Nunca había estado tan claro como en estos últimos ocho años: para que el discurso y la praxis de la guerra sean posibles, es necesario construir un complejo entramado de corrupción destinado a consolidar, legitimar y continuar un proyecto de poder autoritario. Esa podría ser la síntesis de la llamada seguridad democrática.
Es la clase de gente que está con Mockus, y no vacilan en ser los más rigurosos veedores de la ética y la legalidad. En el caso de que las FARC, tras matar a cientos de miles de colombianos (pero ya han matado a cientos de miles), tomaran el poder, Otálora sería ministro o embajador vitalicio. En sitios como la Universidad Nacional el Estado colombiano paga sueldos fabulosos a cientos de personas que están en la misma tarea.
La gente no debe llamarse a engaño. Otálora aclara al final de su artículo cuál será el programa de gobierno de Mockus:
abrir las compuertas del poder a la participación de los sectores excluidos de siempre, a través de la desarticulación nacional y regional de los mecanismos de la violencia contra el opositor político.
Es lo que se oculta tras los ridículos mantras de Mockus: el reconocimiento de que las bandas terroristas son opositores políticos víctimas de una estrategia de exclusión del gobierno. O en fin del sistema democrático. Que el intento de impedir las masacres y secuestros es pura intolerancia "de un proyecto autoritario".
Pero, por si no fuera bastante explícito, Otálora continúa:
Esta lógica conducirá, de manera inexorable, a la revisión profunda de la estrategia militar contra la guerrilla. Ahí sabremos si el proyecto de los verdes tiene dimensiones históricas o es apenas la continuación, con otras caras, de la fórmula uribista de tierra arrasada.
Lo que pasa es que no hay que engañarse: cuando este hombre se erige en defensor de la legalidad no está desvariando. Es que en Colombia existe una situación legal de legitimación de los terroristas. ¿O alguien se ha puesto a pensar por qué todavía no hay ningún trámite judicial contra los que aparecían en los computadores de Raúl Reyes mientras que sí hay muchas decenas de congresistas presos con base en pruebas en última instancia falsas, que los jóvenes iluminados a la moda desconocen por completo? Son testimonios de criminales que se benefician de ellos.
En este blog hemos intentado mostrar hasta qué punto la labor de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia constituye una "justicia de parte" que es la negación de toda justicia. Como si se nombrara médicos a los condenados por asesinatos en serie. O como si se castigaran los asesinatos cometidos por negros pero no los cometidos por blancos. Y el problema es que en lo inmediato eso no afecta directamente a la gente, que por otra parte tiene pocos recursos para hacerle frente y siquiera comprenderlo.
De ahí que la defensa de la legalidad es una falacia obscena. La legalidad en Colombia es la tiranía de los socios de Giorgio Sale o de Asensio Reyes, especialistas en emborrachar testigos y en ofrecerles beneficios pentienciarios, aun impunidad, a quienes los favorecen en su conjura. Cuando Mockus habla de defender la legalidad es plenamente coherente, pues es el representante de esa legalidad. Es tan honrado como cuando proclama que admira y respeta a Hugo Chávez. Acerca del sentido de esa legalidad conviene prestar atención a otro entusiasta mockusiano. Extrañamente también profesor de la Universidad Nacional. Pedro Medellín.
Por más popularidad que tenga el presidente de turno, si las cortes tienen claro su papel institucional, la supervivencia del régimen democrático está garantizada.
Claro que uno espera que la gente vea alguna contradicción en esa frase, pero es que en Colombia hay un terrible problema de corrupción del lenguaje, y todas las desgracias que afligen al país, en gran medida mitigadas durante los gobiernos de Uribe, tienen que ver con eso. ¿Qué es régimen democrático? En otros países tendría que ver con las urnas, con el hecho de que la gente elige a unos gobernantes y aprueba unas leyes. En Colombia por encima de ese hecho, "democrático" es lo que conviene a cualquiera. En el caso de Pedro Medellín ese régimen consiste en ciertas particularidades de la Constitución de 1991.
