muy vagamente se alejan de la pretensión de reelegirlo, y ciertamente no se oponen a la negociación de Santos con los terroristas. La gran prueba del santismo eran las elecciones de 2011, pero en ellas se vio a Uribe haciendo campaña con Benedetti y con Luis Eduardo Garzón, apoyando al hijo de Roy Barreras y a muchos otros políticos equívocos ligados al partido de Santos, todo con base en la idea de que su popularidad atraería votos que harían inevitable la lealtad de los políticos de ese partido. La catástrofe fue absoluta, contra Peñalosa se aliaron todas las maquinarias y todos los recursos, para promover candidaturas de distracción a las que, por las conveniencias ya señaladas, Uribe no denunció, lo que condujo al triunfo de Santos que le abrió el camino a su plan de negociación política con los terroristas e inscripción del país en el eje chavista: la elección de Petro como alcalde de Bogotá.

Deriva confusa
Lo que ha hecho el uribismo después es seguir con ese juego. La inmensa mayoría de los políticos señalados por el propio Uribe como sus aliados han expresado su apoyo resuelto a las negociaciones de Santos (por ejemplo Martha Lucía Ramírez, Francisco Santos o Angelino Garzón), mientras que algunos de los otros inventan reparos que ponerle. Ni siquiera el mismo Uribe rechaza que haya negociación sino que denuncia su oportunidad. De ese modo, lo que era una mayoría clara, resuelta y triunfante termina convertido en una minoría confusa, acomplejada y perdedora. De momento el apego al caudillo es la verdadera garantía que tiene Santos de ganar la reelección, pues en una segunda vuelta no tendría rival. Salvo que haya quien crea que lo podría ser Óscar Iván Zuluaga, que aplaudía al gobierno aun después del encarcelamiento de Andrés Felipe Arias, tal vez por considerarlo un rival peligroso.

Hacia una renovación política real
Lo cierto es que hacia 2001 se formó una mayoría social que se oponía a los terroristas y a los políticos aliados con ellos. Para que esa mayoría vuelva a prevalecer tiene que surgir otra actitud, por ejemplo, debe partirse de cuestionar los acuerdos de "paz" que condujeron a la Constitución de 1991, que nunca han sido cuestionados por el uribismo (el propio Uribe fue ponente de la ley que indultaba a los miembros del M-19) y que son la base de la actual negociación. ¿Qué fundamento tienen quienes se oponen a premiar a las FARC pero aceptan que se premiara al M-19? También hay que pensar en un partido de la ciudadanía,  opuesto a los partidos tradicionales y a los políticos que hoy son simples aliados del cogobierno fariano. No es ninguna revelación para mí que eso tardará, incluso generaciones. Pero ¿no tardó un invento como la palabra tal vez milenios en ser asimilado por comunidades de Homo sapiens aisladas? El mismo imperio inca desconocía la rueda. Sencillamente en las democracias hay partidos que defienden intereses de sus votantes y los partidos actuales, uribistas para conseguir votos gracias a la popularidad del caudillo, no lo hacen. De hecho, ya hace más de un año señalé que el uribismo seguirá los pasos de la Anapo. El que quiera seguir en la nostalgia, bien pueda. De momento ha sido uno de los elementos que sostienen el orden actual porque impiden que surja una oposición clara que defienda la democracia.

(Publicado en el blog País Bizarro el 16 de septiembre de 2012.)


domingo, diciembre 16, 2012

La paz es otra forma de lucha


Prolifera una noción del problema de las drogas psicotrópicas según la cual todo aquel que alguna vez fumó o fuma marihuana es un "adicto", y la garantía de que alguien entiende el problema es que las desconoce por completo. A partir de esa noción salen maestros de moral que se permiten todos los libertinajes salvo ése, pero se imponen y hasta figuran honrosamente gracias a que forman parte de una mayoría en la que todos se reconocen y felicitan. No hay que hurgar mucho en la psique de esa mayoría para ver algo parecido a lo que se detecta en la aversión obsesiva al homosexual: envidia mezclada con temor, la suposición de que esos pecadores disfrutan de placeres que podrían tentar al intolerante.

