miércoles, enero 27, 2010

De Pablo a Hugo

Se cuenta en La vorágine que entre la gente contratada para trabajar en el caucho no faltaban los que ni se preocupaban de cobrar sus antiguos salarios, pues ya se sentían ricos. Ese ejemplo de afición al "dinero fácil" podría servir para explicar que en la memoria remota de los colombianos siempre hubo alguna esperanza de enriquecerse sin esfuerzo, para lo cual lo que convenía era tener un puesto público de relieve. Antes de que el tráfico de cocaína se convirtiera en una industria importante, los colombianos ambiciosos se dedicaban a comerciar con esmeraldas, y si tenían más "palancas" a dejarse sobornar como empleados de aduanas o de tránsito. Era el sueño de muchos.

Cuando llegó la coca había un terreno especialmente fértil para el esplendor rampante de quienes explotaban el negocio. Pablo Escobar no sólo vivió muchos años completamente impune, sino que llegó a ser miembro de la Cámara de Representantes. ¿Alguien sabe qué ha sido de los que colaboraron con él durante los ochenta? No sólo políticos, sino jueces, periodistas y hasta policías y militares. Las grandes riquezas resultaron muy próximas y casi nadie tuvo vergüenza para lanzarse a buscarlas. La deshonra no era tal porque requeriría que hubiera una proporción significativa de la sociedad dispuesta a condenar a los avivatos. Tal cosa no existía. La mayoría de las personas que se enriquecieron colaborando con el tráfico de cocaína en los ochenta, sobre todo en cargos públicos, no sólo quedaron impunes sino que se enorgullecen de su astucia. Y quienes los condenan no son los que están cerca de ellos, al tiempo que los mueve sobre todo la envidia.

Un ejemplo escandaloso del poder que llegaron a tener los traficantes de drogas fue la detención de Fabio Ochoa y Gilberto Rodríguez Orejuela en España: los pedía en extradición Estados Unidos, pero pronto surgió el juez colombiano que requería su presencia en el país, y las correspondientes presiones sobre los jueces españoles, que decidieron mandarlos a Colombia, donde pronto estuvieron libres. ¿Alguien recuerda a los jueces que los soltaron?, ¿alguien sabe cuál es su situación actual? No vale la pena preocuparse por eso, en Colombia siempre salen impunes. Más desvergonzados aún fueron los constituyentes de 1991, que le cumplieron el encargo a Escobar de prohibir la extradición y ahí están, muy orgullosos de su engendro.

La venalidad de los políticos y funcionarios llegó a extremos increíbles con las diversas alianzas del gobierno de Samper con el Cartel de Cali primero, y con el del Norte del Valle y las FARC después. Respecto a estas últimas, la alianza fue muy útil, pues el entonces presidente de la Corte Constitucional, Carlos Gaviria, se negó a procesar a los congresistas que absolvieron a Samper al tiempo que la CUT, dirigida entonces por Luis Eduardo Garzón, se dedicó a protegerlo. Es que la alianza con las FARC era con toda la izquierda, y los recursos públicos se dedicaron copiosamente a pasear por todo el mundo a los intelectuales próximos al PCC y a promover la carrera literaria de Abad Faciolince y William Ospina.

Pero el triunfo de Pastrana primero y el retroceso de las FARC después redujeron el margen de negocio de esa clase de gente: la riqueza rápida y cómoda tenía que ser aplazada. Pero la solución no tardó en aparecer. El llamado "gorila rojo" concentró recursos con los que Escobar nunca habría llegado a soñar, en buena medida derivados del tráfico de cocaína a través de Venezuela, y sus millones encontraron en Colombia a la misma gente que estaba dispuesta a hacer política al servicio de Escobar.

Por eso no importa lo descaradas que sean las campañas del Socialismo del Siglo XXI (como la divertida invitación a las FARC a decir si financiaron la campaña de Correa), siempre encontrarán en Colombia a personajes de la categoría de Claudia López o Rafael Pardo dispuestos a colaborar con ellas. No tienen vergüenza porque la gente con la que se relacionan no los ve como miserables vendidos a un malhechor sino como gente avispada y con suerte.

Y lo más grave es todo lo que harán para adulterar el resultado electoral de 2010, las cantidades ingentes que invertirán en comprar votos (el triunfo del PDA en La Guajira en 2006 deja mucho que pensar), los titulares de prensa manipuladores a todas horas, las persecuciones de la Corte Suprema de Justicia y del fiscal que participa en homenajes a Piedad Córdoba y quién sabe qué más horrores.

Como siempre, la verdadera ventaja que tiene el golpista traqueto es la capacidad de los colombianos de esconder la cabeza y no ver la realidad: hasta quienes vendan su voto por unos cientos de dólares serán admirados por su astucia. No hablemos de la presión de los personajes que se hicieron conocidos e influyentes gracias a la generosidad del gobierno de Samper para distraer a la gente que podría rechazar a los candidatos de voto comprado.
(Publicado en el blog Atrabilioso el 28 de julio de 2009.)

miércoles, enero 20, 2010

Otros amigos de la izquierda colombiana

Durante las últimas décadas el juego de la izquierda colombiana ha sido elemental y en realidad obvio para quien no tuviera alguna ilusión puesta en el proyecto. Ha sido como el imán que se mueve por debajo de la mesa y arrastra al objeto metálico que hay encima: el truco sólo embauca a los niños, pero en cierta medida los pobladores de regiones apartadas son como niños respecto a las intrigas de los poderosos. Y la ausencia de relación de los encorbatados con los asesinos del monte era algo que necesitaban proclamar los militantes urbanos, por mucho que fueran sindicalistas de empresas públicas y supieran cuáles eran los "argumentos" que se exhibían en las mesas de negociación y los que hacían tan unánimes las huelgas de maestros o de trabajadores petroleros. No es que la mala memoria sea una opción fácil, es que es la única.

De hecho, la izquierda democrática sigue en el mismo juego y eso tiene una explicación también sencilla, pero que vendrá más adelante. ¿Nadie ha oído hablar del libro de Héctor Abad Faciolince sobre el asesinato de su padre? ¿Quién era ese señor? Era un médico metido a político cuya carrera alcanzó cierto esplendor cuando Belisario Betancur permitió a las FARC diseminarse sin incomodidades por todo el territorio y conseguir votos para su partido, es decir, para el partido de Abad, a punta de asesinatos, secuestros y tráfico de cocaína. ¿Alguien recuerda que ese señor era un rentista de esas industrias criminales? Por el contrario, todo el mundo está de parte de su hijo, el mimado del gobierno de Samper, el mimado de la prensa amiga de Samper, amigo personal de cuanto personaje influyente haya en Colombia y naturalmente propagandista de la Unión Patriótica del Siglo XXI.

La explicación de eso es tan sencilla como intolerable para los colombianos: la guerrilla no es una "subversión" contra el poder establecido sino una manifestación de ese poder. Aún recuerdo un titular de prensa de hace más de treinta y cinco años, una entrevista a García Márquez: "Soy una vaca sagrada y amigo personal del presidente Pastrana". Unos meses después apareció la revista Alternativa, el gran órgano vertebrador del proyecto comunista en Colombia, el medio de prensa bien escrito y bien elaborado que adoctrinó a toda una generación de guerrilleros y activistas del castrismo. ¿Qué subversión era ésa? El escritor intrigante, amigo personal de todos los presidentes, se había puesto de acuerdo con el heredero de la primera familia del país y con Antonio Caballero, el rebelde en el que confluyen todos los linajes presidenciales para combatir contra el "establecimiento". ¿Quién se atrevería a dudarlo?

Las personas de escasos conocimientos y escasa relación con esos medios sociales pueden creer fácilmente que las camarillas más altas del poder tienen alguna lealtad con las instituciones sobre las que mandan, pero eso no es así. A esos personajes les da igual que algún recluta, o algún centenar de reclutas, mueran en alguna selva remota. No sería nada raro que ante una noticia de ese estilo López Michelsen o alguien así felicitara a su amigo y contertulio habitual Gilberto Vieira por sus avances. Los grandes dirigentes del comunismo en Colombia siempre han sido "vacas sagradas" y amigos personales de los presidentes, y pueden lamentar la muerte de sus muchachos como cualquier ganadero que lamenta las pérdidas que le ocasiona la muerte de algunas vacas. Pero la persona halagada en su envidia y resentimiento y convencida por toda la carreta "científica" y por los diplomas de los propagandistas los ve a todos como socios del imperialismo y derechistas, y cree que el asesinato de un soldado erosiona el poder de esas familias cuando en realidad lo refuerza.

Bueno: eso ayuda a explicar la resistencia de tanta gente a admitir que las FARC son sólo el PDA en las zonas rurales y que nadie que esté cerca del PDA lo ignora. Esa resistencia se explica porque la gente tampoco admitía que en tiempos de Pastrana II se estaba acordando repartirse el poder con unos criminales según la cantidad de asesinatos que cometieran. ¿Alguien leyó alguna crítica en la prensa? Sí, en realidad sí, eran frecuentes las condenas al gobierno por no ceder más y no buscar realmente la paz. Las FARC sólo son la tropa de la prensa. Esa clase de paz como rendición ante unos asesinos no es extraña a la mentalidad colombiana porque prácticamente toda la clase media educada estaba y está con esos asesinos. ¿O quién votó por el M-19 en los años de la Constituyente? ¿O quién votó por Carlos Gaviria pese a su casi manifiesta adhesión a las FARC?

