martes, septiembre 15, 2009

Los colombianos por las FARC

En los últimos meses las portadas de la prensa colombiana han estado llenas de abierta propaganda terrorista con ocasión de la prometida liberación de seis secuestrados por las FARC gestionada por Piedad Córdoba y un nutrido grupo de profesores universitarios. La "generosa" iniciativa no podía dejar de contar con el respaldo editorial de El Tiempo y El Espectador. ¡No bastaba con la presencia diaria en las portadas, el compromiso tenía que llegar hasta los editoriales! ¿Alguna sorpresa en que las decenas de personas asesinadas por la banda terrorista en ese tiempo figuren decenas de veces menos que la prometida liberación?

Siempre se encuentra uno con lo que de verdad fascina y asquea de Colombia. ¿Qué se figuran los lectores de la prensa que mueve a los editores y editorialistas? ¿No se habrán dado cuenta de que TODAVÍA no han liberado a nadie pero sí han puesto de rodillas al gobierno, sometido al chantaje de resultar responsable del sufrimiento de los secuestrados si no cede a las presiones? Tal vez el camino al desarrollo, la paz y la prosperidad sea tan sencillo como ver lo monstruoso de todo ese juego. Es decir, lo monstruoso de la condición de tantos millones de colombianos dispuestos a colaborar, o a someterse o a desentenderse del asunto. No algo que ocurre en los montes ni en las oficinas de los mandamases de la prensa ni en los hoteles de lujo en que transcurre la vida de la senadora del turbante, sino en la mente de cualquiera.

El relato de la convocatoria es lo que se dice conmovedor: llena de buenas intenciones, la senadora llamó a varios personajes de tierna vocación humanitaria, como el biógrafo-hagiógrafo de Ricardo Palmera, la ex alcaldesa de Apartadó (que clamó por la libertad del citado Palmera y de Sonia) y algunos otros. ¿Qué podían hacer por los secuestrados? ¿Cuántas noches no habrán pasado esos angelitos sin dormir pensando en lo que podrían hacer para aliviar el sufrimiento de esas pobres personas y de sus familias? Algo había que hacer. Afortunadamente, la senadora se inspiró al estar reunida con gente tan generosa y ¡propuso escribirles a las FARC para que los soltaran! La incredulidad cundió, ¿serviría de algo? Los corazones compasivos vacilaban, pero al final se impuso la impaciencia por ver libres a esas pobres víctimas del conflicto armado y se tomó la valerosa decisión de escribirles a las FARC.

Uno escribe esas cosas con la extraña certeza de que a los colombianos les parecerán los desvaríos de un loco. ¿A quién se le va a ocurrir que la prensa del señor Santodomingo, en especial, esté colaborando con los terroristas, con su legitimación y con su chantaje a la sociedad? Ser colombiano es estar sometido a percepciones superiores a la evidencia de los sentidos. Unos graciosos de un blog escriben una parodia de un post de Atrabilioso en el que se menciona a la prensa y a las universidades como aliadas de las guerrillas. ¡Qué ocurrencia! El señor Santodomingo es capitalista, por tanto de derecha, la guerrilla es comunista, por tanto de izquierda, no pueden compartir intereses ni colaborar. Si uno comprueba lo obsesiva que ha sido la campaña de propaganda interesada a favor de las FARC en la prensa, sobre todo en el periódico de Santodomingo, sin duda es que tiene flojo un tornillo. ¡Qué ocurrencia!

Pero eso no es nada: ¡después publicaron otro editorial denunciando la política de incentivar las deserciones de guerrilleros que tengan rehenes! Eso les parece una forma de favorecer a los secuestradores. Más lejos todavía, el correspondiente profesor de la Universidad Nacional sale clamando contra esos "acuerdos humanitarios individuales", ¡carentes de base jurídica! Dios mío, ¡un obstáculo para una negociación humanitaria! ¿Qué piensan los lectores de esos editoriales y del escrito del señor Uprimny, que hasta magistrado fue? Lo único que importa y cuenta es la percepción de cada uno. ¡Es tan descarado el interés por obstaculizar una política que debilita a la banda asesina que hace falta ser un canalla de la misma categoría para no verlo!

Pero la prensa colombiana es ante todo una máquina de propaganda del terrorismo. Por cada crítica que se hace a los políticos que cobran las masacres hay varias decenas de defensas y de falacias justificativas. Si Mauricio Vargas lamenta que la oposición no tenga un discurso contra las FARC, por ejemplo condenando la masacre de Roberto Payán, al día siguiente aparece la correspondiente defensa, reivindicando un comunicado del PDA en el que con toda claridad se protesta contra las FARC por no disparar con puntería contra los policías y se aprovecha para cobrar la masacre en términos pacifistas. (Bueno, el líder de la universidad colombiana, Alfredo Molano, también clamaba porque se trasladaran las estaciones de policía fuera de los pueblos).

En últimas, ¿qué es lo que se escriben los creadores, promotores, propagandistas y valedores de las FARC con su tropa? Al parecer, en Colombia sólo se puede leer eso cuando se es cómplice. No recuerdo ningún comentario sobre esa correspondencia. A pesar de la fatiga que sufrirá el lector a estas alturas, vale la pena detenerse un poco en esas perlas para entender a qué juegan los ¡Colombianos por la Paz! Bueno, no tiene ningún misterio: se trata de promover a la banda terrorista y permitirle figurar ahora que ha sido tan golpeada por el ejército y sobre todo por la población colombiana, que hace casi un año salió a clamar NO MÁS FARC. Con uno u otro pretexto, la correspondencia entre esos asesinos pretende ser como un conjuro: MÁS FARC. Así esperan mantener la moral de la tropa, no tanto la de los peones y sicarios de estrato 1, que a fin de cuentas sólo obedecen y a menudo no saben leer, sino la de los maestros, estudiantes, empleados estatales e intelectuales que siguen apostando por un régimen como el cubano en Colombia.
Bogotá DC., septiembre 11 de septiembre de 2008

Señores miembros del
Secretariado:

La solución de la crisis múltiple que aqueja a la sociedad y al Estado colombianos demanda una juiciosa reflexión así como la participación de los distintos sectores expresados en la sociedad civil y de aquellos actores comprometidos en el conflicto interno armado, social y político que agobia al país, con el objeto de evitar daños a la institucionalidad y propiciar la construcción de una democracia plena con justicia social y paz en la que quepamos todos.
[Es como es este mundo: ¡las FARC resultan posibles protectoras de la institucionalidad!, y como "sectores comprometidos en el conflicto ¡interno!, armado, social y político" (es muy interesante el orden), deben reflexionar a ver qué se hace para ¡propiciar la construcción de una democracia plena! ¿Qué democracia pueden ayudar a propiciar unos asesinos que pretenden imponerse a través del terror? Mejor, ¿quiénes son los asesinos? El interés de la carta de los patrones de las FARC es desde el principio legitimar a la banda asesina, que ¡no cabe en la democracia actual, carente de justicia social y de paz! ¿Quiénes son los asesinos? En lugar de pedir a los terroristas que se entreguen a la justicia, se los intenta legitimar como parte de la sociedad.]
En tal virtud, nuestra aspiración es la de trabajar por desbloquear los caminos que conduzcan a la concreción de un Acuerdo Humanitario que permita la liberación de secuestrados y prisioneros en poder de la insurgencia armada de las FARC y, al propio tiempo, la libertad de los presos de esta guerrilla bajo la jurisdicción del Estado.
[No podían decirlo mejor: su interés es cobrar el secuestro, pues ¿para qué se cometen los secuestros? No, no crean que para obtener la liberación de los asesinos encarcelados: los rehenes políticos son un estupendo recurso precisamente para que los socios de la prensa publiciten hasta lo inaudito las "razones" de los terroristas. ¿Por qué no aspiran a que los inocentes queden libres y los terroristas paguen por sus crímenes? Naturalmente, porque necesitan a la tropa para asegurarse rentas y ascenso social.]
Comprendemos que una alternativa diferente al entendimiento político para celebrar un Acuerdo Humanitario y facilitar una salida negociada al conflicto entrañaría el padecimiento de importantes sectores de la población, el inminente peligro para la vida de los cautivos que están en la selva, la degradación de la guerra, y el estímulo a la militarización y al autoritarismo y debilitamiento institucional del proceso político nacional.
[El chantaje es directo: si no se premia el secuestro, los cautivos la pagarán. ¡No hay alternativa, hay que ayudar a matar más gente porque de otro modo las víctimas van a sufrir más! Pero es peor, ¡se debilitarán las instituciones, no porque no se apliquen las leyes, sino porque se apliquen! ¡Pero eso está dirigido a los terroristas! ¿Qué son las instituciones? Cualquier cosa: los lectores de esa correspondencia, casi seguros partidarios del chavismo y demás, se sentirán aliviados de colaborar con la defensa de las instituciones, que no castigan el secuestro sino que lo premian, que no defienden los derechos de los ciudadanos, sino que reconocen a quienes los asesinan. ¿Quiénes son los asesinos? ¿Se ha dado cuenta el lector de que hasta ahora no hay ni una sola palabra de las FARC? Es que no hay ninguna diferencia entre esos angelitos y su servicio doméstico armado, más allá de la labia pomposa y la ropa cara.]
El escalamiento de la confrontación ha desbordado la geografía nacional e impacta territorios de países hermanos con diversos hechos de violencia institucional que han puesto en dificultades las relaciones diplomáticas de nuestro país.
[Esto parece referirse a la muerte de Luis Edgar Devia: los pacifistas de buen corazón y liberadores vocacionales están preocupados por el daño que se hace a las relaciones diplomáticas de nuestro país. Obra, claro está, del "escalamiento de la confrontación", naturalmente atribuible al gobierno. ¡No es que una banda de asesinos pretenda imponerse mediante el terror sobre los ciudadanos, sino que hay una confrontación que no han querido resolver! En realidad el retroceso de los comunistas en Colombia parece ser ante todo el agotamiento de las falacias con que llevan varias décadas intoxicando el ambiente. Todas las mentiras del trust Münzenberg parecen formar parte de una pesadilla recurrente, de un dejà vu asqueante y fatigoso. Da lo mismo que todos los días tengan Noticias 1 y varios periódicos dedicados a divulgarlas, basta un poco de humanidad y sentido común para no secundarlas. Por eso se mantiene la popularidad de Uribe.]
No obstante, tenemos la certeza de que los presidentes y jefes de Estado de pueblos hermanos en el hemisferio y de los denominados países amigos europeos concurrirán de manera solidaria a apoyar los procesos de diálogo que estamos proponiendo.
[Cuando Piedad Córdoba tuvo la feliz idea, ¡no sospechaba que fuera a contar con tan generosos apoyos! ¡Nada menos que de los pueblos hermanos y de los países amigos! ¿Alguien recuerda la cínica presión sobre el gobierno colombiano en tiempos del Caguán para que premiara a los terroristas? La prensa se inventó la designación "países amigos" para esos gobiernos y esos diplomáticos. Yo no puedo entender que la gente distinga mucho a esa gente de los terroristas. Sin esas presiones, miles de personas se habrían salvado del secuestro y del asesinato en esos años. Ni hablar del apoyo de Chávez a las FARC, incluso poniendo una fábrica de fusiles de los que necesita la banda asesina. ¿Cómo no va a apoyar a los filántropos que hacen lo inimaginable para buscar la libertad de los secuestrados?]
Por las razones expuestas y con el ánimo de emprender desde ahora la búsqueda de soluciones a favor de la paz de Colombia y el sosiego de los seres humanos afectados por el conflicto, de manera cordial los invitamos a desarrollar un diálogo público a través de un intercambio epistolar mediante el cual ustedes, nosotros y en general la sociedad colombiana, podamos identificar los elementos que permitan definir una agenda que esclarezca las rutas en las que sería posible un entendimiento, en aras del anhelado acuerdo humanitario.
[Ya tenemos dos partes de la sociedad colombiana, el resto existe, "en general", ¡y puede participar en el intercambio epistolar, no faltaría más!, a ver si entre todos cobramos el secuestro y hacemos realidad ese anhelo del intercambio humanitario. Ya los terroristas están legitimados, a partir de entonces, septiembre 11, sólo quedaba esperar a ver si los señores del Secretariado querían atender el llamado generoso de ese grupo de colombianos que han dedicado su vida a la revolución proletaria y ahora anhelan logros humanitarios, pues ¿para qué iban los guerrilleros a secuestrar a esa gente? El descaro no puede ser mayor, pero ¿qué papel tiene la prensa? ¿Qué despierta todo eso entre los demás colombianos?]
Consideramos que ya existe una apreciable corriente de opinión que favorece la promoción de factores contrarios a la solución armada y que está en condiciones de colocar los referentes apropiados para generar una controversia democrática sobre los temas de la paz y de la guerra en Colombia, con el fin de propiciar la convivencia pacífica dentro de una nueva ética social.
[Que a nadie le quepa duda: la corriente de opinión quiere promover "factores contrarios a la solución armada" que no sean el desarme de las bandas de asesinos, sino la rendición de la sociedad a ellos. ¿O qué ha ocurrido a partir de entonces? ¿Qué son realmente las FARC, en la descripción de estos angelitos? ¡Ellos sólo desean la convivencia pacífica dentro de una "nueva ética social"!]