Esa misma inclinación a emitir dictámenes sobre lo que se desconoce ocurre con las organizaciones revolucionarias: ¿recuerda el lector a alguien que no asegure que las universidades públicas están "infiltradas" por la guerrilla? ¿O a alguien que no crea que los columnistas de la prensa están engañados por la ilusión de la "paz"? Quién sabe de dónde creerán que salen las guerrillas, a lo mejor creen que matriculan a sus miembros para ir a reclutar gente a las universidades públicas. Y los columnistas engañados serían los ministros y embajadores de un régimen fariano, como ya se vio cuando el M-19 ascendió al poder aliado con César Gaviria (que reemplazó a Pablo Escobar como socio de esa banda de asesinos).

Habrá que explicarles lo elemental. Los marxistas quieren implantar un sistema de partido único y total hegemonía del Estado sobre la sociedad. Con ese fin aspiraban a una insurrección popular de la mayoría obrera o humilde en los países desarrollados, cosa que nunca se dio. En Rusia consiguieron el poder no gracias a una insurrección obrera sino a la derrota militar contra Alemania, a los millones de soldados hambrientos que pululaban por las ciudades y al colapso del régimen anterior. En los países de mayoría rural intentaron la conquista de territorios a partir de los cuales emprender una guerra prolongada hasta tomar todo el poder. Fue lo que consiguieron en China y fue el modelo que el Partido Comunista intentó aplicar en Colombia en los años cuarenta.

Es decir, la guerrilla es un frente del Partido Comunista para tomar el poder y no existe por sí misma sino con ese objetivo. Persistió tras la derrota de los años cincuenta debido a las expectativas de éxito que se atribuían los comunistas después de la Revolución cubana, y sobre todo gracias a la alianza con los herederos de los clanes oligárquicos de la República Liberal, que fueron excluidos del poder entre 1946 y 1958 y que después se dividieron por discrepancias con el Frente Nacional dando lugar al MRL de López Michelsen, aliado continuo de los comunistas y en gran medida máscara de ese partido.

Lo que ocurrió en el planeta durante los años sesenta (la ruptura chino-soviética, la deriva comunista de la Revolución cubana y su influencia continental, la rebelión juvenil en Estados Unidos contra la guerra de Vietnam y el mayo de 1968 en París) determinó una gran dispersión del proyecto comunista, que a la vez se expandió en Colombia. Surgieron maoístas, trotskistas y guevaristas que no obedecían al PCC y más bien aspiraban a ser ellos el partido que tomaría el poder, pero siempre con el mismo proyecto marxista-leninista. Esa ideología se hizo hegemónica en las universidades y fue promovida por los mismos oligarcas a través de Alternativa, en la que eran redactores todos los decanos de la opinión en Colombia, empezando por el actual director de El Tiempo y siguiendo por el clásico columnista de Semana. Esa revista estuvo ligada al M-19 y hay suficientes razones para pensar que el clan de los Santos-López-Samper manipuló a los jóvenes terroristas primero para confundir a los votantes y hacer ganar las elecciones a López en 1974 (se acabaron las ilusiones de la Anapo) y después para aprovechar la prosperidad de las mafias de la cocaína e imponer una constitución que les asegurara el control, precisamente a través de las organizaciones revolucionarias, que desde entonces colaboran desde cargos públicos y desde la política legal con las bandas que persisten.

Mientras no se entienda la hegemonía de esa visión en la universidad y a partir de ahí en la burocracia no se podrá entender nada de lo que ocurre en Colombia. Por cada guerrillero o miliciano hay diez personas, por lo menos, que militan en la causa revolucionaria y colaboran con ella, y los gobiernos de los ochenta y noventa favorecieron o en todo caso permitieron la implantación de esas personas en la función pública. Los crímenes de las organizaciones guerrilleras son parte de una estrategia de toma del poder que comparten cientos de miles y tal vez millones de colombianos, que colaboran con esa tarea y forman parte de la sociedad urbana corriente, en proporción mucho mayor cuanto más alto sea el rango social de que se trate. Al punto de que el proyecto totalitario se confunde con la persistencia del orden de castas colonial y sus jerarquías, como ocurrió en Cuba.