Pero después de las proclamas de Rodríguez Chacín, de Daniel Ortega y de tantos personajes de los gobiernos vecinos a favor de las FARC el truco del imán ya no funciona. Ya no puede haber niños que crean que los objetos metálicos se mueven solos. ¿O alguien ha visto algún reproche a Ortega por su fraternidad con Tirofijo? ¿O algún distanciamiento de Chávez? ¿O algún interés por saber cómo se financió la campaña de Correa? La adhesión al chavismo, cuya relación con las FARC nadie niega, es absoluta y evidente. Si no se proclaman socios de las FARC es porque eso les haría perder votos, y no porque sus votantes sean menos culpables, sino porque son cobardes.

Ya puestos, ¿son o no chavistas los del Polo Democrático? Es verdad que la desfachatez es la forma de vida normal en Colombia, pero aun así es dudoso que haya quien lo niegue. Y en cuanto chavistas, ¿qué dirían de las alianzas del hampón venezolano con el régimen iraní? No es poca cosa. El jefe del gobierno de ese país niega el Holocausto. Eso ni siquiera despierta interés en Colombia: es tan rentable la mentira, son tantos los intelectuales que han comprado apartamentos suntuosos gracias a los secuestros, fueron tantos los viajes que se pagaron a personas de la izquierda democrática con recursos públicos en tiempos de Samper mientras las FARC mataban y secuestraban a cientos de soldados, que ¿qué importa otro crimen u otra mentira? Es normal que los criminales sean antisemitas, es normal que quienes han organizado una sólida clientela electoral y una eficaz manera de robar recursos públicos gracias a los cilindrazos y castraciones sean aliados de los que niegan el Holocausto.

Lo asombroso en Colombia es que el que los condena está prácticamente solo. Bueno: en la prensa y en los blogs. Afortunadamente la mayoría de la gente en Colombia tiene el suficiente sentido común como para desconfiar de los que reciben premios millonarios de Chávez después de declarar que lo admiran y proclamar que "a Cuba la respetan". Pero entre la clase intelectual es más o menos unánime el apoyo a Chávez y a sus socios iraníes. Y puede que la mafia chavista en la región no sólo esté dedicada al tráfico de cocaína en gran escala sino también a la expansión de la red terrorista que dirige el siniestro régimen de los ayatolás.

Esos otros aliados de la izquierda democrática colombiana son responsables de los actos más graves del terrorismo internacional en Sudamérica: el que destruyó la embajada israelí en Argentina en 1992, con 29 muertos, y la bomba contra la Asociación Mutual Israelita Argentina, en 1994, en la que murieron 85 personas.

Cada día que pasa el comunismo latinoamericano se funde con las organizaciones terroristas de matriz iraní, de hecho, un alto funcionario de ese país andaba muy interesado en invertir en el Caguán. No sería nada raro que incluso en Colombia esas organizaciones empezaran a operar en colaboración con el PDA y su tropa. Entre tanto la prensa seguirá lamentando todo lo que pasó en la época de Bush, cuando otro aliado de Chávez en Oriente Medio cayó y se estableció un gobierno elegido por la gente y comprometido con los derechos humanos. ¿Derechos humanos? ¡Pero si en Colombia son propiamente el negocio de los castristas y de los herederos de la industria del secuestro, como Abad II y Cepeda II! Colombia es el mundo al revés, pero en tanta infamia hay una complicidad generalizada de todas las clases poderosas.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 23 de julio de 2009.)

viernes, enero 15, 2010

Las fichas de Chávez

En alguna parte leí que la clave para entender a Hugo Chávez es recordar que tiene formación militar y razona como tal, más que como político. De ahí que ante cada objetivo que se plantee su conducta sea la de quien asedia una ciudad: ante una contrariedad retrocede y lo intenta de nuevo, por el medio que sea. Otros habrían asumido el fracaso del referendo de 2007 como el fin de su aspiración reeleccionista, pero él sencillamente sometió de nuevo a votación el tema. Y lo consiguió.

Y sin la menor duda el mayor escollo de su aspiración bolivarista es Colombia. No descansará hasta haberla integrado en su sistema, y no vacilará en invertir grandes recursos ni en correr riesgos con ese fin. Y uno de los errores más característicos de quienes no desean ese futuro para Colombia es no querer ver que el asedio se mantiene, y que no es sólo hostil sino también galante. De hecho, es indudable que le sorprende que su seducción no tenga éxito en Colombia. Y de nuevo los antichavistas se equivocan pensando que no lo puede tener o no lo tendrá. Colombia no es tan distinta a Venezuela, y la capacidad del caudilo para corromper es tan grande como los ingresos petroleros de su país. ¿Habrá quien crea que el triunfo del Polo Democrático en La Guajira en 2006 es el resultado de una iluminación súbita de los wayúus y demás pobladores, tal vez al conocer los razonamientos de Carlos Gaviria?

Lo que más ha impedido el éxito de la seducción del coronel en Colombia es la popularidad de Uribe. Por una parte la izquierda se había desprestigiado en los tres gobiernos en que había influido y después de imponer una Constitución "protochavista" siguió combinando todas las formas de lucha para tomar el poder, a tal punto que la gente terminó harta y se entusiasmó con un político de discurso conservador. Pero eso no es suficiente, también es verdad que por una parte el período de Uribe hasta 2008 fue el de la gran expansión de la economía mundial, el mismo en que Chávez se permitió ganar unas elecciones y apropiarse de todas las instituciones venezolanas. No se debe olvidar que en 2002 estaba a punto de caer por una rebelión popular.

Y por otra la conducta del gobierno colombiano parece dedicada a impedir que alguna figura popular arrastre a la clase de gente a la que arrastró Chávez: esos millones de colombianos que votaron por Horacio Serpa en 1998 y que de algún modo continuaban tendencias profundas, como las que afloraron con Gaitán y la Anapo. Uribe se dedicó al asistencialismo y a la telepolítica, siguiendo, como Chávez, el ejemplo de Fujimori. Puede que con políticas más ortodoxas y tecnocráticas recibiera menos críticas de los entendidos, pero también que en ese caso habría una poderosa corriente de descontento encauzable por el chavismo.

Eso quiere decir que el tigre está anestesiado pero en cualquier momento se despierta, sobre todo porque mantener los índices de popularidad se volvió la única política del gobierno y así nunca se tuvo una visión de largo plazo que permitiera una continuidad de las políticas eficientes del gobierno (como las que permitieron la formidable recuperación del primer período de Uribe) . Las camarillas que rodean al presidente carecen de ideas que no tengan que ver con la preservación de sus cargos, y por eso tuvieron las geniales ideas de la segunda reelección y el referendo, que tanto han hecho por erosionar la legitimidad del gobierno y su reconocimiento internacional.

La situación actual por una parte es de incertidumbre: faltan diez meses para las elecciones y todavía no se sabe si Uribe se presentará ni qué candidatos tendrán oportunidades. Pero hay una cosa que es cierta, y es que Chávez intentará aprovechar la consulta para poner un gobierno afín, no necesariamente del Polo Democrático, que no ganaría unas presidenciales ni gastando todo el presupuesto venezolano en comprar votos, sino formado por algún Zelaya local. Como casi todos los países de la región, incluido México, Colombia escogerá entre el Socialismo del Siglo XXI y la democracia liberal, o al menos un régimen parecido a los que han imperado durante el siglo XX.

Las fichas de Chávez más obvias están en el PDA, pero no hay que exagerar la sumisión de ese partido al gorila. Los comunistas son minorías intelectuales que tienen sus propia agenda y en Colombia hasta su propia tropa, que puede que le sea más necesaria a Chávez que Chávez a ellos. En Cuba, los comunistas sólo se unieron a la insurrección de Castro un mes antes de la caída de Batista, con el que habían gobernado en los años cuarenta. La imposibilidad de apartarse de las FARC ha llevado a ese partido a un considerable desprestigio, por lo que casi se puede asegurar que su candidato no pasará a segunda vuelta en 2010 y tal vez quede muy lejos de los resultados de 2006.

Dentro del "liberalismo" hay muchas familias, pero todas dependen del gorila y aun de las FARC y sólo compiten por disfrutar de sus favores. La única excepción es Rodrigo Rivera, que sólo en un país tan torcido como Colombia puede estar apoyando al gobierno y militando en el mismo partido de Piedad Córdoba.

Por una parte están los miembros de la mafia de Ernesto Samper, personajes que alguna vez deberían responder por la serie de asesinatos que cometieron o encargaron durante el funesto período en que su líder fue presidente. El hermano de Samper es más o menos el ideólogo oficial de las FARC en la prensa, miembro de Colombianos por la Paz y de nuevo columnista dominical de El Tiempo. Esos bandidos no ocultan su afinidad con Piedad Córdoba y en ningún caso obtendrían una votación significativa, salvo que los recursos del gorila se concentraran en financiarles su maquinaria.

Más peligrosa es la banda de César Gaviria, cuya actitud ante la senadora amiga de Chávez y ante el propio dictador es servil aunque vergonzante. ¿Qué pasaría si Rafael Pardo ganara las elecciones en 2010? Ni siquiera se puede hablar de un proceso como el de Zelaya, pues ese precandidato incluso ha escrito elogios de Chávez y ha defendido a la senadora. Pero mucha gente no quiere ver que son fichas de Chávez tanto como la misma señora Córdoba o como Petro o Borja. El ex presidente tiene fama de "neoliberal" y el precandidato se presentaba como "uribista" en 2002. Naturalmente que todos esos pajes de Piedad Córdoba se proclaman defensores de la seguridad democrática. Es porque es en Colombia, la gente está acostumbrar a la desfachatez más increíble.

