lunes, junio 17, 2013

¿De qué lado están los uribistas?


Como ya he explicado muchas veces, la única fortaleza de Santos en su gobierno, del que ya han transcurrido casi dos tercios, es la falta de oposición: no le costó nada comprar a los diputados y senadores de los partidos "uribistas" y forzar al expresidente y a sus seguidores a suscribir sus políticas so pena de persecución penal o de exclusión total de la función pública.

Esa situación se evidencia ahora que las encuestas muestran el hastío ciudadano con el gobierno y con la negociación de La Habana. Realmente no hay ningún partido que se oponga a esa negociación y encarne ese rechazo. Lo que sí hay es una obsesiva presión propagandística para convencer a la gente de que esa infamia es necesaria.

Antes de volver a los uribistas tengo que prestar atención a los rasgos más chocantes de esa presión: lo que se le opone es el sentido común que hace sonar una alarma en la mente del ciudadano corriente porque los políticos que no están con Santos están pensando en las componendas electorales que pueden armar para recuperar algún poder.

Esta noticia de El Espectador es típica: la invocación a la Constitución, que nadie cuestiona, sirve para atribuir autoridad a los personajes que aparecen, que en lugar de asesinos y líderes de bandas criminales resultan emisarios de la paz.

Esos angelitos de paz son en su mayoría abiertos promotores de las FARC, y en realidad algo más, porque ¿qué creen los lectores que buscan las FARC? ¿Cuál sería el destino de Carlos Lozano o Álvaro Leyva si las FARC consiguen (cada vez es más seguro que lo conseguirán) vencer al ejército e imponer una tiranía comunista? Los terroristas se reúnen para hacer presión para que se los premie.

Uno de los personajes presentes en esa reunión es el ex líder del M-19 Antonio Navarro Wolff, cuya defensa del proceso de negociación fue un poco más elocuente en esta entrevista con Édgar Artunduaga.
¿Cómo va las conversaciones de paz en la Habana?
En este proceso de paz hay una serie de actores que están con los dedos cruzados tratando de que la cosa salga mal y cada hecho que pasa la magnifican, hacen un escándalo, hacen todo lo posible para decir que las cosas están mal. Hay que terminar el conflicto, por el bien del país.

¿Usted tiene algunos nombres de esos enemigos de la paz?
Dios los hace y ellos se juntan y usted y todos sabemos quiénes son. Más allá de eso, hay que llamar a la grandeza. Las víctimas, cuántas víctimas podemos ahorrarnos si el conflicto termina anticipadamente, si se encuentra una manera abreviada de terminar con el conflicto. O para ponerlo en términos de los empresarios antioqueños, cuánto dinero nos ahorramos si encontramos una salida, en vez de prolongar la guerra por otros veinte años.

¿Cuando hablamos de gente metiéndole palos a la rueda del proceso de paz estamos hablando del expresidente Uribe?
Estamos hablando de un grupo de personas que cada vez que pasa algo dicen que ese proceso de paz no ha dejado avances. ¡Hombre cómo así! ¡Espérese! Yo no estoy seguro que vayan a salir bien, nadie cree en Colombia de que eso vaya a salir bien pero evidentemente si hay una oportunidad hay que jugársela.
He puesto algunas frases clave en cursiva para llamar la atención sobre su sentido. Mientras no se logre desbaratar los sobreentendidos de esa propaganda no se podrá "terminar el conflicto". Lo que más de treinta años de negociaciones han demostrado es que el crimen no se resuelve convirtiendo a los asesinos en gobernantes. Tras el triunfo de sus asesinatos y secuestros de los años ochenta, el M-19 accedió al poder, desde donde promovió y cobró los crímenes de las FARC y el ELN.

El sobreentendido es que el conflicto se va a acabar premiando a los criminales. Lo que cualquiera puede comprobar ahora mismo es la multiplicación de la extorsión y el asesinato de soldados y policías en comparación con los últimos años del gobierno de Uribe. La verdad es que "acabar el conflicto" sólo es posible si se plantea aplicar las leyes, como ocurre en todo tiempo y lugar. Todo intento de someter al país a la voluntad de los criminales tiene el obvio efecto de envalentonarlos. La idea de "acabar el conflicto" olvidando a las víctimas y premiando a los victimarios es la abolición del derecho y de la humanización.

Desgraciadamente, esa retórica tiene muchos seguidores. En un post reciente expliqué que esos entusiastas de la paz son sencillamente la minoría que en Colombia apoya los regímenes bolivarianos y la satrapía cubana, pero al ser las clases poderosas y "educadas", imponen sus falacias y su jerga al conjunto de la sociedad.

Un lugar común de esa clase de personas es la invitación a la "grandeza", consistente en premiar a quienes ponen personas bomba y queman campesinos por resistirse a entregar a sus hijos para que maten policías, de modo que Navarro y sus compañeros lleguen a gobernar.

Así, la oportunidad que hay es exactamente la misma que cuando Betancur, hace más de treinta años, empezó a buscar la paz reconociendo y premiando a los criminales: Navarro y su banda de asesinos se plantearon, seguramente espoleados por los servicios de información cubanos y los agentes de ese régimen en Colombia (Enrique Santos Calderón y tal vez García Márquez), dar un golpe de Estado y someter al gobierno: eso fue la toma del Palacio de Justicia, el producto de la disposición de Betancur a premiar los crímenes de esa banda asesina.

Más descarada aún es la propaganda en La Silla Vacía, revista virtual que, como todos los medios del antiuribismo de la década pasada, se ha quitado últimamente la máscara para ser un órgano abierto de propaganda de las FARC. Ahí entrevistan a un líder de la banda que, como para que los lectores se vayan acostumbrando, obra abierta e impunemente sin que a nadie le importe.

Vale la pena leer toda la entrevista para ver hasta qué punto la propaganda del terrorismo alcanza cotas que no se veían desde el Caguán, y que tal vez ni siquiera entonces se vieron.
¿Quiénes estarían interesados en boicotear el proceso?
No tendrían cómo identificarlos, pero que los hay los hay. Hay sectores politiqueros que han medrado, que se han enriquecido, que han conseguido fines utilitarios a los que no quieren renunciar. Hay regiones donde hay gente trabajando contra el proceso. Y no necesariamente todos de derecha o latifundistas y terratenientes, sino alentadas por intereses mezquinos y criminales incluidos los del narcotráfico.
Sólo cito esta pregunta porque reproduce uno de los lugares comunes de la propaganda de la negociación, que es simplemente la propaganda terrorista. El hecho de que el gobierno se gaste los recursos comunes en pagar la propaganda del terrorismo no interesa a nadie, y por el contrario se tolera la infamia absurda de que si uno se opone a que se premien los crímenes es porque se beneficia de que siguen: siguen porque se premian.

La experiencia de los últimos años es absolutamente elocuente: gracias a los acuerdos de Santos con Chávez las FARC tuvieron carta blanca para cobrar la extorsión en las regiones fronterizas y para pasar la cocaína a Venezuela. Gracias a esa ventaja pudieron reclutar más niños y multiplicar la extorsión en todo el país. Son los defensores de la negociación los que se benefician de que los terroristas sigan expandiendo su poder. Y eso demuestra que toda su propaganda es sólo parte de la conjura terrorista.

Para resumir lo anterior, que ya se ha hecho (extrañamente) largo, diré que hay una gran presión del aparato de propaganda del régimen para legitimar la negociación y una lógica resistencia ciudadana, tímida y confusa pero no tan minoritaria que no preocupe a los terroristas (o sea, al gobierno). ¿Dónde quedan los uribistas? Ya he señalado muchas veces que todos los precandidatos han mostrado de alguna manera su reconocimiento a la negociación. Bueno, también Luis Carlos Restrepo, todo hay que decirlo.

Lo interesante es que ese apoyo es aún más marcado entre los seguidores: parece que radicalizar el discurso y denunciar la negociación no le ha sido muy útil a Óscar Iván Zuluaga, se oyen muchas presiones de gente que se ilusiona con Francisco Santos. Es evidente que esas personas no están entre quienes rechazan la negociación. El exvicepresidente es un claro defensor del proceso, y vale la pena prestar atención a sus respuestas en esta entrevista con María Jimena Duzán para que cualquier persona decente entienda que debe descartar toda posibilidad de apoyarlo

Casi cada respuesta es una perla maravillosa. Haré pocos comentarios sobre lo más enternecedor, destacado en cursiva. Es verdad que han pasado seis meses, pero ¿qué habría cambiado en la actitud del primo del presidente? De hecho, hasta el final del proceso del Caguán fue uno de sus defensores.
M.J.D.: Sorprendió que fuera usted el que sacó a la luz pública una noticia que el gobierno tenía guardada bajo llave. Me refiero al documento en el que se acuerda el inicio de conversaciones con las Farc.
F.S.: Es que yo no solo saqué el acuerdo, sino que conté la historia de cómo habían sido las conversaciones en Cuba y en Oslo. Y le digo una cosa: me guardé una cantidad de información.

M.J.D.: ¿Y por qué no la reveló?
F.S.: Porque no quería hacerle daño al proceso. Lo que pasa es que cuando empecé a ver que todo el mundo filtraba cositas, me dije: “Yo con todo … ¿y no lo saco?... !Nooo, perdóneme!”. La noticia de que venía un proceso de paz en firme me la confirmó una persona que me llamó del Cauca a contarme la historia con pelos y señales. Yo le pregunté que quién era la fuente de esa información y él me dijo que eran “los amigos” (la guerrilla). Ahí fue cuando decidí echar la primera chiva. Después de que conté la historia de los primeros encuentros, me llegó el documento de la forma más inesperada. Y no le puedo decir nada más, porque donde haya un indicio de quién es esa persona, la matan.
¿No es muy diciente ese interés en no hacerle daño al proceso? ¿Están los uribistas en el bando de la negociación o en el que le haría daño al proceso de premio del crimen? Para mí es evidente que están en el primer grupo.
M.J.D.: ¿Usted filtró esa noticia para torpedear el proceso de paz? Se lo pregunto porque el uribismo, grupo en el que usted milita, se opone al proceso.F.S.: ¿Usted cree que si Julio Sánchez, Darío Arizmendi o Vicky Dávila hubieran tenido ese documento, no lo sueltan? Yo solo pensé en las Farc porque creía que se iban a molestar, pero al final no paso casi nada. La revelación del documento solo contribuyó a que el show no fuera tan grande, sino un poquito más pequeño. Pero además le voy a decir una cosa: si Luis Carlos Restrepo le llega al presidente Uribe en el 2008 con un acuerdo como este, Uribe lo firma. El presidente Uribe siempre tuvo claro que el uso de la fuerza es para lograr un acuerdo. Y estoy convencido de que hoy estamos sentados por lo que hicimos durante los últimos ocho años contra las Farc.
Esta vez se escapa a contestar si "el uribismo se opone al proceso", lo interesante es que Uribe nunca ha dicho nada sobre eso: ¿habría empezado un proceso como el actual? El que calla otorga. Y no es que diga que combate para negociar, cosa que siempre se puede decir sea cual sea la intención, sino que rechace las afirmaciones de su vicepresidente.
M.J.D.: ¿O sea que usted, a diferencia del expresidente Uribe, sí apoya el proceso de paz?
F.S.: Si esto le sale muy bien al presidente Santos triunfa, si le sale mal es el fin de su gobierno. Está en juego el todo por el todo. Sin embargo, creo que es una apuesta que vale la pena hacer así no sea la solución a todos los problemas del país, como se le ha hecho creer a la gente.
Curiosa la entrevista: la entrevistadora pretende insistir a toda hora en el rechazo de Uribe al proceso, para darle oportunidad a Santos de proclamar su apoyo.
M.J.D.: Pero si es cierto que Uribe también quería la paz, ¿por qué él se opone al proceso de manera tan integral?
F.S.: Es que eso tiene que ver con que la pelea entre Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe no es una pelea por la paz, sino una disputa política.

