miércoles, octubre 28, 2009

Verdad, justicia y reparación

Durante el primer gobierno de Uribe se consiguió desmovilizar a las AUC, terrible organización criminal que ensangrentó buena parte del país y que desgraciadamente contó con el respaldo de mucha gente a causa de la indefensión en que la dejó el avance de las guerrillas comunistas, que se traducía en toda clase de atrocidades y sufrimientos para la gente de esas regiones.

En ese avance fue determinante la complicidad de diversos grupos que habían monopolizado el poder estatal en las décadas precedentes. Lo curioso es que la existencia de la banda de los Castaño y Mancuso era una necesidad imperiosa para esos grupos, pues les servía para justificar la actividad de sus fuerzas de choque. Se trataba de dar alguna legitimidad a las guerrillas en el exterior. A toda costa intentaron impedir esa desmovilización, y el último recurso que encontraron fue intentar disuadir a los "paramilitares" de desistir de sus crímenes exigiendo que las víctimas tuvieran verdad, justicia y reparación.

Sin el menor rubor esas mismas personas insistían en que respecto de la guerrilla era necesaria una negociación que condujera a una redefinición del país. Ésa era la doctrina de la gran prensa y de toda la clase intelectual durante las décadas en que las fuerzas de choque de la izquierda avanzaban. A medida que el gobierno de Uribe ha conseguido debilitar el poder de esas organizaciones criminales, la exigencia de negociación y reconocimiento sólo es bandera de los más extremistas.

Bueno, también de poderes fácticos que son, como bien señaló en una ocasión el presidente Uribe, el último refugio del terrorismo: la Corte Suprema de Justicia y diversas redes infiltradas en entidades como la Fiscalía, la Procuraduría y otras entidades públicas.

El retroceso de las guerrillas en los últimos años ha forzado a esas mafias a poner la cara para tratar de destruir al gobierno que debilita a la fuerza de choque. Dado que ya no es posible lanzar cilindros contra pueblos, el último recurso es explotar al máximo el cautiverio de quienes siguen en manos de los terroristas, cosa en la que se empeñó la alcaldía del señor Garzón, gastando cantidades ingentes de dinero de los bogotanos en esas campañas, y últimamente el diario El Tiempo, explotando la imagen de los policías y militares secuestrados. Sí, el mismo en el que una noticia como ésta sencillamente no ha aparecido.

El objetivo de esas campañas es devolver a las FARC su capacidad de asesinar y secuestrar. Lo demuestra la conjura liderada por la senadora Piedad Córdoba que busca establecer un diálogo entre las FARC y sus valedores urbanos para forzar al gobierno a intercambiar secuestrados por terroristas, y que fue bautizada por las FARC como "Colombianos por la Paz".

Pero en Colombia hay una "verdad" oficial que es lo único que se puede publicar en la prensa y que admiten los individuos que aspiran a puestos de poder: ¿cuántas veces no se encuentra uno con personas que se escandalizan de oír que el llamado Polo Democrático es sencillamente lo mismo que las FARC pero con una misión diferente, como la oficina de una industria cárnica es distinta a la planta de producción y sus empleados no se manchan de sangre? Quien señale algo tan evidente como eso es objeto de burlas y desprecio.

Pero ya se sabe que los hechos son tozudos: muchos guerrilleros presos han decidido unirse a la campaña de la ONG Manos por la Paz a fin de desistir de sus antiguas actividades y entrar en un proceso de reinserción en la sociedad. Algunos de esos guerrilleros han empezado a hablar de lo que ocurre en las guerrillas y de las diversas complicidades que esas bandas tienen en toda la sociedad.

Eso explica la desesperación de los promotores del terrorismo a causa de la excarcelación de los ex guerrilleros Karina y Olivo Saldaña: ¡a las guerrillas había que premiarlas y darles los puestos públicos, pero eso a los jefes, a ellos y sus amigos, no faltaría más sino dejar libres a los peones! Es difícil describir un cinismo mayor. Pero ésa fue la reacción de Claudia López y de León Valencia.

Este escrito es ante todo un llamado a escuchar las declaraciones de Olivo Saldaña, en las que un guerrillero cuenta lo que conoce: exactamente lo que hemos estado diciendo desde hace años, que la llamada izquierda democrática trabaja de consuno con las FARC, que el PDA saca provecho de las actividades de los terroristas, que los Colombianos por la Paz, como señalé antes, sólo buscan devolver combatientes a las FARC. Cosas que sabe cualquier persona que conozca a los comunistas pero que para el resto de colombianos, adormecidos por las mentiras de los medios, parecen quedar ocultas.

Dice Olivo Saldaña que hay cientos de guerrilleros que podrían decir muchas cosas sobre la forma en que operan las FARC: ¿no es hora de que los ciudadanos colombianos las conozcan? Es obvio que todos los que han prosperado en la complicidad con los criminales tengan miedo de que se sepa cómo operan y de qué modo hay tantos cómplices dedicados a tapar esas relaciones, pero ¿qué les pasa a los demás?

Es demasiado optimista pensar que los millones de víctimas de las guerrillas comunistas van a encontrar reparación. Tampoco que vaya a haber justicia, pues el poder judicial en Colombia está en manos de los socios del terrorismo (el que lo dude puede enterarse de lo que ha ocurrido con las investigaciones de las "farc-política" o sobre la tranquila impunidad de alguien como Gloria Cuartas). Pero ¿no debería al menos el gobierno procurar que esas verdades que tantos guerrilleros quieren contar sean conocidas por todos?

Ojalá hubiera energía en los ciudadanos para exigir eso al gobierno. Puede que la caterva de malhechores que dirigen la Corte Suprema de Justicia queden impunes y sigan promoviendo y premiando toda clase de crímenes, pero sería distinto que la gente conociera el interior de la vasta conjura asesina.
(Publicado en el blog Atrabilioso el 25 de marzo de 2009.)

sábado, octubre 24, 2009

¿Se impondrá la mafia unida?

Las mafias de traficantes de drogas ilegales y el comunismo prosperaron en Colombia entreverados y compartieron vivero: las facultades de Derecho. Los profesores marxistas deslegitimaban las instituciones y eso servía para alentar las ambiciones de los educandos, que perdían todo freno moral a su ascenso. La hegemonía del sindicato comunista Asonal Judicial entre los jueces y fiscales ocurría exactamente en la misma época en que la única inquietud de los grandes capos mafiosos era la extradición, la cual fue prohibida por la Constitución de 1991, impuesta en gran medida por el M-19, movimiento al que antes Pablo Escobar había financiado para que diera el golpe en que fueron asesinados los verdaderos juristas para ser reemplazados por quienes convenía.

Los miembros de las altas instancias judiciales forman parte de cofradías o logias en las que participan políticos como Alfonso Gómez Méndez, socio de la Unión Patriótica en el Tolima y defensor habitual de los intereses de personajes de la llamada izquierda democrática, o Ramiro Bejarano, vitriólico enemigo del gobierno y defensor de Piedad Córdoba y del despeje de territorios a favor de las FARC. Ambos personajes forman parte de la red de Ernesto Samper, de infausta memoria.

Durante el gobierno de Samper el rechazo de la mayoría de la sociedad a las corruptelas y a la financiación de su campaña electoral llevó al siniestro personaje a buscar el respaldo de los comunistas, respaldo que compensó poniendo su maquinaria de compra de votos a su servicio en la elección en Bogotá de dos alcaldes pertenecientes al Polo "Democrático". A su vez, durante ese gobierno los favores oficiales a los negocios de Julio Mario Santodomingo le permitieron multiplicar su fortuna.

Hoy en día se puede detectar sin dificultad el contubernio de los terroristas, los prevaricadores, la mafia de Samper, los intelectuales comunistas y el Grupo Santodomingo. La única forma de no verlo es aferrándose al estúpido prejuicio clasista según el cual la labia pomposa hace inmune a la corrupción y los "ideales" son ajenos al afán de enriquecerse. Ese prejuicio, relacionado con la ideología tradicional ("hidalga"), es lo que permite a esos mafiosos ayudarse impúdicamente sin que la gente los rechace con energía.

Un síntoma característico es el apoyo que reciben las actuaciones de la Corte Suprema de Justicia por parte de todos los comentaristas afines al chavismo y a Samper, sean pagados o espontáneos, célebres y anónimos. Estas actuaciones son tan obscenamente sesgadas que tras la certificación por parte de Interpol de los computadores de Raúl Reyes los magistrados todavía dudaban de su autenticidad, que la persecución de la "parapolítica" incluía toda clase de abusos (como unas diligencias previas de las que salían los sumarios pero que seguían abiertas en busca de nuevas víctimas a las cuales perseguir), que todavía se desconoce lo que harán para procesar a los políticos ligados con las FARC y que más bien lo que hacen es defender a esos políticos por mucho que su actuación sea infame.

La reciente decisión del gobierno de excarcelar a Karina ha servido para mostrar la rabia de todo ese contubernio mafioso por ese brillante lance de la esgrima mediática que puede alentar la deserción de muchos miembros de las guerrillas comunistas. El cinismo con que los mismos que promueven el premio de los crímenes terroristas y la negociación de las leyes con ellos ponen el grito en el cielo es muestra de que lamentan esas posibles deserciones. La primera voz que se alzó en defensa de la ley fue la inefable Claudia López, pero después se le añadieron otras, como las que Saúl Hernández reseña:
Dice Ernesto Samper que poner un ex guerrillero de gestor de paz es como poner un pedófilo a cuidar un jardín infantil o un ladrón de carros a cuidar un parqueadero. Piedad Córdoba añade, de su cosecha, que es como poner un vampiro a cuidar un banco de sangre.
Pero Samper va más allá: de su satírica analogía, pasa a proponer una liberación "simultánea" de guerrilleros presos y luego a pedir que se haga un estudio para saber si se están liberando "combatientes o delincuentes". Es decir, para Samper los 'combatientes' que se conviertan en gestores de paz son delincuentes irredimibles -como los pedófilos-, pero los delincuentes -porque eso son- que retornen a la guerrilla son 'combatientes', así como los secuestros son 'retenciones' y las extorsiones, 'impuestos'.
Más entusiasta, una de las decenas de propagandistas del pasquín de Santodomingo, entona el recitativo:
Actualmente es al revés. Los genocidas se convierten en gestores de paz. Los paramilitares que desean hablar viajan inmediatamente a USA donde se les condena al silencio. Los desplazados no tienen derecho a recuperar sus tierras. Es imposible abrir todas las fosas comunes, porque se impide localizarlas. Un mediocre y diminuto ex ministro de Agricultura quiere ser presidente de Macondo. Los ricos del mundo se reúnen en una isla mientras los pobres se dispersan por todo el planeta como hormiguero pisado. Para ser funcionario del Estado sólo se requiere falsificar los papeles. Los cohechos son unilaterales. Los intelectuales son vistos como sospechosos y enemigos del sistema. El Acuerdo Humanitario se convirtió en tema tabú digno de excomunión. Se considera un derecho legítimo invadir fronteras.
Tiene toda la razón Saúl Hernández llamando la atención sobre la necesidad de reclutar combatientes gracias a los secuestrados: de que salgan a matar y no a buscar deserciones. Y el problema es que al parecer mucha gente no lo quiere ver, o quiere vivir soñando que está en otro país. Y esa falta de carácter se convierte en mera complicidad con la mafia. ¿Alguien se ha dado cuenta de que hay un candidato presidencial supuestamente independiente, el señor Fajardo, que guarda sistemático silencio sobre todo eso? ¿Cómo estaría Colombia gobernada por un personaje semejante?

En contraste, el señor Jaime Jaramillo Panesso, uno de cuyos hijos fue presuntamente asesinado por Karina (ella lo niega) resume con gran claridad el sentido de esa excarcelación:
Lo que se está buscando es un efecto de demostración a los demás guerrilleritos, que la tenían como un símbolo de la mujer combatiente. Eso tiene que estimular la deserción, porque a ellos les enseñan que si llegan a caer en manos del Ejército los torturan, los matan, los meten a la cárcel. Esta es una prueba de que el Estado es generoso y la sociedad colombiana también con respecto a ese tipo de combatientes. Ojalá entiendan que no existe ninguna razón para que sigan combatiendo en el monte y disparando y matando gente, porque no tienen posibilidad alguna de triunfar.

Por efecto de demostración, el tratamiento a 'Karina' tiene esa virtud, que sirve como espejo.
Es que hay un contraste claro entre los que quieren más asesinatos y los que quieren que cesen los asesinatos. Entre la intrincada mafia que ha prosperado gracias a la miseria y el sufrimiento de los colombianos y entre quienes desean un futuro de prosperidad y armonía.


(Publicado en el blog Atrabilioso el 18 de marzo de 2009.)

lunes, octubre 19, 2009

Ahora sí condenan a la guerrilla

Cierto columnista afirma muy orondo que:

Bastaba a María Isabel Rueda leer el discurso de Carlos Gaviria ante el II Congreso del Polo para enterarse de la categórica condena a las Farc por boca de quien lo preside antes de quejarse por un inexistente silencio.
Eso contrasta notablemente con datos como los que recoge Saúl Hernández Bolívar:
Dice Petro que, en una reunión de juventudes del Polo, afirmaron "que el secuestro es un arma política y que la guerra que estamos viviendo es justa", y añade que cuando la gente que lo apoya se retiró, los demás les decían: "Gomelos, se merecen un fusilamiento".
O lo que señala Mauricio Vargas:
Cuando esa guerrilla asesinó a sangre fría a once diputados del Valle del Cauca y quiso disfrazar su crimen atroz con un enfrentamiento con el Ejército, el jefe del Polo, Carlos Gaviria, sacó un tímido comunicado en el que le daba más palo al Gobierno que a las Farc. Llovieron las críticas, pero nada cambió. Hace pocas semanas, cuando los hombres de 'Alfonso Cano' y de 'Jojoy' masacraron a un grupo de indígenas awás, el Polo condenó el hecho, pero no condenó directamente a las Farc, como si la matanza hubiese sido obra de fantasmas.

Lo peor vino durante el reciente congreso del partido. Llegó una carta de las Farc y a nadie en la mesa directiva del evento le pareció que hubiera que rechazarla. Resultaba inaceptable que un grupo que mataba indígenas inermes pudiera cartearse con un partido político legal y democrático. El senador Gustavo Petro, polista rebelde que viene poniendo el dedo en la llaga de estos temas hace rato, insistió una y otra vez en que el congreso del partido rechazara la carta. No le hicieron caso.
Pero al respecto cualquiera puede encontrar más material probatorio. Ya en un post reciente expliqué que Petro tampoco ha pedido a las FARC que se desmovilicen, sino que espera hacerlo cuando su partido haya tomado el poder. Sólo que sentí curiosidad por ver con qué salía el temible Cobramasacres del Frac en la inauguración del Congreso de su partido. Es un discurso bastante largo, por lo que resumo algunas partes e invito al lector a consultarlo.