Pero los "liberales" tampoco podrían ganar por sí solos unas elecciones, probablemente tampoco pasarían a segunda vuelta. El verdadero peligro de un sometimiento de Colombia al chavismo vendría por otros candidatos más equívocos que en la segunda vuelta podrían necesitar los votos de "liberales" y polistas. Esos candidatos son Germán Vargas Lleras y Sergio Fajardo. Ambos han hecho guiños a la izquierda y respecto al gorila y a su agente en Colombia son cuanto menos equívocos.

Es verdad que Vargas Lleras denunció en su momento las atrocidades del Caguán y ha estado con el gobierno en estos años, pero ¿qué sentido tendría su aspiración en una segunda vuelta contra Santos, por ejemplo? ¿Qué haría para buscar los votos de la izquierda y del "liberalismo" como pretende? En cuanto a Fajardo no hay la menor duda: a toda costa buscaría el apoyo de Obama o de los socialdemócratas europeos, como Zapatero, para una negociación con las FARC, esta vez sí en serio.

Un gobierno de alguno de esos señores sería como los que hubo en Ecuador y Bolivia antes del ascenso de los chavistas. Sin una determinación de movilizar a la sociedad colombiana contra el chavismo poco se podrá hacer contra los defensores del Caguán, que todavía dominan en la prensa, las mafias sindicales, que en la primera ocasión volverán a las eternas huelgas de maestros y de todas clases de empleados públicos de las décadas pasadas; las ONG que organizan desplazados, indígenas, "afrocolombianos", colectivo LGBT, etc. para manifestarse, bloquear carreteras y demás; las redes de la izquierda democrática en las universidades y los verdaderos dueños del país, que son los hampones que dominan las altas cortes.

Si los colombianos antichavistas no somos capaces de derrotar rotundamente a las fichas del tirano y sus aliados se puede dar por descontado que también Colombia emprenderá el rumbo de Zimbabue. Lo que se ha visto en esta década es un "embrujo autoritario" en el que la gente apoyaba una política de mano dura contra los terroristas y el gobierno aprovechaba los altos precios de las materias primas y la destrucción de la economía venezolana para mantener altas tasas de popularidad. Con la crisis todo eso es mucho más difícil, y las campañas de los "poderes fácticos" por integrar a Colombia en "nuestro entorno" y erosionar la imagen del gobierno darán algún resultado.
(Publicado en el blog Atrabilioso el 14 de julio de 2009.)

lunes, enero 11, 2010

Perversidad del buenismo

Una duda que me asalta con mucha frecuencia es lo que sentirán los entusiastas de Obama respecto a los acontecimientos de las últimas semanas. Es posible que se consuelen pensando que todo está controlado y nada es tan grave como el hecho de que EE UU invadiera Irak en tiempos de Bush. ¿Cómo distinguir al antiamericano y en realidad antimoderno del papanatas que cree que a Chávez y Ahmadineyad se los contiene reconociéndolos? ¿Cuánta gente cree de buena fe, más allá del atrevimiento que le permite la ignorancia, que los iraquíes estarían mejor sometidos al criminal que arrastró a la muerte a casi un 10 % de los ciudadanos y al exilio a otro 20 %? Es difícil saberlo, porque las campañas de la prensa, por ejemplo de la prensa colombiana, crean una falsa comunidad en la que a fin de cuentas la amenaza para el mundo era Bush mientras que Chávez es un demócrata de lo más legítimo, o casi.

No obstante, vamos a suponer que muchos de esos entusiastas de Obama obran de buena fe y creen realmente en la democracia. ¿Cómo interpretarán los hechos de las últimas semanas? A mí me hace recordar el chiste del aristócrata que le ofrece su palacio a una señora de su clase social a cambio de una noche de amor. Cuando ella acepta le ofrece lo que se ofrecería a una prostituta barata. "¿Por quién me ha tomado?" "Eso ya se aclaró, ahora discutimos el precio." La frivolidad y en últimas deshonestidad intelectual de esas personas ya quedó en evidencia cuando callaron respecto a la negativa de los demócratas a firmar el TLC con Colombia. Insisto, no hablo de los chavistas, que tienen sus motivos, hablo de los que se consideran diferentes.

¿Qué clase de pretexto es el de que el gobierno no protege a los sindicalistas? Ya lo han explicado muchos periodistas estadounidenses, a los que los demócratas leen, que los tales sindicalistas son simples afiliados a sindicatos y son asesinados unas ocho veces menos que los demás colombianos. ¿No sería más razonable condenar al gobierno colombiano por no proteger la vida de los demás ciudadanos? No, porque en ese caso se recordaría que los índices de homicidios bajaron radicalmente a partir de 2002.

La envarada reprimenda por no proteger a los sindicalistas sólo corresponde a que las personas poco informadas en Estados Unidos interpretan esos regaños como una actitud digna ante la dictadura latinoamericana de derechas que persigue a la oposición, según un mito que divulgan los extremistas de la prensa y los amigos de las guerrillas en EE UU. El prurito de amor por los sindicalistas, que provocaría mucho asco si la gente entendiera las falsedades sobre las que está montado, por una parte complace a los afiliados a sindicatos, tradicionales votantes demócratas, por el otro frena la posible firma del TLC con Colombia.

Pero ¿a quién no le conviene que se firme el TLC con Colombia? La gente más débil tiene mucho recelo ante el libre comercio con otros países porque las diferencias de salarios terminarían arrastrándolos al desempleo o a la reducción de ingresos. Por eso creen que un TLC con Colombia ayudaría a perder empleos en EE UU, y los sindicalistas (es decir, los que viven del sindicalismo) les ayudan a creer eso. Esa gente no sabe que Colombia exporta todo lo que quiere sin aranceles a EE UU por el Tratado de Preferencias Andinas, mientras que EE UU exportaría sin aranceles a Colombia con el TLC. Sin el menor atenuante: se engaña a la gente para que crea en una ficción y se la perjudica con el pretexto de defenderla. Ni hablar de las posibilidades de desarrollo de un aliado en una región en la que reina el antiamericanismo.

Pero no: Colombia no es un aliado de Obama porque el gobierno de Uribe y sus éxitos contra el terrorismo servían a la propaganda republicana. El tener a un aliado firme en la región interesa menos que la hegemonía entre los votantes y la ventaja respecto de los republicanos. Los admiradores de Obama no se han detenido a pensar en eso pese a que lo saben muy bien: les resulta justificable a ellos también puesto que la no firma del TLC perjudica a Uribe y, se dirán, se traduce en mayor respeto de los derechos humanos. Sólo es que ya no se trata sólo del cinismo del presidente estadounidense, sino del de sus partidarios en Colombia.

En realidad la disposición dialogante de Obama tiene el mismo sentido falaz de la negativa a firmar el TLC: se trata de un elemento de propaganda política que asienta el mito de que los problemas, como la costosa factura de la guerra de Irak, empezaron por la arrogancia y agresividad de Bush: lo que hace falta es diálogo y comprensión. Ese diálogo y comprensión llevan en sí un reconocimiento tácito a los más siniestros tiranos como líderes de sus naciones. Todos los campos de concentración cubanos, los fusilamientos de gente que intenta huir y los encarcelamientos de disidentes quedan redimidos porque el presidente estadounidense necesita mostrar al mundo un talante urbano, comprensivo, académico y de "poder blando". Lo mismo se puede decir de los mil atropellos de Chávez, de la opresión de los iraníes (sobre todo de las iraníes) a manos del régimen teocrático, etc.

El resultado de esa actitud es fácilmente previsible: antes del diálogo los incomprendidos ganan posiciones. Chávez encarcela a Baduel y persigue a Rosales, los iraníes avanzan con su programa nuclear, los norcoreanos se envalentonan más que nunca, etc. ¡Ya están reconocidos, ahorá sólo hace falta ponerse difíciles para llegar bien situados a la negociación! El bondadoso renovador no entiende que su tierno ofrecimiento no genere una masiva adhesión de esos a quienes ha abierto los brazos, de modo que se muestra más abierto y generoso, como esos enamorados a quienes sus amadas desprecian y manipulan con cómodo desparpajo. El discurso de El Cairo es un caso de reconocimiento de todas las aspiraciones no de los ciudadanos de países musulmanes, sino de sus gobernantes, casi nunca elegidos, como lo demuestra Arcadi Espada.

Tras ese discurso el atrevimiento de los ayatolás fue aún mayor: tranquilamente cometieron un fraude masivo en las elecciones y reprimieron la protesta de la gente, seguros de que cuanta más crueldad exhibieran más dispuesto estaría el líder de Occidente a ceder.

Del mismo estilo es la reunión de la OEA en que mostró tan amplio reconocimiento a Chávez y los Castro: no van a llegar a disgustarse por sus diferencias de opinión, los países están llamados a entenderse, etc. Ellos encantados: sin la menor duda, nada animó más a Chávez a encargar a Zelaya el golpe de Estado con que hundiría a Honduras en el creciente agujero negro del Socialismo del Siglo XXI. Después de que EE UU y Colombia votaran a favor de la incorporación de Cuba ya casi se podría adivinar que también respaldarían la expulsión del pequeño país centroamericano porque sus elites resistieron al golpista. Como si fuera muy complicado proponer en la OEA que en lugar de expulsar a Honduras se convocaran elecciones anticipadas y se las vigilara bien. ¿Quién va a esperar que el civilizado líder estadounidense va a ponerse a defender a esos golpistas en lugar del presidente elegido? ¿A quién se le va a ocurrir que Estados Unidos hoy en día vaya a detectar rasgos antidemocráticos en un país ahora amigo como Venezuela?