M.J.D.: ¿Pero no es un poco mezquino que el expresidente Uribe esté utilizando la paz para conseguir réditos políticos?
F.S.: ¿Y cuándo la política no ha sido mezquina? Pero además le digo: Santos también ha sido inmensamente mezquino con el expresidente Uribe. Pudo haber construido su gobierno sobre lo construido, pero no quiso. Si no hubiera tenido la mezquindad en varios nombramientos en los que no vale la pena entrar, Uribe estaba montado en la paz al lado del presidente Santos. Le aseguro. Pero no: Santos decidió romper de una manera sutil pero brusca y le hizo un daño irreparable a esa relación. Ese es un error grave del presidente.
¿Falta alguna prueba de que el uribismo sólo tiene un conflicto de nombramientos y componendas con el gobierno? No lo que diga Francisco Santos sobre la negociación, sino el apoyo que tiene después de esto y el silencio de Uribe y compañía al respecto.
M.J.D.: ¿Qué opina del nombramiento del general Mora como representante de los militares?
F.S.: No había podido escoger una mejor persona. Es el general de más influencia en el estamento militar. Queda eso sí en una situación difícil, porque se va tener que negociar en medio del fuego. Yo quiero ver la reacción del general Mora cuando haya un atentado como el que hubo en Caquetá cuando mataron 42 militares y que acabó con el proceso de paz de Barco. Creo que el nombramiento de Naranjo es de doble filo, sobre todo si le empiezan a aparecer todos los temas en los que sale salpicado, porque le puede armar un escándalo innecesario al gobierno. Creo que Luis Carlos Villegas no representa al sector agrario que es el que más tiene que perder en esta negociación, y en ese sentido me parece que se equivoca el presidente Santos. Frank Pearl y Sergio Jaramillo son dos personas cercanas al presidente y fueron las que arrancaron ese proceso.

M.J.D.:¿Qué opina de las gestiones de su primo Enrique Santos Calderón?
F.S.: Pues mire: el jugó un papel clave en todo esto porque los conocía, y su presencia generó una gran confianza. Es más, yo le dije al principio de este gobierno esta frase: “ ¡Lo que usted ayudó a armar ahora ayúdelo a desarmar!”, ¡Es que por la revista Alternativa pasaron todos los grupos guerrilleros!.

M.J.D.:¿Qué opina del nombramiento de Humberto de la Calle como coordinador de los negociadores?
F.S.: Que manda dos mensajes: uno que la paz es liberal y gavirista. Ese es un mensaje peligrosísimo porque no incita a la unidad en torno a la paz y que muy seguramente va a tener costos electorales porque va a producir una reacción en la U y en los conservadores. El segundo es positivo porque que se trata de una persona con gran experiencia en el manejo de la Constituyente.

M.J.D.: ¿Se lanza de nuevo a la política?
F.S.: Tengo claro que mi carisma y el acercamiento con la gente son unos activos políticos inmensos. Lo que pasa es que yo me salí de la Vicepresidencia y me metí de lleno a la radio de manera inmediata y quiero dedicarme a descansar. ¿Que si descarto la política?, no la descarto. Pero es que para ejercerla se requiere una piel de cocodrilo que por primera vez en mi vida no sé si la tenga. Yo soy una persona demasiado sensible de piel. A veces me dicen que soy demasiado bueno y demasiado ingenuo y que eso en política es fatal.

M.J.D.: En una ocasión usted me dijo que salir de la Vicepresidencia al periodismo no le parecía ni traumático ni éticamente incompatible. ¿Sigue pensando lo mismo?

F.S.: Viéndolo en retrospectiva fue muy difícil. Uno viene del poder con un conocimiento y una mirada de la que es muy difícil desprenderse. A eso agréguele el hecho de que llegué al periodismo en medio de una dolarización, lo que hizo aún más complicado el tránsito. Sí, le confieso: no fue fácil.
En toda la entrevista, y en todo el lenguaje de Santos y los uribistas, se comparte esa dulce y redentora idea de que el permiso para extorsionar y la promesa de premiar las masacres se pueden llamar "paz". Perdón por repetirlo: el que quiera defender la democracia tiene que saber que el uribismo es parte del bando enemigo. ¿O no es patente en esas respuestas del más probable candidato uribista?
M.J.D.: ¿Los medios son muy santistas?
F.S.: Mire, la Unidad Nacional en los medios es total. Claro que en la prensa regional se siente menos la unanimidad tal vez porque allá se percibe más el deterioro del orden público. Esa unanimidad de los medios capitalinos le hace mucho daño a Santos.

M.J.D.: ¿Alguna duda de que Santos se quiera reelegir?
F.S.: Ninguna, aunque yo creo que la reelección es dañina.

M.J.D.: ¿Qué me dice? ¿No fue usted quien más la empuñó y más la impulsó a pesar de todos los males que ella encarnaba?
F.S.: Creo que habría que ampliar al periodo a cinco o seis años y eliminar la reelección. A esa conclusión llegué viendo lo que pasó en la segunda reelección de Uribe. En general he visto que a los presidentes la reelección les genera un desgaste en su gobernabilidad porque les hace perder independencia ante el Congreso. Y no me diga que Santos no ha dado puestos.

M.J.D.: Debo entender que a usted le gusta solo la reelección de Uribe pero no la de Santos.
F.S.: ¡Nooo!. En el proceso de la primera reelección de Uribe se generaron hechos positivos para el país. Pero el proceso político fue desgastador. Si el presidente tiene seis años para gobernar se dedica a eso. Si tiene cuatro con posibilidad de ocho, gobierna dos años y los otros los dedica a su reelección. Colombia no es una democracia madura como para meterse en ese tema todavía. Ahora, si Santos hace la paz y no se reelige, ¡es el presidente del universo!. Y si encima de eso deja el proyecto de la eliminación de la reelección con la ampliación de periodo, sería una jugada magistral, propia de un pokerista.

M.J.D.: ¿Su relación con el presidente Santos sigue siendo tan lejana?
F.S.: El siempre es muy amable. Me echó el otro día un vainazo en el discurso el día del grado de su hijo del colegio. Habló de los “odios que rompen familias”. En el fondo sé que para él soy una piedra en el zapato; somos primos hermanos dobles, pero yo tengo mi posición y él la suya.

M.J.D.: ¿Qué opina del nuevo gabinete?
F.S.: Que es un gabinete de bogotanos y bogoteños. Los primeros son de acá, los segundos nacieron en la provincia pero han vivido toda su vida en la capital. Me parece un círculo cerrado y alejado de la realidad del país. En el fondo este es un gobierno muy parecido al de Pastrana y al de Gaviria en el que los ministros de entonces son los de ahora. Aquí sí valdría la pena decir que bienvenidos al pasado. ¡Con decirle que la renovación del Partido Liberal, es Horacio Serpa! Claro que las Farc no se quedan atrás: los negociadores de las Farc son los mismos de Tlaxcala. Estamos fregados.

M.J.D.: Pero eso no solo pasa en la política, también pasa en los medios y usted es un ejemplo de eso.
F.S.: Lo era hasta el viernes. Le voy a decir una cosa: un país donde el presidente es un Santos, el director del primer periódico del país está casado con una Santos, el director de la revista más importante es un Santos, el que está trabajando tras bambalinas por la paz es un Santos y el que le hace la oposición es un Santos, no existe ni en África.
He señalado en cursiva otras frases en que se refuerza esa idea, que me parece un crimen, de que lo que hace el gobierno de Santos con las FARC tiene algo que ver con la "paz".

Ah, no tengo ninguna esperanza de que los uribistas reconozcan que están en el bando de la negociación, ni menos que se alejen de Santos. Hace años tengo comprobado que su rasgo principal es el "doblepensar", la capacidad de observar a la vez dos actitudes opuestas, guiados únicamente por la lealtad al rebaño. Algún tema distinto a la negociación de La Habana encontrarán para oponerse a Santos, por mucho que se hagan cada vez más inconfundibles del PDA. Sobre la paz a la vez callarán, aplaudirán la negociación (o a Francisco Santos, por mucho que sepan cuál es su opinión) y se opondrán con toda la rabia.

La democracia en Colombia es una opción minoritaria. Muy minoritaria, casi nadie entiende que estos politiqueros no la defienden sino que más bien la amenazan.

(Publicado en el blog País Bizarro el 28 de febrero de 2013.)

viernes, junio 14, 2013

El lenguaje de la muerte


La experiencia de la mayoría de las personas es la de la impotencia e irrelevancia. Por allá en remotas oficinas unos banqueros deciden el futuro de las inversiones y los empleos y el ciudadano "de a pie" sólo puede adaptarse a lo que se encuentra. Y lo mismo en todos los ámbitos. Al que nace en Colombia le cae la mala suerte de esa compleja realidad de crimen, violencia y corrupción de la que cada ciudadano particular no puede atribuirse una culpa completa.

En una época yo discutía en un blog que tenía el entonces columnista y decano (hoy ministro de Salud) Alejandro Gaviria sobre el origen de esa realidad y la especificidad de Colombia, cosa que lo escandalizaba, así como a sus jóvenes discípulos. ¡Me atrevía a negar que la violencia era el resultado de la prohibición de los psicotrópicos en Estados Unidos y del negocio ilícito subsiguiente! Hasta suponía que la ideología unánime de las universidades colombianas era la principal causa de todos los problemas del país, cosa sumamente incómoda para ellos (que la comparten).

Bueno, es algo incomunicable para quien no ha vivido en otro país: las cosas que ocurren en Colombia son inconcebibles en cualquier otra parte, pero no los hechos, pues en muchos sitios ha habido situaciones de violencia más graves, y de miseria, corrupción, injusticia, etc., ni hablar. Son las palabras las que hacen tan especial a Colombia, y las palabras remiten a algo que sí es inmediato para la persona ordinaria: por mucho que grandes poderes se confabulen para llamar de cierta manera a las cosas, nadie la obliga a compartir ese lenguaje.

Es decir, la fuga de inversiones norteamericanas de Europa a Asia no es algo que el ciudadano corriente en Colombia pueda controlar, pero si llaman "guerrerista" a la persona que piensa que forzar a alguien a llevar una bomba y hacerlo explotar con ella para matar a muchos más no debe ser la forma de llegar a ser embajador, nadie puede decir que eso ocurrió lejos de él. Se puede entender que no todo el mundo esté para interesarse por la política, pero en medio de las atrocidades, que sin la menor duda pronto se multiplicarán, la solidaridad con los "pacifistas" que promueven eso, hoy por hoy generalizada, no puede considerarse inocente.