Y tuvieron suerte, ¡las FARC les contestaron! Tan grande es la intolerancia que hay en el país, que nadie esperaba que las FARC atendieran a ese respetuoso llamado a la sensatez de unos colombianos que a las FARC les parecieron ¡Colombianos por la Paz! Los asesinatos posteriores son sólo la sombra de ese crimen, de esa manifiesta solidaridad con los asesinos de grupos privilegiados en la sociedad colombiana y de intereses perversos y mafiosos, como los del señor Santodomingo y los demás dueños de la Gran Prensa.
Montañas de Colombia, octubre 16 de 2008

Respetados Compatriotas:

Con beneplácito hemos recibido su misiva de septiembre que invita a explorar colectivamente caminos hacia la paz alejados del actual rumbo gubernamental de guerra perpetua que significa persistir en el imposible de una solución militar a los problemas políticos, económicos y sociales que subyacen en el cruento conflicto que estremece al país.
[Como quien dice, "hablando se entiende la gente": después de que los benefactores de las víctimas de ese conflicto mostraran el correspondiente (ése es el sentido de la "correspondencia") reconocimiento a los secuestradores, éstos se muestran felices de encontrar gente dispuesta a buscar la paz. ¿Alguien ha registrado ese reconocimiento en la prensa? No, no existe, es de lo más respetable que esos colombianos permitan a los terroristas decir que el problema es que el gobierno no los quiere premiar y que ellos representan a la población por encima de las urnas.]
Saludamos el florecimiento de una corriente de opinión que se aparta del falso triunfalismo y de los parámetros de la solución guerrerista a los grandes problemas nacionales. No dudamos del éxito de su gestión porque coincide con el sentimiento y el anhelo de paz de las mayorías.
[Ahí los asesinos de ropa cara que colaboran en la operación de propaganda de la banda de rústicos resultan designados representantes de las mayorías, al tiempo que les reconocen el "apartarse de la solución guerrerista": claro que TODOS los firmantes de la carta de reconocimiento a los terroristas eran los que presionaban por más masacres y más secuestros y más minas en tiempos del Caguán, pues siempre les parecía que el premio de impunidad que ofrecía el gobierno corrupto y venal de Pastrana era insuficiente y hacía falta más presión: casi todos los primeros firmantes serían los ministros y embajadores de un régimen fariano. Las FARC son sólo un pretexto de su ambición. ¡Claro que se apartan de la solución "guerrerista" pues a fin de cuentas son los adoctrinadores y promotores de las bandas criminales!: extrañamente no quieren que se las combata, claro, y los demás colombianos chupándose el dedo o dándoselas de vivos a ver cómo se hacen amigos de esos filántropos.]
Esta carta es ya el comienzo del Intercambio Epistolar que nos proponen para discutir en torno a la salida política del conflicto, el canje humanitario y la paz. Participaremos de cara al pueblo en un diálogo con amplitud y franqueza, sin dogmatismos, sin sectarismos y sin descalificaciones sobre los temas que sugieren. Es necesario esforzarnos en procurar la vinculación de la mayor cantidad posible de organizaciones políticas y sociales y de personas independientes.
[¡Bendito sea Dios, hasta las FARC son razonables y se prestan a ese amable diálogo de yo con yo! Y son hasta buena gente, no quieren dogmatismos ni sectarismos. Si les toca castrar policías delante de sus vecinos, o masacrar niños, no será por sectarios ni dogmáticos, pues ¿quién mejor que ellos para juzgar los valores de la gente?]
Nuestra disposición a explorar posibilidades hacia el canje humanitario y la paz con justicia social que es hoy el clamor y la necesidad más urgente y sentida de toda la nación, continúa invariable. La liberación unilateral de seis ex congresistas en el pasado reciente, entregados al Presidente Hugo Chávez y a la senadora Piedad Córdoba, buscaba crear condiciones y ambientes propicios al canje de prisioneros en poder de las partes contendientes. Este hecho es testimonio fehaciente de voluntad política.
[Lo dicho, ¿quién va a poner en duda su buena voluntad? Ciertamente, ya lo veremos, no lo harán los generosos colombianos por la paz. ¿Cuáles fueron los seis ex congresistas que soltaron? Pero, a ver, ¿quién les va a negar su derecho a hacerse voceros de "toda la nación"? La solidaridad de los socios políticos de esos asesinos sólo es posible por un daño moral generalizado, en otros países esa gente estaría en la cárcel.]
Muy respetuosamente sugerimos, para reforzar este nuevo emprendimiento, tener en cuenta la manifiesta disposición de la gran mayoría de Presidentes latinoamericanos para contribuir con sus esfuerzos en el proceso de intercambio humanitario y paz.
[Es parte del guión, sólo falta saber quién concibió realmente la correspondencia. Podría ser alguien de La Habana o de Caracas, aunque la retórica supuestamente refinada hace pensar en algún genio como Enrique Santos Calderón. ¡La respetabilidad de la gran mayoría de presidentes latinoamericanos legitima el secuestro y la admirable tarea de cobrarlo!]
La inmensa bandera de la paz con justicia social deberá ondear definitivamente, libre, bajo el cielo de Colombia. La guerra eterna contra el pueblo que nos quieren imponer para perpetuar la injusticia no puede ser el destino de la patria.

Reciban nuestro saludo cordial.

Compatriotas
Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP
Montañas de Colombia, octubre 16 de 2008
[Todos esos supuestos de la propaganda terrorista serán confirmados por los colombianos por la paz, pues de lo que se trata es de aprovechar la solidaridad de los medios y de tantas redes de antiamericanos en todo el mundo para promover la causa de los terroristas, entiéndase bien, para matar más soldados y policías y en últimas más civiles. También para secuestrar más gente, pues la única forma en que dejarán de hacerlo será derrotándolos y sometiéndolos a la ley.]

La correspondencia sigue. Esta vez contestan los benefactores de la humanidad.
Bogota DC., noviembre 27 de 2008
Señores Miembros del SecretariadoFARC-EP
Cordial saludo.

Su respuesta a nuestra carta nos ha estimulado por los contenidos de esperanza para la paz nacional y por el lenguaje acorde con el dialogo epistolar emprendido. Nuevos fenómenos conmueven hoy a la conciencia nacional. Sin ignorarlos, estimamos que ellos no nos deben apartar de la discusión crucial de la guerra y la paz en Colombia.
[Lo dicho, alabado sea Dios, contestaron, hay que agradecérselo y reconocerles esa amable disposición al diálogo.]
La divulgación sobre la práctica por parte de sectores de las Fuerzas Armadas de los crímenes contra la vida o ejecuciones extrajudiciales cubiertos bajo la denominación de falsos positivos y la purga en las filas del Ejército Nacional han puesto en evidencia el más reciente capítulo de la guerra sucia en Colombia. La escalada en el conflicto colombiano ha estado acompañada de mayor degradación. En ese contexto aspiramos a avanzar hacia un Estado moderno y democrático que permita alcanzar condiciones dignas para la vida en comunidad.
[Dolidos como están esos sabios bondadosos por los asesinatos de inocentes, ¿a quién van a poder quejarse aparte de quienes se muestran dispuestos al diálogo? Claro, a diferencia del gobierno nacional y de la mayoría de los colombianos. El alma desprotegida y en presencia del horror busca consuelo en quien la pueda comprender, ¿cómo ponerlo en duda?]
Estamos persuadidos de que la comunicación que ustedes declararon iniciada al responder a nuestra carta del 16 de septiembre del año en curso, tendrá sentido y logrará eficacia si se desenvuelve bajo el signo del intercambio concreto y transparente.
¡Claro! No hay como el diálogo. Ya verán cómo todo tiene sentido y "logra eficacia". El lenguaje absurdo y de comedia es el resultado natural de escribir una farsa en la que nadie cree, pero que permite reclutar apoyos entre la militancia del PDA y entre las clientelas mafiosas del samperismo.]
Creemos que la práctica del secuestro es de por sí inhumana y no se le puede defender sin que al mismo tiempo se ingrese en el terreno cenagoso donde campea la divisa del “fin justifica los medios”. Por ello de manera cordial pero sin rodeos, nos permitimos preguntarles si están dispuestos a abandonar de manera definitiva la práctica del secuestro. Al respecto hemos recordado un antecedente aportado por el Secretariado de las FARC-EP, entonces bajo el liderazgo de Manuel Marulanda Vélez y de Jacobo Arenas y respaldado conjuntamente por Raúl Reyes y Alfonso Cano el 28 marzo de 1984: Nos referimos al segundo apartado del “Acuerdo de la Uribe” en el sentido de abandonar el secuestro como arma política y económica. Esa toma de posición fue recibida con inmensa satisfacción por la opinión pública y en el corto plazo salvó del colapso al proceso de Paz que tenía poderosos enemigos. El asunto planteado tiene una estrecha vinculación con el espíritu del DIH y, en especial, con los convenios de Ginebra (Protocolo II).
[Todos nos conmovemos ante tan humanitarias y sensibles razones: ¡lo que no es tan inhumano es el asesinato de policías y militares y el intento de destrucción de la democracia colombiana! Los miles de secuestros cometidos desde 1984 quedan de un plumazo perdonados siempre y cuando las FARC se acojan al diálogo y se den cuenta de la noble intención de los pacifistas.]
Millones de personas en Colombia y fuera de ella no pueden alejar de la conciencia la imagen de numerosos colombianos que ven pasar sus horas y sus días en doloroso cautiverio, tanto en las selvas de Colombia como en las cárceles del Estado. Estimamos que en el orden de urgencias está en primer lugar el Intercambio Humanitario y que la búsqueda de condiciones realistas para convenirlo entre el Estado y la Insurgencia debe comprometer nuestros esfuerzos y los de ustedes.
[Hermosa equiparación entre los criminales presos y los niños, ancianos y demás personas inocentes "retenidas" para asegurar las rentas no sólo de las FARC sino de los firmantes de las misivas. ¿Quién iba a ser el portavoz de esas personas dolidas sino el grupo de habituales propagandistas de las FARC que obran en la impunidad gracias a que en Colombia hay libertades que bajo las FARC serían inimaginables.]
En ese sentido, el aporte de elementos explícitos a la discusión por ustedes, corresponderá a las palpitantes preocupaciones de la opinión nacional e internacional. Por lo tanto les sugerimos que de cara a un eventual Intercambio Humanitario, se sirvan avanzar en algunas reflexiones conforme a las cuales se pudieran diseñar -en su carácter de organización- escenarios en donde sea posible plantear y debatir con la sociedad alternativas políticas para encontrar una senda transicional hacia una sociedad justa y equitativa.
[Lo dicho, el sufrimiento de los retenidos en cárceles y selvas despierta en esas nobles personas el anhelo de una sociedad justa y equitativa, hermosa tarea en la que no podían dejar de participar las FARC.]
Una ola de optimismo sobre la renovación democrática del mundo alcanza hoy a pueblos y países. Los vientos no soplan a favor de las tendencias y gobiernos que alientan las guerras. Sentimos que ese clima internacional es favorable a todos aquellos que en Colombia trabajan sin vacilación por una salida política a la confrontación bélica interna.
[No faltaría más: como siempre, el problema son los gobiernos que alientan las guerras, no los asesinos que intentan imponerse sobre los ciudadanos.]
En la mayoría de países de nuestro continente han accedido a la dirección del Estado movimientos y figuras comprometidas con el cambio social, la inclusión étnica, la ampliación democrática y el desarrollo de políticas internacionales independientes. Creemos que en ellos la Paz de nuestro país cuenta con incondicionales aliados.

Las perspectivas, ciertamente diferenciadas que estos gobiernos ofrecen, representan sin duda un interesante y alentador horizonte político.

Con nuestros mejores deseos esperamos a la mayor brevedad su respuesta a esta nueva carta. Atentamente,
[La mentira ya hastía porque todo el mundo ha oído hablar de Orwell: si Chávez apoya a las FARC y Rodríguez Chacín las alienta a seguir matando, eso es en aras de la paz. La Paz es la Guerra. No faltaría más.]