La primera parte consiste en citas de sus rivales dentro del PDA, Navarro y Garzón, que demuestran que no se oponían a que él dirigiera el partido, cosa que naturalmente rechazó porque sus elevadas miras le impiden aspirar a nada, hasta que el partido se lo pidió y él accedió en aras del bien de la colectividad y obviamente del camino de justicia y dignificación que la patria debe tomar. Faltaría más. Pero mejor prestar atención a lo más sabroso.
Dejo de lado la referencia amable de Lucho Garzón a una posible candidatura mía, que no sólo no busco sino que declino de antemano, para insistir de nuevo en la urgencia de buscar la unidad, de profundizarla y de consolidarla para presentarnos como una opción seria de gobierno, y asumir de ese modo la responsabilidad que la coyuntura histórica nos adjudica y de la que no podemos claudicar: cambiarle el rumbo a Colombia, mediante la construcción de una sociedad decente.
Es lo típico, en Colombia el diablo hace hostias, como es bien sabido, y esta lumbrera de la intelectualidad nacional no podía, como buen rebelde y renovador, dejar de "asumir la responsabilidad que la coyuntura histórica les adjudica". Es lo que diferencia a los grandes intelectuales de los "politiqueros" rutinarios, esa frescura del lenguaje, esa elegante sencillez con que aluden a su misión, ¡y esa temprana renuncia a toda ambición personal! El párrafo ya lo expresa todo: un conciliábulo de asesinos y secuestradores jubilados, cobramasacres, profesionales de la protesta, tinterillos cínicos, prevaricadores sin escrúpulos, vividores, lagartos y figurones tienen a cargo "la construcción de una sociedad decente". ¡En Colombia tenía que ocurrir! Seguro que la decencia viene de la mano del fabricante del ¡Vergatario! Pero vamos con la condena a las FARC:
II El repudio a la lucha armada. Cuando se dice que en la conformación del Polo han confluido todos los sectores de la izquierda democrática, se quiere significar que se ha suscrito entre todos ellos un acuerdo intangible e irrevocable; queda proscrito el empleo de las armas, o la adhesión a quienes las emplean, en la búsqueda de las hondas transformaciones que a nuestro juicio requiere la sociedad colombiana para materializar lo que la Carta del 91 establece: la democracia, el pluralismo, el pluriculturalismo, la vigencia de los derechos y la protección a la dignidad humana, como axiomas inconcusos, a partir de los cuales es imperativo construir un país, a contramano del vergonzoso que hoy tenemos.
Obviamente, las cursivas y negritas son mías. ¿Entiende el lector cuál es la "categórica condena a las FARC"? Se las reconoce como quienes "buscan las hondas transformaciones...", etc. ¿O por qué está eso ahí? Lo de proscribir el uso de las armas es el viejo cuento de "A mí que me esculquen", con que salen siempre. Como cuando Gloria Cuartas se preguntaba cuando la acusaban de hacer elogios de Ricardo Palmera y Sonia en Venezuela, ¿por qué no la detenían si ella era una terrorista? La prohibición de adherir a esos agentes de justicia es otro viejo recurso retórico: ¡no es que adhieran a ellos, es que en aras de la paz trabajan para que se los premie con cargos vitalicios para los jefazos del PDA! Pero es por la paz, ellos ya declinan de antemano todo, no faltaría más. Después:
El artículo 2 de nuestros estatutos fue aprobado por unanimidad, sin reticencias de ningún sector, por la dirección Nacional del Partido, y reza de manera inequívoca; ¨El empleo de las armas para la resolución de los conflictos, contradice los métodos y los propósitos que propugna el Polo.¨
Lo dicho, a ellos que los esculquen, ellos no participan en la lucha armada, aunque, ¿cómo se resolverá el "conflicto" con las guerrillas sin emplear las armas? Tal vez es lo que espera Petro, aplicar los estatutos del PDA y resolver el conflicto sin armas una vez estén gobernando.
El principio allí establecido, que en otro país o bajo otras circunstancias resultaría superfluo, entre nosotros cobra renovada vigencia, pues las FARC y las demás organizaciones guerrilleras supérstites, persisten en los genocidios, en los secuestros y en los más atroces crímenes de guerra, y de lesa humanidad, en función de propósitos brumosos que, por la forma como se buscan, ninguna persona de bien podría rescatar como altruistas.

Reiteramos, más allá del cansancio, que todos los sectores políticos que conforman el Polo repudian y condenan el crimen como instrumento vitando, deslegitimante aun de resultados que podrían juzgarse deseables, buscados por otros medios.
Es muy curioso que los más arquetípicos representantes de la tradición sean los que pretenden superarla. Al menos Chávez busca una continuidad con Bolívar, cuyo espíritu dieciochesco representa en gran medida. Carlos Gaviria es el típico tinterillo que está más interesado en el impacto de las palabras que en su sentido, de modo que el uso de "genocidio" no se parece en absoluto al del diccionario, mientras que las palabras raras abundan tanto, según la vieja necesidad de "descrestar calentanos" que define a su gremio: supérstite, vitando...
III El gobierno que enfrentamos. Es esa fortaleza ética, la que nos adjudica autoridad indiscutible para condenar al gobierno cuando siguiendo los mismos caminos tortuosos de su contraparte, y mediante actos horrendos al margen de la moral y el derecho, se obstina en que en función de su política de seguridad todo se vale, incluso los ¨falsos positivos,¨ expresión eufemística usada para no llamar por su nombre, atroces asesinatos cometidos por miembros de la fuerza pública, para merecer ascensos y gabelas dentro de la institución. Y saber que al responsable político directo de semejantes atrocidades lo designaron algunos medios periodísticos ¨el personaje del año¨ y sus conmilitones esperan que renuncie para ungirlo como aspirante a la Presidencia de la República, si su jefe absoluto da por satisfecha su insaciable ¨libido imperandi.¨
No habían terminado de lavarse las manos de lo que hacen las FARC cuando ya estaban proclamando su "autoridad indiscutible" ¡para atribuir al gobierno la intención de los crímenes atribuidos a militares corrompidos! ¿Qué sentirán los seguidores de este prócer ante tales acusaciones? Todo lo que hace falta es entender que en Colombia hay miles de personas dispuestas a recitar eso sin el menor pudor para entender por qué ha habido tantas atrocidades. La gente con tal de estar cerca del que usa términos como "libido imperandi" está dispuesta a repetir cualquier mentira.
Nos tocó en suerte, o mejor, nos cupo la desventura de enfrentar un proyecto político inteligente y coherentemente dirigido a consolidar un statu quo injusto, inequitativo y excluyente, previa anestesia de los damnificados, que en su gran mayoría aun le prestan apoyo porque ha prometido quien lo encarna, poner término a un viejo conflicto (cuya existencia niega), que por la crueldad que reviste, se ha convertido en la prioridad primera de la opinión nacional. La guerrilla, digámoslo con claridad, con sus secuestros, genocidios y demás crímenes universalmente repudiados, ha abonado el terreno donde hoy florece un gobierno narcisista y mesiánico que por eso mismo necesita de ella para perpetuarse.
Como ya he dicho, esta lumbrera sólo exhibe cierta destreza para usar términos sonoros. Su puntuación no le permitiría entrar al bachillerato en un país decente. Aquí sigue la crítica a la guerrilla, según el viejo cuento de que es lo mismo que Uribe.
Qué razones, si no, podrían explicar su visible molestia por el empeño heroico de Piedad Córdoba y demás ¨Colombianas y colombianos por la paz¨ que se han propuesto tercamente la liberación segura de las personas secuestradas en poder de la guerrilla. Prefiere la ¨operación jaque¨ con sus riesgos y truculenta estrategia, porque puede invocarla en provecho de su prestigio y consiguiente afianzamiento en el poder, constitutivo de su interés primario.
El genio elabora sus discursos con la prosa de una sentencia, pero al final vuelve lo mismo: Piedad Córdoba no es una propagandista de las FARC, sino una heroína que se empeña en buscar la libertad de los secuestrados. Creo que cuando se cuidaba de condenar a las FARC el triste capitán de las huestes universitarias era menos penoso.
[...]
5. Consecuencia de todo lo anteriormente señalado, tiene que ser una política de verdadera seguridad ciudadana que, ratificando el derecho y el deber del Estado de ejercer la fuerza que por definición es monopolio suyo y de no cejar en su empeño de combatir a los grupos armados al margen de la ley y a todos los violentos, ostente autoridad política y moral por su respeto escrupuloso a los Derechos Humanos, para reducir a quienes persistan en su renuencia a incorporarse a la vida civil, sometiéndolos al imperio del derecho, pero simultáneamente creando espacios idóneos para buscar soluciones políticas al conflicto.
A alguna hora tenía que asomar: en lugar de tanto adjetivo, ¿por qué no acuerdan pedir a las FARC y al ELN que se acojan a la Ley de Justicia y Paz? Porque en medio de todo esperan todavía "soluciones políticas al conflicto", es decir, el premio de los crímenes. Las retóricas condenas a las guerrillas sólo reflejan los avances de una política a la que siempre se han opuesto en el PDA y no reemplazan esa necesaria renuncia a las pretensiones de abolir la democracia negociando las leyes con una banda de asesinos, y más bien parecen tan serias como sus deseos de renunciar a todo protagonismo:
[...]
Ante este auditorio que recoge la suprema instancia de dirección del Partido me permito reiterar una tesis a la que adhiero con toda convicción: En una democracia el Estado tiene que renovar sus gobernantes y los partidos tienen que renovar sus cuadros. Yo ya he cumplido, bien o mal, mi ciclo dentro del Polo Democrático Alternativo. Alguien debe relevarme en la Presidencia y otra persona distinta de mí debe asumir la candidatura del Partido en las próximas elecciones presidenciales. Por fortuna, es amplia la lista de dirigentes idóneos para enarbolar con dignidad nuestra bandera, y muchos líderes hay, deseosos, además, de cumplir esa tarea.

Alejado de esas responsabilidades, ratificaré mi lealtad al Partido cumpliendo el rol que las bases del Polo y las instancias competentes me asignen, que espero sea el que más anhelo, el de soldado sin galones.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 11 de marzo de 2009)

jueves, octubre 15, 2009

Los rojos contra los azules

Una de las formas más seguras de perder el tiempo y aburrirse en una discusión es emprenderla sin tener claras las propias premisas y sin que los demás las conozcan. Por eso quiero empezar por señalar mi convicción de que los grandes medios de prensa bogotanos son como una potente maquinaria de propaganda que favorece los intereses de ciertos clanes políticos enfrentados con el actual gobierno y marcadamente proclives a sacar provecho de una negociación política con las bandas terroristas, como lo demostraron hasta la saciedad durante la negociación del gobierno de Pastrana con las FARC y como lo demuestran día tras día en el sesgo perverso de sus noticias y comentarios.

Eso es tan evidente que una noticia como ésta no apareció en el diario El Tiempo, el más importante de Colombia. Pero decir eso en Colombia es arriesgarse a que lo miren a uno como a un loco: ¡la mayoría de los lectores no se han dado cuenta de que la gran prensa es hostil al gobierno! Creo que ese dato define al país, y define las discusiones que se pueden emprender: ¿de qué se puede hablar con quienes creen que esos medios defienden al gobierno?

A los demás nos conviene prestar atención al sentido de esa propaganda, pues no es improbable que en algún momento encuentren un recurso que les funcione, a pesar de tantos años de calumnias, silencios y mentiras. De no ser por cierta tosquedad, cierto penoso provincianismo y cierta arrogancia (propia de quienes están acostumbrados a ser oídos y observados por la empleada de servicio), se podría decir que esos medios siguen los consejos de Josef Goebbels, sobre todo aquel de que una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad.

Todos los días lee uno varios artículos en que se denuncia que el presidente haya llamado a los dirigentes del PDA "guerrilleros de civil", ¿es que no son socios de las FARC? Sólo gracias a la intimidación se puede ocultar algo que reconoce hasta Gustavo Petro. Otro caballito de batalla es el señalamiento a la Corte Suprema de Justicia como "el último refugio del terrorismo": ¿es que se puede concebir una sola persona honrada e informada que ponga en duda que se trata de una caterva de prevaricadores con manifiestas afinidades con los terroristas y con evidente interés en defenderlos? Durante meses el nutrido coro de sicofantas pagados generosamente puso el grito en el cielo porque el presidente llamara "Bloque intelectual de las FARC" a los temibles "Colombianos por la Paz", encargados de cobrar ciertos secuestros en especie: en forma de legitimación de la banda asesina y gran demostración de su poder. Tal vez habría que protestar por la inexactitud: como intelectuales hace falta añadirles el "tropicales", y no es que sean de las FARC, sino que las FARC son de ellos.

Atendiendo a esa propaganda es muy llamativo el interés que tienen en presentar al actual gobierno como uno de conservadores o "restauracionistas", con la nada oculta esperanza de buscar lealtades entre personas de tradición "liberal" y dadas a estar del lado del "progreso", de lo "nuevo", lo "moderno", etc. Es verdad que el gobierno les ayuda con actitudes confesionales o con pretensiones intolerantes (como la de prohibir la dosis personal de drogas), pero ese cuento es una mentira, otro recurso de propaganda.

¿Por qué se reconoce que un país es bárbaro? Porque no se sabe cuáles son las leyes que rigen. En términos conceptuales Colombia es un país bárbaro: las palabras no significan lo mismo para todos y la mayoría rehúye el sentido del diccionario. Por ejemplo, ¿qué es liberal?
6. Partidario de la libertad individual y social en lo político y de la iniciativa privada en lo económico. U. t. c. s.
7. Que pertenece a un partido político de este nombre. U. t. c. s.
La verdad es que la acepción 7 es antitética con la 6, al menos en Colombia: ¿o alguien creería que la senadora "liberal" Piedad Córdoba es partidaria de la iniciativa privada? Todo eso es muy llamativo porque además de la confusión que hay entre esos conceptos está el anglicismo "liberal", término que en EE UU se usa para aludir a los "progres", a la izquierda, y que para nuestros doctores resulta irresistible, pues el diccionario resulta "antiguo", "godo", "retrógrado", al igual que la noción que se tiene del término en español.

La noción de lo que es "liberal" se presta a muchas confusiones, pero en el contexto de mala fe de los grupos sociales dominantes en Colombia esos malentendidos sirven, como ya he explicado arriba, para atraer a las personas que se sienten "ideológicamente" afines al "liberalismo", con la resuelta intención de engañar.