Los asesores de imagen de los políticos siempre les aconsejan pensar en una persona que ve por un momento la televisión mientras come y trata de quitarse de encima a los niños, de distraerse del cansancio del trabajo, de pensar en lo que hará con la compañera o el compañero de trabajo con quien espera tener una aventura, o en las facturas, o en su infancia. Las sutilezas de la política no están al alcance de esa gente. Vagamente recuerdan su rechazo de otra época por los regímenes militares de Hispanoamérica y sin dificultad se indignan cuando ven un golpe de ésos. Obama sabe llegar a esa clase de gente: las posibilidades de que los hondureños vivan libremente y tengan instituciones que funcionan no le interesan en absoluto, sino la adhesión de esa gente que no conoce nada de Centroamérica ni del avance del chavismo.

De tal modo, Chávez y sus socios resultaron los amos de la OEA y los garantes de la democracia con el resuelto apoyo del gobierno estadounidense. Hay una palabra vieja que describe a esa clase de personas: santurrón: "gazmoño hipócrita que aparenta ser devoto". Esa clase de demócrata es Obama, el que para alimentar la ficción de que el mundo sólo sufre por la arrogancia de los republicanos deja hacer tranquilamente a cuanto criminal gobierna y condena a Colombia a estar expuesta a las agresiones del sátrapa venezolano, pues no faltaría más sino intervenir en la región y pecar como los republicanos.

La expansión del imperio chavista encontró un aliado espléndido en el nuevo presidente estadounidense. Emulando con ventaja a su precursor en el "buenismo", Jimmy Carter, el que toleró el genocidio de Camboya, el mayor crimen desde la segunda guerra mundial, y ayudó a Daniel Ortega a apropiarse de Nicaragua y a llevar la Guerra Fría a Centroamérica, Obama parece empeñado en ayudar a todos los enemigos de la democracia. Sobre todo reconociéndolos, pero también aislando a los países que podrían serles hostiles y mostrando debilidad, como explica Gabriel Albiac.

Los episodios de Honduras y el nuevo papel de la OEA anuncian para Hispanoamérica una catástrofe mucho mayor que cualquiera conocida. ¿Se detendrá Chávez en su proyecto expansionista ahora que ha sumado dos nuevos países, El Salvador y Paraguay, a su imperio? ¿Se volverá un demócrata? Lo más probable es que considere que ya tiene permiso para convertir la frontera con Colombia en un burladero para las FARC y el ELN, respaldado por el armamento que compró y por la evidente determinación de Obama de ayudar a caer al gobierno aliado de los republicanos. Eso sí, siempre complaciendo los prejuicios del ciudadano ordinario que puede ser persuadido de que el gobierno colombiano vive dedicado a matar sindicalistas.

He pensado mucho en esa clase de personas leyendo una cita del discurso de Obama sobre la prisión de Guantánamo:
Al mismo tiempo, en lugar de servir de herramienta contra el terrorismo, Guantánamo se convirtió en un símbolo que ayudó a al-Qaeda a reclutar terroristas para su causa. De hecho, la existencia de Guantánamo probablemente creó más terroristas en el mundo que los que allí detuvo.
¿Quién lo dudaría? Al Qaeda resulta un movimiento que busca las libertades cívicas y sus nuevos militantes resultan humanistas indignados por la crueldad. Sinceramente es difícil encontrar algo más falaz que esa cita: ¿los terroristas los crea la prisión de Guantánamo o el permiso para gobernar un país que se les dio en tiempos de Clinton? ¿Ha crecido Al Qaeda desde que existe esa prisión? Eso sin hablar de la tranquila acusación de torturas, respecto de lo cual la misma Administración Obama reconoce que no las había, como explica Ramón Pérez Maura.

En esa mentira Obama tiene un precursor muy característico, obviamente también dedicado a halagar los prejuicios de sus votantes: el presidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, que en un discurso ante la ONU explicó tranquilamente que Al Qaeda era un producto de la desigualdad económica. La gente ignorante en España puede llegar a creer eso.

El demagogo sabe explotar el prejuicio y complacer a los suyos: una vez la brutal hostilidad de Chávez y Ahmadineyad contra la democracia y contra Estados Unidos es culpa de Bush y de la falta de buenas maneras, una vez Al Qaeda recluta gente que se inmola para rabiar contra la crueldad, etc., la simpatía de la gente por el hombre bueno aumenta. Puede que al mismo ritmo con que se implanta el reino del terror en los países del ALBA y se prepara quién sabe qué barbaridad en cualquier parte del mundo.


(Publicado en el blog Atrabilioso el 8 de julio de 2009.)

martes, enero 05, 2010

De Cuervo a Thomas

A raíz de la polémica generada por la norma aprobada por el Concejo de Bogotá de obligar a usar el "lenguaje incluyente" en los textos de la administración capitalina, la profesora Florence Thomas publicó en El Tiempo una columna titulada "La caverna de Rufino Cuervo". Creo que sin darse cuenta la señora Thomas abrió un camino para enriquecer la discusión de un modo que puede resultarle poco grato.

Rufino José Cuervo
No existe ninguna materia científica, por especializada que sea, en la que una de las primeras figuras sea un colombiano, salvo la Filología Española. En ella Cuervo resplandece muy por encima de cualquier argentino o mexicano, por mencionar dos países cuyos ciudadanos figuran por delante de los colombianos en las demás ciencias. El ataque de la señora Thomas es muy sintomático, no sólo de su ignorancia de la historia colombiana (atribuye al filólogo el nombre de su padre), sino del tipo de prejuicio sobre el lenguaje y de afán renovador a toda costa que define su posición. Pero antes de extenderse sobre esto conviene detenerse en el contexto en que reina la citada profesora.

Castas guerreras y sacerdotales
Por lo general los iberoamericanos nos sentimos excepcionales en el mundo: somos el producto de una conquista brutal y de la posterior colonización de gente llegada de lejos. En realidad ése es un proceso casi rutinario en la historia. En el caso de India los conquistadores indoeuropeos compartimentaron la sociedad y se atribuyeron a sí mismos el papel de mando: ellos y sus descendientes. Son los "colores" superiores de la sociedad india tradicional, los guerreros y sacerdotes. El mismo fenómeno se puede observar en muchos sitios. A medida que pasa el tiempo y que los pueblos sometidos asimilan el nuevo orden, la casta sacerdotal expande su poder y su número a costa de la casta guerrera. Eso mismo ocurrió en Colombia con los criollos en el periodo colonial, y en gran medida el "conflicto" con los comunistas, al igual que en toda Hispanoamérica, es la resistencia de esos privilegios atávicos.

Patrimonialismo
La casta sacerdotal amplía sus funciones a medida que la sociedad se diversifica y el Estado crece. Dentro de ella cabe en últimas la burocracia, o al menos sus elites. En Hispanoamérica ese poder perpetuado se caracteriza aún por el patrimonialismo (o enajenación de los bienes públicos por parte de los que ejercen el poder). En el periodo colonial era legal enriquecerse en el ejercicio de un cargo público, y después el Estado siguió siendo el gran proveedor de recursos para los miembros de los grupos de poder y sus descendientes. Hasta mediados del siglo XX la Iglesia y el Ejército eran los principales surtidores que proveían esas rentas, pero desde entonces han ido aumentando los empleos en otras entidades estatales: los organismos de control, los que proveen felicidad a la población, la universidad, obviamente...

Trotskismo

¿Se entenderá que en Colombia tradicionalmente ciertas personas tienen asegurados puestos de mando en la función pública desde que nacen? No, no sólo los políticos de las diez familias principales sino muchos otros. Si no fuera posible proveerlos entre los que hay, se crearían los cargos, como ocurre con infinidad de organismos. Esas personas sagradas se forman en los mismos colegios y mantienen una notoria cohesión de grupo desde la infancia. En la universidad se integran en alguna hermandad más o menos vedada a los demás, que en el siglo XIX era la masonería y desde la época de la Revolución cubana son las sectas totalitarias. En los años setenta, la época en que Florence Thomas empezó a destacar en el medio colombiano, la moda que agrupaba a los cachorros de burócratas de alto nivel, al menos en Bogotá, era el trotskismo. Casi que todo está expresado en esa elección: nada de arriesgarse en aventuras armadas, nada de hacerse responsable de monstruosidades, ninguna relación con indigenistas y demás descastados: un ideal de comunismo elegante e inédito, un poco afrancesado y muy respetable intelectualmente (en Colombia, claro), y para completar el retrato una estética (barbas y bigotes muy cuidados y gafas redondas) que recordaba la época de Rufino José Cuervo. No se podía pedir más.

Mayo del 68
Desde el fin de la segunda guerra mundial Francia experimentó la hegemonía cultural del socialismo, con diversas variantes. Las más revolucionarias afloraron en la revuelta de mayo de 1968, y su influjo en Hispanoamérica, todavía a la moda de París, fue enorme. Esas corrientes, cuyo común denominador es el afán de destruir la democracia formal, son lo que anima el activismo de la profesora francesa, sobre todo en la medida en que también coinciden con la aspiración de las camarillas de revolucionarios de clase alta que a un tiempo temen a una sociedad igualitaria como resultado de la globalización y aspiran a ascender socialmente desplazando a la cúspide del poder (las pocas familias que suelen dominar la política nacional). Ella es la abanderada de ese proyecto revolucionario y ése es todo el sentido de su feminismo. En una página hagiográfica se lee sobre ella:

Thomas había llegado a Colombia en 1967 en compañía de Manuel Morales, un colombiano del cual se enamoró en París, padre de sus dos hijos: Nicolás y Patrick. Florence quedó encantada con el país, sus gentes, con el níspero, el lulo y los encapuchados de la UN, a los que conoció en calidad de docente extranjera cuando irrumpían, con pasión juvenil, a sus clases de Psicología Social para difundir consignas sobre un mundo más igualitario.