Nueva ocasión para que los terroristas se muestren como los defensores de la paz que les piden sus propagandistas urbanos. Aunque, la verdad es que las FARC no llegan al cinismo de los asesinos que les hacen de consultores y se pasan la vida en hoteles de lujo gracias a los secuestros y masacres.
Montañas de Colombia, diciembre 17 de 2008

Señores
COLOMBIANOS POR
LA PAZ
Bogotá

“Aun cuando sean alarmantes las consecuencias de la resistencia al poder, no es menos cierto que existe en la naturaleza del hombre social un derecho inalienable que legitima la insurrección.” SIMÓN BOLÍVAR

Compatriotas:

Con esta reflexión del padre de nuestras repúblicas, el Libertador Simón Bolívar, -que ayuda a comprender preocupaciones colectivas- damos continuidad al intercambio epistolar respondiendo a los temas planteados en su misiva del 27 de noviembre.
[Ya es una vieja costumbre: cuando la indignación nacional con las infinitas atrocidades de esos asesinos empezó a subir, el inefable Alfredo Molano, previsiblemente uno de los primeros firmantes de la carta, salió a decir que era lo mismo que se decía de Bolívar. Pero en Colombia el crimen es ser pobre, indio o de regiones remotas. ¿A quién se le va a ocurrir que Molano, beneficiario de sueldos de varias decenas de salarios mínimos y de cargos diplomáticos para su familia gracias al interés de paz de los gobernantes vaya a ser más responsables que los pobres niños que castran policías?]
Compartimos con ustedes que la discusión sobre la guerra y la paz en Colombia no puede ignorar fenómenos que estremecen hoy la conciencia nacional. Los denominados eufemísticamente “falsos positivos” –que debieran llamarse asesinatos de civiles no combatientes ejecutados por el Estado- son, como ustedes acertadamente lo perciben, manifestación dolorosa de la guerra sucia que vive Colombia. Constituyen un espeluznante grito de victoria de la “seguridad democrática” del presidente Uribe que siempre midió el éxito de esa política –en su componente militar- en litros de sangre.

No puede considerarse como hecho aislado lo que obedece a una directiva puntual del Ministerio de Defensa y de la Presidencia, repetida sistemáticamente a nivel nacional en todas las guarniciones.
[Lo sabía, lo sabía: ¿quién va a conmoverse más por los asesinatos de inocentes que estos benefactores del género humano? ¿Eh? Cuando algunos canallas con sueldo militar dejaban de cumplir su misión de capturar a los firmantes de la correspondencia y se dedicaban a engañar a los colombianos honrados que esperamos que los capturen, les infligían el mayor daño en sus nobles sentimientos. De verdad que el espectáculo de estos criminales es tan atroz como las innumerables masacres de inocentes que han cometido, o que han alentado.]
Es imposible desvirtuar que los miles de civiles asesinados para ser presentados noticiosamente como guerrilleros muertos en combate, lo fueron por el estímulo de los ascensos y recompensas ofrecidas desde el gobierno a los militares. Así como es un hecho destacable, el que después del conocimiento público sobre semejante genocidio, el Ministerio de Defensa no volvió a publicar sus abultadas cifras de "muertos en combate" con las que sustentaban su fantasiosa "derrota de la insurgencia" y el "fin del conflicto". La conciencia de la nación debe impedir que este tipo de crímenes de lesa humanidad que implican al Estado, terminen en la impunidad. La destitución de algunos altos mandos militares por tales hechos debe ser complementada con una responsabilidad penal, lo que muy seguramente, llevará que las cortes y los tribunales de los pueblos sienten a la "seguridad democrática" - desarrollo de la fascista doctrina de la seguridad nacional - en el banquillo de los acusados.
[¿Quién va a tener derecho a hablar de impunidad más que los que la combaten? ¿Eh?]
Tal como lo aprecian ustedes, la escalada del conflicto -que tiene relación directa con la injerencia creciente del gobierno de los Estados Unidos en el conflicto interno de Colombia- ha estado acompañada de una mayor degradación. Algo debemos hacer para desembarazarnos de esa maldición que pareciera perseguirnos desde la destrucción de la Colombia de Bolívar y de su gran obra legislativa concebida de cara al bien común.
[Lo dicho, ¿para qué es la correspondencia? Para que los asesinos puedan erigirse en jueces. Pero eso con el entusiasta apoyo de la prensa. Un apoyo que en el caso de los columnistas es casi por completo unánime.]
Desde las medianías del siglo pasado la degradación acicateada por el Estado no cesa de crecer en espiral. Los mismos métodos brutales que segaron la vida de 300 mil colombianos en la década del 50, ahora más refinados, siguen victimizando a la población, descuartizando con motosierras, enterrando en fosas comunes, desplazando a millones de campesinos para apoderarse de sus tierras, “empapelando” jurídicamente a ciudadanos, hasta alcanzar el nivel de barbarie de los “partes positivos”.
[Es cuando uno entiende por qué tienen que tener a tantas personas en "cambuches" miserables vigilados por niños que en caso de desobedecer tendrían que comerse a su familia o serían automáticamente fusilados. ¡Es que se oponen a la barbarie!]
Recordamos la respuesta del comandante de las FARC Manuel Marulanda a una pregunta sobre humanización de la guerra: “la mejor manera de humanizar la guerra es acabarla”. Hoy seguimos teniendo la misma percepción, y para ello es indispensable el cambio de las injustas estructuras.
[Se nota que los jefes de las FARC leen a Antonio Caballero: lo mejor es acabar la guerra, para lo cual los ciudadanos deben reconocer a esos asesinos como sus amos.]
Celebramos que su alusión a los prisioneros de guerra, esté desprovista de ese “humanitarismo tuerto” diseminado por los medios, que ve a los prisioneros de un sólo lado, ignorando que se trata de dos partes contendientes. Este enfoque ayuda a la búsqueda de una solución realista del problema, para lo cual reiteramos nuestra determinación y voluntad de alcanzarla.
[El mentado diálogo de yo con yo: la operación propagandística se vuelve fastidiosa por lo previsible.]
En este esfuerzo colectivo, es importante avanzar en la identificación y precisión de los temas objeto de nuestras reflexiones para ganar certezas en la búsqueda de soluciones. Por ejemplo: en un conflicto armado y social como el que vive Colombia desde hace más de 40 años, integrantes de la fuerza pública debidamente armados, entrenados y uniformados combaten diariamente, de distinta manera y en diferentes escenarios, con la guerrilla revolucionaria, presentándose bajas de parte y parte, como ocurre en toda contienda bélica. Finalmente una de ellas obtiene la victoria y toma prisioneros de la parte contendiente. Eso ha ocurrido, ocurre e inevitablemente seguirá ocurriendo, aquí y en todo el mundo mientras persistan los conflictos. Ese tipo de capturados, son prisioneros de guerra. Esa es su categoría dentro de la confrontación. Salvo que se pretenda, como en el caso del gobierno de Álvaro Uribe, negar la existencia del conflicto.
[Lo interesante de todo este párrafo es que es exactamente la misma retórica de la inmensa mayoría de los columnistas y editorialistas: "negar la existencia del conflicto" significa que una banda de asesinos no es equivalente a un Estado legítimo y reconocido por sus ciudadanos en elecciones libres. Y por lo tanto, "admitir la existencia del conflicto" significa legitimar los asesinatos de las bandas armadas y hacerlas equivalentes a las instituciones reconocidas por los ciudadanos. Es que "el conflicto", los asesinatos de las FARC y el ELN, son el negocio de quienes "admiten la existencia del conflicto", es decir, de los grupos poderosos de la sociedad colombiana que pretenden imponer un régimen como el cubano y congelar así el orden social, aparte de asegurarse rentas perpetuas y puestos de mando.]
La propuesta de Manuel Marulanda Vélez al congreso de aprobar una ley permanente que deje abierta la posibilidad del canje, cobra plena vigencia en estas circunstancias. Evitaría un cautiverio prolongado y doloroso. En este mismo sentido y con implicaciones de muy diversos órdenes, hemos planteado en diversas oportunidades la conveniencia de un reconocimiento de las FARC-EP como fuerza beligerante. Se presenta también la retención de personas con algún tipo de representación política, que han tomado partido involucrándose abiertamente a favor de la guerra y en crímenes contra sectores populares, vinculados con el militarismo y el paramilitarismo como lo demuestra todo el proceso de la parapolítica, o, que con sus acciones, golpean al pueblo, al tesoro o los bienes públicos. Estos, ante la ominosa impunidad del régimen y en la lógica de los de abajo, deben responder por su conducta. Y se da también el fenómeno de la retención de personas con objetivos económicos que tiene múltiples autores: policías, militares, DAS, paramilitares, delincuencia común y miembros de la insurgencia. En la responsabilidad que nos cabe y, entendiendo las dificultades que ello nos acarrea, nos hemos hecho esta reflexión: ¿cómo se financia una confrontación como la colombiana? ¿Cómo lo hace, por ejemplo, el Estado? decreta cargas impositivas generales, Impuestos de guerra, aportes de las empresas trsnacionales, entre las que se destacan: BP, Chevron- Texaco OXI, Drummond, Chiquita Brand, Repsol, Monsanto, Cocacola, etc.; pero fundamentalmente financia la guerra con ayuda económica, militar y tecnológica del gobierno de los Estados Unidos. Colombia es el primer receptor de esta "ayuda" en el hemisferio, la cual se paga con soberanía. El prominente sociólogo estadounidense James Petras estima que Washington ha invertido en el plan Colombia más de 10 mil millones de dólares en los últimos 6 años. Es una desproporción de recursos económicos y de medios para una guerra Injusta contra un pueblo.
[Definitivamente, los miembros del Secretariado leen El Espectador: el lamento por la imposibilidad de financiar legalmente la guerra justa del pueblo ya lo había expresado Alfredo Molano. La ley permanente de canje pretende asegurar la impunidad de los terroristas, pues siempre se podría secuestrar gente para forzar la libertad de quienes la masacran. Pero ¡era para eso la correspondencia! El problema es la condición moral de los colombianos, pues ¿habrá alguien que ignore que la correspondencia era para eso? Si no hay una corriente de indignación contra el cinismo de estos asesinos "corresponsales" es por la misma razón porque hay secuestros, porque la gente está siempre más cerca del abusador que de la víctima.]
En el espíritu de minimizar el impacto sobre los no combatientes, las FARC expidió la Ley 002 sobre tributación, que cobra un impuesto para la paz a aquellas personas naturales o jurídicas cuyo patrimonio sea superior al millón de dólares y que solo en última instancia contempla el recurso de la retención.
[También era previsible que la queja por los secuestrados serviría para presionar a favor de la Ley 002. En realidad, ¿alguien duda que es el verdadero motivo por el que tantos sicarios morales se dedican a calumniar al gobierno en los foros de la prensa?]
La guerra a medida que se generaliza produce efectos dolorosos y no deseados. Con franqueza les comentamos que no está dentro de nuestro ideario ni en nuestros principios la eternización de estos métodos. De hecho, lo hemos manifestado estando inmersos en diálogos que buscaron la paz con anteriores gobiernos, como bien lo resaltan en su nota. Los temas de esta misiva son más que oportunos para sugerirles lo importante que sería abrir un amplio debate sobre la situación de miles de presos políticos encarcelados luego de redadas masivas utilizadas como táctica para atemorizar y disuadir el apoyo popular a las fuerzas insurgentes. Son millares los ciudadanos acusados de rebelión y terrorismo a través de montajes de la inteligencia militar y del pago de jugosas recompensas. Esta reflexión colectiva debería incluir también la desaparición forzada de personas, la más aberrante forma de secuestro existente ejecutada por el Estado, y que a la pérdida de la libertad agrega la pérdida de la vida luego de espantosas torturas y en medio de la mayor impunidad.

Finalmente, nos piden ustedes, de cara a un eventual intercambio humanitario, avanzar en algunas reflexiones acerca de cómo "diseñar" escenarios en donde sea posible debatir con la sociedad alternativas políticas para encontrar una senda transicional hacia una sociedad justa y equitativa".

Al respecto estamos proponiendo a través del manifiesto de las FARC-EP y de la plataforma Bolivariana por la Nueva Colombia (documentos adjuntos), un encuentro de las fuerzas políticas y sociales interesadas en el cambio, que nos permita delinear de manera consensuada un gran acuerdo nacional hacia la paz, para construir colectivamente alternativas políticas a la guerra y a la injusticia social. Estamos seguros que a nosotros y a millones de Colombianos nos gustaría ver florecer un nuevo gobierno, producto de ese pacto social, que convoque al diálogo de paz con participación de las organizaciones políticas y sociales del país, que lleve sus conclusiones a una asamblea nacional constituyente, para que el tratado de paz así logrado, tenga además, sustento constitucional.
[En este párrafo se anuncia el verdadero sentido de las supuestas liberaciones y de la campaña de los medios: lanzar con el chantaje de la paz un movimiento al que se sumarán, sin la menor duda, tanto el PDA como los visionarios de Mockus (Hernando Gómez Buendía, cabeza de lista al Congreso de ese grupo, es uno de los primeros firmantes), al igual que los "liberales", sometidos a Piedad Córdoba. No es raro que la prensa del magnate que multiplicó su fortuna gracias a Samper esté tan ilusionada con el diálogo.]
Como muestra fehaciente de la voluntad que nos asiste y como gesto que apunta a generar condiciones favorables al canje humanitario, anunciamos la próxima liberación unilateral de seis prisioneros en dos etapas. Estos serán entregados a ustedes, como "colombianos por la paz de Colombia" en cabeza de la senadora Piedad Córdoba. Primero serán liberados tres agentes de policía y un soldado, y a continuación, el señor Alan Jara y el di*****do Sigifredo López. Las condiciones de modo, tiempo y lugar serán precisadas en su debido momento.