Al interesado se le debería recomendar la serie de tres artículos que escribió Jon Juaristi sobre el liberalismo, en los que, basándose en los escritos de Benedetto Croce, se concluye que el fascismo sólo es una forma del socialismo (evolución evidente en el primer fascismo, el italiano) y que el "liberal fascism" (es decir, "fascismo de izquierda") no es más que un nuevo formato del absolutismo. Vale la pena citar una frase del texto de Juaristi.
Porque de eso, en efecto, se trata. De absolutismo, una categoría que pasó de la historia al pensamiento político liberal como sustrato común de toda forma de tiranía. El liberalismo no es ni ha sido más que antiabsolutismo.
También se sobreentiende liberalismo como el discurso ideológico de la burguesía triunfante en el siglo XIX, particularmente en Gran Bretaña y Estados Unidos. Una forma de pensar que se resumía en el famoso Laissez faire, laissez passer. Dicha visión también está en el origen del liberalismo colombiano, pero la evolución histórica ha conducido a la práctica identidad de "liberales" y "bolivarianos" (pues dentro del Partido Liberal no hay nadie que proponga expulsar a Piedad Córdoba, ni nada parecido).

Resumiendo un poco el galimatías derivado de la noción de liberalismo se puede concluir que el sentido de ese término en Colombia es exactamente "antiliberalismo". Por ejemplo, muchas personas consideran que el reelegido presidente del PDA es un liberal. Así lo describe Antonio Caballero:
Es un liberal, y lo godos lo tachan de liberal para descalificarlo como candidato de la izquierda: como si la idea de libertad no fuera el fundamento y la raíz de todo pensamiento de izquierda. Hace algunos años se publicó una recopilación de sus más importantes sentencias (y salvamentos de voto) como magistrado de la Corte Constitucional, bajo el título revelador de Herejías constitucionales. Son, en efecto, no en la teoría pero sí en la práctica constitucional colombiana, obra de hereje. En temas tan variados como el delito político, la eutanasia, el honor militar, la libertad de opinión, el debido proceso, el incesto o la violencia en los programas de televisión, el pensamiento de Gaviria es de una impecable coherencia, que va hilada por el respeto por el derecho y la defensa de la libertad.
Es lo que siempre hay que decir, que Colombia es el mundo al revés: en ninguna parte se admitiría que la noción del "delito político" sea liberal, y tal vez no haya nada más opuesto al liberalismo que el "derecho" a hacer primar la violencia sobre la voluntad libre de los ciudadanos, pero en Colombia se proclama eso tranquilamente. No obstante, para mucha gente hay otros aspectos de la conducta del siniestro Cobramasacres del Frac que se relacionan con valores liberales.

El caso de la dosis personal de drogas es típico: la izquierda de origen marxista pretende desde hace tiempo una confrontación en los países católicos entre el Estado y la Iglesia, aspiración que procede de la tradición totalitaria, que convertía el Estado en una nueva religión. Dentro de ese conflicto es típico que se busquen apoyos entre los grupos que se rebelan contra la tradición moral y religiosa, como las abortistas o el colectivo LGBT (lo más amplio posible, que son voticos). En este caso las libertades se transforman en otros "derechos" que requieren protectores. Y eso mientras se consigue el poder, pues ¿cuántas drogas pueden consumir los cubanos? Tal vez en Colombia no se conozca, pero esa búsqueda de apoyos es una constante de la izquierda guevarista en todas partes.

Esa predisposición a asociar las nociones de "liberal" y "moderno", siempre en contraste con los "godos" y la Iglesia conduce al adoctrinamiento y a la militancia estatal en materia moral, cosa que ya es una forma de absolutismo y lo contrario de la noción de "liberalismo". Si la libertad de abortar es "liberal", alguien como Ceausescu lo sería. Es decir, la defensa de la dosis personal en personajes como Carlos Gaviria es un recurso en la guerra contra la Iglesia, no algo guiado por el respeto a la libertad individual.

La confusión entre liberalismo y socialismo se refuerza en Colombia en dos vertientes. Por una parte, el siglo XX encontró a Colombia sin ningún sector político que enarbolara las banderas del entonces pujante socialismo, y fue el Partido Liberal, siempre dividido y durante décadas en la oposición, el que buscó apoyos entre las mayorías de jóvenes y desposeídos con una retórica socialista, tendencia que llegó al extremo con un típico imitador de Perón, a su vez un imitador de Mussolini: Jorge Eliécer Gaitán. Por otra parte, los clanes políticos "liberales", siguiendo una vieja tradición de las colonias españolas, encontraron la forma de mantener rentas copiosas del Estado: la profesión de jurista se hizo característica de los patricios "liberales". El mismo Gaitán era un abogado famoso. El Derecho era el terreno en el que el clero estatal imponía su liturgia y ampliaba su poderío, pero el precio de eso ha sido siempre la expansión del poder y de la nómina estatal.

De ahí que la continuidad que buscan esos clanes, que a fin de cuentas son los fundadores de El Tiempo, El Espectador y Semana, entre el viejo Partido Liberal y la actual oposición de chavistas, estalinistas, demagogos y caciques dueños de maquinarias tiene algún sentido. Pero sólo como continuidad de la degeneración de la noción de "liberalismo" en Colombia. Un proceso en el que el aspecto de cleptocracia es sólo el más evidente y más desagradable para los colombianos convencionales, pero no el más peligroso. El problema es que la guerra contra los "godos" (y por la dosis personal) la emprenden como parte de un frente dominado por los chavistas y su fuerza de choque, con algún que otro adorno judicial basado en el sueño de decretar la felicidad, tarea antiliberal donde las haya.
(Publicado en el blog Atrabilioso el 4 de marzo de 2009.)

domingo, octubre 11, 2009

El Polo Democrático en Zugzwang


Zugzwang
Esta complicada e intraducible palabra alemana se emplea en la jerga del ajedrez para aludir a la situación en que un jugador pierde por tener que jugar, en la que cualquier jugada que haga tendrá consecuencias funestas para él. Es lo que le pasa al PDA una vez que supera electoralmente al "liberalismo" y cuenta con el respaldo obsesivo de la prensa, de las clases altas, de la internacional "progre" y del chavismo que gobierna en la mayor parte de Hispanoamérica. Ya es el paradigma de la oposición pero no puede ni soñar con competir por el poder con el uribismo, pues ni puede plantear la desmovilización de las bandas terroristas ni conseguir que éstas recuperen el dominio perdido y le abran el camino hacia el poder. Cada gesto que hacen en una dirección, de apoyo o de rechazo a los crímenes de la tropa, les hace perder coherencia y respaldo, bien de la militancia que sigue soñando con la revolución o con la negociación política que proveería los ministerios y embajadas sin riesgos, bien de las clientelas externas y de los ciudadanos proclives a dejarse seducir por el canto de sirena del fracasado socialismo, que no quieren verse arrastrados a una guerra civil muy difícil de ganar.

Los tres clanes
En la autocomplaciente visión de Gustavo Petro, en el PDA hay tres facciones: una de "izquierda tradicional", dirigida por Robledo y Gaviria, otra clientelista, dirigida por el actual alcalde de Bogotá, y otra razonable y moderna, encarnada en el mismo Petro y en Luis E. Garzón. No faltan quienes atribuyen las diferencias a las ambiciones personales de sus dirigentes y aun quienes creen que se trata de una actitud diferente ante las guerrillas. A mi modo de ver ambas visiones son equivocadas, las ambiciones personales corresponden a la realidad más prosaica e inmediata, los que sólo piensan en su protagonismo sin atender a las posibilidades reales tampoco llegan a dirigir nada. Cualquier ambicioso preferiría un ministerio vitalicio a una presidencia incierta, y el origen de las desavenencias, tanto de ambiciones como de estrategia, procede del tremendo retroceso de las guerrillas en los últimos años: con un apego tan cerrado a los presupuestos ideológicos totalitarios como el de la "izquierda tradicional" no hay esperanzas de ganar votos, y Petro espera que los militantes lo entiendan y abandonen a la actual dirección, y lo apoyen a él, claro.

Ni contigo ni sin ti
Pero abandonar a su suerte a las guerrillas es imposible: ¿de dónde procede la popularidad de Uribe? De su firme combate contra esas bandas. Quien apoya ese combate deja de estar en la oposición y de ser solidario con las fuerzas presentes en el PDA, por mucho que comparta el programa estalinista o chavista más rígido. Nunca lo ha hecho nadie del PDA: Navarro las considera necesarias, pues afirma que no habrá solución al "conflicto" sin previa reforma agraria (es sólo invertir los términos: la guerrilla es un síntoma de la falta de reforma agraria y un agente de esa noble aspiración); Garzón considera necesaria la negociación política, pues no es cosa de andarse matando por la cantidad de cámaras o de miembros de éstas (a tal punto llega el ingenio de estos sofistas al servicio de la industria del crimen). De hecho, cualquiera que respalde vagamente la labor del gobierno impidiendo masacres y secuestros es señalado como "uribista" por las huestes del PDA. No es el gobierno quien crea esa dicotomía uribismo-guerrillas. Eso lo hace ante todo el PDA. Pero nadie abandona a las guerrillas en el PDA porque tendría en contra al partido, y sin embargo la ambigüedad respecto a esas bandas echa a perder todas sus posibilidades electorales. Es lo malo de esta democracia electoral...

En Carnaval
El artículo de Gustavo Petro enlazado arriba expresa ese conflicto del PDA, y naturalmente lo soluciona con el arte de los políticos tropicales: la "labia", la habilidad para encubrir con retruécanos y silencios calculados el verdadero discurso: el principal agente de Chávez en Colombia, hasta que lo reemplazó Piedad Córdoba, aprovecha que es época de Carnaval y aparece con un disfraz llamativo que a lo mejor engaña a alguno. Pero no hay tal: las guerrillas surgieron del interés del PCC de tomar el poder "combinando todas las formas de lucha" y desde el momento en que fracasó la negociación emprendida por Belisario Betancur todo el problema ha sido encubrir con diversos nombres esa política. La "solución política negociada del conflicto social y armado" es un ejemplo. Vale la pena detenerse un poco en lo que dice el senador Petro, porque sólo se trata de una agudización del ingenio:
Tercero, como consecuencia, la política de paz del Partido nace de reconocer que la paz es un derecho de los ciudadanos, vulnerado por los actores del conflicto armado. Por tal razón, defiende el proceso de paz como un derecho de la ciudadanía, que hace del ciudadano, y no del sujeto armado, el protagonista central de dicho proceso. La Paz se alcanzará entonces de un Acuerdo Nacional de los ciudadanos, a través de sus fuerzas sociales y políticas, que concierte profundas reformas democráticas para quitarle oxígeno a la violencia, efectuadas ellas por un gobierno de amplia convergencia democrática. Por esta vía, los actores armados ilegales se debilitarán y penderán de su aceptación de negociaciones serias y cortas para salir definitivamente de la guerra, o de su derrota militar.
¿Qué era lo que se buscaba con la "combinación de todas las formas de lucha"? Tomar el poder. Ahora se pone antes la toma del poder para "quitarle oxígeno a la violencia". ¿Qué ha cambiado? Que el gobierno que haría el prodigio sería "de amplia convergencia democrática", como el que había en la República Popular de Polonia o como la coalición que respalda a Chávez. Ah, y que las guerrillas no negociarían directamente sino que lo haría Gustavo Petro por ellas. La cuestión de la derrota y desmovilización de las guerrillas como condición de la democracia no se le ocurre, pues no tendría nada que hacer en el PDA. Por eso la exclusividad constitucional de la fuerza por parte de las instituciones legítimas se hace dependiente del triunfo electoral del PDA. Hasta entonces las guerrillas serían necesarias. ¿O es que dice otra cosa? (Bueno, ¿quiénes son "los actores del conflicto armado"? Según el grado de adhesión al socialismo de Petro se piensa en los paramilitares y guerrilleros o en los militares y guerrilleros: las fuerzas armadas hegemónicas y legítimas según la Constitución serían las que obedezcan a Petro. Las actuales vulneran los ciudadanos, pues son "actores del conflicto".)

La guerra y la política
Una de las cosas curiosas de Colombia es que la tendencia a negar el carácter político de las guerrillas es típico de quienes creen estar en contra de ellas: se intenta negar la relación de esas bandas con la sociedad tal vez porque así las propias certezas quedan a salvo, pero la única fuerza verdadera de los terroristas es precisamente que la gente tiene esas certezas. Es raro el que no se escandaliza cuando se le dice que el PDA y las FARC son lo mismo. El hecho de que el partido de "izquierda democrática" jamás le haya formulado el menor reproche a la satrapía cubana o a regímenes como el nicaragüense, cuyo presidente elogia a las FARC, no disuade a esas personas. A fin de cuentas, el crimen consiste para ellos en tener cara de indio, zapatos rotos y mellas en la dentadura. Pero las guerrillas son sólo un instrumento de esas personas, la tropa, tal como las SS eran la fuerza de choque del partido nazi. Si la derrota de las guerrillas les asegurara el acceso al poder no vacilarían en buscarla, pero eso es un absurdo: aspiran a lo mismo que las guerrillas y si éstas fueran sometidas la izquierda democrática quedaría debilitada.

Militancia y clientela
Bueno, ya que se habla de las rarezas de Colombia no está de más señalar esa combinación de fanatismo y cleptocracia que ha sido la izquierda urbana. Cualquier persona de otra parte que se enterara de la coexistencia en una misma persona del sueño leninista ("de cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad") con los privilegios más escandalosos (Luis Eduardo Garzón se ganaba en los noventa, como presidente de la CUT, el equivalente a unos 50 salarios mínimos) se sorprendería. Los colombianos no: durante siglos los poderosos, los antepasados de los pensadores, profesores y juristas de la izquierda democrática, sometían a los indígenas a trabajo forzado y sin paga en aras de su salvación, dentro del contexto de la religión del amor. Los robos increíbles de la "izquierda democrática", su coincidencia absoluta con la banda de Ernesto Samper y con muchas otras redes de ladrones, son sólo la continuación de la forma de vida de los poderosos tradicionales. Por eso no hay verdaderamente ningún contraste entre clientelistas y comunistas antediluvianos, ni entre socialistas respetuosos de la democracia y terroristas: fue el poder de las bandas de asesinos lo que permitió crear la clientela y apropiarse de toda clase de entidades públicas, asegurarse sueldos y pensiones escandalosos en comparación con los de los demás colombianos y hasta imponer una Constitución totalitaria. ¿Que ambas, clientela y guerrilla, servían para tomarse el poder? Claro. Pero ¿qué mejor negocio?