Las circunstancias actuales de multiplicación de los crímenes terroristas y de propaganda legitimadora del régimen hacen particularmente grave esa pasividad con el lenguaje criminal de los medios de comunicación, con sobreentendidos tan perversos y absurdos como la propaganda terrorista. De hecho, ¿alguien me podría mostrar UNA SOLA diferencia entre el lenguaje de los medios y el de los comunicados de las FARC?

Colombia es un caso único en el mundo porque la gente es tan servil y tan perezosa intelectualmente que no puede concebir que desde mucho antes del Caguán los grandes medios SIEMPRE han estado justificando la existencia de bandas de asesinos comunistas y convenciendo a todo el mundo de que se deben premiar sus hazañas. Si uno habla con colombianos instruidos pero no propiamente activistas es imposible que admitan que hay un sesgo en ese sentido de la prensa. El hecho de que los que organizaron el secuestro y asesinato de los magistrados en la toma del Palacio de Justicia sean gobernantes y maestros de moral y los que trataron de impedir que su golpe de Estado derivara en la opresión de todo el país estén presos sin pruebas, por hechos juzgados y prescritos y con base en testigos falsos, lo asume casi todo el mundo como natural.

No está en poderes ajenos al ciudadano entender la iniquidad de semejante situación sino en su propia conformidad con el orden social. Claro que toda su vida ha estado expuesto al adoctrinamiento en las escuelas y a la propaganda en los medios, pero la desproporción de esos hechos es demasiado atroz. Inconcebible en ningún país en el que haya algún vestigio de libertad. Eso hace única a Colombia y singulares a sus ciudadanos.

Todos los días se ven pruebas de semejante sumisión de la gente al lenguaje de los criminales. Casi todos los columnistas de la prensa, que son en rigor propagandistas del terrorismo, armaron un gran escándalo porque Uribe publicara en su cuenta de Twitter las fotos de unos policías asesinados: es por puro respeto por lo que ellos presionan para que quienes ordenaron eso obtengan poder político, cuanto más, mejor.

Las falsedades monstruosas son la norma, y detrás de ellas se esconden los intereses del crimen terrorista: hace unos meses presionaban a Santos para que se sentara a repartirse el país con las FARC con el cuento de que ya eran insignificantes. Gracias a la negociación avanzan y este mismo año pueden llegar a tener más recursos y poder qne en 2001, toda vez que los burladeros venezolano y ecuatoriano son seguros para el trasiego de armas y cocaína y el gobierno de Santos colabora de un modo que nunca lo hizo el de Pastrana. Ahora la presión no es para que empiece a negociar sino para que persista, y a eso se aplican los más influyentes propagandistas de las FARC, como Héctor Abad Faciolince (el mismo para quien oponerse a las masacres es ser "abanderado del odio"). Dentro de unos meses será por la rendición total, y se equivocan quienes creen que así cesarán las muertes, al contrario, sin resistencia matarán más, como han hecho los comunistas siempre que han tomado el poder.

El hecho de que el expresidente Uribe haya criticado algunos aspectos de los diálogos de La Habana, cuya monstruosidad esencial no denuncia, por lo demás, sirve a la inefable columnista María Jimena Duzán (la clase de personas que espera grandes ascensos gracias a las masacres terroristas: ya fue cónsul en Barcelona, con oficina en la calle más cara de la ciudad, gracias al afán de Pastrana de complacer a Tirofijo) para preguntarle a Francisco Santos:
¿Pero no es un poco mezquino que el expresidente Uribe esté utilizando la paz para conseguir réditos políticos?
 F.S.: ¿Y cuándo la política no ha sido mezquina?
(La entrevista no tiene pérdida, deja ver a un estadista al que los uribistas apoyarán con más fervor aún que a Angelino Garzón, tal como antes admiraban a Roy Barreras o a Fabio Valencia.)

¿De modo que oponerse a los crímenes crecientes es sacar réditos políticos? ¿Alguien lo obliga a usted, amigo lector/a, a suponer algo así? Lo comparten la inmensa mayoría de los lectores de la prensa, y eso porque las FARC no son el fruto de la prohibición de las drogas sino la expresión genuina de la mentalidad tradicional de las clases altas, que ven a la gente humilde como ganado.

Bueno, ¿a cuántas personas han asesinado las FARC en la última semana? Pues sumadas habrán ocupado menos espacio en la prensa y en las redes sociales, por supuesto, que este hecho. Un tuitero minoritario y aislado le contestó al dulce humanista Antonio Morales Rivera, el que hacía los guiones del beato Jaime Garzón, esto:

Impresionante noticia. Horacio Serpa se enteró por la prensa y no vaciló en señalar:

Las muestras de solidaridad fueron naturalmente abundantes, pero es sólo un caso: el estilo de los columnistas de prensa y los políticos amigos del gobierno es tan atroz como las proezas de la tropa que les abre el camino para futuras dignidades. A fin de cuentas, sólo los colombianos los conciben como personas diferentes, dado que la noción que tienen de moralidad se resume en la marca del calzado.

Otro episodio reciente me permite concluir este paseo por la corrupción del lenguaje en medio de la orgía terrorista. Apareció un supuesto panfleto firmado por las FARC amenazando a varios tuiteros. Lo primero que me repugna del hecho es que alguien se escandalice porque eso ocurra. ¿De modo que las FARC respetan la vida de alguien, y sobre todo de alguien que denuncia y combate sus crímenes? ¿Por qué algo así se puede considerar importante y las incesantes masacres no? Es el sobreentendido de la discusión sobre esas amenazas. Amenazados de muerte por las FARC están todos los colombianos, salvo obviamente sus partidarios, que comparten plenamente sus asesinatos.

Y como no considero que divulgar amenazas sea un posible delito de las FARC (como si los nazis tiraran colillas al suelo), me parece secundario que haya sido una determinación del Secretariado o de algún universitario espontáneo, o aun de alguno de los supuestos amenazados para figurar, como insinuaba Sergio Araújo. Lo interesante es la absoluta identidad del lenguaje terrorista y el del gobierno y la prensa:
"Muerte a destructores de la paz"
Lo de "muerte" es apenas insinuado por Abad Faciolince o León Valencia, pero ¿cuál es la diferencia? Lo que la inmensa mayoría de los colombianos que leen la prensa aceptan es que quienes se oponen a que se premien las masacres son "destructores de la paz" mientras que las FARC, que matan cada día más (para conseguirle a Abad un pedestal más grande que el que le construyó Samper), son agentes de paz. Es algo incomunicable porque la mala fe reinante se aferra a cualquier mentira, pero el que llame "paz" a lo que hacen los subalternos de Santos con los terroristas en La Habana está admitiendo que quien se opone por respeto a las víctimas pasadas y futuras es "destructor de paz", y matarlo es apenas un paso coherente.
Sus mentiras por las redes sociales, más concretamente por el medio de comunicación Twitter ocasionan desinformación a la población civil, generando un ambiente hostil y nocivo para la paz.
Es exactamente lo que dice la prensa: los asesinatos (¿cuántos cientos van este año?) no generan un ambiente nocivo para la paz, sino la duda que alguien plantee a que se deban premiar. ¿O no es otra cosa lo que dice Abad Faciolince en el escrito enlazado arriba?

Tras la lista de enemigos aparece una conclusión:
Son y serán objetivo militar. Los colombianos y colombianas queremos lograr la paz.
No hay ninguna ironía sino que es exactamente lo que uno puede encontrar en todos los columnistas de Semana, en casi todos los de El Espectador y en la inmensa mayoría de los de El Tiempo. "Queremos lograr la paz, no nos publiquen fotos de los muertos, no nos vengan a criticar a los agentes de paz reunidos en La Habana ni cuestionen al gobierno: es necesario matarlos para que pueda haber paz."

La redacción parece de Abad Faciolince, que tiene sus momentos inspirados, en los que llega a ser más elocuente que el mismo Serpa, pero aunque fuera de otro, con toda certeza es alguien que se inspira en la prensa.

Bueno, ya sabemos qué es la prensa. Es la hora de darse cuenta de que por miedo, principalmente, por complicidad y por otros motivos, la mayoría de los bogotanos de estratos altos, para aludir a los colombianos que más leen la prensa, comparten el lenguaje de ese panfleto.

Lo que en definitiva vienen a representar las FARC en términos sociológicos, una vez que se comprueba la adhesión total de los grupos de personas afines tradicionalmente al poder político y a las rentas estatales, es tema de otra entrada.

(Publicado en el blog País Bizarro el 20 de febrero de 2013.)

lunes, junio 10, 2013

El votante siempre tiene la razón

Vendedores
Cada vez hay menos vendedores, esas personas que iban de casa en casa ofreciendo brilladoras, enciclopedias, etc., a veces a partir de una respuesta a un anuncio en la prensa, a veces "en frío". Esas personas trabajaban para empresas cuyo negocio consistía en esa distribución un poco forzosa, en extremo rentable, ya que daba para pagar la capacitación de miles de aspirantes que después no se animaban a trabajar y a proveerle ingresos al vendedor pese a las innumerables ventas fallidas. Es evidente que el comprador no tenía un gran interés, porque en tal caso habría ido a buscar el producto, pero debido a las habilidades del vendedor, a menudo a su personalidad dominante o a su estilo de clase social superior, terminaba comprometiéndose en una compra costosa a plazos que le resultaría difícil pagar.

Técnicas
El éxito del vendedor dependía de su capacidad de persuadir a la víctima, para lo cual las empresas lo aleccionaban para que ofreciera una "actitud mental positiva", de optimismo y seguridad, que terminaba contagiando al comprador. El axioma que todo vendedor debía tener siempre presente era "El cliente siempre tiene la razón", es decir, que para consumar la venta (que, como ya expliqué arriba, dados los recursos que se invertían en vender, tenía mucho de estafa) el vendedor tenía que escuchar al cliente y encontrar una forma de hacer coincidir sus aspiraciones con las ventajas que predicaba del producto. Dar la razón es una forma de persuadir astuta, propia de quien no ofrece nada realmente valioso.

Politiquería
Eso mismo ocurre con la politiquería, con la política vulgar de personajes que sólo aspiran a alcanzar los puestos públicos y el poder, y a menudo las rentas que provee. Característico es ver la foto de Santos y Vargas Lleras rodeando a una anciana negra para dar la impresión de que están con el "pueblo". Pero todo el populismo tiene siempre ese aspecto: el aspirante a un cargo de elección halaga al público como un vendedor de bienes sobrevalorados porque de algún modo tiene que conseguir los votos, y comprarlos podría resultarle menos agradable. Lo lícito en una democracia es que de algún modo el político encarna valores que la gente comparte: pertenece a un partido que suscribe un programa y una ideología, tiene una trayectoria personal como activista o como profesional que permite a la gente creer que hay alguna correspondencia entre lo que dice y lo que hace, entre sus promesas y halagos y sus convicciones. En Colombia es más complicado, la misma idea de democracia es fastidiosa para la gente y todo el mundo odia a los políticos con los que no tiene relación personal, siguiendo el viejo lema de que "lo malo de la rosca es no estar en ella".