Reciban nuestro saludo cordial.

Secretariado del Estado Mayor
Central de las FARC-EP

Montañas de Colombia, diciembre 17 de 2008
[Y al cabo de un mes sólo hay titulares y más titulares y abierta promoción en la prensa de la tarea de los terroristas y velada solidaridad de todos los críticos supuestamente razonables del gobierno. Y la gente de bien debe estar atenta, porque con los recursos venezolanos, más los que obtienen los terroristas del secuestro y el tráfico de cocaína, las maquinarias "liberales" y las clientelas sindicales sometidas al PCC, es decir, a las FARC, podrían poner un presidente de ese "Gran Acuerdo Nacional", anunciado hace más de un año por personajes como Eduardo Posada Carbó y respaldado expresa o tácitamente por los diversos portavoces de la oposición. El que tenga dudas acerca de todo eso sólo tiene que leer a León Valencia, que incluye a Fajardo entre los renovadores, o las proclamas de apoyo a los Colombianos por las FARC de personajes como Luis E. Garzón.]

Publicado en el blog Atrabilioso el 21 de enero de 2009.)

viernes, septiembre 11, 2009

De la mala fe

En un texto sobre la mayéutica, el método pedagógico socrático, Estanislao Zuleta explicaba que a fin de cuentas la tarea de educar no se puede concebir como simplemente llenar algo que estaba vacío, pues nada sería más fácil. Más que de proveer respuesta a las preguntas del educando, se trata de remover las respuestas falsas con que está provisto, que en el lenguaje de Platón era la doxa (opinión) y que hoy llamaríamos ideología o prejuicio. Puede que en ese planteamiento falte otra posibilidad: la de que la ideología u opinión prejuiciada y errónea de la otra persona se deba a la mala fe, a la resuelta disposición a mentir que caracteriza a alguien movido por intereses espurios o aun por la certeza de que esas mentiras le proporcionan ventajas.

Esa disposición de mentir sólo tiene un recurso cuando se ve confrontada: la violencia y la intimidación. De eso quedó constancia en el microcosmos de la blogosfera colombiana con el episodio de los blogs borrados, ocasión en que los editores de la revista virtual Equinoxio llenaron muchos blogs con insultos y amenazas (“¡te vamos a matar, comunista hijueputa, vivan las AUC”) firmando como “Jaime Ruiz”, y después, en alianza con un profesor de periodismo de la Universidad Externado de Colombia combinaron el phishing con otros recursos de ingeniería social para borrar los blogs de personas que no conocían nada de lo que ocurría en Colombia, otra vez firmando como “Jaime Ruiz”.

Es sólo un caso que muestra la disposición de la universidad colombiana, en la que la productividad de sus investigadores y maestros es absolutamente nula (nadie ve obras científicas de autores colombianos en ninguna librería de otro país, ni se puede decir que haya muchos profesores colombianos en universidades de otros países, al tiempo que los locales a duras penas consiguen ir un poquito más allá de la habitual recitación de las consignas farianas). Sólo se trata de asegurar pretextos para la dominación que ejercen las personas relacionadas con esas clases altas.

En términos generales, para poder decir que se sabe o se conoce algo hay que hacer frente al problema de la verdad. ¿Hay asertos verdaderos y falsos o no los hay? En el medio de la universidad en Colombia lo único verdadero que hay son los sueldos de los profesores y el miedo que experimenta quien de algún modo los incomode. Ni el mismo presidente puede hablar en unos tristes adoctrinaderos de asesinos en los que cualquier idea es algo tan extraño como un strip-tease en una ermita.

Ya en una ocasión expliqué cómo la universidad colombiana es incapaz de responder en términos de verdadero o falso a cualquier cuestionamiento a la ideología que imparte. He aquí otro caso que lo explica a la perfección.

El bajista del grupo británico Blur, Alex James, hizo un documental en Colombia sobre la industria de la cocaína. Es algo que resulta muy recomendable ver, más allá de las intenciones o del planteamiento del músico. En varias ocasiones aparece entrevistado un asesino a sueldo, un joven colombiano que parece bastante normal y que razona con mucha más lucidez y sindéresis que la mayoría de los doctores en ciernes. ¿Qué opinaba ese joven, que moriría antes de que se terminara de filmar el documental, del tráfico de cocaína? Pues dijo que la mayoría de la gente en la calle pensaba que dado que los estadounidenses explotaban a Colombia era justo que al menos una parte se quedara en manos de los colombianos. Esa explotación tenía que ver con la propiedad de la mayoría de las grandes empresas que hay en el país.

Y es cuando uno quisiera preguntar a cualquier persona que lea esto:

1. ¿Tenía razón ese muchacho en lo que decía, que la industria de la cocaína en gran medida existe porque la gente la justifica por antiamericanismo? Cuando uno le expone un pensamiento parecido a algún profesor o estudiante universitario colombiano debe llevar escudo o saber kárate para hacer frente a las puñaladas que le pueden venir. No hay que esperar ninguna respuesta de esos hampones.

2. ¿Es verdadero o falso que la idea de que las empresas extranjeras que se instalan en Colombia empobrecen al país ha sido durante el último medio siglo hegemónica en las universidades colombianas, y de ahí ha salido a toda la sociedad? Bueno, la idea de que la pobreza de unas naciones es el producto de la riqueza de otras.

3. ¿Es verdadero o falso eso?

Es tremendamente sencillo: la educación en Colombia consiste en imbuirse de mentiras disparatadas y criminógenas, pero uno no puede cuestionarlas porque desautoriza el orden social que provee rango y rentas fabulosas a quienes profesan esa ideología del crimen, y lo cometen, como el citado profesor y los malhechores de Equinoxio. La gente resulta halagada en su pereza y parasitismo con esa clase de “ideas” y ya todo recurso a la razón resulta superfluo.

Uno encuentra en los colombianos siempre toda clase de asechanzas pero nunca una discusión seria sobre las tres cuestiones enumeradas arriba. Ya no se trata de ideología, opinión o prejuicio, sino de un orden social basado en el despojo y la violencia: en el que cualquier recurso a la verdad resulta por completo disonante. Un orden social cuya única respuesta es el asesinato (las guerrillas son sólo mafias en cuya base están esos jovencitos sin esperanzas y en cuya cúspide están los mismos dueños de las universidades públicas).

Y esas mentiras que inventan y divulgan esos centros son la principal causa de las principales tragedias del país, como el tráfico de drogas.


(Publicado en el blog Atrabilioso el 17 de diciembre de 2008.)

domingo, septiembre 06, 2009

Referendo, reelección y reencauche

Tienen razón los que critican el dilatadísimo proceso de convocatoria de un referéndum que permitiría a Uribe presentarse a la presidencia una tercera vez. ¿Cuál es la tarea de los legisladores y de los líderes políticos que supuestamente representan a la mayoría? Uno espera que contribuyan a administrar bien el país y cree que ése es el sentido de sus cargos y de sus sueldos, pero no hace falta ser muy receloso para llegar a la conclusión de que sólo piensan en asegurarse el nombramiento y no en lo que hacen una vez lo obtienen.

Se trata de un juego político mezquino e innoble, y su principal causa es la absoluta falta de alternativa. Los pasos de la mayoría del Congreso y de los políticos que acompañan al presidente son tan desafortunados como los de quien tuviera unos zapatos varios números mayores que su talla. Las reglas democráticas suponen unos competidores que buscan el favor de los votantes con propuestas que les pueden resultar atractivas, y en esa competencia cada grupo encuentra sus límites y ajusta sus pretensiones. Pero las condiciones de la oposición y el contexto internacional determinan que eso no se dé: lo que da legitimidad al gobierno es la sensatez de sus presupuestos (seguridad democrática, confianza inversionista y cohesión social), mientras que las propuestas de la oposición, enmascaradas con muchos pretextos deplorables, consisten en premiar a los terroristas y aliarse con Chávez.

Lógicamente, todos los políticos desearían ganarse el favor de los votantes representando sus aspiraciones, pero lo que se ha demostrado desde 2002, al menos, es que nadie se atreve a estar realmente en contra de Piedad Córdoba y Carlos Gaviria sin resultar estigmatizado y perseguido por los grupos de oposición, y de algún modo impedido para competir con el uribismo. Cada vez que un político o un grupo tienen que escoger entre su animadversión a Chávez y las FARC y su animadversión a Uribe, fatalmente, optan por lo segundo. Sería interesante preguntarse por la causa de eso.

Arriesgando una interpretación que ya me resulta más bien rutinaria, señalaré que se trata de “poderes fácticos”, de inercias, de una forma de persistir el viejo orden de castas que termina forzando la adhesión tanto al totalitarismo como a las bandas de asesinos que intentan imponerlo. Quien se proclame hostil a Chávez y condene sin paliativos a sus socios colombianos, tanto de Armani como de camuflado, tendrá automáticamente en contra a los amigos de García Márquez y de Santos Calderón, a los empleados estatales (cuya prosperidad es en gran medida el triunfo de tantos años de lucha de unos tristes rústicos remotos), a los usufructuarios de las universidades públicas (cuya tranquila misión también es fruto de esa lucha)... En resumen, a todas las clases herederas del mando en el orden tradicional.

Por eso es tan llamativo que César Gaviria sea incapaz de romper con la senadora que elogia a Tirofijo o Pastrana con los Vivero Paniza y demás corresponsales de Raúl Reyes. Por eso Mockus no denuncia las infinitas muestras de complicidad del PDA con las guerrillas ni desaprueba que quien encabezaba sus listas al Congreso firme la carta de Piedad Córdoba a las FARC, y en cambio se luce pidiendo la renuncia del presidente por el absurdo escándalo de Yidis Medina. Por eso la prensa supuestamente afín al Partido Conservador recita la misma propaganda de los medios de Santodomingo y demás. En definitiva hay unos títulos de propiedad (por ejemplo, sobre los medios de comunicación) y los tienen los que apostaron por imponer un nuevo orden legal aliándose con las FARC. Tendrían que nacer otra vez para encarnar la aspiración de la mayoría de los colombianos de acabar con esa guerra por el método obvio de negarse a premiar a quienes la hacen.

Esa inexistencia de una oposición leal a la democracia (es decir, opuesta a aceptar imposiciones de bandas criminales) es el mayor problema político que hay hoy en día en Colombia. Y también el mayor problema intelectual. Al no haber propuestas que no pasen por la alianza con los chavistas (y el reconocimiento de sus ONG y de las diversas instancias de poder que ostentan) y con las demás redes clientelistas, todo el ejercicio de oposición es la calumnia constante (tan rutinaria que realmente influyó en el retraso con que se hizo frente a los asesinatos de personas inocentes que se cometían para mostrar bajas guerrilleras), la explotación de cualquier circunstancia que genere descontento (al tiempo que se muestra respaldo a los agraviados de las pirámides que exigen que las dejen funcionar, se culpa al gobierno por no haberlas cerrado antes, al tiempo que se despotrica del TLC se critican los aranceles agrícolas, etc.) y la esperanza de que los intereses locales del nuevo gobierno estadounidense se traduzcan en un respiro para las FARC y una deslegitimación del gobierno.

Bueno: el último recurso de propaganda es el referéndum y la reelección. ¡De repente todos los que iban al Caguán a negociar el futuro del país con Tirofijo resultan los más escrupulosos defensores de las formas democráticas! Ciertamente no es nada nuevo, ¿o alguien oyó alguna vez que algún magistrado de alguna alta corte pensara en suprimir el despeje? Sencillamente el orden legal surgido de la Constitución del 91 había llegado a tal punto que el secuestro y el asesinato en masa eran legales y una forma eficaz, correcta y respetable de aspirar a los cargos públicos. De esa costumbre y de ese país les vienen a los opositores sus aires de demócratas exigentes.