La negociación de paz es un logro de los terroristas, que obtienen reconocimiento como fuerza legítima en igualdad de condiciones que el gobierno elegido por la gente, y quienes la promueven son mayoritariamente parte de la misma conjura. Pero es imposible encontrar colombianos que lo entiendan porque creen que los que pintaban palomitas de la paz en tiempos de Belisario Betancur, o en todo caso quienes las mandaban pintar, y ahora forman un unísono espeluznante con las falacias de la "paz", son distintos a quienes secuestran y masacran. Y no hay tal: el grupo de Alternativa es hegemónico en El Tiempo, Semana y El Espectador, y de forma indirecta en los nuevos medios electrónicos, mientras que dominan las redes sociales a través de empleados estatales parasitarios y de estudiantes que defienden su forma de vida, sobre todo más gasto en universidades, apoyando el poder terrorista que avanza.

De modo que los invito a dejar de engañarse. Los verdaderos jefes terroristas son los que dominan los medios y la palabra paz, entendida como otra cosa que la aplicación de las leyes penales que se aplican en todos los países civilizados para quienes matan, extorsionan y atentan contra la democracia, sólo es una falacia con la que se comete el atraco. En Twitter el hashtag #PazColombia es un típico recurso de los militantes comunistas para presionar por el cobro de los crímenes.

Por esa cómoda suposición de que la guerrilla es un agente externo y no la expresión más típica de las endemias morales e ideológicas de Colombia es por lo que se permite su avance. Y puede que al final la oposición al diálogo o la negociación con los terroristas sea en extremo minoritaria (no hay ningún partido que se oponga y casi todos los ministros de los gobiernos de Uribe están en el bando del gobierno de Santos, sin que se sepa si el expresidente realmente se opone), pero es la única visión democrática y justa.

(Publicado en el blog País Bizarro el 15 de septiembre de 2012.)

miércoles, diciembre 12, 2012

Las certezas del mamerto



Por @Ruiz_senior

Refiriéndose a Pablo Casals, Albert Einstein declaró que el gran violoncelista catalán "ha sabido comprender con mucha clarividencia que el mundo corre un mayor peligro de parte de los que toleran el mal o lo alientan que de los mismos que lo cometen". Esta sencilla idea es por completo incomunicable para los colombianos, para los que el mal consiste en tener calzado de mala calidad o de estilo inapropiado. Por eso no se les puede explicar que todos esos dolientes de Jaime Garzón que pululan por las redes sociales y los comentarios de la prensa son criminales mucho peores que los pobres niños que les hacen el trabajo sucio y les generan rentas. (No pretendo que puede haber delito de opinión, pero negar que esa gente es la base del terrorismo es como imaginarse una liga de fútbol sin aficionados).

Tomar conciencia de eso es ir entendiendo que las palabras y las ideas son lo letal y no son gratuitas: lo que sostiene el negocio terrorista es la ideología omnipresente del totalitarismo tropical, el "protochavismo" que era la ideología que subyacía al burdo, chabacano, sectario, grosero y mezquino "humor" del finadito. No es nada raro que para esas personas las decenas de miles de víctimas ocasionadas por las bandas con las que Jaime Garzón colaboraba sean como mucho "argumentos" para exigir prebendas y favores para ellas gracias al poder alcanzado por los asesinos.


De tal modo, es apremiante que se entienda que las FARC son sólo la fuerza de choque de la "izquierda", es decir, de la universidad y de los funcionarios públicos, es decir, del clero republicano que forma la mayoría del primer decil de ingreso en Colombia, sobre todo en Bogotá. Es decir, del público de Jaime Garzón. No son "bandidos" y ni siquiera las siglas FARC representan otra cosa que una organización dependiente de un poder superior, 

Bueno, uno de los "personajes" del humorista era el malvado Godofredo Cínico Caspa, personaje que decía lo que le escribía el guionista, Antonio Morales Rivera, uno de los más cínicos promotores del terrorismo. Tan cínico que cuando la gente se impacientaba con el Caguán escribió en El Espectador que las negociaciones no podrían ser rápidas porque ¿para qué habrían servido tantos años de lucha?

Este prócer sobrevivió a su joven intérprete y sigue escribiendo textos del malvado de su invención que publica en Kien&Ke. Voy a comentar el último porque el ascenso de los comunistas, es decir de la universidad colombiana, al poder es no sólo un crimen monstruoso, cientos de miles de asesinatos para llegar a este punto y cientos de miles o aun millones para someter del todo a la sociedad, sino además un crimen estético, el ascenso de la peor literatura, de la que este genio es un exponente característico, aun más que el cursi William Ospina o el sinuoso Abad Faciolince.