El veranillo de San Miguel
Leo con asco y desprecio una columna de Héctor Abad Faciolince que parece un autorretrato, pero está claramente orientada a halagar por comparación a sus lectores, esa clase de justicieros colombianos que viven pendientes de su estrato y odian a muerte a los que aparecen en las páginas sociales de la prensa, que por mezquinas razones nunca les hacen caso a ellos. Me quedo pensando que el arte de los escritores y columnistas es el halago, muchas veces velado, y de ahí llego a una idea abrumadora: ¡qué difícil es aceptar la propia insignificancia y el atraso del medio en que uno vive! Cuando uno va a un pueblo remoto y miserable siempre encuentra a alguien que vive convencido de que habita el centro del mundo y de que los habitantes de las grandes capitales deben de vivir llenos de envidia. Si ese afán de halago y esa arrogancia provinciana se perdieran en Colombia se entendería que el socialismo ya pasó, que fue un error terrible, no sólo la tiranía estalinista sino también las socialdemocracia, que tal vez sea lo que ha convertido a la Europa próspera de Adenauer y De Gaulle en una región irrelevante. En Iberoamérica todo eso suena extraño porque para el socialismo llegó como una especie de veranillo de San Miguel (unos días calurosos a finales de septiembre, cuando ya ha pasado el verano). ¿Quién se lo hará entender a los colombianos? El chavismo sólo es el viejo populismo, el que convirtió a la opulenta Argentina de la primera mitad del siglo XX en un país miserable. Su asociación con el comunismo, que convirtió a la opulenta Cuba de la primera mitad del siglo XX en un país archimiserable, no mejora nada. Como si al intoxicado con cocaína se le diera LSD.

Resistencia
Pero es un poco lo mismo: llámese como se llame, socialismo, populismo, cleptocracia, guerrilla, la llamada izquierda y su partido no son más que un ejercicio de resistencia de la vieja sociedad, de la sociedad preburguesa, de castas, que ha imperado durante casi toda la historia de Hispanoamérica. El PDA agrupa los restos del peor populismo y de la peor cleptocracia para integrar a Colombia en el "chavisferio", cuyo declive derivado de la baja de los precios de las materias primas y del empeoramiento de las condiciones de vida en los países que lo sufren se da por descontado. Bueno, como se da por descontado el fracaso de las guerrillas, pues ¿qué ocurriría si la gente eligiera un candidato del PDA en 2010? ¿Alguien cree que podrían hacer lo de Venezuela sin una resistencia resuelta de las víctimas? Soñar no cuesta nada, y a algunos, como los dirigentes del PDA, los sueños de los arribistas ilusos les generan rentas. Pero ahí se acaba todo.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 25 de febrero de 2008.)

martes, octubre 06, 2009

Ecologismos

El ecologismo es una de esas causas que no tienen enemigos. Es inconcebible que alguien crea que debe haber más contaminación o más acumulación de basura. Claro que cuando se hurga un poco en el sentido de todo lo que se dice resultan muchas cosas extrañas. Por ejemplo, que la mayoría de los ecologistas son personas de países ricos o de clases acomodadas de los países intermedios que se quejan de las desigualdades entre los países ricos y los pobres, ciertamente pensando que el nivel de consumo de la gente de los segundos es insuficiente: que deberían contaminar tanto como el resto.

Eso relativamente: la queja contra la pobreza de los pobres no excluye la condena del despilfarro y el exceso que rodea a la gente de los países ricos, despilfarro y exceso a los cuales la mayoría de los ecologistas no renuncian. Uno de los líderes de esa corriente moderna, el ex vicepresidente estadounidense Al Gore, se desplaza en jet privado. En Colombia el arquetípico representante del ecologismo es el poeta William Ospina, que reflexiona en el avión en que vuelve de India sobre el discreto encanto de los pobres de ese país.

Reflexionar sobre el ecologismo conduce a una dispersión muy difícil de eludir. Me ocuparé primero de esa particular incoherencia de los ecologistas: por lo general se trata de las personas menos dispuestas a reciclar, incluso en Colombia, donde sólo tienen que darle la orden correspondiente a la empleada doméstica. ¿A qué corresponde eso? A la necesidad generalizada de buena conciencia y autohalago. Fernando Savater decía hace años que el yogur del desayuno sabe mejor cuando uno piensa en lo mal que está el mundo, en los niños que no comerán nada en todo el día y en todos esos que no tienen la valiosa conciencia que tiene uno.

Eso se mezcla con otro fenómeno, ya señalado en su día por el pensador francés Jean-François Revel: que el ecologismo —como el feminismo, la defensa de los homosexuales, la ya en desuso protesta contra la energía nuclear, etc.— es una bandera de la que se apropiaron los comunistas al caer su proyecto: ya que no es posible decir que el capitalismo se hunde mientras el socialismo triunfa, queda la opción de culparlo del deterioro ambiental. El cinismo de todo eso es obsceno, pero en Colombia al menos es normal: los defensores de la dosis personal y del colectivo LGTB son los mismos defensores del régimen cubano; y los enemigos de la contaminación son los mismos partidarios de los que desecaron el mar de Aral y dejaron sin bosques buena parte de Europa central.

Todo eso falsea la cuestión de los problemas de contaminación y “desarrollo sostenible”. Los activistas del ecologismo no buscan que se reduzca la contaminación sino anunciar el Apocalipsis que está a punto de llegar por la persistencia de este sistema. El que dude de eso puede fijarse en las reacciones frente al cambio climático: lo corriente es desesperarse por imponer la noción de que es un producto de la actividad humana, pese a que muchísimos científicos lo niegan. ¿En qué se basan tantos personajes que claman por la atribución de la responsabilidad a la industria? Sólo en la resuelta complicidad de otros tan ignorantes como ellos y tan necesitados de formar parte de los enlightened. El mismo problema tiene mucha menos importancia que la posibilidad de acusar a los gobiernos del mundo, seguramente movidos por ideales menos altruistas que los críticos.

Para abordar esas cuestiones conviene estar atentos a los diversos contenidos manipuladores que hay en toda la propaganda. Con muchísima frecuencia el ecologismo tiende a ser nostalgia de sociedades primitivas, con el mismo anhelo de condenar el capitalismo y buscar adhesiones a la alternativa. El citado William Ospina es característico, y su condena de la civilización termina en la admiración y el respeto por Chávez, cosas que son sus verdaderas proezas. También el mucho más interesante poeta nicaragüense Ernesto Cardenal combina la defensa de los valores prehispánicos con la militancia en el sandinismo.

Mucho más frecuente es en otros contextos la asociación con valores religiosos o primitivos ocultos o poco razonados en personas que se creen “modernas” o ateas. Esa suplantación de la religión por supersticiones infantiles merecería un post. Pero respecto al ecologismo la cuestión es particularmente compleja: ¿la “naturaleza” o la Tierra son instancias superiores a la humanidad? Siguiendo el famoso alegato del jefe indio, ¿pertenece la tierra a los hombres o éstos a aquélla? El viejo esquema del pecado, la culpa, la deidad suprema y sus representantes en la Tierra y entre los hombres se reproduce casi cómicamente con los ecologistas.

El conjunto de creencias extrañas y de valores dudosos que tienen relación con todo eso es abrumador. Uno de los elementos sociales tradicionales que recogen los ecologistas y que encauzan a su vago sueño alternativo, aunque siempre coincidente con iniciativas generosas como el Foro Social Mundial y hostil a las empresas y bancos estadounidenses, es el miedo a la técnica, y el rencor de los que resultan relegados por ésta. La militancia en el amor a la naturaleza convierte a estas personas en parte de una nueva aristocracia. La rabia por todo eso que se le quita a lo que está por encima de nosotros se convierte en el blasón de quienes no tienen nada más que ostentar.

Y si bien abunda la actitud de quienes se desentienden por completo de todo, la verdad es que la solución a los problemas de que se ocupa el ecologismo es principalmente técnica: de desarrollo de tecnologías que permitan explotar mejor las energías limpias, de industrias que procesen la basura, probablemente con procedimientos automatizados más eficientes que los actuales, de estrategias de reforestación y de obtención de agua y de freno a la desertización… Un campo inmenso precisamente para la denostada industria y las denostadas empresas.

Y para todo eso ciertamente es necesaria una gran conciencia de los peligros que afrontamos, pero el revival romántico y más bien cursi de los colectivistas y nostálgicos de la prehistoria y adoradores de la Tierra o de la “naturaleza” y demás fauna antimoderna no es precisamente el camino. Es uno de los principales obstáculos, pues por puro amor a la Tierra colaboran con el despliegue bélico más impresionante que se ha dado desde la caída del comunismo.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 18 de febrero de 2009.)

viernes, octubre 02, 2009

Orwell en Colombia

El escritor británico George Orwell ha quedado como un clásico de la literatura y del análisis político del siglo XX por su atención al lenguaje y a las implicaciones de éste en la conducta de la sociedad. Su novela 1984, una ácida caricatura del régimen soviético, ha quedado como el retrato perfecto del totalitarismo y de la corrupción del lenguaje que permitió la dominación de la casta burocrática.

Aludir a un tema como ese en un blog colombiano parece algo que no va a interesar mucho a los lectores: lo predominante es la búsqueda de confirmación de las propias certezas y la pereza en fijarse en algo como el lenguaje. Pero sin salir de las rutinas mentales será imposible entender lo que ocurre, por ejemplo lo que hay en la cabeza de los terroristas o de quienes los apoyan. Todavía está en minoría quien diga que las guerrillas en Colombia son expresión de la cultura tradicional: quien más quien menos, todos encuentran culpables de todo tipo, entre los que el más socorrido y lamentable es el del narcotráfico, fenómeno que empezó a ser importante varias décadas después del surgimiento de las guerrillas y es más bien consecuencia de la ideología revolucionaria.

Tan en minoría como quien intenta explicar que las creencias supersticiosas de la mayoría de los colombianos son sobre todo rasgos del atraso. La superstición es un buen ejemplo, las nociones reemplazan en la mente los fetiches a los que se encendían velitas o los productos mágicos que despertaban la pasión por uno en otra persona. Buen ejemplo de eso es “revolucionario”. ¿Qué es “revolucionario”? Uno puede encontrarse como hablando a una asamblea de sordos si explica que “revolución” en términos políticos es sinónimo de “violencia”, y por lo general una cosa funesta para la gente a la que se pretende redimir.

Nada: el primitivo encontró que a la revolución y a lo revolucionario se podría adscribir todo lo deseable (como los racistas atribuyen a los negros todas las condiciones despreciables), y a partir de ahí encuentra lo revolucionario como amigo y lo contrarrevolucionario como enemigo, con lo que cualquier examen de las cosas es imposible. Mejor dicho, la persuasión es posible, siempre y cuando se use la retórica que encaja en la mente del primitivo. Para conseguir lo que uno quiere de él, adorna con adjetivos como “revolucionario” la pretensión.

Atender al lenguaje es importante porque no puede haber sociedades sin lenguaje. Y el lenguaje es tradición literaria, no surge de sí mismo sino del comercio de muchas generaciones humanas. El lenguaje corriente, sobre todo gracias a los medios, está lleno de figuras literarias que la gente no detecta y que son útiles a la persuasión, exactamente como el lenguaje falseado de los nazis y comunistas servía para llevar a los verdugos correspondientes a crueldades peores que las de los niños sicarios de la izquierda democrática en Colombia.

A mí me parece del máximo interés analizar el lenguaje de los amigos del terrorismo porque necesitamos entender lo que bulle en su cabeza. Ese lenguaje corrompido es obra de literatos más o menos hábiles y opera en esas mentes porque la cultura literaria del país es ínfima y la disposición a obtener recursos copiosos sin esfuerzo muy grande: lo mismo que se supone que motiva el tráfico de drogas está en la base del sindicalismo estatal. El maestro, el abogado de la Procuraduría, el profesor universitario, el médico del antiguo ICSS, el empleado judicial, el de la antigua Telecom o de Ecopetrol y de muchas otras entidades públicas resultaba a un tiempo favorecido por privilegios inconcebibles para los demás colombianos y a salvo de toda evaluación gracias a su adhesión a la causa “revolucionaria”.

¡Y además contaba con el halago, aparte de estar en el estrato 5 o 6 sin grandes esfuerzos, resultaba de la clase de personas justas y generosas que despreciaban a los yanquis y el neoliberalismo! Claro que sólo en la medida en que lo ignorara todo sobre economía, historia y aun literatura. Pero las exigencias del medio eran modestas, y la izquierda le ofrecía sus autores y sus obras, de modo que tampoco era (es) difícil sentirse de una élite intelectual.

Buen ejemplo de ese lenguaje es la palabra paz. ¿Qué es la paz? Cada vez que renunciamos a mirar el diccionario por la seguridad de que sabemos lo que es algo, estamos cayendo en sobreentendidos que nos impiden entender las cosas. ¿Cómo es que hay un grupo de intelectuales y personalidades que se llaman “Colombianos por la Paz”? Ciertamente, la mayoría de ellos esperan ascender socialmente gracias a las guerrillas y aun obtener rentas, pero ¿a qué aluden cuando hablan de paz?

Sin remedio hay que volver a hablar de literatura. De retórica. Sabemos que están a favor de las guerrillas y consideramos su lenguaje un recurso falaz. Pero ¿cómo esperan que alguien les crea? La verdad es que tienen partidarios, y esos partidarios les creen.

¿Cómo así que les creen? Basta con leer los comentarios de los estudiantes y empleados estatales en los foros de la prensa para comprobar que son muchos los que apoyan a esa gente. No la mayoría de los ciudadanos, ni muchísimo menos, pero la mayoría puede verse arrastrada por diversas perversiones del lenguaje y apoyando políticas que podrían perjudicarla. ¿Qué ocurrió con el “Mandato Ciudadano por la Paz” de 1997? Sus gestores lo convirtieron en un elemento de presión a favor de la negociación con las guerrillas, lo que reforzó la determinación de Pastrana de negociar las leyes y el poder con los terroristas. Del mismo modo, los amigos de la guerrilla intentaron convertir la movilización del año pasado en contra de las FARC en presión por el “intercambio humanitario”. No lo consiguieron, pero la obsesión por el secuestro, un síntoma de la guerra como las bombas o las minas o la extorsión, llevó a una nueva manipulación: la misma organización convocante terminó acompañando el show de las liberaciones de la semana pasada. ¿Qué es la paz? ¿Por qué esa panda de bellacos asumen encantados el nombre de “Colombianos por la Paz” que les asignan las FARC, organización a la que suelen hacer propaganda por diversos medios? (Por ejemplo, se puede oír lo que dice Jorge Enrique Botero de alias Raúl Reyes.) ¿A quién pretenden engañar?