Pero por tal pasan ante gente de otros países o gente que no recuerda todo lo que pasó hace una década. Y la verdad es que el peor efecto de la campaña del referendo y la reelección es ése, que esa gente resulte legitimada. Que en lugar de una mayoría social deseosa de vivir en un país ordenado y libre enfrentada a una minoría de herederos del esclavismo y socios de la industria del secuestro resulte haber una muchedumbre confundida que sólo acierta a reconocer a su caudillo, el cual sólo escucha a su camarilla próxima o a los caciques políticos cuyas redes de corruptelas le aseguren la gobernabilidad. Y que por cuenta de todo eso la minoría parásita que desde hace décadas usufructúa los asesinatos que cometen las tropas de niños sometidos a la secta totalitaria se pueda presentar como defensora de las formas que en cualquier parte definen a la democracia.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 10 de diciembre de 2008.)

martes, septiembre 01, 2009

Herederos naturales

Hay temas constantes de las columnas de opinión en Colombia. Uno de ellos es la rutinaria condena de la guerra contra las drogas, que tiene por fin y por efecto convencer a algunos incautos de que sólo hace falta elegir a algún gobernante bien dispuesto que decida legalizar la producción de cocaína y heroína, con lo que se acabarían los problemas. Otro tema habitual es la condena de la religiosidad estadounidense, y de toda la religiosidad. Hay columnistas que parecen obsesionados con ese asunto, y la verdad es que pocas religiones llegan al nivel de ideologización y simplificación a que llegan los intelectuales colombianos y su tropa de seguidores. La diferencia con los religiosos, sobre todo con los religiosos estadounidenses, está en el fruto de sus certezas.

Ateos y antirreligiosos
Una persona atea concibe a Dios como una creación humana. Eso no quiere decir que considere el fenómeno religioso como algo condenable o nocivo ni menos que pretenda imponer a otras personas sus convicciones. La actitud antirreligiosa de los totalitarios (unas 8.000 personas asesinadas durante la guerra civil española por el mero hecho de pertenecer a la Iglesia católica) no es un producto natural de su ateísmo sino de su afán de dominación: no hay ámbito de la vida o de la cultura que no hayan pretendido controlar. La religión era particularmente un problema porque las convicciones de la gente sobre el origen o el sentido del universo y de la vida amenazaban la hegemonía ideológica a que aspiraban los nuevos amos. Aparte de algunas minorías políticas, los únicos que se opusieron a los nazis al precio de su vida fueron los miembros de comunidades cristianas heterodoxas. La conexión entre la persecución de la religión y otras persecuciones es algo que intentaré comentar más adelante.

Importancia de la religión
Los mitos religiosos son como el fundamento de cualquier construcción social. Ningún país moderno tiene otro origen. Pero la historia moderna, la de la expansión de Europa y su herencia es particularmente una historia religiosa. Fue Lutero con su defensa del libre examen quien abrió las puertas a la alfabetización masiva, que tantas ventajas significó en el desarrollo de los países del norte de Europa, hasta entonces mucho más atrasados que los del sur. También Calvino con su idea de la “predestinación” (pura adaptación del sentido común de los primitivos germanos, que no podían entender que vivir bien y con salud y holgura pudiera ser condenable para Dios) favoreció decisivamente la acumulación de riqueza de que surgió el desarrollo capitalista y todos los avances tecnológicos y científicos que nos alejan de la gente de la Edad Media.

Católicos y protestantes
Como ya he explicado, el protestantismo fue una rebelión de los pueblos del norte de Europa que no habían formado parte del Imperio romano ante la falsedad evidente de la conducta de los señores de la Iglesia de su época. Para evitar que los rebeldes atrajeran a todos los fieles, el catolicismo intentó renovar la fe y hacer hincapié en todos los aspectos represivos de su tradición. El fruto de la Reforma en el ámbito mediterráneo fue la Contrarreforma, y esta yihad está en la base de la cultura hispanoamericana. De ahí esa percepción generalizada de los sacerdotes más como inquisidores que como maestros de piedad y amor. De ahí también esa característica alergia a la crítica que define nuestra tradición más arraigada.

El bien como oficio
Una religión compartida durante siglos por una comunidad deja muchas huellas en el lenguaje, en la ideología, en los valores más profundos de la gente, aun en la organización social. El catolicismo de algún modo significó la transmisión a la Europa dominada por los germanos en la Edad Media de los valores antiguos: la preservación de muchas instituciones y costumbres romanas. En Hispanoamérica la esclavitud favoreció una exacerbación de esas características, como el desprecio del trabajo o el sometimiento a un gremio de profesionales del bien cuya tarea no depende de logros concretos sino de la relación con una autoridad superior, que casualmente reside en Roma. Lo tragicómico es que el furor anticlerical y más bien antirreligioso de los profesores colombianos es la pura continuación de la actitud de los inquisidores. El ateísmo sirve para los mismos fines para los que servía el catecismo en otra época. El gremio de sabios que no tienen que responder por lo que hacen y cuentan con rentas seguras gracias a su condición es idéntico, pero ahora lo que otorga superioridad es la condena de la religión. A eso hemos llegado.

"Democracias occidentales desarrolladas"
Un ejemplo de ese colombianísimo discurso es un escrito de un típico profesor de la Universidad Nacional, Mauricio García Villegas. Unas palabras de su entradilla remiten claramente al tema de este post:

NUNCA ANTES, EN UNA DEMOCRACIA occidental desarrollada, creo yo, un grupo religioso tuvo tanto poder político como el que tuvieron los cristianos evangélicos durante estos ocho años de presidencia de George Bush.
Al igual que ocurre con todos los logros tecnológicos o científicos, el desarrollo de las democracias occidentales se da por supuesto: como algo natural. A ese nivel grotesco llega la ideología de la clase dominante colombiana. ¿Cómo surgieron las democracias occidentales? Qué curioso, surgieron de los disidentes religiosos que salieron de Gran Bretaña y se asentaron en el Nuevo Mundo. ¿Habrá alguien que ignore que la religión siempre ha sido importante en la formación de ese país y que las instituciones de la democracia moderna se desarrollaron precisamente en ese medio religioso?

Amos a pesar de todo
Pues no: ni cortos ni perezosos los cómicos doctores del triste trópico resultan los veedores de la verdadera democracia, pues sus diplomas los autorizan, claro. ¿Puede faltar alguna otra prueba de la indigencia cultural que define a una sociedad como la colombiana? Los adolescentes caen fácilmente, gracias a la autoridad de sus profesores, en la seguridad de que Dios no existe y de que quienes siguen siendo creyentes son sólo menos listos que ellos. Pero el creacionismo se mantiene absolutamente idéntico: ningún estudiante de esos podrá explicar nada del origen del universo ni muchísimo menos del sentido de que haya habido algo como la religión, pues en su mundo estrecho (entre otras cosas precisamente debido a la herencia inquisitorial) no hacen falta preguntas como ésa. Ya con la fácil respuesta que les ofrece el nuevo clero tienen suficiente, no vaya a ser que les echen a perder la rumba. No es difícil notar que la persona más acendradamente “camandulera” está menos ideologizada que esos niños, sobre todo porque la religión en cierta medida la pone a salvo de adoptar la arrogancia y el atrevimiento de los ignorantes.

Palin y Ahmadineyad
El discurso de la prensa colombiana, es decir, la ideología de la universidad colombiana, tan tosca como los ideales de su brazo armado, se basa en el halago continuo a ese público pueril y de limitada curiosidad intelectual. Se crea un bando religioso y uno “científico”, al que se pertenece por pura adhesión a lo que predica el profesor. ¡Y de ahí sale una lindeza tan expresiva de lo que es Colombia como que Sarah Palin es equivalente a Mahmud Ahmadineyad! (aparece en el texto enlazado arriba). ¿Realmente se puede creer que un creyente de cualquier religión llega a tanta vulgaridad? Cuando yo era niño y le comuniqué a mi madre mi certeza de que Dios no existía ella me preguntó si entonces yo era igual que una mula o un marrano. Ahora compruebo que tenía razón, la pérdida de la religiosidad en un medio primitivo y a la vez corrupto puede llevar a una animalización espeluznante.

Religión con otro nombre
Según Octavio Paz, la religión es lo mejor y lo peor que ha creado la humanidad. En el caso del orden esclavista de Hispanoamérica la adopción de ideas ajenas a la religión sólo conduce a hacer hincapié en lo peor. ¿O es concebible algo más atroz que el intento de mandar a la gente pobre a matarse para asegurar el poder de unos cuantos sacerdotes metidos a caudillos políticos, como ocurre con la llamada Teología de la Liberación? ¿O hay algún criminal más cabalmente responsable de sus actos y más resueltamente dedicado a mandar matar gente que el jesuita Javier Giraldo? (Aunque todos los jesuitas colombianos deberían rendir cuentas por lo que hacen sus compañeros.) Del mismo modo, eso “peor” que hay en la religión lo ha heredado el totalitarismo, que en lugar de un mito milenario y una tradición rica como toda una vasta literatura y aleccionadora en términos morales (de Moisés a Francisco de Asís), ofrece la idolatría del Estado y del matón que lo dirige (aunque el ídolo legitimador haya muerto hace 180 años).

Objeto y efecto
A eso contribuye la campaña de la prensa y de la universidad colombiana contra la religión. A que la gente que nunca ha inventado nada ni producido nada ni menos ha honrado instituciones basadas en la rectitud moral resulte heredera de todo eso y escandalizada porque los que sí trabajaron e inventaron mantengan sus convicciones. Tal vez nada les haga tanta falta para resultar ministros vitalicios como la patética superioridad de sus alevines.
(Publicado en el blog Atrabilioso el 3 de diciembre de 2008.)

jueves, agosto 27, 2009

Hidalgos y traquetos

Los recientes escándalos relacionados con las pirámides han servido para que los propagandistas de la oposición saquen toda la artillería retórica, soñando con obtener algún provecho del descontento de tanta gente: al mismo tiempo denuncian que el gobierno tardara en reaccionar y que reaccionara. Quieren apoyar las marchas de protesta de los estafadores estafados y denunciar al gobierno como alcahueta de la estafa...

Pero lo interesante es esa línea divisoria que intentan trazar entre la “mentalidad mafiosa”, que presentan como sustrato del uribismo y ellos, los ciudadanos decentes. Se trata de un viejo conflicto, que en cierta medida expresa la situación de la sociedad colombiana. ¿Qué define a esos ciudadanos decentes? La mayoría de los columnistas son personas dedicadas a la política o a la docencia, o al periodismo. ¿Cuántos colombianos pueden vivir de esas actividades? La inferencia es obvia: la “mentalidad mafiosa” es la falta de distinción de quienes sueñan con prosperar y no tienen ingresos altos asegurados por su origen social.

Es muy difícil explicar hasta qué punto ese discurso es profundamente reaccionario, expresión del inmovilismo social más rancio y de la mentalidad de castellanos viejos más fosilizada que se pueda uno imaginar. Lo que encuentran condenable en la mentalidad corriente de los colombianos no es lo que atribuyen a tener relación con el tráfico de drogas, pues consideran que esta actividad sólo es delictiva por la prohibición. Es el “ánimo de lucro” lo que consideran indigno y reprobable socialmente: la causa a que atribuyen todos los problemas del país.

Pero cuando uno denuncia el sentido de esa mentalidad corre el riesgo de tomarse en serio que todos esos personajes representan sólo un orden viejo, exactamente el heredado de la época colonial, y por tanto admitiendo su pretendida decencia. Pero todo es peor: se trata de una máscara de unos delincuentes que no difieren mucho de David Murcia Guzmán, salvo por su origen social.

Por ejemplo, ¿cuántos de esos columnistas discrepan abiertamente de Piedad Córdoba o la desautorizan? Prácticamente ninguno. Todos esperan complacer a ese sector social que se ilusionó en 1998 con la proximidad de un cambio que le trajera al país “justicia social” y presionó de todas las maneras para que se dejara a los terroristas hacer de las suyas. Sea de forma tácita o expresa, todos son próximos a la visión del Polo Democrático y de las ONG en que se multiplica la militancia de la vieja izquierda (es decir, los profesores y estudiantes de las universidades y los “trabajadores al servicio del Estado”).

Los adalides de la decencia son los que todavía claman por el premio del secuestro y se enorgullecen de las diversas alianzas del M-19 con Pablo Escobar y otros capos del tráfico de drogas, así como de los miles de asesinatos que han cometido las guerrillas. Es una posición muy extraña, una forma incomprensible de “decencia” la de esta gente. Son hidalgos muy bizarros, hidalgos venidos a menos en una tierra muy áspera.