Hay que dar de baja al diálogo: “¡Bala, señores!”
Quiero poner en perspectiva de futuro histórico lo que se está jugando en estos aciagos días en los cuales llueve sobre nuestras ya albas cabezas, la ceniza, la pestilencia y la escoria del volcán luciferino de los diálogos de paz. 
La estrategia de la traición a largo plaza pensada por esa masa de sesos retorcidos que tiene el Judas Santos en la moima, para mí resulta tan clara como oscuras son las pretensiones de entregarle el país al comunismo bolivariano, en un largo juego de filigrana de ajedrez en el que nos están quitando los alfiles sagrados de la Seguridad Democrática, los caballos del Ubérrimo, las torres del puro centro y hasta la peonada ignara, todo con el fin de acabar con nuestro glorioso juego eterno, nuestro reinado de 212 años de generosa hegemonía de la raza blanca y de la gente de bien.
El tono altisonante parece corresponder más a las diatribas de William Ospina o del mismo Timochenko que a la visión de un enemigo del terrorismo, como Luis Carlos Restrepo, por poner un ejemplo. Pero queda claro qué es lo que Morales Rivera aplaude en el diálogo: la vieja convicción de que la revolución va a quitarle el poder a unos oligarcas que detentan el poder desde hace 212 años. ¿Tiene eso algún sentido? ¿Habrá alguien que recuerde que el antiuribismo es la pasión más típica de los colombianos de clases altas y de raza blanca, sobre todo en Bogotá? Es una mentira típica, los patrocinadores de la guerrilla son los oligarcas que ahora intentan premiarse negociando con representantes de la tropa a la que protegen. ¿O es que son los pobres oprimidos de las regiones los que leen Semana? Sencillamente, los propios patrocinadores del terrorismo se creen los oprimidos mientras ganan sueldos y pensiones propios de Dinamarca y tienen montones de criadas. Me gustaría saber cuántas tiene este desvergonzado redentor.

Bueno, todo lleva en medio de su tosquedad el halago y la complicidad con el lector, ese ingenio maravilloso de llamar "moima" a la cabeza y en que a la persona joven y empobrecida intelectualmente por Fecode le resultan despreciable las personas viejas que conocen y usan palabras como "filigrana". Verdaderamente es genial. 
Miremos cuidadosamente el infundio. La seguidilla de atrocidades contra la dignidad de los dueños de esta nación es evidente y de largo plazo. Han comenzado ya los enemigos de la tradición, la familia y la propiedad, con astucia y mala sangre, el proceso que nos conducirá al abismo. Desde hace dos años, a espaldas de nosotros y en aleve acto de manguala con los bandidos, iniciaron acercamientos con la FAR y desde hace seis meses venían concertando y negociando este satánico pre acuerdo para ponerse a conversar con los mefistos camuflados. No contentos con ello, finalmente lograron dizque convencer a los terroristas de entrar en un diálogo para acabar con el divino conflicto armado, que tan pingües beneficios nos ha dado. Y ahora ¡descarados! entran en la fase dos de la traición, o sea hablar de frente guerrillero con esos bastardos en Oslo y luego en La Habana, la Sodoma del Caribe, gobernada por los visires Castro, bajo la tutela de Hugo Rafael Chimpancé.
A uno de los dueños de esta nación lo quemaron vivo por negarse a llevar un burro bomba en Toribío. Los enemigos de la tradición la familia y la propiedad (mito ridículo de un rechazo al terrorismo por camanduleros retrógrados, con lo que quemar gente viva es un acto de progresismo indiscutible, sobre lo que no falta hablar). El lector se muere de la risa ante el anciano que ve conjuras satánicas donde sólo se ve el anhelo de dar ministerios y embajadas a quienes encargan esas bellezas. Y de nuevo la mentira: ¿a quiénes ha beneficiado el conflicto armado? La clase de mentiras de ese tipo y la gente que las cree muestran cómo opera la mente criminal. ¿De qué modo quien quiere que las FARC no extorsionen ni secuestren se lucra del conflicto armado? Es verdad que eso lo dicen también uribistas ilustres, como Rafael Nieto Loaiza, pero es una mentira monstruosa. ¿Habrá alguna vez algún sabio que explique cómo ocurre eso?