Se llama sinécdoque y es una figura retórica que se usa continuamente, por ejemplo en expresiones como “la mano que mece la cuna”. En el contexto de la propaganda de El Espectador, la palabra paz sirve para aludir a “negociaciones de paz”. Los intelectuales a los que lidera Piedad Córdoba son los “colombianos por las negociaciones de paz”.

Y eso es muy interesante porque a fin de cuentas esos personajes cuentan con el apoyo expreso o tácito de toda la oposición política. ¿Cómo es que la mayoría de los periodistas e intelectuales, amén de muchos políticos, acompañan ese curioso desplazamiento de sentido? Porque esas negociaciones de paz les interesan. Los votantes de Samuel Moreno, al que Gustavo Petro le pregunta si está asociado con las FARC, sienten que es bueno que haya quien le reclame a las FARC dejar de secuestrar porque eso no les conviene y aleja una negociación política.

Ese anhelo de negociación lleva siempre a la cuestión que más incomoda a la gente que no está con la guerrilla: la de si ésta tiene apoyos políticos significativos en la sociedad. En mi opinión no hay ningún error más funesto que negar esos apoyos, que se evidencian en toda esa actitud. Los que esperan que finalmente a las FARC se las premie en el sentido de que el país se haga más socialista y se favorezca más a los proveedores de educación y salud y demás son varios millones de personas.

A las cuales la paz sin negociación, la paz derivada simplemente de que los que hacen la guerra desisten, no les interesa. No les gusta. ¿Puede haber paz sin justicia?, se preguntan. Uno puede suponer que de la negociación con unos criminales totalitarios no va a resultar ninguna justicia, pero ¿qué es la justicia? Ya el ejemplo de los países vecinos ha mostrado hasta qué punto hay vastos sectores de la población que se sienten agraviados por la vieja cleptocracia y esperan reemplazarla: ésa es la “justicia” para ellos.

Y cuando “paz” es “negociaciones de paz” nos encontramos con que esas negociaciones son el oxígeno que necesitan los terroristas totalitarios para recuperarse y emprender nuevas acciones criminales, como ha ocurrido en la última semana. Lo cual nos lleva de nuevo a Orwell y a la corrupción del lenguaje.

Uno de los lemas del Estado totalitario que describe en 1984 es “La paz es la guerra”. Los colombianos por la paz son los colombianos por la guerra, y el problema es que frente a una minoría inteligente y organizada, directamente heredera de los grupos que siempre han dominado el país, sólo hay una masa desorientada que cree que las FARC son una rebelión de bandidos rústicos con ideas pasadas de moda.
(Publicado en el blog Atrabilioso el 11 de febrero de 2009.)

sábado, septiembre 26, 2009

¿Se desinfló el "No más FARC"?

Hoy se cumple un año de la histórica jornada en que millones de personas salimos en todo el mundo a exigir el cese de la violencia de la banda asesina. Y es una buena ocasión para reflexionar sobre lo que ha ocurrido desde entonces.

En primer lugar, la determinación de la sociedad de condenar sin paliativos los crímenes de ese grupo terrorista reforzó la moral de las fuerzas responsables de la seguridad de los ciudadanos. Eso sin duda tuvo alguna influencia en el acierto de la Operación Jaque y en muchos otros logros obtenidos por las fuerzas militares.

Pero una cosa es la voluntad de millones de personas razonables y otra la determinación de quienes han vivido siempre pensando en la forma de apoderarse de las riendas del Estado mediante la violencia: la prensa, cuyos dueños son a fin de cuentas los primeros empresarios del terrorismo, fingió apoyar la marcha cuando no había remedio, al tiempo que no vacilaba en intentar convertirla en la segunda parte de las marchas de 1997 por el diálogo. Tímidamente asomaban las sugerencias de que el objetivo de la marcha era el “intercambio humanitario”. Pero la gente no estaba para medias tintas y la prensa no tuvo más remedio que dar cuenta del hecho.

El bando fariano reaccionó rápido, con la obvia colaboración de la prensa, convocando marchas de desagravio con las que se pretendía equiparar a la tropa de la izquierda democrática con las instituciones legítimas. El resultado no fue el mismo, pero a fin de cuentas las fuerzas que maquinan a favor del terrorismo son ingentes y llevan casi un siglo conspirando para tomar el poder.

Tras el triunfo de la Operación Jaque pareció que los terroristas y sus patrones estaban desanimados, pero pronto encontraron el filón del Caso Tasmania y muchos otros para deslegitimar al gobierno que tanto daño les había hecho. El fracaso del trámite del TLC en el Congreso estadounidense, el triunfo demócrata en las elecciones en ese país y los desgraciados episodios de los asesinatos de inocentes para presentar resultados favorecieron el resurgir de la esperanza de los socios del terrorismo.

Se dice que Hugo Chávez obra con lógica de militar, que no renuncia a tomar la fortaleza tras un primer fracaso, sino que lo vuelve a intentar. La reelección indefinida ya fue rechazada por los venezolanos en 1999 y también en 2007. Le da igual, vuelve a proponerla hasta que la aprueben. Eso mismo ponen en práctica sus seguidores colombianos. Después de que el show de la liberación de Emmanuel fracasara, la senadora Piedad Córdoba volvió a ser protagonista de otro espectáculo de liberación de secuestrados, el cual sigue teniendo lugar estos días.

Desde el principio era evidente que se trataba de una operación propagandística para legitimar y alentar a los terroristas en busca de una recuperación que abriera el camino a la negociación política y echara por tierra el clamor de hace un año. Pero el respaldo de “la academia”, de la prensa y de los sectores políticos de oposición fue unánime. Aparte de las denuncias del presidente sobre el carácter de celada de la operación, no he leído ninguna denuncia ni crítica.

El espectáculo de esta semana es el de la mayor infamia: los esclavistas se permiten regalar unos esclavos a sus promotores a cambio de un gran protagonismo en la prensa que a fin de cuentas siempre los ha respaldado. La gente asiste impotente a la exhibición de poder y chantaje de unos sectores sociales y políticos que a fin de cuentas representan el poder tradicional en la sociedad. Aparte de ciudadanos aislados y del gobierno, no hay ninguna condena de la infamia de ese espectáculo.

Los mismos promotores de las marchas de hace un año están dedicados a favorecer el espectáculo con la maratón de firmas de apoyo a los secuestrados. Quien visite la página http://colombiasoyyo.org/ se enterará de que esas firmas son a favor de “la libertad y la reconciliación”, binomio que no deja de producir espanto y asco.

¿Es que alguien se podría proclamar contra la libertad? Ésta no requiere que la deseemos, sino que estemos dispuestos a hacer frente a quienes la coartan, que denunciemos el secuestro y la existencia de bandas de asesinos que pretenden anularla como la mayor amenaza.

Pero ¿cuál reconciliación? Parece que los familiares de la niña del barrio Fátima asesinada por una bicicleta bomba y de varios cientos de miles de personas que han caído por la ambición de una secta criminal y la complicidad de unos cuantos aventureros de las clases altas tuvieran que ir a pedir perdón a sus verdugos por no haber colaborado con ellos. El que cree que las víctimas deben “reconciliarse” con los verdugos es lisa y llanamente un cómplice.

La infamia de estos días forma parte del año electoral y es de algún modo el lanzamiento de una facción política aliada con las FARC que pretende unir al PDA, al “Partido Liberal”, a los visionarios de Mockus y a los pastranistas como alternativa al gobierno. El Gran Acuerdo Nacional requerirá infinidad de asesinatos para convencer a la gente de las ventajas de la paz. Los episodios de las últimas semanas, como los asesinatos de Roberto Payán, del Blockbuster de Bogotá o de Cali, son sólo el comienzo de esa campaña combinada de mentiras y crímenes.

Esa facción ya ha encontrado el apoyo más o menos expreso de los sectores mencionados, y en la medida en que diciendo que las FARC son “el ejército del pueblo” no conseguirán grandes mayorías, menos cuando el petróleo baja de precio y las posibilidades del mico de proveer recursos para comprar votos se reducen, lo que ocurrirá será que el uribismo resultará favorecido, al rechazar la mayoría de la gente la complicidad de esos sectores con las FARC.

Y eso no es una buena noticia. Viene a significar que el uribismo se vuelve un monopolio de la política, al no tener competencia legítima. Y la calidad de lo que producen los monopolios tiende a decaer. Tanto el peligro de corruptelas como de conductas políticas frívolas, ineptas o espurias se multiplica al no haber críticos que encuentren el respeto de los ciudadanos honrados.

Y a la larga el efecto de todo eso será mucho peor: la adhesión que encontraron los viejos comunistas y dirigentes de sectas totalitarias que firman la correspondencia con las FARC por parte de todos los grupos opositores terminará reforzando el peso de esa facción. Y la hegemonía del uribismo, que persiste en sus errores (como la continuación de la parafiscalidad o de la tributación a la importación de alimentos), hará que los descontentos empiecen a tomar partido por la disidencia o alternativa: por las FARC.

Ojalá que el presidente y quienes lo aconsejan se tomen en serio esa amenaza en el largo plazo y conviertan el alineamiento con las FARC de la oposición en una oportunidad para renovar la política. Primero deberían desistir del referendo y de la segunda reelección y correr el riesgo de lanzar al político mejor situado, Juan Manuel Santos, como candidato presidencial.

Y después desarrollando un programa político y un partido cuyas listas al Congreso en 2010 arrasaran al representar el rechazo al contubernio con los terroristas de las viejas mafias políticas y sociales (no otra cosa son la “academia” y los grupos económicos que controlan la prensa como medio de acceder al favoritismo oficial con sus negocios).

Pero no parece que vaya a haber tal.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 4 de febrero de 2009.)

domingo, septiembre 20, 2009

La aritmética de la primaria


Experiencias compartidas
Como es bien sabido, para poderse uno comunicar con otras personas es necesario que haya experiencias compartidas. De otro modo se corre el riesgo de que los demás no entiendan lo que uno quiere decir. Por eso espero que el lector de esta entrada recuerde lo mismo que yo y no se encuentre ante algo que desconoce y que tiene que imaginarse. ¿Cuántas veces hemos estado delante de alguien que para criticar al gobierno, o “el sistema”, o “el régimen”, exhibe como prueba el hecho de que el salario mínimo no es suficiente para pagar los gastos básicos de una familia o de una persona? Bueno, cada vez que se piensa en la historia reciente de Colombia se piensa en mafias políticas, bandas criminales, negocios gigantescos e ilegales, etc. Yo creo que los procesos mentales de las personas descritas antes son la verdadera tragedia y el reguero de sangre que ha quedado en las últimas décadas sólo es como un síntoma. Como si alguien se sorprendiera de que criaturas tan minúsculas como las bacterias de la lepra destruyeran de tal modo los tejidos de sus víctimas.

Paradojas rentables
Todo lo que tiene que ver con esos discursos, y con el triste corolario, la superación de la pobreza con un decreto que aumente los sueldos de los pobres, está lleno de increíbles paradojas (3. f. Aserción inverosímil o absurda, que se presenta con apariencias de verdadera). Tantas que cuando uno piensa que en Colombia ese discurso es mayoritario en los ámbitos de discusión ya puede describir la vida colombiana, al menos la vida intelectual, como el retrato mismo de la barbarie: la idiotez como compañera increíble de la mala fe. La mentira abyecta y ridícula como recurso de un orden de esclavitud, humillación y despojo.

El amor por los pobres
Es muy extraño (pero visto desde el sentido común todo en Colombia es extraño y se trata de un país inconcebible de tantas cosas extrañas como hay) que los amantes de la justicia que lamentan la insuficiencia del salario mínimo no piensen en la gente que no alcanza a ganarlo: gente con alguna minusvalía o limitación, gente cuya edad ya la excluye de un empleo con el salario mínimo actual. ¡Todos los sufrimientos imaginables se atribuyen al “sistema”, y si aumenta el número de personas que no encuentran empleo porque se sube el salario mínimo más allá de las posibilidades de la economía, tanto mejor, más pruebas de la injusticia social del “sistema”! Los justicieros sólo tienen que mostrarse rebeldes con un “sistema” que no da suficiente, las soluciones son obvias: ¡las contiene la victoria!

El camino del bienestar
Pongamos que el salario mínimo colombiano consista en unos 250 dólares mensuales, y en términos generales lo que se puede comprar con eso es insuficiente para las necesidades de una persona o de una familia. ¿Cuánto sería suficiente? Unos mil dólares ya podrían representar algún bienestar, y cualquier persona sensata aspira a que el ingreso de la mayoría de los colombianos pobres alcance en pocas décadas ese nivel, y lo supere. ¿Están los descontentos habituales pensando en esa clase de crecimiento de la economía? Es lo que se le ocurriría a alguien que no los conociera. ¡Pero son casi unánimemente personas que aspiran a imponer el modelo cubano, personas que reconocen a los grupos políticos de la llamada “izquierda”, grupos que unánimemente proclaman su admiración por un régimen en el que la gente pobre se gana menos de 10 dólares al mes! Tanta rabia porque los 250 dólares no alcanzan, y después resulta que sólo es para tratar de llevar a la gente a ingresos de 10 dólares. ¿Cómo puede llegar alguien a tanta bajeza y falsedad? Es muy fácil de explicar: es en Colombia. La barbarie y el daño moral llegan a tal punto que todos los referentes racionales se pierden: se dice cualquier cosa con tal de... Ya se verá de qué.

Intelectuales ateos
Uno detecta todas esas maravillas y se siente terriblemente solo: ¿qué colombianos van a entender que todo eso es absurdo? Las personas que carecen de instrucción bajan la cabeza y reconocen su ignorancia, y las que proclaman eso son las instruidas. ¿Sirve de algo que uno diga que casi todos los que han pasado por una universidad en Colombia dicen eso? Es que ESO es lo que les enseñan. ¿Habrá alguien que se detenga siquiera a pensar si es o no eso lo que les enseñan? Ante la mala fe no vale ninguna argumentación: conozco a varios cientos de personas instruidas en universidades colombianas y TODAS dicen eso. También lo dicen los columnistas de la prensa y no hay lugar a equívocos: los bienes que aseguran el bienestar emanan de la Constitución. ¡Sólo hay que exigir que se cumpla! Todos estos intelectuales ateos desprecian cualquier cálculo económico, pues basta su buena conciencia y su rango superior a la realidad y a quienes gobiernan para que ellos y sus lectores se sientan bien.

