martes, julio 30, 2013

Montajes


Lo ocurrido realmente con el periodista de Semana Ricardo Calderón es algo que naturalmente desconocemos, pero aun si correspondiera a la versión que difunde la prensa de algún militar molesto por sus publicaciones sobre Tolemaida, hay que decir que les resultó en extremo oportuno.

De repente resulta que esa revista es un medio esforzado por esclarecer la verdad. ¡Qué raro que uno sólo lea las más atroces falacias criminales y la obstinada propaganda del terrorismo, que sus columnistas sean un asesino múltiple confeso, un delincuente asociado con mafiosos, algunos de los cuales resultan convenientemente asesinados, un proxeneta, una mártir heredera que no oculta en absoluto su afinidad con las FARC y un dandi taurino que durante muchas décadas vivió de exhibir desprecio por todos los gobiernos hasta que llegó el que sí convenía, el de Juan Manuel Santos!

El mismo periodista, que según Daniel Coronell es el autor que no firma pero está detrás de las grandes publicaciones de la revista, podría ser descrito como un Goebbels burdo y desvergonzado, visto lo que uno lee en la revista.

También da mucho que pensar semejante atentado cuando cada semana se publican noticias sobre las terribles amenazas que sufren Iván Cepeda, Piedad Córdoba, Óscar Collazos y muchos otros benefactores de la humanidad: el espacio dedicado en los medios de los clanes del poder a las amenazas sufridas por sólo esos tres personajes en la última década es mayor que el dedicado a varios miles de soldados y policías asesinados. Sus clientelas y los arribistas típicos se convencen de que eso es lo importante.
Hablando de lo importante, qué casualidad que ocurriera el mismo día en que se recordaba otro aniversario de la masacre de Bojayá y que se discutía de nuevo sobre la libertad de Andrés Felipe Arias. De repente lo importante es la nueva noticia del atentado a la libertad de prensa que parece tener los mismos autores que las amenazas consuetudinarias a los arriba citados.

Pero además la noticia permite multiplicar la importancia de la revista y el impacto de sus publicaciones. ¡Sobre todo esta sobre Tolemaida, gracias a la cual los militares resultan siendo los criminales y los que cometieron la masacre de Bojayá las víctimas de esa obstrucción a la paz! Parece que además de asesinos esos militares son terriblemente ineptos, y además tienen ganas de ver confirmada la intención de la revista y su redactor de mostrarlos como criminales y contribuir a lo que buscan con eso, apoyados en el hecho de que están presos, cosa que entre la gente distraída y manipulable los convierte en culpables.

Ya publicamos ayer el caso del coronel Hernán Mejía: con toda certeza, la mayoría de esos militares son víctimas de la típica persecución judicial gracias a la cual Piedad Córdoba está libre y Plazas Vega y muchos otros están presos. Los criminales no son ellos sino quienes los tienen presos, casualmente socios del gobierno y los dueños de los medios, casualmente incentivados por el Partido Comunista a través de Asonal Judicial.

Mi percepción de que se trata de un montaje, cosa que obviamente no podría demostrar, tiene que ver con esa presión continua para convertir a los militares en delincuentes y a los terroristas en agentes de paz. A comienzos de la semana aparecieron todos los medios interesadísimos porque en las redes sociales se había convertido en algo muy importante una columna desafortunada de Fernando Londoño publicada en 2006 en El Colombiano. Claro que en Colombia la mala fe es la primera fuente de prestigio, por lo que no faltará el que dude de la conjura para convertir eso en la gran noticia.

Pero ya que se habla de montajes y de periodistas que no firman, vale la pena acordarse de la bomba del 12 de agosto de 2010 cerca de la sede de Caracol.

Primero, ¿por qué iban las FARC a poner una bomba en la emisora del Colombiano por la Paz Darío Arizmendi, al que Alfonso Cano le deseaba éxitos en un mensaje a Erika Fontalvo? No era por "saludar" al nuevo gobierno, sino para atribuírsela a quienes se pudieran resistir a sus intenciones de negociar, que propiamente se anunciaron con esa bomba.

Es decir, contaban con que la prensa la atribuiría a enemigos de Santos, como de hecho hizo él mismo y su subalterno Armando Benedetti. Pero ¿a qué venía la prisa por atribuir culpabilidades? Yo creo que esa bomba estaba prevista para ayudar al gobierno a cambiar de rumbo, sembrar sospechas sobre Uribe y su entorno y generar cohesión entre los lagartos.