Drogas
De ese nivel es la obsesión del uribismo con la persecución de la dosis personal de drogas. Hay una abrumadora mayoría de los colombianos que achacan la delincuencia a las drogas ilícitas y las consideran lo peor, actitud en la que se adivina no poca envidia por los placeres que se supone que disfrutan las personas que las consumen. Esa intolerancia, parecida a la que hay con las personas homosexuales, le presta un enorme servicio a los terroristas, que fácilmente agrupan a los consumidores como víctimas de una conjura clerical, y terminan haciendo una especie de proselitismo químico: el hecho de fumar marihuana convierte al usuario en enemigo del uribismo o de los godos o prohibicionistas y amigo de la "izquierda". Mientras que la mayoría intolerante siempre tendrá otras ofertas de represores, los consumidores están siempre agrupados alrededor de sus modelos "progresistas". El caso es que el destino de Colombia no se juega alrededor de ese tema, pero siempre parece un "gancho" con el cual atraer votantes: ya lo era en el referéndum que convocó el gobierno de Uribe en 2003, pero la Corte Constitucional no aprobó esas preguntas. Además del grotesco espectáculo de convertir a los castristas en defensores de la libertad, se refuerza y justifica a los ultramontanos: a esa clase de personas que no tienen realmente una condena del terrorismo sino de todo el mundo moderno y que si pudieran abolirían el divorcio y restaurarían la prisión por actos homosexuales, vigente en el Código Penal colombiano hasta los años ochenta. ¿Hay una mayoría de colombianos en esa actitud? ¿Quieren vivir en una sociedad como Arabia Saudí o el Irán de los ayatolás o en una como Massachusetts, donde se va legalizando el cultivo de cannabis? La tentación de complacer a los votantes pinchando un resorte seguro termina siendo peligrosa, ¿a fin de cuentas no es más grave para un padre colombiano encontrar a su hijo jugando con los genitales de una persona de su mismo sexo que fumando marihuana? Fácilmente el halago termina en una persecución brutal de la homosexualidad. Esa manía es algo que uno siempre se encuentra allí donde los colombianos se expresen.

Patriotismo
Lo mismo ocurre con el fallo de la Corte Internacional de Justicia sobre el mar territorial de San Andrés: el gobierno de Santos está entre la espada y la pared porque el ruido patriótico que levantaron los uribistas podría deslegitimarlo. ¿Qué importa que realmente no se le pueda atribuir ninguna responsabilidad particular por un fallo completamente coherente con la doctrina de la Corte? Nada, porque si acata el fallo resulta responsable y si no lo acata convierte al país en un paria internacional. ¿Qué busca el uribismo? De nuevo, complacer al ciudadano ignorante que de ninguna manera acertaría a localizar a San Andrés en un mapa ni menos a entender los líos de la CIJ. Como ya he explicado ampliamente, esa mayoría circunstancial en torno a un tema accesorio termina distrayendo de la cuestión importante, que es el establecimiento de un régimen comunista-bolivariano a partir de la negociación de La Habana. El motivo es exactamente el mismo: no hay una mayoría clara que se oponga a los diálogos. El politiquero no puede hacer pedagogía ni civismo porque necesita los votos por cualquier motivo. Dado que el ciudadano no se mueve porque Romaña resulte un poderoso cacique político gracias a sus crímenes pero sí porque el mar territorial derivado de la titularidad de una piedra remota que nadie podría situar en el mapa, pues jalémosle al patriotismo, que de algún lado deben salir los votos. (Más sobre el tema.)

Sigifredo
Respecto al caso de Sigifredo López se detecta de nuevo la misma situación anterior. ¿Qué piensa Uribe de ese caso? ¿Qué piensan los políticos próximos a él? Algún columnista próximo a esos líderes me reconoció en Twitter que creía en la culpabilidad del exdiputado. Seguro que muchos uribistas importantes piensan lo mismo, pero no lo dicen porque en tal caso contrariarían a la opinión pública, manipulada a conciencia por los medios. No sé qué sea realmente peor, si el cinismo de unos politiqueros que comulgan con mentiras monstruosas con tal de resultar agradables a un público manipulado, o la torpeza de unos mediocres que no detectaron nunca el sesgo obsesivo de la prensa para borrar las pruebas que había contra el exdiputado ni las intervenciones a su favor de prácticamente todos los columnistas afines a las FARC. En realidad, ambas cosas son complementarias: la vulgaridad, la ignorancia, la torpeza, la mezquindad y el cortoplacismo tienden a acompañar a las mismas personas. Tal vez no leen la prensa, tal vez la leen pero no la entienden muy bien, tal vez en definitiva no les interesa en absoluto la justicia ni el hecho de que matar colombianos resulte tan fácil y aun tan prestigioso. El día que se esclarezca completamente eso, porque ya no estamos en la época de Gaitán y algún perito demostrará que la voz del video es la del exdiputado, quedarán como cómplices. (Más sobre el tema.)

Doblez
Ese fenómeno de la politiquería, de la falta de respeto al elector, se podría encontrar en cada aspecto en que obre el uribismo. El último caso es la marcha que organiza el líder forzado por los medios, Herbin Hoyos, cuya retórica últimamente se enciende contra las FARC. ¿Quién puede explicar que la emisora del Colombiano por la Paz Darío Arizmendi, la misma que calumnia a todas horas a Uribe, dedique un programa a la solidaridad con los secuestrados? ¿Y el rocambolesco secuestro del "periodista", los repetidos intentos de asesinarlo, siempre fallidos, y ahora las amenazas de muerte? ¿Y su curiosa amistad con Sigifredo López? El mismo hijo de Uribe ayudaba a promover la marcha "contra las FARC", que a la hora de la verdad contará con amplísima participación de mamertos y predominio de las exigencias de cambios en el proceso, que con todo el gusto los de La Habana acogerán con respeto y simpatía. ¿Es que son todos idiotas? No, es que sólo están pensando en el puesto y no tienen ningunas ganas de contrariar a los todopoderosos medios. A lo mejor tras la concesión de un puesto en la mesa para Sigifredo López en nombre de las víctimas terminan aceptando a algún representante uribista. No en balde la exministra Martha Lucía Ramírez criticaba que no hubiera representación femenina en la mesa de negociaciones. Y el senador Juan Carlos Vélez Uribe felicitaba al equipo negociador. ¿Alguien recuerda algún reproche de Uribe a esas personas o alguna propuesta clara de no reconocer los diálogos? No la hay ni la habrá por mucho que los leales interpreten el lloriqueo como rebelión.

***

Tengo que salir de la política colombiana para explicar el sentido del éxito, en contraste con las audacias y astucias de los charlatanes que engatusaban incautos para venderles electrodomésticos de mala calidad, la gente que ha conseguido grandes fortunas en el comercio lo ha hecho con base en la calidad. En Europa las empresas de distribución de más éxito, como Zara, Ikea, Mercadona o Decatlón ofrecen productos con una excelente relación calidad/precio. El político cuya opinión sigue a la del público es como ese vendedor de mi primer ejemplo: otros que tienen convicciones o al menos medios de persuasión para imponer su interés terminarán moviendo hacia donde quieren a la opinión, y el hombre carismático sólo será el capitán de una camarilla de tinterillos de segunda que no llegan a ninguna parte.

Un episodio que había olvidado lo explica todo. El "genial escritor" Héctor Abad Faciolince escribió una columna intimidatoria contra Uribe en la que no faltaba la insinuación del asesinato, aparte de bellezas como ésta:
¿Por qué se va al exilio la señora Hurtado? Para no tener que decir de dónde venía la orden de oír a los jueces, a los políticos y a los periodistas, ya que confesar esa verdad era lo mismo que poner una lápida en su pecho. Mejor callada en Panamá que acorralada aquí entre la pared de la verdad y la espada del miedo.
¿Cuál fue la reacción del flamante líder? ¡NINGUNA! No sería él quien fuera a hostigar a tan importante figura amada por la patria y bien relacionada con personas como Vargas Llosa o Savater. El que esa perla sea basura terrorista de la peor no importa en absoluto: precisamente el hecho de poder confrontar a Vargas Llosa y Savater era lo que le permitiría poner en su sitio a ese siniestro sicofanta. Pero ¿cómo va a contrariar a la opinión publicada que tiene en ese mediocre mártir heredero a un modelo de rectitud? 

A mí me sorprende el apego de la gente a Uribe. Su presupuesto es que su popularidad lo hará imprescindible para los políticos que controlan las clientelas y presupuestos, por lo que no abandona la Unidad Nacional por mucha hostilidad que le muestren los congresistas y senadores que hizo elegir. Y al paso que vamos la gente que quiera votar por Uribe ya no sabrá qué es lo que elige, porque obra como consejero no deseado del gobierno y capitán del lloriqueo, sin que todavía se sepa si quiere que cese el proceso de La Habana o que continúe, si tiene algún candidato preferido para la presidencia en 2014 o no, etc. Su lista al Senado estará formado por la misma clase de gente que hizo elegir en 2010, salvo algún añadido del M-19 y algún otro del MOIR.

Cuando los ciudadanos que no quieren someterse a los terroristas se den cuenta de que esa respuesta fácil del líder infalible es una trampa, que hay que romper con la Constitución del 91 y toda la vieja política, será demasiado tarde.

(Publicado en el blog País Bizarro el 8 de febrero de 2012.)

jueves, junio 06, 2013

Una oportunidad única e irrepetible


La gran ventaja de los terroristas y sus socios del gobierno es que la sociedad no los conoce y vive como engañada respecto a su condición: en todo momento se encuentra uno con gente sinceramente hostil al terrorismo pero que "compra" la explicación de la propaganda. A unos les parece que las guerrillas son campesinos rebeldes por la injusticia o la desigualdad, o fanáticos comunistas enamorados de la muerte, o simples mafiosos ávidos de riquezas... Casi nadie se preocupa de la red del terrorismo que forma parte del Estado y vive en los barrios ricos de las ciudades, cabildeando en defensa de los negocios criminales, cada canalla intrigando para darse a conocer de los jefes terroristas y exhibiendo cínicamente su complicidad.

Las tropas comunistas surgieron del PCC en los años de la República Liberal y desde entonces han tenido complicidades en el gobierno, especialmente cuando gobierna el liberalismo. La inversión soviética encontró fácilmente "vendepatrias" que a cambio de dinero, favores e integración en una red clientelar poderosa favorecían la guerra popular prolongada (gran obra de la Komintern que había dado resultado en China). Pero en Hispanoamérica se encontraron con una oportunidad muy interesante: la posibilidad de encarnar el espíritu del lugar. La tradición de parasitismo de los descendientes de las castas superiores del régimen colonial les haría especialmente atractivo el paraíso comunista. Eso es lo que hace que en Colombia sigan activas las bandas terroristas.

Hace falta mucha mala fe o mucha ignorancia para no ver la clara afinidad entre los intereses de los grupos terroristas y los de quienes dominan los medios de comunicación. Y también para creer que se trata sólo de una "traición" de esos grupos oligárquicos, como si los lectores de la prensa no pudieran leer otra cosa por un capricho divino: es decir, esa afinidad entre los medios y el terrorismo expresa la que hay entre las castas superiores de la sociedad tradicional y la ideología y las organizaciones comunistas. 