Por ejemplo, el delito político. O la licencia que tienen las cortes para decretar cualquier cosa. (Por ejemplo, la consideración de los magnicidios como "crímenes de lesa humanidad". ¿Alguien recuerda tal cosa en otros países? Lo que constituye un crimen contra la humanidad, las guerrillas comunistas, para los magistrados es "altruismo".) Pero el sustento de esa constitución fue una asamblea elegida por menos del 20 % de los ciudadanos, y evidentemente pactada para prohibir de la forma más rotunda la extradición, por lo que aparte de la ínfima minoría que apoyaba a los terroristas del M-19 y de la maquinaria más leal al gobierno, buena parte de ese 20 % de ciudadanos habrá sido incentivada por Pablo Escobar.
Así se llega a una nueva noción de democracia: ¡no es el gobierno de las mayorías sino el de quien se las arregló para imponer las leyes que le convenían! Lo que pasa es que ¿qué es democracia? El sistema democrático moderno no es algo natural, y en sociedades semiesclavistas como las hispánicas genera fuertes resistencias. Cuando la gente habla de "corrupción" suele pensar en los políticos intrigantes que viven repartiendo puestos a sus clientelas y despilfarrando los recursos públicos. Pero ésos son los políticos democráticos.
Los otros políticos proceden de la Constitución del 91 y del plan de César Gaviria y compañía de premiar a la banda de asesinos del M-19, habida cuenta de su poder, su organización y la enorme influencia de sus partidarios. Tanto Pedro Medellín como Sergio Otálora como miles de personajes parecidos son políticos que no necesitan votos porque ya tienen asegurado su sueldo ministerial en entidades como la Universidad Nacional. Y lógicamente también intrigan y nombran a sus amigos y despilfarran recursos, lo único que los diferencia es que no tienen que administrar nada más que su propia carrera y que no dependen de los votos.
Ése es el bando de Mockus, el de esos investigadores que cada cierto tiempo publican informes académicos según los cuales el gobierno está cometiendo un gran crimen al adoptar el sistema de producción capitalista o el modelo de desarrollo neoliberal. Para entender hasta qué punto se trata de esos sectores que no producen nada sino que viven del erario, baste recordar que el asesor económico de Mockus, Salomón Kalmanovitz, decía del asunto de Invercolsa (en el que se procesó a Fernando Londoño por comprar algunas acciones sin ser propiamente empleado de la empresa), que el hecho de vender las acciones muy por debajo de su precio a los empleados (a la sempiterna mafia de parásitos del Estado), ¡se hacía para democratizar la propiedad accionaria.
Aparte de esos personajes, la ola verde es sólo la gente que cree que el homicidio se arregla recitando el mantra de "la vida humana es sagrada" o que los intentos de Chávez de influir en las elecciones de otros países, en las colombianas a través de Mockus, son la obra de un loco al que es mejor no prestarle atención. De hecho, otro mockusiano, también profesor de la Universidad Nacional, las calificaba hace poco de tonterías. Claro que ese prócer es el mismo que se sorprendía de que la gente no estuviera contenta de que le dieran el Nobel a Piedad Córdoba, que declaraba que el reciclaje era sólo una estratagema para hacer culpables a las personas de la contaminación que ocasionan las empresas y que era necesario un poco de justicia social para que soltaran a Íngrid Betancur.
No hay realmente ninguna diferencia entre elegir a Petro y elegir a Mockus. Y la clase de gente que va a votar por el ex alcalde es la misma que en 2006 votó por Carlos Gaviria. Todo el problema es la forma en que la prensa, para engatusar a gente crédula, explota los errores del gobierno o la falta de carisma del candidato continuista. Pero no hay que dudarlo: elegir a Mockus es brindar reconocimiento a todos estos personajes que sólo en Colombia resultan distinguibles de los torpes rústicos que les hacen el trabajo sucio.
(Publicado en el blog Atrabilioso el 30 de abril de 2010.)