Es muy importante considerar la posibilidad de que Santos estuviera conspirando con las FARC ya cuando era ministro. El caso de la persecución contra el coronel Hernán Mejía, cuya carta publicamos ayer, lo demuestra. También la curiosa presencia hasta en su casa de una tal Marilú Ramírez, a la que presentaron como espía una vez descubierta pero que perfectamente podría ser una emisaria del Secretariado. También la obstrucción a las quejas de las víctimas del terrorismo en Urabá, según le dice el general Rito Alejo del Río a Fernando Londoño en ese video famoso. Presten atención a partir del minuto 3.00.



Pero volviendo a la bomba de Caracol y al apóstol y casi mártir de la verdad de la revista Semana, voy a comentar lo que publicaron en esa ocasión.
¿Quién pudo ser el responsable del carro bomba y qué busca? 
El atentado en Bogotá ocurre en momentos en que el presidente Juan Manuel Santos le abrió la puerta a un posible diálogo con la guerrilla y luego de que el presidente Chávez se pronunció contra las Farc. Analistas creen que hay sectores interesados en sabotear estos acercamientos.
Ésa es la entradilla. ¿Qué elementos tenían para sospechar que hay grupos poniendo bombas distintos a las FARC? Para mí es evidente que la bomba estaba acordada para atribuírsela a esos enemigos imaginarios, que la bomba y la noticia eran una misma cosa, como el secuestro y el intercambio humanitario o como las masacres y la negociación de paz.
[...]
¿Opositores al diálogo?

Después de ocho años de Álvaro Uribe como Presidente de la República, el sábado 7 de agosto se posesionó Juan Manuel Santos, quien trae una línea muy parecida a la de su antecesor en la lucha contra los grupos armados, aunque abierta al diálogo. En su discurso de posesión dijo que la orden era arreciar contra las Farc, pero al mismo tiempo dejó abierta la posibilidad de conversar con ellas, aunque con estrictas condiciones.
 
Estas palabras se conocieron después de la propuesta de diálogo que semanas atrás había lanzado el jefe de esta guerrilla, ‘Alfonso Cano’, a través de un video difundido por la cadena Al Jazeera. “Colombia puede cerrarle las puertas a la guerra civil, si encontramos un resquicio”, dijo Cano, quien invitó al nuevo gobierno a una reflexión con un lenguaje menos belicoso que el tradicional.

Además, la relación entre Colombia y Venezuela dio un giro de 180 grados cuando el presidente del vecino país, Hugo Chávez, estuvo en Santa Marta hablando con su homólogo Santos. Tras el encuentro, las relaciones diplomáticas y comerciales se restablecieron, la actividad en la frontera volvió casi a la normalidad y Chávez envió un mensaje claro y contundente: “El gobierno venezolano que yo dirijo ni apoya, ni permite, ni permitirá presencia de guerrilla, ni terrorismo, ni narcotráfico en territorio venezolano, y mucho menos que alguien diga que yo apoyo a la guerrilla o al terrorismo o como se llame. Eso es una infamia”.

El Chevrolet Swift gris, cargado con aproximadamente 50 kilos de anfo, estalló tan solo dos días después de ese gesto de Chávez, lo que para algunos analistas significa que a alguien le interesa sabotear ese avance o un posible acercamiento entre el gobierno de Colombia y la guerrilla de las Farc.
Siempre aparecen "algunos analistas" para encargarse de la idea de fondo del artículo. En esos medios colombianos esos "analistas" suelen ser directamente jefes terroristas, típico el columnista de Semana León Valencia, o activistas dedicados al cobro de las proezas de la "insurgencia".
Armando Borrero, especialista en seguridad nacional y analista de razonpublica.com, cree que entre un “grupo de aventureros de la extrema derecha” podrían estar los autores del atentado. “Probablemente buscaban un lugar simbólico al ponerla frente a Caracol. Esto es terrorismo ilustrado, que es cometer un acto para que les echen la culpa a otros y provocar un efecto político”, dice. 
Borrero agrega que es posible que sea un pequeño grupo que quiere enviarle un mensaje al presidente Santos para que se endurezca. Aunque no hay un proceso de paz formal, “de pronto hay gente que quiere decirle que ya no pudo con este tema. Son interesados en desestabilizar cualquier posibilidad de negociación (entre la guerrilla y el gobierno)”, señala el analista.
razonpublica.com es un portal abiertamente fariano. Es el primer analista o experto al que entrevistan, lo cual hace temer lo que ya sospechaba: que la bomba era el pretexto de la noticia. El tiempo verbal va avanzando a medida que la credulidad del lector deja un resquicio. Al principio "podrían", al final "son".
En esa misma línea está Ariel Ávila, de la Fundación Nuevo Arco Iris: “Probablemente lo que se quiere es que el gobierno de Santos siga la misma línea de Uribe, dura e inamovible. El gobierno Santos abrió el diálogo y tal vez haya gente que piensa que con esto se va a retroceder en seguridad”.
La Fundación Nuevo Arco Iris es el ELN legal, el grupo que se jubiló en los noventa para dedicarse a cobrar las hazañas de los más jóvenes y rústicos. Es el segundo analista, que empieza con un "probablemente" que refuerza al humanista de razonpublica.com El tercero es el entonces excandidato presidencial Gustavo Petro, como para que ninguna banda de asesinos se quede sin figurar entre los primeros analistas.
El ex candidato presidencial Gustavo Petro, por su parte, no dudó al afirmar que la bomba de este jueves tiene un claro objetivo: “llevar al actual Gobierno a la postura del anterior”.