Pero ¿hasta dónde llega realmente la decencia de esta gente? Muchos se alegran de que Uribe haya unido a la izquierda, y la verdad es que ya están muy unidos, el campeón de la cultura ciudadana ya es uno más en la gavilla de justicieros que siempre han defendido a Ernesto Samper, en el que incluso hay alguno que ayudó a quitar estorbos desde el DAS... En realidad, los campeones de la decencia se concentran alrededor de personajes como Jaime Dussán, paisano y coetáneo de Raúl Reyes y sin la menor duda favorecido por el valor del finadito para ascender dentro del PCC y Fecode, o como el ex alcalde de Bucaramanga Iván Moreno Rojas, nuevo líder del PDA en la sombra, de cuya alcaldía no quieren acordarse mucho las víctimas.

Como ya he explicado muchas veces, la verdadera fuerza del uribismo es tener delante a tales adalides de la decencia. Uno de los más perversos y cínicos, también de los más hábiles para disfrutar de prebendas, es el escritor Héctor Abad Faciolince, que se queja de que los mafiosos siempre han tenido aliados entre las clases altas (“burguesía”, dice él: ¿sabrá qué significa esa palabra?). Sabiamente no menciona a su propio padre y a sus numerosos amigos que participan en el cobro de las masacres y en el lavado del poder económico y político adquirido por los terroristas. Tiene razón, los carteles de Medellín y Cali tuvieron socios entre las clases altas. El cartel de las FARC y toda la industria del secuestro no tienen esa clase de socios: los niños bien no son socios, sólo amos, jefes, patrones...


(Publicado en el blog Atrabilioso el 26 de noviembre de 2008)

domingo, agosto 23, 2009

Crisis y oportunidades

La crisis de la economía global de los últimos meses ha servido, entre otras cosas, para mostrar el ínfimo conocimiento que de los rudimentos de la economía tienen quienes escriben habitualmente en la prensa colombiana, por no hablar de los lectores. Casi siempre se detecta una concepción de la vida en la que los bienes hoy considerados imprescindibles (aunque hace sólo una década un teléfono celular parecía un lujo excesivo) se producen solos o los producen empresas que surgen solas, todos movidos por anhelos superiores al apetito del vil metal. Y nadie explica por qué tienen que meter ahí las narices los usureros, los especuladores y los aventureros.

Previsiblemente, la crisis y el colapso de algunas empresas financieras se presenta como el resultado de las políticas de Bush, pues ¿cómo es que se le ocurre a ese oligofrénico no prestar atención a lo que hace décadas se enseña en las universidades colombianas, consistente en la prevalencia de la salud y la educación como derechos inalienables, según el admirado modelo cubano? Ese ideal ilumina muchas carreras de expertos, en realidad varios millones, que recetan naturalmente el socialismo para todo el mundo.

Pero la crisis debería hacernos pensar en muchas cosas. Por ejemplo, ¿quiénes son los más perjudicados? En teoría los que pierden su empleo si la recesión se agrava, o los que ya lo han perdido. Pero en términos generales, como enseña cierto dicho alemán, a quien muerden los perros es al último: los que se quedan sin recursos son de todos modos personas que ya tenían los peores trabajos. Los que se arruinaron fueron precisamente los apostantes de riesgo, y aparte de ellos quienes más pierden son los países exportadores de petróleo y otros recursos naturales.

Es verdad que Colombia entra en esa categoría, pero su economía es más diversificada y el impacto de la caída de los precios no es comparable al que sufrirán nuestros vecinos del este y del sur. Quienes se preocupan por la equidad, en el sentido que se da a este término en nuestra cultura, nunca dicen nada de que algunos países disfruten de rentas altísimas sólo por tener en su subsuelo riquezas como el petróleo. Puede que las aventuras del siniestro sátrapa venezolano sean más difíciles con el crudo a un tercio de su valor de hace unos meses. Estos personajes resultan perjudicados por la crisis, por mucho que indirectamente también eso afecte a Colombia, cuya economía también ha mostrado buenos indicadores en los últimos años por cuenta de las exportaciones a Venezuela.

Los altos precios de los combustibles y de los productos agrícolas que se usan con ese fin habían llegado a provocar en muchos sitios “revueltas del hambre”, y es previsible que la crisis alivie la desesperación de los países que no podían pagar la comida ni tienen forma de exportar esa clase de riquezas. También a aquellos cuya principal fuente de renta es el trabajo, como China, India y otros de Asia.

También para Colombia la crisis tiene un aspecto doble: por una parte hay pérdidas por la reducción de ingresos derivados de la exportación de materias primas, por la otra se ha frenado la revaluación del peso, que tantos dolores de cabeza ocasionó a los exportadores de manufacturas. Con un dólar más fuerte no sólo mejoran las expectativas de éstos, sino también las de quienes explotan actividades turísticas.

Numerosos teóricos han señalado que las crisis son consustanciales al capitalismo: en el momento en que las expectativas van más allá de lo que es posible en la realidad, aparece una corrección que puede ser muy dolorosa para algunos y tener efectos terribles sobre la política mundial. Pero tras la reducción del crecimiento o la recesión, en la que ya entró Alemania y pronto entrarán otras potencias europeas, vienen de nuevo épocas de expansión de las que se beneficiarán los países que hayan acertado en sus políticas y se hayan preparado. No es difícil saber que en el medio plazo la crisis favorecerá la expansión china y su ascenso en el ranking de las mayores economías del planeta.

Y pensando en eso valdría la pena que los políticos y economistas colombianos pensaran en lo que vendrá después, en lo que se podría hacer para que tras la crisis nuestro país retome la senda del crecimiento y tome ventaja en el contexto regional como el segundo país de Hispanoamérica en población. Es una lástima que primero se haya obrado con tanta mezquindad en la negociación del TLC (para favorecer a unos gremios empresariales que parecen más bien jugadores de ventaja, todo a costa de los consumidores), lo que lo retrasó y lo hace poco probable ahora, y que después todo el esfuerzo se haya concentrado en la habitual lambonería, que es el recurso de quien vende algo que no tiene mucho atractivo.

Mientras tanto, otros países antaño más atrasados, como Perú o Costa Rica, desarrollan grandes emprendimientos aliados con China. No sería ninguna sorpresa que ante una política humillante y descortés de Obama el gobierno colombiano siguiera batiendo la cola de forma abyecta, siendo que al final las ventajas comerciales del TLC tampoco significan nada si no hay aumento de la productividad, creación de empresas, infraestructuras y todo lo que permite el desarrollo.
(Publicado en el blog Atrabilioso el 19 de noviembre de 2008.)

martes, agosto 18, 2009

Casi todos contentos

Resulta casi cómico encontrar tantas manifestaciones exultantes por el triunfo del candidato demócrata en EE UU la semana pasada. ¿Cuál será la magia de ese hombre que ilusiona a los más entusiastas chavistas y a muchos que aborrecen al temible líder de la izquierda iberoamericana? ¿Qué cambios de tantos que esperan unos y otros serán realidad?

En Colombia en particular se trata de explotar la afinidad entre Bush y Uribe para erosionar el prolongado éxito de nuestro presidente. El fervor de la prensa es tal que es muy raro encontrar a una sola persona que dude de que Bush es “el peor presidente de la historia estadounidense”. Con tanta autoridad de tantos columnistas, transmitida día tras día en las aulas desde la Primaria, el país cuenta ya con muchos millones de expertos en historia de Norteamérica, en geopolítica y en Irak.

De modo que la elección de Obama resulta un bálsamo para la oposición colombiana, como los asesinatos de inocentes, supuestamente a manos de militares (según un columnista de El Espectador, determinados por el gobierno) o como los escándalos de Yidis Medina o Rafael García, y tantos y tantos, con que el viejo orden intenta volver a los tiempos felices de Samper y Pastrana. Puede que la moral de la tropa, aun de la sufrida horda de niños y rústicos que hacen el trabajo sucio, se levante al ver caer al presidente estadounidense que más se comprometió con la causa del fin del terrorismo en Colombia, y que eso se tome por el anuncio de un relevo conveniente para las aspiraciones bolivarianas.

Pero sería mejor que nos detuviéramos a analizar seriamente eso. Hay colombianos que creen que Uribe es una tragedia para Colombia y que el país habría estado mejor gobernado por Horacio Serpa o por Carlos Gaviria y sus respectivos séquitos, es normal que a esas personas no les guste Bush. Pero los que no razonan así, ¿qué dirían de la afinidad de Bush y Uribe? Ahí es donde incide la propaganda de la prensa. ¿Alguien se ha detenido a evaluar realmente los ocho años de Bush? ¿Y si tenía sentido la intervención en Irak? De repente, y es un rasgo de la realidad de Colombia, los que orientan sobre política internacional a la gente, aun a la gente que se oponía al Caguán, son los mismos que iban allá a congraciarse con los guerrilleros o que desde las columnas de la prensa o desde los púlpitos universitarios promovían el premio de los crímenes. Tan poderosa es la máquina de propaganda de los medios.

La juventud de muchos lectores influye en esa percepción: ¿alguien recuerda lo que se decía de Nixon? ¿Y de Reagan? ¿Alguien cree que la situación de los iraquíes es peor que con Sadam Husein? Por desgracia, sí, casi todos los colombianos, pero eso es sólo una muestra increíble de ignorancia y frivolidad. Los chavistas no cesan en su propaganda, según la cual Bush es culpable de que Bin Laden decidiera atentar contra las Torres Gemelas, o Chávez hiciera a EE UU motivo de sus violentas diatribas.

Pero el legado de Bush será muy claro: un régimen que amenazaba a todos sus vecinos y oprimía hasta el genocidio a sus ciudadanos ha caído y la presencia militar estadounidense en la región es un hecho. Es lógico que a los aliados de Sadam (con quien Chávez se reunía) no les guste, el problema es que los demás lleguen a entender que nada era mejor en la zona antes de Bush, ni siquiera las muertes de iraquíes, cometidas mayoritariamente por los enemigos de Bush en la región con el aplauso de los antiamericanos de Europa e Iberoamérica. ¿Alguien ha pensado en lo que recibían los ciudadanos iraquíes de la renta petrolera? ¿Y en los derechos que tenían ante su gobierno? ¿Y en sus perspectivas vitales?

Los chavistas tienen motivos para odiar a Bush, del mismo modo que tienen motivos para odiar a Uribe. En 2000 los talibanes dominaban Afganistán y el islamismo tenía fuertes bases en lugares como Sudán, amén de perspectivas de servir de refuerzo al régimen iraquí. Es más o menos exactamente lo mismo que las FARC, también los amigos de las FARC en Europa, en realidad muchos millones de personas, tienen motivos para odiar a Bush, pues sin la firme colaboración de su gobierno con el colombiano, tal vez el retroceso de la banda habría sido mucho menor.

El otro pretexto del odio a Bush es la crisis económica. Al respecto también habría muchas cosas que considerar: ¿cuántas personas son más pobres hoy que en 2000? Como la economía es una cuestión sumamente compleja y no todo el mundo la entiende, menos en Colombia, donde la lectura es una herejía, todos los que habrían llevado a nuestros países a una miseria como la cubana pueden presentarse como los grandes entendidos y solucionadores de problemas. El sustento de esa falacia es la suposición de que el crecimiento económico es natural, como el de las plantas, y que cuando hay una crisis es porque alguien estuvo maquinando para crearla. Puede que haya habido errores de exceso de confianza, pero no hay muchos expertos que aseguren que con otras políticas u otro gobierno habría habido tasas similares de crecimiento sin crisis.

Al igual que con la política internacional uno se encuentra con un problema muy serio, que es el déficit de racionalidad de los colombianos: se trata de mentes supersticiosas que ni se dan cuenta de que los imbuyen de supuestos absurdos según la conveniencia de quienes los dominan. ¿Cómo explicarles que es por no ser así, por no creer a quienes predican la típica retórica predominante en Colombia, por lo que los estadounidenses y europeos tienen ingresos de promedio unas diez veces superiores a las de los colombianos? La conciencia de los colombianos sobre el mundo parece descansar sobre la idea de que la gente de esos países es más rica por un capricho divino, o por el saqueo de nuestras riquezas naturales (discurso que sigue siendo la doctrina oficial de las “universidades” colombianas).

El nuevo presidente estadounidense es un enigma para la mayoría, aunque su actitud sobre el TLC con Colombia muestra a un cínico bastante desenvuelto. Se puede suponer que atenderá a los expertos tanto en temas de seguridad como de economía, pero también que buscará asegurarse los votos para un segundo período premiando a las minorías específicas que lo apoyan, por ejemplo, gente pobre a la que podría ofrecer asistencia, o trabajadores sin mucha calificación preocupados por la competencia extranjera. También es posible que intente resultar tolerable para las bases republicanas, o que busque a toda costa el enfrentamiento para deslegitimar a la oposición.

Esto último es lo que creo que hará. Su éxito político no está basado en grandes ideas sino en la seducción de la oratoria y en eslóganes perfectamente idiotas como “la audacia de la esperanza”. Hay un precedente de un político de ese estilo: el líder del PSOE español José Luis Rodríguez Zapatero. Aliado con los separatistas catalanes y con los nacionalistas vascos, aun favoreciendo la presencia de los aliados de ETA en las instituciones, consiguió conservar una mayoría con la cual ganar las elecciones este año.