Me equivoqué: los asesinos emcapuchados no temen ni resisten un mundo más igualitario, sino que lo buscan. Una vez graduados, esos igualitaristas se integraron en los sindicatos de empresas públicas y se pensionaron antes de los 45 años con el ingreso de varias decenas de personas. No, no habían renunciado a un mundo igualitario, lo habían hecho más igualitario para los demás, pues la mayor parte de la renta minera del país se la repartían (y aún se la reparten) entre ellos como premio a su lealtad a las bandas terroristas y a los ideales de Florence Thomas.

Feminismo
Antes de seguir con las ideas de Florence Thomas conviene detenerse un poco en esta noción. Antes de 1968 no había claras conexiones entre izquierda y feminismo, y ni siquiera el reclamo por el derecho a votar interesaba mucho a los comunistas. Fue a partir de entonces cuando descubrieron el filón de los particularismos: raciales, "de género", nacionales, religiosos, regionales, ecologistas, de modos de vida alternativos, de orientación sexual, etc. El motivo de esa variación es que definitivamente el gran sujeto del cambio histórico, la clase obrera, se había desdibujado. En política no llega al poder quien no consiga armar mayorías. Si se piensa que las mujeres son la mitad de la población, quien consiga trasladar el mito de la explotación a las mujeres (como parte de un orden superable por el socialismo) ya tendría audiencia en la mitad de la población del mundo. Pero el feminismo que no era pretexto de los totalitarios tenía mucho sentido en las sociedades avanzadas y sigue teniéndolo en Colombia: no habría por qué reprobar a ningún movimiento político con agenda femenina. Es que el de Florence Thomas y los trotskistas o ex trotskistas de la Universidad Nacional sólo es el totalitarismo. Por eso todos son miembros de "Colombianos y colombianas por la paz".

Heroína civilizadora
La señora Thomas se concibe a sí misma como una heroína civilizadora que llega con una graciosa novedad a una región atrasada y miserable, en la que la gente todavía no ha aprendido a ser como ella. Como ocurre con tantos europeos en Colombia, automáticamente encuentra la adhesión de la mayoría de la gente, pues del orden de castas antiguo viene esa sumisión servil ante la gente blanca y europea, con frecuencia mezclada con un enorme resentimiento, que se atenúa si la persona permite al lagarto integrarse en su medio. Todo eso es muy interesante, porque una persona como ella difícilmente tendría algún liderazgo en su país y el hecho de tenerlo en Colombia le hace particularmente agradable la vida. En cuanto europea útil a los igualitarios que se ganan por explicar sus opiniones políticas al menos diez veces el sueldo de la gente que se desloma trabajando, la señora Thomas resulta rápidamente integrada en la elite de la sociedad.

Ingeniería social
Pero esa labor de la señora, de repente encumbrada por su afinidad con los totalitarios, sólo puede ser concebida por una parte como ingeniería social y por la otra como parasitismo. La tarea de corrupción del lenguaje que emprende (siguiendo una aburrida rutina europea, hoy en desuso salvo entre la izquierda radical y en el gobierno español) alrededor del "género" (la Universidad Nacional tiene una Escuela de Estudios de Género, en la que la señora Thomas y sus subalternos o sucesores adoctrinan a la gente para que piense que el sexo con el que nace es una idea que le imbuyeron y que en realidad su "género" es el que escoja) sólo tiene sentido como aguijón del resentimiento. En eso se gastan los recursos de los colombianos. Lo interesante de la ingeniería social de los totalitarios es que con la supuesta intención de proteger a la gente lo que se hace es someterla. No otra cosa son los fabulosos programas de salud y educación de la satrapía cubana, respecto de la cual una ex trotskista conspicua, Laura Restrepo, declaraba sin rubor: "Es lo que queremos".

Filología
Los estudios lingüísticos, incluida la gramática, tienen por objeto conocer las estructuras del lenguaje. Cuando se trata de la gramática normativa tienden a proponerse formas de hablar o de escribir que se consideran más correctas. Esto corresponde a la eficacia de la expresión, a la claridad del mensaje y a la precisión de su sentido. Cuando a Florence Thomas, portavoz de los aprendices de brujo subvencionados que reinan en la Universidad Nacional, le parece que el mundo de Cuervo es "la caverna" está aludiendo a esta noción. La suya es la de la imposición burocrática, cosa que nadie podrá negar en el caso del "lenguaje incluyente" del consistorio bogotano. A ellos no les interesa conocer el lenguaje, sino crearlo según sus aspiraciones de dominio, un poco como cuando Chávez ordena adelantar media hora los relojes. En ese contraste entre el mundo de Orwell y el de la más alta ciencia que ha habido en Colombia se expresan claramente las motivaciones "feministas" de Florence Thomas y sus "intelectuales" barbilindos. La corrupción del lenguaje contra la ciencia del lenguaje.

Obreros y mujeres

En Colombia hay un machismo odioso y opresivo, que es como decir que hay desigualdades económicas. Lo que pasa es que los totalitarios como defensores de las mujeres son sólo un ejemplo de cinismo: el feminismo de Florence Thomas ha aportado tanto a las mujeres colombianas como el sindicalismo de la CUT a los obreros colombianos. Ha sido un pretexto eficaz para que los de siempre obtengan sueldos multimillonarios (por ejemplo, cuando Luis Eduardo Garzón presidía la CUT, en los noventa, se ganaba diez millones de pesos mensuales, lo cual equivalía a más de cuarenta salarios mínimos, cantidad que ningún funcionario del Estado se gana en ningún país europeo) y los demás sigan en la miseria. Si algo ayudaría a redimir a las colombianas sería ante todo el crecimiento económico y el imperio de la ley, pues la pobreza y la inseguridad son sus principales problemas. Lo que pasa es que prósperas y seguras no habrá modo de que obedezcan a Florence Thomas y sus sueños "emancipadores". De quien más urge emanciparse es de esas personas, sobre todo por el robo infame que cometen contra los colombianos (y colombianas) cobrando sueldos fabulosos por adoctrinarlos y someterlos.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 1º de julio de 2009)

domingo, diciembre 20, 2009

Las palabras, absueltas

Se dice que la enemistad entre el perro y el gato empezó cuando se encontraron y el primero, siempre tan sociable, se acercó batiendo la cola, gesto que el felino interpretó como un intento de agresión. Esa dificultad de entender al otro y de ponerse en su lugar se encuentra siempre que se confrontan opiniones sobre algún asunto. Por ejemplo, los críticos de Israel y defensores de la causa palestina sólo ven que cada vez hay más colonos en Cisjordania y que Gaza sigue bloqueada y con su población en la miseria.

Ésos son hechos: si Hamás pretende la destrucción del Estado de Israel, se trata sólo de palabras. Si algunos regímenes islámicos, como el iraní, hablan de echar a los judíos al mar, son sólo palabras, igual que si su líder niega el Holocausto. Y cuando se va más allá de las palabras, como con el programa nuclear, siempre queda el recurso de decir que a fin de cuentas Israel también tiene esa clase de armamento.

Y lo que pasa es que para entender al otro y entenderse uno mismo hay que empezar a mirar con atención las propias palabras. Éstas van más allá de la voluntad de quienes las pronuncian o escriben, seguirán ahí cuando esas personas desaparezcan y siempre encontrarán quien quiera imponerlas sobre la realidad. Los israelíes lo saben muy bien, pues a fin de cuentas nadie temía a los antisemitas de finales del siglo XIX en Alemania y Austria.

Y en la realidad nadie puede asegurar que si mañana los palestinos de Gaza o de Cisjordania viven bien no van a creer que han logrado una victoria sobre Israel y que sólo hace falta un empujoncito para acabar por fin con el Estado judío, según las proclamas en que siguen creyendo. André Glucksmann señalaba en alguna ocasión que aun la destrucción de Israel sería sólo el comienzo de una guerra mucho más ambiciosa contra Europa. De hecho, los defensores de la posición palestina no le dan mayor importancia al hecho de que Ahmadineyad niegue el Holocausto y ningún líder musulmán lo desautorice. Y el motivo profundo es que el odio a Israel en Occidente, con el sufrimiento de los palestinos como pretexto, es la bandera actual del antiguo antisemitismo.

Pero no todo el mundo comprende la gravedad de lo que se dice. En un hermoso cuento de Chéjov unos señores que salen de un restaurante ven unas aves que salen de la torre de un prelado y discuten sobre ellas, pero alguien los ve y se pregunta qué estarán mirando y así se forma otro corrillo, hasta que a alguien se le ocurre que está ardiendo la casa del prelado y otro lo cree y se arma tal revuelo que los primeros parroquianos se preguntan cómo no vieron el fuego a tiempo. Eso mismo deberán pensar los colombianos que durante tantas décadas anhelaron que el país tomara el rumbo cubano. Ya en 1970 eran completamente hegemónicos en casi todas las universidades, y lo siguen siendo: conservan la adhesión sentimental por la revolución y le agradecen a Piedad Córdoba sus esfuerzos por liberar secuestrados, pero que a nadie se le ocurra pensar que los actos de las guerrillas, rigurosamente descritos en su retórica unos años antes, tienen que ver con ellos.

Esa pretendida inocencia del lenguaje es sólo "inocencia" (candor) de quienes creen en ella: como las palabras son gratis, se presume que no tienen importancia y que "no hay ideas criminales en la Academia". Por eso el redactor de El Espectador que escribe una noticia como ésta: "Piedad Córdoba busca ayuda en España para secuestrados" pensará que sólo es una leve mentira que puede servir a la causa de agradar al dueño y a los que controlan el periódico.