Tras la revolución cubana el éxito de dichas organizaciones entre las clases acomodadas fue clamoroso y condujo a la Constitución de 1991 (la Asamblea fue elegida por menos del 20% del censo y la convocatoria se basó en una movilización estudiantil). De esas décadas viene el dominio de los comunistas sobre la función pública (hegemónico en el poder judicial y la educación) y la continua reproducción de su ideología con recursos públicos, sin que haya cesado en absoluto durante los gobiernos de Uribe.

La situación actual de abierta complicidad del gobierno con los terroristas, a los que alienta a derrotar a la fuerza pública tanto en las selvas como en los estrados judiciales, hace que esos sectores corran entusiasmados a cobrar los crímenes y a hacerse abiertamente representantes de los terroristas. En definitiva, los niños sicarios siempre los pueden reclutar, pero el poder verdadero dentro de las organizaciones criminales lo tienen los conscientes, organizados, ricos, prestigiosos y poderosos tinterillos que las crearon. Y que fácilmente reclutan a miles de activistas ansiosos por lucrarse del poder terrorista.

Razón Pública es un portal con pretensiones de Think Thank que en los últimos años se ha ido haciendo cada vez más abiertamente portavoz de las FARC. Su director, Hernando Gómez Buendía, es un antiguo columnista que posaba de "independiente" antes de ser despedido de Semana por publicar varias veces la misma columna.

En dicho portal encontré esta perla, que demuestra claramente todo lo señalado arriba:
Declaración pública de centenares de artistas, profesores, investigadores, periodistas y líderes comunitarios que respaldan el proceso de paz que comienza esta semana.

Al comenzar la fase de negociación entre el Gobierno Nacional y las FARC, en un intento nuevo y decidido por alcanzar un acuerdo que ponga fin al prolongado conflicto armado interno que padece Colombia, los abajo firmantes hacemos públicas las siguientes consideraciones:
¿Cuál es el "prolongado conflicto armado"? ¿El que se terminó con el M-19 y que condujo a la Constitución de 1991? ¿El que se cesó a medias con el ELN entregándole miles de millones a algunos de sus líderes veteranos para que dirigieran, encargaran y cobraran los crímenes desde la legalidad? En esa idea del "conflicto armado" que manejan estos canallas resulta igualmente legítima la institucionalidad que una banda de asesinos: el único acuerdo que podría poner fin a la orgía de crímenes es la entrega de los terroristas a la justicia para pagar por sus asesinatos, secuestros, extorsiones, mutilaciones y demás crímenes. Lo que se presenta como una transacción lícita entre iguales es sólo el premio de las masacres gracias a la afinidad del presidente Santos y su hermano con el terrorismo: en abierta traición a la voluntad de las urnas.
Es esta una oportunidad única e irrepetible. Si fracasa, la confrontación avanzará pero con mayor intensidad y con altas y aún inéditas cotas de degradación. Anteriores fracasos han sido no solo derrotas de la paz sino triunfos siniestros de la guerra. Por eso urgimos a las partes a no levantarse de la mesa hasta llegar a un acuerdo final, y a superar los muchos, graves y previsibles obstáculos que acompañarán a un proceso tan complejo como el que hoy comienza.
Lo de "única e irrepetible" es una burla increíble: en el mismo portal, otro propagandista del terrorismo afirma que podría desmovilizarse sólo un tercio de la banda (el número de cuyos miembros infla). ¿Qué es lo único? ¿No hubo suficientes ocasiones de premiar el terrorismo en los ochenta y noventa? Por el contrario, cuanto más se premie más prolifera, dado que es la forma correcta de prosperar y hacer carrera política. Se demuestra (y se demostrará) aquella admonición del barón de Montesquieu, de que "no se puede comprar la paz porque se pone a quien te la vende en condiciones de volver a vendértela". Es lo que pretenden hacer ahora, no en balde entre los firmantes de la declaración figura el lamentable alcalde de Bogotá, beneficiado por el premio al asalto al Palacio de Justicia y las masacres de Tacueyó en que incurrieron los gobiernos de Barco y Gaviria.

La segunda frase de la "Declaración" ("Si fracasa, la confrontación avanzará pero con mayor intensidad y con altas y aún inéditas cotas de degradación") es una clara amenaza: exactamente lo que decían las FARC cuando se pretendía cesar la infamia del Caguán. ¿Cómo es que los gobiernos de Uribe redujeron drásticamente los homicidios y consiguieron que los secuestros llegaran a ser una décima parte de lo que eran en esa época? Lo que uno trata siempre sin éxito de explicar a los colombianos es que las FARC son lo mismo que estos pensadores. Es el viejo recurso del atracador que le pone el cuchillo en el cuello a un niño para hacer culpable de su muerte a quien le impida llevarse el botín: pero ¿cómo explicarlo? En los colombianos hay algo subhumano, el atracador puede tener zapatos caros. Los atracadores, los que van a ser ministros y embajadores gracias a las masacres y al Plan Pistola, son los firmantes de esa "Declaración". Los niños que masacran a sus parientes por miedo a las torturas son otras víctimas.

La tercera frase también merece atención ("Anteriores fracasos han sido no solo derrotas de la paz sino triunfos siniestros de la guerra"). Ya que "paz" es lo contrario de "guerra", el hecho de que tras muchísimas atrocidades que se llamaban "paz" ("creación de confianza", "necesidad de las partes de llegar fuertes a la mesa") se decidiera poner fin a la orgía de sangre del Caguán y derrotar a la banda criminal, a la que Santos resucitó, fue un triunfo de la guerra. Lo que llaman "guerra" no es el hecho de que una banda de asesinos intente destruir la democracia, sino que se intenten aplicar las leyes. Y el triunfo de la guerra fue la recuperación de la confianza en el país, el regreso de millones de exiliados, la reducción drástica de los indicadores de violencia y el crecimiento económico sostenido que se observaron durante los gobiernos de Uribe. El único triunfo de la "paz" en el sentido recto del término es la rendición de los asesinos, no su triunfo. Pero "los asesinos" son los firmantes de esa declaración, no los pobres niños y rústicos que les hacen el trabajo sucio.

Se trata de una manipulación retórica con lo que se engaña a incautos, a los que se seduce con muchos otros recursos en la relación personal (por ejemplo, es típico, el favoritismo de los profesores hacia los alumnos que suscriben su ideología). ¡Lo que el lector entiende es que hay que hacer guerra a la guerra y no guerra al crimen, con el sobreentendido de que aplicar las leyes es hacer la guerra y que es igualmente condenable salir a secuestrar gente que tratar de impedir que alguien lo haga! Ese lenguaje falaz de la guerra y la paz aparece a todas horas en las declaraciones de todos los políticos uribistas. En la medida en que se deje a los totalitarios consumar su atraco no hay "guerra": lo que llaman paz es el cese de toda resistencia.

La frase final de ese primer párrafo también es muy elocuente: "Por eso urgimos a las partes a no levantarse de la mesa hasta llegar a un acuerdo final, y a superar los muchos, graves y previsibles obstáculos que acompañarán a un proceso tan complejo como el que hoy comienza". Claro, cuanto más se reconozca a los asesinos como una parte igual de legítima al Estado más podrán exportar cocaína y expandir sus negocios de extorsión y minería ilegal, y a la vez reclutar niños y perseguir a militares y policías desde el poder judicial que controlan. Mientras se esté negociando y los negocios vayan viento en popa habrá esperanzas de "paz", que no es otra cosa que la rendición total de la sociedad.
La presencia en la mesa de negociación de los más altos mandos de las FARC y, por parte del gobierno, de delegados cercanos a los gremios de producción, a las Fuerzas Armadas y a los demás poderes del Estado, es garantía de la representatividad y seriedad de las conversaciones.
¿Qué falta va a hacer que el gobierno fuera elegido para eso? Los gremios de la producción, y sobre todo sus líderes son impotentes ante la primera organización económica no estatal del país, por no hablar de las presiones del gobierno. ¡Y las conversaciones son representativas porque acuden a celebrar su triunfo los jefes terroristas! De nuevo la grosera falacia de que una banda de unos pocos miles de asesinos equivale a la sociedad.
En esta etapa inicial serán necesarias la discreción y la confidencialidad de las negociaciones: en la experiencia internacional, ningún conflicto armado interno se ha resuelto mediante diálogos públicos. Esto deben entenderlo los medios y la opinión.
Todos los enfrentamientos de la policía con los criminales son "conflictos armados internos" y nunca en ninguna parte se remedian premiando los crímenes. Pero la confidencialidad aquí trata de las presiones de todo tipo que los lagartos que acompañan a Santos en su infamia reciben en La Habana, nada menos. Una vez acordadas las fortunas que, a cambio de entregarles el país, el régimen venezolano o los firmantes de esta "Declaración" pasarán a los negociadores (disponen de decenas de miles de millones de dólares sin contar con Venezuela), todo será cuestión de maquillar la nueva realidad.
El cese bilateral del fuego es un asunto importante y altamente deseable, pero su éxito requiere de un sistema de verificación eficaz, que de momento no parece ser factible. Aunque su ausencia no es un obstáculo insuperable, exhortamos a las partes -como prueba de su genuina voluntad de paz- a que no sigan desperdiciando vidas de colombianos y a que en todo caso busquen ceñirse a las normas del derecho de la guerra. Para allanar el camino, es urgente procurar cambios en el lenguaje de los actores. Este es el primer paso, en el entendimiento de que el terreno de la paz debe fertilizarse con hechos y palabras de paz.
Otro párrafo destinado a la manipulación del lenguaje, a la vieja retórica de las "partes" y a las presiones para que el lenguaje oficial sirva a esa legitimación del crimen.
Una paz negociada implicará reformas substanciales que afronten la aberrante inequidad, consagren garantías efectivas para el ejercicio de la oposición, atiendan en su raíz los conflictos por la tierra, pongan fin a las violaciones de los derechos humanos y reparen debidamente a las víctimas. Puesto que la agenda de negociación se abre con la “política de desarrollo agrario integral”, estimamos como punto de partida del debate público que necesariamente debe acompañar e iluminar el proceso, el análisis de temas como la superación de la pobreza rural, la democratización de la propiedad de la tierra, la relación agricultura-minería, la reconversión de tierras dedicadas a la ganadería, la inversión extranjera, la reprimarización de la economía, las reservas campesinas, la seguridad alimentaria y la protección de los recursos naturales.
Pero si la desigualdad es el resultado de que se premian los crímenes. Ya he explicado infinidad de veces que la mitad de los empleados estatales, que son la clientela del terrorismo y sus socios políticos, están entre el 10% de más renta en Colombia y que a partir del triunfo terrorista de 1991 el índice de Gini empezó a empeorar drásticamente en Colombia. Se trata de la absurda legitimación del terrorismo por la desigualdad, como si no fuera precisamente su causa.

Lo de "consagren garantías para el ejercicio de la oposición" suena a chiste desvergonzado: ¿se va a hacer algo contra los prevaricadores que tienen preso al coronel Plazas Vega, al general Arias Cabrales y a Andrés Felipe Arias y pretenden encarcelar también a Luis Carlos Restrepo? El cinismo de estos asesinos es ya la actuación de un presidiario disfrazado de payaso en un centro de niños mongoloides.