Y previendo que será así, que Obama buscará la adhesión de los proteccionistas, el TLC con Colombia puede considerarse aplazado por mucho tiempo, y también es probable que el Plan Colombia termine. Más aún: todos los enemigos de EE UU buscan desde ahora “medirle el aceite” al nuevo mandatario, y por eso Chávez anuncia que pondrá bases en el Zulia, los rusos que reforzarán el poder intimidatorio de su territorio en la antigua Prusia Oriental y los islamistas buscan agravar las tensiones en Afganistán. Lo más probable es que las FARC estén pendientes de un atentado de gran impacto, de algún magnicidio o algo así para que todos recuerden que ahí está “el conflicto” colombiano, seguros de que los propagandistas conseguirán que se atribuya al gobierno.

Y no sería nada raro que Obama buscara entenderse con ellos. Sólo es que la memoria de los colombianos es breve y ya nadie recuerda las reuniones de los representantes de Clinton con los de las FARC en Costa Rica, ni las menciones a congresistas demócratas en el computador de Raúl Reyes. Sencillamente, para Obama es más importante el apoyo de los admiradores de Sean Penn o de Oliver Stone que el de los que se preocupan por las víctimas del terrorismo en Colombia, siempre menos gente y menos organizada y activa. También para Zapatero los orgasmos del secretario de Movimientos Sociales de su partido fueron una formidable fuente de votos.

Pero eso suena a ganas de aguar la fiesta, ahora que casi todos estaban tan contentos y de acuerdo. Es que si los habituales propagandistas de las FARC están encantados con Obama alguna razón tendrán. Digo yo. Y la responsabilidad vuelve a estar donde siempre ha estado, en la cabeza de cada persona, pues de todos modos los chavistas no llegarán muy lejos, ni siquiera aliados con Obama, si la gente resiste a las embestidas de la propaganda y del terror, que siempre son complementarias.

Y mal haría el gobierno en no contar con esa posibilidad y en buscar a toda costa complacer al nuevo gobierno estadounidense: lo más probable es que los demócratas busquen el fin del uribismo y un gobierno que agrade a sus bases.
(Publicado en el blog Atrabilioso el 12 de noviembre de 2008.)

jueves, agosto 13, 2009

¿Por qué prevalecerá el "uribismo"?

1. Noción de “uribismo”. Cuando uno ha leído durante una década con atención la prensa colombiana encuentra una rara unanimidad sobre ideas que serían un escándalo y un crimen en otros países, hace una década para que se premiara las proezas crecientes de las FARC, ahora para tratar de tumbar con toda clase de mentiras y maquinaciones repugnantes al gobierno que redujo esos crímenes de forma drástica. Es cuando se comprende que el Caguán no fue un error, sino que es una facción dentro de la sociedad colombiana: la alianza de los chavistas con los elementos más podridos de los partidos tradicionales, elementos que hoy en día dominan el partido liberal y tienen una enorme influencia dentro del conservador. El “uribismo” es, al igual que en 2001, la resistencia de la mayoría a esa facción.

2. Uribe y su público. El presidente no es sólo un político tradicional, sino que de muchas maneras representa una forma de ser tradicional de los colombianos. Por ejemplo, el tantas veces mentado “cortoplacismo”, la incapacidad de hacer proyectos de largo plazo y confiar en el resultado de un programa acogido por gente que cree en él. Es la hora en que no se sabe si espera organizar a sus partidarios para presentar listas al Congreso y al Senado en 2010, y ni siquiera si apoyará a un candidato presidencial distinto a él mismo para esas elecciones. En cierta medida, la misma distracción afecta a los políticos que lo acompañan. Parece que es demasiado pronto para tener ideas, programas, militantes, cuadros, listas... Parece que no se pueda concebir la política de otra manera que mediada por la relación personal del cacique con los votantes.

3. La oposición. Pero es muy difícil creer que una candidatura de oposición a Uribe y a su discurso central (seguridad democrática, confianza inversionista y cohesión social) tenga futuro. Por abrumadores que sean los éxitos de la seguridad democrática, los cientos de columnistas de la gran prensa bogotana la descalifican, al igual que los políticos más conspicuos de la oposición. ¿Qué otra cosa pueden hacer después de que cuatro ex presidentes presionaran al gobierno para que le despejara a las FARC un territorio que casi aseguraba su victoria estratégica? No hay ningún político de la oposición que sea capaz de apartarse realmente de Piedad Córdoba y compañía, seguramente porque nadie cuenta con los votos “uribistas” y sin el chavismo, sus ingentes recursos y su numerosa militancia se estaría en una soledad fatal.

4. Ni queriendo. De modo que los recursos de la oposición son ínfimos y penosos: nadie se ha atrevido a cuestionar los abusos de la “parapolítica” ni las infinitas mentiras de la prensa, cuyo nivel es el de la propaganda más despreciable. No se trata ya de que sus informaciones sean sesgadas, sino de que las noticias que ofrecen casi nunca tienen relación con investigaciones propias, sino casi siempre con declaraciones de ONG o grupos interesados. Quienes conozcan la prensa de otros países no pueden menos que reír ante semejante nivel. Eso casi asegura la lealtad de la mayoría de la gente a Uribe y a su “espectro” ideológico-político conservador y procapitalista. Por eso a pesar de la deriva de los partidarios del presidente, de su indefinición, de la desidia a la hora de promover un ideario y un partido y unos medios de prensa alternativos y una constitución que no premie a quien intente abolirla matando gente, la facción gubernamental tiene casi asegurado el triunfo en 2010.

5. El rumbo de Bolivia y Ecuador. Un analista de la Fundación Ideas para la Paz, Román Ortiz señala que los atentados terroristas de las FARC tienen un objeto: debilitar al gobierno, que quedará como incapaz de impedirlos y de buscar la paz. Lo más probable es que aunque tuvieran éxito en algún caso, y la cantidad de morteros incautados demuestra que se lo están tomando en serio, la gente seguiría apoyando al gobierno. Pero ese juego es el mismo que emplean con los corteros de caña y los indígenas del suroccidente: crear el caos de tal modo que afecte a la mayoría de la gente, que culpará al gobierno. Eso tuvo éxito en Ecuador y Bolivia, países que se habían hecho ingobernables por el sabotaje continuo de los chavistas. Como los extorsionistas que cobran “protección” contra ellos mismos, los agitadores chavistas y sus socios terroristas esperan que la gente hastiada los escoja a ellos para no sufrir las bombas ni los cortes de carreteras.

6. El escudo nacional. Y no parece muy probable que tengan éxito. En última instancia, mientras que una mayoría abrumadora reaccionó a la infamia del secuestro con el lema No más FARC, los intelectuales habituales salieron, liderados por Piedad Córdoba a pedir Más FARC, y el conjunto de los políticos de la oposición más bien callan cuando no respaldan resueltamente esas amables iniciativas. Lo que se dibuja a un año y medio de las elecciones de 2010 es el contraste entre la aspiración expresada en el escudo nacional: “Libertad y Orden”, y la divisa que parece mover a la oposición sometida a Chávez, a Santodomingo, a los combitos de oligarcas, a los académicos comunistas y a la tradicional manada de lagartos y parásitos es ésta: OPRESIÓN Y CAOS. Por eso prevalecerá la mayoría que hoy apoya al presidente.

domingo, agosto 09, 2009

El funesto ensueño "progre"

La posibilidad de que Barack Obama gane las elecciones del próximo 4 de noviembre en EE UU tiene alterados a los “progresistas” de medio mundo: parece la cosa más lógica que los estadounidenses elijan al candidato preferido por todos los enemigos de su país. No obstante, puede que esos sueños no se cumplan del todo, aunque ciertamente la alegría de esa gente debería ser para los demás un motivo de angustia.

Las cuentas reales
Es muy llamativo que diversos medios fuera de EE UU anunciaran que Obama aventajaba a McCain en 14 puntos, siendo una encuesta entre muchas que aparecen cada día y que si bien dan por lo general una clara ventaja al senador por Illinois, ésta no ha llegado nunca a ser en promedio siquiera de 8 puntos. Los periodistas forman parte de esas profesiones por las que optan las clases sociales agrupables bajo la noción de “progresía”. La verdad es que esas encuestas dicen muy poco sobre las posibilidades reales de los candidatos, pues si el apoyo a Obama en California, el estado más importante (55 votos electorales) sube hasta los 40 puntos de ventaja, daría lo mismo que fuera sólo de un punto en la elección real, pero la encuesta nacional resultaría alterada. La elección depende de unos cuantos estados en disputa: Florida, Ohio, Missouri, Colorado, Virginia, Nevada y Carolina del Norte; los demás difícilmente variarán. Y el triunfo de Obama es menos seguro de lo que se puede inferir de leer resultados de encuestas nacionales, si pierde en todos los estados mencionados, daría lo mismo que la votación nacional le diera ventaja. Y las encuestas no son la elección, de hecho, el voto por Obama es más “mostrable”, mientras que el que lo rechaza por racismo no aparece en las encuestas.

Después de Bush
Se podría empezar por una experiencia corriente para cualquier colombiano: todos hemos encontrado muchas veces a personas que experimentan arrebatos de odio cada vez que se habla de los disidentes cubanos. ¿Aceptaríamos los testimonios de esa clase de personas como pruebas a favor o en contra del régimen comunista de la isla? Para mí son pruebas indudables de la condición moral de los colombianos, es seguro que en países en que hay tanta gente así se terminará secuestrando niños y poniendo bombas. Lo mismo se puede decir de Bush: es muy difícil evaluar realmente su presidencia porque quienes lo hacen a diario son los habituales enemigos de EE UU. Tal vez quede como un buen presidente, de otro modo no despertaría tanto odio. Nadie negará que hubo errores en la intervención en Irak, lo que de momento pone en duda la inmensa mayoría de los iraquíes es que constituya la atrocidad que los chavistas y los paniaguados de Santodomingo presentan. Sencillamente hay un cambio en la realidad de la región, ya no está el mayor criminal de la historia árabe, es lógico que lo echen de menos los admiradores de su émulo caribeño. De hecho, ¿alguien recuerda lo que se decía de Reagan y la Iniciativa de Defensa Estratégica? Figúrense, no gustaba a los prosoviéticos y a los becados en Cuba...

¿Hasta dónde llegaría Obama?
Lo cierto es que Obama recauda votos entre quienes desaprueban la intervención en Irak y la política exterior agresiva de Bush, pero eso no necesariamente quiere decir que su política vaya a ser blanda. Podría retirarse de Irak porque la guerra ya la ha ganado el gobierno legítimo apoyado por los aliados, pero nadie debe esperar que se rinda en el caso de Afganistán ni que ceda a las presiones rusas sobre la periferia del antiguo imperio soviético. Respecto a los países con los que EE UU tiene diferencias, nadie debe entender que la voluntad de “conversar” con Chávez y Ahmadineyad vaya a significar una actitud complaciente con ellos, pero la mera determinación de conversar puede envalentonarlos. Según Ramón Pérez Maura, la conversación con Zapatero incluirá la exigencia de enviar más tropas a combatir a Afganistán.

El “gigante dormido”
En la segunda guerra mundial murieron en Europa un millón de jóvenes estadounidenses, por no hablar de cerca de sesenta millones de europeos. ¿Qué habría pasado si desde antes de la invasión alemana a Polonia se contara con la determinación manifiesta de defender la soberanía de ese país por parte de los estadounidenses, aparte de los británicos y franceses? Más aún, ¿qué habría pasado si la determinación de contener a Hitler se hubiera manifestado antes, cuando se anexionó Austria o cuando destruyó Checoslovaquia? Probablemente se habrían evitado muchas desgracias, pero primó por una parte esa actitud cómoda de quienes prefieren desentenderse de lo que va a pasar: por una parte los simpatizantes de Hitler se dedicaban al pacifismo (sobre todo en Europa, pero también en EE UU), por la otra muchos cínicos esperaban que los alemanes y rusos se mataran entre ellos, o que la agresión alemana acabara con el régimen soviético, al precio de “tolerarlo”. Más aún, ¿qué habría pasado si unos Estados Unidos agresivos hubieran impuesto, en alianza con los británicos y tal vez con la Sociedad de Naciones, una intervención en España para forzar un armisticio y un plebiscito sobre un programa político que incluyera nuevas elecciones? Los nazis y los comunistas contaban con España para hacer realidad sus sueños, unas potencias aliadas indolentes fueron sus cómplices. Es lo mismo ahora, los chavistas y los islamistas, amén de los expansionistas rusos, esperan unos EE UU acobardados y contenidos para sacar adelante sus proyectos.