Pero las mentiras no son menos graves que los crímenes, sobre todo esas mentiras con las que se pretende insuflar oxígeno a los terroristas. Sólo gracias a ellas han podido las FARC alcanzar tanto poder. Del mismo modo que los izquierdistas de las décadas anteriores creían que la lucha armada sería como una fiesta y desechaban atender a la evidencia de que sus arengas eran simples llamados al asesinato, así los de hoy en día vociferan calumnias contra el gobierno y defienden a la siniestra senadora y a la siniestra Corte Suprema de "Justicia", convencidos de que eso no tendrá que ver con el resurgir del terrorismo.

Otro ejemplo de mentira claramente comprometida con el crimen es este escrito de Daniel Samper, que después de una larga retahíla llena de mentiras llega a esta perla:

No podemos seguir sacrificando colombianos valiosos que, equivocados o no, buscan una patria mejor en esta larga guerra.

Cosa que no debe entenderse como que él va a pedir a las FARC que se desmovilicen, ni nada parecido, sino que quiere señalar al gobierno como el agresor que persigue a unos colombianos que quieren mejorar el país. Bueno: antes había explicado que con ayuda de otros países se deberían reunir todos los sectores para acordar un país más justo: ¿qué van a importar los ciudadanos?

Para que se llegue a entender por qué en Colombia han asesinado tranquilamente a tantos miles de personas conviene considerar por ejemplo el caso del dramaturgo español Alfonso Sastre, cuyo escrito es mucho menos enaltecedor del terrorismo que el de Daniel Samper, pero que será procesado porque allí donde el lenguaje es impune, donde los señores Molano y Otálora ordenaban tranquilamente asesinatos desde sus columnas y la mayoría de las noticias de la prensa son descaradas mentiras (como la que explica las motivaciones de la senadora Córdoba), los hechos no tardan en corresponder a las palabras.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 24 de junio de 2009.)

martes, diciembre 15, 2009

Investigación-Acción participativa

Cuando se habla del "conflicto" colombiano suele haber un enorme desinterés por sus causas reales, en buena medida porque la incuria intelectual es un rasgo de la cultura local, pero también porque los especialistas en esas materias son exactamente los mismos generadores del conflicto. De ese modo se impone su versión y todo el mundo cree fácilmente que las FARC son un grupo de traficantes de drogas que reclutan jóvenes abandonados por el Estado o que son campesinos fanatizados que perdieron la noción de la realidad.

Pero no hay tal: basta hurgar un poquito en la historia de las últimas décadas para comprobar que todo lo que hacen las guerrillas estaba claramente resuelto en las consignas de los grupos de la llamada izquierda de las generaciones anteriores. Puede que los detalles más escabrosos no fueran mencionados por los instigadores de la "revolución", pero eso ocurre por una parte porque nadie sabe cómo será el futuro, y por la otra porque fijarse en esos detalles habría conducido al desaliento. Un elemento cómico al respecto es el escándalo que se hace porque el senador Jorge Enrique Robledo aparezca en los computadores de Raúl Reyes como persona vinculada a las FARC siendo que su partido de origen, el MOIR, no aprobaba la lucha guerrillera.

Nadie que conozca la historia de la izquierda podría dejar de distinguir entre "estrategia" y "táctica". Los pro-chinos del MOIR no aceptaban a las FARC por una parte porque las dirigían sus rivales prosoviéticos, y por otra porque no creían que el foco guerrillero fuera la vía eficaz hacia la revolución. No sería por escrúpulos morales por los que unos psicópatas entusiastas de la Revolución cultural china y de su hijo más característico, el regimen del jemer rojo en Camboya, iban a dejar de apoyar unos cuantos asesinatos de soldados y unos cuantos secuestros. Sencillamente al fracasar por completo como vanguardia del movimiento revolucionario y al cesar el conflicto chino-soviético, no encontraron otra salida que sumarse a sus antiguos rivales del PCC en el Polo Democrático. Es decir, aceptar el poder de las FARC significó para el MOIR un cambio de "táctica" para el que estaba plenamente preparado. (Ese poder es la base de poder real del Polo, es decir, del PCC: la base con que los comunistas consiguieron apropiarse de los sindicatos de entidades estatales y disponer de recursos fabulosos para expandir su proyecto político y cooptar a las demás sectas.)

Pero el MOIR es el fruto de una disidencia remota del mismo proyecto comunista, y resulta mucho más interesante evaluar el origen de ese proyecto y su relación con la sociedad colombiana, pues, como ya he señalado, las guerrillas son exactamente la realización de ese viejo proyecto, y sin el poder acumulado por las FARC en las últimas décadas tampoco habría sido posible el ascenso electoral del PDA. Bueno, también porque el poder de las FARC influyó en el ascenso de Chávez, cuyos recursos hicieron mucho por el poder del frente de masas del comunismo colombiano.

Entre los acontecimientos de las últimas semanas destaca la detención de Miguel Beltrán (alias "Jaime Cienfuegos"), profesor de Sociología de la Universidad Nacional encargado de reclutar estudiantes para las FARC. Como era de esperarse, los partidarios del comunismo salieron a defender al citado profesor con el encantador argumento de que no hay ideas criminales en el ámbito académico. Lo que pasó inadvertido para todo el mundo es que esa facultad es uno de los principales centros del movimiento comunista en Colombia y si bien ese profesor tenía correspondencia con Luis Édgar Devia, nadie podrá suponer que los demás no forman parte de ese proyecto. Bien como adoctrinadores, bien como reclutadores, bien como proveedores de estratagemas y falacias con las cuales sacar adelante la revolución.

Basta con fijarse en la historia de esa facultad: la fundó y dirigió casualmente el mismo creador de la revista Alternativa, el mismo creador del Polo Democrático, el mismo autor del libro (La violencia en Colombia) que sirvió durante décadas para presentar a las guerrillas financiadas copiosamente por los soviéticos como autodefensa de campesinos perseguidos por el gobierno: Orlando Fals Borda. Este sociólogo muerto en 2008 es tal vez el principal ideólogo de las FARC, y se le conoce por ser uno de los padres de la "IAP" (Investigación-Acción Participativa).

En este texto que Alfredo Molano escribió a la muerte de la esposa de Fals Borda en 2006 uno puede formarse una idea de la clase de personas que dieron origen al movimiento guerrillero: la señora era descendiente de dos candidatos presidenciales de la primera mitad del siglo, y los demás fundadores de dicha facultad eran el sacerdote y patricio Camilo Torres y el jurista y teórico radical Eduardo Umaña Luna, hijo del poeta y político José Umaña Bernal. Es verdad que las guerrillas ya existían en las décadas anteriores, pero su persistencia y poder habrían sido imposibles sin el "movimiento estudiantil revolucionario" que crearon esos personajes y sus pupilos explotando el fervor que recorrió el continente tras la Revolución cubana.

Se puede decir sin riesgo de equivocarse que el origen social y las diversas conexiones de esas personas están en la base de la orientación que dieron a la facultad que crearon: la IAP es una ciencia cuyas respuestas no son el resultado de la investigación sino que están antes, ya descritas en la misma formulación del método. Se trata de una ciencia ideológica cuyos ejecutantes llevan a cabo una "praxis" que en buen romance sólo tiene un nombre: política.

El contexto de todo ese invento es en extremo interesante. ¿Nadie se habrá preguntado cómo es que en los países en los que se desarrolló la Sociología a nadie se le ocurrió algo tan lindo como la IAP? Pero ¿qué es la Sociología? Según el diccionario es "Ciencia que trata de la estructura y funcionamiento de las sociedades humanas". La IAP se aparta por completo de cualquier noción de "ciencia" y termina siendo mero activismo. ¿Alguien se habrá detenido a pensar en qué trabajan los sociólogos? En Colombia, dada la escasez de recursos y el escaso desarrollo de las ciencias, la posibilidad de que la notoria cantidad de profesionales de esta ciencia formadas por esas universidades sea absorbida por las empresas privadas es nula. Los sociólogos, imbuidos de su papel redentor de la sociedad, necesitan los ingresos estatales y con tal fin resultan forzosamente adscritos a la red de poder de la izquierda democrática, gracias a la cual se crean para ellos los puestos que les pueden asegurar sus ingresos (siguiendo una lógica colombiana, según la cual quien haya estudiado es merecedor de por sí de un ingreso, sin que importe la utilidad de su labor).

De ese modo, la irresponsabilidad de los proveedores de recursos públicos ha proporcionado durante muchas décadas a un grupo de patricios conjurados una multitud de agentes dedicados a organizar el movimiento subversivo y dependientes de ese grupo para su sustento. Nada de eso ha cambiado, cosa que no se puede achacar al gobierno de Uribe, pues si un día decidiera cerrar la Universidad Nacional (donde Camilo Torres, Umaña Luna, Fals Borda, Molano y varios miles de ideólogos de las FARC siempre han campado por sus anchas recibiendo ingresos fabulosos que les proveen los demás colombianos para que puedan vivir rodeados de lujos mientras planean asesinatos y secuestros), lo más seguro es que no tendría suficiente apoyo para resistir la rebelión estudiantil y profesoral.

Es decir, si a los colombianos los matan, mutilan, secuestran e intimidan es sobre todo porque no saben o no quieren saber de dónde procede la agresión. Ese poder incrustado en el centro de la sociedad es la garantía de persistencia del orden colonial, en el que el clero y las familias de las que procedía ejercían un dominio absoluto y parasitario sobre toda la sociedad. Pero mientras los demás no se den cuenta de que sus recursos no deben gastarse en cebar a sus verdugos habrá pocas esperanzas de que cese la violencia.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 17 de junio de 2009.)

viernes, diciembre 11, 2009

El Estado de opinión

Diversos medios han señalado últimamente la manía del presidente Uribe de aludir al "Estado de opinión", una supuesta "fase superior del Estado de Derecho". La primera vez que leí un comentario al respecto no entendí ni remotamente a qué aludía. En lasillavacia.com han reproducido diversos ejemplos de uso de la citada expresión, que permiten formarse una idea del sentido de esa extraña ocurrencia. Y la verdad es que nada bueno pinta.