Cuentas sencillas
No hay que complicarse mucho: tener estudios superiores en Colombia comporta olvidar la aritmética de la primaria. Por ejemplo, el PIB colombiano en 2008 fue de unos 250 millardos de dólares. Unos mil millones de salarios mínimos. Divididos entre 45 millones de habitantes da unos 5.500 dólares. Un trabajador con el salario mínimo obtendría unos 3.500 dólares. Más o menos un 64 % del PIB per cápita. En contraste, el PIB estadounidense es de 14,33 billones, que divididos entre 303 millones de habitantes da cerca de 48.000 dólares anuales. Si se sacara el 64 % y se dividiera entre 14 pagas, daría algo más de 2.100 dólares mensuales. Lo que determina la insuficiencia del salario mínimo colombiano no es su relación con los ingresos de los empresarios, sino la pobreza del país. Sobre eso podría extenderse uno infinitamente: los mitos universitarios son sencillamente grotescos. La venta de Bavaria reportó 9.000 millones de dólares, que repartidos entre todos los colombianos habrían dado 200 dólares para cada uno. ¿Qué es lo que hay para repartir?

El drama de la desigualdad
Las personas instruidas en Colombia son sistemáticamente enemigas de la desigualdad, que les parece la peor tragedia. ¿Realmente preferiría una persona sensata que algún multimillonario no se fuera a Colombia con sus millones porque eso aumentaría la desigualdad? ¿Qué necesitan los pobres, resultar mejor comparados con los más ricos o aumentar sus ingresos? Pero se trataba de paradojas obscenas: se dice, por ejemplo, que el 20% más rico de la población en Colombia obtiene el 61% del ingreso mientras que el 20% más pobre obtiene sólo el 2,5%. ¿A qué grupo pertenecen las personas que viven indignadas con esa desigualdad? Pero ¿alguien recuerda que en Colombia la mitad de los empleados estatales están en el primer decil de ingreso? Los maestros, los abogados de la Procuraduría, los profesionales de la protesta, están entre el 20 % más rico. Propiamente, entre el 10 % más rico. Su clamor contra la desigualdad es contra sí mismos, claro que durante varias décadas su verdadera profesión ha sido la huelga para hacerse subir los sueldos, es decir, para aumentar la ventaja sobre los colombianos pobres, pero eso no los altera: ¿sabe alguien cuántas personas son sencillamente ricas gracias a lo que obtienen clamando contra la injusticia y la desigualdad? Por ejemplo, los magistrados, los funcionarios de agencias gubernamentales especializadas, los autores de informes que pagan generosamente las entidades públicas...

¿Para qué?
La pobreza en Colombia es sobre todo resultado del saqueo inclemente a que han sometido a las arcas públicas los descontentos con el “sistema” gracias al sindicalismo basado en el poder armado, el despilfarro monstruoso de recursos públicos en el incesante adoctrinamiento de asesinos en las universidades públicas, en el pago de prebendas a los beneficiados con la presión de las guerrillas comunistas y sus clientelas. ¿A qué viene pues la obsesión de los beneficiarios de la desigualdad que proclaman que el ingreso es insuficiente? Ellos sólo utilizan esos datos para descalificar al gobierno que ha permitido un crecimiento económico que no se recordaba en varias décadas, una reducción de la pobreza que no se había visto nunca (ver por ejemplo el resumen de la economía colombiana en el World FactBook: “Colombia's sustained growth has helped to reduce poverty by 20% and has cut unemployment by 25% since 2002). Pero ¿por qué tienen tantas ganas de cambiar el gobierno?

Es fácil: porque quieren asegurar su increíble ventaja respecto de los colombianos pobres y sufridos. La queja contra la desigualdad sólo tiene sentido por la voluntad de aumentarla, porque cualquier situación de paz, orden e imperio de la ley amenaza el dominio de esos grupos que viven de la política, de la protesta y en términos generales de la violencia. El cretinismo de sus cuentas sin sentido sólo muestra su absoluta ineptitud: en los países civilizados, la gente deriva sus ingresos del servicio que presta a los demás. En Colombia los poderosos parasitarios dependen del atraco que cometen contra los recursos comunes. Si en sus “universidades” aprendieran algo tal vez no tendrían que vivir de esa despreciable combinación de mentira y violencia.

(Publicado en el blog Atrabilioso el 28 de enero de 20o9.)

martes, septiembre 15, 2009

Los colombianos por las FARC

En los últimos meses las portadas de la prensa colombiana han estado llenas de abierta propaganda terrorista con ocasión de la prometida liberación de seis secuestrados por las FARC gestionada por Piedad Córdoba y un nutrido grupo de profesores universitarios. La "generosa" iniciativa no podía dejar de contar con el respaldo editorial de El Tiempo y El Espectador. ¡No bastaba con la presencia diaria en las portadas, el compromiso tenía que llegar hasta los editoriales! ¿Alguna sorpresa en que las decenas de personas asesinadas por la banda terrorista en ese tiempo figuren decenas de veces menos que la prometida liberación?

Siempre se encuentra uno con lo que de verdad fascina y asquea de Colombia. ¿Qué se figuran los lectores de la prensa que mueve a los editores y editorialistas? ¿No se habrán dado cuenta de que TODAVÍA no han liberado a nadie pero sí han puesto de rodillas al gobierno, sometido al chantaje de resultar responsable del sufrimiento de los secuestrados si no cede a las presiones? Tal vez el camino al desarrollo, la paz y la prosperidad sea tan sencillo como ver lo monstruoso de todo ese juego. Es decir, lo monstruoso de la condición de tantos millones de colombianos dispuestos a colaborar, o a someterse o a desentenderse del asunto. No algo que ocurre en los montes ni en las oficinas de los mandamases de la prensa ni en los hoteles de lujo en que transcurre la vida de la senadora del turbante, sino en la mente de cualquiera.

El relato de la convocatoria es lo que se dice conmovedor: llena de buenas intenciones, la senadora llamó a varios personajes de tierna vocación humanitaria, como el biógrafo-hagiógrafo de Ricardo Palmera, la ex alcaldesa de Apartadó (que clamó por la libertad del citado Palmera y de Sonia) y algunos otros. ¿Qué podían hacer por los secuestrados? ¿Cuántas noches no habrán pasado esos angelitos sin dormir pensando en lo que podrían hacer para aliviar el sufrimiento de esas pobres personas y de sus familias? Algo había que hacer. Afortunadamente, la senadora se inspiró al estar reunida con gente tan generosa y ¡propuso escribirles a las FARC para que los soltaran! La incredulidad cundió, ¿serviría de algo? Los corazones compasivos vacilaban, pero al final se impuso la impaciencia por ver libres a esas pobres víctimas del conflicto armado y se tomó la valerosa decisión de escribirles a las FARC.

Uno escribe esas cosas con la extraña certeza de que a los colombianos les parecerán los desvaríos de un loco. ¿A quién se le va a ocurrir que la prensa del señor Santodomingo, en especial, esté colaborando con los terroristas, con su legitimación y con su chantaje a la sociedad? Ser colombiano es estar sometido a percepciones superiores a la evidencia de los sentidos. Unos graciosos de un blog escriben una parodia de un post de Atrabilioso en el que se menciona a la prensa y a las universidades como aliadas de las guerrillas. ¡Qué ocurrencia! El señor Santodomingo es capitalista, por tanto de derecha, la guerrilla es comunista, por tanto de izquierda, no pueden compartir intereses ni colaborar. Si uno comprueba lo obsesiva que ha sido la campaña de propaganda interesada a favor de las FARC en la prensa, sobre todo en el periódico de Santodomingo, sin duda es que tiene flojo un tornillo. ¡Qué ocurrencia!

Pero eso no es nada: ¡después publicaron otro editorial denunciando la política de incentivar las deserciones de guerrilleros que tengan rehenes! Eso les parece una forma de favorecer a los secuestradores. Más lejos todavía, el correspondiente profesor de la Universidad Nacional sale clamando contra esos "acuerdos humanitarios individuales", ¡carentes de base jurídica! Dios mío, ¡un obstáculo para una negociación humanitaria! ¿Qué piensan los lectores de esos editoriales y del escrito del señor Uprimny, que hasta magistrado fue? Lo único que importa y cuenta es la percepción de cada uno. ¡Es tan descarado el interés por obstaculizar una política que debilita a la banda asesina que hace falta ser un canalla de la misma categoría para no verlo!

Pero la prensa colombiana es ante todo una máquina de propaganda del terrorismo. Por cada crítica que se hace a los políticos que cobran las masacres hay varias decenas de defensas y de falacias justificativas. Si Mauricio Vargas lamenta que la oposición no tenga un discurso contra las FARC, por ejemplo condenando la masacre de Roberto Payán, al día siguiente aparece la correspondiente defensa, reivindicando un comunicado del PDA en el que con toda claridad se protesta contra las FARC por no disparar con puntería contra los policías y se aprovecha para cobrar la masacre en términos pacifistas. (Bueno, el líder de la universidad colombiana, Alfredo Molano, también clamaba porque se trasladaran las estaciones de policía fuera de los pueblos).

En últimas, ¿qué es lo que se escriben los creadores, promotores, propagandistas y valedores de las FARC con su tropa? Al parecer, en Colombia sólo se puede leer eso cuando se es cómplice. No recuerdo ningún comentario sobre esa correspondencia. A pesar de la fatiga que sufrirá el lector a estas alturas, vale la pena detenerse un poco en esas perlas para entender a qué juegan los ¡Colombianos por la Paz! Bueno, no tiene ningún misterio: se trata de promover a la banda terrorista y permitirle figurar ahora que ha sido tan golpeada por el ejército y sobre todo por la población colombiana, que hace casi un año salió a clamar NO MÁS FARC. Con uno u otro pretexto, la correspondencia entre esos asesinos pretende ser como un conjuro: MÁS FARC. Así esperan mantener la moral de la tropa, no tanto la de los peones y sicarios de estrato 1, que a fin de cuentas sólo obedecen y a menudo no saben leer, sino la de los maestros, estudiantes, empleados estatales e intelectuales que siguen apostando por un régimen como el cubano en Colombia.
Bogotá DC., septiembre 11 de septiembre de 2008

Señores miembros del
Secretariado:

La solución de la crisis múltiple que aqueja a la sociedad y al Estado colombianos demanda una juiciosa reflexión así como la participación de los distintos sectores expresados en la sociedad civil y de aquellos actores comprometidos en el conflicto interno armado, social y político que agobia al país, con el objeto de evitar daños a la institucionalidad y propiciar la construcción de una democracia plena con justicia social y paz en la que quepamos todos.
[Es como es este mundo: ¡las FARC resultan posibles protectoras de la institucionalidad!, y como "sectores comprometidos en el conflicto ¡interno!, armado, social y político" (es muy interesante el orden), deben reflexionar a ver qué se hace para ¡propiciar la construcción de una democracia plena! ¿Qué democracia pueden ayudar a propiciar unos asesinos que pretenden imponerse a través del terror? Mejor, ¿quiénes son los asesinos? El interés de la carta de los patrones de las FARC es desde el principio legitimar a la banda asesina, que ¡no cabe en la democracia actual, carente de justicia social y de paz! ¿Quiénes son los asesinos? En lugar de pedir a los terroristas que se entreguen a la justicia, se los intenta legitimar como parte de la sociedad.]
En tal virtud, nuestra aspiración es la de trabajar por desbloquear los caminos que conduzcan a la concreción de un Acuerdo Humanitario que permita la liberación de secuestrados y prisioneros en poder de la insurgencia armada de las FARC y, al propio tiempo, la libertad de los presos de esta guerrilla bajo la jurisdicción del Estado.
[No podían decirlo mejor: su interés es cobrar el secuestro, pues ¿para qué se cometen los secuestros? No, no crean que para obtener la liberación de los asesinos encarcelados: los rehenes políticos son un estupendo recurso precisamente para que los socios de la prensa publiciten hasta lo inaudito las "razones" de los terroristas. ¿Por qué no aspiran a que los inocentes queden libres y los terroristas paguen por sus crímenes? Naturalmente, porque necesitan a la tropa para asegurarse rentas y ascenso social.]
Comprendemos que una alternativa diferente al entendimiento político para celebrar un Acuerdo Humanitario y facilitar una salida negociada al conflicto entrañaría el padecimiento de importantes sectores de la población, el inminente peligro para la vida de los cautivos que están en la selva, la degradación de la guerra, y el estímulo a la militarización y al autoritarismo y debilitamiento institucional del proceso político nacional.
[El chantaje es directo: si no se premia el secuestro, los cautivos la pagarán. ¡No hay alternativa, hay que ayudar a matar más gente porque de otro modo las víctimas van a sufrir más! Pero es peor, ¡se debilitarán las instituciones, no porque no se apliquen las leyes, sino porque se apliquen! ¡Pero eso está dirigido a los terroristas! ¿Qué son las instituciones? Cualquier cosa: los lectores de esa correspondencia, casi seguros partidarios del chavismo y demás, se sentirán aliviados de colaborar con la defensa de las instituciones, que no castigan el secuestro sino que lo premian, que no defienden los derechos de los ciudadanos, sino que reconocen a quienes los asesinan. ¿Quiénes son los asesinos? ¿Se ha dado cuenta el lector de que hasta ahora no hay ni una sola palabra de las FARC? Es que no hay ninguna diferencia entre esos angelitos y su servicio doméstico armado, más allá de la labia pomposa y la ropa cara.]
El escalamiento de la confrontación ha desbordado la geografía nacional e impacta territorios de países hermanos con diversos hechos de violencia institucional que han puesto en dificultades las relaciones diplomáticas de nuestro país.
[Esto parece referirse a la muerte de Luis Edgar Devia: los pacifistas de buen corazón y liberadores vocacionales están preocupados por el daño que se hace a las relaciones diplomáticas de nuestro país. Obra, claro está, del "escalamiento de la confrontación", naturalmente atribuible al gobierno. ¡No es que una banda de asesinos pretenda imponerse mediante el terror sobre los ciudadanos, sino que hay una confrontación que no han querido resolver! En realidad el retroceso de los comunistas en Colombia parece ser ante todo el agotamiento de las falacias con que llevan varias décadas intoxicando el ambiente. Todas las mentiras del trust Münzenberg parecen formar parte de una pesadilla recurrente, de un dejà vu asqueante y fatigoso. Da lo mismo que todos los días tengan Noticias 1 y varios periódicos dedicados a divulgarlas, basta un poco de humanidad y sentido común para no secundarlas. Por eso se mantiene la popularidad de Uribe.]
No obstante, tenemos la certeza de que los presidentes y jefes de Estado de pueblos hermanos en el hemisferio y de los denominados países amigos europeos concurrirán de manera solidaria a apoyar los procesos de diálogo que estamos proponiendo.
[Cuando Piedad Córdoba tuvo la feliz idea, ¡no sospechaba que fuera a contar con tan generosos apoyos! ¡Nada menos que de los pueblos hermanos y de los países amigos! ¿Alguien recuerda la cínica presión sobre el gobierno colombiano en tiempos del Caguán para que premiara a los terroristas? La prensa se inventó la designación "países amigos" para esos gobiernos y esos diplomáticos. Yo no puedo entender que la gente distinga mucho a esa gente de los terroristas. Sin esas presiones, miles de personas se habrían salvado del secuestro y del asesinato en esos años. Ni hablar del apoyo de Chávez a las FARC, incluso poniendo una fábrica de fusiles de los que necesita la banda asesina. ¿Cómo no va a apoyar a los filántropos que hacen lo inimaginable para buscar la libertad de los secuestrados?]
Por las razones expuestas y con el ánimo de emprender desde ahora la búsqueda de soluciones a favor de la paz de Colombia y el sosiego de los seres humanos afectados por el conflicto, de manera cordial los invitamos a desarrollar un diálogo público a través de un intercambio epistolar mediante el cual ustedes, nosotros y en general la sociedad colombiana, podamos identificar los elementos que permitan definir una agenda que esclarezca las rutas en las que sería posible un entendimiento, en aras del anhelado acuerdo humanitario.
[Ya tenemos dos partes de la sociedad colombiana, el resto existe, "en general", ¡y puede participar en el intercambio epistolar, no faltaría más!, a ver si entre todos cobramos el secuestro y hacemos realidad ese anhelo del intercambio humanitario. Ya los terroristas están legitimados, a partir de entonces, septiembre 11, sólo quedaba esperar a ver si los señores del Secretariado querían atender el llamado generoso de ese grupo de colombianos que han dedicado su vida a la revolución proletaria y ahora anhelan logros humanitarios, pues ¿para qué iban los guerrilleros a secuestrar a esa gente? El descaro no puede ser mayor, pero ¿qué papel tiene la prensa? ¿Qué despierta todo eso entre los demás colombianos?]
Consideramos que ya existe una apreciable corriente de opinión que favorece la promoción de factores contrarios a la solución armada y que está en condiciones de colocar los referentes apropiados para generar una controversia democrática sobre los temas de la paz y de la guerra en Colombia, con el fin de propiciar la convivencia pacífica dentro de una nueva ética social.
[Que a nadie le quepa duda: la corriente de opinión quiere promover "factores contrarios a la solución armada" que no sean el desarme de las bandas de asesinos, sino la rendición de la sociedad a ellos. ¿O qué ha ocurrido a partir de entonces? ¿Qué son realmente las FARC, en la descripción de estos angelitos? ¡Ellos sólo desean la convivencia pacífica dentro de una "nueva ética social"!]