Carter y Clinton
Muchas de las desgracias actuales proceden de esos dos gobiernos demócratas: una determinación clara de impedir el expansionismo soviético probablemente habría impedido la invasión de Afganistán, de la que surgió una guerra que todavía no termina, y tal vez también se habría podido impedir el asesinato de un tercio de la población de Camboya a manos de los iluminados de la izquierda democrática local (la cual refundó el país con el nombre de Kampuchea Democrática). Incluso el triunfo sandinista podría haber contado con menos apoyo estadounidense y haber incluido la exigencia de elecciones libres. La desmoralización estadounidense tras ese gobierno determinó la política resuelta de su sucesor, Ronald Reagan. Del mismo modo, el frívolo desasimiento de Clinton permitió el asesinato de un millón de personas en Ruanda, así como la agresión de Milosevich contra los kosovares. Los mismos islamistas que destruyeron las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001 se encontraron con un gobierno “buenista” que no hizo nada después de la destrucción de un buque de mil millones de dólares. Sin ir más lejos, los colombianos podemos recordar las conversaciones de representantes de ese gobierno con las FARC en Costa Rica y las presiones para que se despejara territorio en el Caguán.

Esperanzas audaces
Más que en el entusiasmo que puedan mostrar por Obama, los progres son muy elocuentes en el desprecio que muestran por sus adversarios, McCain y Palin. En busca de elementos de propaganda no vacilaron en dar a entender que McCain no sabía quién era el presidente español. Más recientemente, el órgano principal de la progresía hispánica, El País, se lucía con este titular:

Palin dice que Chávez es un dictador y amenaza con sancionar a Venezuela
¿Es que Chávez no es un dictador? ¿Es que en Venezuela hay división de poderes y contrapesos al poder y organismos de control independientes y respeto de la oposición y de las urnas? Si uno atiende a la grotesca y delincuencial oposición colombiana, las cosas son así: es en Colombia donde hay una dictadura porque se supone que se vigila a un asesino jubilado que ayudó a fugarse al país vecino a un coronel espía. En Venezuela, como en el Chile de Allende, hay una democracia respetable. Pero los redactores de El País en apariencia se dirigen a un público menos propenso a acolitar prodigios como la industria del secuestro, sólo que ¿cuál es la gracia entonces de que Chávez sea un dictador? ¿Qué dirán de una noticia como ésta?:

Chávez anuncia que no enviará dinero a las gobernaciones donde gane la oposición
Todos esperan un gobierno de Obama que sea complaciente con esas democracias tan particulares que han florecido en Sudamérica, y la verdad es que en caso de ganar es perfectamente posible que Obama obre tal como esperan sus partidarios fuera de EE UU. El cinismo con que habla de los sindicalistas colombianos muestra que es alguien perfectamente capaz de aliarse con criminales para imponer su bandería.

El voto hispano
Se dice que unos diez millones de hispanos pueden votar en las próximas elecciones, y su decisión puede ser definitiva en estados como Florida. Por una parte, los tienta la retórica “inclusiva” de Obama (que de todos modos defendía el muro entre México y EE UU para proteger a los inmigrantes de insolaciones), pero por la otra deberían tener en cuenta el anhelo de impedir el TLC con Colombia y de renegociar el TLCAN. La posibilidad de que haya un gobierno estadounidense hostil ante Uribe y complaciente con Chávez y sus aliados debería ponerlos a pensar, pues las ambiciones expansionistas del mico no cesarán, y si no han encontrado ninguna resistencia con Bush, menos la van a encontrar con quien se muestra dispuesto a escucharlo. Ni hablar de lo que se resentirá la paz del mundo cuando todos los amigos del multilateralismo (es decir, del poder de Ahmadineyad, Putin, Lukashenko, Chávez, Bin Laden y Kim Jong-il) se sientan envalentonados. Pero será una experiencia que cada cual se merecerá, como los venezolanos que eligieron varias veces al mico.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 29 de octubre de 2008.)

miércoles, agosto 05, 2009

Memoria selectiva

La escalada de persecución judicial de la derecha en España ha avanzado en estos días con las últimas resoluciones del juez Baltasar Garzón, y es sumamente llamativo todo lo que acompaña ese fenómeno porque a fuerza de luchar por la memoria parece que no sólo se busca estigmatizar a la oposición, sino dividir al país y revivir el clima previo a la guerra civil: ¡todo ello precisamente para que se olvide lo que es reciente y afecta a la conducta del gobierno de Zapatero y de su partido!

Ley de Memoria Histórica
Antes de que Garzón emprendiera el procesamiento del franquismo por los inextinguibles crímenes contra la humanidad ya el gobierno había emitido y hecho aprobar una Ley de Memoria Histórica, con la que se pretendía abrir las fosas comunes y tumbas en que pudiera haber víctimas de la guerra civil de 1936-1939 pertenecientes al bando republicano o personas asesinadas después de la victoria franquista. El pretexto era que los vencedores sí habían podido enterrar y honrar a sus muertos, mientras que los vencidos no podían hacerlo, pero el objetivo era ganar adhesiones entre las personas emparentadas con esos muertos y generar la imagen de reparadores de una gran injusticia.

Mito y propaganda
Como ocurre con mucha frecuencia, lo que se busca es ante todo propaganda de la propia visión de la guerra: los que se oponen al socialismo resultan automáticamente emparentados con los victimarios, mientras que el conocimiento efectivo de las causas de la guerra queda para los especialistas. El victimismo crea adhesiones que no reparan en la labor de gobierno ni en la conveniencia particular. Se aprovecha que las prácticas sectarias de la Iglesia inquisitorial imbuyeron en la gente la predisposición a creer que la pertenencia al bando de los buenos importa más que cualquier otra consideración, incluso en términos prácticos, con lo que esa pertenencia se convierte en una especie de “identidad”, gracias a la cual los puestos, rentas y negocios de los políticos que promueven la ley están asegurados más allá de los aciertos o errores de su gestión.

La guerra civil
Claro que todo eso se percibe de una manera en España y de otra en Colombia, donde la ignorancia es mucho mayor (ya en términos generales, ni hablar de la historia de España) y por tanto más atrevida. ¿Cómo comenzó la guerra civil? Todo el mundo dirá que se produjo un intento de golpe militar contra un gobierno legítimo, democrático, etc. ¿Cómo es que ese gobierno estaba formado mayoritariamente por partidos que aspiraban a suprimir la democracia y que miembros del principal partido de gobierno estuvieran involucrados en el asesinato del principal líder de la oposición? Bueno, para eso siempre hay respuestas, se cambia el nombre. Si hay una insurrección obrera como la de 1934, el lector estará de acuerdo: el comunismo no es la negación de la democracia sino su profundización. ¿Para qué seguir por ahí? Cuando se habla de “democracia” los colombianos siempre entienden otra cosa que el resto del mundo, a tal punto que el partido totalitario que quiere que se anule la voluntad de la gente en favor del poder de los terroristas, con toda la “frescura” del mundo, se apellida “democrático”.

Doble rasero
Pero la guerra civil empezó antes del alzamiento y la buscaron conscientemente tanto los miembros del Partido Socialista como los del Partido Comunista como los nacionalistas catalanes y vascos. Si se la llama “revolución” sólo se está recurriendo al despreciable truco de legitimar la propia violencia, como hacen en Colombia nuestros amigos de la “izquierda democrática”. La amenaza de revolución socialista, la continua violencia anticlerical y la inseguridad ciudadana, por no hablar de la legitimidad relativa del gobierno del Frente Popular (había ganado por un punto porcentual) hicieron que los partidos de derecha, sobre todo católicos y monárquicos, se radicalizaran y apoyaran el tradicional “pronunciamiento”. La Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista era un partido ínfimo que pretendía copiar los regímenes italiano y alemán, y sólo tras desencadenarse el conflicto adquirió alguna importancia.

El caso de Chile
La similitud entre los casos de España y Chile es extraordinaria, salvo en el hecho de que Pinochet tuvo éxito en su golpe militar y Franco no. En lo que más se parecen es en el mito que se ha creado sobre los gobiernos depuestos: un débil mental que escribe en El Espectador presenta a Allende como un demócrata justiciero ¡del mismo bando que Vaclav Havel! A los interesados los puede orientar al respecto esta frase de Carlos Altamirano, el principal dirigente del Partido Socialista chileno en tiempos de la UP:

El Estado Burgués en Chile no sirve para construir el socialismo y es necesaria su destrucción. Para construir el socialismo los trabajadores chilenos deben ejercer su dominación política, deben conquistar todo el Poder. Es lo que se llama la Dictadura del Proletariado.
Claro que cuando le preguntan ahora el hombre no vacila en escudarse en la utopía. Esa visión es algo que se encuentra todos los días en la propaganda de la prensa terrorista en Colombia: ningún columnista se sorprende de que haya decenas de congresistas y senadores presos por extraños testimonios mientras que Piedad Córdoba sigue llamando tranquilamente a emular a Tirofijo. Para citar a un personaje unánimemente reconocido por la izquierda, Eduardo Umaña Luna, declaraba:
Pobre país. La guerra ya pasó y la guerra que llega no es la guerra que necesitamos y esperamos. Pero en esa, la que pasó y la que llega, todos dejaremos la vida. (p. 219)
La guerra que busca la izquierda es una necesidad histórica, cualquier resistencia es un crimen contra la humanidad. Cuando la administración de justicia resulta sometida a presiones ideológicas de ese tipo, toda la institucionalidad está amenazada. Como ocurre en Colombia, por mucho que la prensa lo oculte.

La revolución social
Tras el alzamiento del 18 de julio de 1936 se produjo una “revolución social” en las zonas dominadas por los republicanos, fenómeno que se puede entender como una orgía de asesinatos, incendios y torturas en las cárceles particulares de los partidos de gobierno (como las chekas del Partido Comunista). ¿Va Garzón a juzgar a los responsables de todo eso? No todos han muerto, por ejemplo el ex líder comunista Santiago Carrillo es responsable del asesinato de varios miles de personas indefensas y en su mayoría inocentes en Paracuellos del Jarama. ¿Lo procesará Garzón? ¿Qué hará con los miles y miles de asesinados por los comunistas dentro del propio bando republicano? Es evidente que este juez exhibicionista, que ya fue segundo de Felipe González en las listas del PSOE sólo pretende aprovechar su rango para favorecer a sus amigos.

El régimen republicano
Si bien el gobierno del Frente Popular había ganado las elecciones de febrero de 1936, no se puede decir que su deriva posterior al alzamiento fuera lo que se dice democrática: los continuos enfrentamientos entre los partidos que lo apoyaban condujeron a miles de asesinatos, y al final sólo era una dictadura manipulada por los agentes de Stalin. Todo el mundo conoce la intervención alemana e italiana en la guerra, pero pocos se preguntan por qué los británicos, franceses y estadounidenses no apoyaron al gobierno republicano, aparte de los espontáneos de las Brigadas Internacionales. Es que defender a ese gobierno era hacerse aliados de Stalin, cosa que en Colombia no despertará ninguna objeción pero que sí la tenía para los demócratas de esos países (en Francia gobernaba la izquierda).

Monarquía y transición
El problema de llevar la historia a los tribunales es que se termina cuestionando la propia legitimidad. Después de cuatro décadas la dictadura entregó el poder a un monarca y se convocó a los ciudadanos para aprobar una nueva constitución, en cuya redacción se tuvo en cuenta a los partidos derrotados en la guerra civil. Ese periodo conocido como “La Transición” despertó admiración en todo el mundo por la madurez que mostraba la sociedad española al enterrar las viejas rencillas. Tanto el régimen como la constitución vigentes son el resultado de ese proceso, no de un triunfo de los demócratas sobre los franquistas. Si el franquismo resulta un crimen (en términos jurídicos), su sucesión es ilegítima.

Olvidar lo importante
Pero el afán del PSOE es sobre todo conseguir que se olvide la forma en que accedió el poder en 2004, gracias a un atentado monstruoso que “convenció” a mucha gente de que no convenía seguir contrariando a los islamistas y de la necesidad de sacar a los soldados de Irak. También su alianza con un separatista catalán que se reunió a principios de 2004 con ETA y acordó favorecer a la banda si no ponía bombas en Cataluña. O la fracasada negociación con ETA para la cual consiguió que el fiscal permitiera al prohibido partido afín a los terroristas se presentara a las elecciones dos veces con otros nombres. Que se olvide lo importante y grave, como la negación de la crisis económica, la venta de armas a Chávez, el claro apoyo a la satrapía cubana... es lo que pretende el gobierno español y su juez amigo desenterrando la oxidada hacha de la guerra civil, un poco como cuando el mico intenta probar que Bolívar fue envenenado.
(Publicado el el blog Atrabilioso el 22 de octubre de 2008.)