El mero nombre del hallazgo resulta molesto. Si uno se detiene a pensar lo único que encuentra parecido es el "voto de opinión", expresión que sirve para explicar la anomalía de la democracia colombiana, donde el hecho de que la gente vote según sus ideas y no según los incentivos ilícitos que le ofrecen las "maquinarias" por su voto resulta de lo más honroso. Como si alguien imprimiera "hijo legítimo" en sus tarjetas de visita. Fuera de Colombia, "voto de opinión" es una expresión incomprensible. Como lo sería "biología del carbono". Los votos que no fueran "de opinión" serían considerados fraudulentos.

Para no alargar innecesariamente este post comentaré sólo una frase en la que parece resumirse el espíritu que alienta el nuevo hallazgo del gobierno:
Aquí las leyes no las determina el presidente de turno. Difícilmente las mayorías del Congreso. Todas son sometidas a un riguroso escrutinio popular, y finalmente a un riguroso escrutinio constitucional.
De modo que el Estado de opinión consiste en la aprobación mayoritaria a las políticas del gobierno. Lo primero que asusta es la mentira flagrante: ¿cómo va a ser "riguroso" el escrutinio popular? Se trata de la más patente contradicción en los términos, lo "popular" es casi por definición lo que no es riguroso. ¿Quién evalúa la aprobación popular de cada medida? Pero eso es lo primero que asusta, no lo que más asusta. Lo peor es que si la opinión bastara las leyes sobrarían. Y es lo que parece anunciarse: un régimen plebiscitario que aprovechará el éxito de las artes propagandísticas del presidente para imponer lo que quiera a punta de referendos.

Uno no puede dejar de mirar los regímenes políticos del Tercer Mundo, y el colombiano es uno de ellos, sino como un aula de alumnos díscolos, indisciplinados y conflictivos respecto de los cuales las democracias maduras siempre tienen una mirada recelosa y severa. Puede que muchos reaccionen con emoción nacionalista ante esta idea, pensando que no hay que someterse a ese escrutinio. Pero basta con comparar los resultados de todas las estadísticas para entender que no hay ninguna alternativa a la asimilación a esas democracias.

Y lo que más puede dañar la integración de un estudiante problemático es la resistencia a ceñirse al protocolo: quién sabe qué ocurrencia podrá tener, gracias a la cual empeorará su rendimiento y abrirá para sí las puertas de la correccional, como saben todos los maestros. La idea del escrutinio de la opinión es una ocurrencia vulgar que tienen todas las dictaduras, como los nombres pomposos que encuentran para aludir a esas ocurrencias (imposible no acordarse de la "democracia orgánica" del fascismo).

Lo que más preocupa es la sensación de que el presidente se va encerrando en un círculo de aduladores y va perdiendo la noción de la realidad. La popularidad es algo que se puede perder en cualquier momento y que no asegura el éxito, como le ocurrió a Fujimori (que fue el primer populista que mantuvo un amplio apoyo popular gracias a la televisión). También la continuidad de las políticas del gobierno es una aspiración legítima y que debemos defender, pero las urnas podrían escoger otra cosa. El presidente no es el dueño del puesto, sino quien ha recibido un mandato que expira el 7 de agosto de 2010.

Si Uribe fuera consciente de lo cuestionada que es la democracia colombiana fuera del país y de los enemigos tan poderosos que tiene no cedería a la tentación de promover esas ocurrencias. El hecho de que un medio como la BBC reproduzca la propaganda de alguien como Holman Morris puede servir de ejemplo de las amenazas que acechan al régimen democrático y a la continuidad de las políticas del gobierno. No se podría hacer ningún regalo mejor a los amigos de las FARC y de la llamada izquierda democrática que esa retórica que recuerda a las dictaduras o semidictaduras de los países vecinos, y que les servirá para deslegitimar precisamente la opinión mayoritaria que respaldará la democracia liberal en las urnas.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 10 de junio de 2009.)

lunes, diciembre 07, 2009

Moral y estrato

Me llamó mucho la atención leer en un artículo de Plinio Apuleyo Mendoza sobre el escándalo de las escuchas ilegales atribuidas al DAS y publicado en el ABC un párrafo como éste:
Gracias a Felipe, conocí escandalosas injusticias presentadas como revelaciones por revistas como «Semana» (de la cual fui su primer director hace 25 años) y «Cambio». Pedí a sus directores, buenos y honestos amigos míos, rectificar lo publicado por ellos, y siempre me escucharon. Sabía dónde estaban los falsos testimonios.
Es una constante en los escritos de Mendoza. ¿De veras podemos creer que los directores de Semana y Cambio son honestos? Lo mismo leí alguna vez sobre los entonces director y editor general de El Tiempo, señores Santos y Pombo. Pero la atribución de miras elevadas a cualquiera que tenga un alto nivel social o intelectual parece una pasión de este autor. Por ejemplo, en un escrito de hace muchos años sobre las causas de la adhesión de los intelectuales hispanoamericanos al comunismo se lee:
Sartre no hizo esta apostasía. Apenas vio petrificarse en una casta burocrática el socialismo a la soviética, optó por apoyar otros desvaríos: el maoísmo y el tercermundismo más agreste. "Me produjo fiebre —recuerda hoy el escritor y periodista francés Jean Daniel, a propósito del prólogo escrito por Sartre al libro Los condenados de la tierra de Franz Fanon— leer aquello de que un colonizado no podía encontrar su salvación sino en el asesinato de un colono y un negro, en el de un blanco".

Me apresuro a decir que no era el suyo un caso de deshonestidad. Sartre fue un hombre profundamente honesto. También lo era Julio Cortázar, a quien conocí de cerca: cándido y honesto. Simplemente el francés y el argentino, como muchos europeos y muchos intelectuales latinoamericanos, fueron seducidos por una utopía intelectual que parecía condenar a una muerte cierta a la democracia liberal y la economía de mercado y pintaba con trazos luminosos el camino hacia una sociedad sin clases. No veían ellos, pues, la realidad deplorable de un sistema, sino su exaltación ideológica.
Se puede empezar con Sartre, ¿quién va a creer que sea deshonesto? Que el colonizado mate al colono y el negro al blanco, es lo que se dice la reflexión de un hombre honrado, recto, lo que se dice un justo. Y eso por no hablar de la Revolución cultural china, que le produjo un enorme entusiasmo: los jóvenes inspirados por la lectura del Libro rojo persiguiendo a los funcionarios señalados por los representantes del Gran Timonel, ¿cómo iba a ser una imagen semejante resistible para un hombre honesto? Yo no sé si Sartre conoció los logros de la Kampuchea Democrática, pero estoy seguro de que en su honradez los habría aplaudido.

Respecto de Cortázar se puede decir lo mismo: si alentaba el crimen y propalaba las mismas falacias que se oyen y leen hoy en día en los medios de los amigos del terrorismo, no era porque tuviera un cálculo perverso sobre su popularidad y sus regalías, sino porque le entusiasmaba un mundo justo en el que los escritores como él recibían el halago de las multitudes (el mayo de 1968 lo convirtió en una superstar) y eran automáticamente amigos de los nuevos gobernantes. ¿Por qué no iban a ser éstos honestos? Tanto los Castro como los Ortega eran respetuosos y acogedores con Cortázar, y aun lo admiraban.

La última novela de Cortázar, Libro de Manuel trata sobre un grupo de revolucionarios argentinos que preparan el secuestro de un responsable de la represión. La publicación de esa obra en Argentina en 1974, en plena efervescencia de las guerrillas urbanas del ERP y los Montoneros fue un gran acontecimiento, y sin duda tuvo que ver en la oleada de terror y caos que preparó el camino a la dictadura de Videla. La candidez del hombre tuvo mucho que ver en el sacrificio de muchos jóvenes que se afiliaron a las bandas criminales seducidos por una retórica historicista más parecida a la de la Falange de lo que sus promotores quisieran. (Claro que al ser leído esto por colombianos no se entenderá nada: ¿quién va a ocuparse de leer la retórica de la Falange? Si algo es sinónimo de "primitivismo" es "prejuicio".)

Tanto en esa novela como en otros textos Cortázar suscribía lindezas como ésta, atribuida a la esposa de un líder de la guerrilla urbana brasileña:
Es necesario darse cuenta de que la violencia-hambre, la violencia-miseria, la violencia-opresión, la violencia-subdesarrollo, la violencia-tortura, conducen a la violencia-secuestro, a la violencia-terrorismo, a la violencia-guerrilla; y que es muy importante comprender quién pone en práctica la violencia: si son los que provocan la miseria o los que luchan contra ella...
Lo que se dice un modelo de honradez. El genial escritor no era capaz de comprender que dar golpes de Estado para apropiarse de todo y someter a la población no son formas muy correctas de luchar contra la miseria. Para él, en su candidez, bastaba la retórica, el proclamarse enemigos de la miseria y atribuirla a otros. Pero abundan los ejemplos de su adhesión al régimen cubano, para el que escribió los más exaltados ditirambos, incluso mucho después de que se conocieran los campos de concentración y la persecución a los escritores disidentes.