Y tuvieron suerte, ¡las FARC les contestaron! Tan grande es la intolerancia que hay en el país, que nadie esperaba que las FARC atendieran a ese respetuoso llamado a la sensatez de unos colombianos que a las FARC les parecieron ¡Colombianos por la Paz! Los asesinatos posteriores son sólo la sombra de ese crimen, de esa manifiesta solidaridad con los asesinos de grupos privilegiados en la sociedad colombiana y de intereses perversos y mafiosos, como los del señor Santodomingo y los demás dueños de la Gran Prensa.
Montañas de Colombia, octubre 16 de 2008

Respetados Compatriotas:

Con beneplácito hemos recibido su misiva de septiembre que invita a explorar colectivamente caminos hacia la paz alejados del actual rumbo gubernamental de guerra perpetua que significa persistir en el imposible de una solución militar a los problemas políticos, económicos y sociales que subyacen en el cruento conflicto que estremece al país.
[Como quien dice, "hablando se entiende la gente": después de que los benefactores de las víctimas de ese conflicto mostraran el correspondiente (ése es el sentido de la "correspondencia") reconocimiento a los secuestradores, éstos se muestran felices de encontrar gente dispuesta a buscar la paz. ¿Alguien ha registrado ese reconocimiento en la prensa? No, no existe, es de lo más respetable que esos colombianos permitan a los terroristas decir que el problema es que el gobierno no los quiere premiar y que ellos representan a la población por encima de las urnas.]
Saludamos el florecimiento de una corriente de opinión que se aparta del falso triunfalismo y de los parámetros de la solución guerrerista a los grandes problemas nacionales. No dudamos del éxito de su gestión porque coincide con el sentimiento y el anhelo de paz de las mayorías.
[Ahí los asesinos de ropa cara que colaboran en la operación de propaganda de la banda de rústicos resultan designados representantes de las mayorías, al tiempo que les reconocen el "apartarse de la solución guerrerista": claro que TODOS los firmantes de la carta de reconocimiento a los terroristas eran los que presionaban por más masacres y más secuestros y más minas en tiempos del Caguán, pues siempre les parecía que el premio de impunidad que ofrecía el gobierno corrupto y venal de Pastrana era insuficiente y hacía falta más presión: casi todos los primeros firmantes serían los ministros y embajadores de un régimen fariano. Las FARC son sólo un pretexto de su ambición. ¡Claro que se apartan de la solución "guerrerista" pues a fin de cuentas son los adoctrinadores y promotores de las bandas criminales!: extrañamente no quieren que se las combata, claro, y los demás colombianos chupándose el dedo o dándoselas de vivos a ver cómo se hacen amigos de esos filántropos.]
Esta carta es ya el comienzo del Intercambio Epistolar que nos proponen para discutir en torno a la salida política del conflicto, el canje humanitario y la paz. Participaremos de cara al pueblo en un diálogo con amplitud y franqueza, sin dogmatismos, sin sectarismos y sin descalificaciones sobre los temas que sugieren. Es necesario esforzarnos en procurar la vinculación de la mayor cantidad posible de organizaciones políticas y sociales y de personas independientes.
[¡Bendito sea Dios, hasta las FARC son razonables y se prestan a ese amable diálogo de yo con yo! Y son hasta buena gente, no quieren dogmatismos ni sectarismos. Si les toca castrar policías delante de sus vecinos, o masacrar niños, no será por sectarios ni dogmáticos, pues ¿quién mejor que ellos para juzgar los valores de la gente?]
Nuestra disposición a explorar posibilidades hacia el canje humanitario y la paz con justicia social que es hoy el clamor y la necesidad más urgente y sentida de toda la nación, continúa invariable. La liberación unilateral de seis ex congresistas en el pasado reciente, entregados al Presidente Hugo Chávez y a la senadora Piedad Córdoba, buscaba crear condiciones y ambientes propicios al canje de prisioneros en poder de las partes contendientes. Este hecho es testimonio fehaciente de voluntad política.
[Lo dicho, ¿quién va a poner en duda su buena voluntad? Ciertamente, ya lo veremos, no lo harán los generosos colombianos por la paz. ¿Cuáles fueron los seis ex congresistas que soltaron? Pero, a ver, ¿quién les va a negar su derecho a hacerse voceros de "toda la nación"? La solidaridad de los socios políticos de esos asesinos sólo es posible por un daño moral generalizado, en otros países esa gente estaría en la cárcel.]
Muy respetuosamente sugerimos, para reforzar este nuevo emprendimiento, tener en cuenta la manifiesta disposición de la gran mayoría de Presidentes latinoamericanos para contribuir con sus esfuerzos en el proceso de intercambio humanitario y paz.
[Es parte del guión, sólo falta saber quién concibió realmente la correspondencia. Podría ser alguien de La Habana o de Caracas, aunque la retórica supuestamente refinada hace pensar en algún genio como Enrique Santos Calderón. ¡La respetabilidad de la gran mayoría de presidentes latinoamericanos legitima el secuestro y la admirable tarea de cobrarlo!]
La inmensa bandera de la paz con justicia social deberá ondear definitivamente, libre, bajo el cielo de Colombia. La guerra eterna contra el pueblo que nos quieren imponer para perpetuar la injusticia no puede ser el destino de la patria.

Reciban nuestro saludo cordial.

Compatriotas
Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP
Montañas de Colombia, octubre 16 de 2008
[Todos esos supuestos de la propaganda terrorista serán confirmados por los colombianos por la paz, pues de lo que se trata es de aprovechar la solidaridad de los medios y de tantas redes de antiamericanos en todo el mundo para promover la causa de los terroristas, entiéndase bien, para matar más soldados y policías y en últimas más civiles. También para secuestrar más gente, pues la única forma en que dejarán de hacerlo será derrotándolos y sometiéndolos a la ley.]

La correspondencia sigue. Esta vez contestan los benefactores de la humanidad.
Bogota DC., noviembre 27 de 2008
Señores Miembros del SecretariadoFARC-EP
Cordial saludo.

Su respuesta a nuestra carta nos ha estimulado por los contenidos de esperanza para la paz nacional y por el lenguaje acorde con el dialogo epistolar emprendido. Nuevos fenómenos conmueven hoy a la conciencia nacional. Sin ignorarlos, estimamos que ellos no nos deben apartar de la discusión crucial de la guerra y la paz en Colombia.
[Lo dicho, alabado sea Dios, contestaron, hay que agradecérselo y reconocerles esa amable disposición al diálogo.]
La divulgación sobre la práctica por parte de sectores de las Fuerzas Armadas de los crímenes contra la vida o ejecuciones extrajudiciales cubiertos bajo la denominación de falsos positivos y la purga en las filas del Ejército Nacional han puesto en evidencia el más reciente capítulo de la guerra sucia en Colombia. La escalada en el conflicto colombiano ha estado acompañada de mayor degradación. En ese contexto aspiramos a avanzar hacia un Estado moderno y democrático que permita alcanzar condiciones dignas para la vida en comunidad.
[Dolidos como están esos sabios bondadosos por los asesinatos de inocentes, ¿a quién van a poder quejarse aparte de quienes se muestran dispuestos al diálogo? Claro, a diferencia del gobierno nacional y de la mayoría de los colombianos. El alma desprotegida y en presencia del horror busca consuelo en quien la pueda comprender, ¿cómo ponerlo en duda?]
Estamos persuadidos de que la comunicación que ustedes declararon iniciada al responder a nuestra carta del 16 de septiembre del año en curso, tendrá sentido y logrará eficacia si se desenvuelve bajo el signo del intercambio concreto y transparente.
¡Claro! No hay como el diálogo. Ya verán cómo todo tiene sentido y "logra eficacia". El lenguaje absurdo y de comedia es el resultado natural de escribir una farsa en la que nadie cree, pero que permite reclutar apoyos entre la militancia del PDA y entre las clientelas mafiosas del samperismo.]
Creemos que la práctica del secuestro es de por sí inhumana y no se le puede defender sin que al mismo tiempo se ingrese en el terreno cenagoso donde campea la divisa del “fin justifica los medios”. Por ello de manera cordial pero sin rodeos, nos permitimos preguntarles si están dispuestos a abandonar de manera definitiva la práctica del secuestro. Al respecto hemos recordado un antecedente aportado por el Secretariado de las FARC-EP, entonces bajo el liderazgo de Manuel Marulanda Vélez y de Jacobo Arenas y respaldado conjuntamente por Raúl Reyes y Alfonso Cano el 28 marzo de 1984: Nos referimos al segundo apartado del “Acuerdo de la Uribe” en el sentido de abandonar el secuestro como arma política y económica. Esa toma de posición fue recibida con inmensa satisfacción por la opinión pública y en el corto plazo salvó del colapso al proceso de Paz que tenía poderosos enemigos. El asunto planteado tiene una estrecha vinculación con el espíritu del DIH y, en especial, con los convenios de Ginebra (Protocolo II).
[Todos nos conmovemos ante tan humanitarias y sensibles razones: ¡lo que no es tan inhumano es el asesinato de policías y militares y el intento de destrucción de la democracia colombiana! Los miles de secuestros cometidos desde 1984 quedan de un plumazo perdonados siempre y cuando las FARC se acojan al diálogo y se den cuenta de la noble intención de los pacifistas.]
Millones de personas en Colombia y fuera de ella no pueden alejar de la conciencia la imagen de numerosos colombianos que ven pasar sus horas y sus días en doloroso cautiverio, tanto en las selvas de Colombia como en las cárceles del Estado. Estimamos que en el orden de urgencias está en primer lugar el Intercambio Humanitario y que la búsqueda de condiciones realistas para convenirlo entre el Estado y la Insurgencia debe comprometer nuestros esfuerzos y los de ustedes.
[Hermosa equiparación entre los criminales presos y los niños, ancianos y demás personas inocentes "retenidas" para asegurar las rentas no sólo de las FARC sino de los firmantes de las misivas. ¿Quién iba a ser el portavoz de esas personas dolidas sino el grupo de habituales propagandistas de las FARC que obran en la impunidad gracias a que en Colombia hay libertades que bajo las FARC serían inimaginables.]
En ese sentido, el aporte de elementos explícitos a la discusión por ustedes, corresponderá a las palpitantes preocupaciones de la opinión nacional e internacional. Por lo tanto les sugerimos que de cara a un eventual Intercambio Humanitario, se sirvan avanzar en algunas reflexiones conforme a las cuales se pudieran diseñar -en su carácter de organización- escenarios en donde sea posible plantear y debatir con la sociedad alternativas políticas para encontrar una senda transicional hacia una sociedad justa y equitativa.
[Lo dicho, el sufrimiento de los retenidos en cárceles y selvas despierta en esas nobles personas el anhelo de una sociedad justa y equitativa, hermosa tarea en la que no podían dejar de participar las FARC.]
Una ola de optimismo sobre la renovación democrática del mundo alcanza hoy a pueblos y países. Los vientos no soplan a favor de las tendencias y gobiernos que alientan las guerras. Sentimos que ese clima internacional es favorable a todos aquellos que en Colombia trabajan sin vacilación por una salida política a la confrontación bélica interna.
[No faltaría más: como siempre, el problema son los gobiernos que alientan las guerras, no los asesinos que intentan imponerse sobre los ciudadanos.]
En la mayoría de países de nuestro continente han accedido a la dirección del Estado movimientos y figuras comprometidas con el cambio social, la inclusión étnica, la ampliación democrática y el desarrollo de políticas internacionales independientes. Creemos que en ellos la Paz de nuestro país cuenta con incondicionales aliados.

Las perspectivas, ciertamente diferenciadas que estos gobiernos ofrecen, representan sin duda un interesante y alentador horizonte político.

Con nuestros mejores deseos esperamos a la mayor brevedad su respuesta a esta nueva carta. Atentamente,
[La mentira ya hastía porque todo el mundo ha oído hablar de Orwell: si Chávez apoya a las FARC y Rodríguez Chacín las alienta a seguir matando, eso es en aras de la paz. La Paz es la Guerra. No faltaría más.]