Claro que lo de "pongan fin a las violaciones de derechos humanos" no se queda atrás. ¿Los cientos de miles de personas asesinadas para asegurarles las rentas a ellos no tienen que ver con los derechos humanos? No hay nada más fácil que eso, que los asesinos se entreguen y disfruten de un juicio justo. ¿Cómo pueden hablar de derechos humanos quienes piden que se premie a quienes los violan de la manera más atroz?

Bah, es que cada frase es genial: ¡lo que impide todo desarrollo agrario es el negocio de estos intelectuales mandando sicarios a extorsionar a los productores! Todo lo demás es claramente el programa de las FARC. Es decir, los pretextos de las FARC para matar y secuestrar: todos los problemas del campo empezarían a resolverse en el momento en que la sociedad colombiana pusiera en su sitio a estos asesinos.
Manifestamos nuestra voluntad de animar el más amplio debate sobre las reformas sociales y políticas, y nuestra disposición para contribuir a la creación de un clima nacional favorable a la paz que haga posible que Colombia marche con decisión al encuentro de sí misma.
¡Claro que les gusta el debate! Poseen los medios de comunicación y las cátedras universitarias, además de la habilidad retórica, que de todos modos importa poquísimo en Colombia: sobre todo, los crímenes del servicio doméstico armado les permiten comprar zapatos italianos de la marca más cara, por lo que en "el debate" tienen todas las de ganar ante un público al que previamente han deformado en las escuelas y en los medios de comunicación. Cualquier persona que conozca un país civilizado vería que una persona honrada que entienda el contexto sentiría vómito ante la desfachatez de estos asesinos.

(Publicado en el blog País Bizarro el 6 de febrero de 2013.)

lunes, junio 03, 2013

La oposición interna del sistema


En 2010 la mayoría de los votantes apoyaron a Santos porque era el heredero de Uribe y nadie tuvo razones serias para pensar que Uribe no lo conocía o que no había evaluado la posibilidad de que traicionara todas sus políticas. Sin esa confianza en el esforzado caudillo, la elección le habría resultado muy difícil a Santos.

Es decir, si se hubiera presentado sin ese disfraz, Santos no habría ganado porque en términos generales sus políticas eran previsibles: su hermano fue el fundador de Alternativa y después director de El Tiempo durante la época del Caguán, el candidato elegido es un oligarca emparentado de muchas maneras con los López y los Samper. Casi que todo lo que ha hecho es lo que se debería esperar.

Pero además de los antecedentes de Santos hay otra cuestión: supongamos que el nuevo presidente fuera un desconocido, otro farsante o alguien con poca ética. ¿Qué habría hecho? La respuesta es: probablemente habría hecho lo mismo que Santos. Y el motivo es que esa forma de obrar resulta muy grata para un gobernante en Colombia porque no encuentra hostilidad ni en la rama judicial del Estado ni en los medios de comunicación ni en los sectores políticamente más activos y resueltos.

Y en cuanto a los representantes elegidos para que respaldaran el continuismo, la inmensa mayoría forman parte de los partidos tradicionales o de sus turbios vástagos y son casi manifiestamente venales. Es decir, la gobernabilidad optando por esas políticas es ideal, mayoría segura en el legislativo, buenas relaciones con el poder judicial y la prensa y escasa conflictividad.

Lo interesante es la naturaleza de esos medios de comunicación y de ese poder judicial. Cuando uno lee las explicaciones que los colombianos le dan a la conducta de esas entidades siempre se queda desconcertado ante tanta ceguera. Los grandes medios impresos son en la práctica de las mismas personas, el dueño de Semana es el hijo de López Michelsen, cuya familia tiene una larga relación con los dueños de El Espectador; el director de El Tiempo accedió al cargo por otra maraña de relaciones con la familia del presidente y sucedió al hermano mayor de éste, que a su vez es el padre del director de Semana... Los canales de televisión y las emisoras principales están en manos de las mismas personas.

El poder judicial en realidad está controlado por las mismas personas, y no porque a los jueces les guste aparecer en la televisión y ser noticia, como cree mucha gente en Colombia, ni tampoco porque necesiten que los medios les den buena imagen a sus decisiones. No, es que la cúpula judicial y el Consejo General del Poder Judicial dependen de los políticos y son nombrados por cuotas, por no hablar de la base, cooptada por los comunistas desde el primer semestre de estudios.

A partir de la Constitución del 91 y de la cúpula judicial surgida de ese golpe de Estado, se implantó un statu quo que es el orden imperante, al que corresponde la noción de "sistema" del título de esta entrada. (No me extiendo sobre el tema porque ya escribí un texto analizándolo.)

En ese sistema, los partidos políticos sirven para que el gobierno seleccione entre las redes de lagartos a la burocracia que ocupará los cargos de responsabilidad en el Estado. El poder político se legitima a través de esos partidos, y premia con puestos los votos obtenidos. Nadie espera que ningún miembro activo de esos partidos tenga ninguna convicción ni ningún interés que no corresponda a los salarios o a los negocios que pueda hacer desde el cargo.

Ante la decisión de Santos de negociar con las FARC, que era la causa principal del antiuribismo de los medios oligárquicos mencionados y que a su vez está contemplada en la constitución, la resistencia resultó insignificante, por mucho que el sentido común y la experiencia de todos los países permita a cualquiera ver que se trata de la abolición de todo vestigio de democracia: cualquier percepción sensata resulta acallada por la hegemonía de los medios y aun en las redes sociales por la presencia de cuentas interesadas en legitimar tácitamente la negociación y de miles de empleados públicos cuyo "trabajo" consiste en imponer la visión del gobierno (que es la misma de las FARC).

La gente descontenta se ha aferrado al expresidente Uribe, que no puede enfrentarse a los grandes partidos porque haría perder el puesto a sus clientelas y partidarios, y que por eso ejerce un patético papel de consejero no deseado que un día sí y otro también recomienda al gobierno lo que debe hacer en La Habana, tratando de hacerse intérprete de los descontentos sin deslegitimar a los partidos que respaldan a Santos ni al poder judicial y la prensa que están en la base del sistema.

Ese juego equívoco pasa inadvertido para la mayoría de la gente, que no entiende que la conservación de la cuota de poder de Uribe tiene el precio de la sumisión real a las decisiones de Santos, que las críticas sirven para atraer votantes a los partidos de la U y conservador, como ya ocurrió en 2011, en que el expresidente incluso hizo campaña por el hijo de Roy Barreras.

Es decir, al no deslegitimar el sistema, el uribismo sólo tiene la función de encauzar votos y apoyos hacia la sumisión al gobierno. Al que lo dude lo invito a interpretar este tweet del senador Juan Carlos Vélez Uribe.
Uno se pregunta qué entenderá la gente en Colombia cuando lee algo así. Es algo que se ha visto en casi todos los amigos de Uribe de gran nivel, la disposición a aceptar la negociación de las leyes con los terroristas, con los delitos que ya ha cometido este gobierno para llevarlos a La Habana.

Una parte de esa actitud es la impotencia que siente quien quiera oponerse a la hegemonía de la ideología "apaciguadora" en la prensa y hasta en las leyes. Lo que las personas que se oponen al terrorismo deben plantearse es si esa actitud va a representar alguna resistencia efectiva contra la alianza del gobierno con los terroristas.

Ya hace al  menos dos años que señalo la incapacidad del discurso uribista para hacer frente a eso. No hay modo de que nadie entre en razón: antes entregar el país a los terroristas que detenerse a pensar. ¿O habrá alguien que espera que Uribe desautorice a Vélez? En ese caso ya se trata de mala fe, pues en aras de conservar cuotas de poder Uribe ha sido capaz de buscar el respaldo de Angelino Garzón, personaje que casi no oculta que ejerce de representante del Partido Comunista en el gobierno.

Mirando con más detalle se puede comprobar que a Uribe nunca le interesó cambiar al poder judicial ni cuestionarlo ni promover una prensa diferente, más aún, que toda su carrera política antes de llegar a la presidencia la hizo en el mismo partido de Santos, Gaviria, Samper (con quien además militaba en el Poder Popular) y los López.

Uf, ya se deprime uno explicándolo: o se intenta renovar el orden político aboliendo la constitución protochavista de 1991 y creando formas de juzgar tanto el prevaricato como la complicidad con el terrorismo del poder judicial actual, y a la vez denunciando en el mismo sentido a la prensa y al poder del totalitarismo en el Estado, sobre todo en la educación, o se toma parte en la rapiña para conservar una parcelita del poder que ya tienen los terroristas.

La respuesta es que prácticamente nadie va a querer pensar en eso ni en denunciar a esos partidos, que son uno de los principales engranajes del sistema, planteándose crear otros. Y para mí todas las personas relacionadas con esos partidos son socios del poder terrorista. Los peores, los que engatusan a los descontentos para arrastrarlos a una situación en la que no hay alternativa y sólo queda exigirles a las FARC que liberen a los dos policías para poder discutir con sus jefes si los propietarios podrán conservar algo o sobre la forma en que el gobierno ayudará a los terroristas a despojarlos.

No, no me engaño: nadie va a apartarse de Uribe. El que no es lambón es corto de miras, fanático, ignorante o conformista. Lo que nadie puede esperar es que con esa clase de políticas no vaya a imponerse el régimen fariano.

(Publicado en el blog País Bizarro el 30 de enero de 2013.)

jueves, mayo 30, 2013

Oportunidades


Hacia 2001, la presión del Ministerio de la Verdad para que la gente tolerara los crímenes crecientes de los terroristas era igual que ahora, o si se quiere peor, ya que había muchos más crímenes. Y no obstante, la minoría descrita por el propio Pastrana como "la extrema derecha" se resistió y a partir de un acto conjunto con Londoño empezó a avanzar la candidatura de Uribe, siempre calumniada por todos los que ahora se aferran a lo que ocurrió dentro de su gobierno para hacer concebir a sus afines y adoctrinados un paraíso previo. Al que le interese el dato le recuerdo que según mis cálculos de la época durante el periodo de campaña electoral de 2002 la aparición de Uribe en El Tiempo, que entonces dirigía Enrique Santos Calderón, fue ocho veces menor que la de Garzón, que a la postre obtuvo ocho veces menos votos.

Pasamos por un momento muy parecido, y no es que haya el menor atisbo de indignación con los crímenes terroristas ni menos con la determinación del gobierno de premiarlos. A tanto no se llega: la idea de la propaganda terrorista, que ahora es la misma propaganda gubernamental, de que tratar de aplicar las leyes es encender el país, ha hecho mella porque además del refuerzo de los recursos públicos que pagan la pauta publicitaria, quienes la promueven tienen el refuerzo de décadas de "capacitación para el sometimiento" impartida por Fecode y el hampa terrorista de las universidades. Estos sectores conforman el verdadero "grueso" del frente terrorista, siendo las FARC y el ELN simplemente bandas de sicarios que hacen el trabajo sucio.