Lo que va ahí como sobreentendido es que someterse a las FARC es lo propio de personas juiciosas, positivas, jóvenes y justas, toda vez que los secuestros, masacres y los demás infinitos crímenes de las bandas comunistas son culpa de los que no se someten. ¿Cómo hay que decir que el que llora a Jaime Garzón es sencillamente un asesino? La tosquedad de la manipulación de Morales Rivera es tal que la condena de "la Sodoma del Caribe" lleva por complicidad al lector a ser partidario de la infame satrapía cubana. 


Observen lo que se nos viene encima y tengan esto como una fatídica premonición más del godofredismo, que tantas veces ha acertado. Si por un entuerto fatal del destino a Santos y sus cómplices de la FAR les suena la flauta de la paz (no lo quiera Píndaro) y antes que termine el mandato que le robó al Supremo Uribe logren estos descastados firmar la vaina, o cuando menos un cese al fuego, es casi seguro que la gleba voluble y maleable en medio de su ignorancia (que ha sido nuestra delicia) reelija al rampante usurpador. Y que este en una especie de ilegal segundo tiempo de la tal “paz”, se dedique a hacer las peligrosísimas reformas sociales para quitarnos lo que ha sido y es nuestro: es decir, el derecho a tener todo y con todo, incluida nuestra exquisita y “mágica” combinación de formas de lucha, en la cual hemos mezclado sabiamente el Congreso y la auto defensa.
Otra vez ese recurso burdo de la alegoría y el sobreentendido. Los malos que conocen a Píndaro, que dicen fatídico y premonición, obviamente temen a las reformas sociales que vendrían de las FARC, y el lector, esa clase de subhombre que produce Fecode por miles, resulta identificado, en medio de sus sonrisitas satisfechas, con los terroristas y aplaudiendo el que se los premie. ¿Cuántas veces hay que explicar que las guerrillas sólo han multiplicado la desigualdad al aumentar los sueldos y pensiones de los funcionarios públicos y el parasitismo de las universidades, a tal punto que todos los magistrados que cobran la pensión de decenas de personas cuando se jubilan se dedican a apoyar al Partido Comunista o sus organizaciones de fachada?
Una vez reelegido Santos en el 2014 y adelantadas sus subversivas y sediciosas reformas liberaloides, lópez-pumaréjicas por decir lo menos, el camino estará abierto para que en el 2018 se nos instale un gobierno terrorista (que aunque sea elegido popularmente, no dejará de ser una asonada y un manotazo) un gobierno ese si ya definitiva y trágicamente de izquierda, que acabe de una vez con esta católica república de bananos y palma africana.
Otra vez la gracia genial de sobreentender que el proyecto de los dinosaurios farianos y universitarios es lo moderno y que se le resisten quién sabe qué retrógados bananeros, una historia tan falsa y absurda que hace falta una ignorancia tan espantosa como la del colombiano medio para tolerar tanta idiotez. Claro que todo el que ame la democracia y la decencia teme que los terroristas se hagan con el poder en 2014 porque sólo traen opresión, como se ha visto con sus infinitos crímenes, como se ve en Venezuela y los demás países de la región. Como de hecho se puede comprobar en la historia reciente de Colombia, en la que las bandas de asesinos asociados al clan López-Santos-Samper han accedido en gran medida al poder.

Para el 2018 –si no logramos parar como sea este “proceso” de paz– estos salvajes liberalo-socialistas, se dedicarán a llevar a cabo sus cancerígenas reformas en todos los terrenos. Veremos la propiedad de los históricos detentadores del campo, transmutada en reservas campesinas, mingas, programas agrarios marquetalianos, en las cuales no solo la FAR (así ya no tengan armas) sino en general el campesinado insurrecto y sus liberales envalentonados, van a cambiar la economía tradicional y a desarrollar la negativísima justicia social, la equidad y la repartición de la riqueza, todas cabezas del mismo monstruo de las inconvenientes revoluciones sin tiros.
Insisto, hay que ser idiota o torcido para negar que todo este párrafo es burda propaganda fariana. ¡Ahora la banda terrorista trae la equidad, a la que el malo de la película llama por ese nombre! Cuando uno dice que Colombia es un muladar alude sobre todo al nivel de esa literatura. Bueno de ese humor, pues esto era lo mismo que decía Jaime Garzón.