Ante esos ejemplos de honestidad uno se puede quedar pensando ¿quién podrá ser deshonesto? Si esos grandes sabios reconocidos unánimemente y de indiscutible inteligencia se entusiasman con un proyecto histórico que empieza secuestrando y matando gente y termina encarcelando y matando gente en masa, ¿qué responsabilidad podrán tener los que los siguen? Ahí se llega a un viejo tema colombiano: quien termina el bachillerato no presta el servicio militar, quien acaba la universidad no puede delinquir, quien es de buena familia no puede ser inmoral. Esa concepción ciertamente corresponde al origen social de Plinio Apuleyo Mendoza, pero también tiene que ver con su propia trayectoria. Por ejemplo, en una columna reciente en El Tiempo asegura:
Es muy probable, por ello, que quienes defendemos a los militares injustamente acusados apoyamos a Uribe, no creemos en el diálogo ni en la santidad del Polo Democrático o la de Colombianos por la Paz, seamos vistos compasivamente como exponentes de una obstinada derecha. Ideas de viejos o de godos, deben pensar. Pero los entiendo, qué caray. También yo pasé por ahí. Quizás fui aún más lejos. Cuando era dirigente de las Juventudes del MRL envié a Cuba, para adoctrinarlos, a más de cuarenta muchachos. Y varios de ellos, al regresar, crearon el Eln.
Lo primero que uno siente como una prueba de un cinismo inconcebible es que los amigos de Plinio A. Mendoza que dirigen El Tiempo, Semana y Cambio crean en la santidad del PDA. Pero él los comprende, ya que él mismo vivió con los ojos vendados hasta los cuarenta años. Es que al paso que vamos los únicos deshonestos somos los que leemos los escritos de esos filántropos y les encontramos el casi abierto interés en el retorno de las masacres y la recuperación de las FARC.

La verdad es que como persona próxima a la cúspide del poder político en la Colombia de mediados del siglo XX, Mendoza habrá pasado su juventud soñando con las más altas dignidades, como es preceptivo en esas personas. En eso no hay nada de malo, pues la gente en cuanto supera sus necesidades animales tiene como casi únicas metas el reconocimiento y el mando. El problema es el hallazgo de la retórica que le permitiría hacer realidad el sueño de Gaitán, el amigo de su padre: liderar a las masas y asegurarse el poder. La Revolución cubana fue el modelo perfecto. El comunismo era su atajo hacia el poder como lo es para sus amigos que siguen con los ojos vendados.

Si uno piensa en alguien como alias Alfonso Cano le resulta imposible determinar cuándo empieza el jefe de las FARC a ser deshonesto a diferencia de Sartre, Cortázar, Santos, Pombo y Pardo. ¿Acaso por ser más mestizo que el Che Guevara, a quien Cortázar admiraba y elogiaba sin ambages, va a ser menos honesto? Pero eso mismo se podría decir de todos los jefes guerrilleros, salvo los que son puros mercenarios y ambiciosos que tienen que encargarse de ordenar las castraciones y fusilamientos. Es decir, a diferencia de los que son de estratos bajos.

Y mientras no se entienda esa responsabilidad de los que piensan y escriben, de los que pertenecen a grupos sociales privilegiados, sencillamente va a ser tolerable mandar matar gente con retóricas sutiles y elegantes, y los únicos culpables son los que no han leído lo suficiente para manejarlas.


(Publicado en el blog Atrabilioso el 3 de junio de 2009.)

miércoles, diciembre 02, 2009

El espejo y el péndulo





En la película Duck Soup se puede ver la famosa escena en que el presidente de Freedonia, Groucho Marx, se pasea por su palacio con su camisón y su gorro de dormir y se encuentra con un impostor que va vestido igual e intenta convencerlo de que está ante un espejo. Es la misma tarea en la que se encuentran muchos políticos de muchos países a partir del triunfo de Obama: tratar de presentar la situación propia como un reflejo de la estadounidense, resultando ellos la versión local de Obama y sus contradictores el trasunto de Bush.

Desde hace mucho se explota ese elemento de propaganda en clave local: la propaganda pacifista consiguió en 2003 soliviantar los ánimos antiamericanos en Europa y en el caso español promover el castigo del aliado de Bush, cosa que de todos modos sólo se logró en 2004 gracias a que los terroristas islamistas mataron a 191 personas en Madrid tres días antes de las elecciones. Posteriormente es un tema recurrente de la propaganda del gobierno del PSOE presentarse como la versión local de Obama, toda vez que los votantes no están mayoritariamente dispuestos a pagar el precio de la demagogia antiyanqui.

Pero la comparación es bastante forzada. Zapatero es un político mediocre cuyo verdadero oficio (y el de todo su gobierno) es despotricar del partido de la oposición, al que culpa de todas las calamidades que ha sufrido España en el último año (no, no es como en otras partes, como rápidamente dictó el prejuicio: es un personaje de la calidad de Chávez, si bien su público es menos tosco). Un buen conocedor del antiguo bloque soviético describe así al presidente español:
Eso sí, Zapatero muestra ya en los mítines la mirada trastornada y el rictus descompuesto de los líderes bolcheviques de provincias cuando amenazaban al enemigo y acusaban al traidor de impedirle cumplir con brillantez su plan quinquenal. Impotente, vierte odio y discordia por doquier. Es peligroso. Dentro y fuera pueden aprovechar su siembra quienes no nos quieren bien. Alguien debiera advertírselo. Pero me dicen que Zapatero ya sólo escucha las voces que oye en su interior.
También en Colombia se pretende explotar esa imagen del espejo, y buena parte de la campaña de propaganda de la prensa contra Bush tiene ese objetivo: los admiradores de Chávez, como William Ospina (pero son prácticamente todos los columnistas de El Espectador) enarbolan sin complejos el pendón humanitario para maldecir el día en que cayó el filántropo amigo de Chávez que "gobernaba" Irak. Bueno, no se debe pensar que van a presentar a Wilson Borja como el Obama local, pero ¿a quién se le ocurre que el Partido Comunista va a ganar las elecciones? Hace menos de dos décadas obtuvo 22.000 votos en unas elecciones, y ciertamente el tráfico de cocaína con que se financia su fuerza de choque permitió crear una vasta clientela entre los empleados públicos (Borja fue presidente de Fenaltrase), pero las elecciones presidenciales requieren muchos más votos.

No, el "obamoide" criollo es Sergio Fajardo: académico, tecnócrata, "progresista", sosegado... El hombre recauda fácilmente el apoyo de la pobre versión local de la Beautiful people. No son muchos los que se dan cuenta de que el vasto "Partido del Caguán" (en que Fajardo necesita apoyarse para formar una mayoría) resultaría inconcebible en EE UU. Es difícil saber hasta qué punto el engaño dará resultado, primero porque Colombia es muy cerrada y la "obamofilia" es más bien una actitud de la misma clase de gente que votó por Carlos Gaviria en 2006, y segundo porque tal vez la imagen del ¡también admirado por William Ospina! no sea tan buena dentro de un año: su actitud conciliadora ha envalentonado a Chávez, a Ahmadineyad y al sátrapa norcoreano, como por lo demás era previsible. Puede que pese a la propaganda la localización del origen de los problemas en la perversidad o estupidez de Bush no siga convenciendo a mucha gente en 2010.

En paralelo a esa imagen del espejo hay otra en la que se cifran las esperanzas de la oposición: el péndulo. Ya no sé cuántas columnas de opinión dedicadas a quejarse del despilfarro de recursos en la guerra contra las FARC y la terrible inseguridad urbana habré leído. La teoría del péndulo parte de que la gente se entusiasma con la guerra contra la guerrilla por un tiempo, hasta que se cansa y empieza a pedir negociaciones de paz. También es un engaño: sencillamente hay épocas en las que surte efecto la propaganda de la prensa deslegitimando el Estado y la gente tolera que los matones de la izquierda democrática impongan su voluntad, como ocurrió con la Constitución del 91. (Bueno, lo que deslegitiman es la democracia, porque el Estado también es la Universidad Nacional desde la que se dirigen las FARC, como lo demuestra el episodio de alias "Cienfuegos" y la Corte Suprema de Justicia, desde donde se cabildea a favor de los negocios de la banda asesina.)

El problema del péndulo para la facción antiuribista es el de una jugada arriesgada de póquer: ¿cómo conseguir que la gente se convenza de la necesidad de la paz y apoye a los aliados de Piedad Córdoba, como el señor Fajardo? Una buena cantidad de bombas en las ciudades (cosa bastante fácil para los terroristas, que cuentan con miles de estudiantes dispuestos a poner en práctica cualquier campaña de ese tipo) podría surtir efecto, pero también, dado el triunfalismo de la mayoría uribista, podría alentar el voto "guerrerista". Más agudos parecen los que se adueñan del triunfo que siempre han saboteado y se proclaman "enemiguísimos" de las FARC y aun dispuestos a enterrarlas refundando el país bien de acuerdo con ellas, bien "desapareciéndolas" de la atención pública.

Pero son sólo motivos (temas) del engaño, y tal vez de autoengaño: la mayoría de los colombianos hoy por hoy desean vivir en un país cuya renta crece, en el que se construyen hoteles y se crean empresas. Por muy redentoras que les pinten las misiones del señor Fajardo y los demás doctores, por mucho que repitan que el país se hunde por los regalos a los ricos, por mucho que presenten a los que cobran los secuestros (como el señor Garzón, que se gastó buena parte de los recursos de los bogotanos en campañas por el "intercambio humanitario") como emisarios de un país en paz y "reconciliado", la gente sabe que en estos años ha mejorado su nivel de vida y ha aumentado su seguridad. Si se deja arrastrar con espejitos hacia un movimiento pendular puede perderlo todo y terminar peor que en 2002.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 27 de mayo de 2009)