"Si nos dejamos manipular, seguirán poniendo bombas", advirtió el ex candidato presidencial, quien además agregó: "exijamos la verdad en la investigación, no más manipulaciones".
Así son ellos. El hombre siempre ha exhalado seguridad. Lo mismo ocurrió cuando mataron a Facundo Cabral. La diferencia es que esta vez estaba presto a opinar como todos los demás porque la bomba formaba parte del comienzo de la paz.
Sobre esta hipótesis se refirió, Incluso, el representante en Colombia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Christian Salazar, quien consideró que el atentado en Bogotá tiene el objetivo de "estorbar los mensajes conciliadores" del nuevo presidente.

"Un atentado así, con una bomba de tal magnitud, busca probablemente estorbar esos mensajes conciliadores que ha habido. El nuevo presidente ha estrechado la mano a muchos sectores sociales, además del restablecimiento de relaciones con Venezuela, y por eso la bomba", explicó.
Nunca falta el analista de la ONU que dice lo mismo que los representantes del terrorismo. También culpaba a enemigos de la paz. ¡Qué casualidad que fueran los amigos de la paz! Se habrán sorprendido mucho.
¿Las Farc?

Aunque no acusó a las Farc directamente, el ministro de Defensa, Rodrigo Rivera, dijo lo siguiente: “Los terroristas nos atacan con emboscadas, con secuestros, con actos terroristas, y también nos atacan con videos, con comunicados. Ellos lo que están tratando con esos videos es frenar el ímpetu de nuestras fuerzas militares”.

De hecho, el ex presidente Ernesto Samper aseguró que “si son las Farc, habrá que ser muy claros y específicos en la forma como se condene esto.
Aquí ya no son ni ocurre nada probablemente. Alguien tan poco experto o analista como Samper promete venganza con una firmeza que llena de valor a todos los patriotas.
El también ex presidente Andrés Pastrana aseguró que si existe responsabilidad de las Farc en el atentado de este jueves “no hay oportunidad de hacer la paz con ellos”. En ese caso “hay que seguir atacando”, consideró.
Previsiblemente, cuando Santos tuvo que decir que eran las FARC porque algún militar pudo comprobarlo en los PC incautados, a lo mejor el mismo que llevó a la Fiscalía el video de Sigifredo López, Pastrana se olvidó de su anterior bravuconada. Es otra sospecha remota, nada que ver con los hechos seguros de los analistas de más categoría de antes.
Rodrigo Rivera ha sido casi el único funcionario del gobierno que públicamente ha sospechado de esta guerrilla. Ni el presidente Santos, ni el director de la Policía, general Óscar Naranjo, ni los militares han mencionado con nombre propio el posible autor.
[...]
 Claro, el presidente le deja las sospechas a los analistas, es decir a la revista, es decir a su probable pariente Ricardo Calderón, que casualmente resulta en ocasión muy oportuna víctima de un intento de asesinato que recuerda a los múltiples y siempre fracasados intentos de matar al ángel de los secuestrados Herbin Hoyos, casualmente de Caracol, casualmente secuestrado en circunstancias casualmente raras.

Yo creo que el atentado contra ese adalid de la verdad y del oficio periodístico es un montaje. Con toda certeza es el redactor de esa pieza magistral del periodismo que he comentado, y la oportunidad es única. Obviamente, no pretendo que mi escrito sirva de demostración de nada, pero tampoco se ha demostrado la autoría de nadie y sin embargo la orgía de calumnias contra los militares no ha cesado.

Es decir, sea quien sea el autor del atentado, sobre cuya realidad albergo mis dudas, lo cierto es que ha servido para la misma tarea de los terroristas y del gobierno. Bueno: a lo que servía la bomba de Caracol y la onda expansiva de Semana.

(Publicado en el blog País Bizarro el 3 de mayo de 2013.)