A mí sí me han gustado las revoluciones a bala, porque esas nunca llegarán al poder. En cambio esta vaina que se está planeando conlleva el riesgo de que a la indiada le dé por mandar y decidir sobre su propio destino, lo cual es ni más ni menos que un delito de lesa patria.
¿Se entiende? La negociación con las FARC ¡no es a bala! Las decenas de personas asesinadas en la última semana no existen. Al lado del deudo de Jaime Garzón, cualquier otra clase de criminal de los muchos que hay en Colombia es una persona recta.

Si la paz le resulta a la FAR y al truhán del póker, corremos el tremendo riesgo de no poder volver al poder. Porque el pueblo se va a acostumbrar a la paz misma, al bienestar que ella implica, a las reformas sociales, al crecimiento y la tolerancia, que son enemigas todas de la extrema derecha cuyas enhiestas banderas nosotros portamos, cual estandarte de nuestra coreografía.
Ahora la extrema derecha se llama a sí misma extrema derecha, las FARC representan al pueblo y los dos tercios de los votantes que habrían reelegido a Uribe cuantas veces se presentara son oligarcas ridículos, por no hablar de que la paz es aquello que buscan las FARC. Hay un nivel de la vida colombiana, el de la universidad, la prensa, etc., que no es propiamente humano, que aúna a tal punto la idiotez y la perversidad que realmente hace de los asesinos de las FARC personas decentes y cultas.

Siguen otros muchos párrafos de lo mismo, realmente no voy a aburrir al lector. Que con razón ya estará aburrido. No es raro que los sicarios de las redes sociales digan que a Jaime Garzón lo mataron por chistoso: hay algo de la sordidez de Colombia que hace que la persona se sienta orgullosa de mentir. Las idioteces y mentiras de este canalla son un modelo de algo general y típico: aquello que hace que Colombia sea un país miserable y primitivo. Pero realmente, por eso mismo, encuentran público que las reproduce.



Publicamos en Twitter: (@Ruiz_senior)




El salario del sicario



Cuando algún historiador esforzado se meta a hurgar en los archivos de la Komintern en Moscú se sabrá de qué modo se planeó y organizó el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y también quiénes fueron los autores, cosa que debería ser obvia para cualquier mente deductiva: ¿a quién le convenía? A los soviéticos, urgidos de sabotear la Conferencia Panamericana con la que Estados Unidos alineaba a su patio trasero (1948 fue el peor año de la Guerra Fría), a los comunistas, que necesitaban quitar de en medio al líder hostil que les ganaba en demagogia eficaz, y a los herederos de la República Liberal, a los que Gaitán les había robado el favor del pueblo liberal. 

La relación entre esos clanes asociados (López-Santos-Samper) y los comunistas marca la historia posterior de Colombia, sobre todo en lo concerniente a magnicidios. El MRL seguramente tuvo incentivos soviéticos para promover a los comunistas y el suplente de López Michelsen en 1960 era el precursor de Tirofijo, Juan de la Cruz Varela. Las FARC nacieron incentivadas por el MRL, el ELN surgió de un grupo de las juventudes del MRL enviado a Cuba. López estableció relaciones con Cuba en cuanto se posesionó en 1974 e impidió la derrota del ELN. Por otra parte, para frenar a la Anapo lanzaron el M-19, controlado por García Márquez y Enrique Santos Calderón... 

En materia de magnicidios la relación también es evidente. Galán fue el disidente que impidió la reelección de López en 1982 y Santofimio era el principal protegido de ese patriarca, mientras que sus cuasiparientes Samper gobernaban cuando cayó Álvaro Gómez. 

Por medio de ese juego se mantienen en el poder, y no es tan raro que una vez alcanzada la presidencia Santos intente resucitar a las FARC. Son la creación de su grupo y cumplen las funciones de un sicario al que hubieran contratado: tienen que pagarle y complacerlo, a la vez que lo utilizan. Ahora ofrecen el show de las negociaciones para agrupar a sus partidarios, tanto los sicarios místicos que adoctrina Fecode como los desaprensivos lagartos de la vasta clientela parásita. ¿Cuándo hablarán las víctimas perpetuas?

(Publicado en el blog País Bizarro el 12 de septiembre de 2012.)

sábado, diciembre 08, 2012

El triunfo de Santos

La última encuesta publicada sobre aceptación del gobierno y sus políticas muestra una notoria recuperación de la imagen del presidente Santos gracias a la promesa de la "paz". En esa percepción coinciden casi todos los comentaristas serios, en que a la gente la consiguieron ilusionar con el fin de la violencia. Y lo que ocurrió fue que se volvieron entusiastas del premio del crimen.