Pero el momento se parece en que dentro de un año habrá campaña electoral y la decisión de apoyar la negociación de La Habana o denunciarla describirá a cada candidato y a cada votante. Es decir, siendo tan probable que la apuesta terrorista degenere en una escalada de los crímenes, habrá muchos que se opongan a los diálogos cuando el rechazo popular sea evidente, o cuando se vea que los que quemaron vivo a un campesino en la zona despejada por resistirse a entregar a los hijos para convertirlos en asesinos son los nuevos modelos de la sociedad, como ya lo son Gustavo Petro, León Valencia, Angelino Garzón y Sigifredo López, criminales perfectamente capaces de eso y de mucho más.

Pero será demasiado tarde porque todo el mundo se preguntará qué hacían los aspirantes a cargos de elección mientras el segundo Caguán avanzaba, o mientras se convertía a una banda opresora en triunfadora a pesar de los golpes del ejército y la policía, sólo por las conjuras de la camarilla del presidente y otros sectores que pasaban por encima de la voluntad ciudadana. Es decir, en este momento cada persona decide si acepta un futuro en el que los chavistas tendrán la hegemonía y dominarán todo el Estado, más allá de lo que ya dominan el poder judicial y la función pública, o si se plantea que se debe cambiar la política para hacer una democracia homologable.

No es una responsabilidad pequeña. Uno da por sentado que todos los que militaban en el  antiuribismo de la década pasada eran socios de Teodora e Iván Cepeda, pero más bien no tomaban partido y permitían que los atropellos de la prensa y los jueces golpearan al uribismo porque les parecía que contenía a un enemigo. ¿Cuándo se darán cuenta de que lo que han pretendido siempre los dueños de la prensa es un régimen como el cubano, aunque refrendado por elecciones, pero de hegemonía de una conjura oligárquica y con un Estado sometido a ella? 

No será creíble un demócrata que ahora no le haga frente a Santos y al régimen habanero (es decir, a la autoridad efectiva, que es el gobierno junto con los terroristas, con los que acuerda el futuro del país en La Habana). Y ese demócrata no puede salir del uribismo porque el uribismo perdió autoridad en estos dos años de doble juego con los partidos de la Unidad Nacional, de "buenos términos" con políticos que no condenan la negociación ni menos a los partidos que sostienen a Santos, al tiempo que busca pretextos de oposición a cuál más grotesco.

Claro que me dirán que eso es sólo una opinión mía, pero ya se verá que la campaña de persecución contra el uribismo de la prensa y el poder judicial dará resultado ya que no se le responde con propuestas de quien aspira a representar a los ciudadanos, sino de quien busca no perder influencia dentro del poder establecido; no de quien defiende unos valores o principios, sino de quien maneja lealtades y gestos.

¿Que nadie lo hará? Es posible, pero no quedará un comentarista que merezca respeto, que no haya quedado como un miserable que sirve a un régimen criminal a cambio de prebendas, o que aun no teniéndolas no se atreve a alzar la voz para no echarse enemigos poderosos, perder lealtades o quedar dentro de una minoría irrisoria. La historia está llena de personajes de ese estilo, y sin duda lo serán la inmensa mayoría en Colombia, lo que no tengo claro todavía es si serán todos.

(Todo esto se me ocurre porque tras insultar en un tweet a un personaje próximo al mockusianismo que enlazaba un editorial de Arcadia [entendiendo que recomendaba su lectura por compartir esas ideas] me di cuenta por sus respuestas de que no, de que realmente entendía el juego perverso de la señora Ponsford, dama elegante que cumple encargos del dueño y el director de Semana. A lo mejor llega el día en que los personajes como éste aceptan que todas las cosas que discutíamos hace siete u ocho años sobre las intenciones de la oligarquía bipartidista, sobre el verdadero significado sociológico del comunismo en Colombia, sobre la naturaleza de las guerrillas y sus protectores políticos, etc., no son como ellos las concebían.)

(Publicado en el blog País Bizarro el 28 de enero de 2013.)

lunes, mayo 27, 2013

Mi bando


Aquellos que pretenden ejercer la oposición contra el gobierno de Santos y por eso se suman a las campañas de los falsos ecologistas que tratan de impedir que se construya un hotel en el Tayrona, supuesto desmán del que culpan al gobierno sin que quede claro qué es lo que tiene de malo, y acompañando en eso las campañas del Agitprop chavista (interesadísimo en hacer pasar como la cosa más natural del mundo que nadie diga nada porque se negocien las leyes con unos asesinos pero sí esté la conciencia ciudadana alerta por eso), NO SON DE MI BANDO, no quiero tener nada que ver con ellos ni comparto en absoluto el rechazo a ese hotel ni menos la menor solidaridad con las hordas de mercenarios y adoctrinados que inundan las redes sociales de indignación pagada y exhibicionismo moral idiota.

Más o menos las mismas personas colaboran con las mismas campañas para impedir que una empresa de minería que está sometida a las leyes y siempre se puede evaluar explote el oro del páramo de Santurbán. El que NUNCA en las redes sociales, ni tampoco en la prensa, NADIE proponga nada para que se contenga la minería ilegal, deja ver que al final se trata para los mercenarios "indignados" y el lumpen de las narconovelas de sacar competidores para que sus financiadores puedan explotarlas y contaminar mucho más. Los cómplices de esas campañas, que también distraen del atroz golpe de Estado de Santos y sus terroristas, NO SON DE MI BANDO y los considero parte de una amplia facción hostil y profundamente dañinos.

Lo mismo puedo decir de los que agitan banderas espurias como el rechazo a la idea de quitar tres ceros al peso para facilitar las transacciones. Es un ridículo pretexto de oposición que nunca tiene en cuenta las opiniones de los expertos sobre la sensatez de la medida, sino que, como con todos los aspectos típicos de esa política mezquina y degradada, esperan soliviantar descontentos contra Santos pero sólo ayudan a "naturalizar" la infame componenda del gobierno con los terroristas. Esos activistas oportunistas NO SON DE MI BANDO y nunca vacilaré en denunciarlos.

Lo mismo puedo decir de los enemigos de la reforma tributaria. Desde que presto atención a la prensa colombiana he sentido verdadera fascinación por la mentalidad que hay detrás de la parafiscalidad sobre la nómina, algo inconcebible en cualquier país civilizado. Una iniquidad que multiplica el impacto de cualquier aumento de salarios que una empresa pretenda hacer, en beneficio del Estado parasitario,  y al mismo tiempo encarece la contratación y genera desempleo. Lo mismo podría decir de la tributación, otro monumento a la injusticia, otro atropello contra todo aquel que produce. Incluso hace ya siete años publiqué un artículo comentando esos rasgos de la tributación colombiana. ¡Pues cuando se intenta remediar siquiera tímidamente esos desafueros, aparecen los opositores denunciando la reforma! Y resueltamente esos opositores NO SON DE MI BANDO y no buscan que Colombia se asimile al mundo moderno sino que defienden sus deformidades.

Lo mismo puedo decir de la borrachera patriotera originada por el fallo de la Corte Internacional de Justicia sobre el mar de San Andrés, fallo que le concedió a Colombia sus derechos sobre todas las islas y cayos y aun sobre amplias áreas que está dentro del mar territorial nicaragüense, según una doctrina de la CIJ que es coherente, constante y clara. De nuevo los opositores al gobierno pretenden soliviantar descontentos con el más ruin de los recursos de la política, y debo proclamar con toda firmeza que esas personas NO SON DE MI BANDO, y que el fomento de pasiones nacionalistas sólo servirá para promover el peor conformismo: el que conduce a hacer de Petro un gobernante tolerable para no hallarle defectos terribles a la patria amada, exactamente como ocurre en Nicaragua, Venezuela, Ecuador y Bolivia, donde los violadores de la facción política de Evo Morales siempre se pueden envolver en la bandera.

Hay personas ingenuas y con dificultades para acceder a la información a las que los medios de "comunicación" consiguieron manipular para "venderles" el melodrama de la inocencia de Sigifredo López, pero ése no es el caso de los políticos y periodistas informados, que prefirieron respaldar la versión de la Fiscalía para no quedar en minoría y no desagradar a gente a la que sería muy difícil convencer de lo obvio y no resultar haciéndole competencia al Gran Poder Mediático. Esas personas no sólo NO SON DE MI BANDO, sino que las encuentro completamente despreciables e indignas de ejercer la política o el periodismo.

Son seis situaciones, cinco de absurda oposición y uno de repulsiva complicidad con el crimen más perverso que se ha cometido en Colombia desde el asalto al Palacio de Justicia, que dejan ver algo claro: una política vulgar y mezquina, orientada más por cálculos de componendas con los poderosos y control de clientelas leales que de defensa honrada de valores y propuestas. Se preguntará el lector, ¿por qué habiendo algo tan claro como un golpe de Estado y una rendición de las autoridades ante una banda de asesinos, hace falta buscar descontentos y ridículos pretextos de oposición? Primero, porque quien manda siempre en última instancia es la opinión pública, y en Colombia esa opinión le resulta a Santos y sus socios terroristas fácil de manipular, y segundo porque, como corolario de lo anterior, quien denunciara claramente el carácter criminal de la negociación estaría expuesto a la persecución de los medios y a la condición de minoría, lo que determina que casi ningún político se oponga con firmeza a la negociación.

Bueno, se dirá que aun las minorías pueden interesar a los políticos, pero en Colombia todo pasa a través de las redes de corruptelas que son los partidos, de modo que el político que denunciara los diálogos quedaría excluido de la influencia para conseguir nombramientos para sus clientes, y en últimas marginado. De ese modo, la oposición barata termina acusando el fenómeno que he denunciado tantas veces del Déficit de civismo, no sólo como consecuencia (ya que la indolencia general la fuerza a olvidar lo importante) sino como algo que lleva dentro de sí: a lo mejor el descontento amenaza la reelección de Santos y la gente vota por los motivos más peregrinos por otros candidatos. Pero eso sin la menor duda favorecerá a los que disponen de grandes recursos y gran influencia en los medios. De hecho, ¿nadie se ha puesto a pensar que la candidatura de William Vinasco en 2007 tenía por objeto, otra vez, impedir un triunfo de Peñalosa y sobre todo permitírselo al Polo Democrático, que siempre recibiría ayudas generosas de los ángeles revolucionarios de la hoy opaca Kidnapping Corporation y del gobierno venezolano?

Para entender esa situación los invito a analizar esta encuesta. Ninguno de los candidatos ha propuesto deslegitimar la negociación de La Habana y se podría decir que todos la han apoyado en distinta medida (el que menos NO ha propuesto denunciarla rotundamente). La exministra Martha Lucía Ramírez se ha quejado de que la representación femenina sea insuficiente. El señador Juan Carlos Vélez Uribe ha aplaudido al equipo negociador del gobierno y lamentado que se negocie sin una tregua. El exministro Óscar Iván Zuluaga encuentra "prematura" la negociación y un año después de la posesión de Santos elogiaba su gobierno. Francisco Santos Calderón también apoya la negociación. No sé qué dirán Carlos Holmes Trujillo o Luis Alfredo Ramos, pero estoy seguro de que no están dispuestos a denunciar al gobierno como una banda de criminales. José Félix Lafaurie ha sido el único que ha denunciado la negociación, pero ni lo apoyará Uribe ni ganaría las elecciones aunque lo apoyara.