Nueva ocasión para que los terroristas se muestren como los defensores de la paz que les piden sus propagandistas urbanos. Aunque, la verdad es que las FARC no llegan al cinismo de los asesinos que les hacen de consultores y se pasan la vida en hoteles de lujo gracias a los secuestros y masacres.
Montañas de Colombia, diciembre 17 de 2008

Señores
COLOMBIANOS POR
LA PAZ
Bogotá

“Aun cuando sean alarmantes las consecuencias de la resistencia al poder, no es menos cierto que existe en la naturaleza del hombre social un derecho inalienable que legitima la insurrección.” SIMÓN BOLÍVAR

Compatriotas:

Con esta reflexión del padre de nuestras repúblicas, el Libertador Simón Bolívar, -que ayuda a comprender preocupaciones colectivas- damos continuidad al intercambio epistolar respondiendo a los temas planteados en su misiva del 27 de noviembre.
[Ya es una vieja costumbre: cuando la indignación nacional con las infinitas atrocidades de esos asesinos empezó a subir, el inefable Alfredo Molano, previsiblemente uno de los primeros firmantes de la carta, salió a decir que era lo mismo que se decía de Bolívar. Pero en Colombia el crimen es ser pobre, indio o de regiones remotas. ¿A quién se le va a ocurrir que Molano, beneficiario de sueldos de varias decenas de salarios mínimos y de cargos diplomáticos para su familia gracias al interés de paz de los gobernantes vaya a ser más responsables que los pobres niños que castran policías?]
Compartimos con ustedes que la discusión sobre la guerra y la paz en Colombia no puede ignorar fenómenos que estremecen hoy la conciencia nacional. Los denominados eufemísticamente “falsos positivos” –que debieran llamarse asesinatos de civiles no combatientes ejecutados por el Estado- son, como ustedes acertadamente lo perciben, manifestación dolorosa de la guerra sucia que vive Colombia. Constituyen un espeluznante grito de victoria de la “seguridad democrática” del presidente Uribe que siempre midió el éxito de esa política –en su componente militar- en litros de sangre.

No puede considerarse como hecho aislado lo que obedece a una directiva puntual del Ministerio de Defensa y de la Presidencia, repetida sistemáticamente a nivel nacional en todas las guarniciones.
[Lo sabía, lo sabía: ¿quién va a conmoverse más por los asesinatos de inocentes que estos benefactores del género humano? ¿Eh? Cuando algunos canallas con sueldo militar dejaban de cumplir su misión de capturar a los firmantes de la correspondencia y se dedicaban a engañar a los colombianos honrados que esperamos que los capturen, les infligían el mayor daño en sus nobles sentimientos. De verdad que el espectáculo de estos criminales es tan atroz como las innumerables masacres de inocentes que han cometido, o que han alentado.]
Es imposible desvirtuar que los miles de civiles asesinados para ser presentados noticiosamente como guerrilleros muertos en combate, lo fueron por el estímulo de los ascensos y recompensas ofrecidas desde el gobierno a los militares. Así como es un hecho destacable, el que después del conocimiento público sobre semejante genocidio, el Ministerio de Defensa no volvió a publicar sus abultadas cifras de "muertos en combate" con las que sustentaban su fantasiosa "derrota de la insurgencia" y el "fin del conflicto". La conciencia de la nación debe impedir que este tipo de crímenes de lesa humanidad que implican al Estado, terminen en la impunidad. La destitución de algunos altos mandos militares por tales hechos debe ser complementada con una responsabilidad penal, lo que muy seguramente, llevará que las cortes y los tribunales de los pueblos sienten a la "seguridad democrática" - desarrollo de la fascista doctrina de la seguridad nacional - en el banquillo de los acusados.
[¿Quién va a tener derecho a hablar de impunidad más que los que la combaten? ¿Eh?]
Tal como lo aprecian ustedes, la escalada del conflicto -que tiene relación directa con la injerencia creciente del gobierno de los Estados Unidos en el conflicto interno de Colombia- ha estado acompañada de una mayor degradación. Algo debemos hacer para desembarazarnos de esa maldición que pareciera perseguirnos desde la destrucción de la Colombia de Bolívar y de su gran obra legislativa concebida de cara al bien común.
[Lo dicho, ¿para qué es la correspondencia? Para que los asesinos puedan erigirse en jueces. Pero eso con el entusiasta apoyo de la prensa. Un apoyo que en el caso de los columnistas es casi por completo unánime.]
Desde las medianías del siglo pasado la degradación acicateada por el Estado no cesa de crecer en espiral. Los mismos métodos brutales que segaron la vida de 300 mil colombianos en la década del 50, ahora más refinados, siguen victimizando a la población, descuartizando con motosierras, enterrando en fosas comunes, desplazando a millones de campesinos para apoderarse de sus tierras, “empapelando” jurídicamente a ciudadanos, hasta alcanzar el nivel de barbarie de los “partes positivos”.
[Es cuando uno entiende por qué tienen que tener a tantas personas en "cambuches" miserables vigilados por niños que en caso de desobedecer tendrían que comerse a su familia o serían automáticamente fusilados. ¡Es que se oponen a la barbarie!]
Recordamos la respuesta del comandante de las FARC Manuel Marulanda a una pregunta sobre humanización de la guerra: “la mejor manera de humanizar la guerra es acabarla”. Hoy seguimos teniendo la misma percepción, y para ello es indispensable el cambio de las injustas estructuras.
[Se nota que los jefes de las FARC leen a Antonio Caballero: lo mejor es acabar la guerra, para lo cual los ciudadanos deben reconocer a esos asesinos como sus amos.]
Celebramos que su alusión a los prisioneros de guerra, esté desprovista de ese “humanitarismo tuerto” diseminado por los medios, que ve a los prisioneros de un sólo lado, ignorando que se trata de dos partes contendientes. Este enfoque ayuda a la búsqueda de una solución realista del problema, para lo cual reiteramos nuestra determinación y voluntad de alcanzarla.
[El mentado diálogo de yo con yo: la operación propagandística se vuelve fastidiosa por lo previsible.]
En este esfuerzo colectivo, es importante avanzar en la identificación y precisión de los temas objeto de nuestras reflexiones para ganar certezas en la búsqueda de soluciones. Por ejemplo: en un conflicto armado y social como el que vive Colombia desde hace más de 40 años, integrantes de la fuerza pública debidamente armados, entrenados y uniformados combaten diariamente, de distinta manera y en diferentes escenarios, con la guerrilla revolucionaria, presentándose bajas de parte y parte, como ocurre en toda contienda bélica. Finalmente una de ellas obtiene la victoria y toma prisioneros de la parte contendiente. Eso ha ocurrido, ocurre e inevitablemente seguirá ocurriendo, aquí y en todo el mundo mientras persistan los conflictos. Ese tipo de capturados, son prisioneros de guerra. Esa es su categoría dentro de la confrontación. Salvo que se pretenda, como en el caso del gobierno de Álvaro Uribe, negar la existencia del conflicto.
[Lo interesante de todo este párrafo es que es exactamente la misma retórica de la inmensa mayoría de los columnistas y editorialistas: "negar la existencia del conflicto" significa que una banda de asesinos no es equivalente a un Estado legítimo y reconocido por sus ciudadanos en elecciones libres. Y por lo tanto, "admitir la existencia del conflicto" significa legitimar los asesinatos de las bandas armadas y hacerlas equivalentes a las instituciones reconocidas por los ciudadanos. Es que "el conflicto", los asesinatos de las FARC y el ELN, son el negocio de quienes "admiten la existencia del conflicto", es decir, de los grupos poderosos de la sociedad colombiana que pretenden imponer un régimen como el cubano y congelar así el orden social, aparte de asegurarse rentas perpetuas y puestos de mando.]
La propuesta de Manuel Marulanda Vélez al congreso de aprobar una ley permanente que deje abierta la posibilidad del canje, cobra plena vigencia en estas circunstancias. Evitaría un cautiverio prolongado y doloroso. En este mismo sentido y con implicaciones de muy diversos órdenes, hemos planteado en diversas oportunidades la conveniencia de un reconocimiento de las FARC-EP como fuerza beligerante. Se presenta también la retención de personas con algún tipo de representación política, que han tomado partido involucrándose abiertamente a favor de la guerra y en crímenes contra sectores populares, vinculados con el militarismo y el paramilitarismo como lo demuestra todo el proceso de la parapolítica, o, que con sus acciones, golpean al pueblo, al tesoro o los bienes públicos. Estos, ante la ominosa impunidad del régimen y en la lógica de los de abajo, deben responder por su conducta. Y se da también el fenómeno de la retención de personas con objetivos económicos que tiene múltiples autores: policías, militares, DAS, paramilitares, delincuencia común y miembros de la insurgencia. En la responsabilidad que nos cabe y, entendiendo las dificultades que ello nos acarrea, nos hemos hecho esta reflexión: ¿cómo se financia una confrontación como la colombiana? ¿Cómo lo hace, por ejemplo, el Estado? decreta cargas impositivas generales, Impuestos de guerra, aportes de las empresas trsnacionales, entre las que se destacan: BP, Chevron- Texaco OXI, Drummond, Chiquita Brand, Repsol, Monsanto, Cocacola, etc.; pero fundamentalmente financia la guerra con ayuda económica, militar y tecnológica del gobierno de los Estados Unidos. Colombia es el primer receptor de esta "ayuda" en el hemisferio, la cual se paga con soberanía. El prominente sociólogo estadounidense James Petras estima que Washington ha invertido en el plan Colombia más de 10 mil millones de dólares en los últimos 6 años. Es una desproporción de recursos económicos y de medios para una guerra Injusta contra un pueblo.
[Definitivamente, los miembros del Secretariado leen El Espectador: el lamento por la imposibilidad de financiar legalmente la guerra justa del pueblo ya lo había expresado Alfredo Molano. La ley permanente de canje pretende asegurar la impunidad de los terroristas, pues siempre se podría secuestrar gente para forzar la libertad de quienes la masacran. Pero ¡era para eso la correspondencia! El problema es la condición moral de los colombianos, pues ¿habrá alguien que ignore que la correspondencia era para eso? Si no hay una corriente de indignación contra el cinismo de estos asesinos "corresponsales" es por la misma razón porque hay secuestros, porque la gente está siempre más cerca del abusador que de la víctima.]
En el espíritu de minimizar el impacto sobre los no combatientes, las FARC expidió la Ley 002 sobre tributación, que cobra un impuesto para la paz a aquellas personas naturales o jurídicas cuyo patrimonio sea superior al millón de dólares y que solo en última instancia contempla el recurso de la retención.
[También era previsible que la queja por los secuestrados serviría para presionar a favor de la Ley 002. En realidad, ¿alguien duda que es el verdadero motivo por el que tantos sicarios morales se dedican a calumniar al gobierno en los foros de la prensa?]
La guerra a medida que se generaliza produce efectos dolorosos y no deseados. Con franqueza les comentamos que no está dentro de nuestro ideario ni en nuestros principios la eternización de estos métodos. De hecho, lo hemos manifestado estando inmersos en diálogos que buscaron la paz con anteriores gobiernos, como bien lo resaltan en su nota. Los temas de esta misiva son más que oportunos para sugerirles lo importante que sería abrir un amplio debate sobre la situación de miles de presos políticos encarcelados luego de redadas masivas utilizadas como táctica para atemorizar y disuadir el apoyo popular a las fuerzas insurgentes. Son millares los ciudadanos acusados de rebelión y terrorismo a través de montajes de la inteligencia militar y del pago de jugosas recompensas. Esta reflexión colectiva debería incluir también la desaparición forzada de personas, la más aberrante forma de secuestro existente ejecutada por el Estado, y que a la pérdida de la libertad agrega la pérdida de la vida luego de espantosas torturas y en medio de la mayor impunidad.

Finalmente, nos piden ustedes, de cara a un eventual intercambio humanitario, avanzar en algunas reflexiones acerca de cómo "diseñar" escenarios en donde sea posible debatir con la sociedad alternativas políticas para encontrar una senda transicional hacia una sociedad justa y equitativa".

Al respecto estamos proponiendo a través del manifiesto de las FARC-EP y de la plataforma Bolivariana por la Nueva Colombia (documentos adjuntos), un encuentro de las fuerzas políticas y sociales interesadas en el cambio, que nos permita delinear de manera consensuada un gran acuerdo nacional hacia la paz, para construir colectivamente alternativas políticas a la guerra y a la injusticia social. Estamos seguros que a nosotros y a millones de Colombianos nos gustaría ver florecer un nuevo gobierno, producto de ese pacto social, que convoque al diálogo de paz con participación de las organizaciones políticas y sociales del país, que lleve sus conclusiones a una asamblea nacional constituyente, para que el tratado de paz así logrado, tenga además, sustento constitucional.
[En este párrafo se anuncia el verdadero sentido de las supuestas liberaciones y de la campaña de los medios: lanzar con el chantaje de la paz un movimiento al que se sumarán, sin la menor duda, tanto el PDA como los visionarios de Mockus (Hernando Gómez Buendía, cabeza de lista al Congreso de ese grupo, es uno de los primeros firmantes), al igual que los "liberales", sometidos a Piedad Córdoba. No es raro que la prensa del magnate que multiplicó su fortuna gracias a Samper esté tan ilusionada con el diálogo.]
Como muestra fehaciente de la voluntad que nos asiste y como gesto que apunta a generar condiciones favorables al canje humanitario, anunciamos la próxima liberación unilateral de seis prisioneros en dos etapas. Estos serán entregados a ustedes, como "colombianos por la paz de Colombia" en cabeza de la senadora Piedad Córdoba. Primero serán liberados tres agentes de policía y un soldado, y a continuación, el señor Alan Jara y el di*****do Sigifredo López. Las condiciones de modo, tiempo y lugar serán precisadas en su debido momento.

Reciban nuestro saludo cordial.

Secretariado del Estado Mayor
Central de las FARC-EP

Montañas de Colombia, diciembre 17 de 2008
[Y al cabo de un mes sólo hay titulares y más titulares y abierta promoción en la prensa de la tarea de los terroristas y velada solidaridad de todos los críticos supuestamente razonables del gobierno. Y la gente de bien debe estar atenta, porque con los recursos venezolanos, más los que obtienen los terroristas del secuestro y el tráfico de cocaína, las maquinarias "liberales" y las clientelas sindicales sometidas al PCC, es decir, a las FARC, podrían poner un presidente de ese "Gran Acuerdo Nacional", anunciado hace más de un año por personajes como Eduardo Posada Carbó y respaldado expresa o tácitamente por los diversos portavoces de la oposición. El que tenga dudas acerca de todo eso sólo tiene que leer a León Valencia, que incluye a Fajardo entre los renovadores, o las proclamas de apoyo a los Colombianos por las FARC de personajes como Luis E. Garzón.]

Publicado en el blog Atrabilioso el 21 de enero de 2009.)