Si la política no tuviera las implicaciones morales que tiene, si fuera un puro juego de habilidad, habría que reconocerle grandes méritos al señor Santos. Acertó plenamente al apostar por una claudicación de los colombianos, lo que le permitió gobernar para los terroristas, poniendo así de su parte a los grandes poderes de la prensa, los sindicatos, las universidades, el progresismo internacional, incluido el gobierno estadounidense, los gobiernos de la región, etc. Y eso sin echarse en contra a la mayoría, que fácilmente terminó embaucada por otra ilusión de reposo al precio de someterse a quienes la secuestran y masacran.

Todavía hay gente que duda de que Colombia es otro régimen bolivariano, con una retórica más sinuosa y taimada, pero con absoluta obediencia a los estrategos cubanos. Pronto se desengañarán, también en las urnas en 2014, cuando los colombianos que prefieren el premio del crimen a la aplicación de las leyes serán mayoría.

Esa disposición de los colombianos es una de las cosas más misteriosas que puede haber para una persona que vive fuera, y bastaría para explicar el atraso, la miseria y la violencia. Es decir, para explicar la esencia de la cultura local. Parece que la Inquisición de la época colonial acostumbró a la gente a confundir la noción de culpa con la de castigo, de modo que si alguien es perseguido resulta culpable, como ocurrió con Andrés Felipe Arias, mientras que si alguien consigue librarse del castigo, por abrumadoras que sean las pruebas, resulta inocente, como el asesino múltiple Sigifredo López.

La desmoralización y ruina que vienen, similares a las de los demás países andinos, son la obra de esa mayoría, a la que Santos ha sabido complacer. Y es comprensible que la emigración sea muy dura para los descontentos, pero dentro de Colombia sólo habrá una opresión creciente y una orgía de sangre parecida a la que tendrá Venezuela cuando intente librarse del chavismo.

(Publicado en el blog País Bizarro el 9 de septiembre de 2012.)

lunes, diciembre 03, 2012

La hegemonía terrorista

Las FARC, que son a la llamada izquierda, o sea, a los comunistas, o sea, a los que usufructúan al Estado (políticos, periodistas, funcionarios de todo tipo, maestros, estudiantes universitarios y demás gente improductiva), lo que el cuchillo al atracador, empezaron a resurgir desde el momento en que Santos anunció que las premiaría, el mismo día de su posesión. Es un proceso natural, como quien contrata a alguien para que haga algo a cambio de un salario. El cambio de rumbo de Santos fue aplaudido por los columnistas y por sus lectores, el mismo grupo social que domina el país desde siempre.

Ese mismo tipo de personas es hegemónico en las redes sociales, en parte porque representan a la vieja casta de explotadores, en parte porque el ascenso de la banda de asesinos anima a sus partidarios a acompañar moralmente las masacres calculando ascensos y subvenciones para la cultura cuando la revolución se consume gracias a los anhelos de Santos de ser reelegido y complacer a los viejos socios de su hermano mayor, los Castro, en parte porque la extorsión deja mucha plata y así hay con qué pagar a revolucionarios profesionales para que hagan tareas de Agitprop en Facebook y Twitter.

Pero además esos criminales cómodos dominan las redes sociales por la indolencia de los colombianos, que no tienen ni idea de lo que les espera por permitir a Santos premiar el crimen de forma tan descarada. El caso es que hoy era la gran noticia que al cómplice de los secuestros Hollman Morris lo investigaba el DAS durante la presidencia de Uribe, y no que él hiciera entrevistas a los secuestrados a los que iban a soltar en las que se los chantajeaba para que contestaran lo que convenía a los terroristas. ¡Ahora el crimen es vigilar a un personaje así y no lo que hacía él y sus socios!

A eso se ha llegado, a que el crimen sea tratar de impedir los secuestros y masacres y vigilar a quienes los cometen. Los terroristas de las redes sociales no vacilan en presentar todo eso como lo justo, y el populacho no tiene decisión ni para hacer un clic. La tiranía será en Colombia mucho peor que en Venezuela en apenas dos años, y nadie puede compadecerse de gente tan despreciable.

(Publicado en el blog País Bizarro el 8 de septiembre de 2012.)