Sencillamente, como ocurre desde que le entregó la presidencia a Santos, Uribe trata de conservar poder a través de los partidos próximos al gobierno y sus críticas deben entenderse como "constructivas",  por eso ni siquiera tuvo un gesto de apoyo al cacerolazo contra Santos ni menos denunció la maquinación perversa de las candidaturas inviables de Parody, Luna y Galán en las elecciones de 2011, en la que no ejerció ni remotamente la oposición a Santos. Por esos cálculos TAMPOCO se distanciará de los políticos con los que conserva relaciones personales, como Juan Lozano, por mucho que cada vez más se muestren como aliados del terrorismo. Lo que mueve sus políticas son otros cálculos y por eso sus seguidores agitan cualquier pretexto de descontento.
Colombia necesita superar esa clase de política. Dejar atrás la idea de los partidos como redes de corruptelas y asimilarse a una democracia moderna. La oposición a la Unidad Nacional no debe contar con el señor Uribe, que seguirá apegado a esos partidos y en realidad encauzando el descontento para resultar influyente pero no para impedir una negociación que acepta rezongando. Esa oposición por tanto será en principio minoritaria, pero me gustaría que alguno de los que genuinamente se oponen a la negociación me explicara si no era algo que discutíamos hace dos años si había que romper con todas esas componendas y lambonerías, y si el resultado no ha sido un avance incesante de los terroristas y sus nuevos socios.

Todo el Congreso elegido en 2010 apoya la negociación. No se puede negar la influencia del señor Uribe en la conformación de las listas, así como en la designación de Santos. La lógica de sus seguidores, en su mayoría indistinguibles de los franquistas españoles, a los que conozco y descifro con facilidad, es que el gran timonel fue traicionado por todos los que ayudó a elegir, como si algún conjuro mágico convirtiera en desalmados a todos los que antes eran ejemplares ciudadanos. Y hace falta un medio muy primitivo y torpe para que después de hacernos elegir a semejante caterva de hampones le salgamos a deber.

Dirá el lector que a fin de cuentas yo no soy más que un pendejo anónimo. Y tendrá toda la razón: no hablo en nombre de nadie ni pretendo representar a nadie más que a mí mismo, de lo que hablo es de la verdad. Desde mi punto de vista el ser insignificante me honra, porque a fin de cuentas en términos de razón nadie discute lo que digo con nada más que sus razones emotivas o su pereza mental. Queda poco tiempo para que se publique la lista de candidatos uribistas al Senado y se verá que predominan los mismos políticos de siempre, que ninguno denunciará como un crimen la manguala de La Habana y que encontrarán pretextos para seguir perteneciendo a los partidos de la Unidad Nacional. Bueno, sólo expreso una opinión, nadie que pertenezca a esos partidos o les guarde alguna lealtad puede ser de mi bando y todos los que sí pertenecen a ellos y les guardan lealtad son lacras de la sociedad a los que se debe combatir como a los terroristas con los que hoy se reparten el país.

(Publicado en el blog País Bizarro el 23 de enero de 2013.)

viernes, mayo 24, 2013

Statu quo


Esta expresión la popularizaron los revolucionarios para aludir al "orden establecido" que pretendían derrocar, algo que a oídos de la mayoría de los colombianos suena siempre grato, porque es fácil darse cuenta de que casi siempre se está entre la mayoría sufrida y no entre los pocos privilegiados. La revolución alude así a su sentido físico más elemental: a lo mejor sacudiendo las cosas se resulta entre los privilegiados. En cierta medida, esa opinión proviene también de la realidad social del país: los poderosos no lo son por ningún mérito, ni siquiera por ningún mérito de sus antepasados que no fuera parasitar a los demás.

Si se comparara a los colombianos, y en general a los hispanoamericanos, con los demás habitantes del planeta, resultarían unos grandes privilegiados. Uno piensa ¿qué aportes han hecho los hispanoamericanos al conocimiento, a la técnica o al arte?, y comparados casi con cualquier otro grupo humano el cálculo sería bastante próximo a cero. Pero si se piensa en los que han sufrido los pueblos en la historia a manos de imperios opresores, en las hambrunas atroces y en los regímenes monstruosos, los hispanoamericanos resultarían los que más suaves condiciones han experimentado, al menos desde el asentamiento de los españoles. Eso llega a tal punto que nadie concibe una hambruna y tranquilamente llaman "hambre" a la mala alimentación.

Lo gracioso es que desde hace décadas las organizaciones guerrilleras se esfuerzan por imponer un régimen de partido único como el que impera en Cuba, apoyadas por amplios sectores de las clases acomodadas urbanas, y esa situación, con su precio de sangre cotidiano e irremediable, ya es el verdadero statu quo que impera en Colombia.

La Constitución de 1991 se consideró el logro de la paz con algunas organizaciones comunistas, a la que se resistieron otras, toda vez que no estaban derrotadas y siempre tendrían la posibilidad de negociar. El acceso de los totalitarios al poder, sumado a la putrefacción de los partidos tradicionales, hizo que la paz alcanzada entonces al coste de grandes concesiones se entendiera como el primer plazo de la rendición total del país al comunismo. Desde el poder, los antiguos terroristas legalizados se han dedicado a proteger la actividad de las otras bandas, como todo el mundo ha podido comprobar.

Es famoso que según Bismarck "Con las leyes pasa como con las salchichas, mejor no ver cómo se hacen". La componenda que dio lugar a la Constitución de 1991 tuvo que ser un forcejeo en el que los asesinos del M-19 intentaban asegurarse parcelas del poder mientras que los ladrones del bipartidismo intentaban conservar alguna fuente de rentas. El texto que resultó es el que buscaban los totalitarios (los otros sólo estaban pensando en sus negocios particulares), que a su vez se las arreglaron para controlar el poder judicial, cosa que no tiene tanto misterio si se piensa en la suma de los recursos fabulosos del secuestro y la cocaína, además del apoyo de los grupos económicos que también esperaban, acertadamente, llenar sus arcas gracias a la multiplicación del gasto público.

De tal modo, la mayoría de las disposiciones de ese engendro promovido por Pablo Escobar corresponden al interés de los terroristas por seguir buscando el poder por la fuerza. Por eso la infinidad de menciones al "delito político", por no hablar de, por ejemplo, el parágrafo 17 del artículo 150, que prevé que el Estado indemnice a las víctimas de los terroristas después de dejarlos impunes:
[El Congreso podrá...] 17. Conceder, por mayoría de los dos tercios de los votos de los miembros de una y otra Cámara y por graves motivos de conveniencia pública, amnistías o indultos generales por delitos políticos. En caso de que los favorecidos fueren eximidos de la responsabilidad civil respecto de particulares, el Estado quedará obligado a las indemnizaciones a que hubiere lugar.
Del mismo orden es el "derecho fundamental a la paz", que parece cualquier floritura pero es la licencia para matar.
Artículo 22. La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento.
Claro, cada persona tiene derecho a que la dejen en paz y el deber de dejar en paz a los demás. Por eso merecen castigo quienes salen a matar gente para hacerse ministros (en realidad para hacer ministros a quienes los adoctrinan y apertrechan, y en realidad para asegurarles los ministerios y el control a los que lo han tenido siempre). Pero, qué curioso, esa disposición le permite al Fiscal General de la Nación declarar que 
... el derecho fundamental a la paz está por encima de cualquier consideración, incluso sobre la obligación que tienen todos los países de castigar con cárcel los crímenes de lesa humanidad y de guerra.
Es decir, "el derecho fundamental a la paz" se invoca para impedir el castigo de quienes violan ese derecho de los demás, y una autoridad judicial de primer orden se hace agente de la intimidación terrorista sin que a nadie le incomode. Es muy importante tener en cuenta eso, porque la ideología colombiana fuerza siempre una extraña inocencia forzosa: todo ocurre por obra de los demás, nadie tiene ningún deber y si José Obdulio Gaviria hablaba en términos solícitos del nuevo fiscal, y obviamente como TODOS los uribistas calla ante perlas como ésa, no va a tener sentido reclamarle nada.

Esa misma disposición constitucional la invoca Antanas Mockus para hacerse asesor de los terroristas: ese sagrado derecho no lo mueve, ni a nadie, a exigir a los terroristas que desistan de matar gente para imponer sus proyectos y ascender socialmente, sino para exigir a los demás que los premien. Cosa en la que, sin la menor vacilación, lo apoyan todos los que se declaraban sus seguidores en la década pasada, que obviamente no son niños pequeños y no van a reconocer que desde entonces se han estado lucrando de los crímenes terroristas.

Ya en una ocasión comenté otros rasgos geniales de esa constitución. Lo interesante ahora es por una parte recordar la situación vigente, en la que el orden legal sencillamente legitima el asesinato y fuerza el premio de los crímenes cometidos por los socios del M-19 (las FARC y el ELN eran las secciones colombianas del Foro de Sao Paulo, junto con el Partido Comunista y la banda de Petro, hasta que convino ocultarlas, tras el Caguán y la guerra contra el terrorismo de Bush).

Ese statu quo no se vio alterado por los ocho años de Uribe: ni al expresidente ni a ninguno de sus seguidores le pareció nunca importante alterar el fundamento legal de la nación. Lo verdaderamente importante era asegurarse el puesto, que es lo que hace que la inmensa mayoría de los defensores de la segunda reelección de Uribe, empezando por Juan Manuel Santos, hoy sean más o menos abiertamente aliados de las FARC. Tampoco ahora les interesa a los ubiristas tocar la sagrada ley fundamental, sólo la rentabilización del carisma del expresidente para cualquier componenda con los personajes más increíbles. Yo estoy casi seguro de que terminarán apoyando a Sigifredo López para alguna elección.

Y no obstante, la posibilidad de una Constituyente asusta a los terroristas. En una entrevista reciente Antonio Navarro Wolff lo registraba. Cuando le preguntan si el proceso de paz podría terminar con una Constituyente, dice:
La Constitución que tenemos es buena, moderna y equilibrada para darle espacio a un proceso de paz. Puede haber algunas reformas necesarias, pero yo no soy amigo de una constituyente. Es más, estoy convencido de que hacerlo sería abrir una caja de Pandora, puede llegar un retroceso de las ganancias democráticas de la Constitución de 1991. Estamos hablando de los sectores radicales. Ustedes y el país conocen bien quienes son los que pueden pescar en ese río revuelto.
No debería preocuparse. Realmente el statu quo que impusieron en 1991, en el que abolieron la democracia para sostener el viejo orden de castas (baste pensar en la diferencia de ingreso entre los empleados estatales, muchos de los cuales se siguen pensionando antes de cumplir cincuenta años, y las mayorías), y el único matiz proviene de sectores turbios, a medias leales al MOIR y a medias retrógrados ultramontanos que no dudan en añorar a Pinochet, que al mismo tiempo están dispuestos a cualquier componenda con cualquiera que les permita volver a sentarse en los puestos del poder, y cada vez más sólo soñar con eso.

La democracia tendrá que esperar a otra generación, y aun es improbable: de no ser por la expansión de la minería en la década pasada, Colombia podría estar acercándose al nivel de Zimbabue. Gracias a la perpetua guerra, protegida por la constitución que nadie quiere cambiar, eso seguirá por muchas décadas.

(Publicado en el blog País Bizarro el 16 de enero de 2013.)